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Tema: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

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  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    En el mensaje sobre los testimonios de terceros se me pasó poner el de una figura importante, el de su hijo y heredero político Don Sixto Enrique de Borbón. Don Sixto Enrique siempre ha tratado, según confesión propia, de seguir en su actuación política, en todo momento, las mismas ideas que su Padre Don Javier sostuvo durante toda su vida. Es pues también un testimonio valioso en favor de la ortodoxia de Don Javier y su exención en la culpa del desviacionismo revolucionario oficialmente propalado por Carlos Hugo a partir de 1969.

    Se podría objetar que lo que hace Don Sixto Enrique es simplemente un acto de piedad filial en el que, a semejanza de los hijos de Noé cuando éste se emborrachó y se quedó desnudo, trataría de "cubrir" las supuestas "vergüenzas" de su padre de sus últimos 8 años de vida (1969-1977), pregonando una especie de mentira "piadosa" acerca de cuál era la verdadera mentalidad política de su Padre en esos sus últimos años de ancianidad.

    Sin embargo esto no se sostiene, porque estamos hablando aquí de cuestiones capitales e importantísimas que no pueden admitir duda alguna, pues de lo contrario el propio Don Sixto Enrique se estaría haciendo solidario de esos errores supuestamente defendidos por su Padre y quedaría, en cierto modo, desautorizado. Es por ello, como digo, que su testimonio en favor de su Padre vale mucho y desautoriza el que pudieran realizar los otros hijos (Carlos Hugo, María Teresa, Cecilia y María de las Nieves) que se separaron y traicionaron los principios de la legitimidad tradicionalista.

    La versión de los hechos está tomada de uno de los Apéndices del libro-entrevista realizado a Don Sixto Enrique "Secrets de Princes". Dejo primero la versión original francesa (únicamente he españolizado los nombres propios) y, a continuación, una traducción mía (no domino el francés, lo digo por si alguien quiere revisarlo por si hubiera algún fallo involuntario de traducción).

    Défection de Carlos Hugo et attitude du Prince Sixto Enrique



    Dés le début des années soixante, on a pu observer chez le Prince de Asturies un changemente de position totalement étrangère au carlisme. Ce processus apparatut aut grand jour et de façon évidente à partir de 1970. Le Prince Javier vieillissant ne souhaitait pas désavouer son fils héritier, en dépit du mécontentement des Carlistes. De son côté, le Prince Sixto Enrique qui se trouvait alors à Lisbonne, se montra prudente et ne prit aucune position publique. Les événements se précipitèrent en 1975. Des notables carlistes écrivirent en premier lieu au Roi Javier et au Prince Carlos Hugo; puis, ils firent appel au Prince Sixto Enrique qui répondit en levant aut le drapeau traditionaliste face à la trahison de Carlos Hugo.

    L`affrontement fut très dur, y compris sur le plan personnel et la famille se divisa en deux: d´un côté Carlos Hugo et seus soeurs cadettes, María Teresa, Cecilia et María de las Nieves. De l´autre, Sixto Enrique et sa soeur aînée Franscisca, princesa de Lobkowicz.

    En mai 1976, à Montejurra, cette montagne de la Navarre oú se célèbre chaque année le souvenir d`une mémorable Bataille, les deux freres et leurs partisans s´affrontèrent, laissant deux morts sur le terrain. Le Prince Javier écrivit alors a sa soeur Doña Enriqueta lui disant, à propos de ces événements qu`une nouvelle fois, comme en 1936, les Carlistes s`etaient heurtés aux révolutionnaires. Les Carlistes, c´etait clair, étaient les partisans de Sixto Enrique, les révolutionnaires du côté de Carlos Hugo.

    Dans la déclaration du 4 mars 1977 qu´on a appelé son “testament politique”, deux mois avanti son décès, le Prince Javier a dit bien clairement que la légitimité était du côté du Prince Sixto Enrique. Il en vâ de meme pour la Princesa Magdalena qui, telle une nouvelle Princesa de Beira, sauva le Carlisme en désavouant Carlos Hugo et en soutenant Sixto Enrique. En conséquence, quand mourunt la Princesa Magdalena, en 1984, et selon ses instructions, il fut interdit à Carlos Hugo et à ser soeurs María Teresa, Cecilia et María de las Nieves, d`accéder à la chapelle ardente.

    Le Prince Sixto Enrique a continué à assumer son rôle de porte-drapeau de la Tradition –une façon discrète de dire qu`i lest le roi légitime d`Espagne ou, tout au moins, son Régent, jusqu`à ce que soit connue la position prise par ses neveux, les fils du Prince Carlos Hugo.

    Deux documents récenos nous apprenent que Carlos Hugo a rompu avec les partisans révolutionnaires qui l´avaient suivi. Il a obtenu de Juan Carlos, la nationalité espagnole ce qui implique un acte soumission à l`usurpateur.

    Rappelons que le Prince Sixto Enrique qui avait demandé, comme son pére, la reconnaissance de sa nationalité espagnole, s`était heurté à l`opposition de Franco.

    1960-1977



    Traducción


    Defección de Carlos Hugo y actitud del Príncipe Sixto Enrique


    Desde el comienzo de los años sesenta, se pudo observar en el Príncipe de Asturias [Carlos Hugo] un cambio de posición totalmente extraño al carlismo. Este proceso apareció abiertamente y se hizo evidente a partir de 1970. El envejecido Príncipe Javier no quiso renegar de su hijo heredero, a pesar del descontento de los carlistas. Por su parte, el Príncipe Sixto Enrique, que estaba por entonces en Lisboa, se mostró prudente y no tomó ninguna posición pública. Los acontecimientos se precipitaron en 1975. Carlistas notables escribieron en primer lugar al Rey Javier y al Príncipe Carlos Hugo; después, apelaron al Príncipe Sixto Enrique quien respondió levantando la bandera tradicionalista frente a la traición de Carlos Hugo.

    El enfrentamiento fue muy duro, que incluía el plano personal, y la familia se dividió en dos: por un lado, Carlos Hugo y sus hermanas menores, María Teresa, Cecilia y María de las Nieves. Del otro, Sixto Enrique y su hermana mayor Francisca, princesa de Lobkowicz.

    En mayo de 1976, en Montejurra, la montaña de Navarra donde se celebra todos los años la memoria de una batalla memorable, los dos hermanos y sus partidarios se enfrentaron, dejando dos muertos sobre el terreno. El Príncipe Javier escribió entonces a su hermana Doña Enriqueta, a propósito de estos eventos, que una vez más, como en 1936, los carlistas se enfrentaron con los revolucionarios. Los carlistas, estaba claro, eran los partidarios de Sixto Enrique; los revolucionarios del lado de Carlos Hugo.

    En la declaración de 4 de marzo de 1977, que se ha denominado “testamento político”, dos meses antes de su muerte, el Príncipe Javier establece muy claramente que la legitimidad está del lado del Príncipe Sixto Enrique. Esto mismo ocurre con la Princesa Magdalena que, como una nueva Princesa de Beira, salvó al Carlismo al repudiar a Carlos Hugo y apoyar a Sixto Enrique. En consecuencia, cuando murió la Princesa Magdalena en 1984, y de acuerdo con sus instrucciones, se le prohibió acceder a la capilla ardiente a Carlos Hugo y a sus hermanas María Teresa, Cecilia y María de las Nieves.

    El Príncipe Sixto Enrique siguió cumpliendo su papel como portaestandarte de la Tradición –una forma discreta de decir que él es el rey legítimo de España o, al menos su Regente, hasta que se conozca la posición adoptada por sus sobrinos, los hijos del Príncipe Carlos Hugo.

    Dos documentos recientes nos dicen que Carlos Hugo rompió con sus simpatizantes revolucionarios que le habían seguido. Él obtuvo de Juan Carlos la nacionalidad española, que implica un acto de sumisión al usurpador.

    Recordemos que el Príncipe Sixto Enrique, que había pedido, como su padre, el reconocimiento de su nacionalidad española, se encontró con la oposición de Franco.

    1960-1977



    (Fuente: “Secrets de Princes”. Huguette Pérol. Anexo. Páginas 180-181.)
    Última edición por Martin Ant; 28/06/2014 a las 11:30

  2. #2
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    ALACRAN está desconectado "inasequibles al desaliento"
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    El traidor Don Javier de Borbón Parma y su esposa la "legitimísima regente" Dª Magdalena, ceden su "modesto chalé" para reuniones de los comunistas:

    En julio de 1974 se presenta en Paris la Junta Democráticade España, vertebrada y dominada por el PCE de Santiago Carrillo… Al pocotiempo se sumaría el Partido Carlista, con Carlos Hugo de Borbón a la cabeza;el PSP de Tierno Galván y Raúl Morodo y el Partido del Trabajo de España deEladio Castro.
    Referente a la incorporación de los carlistas a la Junta, asistí a una reunión en Francia,concretamente en el Chateau de Lignières, propiedad de don Javier y doñaMagdalena de Borbón Parma. A la reunión asistió, en representación del PC,Santiago Carrillo, y el doctor Gutiérrez Díaz por el PSUC catalán

    Josep Carles Clemente “Historias de la transición, el fin del apagón, 1973-1981”, pág 42
    Historias de la transición: el fin del apagón, 1973-1981 - José Carlos Clemente

    Es evidente que Carrillo y compañía entraron allí en limusina y un lacayo les abrió las puertas, luego caviar y champán y unas cuantas risotadas sobre el futuro de España: "¡Coño, qué bien vivís los de la nobleza!"
    Última edición por ALACRAN; 30/06/2014 a las 18:42
    jasarhez y Pious dieron el Víctor.
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

  3. #3
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Bueno, a mi modo de ver, el problema aquí no es tanto de tendencia historiográfica, sino de hechos históricos simplemente. Don Sixto, en una postura que respeto mucho, siempre ha querido salvaguardar la memoria de su padre demostrando con ello su conciencia católica y su deber de hijo; el problema es que es muy difícil hacerlo, cuando su padre en todo momento apoyó incondicionalmente los desmanes de su hermano mayor, sin censurale como regente del carlismo o reconvenirle lo más mínimo al menos en el plano paternal. El hecho de que don Javier entregase a su primogénito la fundación y dirección del partido bajo principios heréticos, para integrarlo en juntas o "platajuntas" democráticas, con estalinistas, separatistas, liberales de todo pelaje, masones, maoístas y socialdemócratas es algo absolutamente insólito en un verdadero príncipe de la Tradición; pero es que el problema NO es de principios de los años 70, que es cuando esto ocurre, sino que empiezan a principios los 60, cuando las ideas de Carlos Hugo empiezan a estar bastante claras, y hubieran bastado para desheredarle al menos políticamente.

    En lugar de ello, decidió dejarse llevar por su hijo y prestarle oídos a iluminados (como Clemente), que le inculcaron la absurda idea de que podrían ser los reyes del antifranquismo y la España democrática.

    De todas maneras, su mujer doña Magdalena no tiene nada que ver en estos desmanes, y según me consta siempre fue una princesa católica intachable.
    ALACRAN dio el Víctor.

  4. #4
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Bueno, a mi modo de ver, el problema aquí no es tanto de tendencia historiográfica, sino de hechos históricos simplemente.
    Pero el problema es que los nudos y simples hechos no constituyen por sí solos la verdad sobre una persona, sino que es necesaria una interpretación o explicación de la misma que dé el sentido correcto a dichos hechos: es ahí en donde entran los historiadores (y es ahí donde yo me acojo a los historiadores y pensadores católicos tradicionalistas como, por ejemplo, M. de Santa Cruz, mientras que ALACRAN prefiere acogerse al pseudohistoriador marxista Clemente, él sabrá por qué).

    Esto que digo de los hechos y de la interpretación no es algo gratuito. Usted mismo, DOBLE ÁGUILA, por ejemplo, en un mensaje anterior afirma lo siguiente: "Estaría bién colgar, si se encuentra disponible en la red, alguna de las cartas que le mandó don Javier a Franco allá por los años 50 en un intento de atraerselo. Estarían al mismo nivel de credibilidad que los discursos aquellos de tono "tradicionalista" que hizo don Juan a ciertos oficiales del requeté en los años 60; tengo por casa algún pequeño libro (ilegal por entonces) que le regalarían a mi padre o a mi abuelo donde aparecen; a ver si lo encuentro y lo pongo. Son muestras de a lo que podían llegar entonces los "candidatos", con tal de ganar apoyos dentro del régimen." O sea, que un hecho en sí mismo no vituperable como es el escribir cartas amigables para una colaboración política conforme al espíritu del 18 de Julio (dentro del marco de la nueva política de "mano tendida" o suavización de la oposición iniciada a partir de mediados de los `50) usted lo convierte, en virtud de la interpretación que usted le da, en algo vituperable. Por supuesto, la interpretación correcta es la continuación ideológica ortodoxa de Don Javier en coherencia con la misma línea doctrinal seguida desde su juramento ante el cadáver de Don Alfonso Carlos hasta entonces, pero con la diferencia de cambiar de estrategia o táctica política (la cual se podrá calificar de acertada o errónea, pero no de "oportunismo" por parte Don Javier o algo parecido equiparándolo arbitrariamente con el comportamiento de Juan Battemberg, completamente distinto y, éste sí, vituperable).

    Como diije antes, simplemente pongo este ejemplo a modo ilustrativo para hacerle ver que sí se trata de un problema de tendencia historiográfica, es decir, de interpretación (correcta o falsa) de los hechos. Pero aprovecho también, ahondando en ello, para comentar los dos ejemplos puestos por ALACRAN: el de la entrevista con Santiago Carrillo y el de la utilización del Castillo de Ligniéres por Carlos Hugo y sus amigos para sus tareas políticas revolucinarias.

    1º Ejemplo: En lo que se refiere a la entrevista con Santiago Carrillo, el pseudohistoriador Clemente da a entender que ya a partir de ahí Don Javier y Santiago Carrillo se convierten en poco menos que gemelos del alma.

    Situémonos primero en los hechos. Parece ser, según dice María Teresa de Borbón, que Santiago Carrillo se vio una única vez con Don Javier:


    Lignières, nuestro castillo, muchos años después: Santiago Carrillo acompañado de Simón Sánchez Montero y de otro compañero en la única entrevista que tuvo con mi padre (…)


    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Página 74).

    La propia María Teresa nos cuenta que la entrevista tuvo lugar la víspera del bautizo de Carlos Javier, es decir, el 21 de febrero de 1970.


    La víspera [del bautizo de Carlos Javier de Borbón en Lignières el 22 de febrero de 1970], don Javier, acompañado de don Carlos, se ha entrevistado con personalidades políticas españolas, Santiago Carrillo, Simón Sánchez Montero, (…)

    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Página 135).


