Madrid, 18 agosto 2011, festividad de San Agapito, mártir, y Santa Elena, emperatriz. Independientemente de lo que se piense de acontecimientos como la "Jornada Mundial de la Juventud" (JMJ), que este año está transcurriendo en la villa y ex corte de Madrid, la brutal agresión que ha supuesto la manifestación anticatólica convocada por "Europa Laica" (doblemente antiespañola, por europeísta y por laicista) ha vuelto a poner sobre el tapete la intolerable situación que se vive en lo que queda de España.

Con los medios del sistema redoblando esfuerzos, desde hace semanas, para crear un clima hostil contra la Iglesia, ni al Gobierno (de ocupación) de España se le ocurrió reforzar el dispositivo antidisturbios, ni a la comunidad autónoma y el Ayuntamiento de Madrid (ambos en manos del PP) tomar medidas ni intentar impedir una manifestación de ateos, aberrosexuales, abortistas y escoria democrática que se ha dedicado a exhibir su saña satánica insultando, escupiendo y agrediendo a niñas de catorce años, a monjas con sus hábitos, etcétera, y a escarnecer los símbolos de la Fe católica con el mal gusto que les caracteriza. Para a continuación tomarla con el mobiliario urbano y con los vehículos que quedaban a su alcance, e incluso agredir a la policía, sabiendo que en la España del juancarlismo queda impune todo cuanto se haga con la vitola de izquierdista.

Un espectáculo tan denigrante no se ha consentido en ninguno de los escenarios anteriores de la JMJ, que han incluido países no católicos. Y ha tenido que ocurrir en España, donde, es necesario repetirlo, el elemento no católico es ajeno y no tiene ningún derecho, pero actúa como si los tuviera todos y en exclusiva, y es protegido por quienes detentan el poder.

De lo ocurrido cabe extraer unas primeras conclusiones:

  1. La estrategia de colaboración, apaciguamiento y concesiones por parte de la jerarquía eclesiástica es enteramente contraproducente. (Lleva siéndolo muchos años, pero últimamente ha llegado al paroxismo: recuérdense los abyectos elogios hacia el Gobierno socialista por parte del Cardenal Secretario de Estado, Bertone, o la constante adulación hacia los ocupantes de La Zarzuela por parte del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Rouco Varela, dispuesto literalmente a todo en pro de sus buenas relaciones con el poder).
  2. Años de irenismo y de nula enseñanza de la Fe y la moral cristianas ha convertido a buena parte de los jóvenes supuestamente católicos en pacifistas de estilo hippie, incapaces de reaccionar ante provocaciones como las sufridas en la madrileña Puerta del Sol, a pesar de sobrepasar con mucho en número a los provocadores. Los eclesiásticos han inutilizado a generaciones enteras para la militancia católica.
  3. La actitud tradicionalista, ejemplificada en el gran acto en defensa de la libertad de la Iglesia celebrado en la Universidad Complutense de Madrid el pasado 14 de abril, se revela nuevamente como la única posible, la única coherente con la Fe católica, la única que puede devolver a España su rumbo.

Agencia FARO