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Tema: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Indios conquistadores en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo*

    Indian conquistadors in Diego Muñoz Camargo’s Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584)

    Alejandro Viveros Espinosa 1

    1 Universidad de Chile, Santiago de Chile, Chile, aviveros@u.uchile.cl


    Resumen

    El objetivo de este escrito es posicionar un acercamiento crítico en torno al lugar de los indios en la conquista y colonización de Mesoamérica. Utilizaremos la noción de “indios conquistadores” en el análisis e interpretación de la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo. Para ello, desplegaremos cuatro momentos relacionados. El primero refiere a un posicionamiento en torno a la noción de indios conquistadores. El segundo responde a un acercamiento al contexto de producción y los contenidos de la Descripción. El tercero remite a los tlaxcaltecas como indios conquistadores y releva elementos presentes tanto en el texto escrito de la Descripción como en una selección de sus imágenes. Finalmente, el cuarto releva el propósito de la narración histórico-literaria de Muñoz Camargo y la participación tlaxcalteca como conquistadores en Mesoamérica.

    Palabras clave: Indios conquistadores; Diego Muñoz Camargo; Tlaxcala; colonización; Mesoamérica


    Abstract

    This paper proposes a critical approach about the place of the Indians in the Mesoamerican Conquest and colonization. To this purpose, we will use the notion of “Indian Conquistadors” to analyze and interpret Diego Muñoz Camargo’s Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584). We will follow four interconnected approaches. The first proposes a theoretical and methodological background about the notion of Indian Conquistadors. The second refers to the Descripción’s context of production and its contents. The third uses the notion of Indian conquistadors to reveal some specific aspects within the written text of the Descripción and in a selection of its well-known images. Finally, the fourth reconsiders the purpose of Muñoz Camargo’s hitorical-literary narration about the tlaxcalans’ collaboration as conquerers in Mesoamerica.

    Keywords: Indian Conquistadors; Diego Muñoz Camargo; Tlaxcala; Colonization; Mesoamerica


    La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro (Nietzsche 198). En sentido casi literal, los indios de América fueron los conquistadores -o destructores- de su propio mundo, en beneficio de los invasores europeos. Una y otra vez la historia se repitió: unos indios sometieron a otros, permitiendo a los europeos dominar vastas zonas del Nuevo Mundo. Gran parte, o mejor dicho, la mayor parte de la conquista de América por los europeos fue propiciada y realizada por las luchas de unos indios contra otros, luchas que fueron dirigidas por puñados de hombres blancos que astutamente aprovecharon las antiquísimas rivalidades entre indígenas (Powell 165).

    1521, avanzan los soldados olvidados, los indios aliados. Son las tropas de Cortés entrando a México-Tenochtitlan. Oscurecidos por la narración colonial, las tropas indias constituyen los aliados olvidados y denostados de la conquista y la colonización novohispana. Este artículo procura profundizar en la célebre Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1584) de Diego Muñoz Camargo a través de la noción de indios conquistadores, con el objetivo de reconocer la enunciación de los indios vencedores, en este caso, la visión tlaxcalteca de la conquista y colonización.

    Con este propósito dividiremos nuestro análisis en cuatro momentos. El primero responde a una aclaración conceptual en torno a la noción de indios conquistadores. El segundo momento refiere a la Descripción articulando una comprensión general del texto, de sus contenidos y de sus materiales visuales. Un tercer momento releva la posición de los tlaxcaltecas como indios conquistadores a partir de algunos ejemplos específicos presentes en la Descripción. Finalmente, en un cuarto momento, de carácter conclusivo, reconsideraremos el propósito de la narración histórico-literaria de Muñoz Camargo en torno a la participación tlaxcalteca como conquistadores y aliados. Ulteriormente, buscamos conducir una interpretación que profundiza en las motivaciones de los tlaxcaltecas para su colaboración y alianza, en este caso, con la empresa de conquista y colonización de Nueva España y otras latitudes.


    En torno a la noción de indios conquistadores

    En términos históricos y filosóficos, la noción de “indio” es el antecedente ineludible y como tal nos conduce a un asunto complejo, hasta cierto punto todavía confuso y difícil. Más aun cuando se le agrega la noción de “conquistador”. Sin ánimo de resolver la complejidad y polisemia del concepto de indio, podemos señalar que el ejercicio de “invención” del indio es congruente con el de América (O’Gorman 15-54). A través del término indio es plausible la reconstrucción cultural e identiaria de una multiplicidad de identidades particulares. Podríamos decir que la noción de indio es capaz de vectorizar su condición de construcción cultural operada e impuesta por el orden colonial, funcionalizando y amalgamando diferentes identidades en una siempre ambigua y evanescente. En este ejercicio sostenemos que aquellos llamados “indios” fueron parte activa y determinante en diferentes dimensiones, superando una lectura revisionista de su participación y proporcionando nuevas entradas para el problema del indio y sus acciones en la conquista y la colonización del Nuevo Mundo. Veamos esto.

    Respecto de la noción de “indios conquistadores” es necesario también reconocer como antecedente su relación con los términos: “indios amigos” e “indios auxiliares”1. Brevemente, podemos indicar que la incorporación del indio al orden colonial incluye una distinción específica para aquellos que colaboraron de diversas maneras en las acciones de conquista y colonización desarrolladas en el Nuevo Mundo. En las crónicas de la conquista de México, los indios auxiliares son expuestos desde una relación vasallática, exaltando su compromiso voluntario hacia la corona (Cortés 32, Díaz del Castilo 402). La relación vasallática contiene la comprensión tardomedieval de un “vínculo de fidelidad”, de mutuo acuerdo, en el cual las contrapartes (señor y súbdito) comprometen su colaboración confome a una relación jerárquica. Entonces, desde la perspectiva del conquistador, toda vez que los indios aceptaban sujetarse a la corona, quedaban también obligados a prestar auxilio económico y militar. No obstante, desde la perspectiva de los indios, el apoyo a las empresas de conquista parece tener otro matiz. Es plausible pensar que la colaboración prestada a las huestes hispanas pudo ser comprendida más bien en términos de una “alianza” entre iguales, algo más cercana a la comprensión político-religiosa de las tradiciones guerreras mesoamericanas (Domínguez 17-45, López Austin 48-77).

    Pues bien, respecto de los indios auxiliares es necesario remarcar la lectura canónica de Philip Powell y su célebre La Guerra Chichimeca (1550-1600). Powell analiza el conflicto bélico irregular entre el orden colonial y grupos de indios habitantes de las zonas áridas del altiplano centro-norte mexicano y que tiene su origen en un proceso de expansión, especialmente motivado por la producción de plata y otros minerales. En su análisis se reconoce el lugar y la labor ejercida por los “indios auxiliares” tanto a nivel de su participación militar como en su condición de colonizadores de los nuevos territorios, destacando a los “indios flecheros” y “milicias de indios” como elementos fundamentales en la extensión y control de los territorios de frontera (Powell 165-178).

    Sin embargo, el enlace entre el indio auxiliar y el indio conquistador remite a una perspectiva relativamente reciente, para la cual podemos distinguir algunos antecedentes específicos. Matthew Restall -desde la Nueva Filología2- en su célebre Seven Myths of the Spanish Conquest procede hacia la problematización del lugar de los indios durante los procesos de conquista y colonización en el Nuevo Mundo. El objetivo de Restall es posicionar las construcciones de la historia convencional que ocultan aspectos relevantes del proceso de conquista de América. Restall sostiene que hubo participación directa de los indígenas en el derrocamiento de los grandes imperios precolombinos. Como ejemplo de ello refiere a la colaboración tlaxcalteca primero con las huestes de Cortés en Mexico-Tecnohtitlán y luego en otras latitudes, particularmente, en el área maya (Restall 46-48).

    Asimismo, Matthew Restall y Ben Vinson en su texto titulado Black Soldiers, Native Soldiers. Meanings of Military Service in the Spanish American Colonies profundizan en la figura del servicio militar colonial donde relevan la participación de indios y africanos en la conquista y colonización del Nuevo Mundo (especialmente en el siglo XVII y XVIII). El escrito identifica las acciones de “indios flecheros”, “indios amigos”, “indios aliados” y refiere al lugar de los tlaxcaltecas como ejemplo paradigmático de la colaboración militar nativa.

    En su propuesta se distingue el impacto del servicio militar en indígenas y afrodescendientes otorgando un lugar central al modo en el cual el orden colonial coopta sus servicios al momento de integrarlos como “milicianos” (militiamen) y cómo en éstos se abren espacios para el ascenso social y la interacción cultural. Restall y Vinson remarcan una diferencia sustancial, mientras el fenotipo rige para la composición de las tropas de afrodescendientes, para las tropas de indios hubo espacios para la etnicidad (ethnicity), permitiendo a éstos integrar tropas ligadas a sus identidades particulares (tlaxcaltecas, mexicas, texcocanos, xochimilcos, etc.), siendo, además, dirigidos por un “indio cacique”. En términos de la construcción de la noción de indios conquistadores es importante señalar que Restall y Vinson posicionan y problematizan el lugar del indio (y de los afrodescendientes), subrayando los motivos del orden colonial junto con los beneficios y resguardos obtenidos por sus servicios.

    Ahora bien, la noción de indios conquistadores se consolida con la publicación de Indian Conquistadors, un trabajo colaborativo editado por Laura Matthew y Michel Oudijk que procura articular una comprensión amplia de la noción de indios conquistadores. Dentro de los ensayos contenidos en Indian Conquistadors remarcamos el titulado Mesoamerican Conquistadors in the Sixteenth Century de Matthew Restall y Michel Oudijk. Ahí se analizan cuatro categorías que exponen los modos de colaboración entre indios conquistadores (aliados y auxiliares) y las tropas hispanas. La primera categoría refiere al número de indios auxiliares (Indian auxiliaries) o indios amigos (friendly Indian). La segunda, al lugar de los indios aliados en las campañas militares, más allá de los ejemplos conocidos de la conquista de México (1519-1521). La tercera posiciona al rol crucial de los auxiliares no combatientes, es decir, la participación de indios como espías o intérpretes o bien como porteros o cocineros, entre otras labores. La cuarta muestra cómo la conquista hispana imitó patrones precolombinos para su expansión en Mesoamérica. Esto acontece debido a la correspondencia entre las rutas comerciales prehispánicas y las rutas de la conquista, lo que permitió -en el camino- afianzar una multiplicidad de alianzas políticas, militares y económicas, que fueron fundamentales para el proceso de conquista de México-Tenochtitlan y de otros territorios. Restall y Oudijk focalizan su investigación en documentos relacionados con peticiones y demandas hechas por los “conquistadores mesoamericanos” (Mesoamerican conquistadors) y enviadas a la corona durante el siglo XVI. Destaca el ejercicio de desmontaje de múltiples lecturas esencialistas sobre los conquistadores y sobre los indios junto con la reafirmación de la visión indígena en el contexto de la reconstrucción del mundo cultural postconquista.

    Interesante es el aporte de John Chuchiak, quien en su ensayo Forgotten Allies: The Origins and Roles of Native Mesoamerican Auxiliaries and Indios Conquistadores in the Conquest of Yucatan, 1526-1550 recoge una serie de evidencia historiográfica que permite reconocer no solo el complejo proceso de movilización de personas en las actividades de conquista y colonización, sino que más bien al papel jugado por los indios aliados. Chuchiak identifica momentos consecutivos de incoporación de los indios aliados en el desarrollo de las campañas militares, específicamente, en las empresas de conquista hechas por Francisco de Montejo, las célebres “entradas a Yucatán”. Asimismo, a partir de las peticiones de libertad de tributo elaboradas por sobrevivientes de las campañas militares, Chuchiak logra reconstruir la sistemática omisión de la recompensa prometida por sus servicios e incluso la demanda e imposición de devoluciones e impuestos. Sostiene John Chuchiak en Forgotten Allies. The Origins and Roles of Native Mesoamerican Auxiliaries and Indios Conquistadores in the Conquest of Yucatan, 1526-1550:

    La misma generación de conquistadores españoles, que deben a estos indios conquistadores sus vidas y el éxito de la conquista en sí, fueron a sus tumbas sin reconocer los esfuerzos o recompensar sus luchas. Mientras una larga línea de indios conquistadores e indios hidalgos continuaron basando sus posteriores reclamos de libertad de servicios y tributos en las acciones de sus antecesores, solo un puñado de españoles recordó a los aliados olvidados. Pocos tuvieron tal coraje y convicción como el capitán Francisco de Bracamonte, él mismo un comandante de una columna combinada de españoles y muchos cientos de nahuas auxiliares, cuando recordó a aquellos aliados olvidados y testificó a la corona, “Yo puedo decir con total honestidad que sin ellos nunca hubieramos conquistado esta tierra3” (215).

    Chuchiak posiciona la noción de indios conquistadores en directa relación con el ocultamiento o desconocimiento de su labor y ayuda en la conquista. La referencia al capitán Bracamonte evidencia la persistente búsqueda de reconocimiento y recompensa por sus acciones de auxilio y colaboración, y que configura el triste camino que los aliados olvidados, los indios conquistadores, hubieron de recorrer frente a la omisión y la negación de sus resguardos.

    Destacamos también el aporte de Raquel Güereca y su libro Milicias indígenas en la Nueva España, quien realiza un acercamiento desde un enfoque jurídico que considera el derecho indiano y los derechos de guerra. Destaca su análisis sobre los modos de institucionalización de la colaboración militar indígena desde los antecedentes de la incorporación de las “milicias de indios” durante el siglo XVI hasta su decadencia con la reconstrucción del aparato militar imperial a finales del siglo XVIII. En su propuesta se retoma y despliega el lugar y la activa participación del indio en la conquista, utilizando para ello la noción de indios conquistadores (Güereca 11-22).

    Como hemos procurado delinear en la revisión del término, es posible sostener que la noción de indios conquistadores nos abre a considerar un punto de vista oculto en el cual el compromiso de los indios con las acciones bélicas no está cerrado a una dimensión subalterna o pasiva, vasallática, sino que a un interés o motivación en el cual una alianza o bien una relación colaborativa parece ser parte del contenido semántico del término. En cierto sentido, la noción de indios conquistadores intenta relevar la dimensión humana de la guerra y el conflicto y, cómo desde ésta es posible volver a preguntar por la construcción de relaciones de supervivencia y colaboratividad. Finalmente, la noción de indios conquistadores nos lleva a poner en escena al indio vencedor, a aquel indio que pudo sostenerse en la tormenta y en ella encontrar su lugar.


    En torno a la Descripción de Diego Muñoz Camargo

    Es conveniente preguntar, inicialmente, ¿quién es Diego Muñoz Camargo? Charles Gibson (1950) enuncia la autoría y la identidad de Diego Muñoz Camargo (1528-1599), ulteriormente funcionalizadas desde su condición de mestizo emparentado con familias de abolengo indígena y de su condición bilingüe (náhuatl y español). Podemos relevar algunos elementos biográficos que pueden colaborar en nuestra indagación. Gibson afirma que Diego Muñoz Camargo parece haber gozado de posiciones importantes tanto en asunto oficiales como en negocios individuales, asociados a la ganadería y la producción de sal. Destaca también su cercanía con el orden colonial, lo cual le permite gozar de la confianza de los gobernantes tlaxcaltecas.

