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Tema: Hay “otro” bicentenario

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  1. #1
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El Chileno: Por Los Cabos pasó un chileno que más bien era inglés.






    Antes de llegar a Los Cabos había oído sobre un hotel que tenía ciertas peculiaridades. Que operaba solo en el invierno, que tenía su pista de aterrizaje y que era una verdadera leyenda en la zona: El Chileno.

    Cuando tuve la oportunidad de entrar por primera vez, me pareció un lugar con fuerte carácter, con su estilo bien particular, todo de piedra y de madera que se notaba había sido labor intensa para levantarlo, y allí quedaba demostrado, en pie, luego de más de treinta años de operación.

    Hubo dos grandes detalles que noté, uno, la placa de cantera en donde anunciaba la inauguración por parte del Presidente Adolfo López Mateos en la gloriosa época de los sesentas, la otra, la espaciosa terraza para las cenas, prácticamente a la luz de las estrellas.

    Pero algo me dio vuelta una y otra y otra vez en la cabeza, su nombre, ¿Por qué chileno? ¿Qué relación pudo haber existido entre la península y Chile?

    Tuvieron que pasar algunos años y varios libros para saber la razón, el primero fue Fernando Jordán, en su Otro México, el que me dio a conocer el nombre de un chileno, que más bien fue inglés y que no pudo llegar a la Baja California pero dos de sus naves si. Lord Cochrane.






    Era la época en que México acababa de consumar su independencia, el país enorme y, casi desconocido, especialmente nuestra península, la llamada "Terra Ignota", ubicada a enorme distancia del centro de México se antojaba como objeto de codicia para los piratas del siglo XIX.

    Cochrane, sale de Inglaterra contratado para formar la Armada de la recién creada República de Chile, hay que recordar que los países latinoamericanos tienen su independencia de España casi a la par que México entre los años 1820 y 1822; para México esto representa un problema de soberanía ya que el noroeste estaba prácticamente deshabitado, especialmente la Baja California.

    Cochran al mando de la Naval Chilena inicia un recorrido hacia el norte, su interés era eliminar la presencia de la Naval Española, cosa que va sucediendo en las costas del Perú y Ecuador, a medida que sigue al norte, al llegar a Acapulco pide ser recibido por Agustín de Iturbide pero no le es posible, llega a sus oídos la noticia de la presencia de mas buques españoles y decide regresar a Chile, no sin antes pedir a dos de sus naves, el Independencia y el Araucano, a que sigan hacia el norte, a la Baja California. Ya que los insumos en Acapulco eran escasos pues la guerra de Independencia apenas había terminado.






    Conocedor de la historia, Cochrane sabía que en la Baja California, había asentamientos fundados por los jesuitas y allí se podrían abastecer, se enfila a Loreto llegando primero a las costas de San José del Cabo, en donde desembarca, el 17 de Febrero de 1822, es repudiado por uno de los varios héroes desconocidos, de los que no nos queda ni el recuerdo siquiera: Fernando de la Toba.

    Los enviados de Lord Cochrane hacen saqueos en la zona, siguen a Loreto en donde también los realizan y regresa a Chile, en donde es recibido como héroe.




    Cochrane tiene un gran valor para la historia de Chile, no así para la de México, en donde está casi desaparecido su nombre. En su diario Lord Cochrane anota, en enero de 1822, lo siguiente:

    “A la Independencia y Araucano las despaché a California para comprar provisiones, ordenándoles que nos siguiesen a Guayaquil. Nosotros proseguimos nuestro rumbo costa abajo, y al llegar a las inmediaciones de Tehuantepec nos acometió una borrasca de viento tal, que amagaba destruir la fragata.”
    Lord Cochran nacido en 1775, muere el 31 de octubre de 1860, a los tres años son publicadas sus memorias.


    Para leer las memorias de Lord Crochane da clic aquí:

    http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0014120.pdf

    Si quieres leer más acerca de la acción de Fernando de la Toba, da clic aquí:
    http://www.iih.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc05/543.html




    Esa incursión chilena no deja solo en México el nombre a una playa en Los Cabos, sino también inicia una rica influencia en la vida cotidiana, a través de la música y la danza de Guerrero y Oaxaca en la, ni mas, ni menos llamada Chilena que no es otra cosa mas que la adaptación a nuestro país de la “Cueca”, bailes tradicionales de Chile…

    ¿O quién no ha oído La Sanmarqueña? Esa es nuestra chilena mexicana mas conocida. Una parte mas de la historia de México, que simplemente, no hemos querido ver.



    Publicado por Benjamin Arredondo - 20:23




    Fuente:

    El Bable: El Chileno: Por Los Cabos pasó un chileno que más bien era inglés.
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  2. #2
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    Thumbs up Re: Hay “otro” bicentenario

    Mexispano.
    ¡Gran aporte! Por la cultura hispana en común, México y Chile son sin duda naciones hermanas y muy cercanas; ambas son naciones hispanas con sus enormes similitudes y también con sus variadas diferencias.
    Su artículo nos parece estupendo, no sabíamos por ejemplo que en México existiera la chilena; y estamos ansiosos por profundizar eso en nuestra página de feisbuk
    La cultura mexicana también ha permeado en nuestro país, en el campo chileno, la música mejicana en general es la música de fondo; es también común escuchar a la gente de más edad hablar de grandes artistas mexicanos como Pedro Vargas; y el arte mexicano también ha estado presente en nuestro país, pues en Santiago, hay una plaza México, y un enorme mural de piedras dedicado a la amistad chileno-mexicana (sin contar los murales del centro chileno mexicano que está en Concepción)
    No obstante, para ser sinceros, nos apena que parte de ese vínculo tan bonito haya sido fruto del saqueo perpetrado por un inglés (con no muy buenos antecedentes), y en el contexto de las luchas que separaron nuestros pueblos; no obstante, la labor de unirnos más y más es una labor diaria, y artículos como el suyo son vigorizantes en esa labor, y apuntan al buen camino que los pueblos hispanos estamos tomando, en esa labor de apoyo y reconocimiento recíproco.
    Le mandamos nuestros más afectuosos y cordiales saludos desde Chile

    Aparte: Le dejamos un par de vídeos a modo de regalo:

    Última edición por Partido Realista; 24/03/2014 a las 21:13
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  3. #3
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Partido Realista Ver mensaje
    Mexispano.
    ¡Gran aporte! Por la cultura hispana en común, México y Chile son sin duda naciones hermanas y muy cercanas; ambas son naciones hispanas con sus enormes similitudes y también con sus variadas diferencias.
    Su artículo nos parece estupendo, no sabíamos por ejemplo que en México existiera la chilena; y estamos ansiosos por profundizar eso en nuestra página de feisbuk

    Hombre, no me lo agradezca a mí, sino a las personas que investigan y ponen en la red estos datos tan interesantes. Yo solo cumplo con buscarlos y postearlos en este sitio para que la gente pueda ver la otra cara de la moneda.

    Por cierto, he puesto también en este hilo varias cosas sobre la guerra de independencia en su bella tierra, mucha de esa información recabada por sus propios compatriotas, claro está.

    Sobre los vínculos que nos unen, nada que objetar, fuimos parte de uno de los imperios más asombrosos de la historia y si queremos que la mal llamada Latinoamérica se unifique, debemos tomar como cimientos esos 300 imperiales años.

    Saludos






    Aprovecho para poner la otra parte del artículo sobre Cochrane en California.




    De cuando los piratas atacaron San José del Cabo





    Es indudable que una cosa te va llevando a la otra. Con esto lo que quiero decir es que, si te gustan las fotografías antiguas, lo más seguro es que tengas gran afición por la historia y si te gusta la historia, ella te va obligando a adentrarte en la genealogía y toda la trenza de ideas que se va generando te conduce a entender mejor lo que fue ese "pasado perfecto" del que menciono aquí, como sub título de El Bable. Ese encanto que algunas personas encuentran al buscar sus raíces, tratando de encontrar de dónde y cuándo llegaron sus más antiguos ascendentes, cosa que normalmente es complicadísima, en Baja California se vuelve algo accesible debido a que don Pablo L. Martínez se dio a la tarea de juntar en una sola obra el santo y la seña de todo aquel que vivió en la península a lo largo de los siglos XVIII y XIX.





    Quienes son originarios de alguna de las poblaciones de Baja California Sur y Baja California, que ya no lleva el nombre de Norte pero que normalmente se me hace imposible evitarlo para referirme a la parte norte de la península, esos que nacieron por acá, tienen la gran fortuna de contar con una de las mejores fuentes documentales que hay en México: La Guía Familiar de Baja California 1700-1900. Publicación que compila el arduo trabajo que don Pablo L. Martínez (1898-1970) realizó para rescatar además de la historia de todas las actas de nacimiento, defunción y matrimonio en cada una de las poblaciones de la península de Baja California.





    Don Pablo tuvo a bien rescatar del olvido los archivos parroquiales de los centros de población que había en la península cuando realizó esta acuciosa búsqueda, lo hizo desde Cabo San Lucas hasta Tijuana y logró darnos en un solo libro toda la genealogía documentada desde 1700 hasta 1900. Al consultar en ella las primeras familias que se establecieron en San José del Cabo encontramos algo que nos relata un episodio de cuando los piratas chilenos comandados por el inglés Cochrane, pretenden apoderarse de la Baja California. Si es la primera vez que oyes sobre este personaje, ahora entenderás el por qué una de las playas de Los Cabos lleva el nombre de "El Chileno".





    "Habiendo visitado el muy reverendo padre Pedro González a ésta Misión de San José y no habiendo hallado libro de matrimonios, por la incursión de los piratas, mandó Su Paternidad que se formara de nuevo, poniéndose en el principio de él, el presente decreto e insertando las partidas que con antelación de 5 meses ocurrieron. Y para la constancia y debida formalidad lo firmé como secretario de la visita juntamente con otro prelado.- Fray Pedro González; Fray José Durán, maestro de Visita."






