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Tema: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episcopado

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  1. #1
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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    EL FUNDADOR DEL NACIONALISMO VASCO. SUS RASGOS CARACTERÍSTICOS (2)

    ... Vea ahora el lector unos cuantos textos del jefe nacionalista, donde subrayamos algunas frases:

    - Algunos conceptos inexplicables o inverosímiles delfundador del nacionalismo

    “Si a esta nación latina -España- la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del náufrago el no divisar el horizonte ni isla ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera”. (Semanario Bizkaitarra, número 5).

    Esas palabras son todo un programa, revelación total de un espíritu: el de su autor no dio más de sí. Podría tener escondidos tesoros de caridad, pero no es posible compaginarlos con esas enormidades.

    Aun cuando España poseyese sin título y sin darle nada en compensación el País vasco, y no como le posee: como miembro integrante adquirido en el proceso histórico de su organismo, no sería lícito alimentar esos brutales deseos.

    No hay amor por alto que se le suponga que justifique dentro de los Mandamientos cristianos celebrar con fruición y verdadero júbilo la ruina y el despedazamiento del pueblo con quien milenariamente se vive como parte integrante. Esos sentimientos son odios de selva, cuya ferocidad no llegó a debilitarse con el crisma de Jesucristo.

    El País Vasco no es una colonia sometida a la Metrópoli por el terror y la violencia; lo mismo puede decir el País Vasco que España es suya, como España decir que es suyo el País Vasco.

    España y el País Vasco forman un todo orgánico, donde Castilla fue en la evolución histórica el centro atractivo hacia la cual para ayudarse mutuamente y constituir un pueblo poderoso se fueron agrupando las demás regiones.

    De amar y reverenciar como a cosa grande y gloriosa la agrupación obtenida de hecho, dieron pruebas prácticas en miles ocasiones los vascos. Pero al surgir “la conflagración intestina” y “la guerra internacional” los discípulos del fundador, para cumplir con exactitud las enseñanzas de su maestro, volvieron la espalda a la moral y a la historia y se fueron con los bolcheviques huyendo “la desdicha” de que “España prosperara y se engrandeciera”.

    Y ahí tiene el grupo Maritain una de las razones porque los católicos vascos saltando sobre su catolicismo pelearon contra la España Nacional fundiéndose con los rojos.

    Pero hallaban reforzada esa razón de táctica con otras intrínsecas aprendidas en la dogmática del maestro. Decía éste: “Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía a nuestra patria Vizcaya; y vosotros, sin pizca de dignidad y sin respeto a vuestros padres, habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa y estáis procurando que esta raza envilecida sustituya a la vuestra en el territorio de vuestra Patria”.

    Los peores enemigos de España no han ido nunca en sus insultos más lejos. Sólo un labriego ignorante, dirigiéndose a otros entendimientos más toscos e ignorantes todavía, puede permitirse con impunidad tales excesos.

    ¿Que la raza vasca no tiene punto de contacto con ninguna otra del mundo? Pues, ¿de dónde viene la raza vasca? ¿Es que Dios creó al género humano y antes o después, aparte, a la raza vasca? Una cosa es que no sepamos con precisión el punto de contacto, y otra que no exista el punto.

    Esto último lo afirmaba muy en serio con otra porción de cosas pintorescas sobre su raza vasca nuestro héroe; y lo más extraño es que sus secuaces boquiabiertos se lo creían.

    Casóse con una aldeana, y respondiendo a los que temían que desprestigiase al partido con el casamiento, decía: “Es una vizcaína originaria: todas las familias originarias eran en Vizcaya nobles; todos los vascos descendemos de aldeanos, de caseríos”.

    ¿Cómo se prueba que en Vizcaya fuesen nobles todas las familias originarias? ¿De dónde les venía la nobleza? ¿De haber nacido en la aldea o en el caserío?

    La nobleza viene de las grandes y claras acciones, no de los adobes del caserío ni de las matas del campo. El fundador la derivaba de su orgullo racista intemperante y colérico.

    Los nacionalistas vascos sus discípulos eran tan racistas como Maritain, furioso racista judío; y los nacionalistas y Maritain, más racistas que Hitler.

    Y acaso por eso, por que las cargas eléctricas del mismo signo se repelen, son tan enemigos [1942] de Hitler Maritain y los nacionalistas vascos.

    - Los discípulos del fundador denigran a la raza vasca pretendiendo enaltecerla con encomios extravagantes

    Si esa raza no fuese estimada con más profundidad y juicio que por los vascos nacionalistas por los verdaderos españoles, serían esos conceptos como para perderle la estima.

    En el prólogo de los Pensamientos del fundador, no en el brindis de un banquete ni en la algazara de un merendero, escribe uno de los más conspicuos filósofos: “Ahí tienes ahora las palabras de... el maestro; palabras luminosas, tras la ceguera secular de la raza; profundas como el silencio racial durante siglos, ... palabra, que no acertó a sacar durante siglos nuestra raza del fondo de su alma... Euzkadi”.

    ... Como las distancias estelares se miden por años y milenios de luz, la pereza de la raza vasca para conocer su bien o su mal tiene por unidad de medida, según sus panegiristas, siglos o milenios.

    Cuatro mil años gastados por una raza que no es precisamente la amarilla por su número, para descubrir que debe unirse, son muchos años. Dicho eso en elogio suena más bien a difamación o injuria...

    El fundador del nacionalismo nos ha dicho antes que “esa raza singular es más singular aún por no tener ningún punto de contacto con raza alguna humana del mundo", de donde forzosamente se sigue que, siendo la más antigua de la tierra hubo de ser creada antes de la creación del género humano...

    ... lo difícil es comprender cómo el pueblo vasco pudo contraer el pecado original si no tiene “ningún contacto con el género humano”,cuestiones que llevan a una revisión del dogma católico, planteada por la original sabiduría del nacionalismo vasco. Para estas cuestiones remitirse al capítulo VI de la obra de Pedro Altabella (El catolicismo de los nacionalistas vascos. Prólogo del excmo. señor A. A. de la Diócesis de Vitoria. Editora Nacional. Madrid,1939).

    - El odio persistente del fundador a España y el telegrama al presidente T. Roosevelt

    Infunde tedio pensar que pudiese trastornarse a parte no escasa de ese pueblo vasco tan noble con tejido tan burdo de insensateces. De ellas vamos eligiendo sólo las estrictamente indispensables a nuestro tema. Véanse otras dos del Maestro y Fundador del partido:
    Nosotros odiamos a España con toda nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de esa rotunda esclavitud.” (Semanario Bizkaitarra, número 16).

    “Ahora, para concluir, daré, como testigo presencial, un dato para la historia contemporánea: el día de San Roque de 1893 se oyeron por primera vez en Guernica y Bilbao los gritos de ¡Viva Euskeria independiente! Y ¡Muera España!” (Semanario Bizkaitarra, número 2).

    Cualquiera diría que sobre el pueblo vasco hacia España pesara una dominación como la ejercida sobre Irlanda por Inglaterra, y que el Jefe nacionalista era la encarnación y la expresión auténtica del pueblo vasco.

    El Jefe hablaba en nombre de cuatro ilusos llenos como él de ignara e insolente soberbia; y el pueblo vasco, protegido por el Arancel, por un concierto económico benevolente y por la seguridad de expender sus manufacturas en la Península, era en la nación una de las regiones más florecientes.

    Desde tiempo inmemorial quería a España con hidalga adhesión, sin considerarse contradistinto ni en pugna con ella. Se creía con razón parte del cuerpo nacional, como Galicia, Asturias o Andalucía, y jamás pensó que en ese conjunto fuese un país o dominio extraño sujeto por la violencia.

    Ahora el fundador del nacionalismo le excitaba a la guerra y llamaba “malditos por el espíritu de sus antepasados, malditos por sus hijos”...a los que oyendo ese grito santo no le diesen oídos.

    Ese ¡Muera España! recogido como un dato para la historia,procuró depositarlo el Maestro en el corazón de sus seguidores. ¡Triste papel el del hombre que se emplea en sembrar odio como simiente de futuro grano! La Mística Doctora de Ávila, cuando quiso definir al demonio, dijo con frase imperecedera: “Es el ser que no pudo amar”. Uno de los Apóstoles, el que percibió con íntimo contacto los latidos del corazón del Señor, para definir a Dios dijo: “Dios es amor”.

