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Tema: Centenares de sacrificios humanos

  1. #41
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    Re: Respuesta: Centenares de sacrificios humanos

    Desvelan el cruel sacrificio azteca de un niño en la ciudad que conquistó Hernán Cortés

    El entierro infantil, descubierto a los pies del Templo Mayor erigido en honor a Huitzilopochtli, es el segundo encontrado de esta naturaleza

    ABC Historia

    @ABC_Historia

    Actualizado:02/08/2018 08:47h


    59


    Se cree que durante el Imperio Azteca varios miles de personas fueron sacrificadas como dádiva a los dioses. Es igualmente sospechado que un gran número de las ofrendas se llevaron a cabo en Tenochtitlán, en el gran templo dedicado a Huitzilopochtli, Dios del sol y la guerra. De hecho, el canal «Historia» refiere que el santuario podría haber sido el lugar de muchos tétricos martirios: «Descubrimientos recientes incluyen una exhibición aparentemente pública de cientos de cráneos humanos, apilados a más de 100 pies de altura». Y es que la «deidad guerrera» era fortalecida con el ajusticiamiento de aquellos enemigos apresados. No obstante, fueron también niños los «obsequios» otorgados en su honor. Así lo corrobora el reciente hallazgo de un entierro infantil consagrado a la divinidad Huitzilopochtli.

    A los pies del Templo Mayor, en la actual Ciudad de México, ha sido encontrado dicho pueril sepelio por un equipo del Proyecto Templo Mayor (PTM), según informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. El grupo de arqueólogos «tuvo la misión de excavar el hallazgo de la "Ofrenda 176", en la cual se colocaron a finales del siglo XV los restos mortales de un niño acompañado de adornos corporales y símbolos característicos de Huitzilopochtli», desprende el comunicado emitido por el INAH para explicar que desde 2017, momento del descubrimiento, han transcurrido seis meses de perforaciones y concienzudos registros de la osamenta y de los ornamentos y distintivos con los que fue aderezado.

    Con la precisión propia de un joyero, los expertos del PTM emplearon un instrumental especializado para remover, explorar y penetrar en la tierra que cubrió al infante. Esta labor de «cirugía», que se inició con el levantamiento del cráneo, ha finalizado hace escasas semanas con la extracción de la caja torácica y parte de la columna vertebral.

    En el origen de la misma está el vislumbramiento de una lápida con el relieve de un águila real que data del periodo del Tlatoani Moctezuma I (1440-1469 d.C.). «La "Ofrenda 176" fue localizada bajo el piso de la plaza oeste al pie de las escalinatas de la sexta etapa constructiva del Templo Mayor, fechadas para el gobierno de Ahuízotl (1486-1502 d.C.); y entre el Cuauhxicalco, edificio circular donde según las descripciones de los frailes y conquistadores europeos, eran depositados los restos funerarios de los gobernantes mexicas», indica el INAH. Para ofrendar los restos del niño, los sacerdotes levantaron losas pesadas de piedra, cavaron una fosa y lo inhumaron en una caja cilíndrica llena de piedras y estuco. Precisamente, parte de la exclusividad del hallazgo reside en la forma tobular de la sepultura, única con tales características de entre el total de 204 excavadas hasta el momento en el Templo Mayor.

    Según la antropóloga física Jacqueline Castro, miembro del PTM, el niño tenía entre 8 y 10 años de edad, presentaba mucho desgaste en los dientes y sufrió de múltiples infecciones en la boca. En cualquier caso, se trata del segundo descubrimiento de esta naturaleza tras el de otro menor en junio de 2005: «Ofrenda 111». De hecho, los versados en la materia consideran que de la comparativa entre ambos emanarán las respuestas a los mayores interrogantes. Por ejemplo, los dos portaban un pectoral de madera con forma de anillo denominado anahuatl que, gracias a los códices del siglo XVI, se sabe que era una insignia de Huitzilopochtli y otras deidades como Tezcatlipoca, Tlahuizcalpantecuhtli y Mixcóatl.

    Como diferencia, al niño de la «Ofrenda 176» le fueron colocados dos orejeras rectangulares de madera, un artefacto de pirita, cinco cuentas de piedra verde que pendían de su cuello (posiblemente de jadeíta traída desde Guatemala) y otras cuentas de color azul hechas con un material desconocido hasta la fecha.

    Otra semejanza son las alas de gavilán, intuidas de dos huesos encontrados del ala de un ave, que le fueron colocadas como parte de su indumentaria, pues por sus tonos ocre y azul el rapaz se vinculaba con Huitzilopochtli.

    En 2005 se concluyó, por unas huellas de corte en las costillas, que el párvulo de la «Ofrenda 111» murió durante una ceremonia en la que se le extrajo el corazón. Tanto es así que el modus operandi del sacrificio común en el período azteca consistía en la apertura del pecho del reo para sacar dicho órgano vital, siendo posteriormente el cuerpo arrojado e, incluso, practicado el canibalismo con la víctima. Por ahora es una incógnita si el pequeño de la «Ofrenda 176» corrió el mismo destino: «Solo puede afirmarse que en el momento de su muerte estaba vestido como el mismo Huitzilopochtli», finaliza la nota del INAH.





    _______________________

    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-des...0_noticia.html


    Última edición por Mexispano; 05/08/2018 a las 02:47

  2. #42
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    Re: Respuesta: Centenares de sacrificios humanos

    Descubren en Perú 12 cabezas trofeo humanas y una animal

    Las 12 víctimas fueron decapitadas, sus cabezas desolladas y perforadas para ensartarlas en cuerdas y exhibirlas en público

    3 de noviembre de 2015





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    El sitio arqueológico de Uraca se encuentra cerca de Corire, al suroeste de Perú.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Restos óseos hallados en el sitio arqueológico de Uraca.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Restos óseos hallados durante las excavaciones.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Cráneo peforado colgado de una cuerda.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Samantha Seyler y Beth K. Scaffidi, a la derecha, durante las excavaciones en Uraca.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Cráneo de un gato de las pampas con retazos de color rojo vivo en la cuencas.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media





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    Proyecto Arqueológico Uraca
    Análisis de los diferentes cráneos en el laboratorio.
    Foto: Myke Scaffidi / Gamma Wave Media



    Descubren en Perú 12 cabezas trofeo humanas y una animal

    Un equipo de arqueólogos norteamericanos y peruanos ha descubierto doce cabezas trofeo humanas y una animal en el sitio arqueológico de Uraca, cerca de Corire, al suroeste de Perú, según informa Beth Koontz Scaffidi, la directora de las excavaciones. Las cabezas trofeo han sido halladas en un cementerio "intensamente saqueado" junto al complejo petroglífico de Toro Muerto, uno de los más grandes del mundo. Los restos son típicos del Horizonte Medio (600-1100 d.C.), el período de expansión del Imperio huari. Las doce víctimas fueron decapitadas, sus cabezas desolladas y perforadas para ensartarlas en cuerdas y exhibirlas en rituales públicos. Los arqueólogos también han descubierto el cráneo de un gato de las pampas que recibió el mismo tratamiento. La parte posterior del cráneo se rompió y sus ojos fueron extraídos y sustituidos por retazos de color rojo vivo. Este hallazgo prueba que "los felinos fueron utilizados en los rituales mortuorios y que no eran meras representaciones simbólicas en las obras de arte", según Beth Koontz, de la Universidad de Vanderbilt.


    Los doce cráneos presentan traumatismos

    "En los doce cráneos hay algún tipo de traumatismo causado antes o durante la muerte, por lo que las víctimas debieron de estar involucradas en una batalla. Las cabezas probablemente fueron tomadas por sus enemigos como trofeos de guerra", explica Beth Koontz a Historia National Geographic. "En la cerámica y textiles de culturas costeras peruanas como la nazca aparecen representadas numerosas cabezas trofeo humanas colgando de la cintura, hombros, cuello e incluso de la cola de divinidades animales antropomorfas", añade. Los investigadores han observado cuatro estilos diferenciados en los cráneos hallados en Uraca, entre ellos las cabezas trofeo utilizadas a modo de máscaras por la cultura nazca y las cabezas trofeo de la cultura huari, con una perforación en los huesos craneales. Los habitantes de Uraca eran agricultores, pastores de camélidos y especialistas en las artes textiles que recibieron influencias de la cultura nazca, al noroeste, y del Imperio huari, al noreste, con capital en Ayacucho. "Los análisis en el laboratorio nos permitirán fechar las cabezas trofeo y determinar si pertenecían a extranjeros, a gente de fuera del valle de Majes, lo que demostraría que eran trofeos de guerra", concluye Koontz.