    "Los piratas a que se refiere la nota anterior son los hombres de la armada de Lord Thomas de Cochrane, dos de cuyos barcos, el Araucano y el Yndependencia, bajo la bandera chilena, tomaron San José del Cabo bajo el pretexto de que la Baja California era todavía dominio español; y saquearon al pueblo, incluyendo la iglesia, en la que incineraron el archivo. Esto sucedió en febrero de 1822. De los registros que actualmente existen en la iglesia local se pudo obtener mucho y valioso material, aunque alguna parte de los asientos, mayor de la que fuera de desearse, está ilegible o faltan hojas o están rotas".
    (1)



    Fuente:

    Martínez, Pablo Leocadio. Guía Familiar de Baja California 1700-1900. Vital Statistics of Lower California. Editorial Baja California. México, 1965. (Reeditado por la SRE en 2000)


    Publicado por Benjamin Arredondo - 19:02










    Fuente:

    El Bable: De cuando los piratas atacaron San José del Cabo

  4. #4
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    Re: Hay “otro” bicentenario


    sábado, 4 de febrero de 2012



    PORQUÉ NO QUIEREN LOS PERUANOS A SIMÓN BOLÍVAR



    Amigos invisibles. El tema como verán es candente, pero el título aquí expuesto refleja con exactitud lo que ha pasado sobre la Historia de Bolívar ocurrida en el Perú, lo que llevara al dicho país a exhibir cierta actitud cada vez más antibolivariana, al extremo que dentro de una verificación de los hechos en la actualidad la mayoría de quienes transitan por el camino de su gloria son contrarios a las trémulos pasos llevados por el caraqueño durante su vivir en aquel importante y extenso país, que era un virreinato pujante antes de someterse bajo su difícil mando, y ya en este período como Presidente y Dictador del Perú fueron tantos los desatinos ocurridos como los desmanes pasados, que en el balance final de aquel embate autoritario por cierto convulsionado y lleno de rencores de ambos bandos, que finalmente dieron al traste con la buena idea inicial que se tenía sobre el caraqueño, al extremo que al término del duro mandato y cuando debió partir rumbo a Colombia su carisma, salvo en las ociosas mujeres y ciertos adulantes de oficio y beneficio, había descendido casi al extremo del suelo, por lo que salió del ámbito peruano y como se dice, sin pena ni gloria, sin plumas y cacareando, o con las tablas en la cabeza, para usar expresiones callejeras que pueden ser atinentes a este caso. Ya verán ustedes porqué así me refiero.











    Ingresemos en el tema por partes, para mejor entender la trama establecida con el antes de los acontecimientos, es decir, desde cuando Bolívar ya sintiéndose fuerte en la batalla por convenir con los españoles en Trujillo de Venezuela sobre la suerte de estos países en busca de bandera, y porque acaece la sortaria batalla de Carabobo donde se luce el general Páez y se le da fuerza legal a Colombia con la constitución de Cúcuta, que vino a ser el principio del fin de aquel país imaginario que nació y murió en brazos de Bolívar, una vez que todos estos antecedentes fueron llevados a buen puerto, por el ahora de aquel tiempo, al caraqueño triunfante se le presenta la disyuntiva de seguir avanzando para poder contener el león ibérico que bien vivo y despierto se hallaba al sur del Ecuador, por lo que de inmediato prepara un ejército para iniciar la llamada Campaña del Sur, con oficiales de su confianza como el futuro mariscal Sucre y la ausencia del general Rafael Urdaneta, destinado a otros fines por causa de su recurrente enfermedad renal. Así las cosas y dejando encargado al Vicepresidente de Colombia, general Santander, el caraqueño emprende el Camino del Sur que entre triunfos, riesgos y fracasos le llevarán por la monarquista Pasto y la grave situación que sobrevive en Bomboná, para amanecer en Quito, donde ya le ha limpiado el camino espinoso el inteligente general cumanés Sucre, que de allí en adelante se destaca como gran estratega de la guerra.





    Pero aquí en la mitad del mundo y al pié del Pichincha Bolívar por información retenida empieza a cavilar sobre el poderoso virreynato peruano, al que debe afrontar no solo con las armas sino con el pensamiento, puesto que todos los peruanos son fieles a su amo y señor el rey de España, y porque las diversas castas y clases sociales viven felices en un inmenso país que es frontera desde arriba de Guayaquil hasta bien hacia el sur de Chile y la inmensa mole andina que se llama el Alto Perú, donde el oro y la plata que dan felicidad y bienestar, corren por doquier, razón suficiente para que la figura de Bolívar y de los suyos, que iban a sembrar desasosiego en aquel país colonial de distinción, era desde luego muy mal vista. De aquí que el caraqueño ensimismado en su proyecto libertario al estilo maquiavélico prepara el desmembrar dicho extenso territorio para obtener tajadas de favor a su campo, que se agregarán al país del cual es Presidente, o sea a Colombia, de donde con vivezas políticas y diplomáticas hace que Guayas y Guayaquil, como otros lugares interioranos se pronuncien para unirse a Colombia, lo que se lleva a cabo mientras el desconcertado general San Martín queda estupefacto de los hechos, y ante la jugada inesperada que el caraqueño le ha hecho todo entristecido se regresa casi de inmediato para alejarse del lugar, de Chile, del Río de la Plata y para no volver nunca más. Con este juego engañoso, considerado sucio en el Perú, el general Bolívar se instala en Lima donde no es bien recibido entre adulantes, gente de doble faz y de muchos traidores a sus ideas, por lo que tiene que apretar la mano dura, dictatorial, en una sociedad difícil de entender, dado lo volátil y dual de sus gentes, donde se discrimina desde luego a un ejército colombiano de ocupación mas los excesos que comete, y cuando a su vez se preparan atentados contra su persona no querida, que casi llegan a tener éxito.















    Mientras en Lima y en las ciudades peruanas todo mundo no habla bien del Libertador [zambo y longaniza le llaman], por sus excesos, y porque quiere hacerse Rey, sucede la campaña de la Sierra donde se atrinchera a las anchas el ejército monárquico del virrey La Serna, por lo que se dan las batallas del lago de Junín y la inmortal de Ayacucho, que es obra del general Antonio José de Sucre, al tanto que Bolívar, con la derrota total de los españoles y la entrega de su ejército aligera los pasos para seguir al Cuzco, el gran santuario incaico, y de allí prosigue hacia el extenso y rico Alto Perú, a donde llega y por intermedio de lacayos y tinterillos con las ideas machacantes bolivarianas pronto se realiza la independencia de aquel nuevo país al que se llama Bolivia (o Bolívar) y se le instala una constitución vitalicia al estilo monárquico [“monarquía disfrazada de república” la llama Bartolomé Mitre] calcada en las ideas del caraqueño que sustentara desde Angostura, Cúcuta, ahora Bolivia, y que seguiría en su empeño monárquico solapado o más expuesto ahora en el disminuido Perú, y luego en Ocaña y en la de Bogotá, que ya fue en los preliminares de su muerte física. Vistos pues estos antecedentes sobre el paso de Bolívar en el Perú, nada de extraño tiene esa reacción antibolivariana de su pueblo y sus pensadores, lo que en los últimos tiempos se arreciara de acuerdo con lo que aquí dejaré escrito.











    En efecto, de regreso a Lima, donde las elites del país lo detestan por “usurpador extranjero” sostenido por 6.000 soldados colombianos de ocupación, el caraqueño decide clausurar el Congreso que le era adverso y ante tantos problemas en juego resuelve volver a Bogotá desplazando el poder central de Lima a esa ciudad colombiana y satelizando así a dicho país, porque por intruso nunca fue llamado a penetrar en el Perú, de donde va viajando lleno de antipatías y animadversiones, ocurrido ya el serio atentado contra su persona del 28 de julio de 1826, de donde concluyendo el historiador Eudoxio Ortega dice que a Bolívar se le odia por el absolutismo y ambición desmedidos, como por las “arbitrariedades, fusilamientos sin causa previa, deportaciones, expatriaciones, detenciones y procesos”. De su parte el economista e historiador Herbert Morote, lo tilda en calidad de “enemigo público Nº 1 del Perú”, pues “fue un hombre de derecha y no introdujo ninguna reforma social en el país… [mantiene] la discriminación hacia los indígenas… reimpone el tributo impositivo indígena y en cierta forma restablece la esclavitud africana, por necesaria, el mutilar nuestro territorio [incluso Jaén, Maynas y Tumbes iban a pasar a poder de Colombia, y Arica e Iquique, a favor de Bolivia”], instituyendo “el modelo militar ególatra” para perennizarse en el poder, al tiempo que Don Simón “cercenó al país más de 1.100.000 kilómetros cuadrados. En el terrible libelo probatorio Morote agrega el estado de represión y dictadura que mantiene el caraqueño, donde, según escribe, los soldados peruanos “huyen como gamos”, diciendo además al general Santander que “los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo… sin ningún principio moral que los guíe”. Para echarle más leña el fuego el crítico historiador añade el estado de presión que Bolívar mantuvo en el Perú, mandando a fusilar a sus opositores, hasta por sospechas infundadas, desconfiaba de todos y el ejército era manejado por colombianos. A Bartolomé Salom el caraqueño en febrero de 1824 le escribe “Esto está lleno de partidos y todo plagado de traidores…. empìezan a tenerme miedo… se compondrá todo esto con la receta de las onzas de plomo…”. A lo que se suma lo escrito por el americano Hiram Paulding sobre que Bolívar le expresó que los “peruanos eran unos cobardes y que, como pueblo, no tenían una sola virtud varonil”.











    A todo este criterio expuesto para que ustedes analicen con sensatez agregaremos que existe un libro del catedrático peruano Félix Calderón Urtecho, con prólogo del internacionalista Alfonso Benavides Correa, en 4 tomos, titulado “Las veleidades autocráticas de Bolívar”, donde se expone con detalles de la “usurpación de Guayaquil”, la “fanfarronada” del Congreso de Panamá, la creación personalista de Bolivia y “la guerra de los límites contra el Perú”, por lo que se dice que “Bolívar no amó al Perú” y dejó una secuela de problemas limítrofes que concluyeron en serias guerras fratricidas. Por su parte el analista peruano Herbert Mujica Rojas explica que en cuanto a su país el legado positivo de Bolívar es un mito, donde se desfigura la verdad histórica para “promover la fantasiosa irrealidad”, pues es un “antihéroe” que “deshizo con una mano lo que trabajosamente construyó con la otra”, con historias complacientes sobre aquel “que de libertador pasó a opresor y de redentor a tirano… de la dictadura perpetua…, [con] un inconsciente extraviado… [que] aceleraba su caída y con ella la de su obra”, por lo que los últimos 21 meses de Bolívar en el Perú fueron de una brutal represión, como asienta el señalado Morote.

    Ya sobre la onda de rechazo aquí transcrita agregaremos que el cónsul americano en Lima, William Tudor, sobre “la profunda hipocresía del general Bolívar” informa a su gobierno que “ha engañado hasta ahora a todo el mundo”, siendo “uno de los más rastreros [sic] usurpadores militares”, rodeado entonces de “una corte de alcahuetes”.

