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Tema: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Indios conquistadores en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo*

    Indian conquistadors in Diego Muñoz Camargo’s Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584)

    Alejandro Viveros Espinosa 1

    1 Universidad de Chile, Santiago de Chile, Chile, aviveros@u.uchile.cl


    Resumen

    El objetivo de este escrito es posicionar un acercamiento crítico en torno al lugar de los indios en la conquista y colonización de Mesoamérica. Utilizaremos la noción de “indios conquistadores” en el análisis e interpretación de la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo. Para ello, desplegaremos cuatro momentos relacionados. El primero refiere a un posicionamiento en torno a la noción de indios conquistadores. El segundo responde a un acercamiento al contexto de producción y los contenidos de la Descripción. El tercero remite a los tlaxcaltecas como indios conquistadores y releva elementos presentes tanto en el texto escrito de la Descripción como en una selección de sus imágenes. Finalmente, el cuarto releva el propósito de la narración histórico-literaria de Muñoz Camargo y la participación tlaxcalteca como conquistadores en Mesoamérica.

    Palabras clave: Indios conquistadores; Diego Muñoz Camargo; Tlaxcala; colonización; Mesoamérica


    Abstract

    This paper proposes a critical approach about the place of the Indians in the Mesoamerican Conquest and colonization. To this purpose, we will use the notion of “Indian Conquistadors” to analyze and interpret Diego Muñoz Camargo’s Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584). We will follow four interconnected approaches. The first proposes a theoretical and methodological background about the notion of Indian Conquistadors. The second refers to the Descripción’s context of production and its contents. The third uses the notion of Indian conquistadors to reveal some specific aspects within the written text of the Descripción and in a selection of its well-known images. Finally, the fourth reconsiders the purpose of Muñoz Camargo’s hitorical-literary narration about the tlaxcalans’ collaboration as conquerers in Mesoamerica.

    Keywords: Indian Conquistadors; Diego Muñoz Camargo; Tlaxcala; Colonization; Mesoamerica


    La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro (Nietzsche 198). En sentido casi literal, los indios de América fueron los conquistadores -o destructores- de su propio mundo, en beneficio de los invasores europeos. Una y otra vez la historia se repitió: unos indios sometieron a otros, permitiendo a los europeos dominar vastas zonas del Nuevo Mundo. Gran parte, o mejor dicho, la mayor parte de la conquista de América por los europeos fue propiciada y realizada por las luchas de unos indios contra otros, luchas que fueron dirigidas por puñados de hombres blancos que astutamente aprovecharon las antiquísimas rivalidades entre indígenas (Powell 165).

    1521, avanzan los soldados olvidados, los indios aliados. Son las tropas de Cortés entrando a México-Tenochtitlan. Oscurecidos por la narración colonial, las tropas indias constituyen los aliados olvidados y denostados de la conquista y la colonización novohispana. Este artículo procura profundizar en la célebre Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo a través de la noción de indios conquistadores, con el objetivo de reconocer la enunciación de los indios vencedores, en este caso, la visión tlaxcalteca de la conquista y colonización.

    Con este propósito dividiremos nuestro análisis en cuatro momentos. El primero responde a una aclaración conceptual en torno a la noción de indios conquistadores. El segundo momento refiere a la Descripción articulando una comprensión general del texto, de sus contenidos y de sus materiales visuales. Un tercer momento releva la posición de los tlaxcaltecas como indios conquistadores a partir de algunos ejemplos específicos presentes en la Descripción. Finalmente, en un cuarto momento, de carácter conclusivo, reconsideraremos el propósito de la narración histórico-literaria de Muñoz Camargo en torno a la participación tlaxcalteca como conquistadores y aliados. Ulteriormente, buscamos conducir una interpretación que profundiza en las motivaciones de los tlaxcaltecas para su colaboración y alianza, en este caso, con la empresa de conquista y colonización de Nueva España y otras latitudes.


    En torno a la noción de indios conquistadores

    En términos históricos y filosóficos, la noción de “indio” es el antecedente ineludible y como tal nos conduce a un asunto complejo, hasta cierto punto todavía confuso y difícil. Más aun cuando se le agrega la noción de “conquistador”. Sin ánimo de resolver la complejidad y polisemia del concepto de indio, podemos señalar que el ejercicio de “invención” del indio es congruente con el de América (O’Gorman 15-54). A través del término indio es plausible la reconstrucción cultural e identiaria de una multiplicidad de identidades particulares. Podríamos decir que la noción de indio es capaz de vectorizar su condición de construcción cultural operada e impuesta por el orden colonial, funcionalizando y amalgamando diferentes identidades en una siempre ambigua y evanescente. En este ejercicio sostenemos que aquellos llamados “indios” fueron parte activa y determinante en diferentes dimensiones, superando una lectura revisionista de su participación y proporcionando nuevas entradas para el problema del indio y sus acciones en la conquista y la colonización del Nuevo Mundo. Veamos esto.

    Respecto de la noción de “indios conquistadores” es necesario también reconocer como antecedente su relación con los términos: “indios amigos” e “indios auxiliares”1. Brevemente, podemos indicar que la incorporación del indio al orden colonial incluye una distinción específica para aquellos que colaboraron de diversas maneras en las acciones de conquista y colonización desarrolladas en el Nuevo Mundo. En las crónicas de la conquista de México, los indios auxiliares son expuestos desde una relación vasallática, exaltando su compromiso voluntario hacia la corona (Cortés 32, Díaz del Castilo 402). La relación vasallática contiene la comprensión tardomedieval de un “vínculo de fidelidad”, de mutuo acuerdo, en el cual las contrapartes (señor y súbdito) comprometen su colaboración confome a una relación jerárquica. Entonces, desde la perspectiva del conquistador, toda vez que los indios aceptaban sujetarse a la corona, quedaban también obligados a prestar auxilio económico y militar. No obstante, desde la perspectiva de los indios, el apoyo a las empresas de conquista parece tener otro matiz. Es plausible pensar que la colaboración prestada a las huestes hispanas pudo ser comprendida más bien en términos de una “alianza” entre iguales, algo más cercana a la comprensión político-religiosa de las tradiciones guerreras mesoamericanas (Domínguez 17-45, López Austin 48-77).

    Pues bien, respecto de los indios auxiliares es necesario remarcar la lectura canónica de Philip Powell y su célebre La Guerra Chichimeca (1550-1600). Powell analiza el conflicto bélico irregular entre el orden colonial y grupos de indios habitantes de las zonas áridas del altiplano centro-norte mexicano y que tiene su origen en un proceso de expansión, especialmente motivado por la producción de plata y otros minerales. En su análisis se reconoce el lugar y la labor ejercida por los “indios auxiliares” tanto a nivel de su participación militar como en su condición de colonizadores de los nuevos territorios, destacando a los “indios flecheros” y “milicias de indios” como elementos fundamentales en la extensión y control de los territorios de frontera (Powell 165-178).

    Sin embargo, el enlace entre el indio auxiliar y el indio conquistador remite a una perspectiva relativamente reciente, para la cual podemos distinguir algunos antecedentes específicos. Matthew Restall -desde la Nueva Filología2- en su célebre Seven Myths of the Spanish Conquest procede hacia la problematización del lugar de los indios durante los procesos de conquista y colonización en el Nuevo Mundo. El objetivo de Restall es posicionar las construcciones de la historia convencional que ocultan aspectos relevantes del proceso de conquista de América. Restall sostiene que hubo participación directa de los indígenas en el derrocamiento de los grandes imperios precolombinos. Como ejemplo de ello refiere a la colaboración tlaxcalteca primero con las huestes de Cortés en Mexico-Tecnohtitlán y luego en otras latitudes, particularmente, en el área maya (Restall 46-48).

    Asimismo, Matthew Restall y Ben Vinson en su texto titulado Black Soldiers, Native Soldiers. Meanings of Military Service in the Spanish American Colonies profundizan en la figura del servicio militar colonial donde relevan la participación de indios y africanos en la conquista y colonización del Nuevo Mundo (especialmente en el siglo XVII y XVIII). El escrito identifica las acciones de “indios flecheros”, “indios amigos”, “indios aliados” y refiere al lugar de los tlaxcaltecas como ejemplo paradigmático de la colaboración militar nativa.

