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Tema: Carta a los Españoles Americanos

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    Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    PRIMERA CARTA A UN AMIGO Y MAESTRO DE LA ARGENTINA. SEMBLANZA DEL TAITA BOVES, EN CLAVE DE MI REALISMO MÁGICO.



    - Querido amigo y maestro:


    A pesar de tu falta de tiempo, más o menos has ido siguiendo mis poesías y mis cartas referentes a una etapa complicada, la que yo prefiero denominar " de Guerras Civiles Hispanoamericanas ". No sé si viste bien la segunda carta, CARTA A UN CHOLO PERUANO ( 2 ), donde gracias a tu prodigiosa memoria pude exponer datos que me dejé -- injustamente -- en el tintero en la primera epístola. Me dijiste que no eran " correcciones " porque tú no eras nadie para eso, pero sí que fueron correcciones amigo, pues, sabiendo como sabes, lo andaluz que soy, y más para con este tema, me es muy difícil guardar el equilibrio pasional. Y como te digo, acá habrá algo de realismo mágico, y no sé si en esa clave habremos de mirar que en este tema en especial, yo me sienta tan americano. A lo mejor es por eso que supuestamente me especialicé en América dentro de mi licenciatura de Historia, viste.




    Retomando otra vez tu falta de tiempo, he decidido ir directamente al abuso y así " picarte " para que me respondas.


    - Me pusiste un ejemplo que me parece la mar de ilustrativo sobre el tema a tratar, así que, con tu permiso o sin él ( Ya sabes que soy un mandado ), vamos a exponerlo: En el caso porteño, tenemos del lado "realista" al liberal Alzaga y al legitimista Liniers, versus el jacobino Moreno junto al tradicionalista Saavedra del lado "patriota". Amigo, creo que en este laconismo ejemplar se encierra con elocuencia el drama de nuestra América, que hasta nuestros días viene repercutiendo, en mayor o menor medida. Aquellas dolorosas y prolongadas guerras se convirtieron en un " totum revolutum ". Pero la cosa es que sólo se ha escuchado la versión de un bando. Como bien dices, la historiografía liberal ha falseado ad nauseam hasta la historia del bando independentista. Y aun así, de los realistas, jamás hemos escuchado nada. Desde el colegio a la universidad lo que escuché es que los realistas eran unos malvados absolutistas invasores, el último exponente de la leyenda negra, mientras que los " libertadores " eran unos seres angelicales que con toda la justicia del mundo se libraron de la opresión española, ese " inmenso sudario de sangre " en palabras del masón Castelar, que con sus luengos bigotes y famosa oratoria fue presidente del esperpento de la I República. Sé que ni incluso muchos independentistas pensaron así cuando combatían; pero por ello, te explico ( Seguro que mal ) mi interés en " los otros ".



    No obstante, me decías que el caso porteño se dio en Venezuela, en México, etcétera. Muy acertado, pues. Por ello sigo pensando que Yturbide fue un gran tipo y que acaso es un personaje importantísimo de la época que nos ocupa.





    El caso es que o bien se ha escuchado esa versión que decimos, o bien una versión desde el punto de vista del nacionalismo católico sobre las Guerras Civiles Hispanoamericanas. Pero hasta hace muy poco, nadie, absolutamente nadie, habló de los realistas más que para vituperarlos.



    Yo lo que me pregunto es:


    ¿ Por qué nadie me habló de José Tomás Boves ?


    ¿ Por qué nadie me habló de Vicente Benavides ?


    ¿ Por qué nadie me habló de José Antonio Pincheira ?


    ¿ Por qué nadie me habló de Juan de los Reyes Vargas ?


    ¿ Por qué nadie me habló de Joaquín de Mosquera y Figueroa ?


    ¿ Por qué nadie me dijo que, amén de " realistas " que quisieron obligar a firmar la constitución, como Morillo, también hubo americanos como Lardizábal en el Manifiesto de los Persas ?


    ¿ Por qué nadie me habló de Leandro Castilla ?


    ¿ Por qué nadie me habló de Agustín de Agualongo ?


    ¿ Por qué nadie me hablo de Antonio Navala Huachaca ?







    Personalidades tan distintas del mismo bando, ciertamente. ¿ Pero por qué ese silencio sepulcral ? ¿ Por qué cuando se rompe es sólo para el insulto, la denigración ? ¿ Por qué ese proceso tan selectivo y excluyente de la memoria histórica hispanoamericana ?





    Esto es lo que me escama. Y como me escama, resalto también la resistencia del pueblo americano al Trienio Liberal, resistencia que quebró muchas lealtades realistas, como la de Juan de los Reyes. Jamás Yturbide por ejemplo quiso acogerse a eso, y en la península se iban a iniciar las Guerras Realistas, desde Navarra y Cataluña hasta Sevilla, tan bien tratadas por Rafael Gambra y Alexandra Wilhelmsen.



    Sin duda Yturbide tuvo paciencia de santo. Aquel valiente de estirpe navarra, realista leal que fue acusado injustamente de ladrón, que tragó sapos y culebras por mantener su lealtad....Hasta que al final las autoridades de aquí propiciaron lo inevitable: Que aquel tipo con madera de caudillo recibiera el imperium ante la amenaza expansionista gringa y con el objeto del buen gobierno con estructura monárquica; Religión, Independencia y Unidad en amistad con España....El sueño de un Imperio Mexicano Católico, mucho mejor definido que el Brasil....Que la Gringada nunca quiso permitir. Sin duda Yturbide es todo un símbolo. Y acaso si las cosas se hubieran hecho bien, la Nueva España toda habría sido el mejor partido de D. Carlos en las Indias, como dice Miguel Navarro.







    Tú me dices que acaso los conflictos que provocaron las independencias fueron la antesala de lo que iba a ocurrir en España. Con sagaz intuición y sabiduría, no te falta razón amigo. Aquí ponemos lo de las Guerras Realistas. El despotismo ilustrado ya no daba más de sí. Quizá la puntilla definitiva había sido la expulsión de los jesuitas, esa maligna obra del marqués de Pombal, el conde de Aranda y Carlos III. Y tú, como Pablo Victoria, insistes mucho en el " funcionariado ilustrado " que nunca entendió a los Reinos de Indias. Los Austrias tuvieron que lidiar con guerras civiles entre conquistadores y luego con el problema encomendero, y los Borbones, con " guerras sociales " de ¡ Viva el rey y muera el mal gobierno ! Sobre esos funcionarios, Pablo Victoria insiste en que si al menos hubieran predominado andaluces y canarios, igual otro gallo hubiera cantado, pues eran gentes mucho más acostumbradas al trato americano. Sigue siendo así, amigo, los hispanoamericanos se sienten más en casa en las Andalucías y en las Canarias cuando vienen a la Vieja España.





    En fin, nuestras instituciones de vigor foral se fueron carcomiendo, se fueron carcomiendo como se fue carcomiendo toda la Cristiandad, en especial desde Westfalia, y encima entró Napoleón....Se abrió la caja de Pandora para propios y extraños.




    Cierto es que no todos los realistas fueron Cruzados de la Causa y no todos los patriotas fueron masones anglófilos. Si se entendió que yo pretendí decir eso, pido disculpas, pues estaría faltando gravemente a la verdad.



    No obstante, tampoco todos los realistas fueron malvados absolutistas ilustrados invasores, como se dice tanto por ahí. Y otra vez me pregunto: ¿ Por qué no se les ha dado voz, ni siquiera un mínimo respiro; y por qué mucho menos desde España, y cuando se ha vuelto a retomar el tema ha sido desde Hispanoamérica ?






    Siempre nos tiramos los trastos a la cabeza con el papel de Inglaterra. Porque unos podemos hablar de Cochrane o de los muchos oficiales que tuvo Bolívar y que tuvo O´Higgins de la Pérfida Albión, pero como me indicas, cierto es que D. Francisco de Paula y Dª Carlota estaban detrás de la Union Jack, y que el mismo y felón Fernando VII convirtió a España en una suerte de protectorado británico ( También fue Portugal ), manchando el Toisón de Oro entregado a un hereje como el Velintón, que muchos no saben que entregó a sus tropas al saqueo aquí; y Pérez-Reverte de vez en cuando lo recuerda. Al final, querido amigo y maestro, lo que sucede es que Inglaterra nos usó como conejillos de Indias. " A España hay que vencerla en América y no en Europa ". Después de Cartagena de Indias, después de la Luisiana y después de Buenos Aires y Montevideo, la invasión de Napoleón supuso todo un caldo de cultivo para ellos. Aprovecharon el acto más infame de la Historia de las Españas, cuando Carlos IV le entregó la Corona a Napoleón....Mientras que, como decía Frederick Wilhelmsen, el único que jamás abdicó de sus derechos y deberes fue D. Carlos, nuestro futuro Carlos V. Significativo, cuanto menos.



    Totum revolutum...A río revuelto, ganancia de pescadores. Fuimos presa de intereses británicos, gálicos y gringos. Nos jodieron y en muy buena medida nos dejamos joder.







    En fin, creo que esto, aun no terminándolo nunca de explicar, más o menos quedaría así. Y ahora te quería explicar mi interés por José Tomás Boves, por el Taita, con quien te dije que me sentía más o menos identificado quizá en clave del realismo mágico que tanto me gusta. Pues te explico amigo: Para mí el Taita Boves es el símbolo de toda una época, una poesía dramática, un colorido grotesco, una lucha entre arraigo y desarraigo, una explosión de júbilo que trae pesimismo por de dentro, una pasión, una fuerza, una razón, un desenfreno, un alboroto y una desazón. Boves se inició en la Marina. Siendo un tipo de familia muy humilde, demostró ser más avispado de la cuenta y así se aficionó al contrabando. Boves llega a Venezuela y se funde en los Llanos con la compra-venta de ganados, una tierra que le va a atrapar y cautivar. Hablaba el uruguayo Carlos Reyles del embrujo de Sevilla....Pues para Boves el embrujo radicó en esta parte del norte sudamericano. Siendo blancón, intentó confraternizar con los blancos del país, intentó insertarse en lo que diríamos " alta sociedad ", en los " mantuanos ", que siempre le aborrecieron y despreciaron por chapetón pobre, por extravagante peninsular, por plebeyo desmedido, por su atracción irrefrenable hacia el mundo de las " castas ". Boves desentonaba en esos ambientes bien elitistas.





    Ese mentado orgullo tiene su parte de razón, tiene su razón en que muchos eran descendientes de conquistador y poblador, tiene la hidalguía y no el " creole " gálico aplicado al común. Tiene también su justificación en la enorme y sorprendente influencia del barroco bajoandaluz. Y tiene su justificación porque ese orgullo se demostró en la práctica cuando los americanos fueron los primeros en defender a las Españas de las invasiones, cuando el Regimiento Fijo boricua luchó con uñas y dientes para expulsar al invasor anglo, por poner uno de muchos ejemplos. Cuando muchos americanos acudieron para formar juntas y salvar la patria de la invasión napoleónica, llamando a Fernando de Borbón " el Deseado ", tal y como en la Península. Los americanos habían demostrado con creces su defensa y su implicación con España....¿ Por qué esa actitud desde la Corte ? Ya retomaríamos el tema que iniciamos y que dejamos medio explicado....