    Y para enero de 1829 sobre esta dirección de rechazo a su compostura diremos que el conocido pensador liberal, estadista, político liberal y filósofo francés Benjamín Constant (1767-1830), que hasta entonces apoyaba plenamente al Libertador Bolívar basado en los ideales que con anterioridad había expuesto, ahora se convierte en vocero de la oposición a sus dudosas gestiones, lo que escribe con señalamientos específicos en el “Courrier Français” de París, pues ante la nueva postura dictatorial del caraqueño asienta, casi como detractor de tales procederes: Que después de la liberación del Perú ahora no lo defiende [a Bolívar], porque ha creado instituciones desagradables, y a la coexistencia que se supone debe haber la considera [nido de] conspiraciones, además rehúsa el perdón, hace correr la sangre en esa tierra, que no es la suya, y da una constitución muy defectuosa, ausente de libertad, y que además ahora quiere ser el amo del poder, aspirando a la tiranía. De donde se infiere y constata que el pensador francés le atacaba “cruelmente” desde París por la usurpación del mando, el camino fatal a coronarse de monarca “y la conducta suya en el Perú y Colombia”. Esto escrito en París y por un filósofo social como Constant es muy significativo, y entonces ni la intercesión a favor suyo por parte del bondadoso malinés Abate De Pradt pudo hacerle cambiar de idea. De aquí que por todos estos considerandos expuestos y otros omitidos por falta de espacio hoy en día la plaza Bolívar [en verdad, de la Inquisición] no significa mucho en la capital limeña, y menos su hermosa estatua, que luce olvidada, y algunos nacionalistas a ultranza opinan debe retirarse para colocarla en un museo.







    Sea oportuno señalar aquí dentro de este debate abierto que el doctor Pedro González Trevijano, reconocido profesor de Derecho Constitucional y rector de la Universidad Rey Juan Carlos 1º, de Madrid, en su reciente estudio “Dragones de la Política” (Círculo de Escritores, Barcelona, España, año 2010), con prólogo del laureado escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa [cuestionador infatigable de las dictaduras latinoamericanas, con libros tan importantes en este sentido como “Pantaleón y las visitadoras” y “La fiesta del chivo”], tal catedrático afirma de Simón Bolívar que fue un “hombre atroz”, “fosilizado en caballo triunfante”, “el hombre menos amante de la libertad”, el traidor más ferviente de Miranda y el hombre que dejó en rebeldía a todos los países libertados”. Este criterio negativo pero explícito del rector universitario lo dejamos a consenso de los sabios lectores.








    Debemos recordar que el ilustrado Riva Agüero llama al libertador tirano y usurpador, Torre Tagle lo tilda a su vez de tirano, artificioso y lleno de ambición, que “ha deseado encovar el Perú… bajo el dominio de Colombia”. Fuera de tantos epítetos que los peruanos adoloridos le endilgan, es vox populi que el Libertador acabó con las finanzas del Perú por sus desaciertos fiscales y gastos personales que le pagan, pues llegaba a bañarse diariamente con agua de colonia, como las numerosas ejecuciones físicas que ordena ejecutar, acaecidas sobre personajes con nombre y apellidos, el carácter dictatorial de su mando que se desarrolla durante más de un lustro, y lo que es más triste y nunca se olvida en el Perú, el trato deshumanizado y humillante que tuvo en Guayaquil para con el Protector de ese país, o sea el digno general José de San Martín, a quien en Guayaquil le negó todo género de cooperación y compromiso, olvidando por ende los ejércitos que envió el argentino para la liberación del Ecuador.





    Así de fácil y con estas notas que menciono, sustraídas de los escritos de personajes de la época que le conocieron y pudieron darse cuenta de sus ejecutorias, como por otros críticos e historiadores que conocen bien de estas hazañas bolivarianas, dejo en sus manos la apreciación serena de estos hechos, porque todos los humanos pueden equivocarse por ser de carne y hueso, hueso y carne de un general mantuano caraqueño que se prestó a la guerra porque no había otro camino y que por allí se fue con sus triunfos y fracasos, los que ahora se escriben y analizan con crudeza pero animados de la realidad, escatimando el mito y como debe ser.

    Publicado por Ramón Urdaneta en 5:14:00 a. m.








    Fuente:

    Venezuela y el Mundo: PORQUÉ NO QUIEREN LOS PERUANOS A SIMÓN BOLÍVAR.
    Última edición por Mexispano; 29/03/2014 a las 07:20
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  5. #5
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Un video más que interesante.

    Y aunque el bicentenario de la independencia de México se alcanza realmente hasta 2021, cuando llegue esa fecha...

    ¿Habrá mucho de qué congratularse?



    LOGIAS MASÓNICAS DETRÁS DE LA INDEPENDENCIA Y LA REVOLUCIÓN

    (Nada que festejar)


    General de División DEM Retirado Roberto Badillo Martínez.

    Entrevista con el periodista Jorge Santacruz.



    Última edición por Mexispano; 29/03/2014 a las 07:42
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  6. #6
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    8 de junio de 2009 - Historia

    Mitos de la Independencia

    El ex congresista Pablo Victoria acaba de publicar su libro 'Grandes mitos de la historia de Colombia'.


    Mientras adelantaba las investigaciones para su libro 'Al oído del rey', sobre el hecho de que, en ausencia de Fernando VII, Colombia puso un rey virtual en España cuando Joaquín de Mosquera y Figueroa fue presidente de la tercera regencia española, el ex congresista y economista Pablo Victoria encontró la semilla de su nuevo libro 'Grandes mitos de la historia de Colombia'.

    En él, Victoria cuestiona 13 episodios de la historia de nuestra Independencia que prometen provocar a más de un historiador.



    ¿Hay en el fondo una intención de entablar polémica con algunos historiadores?

    No tanto una pelea con los historiadores. Lo que no se puede hacer es falsificar la historia para crear el amor a la patria. Lo que descubrí a lo largo de estas investigaciones fue que hay muchos especialistas nuestros que han endiosado demasiado a los patriotas, a los independentistas y creado una mitología en torno a ello.



    ¿Cuál es el mito alrededor de Antonio Nariño?

    Cuando era juez en Bogotá, Joaquín Mosquera y Figueroa fue la persona que condenó a Antonio Nariño a diez años de cárcel por robarse los diezmos de la iglesia Católica, y no por los tales Derechos del Hombre. Nariño efectivamente los tradujo. Imprimió 200 ejemplares, pero no circularon. El mismo Nariño confesó, según archivos primarios que consulté en Colombia, Venezuela y España, que quemó 198, guardó uno y el otro se lo dio a un amigo. Entonces esos derechos no circularon en la Nueva Granada. Es puro cuento que, súbitamente y después de publicar los Derechos del Hombre, los colombianos supimos que no teníamos derechos y que, a partir de eso, comenzaron los movimientos independentistas. A Nariño lo condenaron por una indebida apropiación de fondos públicos.



    ¿Y el suceso del florero de Llorente y las multitudes?

    Es mentira que fueron diez mil personas las que salieron a protestar contra España. No fueron sino 70 tipos los que se metieron en el cabildo y vociferaron mientras estaban agolpados. En la plaza (hoy Plaza de Bolívar) había otros noventa, más o menos. El mismo Acevedo y Gómez lo reconoció en una carta. El 20 de Julio ocurrió durante un día de mercado y la gente no apoyó esa revuelta: apenas se formó el lío arrancó a correr.



    Usted desvirtúa el llamado imperio esclavista español en su libro. En últimas, ¿usted hubiera sido partidario de seguir bajo el dominio español?

    No. Tan solo soy un notario. Cuando se habla del yugo español, pues no lo hay. La rosca criolla en 1799 dominaba todo el cabildo de Santa Fe de Bogotá; era la dueña de la política local. Además, el Presidente de Panamá, el Subsecretario de Hacienda, el Comandante de la Flota Española y el Virrey de México, entre otros, eran criollos. Entonces uno se pregunta ¿dónde estaba la opresión (que se supone es la negación del acceso a los altos cargos públicos)? ¿Dónde estaban la discriminación y el yugo?






    Grandes mitos de la historia de Colombia
    Pablo Victoria
    Planeta
    242 páginas


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    Ver Términos y Condiciones.







    Fuente:

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  7. #7
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    lunes, abril 28, 2008

    Sin vergüenza nacional... La tercera Invasión Inglesa



    Que la historia del surgimiento de nuestra Nación, como la conocemos, está plagada de mentiras, ya no es un secreto. Y si existen quienes quieren que perdure el secreto, habría que ahondar un poco más sobre cuáles son lo verdaderos intereses que mueven a estas personas.

    Lo cierto también es que las mentiras no provienen directamente de los protagonistas de la historia nacional, sino de quienes se encargaron de imprimirla en los libros, tergiversando crónicas de época según la conveniencia de quienes detentaban el poder en su momento.

    Rosa Guarú fue una indiecita que tuvo un niño al cual la familia San Martín adoptó, pero ella siguió en la casa cuidándolo, criándolo, hasta que se fueron a Buenos Aires. El niño tenía entonces unos tres años y le prometieron que iban a venir a llevarla a ella, pero no aparecieron más. Rosa Guarú se quedó esperando, y los esperó toda la vida.

    Cuando en 1817, los portugueses en guerra contra Artigas, atacaron y quemaron Yapeyú, Rosita se fue a Brasil, estuvo mucho tiempo allá pero volvió. Levantó un ranchito en Aguapé y mantenía la esperanza de que volvieran por ella. Aunque tuvo otros hijos, nunca se casó. Le tenía un gran apego a aquella criatura. Supo que llegó a ser capitán y siempre preguntaba por él. José Fransisco, cuando era jefe de los granaderos, le regaló un retrato o medalla que ella conservó siempre, y al morir, ya muy viejita, la enterraron con ese recuerdo del que era inseparable.”

    En la época de la guerra del Paraguay, Rosa Guarú preguntó por la suerte del general San Martín a uno de los oficiales que venía del frente. Cuando éste le informó que había muerto en Francia en 1850, las lágrimas corrieron por el rostro ajado de la anciana. Ella sobrevivió unos treinta años a su hijo y falleció en Aguapé, a dos leguas de Yapeyú, hacia el año 1880.

    El historiador Hugo Chumbita y el escritor José Ignacio García Hamilton, aportaron pruebas concluyentes de que el general José de San Martín “libertador de Argentina, Chile y Perú”, no era el hijo de quienes figuraban como sus padres legítimos. Había nacido sí en Yapeyú en 1778, pero sus padres verdaderos fueron el capitán de fragata y general español Diego de Alvear, y la india guaraní Rosa Guarú. El niño mestizo -según los revisionistas- fue dado para su crianza al matrimonio del soldado de frontera Juan de San Martín y Gregoria Matorras, ambos originarios de Castilla la Vieja, y ya mayores para los cánones de la época; tenían más de 40 años. El papá estaba destinado al límite noreste de la Argentina, en Misiones, cerca de la frontera con Paraguay, Uruguay y Brasil.

