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Una Real Cédula para la polémica. HISTORIA SECRETA DE AMÉRICA -5- « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño

Una Real Cédula para la polémica.

En una reciente investigación histórica en los archivos históricos de la ciudad de Lima, auspiciada y promovida por el Capítulo Guayaquil de la Academia Nacional de Historia del Ecuador; los investigadores históricos André Santos Espinoza[1] y Francisco Núñez Proaño[2] descubrimos[3] la Real Cédula donde a los ayuntamientos de Panamá, Popayán, Cuenca y Loja se les concede el título de “Excelencia” y a la ciudad de Guayaquil el título de “excelentísima” por su “acendrada lealtad” a la Corona Española; sin duda alguna este documento aportará para una comprensión más total del proceso de la independencia en el Ecuador; a continuación presento la transcripción de la misma en su parte pertinente[4]:
Escudo imperial de Guayaquil.

Guayaquil la “excelentísima”.
“Don Fernando Séptimo por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Sicilias, de Jerusalén, de Navarra … de las Indias Orientales y Occidentales… etc., etc.,… y en su Real Nombre el Consejo de Regencia de España e Indias, atendiendo a la constante firmeza, y acrisolada lealtad de las ciudades de Panamá, Popayán, Cuenca, Guayaquil y Loja, y al esfuerzo y valor con que han sostenido los derechos de mí Soberanía, cuyas gloriosas acciones serán para siempre modelo de la fidelidad, y el valor; queriendo yo dar a Aquellos Pueblos, y a los individuos que los representaron últimamente, una prueba señalada del alto aprecio y estimación que me merecen , y a que se han hecho acreedores por sus importantes servicios en las últimas ocurrencias de Quito; he venido por mi Real Decreto de 14 de Abril del corriente año a conceder el tratamiento de Excelencia a cada uno de los ayuntamientos de estas ciudades, y a los individuos que la componían el año próximo pasado al 1809, el de Señoría, de palabra y por escrito a cada uno de ellos.”
“Publicado el referido mi Real Decreto en mi Consejo y Cámara de España e Indias, acordó su cumplimiento en 19 y 21 de Mayo. En cuya consecuencia he resuelto expedir esta mi Real Carta de privilegio para que de ahora en adelante se sirva de mejor testimonio de mi Real Gratitud hacia los beneméritos e ilustres individuos del Ayuntamiento de la ciudad de Guayaquil y de todos sus habitantes; y quiero, y es mi Voluntad que para siempre se dé a su ayuntamiento en cuerpo el tratamiento de Excelencia emérita, y a los individuos que la componen el referido año de 1809 de Señoría, de palabra y por escrito, y que a cada uno de ellos se pase testimonio en forma de una Real Carta par que le sirva, y a sus familias de honor y timbre como premio y Real Demostración debida a su acendrada lealtad y patriotismo, y amor a mi Real Persona dándome cuenta el mismo ayuntamiento de Guayaquil de los que fueron a fin de sus nombres siempre consten. Y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricos hombres… (y) todas las demás personas de cualquier Estado, y calidad que sean, y guarden, cumplan y ejecuten, u hagan guardar (y) cumplir y ejecutar la mencionada mi Real determinación. Dando y haciendo dar a la enunciada ciudad de Guayaquil el tratamiento de excelentísima entera y a los individuos que componían su ayuntamiento el referido año de 1809, el de Señoría, de palabra y por escrito, sin consentir en manera alguna se falte a ello, que así es mi expresa y Real Voluntad. Y de ese despacho se tomará razón en las comandancias generales de la distribución de mi Real Hacienda a donde está agregado el Registro General de Mercedes y en la general de Indias dentro de los muy su dato; y también se tomará y quedará anotada en los Superiores Gobiernos de Lima y Santa Fe, por mi Real Audiencia de Quito y por los ministros de mi Real Hacienda de aquellas cajas, y de la mencionada de Guayaquil. Dada en Cádiz al 27 de Junio de 1810, Yo el Rey. = Yo Don Silvestre Collar. Secretario del Rey Nuestro Señor. Le hizo escribir por su mandato = En cumplimiento de lo prevenido en la Anterior mi Real Cédula para que me diera cuenta el Ayuntamiento de los sujetos de que se componía en el citado año de 1809, a fin de que siempre consten, lo ejecuté con Carta del 27 de Septiembre de 1811, resultando de las actas que acompaño que lo fueron el Dr. Don Domingo Espantoso[5], y don Domingo Santisteban como alcaldes ordinarios: el Dr. Don José Joaquín Pareja, regidor alférez, don José Julián del Campo, alcalde provincial: Don José Morán de Butrón y Castilla, fiel ejecutor: Don Manuel Ignacio Moreno y Santisteban[6], regidor decano: Don Andrés de Herrera y Campusano, Don Manuel Ruiz, don Juan Bautista de Elizalde, don José Ignacio Gorrichategui, don Domingo Iglesias y García, y Don José Ignacio de Casanoba, regidores sencillos, y el Capitán don Antonio Alonso Peramés, Procurador General, igualmente a don José López Merino que fue posesionado del empleo de Alguacil mayor en Diciembre de 1809,, posteriormente ha solicitado el referido Ayuntamiento de Guayaquil me digne confirmar la citada gracia… (Siguen confirmaciones y la recepción de la Real Cédula por parte del Ayuntamiento de Guayaquil)”[7]

