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Tema: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

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  1. #1
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    El verdadero “Dinero Helicóptero”

    Por Oliver Heydorn


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    Un amigo recientemente trajo mi atención sobre un artículo muy interesante subido por “Tyler Durden” en Zerohedge.com:

    It Begins: "Central Banks Should Hand Consumers Cash Directly" | Zero Hedge.


    Después de criticar los intentos de la Reserva Federal de impulsar la economía en el último par de años a través de la “flexibilización cuantitativa”, el autor procede a advertirnos acerca del próximo intento para apoyar a los órdenes financiero y económico existentes: el “dinero helicóptero”. Él cita un artículo reciente que apareció en la publicación Foreign Affairs del Council of Foreign Relations, titulado “Imprimir Menos pero Transferir Más: Por qué los Bancos Centrales Deberían Dar Dinero Directamente a la Gente.”

    Ese artículo puede leerse en su totalidad aquí: Mark Blyth and Eric Lonergan | Why Central Banks Should Give Money Directly to the People | Foreign Affairs.

    Ahora bien, en tanto que organización globalista, debería resultar claro que el Council of Foreign Relations y sus recomendaciones políticas no han de ser dignas de confianza. Los individuos que financian a esa organización particular están interesados en centralizar el poder económico y político en manos de unos pocos, los super-ricos, y no en descentralizar el poder en una forma equitativa para cada individuo en la sociedad. No debería resultar una sorpresa, pues, que lo que Mark Blythe y Eric Lonergan están proponiendo en Foreign Affairs constituye, siguiendo la línea de la tradición keynesiana, una inversión de la política monetaria del Crédito Social. Sí, en efecto, la economía necesita de una liquidez adicional (existe una brecha recurrente entre los precios para el consumidor y el poder adquisitivo del consumidor), y sí, en efecto, sería lo mejor tanto desde un punto de vista económico como social suministrar esa liquidez directamente a los bolsillos de los consumidores. Sin embargo, si ese poder adquisitivo adicional fuera inyectado en la economía junto con un volumen igual de deuda; si viniera, en otras palabras, en forma de “dinero-deuda”, tal ajuste simplemente establecería una espiral de reacción clara y definida que tendería a socavar constantemente cualesquiera efectos beneficiosos que este tipo de innovación pudiera tener por otra parte. Incrementaría, en la medida en que se persistiera con ella, la montaña de deuda crónica (que es, en su totalidad, impagable) bajo la cual nos movemos penosamente. Igualmente intensificaría la continua marcha de la inflación.

    Uno no puede tratar con los problemas creados por un sistema de precios desequilibrado ni con las deudas impagables que genera, haciendo más de lo mismo e introduciendo incluso más dinero-deuda dentro del sistema. Lo que la economía necesita y lo que los consumidores necesitan es un incremento en la liquidez real, es decir, poder adquisitivo adicional que sea creado libre de deuda. La economía necesita el “dinero helicóptero”, pero siempre que sea dinero helicóptero libre de deuda. No necesita ese dinero, en ningún sentido fundamental, por el bien del crecimiento continuado (considerado como un fin en sí mismo), sino por el contrario para que pueda cumplir su verdadero propósito de la mejor forma posible: la distribución de bienes y servicios cuando, donde y en la medida en que sean requeridos, con la mínima cantidad de inconvenientes para cualquiera. El funcionamiento apropiado requiere de un equilibrio inherente. El dinero helicóptero libre de deuda equilibraría los precios para el consumidor con los ingresos del consumidor sin que se añadiera más a los costes futuros intensificando el problema de la deuda. Las buenas noticias son que la asunción subyacente tanto de los defensores como de los críticos del “dinero helicóptero” de que “en un país (y un mundo) ahogándose con deuda, sólo existen dos opciones para extinguir dicha deuda: inflarla o entrar en quiebra”, constituye una falsa alternativa. Existe una tercera opción: cancelar las deudas excesivas, que se generan por el normal funcionamiento del sistema de precios bajo las actuales convenciones contables y financieras, emitiendo un volumen suficiente de dinero libre de deuda para reestablecer un equilibrio automático. Distribuir una cierta proporción de ese dinero en forma de un Dividendo Nacional para cada ciudadano, ya esté empleado o no. Distribuir otra proporción en forma de un Descuento Nacional para rebajar los precios para el consumidor en consonancia con la proporción entre consumo/producción. Éste es el verdadero núcleo de la solución que ha sido propuesta por el Crédito Social durante los últimos noventa y pico años.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  2. #2
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Los seres humanos no necesitan aplicarse

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    Por Oliver Heydorn


    El siguiente video, titulado “Los seres humanos no necesitan aplicarse”, ha recibido más de 2 millones de visitas en youtube. Explica cómo el desarrollo de máquinas inteligentes (ordenadores, robots, etc…) amenaza ahora muchas de las ocupaciones que tradicionalmente eran confiadas a la capacidad mental del ser humano (a la vez que continúan amenazando aquellos puestos de trabajo que eran confiados primariamente a la capacidad muscular del ser humano). El resultado es que más y más gente están dejando, –y continuarán dejando– de ser empleados permanentemente. La solución a este problema creciente está en la solución ofrecida por el Crédito Social.

    A la gente se le debe conceder acceso a los bienes y servicios con independencia de si su trabajo es requerido por la economía formal o no. Más aún, ese acceso no debe suponer un endeudamiento mayor de la sociedad, ni debe depender de unos impuestos redistributivos. Sino que debe ser financiado a través de la creación de un volumen adecuado de dinero libre de deuda, para así igualar el ritmo de flujo de precios para el consumidor con el ritmo de flujo de ingresos del consumidor. El mismo fenómeno que, desde un plano físico, está haciendo que la gente quede permanentemente en paro (es decir, el reemplazo del trabajo humano por las máquinas) constituye el mismo fenómeno que, desde un plano financiero, es el principal responsable de la brecha entre el ritmo al que los precios de los bienes y servicios se generan y el ritmo al que el ingreso es distribuido por cualquier proceso productivo moderno (la máquinas o el capital real implican, bajo las actuales convenciones financieras y de contabilidad, la imposición o recaudación de cargas financieras para las cuales no se está liberando simultáneamente ningún volumen, o un volumen insuficiente, de ingreso). El Crédito Social mata dos pájaros de un tiro al ocuparse efectivamente de ambos lados de el problema social central de nuestra edad: el sistema financiero que tenemos no está diseñado para tratar adecuadamente con las realidades del progreso industrial.








    Un par de interesantes comentarios posteriores:


    Cecilia: Es aterrador el ver aquello con lo que las generaciones que vienen tendrán que enfrentarse. A algunos de nosotros que hemos vivido antes de la tecnología y la total automatización se nos dio la oportunidad de experimentar la vida tal y como debería ser, y aunque se nos catalogó de acuerdo con nuestra clase social, niveles de educación, etc., nos enorgullecíamos en poder contribuir a la fuerza de trabajo, lo cual a su vez nos daba orgullo y una sensación de dignidad. Como seres humanos, siempre se nos dejaba “espacio para el error”; la automatización es demasiado perfecta, demasiado artificial y demasiado engañosa. Esto nos lleva a preguntarnos quiénes serán los VERDADEROS robots. Dios bendiga a las nuevas y próximas generaciones.