    El matrimonio San Martín - Matorras se trasladó a Buenos Aires y luego a Madrid, en 1783, cuando el futuro libertador recién había cumplido los cuatro años. Finalmente se establecieron en Málaga. La familia legal del general San Martín nunca regresaría a América, y él lo haría recién a los 34 años, a mediados de 1812. Inscrito como José Francisco de San Martín y Matorras, que fue siempre su nombre legal, el líder independentista inició sus estudios en Málaga.. A los 11 años se incorpora al Ejército español como cadete e inicia su carrera militar en el regimiento de Murcia donde combatirá en las dominaciones españolas de Melilla y Orán en África. Combatió contra los corsarios berberiscos y fue herido en 1791 en el sitio de Orán.

    En 1793 es ascendido a subteniente segundo, primero en 1794 y segundo teniente en 1795, por su participación en las luchas contra los franceses en la Guerra de la Convención.

    En su lucha en la Guerra de las Naranjas frente a Portugal, es ascendido a capitán de infantería; distinta suerte tuvo su regimiento en el combate naval contra la flota inglesa que un año después se ve en la necesidad de rendirse. Ascendido a Capitán de Segunda de infantería ligera continúa sus luchas en el sur de España, Gibraltar y Cádiz.

    En el año 1808 el rey español Fernando VII es capturado por Napoleón Bonaparte que invade España y nombra a su hermano como rey del país peninsular. Los españoles estallan en rebelión contra el gobierno francés y se establece una Junta de Gobierno situada en Sevilla y luego en Cádiz.

    La Junta, teniendo en cuenta el desempeño de José de San Martín en la lucha de los Pirineos contra los franceses, lo nombran Ayudante de Primera del Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor. El 19 de julio de 1808 los galos son derrotados en la batalla de Baylén; en virtud del valor demostrado en acción en la mencionada batalla, es ascendido a Capitán del Regimiento de Borbón. El desempeño de José de San Martín también le valen la medalla de oro y un nuevo ascenso al grado de Teniente Coronel.



    El otro lado de la historia “oficial”

    Quien tenga la predisposición para animarse a una visión más amplia de los acontecimientos que forjaron nuestro destino como Nación, podrá darse cuenta de que en vez de producirse la gran unión latinoamericana en tiempos de San Martín, se dividió todo el continente para que los ingleses pudieran recuperar bastante de lo que habían perdido con la revolución norteamericana. Es decir, proveedores de materias primas, mercados para sus manufacturas y territorios en los cuales promover guerras que eran fuente de importantes ganancias mediante la provisión de pertrechos a los revolucionarios.

    Parece ser que a nadie nunca le llamó la atención que los ingleses no vuelvan a intentar las invasiones después de 1806 y 1807. Es que acaso San Martín vino a completar el trabajo?



    Desmitificando a San Martín, y sus relaciones con los ingleses



    Por Tomás Bril Mascarenhas

    "La liberación de Hispanoamérica debe ser alcanzada a través del deseo y los esfuerzos de sus habitantes, pero el cambio sólo podrá operarse bajo la protección y con el apoyo de una fuerza auxiliar británica". Esto lo dijo Lord Casterlagh cuando era Ministro de Relaciones exteriores de la Corona inglesa. Después de los fallidos intentos de capturar el Río de la Plata (en 1806 y 1807, al mando de Beresford y Withelocke respectivamente), los británicos se dieron cuenta de que el Nuevo Mundo tendría que ser emancipado por otras vías y no por medio de un ataque armado a Buenos Aires, por ese entonces, la capital del Virreynato,

    El interés inglés por estas tierras se registra con anterioridad al 1800 y no era otro que crear una entrada libre para sus manufacturas. En los comienzos del siglo XIX Inglaterra había perdido parte de su imperio con la independencia de una de sus colonias favoritas, los Estados Unidos; y a su vez, estaba bloqueada en Europa por Napoleón. Necesitaban comerciar sus productos elaborados y abastecerse de materia prima. Las llamadas Invasiones Inglesas no habían sido fructíferas para el gobierno de Su Majestad. Fue allí cuando resurgió la idea de llevar a cabo un plan con base en las ideas de Maitland. Este escocés era miembro del parlamento y consejero de guerra de la Corona, la que entre 1800 y 1803 le pidió que confeccionara un plan para tomar e independizar al Nuevo Mundo. Maitland propuso procedimientos innovadores como cruzar la Cordillera de los Andes, y se dio cuenta, como buen estratega que era, que el objetivo no sería alcanzado si no se tomaban simultáneamente las costas del Atlántico y del Pacífico, y principalmente la ciudad de Lima "centro" de las colonias españolas.

    San Martín siguió casi al pie de la letra la estrategia confeccionada en Inglaterra. No se sabe si el llamado "padre de la Patria" conoció el Plan Maitland, pero es un hecho que San Martín compartió parte de su vida con funcionarios ingleses y miembros de logias masónicas.

    Durante su estadía en España, San Martín luchó junto a los ingleses contra Napoleón. Sorpresivamente en 1811 renuncia al ejército al que había pertenecido gran parte de su vida. Se embarca, con ayuda de funcionarios ingleses (James Duff entre ellos, luego Lord Fife), hacia Londres. Permanece en esta capital por cuatro meses donde tiene reuniones secretas con miembros del Parlamento y masones de la Gran Reunión Americana. Llega a Buenos Aires en marzo de 1812 junto a Alvear, Zapiola y otros criollos e inmediatamente crea la Logia Lautaro, instaurando en ésta un régimen de funcionamiento al estilo de las logias inglesas. Solo siete meses después de su llegada encabeza el primer golpe de estado de la historia de nuestro territorio y destituye al Primer Triunvirato, formando el Segundo, en el cuál hay dos masones: Álvarez Jonte y Rodriguez Peña. En 1814 le ordenan avanzar por tierra al Alto Perú, pero esto va en contra de "sus" planes particulares y renuncia al Ejército del Norte argumentando que tiene problemas de salud. Llega, tiempo después, a ser Gobernador de Cuyo y se instala en Mendoza, territorio calificado por Maitland como el lugar "indudablemente indicado" para iniciar la campaña a Chile. Allí, con mucho esfuerzo personal y ayuda del Director Supremo Puyrredón, prepara un ejército escaso en armamento y hombres. Pide deliberadamente al Congreso de Tucumán que se declare la independencia. Cruza los Andes y vence a los españoles en Chacabuco y Maipú. En 1818 declara la indepencia de Chile y con la ayuda de los ingleses sigue su expedición marítima al Perú. Sí, “marítima” en barcos ingleses antes utilizados en la Companía de las Indias Orientales. Logra la independencia peruana y rechaza los cargos que le ofrecen para volver definitivamente a Europa.

    Como vemos, San Martín tenía las "ideas claras" ya que en poco más de 10 años logró llevar a cabo una empresa que le había sido difícil incluso a los ingleses. Mucho se ha dicho y escrito acerca del patriotismo del prócer, y, contrariamente a esta postura, hoy día mucha gente que piensa que San Martín fue un agente inglés. Estos son dos extremos opuestos: el Libertador no fue tan "grande" como lo quiso mostrar Mitre pero a su vez tenía y luchaba por sus ideales personales, o sea no hacía todo lo que los ingleses querían.

    ¿Por qué San Martín volvió a América después de tantos años de lucha al frente del ejército español? Algunos dicen que su sentimiento patriota lo llevó a hacerlo. Esto es imposible ya que sólo había vivido en lo que más tarde sería la Argentina 3 o 4 años y además en la época en la que él se fue, este territorio era un "anexo" de España.

    José de San Martín vino a estas tierras por varias razones: sus ideales liberales, los incentivos (algunos, económicos) recibidos de ingleses como Duff, su "odio" a la actitud española de sometimiento y a instituciones como la Santa Inquisición. San Martín tenía ideales e ideas particulares que lo impulsaron a llevar a cabo tan importante empresa. En su época él no estaba solo, había en Europa y América ciertas organizaciones que creían, como él, que España debía dejar de ejercer su poder en estas tierras, abriendo paso al comercio con otros países extranjeros. Es decir, había que dejar atrás viejos conceptos y fomentar la “modernidad” comercial y económica para toda esta región del mundo.

    José Francisco de San Martín y Matorras no estuvo totalmente subordinado a los ingleses, tampoco estuvo siempre al servicio de su España, como siempre se ha dicho, y mucho menos de América. Entonces, ¿para quién trabajaba?.

    San Martín estaba al servicio de un plan o una misión (dirigida o no por los británicos) que debía llevarse a cabo. Cómo debemos entender que, cuando la unidad nacional estaba en peligro (ante el inminente ataque de los federales al Directorio), el Santo de la Espada decidió seguir su misión y no cumplir con los pedidos a gritos de Buenos Aires para que abandone el cruce de los Andes y acuda en su ayuda (hecho conocido como la desobediencia de San Martín).

    Otro tema importante de esta singular campaña y que demuestra que el Libertador tuvo relaciones con los británicos antes, durante y después de su paso por América, es cómo San Martín actuó de la manera que lo hizo sin conocer estas tierras. ¿No es extraño que haya tomado el poder meses después de su llegada y que luego haya tenido tan claro que el lugar adecuado para organizar un ejército y cruzar los Andes era Mendoza?. Esto explicaría que hubo gente (inglesa) que lo puso al tanto acerca de las características del territorio a independizar y de su forma de gobierno.

    Sobre este tema se ha dicho que San Martín llegó a Buenos Aires sin saber cómo iba a independizar estos territorios, y que debido a su grandeza como estratega y militar ideó el cruce de los Andes. Es bueno aclarar que José Francisco llegó al Río de la Plata con conocimiento proporcionado por los británicos y por los masones americanos, acerca de cómo se debía actuar para lograr el objetivo del Plan Continental.

