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Tema: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

  1. #221
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    La Guerra de los Castores, el conflicto más sangriento de la historia de América del Norte





    Llamándose Guerra de los Castores no es difícil imaginar el porqué de su nombre y el lugar donde se libró. Efectivamente, el comercio de pieles de estos animales jugó un papel importante -junto con enemistades ancestrales- y la localización fue América del Norte. Pero hubo mucho, muchísimo más. Se trató de un auténtico cacao con contendientes europeos e indígenas repartidos en alianzas que prolongaron los enfrentamientos -distribuidos en cinco guerras sucesivas- durante prácticamente toda la segunda mitad del siglo XVII.

    Dos fueron los bandos básicos: por un lado los franceses y por otro la Confederación Iroquesa. Francia estaba presente en el territorio desde la llegada de Jacques Cartier en 1535, estableciendo diversos asentamientos (de ahí que esa zona de Canadá aún sea francófona). En 1603 fue Samuel de Champlain el que regresó para iniciar una colonización más en serio, firmando una alianza con varias tribus para enfrentarse a los iroqueses y asegurar el suministro de pieles de castor.

    La Confederación Iroquesa, formada por los pueblos mohawk, oneida, seneca, cayuga y onondaga, había alcanzado la primacía regional expulsando a los algonquinos e imponiéndose también a hurones e innus, que fueron los que se unieron a los franceses para librarse del yugo iroqués. Los primeros combates resultaron favorables a los nuevos aliados, que derrotaron a los mohawk. Los galos incitaron a hurones e innu a expandirse hacia el oeste, empujando a los iroqueses cada vez más lejos hasta que el lago Ontario quedó como frontera natural.





    Ello permitió un período de relativa calma que duró unos veinte años y fue bastante fructífero comercialmente para los intereses peleteros europeos. Pero los iroqueses no se resignaban y hacia 1610 trabaron contacto con los comerciantes holandeses, que se habían instalado en la costa, empezando a venderles armas a cambio de pieles. Así desenterraron otra vez el hacha de guerra, primero contra los mohicanos -los holandeses se habían instalado en su territorio- y luego contra sus viejos enemigos. Tras dos años de matanzas se firmó una inestable paz en 1618, en buena parte motivada por un inesperado y terrible acontecimiento.

    Era la llegada de las enfermedades europeas, para las que los nativos no tenían defensas naturales. Al igual que había pasado un siglo antes en la América española, la viruela arrasó Nueva Inglaterra matando al noventa por ciento de la población indígena en sólo dos años. Ello no impidió que, en 1624, mohawks y mohicanos volvieran a enfrentarse. Pese a la ayuda recibida por éstos de algonquinos y conestoga, la victoria fue para los primeros, que les expulsaron y se hicieron con el control absoluto del comercio de pieles con los holandeses. Su superioridad, a base de armas de fuego, una formidable flota de canoas y hábiles tácticas, sería una constante.





    El resultado tuvo un aspecto positivo y otro negativo. Por un lado se enriquecieron, por lo que pudieron seguir comprando mosquetes y extender las hostilidades a algonquinos, hurones e innu; por otro, la matanza de castores alcanzó tal nivel que prácticamente se extinguieron en la región. La Confederación Iroquesa se vio, así, paradójicamente, a punto de morir de éxito. La solución, como tantas veces ha pasado en la Historia, fue lanzarse a una campaña de expansión militar hacia el norte, para hacerse con nuevas tierras de caza. Sus dueños eran los hurones. Fue el comienzo propiamente dicho de la Guerra de los Castores.

    En 1635, tras una serie de batallas que, en general, fueron favorables a los iroqueses, se firmó la paz. Posiblemente influyó también una segunda epidemia de viruela que resultó aún más dura que la anterior y se extendió por el entorno de los Grandes Lagos. Sin embargo, la tranquilidad no duró mucho, otro par de años, porque los hurones se aliaron con los algonquinos y desataron las hostilidades una vez más; la guerra consistió en una serie de golpes y contragolpes de mano, a cual más bárbaro, hasta el punto de provocar el exterminio de facto de algunos pueblos que se vieron arrastrados al conflicto, como los oneida o los wenro.

    En 1641, la Confederación Iroquesa buscó la paz ofreciendo a los franceses un puesto comercial en su territorio. El gobernador galo rechazó la propuesta para no desairar a sus aliados hurones pero la guerra interrumpía el suministro de pieles, así que al final se llegó a un principio de acuerdo; no fructificó porque los galos impusieron que los iroqueses les vendieran sus pieles con los hurones como intermediarios, lo que fue considerado un insulto. Una vez más hablaron las armas y esta vez Francia decidió intervenir directamente junto a sus aliados.





    No fue suficiente para los hurones, que habían resultado especialmente debilitados demográficamente por la viruela. Poco a poco, pero inexorablemente, con un ataque tras otro, los iroqueses los fueron aplastando y los supervivientes quedaron diseminados, a merced del salvajismo del enemigo, del hambre y del crudo invierno canadiense de 1650. Muchos se integraron en otras tribus y no pocos en pueblos franceses, ya que buena parte de los hurones se había convertido al cristianismo por la esforzada labor de los misioneros (quienes también tuvieron numerosas bajas).

