Considero imprescindible establecer un marco en el que poder entender las relaciones entre la filosofía griega y Los Evangelios. Así, pues, el siguiente texto creo que es bastante esclarecedor y después de su lectura completa es más sencillo entender la polémica sobre Galileo, mostrando que, en efecto, se debió principalmente a cuestiones filosóficas. La negativa a reconocerlo llevándola al terreno de la teología conviene, sin duda, mucho más a sus detractores.



EL CRISTIANISMO.

La aparición del cristianismo supondrá una novedad radical. Ya no se pedirá al ser humano que aguante como una roca la tempestad que le rodea, sino que ponga su con-fianza en un Dios salvador; que ha asumido la condición humana y ha desvelado sus misterios. La filosofía antigua entró en contacto con la religión cristiana desde el mo-mento en que griegos y romanos se convirtieron al cristianismo. De ese encuentro entre dos formas globales de entender la realidad surgiría un mundo nuevo, caracterizado por conquistas tan importantes como la desaparición de la esclavitud.

1. Contexto histórico.

El cristianismo es una religión, no una filosofía. Surge en el seno del judaísmo por la predicación de Jesús de Nazaret, que se presenta como hijo del único Dios. Jesucristo no enseña un sistema especulativo, sino un modo de vida basado en el amor; y una promesa de inmortalidad feliz. Los Evangelios de Mateo, Marco, Lucas y Juan anuncian al mundo la asombrosa noticia de un hombre que ha dicho de sí mismo que es Hijo de Dios y lo ha demostrado con milagros. Además, ha prometido el premio de una vida eternamente feliz a los que cumplen con sus mandamientos: amar al prójimo y amar sobre todas las cosas al padre que está en los cielos. El mismo Jesús ha muerto en la cruz para pagar por los pecados de los hombres. Su resurrección se presenta como el gran argumento de su divinidad, y de que tiene poder para juzgar a la humanidad al final de la historia y reinar con los elegidos en su reino.

El cristianismo comenzó su propagación en los núcleos de judíos que vivían fuera de Palestina. Con la predicación de Pablo de Tarso, un fariseo converso, se abrió al mundo no judío. Así, la nueva religión fue ganando adeptos en los núcleos urbanos del imperio romano. Primero entre las gentes más humildes-esclavos, libertos, pequeños artesanos-, y luego entre las clases altas. Se organizó en pequeñas iglesias locales, al frente de las cuales estaban los obispos, sucesores de los apóstoles. Los obispos elegían al papa y le consideraban representante de Cristo en la tierra.

Por su rechazo de la esclavitud y su negativa a rendir culto al emperador, los primeros cristianos despertaron la desconfianza y la hostilidad del poder político. Ello provocó una oleada de persecuciones sangrientas, que terminaron en el año 313, con el Edicto de Milán y la conversión al cristianismo del emperador Constantino. En 392, poco antes de la división del Imperio, Teodosio prohibiría los cultos paganos y el cristianismo llegaría a ser la religión oficial.

2. Aportaciones del cristianismo a la filosofía.

Mientras la filosofía dice al hombre lo que son las cosas, la religión le habla de su destino. Sin embargo, muchas páginas bíblicas contienen tesis nítidamente filosóficas, que han cambiado el rumbo del pensamiento humano.

La tarea de los primeros filósofos cristianos consistirá en traducir los contenidos de la revelación cristiana a las categorías racionales, hacer razonable la fe. Por eso, sus temas capitales van a ser la creación, la relación de Dios con el mundo, las relaciones entre la fe y la razón, el misterio del mal, la naturaleza del alma, el destino humano después de la muerte, la redención de Cristo. El interés de los primeros filósofos cristianos es, en realidad, más teológico que filosófico: explicar y defender la fe. El cristianismo no es una filosofía, pero necesita filosofar desde su nacimiento por dos motivos: definir el dogma frente a las herejías internas, y defenderse intelectualmente frente a una incomprensión que llega hasta la persecución a muerte.