    ¿Cuáles fueron las diferencias entre las invasiones inglesas y el Plan Continental? Como dijo Casterlagh para emancipar las tierras americanas era necesaria la ayuda de una fuerza externa que actuara como "incentivo" de los criollos, que ya de por sí estaban buscando una identidad nacional propia. Los ingleses fallaron en creer que entrando y tomando Buenos Aires por la fuerza se adueñarían del poder colonial (actitud tomada en las invasiones inglesas). El camino a seguir era entrar "pacíficamente" e ir ganado, de a poco, partidarios con ideas independentistas. San Martín jugó ese papel, no entró por las armas ya que era criollo. Instaló una logia que reunió a la gente con sus ideas y después, sí, dio el golpe de estado y se adueño del poder "tomando Buenos Aires" como decía el Plan Maitland. San Martín logró lo que los ingleses no pudieron, aunque después, como está comprobado requirió de su ayuda. Luego de este primer paso, el Libertador siguió la estrategia trazada 16 años antes por los británicos, con algunas diferencias principalmente de recursos, pero con un objetivo en común: derrotar a los realistas en el centro de poder de su vasto imperio, Lima.

    La Logia Lautaro no era masónica sino que estaba controlada por masones. Su presidente era Carlos de Alvear, el vicepresidente, José de San Martín y el secretario Zapiola. Luego se plegaron Castelli, Monteagudo, Agrelo, Anchoris y otros pertenecientes al partido morenista.

    Si bien la cabeza de la Logia estaba en Londres, sus ejecutores tanto políticos como militares, tendrían que ser americanos, y su función, secreta. La cara, el pecho y la sangre debían ser americanos, pero el cerebro, las armas y todo el equipamiento militar, ingleses.

    Al implementar el cambio de táctica, los ingleses utilizaron las palabras “libertad” e “independencia”. Además el plan establecía que debían desmembrarse las colonias españolas para poder gobernarlas independientemente unas de otras y, para que las “Provincias Unidas del Río de la Plata” ya no tengan salida al Pacífico se le daría la “libertad e independencia” a Chile.

    Para semejante emprendimiento los ingleses supieron elegir al candidato. Tenía que tener gran experiencia militar, coraje, juventud, disciplina, subordinación incondicional, determinación a la hora de organizar, carácter firme y... ser americano. San Martín era, sin dudas, el hombre indicado.

    San Martín no tuvo inconvenientes, de acuerdo a su capacidad, para armar un ejército partiendo de nativos y criollos inexpertos, pero para armar una escuadra naval, los ingleses debieron recurrir a sus propios hombres.

    El primer buque español apresado se llamaba “Aguila” y fue rebautizado “Pueyrredón” y comandado por un capitán irlandés de nombre Raymond Morris.

    La fragata comprada a la Compañía de las Indias Orientales se llamaba “Windham” y la renombraron “Lautaro”, siendo capitaneada por George O’Brien junto al teniente Joe Argent Turner como segundo al mando.

    La Infantería de Marina que apoyaba la campaña del “libertador Santo de la Espada” estaba a cargo del capitán William Miller.

    En Inglaterra, Álvarez Condarco compra dos buques: el “Cumberland” y el “Columbus”. El primero, al mando de william wilkinson y el segundo capitaneado por el norteamericano Charles Wooster.

    Álvarez Condarco y Álvarez Jonte eran agentes de Chile y de San Martín en Londres. Ellos fueron los que contrataron al almirante Thomas Alexander Cochrane quien, bajo las órdenes directas de la Corona Inglesa, debía incendiar las naves españolas en El Callao y luego transportar al ejército de San Martín desde Chile a Perú teniendo como recompensa por estos servicios, además de la paga pactada, el derecho de apropiarse de todo el botín que cayera en sus manos. Tal cual como lo hacían los “piratas”.

    En Enero y Febrero de 1815, Alvear, que era Director Supremo, pretendió desplazar a San Martín de la gobernación de Cuyo, enviando al coronel Gregorio Pedriel, pero San Martín jamás podría abandonar la misión comandada desde Inglaterra. Arma entonces un simulacro de revuelta popular en Cuyo, parodiando una licencia por mala salud. El Cabildo de Cuyo, que era hasta ese momento presidido por él, lo instó a continuar en el gobierno y, en medio de grandes aclamaciones, firmó el acta. No solamente fue afirmado en su puesto como gobernador de Cuyo y continuó con el plan de emancipación, sino que envió a Pedriel de vuelta a Buenos Aires, donde su suegro, Don Manuel Antonio Escalada, que por entonces presidía el Cabildo, destituye a Alvear y coloca en su lugar a Rondeau, que no puede asumir por estar al frente del Ejército del Norte, y asume en su lugar Álvarez Thomas.

    En 1819 El General San Martín tenía listo su ejército para ir a Perú con la escuadra naval de Cochrane. Así estaban las cosas cuando España decide enviar 20.000 hombres a Buenos Aires y San Martín es llamado para traer su ejército. Él obedece la orden pero la Logia se la revoca. A partir de esta desobediencia, San Martín entregó a la deliberación de sus subordinados su autoridad militar y la prosecución de sus designios. Como todos estaban contentos con él, la totalidad de los oficiales le brindaron su aval y esto quedó asentado en el Acta de Rancagua que se firmó entre Marzo y Abril de 1820. De esta manera San Martín se convirtió en el general de un ejército sin patria, compuesto por argentinos que actuaban en otros países llevando adelante un plan de “liberación” planificado, organizado y sustentado por la Corona Inglesa.

    Durante toda su campaña militar, San Martín es observado por un comerciante británico llamado Williams Parish Robertson, que oficiaba discretamente de espía para la Corona Inglesa, pasando un informe de todos los movimientos y sucesos militares.

    San Martín junto a García del Río, Thomas Kinder (contratista para el empréstito peruano) y Manuel Hurtado (enviado de Colombia) deciden comprar con un préstamo que Inglaterra le hace a Perú dos barcos de guerra para ayudar a los patriotas peruanos.

    Desde Santiago de Chile, San Martín envió a Álvarez Condarco a Inglaterra con 29.500 pesos para ser depositados en una cuenta conjunta que tenían con Bernardo O’Higgins, pero luego pierden este dinero en el juego de la bolsa y Perú se queda, por el momento, sin barcos.

    El renunciamiento de José de San Martín en Perú ya estaba establecido por la Logia “Cadena de la Amistad” a la que San Martín obedecía. Según el plan, Él debería gobernar durante un año y luego establecer el poder en manos de los peruanos.

    El comisario y juez de la flota inglesa que acompaño a San Martín en su campaña era el sobrecargo Henry Dean Wilkins Bowles, Comendante en Jefe de la Estación Sudamericana de la Armada Real. El 12 de Enero de 1818 éste le informó al general San Martín que el agente del gobierno chileno en Londres, Antonio José Yrisarri, estaba facultado para ofrecer a Gran Bretaña la cesión de las islas Chiloé y Valdivia, así como una reducción de canon para todos los buques británicos durante 30 años a cambio de asistencia militar y agregó que “un príncipe de la Familia Real Británica sería bien visto como monarca sudamericano a condición de que la monarquía a establecerse fuera de orden constitucional”.

    La Logia Lautaro fue el envase hermético con etiqueta criolla que contenía la salsa inglesa que supimos digerir.

    En 1824, cuando termina la campaña y llega a Inglaterra, es recibido como un héroe y le brindan una recepción en el castillo de Baniff James Mc Duff, Conde de Fife. El 19 de Agosto de ese mismo año, las corporaciones mercantiles lo declaran ciudadano libre y miembro de las Guildas del Real Burgo de Baniff, siendo uno de los firmantes Williams Parish Robertson, el comerciante espía que informó a la Corona sobre los movimientos de San Martín durante toda su campaña.

    En el exilio, José Francisco de San Martín y Matorras no pasó jamás por ningún apremio económico. Su mansión en Boulogne Sur Mer lo atestigua. Además, constan decenas de visados en su pasaporte que demuestran que viajó por toda Europa entre 1824 y 1830. En Londres, su domicilio estaba establecido en el número 12 de New Road Park Place.

    Perteneciendo a la Logia “La Perfecta Amistad” y a pedido de Inglaterra, se dispuso a independizar Bélgica, ya que la Corona Británica tenía allí grandes capitales e industrias de máquinas y minas de carbón. Existe en el Museo Mitre una medalla honorífica que San Martín recibió en su momento de la masonería belga por los servicios prestados.

    La masonería estuvo relacionada con los movimientos revolucionarios durante el dominio español debido al pacto secreto que exigía a todos sus miembros.

    Si bien en la actualidad existen ciertas libertades dentro de la Orden, en aquel entonces, ser un “Hermano Masón” requería un secreto tan celosamente guardado que ni sus familiares ni amistades más allegadas debieran vislumbrar su identidad como tal. Es por eso que Inglaterra, al querer apoderarse de las colonias españolas, no encontró mejor camino que introducir dentro de la Orden Masónica a todos aquellos que fueran a servir a su campaña.

    En aquel momento, la Iglesia Católica y el Gobierno Español formaban un solo cuerpo y el “secreto de confesión” era el mejor camino por el cual los españoles se informaban sobre cualquier movimiento revolucionario al asistir, las mujeres en especial, a pedir a los sacerdotes que salvara las almas de los esposos, hermanos, hijos o de algún otro ser querido, del peligro en el cual se encontraban por querer conspirar contra la Corona Española.


    Fuente consultada: “San Martín y la tercera invasión inglesa”
    Juan Bautista Segeán (Editorial Biblos)


    Enviado por otras alternativas a las 1:00 a. m.




    Fuente:

    http://otrasalternativas.blogspot.mx/2008/04/sin-verguenza-nacional-la-tercera.html

  8. #8
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    CUBA; LO QUE PUDO SER

    Se comenzó en Enero de 1898 y fue abortada por la invasión norteamericana en la guerra. Es de todos sabido lo que pasó después de que los americanos ganaran la guerra; el primero de enero de 1899 se arrió la bandera española de la Habana y se izó la bandera norteamericana, comenzamos así a ser una colonia norteamericana hasta 1902, cuando un 20 de mayo comienza la “República de Cuba“, entre paréntesis porque fue una república mediatizada pues teníamos una enmienda, la enmienda plata, que decía que los americanos podían intervenir en Cuba cada vez que lo vieran conveniente, y así ocurrió. Por ejemplo hubo una revuelta entre cubanos en 1910 y los americanos tomaron el poder durante cuatro poniendo un gobernador norteamericano.

    Se puede decir que la República de Cuba no fue independiente hasta 1934 cuando se derogó la enmienda plata. De 1934 a 1952 son los únicos años en los que Cuba tuvo una democracia, puesto que en el 52 un 15 de marzo Batista da un golpe de estado y se crea una dictadura que culmina un primero de enero de 1959 cuando abandona Cuba y empieza lo que es la dictadura de los hermanos Castro, que como todos saben todavía continua en Cuba, o sea, hemos tenido cincuenta y tantos años de dictadura en todo el tiempo en el que nos separamos de España.

