Búsqueda avanzada de temas en el foro

Página 2 de 2 PrimerPrimer 12
Resultados 21 al 29 de 29

Tema: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

  1. #21
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    16-Febrero-1937


    HA LLEGADO UN FUGITIVO

    La Prensa roja de Madrid

    Cuando se tome Madrid habrá que procurarse a toda prisa una colección completa de cada uno de los periódicos que allí se han publicado durante el terror. Yo dudo mucho que nadie pueda dar la impresión de lo que en Madrid ha ocurrido, mejor que la Prensa escarlata. He aquí una Prensa que no se ha recatado, que no ha sentido –frente al crimen- el menor pudor…

    Podrán reproducirse entonces titulares a toda página como el que sigue: “Es necesario, es urgente, el exterminio de los que no hayan estado con nosotros”. Creo recordar que fue “Mundo Obrero” el diario que ofreció esta invitación al asesinato de más de medio millón de madrileños.

    En los primeros días de la revolución, “El Liberal” publicaba una nota que decía así: “Tomado el cuartel del Pacífico, dos oficiales del Ejército huyeron a sus casas, perseguidos por la muchedumbre. Esta pudo comprobar en seguida que los dos militares, enloquecidos, habían matado a sus mujeres e hijos –algunos de corta edad- al llegar a sus domicilios, suicidándose después”. ¡Los dos habían enloquecido al mismo tiempo y a los dos se les había ocurrido la misma locura! Probablemente no se puede decir con más claridad hasta qué punto de salvajismo llegaron las hordas rojas en aquellos momentos: dos familias enteras, sencillamente, fueron pasadas a cuchillo.

    También los primeros “paseos” eran registrados en la Prensa. Algunos “paseos”; los de aquellas personas cuya desaparición, por ser muy conocidas, podían causar el regocijo de las turbas. Un ejemplo: “Falleció ayer, víctima de rapidísima enfermedad, el general Ochoa”. Era la época en que fallecían, víctimas de la misma “enfermedad rapidísima”, más de quinientas personas al día.

    “El Liberal” ha publicado durante mucho tiempo, una sección que titulaba “Instantáneas”. En esta sección se hacía la semblanza de cuatro o cinco personas cada día. Después del nombre de cada una de ellas había calificaciones de “fascista” o de “jesuítico” o de “monárquico”, etc., etc., cargadas de tintas sombrías. “El Liberal”, de esta forma, se daba el gusto de condenar a muerte, diariamente, a cuatro o cinco ciudadanos honrados.

    Los comentarios al fusilamiento de Salazar Alonso –asesinado en realidad- llegaron en el diario “Política” a un grado de salvajismo asombroso. Todavía caliente el cuerpo de aquel hombre se lanzaron sobre él las mayores injurias, en un artículo ilustrado con una caricatura que firmaba Antequera Aizpiri. Se ofrecía en dicho dibujo un Salazar Alonso de línea equívoca, todo rizado y vestido de barbero. En Madrid no era posible “vivir” en paz ni llegando a cadáver.

    Todos los días se han publicado notas de excitación al crimen; unas veces “había” que arrasar, con todos sus habitantes, el barrio de Salamanca; otras “había” que exterminar a los presos, cuya vida “repugnante” se prolongaba a costa del Tesoro de la República, de una manera estúpida, y casi siempre “había” que asaltar las Embajadas…

    El compañerismo no servía para nada. La Prensa roja perseguía con ferocidad especial a los periodistas llamados de derecha. Los denunciaba y daba su pista para que fueran cazados como conejos. No me cabe la menor duda que en aquellas diez noches de San Bartolomé –del 20 al 30 de septiembre- que se dedicaron de manera especial a los hombres de pluma que aun vivían en Madrid, fueron nuestros “queridos compañeros” escarlatas los que dirigieron el ojeo.

    No es posible llevar más ferocidad, más salvajismo a una linotipia. Uno puede explicarse la barbarie de las masas. Hasta esa barbarie se explica uno. Lo inexplicable, lo monstruoso, lo apocalíptico, es que hombres de letras –más o menos- hayan llegado a deleitarse en la delación y en el crimen, como si fuera ésta la única misión que en esa tragedia de Madrid les está encomendada.

    Yo sé que en estos momentos son varios los libros que se escriben sobre el Terror en Madrid por gentes perseguidas que han logrado salvarse o que se salvarán seguramente. Pero el Terror en Madrid, todo el espanto de sus crímenes innumerables, de sus saqueos, de sus violaciones, de sus incendios, está ya registrado en la Prensa roja de una manera clara, a veces, y a veces con inocentes eufemismos.

    Con recortes de la Prensa de Madrid, con testimonios de sus redactores, ofrecidos a golpe de linotipia, se hará “el libro rojo” que podrá ofrecer al mundo una barbarie, una bestialidad, que el mundo ignoraba seguramente. Se verá entonces cómo aquellos periódicos ensalzaban y estimulaban la labor de las brigadas de investigación –el asesinato motorizado- que se llamaban “del amanecer”, “de los crepúsculos”, “de los linces”, etc, etc.; cómo daban cuenta de sus hazañas y cómo se regocijaban de ellas. En la Prensa madrileña está reflejado y demostrado todo el salvajismo de un Madrid, que empezó jugando a la toma de la Bastilla en el cuartel de la Montaña, para convertirse a fuerza de veneno –de veneno destilado por los periódicos- en un pueblo ahogado en sangre y en ferocidad.

    EL FUGITIVO




    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #22
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    No es extraño


    16-2-1937

    Hay quienes se extrañan de que en Francia hasta grandes rotativos católicos se solidaricen con los rusos, en esto de atacar a la España auténtica, que tan bizarramente se ha levantado contra la invasión comunista de Oriente. Nosotros no nos explicamos esta extrañeza. ¡Es tan antigua esta historia! Tan antigua que ni siquiera se detiene en los dos siglos de nuestro gran Imperio, en los que España fue el baluarte de la Contrarreforma, y durante los cuales los reyes “cristianísimos” de Francia siempre buscaban o en los turcos o luego en los protestantes apoyo para combatirnos. Ni siquiera se detiene ahí la historia lamentable de esos rencores y mala voluntad francesa para nosotros. Ni ahí, ni en los días áureos del sacro Emperador de la barba florida, que sacrificó a su Roldán, en la loca empresa de sustituir a España en la vanguardia de la Cristiandad. Pasa mucho más allá la aparición de este fenómeno. Alboreaba el augusto destino español, y ya el católico Gontrán, todavía sicambro en la gestación de Francia, envía, con Boson, a sus francos para ayudar a los arrianos a que ahoguen, en su cuna, el naciente baluarte de los destinos católicos de la civilización cristiana.

    De tan largo viene ese “amor”, que no se detiene en escrúpulos dogmáticos, para manifestarse ardiente, ni aún en la época en que al frente de los destinos de Francia estaban capelos cardenalicios, siempre dispuestos a apoyarse en los protestantes para combatir a España, católica e inquebrantable. (…)

    Acaso pueda alegarse que si esos rotativos católicos se pronuncian tan abiertamente contra la verdadera España, son, en cambio, numerosos los grandes diarios que en París censuran duramente al Gobierno del Frente Popular (francés) por el apoyo que presta a los rojos españoles, denunciándolos con valentía. Esto es verdad, lo reconocemos.