    Oliver Heydorn: Hola Cecilia. Tienes razón en sugerir algunos de los peligros de la tecnología. En efecto, los seres humanos pueden convertirse, y a menudo lo hacen, en esclavos de la máquina de diversas formas. Al mismo tiempo, me parece a mí que el problema no radica en la tecnología en sí misma (de muchas formas la tecnología sabiamente usada constituye una gran bendición, tanto en términos de lo que puede producir como en el sentido de liberar a los hombres de la fatiga), sino más bien con el tipo de condiciones que el actual sistema financiero disfuncional impone en nuestra relación con la tecnología. En otras palabras, la clave está en que seamos capaces en definir o limitar esa relación de forma que la tecnología nos sirva a nosotros, en lugar de ser esclavos, o ser llevados de otra forma a la ruina, a consecuencia de nuestra dependencia de las máquinas. El actual sistema financiero, con su escasez artificial de poder adquisitivo, hace mucho más difícil, de lo que en otro caso lo sería, poder ser maestro en lugar de esclavo de la máquina.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  3. #3
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Acerca de: La cada vez menor necesidad de fuerza de trabajo.

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    Por Wallace Klinck


    El siguiente comentario fue presentado por Wally Klinck en referencia a una reciente entrada en un blog: The Shrinking Need for a Workforce: This Time it.



    Tu artículo del 1 de Septiembre de 2014, acerca de “La cada vez menor necesidad de fuerza de trabajo”, acompañado de un excelente video, se centra en el asunto central de nuestra asombrosa edad. Cuán bendecidos somos en tener una tecnología maravillosa que nos permite producir más y más de nuestros deseados y/o necesitados bienes y servicios con un esfuerzo humano decreciente, y con una oportunidad siempre creciente para expandir el ocio en una sociedad cultivada. El, así llamado, “problema” del crecimiento del “paro” no es un problema en absoluto, siempre y cuando divorciemos el derecho a poder consumir de los ingresos procedentes del trabajo. Lo que constituye el problema es una insuficiencia de ingresos totales. El problema central es una insuficiencia de ingresos totales en relación con los costes totales y precios, a medida en que la necesidad para el trabajo remunerado se reduce. En los días de la Alegre Inglaterra [1] la gente disfrutaba aproximadamente de 150 días de fiesta al año y aún así, con un nivel mucho menor de tecnología, todavía podían proveer para las necesidades de su vida. Que se diga que deberíamos intentar mantener el “pleno-empleo” en la presente edad de superproducción constituye un completo anacronismo.

    Aproximadamente hace un siglo, el progresivo desplazamiento del trabajo humano por la tecnología fue observado, y su crecimiento exponencial correctamente predicho, por el ingeniero Mayor Clifford Hugh Douglas, cuyas ideas vinieron a ser conocidas con el nombre de Crédito Social. Douglas explicaba la necesidad de idear un método de distribución que fuera independiente del trabajo remunerado. Mientras era Director Asistente de la Real Fábrica de Aviación en Farnborough en Inglaterra, y a través del estudio de las cuentas de aproximadamente otras cien empresas británicas, él confirmó que toda fábrica, excepto aquéllas que iban a la bancarrota, creaban costes financieros y precios en un volumen mayor de aquél en que distribuían ingresos efectivos. En el funcionamiento normal de la economía, se creaba una “brecha” creciente entre los precios finales y el ingreso efectivo del consumidor.

    Esta deficiencia de poder adquisitivo se incrementa con el uso intensificado de tecnología, en donde las “cargas de la máquina” se incrementan en relación con las cargas laborales. Cuanto más modernizamos nuestra economía, más desequilibrado o no auto-liquidable se vuelve el sistema financiero, y nos sabotea las ganancias reales que hacemos en eficiencia física existente. Paradójicamente, este fenómeno ocurre debido a las crecientes cargas de capital asignadas, las cuales deben ser añadidas a los costes generadores de ingresos de los sueldos, salarios y dividendos en cada ciclo de contabilidad de costes industrial. Intentamos compensar esta creciente grieta entre costes financieros e ingresos, contrayendo deudas cada vez más grandes con las instituciones bancarias, las cuales crean préstamos como nuevo crédito que, como deuda, les son debidos a ellas mismas. Esto realmente no liquida los costes de producción sino que los transmite, como una carga inflacionaria, contra ciclos de producción futuros. También nos metemos en vastos gastos de capital nuevo, como obras de capital superfluas y producción de guerra, para así generar ingresos que puedan permitir demandar, no producción actual, sino pasada. También nos metemos en intentos irracionales e internacionalmente provocativos de exportar más bienes de los que importamos.

    Douglas propuso lo que debería ser la solución obvia: establecer una Cuenta de Crédito Nacional como una estimación en base a cálculos estadísticos de los activos potencialmente productivos de la nación, es decir, su Crédito Real: todo aquello que, si es usado para la producción, podría crear precios. Asegurarse de que toda nueva producción sea financiada mediante nuevos créditos emitidos por los bancos en la forma habitual. Reducir de la Cuenta de Crédito Nacional los costes de toda esa nueva producción en marcha, pero acreditar o aumentar esta Cuenta con toda la nueva producción finalizada. Reducir de la Cuenta de Crédito Nacional, como partidas de consumo, los fondos para pagar a cada ciudadano un Dividendo Nacional y a cada minorista una suma determinada por la proporción decreciente de consumo nacional con respecto a la producción, permitiendo a estos minoristas reducir los precios finales al por menor en el punto de venta, es decir, establecer Precios Compensados, los cuales serán mucho menores en relación con los precios contabilizados convencionalmente. Ya que la Cuenta de Crédito Nacional se acreditará o aumentará con toda nueva producción de capital, siempre estará creciendo con independencia del dinero “libre de deuda” que se esté retirando de ella para financiar los Dividendos Nacionales y los Precios Compensados. Los costes físicos de la producción, es decir, la energía humana y no humana y los materiales requeridos, todos han sido satisfechos una vez que el bien queda completado para su uso. No hay ninguna deuda física adjunta a estos artículos y el sistema financiero debería reflejar correctamente este hecho. No debería haber necesidad, a un nivel macroeconómico, de ninguna deuda del consumidor de ningún tipo.

    Las propuestas de Douglas nos darían una abundancia creciente con una caída de los precios de los bienes al por menor y una oportunidad para obtener un ocio creciente. El “paro” se vería apreciado como la bendición que en realidad es. Ya no necesitaríamos más tener que financiar las adquisiciones de producción actual mediante ingresos derivados de una, así llamada, actividad “económica” adicional, crecientemente irrelevante, derrochadora y destructiva. La principal causa de la fricción internacional y de la guerra quedaría eliminada, y las naciones serían capaces de dedicarse a una auténtica balanza comercial en lugar de intentar forzar las exportaciones por encima de las importaciones para así poder capturar créditos exteriores, en un intento de compensar la insuficiencia interna de poder adquisitivo del consumidor. Podríamos penetrar en una Civilización segura, de ocio y cultivada, algo que resulta totalmente imposible bajo el actual defectuoso sistema financiero.