- Entre las aportaciones del cristianismo a la filosofía está la propia argumentación sobre la existencia de Dios. San Pablo afirma que la razón humana puede, a partir del espectáculo que ofrece el mundo, conocer la existencia de Dios y su eterno poder. Esa implícita racionalidad filosófica de la religión cristiana facilitó las conversiones de muchos griegos cultos.

- La noción de creación. Sin ser una filosofía, el cristianismo marca la división más profunda en la historia de la filosofía. Se trata de una religión que aporta una idea totalmente nueva de la existencia del mundo y del hombre. Y la diferencia comienza desde la primera línea del Génesis-“En el principio creó Dios el cielo y la tierra”-, pues la noción de creación es completamente ajena al pensamiento grecorromano. Los griegos consideran que el cosmos procede de una materia eterna, ordenada al azar (pluralistas y atomistas), o de la inteligencia de un Demiurgo (Platón), o de un Primer Motor Inmóvil (Aristóteles), o de un Logos panteísta (Heráclito y los estoicos). En cualquier caso, se trata de un cosmos imperecedero, que simplemente existe, y cuya existencia se percibe como un hecho obvio y necesario: cualquier pregunta sobre su origen vendría a ser un interrogante sin sentido.

-Monoteísmo. El pensamiento griego jamás se había planteado como problema si Dios era uno o muchos. En la Biblia, la trascendencia de Dios es absoluta, sin posibilidad de divinizar ninguna otra cosa. Y para saber qué es Dios, es a Dios mismo a quien se dirige Moisés, y ésta es la contestación:”Yo soy el que soy”. No parece una respuesta filosófi-ca, y, sin embargo, de una vez por todas queda entendido que “Ser” es el nombre propio de Dios, su misma esencia, y que esa esencia es existir, y que es el único ser en quien la esencia y la existencia son idénticas. No hay más que un Dios, y ese Dios es el ser: ésa es la piedra angular de toda la filosofía cristiana.

-Providencia. Si parece que Aristóteles ignoró la noción de providencia, Sócrates, Platón y los estoicos la intuyeron. Pero la providencia estoica coincide con el hado, y no es más que el aspecto racional de la necesidad con la que el Lógos produce y gobierna las cosas. En cambio, la providencia bíblica es la de un Dios personal sobre cada ser humano en particular. Uno de los textos que mejor expresan esta cualidad distintiva lo encontramos en el Evangelio de san Mateo:

No andéis preocupados por vuestra vida, pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta.¿No valéis vosotros mucho más que ellas?


Ninguna seguridad puede ser absoluta si no posee un nexo estable con lo Absoluto. En el cristianismo nos encontramos precisamente ante una promesa de seguridad total, llamada a imponerse sobre las frágiles seguridades filosóficas.



- Dios legislador. Los griegos habían identificado la ley moral con la ley de la misma naturaleza (physis): una ley que impera al mismo tiempo sobre dioses y seres humanos. La noción de un Dios legislador es algo en gran medida ajeno a la filosofía griega. Por el contrario, el Dios bíblico prescribe al hombre lo que ha de hacer. Desde ese momento, la virtud y la santidad consistirán en la obediencia al querer de Dios, y el peor mal será el pecado: precisamente la desobediencia a dicha Voluntad.

- Inmortalidad y resurrección. La noción de “alma” es una creación griega, introducida por Sócrates y estudiada a fondo por Platón y Aristóteles. Sin duda, la psiqué es uno de los conceptos que mejor simbolizan la metafísica griega, y el hombre occidental raramente es capaz de pensarse a sí mismo si no es en términos de alma y cuerpo. Si toda la tradición platónico-pitagórica consideró que el alma es inmortal por naturaleza, la tradición cristiana afirma algo mucho más atrevido: la resurrección de los muertos, que implica la pervivencia del alma y la vuelta del cuerpo a la vida. Éste es uno de los signos distintivos de la nueva fe, y un gravísimo obstáculo para su aceptación por los filósofos griegos. Es muy elocuente la reacción de los estoicos y epicúreos cuando san Pablo menciona la resurrección en su famoso discurso de Atenas: se burlaron de él y se despidieron con un despectivo “ya nos lo contarás otro día”.