    Bueno, a lo que iba. Empero, creo que el orgullo mantuano era distinto. Y era distinto porque era el orgullo de muchas familias cuya fortuna residía en el esclavismo, es el mismo caso de Simón Bolívar. Familias que se irritaron contra la Real Cédula de Gracias al Sacar de tiempos de Carlos IV que mejoraba el trato a los negros, intentando mejorar lo que Carlos III había hecho. Carlos III hablaba de mejorar tratos mientras que con su reinado España tuvo su primera compañía esclavista, la Gaditana de Negros....El orgullo de los mantuanos era en parte el de los encomenderos. El de un " protofeudalismo " que " oficialmente " nunca cuajó en nuestra América, pero que en la práctica estaba al quite. Aquí en la Piel de Toro pasaba tres cuartos de lo mismo, y más en nuestra Andalucía. La Real Cédula fue el comienzo de una rebelión venezolana. O mejor dicho: Un comienzo. En este enfrentamiento tan poliédrico. Hay muchos más motivos, e incluso ni los que luego se destacarían como revolucionarios, en sus principios acudían a las leyes de Indias y etcétera. Pero en Venezuela, en un gran epicentro del independentismo, estamos ante un motivo que hemos de subrayar medianamente.





    Por ello, si bien es verdad que hubo declaraciones malsonantes sobre los americanos desde el obispo Orellana hacia el incidente del florero en Nueva Granada, también las había contra los peninsulares. Y con nuestro orgullito pues eso se convierte en bomba de relojería, y más cuando Carlos III acentúa la " política del funcionariado ", desprecia los colegios de nobles indios y no entiende el lógico poder que los criollos tienen de facto en las Américas. Pero ese orgullo del que hablamos, y esos epítetos despectivos, a los dos siglos seguimos en las mismas....





    Boves, tal vez por su " hecho racial ", intentó insertarse en esa compleja sociedad. Tanto así, que fue esa compleja sociedad la que, a excepción de María Antonia Bolívar, inició el separatismo en el Nuevo Reino de Granada. Y Boves se quiso alistar con ellos. Dicen que tenía intrigas y desaires con muchos principales de esta causa, y a eso le añadimos su plebeyismo chapetón, que nunca aceptaron, por lo que fue azotado brutalmente. Y esto le empujó a tomar las banderas del Rey; y las tomó con los negros y los pardos, amén de con muchos indios. No lo digo yo amigo, lo dice González: " Es preciso que se sepa que la independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes del país ".


    Boves quiso ser algo que él no era. Quiso " entrar en sociedad " y se convenció a base de palos.


    Por eso, creo que no apunto demasiado mal si digo que la independencia en el caso neogranadino fue cosa principalmente de blancos ricos. Quitando el mulato Piar, a quien Bolívar humilló.






    No pretendo hacer una idealización barata ( Cosa a la que tanto soy dado ) del mariscal asturiano. Sé que Boves no fue ningún santito. Pero ni por asomo lo fue Miranda, ni lo fue Bolívar. Boves jamás pensó en entregar nuestra América a Inglaterra, los dos primeros sí. Bolívar, después de traicionar a Miranda, se ofreció voluntario para combatir en España con el Velintón....Otra vez el Velintón....Que después fue diciendo que él apoyaría a Carlos V para el Trono de España. A los años de eso, Bolívar quiso entregar la actual Colombia a Gran Bretaña, cosa que le enfrentó con el general Santander, el cual fue vitoreado por muchos antiguos realistas. Con todo, nadie más explícito que Miranda, el llamado precursor, allá en el 1806 "...con la protección de la marina británica ". Pablo Victoria también destapa los documentos donde Miranda tenía pensado entregar gran parte de nuestra América a Inglaterra. Miranda, el hijo de canarios, soldado español, contrabandista, luego revolucionario francés, luego agente de Inglaterra, masón principal.....Cierto es que no todos los independentistas fueron así, pero sí lo fue nada más y nada menos el llamado "" precursor ". Miranda fue hijo de padre canario como también lo sería José Martí. En ambos, el manifiesto rechazo a España era todo un complejo de Edipo. Como lo es para Fidel Castro su manifiesto origen gallego.




    Por eso, como sabes, nunca valen las leyendas rosas. No para unos, pero tampoco para otros. Y en esto estamos de acuerdo, aunque siempre parece como si miráramos desde distinta óptica.





    La figura de Bolívar está siendo relucida a revientacalderas y con muchas falsedades, desde un gobierno de un imbécil como Hugo Chávez el petrogorila, cuyo interés primario ahora radica en controlar las rutas de narcotráfico hacia Yanquilandia. Y lo peor es que desde España se le ha dado mucho pábulo. Y otra vez vuelvo a lo mismo: ¿ Por qué en España hay estatuas de Bolívar ? Porque creo que basta en España que alguien la defienda para olvidarlo cuando no insultarlo, y basta eso para premiar siempre a quien fue enemigo declarado.




    Boves encontró en su mundo en las " castas ", en especial en los hoy llamados " afrodescendientes ". Boves era de los poquísimos de origen peninsular de esas huestes. Porque fueron huestes americanas, americanos que muchos no estaban por las Cortes de Cádiz, ni por el despotismo ilustrado, ni por la traición de " los ayacuchos "; un pueblo que, sencillamente, no quería la probablemente mal llamada independencia. Hay muchos Gómez y muchos Zumalacárreguis ocultos. Aquí en España, mismamente, tenemos a todo un flamante General Castaños, que derrotó a Dupont con el bravo concurso de San Martín en Bailén, y luego fue tristemente isabelino....Como isabelinos fueron Espartero, Morillo, Rodil....Y bueno, Maroto.....Pero sin embargo, no fueron isabelinos Gómez, Zumalacárregui o el cura Merino, que combatieron en el mismo bando, en la misma guerra contra el tirano corso. No sé si me comprende, pero a eso voy amigo, a eso voy. Porque por lo que veo y leo, hay algunos que parecen disculpar todo del bando independentista y nada del bando realista. Como tú me dices, yo no puedo ni debo hacer lo contrario. Lo intentaré.....Aunque por mi carácter, dudo que tenga algo de éxito en ello. Pero lo que voy buscando es esos Merinos indianos, básicamente. Amén de intentar sumergirme todo lo posible en América, en esa encrucijada que tanto nos compete y atormenta.





    Entiendo que desde el nacionalismo católico se haya querido resaltar que no todos los patriotas fueron masones anglófilos. Entiendo que se resalte que muchas revueltas estaban impregnadas de " jesuitismo " ( En el mejor sentido de la palabra ) y que había muchos católicos de buena voluntad que, es más, en un principio, ni querían separarse de España per se, hasta que los acontecimientos derivaron, provocados por unas obtusas autoridades que ya fueron alimentando la Revolución desde dentro. Y como entiendo esto, quisiera que ellos entendieran lo que yo digo y busco y hasta reivindico.




    ¿ Por qué el Taita Boves ? Amigo, porque yo, que tanto defiendo el arraigo, acabo desarraigado sin quererlo. Porque muchas veces he querido formar parte de una sociedad que me ha rechazado, amén de por mis miserias personales, por mis convicciones y acaso por mis orígenes. Boves, porque en un mundo hostil de incomprensión y soberbia, donde no se encuentra el mérito y el esfuerzo. Boves, porque siguió hallando en América su España. Boves, porque entiendo que a pesar de la repugnancia que causó y causa Fernando VII, lo peor que podía pasar era la separación. Boves es la rabia de un tiempo clave para nuestra historia, Boves es la decisión y el empuje, y la muestra más clara de que aquello no fue una guerra entre invasores e invadidos, sino una guerra civil, una guerra de americanos contra americanos, y que acabó prevaleciendo lo peor, y lo digo precisamente por la " mentalidad bolivariana ", que a día de hoy, aún girada a la izquierda y con falso folklorismo, se fomenta desde España, esta España que un día fue madre patria y acaso a día de hoy no merece ni el nombre de....Mejor me callo.




    ¿ Por qué el Taita Boves ? Porque reunió en unos días de quebranto el natural caudillaje al que siempre acudimos los hispanos y más en los momentos desesperados. Boves tiene mucho de desesperación, mucho de agonía, y también mucho de fuerza, de coraje, de valentía, de tesón. Boves es " un todo ", y a su manera, toda una representatividad de la América Hispana. A su manera, a la distinta de Agustín de Yturbide, otra gran representación. En distintos bandos hallaremos grandes espejos en los que mirar una historia apabullante.





    ¿ Por qué el Taita Boves ? Porque creo que a Hugo Chávez le convendría bien un exorcismo. A él y a todos los progres ( Que no pobres ) de la tierra. Porque los gritos de Boves aún se rebelan en la sabana contra el silencio injusto y premeditado, contra el que hasta los caballos, muchos de andaluza estirpe, relinchan. Porque Boves acaudilló una causa popular y eso hay muchos que, a entrambas orillas del Atlántico, ni lo entienden ni lo quieren entender. Boves, por un heroísmo ahogado, por una epopeya terrible, por los tambores de guerra; Boves, porque fue el desafío máximo al desgarro de América, a la injusta guerra a muerte que predicó Bolívar. Uno de los gritos de guerra de los realistas venezolanos fue el " ¡ Mueran los blancos ! "; " blancos " más como sinónimo de mantuano que de raza blanca en sí. Sí, Boves hizo una guerra cruenta, pero después de la guerra a muerte de Bolívar, guerra partidista que prometía la vida a los americanos aun estando en las banderas del rey y la muerte de todos los peninsulares y canarios, sólo siendo perdonada si combatían con la bandera tricolor. Liberación de esclavos que Bolívar permitió sólo si combatían en su bando, de lo contrario, servidumbre para toda la familia. Esclavos forzosos que agarró como carne de cañón y muchos acabaron desertando. Esclavos de los que se sirvió muchos años su familia. Un Bolívar que en su puño y letra reconoce que lucha sólo por su propia gloria. Y un Bolívar que acaba muriendo arrepentido, como arrepentido murió Miranda. Y Boves fue la respuesta directa y contundente que hallaron; Boves, como representante de una muy buena parte del pueblo venezolano.



    Así como González o Arizmendi reconocieron la impopularidad de su causa, lo mismo que reconoce Nariño, Nariño el que robaba los diezmos de las iglesias y hablaba de los derechos del hombre....Así, S. Bolívar pone de estúpidos a los negros porque no se suman en masa a sus banderas. ¡¡ Con las condiciones tiránicas que impuso, encima no se lo explicaba, que esos negros se fueran con Boves !!





    ¿ Por qué eso no se dice y sin embargo se sigue pintando a Boves como a un vampiro indiano, como a un animal sediento de sangre ? Boves no fue ningún angelito, pero no fue eso. Boves fue el " producto " de un momento trágico y el Taita de muchas " castas " que se quedaron totalmente desamparadas. Utilizó la crueldad, pero antes la habían utilizado contra él. Quizá nosotros , en nuestros infames días, tenemos un sentido demasiado " romántico " de las guerras, también puede ser.





