El mejor libro que hasta la fecha he leído de Boves en particular y del realismo americano en general (Pues también se habla de Agualongo y etc.) es
I.S.B.N.
Estado Título
Autor Editorial
Colección P.V.P. 978-84-930446-3-3
División infernal. Boves, vencedor de Bolivar, (La)
Semprun, José Falcata Ibérica, Ediciones
, Sep/2002 21,00
:: Librerías Ojanguren ::
Por las dudas que pueda presentar, no es un libro que "disculpe" a Boves,no es una leyenda rosa. Se trata de una obra histórica"desapasionada", contestando punto por punto a dos siglos de leyendas negras y embustes embaucadores. Entre otros, contesta a Juan Uslar en sus teorías sobre Boves como "revolucionario social" y como"rebelde a la corona en el fondo"; esto es muy, muy importante. Y digo leyendas negras y embustes embaucadores porque hasta en las descripciones físicas se nos ha pintado a los líderes secesionistas como apuestos y bellos mientras que a Boves, Rosete, Agualongo, etc., son ejemplos de fealdad. Durante mucho tiempo se nos ha presentado a Boves como un bestia sanguinario-"rebelde sin causa", y durante alguna franja del siglo XX, para algunos Boves es un fortuito precursor de la lucha de clases que por circunstancias se acoge a la bandera del rey. Señores, ¿en qué quedamos? ¿Tan difícil es valorar la actitud de Boves, como la de buena parte del pueblo hispanoamericano, en su justa medida?
Y es que volviendo a Juan Uslar,vemos que cae en contradicciones flagrantes. ¿Cómo se explica que subraye el papel de Boves como "revolucionario social" y sin embargo abomine del os ademanes demasiado plebeyos de Rosete? Y no por ello dejamos de subrayar su obra como importante.
Con documentación contrastada, José Semprún nos va a enlazar el decurso vital de Boves desde la Península a Suramérica, hasta que por las circunstancias se va a convertir en adalid de los Llanos Venezolanos. Hay varias cuestiones a subrayar:
-La "asombrosa" falta de documentación sobre hechos de la vida de José Tomás Boves que se dan por sentados.
-Boves no sólo le jugó a Miranda y Bolívar en su propio terreno con atraerse a los esclavos negros a su causa, sino que fue aliado fundamental de masas de pardos libres, amén de contar con importantes canarios en sus filas, como Yáñez,Rosete, "Chepito" González (Ex-republicano), o como Tomás Morales, a través de cuya documentación no se nos presenta como rechazando a Boves precisamente. El papel de los indios también es de máximo relieve.
-La"adjetivación" de los llaneros como "cosacos del Nuevo Mundo" me parece sencillamente genial.
-El análisis del memorial del padre Llamozas también es fundamental. Memorial que fue rechazado en la Corte y que el autor va deshojando en su justo valor.Memorial que, por cierto, pudo haber presentado estando Boves vivo....
-Los estudios vexilológicos me parecen de singular importancia. Los llaneros de Boves, entre otras insignias, usaron la bandera roja y gualda. Así como los estudios sobre la uniformidad de las tropas, muchas veces en el olvido de tantos historiadores.
-Las constantes "disculpas" de historiadores como Lecuna a las proclamas y a los actos de Briceño, Bolívar, Campo Elías, Arismendi o Ribas;con eso que "claro, es que era una guerra". Por lo visto era guerra sólo para ellos, en el caso de Boves, va a ser sólo el odio por el odio.Proclamas que por cierto, en más de una ocasión se nos tilda a los"españoles europeos" de "raza maldita". Así, ¿nos extrañamos que uno de los gritos de guerra de las huestes de Boves fuera el de"mueran los blancos"? Por ejemplo se achaca que Boves no respetaba capitulaciones....Así es, en más de una ocasión no las respetó. Y no las respetó porque cuando lo hizo sufrió algún intento de atentado por la espalda que fue sofocado por soldados fidelísimos. Ojo que no justificamos nada, pero refrescamos la memoria: Bolívar no respetó el armisticio de Santa Ana, en los días de la campaña sobre Quito; y aprovechó para tomar por la fuerza la muy realista Maracaibo. ¿Por qué esto en Bolívar es un acto de heroicidad y desprendimiento y en Boves no es más que maldad absoluta? Pues porque estamos ante ideología y no ante historia. Porque no se quiere entender que un"blanco de orilla" (No un "mantuano ilustrado") se despejara como buen militar en uno de los conflictos más dolorosos de nuestra historia. Ello no significa que neguemos las terribles campañas de Boves; pero es que volvemos una y otra vez: Si analizamos las campañas de Bolívary sus adláteres, son mucho peores. La misma proclama de Pasto nos dice que no respetaron la capitulación, y tampoco vacilaron en convertir los altares en regueros de sangre y en improvisadas casas de putas.
Al menos historiadores como Juan Vicente González han puesto el dedo en la llaga al denunciar a las claras los terribles asesinatos masivos de españoles en las bóvedas de La Guaira.
-El mismo capitán general Juan Manuel de Cagigal reconoce que a pesar de los feos que Boves le hizo (Como por ejemplo echarle en cara su incompetencia,"recobrando el honor de las banderas de España que él mancilló", en palabras del astur-llanero), nunca discutió su mando porque sabía que sin él no se ganaban las batallas. Lo mismo corrobora el mentado Morales.
-Y otro detalle que me parece radicalmente clave: Boves murió en la batalla de Urica; sus soldados, entre lágrimas, le hacen un cerco para que no se le toque un pelo hasta que es enterrado en la iglesia. No se le encontró dinero alguno, tenía 300 pesos que no llevaba ni encima. No fue el caso de Miranda,Bolívar y San Martín, por poner 3 ejemplos de los muchos más que me dejaría en el tintero, ejemplos extremadamente opuestos en cuanto a compañía y peculio.
