El legado de la Edad Media: el régimen señorial en el Reino de Jaén (siglos XV -XVIII)

No pretende el presente trabajo exponer de modo exhaustivo todas y cada una de las vicisitudes por las que atravesaron los señoríos y las familias que los detentaron en el Reino de Jaén, durante el largo período de cuatro siglos que nos ocupa.

Más bien se trata de presentar el resultado de las investigaciones llevadas a cabo tanto por los historiadores preocupados por la historia giennense en este
campo como por mí mismo.

Para ello es de primordial interés establecer una primera evaluación de los pueblos que estuvieron situados bajo la órbita señorial desde el momento de la «Reconquista» del Reino hasta el siglo pasado, labor completa que, obviamente, desborda las pretensiones de cualquier investigador individual.

No se agota, sin embargo, el estudio del régimen señorial en estos aspectos locales; este sistema de concebir la sociedad, que ocupa
las Edades Media y Moderna, envuelve y caracteriza todas sus estructuras, hasta el extremo de que, incluso, los concejos realengos
acaban siendo dominados por la nobleza local, que procura constituir o ampliar su patrimonio a costa de los bienes de estos concejos.

No obstante, tampoco esto debe extrañarnos, toda vez que el propio concejo de realengo actúa con respecto a sus aldeas como un señor más, exigiéndoles la prestación de pleito-homenaje y la contribución de cantidades por diversos conceptos, así como sometiéndolas a la directa jurisdicción de sus justicias.

Podríamos definir el régimen señorial, siguiendo al profesor don
Eduardo de Hinojosa, como «el conjunto de las relaciones de dependencia de unos individuos respecto de otros, ya por razón de la persona, ya de la tierra [..], y la organización económica, social y
política derivada de aquellas relaciones»’.

El marca escogido en esta ocasión para el estudio del régimen
señorial es la actual provincia de Jaén; aunque el Reino de Jaén se constituyó como tal ya en el siglo xiii, los avatares de la lucha fronteriza, de un lado, y la primitiva organización político-administrativa de Castilla, de otro, determinan que el actual mapa provincial sea más extenso que el histórico, desde la reorganización de Javier de Burgos, hace ahora siglo y medio.

En efecto, la incorporación del concejo de Alcalá la Real y de la encomienda santiaguista de Segura de la Sierra al Reino jienense procede del siglo pasado, si bien su adscripción al obispado de Jaén es aún más reciente.

Un hecho marginal también a tener en cuenta es la creación a fines del si- glo xviii de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.

Vemos, pues, que entendiendo el concepto de «régimen señorial» como el conformador de la sociedad moderna, es necesario estudiar todas las circunscripciones político-administrativas, independientemente de que se trate de tierras de realengo o de señorío.

Para la mejor comprensión de este fenómeno hemos preparado dos cuadros, el primero de ellos referido a las contribuciones debidas por las localidades del Reino, que sirven para estimar tanto la estructura de la distribución de la riqueza en dos momentos distintos —finales del siglo xv y comienzos del xvii como la evolu- ción de la misma, aunque debemos advertir que la falta de datos en uno u otro momento da lugar a que los resultados sean bastante aleatorios.

En líneas generales, puede afirmarse que más de la mitad de la riqueza del Reino se concentraba en tierras realengas, en tanto que los señoríos militares y religiosos apenas alcanzaban un tercio del total, siendo minúsculo el papel de los señoríos laicos, con la excepción del condado de Santisteban del Puerto, sin duda, el más potente de todos ellos en tierras giennenses.

De mayor precisión es el segundo cuadro, mediante el cual podemos conocer tanto el número de pueblos situados bajo la órbita señorial como la densidad, la población, la extensión y la adscripción de los mismos al señorío del rey, de la Iglesia, Ordenes Militares o señores laicos, entre los siglos xv y XVIII.

En cuanto al número de pueblos, Ordenes Militares y concejos realengos ocupan los primeros lugares en ambos momentos, mientras que los señoríos laicos apenas superan la unidad.

Con respecto a la relación de 1789 se refleja una cierta evolución: si, par una parte, las aldeas de los concejos tienden a emanciparse, par otra, los señoríos eclesiásticos pierden el 10 por 100 de sus pueblos en favor de los seglares, en especial, del marqués de Camarasa.

Consecuencia de este mismo fenómeno «desamortizador» del siglo XVI es la alteración en las proporciones de extensión y población de ambas jurisdicciones: realengas y señoriales; en lo relativo a la extensión, el realengo se mantiene estable en torno al 42 por 100 del total, en tanto que Ordenes y diocesanos ven disminuir en seis puntos sus posesiones en beneficio de los señores laicos, que del 15 por 100 del total pasan al 23 por 100.

Sin embargo, la población realenga aumenta prácticamente un 10 por 100, mientras que los eclesiásticos pierden un 11 por 100, deI
cual sólo un 2 por 1013 redunda en favor de los señoríos seglares.

Una vez apreciadas estas líneas generales, conviene pasar revista a las distintas circunscripciones territoriales, según su adscripción
señorial.

1. El Realengo

Acabamos de constatar la importancia de los concejos situados, teóricamente, bajo la directa soberanía regia, que prácticamente suponían la mitad del Reino en todos los conceptos.

Estos concejos, en el siglo xv eran cinco: Jaén, Baeza, Ubeda, Andújar y Alcalá la Real. Con anterioridad, también habían sido independientes los municipios de Iznatoraf, Arjona y Santisteban del Puerto, aunque en el curso de los siglos xn y xiv cayeron en la órbita señorial.

1.1. El concejo de Jaén

Formado a raíz de su conquista en 1246, durante la época medieval dispuso de siete aldeas dentro de su alfoz: Tarrecampo, Pegalajar, Villargordo, Fuente el Rey, Mengíbar, Cazalílla y Torrequebradula, aunque no queda claro el momento de aparición de esta última .

El cercano Villargordo pasó en el siglo xv al señor de Villardompardo para independizarse en el siglo xviii.

Por su parte, el concejo de Cambil y Albabar se constituirá en 1485, tras su conquista a los nazaríes; para 1680 se poblarían, dentro de su término, concretamente en el pago de Escarcena, los lugares de Cárchel y Carchelejo, junto al despoblado de Cazalla.

La gran población alcanzada por la ciudad de Jaén a finales de la Edad Media propició la repoblación de su término, proponiéndose en 1508 a la reina Juana la creación de los lugares de la Nava del Can, Hoyo Rabaneros, Otiñar, Campillo de Arenas, Susana y Ranera, los Villares de Jige y Letraña, de los cuales, efectivamente, se repoblaron a partir de 1536 los cuatro últimos con los nombres de Campillo de Arenas, Valdepeñas, Los Villares y Mancha Real, respecti- vamente, en tanto que Otíñar permanecía, como hasta hoy, como una cortijada.

El éxito obtenido en la repoblación de su término, paradójicamente, determinó que estas aldeas, en el curso de la segunda mitad
del siglo xvi, se acabaran independizando de Jaén, mediante el expediente de comprar su libertad al rey: Mancha Real y Pegalajar en 1557; un año más tarde, Valdepeñas, Cambil y Alhabar; en 1565, Cazalilla; en 1574, Mengíbar“, y Los Villares en 1600”.

Temporalmente, durante el siglo xvii, habían sido enajenados del concejo de Jaén los lugares de Torredelcampo y Fuente el Rey, aunque acabaron siendo devueltos a aquél.

No obstante todo lo dicho, la nobleza local continuaba dominando tanto el concejo de Jaén como los nuevos municipios; en el primer caso, una serie de familias, emparentadas con la nobleza secular del Reino, controlan desde el siglo xv, al menos, la administración mu- nicipal 15, en tanto que esta nobleza se introduce en los concejos y percibe sus rentas
A pesar del gran esfuerzo repoblador del concejo de Jaén, ello no impidió que entre los siglos xv y xvi se despoblasen varios luga- res, como Otíñar, El Berrueco, Fuente Tétar, Villar de las Cuevas, Olvidada, Grafiena, Almenas-a, Ventosilla, Torre de Lope Fernández, Aldehuela, Bexix y Bornos, las cuatro últimas situadas fuera de la jurisdicción concejil.

Finalmente, digamos que, durante el periodo de nuestro estudio,
la población de estas localidades se duplicó, alcanzando los 65.000 habitantes en 1789 y una densidad en torno a los 45 hab./km2.

El territorio del antiguo concejo oscilaba alrededor de los 15OO km2.

1.2 el concejo de Baeza

Tal vez por ser la primera ciudad importante que se conquistó en el Reino de Saén, el alfoz de Baeza sea el mayor de todos los
concejos, alcanzando los 2.000 km’, si contabilizamos los términos de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.

La población, por su parte, osciló entre los 20.000 y 30.000 habitantes.

Dependían de la ciudad de Baeza en el siglo xv los lugares de Baños de la Encina, Vilches, Rus, Lupión, Linares y el barrio del Rey de Ibros. Con anterioridad habían sido segregados del término para pasar a manos señoriales los lugares de Bailén, Canena, Begíjar, Estibiel, Arquillos, Recena, Chincóyar y Neblí.

Durante la Edad Moderna, las aldeas baezanas también pudieron acceder a su emancipación mediante el pago de fuertes cantidades
a la Corona: Linares en 1565, Baños en 1627, Rus en 1628 Lupión en 1795 y Vilches con anterioridad a 1799.

Nuevamente en Baeza y municipios segregadas encontramos oficios y rentas en manos de la pequeña nobleza.

1.3. El concejo de Ubeda

Es el alfoz de Ubeda el término que más variaciones experimen- ta desde el siglo xiii2t no sabiéndose, a ciencia cierta, qué lugares
dependían de ella en un momento dado. Para fines de la época me- dieval parece que dependían de su señorío los lugares de Cabra, Navas de San Juan y Quesada. Sin embargo, para finales del siglo xviii estos lugares hablan pasado, respectivamente, al marqués de la Ram- lila, al conde-duque de Santisteban y al duque de Arcos ~. A cambio de estas pérdidas, Ubeda volvió a ejercer su señorío en el siglo xvi sobre Torreperogil. Precisamente, Torreperogil, en unión de Quesa- da, intentó comprar su libertad del rey en 153?, infructuosamente, consiguiéndolo sólo Quesada en 1564 ~.


En términos generales, el concejo ubetense se extendía por unos mil kilómetros cuadrados, con una población que oscilaba entre los
15.000 y 10fl00 habitantes, contando con las cortijadas de Santa Ola- lía (hay Santa Eulalia), Torre de San Juan, Olvera y Villarpardillo. También encontramos a la pequeña nobleza local instalada en los oficios municipales de Quesada ~ y Ubeda ~.

L4. El concejo de Andújar
Este concejo, extendido desde Siena Morena hasta el Guadalqui- vn, gozó de cierta estabilidad en su conjunto durante toda nuestra época de estudio, aunque siempre anduvo en peligro de caer en la órbita señorial ~‘.
Su término incluía las aldeas de Villanueva de la Reina y Marmo- lejo, además de treinta y tres cortijos ~. Para 1790 y 1791 ambas aldeas ganarían su libertad, a titulo oneroso, como era habitual ~. Sobre un territorio de 1.300 km’ se asentaba una población de 10.000 a 25.000 habitantes.

El concejo de Andújar conservó hasta fines del siglo XVIII la mayoría de sus oficios municipales~, aunque el portazgo de la ca- pital pertenecía al duque de Montellano ~.

1.5. El concejo de Alcalá La Real
El concejo de Alcalá la Real, de tan acusada personalidad hasta el presente siglo, se extendía por más de 400 km’, con una pobla- ción oscilante entre 6.000 y 14.000 habitantes. Hasta 1835, en que adquirió la categoría de villa Frailes ~ la única entidad importante era Castillo de Locubin; había, además, doce aldeas~‘.

Oficio importante, por las pagas reales que llevaba aparejadas, era la alcaidía de la fortaleza de la Mota, que siempre estuvo en manos de señores.

2. SEÑORíOS ECLESIÁSTICOS
Estos señoríos representaban, en cuanto a población y extensión, entre el 30 y el 40 por 100 del Reino de Jaén. Se puede hablar de das tipos de señoríos eclesiásticos: los militares y los seculares; entre éstos habría que incluir el Adelantamiento de Cazorla, pene- neciente al arzobispo de Toledo, y las escasas posesiones del dioce- sano giennense.

Las Ordenes Militares, por su parte, ocupan los extremos noroeste y suroeste del reino> como herencia fronteriza de su pasado medie- val.

Es sabido que durante el reinado de los Reyes Católicos los maestrazgos de las órdenes de Santiago y Calatrava, que aquí nos ocupan, ft¡eron ocupados por los monarcas, con lo que se plantea el problema de su filiación dominical.

Si bien es cierto que el señorío corresponderá en adelante a los reyes, no la es menos que estos institutos conservaron sus institu-
ciones intactas, variando tan sólo el destinatario de las rentas de las respectivas mesas maestrales. Es por esto por lo que los incluimos dentro de los señoríos eclesiásticos.

2.1. La Orden Militar de Calatrava

Gozaba de una extensión de 1200 Km2 y una población oscilante entre los 28.000 y 33.000 habitantes. La base del señorío radicaba en la provincia calatrava de Martos, junto con la ciudad de Arjona y los núcleos de Sabiote, Torres, Jimena can Recena y barrio cala- travo de Canena, localidades dispersas que serían segregadas en el siglo xvi en favor de Francisco de los Cobos.

Por su parte, tercias de Arjona y alcabalas y tercias de Arjonilla
habían caído en manos de la familia genovesa de Espínola Palavicina ~‘, en tanto que oficios municipales eran detentados por pequeños nobles.

2.2. La Orden Militar de Santiago

Caso similar es el de la Orden de Santiago, que en sus 2200 km2 concentraba una población de 17.000 habitantes, en diecisiete pueblos; éstos se hallaban repartidos en las encomiendas de Beas, Se- gura y Bedmar. El crecimiento demográfico de fines de la Edad Media permitió la repoblación en 1525 de Santiago de la Espada fl can posterioridad a 1789 se poblarían Pontones y Puente Génave, antes cortijadas.

Las desmembraciones del siglo xvi afectaron poco a los santia- guistas, que sólo cedieron su barrio de Canena al marqués de Cama- rasa y la villa de Bedmar al cuarto señor de Solera”.

2.3. El Adelantamiento de Cazorla
Mucho peor parado salió el arzobispo de Toledo de los cambios de la Edad Moderna. Este Adelantamiento se había constituido en torno a los concejos de Iznatoraf, Cazorla y Quesada con sus res- pectivas tierras. Dos aldeas alcanzaron su libertad, emancipándose del señorío y pasando a ser realengas: Sorihuela, aldea de Iznatoraf, se independizó en el curso del siglo XVII ~, en tanto que Pozo-Alcón lo hizo en 1648 t Por otra parte, Hinojares y Huesa pasaron a manos de dos señores, que las hicieron base de sus posesiones.

Hay que advertir, además, que el señorío de Santo Tomé, desde su fundación en 1348, fue compartido por el arzobispo y los descendientes del administrador que lo fundo

De este modo, el Adelantamiento perdió un 3 por 100 de su territorio, aunque la población de las villas restantes se triplicó en los siglas modernos. Carlos 1 entregó este Adelantamiento al marqués de Camarasa, aunque, tras largo pleito, los arzobispos toledanos recuperaron este señorío en 1601 ~

2.4. El obispo de Jaén (la mesa episcopal)
Comparados con los anteriores señoríos, las posesiones del dio-
cesano de Jaén son ciertamente exiguas —apenas 44 km2—, lo que facilitó su rápida extinción a lo largo de los tiempos modernos.
Este señoría episcopal se formó en torno a dos núcleos: Begíjar y la nueva población de la Torre del Obispo, de 1518 ~ por un lado, y, por otro, el lugar de la Torre de Tiédar y el aledaño de Canalejas, luego transformado en El Mármol ~.

3. Señoríos Laicos

Dos hechos importantes hay que reseñar en lo que respecta a es- tos señoríos: en primer lugar, la mayoría de los señoríos seculares del Reino de Jaén aparecen en el siglo XLV, al calor de la política trastamarista, o en el siglo xv, como consecuencia o bien del avance fronterizo, o bien de las luchas nobiliarias, y, en segundo lugar, el hecho de que el territorio dominado por estos sefiores aumentase en la Edad Moderna un 8 por 100 es debido a la creación de cierta cantidad de señoríos nuevas, más que la ampliación de los anteriores.


3.1. Principales señoríos medievales

3.1.1. El linaje Torres de Portugal: condes de Villardonzpardo
En el siglo xv formaban este condado los lugares de Villardom- parda, Escañuela y Villargordo, en un territorio de apenas 80 kw2, habitado por mil personas. La donación a los Ruiz de Torres de las dos primeras villas —segregadas probablemente del término de Ar- jona— procede de mediados del siglo xiv ~ fundándose el mayoraz-
go en Jaén el 24 de mayo de 1396 por Pedro Ruiz de Torres e Isabel Méndez de Biedma 52 Estos emparentaron con un descendiente de la casa real portuguesa y, más tarde, a través de Teresa cte Torres y Portugal, con Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Castilla~.
El primer conde de Villardompardo fue Femando de Torres y Portugal, asistente de Sevilla y virrey del Perú, por gracia de Felipe II, fundando su mayorazgo en Sevilla (12 de octubre de 1592).

Posteriormente, la condesa Eugenia María Torres y Portugal acumuló el marquesado de Villamayar, habiendo pasado en 1696 condado y marquesado a la marquesa de Bélgida, Francisco María Belvís Torres y Portugal ~.

Para comienzos del siglo xviii era marquesa de Bélgida y Bena- vites María Exarcb de Bellón ~.

3.1.2. El linaje Benavides
3.1.2.1. Condado de Sanristeban del Puerío.—EI linaje de los Biedma-Benavides, infanzones procedentes del Reino de León, esta- Mecidos en Jaén desde el siglo xiii, es una de las castas que prota- gonizará la historia del Reino giennense durante la Baja Edad Media ~‘.

Este señorío laico es el más amplio de todo el Reino, y nos es bien conocido gracias a los trabajos de Concepción Quintanilla ~.

Ya en el siglo xv del tronco principal se desgajaron dos ramas: la de los señores de Jabalquinto y la de los de Frómista ~. El núcleo principal, no obstante, estaba constituido por la villa de Santisteban del Puerto, con sus aldeas de El Castellar y las Navas de Santisteban, a las que se unía el lugar de Espeluy, casi despoblado en esta época, y el antiguo barrio del Condestable en Ibros ~.

Elevado a la categoría de condado en 1473, un siglo más tarde el conde de Santisteban había acumulado el vizcondado de Huelma —provisionalmente— y el señorío de Solera, debido a la política seguida de enlaces matrimoniales él.


Así pues, el condado en el siglo XVIII ocupaba una extensión cercana a los 1000Km2(no olvidemos sus posesiones en SierraMorena), gracias a la unión de Solera y Torre de García Fernández —hoy San Bartolomé—; sin embargo, la población nunca fue abundante. Es en este mismo siglo cuando sus señores obtienen el título de
duques. Con posterioridad, sus señoríos, previsiblemente por matri- monio, pasaron a la casa ducal de Medinaceli, en cuya archivo se- villano se conserva la documentación pertinente al condado-ducado de Santisteban.

3.L22. Señorío de Jabalquinta y Estibiel.—En los primeros años del siglo xv, debido al testamento de Día Sánchez de Benavides, se separan dos ramas del señorío de Santisteban: el primogénito Men
Rodríguez heredaría el mayorazgo, en tanto que los bienes libres en Castilla la Vieja pasarían al segundo, Gómez, y los del Reino de Jaén a Manuel, el tercer hijo %
Durante el resto del siglo este señorío irá afianzándose poco a poco, entre luchas con los Carvajales, sus eternos enemigos, e inter- venciones en la guerra de Granada ~. En la centuria siguiente, estos señores participan en las campañas de la monarquía, logrando la confianza de los reyes, que, finalmente, acaban elevando a marque- sado el señorío de Sabalquinto en 1617.

Para mediados del siglo xvii el marquesado es agregado por ma-
trimonio al señorío de los primogénitos de los condes de Benavente, es decir, al condado de Luna y Mayorga. Como las demás posesiones del condado de Benavente, Jabalquinto pasó, igualmente por matri- motilo, a partir de 1834 al señorío del ducado de Osuna ~.

Numéricamente, este señorío de labalquinto, con el despoblado
de Estibiel, nunca fue importante: apenas 72 km2, con una población entre 500 y 800 habitantes.

3.13. El linaje De la Cueva
3.1.3.1. Vizcondado de Huelma—El origen y destino de este li- naje se halla ligado, de una parte, a don Beltrán de la Cueva y, por
por otra, a la Orden de Santiago y a la frontera de Granada ~.
El hidalgo ubetense Beltrán de la Cueva, paje y favorito de En- rique IV, consiguió de éste el maestrazgo de Santiago, donde situó a sus familiares, y el condado de Ledesma.

De su suegro, Diego Hurtada de Mendoza, marqués de Sanfillana, consiguió en 1463 la villa de Huelma, con titulo de vizcondado t
Durante un siglo esta familia estrechó lazos con los Manrique y los Benavides, por lo que no es extraño que el vizcondado pasase
temporalmente a los condes de Santisteban, aunque para 1575 re- vertíaalducadodeAlburquerque~‘, en donde permanecería al menos doscientos años.

Este señorío ocupaba una extensión de casi 200 kw2, con una po-
blación importante: entre 1300 y 3.000 habitantes, si bien los señores procuraron extender sus propiedades a la cercana Bexix, sin demasíada fortuna ~.

3.13.2. Señorío de Solera,—EI castillo de Salera fue conquista- cIa durante el reinado de Enrique IV por Luis de la Cueva, segundo hijo de don Beltrán, que usurpaba la encomienda santiaguista de Bedmar a Femando de Quesada~. El cuarto señor de Solera fue el comendador Alonso de la Cueva y Benavides, comendador desde 1522 de Bedmar, el cual compró esta villa a Felipe II, siendo su pri- mer señor.
En la siguiente generación este señorío, por matrimonio, pasa a ser detentado por el conde de Santiesteban.

El señorío de Solera, que ocupaba las villas de Solera, Torrepe-
rogil y Torre de García Fernández, suponía cerca de 150 km2, habi- tados por unas dos mil personas.
3.1.3.3. Señorío de J3edvnar.—La villa de Bedmar fue comprada, como acabamos de ver, por su comendador en 1562, después de que sus antepasados la dominasen durante una centuria, como comen- dadores de la Orden de Santiago. Y, ciertamente, se trataba de una buena adquisición, ya que sobre un solar de 100 km2 vivían más de dos mil personas.

Para 1614 fue erigida en marquesado, aunque siguiendo derrote- rosdistintosalosdeSolera“, y,así,enelsigloxvrueraseñoríodel marqués de Bedmar, título perteneciente al marqués de Villena, y hoy al duque de Frías.

3.1.4. El linaje Carvajal: señores de Jódar
Los Carvajales, adversarios de los Benavides y de la Cueva, eran hidalgos procedentes de Baeza, que en el siglo xv consiguieron al-
zarse con un señorío de casi 300 km2, con unos das mil habitantes de población, gracias a su adhesión al bando vencedor en todas las guerras civiles de la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna.

Jódar había estado en manos de los descendientes de Sancho Martínez de Jódar hasta que fue adquirido por el condestable Ijúvalos pastenormente, Juan II la cedería a Alonso de Carvajal (1422)~, en manos de cuya familia permanecería en adelante. El castillo de Tobavuela también fue adquirido por Día Sánchez de Jódar o Carvajal en 1467”, en tanto que Belmez le era donado por los Reyes Católi- cas en 1478, después que lo conquistase ~, junto con el despoblado de Moraleda.

Parece que también usurpó el castillo de Torres, antes que fuese comprado a los calatravos por Francisco de los Cobos.

Excepto este lugar, el resto del señorío fue ascendido a la categoría de marquesado, siendo patrimonio en el siglo xviii del conde de Maceda~.

3.2. Otros señoríos de origen medieval

3.2.1. Señorío de Bailén

La aldea baezana de Bailén fue vendida en 1349 por Alfonso XI a Pedro Ponce de León, señor de Marchena y conde de Arcos, en 145.000 maravedíes.

Se extendía sobre más de 100 km2, con más de 2.500 habitantes a fines del siglo xv.

Al menos desde esta época, poseía el conde de Arcos en Bailén el portazgo ~ las alcabalas ~, el oficio de fiel medidor ~, los novenos de los diezmos, las tercias de granos y maravedíes y los derechos de correduría ~.

Según la relación de la renta de Tabaco, la villa de Quesada también pertenecía al ducado de Arcos aunque no he encontrado dato
alguno que avale tal suposición.
La documentación relativa a este señorío puede consultarse en
la sección Osuna del kH.N

3.2.2. Señorío de Garcíez
Según Rodríguez Molina, este lugar estaba en posesión de Pero Díaz de Quesada ya en 129981; este personaje era administrador de las tierras del arzobispo de Toledo y precisamente por ello fundó en ellas el lugar de Santo Tomé en tiempos de Fernanda IV; el se- ñorío de la nueva población fue partida por mitad entre el administrador y la mitra. Para 1543, Día Sánchez de Quesada casaba can Leonor de Guzmán, que aportó al señorío los lugares de Nínchez y Chozas.

Un siglo antes, concretamente en 1478, Pedro Díaz de Quesada, primogénito del señor de Garcíez, casa con una hija del señor de Jabalquinto ~; enlace que se volvería a repetir una centuria más tarde entre Diego de Quesada y Ana de Benavides ~.

El señorío de Garcíez se extendía, pues, a Garcíez, mitad de Santo
Tomé, Nínchez y Chozas, en algo más de 50 km2, escasamente po- bladas por 150 personas.

En 1627, bajo el señorío de Fernando de Quesada y Mendoza, Garcíez fue elevado al rango de condado y Santo Tomé al de viz-
condado ~, y quince años después recibiría los oficios de escribano, fiel ejecutor y guarda mayor de Santa Tomé y Montiel~.

Este fue sucedido por su hijo Pedro Juan de Quesada y éste, a su vez, por Miguel Jerónimo Ponce de León y Mesía ~; éste heredó en 1726 el
mayorazgo de Floreaga, creado en 1532 por Pedro de Zuazola ~.

Con Miguel Jerórimo el condado de Garcíez queda englobado en
el marquesado de Castromonte

3.2.3. Señorío de La Guardia
El señorío de la villa de La Guardia procede de la guerra civil entre Pedro 1 y Enrique 11, el cual la entregó a Ruy González Megía.

En adelante, los Megía serán sus señores, los cuales detentaban, además, los señoríos de Santa Eufemia y Torreblanca, en el Reino de Córdoba.

Alcanzó el rango de marquesado en 1566, siendo señor Gonzalo Megía Carrillo ~.

Para mediados del siglo xviii, este marquesado pasó a manos del marqués de Ariza, probablemente por medio de alianzas matrimoniales; este marqués, según Loynaz, tenía el núcleo de su señorío en tierras conquenses.

El marquesado de La Guardia incluía en un perímetro de ape- nas 38 km2 una población que oscilaba entre los mil y das mil habitantes.

3.2.4. Señorío de Alcaudete
La villa fronteriza de Alcaudete atravesó por diversas vicisitudes hasta ser incorporada definitivamente al reino castellano a comienzos del siglo xiv Parece ser que dependió temporalmente de la Orden de Calatrava, para en el mismo siglo xiv pasar al señorío de los Montemayor ~.

Así, en 1478 era señor Martín Alfonso de Montemayor, aunque para 1500 había pasado a manos de Alonso Fernández de Córdoba, casado con María de Velasco ~‘.

Este señorío fue elevado a condado por Carlos 1 en la persona de Martín Alonso de Córdoba y Velasco. En cl siglo xviii por la política matrimonial seguida, detentaban el condado los marqueses de Villena, dentro de la casa de Oropesa, es decir, el ducado de Frías ~.

Este importante señorío, de más de 5.000 habitantes, ocupaba 237 km2.

3.2.5. Señorío de la Torre de Gil de O/íd
La historia señorial de esta cortijada apenas nos es conocida: sa- bemos que en 1269 Alfonso X entregó la Torre de Gil de Olid y Ja- rafe —enclavadas en el término de Baeza— a treinta y tres infantes baezanos en señorío ~. Hasta fines del siglo xix no volvemos a tener noticias de su detentador: era Juan Pérez de Guzmán y Boza, duque de T’Serclaes de Tilly, grande de España de primera clase, maestran- te del real de Sevilla, gentilhombre de Cámara, señor de la Torre de Gil de Olid y de la Torre de la Margarita ~.

3.3. Señoríos de época moderna

3.3.1. Marquesado de Camarasa
Francisco de los Cobos, secretario de Carlos 1, personaje enraizado en Ubeda, creó un importante señorío en tierras giennenses, de 250 km2 y más de cinco mil personas, a costa de la Orden de Calatrava en1537compró Sabiote,que pronto se alzaría como marquesado; un año más tarde, el emperador ordenaba a los dos barrios de Canena constituyeran un solo ayuntamiento, ya que ambos hablan sido vendidas a su secretario ~.

Poco después adquiría, también, las villas de Torres, Jimena y Recena.

Estas posesiones constituirán un señorío bastante completo, pues el emperador le vendió incluso, los derechos regios: en 1539 da posesión a Francisco de los Cobos de las villas de Torres y Canena ~ y en 1540 le vende las tercias y alcabalas de Sabiote en 16.590 maravedíes así como las de Torres y Canena ~.

Posteriormente, conseguirá los condados de Ricla y Castro y el Adelantamiento de Cazorla, siendo en cuanto a rentas, el primer señor del Reino de Jaén a mediados del siglo xvi

En la primera mitad del siglo xvii fue marqués de Camarasa Manuel de los Cobos y Luna, que fue sucedido en 1669 por Baltasar de los Cobos y Luna, el cual sería nombrado contador mayor de la ciudad de Granada.

Para 1726 era marqués Miguel González de los Cobos, y cuarenta años después, Isabel Raza Gómez de los Cobos.

Con posterioridad, el marquesado de Camarasa se integré en el ducado de Medinaceli, en cuyo archivo se halla su documentación.

3.3.2. Marquesado de la Rambla

La aldea de Cabra del Santo Cristo había pertenecido en el siglo xv al concejo de Ubeda, que hubo de desampararla por lo peligroso de su tenencia.

Despoblada permaneció hasta 1530, en que se rehizo su puebla; unos años más tarde era comprada par Jerónimo
de San Victores de la Portilla 107 Para 1652, su sucesor, Jasé San Víctores de la Portilla, caballero de Alcántara, compraba las tercias del lugar ~% y dos años más tarde hacía lo propio can las alcabalas y unos por ciento.

En 1710 encontramos al señor José San Victores de la Portilla como marqués de la Rambla. Su sucesor, Rodrigo Pe- dro de Orozco San Víctores, fue despojado en 1764 por la Corona de las alcabalas, tercias y derechos del primer y segunda uno por ciento de la nueva alcabala de Cabra.

Poco después, el concejo de Cabra comprada su libertad al rey, por lo que, al tiempo del Atiante, era realenga ‘~.

Esta casa ha perdurado hasta nuestros días. Así, en 1920 fallecía a los veintidós años Bernardo de Orozco y Loring, marqués de la Rambla, con casa solar en Úbeda.

3.3.3. Marquesado de Hinojares

Según Espinalt, Hinojares fue aldea de Pozo-Alcón hasta 1690, que, cama villa, pasé a pertenecer a Iñigo Rodolfo Fernández de Angulo, habiendo pasado al siglo siguiente a manos del conde de Are- nales, como marqués de Hinojares “k

3.3.4. Condado de Huesa
Poco sabemos de este señorío; según Olivares Barragán, fue con- quistada definitivamente por Francisco de la Cueva> al que Enrique IV dio título de cande de Huesa; y, en efecto, como tal condado aparece en la relación de Loynaz 122,

3.3.5. Condado de Torralba y Talara
Torrequebradilla durante la Edad Media fue una dehesa del con- cejo de Jaén, siendo poblada, probablemente, en el sigla xvi.
Para 1612, Antonio de Córdoba y Mendoza, hijo de Gabriel de Córdoba y Aldonza Manrique de Córdoba, compra las alcabalas de
Tarrequebradilla y Torralba 113, aunque hasta 16.40 no es concedido el señorío de ambas localidades a Iñigo Fernández de Córdoba y Mendoza‘~. SusdescendientesfueronloscondesdeTorralbayla- lara y marqueses de Puentes, en tierras sevillanas 115

3.3.6. Marquesado de Coste/moncayo

Parece que la fundación de Noalejo se debe a Menda de Salcedo, criada de la reina Juana, que le vendió el lugar en 1508 ~ Para fines de siglo, su señor, Diego de Maldonado Salcedo, emparentaba con los señores de Jabalquinto’”.

Desconozco el momento en que el señorío de Noalejo se integró en el marquesado de Caátelmoncayo, aunque debió ser antes del si-
glo xviii, en que era marquesa Manuela de Fuenmayor y Dávila, con- juntamente con su hijo, Joaquín de Saavedra Quiñones Pimentel, cu- yos señoríos se extendían por la actual provincia de Madrid —Robledo de Chavela, principalmente— y tierras de León

A fines de siglo, el concejo de Noalejo intentó redimir la jurisdicción del marqués, que les causaba grandes estragos en sus propios -

33.7. Otros señores jienenses
Obviamente, la nobleza de Jaén no se limitaba a los señores re- señados hasta aquí, toda vez que no fueron demasiados —entre los que detentaron propiedades territoriales— los que lograron hacerse con el señorío jurisdiccional de una o varias villas.

Así, es palmario el caso del vizconde de Los Villares, cuyo señorío en 1789 era prácticamente inexistente‘~.

En situación similar se encontraba doña Isabel de Carvajal y Ponce, condesa de Humanes, que era dueña de un coto en Villargordo y patrona de un convento de dominicos en Jaén.

Dos marqueses más se documentan en el Jaén del siglo XVIII: el
marqués de Villanueva de Duero, poseedor de la mitad del patronato del monasterio de la SantísimaTrinidad, y Joaquín Melgarejo, marqués de Quiroga, dueño de unas tenerías.

Por su parte, en la Ubeda del mismo siglo destacan el conde de
Guadiana W y el duque de San Pedro Galatino, también conde de Benalúa ‘~.
4. CoNcLusIoNEs

Aunque la labor a realizar es aún ingente, creo que se puede con- cluir este trabajo volviendo al comienzo, es decir, resaltando cómo el régimen señorial es algo omnipresente en la época moderna: los concejos realengos, que, desde mediados del siglo xlv, van perdiendo autonomía, a fines del siglo xv y comienzos del xvi son dominados por la oligarqula local, representada en el colegio de regidores, las cuales estaban emparentados, por otra parte, con la nobleza detentadora de los señoríos laicos.

Estos, a su vez, crecen a costa de los señoríos religiosos y militares, que son dominados por señores y reyes, respectivamente.

En Cuanto a los linajes giennenses, si hacemos abstracción de los
señoríos creados en los siglos xvii y XVIII, tienden a permanecer en el Reino de Jaén, siendo excepcionales las castas que poseen propiedades fuera de éste.

Es a partir del siglo XVI, cuando, a causa del agotamiento biológico de los linajes y de la política de alianzas matrimoniales, estos señoríos pasan a casas importantes a nivel nacional.

Finalmente, a los pueblos —empobrecidos a causa del despilfarro de sus propios y comunes— no les quedará otra opción que redimirse
por titulo oneroso de sus señores o villas.

Pedro A. PORRAS ARBOLEDAS
(Universidad Autónoma de Madrid)

http://revistas.ucm.es/index.php/ELE...4220797A/24943