    [1] Nota mía. Denominación inglesa, con tintes nostálgico-románticos, que se hace respecto del periodo comprendido entre el apogeo de la Edad Media y los tiempos inmediatamente anteriores a la llegada de la Revolución Industrial.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  4. #4
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Contador de la Deuda Global



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    Por Oliver Heydorn


    Puede que algunos lectores estén ya familiarizados con el contador de la deuda de Estados Unidos: U.S. National Debt Clock : Real Time

    The Economist también publica un contador de la deuda global que trata exclusivamente con las deudas públicas nacionales: World debt comparison: The global debt clock | The Economist

    Una de las cosas que resultan interesantes con respecto a esta presentación, es que The Economist mantiene el engaño de que las deudas públicas son dineros que los gobiernos tomaron prestado a partir de los ahorros de sus ciudadanos: “Después de todo, los gobiernos del mundo deben el dinero a sus propios ciudadanos, y no a los Marcianos”. Si bien un cierto porcentaje (normalmente pequeño) de los préstamos públicos pueden tomar esta forma, sin embargo la mayor parte del mismo implica, directa o indirectamente, la creación de nuevo dinero por parte de los bancos privados, el cual entonces es efectivamente prestado a los gobiernos mediante la adquisición de bonos del gobierno, etc… Bien podrían deberse igualmente a los Marcianos. La devolución de este tipo de deuda supone hacer que salga dinero fuera de circulación, mientras que la devolución de deudas a los ciudadanos privados no implica en sí misma esta salida (aunque los ingresos pueden ser usados por los receptores para pagar deudas bancarias).

    Otro asunto interesante es que las cifras para la deuda federal de los EE.UU. son de 3,7 billones de dólares menor (aproximadamente) en comparación con las cifras comunicadas en el contador de la deuda de los EE.UU.

    Por supuesto, en una sociedad de Crédito Social, todas las deudas públicas crónicas (junto con las cargas de interés que se perciben sobre ellas) quedarían eliminadas. Un sistema financiero que estuviera en equilibrio y que reflejara correctamente los hechos económicos físicos quedaría libre de sufrir de una continua acumulación de endeudamiento público a todos los niveles de gobierno.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  5. #5
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    Una recensión de “La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica”


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    Por Oliver Heydorn


    La siguiente recensión de mi pequeño libro La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica fue recientemente publicada por James Reed en Australia: CATHOLIC TEACHING AND THE ECONOMICS OF SOCIAL CREDIT - James Reed


    El Sr. Reed ha proporcionado un muy buen resumen de algunos de los principales puntos que se presentan en este pequeño libro. Debería subrayar también que, si bien Douglas y muchos otros Creditistas Sociales principales (que yo sepa, no fueron “la mayoría”) han sido protestantes, su protestantismo a menudo ha sido de la denominación anglicana o anglo-católica. Esta rama particular del protestantismo es mucho más “católica” en su orientación social y, efectivamente, en su orientación espiritual general, que protestante. Me he tomado la libertad de reproducir la excelente recensión de Reed a continuación:




    Puede que se me demuestre estar equivocado: ¡podría muy bien haber esperanza para el Catolicismo! Tal y como se informó en On Target del 27 de Junio de 2014, el Papa Francisco ha atacado al sistema económico global, proclamando que éste pone el dinero por delante del bienestar de la gente, saca beneficios de la guerra al estilo de la Madre Coraje [1], y pronto lanza a los jóvenes al montón de desechos de la economía. Algunos países tienen un nivel de paro juvenil de más del 50 por ciento, lo cual supone un chocante desamparo del futuro.

    También estoy extremadamente impresionado por el Dr. M. Oliver Heydorn, que junto con su libro Economía del Crédito Social, una obra enorme, tiene un pequeño libro, La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica (2014). Aunque el Mayor Douglas (1879-1952) fue protestante, como lo fueron la mayoría de los otros fundadores del crédito social (por ejemplo, Eric D. Butler), ha habido, especialmente en Canadá, una gran tradición de creditistas sociales católicos, en particular los asociados alrededor de la revista Michael. Es muy apropiado asociar un ángel “luchador” con un movimiento que espera cambiar el mundo.

    En su prefacio a La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica, el Dr. Heydorn subraya que nuestro presente sistema económico es intrínsicamente disfuncional y, consecuentemente, “económica, política, cultural y medioambientalmente insostenible”. De esta forma, “estamos en camino de un desastre global (y lo hemos estado durante un número de siglos)”.

    El Crédito Social, aprovechado por los católicos del mundo, puede ser justamente el elemento que cambie el rumbo de la apisonadora del desastre en “el último momento”.

    Si bien uno puede ser un defensor del Crédito Social sin ser un católico y viceversa, las reformas y política del Crédito Social se engranan precisamente con los principios filosóficos del catolicismo. Douglas mismo reconoció que la posición del católico romano en economía constituía una “perspectiva esencialmente cristiana”. Escribiendo en su libro El Desarrollo de la Dominación Mundial, Douglas observaba: “El Crédito Social es cristiano, no primariamente porque fuera diseñado para ser cristiano, sino porque laboriosamente des-cubría la realidad. Si el cristianismo no es real, entonces no es nada; no es “verdad”, es la Verdad.”

    Tanto el catolicismo como el crédito social se oponen a las doctrinas del materialismo (materialismo dialéctico) y la lucha de clases, la supresión de la propiedad privada y la esclavitud y la subordinación del individuo que abrazan los socialistas/comunistas. Una comisión teológica establecida por los obispos de Quebec a finales de la década de los años 30, concluyó que el Crédito Social no era una forma de socialismo o comunismo. La Iglesia Católica en sí misma no tiene la autoridad económica para hacer un juicio sobre la doctrina económica misma (y, por tanto, sobre la propia solidez económica del Crédito Social), sino solamente sobre amplias orientaciones filosóficas. Sin embargo, la comisión teológica determinó que el Crédito Social era coherente con los principios fundamentales católicos tales como la dignidad de la persona humana, el mantenimiento del bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

    El tema de la primacía del individuo corre a lo largo de las obras de C. H. Douglas y de otros gigantes del Crédito Social como Eric Butler. La idea consiste en que los sistemas económicos y políticos deberían ser los servidores de la gente y no al revés como ocurre hoy en nuestro sistema económico.

    Lo mismo para el principio del bien común, o la Ley del Amor, como Mateo 22, 39 lo expresa: “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”. La sana asociación social promueve el bien de todas las personas y de todo el hombre. Douglas creía que el objetivo del Crédito Social era crear “una sociedad basada en la libertad sin restricciones del individuo para cooperar en un estado de cosas en donde la comunidad de intereses y el interés del individuo no fueran más que diferentes aspectos de la misma cosa”, que es como Douglas planteó el asunto en su libro “Democracia Económica”.

    El principio de subsidiariedad se basa en las virtudes de la descentralización, de no hacer con una unidad social mayor algo que pueda hacerse con una más pequeña. El catolicismo, de esta forma, debe oponerse al mundo moderno de globalización económica y centralización política, y el Crédito Social ciertamente se opone a esto. Douglas, en “Democracia Económica”, lo resumió concisamente al decir: “Debemos construir hacia arriba desde el individuo, y no hacia abajo desde el Estado”.