    Pero, por eso mismo, ¿ por qué Bolívar puede tener una estatua en Sevilla y no Boves ?



    Aun habiendo tantas diferencias en el bando independentista, ¿ por qué por toda España, --- y muchas se hicieron en la época de Franco ---, hay estatuas de Bolívar, San Martín, etc., y ni una de Agualongo o Benavides ?







    En este caso nos hemos centrado en el caso neogranadino, acaso porque fue uno de los casos más trágicos y significativos de todas las Guerras Civiles Hispanoamericanas, cuyas coloridas pinceladas de tragedia siguen coleando hasta las selvas colombianas. Dos siglos donde la Revolución nos destrozó, y donde nuestro pueblo, aun en una u otra bandera, ha mostrado rechazo. Pero aún seguimos....





    Y ahora, una reflexión personal, no sé si en clave de más o menos realismo mágico: Bolívar, buscando la muerte de los españoles, buscó su propia muerte; buscó la fuerza del desarraigo, apareciendo en un mural con Páez, el futuro dictador, con la tricrucífera anglosajona.

    Hace poco veía un reportaje de la televisión venezolana de esos que hacía Arturo Uslar Pietri. Su monólogo era basado sobre la identidad hispanoamericana. ¿ Qué somos ?, se preguntó este genial intelectual una y otra vez. Acaso se lo preguntaba también José Enrique Rodó con su Ariel. Acaso lo intentó el mexicano José Vasconcelos con la " raza cósmica ". Como te digo, creo que la excelencia de Las lanzas coloradas sirven mucho para ilustrarnos qué fue y que no fue la independencia hispanoamericana. Mas no obstante, en ese inteligente monólogo, creo que Uslar yerra el tiro. Yerra porque se contradice, porque por ejemplo habla de la imposición del europeo pero no de las anteriores imposiciones de los aztecas. Yerra porque busca y no encuentra, porque reconoce que Hispanoamérica es una unidad pero que al fin y al cabo, es un " término insatisfactorio "; ya que los americanos no son españoles, son otra cosa. Y yo discrepo. Quiero decir: Los americanos no fueron españoles de la Piel de Toro, fueron españoles del Nuevo Mundo, en conjunción con la cultura del blanco, del indio y del negro, se consiguió una unidad formidable que ha sido objeto de estudio por parte de muchos historiadores anglosajones que admiran la textura de la Hispania Ultramarina. La identidad americana se perfecciona en la Fe hacia un mismo Altar y en la lealtad hacia un mismo Monarca. Arturo Uslar quizá nunca acabó de entender esto, por ello, hasta el término " Hispanoamérica " le pareció insuficiente, y por eso se hartó de buscar y creo que sin encontrar respuestas convincentes, aun escribiendo páginas doradas, muestras exquisitas de nuestra universal lengua. Pues las tenía. Tal vez " no del todo matemáticas ", dada la rica y compleja diversidad del mundo americano, pero sí que haylas.

    Por eso, los problemas de la identidad hispanoamericana, ¿ cuándo comienzan a aparecer ? Pues desde que el " imperio tradicional " se desnaturaliza, y muchos traen la mentalidad y práctica de " colonias/factorías ", hasta el triunfo de la guerra a muerte bolivariana; guerra a muerte cruel que también se dio en el Chile. De los dos lados vino. Entre todos nos lo cargamos, con ayudita de fuera, del veneno inglés, de los gorros frigios, de ilustraciones franchutes, y la...que los parió a todos.




    Y sin embargo, es curioso cómo este tema ha sido mucho más y mejor tratado por hispanoamericanos que por españoles. Hispanoamericanos que aún indagan en las raíces de la identidad y que aún hacen monumentos a la revisión histórica que tanto merecen estas dolorosas guerras que tratamos, ahora en bicentenario. Desde América se empezó a celebrar el 12 de octubre, frente a una España que casi nunca echaba cuenta. ¿ Acaso España ha perdido totalmente su identidad, su orgullo, su tradición, y por eso sólo hace sumarse vagamente y financiar sin rechistar al bolivarianismo mediático revestido de rojerío ? Es posible....Mas me temo que España siempre ha sido muy proclive a despreciar a quien lucha por ella.



    A veces, pienso que ciertos argumentos son equiparables a que si yo pensara separar a Andalucía de España por esta tiranía insufrible que padecemos, y de paso, intentara establecer un gobierno tradicional católico en una Andalucía " independiente ". Sé que en nuestros días este caso no tiene ni ton ni son en tanto y en cuanto a hechos más que consumados, pero sería un planteamiento válido para principios del nebuloso siglo XIX; sería un planteamiento muy en cabeza de no pocos españoles de Ultramar.



    Por todo ello, es ridículo que cuando tratemos estos temas nos acabemos echando los trastos a la cabeza, y nos miremos como extraños. ¿ Será que en eso imitamos a los árabes, cuyo propio proverbio reza eso de que sólo se pondrán de acuerdo en que jamás estarán de acuerdo ? Decía Uslar, no, los americanos no somos españoles....Estoy más con Miguel de la Quadra-Salcedo, cuando éste dice que muchos iberoamericanos nos están recordando a los españoles lo que hemos sido. Hasta en los errores se empeñan en seguir siendo españoles.....Y como y tú yo sabemos, sin Corona Católica y Foral, nunca podremos reencontrarnos como tales. Mientras sigamos así, seguiremos cojeando en nuestra historia, y acaso la complejidad de las Guerras Civiles Hispanoamericanas y su posterior tratamiento encierra mucho de esa pérdida que todos sufrimos.




    Caro amigo: Tú has sido acaso uno de mis principales maestros en el Tradicionalismo. Y aun así, tengo la osadía de escribirte en estos términos. Tienes una paciencia de santo conmigo, y nadie mejor que tú para ponerme las pilas cuando acechan mis desvaríos. Pero no sé por qué, esta vez creo que no estoy desvariando demasiado. No desvarío demasiado si te digo que me siento identificado con José Tomás Boves porque quisiera entrar con una cohorte de fuertes negros arrasando más de un pago de por aquí, con tantos caciquillos, tantos ignorantes, tantos desarraigados, tantos abrazafarolas....Necesitaría una catarsis de lucha. Lo que pasa es que esa catarsis en América fue todo un quilombo, un quilombo que inicióse en España, como decía Ramiro de Maeztu. No sé si de esta carta habrás entendido lo que te quiero decir, es difícil, pues las más de las veces a mí no es que no me entienda nadie, sino que no me entiendo ni yo.

    ¿ Pero acaso no será " quilombo " el término más acertado para referirnos a las Guerras Civiles Hispanoamericanas ?


    Mi objetivo en efecto es dar un aldabonazo en ese mar histórico donde hay tantos naufragios. No soy nadie para enmendar la plana, y menos a gente tan instruida que ha laborado tan bien sobre este complicado tema, ni blanco ni negro y sí lleno de muchos grises, poco apto para kantianos redomados. Empero, creo que entiendes mi picajosa curiosidad y mi hispalense nervio. Créeme amigo que no es por " venganza histórica ", y lamentaría mucho si con mis líneas hago cabrear a muchos hispanoamericanos de buena voluntad, pues en absoluto es mi intención. Mi intención es por la contra presentar que, a saber, no fue una guerra de invasores contra invadidos, y no fueron " menos americanos " los muchos que optaron por las banderas reales.


    Por todo ello, creo que queda explicada la génesis de mi poesía al " TAITA " BOVES . No sé si viste la que le hice a YTURBIDE. En esos versos creo que hay mucho de mi alma americanista, y mucho de lo que pretendo decir y estudiar. No sé si algún día sacaré algo en claro, pero para eso estás tú, para que yo abuse de tu tiempo y de tu paciencia.



    Ya nos veremos, si Dios quiere. Por lo pronto, un fuerte abrazo en Cristo Rey y en Nuestra Señora de Luján; por el Rey Legítimo que, con más o menos sebastianismo, habrá de venir.
    Última edición por Ordóñez; 13/12/2009 a las 20:33

  2. #2
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    Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Os dejo acá un texto de Antonio Caponnetto de hace tiempecillo, que me había dejado en el tintero:




    El Problema Del 25 De Mayo
    Por Antonio Caponnetto

    [El Caballero De Nuestra Señora, 2º época Año: 8 Numero 147 8 de mayo del año del Señor 2008]

    Querido Marcelo:

    Me pides que te escriba para El Caballero de Nuestra Señora –publicación que llevo gratamente en el corazón desde los tiempos en que la iniciará, el inolvidable Padre Carlos Lojoya- alguna nota sobre La Revolución de Mayo.

    Permitime que te diga porqué me resulta tan difícil hacerlo.

    Tradicionalmente prevalecía la visión liberal y masónica de Mayo. Mayo era un dogma indiscutido, en virtud del cual debía repetirse que la patria había nacido en 1810, bajo los sacros auspicios de la democracia, del liberalismo y de la macabra Revoluta de 1789. España era una madrasta malísima –como la de las patochadas infantiles de Walt Disney- y habíamos hecho muy bien en sacárnoslas de encima. Los realistas eran tiranos opresores, los revolucionarios eran libertadores, y cada quien ocupaba su bando de malo o de bueno en los libros de texto. ¡Manes de parabienes!

    No le faltaba fundamento in re a esta visión. Porque efectivamente, este Mayo liberal, masónico, antiespañol y aún anticatólico había existido. Quien se acerque a las malandanzas de Castelli, Moreno y Monteagudo –entre tantos otros- podrá comprobarlo. Otrosí queda penosamente al descubierto cuando se consideran los escritos o los actos del curerío progresista de entonces, más confundidos que Casaretto después del Summorum Pontificum de Benedicto XVI. Por eso desde Roma llegaron voces legítimamente recelosas sino admonitorias respecto del movimiento revolucionario, como lo ha probado Rómulo Carbia en su La Iglesia y la Revolución de Mayo.

    Nuestro mismo Himno ratifica penosamente la existencia oficial de ese Mayo en todo contrario a nuestras raíces católicas. Hasta Ricardo Rojas –que le ha encontrado un par de plagios a la letra, y que nos exime “de la admiración estética”- se intranquiliza un poquitín ante aquello de “escupió su pestífera hiel”. ¿No será mucho, Vicente? Cristina lo canta a lo yanky, con la mano en su siliconado pecho. Yo, caro amigo, te confieso, como bautizado, no puedo andar gritando por ahí que la libertad es “un grito sagrado”. Y si tengo que ver “en un trono a la noble igualdad”, ya no es igualdad, pues está entronizada y ennoblecida.

    Como fuere, el Mayo masonete existió y es aborrecible. Existió y fue el que terminó imponiéndose, salvo durante el interregno glorioso de Don Juan Manuel. Los zurdos –que atacan a Roca por lo que tuvo de bueno- suelen decir que “es preferible un Mayo Francés a un Julio Argentino”. Tengo para mí en ocasiones, ante tanta confusión, que es preferible que no haya mayos.