    Pero no se advierte que en todas esas campañas no hay una sola manifestación de simpatía, de pronunciamiento, como en la Prensa alemana, en la italiana, y sobre todo en la portuguesa a favor de la verdadera España. Nada de eso. Se trata sólo de campañas políticas de oposición al Gobierno francés del Frente Popular (…) por el peligro que al país pueda ocasionar ese apoyo a los rojos españoles (…)

    Y es lo singular que esa actitud no ha sido jamás correspondida por España. Aun en los días en que con más ardor –y con más eficacia- se manifestaban esos “amores” de Francia para con nosotros. España daba princesas a la Casa Real de Francia, preparando así el advenimiento de su dinastía al Trono español. Y los intelectuales de España comenzaban ya entonces a hacer coro a la “leyenda negra” –allí forjada-, mucho antes que comenzara el declive de nuestro poderío en el Mundo. (…)

    J. LÓPEZ PRUDENCIO

    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 19:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #23
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    HA LLEGADO UN FUGITIVO


    II

    El famoso “paseo”

    17-II-1937

    El “paseo” fue estrenado por los asesinos de Calvo Sotelo. El horror que causó aquella muerte llegó a términos indescriptibles en los últimos días de julio. No era el “paseo” un hecho aislado y audaz, especialmente preparado para volatilizar al ilustre político, sino todo un sistema de exterminio perfectamente combinado en los laboratorios marxistas. El mismo 19 de julio comenzaron los “paseos” al por mayor. Los habitantes de Madrid que el Frente Popular consideraba como enemigos, iban traspasando el velo del misterio, ejecutados como reses, con una bala en la nuca, al ritmo de 300, de 400, de 500 “paseos” diarios. Bastaba la más ligera sospecha, la denuncia más estúpida para que un ciudadano fuese sacrificado. Bastaba, por ejemplo, ser gordo o tener en casa unos prismáticos, o pagar una cédula de clase elevada, o haberse bebido alguna vez un whisky en el bar Chicote… Bastaba, sencillamente, haber discutido alguna vez con el portero. Los porteros, que pertenecían en su mayoría a la U. G. T., eran casi siempre inexorables.

    A los quince o veinte días de revolución, ya todos los que esperábamos la aplicación del “paseo” para un plazo más o menos largo –¡todo consistía en que se acordasen de uno!- nos habíamos familiarizado con él. Casi estoy por afirmar solemnemente que la perspectiva no nos espantaba. Nos habíamos resignado. Teníamos una especie de segunda naturaleza –la del condenado a muerte- y llegábamos a pensar que el procedimiento tenía ciertas ventajas: la de la rapidez, por ejemplo. Yo he hablado con muchas personas en aquellos días, que preferían el “paseo” a la cárcel. Por mi parte, la duda me ofendía.

    Delante de una casa cualquiera se detenía un coche con milicianos. Los milicianos subían a un piso y preguntaban por el que vivía allí. El que vivía allí se presentaba:

    -¿Qué desean ustedes?

    -Venimos a hacerte un registro.

    -Ustedes no son policías. Llamaré a la Dirección de Seguridad.

    Imposible llegar al teléfono. Un pistolón se lo impedía. El registro consistía en apoderarse de una sábana, a la que los milicianos iban lanzando la plata y todo lo que de valor, fácilmente transportable, encontraran en la casa. El dinero que pudiera existir allí y las alhajas, iban directamente a los bolsillos de los representantes de la justicia roja. Realizada la “razzia” se investigaba un poco sobre los papeles y libros de aquel señor. Una carta recibida desde Alemania o Italia era un testimonio fatal. La factura de un hotel de Estoril movilizaba esta frase:

    -Eres un carca asqueroso. Pero ya lo sabíamos.

    Si aquel caballero tenía, por ejemplo, la colección de “Episodios nacionales”, de Galdós, con la cubierta bicolor de las ediciones viejas, que era un caso que se repetía con frecuencia, naturalmente, aquel caballero “tenía emblemas monárquicos”…

    Todo esto solía ocurrir a la una o dos de la madrugada. A las dos y media de la madrugada los milicianos decidían restaurarse en el comedor. Comían lo mejor de lo que encontraban y abrían unas cuantas botellas. El resto de la bodega pasaba a la sábana.

    Poco después el jefe de la banda se echaba a la espalda la sábana, bien anudada y ordenaba:

    -Vosotros bajad el “ganao”.

    El “ganao” era aquel señor y su mujer, a veces, y el hijo o hijos de aire “fascista” que hubiera en la casa. El lote aparecía a la mañana siguiente con los brazos en cruz, tendido en la Casa de Campo o en Chamartín –explanada del campo del Madrid F. C.- o en Vallecas o en cualquier desmonte de los alrededores de la ciudad. Allí estaba el lote entero, con los ojos todavía abiertos y las cabezas destrozadas, entre latas viejas de conservas e inmundicias.

    Luego se organizaba la romería de gentes, mujeres de manera especial, que iban a contemplar los cadáveres, a profanarlos con insultos y puntapiés, avisadas por los lecheros o panaderos del barrio, que les habían anunciado muy de mañana:

    -Hoy ha venido fresco. Uno parece cura. ¡Chica, cómo se alimentaban estos tíos…!

    Y el mismo día de la madrugada de su crimen, por la tarde, volvían los milicianos a la casa con un camión y se llevaban las ropas, los muebles, los cuadros, los espejos, la batería de cocina… Dos o tres horas bastaban para que la casa quedara desnuda, sin más señal de hogar que las escarpias, que parecían cerrar el puño, escuadrado el brazo, desde las paredes vacías.

    Si el registro terminaba con éxito para el perseguido, y las milicias de la U. G. T. decidían que aquel señor era un infeliz, el infeliz sabía que al día siguiente o al otro recibiría la visita de los de la F. A. I. o de los de la C. N. T., que opinarían de muy distinta manera. Era fatal. La opinión optimista de los de la F. A. I. o de los de la C. N. T. tampoco era una garantía para los de la U. G. T. Un día u otro el señor aparecía en los desmontes con plomo en el cráneo…

    Así se han asesinado en Madrid más de 40.000 personas. Ahí están, en los periódicos rojos, las notas publicadas por el Gobierno, exigiendo que los registros y las detenciones fueran realizadas exclusivamente por la Dirección General de Seguridad y ordenando a los ciudadanos que llamaran inmediatamente a los teléfonos tales o cuales, en el caso en que se presentaran en su domicilio las milicias. Ahí están esas notas para comprobar la matanza. Y sin embargo, todo era inútil. Las milicias seguían realizando sus crímenes -¡y siguen!- inexorablemente. El perseguido no podía llegar al teléfono, y si llegaba, era abatido allí mismo como castigo.

    No había más solución que el nomadismo. Se dormía una noche en casa de un pariente, otra en casa de un amigo, otra en una pensión… Se aprendía acrobacia para saltar por los tejados y descender por las bajadas de agua… Durante el día se tomaban tranvías para trasladarse constantemente de un lado a otro. Esta resistencia a la persecución, sin embargo, podía realizarse durante quince días o un mes o dos meses con cierto éxito. Pero la pieza acababa por caer casi siempre. ¡Como un conejo!