    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.nationalgeographic.com.e...-animal_9847/7

  3. #43
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    Re: Respuesta: Centenares de sacrificios humanos

    Reconstruyen el simbolismo de tres ofrendas mexicas a partir del ADN de infantes sacrificados

    Publicado el 5 junio, 20185 junio, 2018 por bitacoraculturalblog


    Para los antiguos mexicas, mantener un estrecho diálogo con sus dioses era crucial para dotar de estabilidad al mundo, por ello, agradecerles a través de ofrendas cuando se mostraban pródigos o si notaban su ira o indiferencia, era una práctica indispensable. Así lo atestiguan 46 osamentas, en su mayoría de infantes, cuyo ADN fue estudiado por expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de un conjunto de 88 individuos sacrificados hace más de 500 años, hallados en Tlatelolco y en el Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan.

    Si bien tales vestigios fueron descubiertos entre las décadas de 1980 y 1990, no fue sino hasta recientes estudios de ADN practicados a este grupo, como parte de un proyecto coordinado por Juan Alberto Román Berrelleza, antropólogo físico adscrito al Museo del Templo Mayor (MTM), que se estableció pertenecían mayormente a individuos masculinos y, en consecuencia, fungieron como representaciones de los míticos tlaloque.

    Los avances de esta investigación fueron dados a conocer recientemente en un ciclo de conferencias que se realizó como parte de la exposición Revolución y estabilidad —que se exhibe en el MTM y finalizará el próximo 31 de julio—, donde precisó que los tlaloque eran pequeños númenes masculinos de la cosmovisión mexica, encargados de asistir a Tláloc durante los eventos pluviales y que eran personificados ritualmente por niños de entre 2 y 9 años de edad al momento de morir.

    Aclaró que las osamentas analizadas pertenecen a tres contextos distintos: la Ofrenda 48 del Templo Mayor, donde se hallaron 42 individuos dentro de una caja de piedra al noroeste del Recinto Sagrado de Tenochtitlan; la escalinata del primer templo de Ehécatl-Quetzalcóatl de Tlatelolco, donde se recuperaron 43 infantes; y tres cuerpos más que yacían 7.5 metros debajo de la Catedral Metropolitana y que fueron excavados durante los trabajos de recimentación del templo novohispano.

    Un rasgo compartido por las tres ofrendas fue su asociación a elementos acuáticos, como jarras Tláloc en la Ofrenda 48, o bien comales, restos de aves y una cista recubierta con pigmento azul en el caso de la catedral. En tanto, los huesos tlatelolcas destacaron no solo por su localización frente al Templo de Ehécatl (dios del viento y ayudante de Tláloc, cuya labor era barrer los campos en anuncio de la lluvia), sino también por su colocación dentro de grandes ollas individuales.

    Los primeros exámenes de antropología física no pudieron determinar el sexo de las osamentas analizadas pues, acotó Román Berrelleza, los huesos del ser humano son distintos en cantidad, tamaño, forma y composición durante la adultez y la infancia.

    Por lo mismo era importante saber si pertenecían a niños o niñas, pues de ello dependía su asociación a un ritual, un templo o una deidad masculina o femenina de la cosmovisión tenochca.

    El especialista detalló que con técnicas de laboratorio descubiertas en años posteriores a los referidos trabajos de excavación arqueológica, como la denominada PCR (acrónimo inglés de Reacción en Cadena de Polimerasa), fue posible acceder al ADN de los infantes y duplicarlo mediante enzimas de polimerasa hasta el punto en que, en cada caso, pudo reconocerse el sexo masculino dada la identificación de los cromosomas XY.

    Dentro de los ejemplares analizados solo existió uno en el que no fue posible identificar el cromosoma Y, “lo cual tampoco quiere decir que éste fuera necesariamente X, tal vez, dada la antigüedad de la muestra y el hecho de que ninguna tecnología es infalible, simplemente no pudo identificarse cromosoma alguno”.

    El antropólogo físico indicó que el gen seleccionado para estos experimentos fue el de la amelogenina; mismo que se codifica en el cuerpo humano para dotar de esmalte a los dientes y que incluso a edades tempranas contiene las diferencias necesarias para identificar el sexo de los individuos.

    Abundó que entre los principales retos de indagar en el ADN antiguo está el evitar al máximo la contaminación de éste, toda vez que factores como el sudor o incluso el aire que exhalan los arqueólogos al hablar frente a un contexto es un contaminante.

    “El ADN es una molécula muy sensible a la degradación. Tan solo una hora después de la muerte comienza a deteriorarse por falta de oxigenación. Encontrar por ello muestras antiguas es una verdadera lotería”.

    Juan Alberto Román Berrelleza acotó que esta investigación, aún en desarrollo, comprueba la trascendencia que tiene la multidisciplina dentro del trabajo arqueológico; mismo que, señaló, requiere continuamente apoyarse en disciplinas como la historia, la antropología física y, en este caso, la genética.

    Asimismo, concluyó que otras aplicaciones para el análisis de restos óseos antiguos, se relacionan con el conocimiento de las variables biológicas (edad, estatura), patologías (huellas de enfermedades), probables causas de muerte, tratamientos post mortem, dietas o patrones de residencia de los antiguos habitantes del territorio mesoamericano.


    Fuente: INAH




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    Fuente:

    https://bitacoraculturalblog.wordpre...-sacrificados/

  4. #44
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    Re: Respuesta: Centenares de sacrificios humanos

    EL HOLOCAUSTO DE HUANCHACO: QUÉ DIRÍAN SI ESTO LO HUBIESEN HECHO LOS ESPAÑOLES

    8 septiembre, 2019


    Abrieron el pecho y arrancaron el corazón a decenas de niños en un solo día

    Esto es lo que dice la citada noticia del diario peruano La República: Ni en la más taquillera película de terror se ha visto una ceremonia tan espeluznante como la que ocurrió hace poco más de 500 años en los arenales que rodean el balneario de Huanchaco, en Trujillo. Aún estaba fresco el barro que dejó un aluvión provocado por un fenómeno de El Niño cuando decenas de niñas y niños fueron sacrificados de la manera más atroz: a cada uno le abrieron el pecho, separaron el esternón y le arrancaron el corazón. Lo mismo hicieron con decenas de llamas. Ataron sus patas antes de extraerles el corazón”.




    Esa matanza se llevó a cabo “en un solo día. La fecha exacta jamás se conocerá, pero los análisis apuntan al período que existe entre los años 1400 a 1450, es decir, un siglo antes de la conquista española del Tawantinsuyo“.


    Torre de calaveras en Tenochtitlán, con los restos de hombres, mujeres y niños víctimas de los sacrificios humanos en el Imperio azteca


    https://somatemps.me/2019/09/08/el-h...los-espanoles/




  5. #45
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    Re: Respuesta: Centenares de sacrificios humanos




    Vestimenta bio-degradable: la piel desollada de los indios. Hallazgo en México

    Octubre 7, 2019

    Para los amantes de los pseudo «pueblos originarios» y de los elementos bio-friendly, vengan estos hallazgos de las brillantes culturas pre-hispánicas, cercanos ya a un nuevo 12 de Octubre y al Sínodo del Amazonia…
    Una vez más, ¡¡¡¡gracias España!!!!
    Que no te la cuenten…P. Javier Olivera Ravasi, SE7/10/2019



    Un grupo de arqueólogos descubrió por primera vez un templo dedicado a Xipe Tótec, un importante dios prehispánico al que veneraban despellejando personas.

    La noticia la confirmó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En un comunicado, explicaron que su influencia fue reconocida por numerosas culturas del Occidente, Centro y Golfo de México. Pero hasta ahora nunca habían encontrado un santuario asociado directamente a su culto.