    Los revisionistas –salvo alguno que creyó ver en el 25 de Mayo un 17 de octubre avant garde, y en el gorro frigio al famoso pochito con visera- en principio, pusieron las cosas en su lugar. Al menos los mejores de sus representantes probaron que hubo otro Mayo. Monárquico, hispánico, católico, militar y patricio; enemigo de Napoleón que no de España, fiel a nuestra condición de Reyno de un Imperio Cristiano, en pugna contra britanos y franchutes, filosóficamente escolástico, legítima e ingenuamente leal al Rey cautivo, y germen de una autonomía, que devino forzosamente en independencia, cuando la orfandad española fue total, como total el desquicio de la casa gobernante. Federico Ibarguren y Roberto Marfany, entre otros, se llevan las palmas del esclarecimiento y de la reivindicación de este otro Mayo. Mas nadie ha empardado, en claridad y en rectitud de juicio, al Mayo Revisado de Enrique Díaz Araujo. Sólo ha salido un tomo de los tres anunciados que componen la singular obra, pero es para aguardar ansiosos que la tríada se complete.

    Tampoco faltan hechos y personajes para probar la existencia de este Mayo genuino. Están las Memorias de Saavedra, la Autobiografía de Domingo Matheu, la de Manuel Belgrano, las cartas de Chiclana, Viamonte y Tomás Manuel de Anchorena. Está la obrita curiosa de Alberdi, El Gobierno de Sudamérica, y el mensaje magnífico de Rosas a la Legislatura, del 25 de mayo de 1836. Y hasta las fábulas humorísticas de Domingo de Azcuénaga están para nuestro entendimiento de la época.

    Leyendo meditadamente este material, es asombroso cómo se intelige el pasado y cómo se disipan las ficciones ideológicas. Lo que surge de estos valiosos testimonios no es el enjambre de conjeturales paraguas populistas, sino la espada de Saavedra “de dulce y pulido acero toledano, y que en su mano parecía una joya”, al buen decir de Hugo Wast. Espada puesta al servicio de la misma causa por la que en España, hacia la misma época, se desenvainaran otras para enfrentar al invasor Bonaparte. Y si surge también el Cabildo de estas veras semblanzas, es porque entonces, el mismo no era aún una figurita didáctica, sino una hidalga institución de raigambre medieval, custodia de los fueros locales y comarcales.

    Pero están los documentos que retratan este Mayo porque estuvieron los acontecimientos y los hombres que los protagonizaron. Y esto sería lo más importante por considerar y celebrar hoy, sino fuera que ese “Mayismo” fue derrotado, y prevaleció el otro. No sólo historiográficamente, que ya es grave, sino política y fácticamente, que es lo peor.

    Escuchemos a Rosas, en un fragmento de su valioso mensaje precitado: ”No se hizo [la Revolución de Mayo] para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad. No se hizo para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud. ¡Pero quien lo hubiera creído! Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la nación española, fue interpretado en algunos malignamente […] Perseveramos siete años en aquella noble resolución de mantenernos fieles a España, hasta que, cansados de sufrir males sobre males, nos pusimos en manos de la Divina Providencia y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España y de toda otra dominación extranjera”.


    Nuestros amigos carlistas, de un lado y del otro del Atlántico, están enojados con el 25 de Mayo. No les falta razones, ni son pocas las verdades que al respecto han recordado. Puede aceptarse incluso lo que enseñan: que nuestra guerra independentista tuvo algo o bastante de una dolorosa guerra civil, en tanto americanos hubo que se sentían inaboliblemente insertos a la Corona, con un gesto de lealtad que los honra. Puede y debe aceptarse, además, que la fábula escolar de “los realistas” malvados y los “patriotas” impolutos es un cuento de mal gusto. El realista Liniers fue un arquetipo de nuestra lucha soberana; el patriota Moreno, la contrafigura del cipayo. Y hasta tienen razón los carlistas cuando comentan que, en ciertas zonas hispanoamericanas, los negros defendieron la Corona y se batieron por su causa, sin importarle su condición. Claro que hablamos –como lo hace Luis Corsi Otálora- de los bravos negros que enarbolaban orgullosos los pendones de la Orden de San Luis- y no de los morochos mercenarios de D’elía. Por eso decía Ramón Doll que “hay negros de todos los colores”.

    Pero determinadas cosas vinculadas a nuestro 25 de Mayo, los admirados carlistas parecería que no quieren ver, o ven a medias, y entonces precipitan sus juicios. No quieren ver, por ejemplo,la gravísima crisis moral del Imperio Español, sintetizada en aquella sentencia tan dura cuanto cierta de Richard Heer: “España estaba gobernada por un galán frívolo, una reina lasciva y un rey cornudo”. No quieren ver que, a comienzos de 1810, sólo quedaban las apariencias de España, con “los franceses que salen por un lado y los ingleses que entran por el otro”, según afirmación de Benito Pérez Galdós en “El equipaje del Rey José”. No quieren ver que tanto ultraje, tanto vejamen, tanta depredación y anonadamiento de la Madre Patria, eran males causados por sus mismos reyes felones, por su misma borbonidad traicionera, por la vacancia y la acefalía cobarde de una Corona, que ya no era la de los siglos del Descubrimiento y la Evangelización.

    Y no quieren ver –como lo ha sintetizado certeramente Luis Alfredo Andregnette Capurro, replicando a Federico Suárez Verdeguer- que “las Cortes de 1810 y 1812, pletóricas de iluminismo jacobino, y Fernando VII con su avaricia absolutista, precursora del liberalismo, sellaron la destrucción del Imperio Católico. Crimen incalificable, porque la Revolución (en el sentido del verbo latino volver hacia atrás),aspiró a una unión más perfecta con la Metrópoli”. Crimen que se ejecutó con varias puñaladas traperas, como cuando el 24 de septiembre de 1810, las Cortes de Cádiz aprobaron la ley por la cual se dispuso la extinción de Provincias y Reynos diferenciados de España e Indias, en clara señal de abolición de los honrosos Pactos sellados por Carlos V en Barcelona el 14 de septiembre de 1519.

    ¿De qué lado estaba entonces la traición? ¿De los americanos que se levantaban jurando fidelidad al rey Cautivo, deseando conservar sus tierras, aunque reclamando la necesaria autonomía para no ser arrastrados por la crisis peninsular, o de la casa gobernante española que pactó la rendición ante Napoleón Bonaparte? ¿Quiénes eran los leales, los que se rebelaban aquí, a imitación de los combatientes hispánicos, para comportarse como súbditos corajudos y lúcidos, o aquellos funcionarios, cortesanos y monarcas que se desentendieron vilmente de la suerte de estos Reynos, como lo gritaba Fray Pantaleón García en el Buenos Aires de 1810? ¿Adónde la fidelidad? ¿En las intrigas borbónicas para convertirnos en pato de la boda, como decía Saavedra; o en este surero Buenos Aires levantado en hazañas, primero contra el hereje britano, y contra los alcahuetes de Pepe Botella después, y en ambos casos, levantado siempre con la bandera de España entre los mástiles?

    A ver si nos vamos entendiendo.

    La historia es historia de lo que fue, no de lo que pudo haber sido, o de lo que nos hubiese gustado que fuera.

    Nos hubiese gustado que el Imperio Hispano Católico no se extinguiera; y que nosotros nos constituyéramos en “la última avanzada de ese Imperio”, como cantaba Anzoátegui. Nos hubiese gustado que Mayo no hubiese sido necesario; y seguiremos repitiendo con José Antonio: “si volvieran Isabel y Fernando, ya mismo me declaraba monárquico”; esto es vasallo de aquella Corona por la cual la monarquía se reencontró a sí misma como forma pura y paradigmática de gobierno.

    Nos hubieran gustado tantas cosas.

    Pero los hechos se dieron de otro modo, seguramente por permisión de la Divina Providencia. Y no renegamos de nuestro Mayo Católico e Hispánico, ni de una autonomía que no era desarraigo, ni separación espiritual, ni ingratitud moral. No renegamos de aquellos patriotas que, portadores de sangre y de estirpe hispanocriolla, tuvieron que batirse al fin, heroicamente, para que esa autonomía fuese respetada.

    ¿Ves, querido Marcelo, porqué es tan difícil hablar o escribir sobre el 25 de Mayo?

    ¿Qué festejamos ese día? El Mayo masón desde ya que no. Ese será el del Bicentenario Oficial. Un festejo tan desnaturalizado y horrible como lo fue el de la gloriosa Reconquista y Defensa de 1806-1807. Será el Mayo falsificado y ruin, liberal y marxista, agravado por el magisterio soez de Felipe Pigna –nuevo Taita Magno de la Historia, como lo ridiculizaría Castellani- según el cual, Moreno fue el primer desaparecido y Saavedra el primer represor. Y lo peor es que a esta obscenidad llaman algunos ahora revisionismo histórico.

    El Mayo de algunos de nuestros entrañables amigos españoles, tampoco podríamos festejar. Para ellos lo de aquí fue una simple traición a España; y aunque traidores hubo, sin duda, tuvo aquel acontecimiento protagonistas centrales transidos de lealtad y de fidelidad, de arraigo espiritual y encepamiento religioso, de recto y fecundo amor al solar natal, de prudente, gradual y legítimo sentido de emancipación americana.

    El Mayo de los revisionistas heterodoxos, que vieron en aquellas jornadas de 1810 un alzamiento de orilleros resentidos y desarrapados rencorosos, tampoco es celebrable. Entre otras cosas, porque no existió. El piqueterismo es cosa de este siglo. Tampoco el Mayo de los católicos liberales, que creyeron calmar sus conciencias encontrando alguna tonsura entre los revolucionarios, aunque enseñaran las peores macanas modernistas.

    Si algún Mayo recuerdo con gratitud,emoción y decoro; con absoluta austeridad de manifestaciones festivas, es el que encarna aquel Comandante de Patricios, que afirmando con meridiana claridad que se alzaba contra franceses e ingleses -y contra todos aquellos que aquí o acullá quisieran comprometer el destino de estas tierras franqueándoles las invasiones- puso su condición militar al servicio de Dios y de entrambas Españas.

    De él dijo Braulio Anzoátegui: “Saavedra era un militar que jamás andaba sin uniforme, porque comprendía que un militar sin uniforme es una persona peligrosa que de pronto le da por pensar como un político cualquiera, y piensa y es capaz de olvidarlo todo; es como una dueña de casa que olvida lo que vale la docena de huevos. En esto se parecen las malas dueñas de casa a los malos militares: en que no saben cuánto valen los huevos”.

    Saavedra lo sabía. Y tenía fama de saber estas cosas fundamentales. Por eso, el Capitán Duarte lo quiso proclamar Rey de América. Pero Moreno lo acusó de borracho y lo desterró de la ciudad. También desterrado acabaría Saavedra.

    Curioso destino el de nuestros hombres de armas. Si no saben cuánto valen los huevos los nombran Generales. Si proclaman nuestra soberanía pasan a la historia por borrachos.