    EL FUGITIVO


    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 20:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #24
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    La Galería de los monstruos


    La serpiente con faldas

    17-II-1937

    Me figuro que algunos lectores consideran como de una delicadeza discutible esto de analizar en público, con franqueza y sin excesiva indulgencia, ciertos caracteres de personajes que por lo que se refiere a nuestra zona, están imposibilitados de defenderse. Pero lo probable es que quienes piensen así y crean que estamos viviendo en tiempos adecuados para resucitar el ceremonial de Corte, ni hayan perdido su patrimonio ni hayan visto vertida la sangre de sus hijos en esta lucha que sostenemos los españoles. No tendrían en este caso tales escrúpulos caballerescos. Y por lo que me concierne, no estará de más recordar que he hecho esto mismo en periodos menos cómodos: en plenas Cortes Constituyentes, cuando tonsurar al desdichado Ventura Gassols costó la cárcel y el destierro a unos mozos traviesos que, por cierto, ahora están batiéndose bravamente en nuestros frentes, dije públicamente al sujeto aquél que yo me hacía solidario de la broma y estaba presto a sostenérselo allí donde le pareciese conveniente. Tampoco rehuí en pleno Parlamento, la acusación de estar confabulado con los criminales de Asturias a Martínez Barrio, monstruo hispalense del que habremos de tratar algún día. Y hoy no se va a hablar aquí de ninguna doncella o viuda desamparada, de una mujer cuya vida privada se saque a luz, sino de un ser venenoso que ni siquiera es de nuestra raza; de un engendro cuyo sexo importa poco en relación con la magnitud del mal que nos ha hecho y de la multiplicidad de sus actividades dañinas. En la vida pública no hay más que hombres públicos, cualquiera que sea su sexo. Y doña Margarita Nelken, diputado, agitador comunista, agente a sueldo de Moscú, es un hombre público. Pocos habrán ejercido en estos últimos tiempos influencia más nefasta. En la galería de monstruos de nuestra historia contemporánea, tiene un puesto señalado por propio derecho.

    *
    Pues doña Margarita Nelken -esa virgen loca del comunismo- me ha hecho el honor de ocuparse de mi persona en una de sus peroratas radiadas desde el frente rojo. Mejor dicho, ha hecho alusión a mi memoria para injuriarla, dando por cierto que sus amigos me habían asesinado y que mis pobres huesos de cristiano viejo estaban ya pudriendo tierra. Siento tener que desmentirla aunque se trate, digámoslo así, de una dama: no he muerto aún, por lo menos hasta la hora de escribir estas líneas. Y espero vivir lo suficiente para verla emigrar llevándose lo que pueda de esta tierra de promisión, o caída en poder de nuestras tropas, encerrada en una jaula y exhibida entre las alimañas exóticas de la colección de fieras del Retiro.

    Antes de que la guerra empezara, hace años, esta inmigrante judía me inspiraba profunda repulsión. Mientras algún amigo, que pensaba lo mismo que yo la saludaba finalmente en los pasillos del Congreso, yo le volvía la espalda por una especie de repugnancia física.

    -No hay que ser así- me decían.

    -¿Qué quieres que haga? Soy delicado de olfato.

    -Pero no se puede vivir en esa forma agresiva. Esta individua es una intrigante. Tiene además la indiscutible superioridad de su condición femenina que le permite insultar sin réplica posible. Un día te va a decir alguna atrocidad, ¿y cómo vas a contestarla?

    En efecto, consciente de hallarse en un país de caballeros, la infame usaba y abusaba de su capacidad de injuriar, para lo que tenía la facundia de una habitual del Puerto Viejo de Marsella. Uno de los más grandes españoles de nuestro tiempo –el general Sanjurjo- palidecía silenciosamente de cólera al recuerdo de esta inmunda aventurera. Y así, hasta las gentes a quienes parecía despreciable, no por sus devaneos pecaminosos, de los que ha dejado huella en varios Juzgados de Madrid, sino por su condición perversa, evitaban enojarla imaginando que un bicho de esta índole podía ser sensible a la cortesía. Pero yo no he tomado nunca la vida pública a broma. Cuando –durante las Cortes Constituyentes- manifestaba en la Prensa mi opinión de que los socialistas y sus cómplices eran una banda de criminales, era porque así lo creía. Me hubiera avergonzado andar luego en el Parlamento dándoles la mano, dialogando, “conviviendo” con ellos. Procedía conforme a lo que decía y decía lo que sinceramente pensaba. Y por lo mismo no saludé jamás a la patulea de malvados que iban a hacer lo que han hecho en nuestro país. Incluso a los que conocía de antiguo, como Azaña, Barcia y otros a quienes había tratado en el Ateneo de Madrid, les negué francamente el saludo, situándome en enemigo leal y dejándome de ese sistema de las palmaditas en el hombro y de las sonrisas entre camaradas a que tanto se propendía en el Congreso. Y entre los seres más sórdidos, cuya sola presencia era como un baldón de ignominia para nuestra Patria, figuraba en primer lugar la indeseable -en todos los sentidos de la palabra- dispuesta a todos los crímenes y a todas las aberraciones, capaz de todas las hazañas menos la de lavarse con frecuencia. Me parecía vejatorio que esta extranjera despreciable hubiera venido a envenenar nuestro país, a ofender a nuestras mujeres, a vilipendiar a nuestros mayores prestigios, a burlarse de nuestra bandera, sirviendo los designios de su raza israelita. Que la hospitalidad generosa de España -ofrecida cordialmente a su tribu hambrienta de buhoneros- se pagase así, y que hubiera masas de españoles dispuestos a colaborar en tal abyección, me indignaba profundamente. La glorificación de esta judía roja de importación, me humillaba en mi condición de español (…) Era como una marca infamante, como un sello de dominio que la judería harapienta centroeuropea había logrado imponernos por medio de esta digna representante suya. Y lo peor es que la fétida intrigante no tenía gracia ni talento. Lo mismo en sus discursos que en sus prosas periodísticas es de una pesadez abrumadora. Al principio había logrado introducirse en las redacciones a fuerza de audacia y también manejando un instrumento personal distinto de la pluma, que en ciertos caracteres femeninos tiene casi la misma eficacia que un hacha de abordaje. Luego, cuando pasaron los años y se desvanecieron sus relativos encantos, viendo la ocasión de trepar se sumó a la tropa demagógica y actuó con una osadía que iba creciendo en relación directa con su impunidad, ante el estupor que hasta a los espíritus menos sujetos a convencionalismos producían su maldad y su cinismo.

    Una vez en un artículo, dije yo que recordaba a Judith, no precisamente por su belleza, sino por capaz de introducirse en la tienda del adversario para degollarlo dormido como a Holofernes. La enfureció esta alusión a una de sus antepasadas remotas, porque como buena judía, todo su afán consistía en hacer olvidar que lo era. Me llamó por teléfono amenazadoramente: Estábamos en plenas Constituyentes. Se entraba en la cárcel con facilidad. Yo no era diputado. En suma, me exigía una rectificación.

    -Pídamela usted por escrito -le dije con socarronería-, aunque más natural me parecería que lo hiciese el hidalgo que actualmente le administra los bienes.

