La verdadera transición no ha sido, como se dice,
de dictadura a democracia. La verdadera transición ha sido
de republica a monarquía y, por elemental, no es despreciable la observación de que, primero, se efectúa la restauración monárquica y, después, progresivamente, la implantación democrática
[6], sobre la base de que la restauración monárquica se efectúa según el designio de Franco, que se manifiesta en plena guerra con dos señales significativas.
La primera señal, el
18 de julio de 1937, primer aniversario del Alzamiento.
Franco, en sus declaraciones al marqués de Luca de Tena,
pronuncia la palabra clave, que luego será objeto de largas y complicadas maniobras: la palabra Restauración.
Franco admite la posibilidad de la Restauración, confiesa que en este tema sus preferencias son conocidas de muy antiguo y anuncia que, si llegara el momento de la Restauración, la Monarquía tendría que renovarse y el Rey asumir el papel de pacificador, sin contarse en el número de los vencedores, razón esta última con que Franco rechaza por dos veces el ofrecimiento de Don Juan de Borbón que desea alistarse en el Ejército nacional
[7].
Tres meses antes, el 19 de abril, en el Decreto de Unificación, como antecedente próximo,
Franco había afirmado:
No cerramos el horizonte a la posibilidad de instaurar en la Nación el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza histórica. Antes, aún, el 29 de agosto de 1936 y el 27 de febrero de 1937, se restituyen la bandera monárquica y la Marcha Real como bandera e himno nacionales, respectivamente
No busquen el
ABC de Sevilla del 18 de julio de 1937, que publica aquellas declaraciones bajo el título
Una hora con el Generalísimo. No lo busquen en Internet, donde
ABC ha instalado su completa hemeroteca, número a número. Si lo buscan, del 17, sábado, se salta al 20, martes. El 18, domingo, ha desaparecido
[8]. ¿Magia? ¿Censura?
La segunda señal,
el 15 de diciembre de 1938, fecha de la Ley de la Jefatura del Estado por la que Franco deroga la sentencia de la Republica que condenó a Alfonso XIII, por alta traición,
a ser degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos que no podrá ostentar legalmente ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español le declara decaído sin que pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores. La sentencia se fecha el 20 de noviembre de 1931.
La cuidadosa y temprana derogación de Franco se desarrolla en una panoplia de órdenes de Interior, Justicia y Hacienda, para devolver a la familia Borbón todos sus bienes y sus expectativas, de modo que a la palabra Restauración se le pone apellido minuciosamente.
No busquéis esta ley
franquista en el catálogo de los vestigios del
franquismo que, según la ley de 26 de diciembre 2007, llamada de la
Memoria Histórica, habría que erradicar. También la
Memoria Histórica padece ataques de amnesia que, según decía mi madre, se curan con rabos de pasa y, según algunos amigos, leyendo un libro proscrito titulado
Aquí hubo una guerra, que puedo recomendar porque no me produce ganancia alguna, sino todo lo contrario
[9].
¿Qué sucede después de aquellas señales de 1936, 1937 y 1938? Sucede que se termina la guerra. En sus declaraciones al marqués de Luca de Tena, Franco aplaza sus consideraciones sobre la
Restauración diciendo:
ahora (estamos en 1937)
no cabe más que terminar la guerra. Luego, habrá que liquidarla. Después, construir un Estado sobre bases firmes…
Terminada la guerra, suceden todo género de complicaciones de modo que la
restauración de la monarquía en la dinastía borbónica se convierte en
la larga marcha, según la certera expresión de Laureano López Rodó. Una larga marcha de obstáculos, que Franco va superando con paciencia de pescador, paso a paso, hasta el 22 de julio de 1969.
Franco mide los tiempos con prudencia, sin prisa, tanteando, sin dar un paso en falso, y maneja la terminología (
reino, regencia, monarquía, instauración, reinstauración) contra viento y marea.
Las complicadas circunstancias de su designio acaban enfrentando a
Franco y a su primer candidato, el hijo de
Alfonso XIII, Don
Juan, al que (¿quién lo diría?) le explica, en carta de 6 de enero de 1944:
Nosotros caminamos hacia la Monarquía.
Un paso básico es la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, aprobada por referéndum en 1947 por cuyo artículo primero:
España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino. Reino de España es hoy una expresión vigente en instrumentos de política internacional y en el permiso de conducción. El diario
ABC pregunta a Don
Juan cómo ve el futuro de España. La respuesta se publica como entrevista el 24 de junio de 1955:
Sin ninguna vacilación, quiero hacer constar que con el mayor optimismo. Vencidas después de la guerra las grandes dificultades, el progreso de la Nación estimo que será uniformemente acelerado y la Monarquía sobre una gran base social, integrada por todas las clases españolas, presidirá, con la ayuda de Dios, la era de paz que nuestra Patria, después de sus esfuerzos, se merece[…] aquellos momentos difíciles pasaron y hoy, gracias a la ayuda divina y a los aciertos del Generalísimo Franco al frente de la Nación, es bien claro que todos los ciudadano tienen la obligación de intervenir en la cosa pública, ayudando a consolidar y superar lo hecho desde 1936[10].
Juan Carlos I: "Yo accedí al trono porque lo quiso Franco" ¿En vez de calles porque no deroga esta imposición la Ley de Memoria Histórica?El Correo de España