    El Crédito Social también sirve para preservar a la unidad más fundamental de la sociedad, la familia, apoyando así el ancho principio de descentralización. Las mujeres que se quedaran en casa verían su trabajo doméstico económica y socialmente reconocido.

    El principio de solidaridad equilibra al principio de subsidiariedad, haciéndolo coherente con el principio del bien común, de tal forma que la descentralización no permita que los individuos y grupos se beneficien a expensas de individuos y grupos más débiles. Ambos principios son necesarios para funcionar juntos para así conseguir el bien común. Douglas reconoció que las gentes en la sociedad son interdependientes y, sobre esa base, rechazó el individualismo del liberalismo que, en última instancia, conducía a que los individuos más poderosos dominaran a los menos poderosos. Más aún, el Crédito Social, al asignar un Dividendo Nacional, que da a cada individuo una parte en los beneficios comunes, afirma la dignidad del individuo.

    Eliminando el monopolio del crédito e igualando el flujo de los precios finales con el suficiente poder adquisitivo del consumidor significa que, como el Dr. Heydorn señala, “Nunca más habría un grupo de élite de financieros en posición de poder usurpar la plusvalía que surge de la asociación económica para sus propios intereses e ilegítimamente a expensas del resto de nosotros”. (p. 17).

    La Economía del Crédito Social y la Doctrina Social Católica es un libro excelente y fácil de leer, apoyado por numerosas citas y fuentes. Todos aquéllos que busquen el fin de la tiranía financiera harían bien en leer este libro.



    [1] Nota mía. “Madre Coraje y sus hijos”, es una obra de teatro de Bertolt Brecht, en donde se pone de manifiesto una posición contraria a la guerra y al comercio realizado en medio de ella.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  6. #6
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    La obsesión puritana de América con el trabajo


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    Por Oliver Heydorn


    Hace unos pocos meses, Abby Martin, de Russia Today, criticó la insana obsesión con el trabajo que caracteriza a la cultura americana. El americano medio entre los 25 y 54 años y que tiene al menos un hijo, dedica nueve horas cada día a trabajar, y los americanos trabajan más que los trabajadores de casi cualquier otro país industrializado. La ausencia de cosas tales como el permiso parental remunerado, de vacaciones pagadas garantizadas, etc…, sólo sirve para reforzar la importancia del empleo como el eje central alrededor del cual debe girar toda la vida de uno mismo. El trabajo se ha convertido en un fin en sí mismo, la razón de ser de la misma existencia de uno. ¿Para qué nos hizo Dios? Bueno, pues para trabajar, ¡por supuesto!





    En contraposición con la actitud general exhibida por el status quo americano, el trabajar en la economía formal no constituye un fin en sí mismo sino un mero medio para un fin. Deberíamos trabajar, –y solamente en tanto en cuanto el trabajo sea realmente requerido por el potencial físico o real de la economía–, para poder vivir y no vivir para poder trabajar. De acuerdo con San Atanasio, confundir los medios con los fines constituye la misma esencia del pecado. Esta particular inversión de los medios y los fines tiene su raíz en esa perversión del cristianismo auténtico, también conocido como puritanismo, una ideología religiosa, mejor dicho herejía, que ha plagado a la sociedad americana desde su fundación.

    La obsesión con el trabajo como un fin en sí mismo es tan penetrante y sus efectos en la cultura americana tan tóxicos, que las siguientes frases de George W. Bush en una reunión en el ayuntamiento de una ciudad, atrás en 2005, solamente recogió aplausos:





    En verdad, el hecho de que esta madre divorciada de tres hijos tenga que trabajar en tres empleos (!) para poder satisfacer sus fines, no es una ocasión para la exultación (por ejemplo, “¡Eso es fantástico”!) ni para la autocomplacencia (“¡Esa genuina americana!”), sino que más bien es una indicación de que hay algo fundamental y estructuralmente equivocado con la economía americana y con la cultura americana. En contraste, se ha registrado por parte de historiadores acreditados que en la “Alegre Inglaterra”, la cual era una Inglaterra católica en lugar de una Inglaterra puritana, el campesino medio sólo tenía que trabajar 15 semanas al año bajo las condiciones preindustriales para poder proveer para su familia, y que disfrutaba también de 150 días de fiesta oficiales todos y cada uno de los años. ¿Qué hacía con su “tiempo libre”? Bueno, lo disfrutaba y posiblemente dedicara parte de él en actividades útiles y especialmente creativas. Tanto la alta cultura como la cultura popular florecieron como resultado. La industrialización debería haber mejorado el nivel de vida sin sacrificar el tiempo de ocio de la gente. Esto no ocurrió así porque, como todo creditista social sabe, hay incrustado un monopolio del crédito disfuncional en nuestro actual sistema financiero; sistema que no refleja ni registra correctamente los hechos económicos físicos. Desafortunadamente, el americano tipo está tan ocupado trabajando como para poder tener, en absoluto, el tiempo o la energía de reflexionar sobre el profundo absurdo de todo esto. Y así la locura continua…


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  7. #7
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    Un resumen de la reforma monetaria del Crédito Social


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    Por M. Oliver Heydorn


    Aunque estoy profundamente en desacuerdo con la cosmovisión y espiritualidad tipo “New Age” de Walter Russell, pienso que él estuvo en lo cierto cuando afirmó que la misma esencia del universo creado consiste en un “rítmico intercambio equilibrado”. De manera similar, pienso que el tipo de cambios previstos por una reforma monetaria del Crédito Social (en clara contraposición a todas las demás propuestas de reforma monetaria) pueden ser apropiadamente definidos en términos de un “equilibrio auto-liquidable distributivo”. Permítasenos examinar cada uno de estos elementos sucesivamente y en orden directo.


    1) Equilibrio: el actual sistema financiero está inherentemente desequilibrado; el Crédito Social quiere hacerlo equilibrado.

    El actual sistema financiero no efectúa un equilibrio inherente o automático entre el ritmo de flujo de los precios de bienes de consumo y el ritmo de flujo del poder adquisitivo del consumidor. Por el contrario, debido a una variedad de factores (obtención de beneficios, ahorros, la reinversión de los ahorros, políticas bancarias deflacionarias, impuestos, y el factor A + B), el ritmo de flujo de los ingresos que se hacen disponibles por medio de los procesos productivos para liquidar los correspondientes precios son significativamente inferiores al ritmo de flujo de los precios de los bienes de consumo en todo típico país industrializado, y se va reduciendo continuamente a medida que las máquinas reemplazan al trabajo humano en la producción. El actual sistema confía en una variedad de paliativos con el fin de restaurar algún tipo de equilibrio entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos, pero ninguno de ellos funciona automáticamente ni sin engendrar al mismo tiempo serios problemas de algún tipo u otro por sí mismos. Por contraste, el Crédito Social sostiene que el sistema financiero debería automáticamente proporcionar lo necesario para el equilibrio emitiendo un volumen suficiente de poder adquisitivo adicional, de tal forma que los precios de los bienes de consumo y los ingresos puedan ser llevados al equilibrio y ser mantenidos en equilibrio.