[1] Presidente de la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador – Núcleo Guayas.

[2] Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

[3] Según a la información personal proporcionada por un historiador guayaquileño, esta Real Cédula era ya “conocida” en el Ecuador, sin embargo, la misma nunca fue dada a conocer por “distintas razones”.

[4] Nos reservamos el contenido del documento en su totalidad –donde se hace referencia sobre José Joaquín de Olmedo- para una futura publicación.

[5] ¿Pariente del firmante del acta de la independencia de Guayaquil, José Antonio Espantoso?

[6] Abuelo materno de Gabriel García Moreno.

[7] Archivo Histórico de de la Municipalidad de Lima, Sección Junta Municipal – Superior Gobierno 1814-1818, Caja 4, Documento 303 a abril de 2011. Digitalizado por Francisco Núñez Proaño.
ANEXO

Exaltación a favor de los realistas de Pasto
Extraído de “Documentos sobre la Independencia reproducidos por la Gobernación del Departamento de Pasto en el año 1912”. Imprenta del Departamento, Pasto, 1912.
“iOh invictos y heroicos Pastusos! Dignos de aquel nombre de vuestra ínclita y nobilísima ciudad de San Juan de Pasto, por sobrenombre Villaviciosa, sea escrito con letras de oro para admiración de todos los pueblos y para la gratitud de los que se honran con el glorioso epíteto de españoles”.
“A vosotros se dirigen vuestros sensibles y fieles compatriotas de Guayaquil, patricios y forasteros, tanto americanos como europeos, congratulándose, rebosando de gozo y entonando himnos al Señor de los Ejércitos, por la última victoria que acabáis de conseguir sobre los hijos espurios de la Patria, que han osado hollar con sus inmundas pisadas de vuestro sagrado suelo”.
“Sí, el traidor Don Antonio Nariño y Alvarez, prosélito del infame Napoleón, no escarmentado de la suerte que hicisteis sufrir á los rebeldes Caicedo, Macaulay (yanqui) y otros, orgulloso se os acerca el 10 de Mayo próximo pasado en los hermosos campos de esa nueva Villaviciosa y provoca vuestra bizarría cual otro Staremberg provocó en los de la antigua Villaviciosa, en 10 de Diciembre del año de 1710, la del valiente Ejército español que mandaba Vandoma ; mas, así como aquellos vuestros hermanos derrotaron aquel famoso alemán y aseguraron la corona de las Españas en las sienes del joven Felipe, así vuestra sola presencia ha abatido el impío cundinamarqués, y con su prisión y total exterminio de los facciosos que mandaban, habéis asegurado la tranquilidad de las Provincias vecinas, y que en ellas resuene con toda sinceridad y con toda libertad el dulce nombre de nuestro joven Fernando”.
“Habéis, pues, destruido á ese vil caudillo y á su alucinada gente; ¿y qué otra suerte debían haber esperado unos malvados que en el año de 1808, espontáneamente prometieron, así como todos los demás pueblos españoles de Ultramar, reconocer por Rey de las Españas á nuestro amado Fernando ; auxiliará sus hermanos de Europa en la gloriosa lucha contra el tirano Napoleón ; ser inseparables de la madre Patria, mientras hubiese un solo rincón en la Península, en donde se reuniese el Gobierno español; y que en el año de 1810, olvidando sus obligaciones, despreciando los sentimientos de honor, y los de la naturaleza, quebrantan sus solemnes promesas, rompen con los españoles de la Península los estrechos vínculos que unen á todos, la sangre el idioma, la Religión, la amistad y cuantos lazos puede haber en los individuos de una misma sociedad? ¿Cabe mayor influencia, mayor iniquidad? ¿Son tales monstruos dignos del heroico nombre español, que heredaron de sus padres? Nó……, nó: hasta la naturaleza debe borrar de la especie humana á tan viles seres.
