Por ejemplo, el bilingüismo natural de los catalanes catalanohablantes, que siempre hablaron catalán con su familia y sus amigos catalanohablantes y castellano en el colegio. Y hablaban muy bien los dos idiomas y tenían mucha facilidad para aprender otros (también ayudaba la complejidad fonética del catalán, de la que carece la mayoría de los demás españoles). Ahora, con la inmersión forzosa en catalán (que debería ser opcional pero enseñando en todo caso ambas lenguas de cataluña) hablan cada vez peor castellano (el catalán que hablan no lo puedo juzgar, pero tampoco creo que sea tan bueno). Basta oír hablar a un catalán en castellano por la televisión y ver que, entre otras cosas, pronuncia la x como si estuviéramos en el siglo XVI.

Es cierto que no todo el mundo está dotado para los idiomas, pero tampoco conviene cerrarse tanto a ellos si se puede aprender alguno. Conocer varios idiomas y entender otros pocos no me ha hecho menos español. Al revés, me ha hecho apreciar más el español y lo español, y no por chauvinismo, sino por la experiencia de los años. Considero que aprender idiomas y viajar es una experiencia enriquecedora; lo que está mal es el deslumbramiento ante lo extranjero y el complejo de inferioridad respecto a lo propio, enfermedad endémica en España, donde por lo menos desde la generación del 98 para acá nos han estado inoculando con el virus antiespañol y hemos llegado a ser probablemente el país más antipatriótico que exista. Pero cuando España fue grande, cuando el sol no se ponía sobre nosotros, cuando contuvimos el aluvión mahometano en Europa mediante la reconquista y más tarde con Lepanto, cuando el pueblo se alzaba contra Napoleón, o contra los liberales en las Guerras Carlistas, o incluso en la Cruzada del 36, todavía no estaba muy podrida España. De lo contrario no habría podido hacer esas hazañas, ni conquistar continentes, y nuestros Tercios no habrían sido muy diferentes de cualquier partida de mercenarios.

Después de seis años en Hispanismo y más de 10 200 mensajes, nadie que me haya leído puede poner en duda mi amor a España y a todo lo hispano. sin embargo, como sabéis soy un apasionado de los idiomas y las palabras (para los números soy un desastre), y vivo de la traducción y la enseñanza de idiomas. Y también me apasiona leer sobre diversos países y culturas. Y he viajado algo por el mundo, aunque más que nada he vivido en países hispánicos. Porque tampoco se trata de rechazar todo lo foráneo, que tiene también mucho de bueno. Pero eso sí, al final, sin dejar de apreciar lo bueno de otras culturas u otros idiomas, al final siempre termina uno apreciando más lo propio. Que es lo mismo que dije más arriba de saber otros idiomas, que con el tiempo he llegado a apreciar mucho más al español. Me he ido dando cuenta de que los romances, y el castellano en particular, son por lo general más ricos en vocabulario y en matices que el inglés.

Y aprovecho para recordar algo que creo que ya dije en una ocasión de Francisco Elías de Tejada, una de las mayores eminencias que ha dado España en el siglo XX, aunque nadie lo mencione nunca por ser políticamente incorrecto para lo que se estila hoy en día. Este gran intelectual carlista que durante muchos años enseñó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y fue en su tiempo un destacado jurista y autor de textos jurídicos muy utilizados en los estudios universitarios aunque hoy en día esté proscrito, era un genio para los idiomas. Dominaba todas las lenguas de España (y era de Badajoz) y además el portugués, el inglés, el alemán, el italiano (estaba casado con una italiana) y el latín y el griego clásicos, y con diversos grados de fluidez lenguas como el ruso, el chino, el bantú y bastantes más. Fue un gran antropólogo que viajó mucho y escribió numerosos libros sobre culturas de los más diversos lugares del mundo. Eso sí, como buen católico nunca perdió de vista la perspectiva, por lo que sin dejar de apreciar lo que hubiera de bueno o interesante en otros pueblos, era consciente de la superiordad de la cultura de la Cristiandad y nunca cayó en esas tonterías de igualar todas las culturas o creer en el "buen salvaje" y semejantes estupideces. Por eso no es políticamente correcto y actualmente prefieren citar a impresentables como Lévi-Strauss o degenerados como Margaret Mead y otros. Pero Elías de Tejada, sin dejar de apreciar lo que hubiera de bueno en otros pueblos y culturas, era consciente (sin duda más por haberlos conocido) de la superioridad de la cultura cristiana europea, de la Cristiandad, del Catolicismo y de la Hispanidad. Son recomendabilísimos los numerosos libros que escribió sobre distintos territorios hispánicos, tanto en la Península como en otras partes de Europa, y para mí que constituyen lo mejor de su siempre recomendable obra. Títulos como Nápoles hispánico, Cerdeña hispánica, Franco-condado hispánico, y un larguísimo etcétera, entre los que no faltan preciosos libros sobre Cataluña, Mallorca y las demás regiones.

Como digo, el mal no está en conocer idiomas, sino en la actitud. Y por supuesto, concuerdo al 100% en que en España, o no se enseñan idiomas o se enseñan mal, y en que estos bilingüismos e inmersiones actuales hacen más mal que bien.