Revista FUERZA NUEVA, nº 469, 3-Ene-1976
Tomado de “O LOS PRINCIPIOS O LA OLIGARQUÍA” (por Vicente de Perlora)
... LA POSTRERA OPORTUNIDAD: EL 18 DE JULIO
...La guerra [1936-39] no constituyó el simple alzamiento cruento contra el Gobierno del Frente Popular o contra la Segunda República para, tras un paréntesis más o menos dilatado, reemprender el camino bajo el imperio de la liberal democracia, una vez que el pueblo acreditase su madurez. No. La guerra adquiría una trascendencia muy distinta. Obedecería a la clara voluntad colectiva de alejarse definitivamente de los cauces demoliberales, coronados o no, y de edificar el Estado sobre el fuerte cimiento de las doctrinas de la tradición y de la Falange, de cuyo encuentro nacería el Movimiento Nacional.
Todas, absolutamente todas, las fuerzas políticas que, a través del decreto de Unificación, pasaron a integrarel Movimiento Nacional –Comunión Tradicionalista y Partido Nacionalista Español, fusionado poco antes en aquélla, FE y de las JONS, Renovación Española y Acción Española- propugnaban el abandono inapelable de las estructuras políticas inspiradas por los principios de la democracia liberal. Y el pueblo, que desde los frentes nacionales luchaba para rescatar a España, lo hizo con el anhelo de privar de efectividad a dichos principios, al igual que quienes desde la retaguardia lo animaban con su aliento moral.
Hurtar lo obtenido en 1939
No obstante, desde la década de 1960 se asiste a una maniobra, al principio solapada y después del asesinato del almirante Carrero Blanco [Dic. 1973] cada día más indisimulable, para sustraer a ese pueblo, que combatiera y venciera, el fruto de su victoria.
Parcelas plutocráticas poderosas se afanan en desviar la natural trayectoria de la comunidad española, hurtando el triunfo obtenido en 1939. A semejanza de lo acaecido con el impulso nacional de 1808, se trabaja para torcerlo en favor de tales parcelas plutocráticas. Se labora sin descanso y con notoria eficacia para configurar el Estado conforme a los principios de la liberal-democracia, que hoy parecen los más acordes con los intereses del neocapitalismo.
Esas parcelas de la plutocracia, íntimamente vinculadas y confundidas con los grupos financieros, invocan el mismo tipo de propaganda, hablando de las conocidas libertades –expresión, reunión, asociación…-, que garantizarán su hegemonía. Simulan exigirlas “en nombre del pueblo”, cuando la verdad desnuda es que ellas son quienes, por medio de las mismas, consolidarán su imperio. Ya no necesitan –como en el siglo XIX- establecer el sufragio censitario que reducía la cualidad de ciudadano activo a una minoría. Ahora, y gracias a los avances en las técnicas de la propaganda y al control de los caudales necesarios para el funcionamiento de los partidos políticos, cabe otorgar la cualidad de ciudadano activo a toda persona mayor de edad. Los técnicos al servicio de esas parcelas plutocráticas se encargarán, pronto, de conseguir que los partidos y órganos de difusión muevan a las masas en la dirección querida por sus mentores.
En provecho de la oligarquía
Los nuevos “grandes” concentran, sobre todo, su esfuerzo en impedir que la Realeza logre la independencia que le es propia y adquiera autonomía respecto a las clases y los bandos para obrar con auténtica justicia imparcial. Tratan de neutralizar a la Monarquía por medio del sistema constitucional basado en la liberal-democracia, que, proclamando las libertades formales, mengüen las prerrogativas regias en provecho de la oligarquía. Se desarrolla, en suma, una hábil operación dirigida a anular al Rey con otro “Privilegio de la Unión”, que revestiría la forma de la “Monarquía moderna”, propicia a dejar las manos libres a la élite plutocrática, que hoy sustituye a la nobleza de antaño y a la burguesía.
La plutocracia, de donde surgen los grupos oligárquicos que aspiran a dominar el Estado, no dispone de castillos y mesnadas, pero su poder no es inferior al de la nobleza medieval. Los eficaces recursos que el capital brinda hacen, cuando menos, igual su influjo al del estamento nobiliario del Medievo. Investíguese en profundidad la identificación de las personas que se esconden detrás de las cadenas de publicaciones ( http://hispanismo.org/historiografia-y-bibliografia/25626-revista-fuerza-nueva-de-la-muerte-de-franco-la-constitucion-1975-78-a.html#post166404 )que, desde hace varios años, vienen efectuando la erosión del Estado del 18 de Julio, si no prestan sus páginas a los cabecillas de los grupos subversivos, y se descubrirá casi siempre a un miembro de la élite plutocrática. De ahí arrancan los principales impulsos en favor del “cambio”, de la “evolución” e inclusive de la “ruptura”. Su protagonismo, aunque disimulado, aparece constante tras el “lavado de cerebro” masivo, desarrollado en los últimos años en pro del regreso hacia la liberal-democracia.
