Re: La ruina de España
Entiendo, pues, que hay tres economías o niveles económicos: la de las personas físicas, la de las empresas privadas y la del Estado.
La economía de las personas tendría por misión la satisfacción de todas las necesidades particulares, desde las relativas a la subsistencia (casa, comida, vestido, sanidad básica, enseñanza) propias de una sociedad avanzada, hasta la satisfacción de pequeños estímulos mediante el consumo (televisión, ordenador, teléfono móvil, coche, vacaciones, relaciones sociales con otras personas,etc. A modo de excepción, se podría hablar de otra actividad más especulativa, pero no como actividad profesional: la compra-venta de bienes, muebles o inmuebles, que se haría esporádicamente, y en la que se busca el mayor beneficio posible.
Por su parte, la economía de la empresa cuya finalidad es mantener de un flujo permanente de producción, compra y venta de bienes y servicios, llevados a cabo mediante infraestructuras profesionalizadas. Hay una evidente relación entre esta economía y la de las personas, aunque también entre empresas, el objetivo final será la venta de lo que se produce a un cliente.
Y queda el tercer caso, el de la economía del Estado que propugna una situación teóricamente ideal que nunca se alcanza. El Estado se conduce como el burro que lleva una zanahoria atada con un palo largo a la montura y que, obviamente, jamás alcanza. La economía del Estado debería caracterizarse sólo por la gestión de los recursos y su distribución equitativa, garantizando el acceso de todos a los servicios y bienes públicos. Sin embargo no es así, ¿por qué? En mi opinión, por la presencia de los políticos y sus partidos.
Recuerdo que la ley de economía que más me gustó y mejor aprendí, fue la de "los rendimientos decrecientes". Como mis compañeros escolares y to mismo, éramos unos burros también que en lugar de llevar delante una zanahoria llevábamos un libro y un cuaderno, hubo un profesor que con un gran sentido de la pedagogia nos explicó en qué consistía esa misteriosa ley que impregna a todas las economías antes comentadas. Y lo explicó mediante el ejemplo del bocadillo y el refresco. Alguien va por la calle y entra en un bar porque tiene hambre y sed. Pide un bocadillo y un refresco que conjuntamente cuestan por ejemplo 10 euros. la satisfacción que le producen es del 100 por 100, y se anima a pedir otro bocadillo de otra cosa, pero de precio igual, más un segundo refresco. El camarero vuelve a anotar otros 10 €, pero la satisfacción ya no es la misma, ahora, como mucho, es del 75 u 80%. Y así el hombre llega hasta el 6º bocadillo y 6º refresco, los cuales le salen por las orejas, cuestan 10 eurazos y su grado satisfacción es cero patatero.
¿Qué ha pasado ahí? Pues para empezar que el estómago del amigo tiene un volumen y ha quedado saturado. Además, ha comido con los ojos en lugar de con la boca y sentido común. Como consecuencia cada bocadillo era más caro que el anterior, pues la satisfacción disminuía progresivamente en cada ración, con lo que ha tirado una buena cantidad de euros.
Pues resulta que este cuento para "dummies" en Economía se aplica a todo, absolutamente a todo. Cuando a una persona le tocan varios millones de euros, generalmente no suele saber que hacer con ellos. La razón es que la mayoría de las personas con medio millón bien administrado resolverían casi todos sus problemas y sus deseos quedarían completamente satisfechos. El resto hasta los 9, 12, 20 millones que se suelen ver como consecuencia de botes acumulados, só,lo les dan disgustos, problemas y berrinches ( si tocan 20 millones en el euromillón, Hacienda se lleva el 20% así, por toda la patilla, y eso mientras no se mueva un céntimo, porque entonces estará encima enseguida en su función de buitre carroñero)
Pero las empresas tienen también su castigo, porque ¿cómo se justifican si hay muchos beneficios? En cuanto ocurre algo así, Hacienda, o sea el Estado, ya está encima para controlar qué y de dónde han salido esas cajas. Entonces, las empresas no tienen otras alternativas que mantenerse dentro de unos márgenes productivos más bien estrechos (lo que se traduce en menor empleo, y de peor calidad), o en una deslocalización largándose a estados que no las opriman tanto. La consecuencia es que los trabajadores, o sea, las personas, se ven condenadas al paro.
¿Y en qué medida afecta la ley de rendimientos decrecientes al Estado? Éste, se supone que debe vender a la población el cuento del bienestar. Para eso induce a un consumismo sin límites, aún recuerdo en la etapa del Aznar, como éste incitaba en televisión y en otros medios al consumo, en lugar de al ahorro, lo que fue catastrófico cuando estalló la crisis, porque la gente tenía muchas tonterías, pero no dinero guardado. Parece mentira, pero una lección de economía muy bien dada en La Biblia, con José en Egipto y su interpretación del sueño del faraón con las vacas gordas y las flacas, viene a demostrar la escasa sabiduría de aquellos que todo lo mangonean. Y parece mentira, porque al igual que la Historia se repite en sus aspectos morales, la Economía también es cíclica. Es poco inteligente no aprender esas lecciones básicas en lugar de estar elaborando modelos que, tal como se ha venido demostrando, han fracaso todos. Y ese fracaso viene dado por esa dichosa ley, porque se vende mucha política de baratillo, innecesaria, que nadie pide, pero que sirve para mantener las poltronas.
Hace años conocí a uno de esos personajes dedicados a la empresa, uno de esos ejecutivos comerciales agresivos, que afirmaba con rotundidad que para vender había que "despertar" la necesidad en el cliente, porque era algo que lo tenía en su mente pero lo ignoraba. "¡Ah! claro usando la mayéutica" le dije en una ocasión, "¿qué, de qué hablas"?, respondió, y yo a mi vez, "nada, nada, cosas mías". Pero a continuación y poniendo vocecita angelical (aunque con dientes de cocodrilo), le añadí: "A ver si lo he entendido, ¿hablas de vender frigoríficos a los esquimales y estufas a los pigmeos porque todos ellos llevan en sus mentes tales necesidades?" Para añadir si pensaba que los indios en el Amazonas necesitaban televisores. La anécdota es auténtica, pero no supo contestar, porque la respuesta a mis lobunas preguntas era que lo que él decía sólo tiene lógica en una sociedad avanzada y de consumo.
Y esta, en mi opinión, es la causa de que el Estado, que no somos nosotros, pero al que si hemos exigido que nos tenga en palmitas, ahora nos haya endeudado en 160.000 euros por familia. ¿Y cómo se sale de ahí? pues reduciendo el Estado a la décima parte, bajando impuestos a todo bajar y estimulando que las empresas deslocalizadas vuelvan. Es decir, ¿quién le pone el cascabel a ese gato?
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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