    Cuanto más se aproxime el hombre en sus intentos y afecciones a la definición del demonio es más bajo y miserable. El Fundador del Partido Nacionalista, impulsado tal vez por alguna tara ingénita, cuya existencia le servirá de atenuante, se trazó a sí mismo, el más lamentable de los destinos: cultivar el afecto que más aproxima a la definición del diablo.

    No fueron en él esas propagandas, vehemencias de la juventud, irreflexivas y pasajeras. El 2 de mayo de 1902, año y medio antes de su muerte, ya en su madurez, y en momentos de angustia y terrible depresión moral para España, dirigió al Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, el siguiente telegrama:

    “Roosevelt, Presidente Estados Unidos. - Washington. Nombre Partido Nacionalista vasco felicito por independencia Cuba, Federación nobilísima que preside, que supo libertarla esclavitud. Ejemplo magnanimidad y culto Justicia y Libertad dan vuestros poderosos Estados, desconocida Historia e inimitable para potencias Europa, particularmente latinas. Si Europa imitara, también nación vasca, su pueblo más antiguo, que más siglos gozó libertades, rigiéndose Constitución, que mereció elogios Estados Unidos, sería libre”. Siguen a continuación los dos apellidos del Jefe nacionalista. (Euzkadi,pág. 36)

    Asaltan el ánimo al considerar esa composición, infatuada y pedestre, muy serias dudas sobre si sería un hombre normal quien las redactara. No han de morir en posesión de sindéresis todos los seres humanos; mueren muchos en agraz y en verde. El juicio de este agitador político era todavía casi al fin de su carrera como “la vid cuyo fruto no madura”.

    No podía concebir iniciativa más estéril e insensata; con ella no había de conseguir nada práctico, y daba, en cambio, la medida de su talla mental y de sus sentimientos. Dentro de las mismas malas inspiraciones del odio, constituía ese telegrama una acción incalificable. Sentimos de corazón que un español descendiera tanto.

    (continúa)
    Última edición por ALACRAN; 16/06/2019 a las 11:58

  2. #2
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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    ...
    Última edición por ALACRAN; 21/06/2019 a las 17:21

  3. #3
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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    ACTITUD INCONGRUENTE DE “LOS CATÓLICOS VASCOS”, PROTEGIDOS POR MARITAIN

    Si el grupo Maritain se hubiese tomado la molestia de investigar un poco los orígenes y las aspiraciones concretas del Partido Nacionalista vasco, no hubiera cometido, al menos por evitar el ridículo, tantas injusticias e insensateces. Esos “católicos vascos”, como miembros componentes del Partido Nacionalista, eran por su origen, por su mentalidad, por sus sentimientos y objetivos, españoles de filiación muy discutible.

    Esos hombres buscaban un Estatuto autonómico como preliminar y paso para su independencia, o si fuera posible, la independencia directamente. Se fingían, en los momentos de prueba, ajenos y desligados de la vida y de la suerte general de España, con cuyos enemigos se unían en apretado haz.

    1º- Publican sus objetivos de lucha y fingen después el silencio ante la Jerarquía eclesiástica

    El Jefe del Gobierno de Euzkadi hizo el 1º de octubre de 1936 la siguiente declaración en las Cortes: “Señores diputados: Planteado el problema, nuestra posición fue clarísima: luchando las democracias contra el fascismo, el imperialismo contra la libertad vasca, el nacionalismo había de colocarse, como siempre en nuestra historia se colocó, al lado de la democracia y de nuestra libertad. Estamos enfrente de este movimiento subversivo contra el Poder legítimo y la voluntad popular, porque a ello nos impelen nuestros principios honrados y profundamente cristianos”. (Euzkadi, pág. 165)

    Estaban en esas palabras perfectamente claros los motivos porque se unían a los rojos los católicos nacionalistas vascos: porque la España Nacional era para ellos el imperialismo, que no había de consentir la destrucción de la Patria dejando al País Vasco erigirse según las pretensiones nacionalistas en Estado autónomo o independiente. Apoyábase la convicción nacionalista en seguro presentimiento.

    La España Nacional era la continuación, la unidad, el instrumento forjado a costa de sacrificios para cumplir la misión histórica señalada por la Providencia a nuestro pueblo, y antes de permitir el desglose del País Vasco no quedaría en el territorio español piedra sobre piedra...

    El 22 de diciembre de 1936 decía en un desatinado discurso el Jefe del Gobierno de Euzkadi: “Cuando la juventud vasca..., siendo esta juventud cristiana en buena parte, quiere encontrar allí donde la justicia tiene su asiento una voz que apruebe una conducta ajustada al derecho, ¿por qué calla la Jerarquía? En nombre del pueblo vasco, guardador del orden, de la justicia y del derecho..., apelo al Padre de la cristiandad para que haga cesar este silencio”. (Euzkadi, pág. 15)

    Pedir con afectos de afectada reverencia un veredicto de la Jerarquía Eclesiástica en favor de la conducta adoptada, somo si la Jerarquía se hubiese desentendido de sus deberes, era otra astucia sin sentido ni congruencia.

    Enseguida recordaremos cómo se guardaba el orden y la justicia en el pueblo vasco, cuya representación se atribuía ese iluso y enfático personaje. No se atreve a decir que toda la juventud, a cuyo nombre recurre, sea cristiana, porque se lo hubiesen impedido los aliados sin religión, masones, comunistas y judíos, con quienes andaba en mísero maridaje.

    Nadie había hablado tan pronto, ni tan a tiempo, ni tan aguda y resueltamente como la Jerarquía Eclesiástica, establecida en el territorio donde la orientación y el veredicto se pedía.

    2º Los obispos del País Vasco habían reprobado, siguiendo la dirección pontificia, la conducta de los separatistas católicos

    Ni los separatistas vascos, ni sus jenízaros intelectuales -los del grupo Maritain- a quienes ahora nos dirigimos, podían ignorar que el 6 de agosto de 1936, al iniciarse el Movimiento Liberador, habían intimado en una Pastoral conjunta los obispos de Vitoria y de Pamplona [Vizcaya y Guipúzcoa dependían entonces del obispo de Vitoria] estos terminantes preceptos:

    Lo que conturba y llena de consternación nuestro ánimo de prelados de la Iglesia es que hijos nuestros, amantes de la Iglesia y seguidores de sus doctrinas, han hecho causa común con enemigos declarados, encarnizados de la Iglesia; han sumado sus fuerzas a las de ellos, han fundido su acción con la de ellos y acometen fieramente, con todo género de armas mortíferas, a los enemigos de ellos, que son sus propios hermanos...

    “Nos, con toda la autoridad de que nos hallamos investidos, en la forma categórica de un precepto que deriva de la doctrina clara e ineludible de la Iglesia, os decimos: Non licet.

    “No es lícito en ningún terreno, y menos en la forma cruentísima de la guerra..., fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo... Menos lícito es, mejor, absolutamente ilícito, después de dividir, sumarse al enemigo para combatir al hermano, promiscuando el ideal de Cristo con el de Belial, entre los que no hay compostura posible; y el ideal, prescindiendo de otros que quizá quieran conservarse incontaminados, es el exterminio del enemigo, del hermano en este caso, ya que la intención primera de toda guerra es la derrota del adversario.

    “Llega la ilicitud a la monstruosidad cuando el enemigo es este monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía, opuesto diametralmente al cristianismo en su doctrina religiosa, política, social y económica. Y cuando el Sumo Pontífice, en documentos recentísimos, dice anatema al comunismo, y previene contra él todos los Poderes, aun no cristianos, y le señala como ariete destructor de toda civilización digna de tal nombre, dar la mano al comunismo en el campo de batalla, y esto en España, en este cristianísimo país vasconavarro, es aberración que sólo se concibe en los ilusos que han cerrado los ojos a la luz de la verdad, que ha hablado por su Oráculo en la tierra...

    “No es lícito hacer un mal para que de él derive un bien, ni se puede anteponer la política a la religión: antes que la Patria está Dios, a quien debemos amor sobre todas las cosas...”

    Para entender la fuerza de estos preceptos episcopales, tan sensatos y tan precisos, bastaba con el sentido común; por escaso que fuese el de los separatistas constelados por el grupo Maritain, vieron la imposibilidad, confesándose católicos, de eludir la obligación moral dimanante de esa doctrina; recurrieron entonces a la pobre ficción de negar la autenticidad de ese documento eclesiástico.

    Cortóles la huida el Sr. Obispo de Vitoria [mons. Mateo Múgica] el 8 de septiembre, proclamando por radio la autenticidad del documento y haciéndoles paternalmente las más apremiantes y juiciosas reflexiones:

    ALOCUCIÓN DE VUESTRO OBISPO

    (Fue radiada por la Emisora de Vitoria en la emisión de la noche del ocho de septiembre del mes en curso).