    En su propuesta se distingue el impacto del servicio militar en indígenas y afrodescendientes otorgando un lugar central al modo en el cual el orden colonial coopta sus servicios al momento de integrarlos como “milicianos” (militiamen) y cómo en éstos se abren espacios para el ascenso social y la interacción cultural. Restall y Vinson remarcan una diferencia sustancial, mientras el fenotipo rige para la composición de las tropas de afrodescendientes, para las tropas de indios hubo espacios para la etnicidad (ethnicity), permitiendo a éstos integrar tropas ligadas a sus identidades particulares (tlaxcaltecas, mexicas, texcocanos, xochimilcos, etc.), siendo, además, dirigidos por un “indio cacique”. En términos de la construcción de la noción de indios conquistadores es importante señalar que Restall y Vinson posicionan y problematizan el lugar del indio (y de los afrodescendientes), subrayando los motivos del orden colonial junto con los beneficios y resguardos obtenidos por sus servicios.

    Ahora bien, la noción de indios conquistadores se consolida con la publicación de Indian Conquistadors, un trabajo colaborativo editado por Laura Matthew y Michel Oudijk que procura articular una comprensión amplia de la noción de indios conquistadores. Dentro de los ensayos contenidos en Indian Conquistadors remarcamos el titulado Mesoamerican Conquistadors in the Sixteenth Century de Matthew Restall y Michel Oudijk. Ahí se analizan cuatro categorías que exponen los modos de colaboración entre indios conquistadores (aliados y auxiliares) y las tropas hispanas. La primera categoría refiere al número de indios auxiliares (Indian auxiliaries) o indios amigos (friendly Indian). La segunda, al lugar de los indios aliados en las campañas militares, más allá de los ejemplos conocidos de la conquista de México (1519-1521). La tercera posiciona al rol crucial de los auxiliares no combatientes, es decir, la participación de indios como espías o intérpretes o bien como porteros o cocineros, entre otras labores. La cuarta muestra cómo la conquista hispana imitó patrones precolombinos para su expansión en Mesoamérica. Esto acontece debido a la correspondencia entre las rutas comerciales prehispánicas y las rutas de la conquista, lo que permitió -en el camino- afianzar una multiplicidad de alianzas políticas, militares y económicas, que fueron fundamentales para el proceso de conquista de México-Tenochtitlan y de otros territorios. Restall y Oudijk focalizan su investigación en documentos relacionados con peticiones y demandas hechas por los “conquistadores mesoamericanos” (Mesoamerican conquistadors) y enviadas a la corona durante el siglo XVI. Destaca el ejercicio de desmontaje de múltiples lecturas esencialistas sobre los conquistadores y sobre los indios junto con la reafirmación de la visión indígena en el contexto de la reconstrucción del mundo cultural postconquista.

    Interesante es el aporte de John Chuchiak, quien en su ensayo Forgotten Allies: The Origins and Roles of Native Mesoamerican Auxiliaries and Indios Conquistadores in the Conquest of Yucatan, 1526-1550 recoge una serie de evidencia historiográfica que permite reconocer no solo el complejo proceso de movilización de personas en las actividades de conquista y colonización, sino que más bien al papel jugado por los indios aliados. Chuchiak identifica momentos consecutivos de incoporación de los indios aliados en el desarrollo de las campañas militares, específicamente, en las empresas de conquista hechas por Francisco de Montejo, las célebres “entradas a Yucatán”. Asimismo, a partir de las peticiones de libertad de tributo elaboradas por sobrevivientes de las campañas militares, Chuchiak logra reconstruir la sistemática omisión de la recompensa prometida por sus servicios e incluso la demanda e imposición de devoluciones e impuestos. Sostiene John Chuchiak en Forgotten Allies. The Origins and Roles of Native Mesoamerican Auxiliaries and Indios Conquistadores in the Conquest of Yucatan, 1526-1550:

    La misma generación de conquistadores españoles, que deben a estos indios conquistadores sus vidas y el éxito de la conquista en sí, fueron a sus tumbas sin reconocer los esfuerzos o recompensar sus luchas. Mientras una larga línea de indios conquistadores e indios hidalgos continuaron basando sus posteriores reclamos de libertad de servicios y tributos en las acciones de sus antecesores, solo un puñado de españoles recordó a los aliados olvidados. Pocos tuvieron tal coraje y convicción como el capitán Francisco de Bracamonte, él mismo un comandante de una columna combinada de españoles y muchos cientos de nahuas auxiliares, cuando recordó a aquellos aliados olvidados y testificó a la corona, “Yo puedo decir con total honestidad que sin ellos nunca hubieramos conquistado esta tierra3” (215).

    Chuchiak posiciona la noción de indios conquistadores en directa relación con el ocultamiento o desconocimiento de su labor y ayuda en la conquista. La referencia al capitán Bracamonte evidencia la persistente búsqueda de reconocimiento y recompensa por sus acciones de auxilio y colaboración, y que configura el triste camino que los aliados olvidados, los indios conquistadores, hubieron de recorrer frente a la omisión y la negación de sus resguardos.

    Destacamos también el aporte de Raquel Güereca y su libro Milicias indígenas en la Nueva España, quien realiza un acercamiento desde un enfoque jurídico que considera el derecho indiano y los derechos de guerra. Destaca su análisis sobre los modos de institucionalización de la colaboración militar indígena desde los antecedentes de la incorporación de las “milicias de indios” durante el siglo XVI hasta su decadencia con la reconstrucción del aparato militar imperial a finales del siglo XVIII. En su propuesta se retoma y despliega el lugar y la activa participación del indio en la conquista, utilizando para ello la noción de indios conquistadores (Güereca 11-22).

    Como hemos procurado delinear en la revisión del término, es posible sostener que la noción de indios conquistadores nos abre a considerar un punto de vista oculto en el cual el compromiso de los indios con las acciones bélicas no está cerrado a una dimensión subalterna o pasiva, vasallática, sino que a un interés o motivación en el cual una alianza o bien una relación colaborativa parece ser parte del contenido semántico del término. En cierto sentido, la noción de indios conquistadores intenta relevar la dimensión humana de la guerra y el conflicto y, cómo desde ésta es posible volver a preguntar por la construcción de relaciones de supervivencia y colaboratividad. Finalmente, la noción de indios conquistadores nos lleva a poner en escena al indio vencedor, a aquel indio que pudo sostenerse en la tormenta y en ella encontrar su lugar.


    En torno a la Descripción de Diego Muñoz Camargo

    Es conveniente preguntar, inicialmente, ¿quién es Diego Muñoz Camargo? Charles Gibson (1950) enuncia la autoría y la identidad de Diego Muñoz Camargo (1528-1599), ulteriormente funcionalizadas desde su condición de mestizo emparentado con familias de abolengo indígena y de su condición bilingüe (náhuatl y español). Podemos relevar algunos elementos biográficos que pueden colaborar en nuestra indagación. Gibson afirma que Diego Muñoz Camargo parece haber gozado de posiciones importantes tanto en asunto oficiales como en negocios individuales, asociados a la ganadería y la producción de sal. Destaca también su cercanía con el orden colonial, lo cual le permite gozar de la confianza de los gobernantes tlaxcaltecas.

    Nuevamente, ¿quién es Diego Muñoz Camargo? Es posible responder esta pregunta en virtud de su producción histórico-literaria. Brevemente, posicionamos el concepto de “crónica mestiza” para reconocer una dimensión histórico-literaria en las producciones escriturales realizadas durante la primera etapa de la colonización americana. Así define este concepto Martin Lienhard en La crónica mestiza en México y el Perú hasta 1620: Apuntes para su estudio histórico-literario:

    Atribuimos el carácter “mestizo” a aquellas crónicas que, casi independientemente del origen étnico de sus autores (indígenas, mestizos, españoles), reelaboran materiales discursivos o reales de la historia americana a través de unos procedimientos narrativos (verbales y/o pictográficos) de tradición heterogénea: indígena y europea. (105)

    A través del concepto de “crónicas mestizas”, funcionalizadas como trasfondo teórico-metodológico, es posible elaborar un ejercicio teórico-crítico relativo a un discurso identitario en construcción que despliega “procedimientos narrativos heterogéneos” en apertura a nuevos horizontes de pregunta y que configuran, como señala Martín Lienhard, “las premisas de una nueva conciencia global, histórica, política y cultural” (107).