    El templo estaba ubicado en la Zona Arqueológica de Ndachjian-Tehuacán, en el céntrico estado de Puebla.


    El recinto es de 12 metros de largo por 3,5 metros de altura. Está compuesto por dos altares de sacrificio, tres esculturas de piedras volcánicas y diversos elementos arquitectónicos localizados en un basamento piramidal de la Zona Arqueológica de Ndachjian-Tehuacán, en el céntrico estado de Puebla.

    Las esculturas del templo -que habría sido usado entre los años 1000 y 1260 d.C.- representan dos cráneos desollados de aproximadamente 70 centímetros de alto y un torso cubierto con piel de sacrificioque personifican a Xipe Tótec, asociado a la fertilidad, la regeneración de los ciclos agrícolas y la guerra.


    La escultura del dios Xipe Tótec.
    Una de las fiestas más importantes del México antiguo era el Tlacaxipehualiztli, que en náhuatl significa «ponerse la piel del despellejado». Esta ceremonia se realizaba en dos altares circulares: uno para sacrificar a los cautivos mediante combates o a flechazos; y otro para el desollamiento en honor Xipe Tótec. En este último proceso, los sacerdotes se vestían con la piel de las víctimas, que luego era depositada en pequeños hoyos.

    Los expertos detallaron que la escultura del torso de este dios está «matado», es decir fragmentado ritualmente. Y que tiene un «agujero en el vientre» para colocarle una piedra verde y dotarla de vida para las ceremonias.


    El torso recubierto con piel humana hallado en el templo de Xipe Tótec.

    Se espera que las esculturas, junto con otros materiales de cerámica y obsidiana recabados, puedan ser estudiados en profundidad para indagar su antigüedad, composición y manufactura, para luego incorporarlos al recorrido del Museo de Sitio de la zona arqueológica.



    Vestimenta bio-degradable: la piel desollada de los indios. Hallazgo en México


  6. #46
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    .
    Última edición por Mexispano; 11/12/2019 a las 16:25

  7. #47
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    Los corteses caníbales que introdujeron en su dieta a Juan Díaz de Solís

    Hombre de ceño fruncido, tenía todo el viento a favor para ser un marino de fama y prestigio, pero no le daría tiempo a ello. Los azares del destino le dieron un final trágico




    Descubrimiento de Río de la Plata. (Wikimedia Commons)


    Álvaro Van den Brule

    10/02/2018 05:00 - Actualizado: 11/02/2018 19:30


    La condición de carnívoros de los seres humanos –con la salvedad de la de aquellos descarriados herejes que le pegan a lo verde–, es probable que surgiera con el descubrimiento del fuego y los valores añadidos que esto supuso para hacer más atractiva la ingesta del condumio.

    Asimismo, dice la sabiduría popular que no es muy recomendable para un explorador acercarse a hacer aguada, coger bayas o frutas, zascandilear o pillar algún lechón despistado de los que corretean alegremente por los pagos, o en definitiva, aprovisionarse donde habitan gentes que se liman la dentadura con esmero, exhiben huesos de dudosa procedencia entre sus abalorios y sonríen mostrando su argumentada dentadura con ánimo de intimar con el futuro interfecto al tiempo que intimidarlo con una extraña e inquietante mirada que no sugiere nada bueno. A quienes reúnen estas características, por lo general, las gentes de “bien”, les han adjudicado el nombre de antropófagos.


    Las tres carabelas de Díaz de Solís salieron de Sanlúcar de Barrameda en 1515. Puso rumbo hacia Brasil y continuó hacia lo que es hoy Uruguay


    En aquella época tan hipnótica y prometedora, tan sugerente a la vez que atroz, en que la humanidad de siempre descubre y sorprende ingratamente a esa humanidad apostada al otro lado del Atlántico para civilizarlos, docenas de marinos, soldados, cartógrafos y gentes con necesidad de un porvenir alejado de las inevitables y tediosas rutinas de vidas poco oxigenadas sueñan con la cautivadora seducción y el esplendor de las puestas de sol allá donde el horizonte indica hacia el oeste.

    De entre los muchos navegantes que partieron hacia lo ignoto destaca por derecho propio un andaluz de Lebrija, piloto mayor y cartógrafo, licenciado cum laude en las artes del mar en la Real Casa de la Contratación de Indias, institución que a partir de 1503 se crearía para fomentar, controlar y regular el comercio y la navegación con los territorios españoles de ultramar.




    Obelisco a Díaz de Solís en Uruguay. (Wikimedia Commons)


    Juan Díaz de Solís se llamaba este ilustre marino al que los azares del destino dieron un final más que trágico. Hombre de ceño fruncido y cara de rasgos muy marcados por la agresión propia del sol inclemente y la permanente erosión de la sal marina, tenía todo el viento a favor para ser un marino de fama y prestigio; pero no le daría tiempo para ello. En 1513 se revela por Núñez de Balboa la existencia de un mar situado más allá de las tierras descubiertas por Colón, llamado luego Océano Pacífico. Esto esbozaba la posibilidad de llegar a la India a través de algún paso eludiendo el obstáculo natural del entero continente. En busca de esa gloria, partió desde Sevilla.


    La ruta alternativa que no fue

    Era el año del Señor de 1515 cuando salieron de Sanlúcar de Barrameda tres carabelas con una dotación de sesenta hombres. Tras hacer aguada en Tenerife, Solís puso rumbo hacia la costa de Brasil y continuó hacia el sur en lo que actualmente es el territorio configurado por la República de Uruguay. En los primeros días de febrero de 1516, descubrieron un inmenso estuario de unas aguas dulces y de color canela impregnadas por el barro de aluvión. El entonces piloto mayor fue consciente de que podría estar –aunque a la postre su apreciación se demostró errónea–, ante una salida alternativa al tan ansiado Océano Pacífico, y por ende, a las Indias Orientales; en aquel tiempo, ruta alternativa objeto de intensa búsqueda por toda la pléyade de navegantes de la época. Percatado finalmente de su espejismo, bautizaría aquella ingente masa de agua como el Mar Dulce, que en su devenir acabaría conociéndose como Río de la Plata.


    Para más morbo, la barbacoa se hizo a la vista de la tripulación restante que desde la carabela observaba con impotencia la carnicería


    Cuando estaban bordeando la ribera uruguaya del estuario, los indios locales –no se sabe con precisión si guaraníes o tributarios de estos–, seguían a la carabela destacada con una atención más que sospechosa por el contento que demostraban, hecho este que no encajaba bien con las fundadas sospechas que albergaban algunos de los tripulantes de la carabela. A pesar de las prevenciones tomadas y de que bajaron una decena aproximada de hombres bien armados y apoyados con perros, desde la nave se seguía con inquietud el desembarco.




    Mapa de Río de la Plata. (Wikimedia Commons)


    En un primer momento, las demostraciones de amistad y la perentoria necesidad de conseguir víveres frescos sumaron confianza entre los españoles, que se adentraron en el poblado indígena. Pero ese lugar común llamado realidad tiene muchas aristas y lecturas. Los nativos eran más bien de los que les “ponía” la barbacoa y cuando se les acabó el disimulo, pasaron a la acción.

    Emboscados en las lindes de la foresta, esperaban a los prevenidos españoles una horda de dos centenares de aborígenes con hambre atrasada. Entonces, una auténtica avalancha subordinada a un griterío estremecedor cayó sobre ellos con una lluvia de flechas envenenadas y boleadoras. No sobrevivió más que un mozalbete de nombre Francisco del Puerto, el grumete de la expedición, que tal vez por su condición de barbilampiño y su notable corta edad fue indultado por aquella horda exultante, quedando cautivo hasta que en al año 1527 seria rescatado por la expedición de Juan Caboto.


    ¿Qué enfadó a los indígenas?

    El canibalismo guaraní se distinguía por la forma estudiada en que se desarrollaba el ritual sacrificial y las diferentes etapas conducentes hasta darles el finiquito a los prisioneros de guerra. Las mujeres y los niños no eran ni maltratados ni ingeridos por estos corteses caníbales que, todo hay que reconocerlo, tenían sus modales. El criterio que prevalecía como coartada para el festín era el de impregnarse de las virtudes del guerrero enemigo caído en combate. En el caso de los guerreros que atacaron a Solís y sus hombres fue algo visto y no visto. Para más morbo, la barbacoa se hizo a la vista de la tripulación restante que desde la carabela observaba con impotencia la carnicería y posterior desenlace.