    “Por conducto autorizado se nos dice que en Bilbao niegan que sea auténtico Nuestro documento Pastoral que, de acuerdo con mi Venerado Hermano, de Pamplona, se publicó en la Prensa y se radió el día 6 del próximo pasado mes de Agosto, condenando la incomprensible conducta de algunos católicos de Nuestra diócesis que, combatían a metralla despiadada a otros hermanos suyos católicos, levantados en armas a una con la inmensa mayoría del ejército español, para defender los intereses religiosos y a España.

    “¿No había de ser Nuestro, si lo hemos enviado en folleto a cuantos Párrocos ha sido posible, como vamos mandando cada día, sellado con el sello ordinario-oficial Nuestro?... ¡Qué responsabilidad la de aquellos que impiden con esa clase de funestísimas artes que llegue a sus ovejas la voz auténtica y salvadora de su Pastor!

    “No ha faltado, tampoco, quien nos ha dicho que los católicos, que los nacionalistas, a los que en el documento nos referimos, no han cometido actos de violencia; no han disparado metralla contra los otros hermanos católicos; pero otros, dignos de crédito, nos aseguraron todo lo contrario; y de todos modos, amadísimos Hijos nuestros, están demasiado comprobadas la connivencia, la inteligencia, ciertas funciones que algunos han desempeñado de acuerdo con los elementos marxistas.

    Católicos vascos, oíd, escuchad a vuestro Prelado que, sin distinción de partidos, supo amar a todos sus Hijos diocesanos.

    “No podéis de ninguna manera cooperar ni mucho ni poco; ni directa ni indirectamente al quebranto del ejército español y cuerpos auxiliares, requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española, bicolor, luchan heroicamente por la Religión y por la Patria.

    “Oh!: si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia; la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu: no habría salvación para los católicos, y procurarían por todos los medios borrar hasta el último vestigio de Dios.

    “¡Qué diferencia, amadísimos Hijos, con lo que sucede en las provincias que resueltamente se adhirieron al salvador movimiento del ejército español! Allí no se oye ya el satánico estallido de la blasfemia; el Crucifijo ha sido restituido a su puesto de honor en las escuelas: la imagen veneranda del Sagrado Corazón de Jesús ha retornado al trono que ocupaba en Diputaciones y Ayuntamientos; son respetados los derechos de la Santa Iglesia; sacerdotes, religiosos y religiosas son respetados, apoyados y amados; funcionan fábricas y talleres; trabajan tranquilamente los labradores, y se prometen oficialmente soluciones cristianas ventajosísimas a los obreros.

    “Pero, además, vascos, Hijos Nuestros, ¿no decís que amáis con encendido amor a vuestro bello país; a vuestras provincias, ciudades, villas, casas, industrias, centros de enseñanza, campos, etc. Pues, si es así, y no lo dudamos; evitad a todo trance que por vuestras estériles resistencias se repitan casos tan dolorosos como los de Irún, ciudad tan amada por vuestro Obispo: ciudad desgraciada que, al fin, fue incendiada y reducida a pavesas en gran parte por los que se decían sus defensores y en realidad han sido sus destructores, los marxistas; como serán destructores de otras ciudades, si unidos todos los buenos, como lo han hecho en el resto de España, no aplastan a ese monstruo, al marxismo, ruina de toda civilización. El ejército español y sus cuerpos auxiliares están resueltos a triunfar, cueste lo que cueste y hay que apoyarles decididamente.

    “En fin, amados diocesanos, hay prisioneros, rehenes en uno y otro campo: no seríamos Padre de Nuestros Hijos, si no nos interesara la vida de ellos: el asesinato de tantos caballeros cristianos, de Tolosa... Guadalupe, perpetrados por los rojos nos ha destrozado el corazón: muchos fueron conocidos y amigos Nuestros: basta de sangre; dejad de combatir al ejército español victorioso; apoyadlo, cooperad con él, y sálvese la vida de todos, para que todos, olvidando furores, odios y rencores podamos convivir en paz y en santa libertad.

    “Y vosotros, sacerdotes y religiosos, haced llegar Nuestra voz a los fieles de la diócesis en vuestras Iglesias respectivas: secundad en estos gravísimos m omentos dócil y lealmente todas nuestras actuaciones; rezad, orad, pedid, organizad cultos; aconsejad penitencia y mortificaciones a las almas; aportad y haced aportar los recursos económicos que os sean posibles; todo ello, para cooperar por todos los medios viables al triunfo del ejército salvador de España. ¡Viva España!

    MATEO, Obispo de Vitoria.”

    Todo inútil; las palabras episcopales cayeron en el vacío. Inventaron los separatistas la leyenda de que el señor Obispo hablaba preso y rendido a la violencia de los Nacionales.

    El caso no era de los que exigen para su comprensión un auxilio especial del cielo... Los separatistas y sus auxiliares mezclaban en sus odios y pretensiones la Religión y la Jerarquía de modo pueblerino y grotesco. Convertirlas en instrumento para sus fines era el propósito inspirador de su táctica.

    Fracasado el propósito, cesaban en ellos automáticamente la reverencia y la sumisión a la Jerarquía. Por esa disposición del espíritu, no siéndoles favorables sino adversas y comminatorias, no obedecieron las normas tan autorizadas y clarividentes de entrambos Obispos vascos.

    Tampoco consiguieron hacer mella en su mentalidad de católicos las exhortaciones de S. S. el Papa del 14 de septiembre [1936] cuando habló por primera vez en Castelgandolfo, ni la conducta del Cardenal de Toledo seguido por todo el Episcopado de España, ni la Encíclica terminante y precisa del Sumo Pontífice contra el comunismo publicada el 19 de marzo del 37, ni la Pastoral colectiva de los Obispos españoles correspondientes al 1 de julio del 37 con la sentida aprobación de 900 Obispos de todo el orbe católico, comentada nobilísimamente de modo especial por los Eminentísimos Cardenales de París y de Westminster...

    (continúa)
    Última edición por ALACRAN; 21/06/2019 a las 17:36

  4. #4
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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    3º - Obcecación partidista del grupo Maritain. Protesta al Papa por Guernica y no condena los crímenes cometidos bajo el Gobierno de Euzkadi

    A cualquiera persona accesible al sentimiento de la más elemental modestia le hubiera hecho reflexionar ese impresionante y unánime consentimiento con sus colegas españoles de los Obispos dirigentes del mundo católico.

    Pero el grupo Maritain era en su criterio infalible ¡Capitaneado por un judío converso, autor de unos cuantos ensayos y discursos de propaganda religiosa, sabía más derecho, más ética, más política y teología moral que toda la Jerarquía Eclesiástica presidida por el Jefe de la Cristiandad, representante de Jesucristo y sucesor de San Pedro!

    Atrevióse en su terca obcecación ese grupo a dirigir con motivo de Guernica al Soberano Pontífice un telegrama cuyo tenor, por mucho que la benévola comprensión lo disculpe, no era en el fondo sino un incivil y despechado reproche:

    Cardenal Secretario de Estado.-Ciudad del Vaticano. Comité francés por la paz civil y religiosa de España, filialmente consagrado Silla Apostólica, profundamente emocionado bombardeos Durango, Guernica, peligro exterminio pueblo católico vasco, suplica Santo Padre hágase recordar principios cristianos y proteja no combatientes.-Por el Comité, Maritain, Pezet, Bourdet (Secretario)” (Euzkadi, pág. 15).

    Con este estilo tan ordenancista y congruente, “hágase recordar y proteja no combatientes” hablaban al Sumo Pontífice como si hablasen al prefecto de Policía en un departamento francés, los que a sí mismos se tenían por la crema de la cultura.

    Si en asuntos tan dolorosos sirviese la venganza de reparación o de remedio, quedarían los agredidos con ese inverecundo telegrama perfectamente reparados. Con sólo exhibirle pondrían a plena luz la alteza intelectual y moral de sus enemigos. Refutarlo de propósito sería conceder a sus autores una importancia no merecida.

    ¿”Filialmente consagrados a la Silla Apostólica” los que en una convulsión bélica de incalculable trascendencia para la civilización y el Catolicismo empezaban a negarse a obedecer los preceptos y orientaciones de la Silla Apostólica?