Sólo vale si consigue salirse de los senderos plutocráticos
Para evaluar su poder, sólo basta el registro de los resultados alcanzados entre la llamada “clase política” que sirve, consciente e inconscientemente a la oligarquía plutocrática y abjura de lealtades juradas anteayer. La alianza entre la élite oligárquica y la “clase política” ha ofrecido así la impresión de que amplios sectores del pueblo quieren el regreso al demoliberalismo. Impresión que los órganos de prensa se encargan de superponer a las demás pruebas en contrario proporcionadas por las buenas gentes de España: manifestación del 1 de octubre, colas ante el Palacio de Oriente, declaraciones a TVE de personas del pueblo tomadas a propósito de la muerte de Franco…
La Monarquía del 18 de Julio sólo se proveerá de toda la potencialidad de la Realeza si logra contrarrestar las tentativas para ser conducida por los senderos trazados por la élite plutocrática. La continuidad, autentificación y perfeccionamiento del sistema de representación corporativa, donde el verdadero haz de intereses sociales acceda a las Cortes, le suministraría el respaldo idóneo para cortar la hegemonía financiera. Y los demás medios que un Estado contemporáneo coloca en manos del poder brindarán al Rey el auxilio necesario para dar al traste con las resistencias que su justicia provoque.
Grave peligro de no cumplirse ciertos requisitos
España afrenta una coyuntura delicada y decisiva. A pretexto de “modernidad” se conspira para estructurar, de espaldas a quienes combatieron y vencieron contra los principios demoliberales y sus herederos, una Monarquía basada en la ideología neocapitalista –liberal democracia- que mengüe la independencia del Rey en beneficio de los partidos controlados por la plutocracia. En la hipótesis de que no fracase tal pretensión, asistiremos a la instalación de un sistema oligárquico, donde la élite financiera aliada a la mayoría de la “clase política” imponga su dominio al igual que en el siglo XIX y anule las genuinas ventajas de la Realeza, reduciéndola a un mero apéndice sin sustancia propia. De todos depende que no llegue a ocurrir. Cierto que las fuerzas convergentes –nacionales y foráneas- hacia la hegemonía oligárquica poseen recursos poderosos y que, si logran un resquicio para sus propósitos, se corre el riesgo de permitir la entrada en el marco legal de la subversión, con el grave peligro anejo.
Mas a nadie debe desanimar la dificultad, porque con un Rey –Juan Carlos I- que ha jurado solemnemente lealtad a los Principios del Movimiento Nacional y con un pueblo cuyos sentimientos y aspiraciones quedaron expresados de forma tan cristalina como el 1 de octubre y el 20 de noviembre, no hay sitio para el desánimo. Sólo si cayéramos en la apatía pesimista se perdería para la auténtica España la oportunidad iniciada el 18 de julio de 1936, como se frustrara la nacida después del 2 de mayo de 1808, con el agravante de que, ahora y dentro del marco demoliberal, se cerniría la amenaza siniestra del marxismo.
Monarquía apoyada por el pueblo
El esfuerzo comunitario, pues, ha de encaminarse a que la Monarquía sea la Monarquía del 18 de Julio, modelada por los idearios de las fuerzas políticas que confluyeron en el Movimiento Nacional. Tal Monarquía, apoyada por el pueblo, gozaría de la virtualidad exigida para jugar el papel de supremo árbitro justiciero e independiente entre los hombres, las clases y las tierras de España. Implicaría la adaptación a las condiciones socioeconómicas contemporáneas de la gloriosa Monarquía española, como soñaron los alféreces del Movimiento, Calvo Sotelo, Víctor Pradera, Ramiro de Maeztu y -por qué no?- José Antonio, muy distante de la Monarquía liberal presa y al servicio de una oligarquía extraña al sentir y al bien del verdadero pueblo comprensivo de la totalidad de los estamentos sociales.
Vicente DE PERLORA
Pare ver el artículo completo:
http://hispanismo.org/historia-y-antropologia/25708-o-los-principios-o-la-oligarquia.html
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