    Como los iroqueses también habían perdido mucha población por la viruela y la guerra, igualmente integraron en sus filas a restos de otras tribus y prisioneros, hurones incluidos, siguiendo una vieja costumbre india. Asimismo, se congraciaron con los misioneros jesuitas y hubo un considerable número de conversiones. Pero eso no significaría tranquilidad ni mucho menos. Los mohawks, que habían quedado como el pueblo predominante de la confederación, inistieron en su belicismo y esta vez lo dirigieron contra los blancos. Los colonos sufrieron un período de terror en el que la caza de cabelleras hizo fortuna.





    No fueron las únicas víctimas. Los tionontaté también fueron pasados a cuchillo y los pocos que escaparon huyeron a las praderas refugiándose con los sioux. Luego cayeron unos tras otros, los neutrales, los ottawa, los erie, los conestoga y los delaware. La Confederación Iroquesa parecía imparable y llegó a las puertas de las ciudades francesas de Montreal y Quebec, contra las que efectuaron algunos asaltos. Demasiado para que Francia permaneciera de brazos cruzados: en 1660 organizó un contingente y sumó a sus soldados lo que quedaba de hurones y algonquinos pero los iroqueses los derrotaron; eso sí, a costa de muchas bajas.

    Fue el canto del cisne iroqués porque París, viendo que su colonia corría peligro, envió un ejército. Además, los holandeses que armaban a las tribus de la confederación fueron desplazados por los británicos. Las dos campañas sucesivas desarrolladas por los galos en 1666 obligaron a los iroqueses a negociar, en parte porque los belicosos mohawk estaban muy debilitados. Pero llevarse bien con los europeos no significaba hacerlo con los otros indios: los shawnee, illinois, powatomi y miami pudieron comprobarlo, pues sólo en 1684, combinando sus fuerzas y tras varias derrotas, lograron detener la nueva expansión iroquesa hacia Ohio e Illinois. También ayudaron las armas de fuego suministradas por los franceses, cuyo armisticio con los iroqueses se había dado por finalizado.

    La nueva guerra duró una década y fue aún más brutal, si cabe. En la década de los ochenta los franceses armaron a ojibwas y algonquinos para frenar a los iroqueses; lo que no sabían es que los ingleses habían empezado a hacer lo mismo con éstos en sustitución de los holandeses. No obstante, consiguieron unir a todas las tribus enemigas de la confederación para desatar una exitosa campaña contra su principal componente, los seneca. En lo que se conoce como la Guerra del Rey Guillermo, las hostilidades ampliaron su nómina de contendientes directos y, así, tropas inglesas y francesas se enfrentaron cara a cara en varios choques mientras los indios seguían matándose entre sí paralelalmente.




    Documento de la Paz de Montreal con las firmas pictográficas de los indios


    Los europeos firmaron la paz en 1697 por el Tratado de Rijswijk. Y entonces el panorama cambió. Los franceses desistieron de eliminar a los iroqueses y éstos estaban ya agotados tras medio siglo de muerte y destrucción, así que firmaron un acuerdo comercial a despecho de los ingleses quienes, no obstante, al final se sumaron al pacto. Fue la Gran Paz de Montreal de 1701, en la que se restablecían más o menos las fronteras de antaño y las respectivas áreas de influencia primigenias. Los iroqueses quedaban, en la práctica, como mediadores in situ entre las dos potencias europeas. Aquel statu quo duró veinte años; los que tardaron los blancos en iniciar su expansión colonial aprovechando la sangría humana sufrida por los pieles rojas.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.labrujulaverde.com/2016/...NDWd3BJbi2Cvzc
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  2. #222
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    Diferencias entre la colonización española y la colonización inglesa, portuguesa y holandesa

    Publicado el 28 ago. 2019

    EL IMPERIO ESPAÑOL Y LAS POTENCIAS ENEMIGAS (21-08-1991)

    Diferencias entre la colonización española de América y la colonización inglesa, portuguesa y holandesa





    https://www.youtube.com/watch?v=L5T0_LW6A34
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  3. #223
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    Hombre guineano defiende la colonización española de África:
    https://youtu.be/7Rh6gDEO4JA

    Saludos en Xto.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  4. #224
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    "La mejor época de Guinea Ecuatorial fue con los españoles, vivíamos en libertad"

    https://youtu.be/R3Fjw2bo4s8

    Saludos en Xto.
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    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  5. #225
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América




    La Extinción de los Indios de Norteamérica por los Ingleses: las Mantas con Viruela y la Recompensa por Cabellera

    Enero 15, 2020 By DarioMadrid

    ‪¿Sabían ustedes que los ingleses llegaron a utilizar mantas infectadas de viruela para propagar esa enfermedad entre los indios de Norteamérica? ¿Sabían ustedes que los “civilizados” ingleses pagaban recompensas por las cabelleras de los indios?‬




    Además de no casarse con los indígenas de las tierras que colonizaban, los ingleses los apartaban de aquellas tierras. Por cualquier método, desplazándolos hacia territorios desiertos e incluso llevando a cabo su exterminio.