- Revolución de los valores. Si los griegos y romanos habían aspirado, por encima de todo, a la felicidad, los cristianos tienen como meta amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo. Para despejar cualquier sombra de duda, Jesucristo ordena amar a los enemigos y rezar por los perseguidores y calumniadores. Este mensaje es, sin ninguna duda, la revolución de los valores más radical de la historia humana, y fue explicitado en las bienaventuranzas del célebre Sermón de la Montaña. Para el filósofo griego, esto resulta sencillamente incomprensible, pues caía por su base el ideal del sabio que había comprendido la vanidad del mundo y se atribuía a sí mismo la certidumbre suprema, proclamándose autárquico y autosuficiente.

3. Diferencias con la filosofía griega.

Las ideas cristianas chocaron con algunos planteamientos del pensamiento griego.

-El problema del conocimiento. Respecto a la posibilidad de alcanzar la verdad, la filosofía griega había sostenido tres posiciones: escepticismo, relativismo y realismo. El cristianismo surge en medio de una pluralidad de escuelas filosóficas que han hecho del escepticismo la mentalidad dominante. Frente a esa postura, el cristianismo se muestra seguro de la existencia de una verdad, Además, a diferencia de todas las posiciones fi-losóficas griegas, afirma la posibilidad de alcanzarla por medio de una fuente de conocimiento superior a la razón: la revelación divina.

- El problema de la realidad. El cristianismo concibe una realidad integrada por Dios y el mundo. El mundo, y todos los seres que contiene, han sido creados por Dios de la nada. Esta noción de creación resultaba inconcebible para la mente griega. También el monoteísmo cristiano chocaba con el politeísmo griego y romano. Asimismo, la idea estoica de un lógos o Razón universal no era conciliable con el monoteísmo cristiano, ya que ese lógos era inmanente al mundo, no un ser distinto y personal.

- El problema sobre el ser humano. La antropología cristiana afirma tres cuestiones esenciales: creación a imagen y semejanza de Dios, inmortalidad del alma y resurrección de los cuerpos. Para algunos filósofos griegos, el alma era mortal (Aristóteles), o de carácter material y corruptible (atomistas). Otros como Platón y Pitágoras, habían soste-nido la inmortalidad, pero los conceptos de filiación divina o resurrección de los cuerpos les resultaban desconocidos.

-El problema ético. La ética de las escuelas griegas tenía un fuerte carácter intelectualista: la maldad humana tiene su origen en la ignorancia. El cristianismo puso el acento en la voluntad libre y, sobre todo, en la necesidad de la ayuda divina -la gracia-, para obrar bien. Este concepto resultaba insospechado para la mentalidad griega. Por otro lado, la ética cristiana se presentó como una ética que cifra la felicidad humana en la entrega a los demás, la humildad y el compromiso activo a favor del reino de Dios. Esto chocó frontalmente con las éticas griegas, que ponían la felicidad en metas individuales como la tranquilidad del ánimo (la ataraxia de los estoicos), el placer razonable (epicúreos), la armonía del alma (Platón) o la virtud (Aristóteles), sin ninguna referencia al amor desinteresado a los demás.

-El problema político. La distinción entre la dimensión política y la dimensión religiosa es una completa novedad para la filosofía griega. Religión y Estado habían ido de la mano desde el origen de éste en Mesopotamia. En las ciudades griegas, el estado tenía su propia religión, y ésta debía ser practicada por los ciudadanos. La disidencia en materia religiosa costó la vida a Sócrates. En Roma, el emperador -igual que el faraón en Egipto-, fue divinizado y adorado. Los cristianos fueron los primeros en negar el carácter divino de los gobernantes y en separar los ámbitos de la religión y la política.

-El problema del sentido de la Historia. La Historia es, para el cristianismo, el drama y la redención del género humano, que terminará en un juicio final con premios y castigos definitivos. El mismo Dios ha entrado en la historia haciéndose hombre. Esta problemática apenas existe en los filósofos griegos. Sólo en los estoicos encontramos una filosofía de la historia, que interpreta el devenir humano en clave circular -no lineal, como el cristianismo-, donde unos ciclos suceden a otros en repetición sin fin.