    En este sentido, dos crónicas mestizas componen el centro de la producción histórico-literaria de Muñoz Camargo, a saber, la Descripción (1584) y la Historia de Tlaxcala (1590). Ambas encadenan un relato marcado por intertextualidad. Quizá la Historia es una obra mejor lograda al momento de reconstruir los eventos relativos a la provincia de Tlaxcala. Lo que se explica, precisamente, porque es una producción posterior a la Descripción. En cierto sentido, en la Historia se evidencia un estilo y una posición de enunciación mucho más afinada en torno a la composición de un relato sobre la historicidad de aquellas tierras. No obstante, queremos pensar a la Descripción y la Historia como textos entremezclados, es decir, como experiencias diferentes relativas a un mismo y único objetivo, a saber, dar a conocer los avatares de esas tierras que, a la luz de su participación en la conquista y el orden colonial, merecen un trato especial.

    Por comisión de Alonso de Nava, Alcalde Mayor de Tlaxcala, alrededor de 1580 Diego Muñoz Camargo comienza a escribir su Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala, la cual fue terminada en 1584, además de ser entregada personalmente al rey Felipe II durante la embajada de 1585. La obra integró la Biblioteca de El Escorial, y sorprendentemente aparece integrando la colección que William Hunter (1718-1783) donara a la Universidad de Glasgow. Allí se encuentra en la actualidad y es conocido como el Manuscrito de Glasgow. Dentro de los trabajos críticos en torno al Manuscrito, utilizaremos la realizada en versión facsimilar por René Acuña (1981)4 y la versión paleografiada por el mismo Acuña y publicada en 2000, ambas tituladas como Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala.

    La Descripción como tal es una obra compleja en su estilo y en su objetivo. Es un texto escrito de forma continua, inicia con la “Instrucción y Memoria”, que consta de cincuenta preguntas, luego presenta una dedicatoria al rey Felipe II y una aclaración de intenciones en torno a la redacción. A continuación se divide en dos libros, el primero contiene veinte capítulos en prosa, el segundo, algo más caótico, contiene la “cuenta de los años de los indios”, un “calendario índico de fray Francisco de las Navas”, una explicación “de los años” y “de los bisiestos”, junto con una aclaración de las cuentas de “días, meses y años” cristianos verificados en la “Cuenta de Antonio de Guevara”. A ello agrega un capítulo sobre la “fauna y la flora de Tlaxcala”, para finalizar con siete capítulos dedicados a las “cabeceras de Ocotelulco, Quiyahuitztlán, Tepeticpa y Tizatlán”, a “capitanes famosos”, “divisas y armas” y una indicación sobre los asuntos no tratados en la Descripción.

    La Descripción debe cumplir con los estándares de una relación geográfica siguiendo la “Instrucción y Memoria” (Muñoz Camargo, Descripción 27-32) que remite a una descripción territorial focalizada grosso modo tanto en ríos y montañas, en asentamientos y poblaciones, como en las potencialidades económicas y políticas. Frente a este escenario, Muñoz Camargo decide intervenir proporcionando una perspectiva mucho más específica. Dentro de la composición del texto alfabético de la Descripción podemos reconocer, primero, que hay un orden propio y una desproporción en el tratamiento de algunos temas; y que además hay una intención por historizar más allá que meramente informar. Hay en la Descripción un estilo heterogéneo y aglutinante que procura referir a las cuatro cabeceras de Tlaxcala, describiendo a veces repetitivamente la información correspondiente a cada una.

    La Descripción incorpora dos ruedas calendáricas y explicaciones de las mismas, que responden al “calendario índico de fray Francisco de Navas”. En la primera se explican días, semanas, meses y años, y en la segunda se explican los meses según el calendario lunar de veinte días. Cada una contiene anotaciones e indicaciones detalladas y aclarativas en los modos en que los naturales medían el tiempo (Muñoz Camargo, Descripción 222-233). En su exposición calendárica, Muñoz Camargo canaliza el interés por el tiempo -como problema filosófico- en el mundo cultural mesoamericano. Nancy Farriss, en su artículo titulado Recordando el futuro, anticipando el pasado. Tiempo histórico y tiempo cósmico entre los mayas de Yucatán, problematiza este asunto a partir de una dicotomía entre una comprensión del tiempo estacionaria y cíclica determinada por oposiciones complementarias, y una comprensión lineal o teleológica, específicamente en la intervención del horizonte cultural cristiano presente en las crónicas o relatos producidos por indios coloniales del área maya. Sin embargo, es posible establecer que la Descripción se concentra más bien en sintonizar o bien acomodar el problema del tiempo a una explicación cristiana. El interés por el tiempo “pone en escena” que bajo la explicación del calendario cristiano, Muñoz Camargo negocia con las modalidades de la comprensión nahua del tiempo. El detalle en la explicación de la “rueda de los meses” y las celebraciones asociadas a días específicos son ejemplo de ello.

    Por lo tanto, la Descripción nos abre a reconocer en ella los elementos en negociación y traspaso, y cómo éstos se muestran en dos códigos, uno alfabético y otro visual. Los tópicos tratados en el código alfabético, como hemos indicado, responden en amplios rangos al cuestionario (“Instrucción y Memoria”). A ello agrega Muñoz Camargo ciento cincuenta y seis figuras o imágenes, muchas de ellas intervenidas con elementos alfabéticos explicativos. Cada una de las figuras ocupa una página dibujada a pluma en tinta negra sin colorear; ochenta de ellas coinciden −con algunas variantes− con las pinturas del célebre Lienzo de Tlaxcala5.

    Siguiendo lo señalado por Acuña (1981) en el Estudio preliminar de su edición facsimilar, las ciento cincuenta y seis imágenes de la Descripción se pueden clasificar en cuatro series. Brevemente, la primera serie (Imágenes 1-19) refiere a las cuatro cabeceras de Tlaxcala, a la predicación evangélica franciscana, a los templos y los juegos antiguos, al ajusticiamiento de algunos caciques, al modelo habitacional de Xicoténcatl, a la plaza y al monasterio de Tlaxcala y, finalemente, a las provincias y reyes que conquistó Cortés previo a su llegada a Tlaxcala. Sostiene René Acuña: “Se puede observar hasta aquí que la narración pictórica no sigue orden alguno” (34). La segunda serie (Imágenes 20-25) corresponde a imágenes de Cortés, Colón, Pizarro y sus ofrendas a Carlos V y Felipe II. Aquí, René Acuña sostiene: “Son escenas alegóricas sueltas, relacionadas unas con otras por el gran tema del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Se corresponden con los que dice Muñoz Camargo que había pintadas en la sala y Audiencia capitulares de la ciudad de Tlaxcala” (34).

    La tercera serie (Imágenes 26-75) remite a las batallas que los tlaxcaltecas libraron en alianza con los españoles en la conquista de México-Tenochtitlan, donde podemos reconocer que las imágenes tampoco se ajustan a una cronología estricta. La cuarta serie (Imágenes 76-156) desarrolla el lugar de los tlaxcaltecas en la conquista y colonización de otras provincias y latitudes, a saber, las provincias de Pánuco, del México occidental, zonas específicas de Centroámerica (principalmente Guatemala, El Salvador y Nicaragua) y la provincia de Oaxaca, finalizando todo en “Cipolla”, con “la entrada que hizo Franco Vazquez de Coronado en tiempo de don Antonio de Mendoza”.

    En rigor, la descripción visual de conquista y colonización de Nueva España relatada por Muñoz Camargo se extiende desde 1519 hasta 1542. En la Descripción, los elementos visuales (en términos complementarios a la narración alfabética) nos muestran y se enlazan claramente con los objetivos políticos donde los tlalxcaltecas son conquistadores y, en ese contexto, son también pacificadores y civilizadores.