    Así como en Hispanoamérica se crearon vínculos culturales entre los españoles que llegaron a América y los indios, en Norteamérica no existe ningún tipo de vínculo cultural entre anglosajones e indígenas. De hecho a los que no mataron, los recluyeron en reservas.



    Para los ingleses los indios eran “seres sin alma, de la estirpe de las bestias, que mi merecían ser cristianizados, ni podrían entender jamás el lenguaje de la civilización, a no ser el lenguaje sordo de las armas.” (Pablo Victoria)



    Uno de los métodos que utilizaron los británicos para exterminar a los indios que les molestaban en su expansión hacia el oeste fue regalarles mantas infectadas con viruela. La ocurrencia criminal fue de Sir Jefrrey Amherst, comandante de las tropas inglesas.



    En 1763 los indios se rebelaron contra los ingleses. Ante esto, Sir Jeffrey Amherst, comandante de las tropas inglesas escribe lo siguiente al coronel Henry Bouquet: «hará bien en tratar de infectar de viruela a los indios con mantas y probar cualquier otro método para extirpar esa repugnante raza».




    En consecuencia dieron mantas a los indios para que se protegieran del frío, con trampa, infectadas con viruela. Y el regalo tuvo el efecto deseado por los ingleses: los indios murieron de viruela.



    La estratagema se repitió con los indios mandan y otras tribus en Fort Clark, Dakota del Norte. Una vez que se los indios enfermos se mezclaban con los sanos, caía enferma toda una tribu.



    Otra idea criminal que tuvieron los anglosajones fue acabar con la comida de los indios. El alimento básico de muchas tribus indias eran los bisontes. Cuando los colonos comprendieron que los indios necesitaban a los bisontes para subsistir, acabaron con los bisontes. Tribus enteras murieron de hambre.




    Seguramente si han visto películas de vaqueros pensarán que los indios fueron los que inventaron aquello de cortar caballeras. Pues no, fue una idea del hombre blanco anglosajón y surgió en el siglo XVII.




    ¿Y por qué los ingleses y sus descendientes comenzaron a cortar las cabelleras de los indios? Los colonos pagaban por indio muerto y no había mejor prueba que su caballera. A menos indios tenían más fácil ocupar su territorio.

    Para redactar este hilo me he basado principalmente en los libros “Esto no estaba en tu libro de Historia de España” (García del Junco), “España Contraataca” (Pablo Victoria) y “Más allá del Oeste” (Fernández-Santos).




    La Extinción de los Indios de Norteamérica por los Ingleses: las Mantas con Viruela y la Recompensa por Cabellera – Darío Madrid Historia y Fotografía




  6. #226
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    CORTAR CABELLERAS FUE UNA PRÁCTICA DE HOLANDESES, INGLESES Y FRANCESES, QUE LUEGO COPIARON LOS INDIOS

    30 enero, 2020





    ¿Sabías que… los nativos norteamericanos no fueron los primeros que cortaron la cabellera de los enemigos, sino que fueron los colonos holandeses, franceses e ingleses los que pagaban por cada cabellera indígena cortada?

    Últimamente está quedando patente en muchos libros publicados que los autores de la llamada Leyenda Negra contra España y todo lo que representa, fueron los que cometieron más y mayores actos crueles durante la colonización de tierras americanas.

    Existen pruebas históricas de que la escalpación, (cortar la cabellera), era una rito propio de algunos nativos norteamericanos. Pero la idea de pagar con dinero por la presentación de la cabellera como prueba de indígena asesinado se le atribuye al holandés Willem Krieft, quién fuera gobernador de Nueva Amsterdam (actual Nueva York).

    Su iniciativa se extendió rápidamente. De hecho fueron sobre todo entre los franceses en los siglos XVII-XVIII, durante la Guerra de los Castores y la Guerra franco-india. Estos, para que no tuvieran que cargar con las cabezas, exigían a sus mercenarios (franceses y nativos) las cabelleras de los indígenas que hubieran matado como prueba para cobrar su recompensa. De ahí que otras tribus indígenas que no realizaban esta práctica anteriormente, empezaran a practicarla durante dichas guerras en el territorio de lo que hoy conocemos como Canadá y Estados Unidos.

    Por otra parte, durante la Guerra de Pequot, los colonos ingleses también empezaron a pagar por cada cabellera de indígena cortada en los estados de Massachussetts y Connecticut. Y más tarde, a mediados del siglo XVIII en Pennsylvania también se ofreció una recompensa de alrededor de 134$ por la cabellera de un indio de sexo masculino y de 50$ por una mujer o niño.

    Incluso en México, a mediados del siglo XIX la costumbre de arrancar cabelleras fue decretada por el gobierno de Chihuahua. Fue conocida comoLey de Cabelleras o Contratas de Sangre, las cuales pagaban el exterminio de los apaches. Tuvieron un gran éxito puesto que casi exterminan a este pueblo y obligó a emigrar a los supervivientes a terreno estadounidense, entre ellos al famoso Jerónimo.

    Y cómo no, en los Estados Unidos en 1864, soldados de la Caballería de Voluntarios de Colorado, liderados por John Chivington masacraron un pueblo cheyenne-arapahoe que residía en Sand Creek, porque creían que les habían robado parte de sus reses. Cerca de 160 nativos perdieron la vida, dos tercios de ellos eran mujeres y niños. Los soldados mutilaron a sus víctimas cortándoles la cabellera, nariz o genitales. Lo más terrible era que el poblado de Sand Creek era de los más pacíficos de toda la tribu Cheyenne.