    Nuevamente, ¿quién es Diego Muñoz Camargo? Es posible responder esta pregunta en virtud de su producción histórico-literaria. Brevemente, posicionamos el concepto de “crónica mestiza” para reconocer una dimensión histórico-literaria en las producciones escriturales realizadas durante la primera etapa de la colonización americana. Así define este concepto Martin Lienhard en La crónica mestiza en México y el Perú hasta 1620: Apuntes para su estudio histórico-literario:

    Atribuimos el carácter “mestizo” a aquellas crónicas que, casi independientemente del origen étnico de sus autores (indígenas, mestizos, españoles), reelaboran materiales discursivos o reales de la historia americana a través de unos procedimientos narrativos (verbales y/o pictográficos) de tradición heterogénea: indígena y europea. (105)

    A través del concepto de “crónicas mestizas”, funcionalizadas como trasfondo teórico-metodológico, es posible elaborar un ejercicio teórico-crítico relativo a un discurso identitario en construcción que despliega “procedimientos narrativos heterogéneos” en apertura a nuevos horizontes de pregunta y que configuran, como señala Martín Lienhard, “las premisas de una nueva conciencia global, histórica, política y cultural” (107).

    En este sentido, dos crónicas mestizas componen el centro de la producción histórico-literaria de Muñoz Camargo, a saber, la Descripción (1584) y la Historia de Tlaxcala (1590). Ambas encadenan un relato marcado por intertextualidad. Quizá la Historia es una obra mejor lograda al momento de reconstruir los eventos relativos a la provincia de Tlaxcala. Lo que se explica, precisamente, porque es una producción posterior a la Descripción. En cierto sentido, en la Historia se evidencia un estilo y una posición de enunciación mucho más afinada en torno a la composición de un relato sobre la historicidad de aquellas tierras. No obstante, queremos pensar a la Descripción y la Historia como textos entremezclados, es decir, como experiencias diferentes relativas a un mismo y único objetivo, a saber, dar a conocer los avatares de esas tierras que, a la luz de su participación en la conquista y el orden colonial, merecen un trato especial.

    Por comisión de Alonso de Nava, Alcalde Mayor de Tlaxcala, alrededor de 1580 Diego Muñoz Camargo comienza a escribir su Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala, la cual fue terminada en 1584, además de ser entregada personalmente al rey Felipe II durante la embajada de 1585. La obra integró la Biblioteca de El Escorial, y sorprendentemente aparece integrando la colección que William Hunter (1718-1783) donara a la Universidad de Glasgow. Allí se encuentra en la actualidad y es conocido como el Manuscrito de Glasgow. Dentro de los trabajos críticos en torno al Manuscrito, utilizaremos la realizada en versión facsimilar por René Acuña (1981)4 y la versión paleografiada por el mismo Acuña y publicada en 2000, ambas tituladas como Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala.

    La Descripción como tal es una obra compleja en su estilo y en su objetivo. Es un texto escrito de forma continua, inicia con la “Instrucción y Memoria”, que consta de cincuenta preguntas, luego presenta una dedicatoria al rey Felipe II y una aclaración de intenciones en torno a la redacción. A continuación se divide en dos libros, el primero contiene veinte capítulos en prosa, el segundo, algo más caótico, contiene la “cuenta de los años de los indios”, un “calendario índico de fray Francisco de las Navas”, una explicación “de los años” y “de los bisiestos”, junto con una aclaración de las cuentas de “días, meses y años” cristianos verificados en la “Cuenta de Antonio de Guevara”. A ello agrega un capítulo sobre la “fauna y la flora de Tlaxcala”, para finalizar con siete capítulos dedicados a las “cabeceras de Ocotelulco, Quiyahuitztlán, Tepeticpa y Tizatlán”, a “capitanes famosos”, “divisas y armas” y una indicación sobre los asuntos no tratados en la Descripción.

    La Descripción debe cumplir con los estándares de una relación geográfica siguiendo la “Instrucción y Memoria” (Muñoz Camargo, Descripción 27-32) que remite a una descripción territorial focalizada grosso modo tanto en ríos y montañas, en asentamientos y poblaciones, como en las potencialidades económicas y políticas. Frente a este escenario, Muñoz Camargo decide intervenir proporcionando una perspectiva mucho más específica. Dentro de la composición del texto alfabético de la Descripción podemos reconocer, primero, que hay un orden propio y una desproporción en el tratamiento de algunos temas; y que además hay una intención por historizar más allá que meramente informar. Hay en la Descripción un estilo heterogéneo y aglutinante que procura referir a las cuatro cabeceras de Tlaxcala, describiendo a veces repetitivamente la información correspondiente a cada una.

    La Descripción incorpora dos ruedas calendáricas y explicaciones de las mismas, que responden al “calendario índico de fray Francisco de Navas”. En la primera se explican días, semanas, meses y años, y en la segunda se explican los meses según el calendario lunar de veinte días. Cada una contiene anotaciones e indicaciones detalladas y aclarativas en los modos en que los naturales medían el tiempo (Muñoz Camargo, Descripción 222-233). En su exposición calendárica, Muñoz Camargo canaliza el interés por el tiempo -como problema filosófico- en el mundo cultural mesoamericano. Nancy Farriss, en su artículo titulado Recordando el futuro, anticipando el pasado. Tiempo histórico y tiempo cósmico entre los mayas de Yucatán, problematiza este asunto a partir de una dicotomía entre una comprensión del tiempo estacionaria y cíclica determinada por oposiciones complementarias, y una comprensión lineal o teleológica, específicamente en la intervención del horizonte cultural cristiano presente en las crónicas o relatos producidos por indios coloniales del área maya. Sin embargo, es posible establecer que la Descripción se concentra más bien en sintonizar o bien acomodar el problema del tiempo a una explicación cristiana. El interés por el tiempo “pone en escena” que bajo la explicación del calendario cristiano, Muñoz Camargo negocia con las modalidades de la comprensión nahua del tiempo. El detalle en la explicación de la “rueda de los meses” y las celebraciones asociadas a días específicos son ejemplo de ello.

    Por lo tanto, la Descripción nos abre a reconocer en ella los elementos en negociación y traspaso, y cómo éstos se muestran en dos códigos, uno alfabético y otro visual. Los tópicos tratados en el código alfabético, como hemos indicado, responden en amplios rangos al cuestionario (“Instrucción y Memoria”). A ello agrega Muñoz Camargo ciento cincuenta y seis figuras o imágenes, muchas de ellas intervenidas con elementos alfabéticos explicativos. Cada una de las figuras ocupa una página dibujada a pluma en tinta negra sin colorear; ochenta de ellas coinciden −con algunas variantes− con las pinturas del célebre Lienzo de Tlaxcala5.

    Siguiendo lo señalado por Acuña (1981) en el Estudio preliminar de su edición facsimilar, las ciento cincuenta y seis imágenes de la Descripción se pueden clasificar en cuatro series. Brevemente, la primera serie (Imágenes 1-19) refiere a las cuatro cabeceras de Tlaxcala, a la predicación evangélica franciscana, a los templos y los juegos antiguos, al ajusticiamiento de algunos caciques, al modelo habitacional de Xicoténcatl, a la plaza y al monasterio de Tlaxcala y, finalemente, a las provincias y reyes que conquistó Cortés previo a su llegada a Tlaxcala. Sostiene René Acuña: “Se puede observar hasta aquí que la narración pictórica no sigue orden alguno” (34). La segunda serie (Imágenes 20-25) corresponde a imágenes de Cortés, Colón, Pizarro y sus ofrendas a Carlos V y Felipe II. Aquí, René Acuña sostiene: “Son escenas alegóricas sueltas, relacionadas unas con otras por el gran tema del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Se corresponden con los que dice Muñoz Camargo que había pintadas en la sala y Audiencia capitulares de la ciudad de Tlaxcala” (34).

    La tercera serie (Imágenes 26-75) remite a las batallas que los tlaxcaltecas libraron en alianza con los españoles en la conquista de México-Tenochtitlan, donde podemos reconocer que las imágenes tampoco se ajustan a una cronología estricta. La cuarta serie (Imágenes 76-156) desarrolla el lugar de los tlaxcaltecas en la conquista y colonización de otras provincias y latitudes, a saber, las provincias de Pánuco, del México occidental, zonas específicas de Centroámerica (principalmente Guatemala, El Salvador y Nicaragua) y la provincia de Oaxaca, finalizando todo en “Cipolla”, con “la entrada que hizo Franco Vazquez de Coronado en tiempo de don Antonio de Mendoza”.

    En rigor, la descripción visual de conquista y colonización de Nueva España relatada por Muñoz Camargo se extiende desde 1519 hasta 1542. En la Descripción, los elementos visuales (en términos complementarios a la narración alfabética) nos muestran y se enlazan claramente con los objetivos políticos donde los tlalxcaltecas son conquistadores y, en ese contexto, son también pacificadores y civilizadores.



    Los tlaxcaltecas como indios conquistadores

    La Descripción es un texto donde es posible reconocer el gesto histórico-literario que retoma el legado de los indios conquistadores. Queremos profundizar en la Descripción y escuchar la voz tlaxcalteca como leal súbdito, merecedor de fueros y beneficios por los servicios prestados. En la Descripción se relatan diferentes momentos en los cuales se exponen las decisiones político-militares de los naturales de Tlaxcala. Dentro de ellos destacamos los referidos a la respuesta que entregan las cuatro cabeceras frente a la exigencia de rendición por parte de los mexicas. Sostiene Diego Muñoz Camargo, “Señores muy poderosos, Tlaxcala no [o]s debe vasallaje ni, desde que salieron de las Siete Cuevas, jamás reconocieron con tributo ni pecho a ningún rey ni principal del mundo, porque siempre han conservado su libertad” (180). Esta perspectiva conduce el conflicto entre Tlaxcala y México-Tenochtitlan, en el cual se desarrolla un relato que explica la posición política de Tlaxcala en tiempos precortesanos. Sobre ello aclara Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, como hubiesen los mexicanos tecnohcas sujetado la mayor parte deste nuevo mundo y que [su señor] no tuviese ya que ganar desde la Mar del Sur a la del norte, y todo lo que tuviese por suyo, procuró muy a su salvo tomar la provincia de Tlaxcalla y sujetarla, así como había hecho a las demás. Y ansí, los mexicanos, con ánimo denodado, les dieron tantos recuentros y escaramuzas, hasta que los vinieron a acorralar dentro de pocos años en sus p[ro]pias tierras y provincia, donde los tuvieron cercados más de 60 años, necesitándolos de todo cuanto humanam[en]te los pudieron necesitar, por no tenían algodón con que se vestir, oro ni plata con que se adornar, ni plumería verde de otras colores para sus galas, que es la que más estimaban para sus divi[s]as y plumajes, ni cacao para beber, ni sal para poder comer (180-181).

    Más allá de los sesenta años de asedio mexica, los tlaxcaltecas -en voz de Muñoz Camargo- sufren las consecuencias de ser “enemigos necesarios” en una comprensión político-sacrificial de la guerra. Desde ahí la constante belicosidad hacia Tlaxcala se explica claramente. Entonces, la guerra funciona como asunto religioso y sacrificial determinante y con ello también genera la necesidad de enemigos que permitan continuar con las prácticas sacrificiales y, ciertamente, con la formación de nuevos guerreros. Tlaxcala es el productor de enemigos y tiene ese lugar dentro de las guerras religiosas-sacrificales de los mexicas.

    Sin embargo, con la llegada de Cortés el escenario del conflicto cambia radicalmente. No es menor la decisión política de integrar las huestes del conquistador y, por ello, la construcción de esta alianza nos permite relevar el lugar de los tlaxcaltecas como indios conquistadores. La alianza con Cortés es descrita a través de una escena que nos habla de una “plática y razonamiento” entre el conquistador y las cabeceras tlaxcaltecas. Sobre ésta sostiene Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, en esta plática y razonamiento, dicen los tlaxcaltecas afirmativam[en]te que les prometió HER[NAN]DO CORTÉS que, si Dios n[uestro] señor les daba victoria, habrían parte de todo lo que [se] conquistase, ansí de despojos de oro y otras riquezas [como de] provincias y repúblicas, especialmente la ciudad y provincia de Huexotzingo y Cholula y Tepe[y]acac. Y ansí fue que ciertamente, como fidelísimos amigos, le ayudaron a ganar y a conquistar toda la máquina de este nuevo mundo con gran amor y voluntad; y, en todas las ocasiones que se le ofrecieron [a CORTÉS], siempre les halló muy prontos y a su lado, con determinación de seguirle hasta morir o vencer, contra sus propios naturales y patricios, amigos y confederados, aunándose con n[uest]ros españoles, gente extraña de su natural y nación, cuya causa se atribuye a ser más obra de Dios /201r/ n[uest]ro señor que de hombre mortales, porque tenía guardada esta gente tan incógnita y apartada para ensalzamiento de su santa fe católica. Acabada ésta plática, como referido tenemos, HER[NAN]DO CORTÉS, a la cual los cuatro s[eñor]es de las cuatro cabeceras de Tlaxcala condescendieron en todo lo que les pidió, confirmando y ratificando su leal amistad, sin haber contrario otra cosa alguna, y dándole todo lo neces[ari]o, como les fue pedido, y saliendo número de gente para Cempuala, con capitanes prácticos y conocidos y experimentados en la guerra, para que con más recaudo se trujesen las cosas necesarias que les fuesen encargadas y entregadas con debido efecto, como se hizo, haciendo en éste uno de los más loables servicios que los tlaxcaltecas hicieron a CORTÉS y a la Corona Real de Castilla (267).

    El objetivo de esta escena es afianzar la directa participación en las acciones militares contra México-Tenochtitlan, incluyendo los términos de un “negocio” entre Cortés y los tlaxcaltecas junto con la promesa de un apoyo incondicional, “hasta morir o vencer”. Destacamos, además, que la alianza no solo es terrenal sino también divina. Remarcamos también cómo en la escena se refiere a la participación de “capitanes prácticos y conocidos y experimentados en la guerra”.

    La escena prosigue declarando que la voluntad ulterior de Cortés: “era ir sobre México y asolarlo y destruirlo, y que, sin su parecer, no quería comenzar cosa alguna, porque, como a amigos verdaderos y leales, lo quería comunicar con ellos antes de principiar neg[ocio]o de tanta importancia” (Muñoz Camargo, Descripción 268). Frente a este negocio, indica Muñoz Camargo, “respondieron los cuatro s[eño]es de las cuatro cabeceras resolutam[ent]e que la guerra se comenzase como mejor le pareciese y ordenase, que ellos le seguirían e irían con él” (268).

    Muñoz Camargo relata cómo los capitanes tlaxcaltecas proponen una estrategia focalizada en la conquista y el control de “la provincia de Tepe[y]ac y a todos sus alrededores y comarcas” a fin de “desmembrar y cortar las raíces del árbol, y que, quedando destroncado, que con más facilidad se derribaría” (268), es decir, impedir el apoyo militar y logístico desde de las “provincias sujetas a México” (268). En el cierre de la “plática y razonamiento”, indica Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala:

    Y, tomado México, todo lo demás se sujetaría con más facilidad, y que, no habiendo esto, tendría fuerzas para mandar sus gentes, y que habría gran riesgo y que no le faltarían fuerzas para resistirse grandes tiempos; /211v/ porque los suyos, de neces[ida]d, había de acudir a su señor, pues todas las provin[ci]as se gobernaban por s[eñor]es mexicanos. Cuyo acuerdo y consejo quieren atribuir así, como referido tengo, los tlaxcaltecas; [pero] que fuese dado por ellos, o que fuese por los n[uest]ros, ellos fue de mucho ser y muy heróico consejo: por cuya orden y design[i]o se fue prosiguiendo la guerra, conquistándose y ganándose toda la redondez desde rei[n]o, especialm[ent]e los lugares más cercanos, de donde se presumía que podía venir socorro a México, hasta que, a honra y gloria de Dios n[uest]ro señor, se conquistó y pacificó toda la máquina desde nuevo mundo (268-269).