    El jesuita irlandés Lucas C. Marton, erudito e investigador profundo de todo lo concerniente a estos hechos, sostiene que los desembarcados pudieron haber cometido algunas tropelías antes de pasar a mejor vida. Este hecho se sustenta en que el conjunto de los guaraníes eran muy hospitalarios y rara vez entraban en conflicto a no ser que fuera por causa mayor. La historia de Solís nos revela lo peculiar y expeditiva que podía ser la gastronomía local en aquellas latitudes y, como dicen los galenos, la dieta ha de ser siempre variada. Un aviso a navegantes.




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    Fuente:

    https://www.elconfidencial.com/alma-...raria_1518717/

  8. #48
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    LOS INDIOS CARIBES, ASESINOS CANÍBALES.

    Amigos invisibles. Para entrar en razón quiero hoy referirme a esta endemoniada raza indígena americana, que proveniente del Matto Grosso brasileño y por el río Xingú que se desplaza al lado derecho del río Amazonas, atravesaron las meseta circundante para acercarse al caudaloso río Branco y en ligeras canoas fueron viniéndose hasta invadir el Orinoco y sus afluentes, lugares donde ejercerían un poder brutal mediante la ley del arrase terrestre, para salir por el dicho Orinoco hacia el mar antillano que por teñirse de sangre se volvió caribe, ya que estas hordas al estilo de Genghis Khan sin ningún miramiento ni fuerza que las pudieran contener aplicaron la ley del más fuerte al acabar así en buena parte con la población primitiva e incluso despoblando a muchas islas, como el caso de Barbados, que estaba vacía de humanos para cuando llegaron los ingleses a poblarla. Y no solo en esta razzia espantosa mantenida se hicieron dueños del mar abierto que en los mapas se describe está situado al norte de Venezuela, sino que los emponzoñados indígenas por manadas asaltantes que se sepa introdujeron sus huestes asesinas desde el golfo de Méjico y los alrededores, para seguir hacia el sur en algunos lugares de Centroamérica, y siguieron andando en el regreso americano a fin de introducirse por el río Magdalena hacia el interior de Colombia y establecer comunidades caribeñas que sembraran guerra y desolación por las riberas de tal río y hacia las ubérrimas tierras del Tolima y el Valle del Cauca.








    Pero refiriéndonos en especial a Venezuela agregaremos que a su llegada los caribes tuvieron numerosos encuentros con los que en mayoría la ocupaban, como eran los arahuacos, también originados en el Brasil, aunque antes llegaron para poblar estos territorios, mientras en feroces combates los neoaposentados utilizando su grito de guerra que era “Ana karina rote”, con el paso del tiempo fueron diezmando a los arahuacos y sacándolos así de las regiones llaneras, del centro y el oriente del país, para reducirlos en la emigración a bandadas que corrieron hacia las montañas andinas y otros lugares protegidos, mientras los caribes sin nadie detenerlos prosiguieron adueñándose de las intensas sabanas extendidas del Orinoco abajo, para ampliar su ley del más fuerte. Bueno es, por tanto, referirnos a eso que asiento o al concepto del más fuerte, pues exhibiendo una contextura musculosa por estar bien alimentados con carne humana, frente a los contrincantes que utilizaban otros elementos inferiores en proteínas, fácil eran desbaratarlos por la potencia de las macanas caribes y del bien templado arco flechero, en cuyas puntas se exhibía el mortal veneno llamado curare, de rápida eficacia paralizante. Por manera que para el arribo de los españoles a Venezuela la extensa comunidad caribe era dueña de las tierras que no trabajaban desde luego por el nomadismo de su permanencia, desde el oriente del río Esequibo hasta las estribaciones andinas, aunque en algunas zonas habían podido penetrar a esos lugares por el lago de Maracaibo y los ríos afluentes como el Catatumbo, el Escalante y otros, para aposentarse en los valles del hoy Estado Táchira.








    Así las cosas vamos ahora a referirnos a la vida de estos temibles indígenas, que hasta no lejana época tuvieron en jaque a muchos sitios de Venezuela, como el de las zonas petroleras, con los kariñas en el Oriente y los motilones en el lago marabino, donde abundaban numerosas etnias de esta raza, puesto que para decir verdad todo el centro del país y en ello se incluye a Caracas y sus alrededores hasta el mar, el Oriente desde Barlovento a Chacopata y más allá, al término de Güiria o Trinidad, y una franja extensa enteramente dominada por ellos, esta vez de nación jirajara, que salía desde los alrededores de Mene Grande en el lago de Maracaibo, atravesando los llanos trujillanos, el territorio larense por arriba de El Tocuyo y que iba a terminar con mucha fortaleza en el sitio montañoso de Nirgua, donde combatieron por mucho tiempo a los hispanos, pero fueron los fornidos negros allí establecidos en calidad de esclavos quienes dieron la batalla contra los prepotentes caribes, lográndolos vencer y luego de décadas de asaltos, en tiempos del severo conquistador Garci González de Silva. Para poder consignar algunos aspectos de su vida social y como lo narra el misionero padre José Gumilla, voy a recordar aquí la nota 812 que se contiene en mi libro “Historia Oculta de Venezuela” (Caracas, 2007, págs. 195 y 196), donde el valenciano jesuita español para demostrar lo inhumano y de horror de sus procederes inserta las sádicas pruebas excitantes a que en el mejor conciliábulo aquerralense de las tribus debe someterse un pretendiente a ser caudillo caribe y donde no fue de extrañar que durante la intención por lo extremado y lento del examen el interesado haya fallecido antes de culminar el maratón aterrador. Por manera que el escogido para tal ocasión debía someterse: 1º Con sus manos sacrificar matando a tres indios enemigos, y traer las presas de los mismos (cabezas, la carne asada, y también las mujeres y muchachos detenidos) para que puedan ser vistos por todos los del convite, y después es de presumir lo que harían con tales sobrevivientes; 2º Hacer un lento ayuno a durar por seis meses lunares, sin hablar con nadie aunque vigilado, y navegando en canoas fluviales en todo este tiempo; 3º Acabado el fuerte ayuno se invita a los presentes llamados para la ocasión, oriundos de naciones caribes vecinas y con obligatoria asistencia, a objeto de realizar una macabra ceremonia que dura tres días, al tiempo de ingerir licor, masticar o fumar algo excitante, y donde una vieja india sin inmutarse cocina la carne humana preservada, de las tres víctimas ya dichas, y luego este manjar de dioses se reparte entre los convidados para comer a dedo, mientras en jolgorio de voces y de danzas beben y se embriagan; 4º Acto seguido se coloca el candidato a cacique sobre hojas que se soasan lentamente, donde el aspirante debe permanecer por horas en tal calor, sudando y sin quejarse, y luego bailándole alrededor otra vieja caribe que le dará una escudilla o totuma de ají picante molido, espeso, lo que debe beber sin inmutarse; 5º De seguidas la misma anciana volcará una cazuela o totuma mayor, llena de grandes hormigas negras o bachacos, de estilo carniceras, para disgregarse sobre la hamaca o chinchorro donde yace atado el candidato, y allí mismo al revolver ella irritando a esos insectos ponzoñosos, lo muerden por doquier, la que será testigo de su cruel sufrimiento, en el que tampoco ha de quejarse.