    ¿Es que eran ellos más rectos, más puros, más clarividentes que el Jefe del Catolicismo para discernir en qué bando estaba la razón y de dónde podría seguirse mayor daño o más grande bien para la Iglesia Católica?¿No hubiese sido mejor que ese “Comité francés para la paz civil y religiosa de España” hubiera consagrado, desentendiéndose de ajenas preocupaciones, todas sus luces y actividades a los problemas de su país, donde tal vez la paz civil y religiosa reclamase la concentración de tan eximios talentos?

    En España no hacía ese Comité falta ninguna; por lo menos en la España Nacional, no se acostumbraba a pedir el concurso gratuito de nadie, ni a expender en propagandas las riquezas y tesoros nacionales.

    - Responsabilidad mayor de Maritain e inconsistencia de su raciocinio

    Oír de un Mauriac, por ejemplo, escritor completamente profano sin competencia en cuestiones morales, “que los vascos no hacían sino defender la libertad que les negaban los rebeldes”, no extraña (Euzkadi, pág. 228); pero que Maritain con humos y pretensiones de moralista tomase la desgracia de Guernica como pretexto para sus insensatas declamaciones, era inexcusable. En un discurso clamaba:

    Estamos seguros y lo hubiera querido decir aquí Mauriac, si nuestro amigo no estuviese retenido lejos de nosotros, que quienes han de refutar más tarde a los malignos historiadores dedicados a calumniar al catolicismo por sus contactos con las potencias de la carne, no hallarán grandes dificultades al revolver los archivos en dar con algunos católicos que elevaron un día su voz contra la destrucción de Guernica...” (J. MARITAIN: Questions de conscience, pags 37-38. Desclée, Paris, 1938).

    Lo que no debieran querer esos católicos es que un día al revolver los archivos se dé con ellos. Porque ellos, y no el Catolicismo, serán los juzgados duramente por haber tenido contactos y connivencias con el error y con el mal.

    Después de haber dicho sobre Felipe II unas cuantas inexactitudes reveladoras de insuficiente cultura, agita lo de Guernica con ese acento suyo lacrimógeno, que pretende ser ascético y queda sólo en una mezcla inadmisible de religión y de política:
    Nada, dice, tan grave y escandaloso como ver, según vemos desde hace algunos años en ciertos países, medios inicuos y bárbaros empleados por hombres que dicen pertenecer al orden y civilización cristiana”

    “El ejemplo ofrecido por los aviones que bombardearon a Guernica y Granollers no es un buen ejemplo; al mismo tiempo que mataban niños y mujeres herían para mucho tiempo la conciencia humana”

    “Aldus Huxley ha denunciado también esta locura que consiste en perseguir fines buenos por medios malos. Henry de Man ha explicado cómo en los medios va ya preformado el fin. Querrán por fin comprender los cristianos?”

    ¡Qué congruencia y solidez de conceptos! ¡Qué doctrina tan original y aplastante la de Man y Aldus Huxley! La verdad es que si con ella no acaban de comprender los cristianos, no se sabrá de qué echar mano para hacerles comprender.

    Toda esa mezcolanza de religión y de política la utilizaba el lógico y el moralista para sostenerse en una posición anticristiana. Era anticristiano colaborar con el comunismo, “que es intrínsecamente perverso”, según había declarado el Papa.

    Pero con hombres de la complexión mental de Maritain no era posible la reflexión serena. Todo el Episcopado del mundo con su prudencia y su saber, presidido por el Sumo Pontífice, no fue de eficacia suficiente para inducirle a cesar en la defensa de una causa injusta. Cualquier calificativo que se use para designar esa actitud ha de parecer, si es exacto, duro y agresivo. Renunciamos a emplearlo.

    5º- El caso de Guernica.

    Lo de Guernica fue un caso sensible, consecuencia dolorosa de la guerra. Estaba situada a cinco kilómetros de un frente en evolución y desplazamiento; poseía fábrica de armas: era lugar de conjunción o de retén de fuerzas enemigas; se interponía al paso de los Nacionales. Sufrió la dureza de las armas modernas por caer dentro del área de los movimientos bélicos, como en el desarrollo de las operaciones había caído antes Durango.

    No tenían interés ni provecho ninguno en destruirla de propósito los Nacionales, que habían de ser sus dueños. No podían tampoco detener su marcha o dirigirla por los senderos que placiese a sus adversarios.

    No insistimos en este hecho, del cual ha dado ya la crítica competente explicación razonable, pero no es posible olvidar que ese Maritain, tan escandalizado por las duras operaciones de la zona de fuego, no levantó su voz contra los crímenes y bombardeos efectuados lejos del frente sin objetivo militar por el Gobierno compuesto por separatistas vascos, masones y bolcheviques.

    Toda le emoción moral de Maritain era indignación ficticia, empleada indebidamente como táctica de combate y reducida en esencia a rencorosa contrariedad por el triunfo de los Nacionales.

    Crímenes horrendos se cometían en toda la España roja bajo un Gobierno donde tenían con su ministro representante participación los separatistas vascos; crímenes horrendos se cometían también en el País Vasco bajo un gobierno presidido por el Jefe separatista.

    Por ninguno de esos crímenes, multiplicados en serie, se dirigieron al Sumo Pontífice en telegrama apremiante los piadosos componentes del “Comité francés por la paz civil y religiosa en España”.

    Esos crímenes eran ante la conciencia humana incomparablemente más horrorosos que un ataque trágico en la línea de fuego. “El peligro de exterminio del pueblo vasco” (Maritain) no era una hipótesis, sino una pavorosa realidad con los martirios y feroces asesinatos perpetrados en las cárceles, en los barcos prisiones, en los campos y caminos del territorio sometido al gobierno separatista vasco.

    Las personas de más representación del país opuestas al separatismo iban cayendo sacrificadas metódicamente en matanzas sucesivas durante el imperio del gobierno separatista. Eso era bajo, repulsivo y cruel.

    Es preciso dejar bien sentado que es mucho más horrible ante la ética asesinar a los presuntos enemigos inermes e indefensos aprisionados en una cárcel, que atacar en campo abierto una ciudad con el espanto de las armas modernas.

    Esto segundo será duro y hecho sin perentoria necesidad militar, bárbaro; pero lo primero, asesinar, después de ultrajarles y martirizarles, a las personas de la población civil reducidas a indefensión completa, es acción de vulgares asesinos, eternamente infamante y vil. Y contra esa vileza no telegrafió en súplica-orden de “hágase recordar principios cristianos y proteja no combatientes” el culto y sensible Comité francés...

    (continúa)
    Última edición por ALACRAN; 26/06/2019 a las 17:13
    Valmadian dio el Víctor.
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    6º. Profanaciones y asesinatos horrorosos en el País Vasco con el presidente católico y paternal de Euzkadi

    El escritor vasco Altabella trae una lista de los sacerdotes y religiosos asesinados en las tres provincias vascongadas. Ascienden a 471; de ellos 15 aparecen sacrificados tras suplicios o tratamientos crueles en el fatídico barco “Cabo Quilates”; 9 en la prisión de los Ángeles Custodios; unos cuantos en las cárceles de Larrinaga y Ondarreta; otros en el “Altuna-Mendi”, en Ceánuri, Mañaria, Múgica, Ciérvana y Gorocica, o en los caminos y carreteras donde se les encontraba abandonados (Altabella: o.c.)

    Las salvajes matanzas de Ondarreta, Guadalupe, Polloe, Ángeles Custodios, el Carmelo, Larrinaga, La Galera, “Cabo Quilates” y “Altuna-Mendi” serán padrón de ignominia para el inepto y cobarde gobierno separatista vasco.

    Fueron asesinadas con brutal refinamiento, “en Ondarreta 47 personas, en el Fuerte de Guadalupe,18; en Polloe, 81; en los Ángeles Custodios, 102; en el Carmelo, 5; en Larrinaga, 54; en la Casa Galera, 51; en el “Cabo Quilates”, 83; en el “Altuna-Mendi”, 29; en Derio, 20. En total, solamente en estos lugares, 490. (Altabella: o.c.)

    La noción del valor de la vida humana, tratándose de sus adversarios o no simpatizantes, se había borrado para esos caníbales. No había sorpresa ni imprevisión que pudiese excusar al gobierno vasco: los vascos separatistas llamándose católicos se habían unido a los criminales y eran cooperadores y responsables de su criminal conducta.

    El Informe Oficial hecho con perfecto dominio de la materia por catedráticos de la Universidad de Valladolid aporta datos terribles. La pretensión de que en la Euzkadi separatista no se interrumpió la normalidad religiosa es una fábula.