-Con todo y con eso, nuestro autor sí profundiza en la confusión y desazón que provocó en los realistas americanos el fenómeno revolucionario en España; pero a mi juicio, se queda corto en la figura de Pablo Morillo, que entre otras"brillantes ideas", indultó a Arismendi (Por ser blanco...) en contra del parecer de Morales, y destruyó en muy buena medida la obra de los llaneros realistas que habían puesto en jaque a las "dos repúblicas". Morillo jugó un papel nefasto, no supo ser "pacificador" y no entendió (O no quiso entender) lo que pasaba en América. El aumento de las deserciones y de cambio de bando de muchos realistas corajudos en buena medida se debe a Morillo y "sus circunstancias". A veces acaba pensando uno que en los deméritos de España hay más razón para la victoria de los secesionistas que otra cosa, sin desmerecer la constancia y el genio militar de Bolívar.
Una pgina de Morales Padrn - abcdesevilla.es
Columnas / tribuna abierta
Una página de Morales Padrón
luis navarro garcía. catedrático emérito de historia de américa de la hispalense
Día 17/11/2010 - 23.07h
En una prestigiosa publicación americanista, la Revista de Indias, publicó Morales Padrón en 1969 un artículo sorprendente desde su título: «México y la independencia de Hispanoamérica en 1781». ¿Cómo podía verse la independencia de las Indias con tres décadas de anticipación? Aunque a nadie se escapaba que tal fecha correspondía a un momento de la guerra de independencia de las Trece Colonias británicas y a la de la fase inicial de la gran sublevación de Túpac Amaru que conmocionó al virreinato del Perú y que se supuso fomentada por Inglaterra. El título de Morales continuaba: «según un comisionado regio: Francisco de Saavedra». Aquí la perplejidad aumentaba, pues nada se sabía entonces de tal comisionado, ni su nombre tenía particular resonancia.
Fue esta una notable aportación de Morales Padrón, de la que hasta ahora no se extraído todo el fruto. Había Morales localizado un importante fondo, de unos cincuenta legajos, archivo personal de este ilustrado dieciochesco, del que destacaban una serie de diarios que Saavedra fue anotando a lo largo de su vida y en uno de esos diarios dejó constancia de un hecho olvidado hasta que Morales lo dio a conocer: el nombramiento de un comisionado regio que, en el Caribe, procurase la coordinación de las fuerzas aliadas francesas y españolas, y para este fin el ministro Gálvez designó a Saavedra, funcionario de su Ministerio, con atribuciones extraordinarias, resumidas en dos órdenes. La primera le autorizaba a participar en la junta de generales formada en La Habana exigiendo se le oyese, dice Saavedra, «como si mis palabras fuesen órdenes del Rey». Por la segunda, podía disponer de todos los caudales de las tesorerías de Indias necesarios para la guerra. La empresa de Saavedra duró de junio de 1780 a igual mes de 1783, y estuvo llena de incidentes de gran interés.
Precisamente buscando el apoyo económico del virrey de México, se trasladó Saavedra a esta capital en octubre de 1781, y allí indagó el estado de ánimo de la población, extrayendo impresiones pesimistas, que apuntó en el diario pero que expuso más extensamente en unos papeles sueltos. «La América, con la rebelión de los angloamericanos y la independencia que es regular que aseguren, ha variado mucho de semblante; por consiguiente es necesario que España haga muchas variaciones en el sistema que hasta aquí ha observado con sus colonias». A este toque de atención siguen unas ideas sorprendentemente afines a las que en caso parecido expuso Floridablanca: nuestras colonias no son como las de las demás naciones, «las cuales sólo son factorías, de negociantes transeúntes, en lugar que las españolas son una parte importante de la nación separada de la otra». Y a continuación expone una serie de fórmulas para estrechar los «vínculos muy sagrados entre las dos porciones del imperio». «La América puede estar todavía siglos bajo el dominio de España o perderse en breve tiempo. Su suerte depende del método de su gobierno».
El sevillano Saavedra, hombre de gran inteligencia y de excepcional preparación política y militar, a la sazón de treinta y tres años de edad, estaba dando, como lo vio Morales Padrón, el primer aviso acerca del cambio de mentalidad de las elites americanas como resultado de la lectura de libros de la «nueva filosofía» acerca de los derechos de los hombres y de los soberanos, y Saavedra había oído quejas por el despotismo de algunos funcionarios.
Hasta aquí este revelador artículo de Morales Padrón, que no produjo especial eco. Muchos años después, el mismo profesor pudo editar la autobiografía de Saavedra (1995) y el Diario concreto de su comisión en Indias (2004). La figura de Saavedra empezó así a hacérsenos familiar, enlazando las etapas de su vida: su labor de gobierno en Venezuela, su breve pero distinguido paso por el gobierno de Carlos IV, su presencia en la Junta Central y en la Regencia en 1808-1810. Hoy nos interesa conocer mejor otro episodio: su gestión al frente de la Junta Suprema de Sevilla de mayo a septiembre de 1808. A él y a su experiencia mexicana se debe, sin duda, el que nuestra Junta local se declarara «de España e Indias», de modo que Saavedra vino a actuar de nuevo como portavoz del rey y se atrevió nada menos que a disponer la destitución del virrey de México si éste no se le sometía. Como en efecto ocurrió.
Morales Padrón descubrió con sorpresa el impacto que el conocimiento de las gentes de México había producido en Saavedra. Todavía está por indagar seriamente en qué medida esa conciencia determinó la conducta del grande, aunque olvidado, patriota sevillano en aquellas fechas dramáticas de 1808.
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