    Los tlaxcaltecas como indios conquistadores

    La Descripción es un texto donde es posible reconocer el gesto histórico-literario que retoma el legado de los indios conquistadores. Queremos profundizar en la Descripción y escuchar la voz tlaxcalteca como leal súbdito, merecedor de fueros y beneficios por los servicios prestados. En la Descripción se relatan diferentes momentos en los cuales se exponen las decisiones político-militares de los naturales de Tlaxcala. Dentro de ellos destacamos los referidos a la respuesta que entregan las cuatro cabeceras frente a la exigencia de rendición por parte de los mexicas. Sostiene Diego Muñoz Camargo, “Señores muy poderosos, Tlaxcala no [o]s debe vasallaje ni, desde que salieron de las Siete Cuevas, jamás reconocieron con tributo ni pecho a ningún rey ni principal del mundo, porque siempre han conservado su libertad” (180). Esta perspectiva conduce el conflicto entre Tlaxcala y México-Tenochtitlan, en el cual se desarrolla un relato que explica la posición política de Tlaxcala en tiempos precortesanos. Sobre ello aclara Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, como hubiesen los mexicanos tecnohcas sujetado la mayor parte deste nuevo mundo y que [su señor] no tuviese ya que ganar desde la Mar del Sur a la del norte, y todo lo que tuviese por suyo, procuró muy a su salvo tomar la provincia de Tlaxcalla y sujetarla, así como había hecho a las demás. Y ansí, los mexicanos, con ánimo denodado, les dieron tantos recuentros y escaramuzas, hasta que los vinieron a acorralar dentro de pocos años en sus p[ro]pias tierras y provincia, donde los tuvieron cercados más de 60 años, necesitándolos de todo cuanto humanam[en]te los pudieron necesitar, por no tenían algodón con que se vestir, oro ni plata con que se adornar, ni plumería verde de otras colores para sus galas, que es la que más estimaban para sus divi[s]as y plumajes, ni cacao para beber, ni sal para poder comer (180-181).

    Más allá de los sesenta años de asedio mexica, los tlaxcaltecas -en voz de Muñoz Camargo- sufren las consecuencias de ser “enemigos necesarios” en una comprensión político-sacrificial de la guerra. Desde ahí la constante belicosidad hacia Tlaxcala se explica claramente. Entonces, la guerra funciona como asunto religioso y sacrificial determinante y con ello también genera la necesidad de enemigos que permitan continuar con las prácticas sacrificiales y, ciertamente, con la formación de nuevos guerreros. Tlaxcala es el productor de enemigos y tiene ese lugar dentro de las guerras religiosas-sacrificales de los mexicas.

    Sin embargo, con la llegada de Cortés el escenario del conflicto cambia radicalmente. No es menor la decisión política de integrar las huestes del conquistador y, por ello, la construcción de esta alianza nos permite relevar el lugar de los tlaxcaltecas como indios conquistadores. La alianza con Cortés es descrita a través de una escena que nos habla de una “plática y razonamiento” entre el conquistador y las cabeceras tlaxcaltecas. Sobre ésta sostiene Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, en esta plática y razonamiento, dicen los tlaxcaltecas afirmativam[en]te que les prometió HER[NAN]DO CORTÉS que, si Dios n[uestro] señor les daba victoria, habrían parte de todo lo que [se] conquistase, ansí de despojos de oro y otras riquezas [como de] provincias y repúblicas, especialmente la ciudad y provincia de Huexotzingo y Cholula y Tepe[y]acac. Y ansí fue que ciertamente, como fidelísimos amigos, le ayudaron a ganar y a conquistar toda la máquina de este nuevo mundo con gran amor y voluntad; y, en todas las ocasiones que se le ofrecieron [a CORTÉS], siempre les halló muy prontos y a su lado, con determinación de seguirle hasta morir o vencer, contra sus propios naturales y patricios, amigos y confederados, aunándose con n[uest]ros españoles, gente extraña de su natural y nación, cuya causa se atribuye a ser más obra de Dios /201r/ n[uest]ro señor que de hombre mortales, porque tenía guardada esta gente tan incógnita y apartada para ensalzamiento de su santa fe católica. Acabada ésta plática, como referido tenemos, HER[NAN]DO CORTÉS, a la cual los cuatro s[eñor]es de las cuatro cabeceras de Tlaxcala condescendieron en todo lo que les pidió, confirmando y ratificando su leal amistad, sin haber contrario otra cosa alguna, y dándole todo lo neces[ari]o, como les fue pedido, y saliendo número de gente para Cempuala, con capitanes prácticos y conocidos y experimentados en la guerra, para que con más recaudo se trujesen las cosas necesarias que les fuesen encargadas y entregadas con debido efecto, como se hizo, haciendo en éste uno de los más loables servicios que los tlaxcaltecas hicieron a CORTÉS y a la Corona Real de Castilla (267).

    El objetivo de esta escena es afianzar la directa participación en las acciones militares contra México-Tenochtitlan, incluyendo los términos de un “negocio” entre Cortés y los tlaxcaltecas junto con la promesa de un apoyo incondicional, “hasta morir o vencer”. Destacamos, además, que la alianza no solo es terrenal sino también divina. Remarcamos también cómo en la escena se refiere a la participación de “capitanes prácticos y conocidos y experimentados en la guerra”.

    La escena prosigue declarando que la voluntad ulterior de Cortés: “era ir sobre México y asolarlo y destruirlo, y que, sin su parecer, no quería comenzar cosa alguna, porque, como a amigos verdaderos y leales, lo quería comunicar con ellos antes de principiar neg[ocio]o de tanta importancia” (Muñoz Camargo, Descripción 268). Frente a este negocio, indica Muñoz Camargo, “respondieron los cuatro s[eño]es de las cuatro cabeceras resolutam[ent]e que la guerra se comenzase como mejor le pareciese y ordenase, que ellos le seguirían e irían con él” (268).

    Muñoz Camargo relata cómo los capitanes tlaxcaltecas proponen una estrategia focalizada en la conquista y el control de “la provincia de Tepe[y]ac y a todos sus alrededores y comarcas” a fin de “desmembrar y cortar las raíces del árbol, y que, quedando destroncado, que con más facilidad se derribaría” (268), es decir, impedir el apoyo militar y logístico desde de las “provincias sujetas a México” (268). En el cierre de la “plática y razonamiento”, indica Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, tomado México, todo lo demás se sujetaría con más facilidad, y que, no habiendo esto, tendría fuerzas para mandar sus gentes, y que habría gran riesgo y que no le faltarían fuerzas para resistirse grandes tiempos; /211v/ porque los suyos, de neces[ida]d, había de acudir a su señor, pues todas las provin[ci]as se gobernaban por s[eñor]es mexicanos. Cuyo acuerdo y consejo quieren atribuir así, como referido tengo, los tlaxcaltecas; [pero] que fuese dado por ellos, o que fuese por los n[uest]ros, ellos fue de mucho ser y muy heróico consejo: por cuya orden y design[i]o se fue prosiguiendo la guerra, conquistándose y ganándose toda la redondez desde rei[n]o, especialm[ent]e los lugares más cercanos, de donde se presumía que podía venir socorro a México, hasta que, a honra y gloria de Dios n[uest]ro señor, se conquistó y pacificó toda la máquina desde nuevo mundo (268-269).

    El objetivo de la escena no es solamente retórico. La escena afirma el lugar de los tlaxcaltecas como indios conquistadores, como indios aliados y leales a la corona. Esto es evidente en el “acuerdo y consejo” que sigue la estrategia tlaxcalteca del “árbol destroncado” y que determina el cauce y el éxito de las acciones bélicas contra México-Tenochtitlan y sus aliados.

    Asímismo, es plausible integrar un breve análisis sobre cinco imágenes relacionadas con las guerras y conquistas de españoles y tlaxcaltecas contra otros indios en diferentes latitudes mesoamericanas. Utilizaremos cinco imágenes que evocan la alianza político-militar tlaxcalteca e hispana
    (ver Anexos). La primera (Imagen 1) es el relato de la batalla de México-Tenochtitlan, donde la entrada de las tropas tlaxcaltecas por las calles y su enfrentamiento con los mexicas es evidente. Podemos ver también en la retaguardia a caballo un español apoyando el avance tlaxcalteca. La segunda (Imagen 2) responde a las guerras de conquista en Nueva Galicia. La tercera (Imagen 3) remite a la conquista de California. La cuarta (Imagen 4) a la conquista de Guatemala. Y la quinta (Imagen 5) a las guerras en la siempre conflictiva Oaxaca.

    Es posible observar algunos patrones en estas imágenes. Distinguimos que en cada uno, españoles y tlaxcaltecas comparten el lado izquierdo de la escena. Decoradas con tocados y plumas, y claramente identificables con sus estandartes, las tropas tlaxcaltecas acompañan a la caballería española, que reitera la iconografía de Santiago Mataindios (Matamoros)6. El lado derecho de la escena presenta a los otros indios, en clara actitud de resistencia armada. Asimismo, en el extremo superior derecho distinguimos los glifos nahuas que refieren al topónimo específico (Imágenes 2-5).