    Es irónico que muchos cubanos cuando se le pregunta por la fecha del 20 de mayo de 1902 te dicen que se celebra la independencia de Cuba, y si le preguntas de quién te dice que de España, cuando en realidad no sería una independencia de España sino de Estados Unidos, que tampoco fue así, pues como les he dicho por la enmienda plata, de colonia pasamos a ser una semi-colonia, o sea ,que no éramos independientes.

    ¿Y por qué digo esto? Porque todos sabemos como es la situación de Cuba, no hay democracia, no hay libertad, se violan todos los derechos humanos, las personas no pueden salir del país si no es con un permiso especial, sin embargo no hay ninguna comunidad autónoma de España donde esto suceda, y Cuba fue la primera comunidad autónoma de España, si hubiésemos seguido siendo esa comunidad autónoma los cubanos no hubiésemos tenido que emigrar, hoy en día estuviéramos viviendo en nuestra isla con el euro como moneda oficial, con el pasaporte de la Unión Europea… son muchas las ventajas.

    Tenemos que estar orgullosos de nuestras raíces, de nuestros antepasados y de nuestra bandera, la bandera de España no es extranjera en Cuba, esa bandera estaba en Cuba antes de llegaran los africanos, así que esta bandera es más cubana que cualquier otra. España creó a Cuba desde la nada, cuando Cuba era como un gran bosque, ellos comenzaron a construir el país; los españoles, nuestros antepasados. Así que no podemos decir que es una bandera extranjera, o ver a los españoles como una cosa aislada, somos la misma cosa pera separada por la invasión de un país extranjero.

    Esta invasión no es lo que la mayoría de los cubanos querían, ya habíamos empezado la comunidad autónoma cubana, e inclusive tropas mambisas se habían desmovilizado y unido al nuevo gobierno autónomo. Lo que pasa es que LOS HISTORIADORES CREARON UNA HISTORIA MUY FANTASIOSA; primero de todo se olvidaron de los autonomismos, de eso casi no se habla; el cubano no sabe que nosotros éramos españoles de nacimiento, el cubano no sabe muchas cosas.

    Una vez que me puse a estudiar la historia de Cuba me di cuenta de cuán manipulados hemos estados los cubanos y cuantas mentiras nos enseñaron.

    Poco a poco han ido saliendo a la luz pública verdades que los cubanos no conocemos, por ejemplo en historia de Cuba no se estudia que nosotros éramos ciudadanos españoles de nacimiento, que en 1821 éramos provincia de ultramar y ya comenzamos a ser españoles de nacimiento, y en 1837 nos convertimos en seis provincias de ultramar, teníamos representantes en las Cortes como cualquier otra provincia.

    En 1878 estaba el Partido Liberal Autónomo, los cubanos querían que España nos diera una autonomía, tener nuestro propio gobierno pero sin dejar de ser españoles. Lo que pasa es que existía como un gran complot de los masones cubanos, que lo que querían era destruir el Reino de España, querían separarnos de España a toda costa.

    El cubano no sabe muchas cosas, ya solo siendo provincia teníamos un pasaje preferencial a la península, había un comercio preferencial; éramos un solo país, por ejemplo, el cubano no sabe que el Partido Liberal Autónomo era el más importante de la isla y fue el que ganó la guerra civil, también llamada la guerra de la independencia.

    En noviembre de 1897 se dieron los decretos que fijaban las bases de lo que fue la autonomía, acompañados de otros dos; sufragio universal e igualdad de derechos entre españoles y cubanos. El entramado institucional era el siguiente; un parlamento bicameral formado por una cámara de representantes elegida por sufragio universal; un representando por cada 25.000 habitantes cada cinco años, y un consejo de administración de 35 miembros de los que la metrópolis designaba 17.

    El parlamento autonómico entiende de justicia, obras públicas, tesoro, educación, política monetaria, y tiene capacidad para formar su propio presupuesto. El gobernador general como máxima autoridad designada por el gobierno metropolitano lo controlaría, sancionaría sus decisiones y formaría el consejo de secretarios para atender los ramos de gracia, justicia, gobernación, hacienda, instrucción pública, agricultura, industria, comercio y obras públicas.

    El primero de enero presidido por Gálvez con tres secretarios autonomistas y dos reformistas nacía la autonomía cubana. Tras 20 años de existencia los autonomistas se habían convertido al fin en el eje de la política insular, además contaban con el favor de las autoridades frente a la segunda fuerza política; Unión Constitucional. En las elecciones a Cortes obtuvieron el 70% de los escaños, en el parlamento insular el 80%, pero sabían que para consolidar el nuevo régimen tenían que conseguir la paz.

    Los independentistas temían que la viabilidad de la autonomía los dejase sin argumentos para seguir la lucha, y por eso decretaron la pena de muerte para quien aceptase la fórmula de la paz autonómica. Por su lado Estados Unidos tampoco estaba a favor que se consolidase el nuevo modelo, las inversiones norteamericanas se habían ido incrementando a lo largo del siglo XIX, además querían controlar a su principal abastecedor de azúcar y uno de sus principales mercados de exportación; siempre preferían una independencia tutelada por ellos que tener que negociar con los cubanos.

    Cuando la reina regente de España en nombre de su hijo Alfonso XIII le otorgó la Autonomía a Cuba y Puerto Rico los insurrectos no la aceptaron, pero la mayoría de la población civil de Cuba sí la aceptó. No mentía el presidente autónomo cubano José María de Gálvez cuando en abril de 1898 decía en un telegrama al presidente de los Estados Unidos William McKinley que sí habían cubanos levantados en armas pero la mayoría de los cubanos en Cuba aceptaban la autonomía, y estaban resueltos a trabajar bajo esa forma de gobierno para restablecer la paz y la prosperidad del país.

    Si España le concedía la autonomía a Cuba, seis meses más tarde el embajador de Estados Unidos en Madrid les ofrecía 300 millones de dólares por la isla, entendiendo que su gobierno se negaba a reconocer la existencia del gobierno autónomo cubano. En realidad el presidente de Estados Unidos nunca apoyó la comunidad autónoma, y al hacerle la guerra a España y arrebatarles sus dominios en América, Asia y Oceanía no le dio tiempo al gobierno autónomo cubano para consolidarse.

    El autonomismo cubano no fracasó, pero la intervención de Estados Unidos lo hizo imposible.



    Jose Ramón Morales del blog "Cuba Española"



    Cuba siempre espanola.jpg


    Fuente:

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  9. #9
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Extracto de la carta que envió Jefferson a Stuart en enero de 1786:


    "Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Mas cuidémonos de creer que interesa a este gran Continente expulsar a los españoles desde luego. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que éstas resulten débiles en demasía para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población progrese lo suficiente para ir arrebatándoselos, parte por parte"



    America y Estados Unidos - dos cosas diferentes.jpg



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    Última edición por Mexispano; 05/04/2014 a las 20:28

  10. #10
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    C. L. A. M. O. R.: De pluma ajena

    ENFERMERIDES ARGENTINAS
    (Magnas fechas de la Patria Argentina)
    por Juan Pampero

    LOS INGLESES FUSILAN AL RECONQUISTADOR
    Domingo 26 de agosto de 1810: En el paraje denominado Cabeza de Tigre, cercano a Cruz Alta, Córdoba, un pelotón de soldados ingleses fusila al General Santiago de Liniers, Héroe de la Reconquista y la Defensa, Conde y Virrey de Buenos Aires.

