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Tema: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episcopado

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    Re: El insólito caso de los “católicos vascos” (Maritain) frente a Pío XI y al Episco

    ACTITUD INCONGRUENTE DE “LOS CATÓLICOS VASCOS”, PROTEGIDOS POR MARITAIN

    Si el grupo Maritain se hubiese tomado la molestia de investigar un poco los orígenes y las aspiraciones concretas del Partido Nacionalista vasco, no hubiera cometido, al menos por evitar el ridículo, tantas injusticias e insensateces. Esos “católicos vascos”, como miembros componentes del Partido Nacionalista, eran por su origen, por su mentalidad, por sus sentimientos y objetivos, españoles de filiación muy discutible.

    Esos hombres buscaban un Estatuto autonómico como preliminar y paso para su independencia, o si fuera posible, la independencia directamente. Se fingían, en los momentos de prueba, ajenos y desligados de la vida y de la suerte general de España, con cuyos enemigos se unían en apretado haz.

    1º- Publican sus objetivos de lucha y fingen después el silencio ante la Jerarquía eclesiástica

    El Jefe del Gobierno de Euzkadi hizo el 1º de octubre de 1936 la siguiente declaración en las Cortes: “Señores diputados: Planteado el problema, nuestra posición fue clarísima: luchando las democracias contra el fascismo, el imperialismo contra la libertad vasca, el nacionalismo había de colocarse, como siempre en nuestra historia se colocó, al lado de la democracia y de nuestra libertad. Estamos enfrente de este movimiento subversivo contra el Poder legítimo y la voluntad popular, porque a ello nos impelen nuestros principios honrados y profundamente cristianos”. (Euzkadi, pág. 165)

    Estaban en esas palabras perfectamente claros los motivos porque se unían a los rojos los católicos nacionalistas vascos: porque la España Nacional era para ellos el imperialismo, que no había de consentir la destrucción de la Patria dejando al País Vasco erigirse según las pretensiones nacionalistas en Estado autónomo o independiente. Apoyábase la convicción nacionalista en seguro presentimiento.

    La España Nacional era la continuación, la unidad, el instrumento forjado a costa de sacrificios para cumplir la misión histórica señalada por la Providencia a nuestro pueblo, y antes de permitir el desglose del País Vasco no quedaría en el territorio español piedra sobre piedra...

    El 22 de diciembre de 1936 decía en un desatinado discurso el Jefe del Gobierno de Euzkadi: “Cuando la juventud vasca..., siendo esta juventud cristiana en buena parte, quiere encontrar allí donde la justicia tiene su asiento una voz que apruebe una conducta ajustada al derecho, ¿por qué calla la Jerarquía? En nombre del pueblo vasco, guardador del orden, de la justicia y del derecho..., apelo al Padre de la cristiandad para que haga cesar este silencio”. (Euzkadi, pág. 15)

    Pedir con afectos de afectada reverencia un veredicto de la Jerarquía Eclesiástica en favor de la conducta adoptada, somo si la Jerarquía se hubiese desentendido de sus deberes, era otra astucia sin sentido ni congruencia.

    Enseguida recordaremos cómo se guardaba el orden y la justicia en el pueblo vasco, cuya representación se atribuía ese iluso y enfático personaje. No se atreve a decir que toda la juventud, a cuyo nombre recurre, sea cristiana, porque se lo hubiesen impedido los aliados sin religión, masones, comunistas y judíos, con quienes andaba en mísero maridaje.

    Nadie había hablado tan pronto, ni tan a tiempo, ni tan aguda y resueltamente como la Jerarquía Eclesiástica, establecida en el territorio donde la orientación y el veredicto se pedía.

    2º Los obispos del País Vasco habían reprobado, siguiendo la dirección pontificia, la conducta de los separatistas católicos

    Ni los separatistas vascos, ni sus jenízaros intelectuales -los del grupo Maritain- a quienes ahora nos dirigimos, podían ignorar que el 6 de agosto de 1936, al iniciarse el Movimiento Liberador, habían intimado en una Pastoral conjunta los obispos de Vitoria y de Pamplona [Vizcaya y Guipúzcoa dependían entonces del obispo de Vitoria] estos terminantes preceptos:

    Lo que conturba y llena de consternación nuestro ánimo de prelados de la Iglesia es que hijos nuestros, amantes de la Iglesia y seguidores de sus doctrinas, han hecho causa común con enemigos declarados, encarnizados de la Iglesia; han sumado sus fuerzas a las de ellos, han fundido su acción con la de ellos y acometen fieramente, con todo género de armas mortíferas, a los enemigos de ellos, que son sus propios hermanos...