    Como hemos señalado, buena parte de las imágenes de la Descripción corresponde a imágenes violentas relacionadas con las guerras de conquista en Mesoamérica. Empero, en nuestra selección de imágenes hay, por lo menos, dos dimensiones relacionadas. Por una parte, la participación de los tlaxcaltecas en la conquista y colonización de diversas latitudes y, por otra, la validación de estas acciones frente al orden colonial. Es canónico que el objetivo de estas escenas es la aclaración y el posicionamiento de los tlaxcaltecas como colaboradores directos en las campañas de conquista. Pero también es sugerente pensar que las escenas de colaboración militar son parte de la reconstrucción de una historicidad que no olvida su lugar y que reconoce y afirma el impacto de sus acciones y auxilios, visualizándose como vencedores o bien como conquistadores (Añón 328-335, Martínez 37-70, Mignolo 451-484, Navarrete 288-310, Velasco 307-329).

    En suma, consideramos que la noción de indios conquistadores no resulta indiferente al complejo proceso de negociaciones y compromisos llevados a cabo por tlaxcaltecas y españoles, en el horizonte de un objetivo político-militar común, una alianza, en la cual Tlaxcala tiene una posición activa y privilegiada. En la Descripción, entonces, hay evidencia de un discurso en movimiento que conduce a un giro en la lectura sobre la conquista y colonización de México y otras partes de Mesoamérica7. En este contexto, la Descripción nos invita a volver a pensar el lugar de los tlaxcaltecas como agentes activos, como indios conquistadores y civilizadores, en la reconstrucción del mundo cultural mesoamericano. Finalmente, la noción de indios conquistadores nos permite interpretar el relato de Muñoz Camargo como un relato que construye una posición de enunciación específica y constitutiva, podemos aventurar, de un proyecto civilizatorio indio, tlaxcalteca, en desarrollo dentro del orden colonial novohispano.


    Consideraciones finales

    Entonces, ¿por qué pensar al indio como conquistador?, ¿qué tipo de horizonte de pregunta se lleva a cabo con el posicionamiento del indio como vencedor y, por cierto, cuál es su alcance en los procesos de creación e interacción cultural que le son concomitantes? En estas preguntas es posible reafirmar el valor teórico-metodológico de problematizar el lugar del indio en el Nuevo Mundo. Esto significa profundizar en cuestionamiento que involucra no solamente el lugar del indio como colaborador, aliado o amigo, sino que por sobre todo lo ubica como pivote para problematizar aquello que hemos indicado como un proyecto civilizatorio indio, finalmente, un proyecto civilizatorio alternativo. Los alcances de esta propuesta civilizatoria demuestran que al posicionar al indio como conquistador es posible evidenciar un ejercicio de rearticulación de ciertos elementos determinantes en la construcción de su identidad cultural.

    Por ello, pensar en el indio como conquistador es una invitación. Una invitación que nos ubica en un camino que aún no se ha completado. En este contexto, el relato de Diego Muñoz Camargo funciona para relevar, precisamente, cómo al realizar un análisis e interpretación de las crónicas mestizas es necesario también posicionar una perspectiva abierta a conceptualizaciones y perspectivas en las cuales sea posible reconocer nuevos contenidos. Entre ellos hemos propuesto la noción de indios conquistadores y sus corolarios de carácter civilizatorio. Hemos expuesto cómo en la Descripción se re-direccionan no solo los acontecimientos de la conquista de México, sino también se rearticula la posición de enunciación de los propios tlaxcaltecas funcionalizando los hechos, aclarando éstos conforme a una narración en movimiento. En la noción de indios conquistadores se conjuga la crítica a la historia convencional de la conquista y colonización del Nuevo Mundo junto con la reinscripción de estos fenómenos en una historia alternativa donde los indios desempeñan un rol central. La perspectiva otorgada por la noción de indios conquistadores nos permite profundizar en el propósito de Muñoz Camargo al referir en su Descripción a la participación de tlaxcaltecas como conquistadores y aliados. Con ello, la lectura de los tlaxcaltecas como indios conquistadores conduce una reflexión sobre la elección civilizatoria que involucró sus propios intereses, motivaciones y objetivos político-militares.

    Por lo tanto, es posible sostener que en la Descripción se desarrolla la reinscripción de una subjetividad alternativa. Esta subjetividad alternativa se muestra en el relato escritural y pictográfico sobre los conquistadores tlaxcaltecas, desde la positividad discursiva de los elementos histórico-culturales sobrevivientes y resemantizados en el encuentro-choque con el proyecto civilizatorio moderno-occidental. A través del relato de la Descripción es posible comprender la operatividad del encuentro-choque y evidenciar también la bifurcación de un proyecto civilizatorio que, en este caso, se genera en Tlaxcala. Ejemplos tales como la Descripción nos permiten comprender el ejercicio de reinscripción que pone en juego los modos de apropiación y adaptación de prácticas y discursos, negociaciones y acuerdos, desde los cuales articuló una alianza político-militar con el orden colonial. Más allá del colaboracionismo tlaxcalteca, que olvida la condición humana de la violencia y el conflicto, idealizando (y esencializando) al indio, en la Descripción resuena el eco de los indios como agentes directos de la reconstrucción del mundo cultural novohispano.

    Finalmente, la obra de Muñoz Camargo nos muestra la continuidad escritural y pictográfica de la experiencia histórica de un grupo de indios, los tlaxcaltecas, como conquistadores y, ciertamente, como civilizadores, es decir, como agentes del cambio cultural que determinó el destino de todo un mundo nuevo. Por lo tanto, la Descripción es también una obra estratégica, ofensiva, funcional y operacional, donde todavía hay lugar para volver a preguntar por un modo alternativo, un modo indiano, en el desarrollo de la conquista y colonización americanas.



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    * Resultado del proyecto CONICYT-FONDECYT Iniciación Nº 11160012 titulado, “Convivencia interétnica y traducción cultural. Aproximaciones sobre el contenido filosófico-político de las crónicas de indios en el mundo cultural novohispano (1576-1650)”.

    1 “Indios amigos” o “indios auxiliares” son términos que se otorgan a aquellos naturales que colaboraron en diferentes acciones durante las guerras de conquista y colonización del Nuevo Mundo. La distinción entre “indio amigo” e “indio de guerra”, muy presente, por ejemplo, en la crónica de Bernal Díaz del Castillo, nos permite identificar la presencia o ausencia de actos de beligerancia como el componente constitutivo del término. Para el término “indios auxiliares” es prudente retomar el sentido militar que tiene como antecedente a las “tropas auxiliares romanas”, esto es, tropas compuestas por individuos sin ciudadanía romana, y que operaban en territorios de frontera (Holder 12-57). Así también, recogemos la distinción entre “indios amigos” e “indios auxiliares” de Andrea Ruiz Esquide en su Los indios amigos en la frontera araucana: “Puede afirmarse entonces, que aquellos que actuaron como amigos en el siglo XVI eran indios de servicio de los españoles: indígenas de encomienda y yanaconas. Para distinguirlos de los de la centuria siguiente, se les puede denominar indios auxiliares” […] “Se puede, entonces, distinguir claramente entre los amigos del siglo XVI y aquellos de la siguiente centuria, pues su origen y su calidad eran distintos. Es por esas diferencias y clara distinción entre uno y otro tipo de amigos, que es apropiado hablar de amigos propiamente tales, sólo en el contexto de la historia fronteriza, es decir desde las últimas décadas del siglo XVII en adelante” (24).

    2Respecto de la Nueva Filología (New Philology) o “etnohistoria filológica” (philological ethnohistory) especialmente porque relevan las posibilidades de interpretación en las múltiples producciones escriturales y pictográficas de sujetos “indios” durante el periodo colonial (Lockhart, Introduction 1-24, Restall, Seven Myths 27-43). Estas producciones alcanzan un renovado potencial crítico precisamente debido a su atención sobre los contextos lingüístico-culturales (nahua e hispano) y sus condiciones de transferencia y circulación dentro mundo colonial novohispano (Lockhart, The Nahuas 326-373, Schroeder 1-14).