    2) Auto-liquidable: el actual sistema financiero, de manera cada vez más creciente, no es auto-liquidable; el Crédito Social quiere hacerlo auto-liquidable.

    El principal remedio empleado por el sistema existente consiste en cubrir la brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos confiando en que los gobiernos, los negocios, y/o los consumidores tomen prestado, para traerlo a la existencia, el dinero necesario para incrementar el flujo de poder adquisitivo del consumidor. Los ingresos futuros son (directa o indirectamente) hipotecados para la devolución gradual del dinero-deuda compensatorio. Éste es inflacionario pues los ingresos erosionados conducirán a reivindicaciones por motivo de aumentos en el coste de la vida, las cuales a su vez conducirán a una espiral de salarios y precios. Más aún, puesto que este paliativo solamente puede proporcionar liquidez adicional siempre que las nuevas deudas compensatorias se estén contrayendo a un ritmo más rápido al que las viejas deudas compensatorias están siendo reembolsadas, el hecho de confiar en los préstamos para cubrir la brecha deriva en la acumulación continua de una montaña de deuda social imposible de devolver, y esto hace al sistema financiero en su conjunto insolvente, y de manera cada vez más creciente. Las recurrentes crisis que amenazan con el colapso de la economía entera constituyen la inevitable disyuntiva. Por contraste, el Crédito Social, al insistir en que el flujo automático de poder adquisitivo adicional sea emitido libre de deuda, permite que esa proporción de los precios que no puede ser satisfecha mediante el flujo regular de los ingresos del consumidor sea eliminada de la existencia de una vez por todas, en lugar de estar transfiriéndolos mediante deuda como costes contra el futuro. El equilibrio del Crédito Social, pues, no solamente es un equilibrio automático, sino también un equilibrio real en donde los débitos y los créditos se igualan dinámicamente. ¿Resultado de todo esto? No hay inflación, no hay acumulación de deudas imposibles de devolver, y no hay crisis financieras recurrentes.

    3) Distributivo: el actual sistema financiero confía en medidas compensatorias que no son máximamente distributivas; el Crédito Social quiere reemplazarlas por medidas compensatorias que sean máximamente distributivas.

    Debido a la innecesariamente fuerte y, en realidad, irracional vinculación entre empleo e ingreso bajo el actual sistema económico (digo irracional porque la producción industrial puede suministrar todos los bienes y servicios que podamos usar con provecho sin necesidad de tener que acudir a la plena capacidad de la fuerza laboral), la mayoría de los individuos solamente pueden conseguir acceso al poder adquisitivo que proporciona el actual flujo compensatorio de dinero-deuda del sistema intercambiando su trabajo al servicio de los objetivos de alguien y bajo las condiciones impuestas por este último. Para equilibrar el flujo circular bajo el actual status quo se requiere, pues, la transferencia del ingreso, del privilegio y del control sobre la política desde el individuo común a una oligarquía económica. En pocas palabras, se requiere “la desproporcionada centralización del poder económico”. Por contraste, el Crédito Social insiste en que el flujo compensatorio de poder adquisitivo libre de deuda que propone como alternativa ha de ser distribuido directamente (a través del Dividendo Nacional) o indirectamente (a través del Descuento Nacional) a cada ciudadano individual, con independencia de si está formalmente con empleo o no. Esto derivará en la máxima descentralización del poder económico que simultáneamente sea compatible con una economía en funcionamiento. También ayudará a eliminar el despilfarro económico o sabotaje en sus varias formas haciendo financieramente factible y deseable para la economía el que ésta funcione lo más eficientemente posible en lo que a unidades de energía-tiempo humanas se refiere. El pleno empleo considerado como objetivo fijo, junto con la tremenda mala dirección de los recursos económicos con la cual está estrechamente relacionado, pueden ser ambos desechados. Los beneficios sociales y medioambientales de una innovación tal en la vida económica no pueden ser subestimados.

    El núcleo de la exigencia del Crédito Social de cara al sistema financiero y, de ahí, de cara a las autoridades políticas puede, pues, resumirse en una triple exigencia: el tipo de reforma monetaria que necesitamos es aquél que asegure que el sistema financiero estará a) inherentemente equilibrado, b) será auto-liquidable, y c) será máximamente distributivo. Nada más hará, puesto que nada más proporcionará un sistema financiero que opere al servicio pleno del hombre común y no, en cierta medida, contra él.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  8. #8
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    Crédito Social y usura


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    Por M. Oliver Heydorn


    Uno de los más comunes malentendidos en lo que al Crédito Social se refiere consiste en la noción de que el diagnóstico del Crédito Social puede ser resumido adecuadamente de la siguiente manera: “El problema con el actual sistema financiero consiste en que los bancos crean dinero de la nada en forma de crédito bancario y, a continuación, proceden a cargar un interés sobre el dinero que ellos prestan. Desafortunadamente, ellos no crean el dinero para pagar el interés y esto conduce a una acumulación continua de deudas imposible de devolver, etc., etc.”. Esta interpretación popularizada del Crédito Social es errónea.

    Es absolutamente vital para la gente entender que, en contraposición con esos reformadores monetarios que querrían focalizar toda nuestra atención sobre la creación privada del dinero y sobre la cuestión de la usura (independientemente de su definición), el diagnóstico del Crédito Social apunta a otra y mucho más profunda dirección. Si bien es cierto que los bancos efectivamente crean la mayor parte del suministro de dinero ex nihilo y en forma de deuda con un interés añadido, y si bien es cierto que estas prácticas pueden ser problemáticas (principalmente en relación al monopolio de facto sobre la creación de dinero que los bancos privados, para todos los efectos, actualmente poseen), el fallo más fundamental del sistema financiero no tiene nada que ver con la creación privada del suministro de dinero ni tampoco con el hecho en sí de cargar un interés.

    El núcleo del problema, de acuerdo con el análisis de Douglas, es que el sistema financiero está inherente o estructuralmente desequilibrado; genera precios a un ritmo más rápido de aquél al que distribuye ingresos. Esta diferencia en los ritmos entre los precios totales y los ingresos totales se manifiesta típicamente como una brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor; una brecha que ha de ser cubierta de una forma u otra si se quiere que la economía alcance un estado de equilibrio financiero y continúe en funcionamiento.

    La brecha en cuestión no es causada exclusivamente, ni incluso primariamente, por el hecho de cargar un interés sobre el crédito bancario. En realidad, si uno quisiera restaurar la creación y emisión de todo el dinero al Estado y prohibir que se cargue interés, la brecha entre precios de bienes de consumo e ingresos todavía permanecería en la medida en que continuaran en su lugar las convenciones estándar que gobiernan la financiación de la producción y la contabilidad del coste industrial. Si bien el hecho de cargar interés puede exacerbar la brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor (en la medida en que los beneficios del banco puedan ser mantenidos en reserva, reinvertidos, o utilizados para pagar deudas, o en la medida en que el dinero necesario para pagar el factor del interés en los beneficios del banco no pueda ser fácil o rápidamente redirigido a partir de otras obligaciones de gastos, etc.), la principal causa que está detrás de la brecha tiene que ver con el capital real. La adquisición de capital real bajo las actuales convenciones financieras deriva en la acumulación de costes en el proceso productivo respecto de los cuales no se ha distribuido poder adquisitivo, o se ha distribuido un volumen insuficiente de poder adquisitivo. Para el tiempo en que estos costes de capital se presentan para ser liquidados por el consumidor en los precios de los bienes y servicios de consumo, éste no tiene suficientes ingresos generados a partir de su producción para ser capaz de poder pagarlos.