    “Nos, con toda la autoridad de que nos hallamos investidos, en la forma categórica de un precepto que deriva de la doctrina clara e ineludible de la Iglesia, os decimos: Non licet.

    “No es lícito en ningún terreno, y menos en la forma cruentísima de la guerra..., fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo... Menos lícito es, mejor, absolutamente ilícito, después de dividir, sumarse al enemigo para combatir al hermano, promiscuando el ideal de Cristo con el de Belial, entre los que no hay compostura posible; y el ideal, prescindiendo de otros que quizá quieran conservarse incontaminados, es el exterminio del enemigo, del hermano en este caso, ya que la intención primera de toda guerra es la derrota del adversario.

    “Llega la ilicitud a la monstruosidad cuando el enemigo es este monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía, opuesto diametralmente al cristianismo en su doctrina religiosa, política, social y económica. Y cuando el Sumo Pontífice, en documentos recentísimos, dice anatema al comunismo, y previene contra él todos los Poderes, aun no cristianos, y le señala como ariete destructor de toda civilización digna de tal nombre, dar la mano al comunismo en el campo de batalla, y esto en España, en este cristianísimo país vasconavarro, es aberración que sólo se concibe en los ilusos que han cerrado los ojos a la luz de la verdad, que ha hablado por su Oráculo en la tierra...

    “No es lícito hacer un mal para que de él derive un bien, ni se puede anteponer la política a la religión: antes que la Patria está Dios, a quien debemos amor sobre todas las cosas...”

    Para entender la fuerza de estos preceptos episcopales, tan sensatos y tan precisos, bastaba con el sentido común; por escaso que fuese el de los separatistas constelados por el grupo Maritain, vieron la imposibilidad, confesándose católicos, de eludir la obligación moral dimanante de esa doctrina; recurrieron entonces a la pobre ficción de negar la autenticidad de ese documento eclesiástico.

    Cortóles la huida el Sr. Obispo de Vitoria [mons. Mateo Múgica] el 8 de septiembre, proclamando por radio la autenticidad del documento y haciéndoles paternalmente las más apremiantes y juiciosas reflexiones:

    ALOCUCIÓN DE VUESTRO OBISPO

    (Fue radiada por la Emisora de Vitoria en la emisión de la noche del ocho de septiembre del mes en curso).

    “Por conducto autorizado se nos dice que en Bilbao niegan que sea auténtico Nuestro documento Pastoral que, de acuerdo con mi Venerado Hermano, de Pamplona, se publicó en la Prensa y se radió el día 6 del próximo pasado mes de Agosto, condenando la incomprensible conducta de algunos católicos de Nuestra diócesis que, combatían a metralla despiadada a otros hermanos suyos católicos, levantados en armas a una con la inmensa mayoría del ejército español, para defender los intereses religiosos y a España.

    “¿No había de ser Nuestro, si lo hemos enviado en folleto a cuantos Párrocos ha sido posible, como vamos mandando cada día, sellado con el sello ordinario-oficial Nuestro?... ¡Qué responsabilidad la de aquellos que impiden con esa clase de funestísimas artes que llegue a sus ovejas la voz auténtica y salvadora de su Pastor!

    “No ha faltado, tampoco, quien nos ha dicho que los católicos, que los nacionalistas, a los que en el documento nos referimos, no han cometido actos de violencia; no han disparado metralla contra los otros hermanos católicos; pero otros, dignos de crédito, nos aseguraron todo lo contrario; y de todos modos, amadísimos Hijos nuestros, están demasiado comprobadas la connivencia, la inteligencia, ciertas funciones que algunos han desempeñado de acuerdo con los elementos marxistas.

    Católicos vascos, oíd, escuchad a vuestro Prelado que, sin distinción de partidos, supo amar a todos sus Hijos diocesanos.

    “No podéis de ninguna manera cooperar ni mucho ni poco; ni directa ni indirectamente al quebranto del ejército español y cuerpos auxiliares, requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española, bicolor, luchan heroicamente por la Religión y por la Patria.