    “En la provincia de Vizcaya, sede del separatismo, dice el Informe, han sido profanadas el 90 por 100 de las iglesias, ermitas y conventos. Ha sido regla general, como puede deducirse de la lectura de las actas, el establecer en ellas cuarteles, parques de Intendencia, depósitos de municiones, refugios para los huidos, etc. Como consecuencia natural, quedaba suprimido el culto, habiendo lugares en los que esta supresión ha durado todo el tiempo de la dominación roja, y como los ocupantes de los lugares sagrados, que unas veces eran separatistas y otras comunistas, socialistas o anarquistas, no tenían ningún respeto a los objetos religiosos, han dejado en los lugares ocupados las más patentes huellas de su salvajismo e irreligiosidad”.

    Pueden verse los pasajes más importantes del Informe en “Euzkadi”,de Sierra Bustamante.

    ¿Cuántas serían las iglesias profanadas? Las relaciones del Informe comprenden 240; el escritor P. Altabella, por su parte, enumera toda una serie indignante, y entre muchos pormenores dolorosos consigna éstos: En Lezama colocaron de centinela a un Cristo con uniforme y un fusil. En Ibarra de Aramayona rompieron la Purísima a machetazos, profanaron las Sagradas Formas y las imágenes de las procesiones las pusieron simulando un baile. En Anguiozar degollaron la imagen de San Miguel Arcángel y colocaron la cabeza en la punta de un palo; revestidos luego con los ornamentos sagrados se pasearon por las trincheras.

    En Ochandiano convirtieron la iglesia en salón de baile; persona constituida en alta autoridad que entró en ella recién tomada la población, le refirió pocos días después del suceso a quien esto escribe, que sintió al verla profanada e indignamente sucia indecible tristeza. En Dima llegaron a bailar en el templo catorce parejas desnudas. En Berriz destinaron la iglesia a muladar y a dormitorio de milicianos y milicianas.

    El Informe de Valladolid cita las persecuciones contra las personas civiles y eclesiásticas, la destrucción o el saqueo de casas señoriales, edificios religiosos y artísticos, el arrasamiento y pillaje del país y acaba por formular acerca de los sentimientos católicos de los jefes separatistas vascos un juicio muy severo. Está perfectamente fundado con los efectos a la vista de la tétrica sucesión de horrores. Esos horrores no producían impresión en el ánimo de Maritain y su grupo, aunque no faltaban en Francia periódicos que los denunciasen.

    (Aquí se hace referencia a lo asesinatos con datos de la época: http://limpia.centroeu.com/revolucion-guerra-civil-vizcaya-asesinatos-presos/ )

    7º. El expolio del País Vasco jurídicamente reprobado en el extranjero

    El inmenso expolio llevado metódica y ávidamente a cabo por los nacionalistas vascos consistente en títulos de valores, dinero, alhajas, obras y objetos de arte sustraídos de iglesias, bancos, museos, cajas de ahorro y demás centros públicos no tiene precedente comparable en la historia de los pueblos civilizados.

    Sistemáticamente iban empaquetando los separatistas la riqueza del país para llevársela al extranjero.
    En 9.573 cajas enviaron en una sola expedición al puerto de La Pallice [Francia] el fruto de la universal rapiña. Lo que sacaron en envíos o viajes particulares es incalculable. El valor de lo expedido a La Pallice representaba una suma enorme; tal vez de 7 a 8 mil millones de pesetas [de 1937), de los cuales eran legítimos dueños, no los jefes separatistas que huían cobardemente, sino todas las clases sociales del país, sin exclusión de las más modestas.

    El tribunal de La Rochelle, atento a su decoro profesional, embargó tesoro tan ingente y tan sospechoso y negó el derecho de libre disposición a los secuestradores separatistas. Acudieron éstos en apelación a Poitiers, cuyo tribunal confirmó el fallo de La Rochelle sin intimidarse por las influencias del Gobierno francés frentepopulista.

    Si los separatistas hubieran querido únicamente, según protestaban, poner a cubierto de peligro aquellas fabulosas riquezas, debieran no apelar contra la sentencia de La Rochelle, sino darse por satisfechos de que se reintegrasen a sus legítimos dueños exentos ya de peligro. Escapóseles la presa de entre las garras.

    El Gobierno de la España nacional, con sus desvelos, pudo devolver a la querida región valores tan cuantiosos y salvarla de la ruina completa.

    http://limpia.centroeu.com/asi-fue-expolio-revolucionario-1936-pais-vasco/


    8º. El secuestro de los niños. Juicio del Comité Inglés de Repatriación

    Pero con ser ese monstruoso intento de saqueo del país, arrebatado en su parte más substanciosa como botín transportable, acción tan baja y tan deplorable, lo fue mucho más el secuestro y traslado de los niños vascos arrancados con engaños y con amenazas del seno de sus familias.

    Se quería dañar a España en su arquitectura material y en lo más sensible e inefable de su espíritu.

    La cifra exacta de los niños robados no se sabe: algunos escritores la hacen ascender a 15.000 en conjunto. Dispersos por Europa y llevados en proporción considerable a la Rusia soviética, con los peligros de todo orden fáciles de percibir, sirvieron de escándalo y de objeto de propaganda grotesca y odiosa.

    Eso buscaban los separatistas para dar a su insignificante pequeñez dimensiones y resonancia; ruido, tumulto y que en el mundo se hablase de ellos como fuese.

    Se habló de veras en los tonos y sentidos más contradictorios. Es preciso haber estado por esa época en países extraños para conocer la impresión y los juicios que el hecho producía.

    La emoción en Francia con la presencia de los enfermitos de Gorliz fue honda y deprimente. Unos atribuían la emigración en masa de un sanatorio a la ferocidad de los Nacionales; otros, tal vez los menos, a la estúpida impudencia del Gobierno separatista vasco.

    Todos perdíamos; nuestro crédito yacía en jirones por el suelo, y España se proyectaba en la bruma rojiza de lontananza como una nación siniestra, de instintos sanguinarios medio salvaje.
    ...
    Dato interesante del Spanish Children Repatriation Comitee, bajo cuya vigilancia estuvieron los niños vascos deportados residentes en Inglaterra, que decía en una carta inserta el 10 de septiembre de 1938 en el «Times»:
    “No había ninguna necesidad de enviar estos pobres niños a Rusia, a Méjico, a Francia y a Inglaterra, porque el general Franco había ofrecido para ellos un refugio seguro lejos de la línea de fuego, bajo la inspección de la Cruz Roja, y esta solución fue rechazada por sus exportadores por razones de propaganda política, según creemos. Tres miembros de nuestro Comité han inspeccionado personalmente y con gran detenimiento las organizaciones de beneficencia social de Franco, y pueden atestiguar que serán acogidos como se debe y con afecto por dichas organizaciones de Auxilio Social, sin tener para nada en cuenta los actos realizados por sus padres.”

    ***
    Última edición por ALACRAN; 30/06/2019 a las 12:36
    Valmadian y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco


    El Primado de España, cardenal Isidro Gomá, replica a José Antonio Aguirre, titulado presidente de la “República vasca”, que se quejó por el "asesinato de numerosos sacerdotes y religiosos beneméritos por el mero hecho de ser amantes de su pueblo vasco” (sic).


    El Primado de España contesta al titulado presidente de la “República vasca”


    10-1-1937

    Con el título de “Respuesta obligada”, el cardenal arzobispo de Toledo, doctor Gomá, ha dirigido a D. José Antonio Aguirre la siguiente carta abierta:

    Carta abierta al Sr. D. José Antonio Aguirre

    Por el Emmo. Sr. Dr. D. Isidro Gomá Tomás
    Cardenal Arzobispo de Toledo

    "Una mano amiga interesadísima, como de buen cristiano y patriota, en que termine la cruentísima lucha en que se consume España, hace llegar a las mías un ejemplar del periódico “Euzkadi”, de Bilbao, número 7.485, en que se inserta el discurso pronunciado por V. el 22 de Diciembre último. Por las reiteradas alusiones que hace al silencio de la jerarquía sobre determinados puntos cuya gravedad no puede ocultarse en estos momentos, me creo en el deber de contestarle, como representante más alto que ha querido la Santa Sede fuese, en mi insignificancia personal, de la gloriosa jerarquía eclesiástica española.

