Revista FUERZA NUEVA, nº 543, 4-Jun-1977
Editorial
ASÍ, CUALQUIERA
(…) No cabe duda de que Suárez ha jugado muy bien desde el Poder sus bazas políticas, que en realidad no son otra cosa que una sucesión de pactos, engaños y conculcaciones ideológicas que le han servido, sin ningún reparo y con absoluto desprecio para los compromisos libremente aceptados en el pasado, en razón a una supuesta ideología de la que se decía militante y fiel servidor, para, después de alcanzar la más alta cota jerárquica en la Administración, lograr no sólo sus personales apetencias de mando, sino para imponer al país una manera de gobernar, una línea de gobierno, en total desacuerdo con la vigente todavía constitucionalidad (*) de la Patria y muy coincidente con la pragmática marxista y liberal, contraria tradicionalmente -y comprobada ante el acontecer de los últimos meses- al auténtico interés de España, a sus valores permanentes y aún más concretamente al deseo de los españoles, aun cuando para ello se valga de la trampa -no sabemos si saducea o no- de unos supuestos resultados conseguidos en el pasado referéndum y capitalizados arbitrariamente, desde su posición dominante en su propio interés.
Suárez, el gran capitán del centro, juega con ventaja y sus promesas de independencia formal del Gobierno e imparcialidad del mismo ante el juego electoral en perspectiva, lógicamente, no convence a nadie, sean sus detractores de izquierda o derecha. Y dentro de esa especie de “intrusismo” ejerciente en relación con el propio Centro Democrático a través de sus imposiciones personales en cuanto a nombres y candidatos de esta opción electoral, no cabe duda de que su crédito y fiabilidad en cuanto a su Gobierno e intenciones ha llegado a los límites más bajos.
Es posible que el candidato Suárez consiga una amplia mayoría en las elecciones, tanto para él como para su partido, pero jamás podrá alardear de que tal triunfo responda a una no mediatizada voluntad popular y responda igualmente a la prometida, por él mismo, neutralidad personal como presidente y la de su Gobierno en este evento electoral. (…)
No existe duda alguna de que las ventajas que Suárez va a proporcionar a su partido son enormes. Ventajas que han de revertir en su provecho y en la pretensión de seguir gobernando a España durante unos años más a través de un confuso y ya negociado compromiso o pacto con los hasta ahora enemigos no ya del Gobierno, sino del propio Estado (…).
Ganar así es fácil. Cualquiera en su lugar tiene casi asegurado el triunfo. Una fórmula que sería tolerable si Suárez hubiese llegado al cargo en razón de un anterior triunfo o plebiscito electoral en nombre de éste o aquel partido participante, pero no cuando su presidencia se debe exclusivamente a un mecanismo orgánico de designación antipartidista y de elección libre y personal, en razón a la voluntad del Rey.
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