4. Puntos de contacto.

Las enormes diferencias entre el cristianismo y la filosofía griega son insalvables en el caso de los sofistas, que se declaran escépticos o relativistas. Tampoco hay posibilidad de entendimiento con el materialismo de los atomistas, que niegan la existencia de rea-lidades espirituales. Ello explica que algunos padres de la iglesia hayan rechazado la filosofía griega y se hayan mostrado contrarios a cualquier diálogo con ella. Otros, sin embargo, entablaron ese diálogo sobre la base de ciertos puntos de contacto.

Fue precisamente un converso como San Agustín, buen conocedor de la filosofía griega, quien puso de relieve algunas similitudes entre el cristianismo y el platonismo. Así elabora un pensamiento cristiano de carácter platónico, adecuando el pensamiento de Platón a los principales dogmas cristianos. Los puntos de contacto encontrados en Platón eran:

- la existencia del mundo de las ideas, un mundo espiritual diferente al sensible.
- un demiurgo que, si bien no es creador, ofrece cierta semejanza con el Dios cristiano.
-una idea de Bien, única y superior a todas las demás, asimilable al monoteísmo.
- la inmortalidad del alma y sus pruebas racionales.


El cristianismo rechaza los conceptos platónicos de preexistencia y reencarnación de las almas, pero coincide con el filósofo griego en que el verdadero destino del alma no es este mundo imperfecto.


Algunas ideas de los estoicos fueron aprovechadas por los primeros filósofos cristianos. Así, la existencia de una Razón o Providencia universal que conduce de forma inteli-gente los destinos humanos. Así mismo, el cristianismo coincide con los estoicos y al-gunos cínicos en la importancia de llevar una vida moderada y austera.

En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino encontrará importantes puntos de contacto en Aristóteles. Una ética de las virtudes y, sobre todo, un Motor Inmóvil y un Entendimiento Agente que le sirven para explicar ciertos aspectos del Dios cristiano.

5. Principales autores y corrientes.

La patrística. Sin ser una filosofía, el cristianismo necesita filosofar desde su origen, por dos motivos: definir el dogma frente a las herejías internas y defenderse intelec-tualmente frente a la incomprensión ajena. Éste es el origen de la especulación patrística, así llamada porque es llevada a cabo por los padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos: cristianos que filosofan en los primeros siglos de la era cristiana y, en su mayoría, brillan por su ortodoxia y santidad de vida.

La finalidad de la patrística es teológica, pero los instrumentos conceptuales a su disposición son griegos: en concreto, una mezcla de platonismo, neoplatonismo, estoicismo y aristotelismo. Si predomina Platón es porque parece que sus posturas son más fáciles de asimilar al dogma cristiano.

6. Influencia e importancia de la filosofía cristiana.

La perspectiva cristiana, enriquecida con ideas griegas y romanas, ha configurado de forma radical toda la cultura occidental. Al proclamar la igualdad de todos los seres humanos, su dignidad inviolable y el amor al prójimo, el Cristianismo hizo posible la abolición de la esclavitud y la defensa de los derechos humanos. La negativa de los cristianos a dar culto al emperador pone el germen de la futura separación entre política y religión. Contra su propio espíritu, el Cristianismo también ha dado lugar a guerras de religión, Inquisición, poder político del papado, olvidando que la libertad personal es la condición intrínseca de la vida religiosa.

En el plano filosófico, la influencia del Cristianismo ha sido enorme durante la Edad Media y grande desde entonces. Baste mencionar el agustinismo, el atomismo, la filosofía de Kant, de Descartes y Leibniz, el existencialismo cristiano, el neotomismo, el personalismo, la filosofía de los valores. La concepción cristiana de la historia humana, con su carácter lineal y providente, ha influido decisivamente en Kant, Hegel y Marx. Hasta el siglo XVIII, casi todos los filósofos desarrollan su pensamiento sobre presupuestos metafísicos cristianos. Muchos de los que no lo acepten a partir de la Ilustración, entablarán un diálogo crítico con él, como es el caso de Nietzsche.