    Una vez pasadas estas escenas de dolor atroz, los jefes convidados celebrarán el coraje del indio sometido a tales pruebas de resistencia, mientras para seguir en el ritual se le lleva a una plaza o descampado del caserío, donde cada invitado le asesta dos latigazos machistas, que debe recibir sereno con los brazos cruzados, en signo de resignación. Sobrepuesto este último sacrificio al estilo alucinado de Edgar Allan Poe, el cacique principal le entrega una maza o macana, y por tres veces con el grito colectivo que retumba en la selva, se le aclama como nuevo y bravo cacique, aunque esté desfalleciente por las atrocidades torturantes que ha recibido en el cuerpo y en el alma. Como acto final de esa comedia de suspenso al adolorido aunque callado jefe caribe en compensación se le obsequian numerosos presentes, entre ellos para procrear entréganle una mujer de preferencia núbil y alta o espigada, como todo ser de raza caribe, que en este caso debe ser hija del cacique principal, al tiempo que se le adjudican no menos de cincuenta indios caribes y sus respectivas familias, con que empieza a ascender hacia la cúpula de la jefatura indígena. Compadezco así al padre Gumilla en cuanto pudo entender y digerir sobre este episodio alucinante de nuestros antepasados originarios de esos entornos y vericuetos donde la vida terrenal nada valía, según se desprende de los datos fehacientes, traídos a estas páginas amarillas e indagantes para que los lectores se den cuenta de que no es oro todo lo que brilla, porque muchos por allí andan creyendo que esos antepasados fueron unos niños de pecho y que todos los conquistadores eran unos muérganos vagabundos. Que de todo hay en el mundo del Señor, porque es bueno aclarar tantos infundios y mentiras sesgadas.








    En cuanto al aspecto social de los caribes y según la pauta de mi libro, agrego que eran polígamos, viviendo en amplios bohíos redondos (churuatas) y utilizando la venganza como manera de actuar, en general andaban pintados de rojo color onoto, sirviéndose de adornos con plumas, que robaban mujeres y niños para satisfacer sus placeres sexuales (nota 15), castrando a los pequeños prisioneros para comérselos al tener más edad, y como buenos racistas, entre otras características repudiables sacrificaban también a los hijos paridos por mujeres extrañas a su casta, para con ello sostener la pureza racial caribe. Así de simple. En cuanto a la sujeción del prisionero capturado en combate, preferían mantenerlo vivo, para darle una muerte cruel y ritual, devorando el hígado y bebiendo la sangre caliente con gran cuidado para que no se derramara y así les diera fuerza y valor. Y como esto igualmente lo hacían con los españoles apresados, los Reyes Católicos por Real Cédula (Burgos, 23-12-1511) en cuanto a los caribes los declararon sujetos a esclavitud, por el nefando pecado de sodomía a que estaban acostumbrados, por lo que al no ser cristianos y comer carne humana “se pueden cautivar, vender y aprovecharse de ellos”, sin incurrir en pena alguna, lo que ante su ferocidad y vileza con el rompimiento del mito que algunos mantienen en la “leyenda negra”, se demuestra el peligro de estas huestes dañinas incluso para la paz y convivencia con otros indígenas americanos. Como ejemplos de tales atrocidades indignantes (y no dejamos sin culpa a los españoles, desde luego), en 1520 vemos que son devorados por los caribes, tres frailes conventuales de Píritu de Maracapana, mientras apunta el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo sobre los mismos caribes, hallarse “una muy grande cantidad de calaveras de cabezas de hombres, embijadas como los trofeos, de los hombres que allí habían devorado y comido, y en uno de estos bohíos estaban dos indios atados para comerlos, (pues) estaban muy gruesos, porque así los engordan allí para eso…” (nota 81). Igualmente queda escrito que en la expedición de Alonso de Herrera por el Orinoco (1534, nota l05) este conquistador arremetió contra varios caribes que se solazaban en la ribera con un banquete de carne humana, liberando además a ciertos indios que atados a los árboles esperaban la hora de su sacrificio también carnívoro. Y para cerrar con broche de oro agregaremos que en 1570 (nota 227) Garci González de Silva lleno de ira empala a numerosos caribes al presenciar a orillas del río Tiznados (Guárico) un montón de 200 cabezas humanas puestas sobre unas barbacoas, dejadas allí por estos indios caníbales como “restos de víctimas devoradas antes”.





    Dentro de los tantos ejemplos de brutalidad caribe que podemos traer a colación, señalaremos aquí la destrucción del simbólico Manso, pueblo de indios guaraúnos establecidos en el Orinoco y donde el 18 de septiembre de 1735 con ferocidad inusual irrumpieron los cuatrocientos caribes provenientes del río Caura, pereciendo destrozados por su obra los seis hijos del moreno capitán Juan Miguel, como igualmente su esposa, y él se salvó de chiripa, pero salió bien herido del encuentro campal. Ante esta avalancha feroz inusitada murieron la mayoría de los guaraúnos pobladores, pero a quien tocó la peor suerte en la faena final fue al tranquilo fraile Andrés López, el que dentro de ese holocausto sanguinario se ofreció a los temibles invasores para que cesara la matanza incontrolable de los hermanos indígenas, por lo que al aceptar el reto del incauto religioso primero le quebraron la cabeza con macanas y luego le echaron una soga al cuello, arrastrándolo por el suelo, para después colgarlo desnudo en un árbol chaparro, y acto continuo dentro del jolgorio caribe y el sadismo exacerbado al cadáver le cortaron los brazos por el sitio de los codos, para conducirlos como trofeos de guerra, mientras incendian el poblado, acaban con la iglesia, que fue entregada al fuego, y de seguro que se llevaron a muchos prisioneros para hacer con ellos lo que ya he explicado líneas arriba.

    Pero volvamos ahora a lo escrito por el padre Gumilla, que bien conocía a esta bandada de salvajes incultos, en cuanto podemos considerarlos así, y para no caer en los criterios obsoletos de quienes aún mantienen la ya destruida “leyenda negra” antihispana y negativa a más no poder, vale decir que los caribes de tontos no tenían un pelo, siendo buenos comerciantes y aliándose por ello con adversarios de los españoles, como el caso de los holandeses y franceses que andaban dando guerra por eso que hoy se llama Guyana, o sea la Guayana Esequiba, que además eran buenos navegantes de mar y ríos, y que el Prefecto de misiones fray Benito de la Garriga estima que para 1758 la venta anual de esclavos hecha por los caribes a los holandeses, y dejando ya un poco atrás la antropofagia en estos menesteres, alcanza a los trescientos indios jóvenes, pues con viejos nada quisieron ya que no tenían mercado de salida y en consecuencia matan a los ancianos considerados así en esos tiempos calamitosos (más de cuatrocientos), por no poder venderlos, y cuya carne acaso no sería apropiada para el condumio, teniendo los caribes espacio de cacería para estos menesteres de esclavitud a vender, en las regiones selváticas y sabaneras del Esequibo, norte del Orinoco, Caroní y Caura, en cuyos mismos lugares los holandeses compran tales esclavos cautivos (nota 880).








    Y andando siempre de manos históricas con el valenciano jesuita padre Gumilla, que bien se las ingenió para reunir tantos comentarios indígenas en tiempos asustadizos en que faltaban la tinta, la pluma y la hoja de papel, agrega en lo mortuorio de estas etnias que al fallecer un cacique en extraño y oloroso ritual los parientes del difunto introducen el cadáver en una hamaca y luego lo cuelgan en el mismo utensilio receptor, mientras le custodian permanentemente las mujeres temerosas que eran propiedad del mismo finado, permaneciendo de pie junto a sus restos en vigilancia eterna y turnándose entre ellas esta velación ceremonial enojosa, sin permitir que durante el largo término de treinta días ose parase alguna mosca ponedora de larvas sobre el cadáver ya decompuesto y cuyo olor nauseabundo invade el firmamento, pero al cabo de vencer ese mes de culto mórbido, obsesivo y sacramental los hijos y parientes del muerto escogen a una de las concubinas del difunto, que suele ser la de mayor edad, con la intención de que lo cuide y acompañe hacia la eternidad virgiliana o paradisíaca de aquellas costumbres asesinas, que bien podía demostrar el entendido Erich Fromm. Y para regusto o disgusto del heredero o hijo mayor del cacique cuyos restos cuelgan del chinchorro simbólico, mientras encuentran la forma de eliminar a esa vieja condenada a la última pena del amor sin fronteras, quiéranlo o no, las demás barraganas para uso y disfrute pasan a poder del premiado heredero, con la sola excepción de la india que lo parió, que ya sería como decir bastante.