    Te mando un abrazo fuerte
    En Cristo y en la Patria

    Antonio Caponnetto

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    Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA. Historia (XLI)

    A propósito de conmemorarse el 24 de Mayo la Batalla del Pichincha:
    CAUSAS DE LA

    INDEPENDENCIA*.

    ***
    Como en todo hecho trascendental, debemos distinguir las causas remotas, profundas, y las que son inmediatas, más o menos circunstanciales. Hay dos causas remotas, evidentes: la decadencia de España y la formación de una personalidad hispanoamericana diversa de la hispanopeninsular.
    Entre las causas inmediatas debemos considerar principalmente: 1ª El influjo de la independencia de los Estados Unidos; 2ª El de la Revolución francesa; 3ª De las ideas revolucionarias liberales que presidieron estos dos movimientos; 4ª El afán inglés de acabar definitivamente con el Imperio español; 5ª La labor de la masonería; 6ª La situación crítica que sobreviene a España por la invasión napoleónica; 7ª Resentimientos personales, y 8ª Limitaciones económicas.

    A) Causas remotas
    La decadencia de España obedece a un proceso de biología política de explicación sencilla. Esta nación hace un esfuerzo extraordinario durante dos siglos (fines del XV a principios del XVII), en los que combate en todos los puntos de la tierra: en África y en Flandes, en América y en Oceanía en Asia, y en los océanos; y combate contra moros y contra herejes protestantes; contra turcos y contra ingleses, contra franceses y flamencos; y al mismo tiempo envía a millares de sus hijos a que creen nuevos mundos en las tierras salvajes que devoran a los que se aventuran por ellas. Este esfuerzo continuado, creador y gigantesco, le desgasta; y sus rivales, que unidos resultan más poderosos, valiéndose de toda clase de medios, al fin le vencen. España exhausta vive de su gloria, pero deja de empuñar el cetro de Occidente, el que pasa a Francia e Inglaterra. Con su vitalidad disminuida, no tiene: fuerza suficiente ni para presidir de manera eficaz la vida del Imperio, que comienza a resquebrajarse, ni para mantener una política independiente que obedezca a su espíritu, a su misión histórica y a sus intereses, y cae en la órbita de sus antiguos rivales, cuyos fines sirve.
    No sólo hay despoblación catastrófica, sino también decadencia espiritual. Si en tiempo de los Reyes Católicos contaba España con unos diez millones de habitantes, al cabo de un siglo, después de la muerte de Felipe II, no tenía más de cinco; lejos de duplicarse, se había reducido a la mitad. Concomitantemente se había ido perdiendo, a manera de evaporación, la afirmación eficaz de los propios valores y el propio destino. España ya, no era ni se sentía eje de Occidente; había pasado a ser accesoria, segundona, pronta a imitar a sus antiguas rivales, disminuida de personalidad.
    Entonces las novedades francesas e inglesas se procuran copiar al pie de la letra, sea en la superficialidad de los vestidos, sea en la brillantez de las ideas enciclopedistas, sea en la misteriosa introducción de las logias masónicas. Se había empequeñecido en todo sentido; y ni siquiera, en el afán de imitación, había logrado subir al coche de la técnica en que se habían embarcado sus competidoras.
    Ya se comprende que así no podía dar vitalidad a las grandes extremidades del Imperio. La falta de fe en sí de la cabeza misma, contagia a los demás. Muchas veces sin explicarse, subconscientemente, criollos y mestizos, aun honrándose de pertenecer a España, sentirían enfriamiento, alejamiento, desconfianza. La vida iba muriendo en las articulaciones imperiales. Y un proceso semejante presenciamos ahora en los países europeos que desangraron física y espiritualmente al español.
    Por esa mecánica que existe en los acontecimientos sociales, correlativamente con la, decadencia española iba fortaleciéndose el organismo de las colonias. Se había formado un nuevo tipo racial, un nuevo tipo humano, que más que mestizaje sanguíneo lo tenía psíquico. Era el fenómeno que estudiamos al hablar concretamente del mestizaje; era la influencia de un medio diverso en el hombre europeo.
    A cada persona humana corresponde una personalidad, un modo se ser; a los hispanoamericanos correspondía una personalidad que no era, la de los hispanopeninsulares; consecuentemente, las entidades regionales de Hispanoamérica que habrían de dar origen a los actuales Estados, tenían personalidad colectiva diversa de la española. América, con su vida igual, pacifica, religiosa, inundada de indios sojuzgados, suaviza las aristas hasta en el modo de hablar. No se oirán en gargantas americanas las duras y jotas, ni se diferenciarán las zetas lo español perderá dureza en América, pero perderá también definición el español. Se presentará más expeditivo, más francote y directo, más mandón; el hispanoamericano, más sutil; más amanerado, más cortés, más lleno de rodeos menos enérgico y menos alegre. El que tiene más acusado sentido de acción suele mirar despectivamente al que lo tiene en grado inferior; de ahí que los nórdicos miren del hombro para abajo a los mediterráneos; los occidentales a los de Oriente; algo semejante sucedía con españoles e hispanoamericanos. Era natural que esto sucediera. Allí en plena decadencia, el español conservaba, sus aristas intransigentes y duras, que las sabía hincar al rato menos pensado; si no, díganlo los franceses, que tuvieron que habérselas con un 2 de mayo, con Zaragoza y con Bailén, y dígalo la, España de 1936, que le hizo, exclamar a Claudel: “Dijeron que dormías y habías quedado estéril y en un momento has despertado y poblado los cielos con un millón de mártires”. El español, expeditivo, duro y proveniente de un medio, más culto, más civilizado y con el control de los primeros cargos y dignidades, tenía que ver desdeñosamente al hispanoamericano, menos enérgico nacido en un medio menos adelantado.
    Cuando el hispanoamericano culto midió sus armas con el hispanoeuropeo culto o con otros europeos y se dio cuenta de su valer, trocó la natural admiración por lo español, en resentimiento; se sintió preterido injustamente; juzgó, luego, que era un atropello y una explotación que se prefiriera para el gobierno a gentes venidas de la Península, cuando en la propia tierra había personas capaces y de méritos. Y muchos patriotas fueron simplemente hombres de mérito que recibieron estos agravios u otros provenientes de las instituciones de la época, que les hicieron reaccionar tanto contra las instituciones como contra la autoridad española y aun contra España. Ese fue el caso de Miranda y el de Espejo, que reciben agravios personales, y el del marqués de Miraflores, que los recibió en su padre y lo mismo sucedió con muchos religiosos y habría pasado con Mejía si su pronta ida a España no le hubiera colocado en situación brillantísima que contrastaba con sus humillaciones en Quito y no hubiera llegado a apreciar a los españoles al compararles con los franceses invasores.
    Al sentirse agraviados, ya se comprende cómo se haría violenta la convivencia de criollos y chapetones y cómo habrán caído, mutuamente pesadas, las personalidades respectivas. Entonces, se comenzó en América a repudiar a lo español y se oiría en las calles de Quito, en 1765, el grito de “Mueran los chapetones, ¡abajo el mal gobierno! (¡Viva el Rey!)”. Este principio de reacción antiespañola no, lo pudieron suprimir ni hombres como Carondelet, todo él gallarda generosidad, ni menos los que empezaron a emplear medidas radicales, muy españolas y muy explicables por la época y las circunstancias, por cierto, pero que acabaron por encender inconteniblemente la hoguera.
    Lo único que habría, cabido entonces era una, oportuna y amistosa, aunque dolorosa y forzada, retirada española ; pero ya se comprende que era casi imposible. No cabe ejemplificar con lo actuado por Inglaterra con la India, pues ni nosotros somos hindúes, ni España Inglaterra, ni mediados del siglo XX es lo mismo que principios del XIX; y recuérdese cómo fue de dura y larga la lucha entre la metrópoli y las colonias inglesas, que se independizaron a cañonazos.
    He aquí cómo la afirmación de la personalidad hispanoamericana, al dar a nuestros dirigentes consciencia de su propio valer, condujo a la separación de España. Estudiadas las causas remotas de la independencia, pasemos a las otras.