    Fuente: Hispanos contra la Leyenda negra



    https://somatemps.me/2020/01/30/hisp...on-los-indios/




  7. #227
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    Aunque no fuera en América, para el caso viene a ser lo mismo...



    EL GENOCIDIO BRITÁNICO DE LOS ABORÍGENES DE AUSTRALIA

    7 marzo, 2020


    Hace tiempo que publicamos las razones por las que el profesor García del Junco estimaba que España no llevó a cabo un genocidio en América. Lo que está fuera de duda es que Gran Bretaña si llevó a cabo un exterminio de los aborígenes en Australia. Esta es la opinión del profesor en su libro «Eso no estaba en mi libro de Historia de España« .«Según los datos de la propia Sociedad Geográfica Inglesa, cuando llegaron los ingleses en el siglo XVIII, en Australia había algo menos de 1.000.000 de aborígenes (son sus datos). Pues bien, solo quedaban unos 30.000.«



    «La destrucción de los aborígenes australianos fue sistemática. El trato dado a aquellas personas que llevaban en esas tierras 60.000 años fue de todo menos humano: comenzaban a sufrir el despojo de todo lo que consideraban suyo.«





    «Inglaterra declaró a Australia como terra nullius. Es decir, despobladas y, de esa manera, despojaron de sus tierras a sus legítimos dueños. Sencillamente, eran del primer inglés que las reclamara: y el saqueo se hizo a conciencia.«






    «En solo un siglo pasaron de casi 1000000 a 30000. Obra de los puritanos británicos. De esto acusaban a España, pero ellos eran los profesionales en hacerlo. Y si en España había numerosas leyes que protegían a los indios, esas leyes no existían en Inglaterra.«






    Fuente: DiarioMadrid




    https://somatemps.me/2020/03/07/hisp...-de-australia/


    Smetana dio el Víctor.

  8. #228
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    El "gran legado" inglés de la India.



    Dioses contaminantes de la India

    ¿Los dioses contaminan? Sí, lo hacen... al menos en la India. Cada año, la India celebra varios festivales y en algunos, los hindúes hacen ídolos de dioses y diosas, para después de realizar rituales religiosos durante unos días, los sumergen en cuerpos de agua.





    https://www.youtube.com/watch?v=2KVF0z6l_Xs

  9. #229
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    Historia

    La contaminación no es un tema racial

    Desde que desarrollé mi antipatía al capitalismo empecé a ver que muchos de los problemas del «tercer mundo», son efectivamente problemas de capitalismo mal manejados, justamente por ser países periféricos. Uno de estos problemas es la «Contaminación». Es un cliché ver como la altrait o los “fachos” racialistas ponen fotos de la India o países Africanos llenos de basura y luego se jactan de como los blancos son superiores, y miren que cochinos los otros. Si señor, al parecer a la gente de la India o de Egipto simplemente les encanta vivir en la mierda, no pueden evitarlo, sus genes así lo dictan. Cuando veas una foto del Ganges lleno de basura y gente bañándose en este, no pienses que son victimas de la contaminación y que el problema se les escapa de las manos, sino que es que les encanta, por razones genéticas. La raza blanca sin embargo es naturalmente limpia, pulcra y ordenada, nunca se bañaría en un río sucio, mucho menos dejaría que algo así sucediera. Estas actitudes son típicas, ya que después de todo, el racismo o mas bien el narcisismo racial no es mas que comparar lo mejor de la raza propia con lo peor de las demás, y estás comparaciones siempre son atrevidas, pues siempre son ignorantes.




    Seguro le encanta


    Pero el tema de la contaminación no tiene que ver con razas o genes, es un problema político. Un problema que los Europeos también tuvieron y vivieron de maneras similares a lo que se ve en el tercer mundo hoy, con una diferencia fundamental que veremos mas adelante.

    En Europa se vieron cosas similares, sino iguales, durante los inicios de la revolución industrial. Por ejemplo en Londres ocurrió el famoso “Great Stink” en 1858 donde la contaminación en el Támesis generaba unos hedores pútridos en la ciudad y un sin fin de enfermedades, la situación era tan grave que el parlamento tenía que llenar de cal sus cortinas para reducir el hedor.




    Representación de la época acerca del Támesis


    Cuatro años antes había ocurrido el brote de cólera de Broad Street en el distrito de Soho en Londres. Este brote se dió porque Soho había acumulado una vasta cantidad de basura e inmundicia debida “al gran influjo de gente y falta de servicios sanitarios apropiados”.

    Uno de los grandes problemas de la contaminación del Támesis era que la gente, por costumbre, se seguía bañando en él, lavando su ropa y hasta tomando su agua.

    Pero no hay que esperar a la revolución industrial para ver que los Europeos no eran los paragones del orden publico y la limpieza que nos haría creer el verlos ahora. Por ejemplo en la biografía escrita por Claire Tomalin sobre el administrador de la marina inglesa del siglo XVII, Sam Pepys se observa que: “toda casa quemaba carbón…el humo de las chimeneas hacía que el aire fuera oscuro, cubriendo cada superficie con mugre….La gente en Londres escupe negro.”.

