- España, nuestra patria, es una tierra muy dada a la producción de idiotas, sobre todo en los últimos tiempos. No es que nuestro país haya emprendido una marcha rápida hacia la segregación de regiones hermanas de la patria común, es que se desliza peligrosamente hacia el tribalismo puro y duro. Algo muy parecido lo vimos ya en la I República Española, donde Cartagena se convirtió en cantón independiente y atacó a la Provincia de Murcia.
Ya hemos contando en este blog más de una vez, como el Régimen emanado de la Constitución de 1.978 se dedicó sobre todo a destruir a Castilla para allanar el camino al separatismo antiespañol. El caso de Cantabria es uno de los más notorios. Resulta que Santander, que es la Cuna de Castilla, que siempre fue el Puerto de Castilla, donde los más viejos títulos nobiliarios castellanos tienen su origen y que jamás ha sido región o entidad política separada de Castilla, se convirtió por obra y gracia de cuatro traidores en autonomía separada. Y digo cuatro traidores porque esta decisión nunca fue sometida a pleibiscito popular (al igual que pasó con Madrid, Castilla La Mancha, Castilla y León o La Rioja) y todo fue fruto como digo de cuatro empresarios malnacidos, sin olvidar la colaboración del nacionalismo vasco (para variar…) y del Congreso de los Diputados.
Dice la Constitución Española en su Artículo 143.1:
“En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos”.
A la vista de esto, ¿tenía la Provincia de Santader una Cultura o Historia diferentes a la del resto de Castilla?. No. Es más, esta preciosa tierra era reconocida como castellana practicamente ya en el Siglo IX, cuando ya era el Puerto de Castilla. Nadie la denominaba Cantabria y nadie jamás pidió su segregación del tronco común castellano. Pero eso no fue obstáculo alguno para que se recuperara este término sacado de la noche de los tiempos, y Cantabria, cuyos límites geográficos en tiempos de los romanos abarcaba parte de Santander, Burgos, Vizcaya y Asturias, apareciera como región separada y diferenciada de Castilla. ¿Se imagina alguien que a los madrileños se nos hubiera ocurrido borrarnos ese título para reivindicarnos Carpetanos y llamáramos a Madrid Carpetania?. Bueno, quizá con el tiempo y tal cual van las cosas, lo veamos.
Pero es que hay más. Siendo Santander una provincia limítrofe con Vascongadas y siendo un bocado muy apetecible para el nacionalismo vasco (Arana, indigente mental, no diferenciaba al principio entre cantabros y vascos), era cuestión de tiempo que allí comenzaran a crecer grupos secesionistas, los cantabristas. Los cántabros fueron un pueblo de raíz celta que combatió ferozmente a los romanos hasta el Siglo 19 a.C., en que fueron vencidos, exterminados y los supervivientes distribuidos como esclavos por todo el Imperio. A pesar de ello, los cantabristas se remiten racial y étnicamente a este pueblo.
Ya tienen un héroe antirromano a la manera de Asterix, Corocotta (algunos historiadores lo tildan de simple bandido de la época), tienen un emblema “propio”, el Lábaro (que también aparece por Asturias y Vascongadas) y tienen una “lengua propia”, el Cantabru, consistente en usar el Castellano cambiando las palabras terminadas en O por la U. Suena ridículo pero funciona, a juzgar por las manadas de indigentes mentales que con bases tan ridículas piden hoy abiertamente la autoderminación y la soberanía para el pueblo cantabro, utilizando como pantalla propagandística tanto Internet como el Fondo Sur del Estadio del Sardinero.
Y es que todo esto es de locos, si tenemos en cuenta que Cantabria es una de esas autonomías deficitarias que no es capaz ni de sostener por sí misma su red de carreteras y que depende por completo del Estado para poder pagar su Parlamento Regional, sus diputados regionales y todos los funcionarios de esa autonomía (para esto sí hay pasta, para las pensiones no). Por supuesto los cantabristas forman parte de esa extrema izquierda que se dedica a sabotear actos patriotas en la Universidad, que no duda en reprimir por la violencia a cualquier joven que luzca por Santander una bandera española o castellana y que se hermana en acampadas con lo más selecto del separatismo vasco y catalán para regocijo de liendres, piojos y demás parásitos que suelen anidar en los cuerpos humanos carentes de higiene.
Por fortuna la Historia y los documentos están ahí para dejar claras las cosas. Castilla fué en principio un condado asturleonés, fruto de la prolongación oriental de la Monarquía Asturiana desde La Montaña santanderina. Los primeros habitantes del Norte de Burgos eran esos foramontanos de Santander, de estirpe racial basicamente celta, romana y sobre todo visigoda, que manejaban con la misma habilidad la hazada con la que cultivaban la tierra, que la espada con la que la defendían sus haciendas y las vidas de sus familias. Esos mismos foramontanos que para librarse de los saqueos de vascos y moros, no dudaron en levantar los primeros castillos sobre antíguas fortalezas romanas y cuya tierra años más tarde los mismos sarracenos llamarian Al-Quilá o Al-Quilé, la Tierra de los Castillos, Castilla. Los mismos foramontanos que junto a navarros, vascos, gallegos y leoneses siglos más tarde, repoblarian extensas tierras al Sur de Burgos, recuperadas de los invasores musulmanes y cuyos genes se encuentran hoy repartidos por media España.
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