“Vosotros, sí, virtuosos Pastusos, honor del nuevo Reino de Granada, de la América Meridional, de toda la España ultramarina, ó por mejor decir, de toda la gran Nación española, vosotros sois dignos hijos de este invencible y heroico Pueblo.”
“Los manes de vuestros fundadores, los Aldanas y sus compañeros, se gloriarán de tener en su posteridad unos hijos fieles, tan valientes, y tan religiosos, y pedirán al cielo que los colme de sus bendiciones; al paso que los manes de los Benalcázares, de los Muñoz, de los López, de los Lozanos, de los Robledos, de los Quinteros, de los Alfonsos, de los Ospinas, de los Quesadas y de otros más, clamarán hasta el trono del Omnipotente, para qué caiga todo Él lleno de su justicia sobre la ingrata posteridad, sobre esos monstruos que brotó el infierno en las orillas del Cauca, del Páez, del Magdalena y del Bogotá”.
“¡Loor eterno!; ¡oh inmortales pastusos ! á vuestra fidelidad y constancia ! ¡publiquense vuestras inmortales acciones de uno á otro polo, del oriente al occidente; nunca las olvidarán estos vuestros compatriotas! os aseguran con toda la efusión de su corazón y con la más sensible gratitud”.
Guayaquil (actual Ecuador), 29 de Mayo de 1814.
“Domingo de Ordeñana, José Antonio Marcos, Santiago Vítores, Bernardo de Alzúa, Manuel Antumaño, Sebastián Puchí, Miguel de Camino, Esteban José Amador, Gabriel García Gómez (padre de Gabriel García Moreno y firmante del acta de independencia de Guayaquil del 20 de octubre de 1820), José de Llano, Juan Manuel de Larranza, Juan Bautista de Elizalde, Bonifacio de Arrieta, Juan Vicente Villa, Ventura Bustamante, Ildefonso López, Manuel de Jado, José María de Aiseo, Nicolás Ruaño, Juan Antonio Bonilla, Andrés Gabuña, Manuel de Aguirre, Narciso Sánchez de Laserna, Salvador Lemos, Manuel Almadaña, Santiago Chacón, Antonio Acosta, José Antonio Treviño, Calisto Gatete, Agustín Corpancho, Joaquín Álvarez, Antonio García de Lavín, José María Valenz, José Valencia, Juan Navarrete, Juan Sivestre Touris, Manuel Ignacio Moreno y Santiesteban (regidor perpetuo del Cabildo de Guyaquil, Caballero de la Orden de Carlos III, tío abuelo Cardenal primado de Toledo, y abuelo materno del caudillo Gabriel García Moreno), Manuel López Hidalgo, José Díaz del Campo, Dionisio Martín Herrera, Juan José Casilasí, Pedro Galeza, Manuel de Ramos Moreno, Juan Rodríguez, Antonio Pombar, Ignacio Zuloaga, Ignacio Roldán, Benito Botana, Miguel Antonio de Anzuátegui, Francisco Antonio García, Ramón Antonio de Irueta, Santiago Cepeda (pariente de Santa Teresa la Grande), Vicente Saldaña, Antonio García Arbela, Francisco de la Cantera, Bernabé García, Francisco Andrés Cárdenas, Pedro José Boloña, Juan Antonio Medina, Ramón Calvo y López, Vicente Sánchez, José de Bustamante y Cevallos, José Ramón Arrieta, doctor Francisco Javier Benavides, José de Segura, Guillermo de Segura, Antonio Lorcluy, José Antonio Campe, El coronel Juan Miguel Germán, Ignacio Cevallos, Ramón Oyarvide, Juan de Abajoa, Juan Esteban de Germendía, Silvestre de Barañano, Juan Hernández, Gabriel Fernández de Urbina, doctor Ignacio Hurtado de López, Carlos Calixto Boya.”
“P.D Con esta misma fecha, se dirige otra igual a la ciudad de Lima, a imprimir y circular muchos ejemplares, a todas las ciudades de la América, y el primer ejemplar se remitirá cuanto antes a ese muy Ilustre Ayuntamiento, por mi conducto; teniendo entendido que con la mayor pompa se van a hacer honras por nuestro héroe don Juan María de la Villota, y por los demás muertos en la guerra, en la iglesia del Seráfico Padre San Francisco, con asistencia del Excelentísimo Cabildo, Militares y demás Cuerpos, lo que servirá a Usías de consuelo. Fecha ut-supra.”
(f) José de Segura y Mendieta”