    No solo el aire, sino las calles también estaban contaminadas y llenas de inmundicia. Fernand Braudel en “The Structures of Everyday Life” nota que hasta bien avanzado el siglo XVIII “Cerdos eran criados con libertad en las calles y las calles estaban tan sucias y lodosas que tenían que ser cruzadas en zancos.”. Lawrence Stone en “The Family, Sex and Marriage in England 1500-1800” nota que los carniceros ingleses tiraban los restos de los animales a las calles y que animales muertos eran dejados a pudrirse y descomponerse donde estaban, nadie los limpiaba o recogía. Stone también hace notar que -y esto es particularmente importante si alguna vez te has burlado de los Hindúes por cagar en la calle- “grandes cantidades de excremento humano eran arrojados a la calle en la noche, también eran arrojados a las carreteras y caminos”. Gente como Waldo Emerson observó que “nadie en Inglaterra usa blanco porque es imposible mantenerlo limpio”.

    Situaciones y descripciones como estas no son exclusivas de Inglaterra, ciudades en Francia y Alemania presentaban situaciones similares, como deja ver la graciosa anécdota de la reina Ana de Austria diciendo sobre Paris que “es un lugar horrible con un espantoso hedor. Las calles son tan mefíticas que uno no puede permanecer en ellas debido al hedor de carne y pescado podrido y por una muchedumbre de gente que orina en ellas”.

    Todo lo anterior no es para demonizar a los ingleses o europeos en general, sino mostrar que todos los pueblos tienen problemas de sanidad y contaminación justamente por problemas de urbanismo, organización política y por falta de sanidad publica, pero eso no es todo, muchos de estos problemas se dan por la gente siguiendo sus costumbres ancestrales como bañarse en ríos o tirar desechos a la calle pues estos eran eventualmente absorbidos por la naturaleza, tanto los europeos como no europeos hacían estas cosas . La gran diferencia entre Europa y los demás es primero que en Europa estos procesos contaminadores se dieron en Estados fuertes y establecidos que podían actuar decisivamente en grandes proyectos de obras publicas, no en republiquetas o países inestables. Segundo, en Europa se dieron paulatinamente, poco a poco, hoy día tienes a la Coca Cola o la empresa que sea con unas economías de escala y capacidad de producción industrial (y de contaminación) totalmente desarrolladas y listas para ser desplegadas en cualquier momento. Es decir, en la periferia estamos con mucha menos capacidad de respuesta política ante el problema al mismo tiempo que nos enfrentamos con empresas mucho mas grandes con procesos de producción mucho mejor desarrollados que antes.

    Nadie quiere ni le gusta vivir lleno de basura, la gente que así lo hace padece de contaminación no es algo que les de igual, pero la solución a la escala del problema actual se escapa de cualquier esfuerzo individual y mientras al imperio realmente existente lo que le interese es la producción y acumulación de capital seguirá ignorando el problema y pagando para que los gobiernos endebles de esas áreas sigan ignorando el problema. Solo un imperio puede arreglar esta situación, pero parece que no es el actual el que lo hará.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.mundorepubliqueto.com/20...n-tema-racial/
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    Re: Contraste entre la colonización española, anglosajona y francesa en América

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    El engaño con el que EE.UU. ocultó la mayor vergüenza del Séptimo de Caballería

    El 29 de diciembre de 1890, este regimiento asesinó a sangre fría a más de 300 hombres, mujeres y niños que habían intentado huir de una reserva de nativos

    Manuel P. Villatoro


    Una unidad heroica cuyos soldados no titubeaban cuando se les ordenaba lanzarse a la carga contra un grupo innumerable de indios. Gracias a los largometrajes de Hollywood, así es como vemos en la actualidad al popular Séptimo de Caballería. Un regimiento norteamericano que fue creado a mediados del siglo XIX para –en plenaexpansión hacia el Oeste de los Estados Unidos a costa de la tierra de los nativos- defender las fronteras entre los estados de los «blancos» y los de los «pieles rojas». Sin embargo, y a pesar de que la pequeña pantalla nos ha transmitido que esta unidad era un ejemplo del respeto hacia los indígenas, la realidad era bien distinta. Y es que, sus soldados cometieron todo tipo de excesos contra este pueblo. El 29 de diciembre de 1890 se sucedió, precisamente, uno de los más famosos cuando un destacamento de estos jinetes asesinó a sangre fría a casi 300 siouxs -la mayoría mujeres y niños desarmados- cerca del arroyo de Wounded Knee, en Dakota del Sur. El acto suscitó tal vergüenza que fue «vendido» por el gobierno como una batalla decisiva para detener una presunta revolución.