    El objetivo de la escena no es solamente retórico. La escena afirma el lugar de los tlaxcaltecas como indios conquistadores, como indios aliados y leales a la corona. Esto es evidente en el “acuerdo y consejo” que sigue la estrategia tlaxcalteca del “árbol destroncado” y que determina el cauce y el éxito de las acciones bélicas contra México-Tenochtitlan y sus aliados.

    Asímismo, es plausible integrar un breve análisis sobre cinco imágenes relacionadas con las guerras y conquistas de españoles y tlaxcaltecas contra otros indios en diferentes latitudes mesoamericanas. Utilizaremos cinco imágenes que evocan la alianza político-militar tlaxcalteca e hispana
    (ver Anexos). La primera (Imagen 1) es el relato de la batalla de México-Tenochtitlan, donde la entrada de las tropas tlaxcaltecas por las calles y su enfrentamiento con los mexicas es evidente. Podemos ver también en la retaguardia a caballo un español apoyando el avance tlaxcalteca. La segunda (Imagen 2) responde a las guerras de conquista en Nueva Galicia. La tercera (Imagen 3) remite a la conquista de California. La cuarta (Imagen 4) a la conquista de Guatemala. Y la quinta (Imagen 5) a las guerras en la siempre conflictiva Oaxaca.

    Es posible observar algunos patrones en estas imágenes. Distinguimos que en cada uno, españoles y tlaxcaltecas comparten el lado izquierdo de la escena. Decoradas con tocados y plumas, y claramente identificables con sus estandartes, las tropas tlaxcaltecas acompañan a la caballería española, que reitera la iconografía de Santiago Mataindios (Matamoros)6. El lado derecho de la escena presenta a los otros indios, en clara actitud de resistencia armada. Asimismo, en el extremo superior derecho distinguimos los glifos nahuas que refieren al topónimo específico (Imágenes 2-5).

    Como hemos señalado, buena parte de las imágenes de la Descripción corresponde a imágenes violentas relacionadas con las guerras de conquista en Mesoamérica. Empero, en nuestra selección de imágenes hay, por lo menos, dos dimensiones relacionadas. Por una parte, la participación de los tlaxcaltecas en la conquista y colonización de diversas latitudes y, por otra, la validación de estas acciones frente al orden colonial. Es canónico que el objetivo de estas escenas es la aclaración y el posicionamiento de los tlaxcaltecas como colaboradores directos en las campañas de conquista. Pero también es sugerente pensar que las escenas de colaboración militar son parte de la reconstrucción de una historicidad que no olvida su lugar y que reconoce y afirma el impacto de sus acciones y auxilios, visualizándose como vencedores o bien como conquistadores (Añón 328-335, Martínez 37-70, Mignolo 451-484, Navarrete 288-310, Velasco 307-329).

    En suma, consideramos que la noción de indios conquistadores no resulta indiferente al complejo proceso de negociaciones y compromisos llevados a cabo por tlaxcaltecas y españoles, en el horizonte de un objetivo político-militar común, una alianza, en la cual Tlaxcala tiene una posición activa y privilegiada. En la Descripción, entonces, hay evidencia de un discurso en movimiento que conduce a un giro en la lectura sobre la conquista y colonización de México y otras partes de Mesoamérica7. En este contexto, la Descripción nos invita a volver a pensar el lugar de los tlaxcaltecas como agentes activos, como indios conquistadores y civilizadores, en la reconstrucción del mundo cultural mesoamericano. Finalmente, la noción de indios conquistadores nos permite interpretar el relato de Muñoz Camargo como un relato que construye una posición de enunciación específica y constitutiva, podemos aventurar, de un proyecto civilizatorio indio, tlaxcalteca, en desarrollo dentro del orden colonial novohispano.


    Consideraciones finales

    Entonces, ¿por qué pensar al indio como conquistador?, ¿qué tipo de horizonte de pregunta se lleva a cabo con el posicionamiento del indio como vencedor y, por cierto, cuál es su alcance en los procesos de creación e interacción cultural que le son concomitantes? En estas preguntas es posible reafirmar el valor teórico-metodológico de problematizar el lugar del indio en el Nuevo Mundo. Esto significa profundizar en cuestionamiento que involucra no solamente el lugar del indio como colaborador, aliado o amigo, sino que por sobre todo lo ubica como pivote para problematizar aquello que hemos indicado como un proyecto civilizatorio indio, finalmente, un proyecto civilizatorio alternativo. Los alcances de esta propuesta civilizatoria demuestran que al posicionar al indio como conquistador es posible evidenciar un ejercicio de rearticulación de ciertos elementos determinantes en la construcción de su identidad cultural.

    Por ello, pensar en el indio como conquistador es una invitación. Una invitación que nos ubica en un camino que aún no se ha completado. En este contexto, el relato de Diego Muñoz Camargo funciona para relevar, precisamente, cómo al realizar un análisis e interpretación de las crónicas mestizas es necesario también posicionar una perspectiva abierta a conceptualizaciones y perspectivas en las cuales sea posible reconocer nuevos contenidos. Entre ellos hemos propuesto la noción de indios conquistadores y sus corolarios de carácter civilizatorio. Hemos expuesto cómo en la Descripción se re-direccionan no solo los acontecimientos de la conquista de México, sino también se rearticula la posición de enunciación de los propios tlaxcaltecas funcionalizando los hechos, aclarando éstos conforme a una narración en movimiento. En la noción de indios conquistadores se conjuga la crítica a la historia convencional de la conquista y colonización del Nuevo Mundo junto con la reinscripción de estos fenómenos en una historia alternativa donde los indios desempeñan un rol central. La perspectiva otorgada por la noción de indios conquistadores nos permite profundizar en el propósito de Muñoz Camargo al referir en su Descripción a la participación de tlaxcaltecas como conquistadores y aliados. Con ello, la lectura de los tlaxcaltecas como indios conquistadores conduce una reflexión sobre la elección civilizatoria que involucró sus propios intereses, motivaciones y objetivos político-militares.

    Por lo tanto, es posible sostener que en la Descripción se desarrolla la reinscripción de una subjetividad alternativa. Esta subjetividad alternativa se muestra en el relato escritural y pictográfico sobre los conquistadores tlaxcaltecas, desde la positividad discursiva de los elementos histórico-culturales sobrevivientes y resemantizados en el encuentro-choque con el proyecto civilizatorio moderno-occidental. A través del relato de la Descripción es posible comprender la operatividad del encuentro-choque y evidenciar también la bifurcación de un proyecto civilizatorio que, en este caso, se genera en Tlaxcala. Ejemplos tales como la Descripción nos permiten comprender el ejercicio de reinscripción que pone en juego los modos de apropiación y adaptación de prácticas y discursos, negociaciones y acuerdos, desde los cuales articuló una alianza político-militar con el orden colonial. Más allá del colaboracionismo tlaxcalteca, que olvida la condición humana de la violencia y el conflicto, idealizando (y esencializando) al indio, en la Descripción resuena el eco de los indios como agentes directos de la reconstrucción del mundo cultural novohispano.

    Finalmente, la obra de Muñoz Camargo nos muestra la continuidad escritural y pictográfica de la experiencia histórica de un grupo de indios, los tlaxcaltecas, como conquistadores y, ciertamente, como civilizadores, es decir, como agentes del cambio cultural que determinó el destino de todo un mundo nuevo. Por lo tanto, la Descripción es también una obra estratégica, ofensiva, funcional y operacional, donde todavía hay lugar para volver a preguntar por un modo alternativo, un modo indiano, en el desarrollo de la conquista y colonización americanas.



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    * Resultado del proyecto CONICYT-FONDECYT Iniciación Nº 11160012 titulado, “Convivencia interétnica y traducción cultural. Aproximaciones sobre el contenido filosófico-político de las crónicas de indios en el mundo cultural novohispano (1576-1650)”.

    1 “Indios amigos” o “indios auxiliares” son términos que se otorgan a aquellos naturales que colaboraron en diferentes acciones durante las guerras de conquista y colonización del Nuevo Mundo. La distinción entre “indio amigo” e “indio de guerra”, muy presente, por ejemplo, en la crónica de Bernal Díaz del Castillo, nos permite identificar la presencia o ausencia de actos de beligerancia como el componente constitutivo del término. Para el término “indios auxiliares” es prudente retomar el sentido militar que tiene como antecedente a las “tropas auxiliares romanas”, esto es, tropas compuestas por individuos sin ciudadanía romana, y que operaban en territorios de frontera (Holder 12-57). Así también, recogemos la distinción entre “indios amigos” e “indios auxiliares” de Andrea Ruiz Esquide en su Los indios amigos en la frontera araucana: “Puede afirmarse entonces, que aquellos que actuaron como amigos en el siglo XVI eran indios de servicio de los españoles: indígenas de encomienda y yanaconas. Para distinguirlos de los de la centuria siguiente, se les puede denominar indios auxiliares” […] “Se puede, entonces, distinguir claramente entre los amigos del siglo XVI y aquellos de la siguiente centuria, pues su origen y su calidad eran distintos. Es por esas diferencias y clara distinción entre uno y otro tipo de amigos, que es apropiado hablar de amigos propiamente tales, sólo en el contexto de la historia fronteriza, es decir desde las últimas décadas del siglo XVII en adelante” (24).

    2Respecto de la Nueva Filología (New Philology) o “etnohistoria filológica” (philological ethnohistory) especialmente porque relevan las posibilidades de interpretación en las múltiples producciones escriturales y pictográficas de sujetos “indios” durante el periodo colonial (Lockhart, Introduction 1-24, Restall, Seven Myths 27-43). Estas producciones alcanzan un renovado potencial crítico precisamente debido a su atención sobre los contextos lingüístico-culturales (nahua e hispano) y sus condiciones de transferencia y circulación dentro mundo colonial novohispano (Lockhart, The Nahuas 326-373, Schroeder 1-14).

    3The very generation of Spanish conquistadors that owned these indigenous conquistadors their lives and the success of the conquest itself went to their graves without recognizing their efforts or rewarding their struggles. While a long line of indios conquistadores and indios hidalgos continued basing their later claims to freedom of services and tributes on actions of their ancestors, only a handful of Spaniards remembered the forgotten allies. Few had such courage and conviction as Captain Francisco de Bracamonte, himself a commander of a combined column of Spaniards and several hundred Nahua auxiliaries, when he remembered those forgotten allies and testifed to the Crown, “I can say in all honesty that without them we would never have conquered this land” (Chuchiak 215).

    4Existe una edición facsimilar de 1981 y otras dos versiones palegrafeadas realizadas en 1984 y 2000. Como hemos señalado utilizaremos la edición facsimilar para el análisis de los imágenes. No obstante, esta edición no estuvo exenta de polémica. Hubo una acusación de “piratería académica” por parte de Hanns J. Prem sobre el trabajo de Acuña y publicada en una reseña sobre la edición facsimilar en el Zeitschrift für Ethnologie. Esto condujo a una fuerte defensa del trabajo realizado por Acuña y que podemos encontrar en su texto: “Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala. Una respuesta a Hanns J. Prem” donde queda en clara evidencia la relevante y sincera labor científica desarrollada en la edición y divulgación de la Descripción.

    5Producido circa 1552, el Lienzo de Tlaxcala es portador de la percepción tlaxcalteca de la conquista de México. Sus escenas corresponden a las que adornaban el cabildo de Tlaxcala. Dentro de la ediciones del Lienzo podemos destacar el canónico trabajo de Alfredo Chavero, quien reproduce en una versión analítica las escenas que lo componen. El Lienzo constituye uno de muchos materiales o imágenes producidas con anterioridad y durante el proceso de colonización novohispana. La correlación entre las imágenes del Lienzo y la Descripción ha sido trabajada por Andrea Martínez a partir del análisis de los contextos de producción de ambos. Martínez sostiene como hipótesis que el Lienzo es “una obra colectiva encargada por el cabildo indio de Tlaxcala a uno o varios dibujantes, tanto en su versión mural como en su versión transportable” (153). Destacamos también a Manuel Nuñez Rodríguez (2012) quien releva la forma específica y alternativa de “escribir la historia” que se encuentra en el Lienzo. Nuñez Rodríguez entiende el desarrollo de las imágenes del Lienzo desde una “dimensión mestiza”, es decir, la fusión entre la tradición indígena y la hispana. Respecto del lugar de la imagen en el mundo mesoamericano es posible considerar el trabajo de Serge Gruzinski. Así también, respecto del contenido de los códices mesoamericanos y de la continuidad de escritura pictográfica pre y postconquista destacamos el trabajo de Pablo Escalante.

    6Respecto a Santiago Mataindios relevamos la lectura de Javier Domínguez que analiza las continuidades iconográficas con el mundo medieval europeo, específicamente en la españolización de Jacobo con la figura de Santiago y luego su impacto en la conquista y colonización de Nueva España y el Perú.

    7 Sobre este asunto destacamos el trabajo de José Rivera quien ha compilado y paleografeado documentos relacionados con el proyecto hispano de colonización del norte de Nueva España y, específicamente sobre la movilización de tlaxcaltecas en la diáspora de 1591. Detalles específicos sobre las condiciones para la colonización son bien expuestos por Rivera, a saber, los repartimientos de tierra, exenciones de servicios y licencias para montar a caballo, entre muchas otros. Rivera también destaca el contexto de la pacificación de la Gran Chichimeca y su efecto directo en la diseminación de la herencia cultural nahua transmitida por los colonizadores tlaxcaltecas a los pobladores fronterizos.



    Anexos




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 1 Yc quinhualtocaque caltzallan. [así los siguieron entre las casas]. La guerra y combate por las calles de la ciudad de México




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 2 Tonalan. Conquista de la provincia de Tonala, llamada la Nueva Galicia




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 3 La guerra de las partes del poniente llamadas Tonatin y Huetzian y llamada la California forma que hizo Cortés [h]asta el puesto de la pacificación, fueron los de T[l]axcala




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981

    Imagen 4 Guerra de Guatemala y sus provincias




    Muñoz Camargo, Diego. Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de las Indias y del mar océano para el buen gobierno y ennblecimiento dellas. [1584]. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.

    Imagen 5 Guerra de Guaxaca



    Recibido: 12 de Diciembre de 2017; Aprobado: 15 de Abril de 2018



    _______________________________________

    Fuente:

    https://scielo.conicyt.cl/scielo.php...52018000200011

  2. #182
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    DE INDIOS NOBLES

    La Corona de Castilla refrendó jurídicamente la condición nobiliaria de jerarquías indígenas prehispánicas. Oficializando los títulos de cacique y de indio principal, con sucesión por varonía y una especie de mayorazgo: el primer se da a los jefes de antiguos reinos, como los de México, o de grandes unidades tribales, como las regidas por los curacas en el imperio incaico; y el segundo se otorga a los jefes de parcialidades menores. Hacia fines del siglo XVI, por ejemplo, “en Costa Rica se contaban unos cincuenta caciques nobles”.