    Más aún, si bien es igualmente cierto que bajo el actual sistema el hecho de cargar un interés puede ser a) oneroso (en la medida en que por el hecho de tener que pagar un interés podría detraer bastante de los ingresos de uno como para que la vida del día a día se convierta en gravosa y las necesidades legítimas de uno no puedan ser adecuada o fácilmente satisfechas), b) explotador (en la medida en que el hecho de verse obligado o fuertemente presionado a tomar prestado dinero en condiciones asimétricas ni siquiera existiría si la economía y, por consiguiente, los individuos disfrutaran automáticamente de niveles adecuados de poder adquisitivo para el consumo), y c) excesivo (en la medida en que uno podría ser requerido a pagar grandes, incluso sumas increíblemente grandes en interés que podrían exceder las cantidades originalmente tomadas en préstamo, en caso de que uno sea incapaz de devolver sus deudas de manera relativamente rápida), también es cierto que la restauración de un equilibrio automático y auto-liquidable para el sistema financiero conforme a las directrices de las propuestas del Crédito Social eliminarían todos estos objetables, es decir, usureros aspectos de la práctica, aún cuando el cargo de interés tuviera que continuar en una economía de Crédito Social. La distribución del flujo compensatorio de dinero libre de deuda al consumidor (mediante el Dividendo Nacional y el Descuento Nacional) acabaría con la desproporcionada centralización de la riqueza económica y del poder que están asociados con el actual monopolio del crédito, poniendo fin a este monopolio. En otras palabras, en un sistema financiero equilibrado, el cargo del interés cesaría de ser un problema. Ya que cesaría de ser un problema y ya que no constituye el problema subyacente en todo caso, el foco de atención de los reformadores monetarios debería centrarse en la restauración de un equilibrio conveniente para el flujo circular y no en eliminar la usura.

    Al final del día, los bancos privados (que continuarían funcionando bajo el Crédito Social como los contables financieros de la comunidad y como reguladores de la producción privada) deben ser capaces de cubrir sus legítimos costes y de hacer un beneficio a cambio de promover satisfactoriamente los intereses reales de la comunidad mediante la financiación de la producción deseable (es decir, remunerable). Deben, por tanto, recibir el derecho a imponer tasas, en una forma u otra, por sus servicios.


    Adenda: Como ha advertido Wally Klinck en su comentario a este artículo (véase más abajo), el crimen fundamental del sistema bancario actual no consiste en sí en la carga de un interés sobre dineros creados de la nada, sino más bien en el hecho de que la brecha recurrente entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor (que no existiría si el sistema financiero fuera un sistema honesto, es decir, si reflejara correctamente la realidad) permite a los bancos establecer un título ilegítimo de propiedad efectiva sobre el capital real.

    Como hemos visto, la brecha se debe principalmente a la existencia del capital real. Bajo las convenciones actuales, confiamos (en gran medida) en los bancos privados para que cubran esa brecha emitiendo préstamos adicionales a los gobiernos, negocios y consumidores. El incremento en liquidez que requiere la economía significa que estos préstamos compensatorios tenderán a ser devueltos más lentamente de lo que se contraen, conduciendo así a una montaña de deuda cada vez más creciente e imposible de devolver, sobre el cual deberá pagarse un tributo de interés compuesto continuo. La reivindicación tácita o implícita que los bancos hacen regularmente sobre la propiedad del crédito que ellos crean (mediante la exigencia de que les sea devuelto) se transforma, en este caso particular, en una clase de inversión a largo plazo, segura, y totalmente ilegítima. Resumiendo: el sistema de deuda ha permitido a los bancos apropiarse indirectamente del capital real para su propio provecho puesto que ellos son, dado su monopolio en la creación de dinero, los únicos que pueden compensar la brecha. En verdad, la propiedad efectiva del capital real (en contraposición a la propiedad administrativa) realmente recae en la totalidad de los individuos que componen la sociedad ya que los factores comunales de producción tales como los recursos naturales, la plusvalía de la asociación, y la herencia cultural, son los que han hecho posible el capital real. Por esta razón, el Crédito Social propone que la deuda bancaria adicional que actualmente es usada para cubrir la brecha sea reemplazada por dinero libre de deuda que sería emitido a los verdaderos propietarios efectivos del capital real: los ciudadanos comunes.

    Adenda 2: De acuerdo con el principio de que el sistema financiero debería reflejar la realidad física de la economía lo más exactamente posible, sería sumamente apropiado que las tasas que los bancos, bajo el Crédito Social, cargaran sobre los préstamos para la producción (con el fin de satisfacer sus costes y hacer un beneficio razonable) fueran referidas como “cargas por servicios”. Esto pondría en claro que los bancos están siendo abonados por sus servicios y no por el dinero que ellos prestan, como si ese dinero tuviera un valor en sí mismo y por sí mismo. El dinero no será tratado como una mercancía artificialmente escasa bajo el Crédito Social, sino más bien como un mero instrumento numérico, un ticket.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  9. #9
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    Crédito Social y guerra


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    Por M. Oliver Heydorn


    Como hoy es el Día del Recuerdo, pensé que sería apropiado traer a consideración precisamente una de las implicaciones de la teoría del Crédito Social con respecto a la guerra:

    “(…) el sistema financiero (…) es, más allá de toda duda, la principal causa de la fricción internacional. Puesto que, como ya hemos visto, ninguna nación puede comprar su propia producción, resulta inevitable que haya una lucha por los mercados en donde poder deshacerse del excedente. La traducción de esta lucha comercial en un contexto militar es simplemente una cuestión de tiempo y oportunidad.” [1]