    Es decir, que los hechos son que Don Carlos Hugo invita a casa y presenta a su Padre al nuevo amiguito que acaba de conocer en los contactos políticos que ha hecho en el extranjero dentro de su nueva política revolucionaria, conversan un poco Don Javier y Carrillo, y de ahí Clemente, aunque ciertamente no lo diga explícitamente pero lo da a entender, interpreta que la mentalidad de Don Javier viene a coincidir prácticamente con la de Carrillo.

    Pues bien. Yo también podría traer otros hechos acaecidos en ese mismo año 1970 que abogan por una interpretación distinta en lo que a la verdadera mentalidad de Don Javier se refiere acaecidos en ese año.

    Podemos, empezar, por ejemplo, con la carta que, como un año más, amablemente le remite Jean Ousset a Don Javier para su invitación un año más al Congreso de Lausana, en donde, recordamos, se iban celebrando esos últimos años la reunión internacional más importante de personalidades en defensa de la doctrina político-social católica tradicionalista:


    Office International des oeuvres de formation civique et d´action culturelle selon le droit natural et chrétien

    Secretariat des congreso: 49, rue Des Renaudes – 75 – Paris 17e – Tél. 924-77-87

    OOF.JO.FC. París, le 22 Janvier 1970

    A Son Altesse Royale le Prince Xavier de BOURBON PARME
    Château de Bost
    03 – BESSON


    Monseigneur,

    En adressant ci-joint à Votre Altesse Royale le Programme de notre 7ème Congrè international qui se tiendra à Laussanne, les 3, 4, 5 Avril prochaine, nous tenons à lui dire combien nous serions heureux l´accueillir à ces Journées, tout entières consacrées au développement d´un esprit d´unité doctrinale, à l´accroissement des liens d´amitié et à une meilleure synchronisation entre organismos dévoués à la restauration d´un ordre social chrétien.

    Daigne Votre Altesse Royale agréer l´expression de notre profond et respectueux dévouement.

    Le Président

    Jean Ousset [firmado]


    Traducción


    Monseñor,

    Adjunto se envía a Vuestra Alteza Real el programa de nuestro séptimo Congreso internacional que tendrá lugar en Lausana, los días 3, 4, 5 de Abril próximo, nos gustaría decirle cuánto estaremos encantados de darle la bienvenida a estas jornadas, todas enteramente consagradas al desarrollo de un espíritu de unidad doctrinal, al aumento de las amistades y a una mejor sincronización entre los organismos dedicados a la restauración de un orden social cristiano.

    Dígnese su Alteza Real a aceptar la expresión de nuestro profundo y permanente devoción.

    El Presidente

    Jean Ousset


    (Fuente: ARCHIVO FAMILIA BORBÓN PARMA)

    O si se prefiere, cotéjese la correspondencia y documentos personales de Don Javier de este año de 1970 con las distintas organizaciones católicas tradicionalistas a las que pertenecía o de las que era colaborador y/o simpatizante. A voz de pronto, podemos citar: RENOVATION DE L´ORDRE CHRETIEN (cuyo Presidente era el conocido publicista tradicionalista Almirante Penfentenyo); L´ORDRE DES CHEVALIERS DE NOTRE DAME POUR L´AIDE AUX PRISONNIERS; LE “COMBAT DE LA FOI” CATHOLIQUE (publicación católica tradicionalista, 1º de marzo de 1970); ORDEN ECUESTRE DEL SANTO SEPULCRO; ISTITUTO SACRO-CUORE TRINTÀ DEI MONTI; CONGRÉGATION DES SACRÉS-COEURS (PICPUS), etc...

    Resulta importante el caso particular de este año de 1970 porque la mayoría de estas organizaciones se centraron (junto con Don Javier) en el que era el tema "estrella" de aquel entonces: la defensa de la Misa Tradicional ante la reciente implantación manu militari del Novus Ordo Missae. En este sentido, encontramos en el Archivo de Don Javier el siguiente borrador de carta hecho a máquina:


    Très Saint-Père

    C´est avec une profonde tristesse que nous voyons disparâitre la Messe de Saint Pie V, qui fut notre nourriture spirituelle et celle de nos ancêstres, source de doctrine catholique.

    Il nous est incompréhensible que cette forme liturgique précise et traditionnelle se voit remplacer par une formulation moins exacte, et contenant des expressions pouvant favoriser de graves déviations doctrinales.

    Si des transformations liturgiques s´avéraient nécessarires, c´etait bien dans le sens opposé. Les deviations doctrinales actuelles rencent en effet, urgentes et necessaries un réaffermissement des verités dogmatiques. L´authenticité de la Présence réelle, le rôle imparti aux Anges et aux Saints la notion d´Offrande et de Sacrifice, notamment devraient se voir réaffirmer afin d´augmenter le sens du surnaturel et de rappeler que la Messe constitue bien une reproduction du Sacrifice de la Croix.

    Humblement prosternés aux pieds de Votre Sainteté nous osons demander comme une mesure urgente apte à stopper l´auto-destruction de l´Iglise, -conséquence de tant d´innovations,- que la Messe de Saint Pie V soit conservée, le nouvel Ordo Missae abrogé.


    Traducción

    Querido Santo Padre

    Es con una profunda tristeza que vemos desaparecer la Misa de San Pío V, que fue nuestro alimento espiritual y la de nuestros ancestros, fuente de la doctrina católica.

    Nos es incomprensible que esta forma litúrgica precisa y tradicional se vea reemplazad por una formulación menos exacta, que contiene expresiones que pueden facilitar graves desviaciones doctrinales.

    Si se necesitaban transformaciones litúrgicas, éstas eran en la dirección opuesta. Las desviaciones doctrinales actuales hacen, en efecto, urgentes y necesarias una reafirmación de las verdades dogmáticas. La autenticidad de la Presencia real, el papel asignado a los Ángeles y a los Santos en la noción de Ofrenda y de Sacrificio, debe ser reafirmado con el fin de aumentar el sentido de lo sobrenatural y de recordar que la Misa constituye de hecho una reproducción del Sacrificio de la Cruz.

    Humildemente postrado a los pies de Su Santidad, nos atrevemos a demandar como una medida urgente apta para detener la autodestrucción de la Iglesia, -consecuencia de tantas innovaciones-, que la Misa de San Pío V sea conservada, y el Novus Ordo Missae derogado.


    (Fuente: ARCHIVO FAMILIA BORBÓN PARMA)

    En fin, ¿para qué seguir? Lo que quería poner en claro, en definitiva y una vez más, es esa dicotomía entre la presentación de un hecho, y la interpretación que se pueda hacer del mismo en orden a identificar el verdadero y genuino pensamiento de Don Javier (en el caso del pseudohistoriador Clemente, lo interpretará como un dato a favor del supuesto cambio de mentalidad de Don Javier a terrenos revolucionarios, mientras que un historiador católico, por ejemplo M. de Santa Cruz, no lo interpretaría de esa forma, sino más bien como una más de las barrabasadas de Carlos Hugo para con su Padre).



    2º Ejemplo: El de la utilización del Castillo de Lignieres en 1974 por Carlos Hugo y sus amigos, lo cual es interpretado por Clemente (y le sigue en ello ALACRAN) como una aquiescencia y aprobación por parte de la legítima dueña de la propiedad, esto es, Doña Magdalena (y no Don Javier y Doña Magdalena como afirma mintiendo Clemente), a las actividades políticas desempañadas dentro de sus muros (con "caviar y champán", eso me temo que no sabría confirmarlo).

    Aquí la interpretación verdadera del hecho resulta aún más sencilla, y es de agradecer que DOBLE AGUILA implícitamente la abogue cuando afirma que: "De todas maneras, su mujer doña Magdalena no tiene nada que ver en estos desmanes, y según me consta siempre fue una princesa católica intachable."

    En efecto, Doña Magdalena, harta ya por la acumulación de idioteces que hacía su hijo Carlos Hugo, decide finalmente poner fin a este "cachondeo" de utilizar su casa para este tipo de actividades políticas revolucionarias, y desde entonces el Castillo de Ligniéres pasó a ser lugar de reunión de actividades políticas tradicionalistas, abriendo sus puertas a todos los sectores y grupos católicos tradicionalistas (tanto en el ámbito religioso -especialmente sacerdotes de la HSSPX- como del ámbito político) marginados de la sociedad actual; situación que continuó y ha continuado, por supuesto, con su digno hijo y heredero de la propiedad Don Sixto Enrique de Borbón (aunque no sé si "con caviar y champán"; eso es algo que dejo a la investigación de ALACRAN).


    Don Sixto, en una postura que respeto mucho, siempre ha querido salvaguardar la memoria de su padre demostrando con ello su conciencia católica y su deber de hijo; el problema es que es muy difícil hacerlo, cuando su padre en todo momento apoyó incondicionalmente los desmanes de su hermano mayor, sin censurale como regente del carlismo o reconvenirle lo más mínimo al menos en el plano paternal. El hecho de que don Javier entregase a su primogénito la fundación y dirección del partido bajo principios heréticos, para integrarlo en juntas o "platajuntas" democráticas, con estalinistas, separatistas, liberales de todo pelaje, masones, maoístas y socialdemócratas es algo absolutamente insólito en un verdadero príncipe de la Tradición; pero es que el problema NO es de principios de los años 70, que es cuando esto ocurre, sino que empiezan a principios los 60, cuando las ideas de Carlos Hugo empiezan a estar bastante claras, y hubieran bastado para desheredarle al menos políticamente.
    No. Los desmanes públicos de Carlos Hugo no comienzan hasta principios de los años ´70. A lo que usted se refiere es a lo que empezaba a asomar desde principios de los ´60 en alguna que otra conversación privada con Carlos Hugo (y que algunos conspicuos pensadores tradicionalistas empezaban, temerosamente, a vislumbrar como un tipo de mentalidad heterodoxa); pero en el ámbito político-público Carlos Hugo se adhería (luego, cuando se quitara la máscara, se vería que por puro oportunismo) a la política oficial que Don Javier y José María Valiente llevaban a cabo entonces de presentarse públicamente como la Dinastía del 18 de Julio (suavizando su oposición a Franco), política a la cual se ajustó, en su comportamiento público, Carlos Hugo, presentándose como Príncipe del 18 de Julio. Por lo tanto no tenía sentido, en aquel entonces, ninguna reconvención o desautorización pública contra su hijo, el cual mostraba en público un comportamiento doctrinalmente ortodoxo.

    Otra cosa distinta es cuando, a principios de los ´70, se produce el cambio ideológico público de Carlos Hugo; ahí sí que tendría sentido hablar de reconvención o desautorización pública de Don Javier que, efectivamente, como usted dice, no se produjo. Pero aquí de nuevo entra en juego lo que dijimos antes de diferenciar entre hecho (esto es, en este caso, la no realización de la desautorización pública de su hijo) e interpretación de ese hecho.

    Sin perjuicio de acogerme a la Conclusión Nº 3 del historiador católico Manuel de Santa Cruz de su artículo reproducido en un mensaje anterior, voy a traer aquí el texto del Testamento de Don Javier de 6 de diciembre de 1970 (que es el último que hizo), el cual sería ratificado, a nivel doctrinal, en la famosa Declaración de 4 marzo de 1977. ¿Por qué lo traigo a colación? Porque se podría decir que, si bien no hubo desautorización explícita de Don Javier a Carlos Hugo, se podría decir que sí la hubo implícita, pues en ese documento de 1970 Don Javier establece el carácter condicional de la verdadera adhesión a él al respeto de los mismos principios que él juró defender ante el cadáver de Don Alfonso Carlos (este argumento no es baladí, pues precisamente se sirvieron de él grupo representativo de legitimistas que enviaron las cartas a Carlos Hugo reconociéndole incurso en ilegitimidad política de ejercicio por no cumplir esa obligación condicional, y cuyos textos he reproducido en un mensaje anterior).


    Testamento de don Javier

    6 de diciembre de 1970.


    Para la hora en la que Dios Nuestro Señor me llame a rendir cuentas de mi larga vida y de los grandes deberes y responsabilidades que me impuso en sus designios, quiero dejar consignada en este Testamento Político, ante mi sucesor, mi familia, mis amados Carlistas y el pueblo español, sin lugar de dudas, la incontestable y doble legitimidad de la sucesión de nuestra dinastía, que se refiere tanto al orden sucesorio legítimo de la Corona de España como al mando supremo del Carlismo.

    La legitimidad histórica de la Monarquía Española, la encarnó durante más de un siglo la Dinastía Carlista y por rigurosa aplicación de las leyes sucesorias recayó en mi persona a la muerte de mi Augusto Tío Don Alfonso Carlos, quien reiteradamente lo declaró así en solemnes documentos desde el año 1934.

    A mi muerte, mi querido hijo y heredero, el Príncipe Don Carlos Hugo, será mi único sucesor legítimo y después de él, el Infante don Carlos Javier Bernardo y los demás hijos y descendientes varones legítimos que Dios le otorgue. Si llegaran a faltar éstos, sucederá mi segundo hijo el Infante Don Sixto Enrique y sus descendientes varones legítimos. Recuerdo que es deber de todos los Infantes y demás miembros de la Familia Real que tengan siempre como el mayor honor el reconocimiento y sumisión de los Infantes al Rey, que deben al Jefe de la Familia por ser su Cabeza y Rey legítimo. Esta sumisión de los Infantes al Rey es tan importante que nuestras leyes tradicionales castigan a los rebeldes y desleales con la pérdida del derecho de sucesión al trono para ellos y para sus descendientes. Pero esta legitimidad de nada serviría si no hubiera estado, y continuara estando, revalorizada en todo momento por el servicio al bien común, en constante renovación de antiguo Pacto de la Corona con la Nación. Sin ese servicio permanente de la dinastía a las libertades y derechos del pueblo, a cuya defensa vivimos consagrados, a costa de los mayores sacrificios personales, la Monarquía en sí carecería de sentido.

    Esta aceptación del Pacto la he ratificado solemnemente ante el cadáver de mi Tío el Rey don Alfonso Carlos (***), en 1936; posteriormente con el Juramento que empeñé bajo el Árbol de Guernica en 1936; y en 1952 en Montserrat, de mantener, respetar y defender los Fueros y libertades de todos los Pueblos de las Españas, así como con mi entrega total y la de mis hijos al servicio de la Causa de España. Mi solemne Juramento, renovación del que hicieron siempre los Reyes de las Españas, obliga a mis sucesores legítimos y en primer lugar a mi hijo Carlos. La necesidad de revisar, adaptar y poner al día los grandes principios Carlistas es constante obligación y responsabilidad de los Reyes de nuestra dinastía, en su natural y legítima evolución de acuerdo con las necesidades de los tiempos. Así también os he dejado ya consignada por escrito en documentos anteriores más extensos, y muy especialmente en el que doy con esta fecha misma, las grandes líneas de mi pensamiento doctrinal, como antes que yo lo hicieron los Reyes, mis predecesores. A este documento me remito, pues, en cuanto a la línea política que señalo a todos.