    Pero me escribió ella, en efecto, una carta invocando la ley de imprenta para que se aclarase que no era una aventurera ni pensaba emular a su abuela bíblica. Entre los billetes de Banco y los documentos que sus compinches me han robado en Madrid estaba esta carta todavía.

    Y a medida que se convencía de su impunidad aumentaba su actividad criminal y se exacerbaba su procacidad. Los medios de que se valía para excitar a las ignaras multitudes viriles de Extremadura entran de lleno en la zona de la patología sexual. Serpiente con faldas, como ciertos peces del mar de la China, vagabunda sin patria y sin Dios, lo mismo había adulado a la Dictadura y escrito artículos modosos en “Blanco y Negro”, que envenenaba e inducía al asesinato a sus secuaces rurales y que hubiera traficado en drogas tóxicas o en carne humana... Y al mismo tiempo que halagaba las peores pasiones de la plebe, satisfacía un rencor inconfesable que sentía contra las mujeres de nuestra tierra. Las odiaba por su virtud, por sus cualidades morales, por ese sentido trascendente de la vida que tienen en la última aldea la viejecita más humilde en comunicación mediante la plegaria con la potencia divina que rige el universo. Odiaba a las jóvenes por su belleza y su donaire. Las muchachas elegantes de la sociedad de Madrid –mundo un poco frívolo, pero que constituye un ornamento necesario en toda sociedad penamente civilizada- la enfurecían. Como buena judía es una cursi de nacimiento. La judía puede ir vestida ricamente, cubierta de sedas, de pieles y de joyas: es cursi sin remedio. (…)

    Es de esas mujeres en cuya compañía no se puede atravesar el “hall” de un hotel bien frecuentado sin sentirse vagamente molesto. Fuera por eso o por otros fracasos sentimentales -esos fracasos que se traducen en desvíos masculinos después de la primera entrevista- ha debido sufrir en el Madrid adorable de la belleza y la gracia femeninas muchas humillaciones...

    Y en los asesinatos de que han sido víctimas muchas de ellas, en los actos de crueldad y de sadismo, en las lágrimas de las bellas y santas mujeres españolas, la parte principal, la parte de inducción, ha sido de este monstruo haldudo. Que ahora se irá a Rusia saboreando el recuerdo de sus crímenes, rica de dinero y de venganza, llena a la vez de brillantes robados y de insectos parasitarios."

    Juan PUJOL

    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 21:36
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  5. #25
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    ESCLAVOS, SÍ


    18-II-1937

    Se ha consumido saliva y tinta en abundancia hablando de la esclavitud del obrero en Rusia. Y con buenos instrumentos: legislación, citas de diarios oficiales, relatos espeluznantes de testigos… A pesar de todo, muchas gentes prefieren no creerlo. ¡Exageraciones! ¡Enemiga contra las conquistas del proletariado! ¡O miedo a los avances sociales! Vivimos en un medio capitalista y los poderosos no pueden dejarse arrancar sus posiciones sin lucha.

    Así fingen pensar ciertos Gobiernos democráticos. Tal es el lenguaje de muchos de esos que el mundo llama intelectuales. De ese modo razonaban -¡y tal vez razonan, aunque no se atrevan a proclamarlo!- entre nosotros gran número de mentecatos que se califican a sí mismos como personas de orden. Rusia estaba tan lejos… Sus zarpazos no herían nuestras carnes. Podíamos permitirnos el lujo de hacer literatura.

    Un mal día la fiera saltó sobre tierras españolas. Con sus métodos de siempre: mucha cautela, muchas promesas, mucho entusiasmo fraternal, con acompañamiento de puños en alto. Un país más que entra por caminos de “redención”. Y así semanas y meses, hasta que han conseguido sujetar bien la albarda. Entonces llega lo otro: el coro de los malditos.

    Para el mundo nada ha cambiado aún. La Prensa, la “radio”, siguen su obra. Moscú es, cada vez más, la providencia inagotable de la España roja. Los “camaradas” de estas latitudes se deshacen en gratitud al pueblo hermano; al único que se entregó descaradamente a la defensa de la causa obrera… ¡mientras el dogal aprieta con ahogos de asfixia!

    Sólo que aquí entre lumbraradas de sol, en pleno corazón de Occidente, es más difícil la comedia. De poco sirven los parlamentarios vendidos ¡a la democracia internacional!, ni los compromisos monstruosos de cancillería. Cuando menos se piensa un ramalazo de viento destapa el tinglado. Y el huracán indiscreto ha sonado más de una vez, con rebeldía meridional.

    Podemos gritar sin temor a pruebas en contrario: La España roja es un país de esclavos bajo la férula de Moscú. ¡A todos los vientos! Para que lo oigan –si tiene oídos para oír- los que en el retiro acogedor de Ginebra se escandalizaron al comprobar vivita y coleando la esclavitud en la República africana de Liberia o en el Imperio del Negus. Pero esclavitud en el más genuino sentido de la palabra: una cuadrilla de bandidos que dispone a su antojo de la fortuna, el honor, la libertad y la vida de hombres, mujeres y niños. Sin más limitación que éstos: el rincón escondido que sus sabuesos no consiguen olfatear, o el reducto que defiende la pistola.

    ¿Pruebas? Las hazañas de la Brigada del Amanecer y sus congéneres. Centenares de mujeres ultrajadas. Niños arrancados a sus padres en “razzia” africana y conducidos como un rebaño a gustar las “delicias” del “Paraíso Soviético”. Hombres “requisados” como máquinas, y llevados al frente para luchar quizá contra su hermano o su padre, y sin derecho a la huida –privilegio de los amos-; como argumento supremo, la ametralladora en retaguardia. He ahí una narración escueta, fácilmente comprobable.

    Más. Entre los esclavos hay categorías. Azaña tuvo el mal deseo de mandar. Y para complacerle le ordenaron de boato, le instalaron en los espléndidos salones de la Abadía de Montserrat, le colocaron una guardia pretoriana al revés, y allí continúa, apacentando su espíritu (?) con la ubérrima literatura monacal. ¡Ah!, y goza de los cuidados fraternales de dos alienistas franceses. Largo, en un alarde de independencia, llegó a encararse con el sicario que dirige la ruina de Madrid. No tardó en recibir el golpe de fusta de su señor, Rossenberg. Y el general moscovita sique paseando su figura siniestra entre los escombros de la capital española.

    Los hechos no son de hoy. Hace tiempo cruzaron nuestras fronteras. Y no ha temblado el mundo. ¡Bah!, justifican los jerifaltes internacionales: “La guerra es eso; las dictaduras no tienen entrañas”. Esperábamos la salida. Tenemos el convencimiento profundo de que hay intelectuales y gobernantes con alma de negrero.

    A pesar de todo, un último dato. Tampoco es inédito. Pero le hacemos venir aquí para completar el dibujo. Hay que hacer lo posible porque en un mañana próximo, cuando se planteen estas cuestiones a plana luz, nadie pueda llamarse a engaño. Son unas líneas del parte oficial del 16 de enero de 1937: “Se cogieron tres ametralladoras rusas, un centenar de fusiles y 120 muertos, entre ellos un sirviente de ametralladora encadenado a dos piquetes de hierro que tenían clavados en el suelo…”

    “En este sector (Madrid) a uno de los oficiales rusos muertos se le cogió un látigo de seis cabos que empuñaba y con el cual, según versión de los prisioneros, golpeaba a los pobres milicianos españoles”.

