C ) “Il Risorgimento”
Y llegamos a la era del Resurgimiento (Il Risorgimiento). Antes del año 1832, las sectas no triunfaban porque les faltaba un ideal concreto y de base popular. Sin embargo, la dura represión hecha por Austria con elementos extranjeros despertó el espíritu nacional italiano; los escritores comenzaron a clamar por la libertad, la independencia y la unidad.
Para conseguir estos fines surgieron dos tendencias o escuelas: la republicana y la federal (moderada).
El genovés José Mazzini al principio reclutaba adeptos para los carbonarios. En 1830 fue recluido en Savona como conspirador; huyó de allí a Marsella y en 1831 instituyó en dicha ciudad la sociedad Giovane Italia, para derribar por la fuerza los tronos e implantar la república italiana; pero antes había que arrojar de Italia a los austríacos. Su lema era: libertad, igualdad, humanidad, unidad, independencia. En cuanto a religión era un sectario. Como órgano del partido se fundó el periódico La Giovane Italia, que se propagaba clandestinamente. Como primer fruto de esa campaña, hay que contar varios atentados contra los legados pontificios y las insurrecciones de Viterbo en 1837, de Bolonia en 1843, de Rímini en 1845.
La otra tendencia, o partido de los neogüelfos, quería llegar a la unidad nacional sin conjuras ni revoluciones. Más que una Italia unitaria y republicana, querían una Italia federada. A esta facción pertenecían los liberales más o menos religiosos y amigos de la paz y el orden, que aceptaban, desde luego, la soberanía espiritual del Papa y para aceptar su soberanía temporal solo exigían cierta modernización y secularización del gobierno.
Sus jefes, César Balbo, Gioberti, Massimo d’Azaglio y otros, aspiraban a la unidad de toda Italia. El sacerdote V. Gioberti, al principio mazzinista, fue desterrado por conspirar contra Carlos Alberto en 1833. Vivió en París, donde en 1843, publicó su célebre libro Il primato morale e civile degli italiani. En su primera parte exponía la contribución de Italia al bien de la humanidad por medio del Pontificado; en la segunda desarrolla su plan de federación italiana bajo el Papa: “Nada es posible contra el papa o sin el papa”. Para hacer posible esta federación es condición previa la independencia o expulsión de los extranjeros.
Esta idea la amplifica César Balbo en su Speranza d’Italia, publicado también en París en 1844: como no es posible vencer a Austria, indemnícesela con los Balcanes en la próxima guerra contra Turquía, y ella deje el reino lombardo-véneto...
(Continúa)
Marcadores