K ) Nuevos vejámenes. León XIII se plantea huir de Roma
La noche del 12 al 13 de julio de 1881 habían de ser trasladados los restos de Pío IX a San Lorenzo Extramuros. El traslado se había de hacer en secreto; pero de repente, se congregó en la plaza de San Pedro un gentío inmenso con antorchas. También se organizó una contramanifestación, que en el puente de Santángelo amenazaba arrojar al Tíber los restos del Pontífice. El 7 de agosto, un mitin popular dio la orden del día de abolir el Pontificado y la Ley de garantías, con los consiguientes insultos a León XIII. El gobierno callaba y dejaba hacer. Era su manera de “observar” la Ley de Garantías...
León XIII, angustiado y temeroso, invocó el auxilio de Austria y dejó entrever la idea de abandonar Roma. Francisco José le envió a Hübner, viejo diplomático, a que le disuadiera de tal idea. Por la mente del Papa desfilaban Trento, Salzburgo, Malta, España.
Las vías de un arreglo no estaban más expeditas. El abad benedictino Dom Tosti iniciaba en 1887 conversaciones con Crispi para encontrarse el papa con el rey de Italia en San Pedro. Humberto I rechazó la propuesta; pero, en cambio, Tosti ingenuo y optimista, lanzó al público un folleto, La conciliazione, imprudente y precipitado. Su plan era el principio de los hechos consumados: el Papa renunciaría al poder temporal, contentándose con el espiritual, y luego de la reconciliación, “veremos-dice- la silla gestatoria del pontífice llevada sobre los hombros de 30 millones de italianos, y un grito triunfal resonará de los Alpes a los mares; Ave prínceps pacis”.
Los intransigentes, y entre ellos había 23 cardenales italianos y casi todos los extranjeros, es decir, todo el Colegio cardenalicio y la opinión pública católica de Bélgica, España y Francia, se levantaron en contra. Tosti hubo de retractarse. El 26 de julio se publicaba una carta de León XIII a mons. Rampolla reivindicando su soberanía temporal sobre alguna porción de territorio como prenda de su independencia en el orden espiritual.
Crispi no quería reconciliación y trató de anular la campaña diplomática sobre una restauración reducida que se estaba tramitando. En 1887 se entrevistó con Bismarck, y envalentonado, volvió resuelto a implantar en Italia el Kulturkampf. Mons.Galimberti tomó por segunda vez el camino de Berlín para conferenciar con Bismarck. Es verdad que consiguió ventajas para el catolicismo alemán, pero en la “cuestión romana” volvía con las manos vacías. A Bismarck interesaba más ganarse a Italia para su juego político.
En Italia, la chusma revolucionaria seguía provocadora; en 1888, la tarde de las elecciones, 3.000 manifestantes recorrían las calles de Roma a los gritos de “Abajo el papado /(il papaccio), a la horca el santo padre, al Tíber el Vaticano”.
La situación del Papa se agudizó en 1889, al inaugurarse la estatua en homenaje al hereje Giordano Bruno en la misma plaza de Campo di Fiori. Los discursos que entonces se pronunciaron llenaron a León XIII de consternación. Entonces volvió a pensar en serio en salir de Roma; pero Crispi le envió un ultimátum por medio del cardenal Hohenlohe, haciéndole saber que, si salía, no volvería. Hohenlohe le exhortó a aceptar los hechos consumados...
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