El acta de la independencia de Quito. Historia secreta de América -6-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


El acta de la independencia de Quito.

(29 de mayo de 1822)
El difunto historiador Efrén AVilés Pino en su “Enciclopedia del Ecuador” dice y cito el artículo “Historia de la independencia”: ”La independencia del Ecuador tiene un solo nombre: 9 de Octubre de 1820. El 9 de octubre es el día más importante en la historia de Guayaquil, de la antigua Audiencia de Quito y del Ecuador actual, porque es el verdadero y único día de nuestra independencia.” -siempre en referencia a los sucesos del 10 de agosto de 1809-. Y concluye: “Ese mismo día -8 de noviembre de 1820- un ejército de guayaquileños, al que con sentido patriótico se llamó “División Protectora de Quito”, marchó hacia el interior para luchar por la independencia de todos los pueblos de la audiencia. Se inició entonces -bajo el mando de Febres-Cordero y Urdaneta, primero; y del Gral. Sucre, después- una rutilante campaña militar que durante 18 meses, entre triunfos y derrotas, liberó todo el territorio de la Audiencia, hasta culminar, el 24 de mayo de 1822, en el monumental escenario de la gloria guayaquileña: El Pichincha. Ese día, el pueblo quiteño fue testigo de los momentos más transcendentales de su historia, cuando observó -con muda emoción- el empuje de los padres de la libertad, que desde Guayaquil habían llegado para sellar en la cima de los Andes, de manera definitiva y para siempre, la libertad de la Patria.” Caben entonces tres preguntas:
La primera: ¿Por qué el historiador no menciona al acta de la independencia de Quito del 29 de Mayo de 1822? – Acaso desconocía este documento -que es utilizado por varios historiadores nacionales y extranjeros desde hace mucho-, o ¿Le guiaban otros intereses?
La segunda: ¿Por qué no se conoce a este documento como se titula el “Acta de la independencia de Quito” y se insiste en llamar al acta del 10 de Agosto de 1809 como “Acta de independencia”?
Y la tercera: ¿Le debemos a Guayaquil entonces la libertadura -república la llaman algunos- que nos vino después del 24 de mayo de 1822? Esa, se las dejo respondan ustedes queridos lectores.
Con este preámbulo paso a publicar la transcripción de la verdadera y única acta de independencia de Quito del 29 de mayo de 1822. Documento que si bien es conocido, oficialmente es ignorado:
Escudo de San Francisco de Quito, concedido por Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico.

