La opresión
del pueblo negro,
los crímenes
de este sistema
y la revolución
que necesitamos


“El joven fue baleado 41 veces mientras echaba mano a la cartera en el bolsillo”… “la policía mató a tiros al niño de 13 años por la tarde cuando confundió su pistola de agua con una pistola de verdad”… “el joven desarmado, baleado 50 veces por la policía, murió en la madrugada del día de su boda”… “la joven, inconsciente después de sufrir un ataque cerebral, fue baleada 12 veces por policías que rodearon su carro cerrado con llave”… “la víctima, detenida por cargos de alteración del orden público, fue torturada y violada con un palo en la parte de atrás de la comisaría por los agentes quienes lo detuvieron”.
¿Te sorprende saber que en cada uno de los citados casos la víctima fue negra? 1
Si vives en Estados Unidos, la respuesta casi ciertamente es “no”.
Piensa en lo que significa: que sin decírselo, supiste que todos aquellos a los que la policía asesinó o maltrató eran negros. Esos casos, y miles más de casos similares en las últimas décadas, año tras año, añaden ríos de lágrimas a un mar de dolor. Pero son al mismo tiempo síntomas de una enfermedad más profunda.
Muchos hoy dicen que Estados Unidos es una “sociedad post-racial”. Dicen que las “barreras al progreso de los negros” han sido en gran parte superadas. Muchos hasta llegan a echarle la culpa de los problemas severos que tiene el pueblo negro hoy al… mismo pueblo negro. Otros proponen que mejor educación, o más familias tradicionales, o la religión, o las elecciones van a resolver la situación.
Pero de nuevo, la pregunta: ¿Qué ES el verdadero problema? ¿Qué es su fuente? ¿Y qué es la solución?
En este país nunca habrá un movimiento revolucionario si no desencadena y expresa plenamente el muy muy profundamente sentido deseo de los negros de liberarse de largos siglos de opresión [del pueblo negro], un deseo que a veces se expresa abiertamente, a veces parcialmente y a veces de una manera incorrecta. En este país nunca habrá una revolución, y nunca debería haberla, si ese no es uno de los elementos fundamentales.


Vamos a mostrar que la opresión del pueblo negro ha estado al centro de la estructura y el funcionamiento de este país desde el comienzo hasta hoy, y es lo que en realidad causó estos siglos de sufrimiento. Vamos a analizar las luchas de masas en contra de esta opresión, mostrar por qué el sistema ha traicionado cada vez su poderoso grito de justicia, aun cuando hayan ganado algunas concesiones, y cuáles lecciones se pueden aprender para una lucha revolucionaria que en realidad podría obtener la liberación. Abordaremos cómo una revolución podría tratar y superar a esa opresión, forjar un sistema completamente diferente, y mucho mejor, como parte de llegar a un mundo totalmente nuevo y emancipado. Vamos a analizar otros programas y mostrar que cualquier propuesta que no sea la revolución es un camino falso y un callejón sin salida. Y vamos a señalar por qué tal revolución es posible —sí, incluso en Estados Unidos— y qué hacer para prepararse para tal revolución y llevarla a cabo.