    Publicado por Ramón Urdaneta en 9:17:00 a. m.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://ramonurdanetavenezuela.blogs...canibales.html

  9. #49
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    Aves con oro y collares, la ofrenda hallada en el Templo Mayor de México a la espera de los líderes aztecas

    Los arqueólogos analizan los restos de dos aves de presa vestidas con joyas, mientras prosigue la búsqueda de los emperadores mexica




    Cuchillos de pedernal, piezas de oro, espinazos de serpiente, dos aves... Así es la última ofrenda hallada en el Templo Mayor. mirsa islas PTM


    Pablo Ferri

    México 16 NOV 2019 - 21:06 CET


    Primero fue un lobo, un animal de ocho meses enterrado junto a 22 piezas de oro. Luego una hembra de jaguar vestida de guerrero, con un anahuatl (anillo de las deidades) de madera, en una de sus garras y un lanzadardos. Y ahora dos aves de presa, al parecer dos halcones, ambos con anahuatl de oro y collares, uno con una lanza del preciado metal, fino como el papel de Biblia, otro con una especie de escudo además de otras insignias. Las dos aves, descubiertas a principio de mes, son las protagonistas de la última ofrenda hallada en la base del Templo Mayor de la vieja Tenochtitlan, en México, un escalón más en el camino a la gloria de los arqueólogos, que poco a poco se acercan a su objetivo final: los restos de los emperadores mexica (nombre que se daban los aztecas a sí mismos).

    Consagradas al dios azteca de la guerra, Huitzilopochtli, las tres ofrendas han aparecido en la misma línea, la recta imaginaria que corta en dos un edificio aledaño al Templo Mayor, una enorme plataforma circular de 16 metros de diámetro y más de dos de altura conocida como Cuauhxicalco. La última, la de los halcones, figura justo en el centro de la plataforma, encajada entre piedras, cerca de la superficie. Son raras las ofrendas con animales vestidos. De las más de 200 estudiadas en más de 40 años de excavaciones, solo 28 contenían animales ataviados con ornamentos e insignias: 12 águilas reales, siete lobos, siete pumas y dos jaguares. Los dos halcones se añaden ahora a esta selecta lista.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://elpais.com/cultura/2019/11/1...html?ssm=TW_CM

  10. #50
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    Murales mayas de guerra y tortura en el Templo de Bonampak

    Publicado el 26 feb. 2017

    Los murales prehispánicos de Bonampak son las pinturas que se encuentran en las paredes del Templo de los Murales o Estructura I de Bonampak (muros teñidos en maya), una zona arqueológica maya localizada en la selva Lacandona en el estado de Chiapas (Méjico). El buen estado de las pinturas murales al momento de su hallazgo (junto con imágenes grabadas en estelas y dibujos hechos en vasijas encontradas en diferentes ciudades mayas) permitió conocer muchos aspectos sobre la vida en aquellos tiempos y desbaratar muchos mitos sobre los mayas como el que decía que fue una sociedad pacifica en la que no existió la guerra. Las imágenes pintadas en el cuarto 2 del Templo son las más relevantes y trata sobre un par de escenas: por una parte una cruenta batalla y por otro lado un juicio. La obra muestra una pelea cuerpo a cuerpo y la posterior presentación de los cautivos. Se ven en las imágenes de este cuarto un gran acto militar, personajes de la nobleza de Bonampak donde notamos la captura de guerreros enemigos, se identifican los guerreros de Bonampak por su equipo de batalla pues portan escudos y lanzas. En la escena del juicio se muestra al gobernante Señor Chan Muwan de Bonampak en el centro a sus pies se encuentran los presos algunos ya muertos, otros suplicando por su vida, se representa la violencia en las batallas del periodo hay cabezas decapitadas, sangre en los dedos y manos de los cautivos efecto de tortura. En el cuarto 3 el mural trata sobre la celebración se encuentra al gobernante y nobles en una ceremonia festiva, este mural es una conclusión de los sucesos anteriores. En la celebración se observan bailes y personajes vestidos con accesorios como plumas, collares y pulseras para vestirse de acuerdo a esta actividad. En esta danza se ve a unos personajes jalando por brazos y piernas a los cautivos se cree que haciendo referencia al sacrificio de extracción corazón.





    https://www.youtube.com/watch?v=Qi3z3eL418w

  11. #51
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    Cultos originários indígenas sacrificavam crianças
    a deuses da Terra, confirmando a Bíblia: “são demônios”





    Sacrifício Chimú de crianças. Reconstituição pelos arqueólogos Gabriel Prieto da Universidade Nacional de Trujillo;
    John W. Verano, Universidade de Tulane; Nicolas Goepfert, CNRS; Anne Pollard Rowe.


    Uma equipe de arqueólogos do Peru descubriu o que se
    acredita ser local do maior sacrifício em massa de crianças da História, segundo informou entre outros “The Guardian” de Londres.

    Sem ser esse o objetivo dos cientistas, acabaram puxando o fulcro das atenções para uma das frases mais polêmicas das Sagradas Escrituras, confirmando-a.

    Com efeito, quando elas se referem aos pagãos e a seus deuses, fazem-no com horror e execração. O Salmo 95 reza “todos os deuses dos gentios são demônios” (“Omnes dii gentium, daemonia”) (Salmo 95, 5).

    Em numerosas passagens bíblicas, vemos os profetas e os representantes de Deus destruindo dos ídolos e os condenando ardendo de zelo pelo único Criador merecedor da única adoração.

    Os crimes e os costumes depravados associados ao culto dos ídolos são também condenados com horror. Mas não faltou quem julgasse exageradas essas atitudes dos profetas e dos autores sagrados.

    As ciências que investigam a Antiguidade, estudam particularmente as civilizações pagãs idolátricas que interferem na História do povo eleito, e tentam desviá-lo de sua vocação.

    Elas fornecem em continuidade provas da perversão dos ídolos, tidos como deuses, que cultuavam os gentios e patenteiam seu demonismo.

    Alguns dos corpos das crianças chacinadas pelo culto Chimú em Huanchaco.

    O mesmo acontece no que se refere às civilizações indígenas ou originárias das Américas, especialmente antes da chegada abençoada dos missionários católicos e o nascimento dos nossos país.

    Exemplo recente disso foi a macabra descoberta dos corpos de 227 vítimas de entre 5 e 14 anos perto da cidade costeira de Huanchaco, 570 km ao norte de Lima.

    Como disseram os arqueólogos à agência de notícias AFP, alguns dos corpos ainda tinham cabelos e pele no momento em que foram desenterrados.

    Embora não esteja claro em que ano eles foram objeto do holocausto, os especialistas acreditam que as crianças foram sacrificadas há mais de 500 anos.

    A descoberta ocorre apenas um ano depois que os restos de 200 crianças vítimas de sacrifício humano foram achados em outros dois locais no Peru.

    Segundo a investigação, os corpos das crianças mostram sinais de terem sido executadas durante o clima úmido e enterradas olhando para o mar.

    Isso significa que provavelmente elas foram sacrificadas para apaziguar as forças da natureza, cultuadas torpemente como divinas pela “cultura” Chimú.

    Faca sacrifical Chimú, Metropolitan Museum of Art, NYC

    Essa “cultura” animou uma das organizações mais poderosas da região da costa norte do Peru, onde residiam.

    Eles alcançaram destaque entre os anos 1200 e 1400, antes de serem subjugados pelos incas.

    Estes, por sua vez, foram apaziguados e evangelizados pelos espanhóis católicos, conversão que acabou com esses cruéis rituais.

    A civilização Chimú adorava um deus da lua chamado Shi, que ao contrário dos incas, acreditavam que fosse mais poderoso que o sol.

    Os devotos ofereciam regularmente sacrifícios humanos e outras ofertas perversas durante rituais espirituais.

    Essa mística religiosa “originária”, com múltiplas variantes mais ou menos lendárias, aparece no cerne de muitas superstições indígenas na América e está no âmago da crença na Pachamama, cultuada nos jardins do Vaticano em concomitância com o Sínodo Pan-amazônico.

    Na medula dessa crença demoníaca houve um deus primigênio – que recebe vários nomes: “deus vermelho”, “Shi” e outros –, que foi enxotado para as profundidades da terra por um deus branco, o sol.