“Acta de la independencia de Quito.”[1]
“En la ciudad de San Francisco de Quito, capital de las provincias del antiguo reino de este nombre, representada por su excelentísima municipalidad, el venerable deán y cabildo de la santa iglesia catedral, los prelados de las comunidades religiosas, los curas de las parroquias urbanas, las principales personas del comercio y agricultura, los padres de familia, y notables del país, dijeron: que convencidos de hallarse disueltos los vínculos con que la conquista unió este reino a la nación española, en fuerza de los derechos sacrosantos de todo pueblo para emanciparse si el bien de sus habitantes lo demanda cuando la opresión, el vilipendio y los ultrajes a los ciudadanos por un gobierno corrompido y tiránico han roto todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas provincias a la Península, cuando los sacrificios de la América en las aras de la libertad prometen a Quito la elevación de sus destinos a la gloria y a la prosperidad, cuando los resultados de la guerra que ha sostenido el Nuevo Mundo por su independencia aseguran la suerte de estos países, guerra cuya justicia está reconocida por el género humano y cuyos principios han proclamado en el siglo todas las naciones y todos los hombres que conocen su dignidad, cuando en fin, los españoles profanando el santuario y sus ministros, hollando la moral pública, cubriendo los pueblos de sangre y de luto, preparaban la completa ruina de estas regiones infortunadas, y cuando el Ser Supremo, criador de los bienes de la tierra, cansado del torrente de males que ha inundado el pueblo quiteño, dándole la victoria con que coronó las armas de la patria en la memorable batalla del 24 del corriente sobre las faldas del Pichincha, lo ha puesto en posesión de sus derechos imprescriptibles por medio del genio titular de Colombia, por la mano del inmortal Bolívar, que desde los más remotos puntos de la República ha proveído siempre infatigable a la felicidad de estas provincias; esta corporación, pues, expresando con la más posible y solemne legitimidad los votos de los pueblos que componen el antiguo reino de Quito, ofreciéndose al Ser Supremo y prometiendo conservar pura la religión de Jesús como la base de las mejores sociedades, ha venido en resolver, y resuelve:”
“1º. Reunirse a la república de Colombia como el primer acto espontáneo[2] dictado por el deseo de los pueblos, por la conveniencia y por la mutua seguridad y necesidad, declarando las provincias que componían el antiguo reino de Quito[3] como parte integrante de Colombia, bajo el pacto expreso y formal de tener en ella la representación correspondiente a su importancia política.
2º. Presentar los testimonios de su reconocimiento a las divisiones de Colombia y del Perú, que a las órdenes del señor general Sucre han roto las cadenas que ataban estos países al ignominioso carro peninsular; a este efecto, y considerando una obligación santa tributar a los libertadores de Quito una prueba de gratitud, y que éstos lleven una señal de sus sacrificios, autorizada la corporación por el patriotismo y por los servicios de estas provincias a la causa de Colombia, e impetrando la aprobación del gobierno, conceden a la división libertadora una medalla, o cruz de honor pendiente al pecho de una cinta azul celeste. La medalla será un sol, naciendo sobre las montañas del ecuador, y unidos sus rayos por una corona de laurel: entre la montaña en letras de oro la inscripción Colombia, y alrededor del sol Libertador de Quito en esmalte azul; en el reverso Vencedor de Pichincha 24 de mayo, 12º, y el nombre del agraciado[4]. El pueblo regalará estas medallas que serán para los generales con esmaltes en los rayos de piedras preciosas, para los oficiales de oro, y para la tropa de plata. Y respecto a que el ejército libertador que ha hecho la campaña de Pasto ha tenido una parte tan importante en la libertad de Quito, como la división misma que ha entrado, se suplicará al gobierno que conceda el uso de esta medalla a aquel ejército con las modificaciones que guste, y que el excelentísimo señor libertador presidente acepte la que le presentará una diputación del pueblo quiteño, que también pondrá otra en manso de S. E. el vicepresidente, como una pequeña significación del agradecimiento de estas provincias a sus esfuerzos por liberarlas. Y estando entendido el cabildo y corporaciones