    Doy gracias a la Reina, compañera de mi vida, cuya inalterable voluntad de servicio y de sacrificio me sostuvo en los momentos más difíciles.

    El Príncipe de Asturias, mi fiel colaborador, que juntamente con Irene ha sacrificado tantas cosas con amor y generosidad, asegurando la continuidad directa de nuestra Dinastía en el Infante don Carlos Javier mi nieto primogénito.

    Al Infante Don Sixto Enrique, que sirvió bajo la bandera española, la cual juró en Melilla en el tercio Gran Capitán de la Legión, a las Infantas que recorrieron palmo a palmo España entera ante mil dificultades, dando el testimonio de la dinastía.

    A todos aquellos otros que sin militar en el Carlismo, y aun militando en otros campos, han colaborado con su voluntad de servicio al bien de la justicia y de la libertad, aportando su trabajo y lealtad.

    En fin, a todos vosotros, mi queridos Carlistas cuya tarea sigue firme para llevar a cabo la construcción política de España. Os doy a todos y a cada uno de vosotros las gracias por vuestra constancia, vuestros inmensos sacrificios, vuestra fidelidad y amor que han sido mi gran apoyo en tantos momentos difíciles de nuestra vida.

    Como habéis sido leales a mi y a los Reyes que me precedieron en el trono, o en el destierro, lo seréis a mi hijo Carlos y a sus herederos legítimos en su alta y difícil misión con la más completa disciplina y total acatamiento a su persona.

    A vosotros, mi queridos Carlistas, os está confiada la tarea de ser fermento de una sociedad nueva de intensa participación y constante compromiso político. Que Dios os guarde a todos y bendiga vuestros trabajos y nuestras Esperanzas.

    En mi residencia de villa Valcarlos (Arbonne), día seis de diciembre de mil novecientos setenta.

    FRANCISCO JAVIER

    Éste, mi Testamento Político, forma seis páginas y media manuscritas, numeradas y firmadas por mí.


    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Páginas 225-228).


    ------------------------------------------------------------


    (***)


    Juramento de Don Javier de Borbón Parma ante el cadáver de Don Alfonso Carlos (3 octubre 1936)


    En solemne y público cumplimiento de la promesa que hice a V.M. nuestro bien amado Rey D. Alfonso Carlos, vengo en este momento inolvidable a renovar mi juramento de ser el depositario de la Tradición legitimista española y su abanderado hasta que la sucesión quede regularmente establecida. Mi juramento de sostener y guiar a la Comunión Tradicionalista Carlista española, debe cumplirse en la época más grave de su gloriosa existencia; pero así como la vida del Rey que lloramos nos estuvo consagrada hasta su último trágico suspiro, así lo estará la mía hasta que Dios me otorgue la merced de terminar la misión de que estoy investido, tal como lo hubiera hecho el mismo Rey, Alfonso Carlos.

    Al tomar la bandera que el Augusto finado ha puesto en mis manos, me dirijo a todos, recordando que la Comunión Tradicionalista es católica antes que nada, patriótica en la unidad intangible de las variedades regionales, y esencialmente monárquica a través del curso fecundo de una historia milenaria y auténticamente española.

    La sangre de nuestros mártires de otros días ha hecho brotar generosa la de una muchedumbre de nuevos mártires que, ante el mundo desequilibrado de nuestros días, han mostrado a España levantándose en un arranque admirable de abnegación. La España que salvó a Europa rechazando a los moros; la misma que llevó a América la cruz y la civilización; la que impidió el dominio turco, en la memorable ocasión de Lepanto. La misma que hoy llama con magnífico ejemplo a toda Europa para batir las hordas de los sin Dios y de los sin Patria, que intentan el asalto y la destrucción de la civilización y de la Cristiandad.

    Vuestros gritos, «Dios, Patria y Rey», han unido a todas la fuerzas saludables en colaboración con el Ejército; unión que, por la fe y el valor de los requetés, tendrá ya bastante garantía de no romperse jamás, restaurando, por la amistad inquebrantable de los combatientes, la armonía más fuerte que la vida, que es base de la justicia y sagrada unidad del Ejército y cimiento de la verdadera vida de las naciones.

    Subyuga el honroso ejemplo de energía de la joven generación, ahora en armas, queriendo, con plenitud de viril voluntad, reconstruir la inmortal España creyente en Dios y en sus destinos universales, sobre las bases inconmovibles de la justicia, del orden moral y material y de la seguridad de todo bien en prosperidad de la Patria común.

    El llamamiento del Rey el mío se dirige a todos, y espero que sea escuchado más allá de las trincheras y de los odios.

    De todos modos, por duros que puedan ser los combates futuros, venceremos. Diríase que sólo cuando ya ha visto que la aurora de la victoria dora las cimas de la Patria, ha conseguido tomar descanso en la tumba el Augusto anciano cuyo cuerpo tenemos aún presente y que fue el último vástago directo de la gran dinastía carlista de los legítimos Reyes de España. La victoria es ya segura, y sobre ella se asentará la paz fecunda; el porvenir está asegurado, y no tardaremos a volver a este lugar para decir ante el sepulcro de V.M., presentando armas: Señor, os hemos obedecido; la victoria está acabada. Os damos gracias porque habéis sido el padre vigilante y el guía prudente que nos ha preparado esta victoria. La Dinastía Carlista, primera rama de la Casa de Borbón, al extinguirse directamente, ha dejado cumplida su misión de salvar a la España eterna.

    Al ascender al seno de Dios, no dejará V.M. de continuar guiando a España.


    (Fuente: “In memoriam. Manuel J. Fal Conde”. Ana María Fidalgo – Manuel M. Burgueño. Editorial Católica Española, S.A., Sevilla, 1980).


    En lugar de ello, decidió dejarse llevar por su hijo y prestarle oídos a iluminados (como Clemente), que le inculcaron la absurda idea de que podrían ser los reyes del antifranquismo y la España democrática.
    La lectura de la correspondencia y documentos privados de Don Javier me llevan, en principio, a suscribir (por lo menos para los primeros años siguientes al cambio ideológico público de Carlos Hugo de principios de los `70) esto que usted dice en este párrafo.

    Es posible que al principio la razón de que Don Javier no se opusiera a su hijo Carlos Hugo fuera el convencimiento de la buena fe que Don Javier presumía en su hijo Carlos Hugo, cuando éste le explicaba que ese lenguaje nuevo que se estaba utilizando era una simple táctica lingüística didáctica para llegar mejor a la gente de su tiempo, pero que no suponía menoscabo ninguno a los principios doctrinales políticos que Don Javier juró defender ante el cadáver de Don Alfonso Carlos. Es posible que esta explicación tranquilizara, temporalmente, la conciencia del anciano Rey y, por ello, confiara cándidamente en su hijo Carlos Hugo y en los amigos de éste (Clemente, etc...).
    Última edición por Martin Ant; 03/07/2014 a las 12:43

  5. #5
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Bueno. Continuo trayendo otro testimonio más que aboga por la interpretación exculpatoria de Don Javier (recayendo la reponsabilidad, por tanto, en Carlos Hugo) en los hechos de sus últimos años.

    En este caso se trata de un legitimista del que no se puede sospechar que pudiera caer en la tentación de una "idolatría" o una "canonización" (por utilizar las expresiones de ALACRAN) de Don Javier, pues se trata del que aparece firmando en primer lugar las cartas, transcritas en un mensaje anterior, en las que se reconoce la ilegitimidad de ejercicio en que incurre Carlos Hugo. Me refiero a Raimundo de Miguel.

    Reproduzco a continuación un escrito suyo, pero sin antes matizar y puntualizar que no es correcto afirmar, como dice Raimundo de Miguel, la deserción de toda la Dinastía. Pues, como el mismo De Miguel reconoce (dicho sea de paso) hubo miembros de la Dinastía que continuaron fieles a Don Javier y a la Tradición y al 18 de Julio (Don Sixto Enrique, Doña Magdalena, Doña Francisca, etc...). Por lo tanto más correcto sería hablar de deserción de parte de la Dinastía, pero no de toda.

    Y en cuanto a lo que afirma de que Don Sixto Enrique no es regente ni heredero, eso es una afirmación gratuita suya, pues viene ejerciendo hasta hoy como Regente como mínimo desde que recogió, con el apoyo de su Padre Don Javier, la Bandera de la Legitimidad y la Tradición en 1975 (tomando medidas para la reorganización de la Comunión, nombrando a D. Juan Sáenz Díez como Jefe Delegado, etc. etc...).



    Artículo de Raimundo de Miguel

    (Fuente: “Boletín Informativo del Círculo Cultural Aparisi Guijarro”. Noviembre 1980. Nº 28.) Visto en la web del partido politico CTC


    EL CARLISMO Y LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS


    III. LA DESERCIÓN DE LA DINASTÍA

    Por Raimundo de Miguel


    Era éste un evento para el que no estaba preparado el Carlismo. En su larga historia había sufrido y superado derrotas militares, traiciones horrendas, escisiones dolorosas, ingratitudes y desprecios sensibles, desventuras sin cuento. Pero el bloque granítico de pueblo y dinastía identificados en un ideal común, resistía imperterrito y volvía a la lucha política, con mayor coraje, si cabe, que antes, enardecido por la adversidad. Y con experiencias y anticuerpos para afrontar nuevos avatares.

    La lealtad carlista a sus reyes, precisamente por estar en el destierro y sufrir las mismas humillaciones y pobrezas que su pueblo, se había quintaesenciado y significaba la única compensación, la del honor de la fidelidad a la legitimidad proscrita, que permitía continuar encendida la llama de la fortaleza y el entusiasmo. Como no había la distancia que produce la presencia material en el trono, nuestros reyes, eran de verdad amigos, sus fotografías estaban en todos los hogares, había comunicación epistolar y personal y como de familia era el amor que se les profesaba.

    Era impensable que la Dinastía Legítima, la Dinastía Insobornable, claudicase; que renegase de su ideario y de su historia, que olvidase la sangre por ella derramada, que abandonase a sus leales y se pasase a las filas enemigas. ¡Eso nunca!. Pero pasó y el desconcierto dura todavía y no hemos sabido reponernos de sus perniciosos efectos.


    DON JUAN, EL PADRE DE CARLOS VII


    Se dice, sin embargo, que sí, que ya había acaecido algo semejante con D. Juan, el padre de Carlos VII, que se manifestó como liberal y reconoció a Isabel II. Pero el parecido es muy remoto y no sólo en el tiempo. Porque D. Juan obró con cierta gallardía; consideró que su conciencia no le permitía acaudillar a los veteranos de su padre D. Carlos Mª. Isidro, ni a los de su hermano el Conde de Montemolín y así lo declaró públicamente con sus palabras y con su conducta, desentendiéndose del Partido Carlista, de tal manera que nadie pudo llamarse a engaño. El que quiso, le siguió (y la historia no registra desplazamientos detrás de él), pero el que quiso, también quedó claramente enterado de la postura inequívoca de D. Juan, desde el primer momento. Pero aunque el daño no fue pequeño, el carlismo en masa supo a qué atenerse y así se volcó en su hijo Carlos VII, que levantó la bandera de la legitimidad y de la tradición.


    EL PRINCIPE D. CARLOS-HUGO


    No sucedió así en los tiempos que hemos tenido la desgracia de vivir. Me duele mucho hablar de este tema, por el gran afecto que profesé al hoy Duque de Parma, la íntima colaboración política de muchos años y las atenciones y deferencias con que honró mi modesta persona. Pero es mayor mi amor a la verdad y la necesidad de tener que tratar de este desagradable asunto en bien del Carlismo; aun cuando quiera pasa sobre él, como sobre ascuas.

    Ahora el Carlismo fue sometido a una deliberada demolición interior. Fue utilizada la lealtad a la Dinastía, para proyectar su empuje contra el Ideario, lo que necesariamente iba a dar lugar a su autodestrucción. Si esto fue lo directamente querido, sólo Dios lo sabe, aunque yo creo que no; pero el resultado no podría ser inevitablemente más que ése. ¿Cómo pudo pues llegar a producirse?

    Porque la maniobra fue efectuada subrepticiamente, en el transcurso de muchos años y nunca declarando el propósito verdadero, si es que había uno determinado desde el principio, o más bien, como el aprendiz de brujo, fueron desencadenadas fuerzas que no pudieron detenerse y arrastraron al autor a término en el que inicialmente no pensó llegar. Lo cierto es que solo se proclamó sin rebozo el llamado socialismo autogestionario, en el momento en que se consideró que toda resistencia doctrinal había sido barrida o borrada. Mientras tanto se mantuvo la cáscara, la apariencia del carlismo, al que se le estaba desnucleando en el interior.

    Si aquello hubiese sido dicho sinceramente al pueblo carlista, cuando empezaron a aparecer los primeros síntomas de alarma seguidos de las respetuosas protestas, la reacción hubiera sido inmediata y total en sentido contrario; pero no sólo no fue así, sino que se dieron toda clase de seguridades a quienes, mostrando disconformidad, pidieron explicaciones. Se habló de táctica política, de expresiones puramente verbales, de adaptaciones de léxico, de extralimitaciones particulares, etc., etc., fácilmente creíbles, aunque no gustosas y molestas, porque el amor a la Dinastía, cegaba el juicio y alejaba la sospecha como imposible, de que el Príncipe desembocase en la negación del Ideario y pretendiese arrastrar tras él a sus seguidores.


    EL PROCESO DE MUTACIÓN


    Visto desde las alturas del tiempo presente el camino seguido aparece muy claro; más difícil era verlo incursos en su desarrollo y mucho más, cuando el corazón se resistía a admitir las advertencias de la cabeza.

    Todos hemos sido testigos de la aplicación del análisis marxita (procedimiento de interpretación filosófico-política proclamado públicamente más tarde por D. Carlos-Hugo) a la historia del Carlismo, lo que significaba que éste era explicado desde dentro, con el mismo punto de vista que sus declarados enemigos; y como consecuencia el obscurecimiento de sus glorias más preclaras, el como pedir excusas por su conducta histórica, el renegar de su tradición política y hasta de la sangre derramada en cuatro guerras; el lanzar pelladas de barro sobre sus figuras más nobles y representativas,…; pero al mismo tiempo, eso sí, aprovecharse del prestigio político adquirido a costa de abnegaciones durante más de un siglo, utilizar la boina, los himnos y las banderas (hasta que considerados como no útiles ya a la nueva situación, fueran abandonados con vilipendio) y exaltar, al mismo tiempo y de manera paradójica para quienes se calificaban de demócratas, la lealtad; pero concebida no como la obsequiosa reverencia del hombre libre e independiente, sino como la adhesión puramente personal e incondicionada a un Príncipe.