    Así, secamente; con lenguaje telegráfico, pero que refleja la más negra de las esclavitudes que mancharon las páginas de la Historia: la del cautivo cristiano.

    “amarrado al duro banco
    de una galera turquesa”

    La esclavitud no es un tópico. Roe la carne viva de los “rojos” españoles. Faltaba el cuadro palpitante. Los que saben esperar pudieron asegurar que tarde o temprano llegaría. Es ley del espíritu humano, con facultades para desenvolverse libremente, plasmar en realidad tangible su visión de la humanidad. Y la ley no ha fallado. Ahí están los hechos –los que nosotros hemos podido comprobar- al alcance, no de la inteligencia, de la sensibilidad más roma: la cadena del forzado y el látigo del cómitre.

    MARBE


    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  6. #26
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    20-Feb-1937


    El mapa de las dos Españas

    En el vestíbulo de la Redacción del periódico popular han puesto un gran mapa de España, pintado en dos colores; el tono gris marca la España irredenta, y la otra España, la nuestra, la verídica, está pintada de amarillo. El éxito de ese mapa es enorme. A cualquier hora del día se ve apelotonarse contra el cristal una masa de gente de todas clases, interesada en saber hasta dónde ha avanzado hoy el color amarillo. El color, que podemos llamar nacional, se extiende, en efecto, un poco más cada día, abarcando poblaciones nuevas y nuevos territorios, que quedan desde entonces como salvados definitivamente de la terrible soledad del color gris. Y digo definitivamente, porque nunca se ha dado caso de tener que corregir o rectificar la mancha amarilla; la mancha amarilla representa el paso hacia delante de nuestros soldados, y nuestros soldados no retroceden jamás.

    En esa avidez con que el público callejero consulta el mapa, está representado el principal, el único motivo psicológico de España: la ansiedad. (…) Ya están frente a Málaga… Ya se corre el color nacional hasta Almería… Ya han llegado más allá del Jarama… La cintura de acero rodea ya Madrid…

    Entre tanto, las miradas recorren vagamente la zona ocupada por los rojos y es como si mirasen lo que en los mapas antiguos se llamaba una tierra incógnita. Es la España desconocida, salvaje y por conquistar. No se sabe de cierto lo que sucede allí. Dudosas referencias hablan de Gobiernos fantásticos, de absurdos Parlamentos, de autoridades y mandos imaginarios. Sólo se sabe, o se sospecha sobre seguro, que en esa tierra incógnita del mapa de España tiene que reinar también un estado de ansiedad; pero es la ansiedad de quien asiste al avance sistemático del enemigo, y ve que el fin es inexcusable, y que está acaso muy próximo, y que cuando llegue ese fin llegará también la hora de la justicia.

    Entonces nos acordamos de esas comisiones de extranjeros que vienen a estudiar, a investigar, a comparar la situación civil y moral de la España en guerra. Los respetables investigadores no son difíciles de clasificar; se trata de unos filántropos pedantes (Inglaterra produce con mucha fertilidad este género de fauna), o son políticos y periodistas decididamente inclinados a la izquierda (habitual producto de nuestra querida Francia). Antes de salir de su tierra se sabe a lo que vienen y las referencias que han de dar. Traen una mente partidista y sectaria anticipadamente aleccionada, y vienen decididos y obligados a exponer aspectos de una realidad que sólo existe en su interesada imaginación.

    ¡Comparaciones! Pero la comparación en este caso resulta ingenua por la facilidad y la brevedad de la investigación. A un extranjero imparcial le basta con pisar tierra en cualquier sitio de la zona roja para comprender en un momento toda la verdad. La simple contemplación de una calle, de un pelotón de milicianos, del porte y ademanes de los transeúntes, le revelará el estado precario de una sociabilidad en derrota. En cambio, ese mismo observador, si desembarca en Coruña, Vigo, Sevilla, o llega por tierra a San Sebastián, no necesitará ejercitar mucho tiempo sus facultades de observación, porque inmediatamente se dará cuenta de que ha penetrado en un país normalmente constituido, donde todo se halla en orden y sujeto a las leyes legales de una justa autoridad.

    Este contraste entre la vida ciudadana de las dos zonas salta a la vista, sobre todo en las poblaciones que han padecido algún tiempo el régimen rojo y luego han sido libertadas por el Ejército nacional. En San Sebastián, por ejemplo, las tropas libertadoras encontraron una ciudad desorganizada, sucia y triste; los jardines estaban abandonados, rotos y secos los céspedes y las flores; los lujosos hoteles convertidos en zahurdas. Actualmente, San Sebastián es un primor de urbanismo, de buena policía, de amenidad y recreo.

    También yo, como los demás, me acerco habitualmente a examinar el mapa de España que han extendido a la puerta del periódico. Allí sumo mi ansiedad propia a la del público, y entonces no soy más que un español de tantos que cumple su misión de ciudadanía. Y hoy la ciudadanía quiere decir patriotismo. Sentirse unido al cuerpo y al alma nacionales en una única aspiración, en un supremo anhelo. Vencer. Ganar la guerra. Extender el color nacional sobre todo el ámbito del mapa de España, para que España vuelva a ser una e indivisible. Y ponerse luego a hacer una España mejor y más gloriosa.

    CAPITÁN NEMO

    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  7. #27
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    HA LLEGADO UN FUGITIVO


    IV

    La vida y muerte en las cárceles

    20-II-1937

    La Cárcel Modelo de Madrid quedó saturada desde los primeros días del movimiento nacional. Hubo que habilitar otros edificios para que languidecieran los detenidos: el colegio de San Antón, un convento de la calle del General Porlier, etc., etc., más la Prisión de Mujeres, que quedó habilitada para hombres.

    Los que conocen el célebre “Abanico” no podrán creer quizá que allí se lograron meter 5.000 presos. Pues se metieron. En cada celda llegó a haber seis y siete hombres, que dormían por turnos sobre el duro suelo. El espacio faltaba de tal manera que la maniobra de rascarse –frecuente y urgente, sin embargo- no podía llevarse a efecto. Los encarcelados estaban en un estado de miseria indescriptible. Cualquier cosa era un problema espantoso: lavarse, afeitarse, limpiar el plato de hojalata, realizar operaciones de carácter absolutamente íntimo, etc., etc. Se les servía la comida en las celdas y se les “chapaba” a las siete de la tarde. El ruido de los cerrojos –toda la chatarra de la Modelo sonando a un tiempo- producía en los detenidos verdadero terror. Allí quedaban a merced de las milicias, que solían aprovechar la nocturnidad para realizar sus “sacas”.

    Las “sacas” se hacían de la siguiente forma: Un grupo de milicianos llegaba a la cárcel en busca de “carne” y hacía el pedido de hombres que necesitaba: por ejemplo, veinte; por ejemplo, cincuenta… Los días de bombardeo aéreo “necesitaba” de cien a doscientos. La Dirección de la cárcel entregaba el fichero y aquella banda de forajidos escogía, sin ninguna preferencia especial y sin preocupaciones de ningún género, a los que iban a ser puestos “en libertad”. Luego, sonaban en las galerías los nombres de los predilectos. En aquellas circunstancias, oír uno su nombre y apellido era el anuncio de la muerte. Los escogidos pasaban a un camión, después de haberse despedido para siempre de los que quedaban, y media hora después sonaba la descarga de plomo sobre sus cabezas. Efectivamente, era “la libertad”; la que deseaba un cuerpo que no podía ya con tanta tortura.