I. La verdadera situación
Según el conocimiento común, mientras que algunas desigualdades quedan, la situación generalmente ha avanzado para el pueblo negro en Estados Unidos y hoy sigue avanzando. Señalan a personas como Obama u Oprah como prueba de esto. ¿Pero de veras ha “avanzado” la situación? ¿Esta sociedad de veras se está volviendo “post-racial”?
Se puede encontrar la respuesta a aquella pregunta en cada rincón de la sociedad estadounidense.
Miremos el empleo: los negros siguen arrimados en los peldaños inferiores… es decir, si pueden conseguir trabajo. Mientras que muchas industrias básicas que antes empleaban a negros están cerradas, estudio tras estudio demuestra que es más probable que los empleadores contraten a un blanco con antecedentes penales que a un negro sin antecedentes penales, o que es 50% más probable que vuelvan a llamar a un solicitante de empleo con un nombre que suena “blanco” que a uno idéntico con un nombre “negro” 2 . En Nueva York la tasa de desempleo para hombres negros es de 48%. 3
O la vivienda: el pueblo negro tiene los niveles más altos de segregación residencial racial en el mundo, canalizados a zonas descuidadas sin parques decentes, supermercados y a menudo ni siquiera hospitales. Los negros, además de los latinos, quienes lograron adquirir una casa propia las perdieron. Sufrieron más más duramente el golpe de la crisis de hipotecas secundarias después de ser desproporcionadamente en la mira de los prestamistas usureros, lo que ha provocado la mayor pérdida de riqueza para la gente de color en la historia moderna de Estados Unidos. 4
O la asistencia sanitaria: los bebes negros tienen una tasa de mortalidad comparable con la de Malasia, los afroamericanos contraen el VIH a una tasa semejante a la del África subsahariana, y por lo general las desigualdades en la asistencia sanitaria son tan grandes que un ex jefe del servicio federal de sanidad de Estados Unidos hace poco escribió: “Si hubiéramos eliminado las desigualdades de salud en el último siglo, hubiéramos tenido 83.500 menos muertes de negros en 2000”. 5
O la educación: Hoy las escuelas están más segregadas que desde 1964 6 ; las escuelas urbanas, predominantemente de negros y latinos, reciben menos recursos y están organizadas para fallar. Más y más se parecen a prisiones con detectores de metal y polis uniformados patrullan los corredores deteniendo y cacheando a los alumnos en camino a clase. A menudo estas escuelas gastan alrededor de la mitad del dinero por cada estudiante que las escuelas en las afueras ricas de las ciudades.7
O el encarcelamiento: La población negra en las prisiones es de 900.000 8 . ¡Se ha multiplicado por ocho desde 1954! Y la proporción de prisioneros negros en relación a blancos ha aumentado más del doble en el mismo período. Un estudio reciente señaló que “un joven negro sin diploma de estudios secundarios tiene una posibilidad del 59% de ser encarcelado antes de cumplir 35 años”.9
Para colmo, todo eso lo refuerza un interminable chorro de racismo en los medios de comunicación, la cultura y la política de esta sociedad, un racismo que tiene en su mira mortal los sueños y el espíritu de cada niño afroamericano. ¿Quién puede olvidar la ola de dogales que surgió en todo el país, por el sur y el norte, en la estela de la lucha en 2007 en Jena, Luisiana en contra del juicio (y persecución) de seis jóvenes negros quienes habían luchado contra un dogal colgado cuyo propósito era impedir mediante intimidación que se sentaran debajo de un árbol “sólo para blancos” en su escuela?
Todo esto es lo que subyacía a la respuesta criminal del gobierno al huracán Katrina en 2005. Por razones vinculadas directamente a la opresión del pueblo negro a lo largo de la historia de este país, y que continúa hoy, en gran desproporción los afroamericanos no tuvieron los recursos para salirse del camino de esa tormenta, además de que estaban concentrados en los barrios cuyos diques no recibieron mantenimiento durante años. Lejos de ser meramente un caso de “incompetencia”, el gobierno respondió con una combinación de represión “con una pistola en tu cara” y la negligencia gratuita y asesina. La gente estaba atrapada en los tejados al calor de cien grados por días sin fin, sin nada que comer o beber. Dejaron a los prisioneros encerrados en las celdas mientras que el agua les subía al cuello. La protección de la propiedad privada y el control social fueron más importantes que la vida humana, y la gobernadora del estado ordenó que la policía y los soldados dispararan a los “saqueadores” pescados en el acto, o mejor dicho, a las personas que trataban de sobrevivir y ayudar a los demás. En al menos una ocasión, a punta de fusil la policía impidió que las personas que trataban de huir de las zonas más afectadas llegaran a un lugar más seguro. Luego, cuando finalmente llevaron a cabo las evacuaciones, lo hicieron con la inhumanidad de un hacendado cruel. Dividieron a familias arrebatando a niños de sus padres. Dispersaron a decenas de miles por el país con boletos sin regreso, y a veces ni les informaron del destino. Mientras tanto, en la zona del huracán, dejaban por meses a los cadáveres flotando en el agua, yaciendo en el suelo, debajo de escombros, descomponiéndose y destrozados.
A lo largo de esta situación, los políticos y los comentaristas vomitaban el racismo sin fin. ¿Quién puede olvidar a Barbara Bush, la madre del presidente, y su comentario en un albergue para refugiados de Katrina —algunos de ellos que estaban separados de sus familias y que lo habían perdido todo, incluso familiares— de que “hay tantas personas en el estadio aquí, me entiendan, que de todos modos están desfavorecidas, así que esto les está resultando muy bien”? 10 Un congresista en su décimo mandato se llevó el premio por haber declarado: “Por fin hemos limpiado la vivienda pública en Nueva Orleáns. Nosotros no pudimos hacerlo, pero Dios sí”.11
Desde entonces, pasaron el primero… el segundo… y el tercer aniversario de Katrina pero muchas partes de Nueva Orleáns aún son pueblos fantasmas inhabitables. En el barrio de casi puros negros del Ninth Ward han arrasado manzanas enteras de casas, dejando vastas extensiones de tierra baldía salpicadas de escaleras de hormigón que no van a ninguna parte. Cuando los negros han luchado para permanecer en los multifamiliares que aún son habitables, las autoridades los expulsaron, y cuando protestaron en frente del ayuntamiento, la policía los roció con gas lacrimógeno y los aporreó con macanas. 12 Las plataformas de petróleo y las zonas turísticas funcionan desde hace tiempo, mientras no entran en los planes lo de reconstruir las escuelas, los hospitales y las guarderías. En todo eso, la policía y la guardia nacional continúan su ocupación de las zonas pobres como territorio enemigo.
¿Todo eso te parece a ti como una sociedad “post-racial”?
La respuesta es clara. Mientras que han dejado a más negros que nunca “lograr entrar” a la clase media, hay que decir dos cosas.
Primero, para estas personas la situación aún es tenue. Veamos un ejemplo claro: a diferencia de las nociones generalizadas del “sueño americano”, en que cada generación siguiente “logra tener una vida mejor” que la anterior, el funcionamiento de este sistema ha metido a la mayoría de los niños de las familias negras de la clase media en un camino de movilidad social hacia abajo. 13 Y cada persona negra —sin importar a qué posición social llegue— aún padece los insultos y los peligros concentrados en la experiencia tan familiar de una detención por ser “negro al volante”. Como dijo Malcolm X hace más de 40 años y como aún es cierto hoy: ¿a qué se le llama a una persona negra con un doctorado? Un “nigger” [una referencia superdespectiva a los negros].
Segundo, y aún más profundamente, para millones y millones de negros la situación se ha EMPEORADO.
No ayuda, de hecho es muy dañino, creer en esta fantasía “post-racial”, o aun en la mentira “menos ambiciosa” de la progresiva superación. Para transformar esta situación, hay que cuestionar directamente y entender profundamente la pura verdad de la opresión de los afroamericanos.