    En el Perú, incluyendo el actual territorio del Ecuador, se reconocieron seis grados nobiliarios indígenas. En lo alto de esa escala estaban los descendientes directos del Inca, en la base los regidores de cabildos de indios. Debajo de esta jerarquía figura la categoría de los “indios ricos”; en general comerciantes y poseedores de tierras. Informes de la época llegan a empadronar “mil indios ricos” sólo en una región.

    Los especialistas concuerdan en que, por las Leyes de Indias, los caciques fueron “equiparados a los nobles castellanos”, al ser eximidos del pago de tributos, distinguidos con la concesión de escudos de armas y honrados con el tratamiento nobiliario de “don”. Hubo incluso el proyecto de fundar una Orden de Caballería exclusiva para los aborígenes. Algunos autores llegan a sostener que los privilegios de los hidalgos indios eran tan considerables, que en ciertos casos excedían los de la propia nobleza peninsular. Por ejemplo, el noble indio no podía ser separado ni privado de sus súbditos, tenía facultad de poseer, desde los primeros tiempos del poblamiento de América, tierras en propiedad privada y estaba exento de trabajar en mitas; en muchas regiones podía indicar, de acuerdo con el representante de la Corona, cuáles de sus súbditos serían repartidos en encomienda y a qué patrones; y el mismo podía recibir vasallos en encomienda, y de hecho así sucedió.

    En el terreno judicial las prerrogativas de los hidalgos indígenas fueron también notables. No podían ser procesados sin informar previamente a la Real Audiencia sobre los motivos que fundamentaban la acción. Los que ejercían funciones de alcaldes, además de dirigir los cabildos propios, desde 1655 pudieron mantener cárcel y administrar justicia civil y criminal en primera instancia contra los ladrones y homicidas (esta jurisdicción era extensiva a cualquier persona -blanca, india o negra- que robase o matase dentro de sus territorios, donde solamente podían residir ellos como ya se ha señalado anteriormente). Poseían, asimismo, privilegios militares.


    En las imágenes (Archivo General de Indias):


    Primera, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Escudo concedido por Carlos V -con sus propias armas- a Don Alonsto Titu Atauche Inga. A la derecha: escudo de Don Juan Tupac Amaru con las armas de Castilla y León. Abajo a la izquierda: escudo de Don Gonzalo Ucho Gualpa. Y finalmente se observa el escudo de Don Luis Clemente Topa, descendiente de Pachacuti Yupangui Inga.

    Segunda, escudo de armas de Don Sancho Hacho de Velasco, cacique y gobernador del pueblo de la Tacunga (Latacunga), provincia de Quito









    _______________________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/francisco.n...916105?__cft__
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  3. #183
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    ESCUDO DE ARMAS CONCEDIDO POR FELIPE II A PEDRO DE MOCTEZUMA, HIJO DE MOCTEZUMA

    ... y me suplicastes e pedistes por merçed que, acatando los dichos vuestros serviçios e de los dichos vuestros padres, vos mandásemos dar por armas un escudo que estén dentro un águila negra en canpo de oro y dos faxas coloradas que atraviesen el dicho escudo y en la primera alta dos letras de oro que dizen: R I que don [sic por son] las primeras letras de nuestros nombres, y en medio dellas una rosa de oro, y en la otra faxa baxa otras dos rosas de oro y en medio dellas otra que dice F que es la primera del nonbre del Rey don Fellipe y por orla del dicho escudo, ocho letras de oro que digan: Ave María y entre ellas unas hondas de mar en campo azul y por timble un yelmo çerrado, ençima del un rollo torçido de oro y colorado y dos alas de águila negras y del medio dellas salga una mano que tenga un rétulo blanco con unas letras negras que digan: "Yn domino co[n]fido"...

    Valladolid, 28 de septiembre de 1557

    _Archivo General de Indias Signatura MP-ESCUDOS-349














    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/Los-Soldado...9567071284331/

  4. #184
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Francisco Fajardo: conquistador de origen mestizo, nativo de la isla de Margarita

    PUBLICADO : 3 AGOSTO, 2019






    Por Inés Quintero | @inesquinterom

    Hijo de Isabel, cacica Guaiquerí y de Francisco Fajardo, conquistador español. En 1555, luego de cumplir 30 años, viajó a tierra firme acompañado de un grupo de hombres con el fin de explorar y colonizar la región centro norte de Venezuela. Obtuvo del gobernador de El Tocuyo autorización para fundar y gobernar poblados, pero no logró su cometido.

    Organizó una nueva expedición con la anuencia del gobernador de Valencia quien lo nombró teniente general. Llegó al valle de El Guaire y estableció allí, en 1560, un poblado que llamó San Francisco, antecedente de la fundación de Caracas. Continuó hacia la costa y, en la zona de Caraballeda, fundó el pueblo de El Collado. El sitio de San Francisco fue atacado y destruido por los indios Teques al mando de Guacaipuro, decidió entonces Fajardo retirarse de nuevo a Margarita y, en 1564, organizó una expedición a Cumaná, con el propósito de fundar poblados en esta zona.

    Sometido a prisión por el Justicia Mayor de la ciudad fue juzgado y condenado a morir en la horca. En represalia, un grupo de margariteños cruzó a Cumaná, apresó al Justicia Mayor y lo trasladó a Margarita; allí fue sometido a juicio y condenado a muerte por la Real Audiencia de Santo Domingo.



    _______________________________________

    Fuente:

    Francisco Fajardo: conquistador de origen mestizo, nativo de la isla de Margarita - Blog Banesco

  5. #185
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    viernes, 14 de octubre de 2011

    ISABEL DE OJEDA




    Doña Isabel la India de Coquivacoa es una de aquellas de cuya belleza hablan admirativamente los primitivos cronistas, y a quien abre su corazón, desde el primer instante el descubridor Alonso Ojeda. Como hemos dicho, una india de Coquivacoa a la que puso el nombre de Isabel, le cautivó con su belleza y a ella se aficionó llevándola a España y trayéndola nuevamente a Venezuela en su segundo viaje, para facilitar con su medio la comunicación con los indios. Isabel es la primera aborigen de la región de Coquivacoa, de quien pueden darse detalles, ya que fue ella la que el mismo día del descubrimiento cautivó el corazón del famoso descubridor, del "Caballero de la Virgen" y le fue fiel hasta la muerte. Era Isabel según los datos dispersos que de ella han quedado, una india bella, alta, de porte distinguido, esbelta, de color trigueño claro, para quien no hubo más Dios sobre la tierra que Alonso de Ojeda. Donde quiera que el gran conquistador estuvo, allí estuvo ella: sumisa y amorosa, echada a sus pies, la maravillosa india, plena de belleza y plena de amor hacia él, le endulzaba la agitada vida aventurera, compartía con él las vicisitudes de la guerra y le servía de intérprete en las diversas tribus a las que Ojeda trataba de sojuzgar. En España la admiraron por su físico y por sus cualidades de tener una devoción hacia Ojeda, de quien nunca se separaba.

    Allá en la Corte él la cubría de sedas costosas y la hizo trocar su desnudez por el traje de las mujeres europeas. Usaba la célebre mantilla con mucho donaire, que daba gran realce a su belleza, y de mantilla la vieron todavía en Santo Domingo cuando allí vivió con Ojeda. Este, pródigo siempre, gastó en la persona de Isabel las mejores telas y muy preciadas joyas. La amaba verdaderamente, y así cuando ella cumple alguna de sus comisiones en la región del Lago y él tiene que quedarse en Santa Cruz, envía al piloto Juan López, en la carabela "Magdalena" y le previene que navegue costa a costa el "Cabo de La Vela" donde permaneceréis siete u ocho días por amor a Isabel. Y ella en todo momento corresponde ampliamente. Salvándole la vida en más de una ocasión.

    Ella fue la que le pidió oportunamente socorro cuando Ojeda se ahogaba al cometer la tenacidad de fugarse de la carabela en que se hallaba preso en Santo Domingo. Con grillos y cadenas, en el colmo de la audacia, se lanzó al agua durante la noche, confiando en su destreza en la natación, y solo Isabel le salva de irse a fondo por el peso de los hierros que le tenían prisionero. El héroe se hallaba hambriento, sediento, moribundo y abandonado en los manglares traicioneros y es ella la que tras continúa búsqueda y esfuerzos heroicos, lo rescata de su muerte segura, cuando era el único sobreviviente del desastre del Golfo de Urabá donde hoy se levanta Cartagena. Fue el inmenso amor de Isabel el que le revivía a fuerza de caricias y lo volvía a la vida. Como si fuera su propia sombra, Isabel seguía a Ojeda a España, Santo Domingo, a Urabá, a la fundación de San Sebastián, donde quiera que él puso su planta de valiente conquistador.

    Ya en Santo Domingo, escribía sus memorias el descubridor de Coquivacoa, a la luz de un candil, en humilde choza, careciendo de toda clase de recursos, memorias que desgraciadamente desaparecieron. Y mientras escribía, Isabel y sus tres hijos, acurrucados a sus pies, lo contemplaban como un Ser Superior.

    La noble india Isabel hermosa heroína de Coquivacoa presiente que se acerca el ocaso de su amo y compañero por quien todo lo ha dado, y es ella misma que con su mirada triste y perdida en la lontananza mira el relámpago del Catatumbo y pide a Dios le conserve fuerzas para acompañarle a su lado hasta el momento de su muerte.

    Ojeda sintiendo el cansancio de la vida y en busca de relaciones acordes con su personalidad, frecuentó allí el convento de San Francisco, entre cuyos frailes había algunos que habían sido sus antiguos compañeros de armas y de descubrimiento. Si no se hizo religioso franciscano, fue por amor a su esposa a la que no quería abandonar, y por aquel orgullo indómito que durante toda su vida fue distintivo en la lucha por la gloria. Pero tratando de dominar su orgullo, pidió a los padres que cuando muriera le enterraran en la iglesia del Convento y le pusieran una sencilla lápida que dijera "Aquí yace Alonso de Ojeda el desgraciado". Pero todavía dominó más su orgullo, y cuando a la noticia de su muerte, acudieron los religiosos a su choza miserable, encontraron una carta en la que pedía que no le pusieran ninguna lápida y que se le enterrara a la entrada del templo, para que todo el que entrara o saliera lo pisara. Así abatió él mismo su orgullo indomable.

    Sus hijos se perdieron para la historia y nada quedó del descubridor del Lago, de aquel "Caballero de la Virgen" que un día fuera honor de conquistadores y orgullo indómito de la época del descubrimiento

    A Isabel, siempre fiel, se le encontró un día al amanecer echada sobre la tumba. ¡Al querer levantarla los franciscanos, vieron que estaba muerta!





    _______________________________________

    Fuente:

    AL SON DEL ZULIA: ISABEL DE OJEDA







  6. #186
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Pedro Fernández Barbadillo

    Doña Marina, conquistadora de México

    Lo cierto es que Malinche, al igual que muchas mujeres nativas, gracias a los españoles gozó de un respeto y libertad que le negaron los aztecas.

    Seguir a @pfbarbadillo


    Malinche, entre Cortés y Moctezuma | Cordon Press


    Dos mujeres fueron fundamentales en el nacimiento del Imperio español. La reina Isabel la Católica, que apoyó el plan descabellado de Cristóbal Colón (porque sus cálculos eran falsos), y doña Marina, sin quien la conquista de México no habría sido posible. Bernal Díaz del Castillo cuenta que la incorporación de indígena azteca a la expedición "fue gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacían las cosas, loado sea Dios, muy prósperamente. He querido declarar esto, porque sin doña Marina no podíamos entender la lengua de Nueva España y México".

    Su nombre indígena era Malintzin, que los españoles transformaron en Malinche; al ser bautizada se le impuso el de Marina. Muy poco sabemos de la mujer que se convirtió en intérprete y consejera de Hernán Cortés. No tenemos escritos de su puño; ni reflexiones sobre su sorprendente destino; ni el relato de su propia vida. Las únicas referencias que nos han llegado son las legadas por los españoles, como Díaz del Castillo y Francisco López de Gómara.


    Un regalo para los españoles

    Sus padres eran caciques, pero al morir su padre y casarse su madre con otro hombre se la vendió como esclava. Después de la batalla de Centla, librada el 15 de marzo de 1519, los gobernantes de Tabasco regalaron a sus nuevos señores joyas y veinte muchachas para que les sirvieran como cocineras, lavanderas y concubinas, entre las que se encontraba Malinche. Debía de rondar entre los dieciocho y los veinte años de edad. Como sus compañeras, fue bautizada y recibió el nombre de Marina, con el que entró en la historia.

    Pronto se reveló como imprescindible por su dominio de los idiomas locales, el náhualt y el maya, principalmente, y su rápido aprendizaje del castellano. Así, sustituyó a la otra "lengua" de la expedición, Jerónimo de Aguilar. Marina no sólo se convirtió en intérprete, sino también en consejera de Cortés sobre las costumbres de los pueblos del Imperio mexica y sus divisiones.

    El extremeño, según narra López de Gómara, "le prometió más que libertad si le trataba verdad entre él y aquellos de su tierra, pues los entendía, y él la quería tener por su faraute y secretaria". Podemos hacernos una idea de la importancia que adquirió Marina con su aparición en varios códices junto a Cortés y la atribución en seguida por parte de los conquistadores del título de doña.

    Los servicios de Marina brillaron en las batallas, donde traducía las órdenes de los oficiales españoles a sus aliados tlaxcaltecas, y en la difusión del catolicismo, pues gracias a ella se vertió por primera vez la doctrina cristiana en las lenguas indígenas. Hernán Cortés fue un mujeriego. Que sepamos, tuvo once hijos de seis mujeres. Aunque estaba casado con Catalina Suárez Marcayda, hizo de Marina su amante. Y cuando su esposa llegó de Cuba, la relación ilícita se mantuvo bajo el mismo techo, el de un palacete en Coyoacán.

    En 1522, nació un hijo mestizo que recibió el nombre de Martín y unos años más tarde la legitimación para él y sus hermanos Luis y Catalina por medio de una bula papal. Su padre le llevó consigo en su último viaje a España, en 1540, y el Emperador le aceptó en su casa como criado del príncipe Felipe. El joven se dedicó a la carrera de las armas y combatió en Alemania, Argel y las Alpujarras, donde falleció a las órdenes de otro bastardo ilustre, Juan de Austria.


    Cortés le dio un marido y dos encomiendas

    Pero la fortuna y los honores no ataban a los conquistadores españoles en sus palacios. Su pasión de viajar y conocer les impulsaba a correr nuevas aventuras. Hernán Cortés llevó a Marina en la expedición a las Hibueras para que ejerciese de intérprete. Entonces, su amante decidió casarse con un capitán veterano de la conquista, Juan Jaramillo, regidor del Ayuntamiento de México y rico encomendero.

    Aunque solo en los cuentos de hadas los príncipes se casan con barrenderas, Marina tuvo un matrimonio de calidad y fortuna. La boda se celebró el 15 de enero de 1525 y su protector dotó a Marina con dos encomiendas. ¿Por qué actuó así Cortés? Quizás porque pensaba que el emparejamiento con una antigua esclava le dificultaría alcanzar el nombramiento de virrey; o para atenuar las sospechas de un asesinato por celos en la muerte de su esposa, ocurrida en noviembre de 1522.