    B) Causas inmediatas
    Entre ellas, como dejamos indicado arriba, tuvieron influencia decisiva las ideas democrático-liberales, y las revoluciones por ellas engendradas, especialmente la de independencia de los Estados Unidos y la francesa.
    Las ideas revolucionarias tienen su origen remoto y doctrinario en la revolución religiosa, protestante del siglo XVI, y en el inmediato desarrollo económico de la burguesía. Tienen filósofos alemanes e ingleses que las ayudan con sus lucubraciones y cuentan en el siglo XVIII con propagandistas entusiastas tales como Voltaire, el satírico mordaz, destructor de todo lo que hasta entonces había sido respetado; Juan Jacobo Rousseau, el teorizador del origen del Estado en el pacto social de los hombres primitivos; el barón de Montesquie, admirador de las instituciones inglesas, autor de “El espíritu de las leyes”, y los enciclopedistas tales como Diderot, D’Alembert, etc., que frecuentaban las tertulias de damas aristocráticas pagadas de su intelectualismo y que hicieron su Enciclopedia.
    Aquellas ideas, propugnadas por estos intelectuales, algunos de ellos escritores sugestivos, se presentaron tumultuosamente en Francia a partir de 1789 y llenaron de entusiasmo a varias mentalidades jóvenes de América, noveleras de las últimas teorías, ansiosas, de sobresalir y con espíritu apto para aceptarlas, dada la oposición, no, exenta de envidia, con los peninsulares, favorecidos con preeminencias, y dada la aureola romántica que rodeaba a ciertos personajes que habían intervenido con el pensamiento o la acción en las revueltas de Francia, romanticismo que hace presa fácil en la gente joven.
    Este conjunto de ideas se propagó en América, no obstante la vigilancia de las autoridades españolas en el mercado de libros; ostentaba como principios fundamentales el derecho de rebelión del pueblo contra la autoridad, el origen meramente popular de la misma, la independencia de los poderes del Estado, y el sufragio universal como medio de designar autoridades; y estaba informado por las tesis o dogmas rousseaunianos, tales como él de que los hombres son buenos por naturaleza, pero corrompidos por la sociedad, y el de que el origen de ésta estuvo en el contrato primitivo de los asociados, esto es, en el “pacto social”, hecho imaginario que sólo tuvo realización al tiempo en que vivía Rousseau en un país, esto es, en los Estados Unidos, y que fue tomado por los secuaces de Rousseau como mera interpretación del hecho social.
    He aquí los principios que causaron novedad y entusiasmo en las postrimerías del siglo XVIII, que provocaron la Revolución francesa y que, al ser bebidos por varios intelectuales de América Hispana, sirvieron de fermento que, unido, a otros factores estudiados ya o por estudiarse a continuación, produjeron la revolución de independencia.
    Pero si los principios liberales actuaron directamente sobre el espíritu de algunos americanos influyentes, también ejercieron influjo en la Independencia por medio de los hechos por ellos engendrados, tales como el ya anotado de la Revolución francesa y aun antes de ella, por medio de la independencia de los Estados Unidos. En cuanto a ésta, nos basta observar lo siguiente: 1º Que varios revolucionarios, especialmente Miranda, esgrimieron el argumento de que si España había ayudado a la independencia yanqui, Inglaterra, para, desquitarse, debía de ayudar a la de Hispanoamérica; 2º En Estados Unidos se preparó al menos una expedición revolucionaria contra el gobierno español; 3º El ejemplo de Estados Unidos, que comenzaba con entusiasmo su vida independiente, sirvió de continuo modelo de los independentistas hispanoamericanos, que se enamoraron hasta de cosas propias de los Estados Unidos, como el sistema federal, lo que, al tratar de imitar infantilmente, desde México hasta Venezuela y desde Nueva Granada hasta Buenos Aires, ocasionó guerras sangrientas entre los mismos independentistas y motivó más de uno de sus fracasos frente a la reacción realista.
    Pero junto al liberalismo y a los hechos por él engendrados o por él apoyados, hubo otros elementos doctrinarios o sectarios que intervinieron en la disolución del Imperio español; nos referimos principalmente a la masonería.
    El liberalismo y la masonería no sólo actuaban directamente por medio del influjo sobre los independentistas o patriotas, sino que se infiltraban en la misma Península y tomaban posiciones, maniatando a España en su defensa contra la revolución emancipadora, y así vemos a secuaces de ellos, como el general Riego, sublevarse en Cabezas de San Juan cuando se disponía a embarcarse hacia América para debelar la revolución. Inglaterra y Francia contaron con el liberalismo y la masonería como aliados poderosos para someter a los políticos españoles a sus fines nacionales, aunque ello fuera en mengua de los intereses de España. La misma expulsión de los jesuitas de América, golpe fatal para la obra de España en nuestros países, fue algo en que tuvo bastante que ver la masonería (Nota editorial: y habría que ver hasta que punto esta expulsión no fue una maniobra generada desde adentro de la misma Compañía para batir a las Españas y a su Imperio). Al estudiar este acontecimiento en el número 228 de la tesis anterior, ya lo hemos indicado, influyó en el relajamiento de los vínculos de España con las colonias; y en la tesis siguiente veremos cómo algún jesuita, al desvincularse del Imperio español, hizo de uno de los precursores en la Independencia.
    En la historia y en el espíritu de la masonería pueden anotarse estos caracteres: 1º Alianza con el judaísmo y con el imperio británico; 2º Anticlericalismo y anti-catolicismo fanáticos en los países latinos; 3º Oposición a las formas tradicionales de vida de estos pueblos; 4º Secretismo y espíritu de grupo o círculo.
    De la relación de estos caracteres de la masonería puede deducirse mucho saber el por qué de su intervención activa en la Revolución francesa, de su apoyo a Napoleón en los primeros tiempos, para luego volver las espaldas y coadyuvar con Inglaterra para su caída; asimismo puede deducirse el por qué de la intervención masónica en la disolución del Imperio español, Imperio católico, el primero, a partir del siglo XV, en haber tratado radicalmente el problema judío (con la expulsión de estos de todos sus territorios), aferrado a las bases constitutivas de su grandeza, como todo gran pueblo, y representante de la antítesis de Inglaterra.
    (Sigue…)

    La masonería, pues, como hemos visto, comenzó su labor de zapa al introducir en sus filas a varios políticos y militares españoles, desde el siglo XVIII después actuó directamente sobre los revolucionarios de América, a quienes relacionó, captó y encubrió. Así vemos, por ejemplo, que Miranda, Bolívar y San Martín ingresaron en las logias aun cuando más tarde, algunos de ellos como Bolívar, renegara de ellas y las disolviera en el Perú y Colombia, acusándolas de constituir un peligro para el orden, el progreso y la paz del Estado (1).
    He aquí cómo el liberalismo y la masonería fueron factores inmediatas de la Independencia en cuanto actuaron directamente sobre los patriotas; y fueron factores mediatos o remotos (resaltado en el original) en cuanto al apoderarse de algunos dirigentes e infiltrarse en algunos organismos del Imperio español, precipitaron el espíritu disolvente que se inició al comenzar la decadencia hispana (resaltado en el original).
    Nos falta, pues, hablar del otro socio de la empresa antiespañola: de Inglaterra.
    Este país, como hemos dicho antes, por motivos de hegemonía imperialista y de, índole doctrinaria o sectaria, procuró en todo momento, dar al traste con el poderío de España, valiéndose de todo medio. Apoyó en un principio con cautela a los precursores de la Independencia y después, abiertamente, a los revolucionarios; todavía, conserva el Ecuador una deuda de varios millones de sucres por esa ayuda inglesa (el texto es de 1951; la “deuda inglesa” se terminó de pagar al fin en el gobierno del Gral. Guillermo Rodríguez Lara 1972-1976, después de casi 200 años de haberla adquirido [!] ). Pero juntamente con el apoyo con gente, armas y pertrechos a los revolucionarios hispanoamericanos, trató de hacer sus conquistas directamente; y así, en 1806 toman los ingleses Buenos Aires y dan los primeros pasos para, hacer cosa semejante con Chile, pero fracasan en sus proyectos por la brillante reacción de los argentinos, que los expulsan tras lucha sangrienta. Este mismo rechazo hace sentir a los criollos su fuerza y les alienta para conseguir la autonomía. Sin embargo, Inglaterra seguirá ayudando la, revolución independentista, vengando de esta manera, además, el apoyo que España dio a los Estados Unidos para su independencia.

    De los resentimientos o de reacciones contra reales o supuestos agravios, hemos hablado ya al tratar en el número 297 de la acentuación de una personalidad hispanoamericana; y tocarnos ahí este problema porque se presentó como tal, ya avanzada la Colonia, como consecuencia de una diferenciación llena de amor propio entre el criollismo y el hispanismo peninsular; es decir, como resultado de una afirmación más o menos consciente de la idiosincrasia y afanes de los hispanoamericanos frente a los hispanoeuropeos. Sin embargo, por la época, en que se presentan, esto es, ya cerca de la época de la. Independencia, les hemos clasificado entre las causas inmediatas, o próximas.
    Las diferencias económicas y la oposición de intereses entre España y América, tenían que presentarse tarde o temprano, en cuanto las colonias aumentasen en población -por lo mismo, en necesidades- y los colonos desarrollasen la natural tendencia de enriquecimiento y de poder, máxime si había las ofertas tentadoras de los enemigos de la Metrópoli.
    Mientras a España le interesaba, para el mejor control del Imperio y aun para su mejor defensa frente a rivales y enemigos, orientar la economía hacia la unidad armónica, a los productores de diversas regiones, que veían lo suyo y no la totalidad del Imperio les interesaba la prosperidad local, lo que veían y palpaban. Si se les ponían limitaciones que restringían lo que querían producir o vender, tenían que sentirse incómodos. Esto llegó a constituir un problema sobre todo en el Virreinato de Buenos Aires; no sucedió lo mismo en la Audiencia de Quito, pese a, la gravísima crisis que vino por las calamidades geológicas y sanitarias.
    Queda una última causa de la Independencia, más inmediata, la más próxima a todas, la que, unida, a las anteriormente expuestas, dio ocasión y pretexto para el alzamiento general de, las colonias hispanoamericanas: la invasión de España por Napoleón.
    Este caudillo entró en la Península en son de amigo, ya que eran aliadas Francia y la Madre Patria, contra Inglaterra se proponían las dos castigar a Portugal, aliado de Inglaterra; pero cuando las tropas francesas estuvieron en gran número en España, se quedaron como dominadoras provocando la reacción heroica de los españoles. Estos luchaban como podían y principalmente mediante el sistema de guerrillas, contra los hasta entonces invencibles ejércitos napoleónicos; lograron ganar alguna victoria en batalla campal, como la de Bailén; se hicieron fuertes en algunas ciudades como Gerona y Zaragoza, que defendieron con valentía no conocida en Europa en esos días, y constituyeron juntas provinciales o regionales de defensa contra el “intruso” y “tirano Bonaparte”.
    Estas Juntas al fin se reunieron en una, que adoptó el título de Suprema, la, que, acosada por los franceses, se refugió en Sevilla y luego pasó más al Sur, alojándose en la isla, de León, frente a Cádiz; nombró un Consejo de Regencia que gobernaría en ausencia de los reyes, presos en Francia, el que convocó a Cortes, las que se reunieron en Cádiz integradas también por diputados americanos, entre ellos los ecuatorianos Mejía, Olmedo, Matheu y Rocafuerte, descollando admirablemente el primero, como ya veremos y dejando de concurrir el último. En estas Cortes se dejan sentir fuertes influencias liberales y masónicas, que procuran romper el orden tradicional de España, en buena parte con el apoyo de los diputados americanos.

    Esta situación caótica de España que dejamos descrita, dio lugar a que en América se formaran también Juntas Patrióticas de defensa semejantes a las españolas, pero que en general constituyeron una mera simulación organizada por americanos independentistas (autonomistas en verdad) quienes, so pretexto de oponerse a las autoridades afrancesadas y a los emisarios que mandó Napoleón, trabajaban por la Independencia, engañando o tratando de engañar doblemente, sea a las autoridades españolas, sea al pueblo, que, generalmente, no sentía el afán de independizarse.

    C) Causas internas, externas y -mixtas.
    De todas estas causas de la Independencia, que hemos diferenciado en remotas y próximas, podemos hacer una segunda clasificación tripartita: 1º La decadencia del Imperio español, la formación de una personalidad hispanoamericana, la oposición entre criollos y peninsulares, y las dificultades económicas, son factores internos; 2º La influencia inglesa, francesa y yanqui, son causas externas; 3º Los factores doctrinarios o sectarios participan de las dos primeras categorías; son causas externas, porque fueron promovidas desde afuera; y son causas internas, porque se infiltraron en el organismo del Imperio.
    ______________
    Notas:
    * Extraído de la obra de Jorge Luna Yépes: “Síntesis histórica y geográfica del Ecuador”, 2ª Edición, Ediciones de Culutura Hispánica, Madrid 1951, pp. 332-343.
    **Dr. Jorge Luna Yépes: (Quito 1909) Político y escritor revisionista, autor entre otras obras: “Síntesis Histórica y Geográfica del Ecuador” -2 ed. Quito y Madrid-, “El pensamiento de ARNE”, etc. Fundador de ARNE- “Acción REVOLUCIONARIA NACIONALISTA Ecuatoriana”, en 1943. 2º Jefe de ARNE.
    (1) Son célebres los vehementes denuestos de Bolívar a las organizaciones masónicas después de que rompió con ellas, en especial a raíz del asesinato frustrado en Bogotá. “En las logias he hallado, dijo, uno que otro hombre de mérito, algunos de buena fe, muchos pícaros y una multitud de imbéciles engañados”. Los cita en sus memorias su edecán Perou de la Croix.