    Los credististas sociales han advertido repetidamente que existe una causa económica crónica, enteramente artificial en su naturaleza y, por consiguiente, innecesaria, la cual inexorablemente conduce a las naciones a tomar las armas la unas contra las otras. Debido a la deficiencia subyacente en el poder adquisitivo del consumidor que aflige a todas las sociedades industriales que operan bajo las convenciones estándar bancarias y de contabilidad, los países se ven frecuentemente presionados a aliviar la falta de liquidez en la economía doméstica buscando exportar más de lo que importan. Una, así llamada, “balanza comercial favorable” (que es indudablemente desfavorable en términos reales porque implica una pérdida neta de riqueza real) ayuda a una economía a cubrir la brecha entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor deshaciéndose de parte de su producción excedente al mismo tiempo que simultáneamente incrementa el ritmo de flujo de poder adquisitivo del consumidor (mediante los trabajos que son creados y los beneficios que se consiguen por las compañías exportadoras). El problema es que es matemáticamente imposible para todas las naciones en el mundo exportar más de lo que importan; es un juego de suma cero. Por cada campeón exportador, debe haber un perdedor con un déficit comercial. Los países que importan más de lo que exportan se ven encarados con un problema de brecha que se ha vuelto aún peor a consecuencia de sus actividades comerciales. Puesto que todo país está funcionando bajo la misma interna deficiencia de poder adquisitivo, la lucha por una balanza comercial favorable constituye una lucha por la supervivencia. Ello conduce, muy naturalmente, al conflicto económico, mejor dicho a la guerra económica, en forma de guerras comerciales y alianzas comerciales “libres”, y, con demasiada frecuencia, puede forzar o al menos inducir a un conflicto militar. Un país que no consiga competir exitosamente mediante la “innovación”, el trabajo duro, o presentando en el mercado precios menores que sus rivales en la lucha global por un flujo artificialmente escaso de poder adquisitivo, puede optar por buscar asegurarse su victoria en la guerra económica derrotando a sus oponentes en el campo de batalla. La razón real para la guerra será, por supuesto, más o menos ocultada al público y se encontrará un pretexto, pero la guerra le puede permitir al agresor destruir parte de la capacidad productiva de su rival y/o, a través de la eventual firma de tratados de paz, insistir en condiciones comerciales más favorables para él mismo (como parte de las debidas reparaciones).

    La presión puesta sobre las naciones para cubrir sus brechas internas entre precios e ingresos con balanzas comerciales favorables, se ve intensificada por la política universalmente defendida del pleno empleo. Si insistimos locamente, en directa oposición al potencial físico real de la economía industrial moderna, en que todos (o casi todos) deben trabajar en la economía formal con el fin de obtener poder adquisitivo (o para ser apoyados por aquéllos que lo hacen), entonces estamos exigiendo un continuo crecimiento económico como fin en sí mismo (como medio de distribución de ingresos adicionales a medida que crece la población). La producción resultante debe encontrar alguna salida. Si no puede ser absorbida internamente, deberá asegurarse un mercado para ella en el extranjero. Fue por esta razón que John Hargrave, líder de los Camisas Verdes (un grupo paramilitar de Crédito Social de la década de 1930), proclamó valientemente en más de una ocasión que “Aquél que clama en favor del pleno empleo, clama en favor de la guerra”.

    El Mayor Douglas exploró con cierta extensión las causas puramente económicas que están detrás de la guerra moderna en un discurso en la BBC titulado “Las causas de la guerra”:

    Las causas de la guerra


    [1] C. H. Douglas, The Monopoly of Credit (Sudbury, Inglaterra: Bloomfield Books, 1979), 92.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
    Última edición por Martin Ant; 30/11/2014 a las 18:37

  10. #10
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Portugal precisa do Crédito Social (und Deutschland auch)


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    Por M. Oliver Heydorn


    Portugal tiene una larga historia de expresión de comentarios sociales y políticos y de activismo en formas musicales. En efecto, el cercano golpe de Estado incruento que derribó la dictadura en la Revolución de los Claveles de 1974 fue anunciada (muy literalmente) por Grandola Vila Morena, una canción que había sido compuesta y realizada por Zeca Afonso, un músico popular y disidente político. La Música de Intervencação o “música de protesta” es un método de llamar la atención acerca de problemas, ya sean económicos, políticos o en general sociales en su naturaleza, de los que nadie está dispuesto o es capaz de hablar de una manera abierta y/o efectiva.

    Una de las últimas entregas en esta tradición vino con el lanzamiento en 2011 del éxito “Parva que Sou”, “Tonta que soy”, por el grupo Deolinda.





    Mi traducción:

    Soy de la generación sin remuneración
    Y esta situación ni siquiera me molesta.
    ¡Qué tonta que soy!

    Porque esto es malo y continuará,
    Es una suerte que pueda ser capaz de ser pasante.
    ¡Qué tonta que soy!

    Y me quedo a pensar,
    Qué mundo más tonto es éste
    donde, para poder ser esclavo, es necesario estudiar.

    Soy de la generación “casa de los padres”,
    Si ya lo tengo todo, ¿por qué querer algo más?
    ¡Qué tonta que soy!

    Niños, marido, siempre lo estoy posponiendo
    Y todavía tengo que pagar por el coche.
    ¡Qué tonta que soy!

    Y me quedo a pensar,
    Qué mundo más tonto es éste
    donde, para poder ser esclavo, es necesario estudiar.

    Soy de la generación “¿por qué debería quejarme?”
    Hay alguien mucho peor que yo en la televisión.
    ¡Qué tonta que soy!

    Y me quedo a pensar,
    Qué mundo más tonto es éste
    donde, para poder ser esclavo, es necesario estudiar.

    Soy de la generación “¡No puedo soportarlo más!”,
    Porque esta situación ya ha durado demasiado.
    ¡Qué tonta que soy!

    Y me quedo a pensar,
    Qué mundo más tonto es éste
    donde, para poder ser esclavo, es necesario estudiar.


    Sí, la misma tonta situación económica, tanto en Portugal como en todas partes, ya ha durado demasiado. ES tonta … muy tonta… porque, dada la enorme capacidad productiva (tanto actual como potencial) de la economía industrializada moderna, no hay ninguna buena razón para la pobreza (una generación sin remuneración), para la servidumbre en sus varias formas incluyendo la política fútil del pleno empleo (tienes que estudiar para poder ser esclavo – es una suerte que pueda ser capaz de ser pasante), para las deudas crónicas y siempre incrementándose (y todavía tengo que pagar por el coche), o para los efectos adversos sociales y psicológicos de una economía defectuosa (soy de la generación “casa de los padres” – niños, marido, siempre lo estoy posponiendo – ¡Qué tonta que soy!), etc., etc. Y ya HA durado demasiado porque tanto la explicación para la gran discrepancia entre lo que una economía moderna puede hacer y lo que realmente hace, así como la correcta solución para esa particular paradoja ha sido conocida –no ampliamente conocida– pero conocida durante muchas décadas.

    El ingeniero anglo-escocés, C. H Douglas (1879-1952), identificó correctamente la causa principal que está detrás de la disfuncionalidad económica moderna y también ideó las oportunas medidas para su remedio. El cuerpo de pensamiento resultante vino a ser conocido como Crédito Social.

    Portugal, junto con el resto del mundo, sufre, no a causa de una falta de “competitividad” o por falta de una buena gestión en sí, sino porque, para empezar, el sistema financiero convencional no está apropiadamente diseñado. No está diseñado para facilitar, en la mayor medida posible, el suministro de bienes y servicios donde, cuando y en la medida en que sean requeridos, con la mínima cantidad de molestias para todos. En lugar de ello, la economía física está cercada, restringida y distorsionada por un sistema financiero que no refleja adecuadamente la realidad. Si uno quisiera resumir el problema en una sola frase, ésta sería: “escasez crónica de poder adquisitivo del consumidor.” Para empeorar las cosas, mientras esta brecha subyacente entre precios e ingresos no sea atendida adecuadamente, ocurrirán inevitablemente crisis financieras recurrentes. La solución apropiada consiste en que el sistema financiero sea adecuadamente modificado para así poder restaurar un equilibrio real (es decir, auto-liquidable) para el flujo circular. Un flujo compensatorio de dinero libre de deuda ha de ser creado por una Oficina del Crédito Nacional y emitido directamente (mediante un Dividendo Nacional) o indirectamente (mediante un Descuento Nacional sobre los precios al por menor) al consumidor. Una vez que se haya logrado una endógena homeostasis financiera, todos los demás síntomas de la disfuncionalidad económica se disiparán. Portugal no necesita medidas de austeridad inhumanas, ni tampoco necesita de la intervención de la troika globalista (la insanta trinidad del F.M.I., la Comisión Europea y el Banco Central Europeo). ¡Lo que Portugal necesita es el Crédito Social!