    La explicación de cómo se sucedió esta triste masacre, así como las causas que la provocaron, es uno de los múltiples temas que se pueden leer en « Pieles Rojas. Encuentros con el hombre blanco» (Edaf, 2015), de Victoria Oliver -Doctora en Geografía por la Universidad Complutense-. El libro es, en esencia, un estudio pormenorizado de los encuentros que las más de 200 tribus americanas tuvieron con el hombre blanco desde que Colón pisó el Nuevo Mundo en 1492. «En EE.UU. hay miles de libros sobre tribus americanas, pero en España casi nada. Mi obra habla del encuentro de los exploradores con los “pieles rojas”. Es un libro de historia que muestra como los exploradores y los pioneros iban descubriendo las tribus. Cada capítulo se corresponde con una región de América y explica, por orden cronológico, los momentos en que los conquistadores se toparon con los lugareños», determina la autora en declaraciones a ABC.



    Inhumación de cadáveres en Wounded Knee

    A pesar de que el cine nos ha vendido que la conquista del « Far West» se realizó hace siglos y siglos, la realidad es que comenzó a materializarse hace apenas 200 años. Sus orígenes se remontan a la época en la que Napoleón Bonapartefue desterrado a la isla de Elba tras ser vencido en Waterloo. Aquellos días de 1815, décadas después de que los primitivos Estados Unidos se independizasen de Inglaterra a base de fusil y cañón, fueron en los que el país comenzó a expandirse por el norte de América a costa, en primer lugar, de España (a la que se le compró Florida en 1819). Posteriormente, allá por los años 30, el presidente Andrew Jackson puso sus ojos en las tierras del oeste de Norteamérica, unas extensas llanuras que podían ser cultivadas y aprovechadas por los nuevos colonos que llegaban desde Europa ansiosos de asentarse en el Nuevo Mundo.

    Lo cierto es que el presidente sabía lo que se hacía, pues aquel territorio prometía dinero fácil. «Las tierras despertaban la admiración, envidia y codicia de los anglosajones, ya que no solamente eran extensas, sino fértiles y ricas tanto para el cultivo como para la ganadería. […] Para muchos estadounidenses el territorio se encontraba desaprovechado y era improductivo, por lo cual era necesario que el pueblo norteamericano se expandiera e hiciera un efectivo uso de esas tierras. El derecho natural blanco al uso de esa tierra estaba muy arraigado», explica la historiadora María del Rosario Rodríguez Díaz en su obra «A. Jackson. La conquista del Oeste y la regeneración india». Todo aquel frenesí colonizador se terminó acrecentando todavía más en los años posteriores cuando se corrió la voz de que, en algunas regiones indígenas, se había encontrado oro y todo tipo de minerales. El hecho movilizó a miles de «hombres blancos».

    Con todo –y para desgracia de los norteamericanos- el Oeste era habitado por sus originales pobladores: los indios. Un pueblo formado por decenas y decenas de tribus a las que no les hizo demasiada gracia compartir sus tierras con los nuevos pobladores. «Los indios de las grandes llanuras y de las montañas rocosas ofrecían un obstáculo formidable contra el establecimiento de los blancos. Los más fuertes y guerreros de las tribus eran: los sioux, los pies negros, los crow, los cheyenne y los arapahoe en el norte; los comanches, los kiowa, los ute y los cheyenne, los apaches y los arapahoe del sur. Eran jinetes veloces, admirablemente armados y que vivían de los millones de búfalos que vagaban en libertad», explica Jaime Márquez Morant –Graduado en Historia por la Universidad de Málaga- en su investigación « Historia de los Estados Unidos de América en el SXIX».

    Una deportación masiva

    Pero los norteamericanos ya habían decidido que, tarde o temprano, aquellas vastas llanuras serían suyas. Así pues, y tras la llegada de Jackson a la poltrona, comenzó la expansión (primero sutil y luego masiva) de los colonos americanos hacia el Oeste del país. En los años siguientes, por lo tanto, ambas culturas tuvieron que convivir juntas. La relación, como cabía esperar, no terminó siendo agradable. Así lo demuestra el que el presidente estableciera en el Congreso que los nativos –a los que consideraba bárbaros y salvajes- se encontraban por debajo de los blancos a nivel social y legal (aunque por encima de los negros). Entendiendo que no se merecían las tierras que el destino les había regalado, comenzó una campaña para expulsarles hacia regiones ubicadas todavía más al Oeste. «En 1830 se promulgó la “ Removal Bill”, la ley de Remoción de Indios, por medio de la cual se disponía su traslado a reservas asignadas, donde podrían vivir y desarrollarse de acuerdo a sus costumbres», añade la experta en su obra.

    Andrew Jackson

    Según explicó el presidente, aquello se hacía para favorecer que la cultura india no se perdiera y pudiera practicarse en regiones acotadas. Estas, por descontado, solían ser menos fértiles y ricas en minerales que las que ya poseían. Sin embargo, la realidad era bien diferente, pues lo que se pretendía era legalizar la expulsión de los nativos de sus tierras y que, a través de las mismas, pudieran cruzar miles de colonos. Por otro lado, y además de las deportaciones, el Gobierno también recurrió a los tratados legales para obtener las tierras en las que creía que había oro o cuya importancia era determinante para establecer una ruta mercantil. Y, si esto no funcionaba, entonces se expropiaba por la fuerza. Todo valía para arrebatar las tierras a sus legítimos propietarios. «Si no funcionaban la presión y el soborno, entonces se dividía el territorio indio en asignaciones privadas individuales. Se comprendía bien que con ellas se les restaría fuerza a las organizaciones indias y los terrenos pronto pasarían a manos de los anglosajones», explica Rodríguez.

