Consideremos al súbdito británico, con melenitas o rapado, con barbitas o rasurado: suele ser un cantamañanas que a la segunda cerveza ya está borracho, pero se cree que es un campeón. Su cultura no llega más allá de Oscar Wilde, pero se cree intelectual. Es un degenerado en toda regla: y oculta en su fuero interno a un maricón empedernido.
Tal vez, de entre todas las inmigraciones, el súbdito inglés constituye un fenómeno desapercibido que valdría nuestra reflexión, nuestra atención y nuestra dedicación para erradicarlo.
OLVIDAR GIBRALTAR ES OLVIDARNOS DE NOSOTROS MISMOS.
Vienen a mi Patria para aprovecharse de mis impuestos. Y todos los creemos admisibles por ser blancos... Ya está bien: los ingleses -y demás anglocabrones- son "NEGROS" (en el sentido de negros liberales: tienen toda la culpa de nuestra decadencia y son nuestros principales enemigos).
¡Malvinas argentina! ¡Gibraltar español! Y quien sea su amigo... es mi traidor.
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