    No creo salirme de mis atribuciones de Prelado, ya porque estoy comprendido dentro de la apelación general que V. hace a la conciencia universal y a la jerarquía, ya porque tengo la seguridad de que interpretaré el sentir de su Prelado, el venerable y queridísimo Hermano de Vitoria, hoy ausente de la Diócesis. Ni quiero deje de tener este escrito el carácter de Instrucción Pastoral dirigida a mis diocesanos, por cuanto las cuestiones que en el discurso de V. se tratan y que son objeto de esta carta afectan a todos los españoles, que nunca como hoy necesitan luz que les oriente en las gravísimas cuestiones de orden político-religioso.

    Un doble ruego me permito hacerle antes de entrar en materia. Esta carta no es polémica. Me sitúo en ella en el plano a que llama V. a la jerarquía, no para entablar un diálogo en que difícilmente llegaríamos a un pensamiento concorde, sino para contestar, con toda caridad, a sus requerimientos, con la fundada esperanza de que, por ley misma de caridad, que no busca el bien propio sino el de todos, llegaremos a la coincidencia de criterio, disipadas las dudas que encierran sus interrogantes dirigidos a la jerarquía. Por lo mismo, no se imponga V. por cortesía el deber de contestar mi pobre escrito, que yo no podría corresponderle.

    MI otro ruego es que V. que tiene ahí fáciles medios de propaganda, dé a estas cuartillas la máxima publicidad. Me tortura la idea, señor Aguirre, de que ese querido pueblo vasco no ha conocido toda la verdad en los problemas de doctrina y de hecho que ahí se han agitado estos últimos tiempos; y que cuando la verdad, por el magisterio categórico de los Pastores de la Iglesia, ha querido abrirse paso e iluminar las inteligencias, ha quedado entre veladuras por la interposición de humanas conveniencias, más atentas a las conquistas de orden político que a los altísimos intereses de orden sobrenatural, que deben tener siempre la primacía en todo.

    Hechas estas indicaciones, he de decirle, señor Aguirre, que leí su discurso de un tirón. Ha dejado en mi alma la impresión de haber oído la voz de un católico convencido que ama su tierra con el amor que sigue al de Dios y que se ha empeñado nobilísimamente en labrar la felicidad de su pueblo. Si el orador es el Vir bonus dicendi peritus, V., señor Aguirre, es un buen orador. Dios le ha dado un alma buena, y V., por su parte, la ha puesto, con toda su fuerza, al servicio de lo que juzga una buena causa, que defiende bravamente con todos los recursos de su inteligencia, de su corazón y de su palabra.

    Algunos reparos al discurso

    Este es usted. Del fondo de su discurso, aun reconociendo las muchas verdades que contiene, tal vez no podría decir igual. Tendría que oponerle serios reparos. Pero no es mi objeto hacer del mismo un análisis, ni una censura de los puntos de discrepancia con mi criterio, y sí sólo buscar coincidencias en el fondo claro y tranquilo del pensamiento cristiano que nos informa, a usted y a mí, para derivar de ello consecuencias que podrían ser provechosísimas para todos en estos graves momentos.

    Dejo la parte de su discurso en que expone realidades logradas y delinea proyectos para el engrandecimiento del pueblo vasco. Todos anhelamos el bien máximo para todas las regiones españolas, del que derivaría el bien máximo para la gran patria, España, multiplicación, más que suma, del bien parcial de cada país. Es lamentable equivocación hija del amor, que ciega cuando se desvía, creer que un enjambre de pequeñas Repúblicas pudiesen labrar para todos los españoles un bien mayor que el que podría venirnos de un gran Estado bien regido, en que se tuviera cuenta de los relieve espirituales e históricos de cada región. Reconcentrarse en los pequeños egoísmos comarcales es reducir el volumen y el tono de la vida, del Estado y de la región. Un gran diamante que se quiebra en varios pierde automáticamente la mayor parte de su estima.

    Pero esto es cosa de derecho político, que no es de este sitio. Siguen a ello dos afirmaciones, rotundas, que usted intenta probar sin conseguirlo, y que encierran una flagrante contradicción con los hechos y con la conciencia de gran parte de la nación. “La lucha se ha planteado –dice usted- entre el capitalismo abusivo y egoísta y un hondo sentido de justicia social. La guerra que se desenvuelve en la República española, sépalo el mundo entero, no es una guerra religiosa, como ha querido hacerse ver. Permítame una sencilla glosa a las dos afirmaciones.

    Cuanto a la primera, no creo que haya una docena de hombres que hayan tomado las armas para defender sus haciendas. Ni para defenderse de los vejámenes de los que las tienen y administran. Admitimos un fondo de injusticia social como una de las causas remotas del desastre; pero negamos en redondo que esta sea una guerra de clases. Un pretexto no es una razón; y las reivindicaciones obreras no han sido más que un pretexto de la guerra. Esta ha sido más cruel y más dura donde razón y pretexto eran menores, en Asturias, en Vizcaya, en Cataluña, donde el obrero está económicamente al nivel, o sobre, de los más retribuidos de Europa.

    Más; una razón no se impone por la suprema de las razones, que es la guerra, sino cuando han fallado todos los recursos de orden legal y moral para dirimir las querellas sociales de clase; y la guerra estalló cuando una tupida red de leyes protegía al obrero y facilitaba su acceso a la propiedad y a la participación en los negocios. Ni ha cesado la guerra, antes se ha convertido en querella intestina entre los obreros, en las regiones que paulatinamente se sovietizan. Como procedimiento, la guerra ha sido un gran expolio de ricos y pobres, no en bien de la comunidad, sino en provecho de los vivos, de los audaces, de los fuertes. Quien lleva la guerra, Franco, no ha hecho las partes de los ricos, sino que predica en todos los tonos la necesidad de una mayor justicia social. Se cuentan, por fin, por docenas de millares los que se han alistado en la guerra sin más haber que el fusil que se ha puesto en sus manos, ni más ideal que su Dios y su patria.

    La afirmación segunda, que pudiese contener una alusión a mi folleto “El caso de España”, y que es una apelación al mundo entero, no concuerda con la realidad. Es en el fondo, guerra de amor y de odio por la religión. El amor al Dios de nuestros padres ha puesto las armas en mano de la mitad de España aun admitiendo motivos menos espirituales en la guerra; el odio ha manejado contra Dios las de la otra mitad. Ahí están los campamentos convertidos en templos, el fervor religioso, el sentido providencialista, de una parte; de otra, millares de sacerdotes asesinados y de templos destruidos, el furor satánico, el ensañamiento contra todo signo de religión. Ahora vienen de Rusia ciento dos ateos para dar la forma doctrinal a esta gran ruina religioso-social.

    La misma Euzkadi no podría justificar el consorcio de católicos y comunista sin el factor religioso. ¿No se ha afirmado que este contubernio era la única manera de salvar la religión en Vizcaya y Guipúzcoa, cuando las hordas rojas la hubiesen eliminado de España? De hecho no hay acto ninguno religioso de orden social en las regiones ocupadas por los rojos; en las tuteladas por el ejército nacional la vida religiosa ha cobrado nuevo vigor. Un pacto político y militar, frágil como las promesas en labios informales, conserva en Vizcaya sacerdotes, templos y culto. ¿Qué ocurrirá cuando venga la conveniencia de romper los pactos, o el desorden de una derrota, o la hegemonía de una victoria comunista? Leemos que han ardido ya algunos templos en Vizcaya. A última hora anuncia la radio el asesinato de sacerdotes por los comunistas...

    Sacerdotes asesinados y desterrados

    Y vamos a lo más grave de su discurso, señor Aguirre, a la angustiosa invocación que hace usted a la conciencia universal.

    Afirma usted que los sublevados “han asesinado a numerosos sacerdotes y religiosos beneméritos por el mero hecho de ser amantes de su pueblo vasco”.

    No discuto sobre adjetivos; sólo hago una reflexión sobre el hecho de la muerte violenta de unos sacerdotes vascos. Más que nadie hemos lamentado el hecho. El fusilamiento de un sacerdote es algo horrendo, porque lo es de un ungido de Dios, situado por este hecho en un plano sobrehumano, adonde no debiesen llegar ni el crimen, cuando lo hay, ni las sanciones de la Justicia humana que suponen el crimen. Pero también lamentaríamos, profundamente, la aberración que llevara a unos sacerdotes ante el pelotón que debiese fusilarlos; porque el sacerdote no debe apearse de aquel plano de santidad, ontológica y moral, en que le situó su consagración para altísimos ministerios. Es decir, que si hubo injusticia, por la parte que fuese, la deploramos y la reprobamos, con la máxima energía. No creemos que la haya en amar bien al propio pueblo: por esto nos resistimos a creer que algunos sacerdotes hayan sido fusilados por el mero hecho de ser amantes de su pueblo vasco.