    El Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros (1755-1828), fue la cabeza visible del triángulo cuyos vértices estarían apoyados en los comerciantes usureros de la City en Londres, sus operadores españoles enCádiz y los mercachifles arrastracueros del puerto de Buenos Aires. Esta triangulación, consecuencia deUtrech, formada de 1714 en adelante por Incalaperrajunto con una decena más montadas enHispanoamérica, se dedicaban con fervor al contrabando de fruslerías, el saqueo de la corambrede las vaquerías y el fabuloso robo de la plata del Potosí. Ya habían tenido su acto cumbre en las invasiones de la Incalaperra en 1806 y 1807. Porque es bueno decirlo, para aquellos hechos dolorosos, los ingleses no vinieron: los mandaron a llamar que es muy distinto.
    Cisneros había llegado a Buenos Aires con instrucciones de invitar, muy diplomáticamente, para que Liniers regresase a España. Los buhonerosmanilargos del puerto se habían dado cuenta que nada se podría hacer, de lo que después se hizo (más de 40 firmas inglesas operando en Buenos Aires y con casas matrices en Londres), con un Liniers en la ciudad. Entonces presionaron sobre los de Cádiz, lupanar de la masonería, para que éstos, a su vez, lo hiciesen sobre la Junta (que les debía plata a todos), designando como Virrey a un hombre “educado y culto” (como querría después Rivadavia) que, a su vez, tendría la misión de sacarse de encima a Liniers, dejándole el campo orégano al hatajo. Es la versión remozada y rioplatense del cuento de AlíBabá y los cuarenta ladrones (aunque aquí eran mucho más de cuarenta por el proceso inflacionario).
    Con la misma ternura diplomática con que le pidieron que se vaya, don Santiago, que ya había cumplido sus 57 años, les pidió para quedarse. Una contrariedad en los planes de la gavilla. Entonces Cisneros le hace jurar a Liniers la promesa de no inmiscuirse en los asuntos públicos, y lo obliga a retirarse a un lugar distante del epicentro de los negocios: Buenos Aires. Digamos que una cosa por otra: en lugar de desterrarlo lo internaron, como se decía en aquellas épocas. Pero con el mismo efecto: mantenerlo alejado “del progreso”. Aunque con un poco de suerte, se podría morir en el olvido.
    Este juramento del Héroe de la Defensa y Reconquista, con treinta años de nobles servicios a España sin interrupciones, es de donde se han prendido los historiadores del Régimen Perverso con sus ataques de moralina, para decir que Liniers recibió lo que se merecía por quebrantar un juramento. Y, ¿qué validez tiene un juramento hecho ante esta versión remozada de Pilatos? La misma validez que tiene la palabra devaluada del canalla que lo pide.
    Liniers se trasladó a Córdoba donde compró una finca cercana a la localidad de Alta Gracia. Los sucesos ocurridos en Buenos Aires el viernes 25 de mayo (fruto de la tenida del 24 a la noche), llegaron a Córdoba el lunes 4 de junio. Entonces el Gobernador Intendente, Capitán de Navío Gutiérrez de la Concha, quien fuera jefe de le escuadrilla que transportó desde Colonia hasta el Arroyo Las Conchas al ejército de Liniers para la Reconquista, se declara opositor al pronunciamiento de Buenos Aires y arrastró tras de sí al Cabildo de Córdoba, creándose el 6 de junio, ante la emergencia, una Junta Consultiva.
    Para constituir esta Junta, Gutiérrez de la Concha le pide a Liniers que se sume, como ciudadano respetable y persona de honda raigambre popular, junto con el Obispo Orellana, el oidor Victoriano Rodríguez, el deán de la Catedral, Gregorio Funes y el tesorero de la hacienda pública, señor Moreno.
    Hasta aquí, aunque a los tumbos, estoy conteste con los historiadores vernáculos, tanto del Régimen como no pocos militantes del revisionismo histórico. Porque a partir de esta situación cada uno de éstos va dando su versión: que Liniers fue un traidor; otros que un líder desertor; que cometió muchos errores; que no escuchó las súplicas que le hicieran por carta Saavedra y Belgrano, e incluso su suegro Martín de Sarratea; que quiso reivindicarse ante la opinión pública de aquel incidente con el enviado de Napoleón, el Marqués de Sassenay (10 de agosto de 1808); que era un agente napoleónico en Buenos Aires y, otros muchos, que Liniers fue una mezcla de todo esto.
    Confieso humildemente al lector que yo también me tragué estos sapos. Algunos crudos y otros vuelta y vuelta en la sartén con ajo y cebollas. Porque si esto escriben nuestros historiadores, cuya mayoría escribe para facturar, seguramente no es cierto o por lo menos es motivo de revisión o de crítica histórica, si prefiere el lector.
    Liniers no fue un traidor, porque nunca comulgó con otra ideología que no sea su lealtad a la Corona Española por la que terminó dando la vida; consecuentemente tampoco fue desertor porque nunca estuvo adscrito a los complotados que había producido el 25 de mayo; el único error cometido por Liniers fue el de dormir con el enemigo: creerse que Cisneros era un virrey y no el cabecilla de un grupo de quincalleros asociado a los ingleses; de las súplicas que le hiciera Belgrano mejor no hablar: don Manuel (¡Oh, cuántas tiene en el debe el bueno de don Manuel!), ya había hecho los borradores extremistas que servirían de base para que el terrorista Mariano Moreno hiciese el Plano de Operaciones (dado como secreto el 30 de agosto, según la copia en mi poder); las actitudes de Liniers, respecto al Marqués de Sassenay, fueron suficientemente claras, y la prisión que sufrió el enviado de Napoleón a manos de Elío fue injusta, prueba de ello es que al ser remitido a Cádiz fue puesto de inmediato en libertad en aquella ciudad y a Liniers jamás se lo molestó para preguntarle nada; etc.
    Ahora bien: ¿por qué Liniers –se preguntará el lector-, se opone a la Junta de Buenos Aires, acompañado de insignes patriotas y leales servidores públicos, cuando le hubiese sido más fácil aceptar el hecho consumado? Simplemente porque Liniers, como antiguo vecino de la ciudad, aparte de haber sido su Virrey, conocía perfectamente a cada uno de los integrantes de aquella Junta, lo que ellos representaban y quiénes movían los hilos de estas marionetas. Aquellos no representaban, precisamente, los intereses del pueblo, del rey ni de su virreinato. Y si no me creen vean lo que sigue:
    Miguel Azcuénaga, militar, masón recalcitrante de los tiempos de Cabello y Meza, relacionado con las familias más ricas de Buenos Aires en los inicios del siglo, terrateniente y comerciante, fue el garante ante la burguesía porteña y los intereses de la Incalaperra, de las finanzas de la Junta de Gobierno.
    Manuel Alberti, sacerdote, masón, con rico patrimonio personal, parte heredado de sus padres y parte de lo que él había hecho con sus negocios clandestinos; intervino en las reuniones conspirativas en la casa de Nicolás Rodríguez Peña (espía, masón, asalariado de Su Majestad Británica hasta su muerte); ingresó a la Junta comorepresentante del clero criollo y como defensor de los bienes eclesiásticos (y de los suyos desde luego).
    Domingo Matheu, comerciante catalán afincado en Buenos Aires, con conexiones internacionales en Europa y, particularmente en Cádiz, sostenedor de las ideas del libre comercio (recargando con un 300% las bagatelas inglesas), fue como tal el representante de los comerciantes de Buenos Aires (los que, mayoritariamente, eran ladrones y contrabandistas). Fue el garante ante la Junta de los comerciantes de la plaza de Cádiz (uno de los vértices del triángulo).
    Juan Larrea, catalán como el anterior, comerciante de los llamados frutos del país y también armador, estaba seriamente comprometido con los grupos ingleses a los que siempre fue obediente. Es considerado como el banquero de la Junta de Mayo.
    Juan José Paso, abogado, amigo íntimo de Moreno, vinculado a los intereses ingleses en el Río de la Plata. Este personaje es todo un misterio: ¡permaneció en el gobierno desde mayo de 1810 hasta la llegada de Rosas que lo echó! Poco o nada se sabe de su vida porque todos sus papeles públicos y privados han desaparecido cuidadosamente. Pero en verdad: no se sabe por qué fue incluido en la Junta, quedando solamente en pie sus vinculaciones con los comerciantes británicos.
    Mariano Moreno, abogado (el ausente durante las invasiones inglesas y el mudo del Cabildo del 22 de Mayo), representó a los intereses ingleses, con la habilidad de presentarlos como españoles. Carlos Roberts lo llamaexcelente abogado del comercio inglés y abogado de última hora. El acercamiento ideológico con Castelli (primo de Belgrano), proviene de que ambos eran abogados de los ingleses en el Río de la Plata. Moreno se destacó en la ignominia que se llamó Representación de los Hacendados (en 1809, con patrocinio del Virrey Cisneros donde hizo el papel de chancho rengo), y Castelli en varias defensas de comerciantes ingleses sorprendidos en el delito de contrabando o en el quebrantamiento de leyes consagradas. Cuando Moreno envía a Castelli al norte como comisario político, se quedó con el partido de él en Buenos Aires, y lo superó en los planteos de libre comercio a favor de los buques de bandera inglesa.
    Manuel Belgrano, abogado y economista aficionado, con amplias y fuertes vinculaciones con comerciantes del Paraguay y ganaderos del Uruguay. Esta es la causa de la aparición, de la noche a la mañana, del Belgrano militar en la campaña al Paraguay y su posterior traslado a la Banda Oriental, cuando en realidad se había destacado comoabogado y economista. Se sabe que Belgrano redactó la introducción y confeccionó el boceto del Plano de Operaciones citado más arriba. Moreno al componerlo, respetó la introducción belgraniana y, en línea generales, su proyecto, aderezándolo luego con sus crueldades propias de Caracalla. Pero don Manuel conoció el documento: a esto no hay quien lo niegue, como se sabe que no abrió la boca para oponerse ante semejantes barbaridades. El documento, encontrado por casualidad en Sevilla por don Eduardo Madero a fines del Siglo XIX, está redactado en tono canallesco, subversivo y terrorista: después me vienen a hablar del Proceso de Reorganización Nacional que es un bebé de pecho al lado de don Mariano y de don Manuel, ¡que son próceres indiscutidos!
    Dios Santísimo: ¿para qué me haces conocer estas cosas? ¿Acaso yo no sería más feliz de otra forma? Pero: hágase Tu Voluntad y no la mía. Prosigo entonces.
    Llegado a esta altura, le pregunto al lector: ¿y usted que hubiese hecho? ¿Tal vez adherirse a esta Junta, o haría lo que hizo Liniers, después Artigas y finalmente Alzaga? Diga usted. Porque después de todo lo que hizo el Cabildo de Buenos Aires fue tomar la decisión de crear una Junta municipal de gobierno. Le correspondía luego invitar a las demás provincias hermanas a uncongreso revolucionario para lo cual, cada una de ellas, debía dar, como requisito previo, un golpe político como el de Buenos Aires. De esta manera la Primera Junta hubiese sido nada más que una promotora de la revolución nacional. Esta actitud de Buenos Aires de arrasar con las autonomías provinciales y municipales se repetiría constantemente, se reflejaría en la Constitución Nacional y se puede ver hoy en día, donde los Gobernadores, pero fundamentalmente los Intendentes Municipales (donde reside la auténtica soberanía popular), son felpudos del gobierno central.
    Desbandada la tropa de Liniers y Gutiérrez de la Concha al primer amague, siguieron los dos fugitivos con sus amigos, sin una escolta que les brinde protección, y se refugian en Villa del Chañar, a unas 50 leguas de Córdoba. Allí los alcanza y detiene el Capitán José María Urien, que los venía rastreando, quien comete la arbitrariedad de tratarlos con todas las brutalidades que uno se puede imaginar, incluidos los azotes. La Pasión de don Santiago de Liniers había comenzado en manos de los esbirros del Robespierre porteño, Mariano Moreno: el que en la noche del 25 de Mayo lloraba sentado en las escaleras del Cabildo por las represalias que habría de tomar el rey contra ellos a su regreso “por majaderos”. Esta es la verdadera causa de su misterioso viaje a Inglaterra que dijeron lo hacía en misión diplomática: le aterrorizaba la idea del regreso del rey. En verdad fue un exilio disfrazado con misterios, como su muerte que resultó de un fecaloma: hacía una semana que no iba de vientre y el capitán inglés le suministró un purgante fenomenal. Una hora después estaba con una peritonitis y se fue por la avenida ancha sin semáforos. Pero volvió reencarnado en los periodistas que tenemos que lo han tomado por apóstol.
    Detenidos los cabecillas del desacato, debería corresponderse con el final de este triste capítulo de nuestra historia. Pero no fue así, porque es realmente aquí donde comenzó. Porque, ¿qué hacer con Liniers, el Gobernador Gutiérrez y el manojo de amigos encadenados? A Córdoba no los podían regresar, porque muchos de los soldados patricios que formaban los regimientos a las órdenes del Coronel José Antonio González Balcarce admiraban y amaban a Liniers y a Gutiérrez por haber luchado codo a codo con ellos en las jornadas de 1806 y 1807. Algo parecido ocurriría con la población civil, memoriosa del trato paternal y deferente de Liniers durante su virreinato.
    Entonces, ¿qué tenemos por aquí? Tenemos un problema insoluble a nivel de dirigentes. El mismo problema que se les repetiría con Artigas, Alzaga, Dorrego, don Juan Manuel y, si el lector quiere, el de Perón: su inmensa popularidad. ¿Qué hacer con un tipo que supuestamente hace lo que no debe hacer y sin embargo goza de abrumadora popularidad? La respuesta no está en los manuales liberales, ni en las películas de Hollywood de yanquilandia, donde el derrocado es un tiranuelo de cuarta. ¿Qué hay que hacer con un tipo en cuya contra se han ensayado todas las argucias y todas ellas, de a una, han ido fallado? A este tipo hay que matarlo, porque la popularidad para los liberales es un bien peligrosísimo. A Liniers y Dorrego, El Coronel Arrabalero, les costó la vida. El Restaurador se les escapó con un hilo de la pata. Y Perón se salvó de milagro, si se tienen en cuenta desde bombardeos hasta una docena de atentados, comenzando por el de Villa Rica en Paraguay.
    En verdad la Junta municipal de Buenos Aires, vulgo llamada Primera Junta, ha pensado en el destierro, medida que se le aplicó al compinche Cisneros con todo éxito, pero que con don Santiago sería un fracaso. Alguien ha madurado en hacerlo desaparecer, pero es imposible porque ya todo el mundo sabe que está en manos de sus captores. Reverdece entonces la idea de asesinarlo, pero cómo. Envenenarlo sería muy evidente. A un iluminado de la caterva se le ocurre simular un malón de indios que atacarían la caravana y lo asesinarían sin misericordia. En los alrededores de Buenos Aires hay muchos indígenas que por una damajuana de aguardiente serían capaces de despellejar a su madre. Pero ocurre que a ¡don Santiago de Liniers también lo quieren los indios porque ha sido muy compasivo con ellos! Entonces, si una salida “culta y educada”, resuelven matarlo ellos mismos. Fusilando de esta manera se cargarían de poder coercitivo, desalentando resistencias latentes: digamos que a lo Valle, Cogorno e Ibazeta el 9 de junio de 1956.
    Llega a Córdoba el decreto para la ejecución. La población recibe la noticia con claras muestras de disgusto. El Coronel Balcarce y el gobernador interino nombrado por la Junta, que fue Juan Martín de Pueyrredón, se enteran que el Regimiento de Patricios, alojado en la casa de Ejercicios Espirituales, se está por sublevar para rescatar a Liniers. Les cierran todas las puertas y les colocan tres regimientos a su alrededor para que nadie salga ni entre. Unas 100 religiosas y religiosos que allí prestan servicios padecen la cuarentena, aunque son completamente inocentes: es la primera herejía de las muchas que luego harían en el Alto Perú contra la Santa Religión. Ortiz de Ocampo hace como Pilatos: se lava las manos y decide remitir al prisionero a Buenos Aires. En realidad le tiene miedo a la pueblada y algunos regimientos que no le han querido rendir honores.
    La Junta se entera de esto y resuelve que Liniers no debe entrar en Buenos Aires. Para ello acuerdan que Castelli y French, con algunos efectivos del Regimiento Estrella, salgan al encuentro de la columna y fusilen a Liniers donde lo encuentren. Sin embargo aparecen otros problemas, aparte del cáncer de lengua que lo tiene mal a Castelli, los soldados del Estrella ponen las cosas en claro: ellos acompañan pero no fusilarán a Liniers. Los comisionados alcanzan la columna que viene de Córdoba en Cabeza de Tigre, una posta a la altura de Cruz Alta. Allí los espera otro frentazo: los soldados de la escolta que traía a Liniers, también se niegan a fusilarlo. ¡Estos negros de mierda, siempre creando problemas! No, si es como decía Sarmiento: es una raza maldita. Porque no habían nacido debajo de una higuera como él.
    Pero alguien había sido más previsor que todos estos complotados para asesinar. En Córdoba vivían desde hacía unos dos o tres años un número considerable de soldados ingleses que fueron internados después del escabroso asunto de Luján. Algunos tenían chacra, familia y otros se habían afincado definitivamente. Alguien los habló y ellos aceptaron fusilar gustosamente a Liniers, el autor de su derrota, su prisión, su internación y su vergüenza. Y previendo que pasaría lo que pasó los llevaban a la cola de la columna.
    Y así fue como en la mañana del 26 de agosto, el mes de la Gloriosa Reconquista, de 1810, una docena de soldados de su Graciosa Majestad Británica fusilaron a don Santiago de Liniers, cubierto de sangre por los castigos y cinco de sus compañeros todos malheridos. El tiro de gracia se lo dio French, el cartero de Buenos Aires, devenido ahora en Teniente Coronel de la noche a la mañana, el que fuera enlace entre las logias masónicas montadas por Rodríguez Peña y el cura Agüero. En las ropas de Liniers se encontró su despacho como Virrey firmado por el rey, que Castelli ordenó quemar: estaba el papel tinto en sangre.
    A esto último lo descubrió el historiador Julio Lafont al que por poco lo matan. Pero jamás pudieron desmentirlo, hasta el día de hoy porque está muy bien documentado. Al resto, que no es de Lafont, los invito a los historiadores a que me desmientan. Pero, ¡cuidado!, porque a lo mejor no me callo de cosas que aquí he callado.
    Última edición por Ordóñez; 09/04/2014 a las 20:29