    El carlismo así entendido, no era la comunión ideológica en unos principios inamovibles; era un “partido” más, una facción de comprometidos con una persona para colocarle en el Poder. El medio utilizado o los comportamientos exigidos, podrían ser todo lo cambiantes que las circunstancias exigieran para conseguir ese único objetivo. Por lo tanto había que prescindir de los principios para moverse en la praxis. De aquí que fueran presentados como no carlistas, como tibiamente afectos a la dinastía, si no como embaucadores o traidores en la historia pasada y en el momento presente, todos aquellos que ponían como norma de su conducta el ideario y no el sometimiento personal; los que condicionasen la obediencia a los imperativos de su conciencia; sin caer en la cuenta de que fueron los Reyes de la Dinastía carlista y muy especialmente D. Alfonso Carlos (de quien la rama Borbón-Parma traía su derecho) los primeros en obrar así y crear un magisterio.

    Luego, ya se arrumbó las tramoya y descaradamente se renunció al Dios, Patria y Rey, por el que lucharon nuestros padres, para aliarse con separatistas y marxistas en común resentimiento y proclamar la “nueva línea” del carlismo, en esa contradicción en los términos de socialismo en libertad.

    Es hecho comprobado en la historia, que tanto D. Carlos Mª. Isidro, como Carlos VII, pudieron haberse sentado en el trono de España con sólo haber hecho, no renuncia, sino silencio sobre sus convicciones políticas; pero el alto concepto que tenían de su honor, se lo impidió.

    Y como triste final de esta triste relación, D. Carlos Hugo, declinando de su carácter de sucesor de los derechos históricos de D. Javier (que dijo haber recibido por su abdicación) al de Presidente del Partido Carlista (ahora ya ex) no llegó a alcanzar ni un acta de diputado; ya no había carlistas que le votasen y tampoco lo hicieron sus recientes amigos ideológicos en democracia y socialismo.


    EL DOLOROS DEBER


    No he hecho más que bosquejar alguna de las partes del proceso y sin mencionar el periodo anterior de un indiscreto intento de colaboración con el régimen establecido, pero podría escribirse un libro. Quizá para un futuro sea necesario; pero para el propósito de hoy basta y sobra, porque todos lo hemos vivido y no es cosa de hurgar en la herida más allá de lo necesario.

    Llegó un momento en el que el desenlace no podía ocultarse por más tiempo a los prudentes y con él el de tomar una decisión. El marcharse ante los primeros síntomas de incomodidad o desagrado para retirarse al narcisismo de un carlismo de complacencia interior, no parece que fuera la conducta más adecuada. El permanecer dentro de las filas, desde donde se pudiese actuar y contrarrestar el mal, a pesar de la hostilidad y la amargura, considero que era lo verdaderamente político y carlista. Era posible soltar maroma al barco para que quedase sujeto a puerto, aunque fuese arriesgada la maniobra, mientras humanamente quedase cabo que agarrar desde tierra y soltarle sólo en el momento preciso, para no dejarse arrastrar con la embarcación a las quebrantas.

    Por otra parte la legitimidad es una doctrina de exigencias muy serias, si se la profesa conscientemente. La lealtad carlista no es una caprichosa adhesión, sino un imperativo de conciencia. Y la convicción monárquica obliga, cuando el rey se desvía gravemente del ejercicio de sus deberes, a oponerle razones, a elevarle peticiones, a formularle protestas, a pedir a Dios el remedio, a soportar con paciencia la adversidad y sólo, cuando agotadas sin fruto todas estas medidas, es cuando resulta legítima la rebeldía.

    Esta requiere la prueba cierta de la ilegitimidad sobrevenida (en este caso la negación del Ideario y la aceptación del contrario) y la repudiación real, como el único medio para restaurar el derecho.

    Ello exige un largo proceso de maduración porque no es remedio que pueda adoptarse precipitadamente. Contribuyó también a la dilación, la realidad de que no era propiamente D. Javier quién seguía la conducta equivocada sino su hijo (aunque captada su anciana voluntad, se amparase en él) y que las repetidas desgracias que sobre el carlismo sobrevinieron en aquellos tiempos (deserciones de amigos; destierro de D. Carlos-Hugo y de D. Javier; proclamación de D. Juan Carlos, por Franco) hacían que se fuese demorando una decisión, para no multiplicar el daño o hacerla aparecer como interesada o comprometida con alguno de los hechos indicados, enmascarando a ojos malévolos o ignorantes, su pureza y quitando así, eficacia a la misma.

    Faltaba además la autoridad de una Princesa de Beira que, como en tiempos de D. Juan, pudiese cortar con acierto y limpieza el nudo gordiano de la difícil cuestión.


    LA REPUDIACIÓN DEL PRÍNCIPE


    Éramos los carlistas los que teníamos que resolver el problema con nuestros propios medios y creo que la Providencia divina dispuso los acontecimientos de manera que, la formulación solemne del derecho de la Comunión a la rebeldía de la Dinastía, viniese a coincidir, no deliberadamente, con la abdicación de D. Javier en D. Carlos-Hugo, con lo que la cuestión se presentaba más sencilla: no se hería al “viejo rey” y el príncipe heredero, si no juraba los principios inmutables del carlismo, venía a declararse a sí mismo incapaz de asumir la continuidad dinástica.

    Afortunadamente también y para situaciones que en cierta manera pudiéramos calificar de semejantes, D. Alfonso Carlos en su Decreto de 23 de Enero de 1936, dejó señalados –para que no cupiera duda alguna sobre los mismos– los cinco puntos intangibles del Ideario carlista (confesionalidad católica, constitución orgánica, federación regional, monarquía tradicional y tradición política española) que habría de profesar quien pretendiese ostentar la titularidad dinástica carlista.

    Cualquier carlista estaba autorizado para pedir la pública proclamación de estos principios sin paliativos, a cualquier príncipe que pretendiese la sucesión, alegase legitimidad titular y le pidiese fidelidad. Tanto más un grupo –ciertamente no numeroso, por las dificultades gubernativas de convocatoria y reunión, pero sí de cierta significación– que formalmente, por el conducto fehaciente del Notario de Valencia D. Daniel Beunza, hizo saber a D. Carlos-Hugo, la obligada necesidad de este juramento antes de poder reconocerle como rey.

    Ante su significativo silencio, por el mismo medio, se le recordó la frase de la Princesa de Beira a su hijo D. Juan:

    “Ni el honor, no la conciencia, ni el patriotismo, permiten a ninguno reconocerle como rey” y que no se trataba de separarse del carlismo que él pretendía dirigir, sino que era él mismo quién se apartaba, mientras que el pueblo carlista permanecía con su historia y sus banderas, continuando la trayectoria política de la Comunión Tradicionalista, que constituía. Esta última carta lleva fecha de 10 de julio de 1975.


    CARA AL PRESENTE


    La Comunión con este paso había salvado su honor ante la historia, dando una prueba de coherencia y vigor, que ninguna otra agrupación política había sabido ofrecer antes, ni ha acertado a dar después.

    Pero esta gallardía no hacía disminuir en nada la grave situación creada. A la imposibilidad jurídica y política de continuidad en la Dinastía carlista y la misma de aceptar la que Franco había designado (continuadora de la liberal y sanada con aguas democráticas más tarde) se encontraba en situación de tensa contradicción interna: la de una Comunión esencialmente monárquica, sin Dinastía en que apoyarse. Y además con la desaparición de su organización como grupo político.

    Se ensancha el ánimo dejando volar la fantasía de lo que hoy hubiera podido ser la Comunión Tradicionalistas como fuerza política, sin la deserción de D. Carlosh-Hugo. La única que hubiera podido afrontar con unos cuadros, una organización y un pueblo detrás, la nueva situación política, con el prestigio de su historia, la garantía de su conducta, la pureza de sus principios, su no contaminación con el régimen precedente y la esperanza de un ideario sin fracasos.

    Hubiera sido una aglutinante de la España sana y sin duda alguna la mayor agrupación política del país y el medio por el cual, la Patria renaciese; si es que no hubiese impedido el que llegara a caer tan bajo.

    Pero esto no es más que un sueño. La triste realidad es, que no hemos sabido remontar el bache y como dije al principio, la herida producida por D. Carlos-Hugo al carlismo, ha sido tan grande, que aún está sin fuerzas e incapaz de una reacción eficaz.

    Cierto es que el Infante D. Sixto (apoyado por su augusta madre, Dña. Magdalena, a quién debemos tributo de recuerdo, agradecimiento y amor los carlistas y yo me complazco en enviarle el mío desde aquí) recogió la bandera que su hermano mayor abandonara, para no hacer dejación del compromiso histórico de la familia Borbón-Parma y que su gesto reforzó la postura de la Comunión en aquél momento crítico, situándose al lado de ella y al mismo tiempo quitó todo equívoco sobre traspaso de lealtades que quizá alguien pudo abrigar, no sabiendo interpretar el alcance que la interrupción sucesoria en la dinastía carlista significaba verdaderamente.

    D. Sixto es un príncipe carlista y como tal, goza de un primado de honor y consideración en la Comunión Tradicionalista; pero no puede resolver el problema, porque no es rey, ni regente, ni heredero.

    La Comunión Tradicionalista (reorganizada legalmente en su continuidad histórica en documento público de 17 de Diciembre de 1976) se enfrenta sola con la situación que presintiera Carlos VII en su testamento político, “apuradas todas las amarguras” y extinguida la Dinastía, los carlistas tendrían que suplirla por ellos mismos.


    MONARQUICOS SIN REY


    La paradójica frase de Ossorio y Gallardo, viene a cobrar realidad –aunque en sentido muy diverso– en la postura actual de la Comunión.

    Hay ciertos principios de filosofía política que, cualquiera que sea la situación concreta en un momento determinado de la nación, se imponen a la mente y son indeclinables. La ventaja de la monarquía como la más acertada fórmula de expresión del poder político, que se manifiesta por sus cualidades de unidad, continuación e independencia, no puede desconocerse; como tampoco el arrastre histórico de la tradición política patria a su favor. Hay una coincidencia en la consideración teórica y en la realidad práctica, que están por encima de pasajeras circunstancias y hacen que el Carlismo no pueda abdicar de su convicción monárquica. Sin ella desaparecería como tal.

    Pero ello nos exige una extremada depuración de nuestras concepciones políticas, para que pueda sostenerse el principio, sin persona que le encarne. Si el Carlismo pudo resistir casi siglo y medio a la corrosión que le rodeaba, hay que atribuirlo, casi de manera exclusiva a la existencia de una Dinastía que hacía visible, amable y emotiva la convicción interna.

    La primera consecuencia de esta difícil posición será, la de que haya que reafirmar la solidez de nuestros principios para que permanezcan y perduren, así como reforzar la organización política, para que su coherencia interna, sirva de autoapoyo a la actividad externa, ya que el pilar dinástico ha desaparecido. Por todos los caminos volvemos a la misma conclusión, que es la que también nos falta: ingreso, colaboración y acción dentro de la unidad de organización que supone la Comunión Tradicionalista. Ya no se puede ejercer el carlismo por cuenta propia.

    No quiero decir con esto que hayamos de mantener esta tensión indefinidamente. En política hay muchos imponderables y sorpresas y la solución, impensable hoy, puede aparecer mañana como premio a la constancia.

    Extinguida humanamente nuestra dinastía, el Carlismo puede presentarse ante España, aún si cabe, con más desprendimiento que antaño, porque hoy vuelve a ser verdad que “desde que murió el último Rey carlista, el tradicionalismo no tiene vinculación alguna personal” (Manifestación de los Ideales Tradicionalistas al Jefe de Estado. 10 de Marzo 1939). D. Alfonso Carlos dejó escrito: “A las grandes causas nunca les falta su Caudillo y aunque se extinguieran todas las legitimidades posibles, hay un derecho que jamás prescribe en los pueblos y es el supremo derecho que la Tradición española conoció más de una vez, de otorgarse Príncipe que sepa representar dignamente la causa de la Patria…” Caudillo que en tales circunstancias tampoco puede imponerle un Partido (aquí sí es lícito el empleo de esta palabra al referirse a la Comunión) sino la nación reunida en Cortes.

    A nosotros nos queda ejercitar las virtudes de la fortaleza y de la esperanza.


    CONSIDERACIONES DOCTRINALES


    La deserción de la Dinastía plantea otro problema político serio y es el de los efectos retroactivos de la repudiación de D. Carlos-Hugo en el aspecto doctrinal y operativo. ¿Hasta dónde, hasta qué fecha, puede sentirse vinculada la Comunión Tradicionalista por la actuación del Príncipe, dado que hay necesariamente un tiempo desde que la ilegitimidad aparece, hasta que se declara formalmente?

    Porque evidentemente no podemos proceder como si los años no hubiesen transcurrido para la Comunión desde el de 1952, fecha en la que D. Javier, con ocasión del Congreso Eucarístico de Barcelona asumió la carga de la representación dinástica carlista. Y aunque nos aproximáramos a años más cercanos, lo que no puede hacerse, sin negar la tradición que es marcha hacia adelante, adaptación, depuración y progreso, es detenerse en un punto caprichosamente sin razones sólidas y positivas que lo justifiquen.

    Si miramos desde la altura del tiempo en la que estamos (que ya sabemos el resultado final) todo el pasado pudiera parecer sospechoso. Pero eso sería tanto como hacérsenos los dedos huéspedes, cuando en realidad hay muchas cosas asimilables y enriquecedoras en la política de apertura y renovación de D. Javier, que respondían a una nueva necesidad creada por el régimen de Franco, que suponían aplicaciones de la doctrina tradicional a cuestiones que se planteaban como nuevas.

    Para mi criterio considero válidos todos los Manifiestos y Declaraciones de D. Javier, hasta la de 6 de Diciembre de 1970 de Arbonne, ésta inclusive. Aunque en ella se silencia con cuidado toda alusión al lema de Dios, Patria, Fueros, Rey (lo que motivó mi dimisión como Presidente del Consejo Real) sin embargo su contenido no puede ser serenamente rechazado. ¡Ojalá todo no hubiese pasado de ahí! Pero desde entonces las cosas se precipitaron de manera que ya resultaban inaceptables, por muy buena voluntad de comprensión que se pusiese.

    Quiero recordar a este respecto que yo, publiqué a seguido, en este mismo Boletín Aparisi Guijarro, nada menos que seis artículos sucesivos comentando esta Declaración y demostrando su interpretación y entronque con la doctrina tradicional y cómo así resultaba cierta una de las frases del documento: “No se cambia nada. Se perfecciona. Se avanza en la dinámica política”. Lo que quiere es hacerse más asequible al vulgo político, simplificando los conceptos y empleando una terminología no consagrada, pero más usual y corriente.

    Y otros dos más, a continuación, en “Esfuerzo Común” haciendo ver cómo la Declaración, anterior a la Carta Pastoral “Octogessima Adveniens” de Pablo VI, se anticipaba a ésta al señalar la vía política cristiana, entre el liberalismo y el marxismo; al mismo tiempo que podía encontrarse una cierta correspondencia en la Carta, a la triple representación: regional, sindical y política, que la Declaración propugnaba.