    Cuando todo aquello fallaba, comenzaba la expulsión mediante los fusiles o las amenazas, algo a lo que muchas tribus indígenas terminaron por responder con las armas. A partir de entonces, muchos grupos de nativos se dedicaron a acabar con la vida de todo hombre, mujer o niño anglosajón que pisaba sus tierras. Y todo ello, de una forma cruel. «Solían escalpar (quitar la cabellera) a los muertos y, además, eran famosos por matar lentamente a sus enemigos», determina Oliver. Para cuando llegó 1835, aquella barbarie ya había hecho mella en el Este de los Estados Unidos. Así lo demostró el mensaje que envió ese mismo año Jackson a sus conciudadanos: «Todos los anteriores experimentos para mejorar las condiciones de los indios han fallado. Ahora parece confirmarse el hecho de que no pueden vivir en contacto con una comunidad civilizada y próspera. Épocas de infructuosos esfuerzos nos han llevado al convencimiento de este principio para la intercomunicación con ellos».

    El odio a los indios se generaliza

    Con el paso de los años el Oeste no fue el único territorio que contribuyó al ensanchamiento de Norteamérica. Un claro ejemplo fue la unión en 1845 de Texas (independiente de los Estados Unidos desde 1838) y, posteriormente, la anexión de varias regiones de México. Dos décadas después, entre 1861 y 1865, este expansionismo se vio frenado por la llegada de la Guerra Civil entre los estados del Norte y los del Sur. Sin embargo, tras la finalización de esta contienda, las ansias de conquista volvieron de una forma renovada. Y es que, tras lograr la adhesión de algunos territorios de la costa oeste del país como Oregón, el gobierno se percató de que la región india se interponía en la comunicación de los dos extremos del país. Norteamérica, por tanto, se dispuso a conquistar aquella zona nativa -ubicada en el centro del continente- y encerrar en reservas a todos los nativos que aún se hallasen en libertad.

    Este deseo de conquista se vio favorecido por la aparición de oro en las montañas de Dakota, territorio que había sido cedido, en principio, a la tribu sioux por ser sagrado para sus miembros. Cuando el vil metal está de por medio, no hay trato que valga, que debieron pensar los miembros del gobierno norteamericano. Por su parte, y hasta el penacho de plumas de verse asediados una y otra vez por el «hombre blanco», algunos nativos se armaron creando grupos de resistencia. El más famoso de ellos fue el que estuvo al mando de Caballo Loco, un líder cuyo valor era reconocido por todos sus iguales. «Hasta el año 1861, los indios habían sido relativamente pacíficos, pero es en ese año cuando vieron sus territorios de caza invadidos por frenéticos y crueles mineros que llegaban en millares. A esto debemos añadir la llegada de colonizadores blancos y el trato poco satisfactorio que les daba el gobierno», completa el historiador en su dossier.

    George A. Custer

    Una vez más la violencia se generalizó. Los indios se armaron y, a base de arco, flecha y tomahawk, se dispusieron a rechazar al enemigo. Sin embargo, en este caso Estados Unidos reaccionó creando unidades como el Séptimo Regimiento de Caballería. Alumbrado en 1868, a este grupo de militares se le asignó el objetivo de proteger a los anglosajones en la frontera entre Estados Unidos y las regiones nativas. Un fin heroico que, para desgracia del gobierno americano, se vio manchado por los múltiples actos desalmados que cometieron sus componentes contra la población indígena. Todos ellos, por cierto, ordenados por su líder, George Armstrong Custer (un inepto militar que, además de sádico, se graduó el último de su promoción en la academia de West Point). Este oficial se hizo rápidamente famoso por sus ataques al amanecer en contra de poblados de indígenas y por no dejar que ninguno de sus enemigos (ancianos, mujeres y niños en muchos casos) escapase con vida. Un mal menor, que pensaban sus superiores, si con ello tenían garantizado expulsar a sus enemigos de allí y deportarles a las reservas.

    En 1876 este abyecto militar se encontró con la horma de su zapato cuando, mientras asaltaba lo que -según creía- era una pequeña aldea india, tanto él como sus hombres perecieron ante un innumerable ejército enemigo. Aquella masacre (conocida como la de Little Bighorn por el lugar en el que se celebró) hirió profundamente el orgullo de los estadounidenses y provocó que aumentase todavía más el odio contra los ya vilipendiados indios. «Después del desastre de Little Bighorn y de la derrota del general Custer, los Estados Unidos quedaron traumatizados. El ejército, como respuesta, empezó a acosar a las tribus indias con tal contundencia que, al año siguiente, la mayoría acabaron en reservas. En ellas, los nativos vivían en condiciones miserables por lo que, siempre que podían, se escapaban para hacer la guerra contra los blancos por su cuenta», explica, en declaraciones a ABC Oliver.