  11. #11
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    Re: Hay “otro” bicentenario




    Comentario de una persona en la página de facebook:

    Infeliz final el del Valiente Liniers. No se lo merecía, como dijo Salvador Ferla, pagó caro el haberse convertido en un líder desertor....Él, que hubiera podido ser nuestro George Washington, atacado por un complejo de fidelidad, terminó sus días ultimado por sus propios hijos; por aquellos que poco tiempo antes hubieran levantado estatuas en su honor...

    Respuesta de CLAMOR:

    ¿Desertor? Desertores fueron los otros. Los que ayudaron a escapar a Beresford, los que juraron fidelidad a S. M. C. Fernando VII y luego lo traicionaron, los que izaron la bandera británica el 26 de mayo de 1810, los que quebrantaron tratados centenarios con los indios, los que utilizaron a mercenarios ingleses para asesinar a Liniers, los que celebraron misas negras en el Alto Perú, etcétera, etcétera.

    No quiso ser un Washington o un Napoleón porque, como dijo infinidad de veces, no quería dejar a sus hijos más que el honor. Liniers no era un terrateniente masón con aspiraciones dictatoriales como Washington ni un tenientillo corso que inspiraba masacres como Bonaparte. Era un caballero por herencia y por vocación.




    https://es-la.facebook.com/pages/El-...type=1&theater

  12. #12
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    Re: Hay “otro” bicentenario


    El mito de la batalla de Ayacucho


    La más importante batalla de la Guerra de la Independencia hispanoamericana fue sólo una comedia

    La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

    00:15 / 18 de diciembre de 2013


    En este mes se ha celebrado un nuevo aniversario de la batalla de Ayacucho efectuada el 9 de diciembre de 1824, entre las fuerzas realistas dirigidas por el propio virrey del Perú, José de La Serna, y las huestes patriotas, comandadas por el lugarteniente del Libertador, el general José Antonio de Sucre. Las fuerzas realistas estaban situadas en las alturas del cerro Condorcunca, mientras que las patriotas ocupaban la llanura de Ayacucho. Evidentemente, las primeras tenían de su parte una gran ventaja estratégica, además, eran muy superiores en número. Pero Sucre estaba plenamente confiado en el triunfo y, en efecto, luego de corto tiempo, no más de tres horas, todo el ejército realista, comenzando por el virrey, se rindió al vencedor. Como dijo el parte de guerra, la derrota realista fue “completa y absoluta”.

    Han pasado 189 años de tan hermoso acontecimiento y es hora de que nos preguntemos si verdaderamente hubo tan gran combate o si todo estuvo arreglado de antemano.

    Para ello hay que tomar en cuenta que el general Sucre no sólo era un gran guerrero, sino también un extraordinario diplomático. Y bien pudo haber negociado con La Serna antes de la batalla. Hay indicios muy importantes que pueden certificar este postulado. Primeramente, el curioso hecho de que antes de que se iniciara la contienda, se determinó que 80 miembros de cada ejército, que estaban emparentados entre sí, cruzasen la línea que dividía a las dos huestes, y se abrazaran efusivamente con el pariente correspondiente.
    Como cuenta el general Ramallo, “entre ellos estaba el teniente coronel Pedro Blanco, que más tarde fue presidente de Bolivia, y que deseaba abrazar a otro Blanco, hermano suyo, jefe de un cuerpo de caballería española. El brigadier Antonio Tur pasó también a ver a su hermano y todos se abrazaron derramando lágrimas”.

    Como se puede observar, es inimaginable que después de tan efusivos y emotivos abrazos delante de los dos ejércitos, hubiese deseos de combatir a un enemigo reconocido como hermano. Además, es inexplicable que todo el ejército realista se rindiese, comenzando por el virrey y su estado mayor, sin haber procurado efectuar una retirada hacia el Cuzco. Y para culminar, se tiene la generosísima Capitulación de Ayacucho, por medio de la cual se garantizaba la vida, libertad y bienes de todos los realistas que aceptaran dicho acuerdo y se comprometieran a no volver a tomar las armas. Más todavía, el gobierno peruano se obligó hasta pagar los pasajes de quienes deseaban retornar a España con sus enseres. Queda todavía un último punto que destacar, la felicitación del jefe del estado mayor del ejército realista, José Canterac, al propio Libertador Bolívar, donde le expresa: “Como comandante de la gloria, aunque vencido, no puedo menos que felicitar a V. E. por haber terminado su empresa en el Perú con la jornada de Ayacucho” (sic).

    De todo ello se puede inferir que Sucre y La Serna pactaron con antelación la capitulación de Ayacucho; y la mayor prueba es que el secretario de Sucre, el arequipeño José María Rey de Castro, asistió a la batalla al lado del virrey. Seguramente, ese secretario hubo negociado el célebre documento que dio fin a la larga guerra de la independencia sudamericana.

    Cabe la pregunta, si todo se arregló de antemano, ¿por qué se dio la batalla? Pues, porque los españoles no habrían podido volver a España sin haber sido tachados de cobardes o de traidores. Así que tuvo que realizarse un simulacro de combate, para contentar al rey peninsular; simulacro que lamentablemente costó centenares de bajas en los dos lados. Mucho más, naturalmente, del bando realista.

    En consecuencia, la más importante batalla de la Guerra de la Independencia hispanoamericana fue sólo una comedia. Pero una comedia trascendental, porque dio fin a una guerra de quince años de duración. Más todavía, culminó con el odio entre peninsulares y criollos, y dio lugar a que los realistas que se quedaron en el continente pudieran integrarse plenamente a los países recientemente libertados por el gran día de Ayacucho.






    Fuente:

    El mito de la batalla de Ayacucho - La Razón
    El Tercio de Lima dio el Víctor.


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