11 AÑOS LUZ
Por Tomás I. González Pondal
Cada tanto nos hacen saber que “se ha descubierto un nuevo planeta”, en donde, según dicen, “podría haber vida”. Quienes los descubren, al parecer tienen las esperanzas de que pueda haber vida y de que algún día pueda llegar a vivirse en tales lugares. Últimamente se avisó del hallazgo de un exoplaneta, vale decir, uno encontrado fuera de nuestro sistema solar. Se llama Ross 128 b, y está a 11 años luz de nuestra Tierra.
Para que nos quedemos tranquilos y para aligerar la espera, nos aleccionan sobre que: “La humanidad también se pondrá aún más cerca de Ross 128 b en el largo plazo, literalmente. Esto se debe a que el sistema en realidad se está moviendo hacia nosotros y reemplazará a Proxima Centauri para que se convierta en nuestro vecino más cercano en solo 79.000 años”. Ya lo sabemos: en aproximadamente algo más que setenta mil años, tendremos un nuevo integrante en la vecindad de nuestra galaxia.
Si usted me dijera que en cinco años será presidente de Holanda, no solo me movería a creerle, sino que, incluso, analizado su modo de vida, en una de esas lo llegue a ver como algo provechoso. Pero que me digan que están luchando por ver cómo hacer para viajar a Marte (o a algún exoplaneta con posibilidad de ser habitado), más allá de lo que pueda o no creer, me resulta una actividad completamente inútil. Doy por descontado que ya deben tener una nave similar a la USS Enterprise de Star Treck para hacer el viaje; doy por descontado que el armado del objeto volador debe haber costado poquísimo dinero y que en modo alguno ningún habitante de este mundo terráqueo se vio perjudicado (estamos tan bien como humanidad que nos sobra el dinero para hacer naves con velocidad de la luz); doy por descontado que en el sitio descubierto hay oxígeno; y doy por descontado que si no lo hay, la NASA ya tiene un equipo de avanzada suficiente para llenar al nuevo planeta de oxígeno.
Pero aquí el problema no es la nave; el problema no es el lugar, se encuentre donde se encuentre: el problema es la tripulación (o sea el hombre mismo) que no ha entendido para qué está en esta vida. Por más que logren alcanzar a Pichichin 346 L, ese hombre tendrá las mismas inquietudes de vida que tiene aquí y ahora, y deberá enfrentarse a la muerte. Podrá viajar algo más rápido que la velocidad de la luz (en caso de que exista ese algo), pero no podrá jamás hacer un viaje que lo libre del viaje al “otro mundo”. Encima de todo, seguramente los primeros en habitar esos lados sean los más acaudalados de esta aldea: quiero decir que dudo mucho que con tales personajes cambie demasiado el panorama. Se nota más un pensamiento de huida externa, que un pensamiento de cambio interno.
El ateísmo moderno versión astrofísico, cree en la vida de seres muy poderosos llamados extraterrestres. Nunca los vieron, pero sí creen en ellos. No es que no crean en lo que no ven. Creen en seres corpóreos con naves de avanzada y que están allende a esta Tierra. En su fantasía crearon esos seres cargados de poderes que manejan velocísimos objetos yendo de un lado para el otro. El ateo de marras sabe a ciencia cierta que sus seres alienígenas ayudaron a construir las pirámides con métodos nunca vistos; lástima que no pueda explicar por qué esos seres no les proveyeron a los constructores con, al menos, un carrito de cuatro ruedas para transportar piedras y que no se les destruya el físico en la colosal empresa. El ateo indicado maneja una teoría del todo, pero que todo lo que es funda un contenido que lleva a la desesperación. No solo se les rompe la mente al enfrentarse a un orden imposible de explicarse por el caos cósmico explosivo y sin un ordenador, sino que, tienen a la vista una demoledora prueba contra su creencia: no han encontrado ni siquiera un solo microrganismo con vida; no hablemos ya de un ser corpóreo súper inteligente, no; hablemos de un microrganismo: no hay nada. Y no obstante ello, Stephen Hawking y el millonario ruso Yuri Milner, “patrocinan y financian un proyecto para buscar vida extraterrestre”, ofreciendo cien millones de dólares a quien aporte algún dato que los convenza (una forma indirecta de decirle a todos los que alguna vez "vieron" algo, que en verdad, nunca se descubrió nada con vida fuera de estos campos).
El universo todo les pone delante de sus narices un hecho impresionante: solo en una esfera azulada y no muy grande existe vida. De esto sí hay prueba, y aún la tienen para usarla. Podrían así deducir que hay algo demasiado excepcional imposible de ser explicado por un caos. Y como el caos no tiene el poder de reunir toda la vida existente en una órbita terráquea, y como esta ecuación no les cuadra, se han visto obligado a tener que recurrir a sus inexistentes y fantásticos seres intergalácticos, acaso para no hacer quedar tan pero tan en ridículo a su solitario caos.
https://www.msn.com/…/este-nuevo-exoplaneta-es-…/ar-BBEZBt2…
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Fuente:
https://www.facebook.com/tomgonzalez...02483146585337
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