    Los primeros fusilamientos, como sabe todo el mundo, se hicieron en la misma cárcel. En uno de sus patios. Los presos eran ametrallados desde un tejado. Así cayeron Melquiades Álvarez, Julio Ruiz de Alda, Albiñana, Martínez de Velasco y muchos más. Pero como aquella carnicería había sido registrada por el Cuerpo Diplomático y se produjo con demasiado estrépito, hubo que recurrir al sistema nocturno y meandroso, que producía los mismos resultados y tenía, por añadidura, la virtud de llevar un espanto mayor a los condenados.

    Cuanto mayor era la categoría política del preso, más agudos eran sus sufrimientos. Había que subir el carbón a las cocinas, había que acarrear sacos de patatas de cien kilos, había que tragar los peroles –repugnantes a fuerza de sebo y de inmundicias-, y había que callarse cada vez que “un responsable” se entregaba a la vejación de la víctima, de palabra y obra.

    La Cárcel Modelo empezó a ser evacuada cuando las tropas de Franco se acercaban a Madrid. Era necesario conservar entre barrotes a toda aquella gente, llevándola más hacia el corazón de la ciudad, ante el peligro de que fuese liberada. En la noche del 6 al 7 de noviembre, quedaban ya muy pocos presos en la Modelo; pero los que allí había vieron cómo sus guardianes huían como ratas ante la proximidad del combate. Aquella noche se escaparon algunos hombres, con relativa facilidad, no haciéndolo todos porque pensaban que la cárcel sería desbordada pronto y podrían lograr la libertad más fácilmente.

    La mayoría de los presos de la Cárcel Modelo pasó al convento de la calle del General Porlier; pero muchos fueron trasladados a Alcalá de Henares, a Chinchilla y a Figueras. Buena parte de estos traslados fueron nominales nada más: los presos eran fusilados en el camino.

    Entre las expediciones trágicas, hay que señalar una que fue dirigida hacia Alcalá. Estaba compuesta de 900 hombres, sacados de la Cárcel Modelo y del Colegio de San Antón. Fueron conducidos en camiones, encadenados, descalzos, medio desnudos. No pasaron de Torrejón de Ardoz. Allí fueron arrojados a una larga zanja, cavada con la debida anticipación, y cubiertos con la tierra que había quedado al borde de la inmensa sepultura. ¡Cuestión de economizar municiones!

    Esta inmensa salvajada llegó a conocimiento de la Cruz Roja Internacional, que consiguió comprobar el hecho y hasta anotar los nombres de la mayoría de las víctimas. Un miembro de la Cruz Roja salió en avión de Madrid, el 9 de diciembre. Llevaba la lista de los enterrados vivos en Torrejón, con el propósito de ofrecérsela a la Comisión de Ginebra el día 10. El avión no llegó a su destino. Fue precisamente aquel aparato francés que cayó sobre territorio rojo, a poco de haber abandonado Madrid, “tiroteado por las fuerzas de Franco”… Todo el mundo sabe a estas horas quiénes lo habían abatido y quiénes tenían interés en que se estrellara contra el suelo. Afortunadamente, la maniobra no llegó a lograr el éxito completo.

    En el Colegio de San Antón la vida del preso era un poco más dulce. Había menos rejas, menos mazmorras, más sol y un poco más de limpieza. Pero las vejaciones eran las mismas y constantemente –esto sucedía en todas las cárceles- entraban milicias de todo género en plan de divertirse con el “ganao” y de torturar de palabra a tal o cual personaje.

    Las mujeres, en número de 1.200 aproximadamente, fueron trasladadas en los últimos tiempos al Asilo de San Rafael, en Chamartín. No había agua y las condiciones higiénicas –saturado el edificio por una población amontonada- eran deplorables. Las presas veían por las mañanas, a muy poca distancia, cómo se asesinaba a los escogidos para el “paseo” en aquella zona. Al principio muchas detenidas cerraban los ojos, gritaban y lloraban. Más tarde, esterilizadas para el dolor, a fuerza de contemplar el drama de frente, apenas miraban las ejecuciones -¡como si no tuvieran importancia!- y desde luego no las comentaban.

    Toda esta tragedia continúa en Madrid. No será exagerado calcular en 10.000 los presos que esperan la muerte o la libertad definitiva, la libertad de verdad, hora a hora y día a día. Sin contar con los que han sido trasladados a diversos penales de España, más lejos todavía de las tropas de Franco. ¡Calcúlese la desesperación de estos infelices! Los que cayeron en el traslado han tenido más suerte. Mucha más…

    EL FUGITIVO


    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  8. #28
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil


    Juan Pujol Martínez


    Revista “Domingo”, 21-II-1937

    “Cruzados”

    No es mero azar que cuando se les compara físicamente con los nuestros, los jefes de la España roja sean una colección de monstruos obesos, adiposos, afeminados, zoológicamente deformes. Algunas veces pienso que si nuestra época tuviera la imaginación de los medievales, podría representarse a Franco como a San Miguel matando al diablo, un dragón con pezuñas y siete cabezas –las de los siete pecados capitales- que fueran las de Azaña, Casares, Indalecio Prieto, Ossorio y Gallardo, Álvarez del Vayo, la Nelken, Marcelino Domingo- y una lengua de víbora que bien podría ser la de doña Dolores Ibarruri. Porque, en efecto, estos caudillos nuestros tienen, si se les afronta con aquéllos algo de paladines de poema caballeresco, no sólo en la prestancia física, sino en la limpieza moral que hace de ellos verdaderos trasuntos de héroes de las Cruzadas. En los primeros días de la campaña, acudí desde Portugal, donde acompañé al general Sanjurjo hasta minutos antes de su trágica muerte, a presentarme al general Mola que, en aquellos momentos, instalado ya en Burgos, hacía frente con escasas fuerzas del Ejército y no sobradas milicias de voluntarios, al empuje de la horda embravecida en Madrid por la fácil victoria del Cuartel de la Montaña (…)

    Me abrazó sonriente, porque nos conocíamos de horas adversas, tristes o grises de desesperanza, y él sabía de antiguo la mucha estimación en que, como escritor, lo único en que podía atreverme a juzgarle, le tenía.

    -Menudo jaleo hemos armado –me dijo-, como si se tratase de una travesura.
    -Era ineludible.