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    Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    HISTORIA (XII)

    A propósito de la mal llamada “Gesta Libertaria” o peor “El Primer Grito de la Independencia” o para ser más ironicos todavía la “Independencia”, que en realidad fue una guerra civil imperial -que será expuesta en su verdadero significado en un próximo post- a rememorarse el día 10 de Agosto. Como siempre para que piensen… (si es que aún pueden)… ¡AH! y por cierto… de paso una frase de nuestro “genio” y “libertador” (¿de qué?) Bolívar sobre nosotros, para que veamos lo mucho que nos quería y amaba:
    “Yo creo que le he dicho a Ud., antes de ahora, que los quiteños son los peores colombianos. El hecho es que siempre lo he pensado. Los venezolanos son unos santos en comparación de esos malvados. Los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo. Los blancos tienen el carácter de los indios, y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio moral que los guíe.”
    Carta de Bolívar dirigida a Francisco de Paula Santander para solicitare más tropas.
    Nos preguntamos que pensaría su “adorada” Manuelita, que cometió el error de dejarlo vivo….
    _______
    VISIÓN CONTRA-CORRIENTE DE LA
    INDEPENDENCIA AMERICANA

    Luis Corsi Otálora (*)

    No había pasado un año del triunfo “”"patriota”"” en la Batalla del Pichincha, cuando las fuerzas “españolas” -criollas en su mayor parte- del Crnel. INDIO Agustín Agualongo, acantonadas en Pasto, se sublevaron e intentaron marchar hacia Quito. Batalla de Ibarra de 1823. Combate dirigido por el dignísimo INDIO pastuso Gral. Agustin Agualongo bajo el lema Por la Religión, la Patria y el Rey ( sus últimas palabras antes de ser fusilado fueron ¡Viva el Rey!) al mando de los realistas criollos contra Bolívar.
    __________


    “La liberación de las espaldas de indígenas por la introducción de bestias, bien merecen, corno el asno, más estatuas que tantos de nuestros libertadores”.
    José Vasconcelos
    “La España nos ha hecho la guerra con hombres criollos, con dinero criollo, con provisiones criollas, con frailes y clérigos criollos y con casi todo criollo”
    Germán Roscio en carta a Bolívar
    “…dentro de las filas realistas descollaba doña María Antonia Bolívar, hermana de Simón, largo tiempo exiliada en Cuba, en donde se mantuvo con pensión de las autoridades reales.”

    ______

    Era de suponer que la ocupación de una potencia extranjera en áreas tan vastas como las de Hispanoamérica se tradujese en sus rasgos esenciales, cuales son los de significativos volúmenes transitorios de población alógena dedicados a la exacción de sus riquezas, con el apoyo armado de fuertes contingentes integrados por personas sin vínculo con la región, afín de poder ejercer una represión sin escrúpulos.
    Ninguno de estos factores jamás llegó aquí a ser configurado.
    En efecto, si bien es cierto que en comienzo se dio un fuerte flujo de oro y plata hacia la Península Ibérica, éste -en sus cuatro quintas partes- estaba constituido por el pago de semillas, ganado, herramientas y mercancías indispensables a la puesta en valor del desarrollo económico en sus diferentes zonas; en un detallado cuadro que va de 1515 a 1600 Alberto Pardo muestra como la balanza comercial durante este período desde España fue de 67.637 toneladas de exportación contra 43.728 toneladas de importaciones (1). El impacto de las nuevas tecnologías transmitidas a través de ellas fue verdaderamente espectacular, pues si un hombre con sus solas fuerzas necesita 40 días para preparar una hectárea, este tiempo se reduce a un día cuando lo hace con un arado y dos caballos; hasta el temprano 1570, de la Metrópoli se habían despachado 20.000 rejas para arados. El tiempo de corte de un árbol con hacha de acero descendía de dos meses a dos días, por lo cual los indígenas se batían a muerte por su adquisición; y una herradura de acero valía más que su peso en oro.
    De ahí que con José Vasconcelos, el insigne ensayista mexicano del siglo XX pueda concluirse: “La liberación de las espaldas de indígenas por la introducción de bestias, bien merecen, corno el asno, más estatuas que tantos de nuestros libertadores”.
    En cuanto a los flujos migratorios es bien sabido de su sentido irreversible; el asentamiento era logrado a través de grupos enteros de familias ya conformadas, incluso con párroco a la cabeza, como uno que al salir de Antequera (España) en 1520 estaba constituido por 34 familias con 90 hijos. En los albores de los años 1800 la proporción de nacidos en la península no pasaba del 1.5%; este era el caso de Venezuela, en donde eran muchos, en total 12.000 personas, en su mayoría funcionarios, sobre 800.000 habitantes con los que entonces contaba dicha Capitanía (2).

    Y ya también en este período terminal hasta la contribución tributaria para gastos de administración diplomacia y defensa era irrisoria; el imprescindible Barón de Humboldt constaba sobre el terreno: —La mayor parte de aquellas provincias (a las cuales no se da por los españoles el nombre de colonias sino de reinos) no envían caudal alguno neto a la Tesorería General” (3). Esta apreciación era refrendada por J. M. Restrepo, por cierto futuro Ministro Republicano de Bolívar: “Las rentas públicas con que contaban el capitán general de Venezuela y el virrey de Santa Fe para sostener los establecimientos civiles, militares y eclesiásticos… apenas bastaban para los gastos en la Nueva Granada… en Venezuela quedaba algo para la Metrópoli (4).
    Más aún, el aparato militar del Estado Hispánico era simbólico en la práctica; se limitaba a la defensa de las plazas fuertes en las costas, porque en el interior era tal el consenso que bastaban unos cuantos voluntarios nativos agrupados en “milicias”. De nuevo es el insospechable de parcialidad J. M. Restrepo quien lo confirma: “Las fuerzas que el Virrey de Santa Fe tenía a sus órdenes para defender el Virreinato eran harto insignificantes. Constaban de tres mil ochocientos hombres de tropa de línea de todas armas con nueve mil de milicias” (5).
    De ahí que al desencadenarse la insurrección republicana, correspondiere hacerle frente a los realistas criollos, ya que todas las fuerzas de la Península Ibérica estaban en integral movilización para arrojar la usurpación napoleónica. El propio Ministro de Guerra informaba a las Cortes que a Venezuela, eje del conflicto, sólo habían podido ser despachados entre 1811 y 18 15 tan sólo 1.800 hombres, casi todos el año anterior.

    De los 10.000 de la expedición de Morillo en 1815, más del 20 % siguieron al Perú y Puerto Rico (6) ; el resto resultó diezmado, no sólo por el sitio de Cartagena de Indias, sino por el mortífero clima, siendo tan sólo posteriormente reemplazado a cuenta gotas. Entonces no era de extrañar que en pleno 1820 el Dr. Germán Roscio escribiera con angustia y desconcierto a Bolívar: “La España nos ha hecho la guerra con hombres criollos, con dinero criollo, con provisiones criollas, con frailes y clérigos criollos y con casi todo criollo” (7).
    Hasta el punto que un republicano tan destacado como el general Joaquín Posada Gutiérrez llegó a expresar: “He dicho poblaciones hostiles porque es preciso se sepa que la independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes… los ejércitos españoles se componían de cuatro quintas partes de los hijos del país; que los indios en general fueron tenaces defensores del gobierno del Rey, como que presentían que como tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República (8).
    En una de sus importantes obras, Javier Ocampo López recuerda que en los 12.600 soldados realistas de la Batalla de Ayacucho, sólo 600 eran peninsulares (9); se impone entonces hablar de su integración y comando a través de todo el conflicto.
    Es cierto que, sobre todo al comienzo, en la alta oficialidad realista primaba el origen peninsular; la inexperiencia militar de 300 años de paz en estas provincias así lo exigía. No obstante, en la medida en que se extendía y prolongaba la guerra el ascenso de los criollos era continuo; máxime que, ya fue mencionado, los refuerzos europeos sólo llegaban a cuenta gotas, mientras el clima hacía tales estragos dentro de sus filas que el “pardo” coronel Rafael López, comandante de la caballería realista llanera, en el curso de sorprendentes entrevistas mantenidas con su par rival, el general J. A. Páez, relata este mismo, intercedía por los “pobres europeos”.
    Era tan hábil y valeroso dicho coronel Rafael López que cuando murió en combate en el curso del año de 1818, el propio Bolívar hizo un largo viaje para constatar su muerte, haciendo desenterrar su cadáver, pues consideraba tal acontecimiento más importante que el triunfo en una gran batalla. El ministro e historiador Restrepo aclara que luego de tal diligencia no se procedió a ahorcar su cadáver; tal como ha sido insistentemente afirmado (10).
    Ahora bien, este aporte de ultramar no constituía un rasgo de las filas realistas. Por el contrario, su proporción fue mayor en las republicanas, a las cuales afluyeron miles de mercenarios, residuos de las conflagraciones napoleónicas, los Wilson, Ferguson, O’Leary, Lacroix, Miller, etc., etc.; en la sola Venezuela el imprescindible Restrepo contabiliza 5.088 entre oficiales y soldados (11).
    De la actuación de esta gente tenía tan mala idea el nacionalista general Francisco de Paula Santander que ya en Agosto de 1822 escribía a otro alto oficial republicano:
    “Me alegro que te hayas deshecho de los ingleses, afortunadamente quedan todas las propiedades de secuestros no son bastantes para sus peticiones: además es gente que se acuerda siempre de su país, de su nación y en un lance serían sus servidores. Me parece, pues, mejor comprometerlos que se consuman: Pocos servicios y muchos para gastos han hecho a la república”; acontecimientos futuros le darían razón a sus prevenciones, en lo sucesivo cada vez más intensas. No obstante, toda la escuela del reaccionario Laureano Gómez se iría lanza en ristre contra él, llegando a escribir en pleno 1940, cuando el imperialismo inglés había llegado a su cenit, luego de saquear medio mundo y mantener bajo su férula una constelación de naciones con 475 millones de habitantes (Las antiquísimas India y Egipto dentro de ellas) que gemían sobre 35 millones de agobiados kilómetros cuadrados: “En ese documento hay una triste prueba de la ingratitud de Santander con los héroes de la Legión Británica ¡Qué pronto olvidó las proezas de que fuera testigo en la campaña del año 1819!, ¡Qué pronto olvidó el heroico arrojo que decidió la victoria de Carabobo! Para Santander no merecía sino la línea de Puerto Cabello, donde los devoraría la fiebre” (12)
    Esta mención a la campaña de 1819 permite abarcar otra influencia de la “pérfida” aunque sagaz Albión, esta vez en el seno mismo de las propias filas realistas.
    En efecto, al dibujarse en el panorama la perspectiva de importantes combates en el centro del virreinato de la Nueva Granada, se encontraba a la cabeza de la 111 División allí acantonada el joven e inexperto coronel José María Barreiro; su propia oficialidad, apoyada por el virrey Sámano, le había pedido entregar el mando al célebre coronel Sebastián de la Calzada, a quien por derecho le correspondía, máxime que era considerado casi criollo por su larga trayectoria en América. Se negó hacerlo, con el apoyo y respaldo del general en jefe, don Pablo Morillo; su derrota resultó aplastante en la poco sangrienta (sólo 13 muertos) aunque decisoria Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819 (13).
    Luego de caer prisionero, el coronel Barreiro intentó salvar su vida presentando un argumento de peso al general Santander: El de sus diplomas de masón (14).
    No le sirvió, actitud que anuncia un posterior cambio de rumbo de su interlocutor.
    En cuanto a la carrera de su amigo el general Morillo cabe el recordar que de extracción de las más humildes, asciende durante la invasión napoleónica al grado de sargento; y combate con valor a las órdenes del duque de Wellington, comandante del cuerpo expedicionario inglés. Con el apoyo de éste y a pesar de ser casi analfabeto, obtiene en el curso de seis años sucesivas promociones que le llevan a la dirección de la expedición a América en 1814, siendo su nombre preferido al de varios virreyes; su afiliación a las Logias Masónicas, registrada por sus biógrafos (15) permite responder al inquieto Jean Descola: Que pensamiento oculto, casi maquiavélico, había inspirado la designación de Morillo, quien partiendo de Cádiz con consignas de amnistía debía unos diez meses más tarde escribir a su rey con ingenuidad: “Para subyugar las provincias sublevadas, una sola medida, exterminarlas” (16).
    No obstante, tampoco cabía, toda la responsabilidad a este humilde suboficial, al cual, como a Francisco Pizarro y a tantos otros abría el Imperio Hispánico las puertas de la más encumbrada nobleza. En sus duras e impolíticas decisiones debieron pesar las opiniones de sus lugartenientes criollos. ya abrazados por los estragos de la guerra civil; por ejemplo la del Dr. Faustino Martínez, antioqueño, quien era prácticamente su Ministro de Justicia, la del profesor universitario santafereño, José Domingo Duarte, Intendente, que había ejercido gran influencia sobre otro modesto personaje en ascenso, José Tomás Boves.
    En cuanto a los más altos oficiales es de citar al aindiado general José Manuel de Goyeneche, conde de Guanqui, natural de Arequipa y delegado de la Junta Suprema de Sevilla; mientras estuvo al mando de la-s tropas en el sur del continente, se mantuvo imbatido. (17)
    Y cuando las fuerzas realistas se dividieron en liberales y absolutistas, el comando de estas últimas correspondió al general peruano Pedro Antonio de Olañeta, quien libró contra los republicanos la última gran batalla formal en América, la de Tumulsa, que tuvo lugar el 1 de abril de 1825, luego de la de Ayacucho; pero como a pesar de haber fallecido en el combate sus fuerzas se negaban a entregar las armas, máxime cuando se supo, póstumamente de su nombramiento como virrey, de acuerdo a las leyes del Reino correspondía este cargo a otro general peruano, don Pío Tristán, quien lo asumió, y en tal calidad se vio obligado a capitular, resultando en extremo significativo que el último virrey de América fuese criollo.
    Este hecho hace resaltar aún más el epílogo trágico y grandioso de la dirigencia realista criolla del Perú, la cual, encabezada por el marqués de Torre Tagle, se encerró en la fortaleza del Callao y allí pereció con 5.000 de sus conciudadanos, la élite realista, luego de más de un año de asedio: Cartagena de Indias sólo había resistido tres meses y medio a Morillo. El 23 de enero de 1826 el comandante José Ramón Rodil se vio obligado a rendir la última gran fortaleza del Imperio en la América del Sur; también resulta significativo que los dos primeros presidentes del Perú, José María de la Riva Agüero y el marqués de Torre Tagle hubiesen regresado a las filas realistas, como también lo hizo en Venezuela el Presidente del 1er Congreso Constituyente de ese país, Juan Rodríguez de Toro.
    Y seguramente, de mediar mejores circunstancias lo hubiese hecho en la Nueva Granada don Antonio Nariño, quien varias veces estuvo a punto de dar este paso; no sólo por la evolución de sus convicciones sino por la presión de su hijo Gregorio, una de las figuras más prestantes del realismo local. Seguramente no se decidió porque al regresar de las prisiones donde estaba recluido, junto con otros destacados monarquistas liberales de la Metrópoli, pudo constatar en los congresos republicanos el acomodamiento muy a la colombiana de notables figuras del Antiguo Régimen que como el Dr. José Félix de Restrepo -el gran adversario del utilitarismo y la esclavitud- se creían en capacidad de hacer variar el rumbo nuevo, adaptándose a sus formas; no contaban con una marea masónica que en lo sucesivo condicionaría la vida del país, sobre todo en un comienzo cuando era difícil encontrar un prócer republicano que no estuviese afiliado a las logias (18).