    Por mi parte fue el último intento de retener, dentro de términos aceptables, algo que se intuía como una futura ruptura y que resultó a pesar de los esfuerzos de todos, inevitable.

    No es cuestión de repetir aquí lo que allí dije y a lo que me remito; sino simplemente indicar que todo lo que vino después no es de recibo y que por lo tanto de la Declaración de Arbonne en adelante, a la Comunión Tradicionalista no puede serle imputada cualquier manifestación de D. Javier o de D. Carlos-Hugo, que ya no hablaban en nombre de ésta ni la representaban legítimamente, sino en el de un partido que había roto con la tradición política española y sólo retenía por puro oportunismo el apellido carlista.

    Allí es pues, a mi juicio, donde se produce la solución de continuidad política y en donde hay que enlazar con el pasado, porque el llamado partido carlista era rama muerta, desprendida del tronco de la Tradición.


    Madrid, 25 Marzo 1980.
    Última edición por Martin Ant; 03/07/2014 a las 13:01

  6. #6
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Lo leído hasta ahora por activa y por pasiva , en este forum, sobre don Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza como sobre su señora esposa y sus hijos e hijas es históricamente cierta y no voy a cuestionar lo que esta históricamente demostrado Ahora bien, tres cosas tengo claras.
    Primera. El Carlismo ni es un movimiento tonto y anticuado de beatos y beatas que se pasan todo el santo día pegándose golpes por el pecho ;pero menos aun es el partido comunista marxista-lenista bis.
    Segunda. Me cuesta mucho creer o hacerme la idea que una persona como Su Alteza Real Don Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza - vista su edad y la educación cristiana tradicional por él recibida; pudiera estar convencida de las bondades y maravillas de este nuevo carlismo socialista autogestionario que estaba liderando su hijo Carlos Hugo.
    Y tercera Tanto Don Javier como su hijos u otras reclamantes "legitimistas" se equivocaron pensando, en el supuesto caso de una restauración efectiva de la monarquía en España, que el General Franco iba a preferirlos a un miembro de la última rama reinante o sea la del Rey Alfonso XIII y de su sucesor el Conde de Barcelona.
    El carlismo socialista autogestionario quizá muy bien como táctica política en un momento dado de nuestra historia contemporánea o explicar ,en moderno, nuestros viejos fueros ,pero no para ser el bis de algo totalmente opuesto y contrario a las esencias del carlismo de siempre.
    Aquí para mi radica la deserción o traición de Don Carlos Hugo de Borbón-Parma y Borbón-Busset: " Pretender un carlismo hermano o primo hermano de un partido comunista marxista y por lo tanto ateo o por lo menos agnóstico. Esta pretención o por lo menos apariencia de pretención condujo si no a la muerte del carlismo por lo menos a su larguísima agonía y a la deserción o abandono de militancia de muchos antiguos carlistas. Pues si el Partido Carlista era ahora un partido con una ideología igual o parecida al Partido Comunista, el Partido Carlista sobraba y podían afiliarse al ya existente Partido Comunista de España con el que sin duda harían mejor carrera. Recordando ya los primeros resultados electorales tras las primeras elecciones legislativas tras la promulgación de la Constitución del 78 y en que don Carlos Hugo se presentó como candidato ( otro gravísimo error pues el representante de una dinastía jamás ha de ser candidato a diputado puesto que esto es rebajarse) creo que lo que digo esta más que comprobado y demostrado. Y no estupidez ni tontería alguna. Dicho todo. Pienso que el buen camino tanto si se trata del carlismo o no esta en la moderación de la doctrina y de la praxis doctrina y no en los extremismos a que me refería al principio de mi comentario.
    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    Pero el problema es que los nudos y simples hechos no constituyen por sí solos la verdad sobre una persona, sino que es necesaria una interpretación o explicación de la misma que dé el sentido correcto a dichos hechos: es ahí en donde entran los historiadores (y es ahí donde yo me acojo a los historiadores y pensadores católicos tradicionalistas como, por ejemplo, M. de Santa Cruz, mientras que ALACRAN prefiere acogerse al pseudohistoriador marxista Clemente, él sabrá por qué).

    Esto que digo de los hechos y de la interpretación no es algo gratuito. Usted mismo, DOBLE ÁGUILA, por ejemplo, en un mensaje anterior afirma lo siguiente: "Estaría bién colgar, si se encuentra disponible en la red, alguna de las cartas que le mandó don Javier a Franco allá por los años 50 en un intento de atraerselo. Estarían al mismo nivel de credibilidad que los discursos aquellos de tono "tradicionalista" que hizo don Juan a ciertos oficiales del requeté en los años 60; tengo por casa algún pequeño libro (ilegal por entonces) que le regalarían a mi padre o a mi abuelo donde aparecen; a ver si lo encuentro y lo pongo. Son muestras de a lo que podían llegar entonces los "candidatos", con tal de ganar apoyos dentro del régimen." O sea, que un hecho en sí mismo no vituperable como es el escribir cartas amigables para una colaboración política conforme al espíritu del 18 de Julio (dentro del marco de la nueva política de "mano tendida" o suavización de la oposición iniciada a partir de mediados de los `50) usted lo convierte, en virtud de la interpretación que usted le da, en algo vituperable. Por supuesto, la interpretación correcta es la continuación ideológica ortodoxa de Don Javier en coherencia con la misma línea doctrinal seguida desde su juramento ante el cadáver de Don Alfonso Carlos hasta entonces, pero con la diferencia de cambiar de estrategia o táctica política (la cual se podrá calificar de acertada o errónea, pero no de "oportunismo" por parte Don Javier o algo parecido equiparándolo arbitrariamente con el comportamiento de Juan Battemberg, completamente distinto y, éste sí, vituperable).

    Como diije antes, simplemente pongo este ejemplo a modo ilustrativo para hacerle ver que sí se trata de un problema de tendencia historiográfica, es decir, de interpretación (correcta o falsa) de los hechos. Pero aprovecho también, ahondando en ello, para comentar los dos ejemplos puestos por ALACRAN: el de la entrevista con Santiago Carrillo y el de la utilización del Castillo de Ligniéres por Carlos Hugo y sus amigos para sus tareas políticas revolucinarias.

    1º Ejemplo: En lo que se refiere a la entrevista con Santiago Carrillo, el pseudohistoriador Clemente da a entender que ya a partir de ahí Don Javier y Santiago Carrillo se convierten en poco menos que gemelos del alma.

    Situémonos primero en los hechos. Parece ser, según dice María Teresa de Borbón, que Santiago Carrillo se vio una única vez con Don Javier:


    Lignières, nuestro castillo, muchos años después: Santiago Carrillo acompañado de Simón Sánchez Montero y de otro compañero en la única entrevista que tuvo con mi padre (…)


    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Página 74).

    La propia María Teresa nos cuenta que la entrevista tuvo lugar la víspera del bautizo de Carlos Javier, es decir, el 21 de febrero de 1970.


    La víspera [del bautizo de Carlos Javier de Borbón en Lignières el 22 de febrero de 1970], don Javier, acompañado de don Carlos, se ha entrevistado con personalidades políticas españolas, Santiago Carrillo, Simón Sánchez Montero, (…)

    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Página 135).


    Es decir, que los hechos son que Don Carlos Hugo invita a casa y presenta a su Padre al nuevo amiguito que acaba de conocer en los contactos políticos que ha hecho en el extranjero dentro de su nueva política revolucionaria, conversan un poco Don Javier y Carrillo, y de ahí Clemente, aunque ciertamente no lo diga explícitamente pero lo da a entender, interpreta que la mentalidad de Don Javier viene a coincidir prácticamente con la de Carrillo.

    Pues bien. Yo también podría traer otros hechos acaecidos en ese mismo año 1970 que abogan por una interpretación distinta en lo que a la verdadera mentalidad de Don Javier se refiere acaecidos en ese año.

    Podemos, empezar, por ejemplo, con la carta que, como un año más, amablemente le remite Jean Ousset a Don Javier para su invitación un año más al Congreso de Lausana, en donde, recordamos, se iban celebrando esos últimos años la reunión internacional más importante de personalidades en defensa de la doctrina político-social católica tradicionalista:


    Office International des oeuvres de formation civique et d´action culturelle selon le droit natural et chrétien

    Secretariat des congreso: 49, rue Des Renaudes – 75 – Paris 17e – Tél. 924-77-87

    OOF.JO.FC. París, le 22 Janvier 1970

    A Son Altesse Royale le Prince Xavier de BOURBON PARME
    Château de Bost
    03 – BESSON


    Monseigneur,

    En adressant ci-joint à Votre Altesse Royale le Programme de notre 7ème Congrè international qui se tiendra à Laussanne, les 3, 4, 5 Avril prochaine, nous tenons à lui dire combien nous serions heureux l´accueillir à ces Journées, tout entières consacrées au développement d´un esprit d´unité doctrinale, à l´accroissement des liens d´amitié et à une meilleure synchronisation entre organismos dévoués à la restauration d´un ordre social chrétien.

    Daigne Votre Altesse Royale agréer l´expression de notre profond et respectueux dévouement.

    Le Président

    Jean Ousset [firmado]


    Traducción


    Monseñor,

    Adjunto se envía a Vuestra Alteza Real el programa de nuestro séptimo Congreso internacional que tendrá lugar en Lausana, los días 3, 4, 5 de Abril próximo, nos gustaría decirle cuánto estaremos encantados de darle la bienvenida a estas jornadas, todas enteramente consagradas al desarrollo de un espíritu de unidad doctrinal, al aumento de las amistades y a una mejor sincronización entre los organismos dedicados a la restauración de un orden social cristiano.

    Dígnese su Alteza Real a aceptar la expresión de nuestro profundo y permanente devoción.

    El Presidente

    Jean Ousset


    (Fuente: ARCHIVO FAMILIA BORBÓN PARMA)

    O si se prefiere, cotéjese la correspondencia y documentos personales de Don Javier de este año de 1970 con las distintas organizaciones católicas tradicionalistas a las que pertenecía o de las que era colaborador y/o simpatizante. A voz de pronto, podemos citar: RENOVATION DE L´ORDRE CHRETIEN (cuyo Presidente era el conocido publicista tradicionalista Almirante Penfentenyo); L´ORDRE DES CHEVALIERS DE NOTRE DAME POUR L´AIDE AUX PRISONNIERS; LE “COMBAT DE LA FOI” CATHOLIQUE (publicación católica tradicionalista, 1º de marzo de 1970); ORDEN ECUESTRE DEL SANTO SEPULCRO; ISTITUTO SACRO-CUORE TRINTÀ DEI MONTI; CONGRÉGATION DES SACRÉS-COEURS (PICPUS), etc...

    Resulta importante el caso particular de este año de 1970 porque la mayoría de estas organizaciones se centraron (junto con Don Javier) en el que era el tema "estrella" de aquel entonces: la defensa de la Misa Tradicional ante la reciente implantación manu militari del Novus Ordo Missae. En este sentido, encontramos en el Archivo de Don Javier el siguiente borrador de carta hecho a máquina:


    Très Saint-Père

    C´est avec une profonde tristesse que nous voyons disparâitre la Messe de Saint Pie V, qui fut notre nourriture spirituelle et celle de nos ancêstres, source de doctrine catholique.

    Il nous est incompréhensible que cette forme liturgique précise et traditionnelle se voit remplacer par une formulation moins exacte, et contenant des expressions pouvant favoriser de graves déviations doctrinales.

    Si des transformations liturgiques s´avéraient nécessarires, c´etait bien dans le sens opposé. Les deviations doctrinales actuelles rencent en effet, urgentes et necessaries un réaffermissement des verités dogmatiques. L´authenticité de la Présence réelle, le rôle imparti aux Anges et aux Saints la notion d´Offrande et de Sacrifice, notamment devraient se voir réaffirmer afin d´augmenter le sens du surnaturel et de rappeler que la Messe constitue bien une reproduction du Sacrifice de la Croix.

    Humblement prosternés aux pieds de Votre Sainteté nous osons demander comme une mesure urgente apte à stopper l´auto-destruction de l´Iglise, -conséquence de tant d´innovations,- que la Messe de Saint Pie V soit conservée, le nouvel Ordo Missae abrogé.


    Traducción

    Querido Santo Padre

    Es con una profunda tristeza que vemos desaparecer la Misa de San Pío V, que fue nuestro alimento espiritual y la de nuestros ancestros, fuente de la doctrina católica.

    Nos es incomprensible que esta forma litúrgica precisa y tradicional se vea reemplazad por una formulación menos exacta, que contiene expresiones que pueden facilitar graves desviaciones doctrinales.

    Si se necesitaban transformaciones litúrgicas, éstas eran en la dirección opuesta. Las desviaciones doctrinales actuales hacen, en efecto, urgentes y necesarias una reafirmación de las verdades dogmáticas. La autenticidad de la Presencia real, el papel asignado a los Ángeles y a los Santos en la noción de Ofrenda y de Sacrificio, debe ser reafirmado con el fin de aumentar el sentido de lo sobrenatural y de recordar que la Misa constituye de hecho una reproducción del Sacrificio de la Cruz.

    Humildemente postrado a los pies de Su Santidad, nos atrevemos a demandar como una medida urgente apta para detener la autodestrucción de la Iglesia, -consecuencia de tantas innovaciones-, que la Misa de San Pío V sea conservada, y el Novus Ordo Missae derogado.


    (Fuente: ARCHIVO FAMILIA BORBÓN PARMA)

    En fin, ¿para qué seguir? Lo que quería poner en claro, en definitiva y una vez más, es esa dicotomía entre la presentación de un hecho, y la interpretación que se pueda hacer del mismo en orden a identificar el verdadero y genuino pensamiento de Don Javier (en el caso del pseudohistoriador Clemente, lo interpretará como un dato a favor del supuesto cambio de mentalidad de Don Javier a terrenos revolucionarios, mientras que un historiador católico, por ejemplo M. de Santa Cruz, no lo interpretaría de esa forma, sino más bien como una más de las barrabasadas de Carlos Hugo para con su Padre).



    2º Ejemplo: El de la utilización del Castillo de Lignieres en 1974 por Carlos Hugo y sus amigos, lo cual es interpretado por Clemente (y le sigue en ello ALACRAN) como una aquiescencia y aprobación por parte de la legítima dueña de la propiedad, esto es, Doña Magdalena (y no Don Javier y Doña Magdalena como afirma mintiendo Clemente), a las actividades políticas desempañadas dentro de sus muros (con "caviar y champán", eso me temo que no sabría confirmarlo).

    Aquí la interpretación verdadera del hecho resulta aún más sencilla, y es de agradecer que DOBLE AGUILA implícitamente la abogue cuando afirma que: "De todas maneras, su mujer doña Magdalena no tiene nada que ver en estos desmanes, y según me consta siempre fue una princesa católica intachable."