LA FILOSOFÍA MEDIEVAL. (Del siglo VI al siglo XIV)

1. El problema clave de la filosofía medieval es el de la relación entre la razón y la fe, en un esfuerzo gigantesco por encontrar una síntesis que hiciera de la fe “un obsequio razonable”, según la expresión bíblica frecuentemente citada. Por supuesto, la filosofía es considerada como la “sierva de la teología” y los medievales son antes teólogos que filósofos. Pero sus aportaciones a la filosofía misma, en sentido estricto, son muy valiosas: el concepto tomista de “ley”, por ejemplo, será un concepto clave en el pensamiento posterior; y en el nominalismo del siglo XIV se encuentran las raíces de la filosofía moderna. Pero la síntesis razón-fe se rompió con los últimos escolásticos, y fue eso lo que permitió precisamente que la filosofía conquistara su propia autonomía frente a la revelación y la teología.

2. El panorama de la filosofía medieval presenta una multiformidad mucho mayor de lo que habitualmente se cree. Hay diversidad de escuelas y tradiciones; ten-dencias muy distintas (dialécticos y antidialécticos, racionalistas o experimentalistas; naturalistas o místicos; platónicos o aristotélicos...); ámbitos diferenciados (monasterios, catedrales, universidades); enfrentamientos según los grupos de pertenencia (seculares y regulares, dominicos y franciscanos ( recuerda la película “En nombre de la rosa”); incluso no faltan los herejes o los pensadores atípicos. Ello explica que esta filosofía se desarrollase en un ambiente de permanente discusión y controversia. Y se ha podido decir que la escolástica representa una “forma lúdica” de la filosofía que tiene como precedente la sofística griega.


3. Este último rasgo explica una característica típica de la escolástica: su afán por la sutileza en las distinciones y clasificaciones. Con frecuencia se cae en el exceso y se pierde la realidad a favor del concepto. Pero la escolástica medieval ha legado a la filosofía posterior una terminología exacta y unos análisis conceptuales de gran riqueza y precisión. Trabajo de clarificación de que se han surtido la mayoría de los filósofos modernos.

4. No se puede prescindir del contexto sociológico-político en que se desarrolla la filosofía medieval. Una sociedad estamental y jerarquizada debía conducir a una filosofía que primara el concepto de “orden” y de “grados del ser “. Ello explica que la disolución de este tipo de sociedad- y de la unión entre el Estado y la Iglesia- condujera a una profunda crisis filosófica y a una ruptura de la síntesis teológica del siglo XIII. Igualmente, hay que tener en cuenta que estos filósofos son “clérigos” o monjes, acogidos a la autoridad del obispo o del abad. Era natural, también, que los monjes desarrollasen un pensamiento más místico, y que los maestros de las Universidades fueran más racionalistas.

5. Las fuentes que se usan son enormemente variadas: Biblia, Santos Padres, filósofos griegos, árabes y judíos, escolásticos primitivos....Al principio, la filosofía griega es conocida sólo muy fragmentariamente y casi siempre por referencias indirectas. La ampliación de las fuentes determina progresos notables, pero también crisis de asimilación (caso del aristotelismo). Tales fuentes son consideradas como “autoridades”. Pero los escolásticos se muestran bastante libres en el uso de las autoridades filosóficas: las interpretan (los comentarios de Tomás de Aquino a Aristóteles son de un gran valor), las adaptan al dogma cristiano, las entremezclan.

6. No se debe considerar el siglo XIV como una época de decadencia, sino como un período enormemente activo y creativo. En él se realiza una ruptura importante con la tradición filosófica griega: superación del intelectualismo; nominalismo que niega las esencias y da la prioridad al individuo; la intuición como medio privilegiado de conocimiento, etc. Ello hace que la filosofía moderna se encuentre en mucha mayor continuidad con la medieval de lo que podría parecer a simple vista. No solamente Descartes debe mucho a la escolástica.También Spinoza y Leibniz. Y el empirismo inglés enlaza con la tradición experimentalista de Oxford y el nominalismo de Ockham.



DESPUES DE ARISTÓTELES