    En cambio en Venezuela la polarización había sido casi total, con masivos desplazamientos de población y fraccionamiento de familias enteras; tanto que dentro de las filas realistas descollaba doña María Antonia Bolívar, hermana de Simón, largo tiempo exiliada en Cuba, en donde se mantuvo con pensión de las autoridades reales. En tal fenómeno jugó un gran papel la infatigable acción conscientizadora del Dr. José Domingo Díaz, el más destacado publicista de la posición realista; ningún testimonio tan diciente como el de su antagonista de entonces, el neogranadino José Manuel Restrepo: “Este hombre de una familia oscura… (sus) Cartas… contribuyeron sobremanera a extraviar la opinión pública y a fomentar las insurrecciones contra Bolívar y demás jefes independientes (19).
    Pero no eran solamente sus “Cartas” o artículos que aparecían en móviles periódicos portátiles, como el Posta Español del general Morales; su acción se extendió a todos los Cabildos de Venezuela, los cuales adhirieron al célebre “Manifiesto Trilingüe” firmado por todos ellos en el curso de 1819 y divulgado el mundo entero en tres idiomas. Parece que también a su pluma se deben las resonantes “Memorias del General Morillo”, aparecidas en París en 1826 con suplemento suyo; y desde luego, con su firma en Madrid en 1829 “Recuerdos sobre la Rebelión de Caracas”.
    En la Nueva Granada es de destacar la amplia influencia ejercida por el sólido y documentado pensamiento del Dr. José Antonio de Torres y Peña, de Tunxa, cuyas “Memorias sobre la Independencia Nacional” (1814) constituyen una respuesta en regla al “Memorial de Agravios” de don Camilo Torres; a su lectura fue tal la impotente cólera del General Santander que prácticamente lo condenó a muerte al desterrarlo a las más profundas y malsanas selvas, pese a su avanzada edad (20). De haber conocido su “Réplica al ciudadano Miguel de Pombo”, seguramente le habría hecho fusilar en el acto; aunque luego y con la sorprendente evolución experimentada por él ante los acontecimientos, habría reconocido que su antagonista había visto lejos y claro al profetizar: “Independientes en la apariencia aún no hemos llegado a calcular los males terribles que se seguirán a esa libertad insignificante sin recursos para sostenerla, sin comercio, sin contacto político en las Naciones Europeas, indefensos nuestros puertos, sin un hombre que dirija las operaciones militares, sin gente, sin disciplina, y, sobre todo, sin dinero, es una quimera el creer que el Nuevo Reino de Granada pueda figurar como soberano y sostener todo el aparato de una nación independiente; él vendrá a ser, atendida su debilidad y miseria, la presa del primer pirata que se presente en nuestras costas; entonces, entregados como manadas de ovejas, al extranjero, sentiremos todo el peso de las cadenas y un sistema bárbaramente colonial se dejará ver entre nosotros con todos sus horrores. Entonces si conoceremos que cosa es la opresión, entonces veremos como son las cadenas y la esclavitud (21).
    Ahora bien, y para concluir, podrá ser subrayado con Enrique de Gandía el carácter intestino del conflicto de la Independencia recordando que “La guerra en la Nueva España no fue ningún movimiento de tipo nacional, sino una verdadera guerra civil, culminada en el hecho representativo de que un criollo sea el que abandone México con la bandera rojo y gualda, y tres españoles los que hagan su entrada triunfal en la ciudad, portadores de la bandera tricolor” (22). Y como si fuera poco, dentro de las mismas filas republicanas combatieron destacadas personalidades peninsulares, tales como don Antonio González, marqués de Valdeterrazo, quien al regresar a la Metrópoli llegó hasta la Presidencia del Consejo del Rey, así como el general Infante, allí Ministro y cabeza de una Asamblea Constituyente; en la Gran Colombia se recordará al Dr. Manuel de Torres nada menos que hasta su muerte a cargo de la Embajada en Washington.

    NOTAS:
    (*) Luis Corsi Otálora: Economista e historiador colombiano. Docente Universitario. Obras: Autarquía y Desarrollo, De la democracia al partido único; Bolívar: Impatco del desarraigo; etc.
    (1) Alberto Pardo Pardo. Geografía Económica y Humana de Colombia. Bogotá. 1979. Pág. 351 (Ed. Tercer Mundo).
    (2) Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Tomo 1. Besanzon 1858. Pág. 295 (Ed. Jacquin).
    (3) Citado Alvarado Uribe Rueda. El Tiempo. Bogotá Agosto 25 de 1988.
    (4) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo 1. Op. cit. Pág. 21.
    (5) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo 1. Op. cit. Pág. 21.
    (6) Vallenilla Lanz. Cesarino Democrático. Op. cit. Pág. 7.
    (7) Vallenilla Lanz. Cesarino Democrático. Op. cit. Pág. 16.
    (8) Indalecio Liévano Aguirre. Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de nuestra Historia. Tomo III. Ed. Nueva Prensa. Pág. 248 (Sin fecha).
    (9) Javier Ocampo López. El Proceso Ideológico de la Emancipación en Colombia. Bogotá 19 80. Pág. 245. (Ed. Colcultura).
    (10) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo 11. Op. cit. Págs. 593-594.
    (11) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo 11. Op. cit. Pág. 608.
    (12) Laureano Gómez. El mito de Santander. Bogotá 1971. Págs. 78-80. (Ed. Populibro).
    (13) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo Y Op. cit. Págs., 529 y 596.
    (14) Américo Carnicelli. La Masonería en la Independencia de América. Tomo 1. Bogotá 1970. Pág. 172.
    (15) Restrepo. Historia de la Revolución. Tomo 1. Op. cit. Pág. 425. Antonio Rodríguez Villa. El T. General Pablo Morillo – Madrid 1920 – Pág. 116 (Ed. América).
    (16) Descola. Libertadores. París 1977. Pág. 332.
    (17) La Independencia Americana. Enrique de Gandia. Buenos Aires 196 1. Pág. 156 (Ed. Mirasol).
    (18) Américo Carnicelli. Historia de la Masonería Colombiana. Bogotá 1975.
    (19) Restrepo. Historia de la Revolución. Op. cit. Tomo V. Pág. 579.
    (20) Torres y Peña. Memorias sobre la Independencia Nacional. Op. cit. Pág. 25.
    (21) Impugnaciones al Impreso del ciudadano Miguel Pombo. Boletín Cultural y Bibliográfico. Banco República. Vol. VI NI 6. Pág. 823.
    (22) De Gandía. Independencia Americana, Op. cit. Pág. 24.



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