que el señor general Sucre tiene la delegación de las facultades concedidas por el soberano congreso de la República al excelentísimo señor presidente, se le exigirá que mientras aprueba el gobierno la solicitud de este pueblo, permita a la división de su mando el uso de esta medalla, y que tome él sobre su cargo, en unión de la municipalidad, dar las gracias al gobierno del Perú por la cooperación de sus tropas a la libertad de Quito, suplicándole que éstas lleven la expresada medalla como una manifestación de nuestro agradecimiento a sus sacrificios, y el expresado señor general remitirá a nombre de este pueblo la misma condecoración, sin la inscripción del reverso y con cinta blanca, al excelentísimo señor protector del Perú, y tendrá la facultad de hacerlo a los demás jefes de aquel estado que hayan concurrido a la expedición libertadora de este país, y a los ciudadanos que por servicios distinguidos en esta gloriosa campaña hayan tenido una influencia en la recuperación de nuestros derechos, pendiendo ésta de la cinta tricolor del pabellón de la República.
3º. Erigir una pirámide sobre el campo de Pichincha, en el lugar de la batalla, que se llamará en adelante la cima de la libertad. En el pedestal, frente a la ciudad, se esculpirá esta inscripción: Los hijos del ecuador a Simón Bolívar, el ángel de la paz y de la libertad colombiana. Seguirá en el mimo frente el nombre del general Sucre, y debajo Quito libre el 24 de mayo de 1822, 22º. Y continuarán los nombres de los jefes y oficiales del estado mayor de las divisiones unidas. En el pedestal de la derecha se colocarán los nombres de los jefes y oficiales de la división del Perú, prefiriendo los heridos, y precedidos por el de su comandante, el señor coronel Santacruz, y continuarán los nombres de los cuerpos y de toda la tropa. En el pedestal de la izquierda, y en todo este costado por el mismo orden, los nombres de los cuerpos y de los jefes, oficiales y tropa de la división de Colombia, precedidos por el del señor general Mires. En el pedestal que mira al campo de la batalla, esta inscripción: A Dios glorificador. Mi valor y mi sangre terminó la guerra de Colombia, y dio libertad a Quito. Seguirán arriba los nombres de los muertos en combate. Sobre la cúspide de la pirámide se colocará el genio de la libertad rodeado de banderas de los cuerpos que han hecho la campaña de Quito, que simbolizará la unión de los estados americanos.
4º. Poner en el frontispicio de la sala capitular una lápida que recuerde en la posteridad el día feliz en que Quito recobró sus derechos, y el nombre del Libertador.
5º. Establecer perpetuamente una función religiosa en que se celebrará el aniversario de la emancipación de Quito; la cual se hará trasladando en procesión solemne, la víspera de Pentecostés, a la santa iglesia catedral la imagen de la madre de Dios, bajo su advocación de Mercedes, y el día habrá en ella misa clásica con sermón, a que concurrirán todas las corporaciones, y será considerada como la primera fiesta religiosa de Quito, cuando tiene el objeto de elevar los votos de este pueblo al Hacedor Supremo por los bienes que le concedió en igual día.
. Instituir otra función fúnebre por el alivio y descanso de las almas de los héroes que sacrificaron su vida a la libertad americana, cuya función, celebrada el tercer día de Pentecostés, será tan solemne como la del artículo anterior, o el día siguiente hábil
7º. Que para hacer durable la memoria del general Sucre en esta capital, se publique el 13 de junio la LeyfundamentaldeColombia, y que en él preste la ciudad, las corporaciones y autoridades, el juramento de defender con sus bienes, su vida y su sangre la independencia, la libertad política y la integridad del Estado, perpetuando una función todos los años el mismo 13 de junio para recordar el día en que Quito se incorporó a la República.
8º. Celebrar una misa de gracias el domingo dos del entrante, con toda pompa, para rendir al Dios de los ejércitos nuestro homenaje y reconocimiento por la transformación gloriosa de Quito, y disponiendo en los tres días precedentes toda especie de regocijos públicos, iluminando la ciudad por tres noches, y concediendo al público cuantas diversiones quiera usar moderadamente. El cabildo tendrá conciertos en estas tres noches y al frente de su casa se colocará una figura alegórica que represente a la América sentada en un trono majestuoso, y rodeada de sus atributos, acariciando el busto del Libertador de Colombia. A la derecha se verá un genio que simbolice a Quito presentando al busto del general Sucre una corona cívica; a la izquierda estarán los retratos de los más esclarecidos generales del ejército, y alrededor, escritos con letras de oro sobre campo azul, los nombres de los oficiales y soldados más ilustres. El mismo cabildo preparará una fiesta triunfal para el día 13 de junio que se publique la Leyfundamental del Estado.