    En efecto, Doña Magdalena, harta ya por la acumulación de idioteces que hacía su hijo Carlos Hugo, decide finalmente poner fin a este "cachondeo" de utilizar su casa para este tipo de actividades políticas revolucionarias, y desde entonces el Castillo de Ligniéres pasó a ser lugar de reunión de actividades políticas tradicionalistas, abriendo sus puertas a todos los sectores y grupos católicos tradicionalistas (tanto en el ámbito religioso -especialmente sacerdotes de la HSSPX- como del ámbito político) marginados de la sociedad actual; situación que continuó y ha continuado, por supuesto, con su digno hijo y heredero de la propiedad Don Sixto Enrique de Borbón (aunque no sé si "con caviar y champán"; eso es algo que dejo a la investigación de ALACRAN).




    No. Los desmanes públicos de Carlos Hugo no comienzan hasta principios de los años ´70. A lo que usted se refiere es a lo que empezaba a asomar desde principios de los ´60 en alguna que otra conversación privada con Carlos Hugo (y que algunos conspicuos pensadores tradicionalistas empezaban, temerosamente, a vislumbrar como un tipo de mentalidad heterodoxa); pero en el ámbito político-público Carlos Hugo se adhería (luego, cuando se quitara la máscara, se vería que por puro oportunismo) a la política oficial que Don Javier y José María Valiente llevaban a cabo entonces de presentarse públicamente como la Dinastía del 18 de Julio (suavizando su oposición a Franco), política a la cual se ajustó, en su comportamiento público, Carlos Hugo, presentándose como Príncipe del 18 de Julio. Por lo tanto no tenía sentido, en aquel entonces, ninguna reconvención o desautorización pública contra su hijo, el cual mostraba en público un comportamiento doctrinalmente ortodoxo.

    Otra cosa distinta es cuando, a principios de los ´70, se produce el cambio ideológico público de Carlos Hugo; ahí sí que tendría sentido hablar de reconvención o desautorización pública de Don Javier que, efectivamente, como usted dice, no se produjo. Pero aquí de nuevo entra en juego lo que dijimos antes de diferenciar entre hecho (esto es, en este caso, la no realización de la desautorización pública de su hijo) e interpretación de ese hecho.

    Sin perjuicio de acogerme a la Conclusión Nº 3 del historiador católico Manuel de Santa Cruz de su artículo reproducido en un mensaje anterior, voy a traer aquí el texto del Testamento de Don Javier de 6 de diciembre de 1970 (que es el último que hizo), el cual sería ratificado, a nivel doctrinal, en la famosa Declaración de 4 marzo de 1977. ¿Por qué lo traigo a colación? Porque se podría decir que, si bien no hubo desautorización explícita de Don Javier a Carlos Hugo, se podría decir que sí la hubo implícita, pues en ese documento de 1970 Don Javier establece el carácter condicional de la verdadera adhesión a él al respeto de los mismos principios que él juró defender ante el cadáver de Don Alfonso Carlos (este argumento no es baladí, pues precisamente se sirvieron de él grupo representativo de legitimistas que enviaron las cartas a Carlos Hugo reconociéndole incurso en ilegitimidad política de ejercicio por no cumplir esa obligación condicional, y cuyos textos he reproducido en un mensaje anterior).


    Testamento de don Javier

    6 de diciembre de 1970.


    Para la hora en la que Dios Nuestro Señor me llame a rendir cuentas de mi larga vida y de los grandes deberes y responsabilidades que me impuso en sus designios, quiero dejar consignada en este Testamento Político, ante mi sucesor, mi familia, mis amados Carlistas y el pueblo español, sin lugar de dudas, la incontestable y doble legitimidad de la sucesión de nuestra dinastía, que se refiere tanto al orden sucesorio legítimo de la Corona de España como al mando supremo del Carlismo.

    La legitimidad histórica de la Monarquía Española, la encarnó durante más de un siglo la Dinastía Carlista y por rigurosa aplicación de las leyes sucesorias recayó en mi persona a la muerte de mi Augusto Tío Don Alfonso Carlos, quien reiteradamente lo declaró así en solemnes documentos desde el año 1934.

    A mi muerte, mi querido hijo y heredero, el Príncipe Don Carlos Hugo, será mi único sucesor legítimo y después de él, el Infante don Carlos Javier Bernardo y los demás hijos y descendientes varones legítimos que Dios le otorgue. Si llegaran a faltar éstos, sucederá mi segundo hijo el Infante Don Sixto Enrique y sus descendientes varones legítimos. Recuerdo que es deber de todos los Infantes y demás miembros de la Familia Real que tengan siempre como el mayor honor el reconocimiento y sumisión de los Infantes al Rey, que deben al Jefe de la Familia por ser su Cabeza y Rey legítimo. Esta sumisión de los Infantes al Rey es tan importante que nuestras leyes tradicionales castigan a los rebeldes y desleales con la pérdida del derecho de sucesión al trono para ellos y para sus descendientes. Pero esta legitimidad de nada serviría si no hubiera estado, y continuara estando, revalorizada en todo momento por el servicio al bien común, en constante renovación de antiguo Pacto de la Corona con la Nación. Sin ese servicio permanente de la dinastía a las libertades y derechos del pueblo, a cuya defensa vivimos consagrados, a costa de los mayores sacrificios personales, la Monarquía en sí carecería de sentido.

    Esta aceptación del Pacto la he ratificado solemnemente ante el cadáver de mi Tío el Rey don Alfonso Carlos (***), en 1936; posteriormente con el Juramento que empeñé bajo el Árbol de Guernica en 1936; y en 1952 en Montserrat, de mantener, respetar y defender los Fueros y libertades de todos los Pueblos de las Españas, así como con mi entrega total y la de mis hijos al servicio de la Causa de España. Mi solemne Juramento, renovación del que hicieron siempre los Reyes de las Españas, obliga a mis sucesores legítimos y en primer lugar a mi hijo Carlos. La necesidad de revisar, adaptar y poner al día los grandes principios Carlistas es constante obligación y responsabilidad de los Reyes de nuestra dinastía, en su natural y legítima evolución de acuerdo con las necesidades de los tiempos. Así también os he dejado ya consignada por escrito en documentos anteriores más extensos, y muy especialmente en el que doy con esta fecha misma, las grandes líneas de mi pensamiento doctrinal, como antes que yo lo hicieron los Reyes, mis predecesores. A este documento me remito, pues, en cuanto a la línea política que señalo a todos.

    Doy gracias a la Reina, compañera de mi vida, cuya inalterable voluntad de servicio y de sacrificio me sostuvo en los momentos más difíciles.

    El Príncipe de Asturias, mi fiel colaborador, que juntamente con Irene ha sacrificado tantas cosas con amor y generosidad, asegurando la continuidad directa de nuestra Dinastía en el Infante don Carlos Javier mi nieto primogénito.

    Al Infante Don Sixto Enrique, que sirvió bajo la bandera española, la cual juró en Melilla en el tercio Gran Capitán de la Legión, a las Infantas que recorrieron palmo a palmo España entera ante mil dificultades, dando el testimonio de la dinastía.

    A todos aquellos otros que sin militar en el Carlismo, y aun militando en otros campos, han colaborado con su voluntad de servicio al bien de la justicia y de la libertad, aportando su trabajo y lealtad.

    En fin, a todos vosotros, mi queridos Carlistas cuya tarea sigue firme para llevar a cabo la construcción política de España. Os doy a todos y a cada uno de vosotros las gracias por vuestra constancia, vuestros inmensos sacrificios, vuestra fidelidad y amor que han sido mi gran apoyo en tantos momentos difíciles de nuestra vida.

    Como habéis sido leales a mi y a los Reyes que me precedieron en el trono, o en el destierro, lo seréis a mi hijo Carlos y a sus herederos legítimos en su alta y difícil misión con la más completa disciplina y total acatamiento a su persona.

    A vosotros, mi queridos Carlistas, os está confiada la tarea de ser fermento de una sociedad nueva de intensa participación y constante compromiso político. Que Dios os guarde a todos y bendiga vuestros trabajos y nuestras Esperanzas.

    En mi residencia de villa Valcarlos (Arbonne), día seis de diciembre de mil novecientos setenta.

    FRANCISCO JAVIER

    Éste, mi Testamento Político, forma seis páginas y media manuscritas, numeradas y firmadas por mí.


    (Fuente: “Así fueron, así son”. María Teresa de Borbón Parma. Editorial Planeta. 2009. Páginas 225-228).


    ------------------------------------------------------------


    (***)


    Juramento de Don Javier de Borbón Parma ante el cadáver de Don Alfonso Carlos (3 octubre 1936)


    En solemne y público cumplimiento de la promesa que hice a V.M. nuestro bien amado Rey D. Alfonso Carlos, vengo en este momento inolvidable a renovar mi juramento de ser el depositario de la Tradición legitimista española y su abanderado hasta que la sucesión quede regularmente establecida. Mi juramento de sostener y guiar a la Comunión Tradicionalista Carlista española, debe cumplirse en la época más grave de su gloriosa existencia; pero así como la vida del Rey que lloramos nos estuvo consagrada hasta su último trágico suspiro, así lo estará la mía hasta que Dios me otorgue la merced de terminar la misión de que estoy investido, tal como lo hubiera hecho el mismo Rey, Alfonso Carlos.

    Al tomar la bandera que el Augusto finado ha puesto en mis manos, me dirijo a todos, recordando que la Comunión Tradicionalista es católica antes que nada, patriótica en la unidad intangible de las variedades regionales, y esencialmente monárquica a través del curso fecundo de una historia milenaria y auténticamente española.

    La sangre de nuestros mártires de otros días ha hecho brotar generosa la de una muchedumbre de nuevos mártires que, ante el mundo desequilibrado de nuestros días, han mostrado a España levantándose en un arranque admirable de abnegación. La España que salvó a Europa rechazando a los moros; la misma que llevó a América la cruz y la civilización; la que impidió el dominio turco, en la memorable ocasión de Lepanto. La misma que hoy llama con magnífico ejemplo a toda Europa para batir las hordas de los sin Dios y de los sin Patria, que intentan el asalto y la destrucción de la civilización y de la Cristiandad.

    Vuestros gritos, «Dios, Patria y Rey», han unido a todas la fuerzas saludables en colaboración con el Ejército; unión que, por la fe y el valor de los requetés, tendrá ya bastante garantía de no romperse jamás, restaurando, por la amistad inquebrantable de los combatientes, la armonía más fuerte que la vida, que es base de la justicia y sagrada unidad del Ejército y cimiento de la verdadera vida de las naciones.

    Subyuga el honroso ejemplo de energía de la joven generación, ahora en armas, queriendo, con plenitud de viril voluntad, reconstruir la inmortal España creyente en Dios y en sus destinos universales, sobre las bases inconmovibles de la justicia, del orden moral y material y de la seguridad de todo bien en prosperidad de la Patria común.

    El llamamiento del Rey el mío se dirige a todos, y espero que sea escuchado más allá de las trincheras y de los odios.

    De todos modos, por duros que puedan ser los combates futuros, venceremos. Diríase que sólo cuando ya ha visto que la aurora de la victoria dora las cimas de la Patria, ha conseguido tomar descanso en la tumba el Augusto anciano cuyo cuerpo tenemos aún presente y que fue el último vástago directo de la gran dinastía carlista de los legítimos Reyes de España. La victoria es ya segura, y sobre ella se asentará la paz fecunda; el porvenir está asegurado, y no tardaremos a volver a este lugar para decir ante el sepulcro de V.M., presentando armas: Señor, os hemos obedecido; la victoria está acabada. Os damos gracias porque habéis sido el padre vigilante y el guía prudente que nos ha preparado esta victoria. La Dinastía Carlista, primera rama de la Casa de Borbón, al extinguirse directamente, ha dejado cumplida su misión de salvar a la España eterna.

    Al ascender al seno de Dios, no dejará V.M. de continuar guiando a España.


    (Fuente: “In memoriam. Manuel J. Fal Conde”. Ana María Fidalgo – Manuel M. Burgueño. Editorial Católica Española, S.A., Sevilla, 1980).




    La lectura de la correspondencia y documentos privados de Don Javier me llevan, en principio, a suscribir (por lo menos para los primeros años siguientes al cambio ideológico público de Carlos Hugo de principios de los `70) esto que usted dice en este párrafo.

    Es posible que al principio la razón de que Don Javier no se opusiera a su hijo Carlos Hugo fuera el convencimiento de la buena fe que Don Javier presumía en su hijo Carlos Hugo, cuando éste le explicaba que ese lenguaje nuevo que se estaba utilizando era una simple táctica lingüística didáctica para llegar mejor a la gente de su tiempo, pero que no suponía menoscabo ninguno a los principios doctrinales políticos que Don Javier juró defender ante el cadáver de Don Alfonso Carlos. Es posible que esta explicación tranquilizara, temporalmente, la conciencia del anciano Rey y, por ello, confiara cándidamente en su hijo Carlos Hugo y en los amigos de éste (Clemente, etc...).
    Última edición por Moncaira; 06/02/2016 a las 22:20

  7. #7
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Entrevista a Don Javier en persona, publicada en la revista izquierdista "Triunfo" en septiembre de 1976:

    Entresaco de su parte final frases suyas que confirman la degeneración doctrinal a que llevaron al carlismo él y su hijo Carlos Hugo:

    Quizá lo más revolucionario del carlismo sea precisamente el proponer una revolución democrática, socialista y pacífica...

    El carlismo ha sido monárquico siempre por una profunda concepción democrática...

    El rey en el planteamiento carlista y como lo definió claramente Carlos VII es el rey de las Repúblicas españolas... el carlismo es monárquico porque es republicano...

    La Monarquía es en el carlismo la garantía de las Repúblicas. Todo el mecanismo democrático debe ser, en efecto, de abajo a arriba, canal de expresión de la voluntad popular...

    El carlismo ha podido liberarse de una serie de condicionamientos históricos y sigue por sus vías populares y socialistas...para lograr su ideal político, una sociedad democrática, con el ejercicio de la total participación de abajo a arriba.

    Esto presupone socialismo de autogestión, tanto en lo económico, ideológico y de las nacionalidades para desembocar en un estado federal...

    Esto no es una nueva doctrina del carlismo, aunque su formulación actual aparece como nueva después de cuarenta años de silencio forzado por el Régimen...


    Mi hijo Sixto ha quedado fuera de la dinastía por desobediencia y por propia decisión, al no aceptar a su hermano mayor como jefe de la familia y responsable legítimo al abdicar yo en él. Ha quedado también fuera de la disciplina del carlismo y de su partido... por expresarse contrariamente a la línea ideológica que el carlismo tiene establecida por voluntad popular...

