Sorpresas franciscanas o rutina bergogliana





Más sorpresas, si bien que a estas alturas, lo que nos sorprendería de este Papa, sería que hiciese una cosa normal… Quizá pudiéramos decir, más de lo mismo.

Resulta que los católicos nos vamos de fiesta. No nos basta la variopinta riqueza del calendario litúrgico y del santoral, así que vamos a celebrar en el próximo mes de octubre el quinto centenario de una rebelión contra la Iglesia, la de aquel que la consumó, diciendo: “Adiós, Roma, infeliz, blasfema y sin esperanzas!. Dejémosla en paz para que pueda convertirse en la guarida de dragones, espectros y brujas!”.

Si por lo menos nos hubiesen dejado en paz con nuestros dragones y espectros… Pero no, fueron siglos de persecución religiosa extremadamente cruenta que consiguieron separar del Papa, de la comunión de la Iglesia a millones de almas. Aunque a Francisco le parece que todo aquello se podría haber evitado por ser mera cuestión de explicaciones e interpretaciones (1), por lo que los esfuerzos de los hermanos que nos antecedieron con la señal de la fe, parecen haber sido en vano.

Es curioso, a primeros del año pasado, se llegó a dar por segura la visita de Francisco a España para participar del año jubilar teresiano, instituido en conmemoración del V Centenario de la gran santa abulense. Sin mediar una explicación muy cabal (2) –su agenda ya estaba llena, pero no le faltó tiempo para otras cosas– Francisco no quiso venir a rezar a aquella que llamó “la vieja” (3), modo que a muchos sonó irreverente. ¿Será por ser uno de los principales representantes de la verdadera Reforma, que fue la católica, contribuyendo a cimentar el catolicismo durante varias generaciones, en medio de las crisis de la Edad Moderna? ¿Será porque Santa Teresa abominaba del protestantismo?

Por eso, quizá, a Francisco no le faltará tiempo para celebrar el descarrío de varias generaciones a lo largo de la historia con un encuentro en el que –no faltaba más– tendremos que pedir perdón. Perdón por habernos mantenidos unidos a Roma y seguir siendo católicos, perdón por ser fieles a la Iglesia y amar sus dogmas y sacramentos, perdón por defendernos, perdón por haber canonizado mártires de las diversas persecuciones protestantes, perdón por… existir.

¡Qué bonito! Va a quedar muy bien y, además se ha preparado un libro de oraciones para que –en el decir del Card. Koch- “Concentrándonos en la centralidad de la cuestión de Dios y en un enfoque cristocéntrico, los luteranos y los católicos podremos celebrar una conmemoración ecuménica de la reforma”.

No hace mucho, este mismo cardenal comentaba que no se podía pensar en hacer una fiesta con motivo de esta división; sería celebrar un pecado.

Pero eran otros tiempos con otro Pontífice y el pesebre en el que comía era diferente…

¡Eso! que sea lo más cristocéntrico posible; la Virgen María no puede aparecer por estas fiestas no vaya a ser que nos carguemos el evento.

Debe de ser por eso, que Francisco nos amonestó a lo siguiente en el día es que se celebraba la conversión del Apóstol de las Gentes: “invito a todos los hermanos y hermanas católicos a perdonar, si hoy o en el pasado, han sido ofendidos por otros cristianos. No podemos borrar lo que ha sido, pero no queremos permitir que el peso de las culpas pasadas siga envenenando nuestras relaciones”.(4) Ya verán ustedes, con tales manifestaciones de amor no debe sorprendernos que los luteranos de Roma afirmen ser Francisco “el obispo de los Luteranos”(5) y que él, sin tapujos, se declare “hermano en la fe” de los luteranos en la persona de la pseudo-obispa luterana.(6)

Sí señores, hay que perdonar a quien no tiene el menor arrepentimiento. Si lo mismo tenemos hasta que descanonizar a la multitud de santos mártires de la Reforma y sus ramificaciones. ¿O quizás veremos la solemne supresión de las condenaciones a Lutero? Todo es posible con alguien que, dentro del marco de estas celebraciones de la reforma protestante regaló un cáliz de misa al pastor de la comunidad luterana de Roma, dejando estupefactos a los católicos del mundo entero que no podía dejar de ver en tal gesto un reconocimiento del culto herético protestante. (7)

Quien tenga paciencia… que espere y verá.


Notas

(1).
Ver el estudio del Denzinger-Bergoglio: Las diferencias entre los sacramentos católicos y el culto luterano son “las explicaciones, las interpretaciones”. “Hacéis lo mismo, tanto en lengua luterana como en lengua católica, pero es lo mismo”. |
(2). ABC, 29 de junio de 2014
(3). Rome Reports, 11 de marzo de 2015
(4). Radio Vaticana, 25 de enero de 2016
(5). Aleteia, 15 de noviembre de 2015
(6). Ver el estudio del Denzinger-Bergoglio: “Estimada hermana, los hermanos separados no tienen que ser percibidos como adversarios, sino como hermanos en la fe” |
(7) Ver publicación del Denzinger-Bergoglio: “No echéis vuestras perlas a los cerdos…”: Un cáliz católico para la cena luterana



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