    En 1526, dio a luz a una hija que se llamó María. Doña Marina murió entre 1526 y 1527, en la ciudad de México, probablemente a causa de una de las epidemias de sarampión o viruela que asolaban la Nueva España.


    'Malinchismo'

    Los revolucionarios mexicanos han tratado de presentarla como una traidora a la sociedad que la degradó a la condición de esclava y regalo. En México se ha elaborado el término ‘malinchismo’ definido así por Guido Gómez de Silva en su Diccionario de mexicanismos: "Complejo de apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio". Otros la consideran traidora. Iván Vélez ha salido en su defensa: "La niña esclavizada, la amante de Cortés, tal es nuestra tesis, no pudo traicionar a una nación que, simplemente, no existía"

    Y sinceramente la traición más bien la cometieron esos independentistas que han reducido México a una fracción de lo que fue. El virreinato de la Nueva España en el siglo XVIII tenía fronteras al este con China (Filipinas) al norte con Rusia (la isla de Nutka) y al oeste con el río Misisipí y la Florida. Controlaba el golfo de México y era el enlace de Europa con Asia por el Pacífico. Entre la independencia (1821) y la Venta de la Mesilla (1853) la república mexicana perdió Filipinas, Cuba, Puerto Rico, Centroamérica (la Capitanía General de Guatemala), California y todos los territorios al norte del río Grande.

    Lo cierto es que doña Marina, al igual que otras muchas mujeres nativas, gracias a los españoles gozó de una libertad y un respeto que le negaron los aztecas. Ella y sus compañeras dejaron de ser bienes de comercio y propiedades de los hombres.

    (Páginas extraídas del libro Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español.)




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.libertaddigital.com/cult...-cortes-91434/

  7. #187
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Los Indígenas Conquistadores

    El encuentro entre los europeos y los pueblos americanos en el siglo XVI es un tema muy complejo de entender y hasta ha sido politizado con el pasar de los años. La alianza político-militar entre las Antiguas Naciones y las Empresas de Conquista resulta un tema desconocido o difícil de asimilar para muchos, hasta el punto de que es inaudito aceptar a indígenas como Conquistadores y Pacificadores.
    Contrario a lo que algunos sectores quieren mostrar, los pueblos nativos de América no eran ajenos a la guerra, así como tampoco eran un solo pueblo. La gran mayoría de estas sociedades consideraban a la guerra como un mecanismo de supervivencia, de prosperidad a nivel comunitario y también a nivel individual, los jóvenes guerreros encontraban el camino al ascenso social a través de los logros en el campo de batalla.
    Lista de Indígenas Conquistadores o Pacificadores:


    -Don Apo Jerónimo Guacrapaucar

    Curaca de los Hurin Huanca. Vencedor en la Batalla de Paucarpampa y defensor de la Ciudad de Los Reyes. Patrocinador de la Iglesia de San Jerónimo de Tunan.


    -Don Alonso Titu Atauchi Inca

    Alcalde Mayor de los 4 Suyos y Capitán. Derrotó al capitán Francisco Hernández Girón en 1554 en la Batalla de Pucará tras la rebelión de este contra la Corona.


    -Fernando Pizarro Locana Pachaca

    Curaca de Pausamarca y Caxamarquilla. Lideró un ejército de nativos que aplastó a los rebeldes de Cumba. El rey le concedió el grado póstumo de "Gran Capitán" por su sacrificio en nombre de la Corona de Castilla.


    -Don Alonso Pizarro Locana Pachaca

    Curaca de Pausamarca y Caxamarquilla. Envió tropas y provisiones a la Coalición entre 1534 y 1537.


    -Don Francisco Chillche

    Cacique y Principal de Yucay. Fue capitán de las tropas cañaris en las campañas de 1533-1534 y 1536-1537.


    -Don Francisco Tomalá

    Cacique, Gobernador y Principal de la Isla de Puná y de Machala. Apoyó con provisiones, guerreros y guías a Francisco Pizarro y a sus tropas.


    -Don Francisco Cusichaca

    Curaca de los Hatun Jauja. Participa en la captura del capitán Francisco Hernández Girón.


    -Don Apo Alanya Chuquillanqui.

    Participa en la captura del capitán Francisco Hernández Girón.


    -Don Apo Diego Guasco

    Curaca de los Andahuaylas. Se enfrentó al capitán Francisco Hernández Girón en la batalla de Guncacocha.


    -Don Martin Guaman Mallqui

    Capitán de los Allauca y Wánucos. Se enfrentó al capitán Francisco Hernández Girón en la batalla de Guncacocha.






    _______________________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/reynodelper...28930090676133
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  8. #188
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Los Nobles Advenedizos

    Los advenedizos eran gente del común, llamados también plebeyos, que por el hecho de haber conseguido la amistad de algún alto funcionario o haber tenido la suerte de recibir instrucción académica de parte de las órdenes religiosas o haber recibido la gracia de algún rico comerciante o noble, se las ingeniaban para ascender socialmente.

    Estos indígenas ladinos llegaban al punto de usurpar cacicazgos de las periferias con apoyo de funcionarios virreinales corruptos, se hacían pasar por nobles y curiosamente tenían influencia política, un ejemplo claro de la corrupción virreinal.


    Los Incas Advenedizos

    Hubo muchos Incas o Ingas en todo el Virreinato del Perú a lo largo del siglo XVI, XVII Y XVIII, la mayoría de ellos de ascendencia desconocida o poco clara, todos buscaban entroncarse con los Sapa Incas y con las poquísimas familias reconocidas por la Corona de Castilla. Incluso el Consejo de los 24 Electores que reunía a las Panacas evangelizadas en un inicio, no estaba exento de ser integrado por personajes que no tenían un lazo sanguíneo con los Incas, sino que el puesto lo obtenían mediante el amiguismo o el nepotismo con miembros y con las mismas autoridades virreinales.

    Si de por si los nobles españoles ya tenían problemas en la sucesión, en el caso de los nobles indígenas esto se acrecentaba dada la falta de documentación o seguimiento que la Corona les daba, tanto así que hay una laguna documental en todo el siglo XVII y que aprovecharon muchos personajes en el siglo XVIII para suplantar y atribuirse linajes nobiliarios, llegando incluso a falsificar blasones y Ejecutorias de Nobleza.

    La suplantación por homonimia es el caso más relevante, el mejor ejemplo es el de los Túpac Amaru, Condorcanqui y Betancur, uno de ellos incluso llegó a hacerse coronar como Inca Rey y el otro mediante favores integrar el Consejo de los 24 Electores. Otro caso famoso es el de Justo Apu Sahuaraura Inca Ramos Titu Atauchi Yaurac de Ariza Tito Condemayta quien mediante su libro Recuerdos de la Monarquía Peruana buscó entroncarse con algunas familias reconocías por la Corona del siglo XVI, para así atribuirse privilegios como el uso del Toisón de 12 Serpientes y el mismo Toisón de Oro.


    El Caso de Geronimo Auquinibin Yupanqui Inca

    En el siglo XVII este personaje protagonizó un juicio contra otros caciques del Corregimiento de Lima que lo habían acusado de usurpar un Cacicazgo y de hacerse llamar Inca sin serlo.

    “"Que conoce al dicho Geronimo Auquinivin de muchos años de malas costumbres visioso sovervio e yncorregible que siempre y continuamente seemborracha privandose de juysio y aporreando con palos a los yndios e yndias porque no van a su casa a llevarle chicha y cuyes haaiendo en la dicha casa juntas de yndios e yndias viejas a quienes consulta al uso de su antiguedad disiendo que el es Ynga y como tal le deben tributar chicha y cuyes”. Asi se registró en mayo de 1647 la contestasion de uno de los kurakas delpueblo de San Francisco de Guanchay, cerca a Yautan, en el actual Ancash, al ser interrogado por un visitador ‘de la idolatria’ sobre Jeronimo Auquinivin, un problematico gobernador y kuraka”.

    “Diego de León, vecino de Recuay, que conocía a Auquinivin desde hace quince años, lo llamo “casique prinsipal del pueblo de Panpas y Colcabanba”, le havisto “yr misa los dias festibos y muchos dias de trabaxo y asimesmo le a visto confesar y comulgar y ser amigo de españoles y cumunicar y tratar con ellos porser persona de mucha rason”. Sobre el amancebamiento, aclara que “sabeque el dicho don Xeronimo es casado en el balle de Jauja y que queriendo traera su muger a su pueblo yso dos biajes por ella y se le ausento y que agora ultimamente la traxo y redujo a el pueblo de Panpas a donde bibe maridablementecon ella” y sobre las acusaciones idolátricas jusga de su capacidad no aria esto a malon sino que lo asia por modo de trisca burla y chansa como le a bisto muchas beses jugar a los naipes en el pueblo de Requay con muchos españolesy suele usar de algunas chansas que aun pasan entre los mismosespañoles jugando”.
    (Archivo Arzobispal de Lima, Legajo II, expediente 6: 1646-48, folio suelto 14)

    El 29 de octubre de 1648 según señala el Archivo Arzobispal de Lima, Xeronimo Auquinibin es declarado inocente y es absuelto de todas la acusaciones hechas por el cacique Alonso García Gonzáles.





    _______________________________________

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  9. #189
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Juan Bautista Valerio de la Cruz (Xicalchalchilmitl) – índio célebre mexicano, capitán general y caballero de la Orden de Santiago



    Posted on octubre 12, 2020 in Edad Moderna, Indias, Siglo XVI by Hugo A Cañete


    Biografía extraída del capítulo «Indios célebres de la República Mexicana. Biografías de los más notables que han florecido desde 1521 hasta nuestros días. Anotnio Carrión». Incluido en «Memorias para la historia de las revoluciones en México» de Anastasio Zerecero, p. 478-482





    Este valeroso indio, hijo de un noble texcocano descendiente de Nezahualcoyotl, nació en Texcoco, por el año de 1517 y se llamó en su gentil infancia Xicalchalchilmitl. Después que los españoles entraron a México fue bautizado y se llamó Juan Bautista Valerio de la Cruz; fue su padrino el procurador mayor de la ciudad de México, D. Bernardino de Santa Clara.

    Desde el año de 1527 que se bautizó, es decir, a los diez años de su edad, comenzó a servir en las milicias del rey el joven Juan Bautista, y el año de 1529 ascendió a alférez de la guardia real de lanza y adarga: disfrutó este empleo hasta el año de 1531 que se retiró del servicio del rey y se fue a Texcoco, a donde permaneció ocupado en la labranza de varias tierras que poseía cerca de cuatro años.

    En 1534 volvió a seguir la carrera de las armas, saliendo para Jilotepec al mando de 80 arcabuceros españoles y 400 indios flecheros a conquistar dicha ciudad; llegado que hubo a Jilotepec, recibió allí una orden del virrey D. Antonio de Mendoza para que levantara gente de guerra y marchara a conquistar Tula, Tepetlan, San Juan del Río, San Miguel el Grande, villa de San Felipe y demás pueblos que invadían y donde estaban los bárbaros chichimecas.

    Al irse para el Perú, D. Antonio de Mendoza el año 1550, nombró a D. Juan Bautista Valerio de la Cruz cacique y señor de las ciudades y pueblos que fuera conquistando. En las «Memorias piadosas de la nación indiana», manuscrito original que existe en el archivo general de la nación, hay bastantes noticias de Valerio de la Cruz; dicho manuscrito dice que el virrey D. Luis de Velasco primero, escribió al príncipe D. Felipe, hijo del emperador Carlos V, una larguísima carta relatando y encomiando los grandes servicios que Valerio de la Cruz prestaba a la corona española y participándole que el mes de mayo de 1559 lo había nombrado capitán general de los chichimecas.

    La contestación a esta carta del virrey fue una real cédula del emperador Carlos V, en la que con fecha de 30 de octubre de 1559, le concedía al valiente indio Valerio de la Cruz el uso del escudo de armas que como descendiente de los reyes de Texcoco debía usar; la aprobación del nombramiento de capitán general de los chichimecas y como premio a su valor y constancia en la guerra, le concedió también el príncipe D. Felipe la cruz y hábito de la nobilísima orden de Santiago.

    Valerio de la Cruz fue nombrado capitán general de los chichimecas por la siguiente real provisión:

    «D. Luis de Velasco, virrey y capitán general de esta Nueva España y presidente de la real audiencia que en ella reside por el presente, en nombre de su majestad, nombro por capitán general de los chichimecas a D. Juan Bautista Valerio de la Cruz, cacique y principal de la provincia de Jilotepec, y como tal gran capitán usaréis de la armas que dicho oficio requiere, así ofensivas como defensivas, que se os permiten atendiendo al provecho espiritual de las almas que se pierden de los bárbaros chichimecas.

    Y como tan gran capitán, yo os mando que os arméis de punta en blanco, para distinguiros de los demás indios, que os encargo, de arco y flecha, amigo de la fe católica y de su majestad; y como tal, con vara de capitán de guerra, lo seréis general en los pueblos de San Miguel el Grande, San Felipe, Itio Verde, Nueva Galicia, Villa de Celaya y valle de Huichapan y demás pueblos de sus alindes donde vénganlos bárbaros a quienes acometeréis como a enemigos de la tierra; y como tal gran capitán general de las tres provincias, usareis de todos los instrumentos de guerra, capa, clarín y pífanos, señal de derramamiento de sangre, sin ceder, ni pesar de manera alguna sino condenando a muerte, horca, desmembramiento de huesos, al que así no os obedeciese y no tuviere respeto como tal su capitán y no guardaren la orden que os remito con este nombramiento de que ya informado de todos los que acudieren con vuestra nobilísima persona para que tengan atención a vuestros méritos y os honren como vos lo merecéis, y de ninguna manera paguéis ni hagáis entero, so pena de mi merced, sin que persona alguna os ponga impedimento alguno; y para mayor cumplimiento, no consentiréis que ninguno se arme de punta en blanco, reservado a vos solo; y sobre el pecho, delante de la mano siniestra del corazón, os mando os pongáis sobre dichas armas y el acero, un águila de otro que se requiere para la señal de mayor, pendiendo para la parte sobredicha del pecho que demuestra vuestra nobleza, y que os tengan en conocimiento de verdadero caballero y principal, uno de los primeros que habrá en esos chichimecas.

    Hecho en México, en 12 de mayo de 1559 años. – D. Luis de Velasco – Por mandado de su Excelencia, Eustaquio Estea».




    Antigua iglesia conventual franciscana, hoy catedral de Tula


    D. Juan Bautista Valero de la Cruz era tan piadoso como agradecido; por cuyas dos causas y recordando los inmensos sacrificios y el ardiente celo de los primeros misioneros franciscanos, que tan amantes y protectores se mostraron, hizo donación perpetua a la religión seráfica de la iglesia y convento de Tula. Esta población le debe también la importante mejora del famoso puente de Tula, llamado también de México, que mandó hacer y en cuya fabricación empleó ciento cincuenta operarios.

    Como es natural, las noticias de todos estos servicios legaron a oídos del monarca español, no con poca sorpresa y admiración, y queriendo dar una prueba más de su aprecio al célebre Valerio de la Cruz, expidió una real cédula fechada en Barcelona el día 20 de agosto de 1550 [debe ser errata, 1559], por medio de la cual le concedía el uso de otro escudo de armas que en su gentilidad usaba, y según dice en las «Memorias piadosas de la nación indiana», el padre Vega, era partido en dos partes: en la una un. Nopal, árbol de tuna, y sobre él un águila coronada; al otro lado una casa fuerte con una víbora encima; y su majestad le añadió en medio de dichas armas la venera y cruz del hábito de Santiago y unas letras alrededor que decían: «Sodatas regia magna operata tua».

