Revista FUERZA NUEVA, nº 528, 19-Feb-1977
Situación de auténtica dictadura del Gobierno Suárez bajo el disfraz de liberalismo y sentido democrático
Vaya democracia la que al parecer entiende el Gobierno de la Corona. Más que eso, la que está practicando no es otra cosa que una gobernación del “país” que tiene todos los tintes de un autoritarismo personalista sin más respaldo que el pacto, la entrega a los eternos enemigos de España y el capricho circunstancial, cuando no, por lo que se ve, la obediencia ciega a sabe Dios qué ocultos poderes foráneos o tenebrosos cuyos emblemas más conocidos no están lejanos de los simbólicos del albañil.
Y decimos esto después de una serie de decretos-leyes dictados arbitrariamente por el Gobierno Suárez, con un número proporcional, en el margen de tiempo de un mes, que ni en los más dictatoriales momentos de franquismo se han producido durante largos años.
Ha sido la demostración de que este Gobierno que padecemos los españoles, y que tan hábilmente sabe manejar en su provecho a la propaganda, el pacto en los pasillos de las Cortes y las promesas que después no cumple, se han burlado de quienes de buena o mala fe se han fiado recientemente de él. Sobre todo, de las Cortes españolas, es decir, de esa mayoría que idealmente era contraria a la partitocracia legalizada a través de la Ley de Asociación Política (1976), pero que con su “Sí” la aprobó, fiada en las garantías de la Administración -igual ha sucedido en el Referéndum- y que hoy ve cómo dicha ley, sin más requisitos que un acuerdo del Consejo de Ministros, queda modificada en lo más importante, y así el marxismo, como era de prever, tendrá franca entrada en la política española, y si no cambian mucho las cosas, lo veremos en el Poder en fechas no muy lejanas.
Se están dictando normas legales a través de Reales Decretos-leyes para adoptar aquellas disposiciones que fueron rechazadas por las Cortes, las mismas Cortes que la demagogia marxista culpa de sumisión al Poder, pero que en su día respondieron en conciencia parando intentos gubernamentales que, evidentemente, eran contrarios a la propia filosofía del Estado.
Tenemos, de este modo, entre otras, por ejemplo, la institucionalización de la Junta de Jefes de Estado Mayor, esto sin referirnos, no deseamos volver sobre el tema, a la objeción de conciencia, que ni siquiera ha merecido el rango de decreto-ley -fue sólo decreto-, en contra de la voluntad de expresa de las Cortes.
Todo ello marca una situación dictatorial por parte del Gobierno, con el disfraz de liberalismo y sentido democrático. Dictadura que, carente, por tanto, de una verdadera filosofía que la respalde, se está convirtiendo en un totalitarismo personalista encarnado por un grupo que no responde ni al sentir mayoritario del pueblo español, ni se puede amparar en la legalidad impuesta por la propia constitucionalidad del Estado encarnada en los Principios y Leyes Fundamentales que hasta hoy han regido e institucionalizado a la Nación.
Pero lo más triste es que todo se enmarca perfectamente en un proceso de descomposición del Régimen nacido el 18 de Julio por parte de aquellos que todo se lo deben al mismo y que hasta hace bien poco se declaraban sumisos y fieles servidores y aún hoy siguen, frente a los Evangelios, jurando lealtad a los Principios básicos que lo encarnaban.
Tristemente vemos -la indignación nos lleva a otras consideraciones no publicables- cómo el Estado se transforma no en aras de unas modificaciones lógicas que su propia esencia y doctrina considerarían necesarias, sino que se destruye no en esa razón o en aquellas otras que la mutación normal del tiempo aconsejara prudentemente sin romper fidelidades ni adentrarse en heterodoxias, sino en virtud negativista de un revanchismo, sin duda alguna amparado en una acción concertada de la traición, la cobardía y el influjo del poder de las Internacionales, en concurso mutuo de habilidades dialécticas, demagogias sin cuento y acciones subterráneas, tendente todo ello a destruir no solo cuarenta años de paz, progreso, concordia y unidad, sino a dar a la Patria, en su futuro, un sistema de gobierno que permita sea esclava de los demás, se rompa su unidad y triunfen el odio y el materialismo dialéctico, y, en definitiva, el sentido cristiano de la vida desaparezca, para entronizar, a corto o largo plazo, el comunismo ateo y apátrida en España.
Ello con la abierta colaboración, consciente o no, de quienes han sido los herederos del 18 de Julio. De aquellos que en el pasado han detentado el poder bajo el mando de Franco o que, gracias a él, al Régimen por él instaurado son hoy el poder de la Nación.
Personas que en el pasado pudieron, si hubieran tenido dignidad, haber demostrado su oposición al Sistema y renunciar -como algunos que respetamos lo hicieron- a los puestos de prebenda y mando, pero que cabalgaron gozosos en el caballo del vencedor y hoy no saben cómo hacerse perdonar ese “pecado”, si no es en base a conculcaciones legales, a chaqueteos inmundos o a pactos vergonzosos.
Ramón DE TOLOSA |
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