    Mis relaciones con mi hijo Sixto en el orden político están totalmente rotas...

    https://dinastiacarlista.files.wordp...don-javier.pdf





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    Última edición por ALACRAN; 31/03/2019 a las 13:13
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

  8. #8
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Oiga, Alacrán, en la entrevista y manifiesto publicados menos de un año después en la revista La Actualidad Española que reproduzco abajo (que, a diferencia de la que acaba de colgar usted, incluye fotografías que demuestran que realmente se produjo in situ), Don Javier decía exactamente lo contrario acerca del socialismo y otras cuestiones y reafirmaba la doctrina carlista de siempre.

    Aquí solo caben dos opciones para explicar su actitud en este hilo:
    1) usted considera que Don Javier tenía doble personalidad o
    2) usted prefiere creerse a los periodistas rojos, que le merecen mayor confianza y credibilidad, aunque diga usted ser anticomunista.

    No hay ninguna otra explicación posible, dado que en otras ocasiones se le ha hablado de esta entrevista y del comunicado de la esposa de Don Javier denunciando públicamente las extorsiones y amenazas de Carlos Hugo a su padre (que no debían ser cosa de un día, aunque lo de sacar a Don Javier del hospital en que estaba ingresado debió ser la gota que colmó el vaso).

    Que cada uno lea la entrevista de abajo y saque sus propias conclusiones.

    https://carlismo.es/1977-ultima-entr...l-separatismo/


    1977: Última entrevista a S.M.C. Don Javier I y manifiesto contra el marxismo y el separatismo

    25 SEPTIEMBRE, 2017


    Nada más oportuno en este año del XL aniversario de S.M.C Don Javier I, que editar la última entrevista que le hicieron los medios de comunicación españoles.
    Fue publicada en marzo de 1977 en la revista La Actualidad Española (n.º 1314), que también reprodujo un manifiesto ante notario en el que el viejo rey legítimo de España reafirmaba los principios inmutables del Tradicionalismo español, desmintiendo así las calumnias vertidas sobre él por los deformadores del Carlismo.Ante los ataques recibidos por los enemigos de la Causa de Dios, Patria y Rey, que llegaron a afirmar que el augusto padre de Don Sixto había sido secuestrado por su hijo —cosa que fue desmentida públicamente por Don Javier—, el entrevistador, Ignacio Amestoy, actor y periodista que elogia la Transición y la democracia inorgánica, se vio en la necesidad de manifestar en una carta a EL PAIS, que no conocía con anterioridad a Don Javier ni a los dirigentes de la Comunión Tradicionalista.Para acceder a la digitalización de la entrevista y reportaje fotográfico, puede hacer clic en el siguiente enlace:Entrevista a Don Javier en La Actualidad Española (1977)Transcribimos a continuación el texto de la entrevista, destacando en negrita las respuestas de Don Javier.


    Enviados especiales a París
    Don Javier firmó un manifiesto carlista

    En la noche del viernes 4, la oficina de prensa del Partido Carlista hacía pública una nota en la que se afirmaba que don Javier de Borbón Parma había desaparecido de su domicilio siete días antes y que, según parecía, se encontraba retenido por su hijo don Sixto para evitar que conectase con otro de sus hijos, don Carlos Hugo. Anunciaban que, una vez localizado su paradero, quedaría aclarado el desagradable asunto que estaba dividiendo a la familia carlista. La polémica había saltado dos semanas antes, cuando LA ACTUALIDAD publicó una fotografía de don Javier junto a su hijo don Sixto que fue interpretada en numerosos ambientes políticos como una confirmación de que el jefe de la familia carlista se inclinaba a favor de don Sixto Enrique, descalificando la actuación de don Carlos Hugo.Horas antes de que se difundiera el comunicado carlista sobre la «desaparición» de don Javier, nuestro enviado especial a París, Ignacio Amestoy, nos enviaba una crónica sobre cómo había transcurrido su jornada junto a él, y de cómo había sido firmado —a las siete menos diez de la tarde— un manifiesto del jefe de la familia. Las fotografías que ilustran este reportaje, de Rogelio Leal, fueron obtenidas ese mismo día.Ofrecemos, en rigurosa exclusiva, la crónica de la jornada pasada junto a don Javier y la entrevista mantenida con él.
    Un leve sol traspasaba las nieblas de París. La figura sonriente de Chirac invadía las vallas de las calles parisienses. Don Francisco Javier de Borbón, duque de Parma, cabeza de la familia carlista, vivía los momentos que precedían a una «declaración de principios» sobre el carlismo y su significación, que iba a tener lugar en la tarde del viernes 4 de marzo de 1977. En el hotel Terminus, de Saint Lazare, don Javier estaba contento. Con sus ojos pequeños y profundos escrutaba con cariño a los que estaban junto a él.

    – Me encuentro muy feliz de tener todos los amigos aquí. Es un gran gozo para mí encontrarme con mis fieles. Al cabo de los años nos encontramos como siempre. Es un consuelo veros. Y tengo una confianza total. La partida difícil la hemos pasado. El carlismo estaba abandonado, pero, no obstante, el combate todavía continúa; el combate espiritual.



    A su lado, doña María Francisca, su hija mayor, y don Sixto, el pequeño de la familia. También estaban junto a él el jefe delegado de la Comunión Tradicionalista Carlista, don Juan Sáenz Díez; el delegado nacional de Requetés, don José Arturo Márquez de Prado, y tres consejeros nacionales de la Comunión: don Antonio Garzón, jefe de Andalucía oriental, y don Ignacio Toca, en su día presidente de la Hermandad del Vía Crucis de Montejurra, y don Juan Antonio Olazábal, uno de los hombres que siempre ha disfrutado de la confianza de don Javier.Esta conversación se celebraba tomando café después de una frugal comida, a la que habían asistido los anteriormente citados y los enviados especiales de LA ACTUALIDAD. El ambiente era, entre ellos, de familia y así quiso subrayarlo don Javier.

    – La familia es lo que tenemos que cuidar sobremanera. Y en la familia siempre tiene que haber una misma dirección. El padre ha de escribir unas páginas que se continúen en los hijos; el mismo sentido y la misma dirección; si no, sería una tragedia. El valor del padre ha de destacarse; siempre hemos de tener una gran admiración por él.Historia de la entrevista

    Don Javier se queda meditando. Y aprovechamos esos momentos de sosiego para iniciar la conversación acordada para LA ACTUALIDAD. Después de las últimas entrevistas con don Carlos Hugo y don Sixto, publicadas en nuestra revista, el interés se centraba en el padre de esta familia Borbón-Parma. Habíamos intentado ponernos en contacto con él a través de sus dos hijos. Por fin, en la mañana del jueves 3 recibimos una llamada que nos citaba para pocas horas después en París, donde se iban a desarrollar «unos acontecimientos decisivos para el carlismo». Todo, al parecer, estaba preparado para la tarde del mismo jueves. Pero circunstancias que desconocemos impidieron nuestro contacto. De nuevo se nos citó a las doce treinta del viernes en el hotel Terminus, de París. Allí pasamos dos largas horas hasta que por fin pudimos apreciar la llegada del jefe de la familia carlista. Junto a él pronto aparecerían una serie de hombres que durante estos últimos cuarenta años han vivido los avatares del Tradicionalismo: primero, en el Requeté; después, junto a don Javier; más tarde, junto a Carlos Hugo, y ahora, apiñados en torno a don Sixto, que, según todo parece indicar, pretende situar a su padre junto a su causa. ¿Por qué este retraso desde las doce y media hasta las dos, que prolongaba la demora de nuestra cita anterior? Según nos han comunicado, don Javier había pasado los últimos días en el campo, y a su regreso a la ciudad sus acompañantes se encontraron con la vigilancia intensiva de su domicilio por partidarios de don Carlos Hugo. Al parecer, el burlar esta vigilancia fue la causa de los retrasos. Esto, unido a la repentina indisposición de doña Magdalena, esposa de don Javier, que sería internada en la misma mañana del viernes en el Hospital Americano, víctima de una pulmonía. Hemos de señalar que algunos de los partidarios de don Carlos Hugo, al conocer esta noticia, se trasladaron al citado centro hospitalario, esperando que, en breve plazo de tiempo, apareciese don Javier. Hacia las dos y media de la tarde, y antes de trasladarse don Javier a la notaría de la rue des Saints Peres, 15, se celebró el almuerzo al que nos hemos referido.

    Firma del manifiesto

    Celebrada nuestra entrevista, tan rápida como sigilosamente los asistentes se desplazaron en tres automóviles hacia el despacho del notario ante el que don Javier firmaría el manifiesto. En uno de esos coches seguimos a la expedición.Una vez en el despacho, el nerviosismo fue en aumento, ya que la traducción al francés del documento redactado por don Javier se demoraba. Al cabo de casi dos horas pudo dar comienzo el acto de la firma. Firmó don Javier, a continuación los testigos. Don Sixto de Borbón, en el momento de la firma, quiso estar ausente. El documento redactado en francés incluía unas consideraciones del notario sobre la identidad de los firmantes, así como el propio manifiesto. Posteriormente, don Javier firmó el documento en castellano y nos lo entregó.La tensión de las horas anteriores cedió y el ambiente quedó más relajado, aunque con la visible emoción de don Javier. Por otro lado, don Sixto reflejaba en su rostro una inconfundible sonrisa de satisfacción. Esos fueron los momentos en los que se pusieron unas boinas rojas para posar ante Rogelio Leal.Rápidamente, la reunión quedó disuelta y al primer plano de la preocupación de los asistentes saltó el estado de salud de doña Magdalena, y varios de ellos se dirigieron al Hospital Americano, donde se encontraba internada.




    Don Javier: “Franco me echó tres veces y ahora no me dejan entrar”

    Don Javier, ochenta y ocho años, hombre profundamente religioso –que ha hecho de su religión el centro de su actividad política–, que sólo duerme tres horas al día, lee de dos de la madrugada a siete de la mañana –«son las horas más tranquilas de la jornada»– y va todos los días a Misa de siete, tiene en sus manos la clave del futuro de la tradición carlista. Responde a nuestra entrevista con una sola condición: «no contestar a preguntas relacionadas directamente con sus hijos».


    – Don Javier, ¿hasta qué punto fue decisiva la intervención del Requeté en la guerra civil?

    – Fue casi decisiva. Pero, de todas formas, maravillosa. Muchos fueron mártires y murieron con alegría tras abandonar a sus familias. Algunos han tratado esta intervención horrorosamente pero, en realidad, fue maravilloso. Hoy en día hasta se tiene miedo de decir que aquella guerra fue una Cruzada. Desgraciadamente. Y ahora vamos a un tiempo más difícil todavía, porque todo se mezcla. Debemos considerar muy alta la Cruzada, porque fue la razón de ser no personal, porque lo que pretendíamos era mantener la fe de España. De cualquier forma, hay que hablar de aquel pasado a nuestros hijos, a nuestros nietos, aunque, eso sí –puntualiza con energía don Javier– sin insistir en la violencia para que no se cree un temor al pasado. Debemos ser prudentes, pero no podemos callar. Que todos entiendan la grandeza de aquel sacrificio.

    – ¿Usted pactó la intervención carlista con el Ejército sublevado?

    – Sí, con Sanjurjo y Mola. Lo de Sanjurjo fue fácil. Con Mola, más difícil. Sanjurjo era hombre que conocía una gran cantidad de cosas, un hombre realmente nacido para el mando. Mola era muy distinto, cerrado en sí mismo, muy cerrado. En realidad, creo que no tenía un punto de vista personal, por eso con Sanjurjo sí pude plantear nuestra intervención como una defensa del catolicismo. Con Mola, no estoy muy seguro.

    – Suponiendo que las circunstancias de 1936 se repitieran, ¿usted volvería a pactar?

    – Si Sanjurjo y Mola estuvieran aquí, sí. Pero hoy en día hay elementos que no valen, con los cuales se debe tratar. En realidad, pienso que el comunismo no tendría que representar un peligro, porque el comunismo acabará en una catástrofe inevitable. No obstante, el ataque del marxismo es feroz y es grave porque sus planteamientos son todos mentira. Pretenden el sacrificio de los pueblos por bienes materiales que nunca llegarán. Hoy ya hay quien intenta ser católico, o incluso sacerdote, siendo marxista. Eso es muy fácil de decir, pero a la hora de los hechos se ve que no es la verdad.

    – El carlismo en este momento, ¿estaría preparado para asumir una responsabilidad en el poder?

    – Entre los carlistas tenemos gente de primera categoría, porque no hablan, trabajan. Cuando el momento llegue saldrá afuera nuestro carácter. Ahora preparamos gente para el instante oportuno. Todos los que han pasado por el Requeté están ahora a nuestro lado en la lucha católica. Estoy convencido de que estamos en una circunstancia crítica, pero hay requetés que hicieron la guerra y que son los que darán el ejemplo a una juventud maravillosa que tiene fe política y fe religiosa.

    – ¿Cabría, desde los planteamientos carlistas, comparar 1977 con 1936?

    – Las fuerzas se encuentran mucho más poderosas de un lado y de otro. La lucha es más importante que nunca, por eso insisto tanto en la promoción de nuestra juventud que necesita que estemos cerca de ella, formándola, porque precisamente el gran apoyo del carlismo tiene que estar en la formación. Una formación de lucha.

    – Don Javier, ¿observa hoy en día la amenaza de algunos peligros concretos para el pensamiento tradicionalista?

    – El mayor peligro que nos acecha hoy es el materialismo. Los Estados son un conjunto de intereses y capitales. Eso es un gran peligro. Por otra parte, en el terreno religioso, el protestantismo ha debilitado las conciencias. Considera una forma exterior del bien sin dar importancia al interior. De cualquier forma, estas dificultades y otras de la vida son naturales. Tienen que existir. Hace veinte años todo era más fácil.

    – Uno de los lemas que defiende el Tradicionalismo es la Monarquía. ¿Cómo la definiría?

    – El poder viene de Dios. El Rey tiene una gracia especial y un deber del cual tiene que rendir cuentas a Dios si es un verdadero católico. El ejemplo nos lo dio mi tío don Alfonso Carlos, que no dudó un momento en llevar a la batalla a los carlistas, indicándome que procediese a un acuerdo con Sanjurjo y Mola. Fue una gracia especial de visión. Y es que no podemos ver las cosas del futuro, pero hay que adivinarlas tal como Dios las quiere. Yo tengo ahora ochenta y ocho años, pero tengo confianza en todo lo que haga, porque Dios está detrás. Muchas veces el Santo Padre me ha dicho: «Usted no debe pedir que el futuro de España sea de una manera u otra, lo que debe de hacer es encomendar a Dios ese futuro». Todo es cuestión de darse a Dios. Todo depende de Dios. Tenemos que tener confianza en Él.

    – Ha hablado usted de España, ¿cómo contempla nuestra Patria?