    Siguió pues, D. Juan Bautista de la Cruz, prestando grandes e importantes servicios en las milicias reales hasta el año de 1572, que murió en México. Sus funerales se hicieron de orden del virrey con tanta pompa como solemnidad y su cuerpo fue sepultado, según su última voluntad, en el convento de franciscanos de Santiago Tlatelcoco.

    Nadie volvió a recordar al bravo capitán Valero de la Cruz hasta el año de 1699, en que el sabio indio texcocano D. Francisco Isla, escribió con el título de «El capitán general de los chichimecas, caballero de la real y nobilísima orden de Santiago, cacique y principal de Jilotepec, D. Juan Bautista Valerio de la Cruz», una erudita relación en mexicano de la vida, conquistas, fundaciones y hechos de armas de este célebre texcocano.


    Si te gustó, quizá te pueda interesar Pabellón capturado a los ingleses en el sitio de Cartagena de Indias




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    Fuente:

    Juan Bautista Valerio de la Cruz (Xicalchalchilmitl) – Ã*ndio célebre mexicano, capitán general y caballero de la Orden de Santiago | Grupo de Estudios de Historia Militar

  10. #190
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Nobleza indígena después de la conquista

    Video sobre el reacomodo en la sociedad indígena después de la conquista.





    https://www.youtube.com/watch?v=jJDeAvAQqQg

  11. #191
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Ana María Lorenza García Sayri Túpac de Loyola: La princesa Inca pariente de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja




    En este viejo lienzo se puede encontrar a un miembro de la familia Borja contrayendo matrimonio con una princesa inca. Efectivamente en la obra se representa la boda del capitán Martín de Loyola con Beatriz de Ñusta y la de la hija de ambos Ana María Lorenza con D. Juan Enríquez de Borja, aunque la pintura tiene un carácter simbólico, dado que cuando se casó Ana María su padre ya había fallecido.

    La reiteración de este motivo iconográfico obedece al interés de los jesuitas por resaltar en el enlace de familiares de dos de los santos más destacados de la orden con mujeres de la nobleza inca. De ahí que, como eje de la composición aparezcan su fundador San Ignacio de Loyola, con el libro en la mano, y San Francisco de Borja que sostiene la calavera que constituye uno de sus atributos, teniendo al fondo el anagrama de la Compañía de Jesús. D. Martín García Óñez de Loyola era nieto del hermano mayor de San Ignacio de Loyola y se había distinguido en la conquista del Perú, siendo quien posteriormente capturó al último inca Tupac Amaru.

    Contrajo matrimonio con la única descendiente de Sayri Tupac, hijo de Manco Inca y de Culchima Caype, que fue el primero de los incas “rebeldes” establecidos en Vilcabamba tras la conquista. Después de la muerte de Tupac Amaru, Dª. Beatriz Clara Coya era, por lo tanto, la heredera nominal del imperio inca. Tras su unión con el sobrino nieto de San Ignacio le acompañó a Chile, territorio del que había sido nombrado Gobernador y donde murió, combatiendo con los indios mapuches el 23 de diciembre de 1598.

    Al quedarse viuda regresó a Cuzco, acompañada por la única hija del matrimonio Ana María Lorenza, que había nacido en Concepción (Chile). Después de morir su madre, Ana María fue a España y aquí se casó con D. Juan Enríquez de Borja y Almansa era hijo de D. Álvaro de Borja y Castro y de Dª. Elvira de Almansa y de Rojas. D. Álvaro era el cuarto hijo de San Francisco de Borja, del que, por lo tanto, D. Juan era nieto.

    Nacido en Alcañices en 1573, fue Capitán General de la Armada de Barlovento y caballero de Santiago, cuya cruz luce en el traje, así como la venera en la venera del collar. Había estado casado con su prima Dª. Juana Gurrea de Aragón y Zaporta, con la que sólo tuvo una hija que luego profesó en el convento de Jerusalén de Zaragoza, que había fundado mosén Juan de Coloma. De su matrimonio con la princesa inca tuvo cuatro hijos y cuatro hijas, tres de las cuales profesaron en el convento de las Comendadoras de Valladolid.

    En Ana María además de su condición de heredera del imperio inca, recaía el señorío de la casa de Loyola. El Rey Felipe III quiso honrarla creándola I marquesa de Santiago de Oropesa, además de Adelantada del valle de Yucay, que formaba parte de su herencia incáica. Por lo tanto, es cierto que un Borja se casó con la heredera de los antiguos soberanos del virreinato del Perú y del tawantinsuyu que, además era pariente de San Ignacio de Loyola.

    De ahí el interés de los jesuitas que, para favorecer su evangelización en aquellos territorios, por resaltar la vinculación de la Compañía con la nobleza indígena. Hay que tener en cuenta que los cuadros que estamos comentando fueron pintados muchos años después de esos matrimonios a los que se refieren. Conviene señalar que, además de los descendientes de esta rama de los antiguos incas, existen otros muchos relacionados con ellos.

    El mestizaje fue algo habitual y, concretamente, el propio Francisco Pizarro se casó con una hermana de Atahualpa, Inés Huaylas Yupanqui, con la que tuvo dos hijos. Tanto a la esposa como a los niños los trató con especial cariño y ella le correspondió en circunstancias muy difíciles, pues fue quien consiguió las tropas indígenas que lograron levantar el cerco al que había sido sometida Lima por Manco Inca. Sin embargo, Inés se enamoró después de su paje Francisco Ampuero y Pizarro decidió separarse de ella, aunque no le permitió llevarse a los hijos del matrimonio. De esa unión entre la princesa inca y el paje Francisco Ampuero, desciende entre otros el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.



    https://somatemps.me/2020/11/07/la-p...isco-de-borja/

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    La isla de Cubagua fue tomada un 23 de julio de 1528 por una cuadrilla pirata francesa de tres navíos, 170 hombres y 45 piezas de artillería, al mando del español y antiguo vecino de Nueva Cádiz, Diego de Ingenios, quien pensaba hacerse con las riquezas de esta isla.

    El teniente gobernador de Margarita, Francisco Fajardo «el viejo», al conocer las noticias del asedio marítimo envía a 30 españoles armados para defender la ciudad, sin embargo, estos serían acompañados por aproximadamente 50-100 indígenas flecheros a las órdenes de la cacica Isabel de Fajardo.

    Mientras la ayuda estaba en camino, el Alcalde Mayor de Nueva Cádiz, Pedro de Herrera, hizo todo lo posible por defender la ciudad del ataque del antiguo vecino, con menos de media docena de cañones, y algunos pocos soldados y vecinos pudieron resistir al invasor.

    Una vez llegados los guaiqueríes y españoles a la isla de Cubagua, estos iniciaron continúas descargas de arcabuces y flechas envenenadas desde el bergantín y las piraguas, haciendo que el antiguo vecino, Diego de Ingenios, fuese expulsado después de perder a más de 35 de sus hombres.

    Después de esta acción militar conjunta entre españoles y guaiqueríes, estos últimos se convirtieron en el brazo armado hispánico en el Mar Caribe, siendo llamados en cada oportunidad para defender los territorios asediados por enemigos a la Corona.

    En aquel momento no existía una Real Cédula que regulara la incorporación de los nativos indígenas en las milicias de la Nueva Castilla del Oro del Reino de Tierra Firme (América), sin embargo, esto era tomado en consideración por el jefe militar del momento. De la misma forma que lo hizo Juan de Ampíes con el cacique Manaure o Hernán Cortés con los tlaxcaltecas, los indígenas formaron parte del brazo armado de la Corona española, algunos llegaron a ser Capitanes Generales y otros lograron obtener títulos nobiliarios para ellos y toda su tribu como compensación por sus servicios militares.


    Autor: Adolfo Varela






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  13. #193
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    El cacicazgo indígena fue una institución crucial en los pueblos indios novohispanos, la nobleza indígena jugó un rolen la economía de los pueblos y regiones controladas por españoles, con la conquista del altiplano mexicano, los indios y los españoles debieron buscar la forma de crear un sistema estable y de sustento para la sociedad, proceso que llevó a la creación de una nueva sociedad con espacios para indios y españoles, el cacicazgo fue parte de ello, heredero de las instituciones que tuvieron los indios antes del arribo de los españoles, para sobrevivir, los indios se adaptaron al mundo cambiante y jugaron el papel de pivotes y fueron cruce del mundo indio y español que en la legislación, estaba separado.

    En el siglo XVI, Tepexí de la Seda era un pueblo de indios con población esparcida en una zona montañosa cercana al Mixtecapan, al sur de la Puebla de los Ángeles, se cree que la época prehispánica era una fortaleza popoluca, a mediados del siglo se introdujo el cultivo de la seda, que fue prohibido posteriormente, pero el nombre se quedó. Había algunos pocos españoles con tierras en el cacicazgo, pero no pertenecían al pueblo de indios, aunque si al corregimiento homónimo. Había un monasterio dominico que fungía como parroquia, el pueblo estaba rodeado de territorios nahuas y mixtecas, habitado por nahuaparlantes y popolucas, aunque se cree que vivían separados. En 1570 había 3,800 tributarios, para 1620 eran 1,118, lo que demuestra la disminución de la población, como en toda Nueva España, si se convierten las cifras y se considera que eran 4.5 personas por cada tributario, tenemos 17,100 habitantes en 1570 y 5,031 en 1620,

    Los Mendoza, eran los caciques, originarios de Puebla de los Ángeles y con contactos con los caciques de Tepeaca, Tecalli y Acatzinco. Aunque había una querella legal sobre el territorio y se cree, varios caciques, en 1596 tenemos a los Moctezuma, Guzman, Mendoza, Luna, Ceynos (o Sainos), De la Cruz y Esquivel, no sabemos con certeza si todos eran caciques o si estaba solamente la disputa. Para el siglo XVIII eran solamente los Moctezuma y Cortés, Mendoza y Luna, De la Cruz y Cebrián. Los Mendoza recibieron ese nombre al ser evangelizados, el antepasado fue Matzatzin, cuando la matriarca de la familia, doña Ana de Santa Bárbara, falleció en 1620, los registros no mencionan su edad, pero era de edad avanzada dado que tenía nietos adultos, todos sus hijos habían muerto ya; sabemos que en 1570 enviudó, que sus padres fueron don Martín de la Cruz y doña Isabel de Guzman, que heredaron el cacicazgo de don Pedro Matzatzin.

    El cacicazgo no solamente incluía tierras sino privilegios sobre los indios, el tributo [llamado terrazgo] y que era pagado por los terrazgeros por usar la tierra, pero en las fuentes se los llama por igual como terrazgueros, macehuales, tributarios o comuneros. Al propietario del cacicazgo se le llamaba cacique o cacica, si era mujer. Según las fuentes, el tributo eran mantas y lana hilada, así como servicios personales, también sembraban sus sementeras y ayudaban en el reconocimiento de tierras. El cargo de cacica de doña Ana y su señorío sobre la tierra, llevaba aparejada la entrega de gallinas, la entrega de leña y el mantenimiento de su casa de adobe. En 1597 ella se quejaba que no había quien trabajase en sus milpas y que los indios les enviasen dos personas a la semana para servirla. No eran muy diferentes a los caciques de Tlacotepec y toda la familia mantenía el cacicazgo como una organización corporativa.

    Hay debate sobre la forma de heredar el cacicazgo, se cree que hay diferencia entre cacicazgos dispersos y consolidados; fue una institución modelada del mayorazgo español, el cacicazgo consolidado era heredado por el hijo mayor sin posibilidad de dividirse o venderse, el disperso tenía diferentes herederos en cada generación. Doña Ana dejó una herencia de ambas, tanto consolidada como dispersa, esta última en bienes que no pertenecían al cacicazgo, la consolidada eran cinco pueblos y tierras y terrazgueros, todo ello dejado a su nieto, don Diego de Mendoza, si él moría sin descendencia, sería de su hermano, don Domingo, si él moría sin descendencia, sería de sus hermanos o hermanas. Los terrazgueros eran considerados como una unidad económica reconocida por los españoles, parte de la herencia de los cacicazgos, parte del señorío o patrimonio.

    Doña Ana dejó tras de sí, cajas con cincuenta chalchihuites y collares de coral, uno con una cruz de plata y una pequeña imagen dorada de Nuestra Señora. Había pequeñas cajitas de Flandes con algunos juguetes de mujer de poco valor, junto algunas ropas de seda. Había un armario grande de madera, seis sillas, algunas de ellas viejas y rotas, una pequeña y blanca mesa de escribir, algunas cajas vacías de madera, con candados y llaves, ropas de algodón teñido, dos lienzos con la Ascensión de Nuestro Señor y con San José y Nuestra Señora. Tenía once extensiones de tierras de riego, seis de tierras de temporal, tres jardines, un de árboles de granada, uno de nopales para obtener cochinilla y uno de pitaya, además de cuatro estancias de ganado menor, para cabras y ovejas, una estancia de ganado mayor para vacas, burros, mulas y caballos, así como una labor de maíz, claro que el nombre de la estancia hace referencia a su tamaño y no necesariamente a que no haya ganado menor o mayor en la estancia.

    En una estancia del cacicazgo tuvo una merced para un trapiche, que no había sido construido aún en 1620. No tenemos la certeza de la extensión del cacicazgo, pero se cree que en las estancias solamente tenía 43 km cuadrados, pero la extensión no determina el valor, dado que vale más una milpa que un pastizal. Poseían los Mendoza varias casas, la primera con la puerta principal a la iglesia en el medio del pueblo, valuada en 400 pesos, todos los miembros de la familia vivían ahí. Otra cruzando la puerta falsa del monasterio dominico, no está claro quién vivía allí. La última estaba en la cabecera, cerca esquina sur de la iglesia, pero era pequeña y hecha de barro, aunque obviamente tuvieron más en las estancias.


    Fuente: Hoekstra, R. (2010). A Colonial Cacicazgo: the Mendozas of Seventeenth-Century Tepexí de la Seda. European Review of Latin America and Caribbean Studies. pp. 87-106.

    Imagen: ca. 1734 - "Retrato de Doña Juana María Inés Cortés Chimalpopoca, Convento de Corpus Christi de México para indias cacicas", anónimo, escuela mexicana, óleo sobre tela.







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  14. #194
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Entre los caciques indios, el cacique no era el dueño de todos los inmuebles, sino que el cacique era simplemente cabeza de la casa, la casa necesitaba ser sostenida por las acciones de una familia, una mujer como Dª Ana no se ocupaba directamente de las actividades agrícolas, don Diego de Mendoza, su nieto, se ocupaba de administrar las propiedades y al menos fue gobernador una vez de Tepexí de la Seda en el período entre 1621-1626. Las propiedades estaban distribuidas entre varios pueblos, separadas por estancias de ganado. Si recordamos la publicación anterior, recordamos que entre el ganado, hablamos de ovejas y nos recuerda a Benito Juárez, pero las ovejas solamente podían ser tenidas por la nobleza indígena. La posesión de mulas también era importante dado que las ruecas de mulas eran el principal medio de transporte en el virreinato y lo fueron en México hasta la llegada del ferrocarril. No sabemos que se transportaba desde el cacicazgo de los Mendoza en ruecas, pero si sabemos que se llevaban bienes a Cholula y Puebla de los Ángeles.