    Y aquí el Presidente del Gobierno de Euzkadi –sigue el discurso- católico, pregunta con el corazón dolido: ¿Por qué el silencio de la jerarquía?

    Yo le aseguro, señor Aguirre, con la mano puesta sobre mi pecho de sacerdote, que la jerarquía no calló en este caso, aunque no se oyera su voz en la tribuna clamorosa de la Prensa o de la arenga política. Hubiese sido menos eficaz. Pero yo puedo señalarle el día y el momento en que se truncó bruscamente el fusilamiento de sacerdotes, que no fueron tantos como se deja entender en su discurso. Y como el lamentable hecho se ha explotado en grave daño de España –nos consta- y conviene, en estos gravísimos momentos, que se pongan las cosas en su punto, yo le aseguro, señor Aguirre, que aquellos sacerdotes sucumbieron por algo que no cabe consignar en este escrito, y que el hecho no es imputable ni a un movimiento que tiene por principal resorte la fe cristiana de la que el sacerdote es representante y maestro, ni a sus dirigentes, que fueron los primeros sorprendidos al conocer la desgracia. Deje a la jerarquía, señor Aguirre, para la cual el sacerdote es la niña de sus ojos y la prolongación de su propio ser oficial y público.

    En cambio, deje que le pregunte a mi vez, señor Aguirre: ¿Por qué su silencio, el de usted y el de sus adictos, ante esta verdadera hecatombe de sacerdotes y religiosos, flor de intelectualidad y santidad de nuestra clerecía, que en la España roja han sido fusilados, horriblemente maltratados, por muchos miles, sin proceso, por el único delito de ser personas consagradas a Dios? ¡Sólo en los seis arciprestazgos reconquistados de Toledo, señor Aguirre, de los dieciséis que tiene mi Diócesis, han sucumbido doscientos y un sacerdotes, de los quinientos y pico que ejercían santamente su ministerio! Cuente los miles que han sido villanamente asesinados en las tierras todavía dominadas por los rojos.

    Es endeble su catolicismo en este punto, señor Aguirre, que no se rebela ante esta montaña de cuerpos exánimes, santificados por la unción sacerdotal y que han sido profanados por el instinto infrahumano de los aliados de usted; que no le deja ver más que una docena larga, catorce, según lista oficial –menos del dos por mil- que han sucumbido víctimas de posibles extravíos políticos, aun concediendo que hubiese habido extravío en la forma de juzgarlos.

    ¿Por qué el silencio de la jerarquía, -sigue preguntando usted-, cuando es notorio y de público conocimiento que son desterrados violentamente sacerdotes vascos, llevándolos a tierras alejadas de la suya natal?

    ¿Quién los ha desterrado?, pregunto yo. La mayor parte ellos mismos, prudentemente y según costumbre universal en momentos de conmoción política popular. A veces los superiores religiosos legítimos, es decir, la jerarquía, que nada tiene que hablar, porque no tiene que razonar en público sus decisiones: son contadísimos casos. Tal vez, lo ignoramos, ambas jerarquías de acuerdo, la eclesiástica y la civil, para evitar mayores males; y en este caso no es ante el presidente del Gobierno de Euzkadi donde deban justificarse. Quizás la autoridad militar o la civil, con el derecho –salvando la forma debida en un Estado católico- con que se aparta de la República un ciudadano nocivo –es simple hipótesis-; porque una autoridad española no tiene el deber de agradar ni de requerir el consentimiento del presidente de un Gobierno políticamente heterodoxo, y sabe por otra parte que ninguna jerarquía, que no es más que la forma organizada de la autoridad social, puede ignorar que el más grave peligro de una sociedad es el ciudadano que trabaja en desorganizarla.

    La jerarquía y la defensa del régimen

    Y cuando numerosos católicos de la República española han preguntado si está obligado el católico a defender el régimen legalmente constituído, ¿por qué silencia la respuesta la jerarquía?

    Señor Aguirre: si se refiere usted a la jerarquía eclesiástica –creemos que sí- la pregunta, a más de superflua, encierra una imputación tácita, que un católico no debe lanzar contra los representantes del magisterio de la Iglesia. Sobra, ante todo, la pregunta; porque, usted, católico, abogado, diputado y amigo de sacerdotes, sabe que es doctrina tan vieja como el Cristianismo que el católico viene obligado a defender el régimen legalmente constituído. Usted sabe que cuando España se dio su régimen actual la Iglesia oficialmente lo reconoció, y se prodigó la literatura pastoral del acatamiento al régimen, aun doliendo a muchos el tener que sacrificar de momento principios políticos que se consideraban más en consonancia con la vida y la historia de nuestro pueblo. Usted sabe que la jerarquía, aun a trueque de desagradar a impacientes y ultrancistas, sostuvo el principio intangible del respeto al régimen, por más que ella, la jerarquía, fué la primera víctima de las intemperancias doctrinales y de los excesos legales de los hombres que lo representaban. Es esta una gloria de la jerarquía, sin que le sean imputables los yerros de unos hombres que no supieron llevar con honor ni con justicia la representación que el pueblo les había confiado.

    ¿A qué viene, señor Aguirre, su impertinente pregunta, sino a confundir nociones, enredar hechos e infundir recelos contra los jerarcas a quienes parece tener usted en tanta estima? Confunde nociones, porque aún no ha aparecido nadie que se haya alzado contra el régimen, que sigue siendo en sustancia el que el pueblo se dio: y adoptó esta fórmula, tan democrática como falaz, porque ya la Historia ha fallado sobre un momento de alucinación de nuestra vida política que ha llevado a España al borde del abismo. Enreda hechos, porque promiscúa usted lastimosamente el gesto viril de un gran pueblo que quiere salvarse con la travesura política que trata de erigir en cantón independiente a la antes españolísima Vizcaya. E infunde recelos contra la jerarquía, que se ha mantenido en las alturas de la verdad y de la caridad y que usted quisiera ver enzarzada, a lo menos en el concepto de ese cristianísimo pueblo, en una querella que forzosamente le llevará a la ruina, de la paz idílica en que vivió durante siglos y del bienestar que se había conquistado con el esfuerzo de su inteligencia y de sus brazos.

    La defensa contra la agresión injusta

    Increpa usted, por fin, a la jerarquía por su silencio ante el gesto de la juventud vasca que, “siendo en gran parte cristiana, e interpretando rectamente la doctrina cristiana del derecho de defensa e incluso con las armas en la mano contra la agresión injusta, hubiese querido encontrar allá donde la Justicia tiene su asiento –es decir, en la jerarquía- una voz que apruebe una conducta ajustada al Derecho”.

    Este lenguaje, doblemente injusto, porque prescinde de un hecho ruidoso como lo fué la intervención de la jerarquía en el movimiento vasco hace cinco meses, y porque quisiera coaccionarla, arrastrándola a la consagración pública de un disparate y de una injusticia, no es digno de un hombre que se dice a sí mismo presidente de un Gobierno.

    Señor Aguirre: hay situaciones de orden social que reclaman la circunspección máxima en el hablar. Usted es rector de un pueblo; a lo menos se arroga usted este nombre y oficio. Por lo mismo, es su ordenador y legislador, su mentor y su padre, que tales oficios ha asignado siempre la doctrina cristiana a un presidente político de un pueblo. Y estos oficios son incompatibles con el disimulo y la astucia.

    Lo que ocurre, señor Aguirre, es que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Más: tratándose de un católico, no hay peor situación espiritual que la que crea la conveniencia de cerrar los oídos a la verdad. Porque esta conducta ajustada a derecho de las juventudes vascas, la jerarquía la condenó, al cuajar el contubernio vasco-comunista, con todos los pronunciamientos desfavorables. Oiga usted otra vez la misma voz de la jerarquía, contenida en el Documento pastoral que tenemos a la vista, publicado en agosto último.

    No es lícito –decían en el mismo los excelentísimos señores obispos de Vitoria y de Pamplona-, en ninguna forma, en ningún terreno, y menos en la forma cruentísima de la guerra, última razón que tienen los pueblos para imponer su razón, fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo...”

    “Menos lícito, mejor, absolutamente ilícito es, después de dividir, sumarse al enemigo para combatir al hermano, promiscuando el ideal de Cristo con el de Belial, entre los que no hay compostura posible...”