    Esse “deus vermelho” tem momentos em que está próximo de sair de sua prisão infernal. Seus adoradores então devem praticar cultos perversos para ajudá-lo a se libertar.

    Esse é o poder que está no centro da terra, e a energia que palpita na Pachamama (“Mãe Terra”). Uma espécie de teologia da libertação demoníaca que evoca certas doutrinas invocadas no Sínodo Pan-amazônico.

    O trabalho de escavação dos arqueólogos continua no local do enterro em massa, porque, como eles apontaram, mais corpos ainda podem ser descobertos.

    “Este é o maior local onde foram encontrados restos de crianças sacrificadas. Não há outro igual em nenhum outro lugar do mundo.

    “É incontrolável, onde quer que você cave, há outro (corpo)”, disse o arqueólogo-chefe Feren Castillo da Universidade Nacional de Trujillo ao jornal inglês.
    Igreja de São Pedro, em Andahuaylillas, Peru, com forte contributo
    de indígenaa cristianizados, patenteia o resgate moral feito pela civilização católica.

    As equipes estão escavando desde o ano passado o local de sacrifício de Huanchaco, cidade turística à beira-mar perto de Trujillo, terceira maior cidade do Peru.

    Segundo “The Guardian”, o arqueólogo Feren Castillo explicou que as crianças sacrificadas para apaziguar a natureza, ou Pachamama, em verdade visavam o fenômeno El Niño que esses índios supersticiosos e sádicos desconheciam.

    Por isso os sinais da morte sacrifical apontam tempo chuvoso, e as vítimas estão enterradas voltadas para o mar.

    Algumas exibiam brincos de prata, afastando a ideia de serem cativas e sugerindo que foram mortas com anuência de pais ricos.

    Os arqueólogos encontraram os primeiros corpos de crianças a curta distância no bairro de Pampa la Cruz, em junho de 2018, desenterrando 56 esqueletos.

    Em Huanchaquito, no mês de abril de 2018, apareceram os restos de 140 crianças sacrificadas e 200 lhamas, animais oferecidos aos Andes.

    Os esqueletos continham lesões no osso esterno, provavelmente feitas por uma faca cerimonial. As costelas deslocadas sugerem que o sacerdote tentou extrair o coração palpitante das crianças.

    Casamento de Martín García de Loyola (descendente indireto de Santo Inácio)
    e Beatriz Clara Coya (da família real dos Incas). A evangelização uniu os povos.
    Igreja da Compania, Cuzco, século XVII.

    Pegadas que sobreviveram à chuva e à erosão indicam que as crianças foram levadas para a morte em Chan Chan, uma cidade antiga a 1,5 km de Las Llamas, disse Gabriel Prieto, professor de arqueologia da Universidade Nacional de Trujillo, no Peru, que liderou a escavação juntamente com John Verano, da Universidade de Tulane, EUA.

    Os resultados foram publicados pela National Geographic, apontou “The Guardian”.

    A civilização Chimú desapareceu em 1475, conquistada pelo império Inca, que por sua vez foi felizmente suprimido com suas arrepiantes práticas pela difusão do Evangelho e da doce lei de Cristo trazida pelos conquistadores espanhóis.

    Jeffrey Quilter, diretor do Museu Peabody de Arqueologia e Etnologia da Universidade de Harvard, constatou que o site fornece “evidências concretas” de que sacrifícios em larga escala de crianças ocorriam no Peru e faziam parte das “culturas originárias”.

    “Relatos de grandes sacrifícios são conhecidos em outras partes do mundo, mas é difícil saber se os números são exagerados ou não”, disse Quilter, que lidera a equipe de cientistas que analisará amostras de DNA dos restos das crianças.

    Várias culturas antigas nas Américas, incluindo os maias, astecas e incas, praticavam sacrifícios humanos, mas o sacrifício em massa de crianças até o presente raramente havia sido tão bem documentado.


    É um dos aspectos mais horríveis do paganismo embebido de satanismo.

    Uma perversa “lenda negra” ainda procura dar a impressão contrária: a de maravilhosas culturas esmagadas por europeus católicos ávidos de ouro e escravos.

    Na América do Norte são ainda mais numerosas as descobertas que vem sendo feitas há décadas, como por exemplo documentou em 2006 a The History News Network, e nos mesmos termos mais recentementeThe Daily Mail.

    Arqueólogos desenterraram perto da cidade do México os restos de aproximadamente 550 pessoas sacrificadas ritualmente.

    Com esse massacre oferecido pelos sacerdotes astecas, os adoradores pagãos das forças da Terra achavam que deteriam a chegada dos evangelizadores e espanhóis em 1519.

    As vítimas foram guardadas em gaiolas durante meses, tiveram os corações arrancados, os ossos foram fervidos e os crânios escalpelados.

    Nossa Senhora de Guadalupe apareceu a São Juan Diego e conquistou o coração dos americanos.
    Assim, a Mãe de Deus exorcizou esses corações, malgrado as insistências diabólicas sempre ativas.

    Com frequência os restos mortais ainda palpitantes eram devorados por bruxos e demais indígenas. A satânica chacina durou seis meses.

    Esses sacrifícios coletivos eram comuns entre índios antes da evangelização das Américas.

    Apesar disso, a neomissiologia comuno-progressista pretende que a cultura indígena é a boa, e que os males começaram com a ação evangelizadora dos missionários católicos, após a descoberta do continente americano.

    A descoberta reforça a convicção no acerto da Igreja enviando os missionários que tiraram América do paganismo, da barbárie, ignorância e cruel selvageria em que jaziam seus habitantes indígenas.

    Agradeçamos sempre a Nossa Senhora e à Santa Igreja Católica que nos trouxeram Jesus Cristo e a civilização cristã.




    https://cienciaconfirmaigreja.blogsp...indigenas.html







  12. #52
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    Re: Centenares de sacrificios humanos

    El «Huey Tzompantli» de Tenochtitlan, la prueba del holocausto azteca


    DarioMadrid



    ¿Saben ustedes que el imperio azteca no era el paraíso que los indigenistas y los «negrolegendarios» nos quieren hacer creer? Los aztecas tenían la costumbre de secuestrar a sus vecinos, esclavizarlos, sacrificarlos extrayendo su corazón y exponer sus cráneos en los «Tzompantli».

    En el año 2015 se descubrió el Huey Tzompantli en México capital. Se trata de una estructura en la que se ensartaban los cráneos perforados de las víctimas de los sacrificios de los aztecas dispuestos en hileras. Los cronistas españoles de tiempos de la conquista no habían mentido.

    El Huey o Gran Tzompantli del Templo Mayor horrorizó a los conquistadores españoles cuando arribaron a Tenochtitlan. Es un enorme altar público en el que se ensartaban las cabezas aún calientes de los prisioneros sacrificados para honrar a los dioses.

    En concreto el Huey Tzompantli del Templo Mayor honraba a Huitzilopochtli, dios de la guerra de los aztecas. En la superficie aún se distinguen los orificios de los postes o vigas de madera en los que se ensartaban los cráneos de hombres, mujeres y niños.

    Gomara: «Fuera del templo,…, estaba un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era a manera de teatro más largo ancho, de cal y canto con sus gradas, en q estaban ingeridas entre piedra y piedra calaveras con los dientes hacia fuera.»

    El cronista Gomara cuenta que dos personas que acompañaban a Cortés, Andrés Tapia y Gonzalo de Umbría «las contaron un día, y hallaron ciento treinta y seis mil calaveras en sus guías y gradas; las torres no las pudieron contar: cruel costumbre por tratarse de hombres degollados».

    En Tenochtitlan vivían 200.000 almas. Los 400 españoles que acompañaban al gran Hernán Cortés no podían derrotarlos. El extremeño contó con la ayuda de las poblaciones sometidas por los aztecas, que soportaban una tiranía espantosa, en especial de los tlaxcaltecas y totonacas.

    Se puede decir que la conquista de México se convirtió, de algún modo, en una guerra de liberación de los pueblos mexicanos frente al dominio azteca.