    3The very generation of Spanish conquistadors that owned these indigenous conquistadors their lives and the success of the conquest itself went to their graves without recognizing their efforts or rewarding their struggles. While a long line of indios conquistadores and indios hidalgos continued basing their later claims to freedom of services and tributes on actions of their ancestors, only a handful of Spaniards remembered the forgotten allies. Few had such courage and conviction as Captain Francisco de Bracamonte, himself a commander of a combined column of Spaniards and several hundred Nahua auxiliaries, when he remembered those forgotten allies and testifed to the Crown, “I can say in all honesty that without them we would never have conquered this land” (Chuchiak 215).

    4Existe una edición facsimilar de 1981 y otras dos versiones palegrafeadas realizadas en 1984 y 2000. Como hemos señalado utilizaremos la edición facsimilar para el análisis de los imágenes. No obstante, esta edición no estuvo exenta de polémica. Hubo una acusación de “piratería académica” por parte de Hanns J. Prem sobre el trabajo de Acuña y publicada en una reseña sobre la edición facsimilar en el Zeitschrift für Ethnologie. Esto condujo a una fuerte defensa del trabajo realizado por Acuña y que podemos encontrar en su texto: “Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala. Una respuesta a Hanns J. Prem” donde queda en clara evidencia la relevante y sincera labor científica desarrollada en la edición y divulgación de la Descripción.

    5Producido circa 1552, el Lienzo de Tlaxcala es portador de la percepción tlaxcalteca de la conquista de México. Sus escenas corresponden a las que adornaban el cabildo de Tlaxcala. Dentro de la ediciones del Lienzo podemos destacar el canónico trabajo de Alfredo Chavero, quien reproduce en una versión analítica las escenas que lo componen. El Lienzo constituye uno de muchos materiales o imágenes producidas con anterioridad y durante el proceso de colonización novohispana. La correlación entre las imágenes del Lienzo y la Descripción ha sido trabajada por Andrea Martínez a partir del análisis de los contextos de producción de ambos. Martínez sostiene como hipótesis que el Lienzo es “una obra colectiva encargada por el cabildo indio de Tlaxcala a uno o varios dibujantes, tanto en su versión mural como en su versión transportable” (153). Destacamos también a Manuel Nuñez Rodríguez (2012) quien releva la forma específica y alternativa de “escribir la historia” que se encuentra en el Lienzo. Nuñez Rodríguez entiende el desarrollo de las imágenes del Lienzo desde una “dimensión mestiza”, es decir, la fusión entre la tradición indígena y la hispana. Respecto del lugar de la imagen en el mundo mesoamericano es posible considerar el trabajo de Serge Gruzinski. Así también, respecto del contenido de los códices mesoamericanos y de la continuidad de escritura pictográfica pre y postconquista destacamos el trabajo de Pablo Escalante.

    6Respecto a Santiago Mataindios relevamos la lectura de Javier Domínguez que analiza las continuidades iconográficas con el mundo medieval europeo, específicamente en la españolización de Jacobo con la figura de Santiago y luego su impacto en la conquista y colonización de Nueva España y el Perú.

    7 Sobre este asunto destacamos el trabajo de José Rivera quien ha compilado y paleografeado documentos relacionados con el proyecto hispano de colonización del norte de Nueva España y, específicamente sobre la movilización de tlaxcaltecas en la diáspora de 1591. Detalles específicos sobre las condiciones para la colonización son bien expuestos por Rivera, a saber, los repartimientos de tierra, exenciones de servicios y licencias para montar a caballo, entre muchas otros. Rivera también destaca el contexto de la pacificación de la Gran Chichimeca y su efecto directo en la diseminación de la herencia cultural nahua transmitida por los colonizadores tlaxcaltecas a los pobladores fronterizos.



    Anexos




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 1 Yc quinhualtocaque caltzallan. [así los siguieron entre las casas]. La guerra y combate por las calles de la ciudad de México




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 2 Tonalan. Conquista de la provincia de Tonala, llamada la Nueva Galicia




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 3 La guerra de las partes del poniente llamadas Tonatin y Huetzian y llamada la California forma que hizo Cortés [h]asta el puesto de la pacificación, fueron los de T[l]axcala




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 4 Guerra de Guatemala y sus provincias




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.

    Imagen 5 Guerra de Guaxaca



    Recibido: 12 de Diciembre de 2017; Aprobado: 15 de Abril de 2018



    _______________________________________

    Fuente:

    https://scielo.conicyt.cl/scielo.php...52018000200011

  2. #182
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    DE INDIOS NOBLES

    La Corona de Castilla refrendó jurídicamente la condición nobiliaria de jerarquías indígenas prehispánicas. Oficializando los títulos de cacique y de indio principal, con sucesión por varonía y una especie de mayorazgo: el primer se da a los jefes de antiguos reinos, como los de México, o de grandes unidades tribales, como las regidas por los curacas en el imperio incaico; y el segundo se otorga a los jefes de parcialidades menores. Hacia fines del siglo XVI, por ejemplo, “en Costa Rica se contaban unos cincuenta caciques nobles”.

    En el Perú, incluyendo el actual territorio del Ecuador, se reconocieron seis grados nobiliarios indígenas. En lo alto de esa escala estaban los descendientes directos del Inca, en la base los regidores de cabildos de indios. Debajo de esta jerarquía figura la categoría de los “indios ricos”; en general comerciantes y poseedores de tierras. Informes de la época llegan a empadronar “mil indios ricos” sólo en una región.

    Los especialistas concuerdan en que, por las Leyes de Indias, los caciques fueron “equiparados a los nobles castellanos”, al ser eximidos del pago de tributos, distinguidos con la concesión de escudos de armas y honrados con el tratamiento nobiliario de “don”. Hubo incluso el proyecto de fundar una Orden de Caballería exclusiva para los aborígenes. Algunos autores llegan a sostener que los privilegios de los hidalgos indios eran tan considerables, que en ciertos casos excedían los de la propia nobleza peninsular. Por ejemplo, el noble indio no podía ser separado ni privado de sus súbditos, tenía facultad de poseer, desde los primeros tiempos del poblamiento de América, tierras en propiedad privada y estaba exento de trabajar en mitas; en muchas regiones podía indicar, de acuerdo con el representante de la Corona, cuáles de sus súbditos serían repartidos en encomienda y a qué patrones; y el mismo podía recibir vasallos en encomienda, y de hecho así sucedió.

    En el terreno judicial las prerrogativas de los hidalgos indígenas fueron también notables. No podían ser procesados sin informar previamente a la Real Audiencia sobre los motivos que fundamentaban la acción. Los que ejercían funciones de alcaldes, además de dirigir los cabildos propios, desde 1655 pudieron mantener cárcel y administrar justicia civil y criminal en primera instancia contra los ladrones y homicidas (esta jurisdicción era extensiva a cualquier persona -blanca, india o negra- que robase o matase dentro de sus territorios, donde solamente podían residir ellos como ya se ha señalado anteriormente). Poseían, asimismo, privilegios militares.


    En las imágenes (Archivo General de Indias):


    Primera, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Escudo concedido por Carlos V -con sus propias armas- a Don Alonsto Titu Atauche Inga. A la derecha: escudo de Don Juan Tupac Amaru con las armas de Castilla y León. Abajo a la izquierda: escudo de Don Gonzalo Ucho Gualpa. Y finalmente se observa el escudo de Don Luis Clemente Topa, descendiente de Pachacuti Yupangui Inga.

    Segunda, escudo de armas de Don Sancho Hacho de Velasco, cacique y gobernador del pueblo de la Tacunga (Latacunga), provincia de Quito









    _______________________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/francisco.n...916105?__cft__
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  3. #183
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    ESCUDO DE ARMAS CONCEDIDO POR FELIPE II A PEDRO DE MOCTEZUMA, HIJO DE MOCTEZUMA

    ... y me suplicastes e pedistes por merçed que, acatando los dichos vuestros serviçios e de los dichos vuestros padres, vos mandásemos dar por armas un escudo que estén dentro un águila negra en canpo de oro y dos faxas coloradas que atraviesen el dicho escudo y en la primera alta dos letras de oro que dizen: R I que don [sic por son] las primeras letras de nuestros nombres, y en medio dellas una rosa de oro, y en la otra faxa baxa otras dos rosas de oro y en medio dellas otra que dice F que es la primera del nonbre del Rey don Fellipe y por orla del dicho escudo, ocho letras de oro que digan: Ave María y entre ellas unas hondas de mar en campo azul y por timble un yelmo çerrado, ençima del un rollo torçido de oro y colorado y dos alas de águila negras y del medio dellas salga una mano que tenga un rétulo blanco con unas letras negras que digan: "Yn domino co[n]fido"...

    Valladolid, 28 de septiembre de 1557

    _Archivo General de Indias Signatura MP-ESCUDOS-349














    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/Los-Soldado...9567071284331/

  4. #184
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Francisco Fajardo: conquistador de origen mestizo, nativo de la isla de Margarita

    PUBLICADO : 3 AGOSTO, 2019






    Por Inés Quintero | @inesquinterom

    Hijo de Isabel, cacica Guaiquerí y de Francisco Fajardo, conquistador español. En 1555, luego de cumplir 30 años, viajó a tierra firme acompañado de un grupo de hombres con el fin de explorar y colonizar la región centro norte de Venezuela. Obtuvo del gobernador de El Tocuyo autorización para fundar y gobernar poblados, pero no logró su cometido.

    Organizó una nueva expedición con la anuencia del gobernador de Valencia quien lo nombró teniente general. Llegó al valle de El Guaire y estableció allí, en 1560, un poblado que llamó San Francisco, antecedente de la fundación de Caracas. Continuó hacia la costa y, en la zona de Caraballeda, fundó el pueblo de El Collado. El sitio de San Francisco fue atacado y destruido por los indios Teques al mando de Guacaipuro, decidió entonces Fajardo retirarse de nuevo a Margarita y, en 1564, organizó una expedición a Cumaná, con el propósito de fundar poblados en esta zona.

    Sometido a prisión por el Justicia Mayor de la ciudad fue juzgado y condenado a morir en la horca. En represalia, un grupo de margariteños cruzó a Cumaná, apresó al Justicia Mayor y lo trasladó a Margarita; allí fue sometido a juicio y condenado a muerte por la Real Audiencia de Santo Domingo.



    _______________________________________

    Fuente:

    Francisco Fajardo: conquistador de origen mestizo, nativo de la isla de Margarita - Blog Banesco

  5. #185
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    viernes, 14 de octubre de 2011

    ISABEL DE OJEDA




    Doña Isabel la India de Coquivacoa es una de aquellas de cuya belleza hablan admirativamente los primitivos cronistas, y a quien abre su corazón, desde el primer instante el descubridor Alonso Ojeda. Como hemos dicho, una india de Coquivacoa a la que puso el nombre de Isabel, le cautivó con su belleza y a ella se aficionó llevándola a España y trayéndola nuevamente a Venezuela en su segundo viaje, para facilitar con su medio la comunicación con los indios. Isabel es la primera aborigen de la región de Coquivacoa, de quien pueden darse detalles, ya que fue ella la que el mismo día del descubrimiento cautivó el corazón del famoso descubridor, del "Caballero de la Virgen" y le fue fiel hasta la muerte. Era Isabel según los datos dispersos que de ella han quedado, una india bella, alta, de porte distinguido, esbelta, de color trigueño claro, para quien no hubo más Dios sobre la tierra que Alonso de Ojeda. Donde quiera que el gran conquistador estuvo, allí estuvo ella: sumisa y amorosa, echada a sus pies, la maravillosa india, plena de belleza y plena de amor hacia él, le endulzaba la agitada vida aventurera, compartía con él las vicisitudes de la guerra y le servía de intérprete en las diversas tribus a las que Ojeda trataba de sojuzgar. En España la admiraron por su físico y por sus cualidades de tener una devoción hacia Ojeda, de quien nunca se separaba.

    Allá en la Corte él la cubría de sedas costosas y la hizo trocar su desnudez por el traje de las mujeres europeas. Usaba la célebre mantilla con mucho donaire, que daba gran realce a su belleza, y de mantilla la vieron todavía en Santo Domingo cuando allí vivió con Ojeda. Este, pródigo siempre, gastó en la persona de Isabel las mejores telas y muy preciadas joyas. La amaba verdaderamente, y así cuando ella cumple alguna de sus comisiones en la región del Lago y él tiene que quedarse en Santa Cruz, envía al piloto Juan López, en la carabela "Magdalena" y le previene que navegue costa a costa el "Cabo de La Vela" donde permaneceréis siete u ocho días por amor a Isabel. Y ella en todo momento corresponde ampliamente. Salvándole la vida en más de una ocasión.

    Ella fue la que le pidió oportunamente socorro cuando Ojeda se ahogaba al cometer la tenacidad de fugarse de la carabela en que se hallaba preso en Santo Domingo. Con grillos y cadenas, en el colmo de la audacia, se lanzó al agua durante la noche, confiando en su destreza en la natación, y solo Isabel le salva de irse a fondo por el peso de los hierros que le tenían prisionero. El héroe se hallaba hambriento, sediento, moribundo y abandonado en los manglares traicioneros y es ella la que tras continúa búsqueda y esfuerzos heroicos, lo rescata de su muerte segura, cuando era el único sobreviviente del desastre del Golfo de Urabá donde hoy se levanta Cartagena. Fue el inmenso amor de Isabel el que le revivía a fuerza de caricias y lo volvía a la vida. Como si fuera su propia sombra, Isabel seguía a Ojeda a España, Santo Domingo, a Urabá, a la fundación de San Sebastián, donde quiera que él puso su planta de valiente conquistador.

    Ya en Santo Domingo, escribía sus memorias el descubridor de Coquivacoa, a la luz de un candil, en humilde choza, careciendo de toda clase de recursos, memorias que desgraciadamente desaparecieron. Y mientras escribía, Isabel y sus tres hijos, acurrucados a sus pies, lo contemplaban como un Ser Superior.

    La noble india Isabel hermosa heroína de Coquivacoa presiente que se acerca el ocaso de su amo y compañero por quien todo lo ha dado, y es ella misma que con su mirada triste y perdida en la lontananza mira el relámpago del Catatumbo y pide a Dios le conserve fuerzas para acompañarle a su lado hasta el momento de su muerte.

    Ojeda sintiendo el cansancio de la vida y en busca de relaciones acordes con su personalidad, frecuentó allí el convento de San Francisco, entre cuyos frailes había algunos que habían sido sus antiguos compañeros de armas y de descubrimiento. Si no se hizo religioso franciscano, fue por amor a su esposa a la que no quería abandonar, y por aquel orgullo indómito que durante toda su vida fue distintivo en la lucha por la gloria. Pero tratando de dominar su orgullo, pidió a los padres que cuando muriera le enterraran en la iglesia del Convento y le pusieran una sencilla lápida que dijera "Aquí yace Alonso de Ojeda el desgraciado". Pero todavía dominó más su orgullo, y cuando a la noticia de su muerte, acudieron los religiosos a su choza miserable, encontraron una carta en la que pedía que no le pusieran ninguna lápida y que se le enterrara a la entrada del templo, para que todo el que entrara o saliera lo pisara. Así abatió él mismo su orgullo indomable.

    Sus hijos se perdieron para la historia y nada quedó del descubridor del Lago, de aquel "Caballero de la Virgen" que un día fuera honor de conquistadores y orgullo indómito de la época del descubrimiento

    A Isabel, siempre fiel, se le encontró un día al amanecer echada sobre la tumba. ¡Al querer levantarla los franciscanos, vieron que estaba muerta!





    _______________________________________

    Fuente:

    AL SON DEL ZULIA: ISABEL DE OJEDA







  6. #186
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Pedro Fernández Barbadillo

    Doña Marina, conquistadora de México

    Lo cierto es que Malinche, al igual que muchas mujeres nativas, gracias a los españoles gozó de un respeto y libertad que le negaron los aztecas.

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    Malinche, entre Cortés y Moctezuma | Cordon Press


    Dos mujeres fueron fundamentales en el nacimiento del Imperio español. La reina Isabel la Católica, que apoyó el plan descabellado de Cristóbal Colón (porque sus cálculos eran falsos), y doña Marina, sin quien la conquista de México no habría sido posible. Bernal Díaz del Castillo cuenta que la incorporación de indígena azteca a la expedición "fue gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacían las cosas, loado sea Dios, muy prósperamente. He querido declarar esto, porque sin doña Marina no podíamos entender la lengua de Nueva España y México".

    Su nombre indígena era Malintzin, que los españoles transformaron en Malinche; al ser bautizada se le impuso el de Marina. Muy poco sabemos de la mujer que se convirtió en intérprete y consejera de Hernán Cortés. No tenemos escritos de su puño; ni reflexiones sobre su sorprendente destino; ni el relato de su propia vida. Las únicas referencias que nos han llegado son las legadas por los españoles, como Díaz del Castillo y Francisco López de Gómara.


    Un regalo para los españoles

    Sus padres eran caciques, pero al morir su padre y casarse su madre con otro hombre se la vendió como esclava. Después de la batalla de Centla, librada el 15 de marzo de 1519, los gobernantes de Tabasco regalaron a sus nuevos señores joyas y veinte muchachas para que les sirvieran como cocineras, lavanderas y concubinas, entre las que se encontraba Malinche. Debía de rondar entre los dieciocho y los veinte años de edad. Como sus compañeras, fue bautizada y recibió el nombre de Marina, con el que entró en la historia.

    Pronto se reveló como imprescindible por su dominio de los idiomas locales, el náhualt y el maya, principalmente, y su rápido aprendizaje del castellano. Así, sustituyó a la otra "lengua" de la expedición, Jerónimo de Aguilar. Marina no sólo se convirtió en intérprete, sino también en consejera de Cortés sobre las costumbres de los pueblos del Imperio mexica y sus divisiones.

    El extremeño, según narra López de Gómara, "le prometió más que libertad si le trataba verdad entre él y aquellos de su tierra, pues los entendía, y él la quería tener por su faraute y secretaria". Podemos hacernos una idea de la importancia que adquirió Marina con su aparición en varios códices junto a Cortés y la atribución en seguida por parte de los conquistadores del título de doña.

    Los servicios de Marina brillaron en las batallas, donde traducía las órdenes de los oficiales españoles a sus aliados tlaxcaltecas, y en la difusión del catolicismo, pues gracias a ella se vertió por primera vez la doctrina cristiana en las lenguas indígenas. Hernán Cortés fue un mujeriego. Que sepamos, tuvo once hijos de seis mujeres. Aunque estaba casado con Catalina Suárez Marcayda, hizo de Marina su amante. Y cuando su esposa llegó de Cuba, la relación ilícita se mantuvo bajo el mismo techo, el de un palacete en Coyoacán.

    En 1522, nació un hijo mestizo que recibió el nombre de Martín y unos años más tarde la legitimación para él y sus hermanos Luis y Catalina por medio de una bula papal. Su padre le llevó consigo en su último viaje a España, en 1540, y el Emperador le aceptó en su casa como criado del príncipe Felipe. El joven se dedicó a la carrera de las armas y combatió en Alemania, Argel y las Alpujarras, donde falleció a las órdenes de otro bastardo ilustre, Juan de Austria.


    Cortés le dio un marido y dos encomiendas

    Pero la fortuna y los honores no ataban a los conquistadores españoles en sus palacios. Su pasión de viajar y conocer les impulsaba a correr nuevas aventuras. Hernán Cortés llevó a Marina en la expedición a las Hibueras para que ejerciese de intérprete. Entonces, su amante decidió casarse con un capitán veterano de la conquista, Juan Jaramillo, regidor del Ayuntamiento de México y rico encomendero.

    Aunque solo en los cuentos de hadas los príncipes se casan con barrenderas, Marina tuvo un matrimonio de calidad y fortuna. La boda se celebró el 15 de enero de 1525 y su protector dotó a Marina con dos encomiendas. ¿Por qué actuó así Cortés? Quizás porque pensaba que el emparejamiento con una antigua esclava le dificultaría alcanzar el nombramiento de virrey; o para atenuar las sospechas de un asesinato por celos en la muerte de su esposa, ocurrida en noviembre de 1522.

    En 1526, dio a luz a una hija que se llamó María. Doña Marina murió entre 1526 y 1527, en la ciudad de México, probablemente a causa de una de las epidemias de sarampión o viruela que asolaban la Nueva España.


    'Malinchismo'

    Los revolucionarios mexicanos han tratado de presentarla como una traidora a la sociedad que la degradó a la condición de esclava y regalo. En México se ha elaborado el término ‘malinchismo’ definido así por Guido Gómez de Silva en su Diccionario de mexicanismos: "Complejo de apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio". Otros la consideran traidora. Iván Vélez ha salido en su defensa: "La niña esclavizada, la amante de Cortés, tal es nuestra tesis, no pudo traicionar a una nación que, simplemente, no existía"

    Y sinceramente la traición más bien la cometieron esos independentistas que han reducido México a una fracción de lo que fue. El virreinato de la Nueva España en el siglo XVIII tenía fronteras al este con China (Filipinas) al norte con Rusia (la isla de Nutka) y al oeste con el río Misisipí y la Florida. Controlaba el golfo de México y era el enlace de Europa con Asia por el Pacífico. Entre la independencia (1821) y la Venta de la Mesilla (1853) la república mexicana perdió Filipinas, Cuba, Puerto Rico, Centroamérica (la Capitanía General de Guatemala), California y todos los territorios al norte del río Grande.

    Lo cierto es que doña Marina, al igual que otras muchas mujeres nativas, gracias a los españoles gozó de una libertad y un respeto que le negaron los aztecas. Ella y sus compañeras dejaron de ser bienes de comercio y propiedades de los hombres.

    (Páginas extraídas del libro Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español.)




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.libertaddigital.com/cult...-cortes-91434/

  7. #187
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

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    Los Indígenas Conquistadores

    El encuentro entre los europeos y los pueblos americanos en el siglo XVI es un tema muy complejo de entender y hasta ha sido politizado con el pasar de los años. La alianza político-militar entre las Antiguas Naciones y las Empresas de Conquista resulta un tema desconocido o difícil de asimilar para muchos, hasta el punto de que es inaudito aceptar a indígenas como Conquistadores y Pacificadores.
    Contrario a lo que algunos sectores quieren mostrar, los pueblos nativos de América no eran ajenos a la guerra, así como tampoco eran un solo pueblo. La gran mayoría de estas sociedades consideraban a la guerra como un mecanismo de supervivencia, de prosperidad a nivel comunitario y también a nivel individual, los jóvenes guerreros encontraban el camino al ascenso social a través de los logros en el campo de batalla.
    Lista de Indígenas Conquistadores o Pacificadores:


    -Don Apo Jerónimo Guacrapaucar

    Curaca de los Hurin Huanca. Vencedor en la Batalla de Paucarpampa y defensor de la Ciudad de Los Reyes. Patrocinador de la Iglesia de San Jerónimo de Tunan.


    -Don Alonso Titu Atauchi Inca

    Alcalde Mayor de los 4 Suyos y Capitán. Derrotó al capitán Francisco Hernández Girón en 1554 en la Batalla de Pucará tras la rebelión de este contra la Corona.


    -Fernando Pizarro Locana Pachaca

    Curaca de Pausamarca y Caxamarquilla. Lideró un ejército de nativos que aplastó a los rebeldes de Cumba. El rey le concedió el grado póstumo de "Gran Capitán" por su sacrificio en nombre de la Corona de Castilla.


    -Don Alonso Pizarro Locana Pachaca

    Curaca de Pausamarca y Caxamarquilla. Envió tropas y provisiones a la Coalición entre 1534 y 1537.


    -Don Francisco Chillche

    Cacique y Principal de Yucay. Fue capitán de las tropas cañaris en las campañas de 1533-1534 y 1536-1537.


    -Don Francisco Tomalá

    Cacique, Gobernador y Principal de la Isla de Puná y de Machala. Apoyó con provisiones, guerreros y guías a Francisco Pizarro y a sus tropas.


    -Don Francisco Cusichaca

    Curaca de los Hatun Jauja. Participa en la captura del capitán Francisco Hernández Girón.


    -Don Apo Alanya Chuquillanqui.

    Participa en la captura del capitán Francisco Hernández Girón.


    -Don Apo Diego Guasco

    Curaca de los Andahuaylas. Se enfrentó al capitán Francisco Hernández Girón en la batalla de Guncacocha.


    -Don Martin Guaman Mallqui

    Capitán de los Allauca y Wánucos. Se enfrentó al capitán Francisco Hernández Girón en la batalla de Guncacocha.






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    Fuente:


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