    “Oh!: si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia; la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu: no habría salvación para los católicos, y procurarían por todos los medios borrar hasta el último vestigio de Dios.

    “¡Qué diferencia, amadísimos Hijos, con lo que sucede en las provincias que resueltamente se adhirieron al salvador movimiento del ejército español! Allí no se oye ya el satánico estallido de la blasfemia; el Crucifijo ha sido restituido a su puesto de honor en las escuelas: la imagen veneranda del Sagrado Corazón de Jesús ha retornado al trono que ocupaba en Diputaciones y Ayuntamientos; son respetados los derechos de la Santa Iglesia; sacerdotes, religiosos y religiosas son respetados, apoyados y amados; funcionan fábricas y talleres; trabajan tranquilamente los labradores, y se prometen oficialmente soluciones cristianas ventajosísimas a los obreros.

    “Pero, además, vascos, Hijos Nuestros, ¿no decís que amáis con encendido amor a vuestro bello país; a vuestras provincias, ciudades, villas, casas, industrias, centros de enseñanza, campos, etc. Pues, si es así, y no lo dudamos; evitad a todo trance que por vuestras estériles resistencias se repitan casos tan dolorosos como los de Irún, ciudad tan amada por vuestro Obispo: ciudad desgraciada que, al fin, fue incendiada y reducida a pavesas en gran parte por los que se decían sus defensores y en realidad han sido sus destructores, los marxistas; como serán destructores de otras ciudades, si unidos todos los buenos, como lo han hecho en el resto de España, no aplastan a ese monstruo, al marxismo, ruina de toda civilización. El ejército español y sus cuerpos auxiliares están resueltos a triunfar, cueste lo que cueste y hay que apoyarles decididamente.

    “En fin, amados diocesanos, hay prisioneros, rehenes en uno y otro campo: no seríamos Padre de Nuestros Hijos, si no nos interesara la vida de ellos: el asesinato de tantos caballeros cristianos, de Tolosa... Guadalupe, perpetrados por los rojos nos ha destrozado el corazón: muchos fueron conocidos y amigos Nuestros: basta de sangre; dejad de combatir al ejército español victorioso; apoyadlo, cooperad con él, y sálvese la vida de todos, para que todos, olvidando furores, odios y rencores podamos convivir en paz y en santa libertad.

    “Y vosotros, sacerdotes y religiosos, haced llegar Nuestra voz a los fieles de la diócesis en vuestras Iglesias respectivas: secundad en estos gravísimos m omentos dócil y lealmente todas nuestras actuaciones; rezad, orad, pedid, organizad cultos; aconsejad penitencia y mortificaciones a las almas; aportad y haced aportar los recursos económicos que os sean posibles; todo ello, para cooperar por todos los medios viables al triunfo del ejército salvador de España. ¡Viva España!

    MATEO, Obispo de Vitoria.”

    Todo inútil; las palabras episcopales cayeron en el vacío. Inventaron los separatistas la leyenda de que el señor Obispo hablaba preso y rendido a la violencia de los Nacionales.

    El caso no era de los que exigen para su comprensión un auxilio especial del cielo... Los separatistas y sus auxiliares mezclaban en sus odios y pretensiones la Religión y la Jerarquía de modo pueblerino y grotesco. Convertirlas en instrumento para sus fines era el propósito inspirador de su táctica.

    Fracasado el propósito, cesaban en ellos automáticamente la reverencia y la sumisión a la Jerarquía. Por esa disposición del espíritu, no siéndoles favorables sino adversas y comminatorias, no obedecieron las normas tan autorizadas y clarividentes de entrambos Obispos vascos.

    Tampoco consiguieron hacer mella en su mentalidad de católicos las exhortaciones de S. S. el Papa del 14 de septiembre [1936] cuando habló por primera vez en Castelgandolfo, ni la conducta del Cardenal de Toledo seguido por todo el Episcopado de España, ni la Encíclica terminante y precisa del Sumo Pontífice contra el comunismo publicada el 19 de marzo del 37, ni la Pastoral colectiva de los Obispos españoles correspondientes al 1 de julio del 37 con la sentida aprobación de 900 Obispos de todo el orbe católico, comentada nobilísimamente de modo especial por los Eminentísimos Cardenales de París y de Westminster...

    (continúa)
    Última edición por ALACRAN; 21/06/2019 a las 17:36

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