    El «Huey Tzompantli» de Tenochtitlan, la prueba del holocausto azteca – Darío Madrid Historia y Fotografía


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    Re: Centenares de sacrificios humanos

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    Descubrimiento de los restos óseos de 41 individuos sacrificados –30 infantes y los demás adolescentes y adultos– encontrados al pie de la escalinata del templo dedicado al culto del dios Ehécatl-Quetzalcóatl en el sitio arqueológico de Tlatelolco. Foto: Salvador Guilliem Arroyo.





    Ofrenda con los restos óseos de tres individuos infantiles y objetos que se asocian con las deidades del agua. Fue descubierta en el subsuelo de la Catedral metropolitana, en el centro de la ciudad de México. Fotografía de Saturnino Vallejo Zamora.





    Ofrenda 48, descubierta en la esquina noroeste del edificio del Templo Mayor de Tenochtitlan, ciudad de México. Contenía los restos óseos de 42 individuos infantiles sacrificados en honor de Tláloc y de los tlaloques. Fotografía de Salvador Guilliem Arroyo.



    20-abr-2020

    México antiguo

    Sacrificios de niños en el Templo Mayor

    Juan Alberto Román Berrelleza, Alfonso Torre Blanco

    Los sacrificios de niños en el Templo Mayor: un enfoque interdisciplinario



    Desde épocas muy remotas, una de las preocupaciones del hombre ha sido conocer y dominar la naturaleza y adecuarla a sus fines; sin embargo, al no poder explicarla ni controlarla, la ha situado fuera de su alcance por considerar que un ser o varios seres superiores a él gobiernan y poseen los fenómenos que en ella observa y le envían fuerzas para su propio beneficio o destrucción. De ahí, entonces, que cada fenómeno o manifestación natural sean considerados como dioses en el seno de un complejo religioso que da cuerpo a un culto y al establecimiento de un ceremonial propio en honor de cada una de esas deidades. Tal es el caso de la sociedad mexica, cuya tradición agrícola sustentaba un culto a deidades relacionadas con la fertilidad de la tierra y los fenómenos naturales que provocaban la caída de las lluvias.

    De acuerdo con las fuentes del siglo XVI, Tláloc era el dios del agua, las lluvias y la fertilidad de la tierra, así como de otros fenómenos atmosféricos que influían en el buen o mal desarrollo de las cosechas. El dios se distinguía por su dualidad: por un lado, poseía influencia sobre las fuerzas benéficas que hacían posibles las lluvias y el crecimiento de la vegetación y, por el otro, dominaba las fuerzas destructoras que ocasionaban las catástrofes agrícolas, como eran las sequías y las tormentas e inundaciones. Tláloc, a su vez, era auxiliado por una multitud de dioses que fungían como sus ayudantes. Esos dioses eran los tlaloques, los “ministros pequeños de cuerpo”, en referencia a su corta estatura. Los tlaloques moraban en los cerros y también se les consideraba poseedores y dueños de las lluvias. Por ese motivo, en la época prehispánica se creía que las montañas o los dioses que en ellas habitaban eran los causantes de las lluvias indispensables para el ciclo agrícola. Cuando las lluvias se retrasaban, lo cual ocasionaba fuertes y prolongadas sequías, se pensaba que era porque los tlaloques estaban ofendidos por algún motivo y, como castigo, se las habían llevado.


    Los sacrificios

    Para aplacar sus fuerzas destructoras y congratularse con ellos, durante ciertas épocas del año se les hacían sacrificios de niños de distintas edades, desde los niños de “teta” hasta los de ocho años. El propósito del sacrificio infantil era hacer la petición de las lluvias a las deidades acuáticas y tenía como marco algunas festividades del calendario de 365 días. Sahagún (1975) afirma que el sacrificio se realizaba durante los primeros cuatro meses del calendario: atlcahualo, tlacaxipehualiztli, tozoztontli y huey tozoztli (marzo, abril y mayo actuales). Si atendemos a otras fuentes, también mencionan sacrificios de niños en los meses de atemoztli (enero) e izcalli (febrero), de lo cual se deduce que esta práctica ritual se limitaba a la temporada de secas, aunque podía extenderse hasta que empezara a llover “abundosamente”.

    Por lo general, la inmolación de los niños se efectuaba en varios lugares, como eran las lagunas, los ríos, los ojos de agua, el remolino de Pantitlan y los cerros, donde se creía que se formaban las nubes. De acuerdo con las fuentes, existían varias formas de quitarles la vida. Algunos de los cronistas hablan de extracción del corazón, de ahogamiento, de inanición por abandono en cuevas y de degollamiento. Otros datos interesantes se refieren a que a los niños que iban a ser sacrificados se les ataviaba a imagen y semejanza de los tlaloques, por lo que eran la personificación viva de esos dioses, además de que recibían el nombre del cerro en que serían sacrificados. Asimismo, se señala como buen augurio que: “Cuando llevaban los niños a matar, si lloraban y echaban muchas lágrimas, alegrábanse los que los llevaban, porque tomaban pronósticos de que habían de tener muchas aguas ese año” (Sahagún, 1975).


    Nuevos descubrimientos

    Hasta fechas recientes, sólo se contaba con los datos de las fuentes escritas y las representaciones de los códices para el estudio de la problemática de los sacrificios de niños, sin que se hubiese tenido la oportunidad de corroborarlos arqueológicamente debido a la relativa escasez de evidencias que había proporcionado el registro arqueológico; sin embargo, gracias a tres descubrimientos hechos en el marco del Proyecto Templo Mayor, ahora se tienen más elementos para indagar y dar forma a un panorama más concreto sobre el tema. El primero de ellos ocurrió en la esquina noroeste del edificio del Templo Mayor de Tenochtitlan, lugar donde se encontró una ofrenda que contenía los restos de 42 individuos infantiles y un conjunto de materiales asociados simbólicamente con el mundo acuático de la cosmovisión mexica: arena marina, jarras de piedra con la efigie del dios Tláloc, conchas, caracoles, pigmento azul, cuentas de piedra verde y posibles recipientes de calabaza. Las características de la ofrenda han llevado a la conclusión de que se trata de un sacrificio de niños en honor de los tlaloques, en el que las jarras Tláloc fungieron como representaciones simbólicas de esos dioses, mientras que los niños sacrificados lo hicieron como sus representaciones vivas, es decir, como los ixiptla, las imágenes vivas de los dioses.

    El segundo hallazgo se hizo al pie de la plataforma del templo dedicado al culto del dios Ehécatl-Quetzalcóatl en el sitio arqueológico de Tlatelolco, que fue excavado a partir de 1987 y hasta 1989 como parte del Proyecto Templo Mayor. En ese sitio se descubrieron los restos de 41 individuos, 30 de los cuales eran niños y los demás adolescentes y adultos. Los restos formaban parte de diferentes ofrendas, pero todas integraban un conjunto unitario de enormes dimensiones. El complejo ceremonial incluía elementos vinculados con los dioses del agua, el maíz, la tierra, el fuego y el dios tutelar del templo: Ehécatl-Quetzalcóatl, al que, en cuanto deidad del viento, se reconoce como el anunciador de las lluvias y, por lo tanto, se le considera como uno de los tlaloques, los ayudantes de Tláloc.

    El último hallazgo ocurrió en el subsuelo de la Catedral metropolitana, en el centro de la ciudad de México. Corresponde a una ofrenda que contenía los restos óseos de tres individuos infantiles y objetos que se asocian con las deidades del agua, tales como pigmento azul, cuentas de piedra verde, vasijas y comales de cerámica, restos óseos de guajolote y codorniz y una placa de cerámica con una decoración que sugiere el emblema de los dioses tlaloques.

    Juan Alberto Román Berrelleza. Antropólogo físico. Investigador del Museo del Templo Mayor, INAH.

    Alfonso Torre Blanco. Doctor en bioquímica. Investigador del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

    Román Berrelleza, Juan Alberto y Alfonso Torre Blanco, “Los sacrificios de niños en el Templo Mayor: un enfoque interdisciplinario”, Arqueología Mexicana, núm. 31, pp. 66-73.

    Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar:

    http://raices.com.mx/tienda/revistas...ecientes-AM031




    _______________________________________

    Fuente:

    https://arqueologiamexicana.mx/mexic...l-templo-mayor

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