    Otra bonita composición del repertorio de Deolinda que igualmente toca una variedad de temas del Crédito Social es “Um Contra O Outro”, “Uno contra el otro”. Esta canción particular desafía a la gente a optar por salirse fuera de la carrera de ratas: otro fenómeno más que puede remontarse al sistema financiero disfuncional.





    Mi traducción:

    Vamos, desenchufa el cable,
    que une la vida con este juego.
    Juega conmigo un nuevo juego
    con dos vidas, una contra la otra.

    Ya no es suficiente,
    esta lucha contra el tiempo,
    este tiempo que perdemos
    tratando de morder a algún otro.

    Al final de esto todo,
    que se presenta como una ganancia,
    se pierde
    sin dar nada a nadie.

    Vamos, tómate un descanso,
    aparca el coche,
    salte de la carrera,
    abandona esta guerra,
    porque tu objetivo
    está a este lado
    de tu vida.

    Cambia tu nivel,
    salte del estado invisible,
    adopta un modo compatible
    con mi condición
    porque tu vida es real y repetida,
    date a ti más de lo imposible,
    si me das tu mano.

    Sal de casa y ven conmigo a la calle, ven,
    porque esta vida que tienes,
    por muchas “vidas” que puedas ganar,
    es la tuya la que tiene las más de perder si no vienes.

    Sal de casa y ven conmigo a la calle, ven,
    porque esta vida que tienes,
    por muchas “vidas” que puedas ganar,
    es la tuya la que tiene las más de perder si no vienes.

    Vamos, muestra lo que vales,
    tú, en este juego, vales muy poco,
    cambia tu vicio por uno nuevo,
    porque el desafío es una lucha.

    Elige tu arma,
    una estrategia que nunca falla,
    el lado fuerte de la batalla,
    maximiza tu poder.

    Te doy la ventaja,
    tú con todo,
    y yo sin nada, aún así, sin armas,
    te enseñaré a perder.

    Sal de casa y ven conmigo a la calle, ven,
    porque esta vida que tienes,
    por muchas “vidas” que puedas ganar,
    es la tuya la que más puede perder si no vienes.

    Sal de casa y ven conmigo a la calle, ven,
    porque esta vida que tienes,
    por muchas “vidas” que puedas ganar,
    es la tuya la que más puede perder si no vienes.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  11. #11
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    Entradas del blog de David Gleicher


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    Por M. Oliver Heydorn


    Existe un buen número de economistas profesionales que han comentado de manera favorable algunas de las principales ideas de C. H. Douglas. Más recientemente, el Profesor David Gleicher, de la Universidad Adelphi, ha publicado un buen número de entradas en su blog: “Mirando más allá del Crash”, que relaciona varios aspectos de la teoría del Crédito Social con la corriente principal económica.

    Reading in the New Year: "These Present Discontents" by C.H. Douglas

    Keynes and Douglas on Effective Demand

    Keynes and Douglas on the Real Economy


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  12. #12
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    Perspectivas de Crédito Social: ¿Qué es lo que está mal en la economía?



    33.jpg


    Por Liam Allone

    El siguiente texto fue presentado por Liam Allone de Economic Democracy

    Puedo demostrar la brecha fundamental o “carencia de dinero”, que se forma en el sistema monetario que el mundo entero –sin excepción– está utilizando, tanto a nivel macro como micro, de forma que pase a ser algo obvio que el análisis es correcto.

    Prueba macro: si se tiene en cuenta a los EE.UU., su P.I.B. es actualmente de $ 14 billones/año. Éste es el PRECIO que REALMENTE se consiguió por la adquisición de todos los bienes y servicios producidos por los EE.UU. durante el año citado. La Oficina de Estadísticas Laboral informa que el total de sueldos, ganancias y dividendos reportados al I.R.S. vienen a ser de $ 8 billones. $14 billones – $ 8 billones = $ 6 billones de BRECHA o carencia de poder adquisitivo. Divídase esa cifra por el número de hombres, mujeres y niños americanos, y vienen a ser $ 16.000 per capita de CARENCIA DE DINERO.

    Prueba micro: considérese cualquier bien o servicio y pregúntese uno mismo: “¿Hay ahí algo ofrecido cuyo precio se componga solamente de sueldos, ganancias y/o dividendos?” La conclusión es siempre no. Ahora pregúntese uno mismo: “¿Hay ahí algún bien o servicio que no tenga un componente del precio consistente en sueldos, ganancias o dividendos?”. De nuevo la respuesta obvia es no.

    La conclusión inevitable es que los sueldos, ganancias y dividendos no pueden de ninguna manera pagar por los bienes que los asalariados han producido con su trabajo. Así, el escéptico pregunta entonces, “Bien, entonces, ¿cómo pudo haberse pagado en su totalidad el precio de $ 14 billones?” La respuesta consiste en el secreto que los banksters no quieren que tú conozcas. El dinero necesario para compensar la deficiencia de poder adquisitivo ¡ES TOMADO PRESTADO! ¡A INTERÉS! ¡PARA SU EXCLUSIVO BENEFICIO! ¿Cómo es eso? Bonos del Gobierno, impuestos (el mecanismo para la extracción del interés), líneas de crédito a las corporaciones, capital riesgo, préstamos hipotecarios, préstamos para el coche, tarjetas de crédito, líneas de crédito personal. Todo eso sirve para cubrir la brecha de poder adquisitivo. Todo lo que estamos haciendo continuamente es patear la lata de la deuda calle abajo con el inevitable e inexorable resultado de que la deuda pública, privada y corporativa siempre se está expandiendo, y los precios (es decir, la inflación por empuje de costes) siempre están subiendo. Todos somos esclavos de la deuda y el amo son los banksters.

    ¿Cómo hacen para mantenernos succionados en esta trampa? A todos se nos ha llevado a la mentira de que necesitamos TRABAJAR COMO MEDIO PARA OBTENER NUESTRO PAN. Esto es salvación por el trabajo. Necesitamos la salvación por la gracia: el don gratuito de la capacidad en exceso que la tecnología ha ganado para la humanidad en su conjunto de forma que nosotros –la humanidad– ¡tenemos, de hecho, ya GANADA una cierta cantidad de descanso respecto del trabajo! En otras palabras, necesitamos que se cubra la brecha mediante un volumen adecuado de dinero libre de deuda que sea libremente distribuido a los consumidores.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

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