    – De todos los países que conozco no hay otro como España. Es el más profundo de todos. Es una fuerza extraordinaria, con miles de santos, como los requetés que dieron su vida para Dios, no como cosa personal. No eran ricos, no tenían esperanza en la riqueza, fue un servicio maravilloso a Dios. Fueron mártires. Los que sufren ahora en el carlismo entienden muy bien de todo esto. España es una gran fuerza. Uno, por ejemplo, contempla el caso de Italia. ¡Qué gran debilidad!, todo en el exterior y tan poco en el fondo… En España hay mucho fondo y poco exterior. Esta fuerza interna es peculiar de nuestro país.

    – Don Javier de Borbón Parma fue encargado por el Papa Pío XI de renovar la Orden del Santo Sepulcro. Desde entonces, el padre de la familia carlista ha estado muy estrechamente vinculado con el Vaticano y con la Iglesia. ¿Cómo ve, desde esa postura de privilegio, la situación de la Iglesia en estos momentos, uno de los poderes más atendidos por el carlismo?

    – El momento actual es muy duro. Conozco al Santo Padre muy de cerca, su salud no es muy buena, tiene muchos problemas. La Iglesia necesitaría más energía, es decir, ser más fuerte. Desde luego que la Iglesia tenía que ser otra cosa, más abierta, nos habíamos acostumbrado al clericalismo; al mismo tiempo, el Santo Padre no puede hacer una política de violencia: ha de estar abierto para consolidar los aspectos favorables que vengan de fuera y mantener, al mismo tiempo, el mando eterno de la Iglesia. Hay ambiente de cambio, pero más que en Roma, en conventos y asociaciones. Es un peligro interno, pero no de Roma. Es un peligro que el demonio hace inevitablemente. Se siente muy bien al enemigo que trabaja entre nosotros. Pero soy muy optimista, porque Dios es más potente que el diablo. Éste es un momento crítico en el que debíamos tener un Papa fuerte y tenemos un Papa dulce. Aunque el Santo Padre tiene una fuerza interna maravillosa. No queremos criticarle, de ninguna manera, pero debemos intentar comprender cómo lo hace. En tiempos tan duros esperábamos otro Papa más firme. Así se lo comenté a un alto dignatario de la Curia, que me respondió: «Usted no debe hablar así. Este Papa llega con su barca a buen puerto a través de todas las dificultades».

    – En algunos sectores del carlismo se habla de una deformación general de conciencia con relación a los criterios de la Iglesia…

    – Éste es un peligro cierto de debilidad mental. Muchos principios de la religión son abandonados porque falla la responsabilidad con relación a los principios inspirados por la Iglesia. Por ejemplo, el gran peligro de muchos sacerdotes y de muchos fieles es el no tener en cuenta la doctrina social de la Iglesia en este momento. El marxismo ha ganado mucho terreno. El dinero es, por otra parte, el gran peligro. Pero nuestra juventud carlista es la contrafuerza. Una juventud que no acepta el fútbol como una religión, o el esquí… Nuestra juventud lo entiende. No es fácil de comprenderlo, pero lo entienden. Quieren conseguir una vida llena de sacrificio y con mucho amor.

    – ¿Cuándo va a volver usted a España?

    – No me dejan entrar. Franco me echó tres veces y yo, como los judíos, volví; me tiraron por la puerta y entré por la ventana. La mejor solución. Las relaciones con Franco fueron muy difíciles. No quería contar conmigo. Franco tenía respeto a los reyes liberales y tenía también una especial predilección por ellos; en realidad era una correspondencia con don Alfonso, que le había hecho llegar al mando dentro del Ejército con gran facilidad. Tuve discusiones profundas con Franco. En una ocasión me dijo: «Tengo a los falangistas, no necesito de los carlistas». Yo le contesté que la Falange tenía una gran valentía, pero que en ella no había idea ni corazón, sin una razón de vida. Todo lo hacían por ellos o por el pequeño jefe y así el falangismo se hizo dueño de España. Muchos oficiales que no estuvieron con él, cayeron. Franco basó su política en una autoridad personal. Habrá hecho todo lo que ha podido, pero en muchas cosas no vio el futuro. Su gran acierto fue llegar al mando inesperadamente. Mola era muy superior a Franco, pero Dios puso a mandar a Franco por su dureza.

    – Don Javier, por último, ¿cómo ve el futuro?

    – Optimista para los próximos años, con todas las dificultades que puedan llegar. El fecundo trabajo del pasado dará ahora sus frutos. Lo nuestro es una fuerza nueva que atrae en el momento materialista actual. Damos soluciones. Dios vuelve al mundo. Siempre he luchado por ello. He luchado mucho.

    IGNACIO AMESTOY

    Fotos: ROGELIO LEAL



    MANIFIESTO

    Contra el marxismo y el separatismo


    Éste es el texto del manifiesto:
    «Ante ciertos rumores relacionados con pretendidas declaraciones políticas que se me atribuyen, quiero, en este día, dar a conocer una declaración mía para disipar toda confusión o mal entendido en cuanto a mi posición y forma de pensar, en lo que al carlismo se refiere, en su permanente línea ideológica derivada de los grandes principios que la informan y constituyen su razón de ser.

    Debo, por tanto, afirmar, ante todo, que si siempre me he esforzado por mantener la unidad en el seno de mi familia, no puedo consentir que se utilice mi nombre, pese a lo que se intentó hacerme decir, para justificar un gravísimo error doctrinal dentro del carlismo, haciéndolo aparecer ante la opinión pública como partido socialista o aliado del marxismo o del separatismo, que son incompatibles con su propia naturaleza y contra los cuales el carlismo ha luchado siempre con la mayor energía, de la misma manera que también ha luchado contra el capitalismo liberal materialista, que todavía trata de imponerse en nuestra patria como ya trató de hacerlo en el pasado.

    Así, toda concomitancia de aquéllos que se llaman a sí mismos carlistas con el separatismo o el socialismo constituye una provocación evidente y una clara voluntad de engaño. No puede haber, por tanto, carlistas ni carlismo fuera de la plena aceptación de los principios fundamentales que son, quiero recordarlo:

    1) La confesionalidad católica: es decir, la afirmación de nuestra condición católica como primera razón de nuestra causa: Dios.

    2) El mantenimiento del principio indiscutible de la unidad nacional y del conjunto de tradiciones específicas de la naturaleza de la España de siempre y que dan su pleno sentido al concepto de patria.

    3) La defensa de los fueros, fórmula que no está en modo alguno en contradicción con el principio anterior, sino que lo complementa.

    Además de constituir unos derechos históricos indiscutibles, representan la libre y original evolución de cada región de España, y de los cuerpos intermedios, evitando así los graves inconvenientes del centralismo absorbente y paralizador.

    4) La afirmación de la necesidad de la Monarquía para España, que se basa en nuestra convicción de que es herencia permanente de autoridad, responsabilidad, independencia y continuidad.

    Todo esto, lo sé, puede parecer una exposición de verdades elementales, pero creo que es oportuno recordarlas para terminar con ciertos falsos razonamientos que pretenden hacer que se puede ser carlista sin ser católico ni monárquico, patente traición a las convicciones de todos aquéllos que, obedeciendo las órdenes que tuve el honor de firmar en nombre de mi augusto tío el Rey, don Alfonso Carlos, lucharon con valor y murieron gloriosamente por la religión y por la Patria.

    Pido a Dios que el carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y la Cristiandad.

    Francisco Javier de Borbón, duque de Parma.»

    Última edición por Rodrigo; 31/03/2019 a las 21:13
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  9. #9
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Celebrada nuestra entrevista, tan rápida como sigilosamente los asistentes se desplazaron en tres automóviles hacia el despacho del notario ante el que don Javier firmaría el manifiesto. En uno de esos coches seguimos a la expedición.Una vez en el despacho, el nerviosismo fue en aumento, ya que la traducción al francés del documento redactado por don Javier se demoraba. Al cabo de casi dos horas pudo dar comienzo el acto de la firma. Firmó don Javier, a continuación los testigos. Don Sixto de Borbón, en el momento de la firma, quiso estar ausente. El documento redactado en francés incluía unas consideraciones del notario sobre la identidad de los firmantes, así como el propio manifiesto. Posteriormente, don Javier firmó el documento en castellano y nos lo entregó.La tensión de las horas anteriores cedió y el ambiente quedó más relajado, aunque con la visible emoción de don Javier. Por otro lado, don Sixto reflejaba en su rostro una inconfundible sonrisa de satisfacción. Esos fueron los momentos en los que se pusieron unas boinas rojas para posar ante Rogelio Leal.Rápidamente, la reunión quedó disuelta y al primer plano de la preocupación de los asistentes saltó el estado de salud de doña Magdalena, y varios de ellos se dirigieron al Hospital Americano, donde se encontraba internada.
    Pero tres días después (7 de Marzo 1977) volvió a firmar otro documento en la notaría de Marie Pierre Roque (13, Pace Etienne Pernet) facilitado a la prensa, desdiciéndose del que había hecho cuando estaba con su hijo Don Sixto; donde decía:

    Hoy, día 7 de marzo de 1977, me dirijo a todos vosotros carlistas, para disipar las dudas que se hayan podido producir en torno a unas manifestaciones mías. ES MI HIJO CARLOS HUGO, el único sucesor político y máximo responsable en la dirección del Carlismo. Por tanto, cualquier manifestación o acción en contra de estos derechos que asisten a mi hijo Carlos Hugo será considerada ATENTATORIA contra el Carlismo y su Dinastía (...).

    Esto ya ha salido al principio del hilo (página 1) adjuntado por ALACRÁN en un recorte del diario "Arriba" (8 de Marzo de 1977):

    https://linz.march.es/Documento.asp?Reg=r-15868

    Aquí la declaración última de Don Javier, completa (7 de Marzo 1977):

    https://es.wikisource.org/wiki/%C3%9..._Javier_(1977)
    Última edición por DOBLE AGUILA; 02/04/2019 a las 14:13

  10. #10
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Por cierto, en la entrevista de Don Javier en compañía de su hijo Don Sixto, interesantísima declaración que hace sobre la persona de Franco; ya que a pesar de sus difíciles relaciones, le considera un personaje providencial:

    – No me dejan entrar. Franco me echó tres veces y yo, como los judíos, volví; me tiraron por la puerta y entré por la ventana (.... ) Franco basó su política en una autoridad personal. Habrá hecho todo lo que ha podido, pero en muchas cosas no vio el futuro. Su gran acierto fue llegar al mando inesperadamente. Mola era muy superior a Franco, pero Dios puso a mandar a Franco por su dureza.
    Pues si a pesar de todo: "Dios puso a mandar a Franco por su dureza", ¿A qué tantas críticas?.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 02/04/2019 a las 14:29
    ALACRAN dio el Víctor.

  11. #11
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Hay otra declaración pública, que es la de la Secretaría de Don Javier, que dice que éste tuvo que ser hospitalizado por el escándalo originado cuando los huguistas comunicaron falsamente que Don Sixto había secuestrado a su padre, y califica la actuación de Hugo y los suyos como «una baja maniobra política» y afirma que «el falso rumor tiene como origen el hecho de que el jefe de la Casa Carlista se haya negado recientemente a respaldar ciertas iniciativas cuyo contenido marxista o socialista es contrario a los ideales del carlismo».

    Y no conformes con eso, Hugo y sus hermanas lo sacaron del hospital para firmar, con amenazas, ese otro manifiesto ante notario. ¿Por qué creéis que Doña Magdalena llegó al extremo de prohibir a Carlos Hugo y sus hermanas rojas asistir a su funeral? ¡Cuán salvajes tuvieron que ser para que una madre católica llegase a repudiar a sus hijos hasta tal punto!

    Pero nada, que gracias a la alianza franco-hugonote sabemos que ni la esposa de Don Javier conocía a su marido ni sus propios secretarios tampoco. Para los franquistas, solo marxistas anticarlistas como José Carlos Clemente y Ramón Chao (padre del cantautor proetarra, por cierto) están autorizados a hablarnos de Don Javier.

    Por cierto que la alianza franco-hugonote contra el tradicionalismo que vemos en este hilo no es nueva. Ya a principios de los 60 Hugo y su camarilla destacaron por su franquismo y progresismo recalcitrante (sí, ambas cosas a la vez, ya que no necesariamente son contradictorias).
    Última edición por Rodrigo; 02/04/2019 a las 21:57
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

  12. #12
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Por cierto que la alianza franco-hugonote contra el tradicionalismo que vemos en este hilo no es nueva. Ya a principios de los 60 Hugo y su camarilla destacaron por su franquismo y progresismo recalcitrante (sí, ambas cosas a la vez, ya que no necesariamente son contradictorias).
    Carlos Hugo nunca se proclamó franquista y sí "Príncipe del 18 de Julio" o "nieto" de Carlos VII (sin serlo) para engañar a los carlistas. En los sesenta, que yo sepa, la Secretaría Política de Don Javier llamaba a Blas Piñar para dar discursos (los más aplaudidos por cierto) en Montejurra. Así que "menos lobos".
    Última edición por DOBLE AGUILA; 02/04/2019 a las 23:03

  13. #13
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    Y no está del todo mal traído eso de la "alianza franco-hugonote"; ya que, en efecto, está bastante claro que todas estas maniobras políticas estaban alentadas desde la República de Francia, para desestabilizar el Régimen legítimo.

    Durante la Transición, la gran mayoría de antiguos requetés estaban ecuadrados en la MUY FRANQUISTA Confederación Nacional de Excombatientes; cuyo órgano de expresión política era el diario "El Alcázar". Y con quien se alinearon los verdaderos requetés, fue con Don Blas Piñar [1] nada más.

    Aunque muchos también optaron por seguir a Fraga; todo hay que decirlo. Qué le vamos a hacer, somos humanos y nos podemos equivocar.

    En el 80 Aniversario de la VICTORIA:

    VIVA CRISTO REY Y ARRIBA ESPAÑA.

    [1] En el más puro "Búnker", y a mucha honra.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 03/04/2019 a las 01:58
    ALACRAN dio el Víctor.

  14. #14
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    Re: El revolucionario rey Don Javier traicionó al legitimismo

    El error que impide comprender bien la historia es considerar que el franquismo es "el Búnker". Así no se entiende absolutamente nada. No, el Búnker (con el que los tradicionalistas colaboraron a principios de los 70) era muy minoritario dentro del franquismo. El aparato franquista en los 60 y 70 era desarrollista, tecnócrata, seguidor del espíritu del CVII, conciliador y socializante. Ese espíritu, que era el que realmente promovió el General Franco, no tenía nada que ver con el del 18 de Julio ni con la revista FUERZA NUEVA o el tradicionalismo. Es en ese contexto en el que hay que entender la estrecha afinidad franquista a principios de los 60 de la camarilla de Carlos Hugo y del mismo Carlos Hugo, a quien el propio Franco calificó como «adulador servil» (será que vuestro admirado General Franco tampoco está autorizado para hablar de Carlos Hugo, ¿no?).
    Última edición por Rodrigo; 03/04/2019 a las 15:45
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

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