9º. Colocar en la sala capitular los bustos del Libertador de Colombia y del señor general Sucre, a los dos extremos de las armas de la ciudad, cuyo glorioso monumento se colocará igualmente en los salones del palacio y otros lugares públicos.
10º. Que esta acta quede abierta por quince días en la sala de cabildo para que sea firmada por todos los ciudadanos que uniendo sus votos a los que la han dictado, expresen más suficientemente, si es posible, los deseos de los pueblos de Quito, a cuyo efecto se circularán copias en todo el departamento para que en las casas de los ayuntamientos se suscriba por las personas que puedan hacerlo, y se dé este testimonio de su patriotismo y de sus sentimientos.”
“Con lo cual se concluyó esta acta que proclama la corporación como una declaración expresa de sus votos que hace a la faz del mundo el pueblo de Quito, el día veintinueve de mayo del año del Señor mil ochocientos veintidós, y el duodécimo en que manifestó sus deseos de ser libre, feliz y colombiano (?).”
“Vicente Aguirre[5]. Dr. José Félix Valdivieso. Javier Villacis. Tomás de Velasco. Pedro Cevallos. Dr. Bernardo Ignacio de León y Carcelén[6]. Vicente Álvarez. Fidel Quijano. Pedro Guarderas. Vicente Chiriboga. Manuel Moreno. Dr. Pedro José de Arteta. Antonio Salvador. José María Guerrero. Bartolomé Donoso. Ramón Borja. José María del Mazo. Próspero Quiñones. Antonio Fernández Salvador. Dr. José María Cabezas. Dr. Agustín de Salazar. Maximiliano Coronel. Dr. Nicolás de Arteta. Dr. Joaquín Pérez de Anda. Calixto Miranda[7]. Dr. José Camacho. Mariano Batallas. Bruno de Neira. Dr. Francisco León de Aguirre. Dr. José Loza, secretario. Fray Luis Sosa, provincial de Santo Domingo. Maestro fray Antonio Alban, provincial de la Merced. Presentado fray Manuel Bravo, presidente comendador de la Merced. Fray Narciso Segura, provincial de San Francisco. Fray Antonio de la Torre, guardián. Maestro fray Carlos Mejía, prior. Pedro José de Encinas. Señor Pedro de San José, prefecto. Luis de Saá. José Corrella. José Álvarez. Doctor Manuel Espinosa. Presentado doctor fray José Boú. Juan de León y Aguirre. José de Zaldumbide. Juan Antonio Terán. Miguel Valladares. El título de Miraflores. Fray Francisco de Saá. José Eugenio Correa, cura de San Roque. Fray Francisco Martínez, rector. Antonio Pineda. Juan Ante. José Viteri. Pedro Manuel Quiñones. Antonio Baquero. Francisco Campos. Mariano Merizalde, cura de San Marcos. Antonio Llerena. Fray Manuel Solano, prior provincial de agustinos[8]. José Miguel Batallas y Vallejo. Manuel Valladares. Mariano Hurtado. Ramón Molina. José Villandrando. Miguel Espinosa. Matías Sánchez. José Valareso. José González. Manuel del Corral. Mariano Soria. José Montanero. Manuel Benítez. Pedro Iriarte. Mariano Villamar. Pedro Guarderas. Vicente López Merino. Ignacio Villacis.”

[1] Publicada en la Gaceta del gobierno del Perú (hemeroteca del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú), del sábado 27 de Julio de 1822, Tomo Tercero, Número 10, Lima. Transcrita y digitalizada por Francisco Núñez Proaño.

[2] El acto de unión a la república de Colombia no fue nada “espontáneo” y de hecho existen historiadores que consideran a este hecho una anexión forzada. Véase: El rey de la noche de Mark Van Aken.

[3] Llama la atención como se insiste y se reitera la condición de Quito como “antiguo reino”.

[4] La primera orden ecuatoriana instaurada pos independencia.

[5] El General Vicente Aguirre Mendoza fue esposo de Rosa Montúfar Larrea, hija de Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre y presidente de la Junta Suprema de Quito del 10 de Agosto de 1809.

[6] De la Casa de los marqueses de Villarrocha y de los marqueses de Solanda.

[7] El doctor Calixto Miranda propuso un proyecto constitucional monárquico para Quito en 1812.

[8] Llama poderosamente la atención el número de religiosos firmantes.