    Y luego me habló con su discreción y sobriedad habituales, pero con franqueza que no estaba mal depositada, de la situación planteada entonces. Alma clara y diamantina, espíritu disciplinado en la adversidad y en la pobreza honrada, con episodios de íntima austeridad que algún día saldrán a la luz cuando se pueda hacer su biografía, inteligencia pronta y severa que enfoca las cosas objetivamente, sin deformarlas por la propia ilusión o el propio deseo, bien veía las dificultades de la empresa, mejor que sus mismos adversarios. Pero ni un instante dudaba del éxito final. En aquel drama de que era voluntario protagonista se había instalado con la naturalidad de un piloto en la tormenta (…)

    Llegaban noticias de victorias parciales, de encuentros, de episodios, de obstáculos que sobrevenían para dificultar las operaciones. Tarea ingente, que él iba resolviendo con frases breves, decisivas, reconcentrado en sí mismo, con una capacidad de abstracción y de examen interno de los problemas, sorprendente. Y uno de aquellos días en que subía a su despacho viniendo de algún frente que había visitado en horas difíciles, una vez que hubo dado sus órdenes a los Jefes del Estado Mayor, mientras encendía un cigarrillo, le oí decir con aire preocupado:

    -Estos individuos de mi escolta tienen buen apetito. Me van a desequilibrar el presupuesto.
    -Pero mi general, ¿es usted quien abona sus comidas?
    -Claro, en los viajes…
    -¿No hay una cantidad destinada a estos fines?
    -No se ha pensado.
    -¿Y usted tiene mucha paga?
    -Mil quinientas pesetas al mes es lo que cobro.

    Así el hombre aquel, que mandaba un Ejército victorioso, el conquistador de Irún y San Sebastián, que tenía a sus órdenes millares de voluntarios armados, regimientos y batallones innumerables, el hombre que estaba haciendo frente, de momento, a la horda roja provista de los tesoros de España, ayudada por la Francia inmunda y la Rusia bárbara, se preocupaba porque de sus diez duros diarios de sueldo –él, que era señor auténtico de media España- tenía que vivir y a la vez pagar las comidas de su escolta. Entre risas y bromas era cierto. No había pensado que los Bancos, las tierras, las riquezas todas del país situado bajo su autoridad, se hallaban a su disposición, puesto que sobre ellas ejercía prácticamente plena soberanía. Su honestidad profunda, su respeto al derecho ajeno, y su escrupulosa limpieza moral, le impedían siquiera afrontar la probabilidad de disponer de otros recursos que de los de su peculio personal y su propia paga lealmente obtenida con anterioridad al alzamiento.

    Y nadie habló de ello entre los que le escuchábamos, pero yo me preguntaba si en aquellos instantes los piratas del Frente Popular, los capitanes de bandidos rojos estarían atormentados por problemas semejantes. Yo comparaba aquella confesión de penuria, en aquel hombre vestido con elegancia militar, que no tenía más oro que el de los entorchados de su uniforme, con la codicia de la tropa de tíos gordos y ladrones, grasientos y codiciosos, que ya entonces habían comenzado a robar para ellos y para sus hijos los lingotes de oro del tesoro español, las joyas históricas, los tapices y los libros raros, como en un saqueo de invasión asiática en la Roma antigua y no como gentes que operan en su propia patria.

    Y en rigor éste había sido un contraste permanente. Salvo en muy raros casos –pueden contarse enumerando a los que se hallan prestando servicio a los rojos- estos militares españoles eran gente pobre, orgullosa y austera. Tenían algo de monjes laicos. Religión de hombres honrados llamaban las ordenanzas, si no recuerdo mal, a la milicia. Cuando Queipo de Llano, metido por error en una aventura revolucionaria, tuvo que huir a París, se encontró allí sin recursos. Un día fue a buscar a un amigo mío:

    -¿En qué puedo servirle, general?- le interrogó éste.
    -Pues verá usted –le contestó Queipo con su franqueza característica-. Tengo muy escasos medios. Se me van a acabar según veo. ¿No podrá usted, que tiene relaciones, buscarme algunas lecciones de español para ir ganándome la vida?

    Quien me lo cuenta, todavía conmovido, no era correligionario de Queipo. Pero le buscó las lecciones. Y cuando piensa en la forma en que están emigrando los que ahora lo hacen de la España roja, siente que el respeto que entonces le inspiró Queipo de Llano se le acrecienta.

    -Es verdad que es un caballero- me dice a menudo.
    -Un caballero y un héroe del temple de Francisco Pizarro. Quien ha hecho lo que ha hecho él con un puñado de hombres, tiene una plaza preferente asegurada en la Historia […]

    Esta era una orden caballeresca, que indignaba, como un anacronismo y como un reproche, a la fauna interior de alma porcina, para quien el progreso y la verdad científica coincidían con la adoración a las más bajas apetencias y a los peores instintos corporales. El odio del obrero petulante, ensoberbecido, el odio del proletario urbano –capaz de todas las bajezas, de todas las abyecciones y todas las crueldades- se exacerba contra esta gente altiva y pobre. […]

    Franco tiene esa seducción personal que emana de su equilibrio físico y fisiológico, de la serenidad interna, de la mesura, que son sus características. Cuando pasen los años y su personalidad entre en la Historia y pueda estudiarse sin la coacción de su autoridad y su presencia tan difíciles de olvidar para la censura como para el elogio, se verá que era el hombre predestinado para esta hora. Recuerdo que –después de comenzado este alzamiento nacional- el primer día que le vi salía de la catedral de Burgos. Con el fondo de las piedras centenarias –cresterías y pináculos que parecen de vieja argentería- bajo el cielo de un domingo de victoria, rodeado de la muchedumbre que le aclamaba, le vi descender la gran escalinata que da a la calle de Laín Calvo. Sonaban campanas y trompetas, aleteaban en el aire azul oriflamas de gloria. Y por el corazón de aquella multitud ferviente pasó una corriente que no era sólo de admiración y de fe, sino de amor hacia el héroe joven, que iba vestido con su sobrio uniforme de campaña, pro sobre cuya faz sonriente parecía proyectarse el fulgor de un imaginario casco de plata, como si en él se evocase inconscientemente el recuerdo de los Lohengrin y Parsifal legendarios, o el de aquel Cid cuyos huesos sacros reposaban bajo las bóvedas del mismo templo, redivivo ahora para mandar por igual a moros y cristianos, un Cid lampiño y casi adolescente. Esa capacidad de sonreír a su pueblo, a la vida entera, próspera o adversa, me pareció la promesa mejor que podía hacernos. Esa sonrisa suya –gesto de quien tiene la certeza de los demás y de sí mismo- disipaba como una mala pesadilla la visión de los monstruos de la España roja, los gestos feroces y crueles, sarcásticos y bestiales de los enfermos de envidia y de odio que habían tenido a España encadenada. Y le rodeaba, como de un halo, de eso que, folklóricamente se denomina simpatía.