    “Llega la ilicitud a la monstruosidad cuando el enemigo es este monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía, opuesto diametralmente al cristianismo en su doctrina religiosa, política, social y económica...”

    ¡Doctrina cristiana clásica del derecho de defensa!

    No entramos en la cuestión política que insinúa en su última pregunta sobre la agresión injusta, de la que deriva la otra cuestión moral del derecho de defensa contra el injusto agresor. También la jerarquía, por la pluma de un sabio y venerable Prelado, ha hablado sobre este punto, dando luminoso criterio y segurísimas normas; y no hace todavía un mes que en la Universidad Gregoriana de Roma, -el gran centro de estudios eclesiásticos del mundo-, se aplicaba la lección moral al caso de España por un sabio profesor español de esta asignatura. Concretando la censura a la coalición vasco-comunista, pactada, seguramente, para el ejercicio del derecho de defensa contra la agresión injusta, un conspicuo nacionalista, tan buen vasco como ferviente católico, cara a la muerte ocho días después de estallar el movimiento militar, la calificaba de “heterodoxa, indiscreta e insincera”. Es voto de calidad emitido en hora solemne de la vida.

    ¡Una voz que apruebe una conducta ajustada a derecho! Nada más ajustado a derecho que decir la verdad, Sr. Aguirre; y cuando la verdad se ha pronunciado desde el sitial sagrado donde –según expresión de usted- la justicia tiene su asiento, es un deber de todos difundirla a los cuatro vientos, más por quienes son rectores de los pueblos, no ocultarla entre sofismas e insinuaciones tendenciosas.

    No, Sr. Aguirre; no se trata de una cuestión de derecho ni de moral. O mejor, se trata de la moralidad de un procedimiento para el logro de reivindicaciones políticas que constituyen un anhelo popular. Comprendemos el ansia de un pueblo, maduro y fuerte, y hasta dentro de nuestro concepto político personal del Estado español, la aplaudimos y quisiéramos verla cristalizada en una fórmula que lo fuera a la vez de unión irrompible con la gran Patria y de reconocimiento público de las virtudes y de la Historia del pueblo vasco. Hace pocas semanas concretábamos nuestro pensamiento en un pobre escrito en que decíamos: “El verdadero CASO DE ESPAÑA sería este: Que dentro de la unidad intangible y recia, de la gran Patria, se pudieran conservar las características regionales, no para acentuar hechos diferenciales, siempre muy relativos ante la sustantividad del hecho secular que nos plasmó en la unidad política e histórica de España, sino para estrechar, con la aportación del esfuerzo de todos, unos vínculos que nacen de las profundidades del alma de los pueblos iberos y que nos impone el contorno de nuestra tierra y el suave cobijo de nuestro cielo incomparable. Así, los rasgos físicos y psicológicos distintivos de los hijos traducen mejor la unidad fecunda de los padres”.

    Pero se ha tomado el mal camino, Sr. Aguirre; para la defensa de la tradición y de la Patria se ha pactado una alianza con gente sin tradición y sin Patria, o que laboran contra ambas por un postulado de su doctrina política; y en el ansia de conservar en el fondo del pueblo vasco las puras esencias de nuestra Religión santísima, sentida y practicada en Vizcaya tal vez más que en región alguna del mundo, se ha cometido la locura de andar del brazo, ambos armados, de quienes tiene como punto primero de su programa –acaban de decirlo los obispos alemanes- la extirpación del nombre de Dios de la vida pública y del fondo de las conciencias. Antes que lo hubiese dicho el Episcopado alemán, los aliados de usted lo habían hecho, en forma horrenda, en el suelo sagrado de la España sometida al cetro de hierro de los comunistas. Ahí están Cataluña y Valencia, Murcia, Castilla la Nueva y gran parte de Andalucía: sin templos, sin sacerdotes, sin culto, sin Cristo, sin Dios.

    Invitación a la reflexión serena: Conclusión

    Yo le invito a la reflexión serena, señor Aguirre, y toda vez que es usted católico ferviente, este pobre prelado de la Iglesia española, que siente como nadie el desgarro profundo que una equivocación política ha producido entre los hijos de nuestras Madres, la Iglesia y España, le invita a una meditación ascética en la que, puestos el pensamiento y la conciencia ante Dios, ante sus justos juicios, ante el momento supremo en que quisiéramos haberlo hecho todo bien, resuelva lo que juzgue mejor para el bien espiritual y material de su pueblo.

    No tema rectificar el camino andado, señor Aguirre. Queda todavía mucho por salvar en esa bella y rica Vizcaya. Quedan sus hermosas ciudades, sus industrias florecientes, millares de vidas que deberán sucumbir en una lucha fratricida o víctimas de la miseria y del desamparo. Queda el honor, que nunca es más limpio que cuando es hijo de una rectificación heroica. Queda la paz, hoy profundamente alterada por una guerra feroz y por los odios más feroces que de ella derivan, y que se hubiese abrazado ya con la justicia, hace semanas, si en los montes de Guipúzcoa se hubiesen dado la mano los hermanos de esta bella tierra para la fácil conquista de las costas del Cantábrico, desde Irún la desgraciada a Oviedo la mártir.

    Y queda Dios y tantas cosas como tiene Dios en esa bendita tierra de Vizcaya. Ayude a su pueblo, señor Aguirre, a conservar a Dios que peligra en él. Es forma humana de hablar, porque Dios ha querido someterse, sin pérdida de su tremendo dominio, a la voluble libertad del hombre. Sus aliados no le ayudarán a salvar a Dios, porque Vizcaya no será una excepción en el mundo comunista. Y yo tiemblo por Dios en Vizcaya –como temblaría por una España sin Dios, que tal fuera una España comunista-, el día en que unos barcos rusos depositaran en las calas rocosas del Cantábrico unos millares de esos hombres rubios sin Dios que alteraran el equilibrio en que se mantienen hoy las fuerzas aliadas. Porque, Sr. Aguirre, -acaba de decirlo en una pastoral el Episcopado alemán- “entre el comunismo y nuestro catolicismo –que es el de Vizcaya- hay la misma separación que entre el día y la noche, el fuego y el agua: y si los comunistas llevan la bandera roja a través de la Europa central y occidental, no quedará más que un campo de escombros, y la Iglesia católica se hundirá en el caos y en la desolación”.

    Termino esta larga carta, señor Aguirre, y con ella las molestias que le ocasiono. Ofrézcalas a Dios en caridad. Me dicen que estos días se nota en toda Vizcaya una intensificación de la vida religiosa. Nunca se piensa más en Dios que cuando se palpa la impotencia del hombre en estos terribles azotes generales que la humanidad no ha podido barrer de su Historia: el hambre, la peste, la guerra, que suelen andar juntos... Señor Aguirre; he predicado en los templos de Bilbao; me he postrado muchas veces ante la bendita Virgen de Begoña; he admirado la fe religiosa y las virtudes cristianas de ese pueblo, siento veneración y amor para esa clerecía de Vizcaya, de espíritu tan sacerdotal, inteligente y celosa, tan íntimamente compenetrada con el pueblo, al que puede decir lo del Apóstol: “Yo te engendré para Jesucristo”. Y me escalofría el pensamiento de que un día, quizás no lejano, pudiese apearse de los altares la Cruz bendita de Cristo, y ser convertidos los templos en almacenes y cuarteles, y callar el sacrificio y la oración pública, y ser asesinados los sacerdotes o buscar un refugio en esos montes y extinguirse esa sonrisa de la Madre de Begoña que es el encanto de la gran ciudad. No es una pesadilla inverosímil, porque es un hecho en gran parte de España.

    Señor Aguirre: yo le invito en el nombre de todos estos amores, que usted tiene, como buen vasco, arraigados en su corazón; por la caridad de Dios, que quiere que todos seamos una cosa con El, a que, como padre y rector de ese pueblo, busque coincidencias y excogite medios y halle una fórmula eficaz y suave de devolver a su pueblo la paz perdida. Cuando no se lograra más, se tendría el mayor bien que pueden apetecer los pueblos, porque es el fundamento y corona de todo bien. ¿Quién sabe si con la paz, y a más de ella, se podrían lograr anhelos legítimos de ese noble pueblo!

    Píénselo, señor Aguirre, mientras quedo de usted affmo. amigo y siervo en Cristo, que le bendice a usted y a ese querido pueblo".

    El Cardenal Arzobispo de Toledo

    Pamplona, 10 de enero de 1937







    Última edición por ALACRAN; 23/11/2020 a las 19:41
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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