    El mayordomo se encargaba de varias estancias, don Diego administró varias estancias y era por ende, era mayordomo, en 1623 sembró trigo y maíz en la estancia de Tetitlan, en la villa de Zacapalache, pero los diques de riego se rompieron mientras él estaba en cama y nadie pudo checar los asuntos de las tierras, un año después, declaró que el pastor, Francisco, perdió 99 ovejas en San Antonio y después 40 más cuando desapareció y dejó las ovejas en el campo. Sabemos que llegaron a tener 932 vacas, 8,480 cabras, 698 caballos, 144 mulas, 53 burros y 819 ovejas, en cinco años de albaceazgo, las ventas de ganado fueron de 5,055 pesos. En agricultura, producían maíz y frijol en la labor de San Luis, en la hacienda de San Antonio y la milpa de Tetitlan, produciendo entre 600 y 700 fanegas, consumido por la familia y los sirvientes de las estancias.

    En las estancias de ovejas había pastores, en las de vacas, vaqueros, liderados cada uno por su capitán, había 53 indios de salario en 1621, 11 vaqueros, 28 pastores, 5 yeguerizos, 9 gañanes o trabajadores del campo, incluidos 5 capitanes, los capitanes recibían 3 o 4 pesos de sueldo, los demás entrre 2 y 4 pesos junto a raciones de maíz. Los vaqueros, gañanes, tlacehuales y pastores eran indios, de Tepexí, Tepeaca y Tecamachalco, los capitanes eran indios también, pero algunos mayordomos eran españoles, lo que demuestra que eran sirvientes de alto rango de los indios, recordemos que los caciques, la familia Mendoza, eran indios, lo que desmiente en parte el mito de que los indios eran sirvientes o casi esclavos de los españoles y estos solamente eran los dueños y amos. Comúnmente, la casa era autosustentable alimenticiamente, don Diego enviaba alimentos a las estancias para su consumo.

    No siempre era así, en 1622 se tuvo que comprar maíz a muy alto precio a Puebla de los Ángeles, Tepeaca y Mocajac, otros insumos entraban como manteca, huevos, pepitas, chocolate, azúcar, velas, chiles, tomates, sal y algunas libras de pescado en abril. En noviembre o diciembre, se compraban ropas para los gañanes y sus esposas. Se llevaba una cuenta de los gastos para los miembros de la familia, de la misma manera que los sirvientes, la familia del cacique vestían de algodón teñido y en ocasiones especiales de seda y damasco, todos esos gastos se descontaban de la herencia. Los gastos más importantes fueron las bodas y los funerales.

    Para el funeral de Dª Ana se gastaron 7 pesos en los cantares de la iglesia, ropas para la familia, fueron 36 pesos, además de las velas, vino y pan necesarios, el gasto total fue de 396 pesos con 6 reales, excluyendo 5 pesos de salario para el oficial mandado por el obispo. El funeral de don Domingo, hermano de don Diego y también nieto de Dª Ana, costó 262 pesos. También festividades como la del 16 de septiembre de 1623, en que se invitó a los caciques de Tecamachalco, Acatzingo, Tecali y otro lugares para celebrar la fiesta de Santo Domingo. El 12 de julio de 1624 se casa Dª María de Mendoza con don Martín de los Ángeles, cacique de Tepeaca, y el costo fue de 94 pesos con 4 reales. Los gastos médicos eran también importantes, los caciques no se atendían por los médicos del pueblo, sino por cirujanos españoles.

    Fuente: Hoekstra, R. (2010). A Colonial Cacicazgo: the Mendozas of Seventeenth-Century Tepexí de la Seda. European Review of Latin America and Caribbean Studies. pp. 87-106.

    Imagen: Casa de la cacica, en Teposcolula, Oaxaca, ahora convertida en biblioteca pública; es un edificio del siglo XVI, el nombre se cree que se refiere a Dª Catalina de Peralta, cacica que se hizo cargo de la casa (cacicazgo) en 1569.






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  15. #195
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Los otros conquistadores

    en 27 septiembre, 2020 9 octubre, 2020 por Carlismo Nueva Granada

    en Hispanidad, Nueva Granada, Opinión, Política

    Carlos Eduardo Restrepo Arenas




    Los recientes eventos sociales en Colombia requieren más que unos pocos tuits; requieren acción, aunque sea una acción periodística. Ha de aclararse que quienes sin ser indios promueven el odio al conquistador demuestran una profunda ignorancia histórica o, en su defecto, una profunda crisis de identidad. Por un momento pensemos qué pasaría si una asociación decidiera derribar una estatua del conquistador macedonio Alejandro Magno; a mi parecer generaría gran indignación entre los griegos. Alejandro, siguiendo el legado de su padre, no se contentó con dominar la Hélade: fue más allá, conquistando Egipto y Persia hasta ser derrotado en la India. Por mi parte no conozco a nadie quien llame a borrar el legado de este hombre. Por el contrario, leemos sus hazañas militares con gran admiración.

    Otro conquistador famoso fue Gengis Kan, quien tuvo bajo su dominio el imperio más grande en tierras contiguas. Hay quienes recuerdan su salvajismo: los señores de las estepas claramente disfrutaban del saqueo y del pillaje, e investigaciones modernas apuntan a que causó un gran retroceso para los pueblos iranios. Pero incluso el gran Kan con todo el miedo que causó hoy es el héroe nacional de Mongolia y algunos chinos consideran que a largo plazo se vieron beneficiados por la dominación mongola. ¿Deberían los chinos volver cenizas su legado? ¿Debería Afganistán exigir disculpas al gobierno de Mongolia porque siglos atrás gran parte de los intelectuales perecieron bajo las hordas?

    Si repasamos bien la historia, los conquistadores son considerados héroes en sus patrias y sólo odiados por aquellos que sufrieron su ira y vivieron para contarlo. La diferencia entre quienes pueden odiar al Gran Kan y quienes hoy critican a los conquistadores españoles es que los primeros no fueron abordados por la ideología antimilitarista. Desde el siglo XIX los liberales radicales han odiado al ejército, tratando de reducirlo siempre a su mínima extensión y vaya daños causó cuando el gobierno de los Estados Unidos de Colombia no podía hacer nada frente a sus estados que se envolvían en guerras civiles. Hoy los herederos de esos liberales se han encargado de convertir en chivos expiatorios a todos los que representen el espíritu castrense, sea Sebastián de Belalcázar o el propio Ejército Nacional, el cual, pese a su innegable mal obrar, ha pagado los platos rotos de otros.

    No es mi intención que el pueblo misak rinda honores a Belalcázar, sino denunciar el espíritu antimilitarista y pacifista que corroe a Colombia. Los blancos y mestizos víctimas de este trasbordo ideológico olvidan que fueron sus ancestros quienes conquistaron estas tierras. Los herederos de Belalcázar siguen en Cali, en Popayán o incluso sentados en el senado; los peninsulares actuales descienden de aquellos que se quedaron ahí, no de los que vinieron a América.

    Así pues, por cada español blanco —cuya vestimenta no sería tan ostentosa, pues fácilmente se oxidan las armaduras y los mosquetes en el trópico— venían con él varios indios. Como ya se mencionó, los mestizos también participaron en las guerras, en mayor o menor medida según el año del que hablamos. Pues si bien para 1538 —conquista de los muiscas— ya existían mestizos en edad de luchar, ello no era posible cuando Colón arribó a las Antillas. Otro agente muy ignorado son los negros, de quienes se dice que vinieron en calidad de esclavos y que su papel en la guerra fue menor; pero en realidad sin la ayuda de los esclavos la Conquista hubiera tenido grandes retrasos, pues estos lucharon codo a codo con sus amos —bien pudieron traicionarlos pues hubo situaciones de superioridad numérica—.





    El otro día vi una imagen que decía que por cada estatua de un conquistador debería haber cuatro estatuas de indígenas. Si se piensa con detenimiento, no es del todo errado, porque todo conquistador luchó junto a negros, indios y mestizos; aunque honestamente sería más fácil de lograr en la pintura que en la escultura. La Conquista no debe verse más como una lucha de razas donde una malvada somete a una inocente: la Conquista debe verse como muchos pueblos o razas unidas en un único objetivo, el de una América cristiana.

    Sé que mi propuesta puede no gustar a los progresistas quienes me dirán que los no-blancos estaban siendo obligados a luchar, pero dudo mucho que estando en superioridad numérica —porque los aliados indios lo estaban— se sintiesen muy «oprimidos». Tampoco ha de gustar a aquellos que idolatran la raza blanca como superior y destinada a dominar al mundo, pues me dirán que intento robarle sus méritos.

    Aunque a simple vista no lo parezca, los indigenistas y supremacistas blancos no son muy diferentes. Los primeros promueven la sustitución de la herencia hispánica por una escala de valores indianos, como si los indios fueran una única civilización unida por sus cadenas; los segundos creen que los blancos son una civilización unida en su supremacía. No es de extrañar que así como resurge el culto a la Pachamama entre los indigenistas —aunque no todos los pueblos indianos la adoraban e incluso algunos la consideraban una diosa maligna—, los supremacistas blancos promuevan también el neopaganismo, por considerar el cristianismo como religión extranjera.

    Quienes nacimos en los otrora Reinos de Indias debemos aceptar que nuestro vínculo está más allá de la sangre, incluso más allá de lo cultural. Con las independencias perdimos nuestro vínculo jurídico —el derecho indiano—, pero conservamos el más importante: el espiritual. Porque poco importaría si cada región tuviera su propia lengua, aunque fuese nativa; la historia nos ha enseñado que vascos que no hablaban castellano lucharon por Don Carlos. Poco importaría que tuviésemos genes europeos más recesivos.





    Lo que en realidad importa es ser miembros de una misma Iglesia la cual es Santa, Católica y Apostólica. De allí que no se llamara Imperio Español, ni siquiera Monarquía Hispánica, sino que era la Monarquía Católica. Reitero una vez más que vuelva la estatua, pero que vuelva acompañada: nada es el general sin su séquito, añadiendo también la Cruz que siempre acompañó a los conquistadores. Tal vez sea mucho pedir, más como está la sociedad hoy en día, pero sólo apropiándonos de nuestro legado podemos entender la Conquista y así retomar la misión mística y misionera que Dios, en manos del apóstol Santiago, encomendó a España.




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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    San Ignacio, una población gravitante de las antiguas reducciones jesuíticas

    31 diciembre, 2017

    4 enero, 2021



    La ciudad de San Ignacio cumplió 408 años de fundación. El 29 de diciembre de 1609 fue creada y adjudicada a los sacerdotes jesuitas Marcial de Lorenzana, Francisco de San Martín y al Cacique Arapysandú. Un año después los jesuitas se establecieron oficialmente en la comunidad y la denominan “San Ignacio Guazú” para ser distinguida de “San Ignacio Miní”, ubicada en la provincia de Misiones, Argentina.

    SAN IGNACIO (Dpto. de Misiones).- Esta ciudad es la de mayor movimiento y más poblada en este departamento. Sin embargo, no es considerada como la más importante, porque la capital departamental es San Juan Bautista.

    San Ignacio se encuentra ubicada al sur a 224 Km de Asunción. Cuenta con aproximadamente 28.000 habitantes. En el año 1609, el padre Roque González de Santa Cruz (hoy santo paraguayo) organizó la fundación y la convirtió en el centro de las reducciones jesuíticas de las Misiones en el Paraguay.

    De este pueblo partieron los jesuitas a fundar otros pueblos: Santa Rosa, Santiago, Santa María, San Cosme y Damián, incluso Encarnación y otras localidades.

    Debido a su privilegiada situación geográfica, desde su fundación se constituyó en una población gravitante de las antiguas reducciones jesuíticas, enmarcadas por su posición con tierra fértil, praderas exuberantes, numerosos arroyos que le proporciona un clima agradable, atractivos para los visitantes.

    La población se ha caracterizado siempre por ser pujante, con un centro comercial completo, bancos, financieras, casas de cambio, supermercados, hoteles, restaurantes, estaciones de servicios, farmacias, hospitales, transportes nacionales e internacionales, entre otros.

    Pero volviendo a la historia de esta ciudad, vale recordar que a mediados de 1609, el cacique Arapysandú, con otros caciques, se presentaron ante el Gobernador Hernandarias a solicitar sacerdotes para la región del Paraná donde estos residían, este se lo solicitó al obispo y como no había clérigos disponibles se conversó con el padre Torres de la Compañía de Jesús y este nombró a Marcial de Lorenzana y Francisco de San Martín para esta responsabilidad.

    Así el 16 de diciembre de 1609 los jesuitas y caciques guaraníes salieron de Asunción para dirigirse al sur, se sabe que llegaron por Yaguarón donde el presbítero Fernando de la Cueva se sumó a la expedición, con unos guaraníes que ya eran cristianos. Llegaron al lugar de asentamiento de Arapysandú, al que se sumaron nueve caciques de aldeas vecinas, es entonces que se celebra la primera misa que se toma como punto de fundación de esta Reducción.


    Hoy casi no se observan restos de las construcciones originales, posee la colección más representativa en cuanto a imágenes y tallas religiosas de gran valor. El Museo Diocesano, organizado en cuatro salas, guarda objetos de extraordinario valor cultural.

    Asimismo conserva las imágenes talladas en maderas policromadas, mapas de la primera Misión Jesuítica Guaraní del Paraguay, fotografías de la Iglesia original y una carta escrita por el Rey Felipe IV en 1635.

    Imposible ignorar a Tañarandy

    SAN IGNACIO.- Hablar de esta ciudad, de su riqueza cultural y no mencionar a Tañarandy sería un sacrilegio. Es el sitio de celebración más llamativa de Semana Santa. La tradicional fiesta artística en esta compañía ignaciana se concentra en cada Viernes Santo, con la presencia de unas 5.000 personas.

    De varios puntos del país y desde el extranjero llegan hasta Tañarandy para el acto central con toda la caracterización religiosa. Hace 25 años, que el artista Koki Ruíz ofrece su terreno privado para acoger a todos los que deseen revivir parte de la historia de Jesús, logrando de esa forma fusionar el arte expuesto de diferentes maneras con la religión en esencia. Esta actividad cada año reúne a más fieles en medio de una “pelea” por aplicar mejoras edilicias en el lugar.

    En la belleza mezclada entre la fe y el arte, se logra aglomerar a miles de personas que desde el miércoles hasta el Viernes Santo, se deleitan con la belleza de cuadros vivientes y la historia misma de Cristo.

    Cada año la exposición es cambiada y en este 2017 fue una recordación a los 250 años de la expulsión de los Jesuitas del Paraguay.

    Tañarandy cuenta con una población de apenas 250 familias. Frente a cada hogar hay un letrero que indica el apellido y la profesión del padre de familia, en algunos casos pintadas en las paredes las actividades desarrolladas en esas viviendas.

    En el templo, el centro de salud y otros edificios se pueden apreciar murales y “ventanas falsas” (pintadas), que expresan la capacidad artística de los lugareños.




    Magnifica toma del acceso al centro de la ciudad de mayor movimiento en Misiones.




    Uno de sectores de San Ignacio donde se respira aire colonial. Es una de las aceras más antiguas.




    Una de las avenidas de la periferia de la ciudad, bien conservada.