    ¡Y con todo ello tan lejano de las captaciones demagógicas! Porque toda su vida ha sido recogimiento y disciplina. Nada más lejano de él, en efecto, que ese género de existencia que una literatura insubstancial ha solido atribuir a los hombres de guerra en tiempo de paz. Su distracción favorita han sido los libros. Su entretenimiento, el estudio de cuanto se relacionaba con su profesión castrense. No fuma. No bebe. Nadie le ha conocido esas aventuras fáciles que sin buscarlas le habrían salido por tantos motivos al paso. En este mundo desordenado en que vivimos, él realizaba sin jactancia ese ideal de soldado cristiano valeroso y austero, inteligente y modesto, que no censura los extravíos ni siquiera los vicios mundanos de los demás, pero que no los comparte. Lleno, por lo demás, de comprensión y de indulgencia, y exento de fariseísmo y de mojigatería. Su honestidad le es tan consubstancial, que no la exhibe, como nadie hace alarde de su esqueleto. Le parece natural en él, como naturales en los demás las debilidades que se excusan. Y poco a poco, sin buscarlo, sin quererlo, esta vida limpia y clara, había ido polarizando en torno a sí todos los sueños y todas las esperanzas de los patriotas y antes que de ninguno, de los propios militares. Durante estos años ominosos, muchas veces oía yo decir a los mozos tenientes y capitanes:

    -Si Franco quisiera…

    Yo mismo osé una vez ir a proponerle que quisiera. De aquella entrevista delicada y difícil guardo la impresión profunda de una conversación reflexiva, firme y serena, y de una esperanza que me henchía el corazón y al fin he visto confirmada…

    -Si Franco quisiera…

    Y Franco guardaba silencio. ¡Procedimiento tan distinto al de las seducciones electorales, al de las plataformas de los mítines en que se habla y se promete y se lisonjea y se miente a las multitudes! Y llegada su hora, Franco ha querido. Ahí está, con algo de arcangélico, contra el poder universal del diablo, sin perder su sonrisa juvenil, en la mano la espada invicta, y el pelo que era negro en torno a sus sienes, ya un poco gris, en pocos meses. Cuando visita los frentes, los soldados le aclaman y le echan sus capotes a guisa de alfombras, como a un capitán de romance. Y es cierto que hay muchas almas viles que quisieran aniquilarlo. Pero también lo es que en las horas de vigilia y de espera, millones de españoles tienen el pensamiento puesto en él, con una confianza que se acrecienta día a día, y no ha sido defraudada un solo instante. Guardia invisible y sentimental, de la que si es cierto que las almas se comunican por vías imperceptibles, debe sentir la presencia. (…)

    Juan Pujol
    (Revista “Domingo”, 21-II-1937)

    Última edición por ALACRAN; Hace 20 Horas a las 14:02
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  9. #29
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    3,176
    Post Thanks / Like

    Re: Textos de periodistas e intelectuales del bando nacional durante la Guerra Civil

    Libros antiguos y de colección en IberLibro

    HA LLEGADO UN FUGITIVO


    24-Febrero-1937

    Las “checas” y García Atadell

    No serán muchos, probablemente, los que desconozcan el caso de aquel lugarteniente de Pancho Villa que se separó del general porque había comprado un cañón y pensaba que le sería mucho más provechoso hacer la revolución por su cuenta… Esto ha ocurrido y ocurre en Madrid. No son pocos los que administran Justicia y se entregan a la incautación de oro, plata, billetes y alhajas… por su cuenta.

    Las famosas “checas” no son sino Sociedades dedicadas al robo y al crimen con un criterio absolutamente personal. El hecho de haber pasado por una “checa” sin desperfectos excesivos en la piel y en los valores inmobiliarios, no es una garantía de tranquilidad. Otra “checa” repite la faena, inmediatamente, y casi siempre opina de manera mucho más dura. Las “checas” son también las que recogen a los presos puestos en libertad, francamente puestos en libertad, a los que se provee de un volante que dictamina su inocencia, para recluirles en sus mazmorras y hacerles sentir por último que la Dirección General de Seguridad se equivoca con frecuencia, pero que “el pueblo no se equivoca nunca”.

    Cada “checa” tiene un Tribunal cuya misión consiste en insultar al detenido y prohibir que el detenido hable. No se puede tolerar que un canalla –todos los detenidos son canallas, entre otras cosas mucho más infamantes- trate de demostrar la injusticia que se comete con él. Después de la “prueba”, que tiene lugar a los dos o tres días de la captura, la víctima pasa a la jurisdicción del plomo en un sótano de la misma casa o en el extrarradio de Madrid. Por el ya conocido sistema del “paseo”. Como en las “checas” los calabozos son tenebrosos, pero escasos, conviene ir eliminando gente cuanto antes.

    Las “checas” pertenecen a los grupos rojos más exaltados –me refiero a la F.A.I. y a la C.N.T.-, pero esto no quiere decir que el partido socialista y la U.G.T. desdeñen un procedimiento tan expeditivo y remunerador.

    Precisamente, el célebre García Atadell pertenecía al partido socialista. García Atadell y su maravillosa Brigada del Amanecer se anunciaban en los periódicos como se puede anunciar un jabón para la barba. Todos los días daba cuenta la Prensa de alguna nueva hazaña de este hombre y de sus secuaces, atribuyéndole cualidades de sagacidad y de vista que hubieran envidiado, probablemente, los mejores detectives de la época victoriana. En los primeros meses del movimiento, García Atadell era tan admirado en Madrid como el general Riquelme o el “ilustre Mangada”. En realidad, uno pensaba que, llegado el momento de ser enjaulado y juzgado, podía ser un deleite que esto lo hiciese García Atadell. García Atadell estudiaba los casos previamente y los escogía con una elevada opinión de su jerarquía. Era, pues, un honor que él se ocupara de uno. Muerto ya este “caballero”, según me dicen, no quiero mostrarme desagradecido; la verdad es que me enternece pensar la tenacidad y los medios que empleó para apoderarse de mí. Siento ahora que no lo lograse, porque es indudable que aquellas “faenas” merecían el éxito.

    La “checa” absolutamente personal de García Atadell estaba en la Castellana. Un hotel situado en la esquina de la calle de la Ese, a la izquierda del arranque de la misma, cuando la Ese repta hacia la calle de Serrano. Allí tenía el hombre su despacho, sus ficheros, su parque de automóviles, sus teléfonos y sus calabozos. Era un hombre bajo, gordete, con lentes, que solía disponer las mayores atrocidades con cierta amabilidad. Parece que su obsesión era que las señoras le encontraran gentil. En realidad, el deseo que tenía de que las señoras se fueran de esta vida con una buena opinión de él, no podía ser más legítimo. El mismo día que publicaban los periódicos el artículo más elogioso en honor de García Atadell, de su labor cíclope en la persecución de la “quinta columna”, de su sobriedad y hasta de su misticismo, García Atadell embarcaba en un puerto del Mediterráneo rumbo a Francia. Con él iban los linces predilectos de la Brigada famosa y varias maletas con dinero y alhajas por valor de nueve o diez millones.

    García Atadell no era un caso único de “establecido por su cuenta” en el Madrid siniestro de las persecuciones. Había muchos. Ninguno de ellos ha llegado, sin embargo, a la altura de “El Místico”, que pasará a la historia de los grandes criminales con automóvil, con pistola ametralladora, con máquinas de escribir y con oficina, por el capítulo de honor.

    EL FUGITIVO


    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

Página 2 de 2 PrimerPrimer 12

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Temas similares

  1. El terrorismo socio-comunista durante la guerra civil.
    Por Valmadian en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 1
    Último mensaje: 03/09/2018, 17:11
  2. Los moros del bando nacional
    Por Ordóñez en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 69
    Último mensaje: 20/07/2013, 03:45
  3. Comentarios a la Marina republicana durante la guerra civil
    Por Gerundio en el foro Historiografía y Bibliografía
    Respuestas: 122
    Último mensaje: 01/11/2012, 18:39
  4. Respuestas: 27
    Último mensaje: 08/08/2005, 18:39

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •