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Tema: Cuarto centenario del caso Galileo

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  1. #1
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    Cuarto centenario del caso Galileo

    En este 2016 se cumplen cuatrocientos años de un proceso que no debió haber sucedido nunca. En este hilo, uno más de los ya abiertos sobre Galileo, se van a reproducir algunos artículos de un catedrático de la Universidad de Granada sobre el asunto y publicados por el Diario ABC en los que se ofrecen una visión sin sesgos de aquellos acontecimientos y de las consecuencias posteriores que han llegado a nuestros días.


    Cuatrocientos años del juicio a Galileo: Las consecuencias históricas

    Aunque no son justificables ni el juicio a Galileo ni la condena de las ideas de Copérnico, las relaciones de poder y el contexto histórico de la época lo explican


    JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTA Catedrático De La Universidad De Granada - 26/02/2016 a las 20:25:17h. - Act. a las 19:17:50h.


    Con el transcurrir de los años, la condena del copernicanismo y el caso Galileo han evolucionado mostrando que la Iglesia Católica fue la gran perdedora del conflicto. Aunque no son justificables ni el juicio a Galileo ni la condena de las ideas de Copérnico, las relaciones de poder y el contexto histórico de la época lo explican. Como comentamos previamente, la Iglesia Católica y los filósofos aristotélicos vieron una intromisión en su terrero por parte de la Astronomía. Paradójicamente, Galileo y su insistente concepción de que los textos bíblicos no hay que interpretarlos literalmente y hay que desligarlos de las cuestiones de la Naturaleza, triunfaron con el paso del tiempo. Por otra parte, no es comprensible que la Iglesia Católica no reaccionara con más premura a los hechos de 1616 y, de manera definitiva, no eliminara los libros defensores del copernicanismo del Índice de libros prohibidos hasta 1834. Asimismo, en los posteriores intentos de rehabilitar la figura de Galileo, ha habido cierta tendencia por parte de la Iglesia Católica en justificar, más que explicar, los acontecimientos de 1616 y 1632.

    Si es criticable la actitud de la Iglesia Católica en la justificación de sus posiciones de 1616, también lo es la beligerancia con la que determinados autores han atacado a la Iglesia en sus relaciones con la Ciencia, intentando extrapolar injustificadamente las relaciones Ciencia-Religión de aquella época a épocas posteriores. Son las tesis que surgen a finales del siglo XIX a partir de los libros de Drapper (1874) y White (1896), de los que se deriva una visión sesgada del caso. Dicha visión se ha ido acentuando en el siglo XX con posiciones muy anticlericales sobre el tema que han llevado a creer erróneamente a un elevado porcentaje de población, incluso instruida, que Galileo fue torturado y/o quemado.

    Entender, no juzgar la Historia

    A finales del siglo XIX, y aún menos hoy, el concepto de Ciencia era muy diferente al de inicios del siglo XVII. Ni siquiera los «científicos» eran científicos como en el sentido actual. Galileo, Kepler y Newton consiguieron explicar «científicamente» algunos aspectos de la Naturaleza, pero seguían siendo personas no sólo religiosas, sino que cuando no conseguían explicar o entender algún aspecto de la Naturaleza buscaban la justificación en Dios y la religión. Para ellos seguía siendo Dios la explicación última de todos los fenómenos naturales, es inconcebible creer que la Ciencia y la Filosofía-Religión estaban ya separadas en aquel tiempo. Dicha separación empezó en el siglo XVII, pero se necesitaron siglos para culminarla.

    Galileo Galilei

    Otro ejemplo sobre la visión de la Astronomía de la época nos muestra cómo la Ciencia no es como la comprendemos ahora y cómo las reflexiones sobre el heliocentrismo analizadas en el marco actual de las relaciones Ciencia-Religión son absolutamente desacertadas. Muerto Galileo, a mediados del siglo XVII todavía había muchos astrónomos que seguían sin aceptar el modelo de Copérnico y preferían el modelo de Tycho Brahe, modelo en el que el Sol gira alrededor de la Tierra y los demás planetas alrededor del Sol. Así lo muestra el astrónomo italiano Riccioli que en 1651 escribió el libro «Almagestum Novum» en el que recopiló argumentos científicos a favor y en contra del copernicanismo. La principal razón experimental para objetar al modelo de Copérnico era que al girar la Tierra alrededor del Sol y comprobar que las posiciones relativas de las estrellas no cambiaban en dicho giro, sencillos cálculos geométricos obligaban a aceptar estrellas de tamaños gigantescas, colosales, algo inconcebible para la época. Resulta curioso que defensores de Copérnico, como Christoph Rothmann y Philips Lasbergen, que no encontraban una justificación al problema del hipotético tamaño colosal de las estrellas, alegaban que Dios tenía la facultad de poder dotar de ese gigantesco tamaño a las estrellas. Es decir, los «revolucionarios» copernicanos invocaban a Dios para resolver sus controversias astronómicas con los que no aceptaban el modelo de Copérnico.

    Las reflexiones más extendidas que hay sobre la condena del heliocentrismo y el caso Galileo incumplen pilares fundamentales en la forma de abordar la Historia de la Ciencia: la Historia está para entenderla, no para juzgarla y no podemos analizar los hechos con la mentalidad actual, hay que situarse en la época. Nadie discute que, de manera objetiva, Galileo sufrió mucho e injustamente y que la condena del heliocentrismo por parte de la Iglesia Católica fue un error que afectó negativamente a la evolución de la Ciencia en los países católicos. Sin embargo, a la hora de estudiar y analizar aquellos impactantes hechos, si no colocamos como nudo central de dicho análisis cómo eran las relaciones de poder en aquel tiempo y el conocimiento de lo que era y competía a la Astronomía, Física, Filosofía y Teología de la época, las posibilidades de equivocarnos son enormes. Es lo que ocurre con muchos de los análisis sesgados y sin rigor que se han hecho sobre aquella condena de 5 de Marzo de 1616.



    Cuatrocientos años del juicio a Galileo: Las consecuencias históricas
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  2. #2
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Del mismo autor que el anterior artículo y de la misma fuente del Diario ABC.



    Cuatrocientos años del «caso Galileo»: Las razones de su condena



    JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTACatedrático De La Universidad De Granada - 29/02/2016 a las 08:28:01h. - Act. a las 19:20:35h.


    Analizada la situación del heliocentrismo antes de 1616, señalaremos diferentes aspectos que influyeron en los acontecimientos de aquel año:

    Primero, la confrontación de Galileo con el mundo universitario aristotélico. El claro posicionamiento de Galileo a principios del siglo XVII en favor del heliocentrismo originó continuos y duros enfrentamientos con el mundo aristotélico, generándole una gran animadversión en parte del profesorado de las Universidades del actual norte de Italia.

    Segundo, el conflicto con la Teología. Los aristotélicos viendo que no era suficiente la argumentación filosófica para derribar a Galileo, intentaron trasladar el conflicto a la Teología exponiendo las contradicciones del heliocentrismo con determinados pasajes de la Biblia. Su defensa de una interpretación abierta de la Biblia en cuestiones astronómicas hizo que los teólogos creyeran que Galileo había abordado una cuestión que no era de su competencia. Además, el conflicto entre católicos y protestantes, en el que la interpretación de la Biblia era un punto clave, perjudicó claramente las tesis copernicanas.

    El conflicto entre católicos y protestantes perjudicó mucho al heliocentrismo

    Tercero, el nuevo Universo a la luz de los descubrimientos del telescopio y las ideas de Giordano Bruno. Giordano Bruno fue quemado en el Campo di Fiori en Roma en 1600. Era un defensor del heliocentrismo, pero no tenía buena formación en Astronomía. Su defensa de Copérnico se enmarca más en su concepción del mundo. Los elementos clave para condenar a Bruno fueron una serie de herejías relacionadas con la Trinidad. En el Sumario del Tribunal que juzga a Giordano Bruno en 1598, menos del 10% de los párrafos en los que hay acusaciones o respuestas de Bruno se refieren a temas cosmológicos. Bruno creía en la infinitud del Universo con infinitos mundos habitados por seres vivos. La muerte de Giordano Bruno no afectó, en principio, al heliocentrismo. A partir de 1610, a raíz del nuevo Universo que abrió el descubrimiento del telescopio, las ideas de Giordano Bruno reaparecieron afectando muy negativamente al copernicanismo.

    Los descubrimientos del telescopio

    Cuando Galileo enfocó el telescopio hacia el cielo en 1609 y publicó sus descubrimientos en «Sidereus nuncius» (1610) se produjo una conmoción intelectual que se extendió por toda Europa. La aparición en el cielo de nuevas estrellas, las lunas de Júpiter que parecían un sistema solar en miniatura, las manchas solares y el posterior descubrimiento de las fases de Venus hacían que la concepción aristotélica del Cosmos empezara definitivamente a derrumbarse. Aunque hubo una admiración inicial hacia Galileo por sus descubrimientos con el telescopio, el nuevo Universo que proporcionaba dicho instrumento hizo que las ideas de Bruno volvieran a aparecer con fuerza en los ambientes intelectuales de Europa. El cóctel de las ideas de Giordano Bruno junto con el nuevo Cosmos mostrado por el telescopio generaron una mezcla explosiva y erróneas interpretaciones sobre cuestiones de fe que la Iglesia Católica de aquella época no podía admitir.


    De Revolutionibus Orbium Coelestium

    El 5 de Marzo de 1616, a raíz de un proceso largo y complejo en el que intervienen la publicación de cartas de Galileo en defensa del copernicanismo, el ataque de los filósofos aristotélicos, y la denuncia de un dominico, se incluyó, entre otros, el libro De Revolutionibus de Copérnico en el Índice de libros prohibidos. Sin embargo, se aceptarían versiones censuradas de dicho libro en las que expusiera que el modelo fuese «ex suppositione», es decir, como suposición matemática sin correspondencia alguna con la realidad física. No podía declararse hereje ya que había sido clave en la elaboración del Calendario Gregoriano y en la determinación precisa de la fecha de la Pascua. Resulta curioso que un estudio recopilatorio sobre los libros existentes en Europa de las dos primeras ediciones del libro de Copérnico no encontrara libros censurados en casi ningún país europeo excepto la actual Italia. El alcance inicial de la censura fue muy limitado y dicho estudio no encontró en España ningún libro censurado. En Salamanca, la primera censura a un ejemplar de Copérnico no aparece hasta 1707.

    En relación a Galileo, se le prohibió enseñar y defender las ideas de Copérnico, cuestión que inicialmente aceptó disciplinadamente. Posteriormente, la situación de Galileo empeoró notablemente al publicar en Florencia en 1632 el «Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo» en el que defendía las tesis copernicanas. Todo esto inició un oscuro proceso en el Galileo sufrió enormemente y fue condenado a prisión en 1633 y el «Diálogo», prohibido. La pena de prisión fue inmediatamente conmutada por la pena de arresto domiciliario, que finalmente cumplió en su villa a las afueras de Florencia hasta su muerte en 1642. La condena de 1616 y el posterior juicio a Galileo tuvieron una serie de implicaciones que veremos en el siguiente y último artículo sobre el tema.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

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  3. #3
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Tercera entrega, que en realidad es la primera, pero la Historia también se puede explicar partiendo del presente hacia el pasado y a veces conviene.



    Cuatrocientos años del caso Galileo y la condena del heliocentrismo: desmontando los falsos mitos


    Al contrario de lo que se piensa, la Iglesia católica y, sobre todo, las universidades españolas, acogieron sin problemas el modelo propuesto por Nicolás Copérnico. El enfrentamiento del astrónomo italiano fue en realidad con los filósofos de la época


    JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTA Catedrático De La Universidad De Granada - 24/02/2016 a las 20:13:50h. - Act. a las 08:22:38h.


    Este año se cumple el 400 aniversario de la inclusión en el Índice de Libros Prohibidos de la obra de Nicolás Copérnico «De Revolutionibus Orbium Caeslestium», libro en el que se propone el modelo heliocéntrico, así como la advertencia a Galileo Galilei de no difundir las teorías copernicanas.

    La condena del heliocentrismo y el caso Galileo, es un tema que ha sido distorsionado y tratado sin rigor fuera de las revistas y libros especializados. Basta un ejemplo para demostrarlo, según algunos estudios un elevadísimo porcentaje de estudiantes europeos cree que Galileo murió en la hoguera y/o fue torturado, cuando no ocurrió ninguno de ambos hechos. El debate que percibe el ciudadano sobre la condena del heliocentrismo y el caso Galileo queda reducido básicamente a un conflicto Ciencia-Religión con nuestro punto de vista actual, cuando en el siglo XVII el conflicto, así planteado, era imposible. En este primer artículo, vamos a exponer brevemente los antecedentes a los hechos de 1616.

    La confrontación fue con la filosofía natural aristotélica

    Copérnico publica De Revolutionibus en 1543, hecho que marca el origen de la nueva Astronomía y la Revolución Científica. En dicho libro, Copérnico propone el modelo heliocéntrico en el que la Tierra y demás planetas giran alrededor del Sol, aunque no hay que olvidar que dicho modelo había sido presentado por Copérnico en textos previos como el Commentariolus, escrito alrededor de 1510. El heliocentrismo era revolucionario porque al proponer el movimiento de la Tierra alrededor de su eje y del Sol, originaría una confrontación con las teorías sobre el movimiento de la filosofía natural aristotélica, que era el pilar del conocimiento en todas las Universidades. Dicha filosofía se fundamentaba en la ausencia de movimiento de la Tierra.

    La universidad de Salamanca

    Aunque tuvo sus detractores, el modelo de Copérnico fue bien recibido en muchos lugares de Europa, siendo mejor su recepción en el mundo católico que en el protestante. Por ejemplo, Copérnico fue animado en 1536 por algunos de cardenales de la Iglesia Católica para que publicara más detalladamente sus ideas. En España, al contrario de lo que se cree, las obras de Copérnico tuvieron una buena acogida. En la Universidad de Salamanca, De Revolutionibus era un libro optativo a partir de 1563 y pasó a ser obligatorio en la enseñanza de la Astronomía en 1593, convirtiendo posiblemente a España en el primer país donde el modelo de Copérnico fue de enseñanza obligatoria. También Diego de Zúñiga, catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de Osuna, publicó en 1568 «In Job commentia», libro en el que hacía una defensa del modelo heliocéntrico. Los trabajos de Copérnico eran conocidos en las Universidades de Alcalá y Valladolid y en la Casa de Contratación de Sevilla, donde el interés por la navegación hacía fundamental conocer todos los avances en Astronomía.

    Un hecho importante a favor del modelo de Copérnico es que fue utilizado para la elaboración de las tablas pruténicas o prusianas (Reinhold, 1551) que fueron decisivas en la elaboración del Calendario Gregoriano, calendario que en la actualidad sigue vigente en la mayor parte de países del mundo. A finales del siglo XVI es imposible afirmar que el modelo heliocéntrico estuviera «perseguido», aunque seguía siendo un modelo que generaba controversia.

    Choque con la Filosofía, no con la Teología

    Con el paso del tiempo, y el apoyo de Galileo y Kepler en los primeros años del siglo XVII a la teoría de Copérnico, los filósofos empezaron a ver al heliocentrismo como una teoría que podía derrumbar los fundamentos del conocimiento firmemente establecido durante siglos. Este punto es importante para entender todo lo relacionado con el heliocentrismo, en el siglo XVI y principios del XVII no existía la Ciencia como la entendemos ahora y la Teología y la Filosofía eran «superiores» en el conocimiento a la Astronomía.

    La nueva Astronomía se atrevía a poner en duda cuestiones que pertenecían a la Filosofía (inicialmente no hubo conflicto con la Teología). En aquel tiempo la pregunta no era: ¿Qué hacen la Teología y la Filosofía explicando cuestiones que competen a la Astronomía?, sino, ¿qué hace la Astronomía opinando sobre cuestiones cuya autoridad compete a la Filosofía y/o Teología? El mismo Copérnico, en el debate sobre si el universo era finito o infinito, alegaba que eso no era competencia de los astrónomos sino de los filósofos. Sólo Galileo y algún astrónomo más como Kepler, empezaban a poner en duda la autoridad de los filósofos. Galileo nunca discutió la supremacía de la Teología, lo dejó bien claro en sus escritos, sólo afirmaba que la Biblia, en su descripción de los fenómenos astronómicos, no podía ser interpretada literalmente. Como veremos en el siguiente artículo, los hechos acontecidos en las primeras décadas del siglo XVII darán un vuelco a la situación de la teoría heliocéntrica.

    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

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  4. #4
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    No puedo menos que expresar mi desacuerdo total con la conclusión del catedrático Don José Ramón Jiménez, a saber, que el origen de los procesos y condenas contra Galileo tuvieran que ver más bien con cuestiones de Filosofía que con cuestiones concernientes a la Teología y a la Fe de la Iglesia.

    Lo que se ha venido en llamar "caso Galileo" comprende dos partes, correspondientes cada una a los dos procesos llevados a cabo por el Santo Oficio de Roma: (1) el primer proceso tuvo lugar en los años 1615-1616; (2) el segundo tuvo lugar en los años 1632-1633.

    Como este hilo trata del cuarto centenario del primer proceso, a él voy a ceñirme exclusivamente. De hecho, este primer proceso es muchísimo más importante que el segundo, pues es en él en donde se fijan las causas y motivos reales que dieron lugar a la incoación del segundo proceso 17 años después. Si se analizan los principales documentos de este primer proceso, se podrá comprobar, creo yo, en contra de la tesis del profesor Jiménez Cuesta, que precisamente fueron los motivos teológicos y/o religiosos (y no las razones de índole filosófica, que sólo ocupaban un lugar puramente secundario o accesorio en todo este asunto) los que constituyeron la base o fundamento esencial de la posterior condena que desembocaría, en este primer proceso, dando fin al mismo, en el Decreto de la Sagrada Congregación del Índice, el 5 de Marzo de 1616.

    Aunque reproduzco después la mayor parte de los principales documentos de este primer proceso, creo que vendrá bien que haga un pequeño resumen introductorio.

    El profesor Galileo dejó de ejercer la enseñanza en la Universidad de Padua y se trasladó en 1610 a su patria en Florencia, entrando a servir como filósofo y matemático en la Corte del Gran Duque de Florencia. Parece ser que fue en este tiempo de principios de esta segunda década del siglo cuando Galileo abrazó definitivamente la opinión copernicana, y empezó a tener muchos seguidores en la ciudad de Florencia (que se llamaban Galileistas) que se dedicaban a propalar y difundir la ideología de su maestro.

    El punto culminante de esta situación se produjo a finales de 1614 cuando el dominico Tomás Caccini se vio envuelto en una disputa con los Galileistas a raíz de un sermón suyo en la iglesia de Santa María Novella; a su vez, también había llegado a manos del dominico Nicolás Lorini una carta que Galileo había escrito a su amigo Castelli, en la que se tocaban temas concernientes a la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras.

    El proceso se inicia a raíz de las denuncias de estos dos dominicos. Y termina finalmente con un dictamen doctrinal realizado por una comisión de 11 teólogos el 24 de febrero de 1616. A Galileo se le conmina privadamente a no enseñar más esa ideología. Y finalmente se publica, dando fin a este primer proceso, el Decreto disciplinar de la Sagrada Congregación del Índice.
    Última edición por Martin Ant; 12/03/2016 a las 12:43

  5. #5
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Documentos de condena del copernicanismo

    Fuente primaria: Favaro, Antonio, editor. 1890 – 1909. Le Opere di Galileo Galilei. 20 vols. Edición Nacional de las obras completas de Galileo. Florencia: Barbèra. [La numeración que aparece entre corchetes en la documentación reproducida pertenece a las páginas correspondientes a esta edición].

    Fuentes secundarias:

    (1) The Galileo Affair. A Documentary History. Maurice A. Finocchiaro. University of California Press. 1989. Páginas 146 – 150.

    (2) Galileo Galilei. Carta a Cristina de Lorena. Moisés González García, editor. Alianza Editorial. 2006. Páginas 31, y 159 – 161.

    (3) The essential Galileo. Maurice A. Finocchiaro. Hackett Publishing Company, Inc. 2008. Páginas 168 – 175.




    Nota mía. El Padre Maestro Fray Niccolò Lorini, O.P., envió una queja escrita el 15 de Febrero de 1615 al Cardenal Paolo Sfondrati, miembro de la Inquisición Romana y Prefecto de la Sagrada Congregación del Índice.


    Denuncia de Lorini


    (7 de Febrero de 1615)



    [297] Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

    Además del deber común de todo buen cristiano, existe una obligación ilimitada que vincula a todos los frailes dominicos, pues fueron designados por el Santo Padre como los sabuesos blancos y negros del Santo Oficio. Esto se aplica en particular a todos los teólogos y predicadores y, por tanto, a mí, el más bajo de todos y el más devoto de Vuestra Ilustrísima Señoría.

    Me he encontrado con una carta que está pasando aquí por manos de todo el mundo, surgida de entre aquéllos que son conocidos como “Galileistas”, los cuales, siguiendo las opiniones de Copérnico, afirman que la tierra se mueve y que los cielos están inmóviles. A juicio de todos los Padres de este muy religioso convento de San Marcos, aquélla contiene muchas proposiciones que a nosotros nos parecen, o sospechas o temerarias: por ejemplo, que ciertas formas en que se expresa la Sagrada Escritura son inapropiadas; que en las disputas acerca de efectos naturales la misma Escritura ocupa el último lugar; que sus expositores a menudo están equivocados en sus interpretaciones; que la misma Escritura no debe inmiscuirse en ninguna otra cosa que no sean las materias concernientes a la fe; y que, en cuestiones acerca de los fenómenos naturales, el argumento de carácter filosófico o astronómico posee más fuerza que el de carácter sacro y divino. Vuestra Ilustrísima Señoría puede ver esas proposiciones subrayadas por mí en la carta antes mencionada, de la cual le envío una copia fiel. Finalmente, afirma que cuando Josué ordenó al sol detenerse, uno debe entender que la orden le fue dada al Primer Móvil y no al sol mismo.

    Además de estar pasando esta carta por manos de todo el mundo, sin que sea parado por las autoridades, me parece que algunos quieren exponer la Sagrada Escritura a su propia manera y contra la exposición común de los Santos Padres, y defender [298] una opinión en apariencia totalmente contraria a la Sagrada Escritura. Más aún, he oído que ellos hablan irrespetuosamente de los antiguos Santos Padres y de Santo Tomás; que pisotean bajo sus pies toda la filosofía aristotélica, tan útil para la teología escolástica; y, a fin de aparentar ingenio, profieren y difunden miles de impertinencias por toda nuestra ciudad, que se mantiene tan católica por su propia naturaleza buena y por la vigilancia de nuestros Serenísimos Príncipes.

    Por estas razones me decidí, como ya dije, a enviársela a Vuestra Ilustrísima Señoría, quien está lleno del más santo celo, y quien, por la posición que vos ocupáis, es responsable, junto con vuestros ilustrísimos colegas, de mantener vuestros ojos abiertos en semejantes materias; pues, si os pareciera que hubiera necesidad alguna de corrección, vos podríais encontrar aquellos remedios que juzgarais necesarios, a fin de que un pequeño error al comienzo no se convierta en uno grande al final.

    Aunque quizás podría haberos enviado una copia de algunas notas sobre la dicha carta hechas en este convento, sin embargo, por modestia me refrené, ya que os estaba escribiendo a vos, que sabéis mucho, y a Roma, en donde, como decía San Bernardo, la santa fe posee ojos de lince.

    Declaro que yo considero a todos aquellos llamados Galileistas como hombres de buena voluntad y buenos cristianos, pero un poco presuntuosos y fijos en sus opiniones; del mismo modo, declaro que al tomar esta acción no me ha movido nada más que el celo.

    Pido también a Vuestra Ilustrísima Señoría que esta carta mía (no me estoy refiriendo a la otra carta mencionada antes) sea mantenida en secreto por vos, como estoy seguro que lo haréis, y que sea considerada no como una declaración judicial sino sólo como una nota amigable entre vos y yo, igual que la de entre un sirviente y un patrón especial.

    Y también os informo que la ocasión que dio lugar a este escrito mío fueron uno o dos sermones públicos dados en nuestra iglesia de Santa María Novella por el Padre Tommaso Caccini, comentando sobre el libro de Josué y el capítulo 10 de dicho libro.

    Así pues, termino pidiéndoos vuestra santa bendición, besando vuestras prendas y pidiéndoos una partícula de vuestras santas oraciones.


    ----------------------------------------------




    Declaración de Caccini


    (20 Marzo 1615)


    [307] Viernes, 20 de Marzo de 1615.

    Compareció personalmente y por su propia voluntad en Roma, en el gran salón de interrogatorios del palacio del Santo Oficio, en presencia del Reverendo Padre Michelangelo Segizzi, O.P., Maestro en Sagrada Teología y Comisario General de la Santa Inquisición Romana y Universal, etc., el Reverendo Padre Tommaso Caccini, hijo del fallecido Giovanni Caccini, florentino, sacerdote profeso de la Orden de Predicadores, Maestro y Bachiller por el convento de Santa María sopra Minerva de Roma, aproximadamente treinta y nueve años de edad. Habiéndosele administrado el juramento para decir la verdad, declaró lo siguiente:

    Yo había hablado con el Ilustrísimo Señor Cardenal Aracoeli acerca de algunas cosas que estaban teniendo lugar en Florencia, y ayer me mandó llamar y me dijo que debería venir aquí y contaros todo a vos. Puesto que se me dijo que era necesaria una declaración legal, me encuentro aquí con ese propósito. Digo, pues, que el cuarto Domingo de Adviento de este pasado año [es decir, el 21 de Diciembre de 1614] yo estaba predicando en la Iglesia de Santa María Novella de Florencia, a donde había sido asignado este año por los superiores como lector de la Sagrada Escritura, y yo continúe con la historia de Josué, ya comenzada anteriormente. Precisamente en aquel Domingo sucedió que leí el pasaje del capítulo décimo de ese libro en donde el escritor sagrado relata el gran milagro que Dios hizo, en respuesta a las oraciones de Josué, deteniendo el sol, es decir, “Sol, detente en Gabaón”, etc. Después de interpretar este pasaje, primero en un sentido literal, y después de acuerdo con su intención espiritual para la salvación de las almas, tomé la oportunidad para criticar, con la modestia que aprovecha al oficio que ocupo, una cierta opinión propuesta una vez por Nicolás Copérnico, y que hoy día es sostenida y enseñada por el Sr. Galileo Galilei, matemático, de acuerdo con una opinión pública muy extendida en la ciudad de Florencia. Se trata de la opinión de que el sol, siendo [308] para él el centro del mundo, es inmóvil en lo que se refiere al movimiento local progresivo, esto es, el movimiento de un lugar a otro. Yo dije que esa opinión está considerada como discordante con la fe católica por muy serios escritores, puesto que contradice muchos pasajes de la divina Escritura cuyo sentido literal, tal y como ha sido dado unánimemente por los Santos Padres, resuena y da a entender lo opuesto; por ejemplo, el pasaje del decimoctavo Salmo, o el primer capítulo del Eclesiastés, o Isaías 38, además del pasaje de Josué ya citado. Y a fin de inculcar a mi auditorio que esa enseñanza mía no estaba originada a partir de un capricho mío, les leí la doctrina de Nicolás Serarius (decimocuarta cuestión acerca del capítulo 10 de Josué): después de decir que esa posición de Copérnico era contraria a la explicación común de casi todos los filósofos, todos los teólogos escolásticos, y todos los Santos Padres, añadía que él no podía ver cómo una opinión como esa no venía a ser casi herética, a consecuencia de los pasajes de la Escritura antes mencionados. Después de esta disertación, les previne que a nadie se le permitía interpretar la divina Escritura en una forma contraria a aquel sentido en el que están de acuerdo todos los Santos Padres, ya que esto estaba prohibido tanto por el Concilio de Letrán bajo León X como por el Concilio de Trento.

    Aunque esta advertencia caritativa mía complació enormemente a muchos caballeros educados y devotos, disgustó desmedidamente a ciertos discípulos del antedicho Galilei; así, varios de ellos se acercaron al predicador de la catedral para que predicara, sobre este asunto, contra la doctrina que yo había expuesto. Habiendo oído muchos rumores, por celo a la verdad yo informé al mismísimo reverendo Padre Inquisidor de Florencia lo que mi conciencia me había conducido a comentar en relación al pasaje de Josué; también le sugerí que sería bueno refrenar a ciertas mentes petulantes, discípulos del mencionado Galilei, de quienes el Reverendo Padre Fray Ferdinando Ximenes, regente de Santa María Novella, me había dicho que de algunos de ellos él había oído estas tres proposiciones: “Dios no es de ninguna manera una sustancia, sino un accidente”; “Dios es sensitivo porque hay en él sentidos divinos”; y, “en verdad los milagros que se dice que han hecho los santos no son verdaderos milagros.”

    Después de estos hechos el Padre Maestro Fray Niccolò Lorini me mostró una copia de una carta escrita por el antedicho Sr. Galileo Galilei dirigida al Padre Benedetto Castelli, monje benedictino y profesor de matemáticas en Pisa, en la cual a mí me parecía que contenía doctrinas cuestionables en el campo de la teología. Puesto que una copia de la misma fue enviada al Señor Cardenal de Santa Cecilia, no tengo nada más que añadir sobre eso.

    Así pues, declaro a este Santo Oficio que es una opinión extendida que el antes mencionado Galilei sostiene estas dos proposiciones: la tierra se mueve en su conjunto, así como también con movimiento diario; el sol está inmóvil. Estas son proposiciones que, de acuerdo con mi [309] conciencia y entendimiento, son repugnantes a las divinas Escrituras tal y como son expuestas por los Santos Padres y, consecuentemente, a la fe, la cual enseña que debemos creer como verdadero lo que está contenido en la Escritura. Y por ahora no tengo nada más que decir.


    Se le preguntó: Cómo sabe que Galileo enseña y sostiene que el sol está inmóvil y que la tierra se mueve, y si supo de esto expresamente por otros.

    Contestó: Aparte de la notoriedad pública, como antes dije, también escuché de Monseñor Filippo de’ Bardi, Obispo de Cortona, en el tiempo en que yo estuve allí y después en Florencia, que Galilei sostiene las proposiciones antes mencionadas como verdaderas; él añadía que esto le parecía muy extraño, ya que no estaban de acuerdo con la Escritura. También lo escuché de un cierto caballero florentino de la familia Attavanti, un seguidor del mismo Galilei, quien me dijo que Galilei interpretaba la Escritura de tal forma que no entrara en conflicto con su opinión. No recuerdo el nombre de este caballero, ni tampoco sé cuál es su casa en Florencia; estoy seguro de que viene a menudo a servir en Santa Maria Novella de Florencia, que lleva ropas de sacerdote, y que tiene veintiocho o treinta años de edad quizás, con tez color de oliva, barba color castaño, talla media, y una cara fuertemente delineada. Me lo dijo este pasado verano, alrededor del mes de agosto, en la habitación del Padre Ferdinando Ximenes, con ocasión de que el Padre Ximenes me estaba diciendo que no debería tomarme demasiado tiempo en discutir el milagro de la detención del sol cuando él (Ximenes) estaba por allá. También leí esa doctrina en un libro impreso en Roma, que trataba acerca de las manchas solares, publicado bajo el nombre del susodicho Galileo, y que me fue prestado por el dicho Padre Ximenes.

    Se le preguntó: Quién es el predicador de la catedral, al cual acudieron los discípulos de Galileo a fin de conseguir un sermón público contra la doctrina, enseñada de manera igualmente pública, por el demandante mismo, y quiénes son esos discípulos que hicieron tal petición al susodicho predicador.

    Contestó: El predicador de la catedral de Florencia al cual se acercaron los discípulos de Galileo para que predicara contra la doctrina que yo enseñé es un Padre Jesuita de Nápoles, cuyo nombre no lo sé. Tampoco he sabido de estas cosas por el susodicho predicador, ya que ni siquiera hablé con él. Sino que me las dijo el Padre Emanuele Ximenes, un Jesuita, a quien el susodicho predicador le había pedido consejo, y quien le disuadió. Tampoco sé quiénes fueron los discípulos de Galilei que contactaron con el predicador acerca de los temas antes mencionados.

    Se le preguntó: Si alguna vez ha hablado con el susodicho Galileo.

    Respondió: Ni siquiera sé qué aspecto tiene.

    Se le preguntó: Cuál es la reputación del susodicho Galileo en la ciudad de Florencia en relación a materias de fe.

    Respondió: Para muchos es considerado un buen católico. Para otros es considerado con sospecha en materias de fe porque dicen que está muy cercano a Fray Paolo, de la Orden de los Servitas, [310] famoso en Venecia por sus impiedades; y dicen que se intercambian cartas entre ellos incluso ahora.

    Se le preguntó: Si recuerda de qué persona o personas ha sabido sobre estas cuestiones.

    Respondió: Escuché estas cosas del Padre Maestro Niccolò Lorini y de otro Sr. Ximenes, Prior de los Caballeros de Santo Stefano. Ellos me dijeron las cosas antes mencionadas. Esto es, el Padre Niccolò Lorini me ha repetido varias veces, e incluso me ha escrito aquí en Roma, que entre Galileo y el Maestro Paolo hay intercambio de cartas y gran amistad, y que este último es sospechoso en materias de fe. Y el Prior Ximenes no me dijo nada diferente acerca de la cercanía que hay entre el Maestro Paolo y Galileo, excepto solamente que Galilei es sospechoso y que, mientras estaba en Roma una vez, supo de cómo el Santo Oficio estaba intentado hacerse con él, en razón de lo cual huyó. Esto me fue dicho en la habitación del antes mencionado Padre Ferdinando, su primo, aunque no recuerdo exactamente si el dicho Padre estaba presente allí.

    Se le preguntó: Si supo del antes mencionado Padre Lorini y del Caballero Ximenes el por qué consideraban al susodicho Galileo sospechoso en materias de fe.

    Respondió: Ellos no me dijeron ninguna otra cosa excepto que le consideraban sospechoso por razón de las proposiciones que él sostenía concernientes a la inmovilidad del sol y al movimiento de la tierra, y porque este hombre quería interpretar la Sagrada Escritura contra el sentido dado comúnmente por los Santos Padres.

    Añadió por su cuenta: Este hombre, junto con otros, pertenece a una academia –no sé si la organizaron ellos mismos– que lleva el título de “Linceana”. Y se cartean con otros en Alemania; al menos Galileo lo hace, como uno puede ver por ese libro suyo sobre las manchas solares.

    Se le preguntó: Si le había contado a él mismo con detalle el Padre Ferdinando Ximenes las personas de quienes él había tenido conocimiento acerca de estas proposiciones: que Dios no es una substancia sino un accidente, que Dios es sensitivo, y que los milagros de los Santos no son verdaderos milagros.

    Contestó: Me parece recordar que dio el nombre de Attavanti, a quien he descrito como uno de aquéllos que proferían las susodichas proposiciones. No recuerdo a ningún otro.

    Se le preguntó: Dónde, cuándo, en presencia de quiénes, y en qué ocasión el Padre Ferdinando le contó que los discípulos de Galileo le habían mencionado las susodichas proposiciones.

    Contestó: Fue en varias ocasiones (a veces en el claustro, a veces en el dormitorio, a veces en su celda) que el Padre Ferdinando me contó que él había oído las susodichas proposiciones por los discípulos de Galileo; él lo hizo después de yo haber predicado aquel sermón, con ocasión de estarme contando que él me había defendido contra esa gente. Y no recuerdo que hubiera alguna vez alguien más presente.

    Se le preguntó: Sobre su hostilidad hacia el susodicho Galileo, hacia la persona de Attavanti, y también hacia otros discípulos del susodicho Galileo

    Contestó: No sólo no tengo ninguna hostilidad hacia el susodicho Galileo, sino que ni siquiera le conozco. Igualmente, no tengo ninguna hostilidad ni odio hacia Attavanti, o hacia otros discípulos de Galileo. Antes bien, rezo a Dios por ellos.

    [311] Se le preguntó: Si el susodicho Galileo enseña públicamente en Florencia, y qué disciplina; y si sus discípulos son numerosos.

    Contestó: No sé si Galileo da lecciones públicamente, ni tampoco si tiene muchos discípulos. Lo que sé es que en Florencia tiene muchos seguidores que se llaman Galileistas. Son ellos los que ensalzan y elogian su doctrina y opiniones.

    Se le preguntó: De qué ciudad natal procede Galileo, cuál es su profesión, y dónde estudió.

    Contestó: Él se considera a sí mismo florentino, pero he oído que es pisano. Su profesión es la de matemático. Por lo que he oído, él estudió en Pisa y ha dado lecciones en Padua. Tiene más de sesenta años.


    Con esto fue despedido, habiéndosele obligado a silencio por juramento y habiéndose obtenido su firma.

    Yo, Fray Tommaso Caccini, doy fe de las cosas antedichas.

    -------------------------------------------

    Nota mía. El Padre Maestro Ferdinando Ximenes, O.P., declaró y fue interrogado en Florencia ante el Inquisidor General de Florencia y sus posesiones, Padre Maestro Lelio Marzoni de Faventia (por orden escrita en carta enviada por el Cardenal Inquisidor Fabrizio Veralli en Roma, de 7 de Noviembre de 1615). Este interrogatorio tuvo lugar el día 13 de Noviembre de 1615.


    Nota mía. El Reverendo Señor Gianozzo Attavanti, clérigo menor, declaró y fue interrogado ante el mismo Inquisidor General de Florencia (por orden escrita en la misma carta antes señalada). Este interrogatorio tuvo lugar el día 14 de Noviembre de 1615.

    ------------------------------------------




    Dictamen de los Consultores sobre el Copernicanismo

    (24 Febrero 1616)



    Censura realizada en el Santo Oficio, Roma, Miércoles, 24 Febrero 1616, ante los Padres Teólogos abajo firmantes.

    Proposiciones objeto de censura: [321]

    1. El Sol está ubicado en el centro del mundo y, por consiguiente, carece de movimiento local.

    Censura: Todos dijeron que tal proposición era necia y absurda desde el punto de vista filosófico, y formalmente herética ya que contradice expresamente afirmaciones de las Sagradas Escrituras en muchos pasajes, tanto atendiendo a su significado literal como a la común explicación y sentido que les han dado los Santos Padres y los Doctores en Teología.


    2. La Tierra no está ubicada en el centro del mundo ni es inmóvil, sino que se mueve toda ella, incluso con el movimiento diario.

    Censura: Todos dijeron que esta proposición merece idéntica censura que la anterior desde el punto de vista filosófico; si se la analiza desde el punto de vista teológico es al menos errónea por lo que se refiere a la fe.



    Petrus Lombardus, Arzobispo de Armagh.

    Fray Hyacintus Petronius, Maestro del Sacro Palacio Apostólico.

    Fray Rafael Rifoz, Maestro en Teología y Vicario General de la Orden de Predicadores.

    Fray Michelangelo Segizzi, Maestro en Sagrada Teología y Comisario del Santo Oficio.

    Fray Hieronimus de Casalimaiori, Consultor del Santo Oficio.

    Fray Tomás de Lemos.

    Fray Gregorious Nunnius Coronel.

    Benedictus Justinianus, Compañía de Jesús.

    Padre Rafael Rastellius, Clérigo Regular, Doctor en Teología.

    Padre Miguel de Nápoles, Congregación Casinense.

    Fray Iacobus Tintus, asistente del Reverendísimo Padre Comisario del Santo Oficio.




    --------------------------------------------------------------------



    Actas de la Inquisición (25 Febrero 1616)


    Jueves, 25 Febrero 1616.

    El Ilustrísimo Señor Cardenal Millini informó a los Reverendos Padres Señor Asesor y Señor Comisario del Santo Oficio que, después de ser notificado del juicio realizado por los Padres Teólogos contra las proposiciones del matemático Galileo (en el sentido de que el sol está inmóvil en el centro del mundo y la tierra se mueve, incluso con movimiento diario), Su Santidad ordenó al Ilustrísimo Señor Cardenal Belarmino llamar a Galileo a su presencia y que le hiciera la advertencia (moneat) de abandonar esas opiniones; y que si se negaba a obedecer, el Padre Comisario, en presencia de un notario y de testigos, le diera la orden (praeceptum) de abstenerse totalmente de enseñar o defender esta doctrina y opinión, o de discutirla; y, en caso de que no se sometiera, que fuera encarcelado.


    ----------------------------------------------------------

    Orden Especial (26 Febrero 1616)


    Viernes, a 26 del mismo mes.

    En el palacio de residencia habitual del susodicho Ilustrísimo Señor Cardenal Belarmino y en las cámaras de Su Ilustrísima Señoría, [322] y completamente en presencia del Reverendo Padre Michelangelo Segizzi de Lodi, O.P. y Comisario General del Santo Oficio, habiendo convocado al antedicho Galileo en su presencia, el mismo Ilustrísimo Señor Cardenal advirtió a Galileo de que la antedicha opinión era errónea y que debía abandonarla; y después, más tarde, delante mía y de testigos, estando todavía presente el mismo Ilustrísimo Señor Cardenal, el mencionado Padre Comisario, en nombre de Su Santidad el Papa y de toda la Congregación del Santo Oficio, ordenó y conminó al susodicho Galileo, quien todavía estaba presente, a abandonar completamente la antedicha opinión de que el sol está inmóvil en el centro del mundo y que la tierra se mueve, y a no sostenerla, enseñarla o defenderla de ahí en adelante en forma alguna, ya sea oralmente o por escrito; de lo contrario, el Santo Oficio iniciaría un proceso contra él. El propio Galileo se sometió a esta orden y prometió obedecer.

    Dado en Roma, en el lugar antes mencionado, en presencia, como testigos, del Reverendo Badino Nores de Nicosia del reino de Chipre, y Agostino Mongardo de la Abadía de Rosa de la diócesis de Montepulciano, ambos pertenecientes a la familia del susodicho Ilustrísimo Señor Cardenal.


    ----------------------------------------------------

    Actas de la Inquisición (3 Marzo 1616)

    Habiendo recibido el informe por parte del Ilustrísimo Señor Cardenal Belarmino de que el matemático Galileo Galilei se había sometido cuando fue advertido de la orden de la Sagrada Congregación de que abandonara la opinión que él había sostenido hasta entonces, en el sentido de que el sol está inmóvil en el centro de las esferas pero en cambio la tierra está en movimiento, y habiéndosele presentado el Decreto de la Congregación del Índice en el cual se prohibía y suspendía, respectivamente, los escritos de Nicolás Copérnico Sobre la revolución de los orbes celestes, y el de Diego Zúñiga Sobre Job, y el del Padre Carmelita Paolo Antonio Foscarini, Su Santidad ordenó que el edicto de esta suspensión y prohibición, respectivamente, fuera publicado por el Maestro del Sacro Palacio.



    ------------------------------------------------------------


    Decreto del Índice (5 de Marzo 1616)


    Decreto de la Sagrada Congregación de los Ilustrísimos S.R.E. Cardenales, particularmente delegados por S.D.N. el Papa Pablo V y por la Santa Sede Apostólica para el Índice de los libros, y para su permiso, prohibición, corrección e impresión en la universal República Cristiana, para que sea publicado en todas partes.


    Ya hace algún tiempo salieron a la luz algunos libros que contenían diversas herejías y errores; por ello, la Sagrada Congregación de los Ilustrísimos S.R.E. Cardenales delegados para el Índice, para que día a día no se produzcan perjuicios en toda la República Cristiana a causa de una lectura más profunda de estos libros, ha querido que sean totalmente condenados y prohibidos. De la misma manera por el presente Decreto condena y prohíbe absolutamente que estén impresos o vayan a estarlo en cualquier idioma y lugar, ordenando a continuación que nadie, sea cual sea su grado y condición, y bajo las penas contenidas en el Sagrado Concilio de Trento y en el Índice de los libros prohibidos, se atreva a imprimirlos o se preocupe de su impresión, o los tenga de alguna manera en su casa o los lea. Y bajo estas mismas penas, las de los Ordinarios del lugar o las de los Inquisidores, cualquiera que los tenga ahora en casa o vaya a tenerlos en el futuro, ha de mostrarlos en cuanto tenga conocimiento del presente Decreto.

    Los libros están citados en la parte inferior, a saber:

    Teología Calvinista (en tres partes), por Conradus Schlusserburgius.

    Scotanus Redivivus, o Comentario Erótico en Tres Partes, etc… [323]

    Explicación Histórica de la Más Importante Cuestión en las Iglesias Cristianas Especialmente en Occidente, desde el Tiempo de los Apóstoles Hasta Nuestra Época, por Jacobus Usserius, profesor de sagrada teología en la Academia de Dublín, en Irlanda.

    Investigación Acerca de la Pre-eminencia Entre las Provincias Europeas, Dirigida en el Ilustre Colegio de Tübingen, en 1613 A.D., por Fridericus Achillis, Duque de Wittenberg.

    Principios de Donellus, o Comentarios de Derecho Civil, Compendiado para…, etc., por Hugo Donellus.


    Y también llegó a conocimiento de dicha Sagrada Congregación que aquella falsa doctrina pitagórica, contraria totalmente a la Divina Escritura, sobre el movimiento de la Tierra y la inmovilidad del Sol, que enseña Nicolás Copérnico en su libro, De las revoluciones de los orbes celestes, y Diego de Zúñiga en su Comentario sobre Job, ya había sido divulgada y aceptada por muchos; lo mismo se puede ver a partir de cierta carta impresa de un padre carmelita, cuyo título es: Carta de R. padre carmelita Maestro Pablo A. Foscarini, sobre la opinión de los pitagóricos y de Copérnico acerca del movimiento de la Tierra y de la inmovilidad del Sol, y el nuevo sistema pitagórico del mundo, Nápoles, editado por Lázaro Scorigio, 1615; en ésta, el citado padre se esfuerza en demostrar que la doctrina antes mencionada sobre la inmovilidad del Sol en el centro del mundo y el movimiento de la Tierra, está de acuerdo con la verdad y no es contraria a la Sagrada Escritura; por ello, para que de este modo, no se extienda poco a poco una ulterior opinión en perjuicio de la verdad católica, la Sagrada Congregación ha decretado que las citadas Sobre la revolución de los orbes celestes, de Nicolás Copérnico, y el Comentario sobre Job, de Diego Zúñiga, han de ser suspendidas mientras se corrigen. Pero el libro del Padre carmelita Pablo Antonio Foscarini ha de ser totalmente prohibido y condenado; el resto de los libros que enseñan similares doctrinas han de ser prohibidos. La Sagrada Congregación, por el presente Decreto, suspende, condena y prohíbe todos respectivamente. En fe de esto, el presente Decreto ha sido provisto de sello y firmado por la mano del ilustrísimo y reverendísimo D. Cardenal de Sta. Cecilia, Obispo Albanense, en el día 5 de Marzo de 1616.


    P[aolo Sfondrati], Obispo de Albano, Cardenal de Sta. Cecilia.

    Fray Francisco Magdaleno Capiferreo, O.P., Secretario.

    Roma, Imprenta del Palacio Apostólico, 1616.
    Última edición por Martin Ant; 12/03/2016 a las 12:57

  6. #6
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    No puedo menos que expresar mi desacuerdo total con la conclusión del catedrático Don José Ramón Jiménez, a saber, que el origen de los procesos y condenas contra Galileo tuvieran que ver más bien con cuestiones de Filosofía que con cuestiones concernientes a la Teología y a la Fe de la Iglesia.
    No, si eso ya me lo esperaba de usted, como no podía ser menos en su afán integrista permanente. ¿Insinúa usted que este catedrático se equivoca y usted no?



    José Ramón Jiménez, con un título en Ciencias Físicas y Matemáticas, es actualmente profesor asociado en el Departamento de Óptica de la Universidad de Granada (España). A pesar de que ha enseñado diferentes cursos en el área de Óptica, que actualmente enseña la visión binocular (Escuela de Óptica y Optometría) y láser y óptica no lineal (graduados en Física). Comenzó sus investigaciones en el campo de la visión del color y Colorimetría en 1990, escribiendo su Ph.D. tesis sobre Estereopsis y en color en 1994 bajo supervison de los profesores Luis Jiménez del Barco y Manuel Rubino. En el mismo año (abril-junio) visitó la Universidad de Texas en Austin para trabajar con el profesor Wilson S. Geisler.

    En la actualidad, lleva a cabo todas sus investigaciones en el Laboratorio de Ciencias Visuales y Aplicaciones de la Universidad de Granada (España). Él es la cabeza de este laboratorio.



    A lo mejor es que el Sr, SUNGENIS, tan protestante él en sus modos y argumentos, está más capacitado. El problema es que este catedrático no sólo es quien es, sino que además de mantener un respeto exquisito sobre el tema hace una interpretación que yo mismo considero mucho más acertada que las que usted acostumbra a exponer.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  7. #7
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    El punto culminante de esta situación se produjo a finales de 1614 cuando el dominico Tomás Caccini se vio envuelto en una disputa con los Galileistas a raíz de un sermón suyo en la iglesia de Santa María Novella; a su vez, también había llegado a manos del dominico Nicolás Lorini una carta que Galileo había escrito a su amigo Castelli, en la que se tocaban temas concernientes a la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras.
    El cual era el lugar más adecuado para que dicho dominico, expertísimo astrofísico en lugar de hablar de la salvación de las almas y cómo ir al cielo, se pusiese a contar sus diatribas personales con los "galileistas", muy interesante sin duda, sobre todo por que mientras tanto resulta que en las universidades españolas estaban encantados con las nuevas corrientes. Debe ser que aquí eran ya unos herejes de tomo y lomo. Porque no deja de ser peculiar algo que he repetido hasta el aburrimiento, que las Sagradas Escrituras NO SON UN LIBRO DE ASTRONOMIA , y si tan inerrante es el Libro de JOSUÉ, también lo es el de JOB. Luego en vez de estar diciendo tonterías frailunas, podemos admitir que en base a tales hechos dichas interpretaciones eran, en efecto, FILOSÓFICAS y NO TEOLÓGICAS puesto que jamás fue puesta en duda ni la TEOLOGÍA ESPIRITUAL ni la TEOLOGÍA NATURAL.

    El proceso se inicia a raíz de las denuncias de estos dos dominicos. Y termina finalmente con un dictamen doctrinal realizado por una comisión de 11 teólogos el 24 de febrero de 1616. A Galileo se le conmina privadamente a no enseñar más esa ideología. Y finalmente se publica, dando fin a este primer proceso, el Decreto disciplinar de la Sagrada Congregación del Índice.
    ¿Once teólogos? Si, menudos teólogos que eran "intérpretes" y "partidarios" de una FILOSOFÍA, la aristotélica, que CONTRADICE las Sagradas Escrituras, FILOSOFÍA QUE SE OPONE A LA CREACIÓN, SR. MARTIN ANT, QUE ES OPUESTA, QUE SOSTIENE LA ETERNIDAD E INMUTABILIDAD DEL UNIVERSO Y DEL MUNDO, LO QUE ES RADICALMENTE FALSO, es la LA IDEOLOGÍA de la que usted habla y que se corresponde con la suya propia.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Cuatrocientos años del juicio a Galileo: Las consecuencias históricas

    Aunque no son justificables ni el juicio a Galileo ni la condena de las ideas de Copérnico, las relaciones de poder y el contexto histórico de la época lo explican


    JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTA Catedrático De La Universidad De Granada - 26/02/2016 a las 20:25:17h. - Act. a las 19:17:50h.


    Con el transcurrir de los años, la condena del copernicanismo y el caso Galileo han evolucionado mostrando que la Iglesia Católica fue la gran perdedora del conflicto. Aunque no son justificables ni el juicio a Galileo ni la condena de las ideas de Copérnico, las relaciones de poder y el contexto histórico de la época lo explican. Como comentamos previamente, la Iglesia Católica y los filósofos aristotélicos vieron una intromisión en su terrero por parte de la Astronomía. Paradójicamente, Galileo y su insistente concepción de que los textos bíblicos no hay que interpretarlos literalmente y hay que desligarlos de las cuestiones de la Naturaleza, triunfaron con el paso del tiempo. Por otra parte, no es comprensible que la Iglesia Católica no reaccionara con más premura a los hechos de 1616 y, de manera definitiva, no eliminara los libros defensores del copernicanismo del Índice de libros prohibidos hasta 1834. Asimismo, en los posteriores intentos de rehabilitar la figura de Galileo, ha habido cierta tendencia por parte de la Iglesia Católica en justificar, más que explicar, los acontecimientos de 1616 y 1632.

    Si es criticable la actitud de la Iglesia Católica en la justificación de sus posiciones de 1616, también lo es la beligerancia con la que determinados autores han atacado a la Iglesia en sus relaciones con la Ciencia, intentando extrapolar injustificadamente las relaciones Ciencia-Religión de aquella época a épocas posteriores. Son las tesis que surgen a finales del siglo XIX a partir de los libros de Drapper (1874) y White (1896), de los que se deriva una visión sesgada del caso. Dicha visión se ha ido acentuando en el siglo XX con posiciones muy anticlericales sobre el tema que han llevado a creer erróneamente a un elevado porcentaje de población, incluso instruida, que Galileo fue torturado y/o quemado.

    Entender, no juzgar la Historia

    A finales del siglo XIX, y aún menos hoy, el concepto de Ciencia era muy diferente al de inicios del siglo XVII. Ni siquiera los «científicos» eran científicos como en el sentido actual. Galileo, Kepler y Newton consiguieron explicar «científicamente» algunos aspectos de la Naturaleza, pero seguían siendo personas no sólo religiosas, sino que cuando no conseguían explicar o entender algún aspecto de la Naturaleza buscaban la justificación en Dios y la religión. Para ellos seguía siendo Dios la explicación última de todos los fenómenos naturales, es inconcebible creer que la Ciencia y la Filosofía-Religión estaban ya separadas en aquel tiempo. Dicha separación empezó en el siglo XVII, pero se necesitaron siglos para culminarla.

    Galileo Galilei

    Otro ejemplo sobre la visión de la Astronomía de la época nos muestra cómo la Ciencia no es como la comprendemos ahora y cómo las reflexiones sobre el heliocentrismo analizadas en el marco actual de las relaciones Ciencia-Religión son absolutamente desacertadas. Muerto Galileo, a mediados del siglo XVII todavía había muchos astrónomos que seguían sin aceptar el modelo de Copérnico y preferían el modelo de Tycho Brahe, modelo en el que el Sol gira alrededor de la Tierra y los demás planetas alrededor del Sol. Así lo muestra el astrónomo italiano Riccioli que en 1651 escribió el libro «Almagestum Novum» en el que recopiló argumentos científicos a favor y en contra del copernicanismo. La principal razón experimental para objetar al modelo de Copérnico era que al girar la Tierra alrededor del Sol y comprobar que las posiciones relativas de las estrellas no cambiaban en dicho giro, sencillos cálculos geométricos obligaban a aceptar estrellas de tamaños gigantescas, colosales, algo inconcebible para la época. Resulta curioso que defensores de Copérnico, como Christoph Rothmann y Philips Lasbergen, que no encontraban una justificación al problema del hipotético tamaño colosal de las estrellas, alegaban que Dios tenía la facultad de poder dotar de ese gigantesco tamaño a las estrellas. Es decir, los «revolucionarios» copernicanos invocaban a Dios para resolver sus controversias astronómicas con los que no aceptaban el modelo de Copérnico.

    Las reflexiones más extendidas que hay sobre la condena del heliocentrismo y el caso Galileo incumplen pilares fundamentales en la forma de abordar la Historia de la Ciencia: la Historia está para entenderla, no para juzgarla y no podemos analizar los hechos con la mentalidad actual, hay que situarse en la época. Nadie discute que, de manera objetiva, Galileo sufrió mucho e injustamente y que la condena del heliocentrismo por parte de la Iglesia Católica fue un error que afectó negativamente a la evolución de la Ciencia en los países católicos. Sin embargo, a la hora de estudiar y analizar aquellos impactantes hechos, si no colocamos como nudo central de dicho análisis cómo eran las relaciones de poder en aquel tiempo y el conocimiento de lo que era y competía a la Astronomía, Física, Filosofía y Teología de la época, las posibilidades de equivocarnos son enormes. Es lo que ocurre con muchos de los análisis sesgados y sin rigor que se han hecho sobre aquella condena de 5 de Marzo de 1616.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Cuatrocientos años del «caso Galileo»: Las razones de su condena



    JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTACatedrático De La Universidad De Granada - 29/02/2016 a las 08:28:01h. - Act. a las 19:20:35h.

    Analizada la situación del heliocentrismo antes de 1616, señalaremos diferentes aspectos que influyeron en los acontecimientos de aquel año:

    Primero, la confrontación de Galileo con el mundo universitario aristotélico. El claro posicionamiento de Galileo a principios del siglo XVII en favor del heliocentrismo originó continuos y duros enfrentamientos con el mundo aristotélico, generándole una gran animadversión en parte del profesorado de las Universidades del actual norte de Italia.

    Segundo, el conflicto con la Teología. Los aristotélicos viendo que no era suficiente la argumentación filosófica para derribar a Galileo, intentaron trasladar el conflicto a la Teología exponiendo las contradicciones del heliocentrismo con determinados pasajes de la Biblia. Su defensa de una interpretación abierta de la Biblia en cuestiones astronómicas hizo que los teólogos creyeran que Galileo había abordado una cuestión que no era de su competencia. Además, el conflicto entre católicos y protestantes, en el que la interpretación de la Biblia era un punto clave, perjudicó claramente las tesis copernicanas.

    El conflicto entre católicos y protestantes perjudicó mucho al heliocentrismo

    Tercero, el nuevo Universo a la luz de los descubrimientos del telescopio y las ideas de Giordano Bruno. Giordano Bruno fue quemado en el Campo di Fiori en Roma en 1600. Era un defensor del heliocentrismo, pero no tenía buena formación en Astronomía. Su defensa de Copérnico se enmarca más en su concepción del mundo. Los elementos clave para condenar a Bruno fueron una serie de herejías relacionadas con la Trinidad.

    En el Sumario del Tribunal que juzga a Giordano Bruno en 1598, menos del 10% de los párrafos en los que hay acusaciones o respuestas de Bruno se refieren a temas cosmológicos. Bruno creía en la infinitud del Universo con infinitos mundos habitados por seres vivos. La muerte de Giordano Bruno no afectó, en principio, al heliocentrismo. A partir de 1610, a raíz del nuevo Universo que abrió el descubrimiento del telescopio, las ideas de Giordano Bruno reaparecieron afectando muy negativamente al copernicanismo.

    Los descubrimientos del telescopio

    Cuando Galileo enfocó el telescopio hacia el cielo en 1609 y publicó sus descubrimientos en «Sidereus nuncius» (1610) se produjo una conmoción intelectual que se extendió por toda Europa. La aparición en el cielo de nuevas estrellas, las lunas de Júpiter que parecían un sistema solar en miniatura, las manchas solares y el posterior descubrimiento de las fases de Venus hacían que la concepción aristotélica del Cosmos empezara definitivamente a derrumbarse. Aunque hubo una admiración inicial hacia Galileo por sus descubrimientos con el telescopio, el nuevo Universo que proporcionaba dicho instrumento hizo que las ideas de Bruno volvieran a aparecer con fuerza en los ambientes intelectuales de Europa. El cóctel de las ideas de Giordano Bruno junto con el nuevo Cosmos mostrado por el telescopio generaron una mezcla explosiva y erróneas interpretaciones sobre cuestiones de fe que la Iglesia Católica de aquella época no podía admitir.


    De Revolutionibus Orbium Coelestium

    El 5 de Marzo de 1616, a raíz de un proceso largo y complejo en el que intervienen la publicación de cartas de Galileo en defensa del copernicanismo, el ataque de los filósofos aristotélicos, y la denuncia de un dominico, se incluyó, entre otros, el libro De Revolutionibus de Copérnico en el Índice de libros prohibidos. Sin embargo, se aceptarían versiones censuradas de dicho libro en las que expusiera que el modelo fuese «ex suppositione», es decir, como suposición matemática sin correspondencia alguna con la realidad física. No podía declararse hereje ya que había sido clave en la elaboración del Calendario Gregoriano y en la determinación precisa de la fecha de la Pascua. Resulta curioso que un estudio recopilatorio sobre los libros existentes en Europa de las dos primeras ediciones del libro de Copérnico no encontrara libros censurados en casi ningún país europeo excepto la actual Italia. El alcance inicial de la censura fue muy limitado y dicho estudio no encontró en España ningún libro censurado. En Salamanca, la primera censura a un ejemplar de Copérnico no aparece hasta 1707.

    En relación a Galileo, se le prohibió enseñar y defender las ideas de Copérnico, cuestión que inicialmente aceptó disciplinadamente. Posteriormente, la situación de Galileo empeoró notablemente al publicar en Florencia en 1632 el «Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo» en el que defendía las tesis copernicanas. Todo esto inició un oscuro proceso en el Galileo sufrió enormemente y fue condenado a prisión en 1633 y el «Diálogo», prohibido. La pena de prisión fue inmediatamente conmutada por la pena de arresto domiciliario, que finalmente cumplió en su villa a las afueras de Florencia hasta su muerte en 1642. La condena de 1616 y el posterior juicio a Galileo tuvieron una serie de implicaciones que veremos en el siguiente y último artículo sobre el tema.
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    La universidad de Salamanca

    Aunque tuvo sus detractores, el modelo de Copérnico fue bien recibido en muchos lugares de Europa, siendo mejor su recepción en el mundo católico que en el protestante. Por ejemplo, Copérnico fue animado en 1536 por algunos de cardenales de la Iglesia Católica para que publicara más detalladamente sus ideas. En España, al contrario de lo que se cree, las obras de Copérnico tuvieron una buena acogida. En la Universidad de Salamanca, De Revolutionibus era un libro optativo a partir de 1563 y pasó a ser obligatorio en la enseñanza de la Astronomía en 1593, convirtiendo posiblemente a España en el primer país donde el modelo de Copérnico fue de enseñanza obligatoria.

    También Diego de Zúñiga, catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de Osuna, publicó en 1568 «In Job commentia», libro en el que hacía una defensa del modelo heliocéntrico.

    Los trabajos de Copérnico eran conocidos en las Universidades de Alcalá y Valladolid y en la Casa de Contratación de Sevilla, donde el interés por la navegación hacía fundamental conocer todos los avances en Astronomía.

    Un hecho importante a favor del modelo de Copérnico es que fue utilizado para la elaboración de las tablas pruténicas o prusianas (Reinhold, 1551) que fueron decisivas en la elaboración del Calendario Gregoriano, calendario que en la actualidad sigue vigente en la mayor parte de países del mundo. A finales del siglo XVI es imposible afirmar que el modelo heliocéntrico estuviera «perseguido», aunque seguía siendo un modelo que generaba controversia.
    Última edición por Valmadian; 12/03/2016 a las 21:26
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Sería conveniente, Sr. Martín Ant, que no desvíe más el asunto de sus justos términos. Estamos en el cuadracéntesimo año de algo que nunca se tuvo que haber producido, en buena medida por intereses que nada tenian que ver con las Sagradas Escrituras, en parte por eso de lo que tanto se acusa al Protestantismo, un exceso de libre interpretación de las mismas, sólo que en este caso por parte de gente que se cree en condiciones de interpretar no sólo la palabra de Dios, sino hasta sus intenciones. Recuerde aquello de que el hábito no hace al monje y recuerde que con toda probabilidad los mismos implicados en el proceso, hoy no lo harían: CONSECUENCIAS DE LA ÉPOCA.
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  12. #12
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Conformémonos en que la Iglesia de la época al menos "medio acertó" en la condena del Heliocentrismo; que obviamente también es una doctrina errada, pues ni el sol es el centro del Universo (que sepamos) ni está quieto, ya que también gira con respecto al centro de la Vía Láctea.

    Pero el proceso a Galileo fue un puro disparate, creo yo.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 14/03/2016 a las 02:08
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  13. #13
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    Re: Cuarto centenario del caso Galileo

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    Conformémonos en que la Iglesia de la época al menos "medio acertó" en la condena del Heliocentrismo; que obviamente también es una doctrina errada, pues ni el sol es el centro del Universo (que sepamos) ni está quieto, ya que también gira con respecto al centro de la Vía Láctea.

    Pero el proceso a Galileo fue un puro disparate, creo yo.
    En efecto, el Heliocentrismo en una parte de su teorización es erróneo, como bien señalas, pues ni es el centro del Universo, ni es estático. Su órbita alrededor del centro galáctico dura aproximadamente algo más de doscientos millones de años, y su rotación es perfectamente observable con medios ópticos adecuados y al alcance de los amateurs o aficionados. Se da la circunstancia, además, de que se puede observar perfectamente como su ecuador gira a velocidad diferente del giro de los polos.

    Pero la cuestión en la que se centra la polémica desde hace esos cuatro siglos radica en los acontecimientos que envolvieron el caso de Galileo. Para empezar personalmente nunca he entendido las razones por las cuales se hicieron esas interpretaciones de Aristóteles, que son el fundamento filosófico del asunto, y nunca teológico, pues el aristotelismo es incompatible con el Génesis y con la Doctrina Católica. De hecho, una consecuencia es el "Averroísmo", y que fue una consecuencia del "rescate" de Aristóteles por parte de Averroes, para los musulmanes, y Maimónides para los judíos. Hay aspectos en la filosofía y la Metafísica aristotélica que más o menos coinciden con la Doctrina cristiana, pero de ahí a incorporarlo a la Teología media todo un encaje de bolillos mentales, tal como sucedió con el "escolasticismo", movimiento filosófico principalmente -también teológico-, que es del que nacen las universidades.

    Pero como digo, nunca he sido capaz de entender muy bien los motivos para todo ello. En cualquier caso, Aristóteles no es parte de la Tradición, ni del Dogma, ni de la Doctrina. San Pablo que, sin duda alguna, debió oír hablar de él y su filosofía, ni lo menciona. El mismo San Agustín, dentro de unos límites, está mucho más próximo en su pensamiento al de Platón. Es decir, no veo razón alguna que justifique por que a Los Evangelios había que aportarles nada. Pero detrás de ello hay una Iglesia "humana", demasiado "humana" que, en cierta medida, se apartaba de la Iglesia de Cristo. Naturalmente, esto es tema para otro debate, pero con tales referencias lo que pretendo es establecer una relación filosófica con los acontecimientos sobre Galileo.

    El mismo argumento de que en el Génesis queda establecida la centralidad universal de la Tierra es falso, pues nada se dice ya que en el Génesis Dios habla de Si Mismo y su capacidad creadora. Luego, el otro argumento contenido en el Libro de Josué tampoco aclara nada y se puede interpretar de muchas formas, no sólo como lo hacían -y hacen algunos todavía-, algunos intérpretes del citado Libro, y si bien antaño tenía cierta lógica por el aspecto de los cielos a simple vista, no lo tiene hoy en día y llamar ideología a lo que se observa a través del telescopio es de traca. Pero, además, y dado que la totalidad de las Sagradas Escrituras se caracterizan por la inerrancia, aún se entiende menos que ni se mencione nunca el Libro de Job 9-5: "Él desplaza los montes,sin que se den cuenta.", palabras que pueden ser entendidas perfectamente como compatibles con la "rotación" y "traslación" de la Tierra (no entremos ya en la precesión de los equinocios o en el de nutación que forman los cuatro movimientos del planeta).

    Como se dice en Religión y Moral Julio BONATTO, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1934 (texto aprobado por la Sagrada Congregación del Concilio Vaticano I), página 89 sobre el Caso Galileo:

    ¿Qué juicio nos merece este hecho? ¿Queremos ver en él una lección de prudencia dada a los hombres de Iglesia por la Providencia divina para que sean cautos en invadir el campo de la ciencia? Sea, enhorabuena. Admitamos el error de la Congregación romana...

    Ya antes, en la página 88 del mencionado texto se afirma:

    "Se objeta un hecho lamentable: la condenación de Galileo."
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