APÉNDICE 2

Fuente: Archivo Borbón Parma, Archivo Histórico Nacional.




Querido Don Manuel Fal Conde:

Esta fiesta del Apóstol Santiago, que si a todo buen español le recuerda su eficaz y glorioso patrocinio durante la Reconquista, para nuestra Comunión Tradicionalista Carlista tiene una significación más honda, porque en la figura del Santo Apóstol se personifica y sublima el alma entera profundamente católica de la Tradición Española.

La España tradicional celebró siempre con el máximo esplendor esa fiesta, y sus Reyes legítimos acudieron constantemente ante el venerado sepulcro para rendir el tributo de su gratitud, y de la gratitud del pueblo, al celestial Caudillo, al conjuro de cuyo nombre, «Santiago y cierra España», consumó ésta las más memorables proezas de su Historia.

La fecha que hoy celebramos añade a los sentimientos de cristiano y español fervor, otra verdaderamente dolorosa, la fecha onomástica de mi muy amado sobrino Jaime (q. e. p. d.), a quien la Divina Providencia, en sus inexplicables misterios, quiso arrebatárnosle, cabalmente en el instante en que la revolución acababa de adueñarse de los destinos de España. En este día, en el que tantas veces, y con el mayor entusiasmo, celebraron nuestros leales su fiesta onomástica, no han de faltar de seguro a su alma los cristianos sufragios, y con ellos yo también ruego por el descanso eterno del sucesor de Carlos VII.

Constantemente me llegan exposiciones de nuestros Jefes Regionales en expresión de la inquietud que en muchísimos de los nuestros despierta el temor de que con mi vida, al extinguirse la postrera personificación masculina de nuestra rama legítima, haya de extinguirse también nuestra gloriosa Comunión Tradicionalista Carlista, quedando frustrados de tal modo, y acaso en el momento más necesario, los sacrificios sin fin de más de un siglo de incansables esfuerzos.

Dios, que tiene en cuenta tantos heroicos sacrificios, no permitirá que desaparezca nuestra Comunión, firme apoyo de los principios de la Santa Religión, y cuya misión deberá seguir aún después, cuando yo no me halle más en este mundo.

Tengo el sagrado deber de tomar todas las medidas para que así sea; y aseguro a mis leales que no dejo de vista el importantísimo y tan difícil asunto de mi sucesión, para que, con la ayuda de Nuestro Señor, pueda yo morir tranquilo, sabiendo dejo a mi partido en buenas manos, y dirigido por un Caudillo, el que me esfuerzo de encontrar, y confío hallar.

Que Dios te guarde muchos años, querido Don Manuel Fal Conde, lo que de corazón te desea tu afectísimo



ALFONSO CARLOS




Viena, 25 de Julio de 1935.