    La gran fiesta en Tañarandy. Cada Semana Santa recibe a unos 20.000 visitantes.




    En el triángulo de desvío para Pilar se encuentra este monumento que recuerda a los primeros habitantes de la comunidad.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.adndigital.com.py/san-ig...es-jesuiticas/

  17. #197
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    martes, 2 de julio de 2019

    Doña Leonor Cortes Moctezuma.

    Por Bernardo del Hoyo Calzada.


    Doña Leonor Cortes Moctezuma nació hacia el año de 1529 en la ciudad de México, hija natural del conquistador de México-Tenochtitlán don Hernán Cortes y de Tecuichpo Ixcaxochitzin o doña Isabel de Moctezuma, siendo nieta de don Martín Cortés Monroy y doña Catalina Pizarro Altamirano, y del Tlatoani Moctezuma II Xocoyotzin y Mahualxochitl Tezalco.

    El Licenciado don Juan de Altamirano pariente de Hernán Cortés la protegió y cuido siendo niña, hasta que se casó con el principal descubridor del mineral de Zacatecas, don Juan de Tolosa o Juanes de Tolosa, que nació en Quetaria, Guipúzcoa, uno de los países vascos, al norte de España.

    Juan de Tolosa pasó a Nueva España en el año de 1533, y en el año de 1546 descubrió la primera mina o la mina Descubridora en Zacatecas, unos años después se casó con doña Leonor Cortés Moctezuma, y que llevó a vivir a las Minas Ricas de los Zacatecas, por el año de 1553 o 54.

    El 5 de diciembre del año de 1554 otorgó en la ciudad de México carta poder a su hermano don Martín Cortés en esta forma: “Sepan cuantos, esta carta de poder viere como yo doña Leonor Cortés, hija del marques del Valle, don Hernando Cortés, mi señor padre, que sea en gloria, otorgo y conozco que doy y otorgo todo mi poder cumplido, libre y bastante según que le yo he y tengo y de derecho en tal caso se requiere y es menester a vos el señor Martín Cortés, mi hermano que estáis presente, etc.”

    Las propiedades de Leonor, comprendía hasta lo que hoy es la alcaldía de la Magdalena Contreras, y consta en el testamento de Hernán Cortés en la cláusula 23, folio seis que ordena les sean dadas a cada una de sus hijas, doña Leonor y doña María, sus hijas naturales, para sus dotes y casamientos diez mil ducados de su hacienda.

    Don Juan de Tolosa y doña Leonor Cortes Moctezuma tuvieron en las Minas Ricas de los Zacatecas cuatro hijos: un varón y tres hijas; el padre don Juan Cortés Tolosa Moctezuma, doña Catalina Cortés Tolosa Moctezuma, que murió joven, doña Isabel Cortés Tolosa Moctezuma, que se casó con el Adelantado de Nuevo México don Juan de Oñate y Salazar, en 1580 y doña Leonor de Tolosa Cortés Moctezuma que se casó con el general don Cristóbal de Saldívar.

    Doña Leonor Cortés Moctezuma murió a fines del siglo XVI en la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas y fue sepultada al lado de su esposo don Juanes de Tolosa, en templo del Convento de San Francisco de Zacatecas, hoy museo Rafael Coronel.

    Guadalupe, Zac., 12 de junio de 2019.




    Escudo de Armas de doña Leonor Cortés Moctezuma.




    _______________________________________

    Fuente:

    Historia de la Diócesis de Zacatecas. : Doña Leonor Cortes Moctezuma.

  18. #198
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Cuauhtémoc está hecho una furia, los señores de Huexolta, Coatlinchan y uno de Chalco han ido a ver a Cortés en Texcoco, le dicen que pelearon por miedo a los mexicas, el tenochca rechaza a los emisarios de Cortés que venían a pedir paz y eso convenció a los señores del valle para unirse al bando hispano, Cortés es bien recibido en las ciudades de la cuenca lacustre, los cimientos del cielo comienzan a conmoverse, los mercaderes podrán comercial a su gusto con la tierra caliente, algo que los tenochcas impedían, era un monopolio Tenochtitlan-Tlatelolco que se mantenía, había que pasar por esas ciudades si Coatlinchan quería comerciar, pero el ahora todo estaba cayendo.

    Cortés se dirige al sur de la cuenca, que desconoce, deja a Sandoval como encargado, se va con 200 soldados, 18 caballos, 10 arcabuceros y 30 ballesteros, así como entre tres y cuatro mil indios aliados, llegaron a Iztapalapa, donde hubo enfrentamientos armados, los mexicas tuvieron la brillante idea de romper el aldabarrón de Nezahualcóyotl e inundar Iztapalapa con los castellanos ahí, lo que hizo que las aguas salinas se mezclasen con las aguas dulces del otro lago; que los españoles y sus aliados se ahoguen es cosa que no sucedió, los aliados pudieron entrar, matar a algunos, expulsar a otros y todavía tuvieron tiempo de retirarse antes que las aguas inundasen la ciudad, aunque perdieron la pólvora y casi todos los arcabuces. Es aquí donde Cortés comienza a exagerar (todavía más) el número de enemigos muertos, pero nos demuestra que el conflicto comenzaba a escalar.

    Solamente un conquistador español murió en la batalla de Iztapalapa, acaecida en enero de 1521, pero Ixtlilxóchitl se batió en duelo con un señor de la ciudad al que se le había encomendado llevarlo vivo a Tenochtitlan, la victoria fue de Ixtlilxóchitl y al capturarlo, mandó a quemarlo vivo en una fogata divina, algunos dicen que los españoles sacrificaban humanos en las hogueras de la inquisición, pero Ixtlilxóchitl no era español.

    Los españoles pasaron la noche en descampado, al día siguiente vieron los lagos al mismo nivel, canoas llenas de guerreros mexicas y se batieron en retirada mientras regresaban a Texcoco, a 30 km, los mexicas creyeron que eso una victoria. Las siguientes semanas fueron semejantes, los señores de Ozumba, Tepecoculuco y Mixquic, fueron a pedir perdón a Cortés, desde Coatlinchan informaron a Cortés que los tenochcas atacaban a los macehuales en las milpas cuando cortaban maíz para ellos, enviaron emisarios también los señores de Tlamanalco y Chalco, querían hacer las paces, más no podían por haber guarniciones tenochcas en sus ciudades, lo que demuestra la fuerte presencia militar de Tenochtitlan en las ciudades del lago.

    Cortés envía a Sandoval con un ejército tan grande como el que él comandó en Iztapalapa, y en las milpas de Chalco se da la batalla, los tlaxcatecas pelearon con especial ímpetu, quizás por el rudimentario entrenamiento militar europeo que les dio Ojeda el año anterior, después de la batalla, se quedaron con las mantas de algodón y la sal de la que Tenochtitlan los privó por años. Agradecido, un señor de Chalco fue a Texcoco a dar las gracias y dijo a Cortés que el difunto (por viruela) señor de la ciudad, había dicho antes de morir que quería que Cortés confirmara a sus hijos como señores, y él así lo hizo, ahora coronaba caciques indígenas, el hijo mayor del difunto fue señor de Chalco, el menor, de Tlamanalco y Ayotzingo.

    Cuauhtémoc, como Cuitláhuac, no puede hacer mucho, promete a las ciudades que se unan a él, quitarles el tributo, pero el odio a los mexicas y el magnetismo de Cortés son mayores, la caída de Tenochtitlan es algo que todos desean, ¿dónde está la ayuda y el apoyo? A finales de enero, Cuauhtémoc toma posesión de la estera y el trono, refuerza las defensas de Tenochtitlan, confiado quizás en que no podrán tomarla por estar en medio de un lago. Cavan trincheras, hacen más profundas las acequias debajo de los puentes, hacen varas y lanzas más largas para colocar en la punta las espadas de los españoles muertos el año anterior. Como todos los soberanos tenochcas tuvo que iniciar su reinado con una campaña militar, atacando a las ciudades del este del lago y convenciendo así a dos de unírsele, pero Cortés, con apenas 200 soldados y dos cañones pequeños, los derrotó y quemó los edificios de los aliados tenochcas, que volvieron al bando hispano-indígena. Son fines de enero, 1521, ya deben estar listos los bergantines, así que Sandoval debe irse a buscarlos a Tlaxcala y traerlos a lomo de indios.


    Fuente: Hugh, T. (1994). La conquista de México. Patria.

    Imagen: Patio central del palacio de Motecuhçoma Xocoyotzin, o Moctezuma II, conocido como las Casas Nuevas de Moctezuma, por Scott Gentlings (el Tío Gazeta quiere ver Facebook lleno de las obra de un artista que seguro muchos acaban de descubrir).







    _______________________________________

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  19. #199
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    El cacicazgo familiar de los Mendoza en Tepexí de la Seda durante la década de 1620, tuvo una firme posición, tanto en los pueblos de indios, como entre los españoles, tanto social, como económicamente. La base del cacicazgo era la posesión de tierra y los derechos, un cacique era más que un gran terrateniente, el cacicazgo era una entidad esencial protegida por ley en la que el cacique tenía derechos heredados de sus ancestros prehispánicos, el cacicazgo, como el mayorazgo, no podía dividirse, todo lo heredaba el hijo mayor, pero otros miembros podían proveerse de bienes también que no pertenecían al cacicazgo, sino que eran propiedad privada del cacique, eso lo podían heredar, con o sin terrazgueros.

    Como la nobleza europea de la época, los caciques entablaban relaciones matrimoniales y hablaban de su casa o linaje, lo cual claro era una ficción más que una realidad en sí misma. Los caciques eran herederos directos de los gobernantes indígenas y mantuvieron sus derechos sobre los terrazgueros o macehuales, que poseían parcelas de tierra y que daban tributo y servicios de labor a cambio de la parcela. La relación entre los terrazgueros y caciques era más bien la de contratos asalariados, algunos iban más allá, pues sus caciques les daban no solamente un salario, sino también ropas, alimentos, y si estaba en prisión, los liberaban pagando la fianza, en esta relación el dinero cambiaba raramente de mano, debido a que no era una sociedad monetaria, sino de deudas y créditos, claro, ropa y alimento no eran gratuitos, eran parte del contrato.

    Esta relación era igual en haciendas españolas y cacicazgos indios. Tepexí de la Seda era, en la década de 1620, un cruce de sociedades, los caciques con su estilo tradicional, y la española. Tan importante eran los caciques, que don Diego pudo ser gobernador durante la mayor parte de la década. En el siglo XVI se vieron disputas con otros caciques, pero para el siglo XVII las relaciones eran más cordiales, además de que las actividades de los Mendoza no estuvieron únicamente en Tepexí, don Diego mismo estuvo en Cholula para cobrar el tributo real al ser gobernador, sus hermanos y hermanas viajaron a la ciudad de México, Puebla de los Ángeles y varias ciudades del Mixtecapan, Dª María, hermana de don Pedro, se casó en Tepeaca. Las ropas de la familia eran hechas en Tehuacan y Puebla. Los Mendoza eran conscientes de su estatus, vestían mejor que el resto de los indios, bebían chocolate y en ocasiones especiales, vino importado de España, consumían carne y pollo con más regularidad, daban limosna a los frailes dominicos en especie (mulas), así como dinero para la iglesia o los cantantes, gastando mucho dinero en su salud.

    La posición social y económica de los Mendoza los hizo ser el centro de la vida del pueblo, eran una institución alrededor de la cual giraban varias partes de la vida, economía, sociedad y cultura, los caciques eran señores y empresarios que se distinguían por su ropa y forma de vida, tenían relaciones con indios macehuales o nobles, con españoles, tanto corregidores como propietarios, mercantes y frailes; todavía tenían relaciones con muchos más allá del pueblo, como el obispo de Tlaxcala o la Audiencia en la capital. La red en que se sustentaba el cacicazgo, sólo podía ser mantenida con confianza y estabilidad; pero para el siglo XVII no había manera de que se lograra tener estabilidad por los enormes cambios que llegaron a la sociedad con la llegada de los españoles.


    Fuente: Hoekstra, R. (2010). A Colonial Cacicazgo: the Mendozas of Seventeenth-Century Tepexí de la Seda. European Review of Latin America and Caribbean Studies. pp. 87-106.


    Imagen: Retrato de Sebaftiana Ynes Jofepha de Sn. Augtin. Hija legitima de Dn. Mathias Alexo Martinez y de Dña. Thomafa de Dios Y Mendiola de edad de 16 años del Año de 1757 años.






    _______________________________________

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    EN BUSCA DEL INCA

    He recibido varios comentarios positivos sobre mi entrevista con @antonioarauzimbert acerca del destino de los descendientes incaicos y al mismo tiempo me preguntan más sobre el tema por lo que ahora expandiré esa información. Es un texto largo pero vale la pena leerlo porque su conclusión será sorprendente.

    Si tuviéramos que buscar al Inca hoy día ¿donde deberíamos buscar? Si eres sensible, cuidado con seguir leyendo, la respuesta te puede chocar.

    Definitivamente tendríamos que remontarnos a la época de los últimos Incas de la resistencia, también llamados Incas de Vilcabamba, herederos de la autoridad del Inca. Aquí encontraremos que Sayri Túpac, segundo Inca de Vilcabamba, entregaría su corona a Castilla y luego su sucesor, Titu Cusi Yupanqui ratificaría esto firmando el tratado de Acombamba.

    Esta firma constituye una figura legal llamada TRANSLATIO IMPERII, que es una forma de justificación de legitimidad de un nuevo rey luego de una transferencia legítima de poder de un Reino a otro, y se remonta a las épocas de Bizancio y el Sacro Imperio Romano Germánico como herederos del poder del Imperio Romano.

    Esto significaba que el monarca español se convertía en rey no solamente de hecho sino también por derecho, lo cual fue reflejado en varios cuadros de la época, los cuales adjunto en las fotos 1, 2, 3 y 4 los pueden encontrar en la Catedral de Lima y el Museo Larco. En estos cuadros se puede observar a los reyes Habsburgo como sucesores de los Incas. Incluso en los cuadros, el último Inca Atahualpa está en actitud de entregarle su cetro, símbolo de poder, a Carlos V quien está señalando una Cruz.

    ¿Entonces era el rey de España un Inca? Para el religioso mestizo Juan Núñez Vela y Ribera sí, pues no solamente articuló este concepto del Translatio Imperii para el Perú, sino además, en su monasterio de Copacabana existe un cuadro donde se nombra al rey de España bajo el título de Inca (fotos 5 y 6). El cuadro se refiere al rey como “poderosissimo Inga D. Carlos II Augustissimo Emperador de la América”.

    ¿Usó el rey de España el título de Inca? Parcialmente sí, pues hasta el día de hoy, uno de sus títulos es “Rey de las Indias Occidentales y Orientales” siendo las Indias Occidentales la suma de las coronas del Inca y de Moctezuma de los Aztecas.

    Obviamente, desde la Independencia este es un título honorífico sin soberanía real por lo que ¿por qué nos importaría? Pues en los últimos meses, debido a la poca presencia del monarca español actual ante la crisis española, la separación de Cataluña y los escándalos de su corte existe un creciente movimiento para que Felipe VI sea el último rey de España y abdique su corona.

    Si esto sucede, el título de Inca que mantiene podría regresar al Perú con todas las de la ley. El Inca volvería a casa. ¿Será eso una señal del cumplimiento de la profecía del Inkarri?






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