    La «Danza de los espíritus»

    A pesar de la victoria de Little Bighorn, la presión militar del ejército de los Estados Unidos acabó diezmando a la tribu de Caballo Loco. Este, sin otro remedio, tuvo que rendirse en 1877 y, por primera vez en toda su vida, aceptar un pacto con el «hombre blanco» según el cuál sería recluido en una reserva. Con todo, los americanos tenían otros planes para supersona. «Sospechaban de él y, a pesar de que estaba confinado y no tenía capacidad de actuación, decidieron eliminarlo. Para ello, le convocaron a una reunión en Fort Robinson (en Nebraska) con la intención de asesinarle. Él se presentó, en principio, sin recelo, pero pronto descubrió que le habían preparado una encerrona. Entonces se rebeló contra sus captores mientras le sujetaban y gritó “Otra trampa de los blancos, dejadme morir luchando”. Al final, un soldado le clavó su bayoneta por la espalda. Murió esa misma noche», añade la historiadora española a este periódico.

    En palabras de Oliver, los siouxs se entristecieron tanto por la muerte de su líder que adoptaron una nueva religión conocida como la «Danza de los Espíritus». Predicada por un chamán de Nevada llamado Wowoka, esta creencia se basaba en realizar un baile milenario que, según decían los brujos, podía hacer volver a los muertos del otro mundo. «Wowoca llegó a vivir desde pequeño en una granja con una familia cristiana y blanca. Después, y sin saber por qué, regresó con su tribu en la reserva del Valle Mason (también en Nevada). A los 30 años tuvo una enfermedad que le provocó severas alucinaciones el día de año nuevo. Durante aquella enfermedad, Wowoca dijo que Dios había hablado directamente con él para decirle que los indios estaban destinados a dominar la Tierra y que los búfalos regresarían a las campiñas. Sin embargo, para ello todos los nativos debían bailar una danza solemne. Según Wowoca, tras el baile los espíritus de sus antepasados entrarían en sus cuerpos y les harían inmortales a las balas», destaca la experta.



    Los sioux (la mayoría ubicados en la reserva de Standing Rock –Dakota del Sur-) fueron añadiendo a esta religión un toque más bélico con el paso de los años. Uno de los más drásticos fue el instaurado en los años 80, pues por entonces esta tribu afirmaba que los bailarines tenían que comprometerse a asesinar a los blancos para que los antepasados entraran en sus cuerpos. Con todo, esta variación no fue la más sanguinaria. «En aquella reserva había también un jefe llamado Alce Moteado que le añadió otras particularidades a la danza. Una de ellas era que las viudas debían morir bailando para que los espíritus de sus maridos volvieran a la vida y luchasen por su pueblo», determina Oliver. Todas estas creencias no tardaron en llegar a los oídos del Ejército de los Estados Unidos, que decidió hacer válida aquella frase tan repetida por entonces de «el único indio bueno es el indio muerto» atrapando al líder de la reserva para dar ejemplo. Este no era otro que Toro Sentado, famoso por su arrojo y por ser uno de los compañeros de Caballo Loco.

    El 15 de diciembre de 1890, el ejército se dispuso a arrestar a Caballo Loco dentro de la reserva para, posteriormente, interrogarle en dependencias militares. «Esta misión corrió a cargo de una policía india nativa seleccionada de entre gente muy leal al gobierno. Los encargados fueron 43 agentes indios que, seguidos a cierta distancia de un destacamento de soldados, llegaron a la choza de Toro Sentado y le pidieron que se entregase», destaca Oliver. Sabedor de que poco podía hacer ante los agentes, el líder (de unos 60 años y con pocas ganas de iniciar una revuelta) se entregó. Sin embargo, cuando el destacamento salió de la cabaña del nativo, se dio de bruces con una turba formada por siouxs dispuestos a enfrentarse con ellos para evitar la marcha de su jefe. «Cuando Atrapa al Oso, uno de los indios alborotados, hirió a un policía, un agente disparó a Toro Sentado en la cabeza. Entonces se inició un combate que se cobró la vida de ocho indios y otros tantos militares», destaca la experta.

    La huida de Alce Moteado

    Cuando las barbas de tu vecino veas cortar… Todos conocemos el dicho. Y es seguro que el jefe Alce Moteado (apodadoBigfoot o Pie Grande) también pues –a la vista de que el gran guerrero Toro Sentado había fallecido de aquella cruel forma- decidió reunir a sus seguidores y poner sus pies descalzos en polvorosa el 15 de diciembre de 1890. Su objetivo, así como el de los aproximadamente 400 nativos que partieron con él (la gran mayoría mujeres y niños pequeños), era llegar hasta la reserva de Pine Ridge para ponerse bajo la protección de Nube Roja. Este era otro de los grandes guerreros indios que, entre 1866 y 1868, había presentado batalla (y vencido en varias ocasiones, todo sea dicho) al ejército de los Estados Unidos en Wyoming y Montana. Pero esta era una huida que el Séptimo de Caballería no estaba dispuesto a tolerar. Así pues, horas después de conocer la noticia una unidad de este regimiento partió para interceptarlos.

    «Tras tres días de marcha [el 28 de diciembre] los soldados encontraron a esa partida de indios», explica el historiador y periodista Jesús Hernández en su obra « Las 50 masacres de la historia». Los perseguidores no eran más que un destacamento de jinetes dirigido por el Mayor Whitside, pero con eso bastó para asustar a los indefensos nativos y obligarles a ser escoltados hacia una posición ubicada cerca del río Wounded Knee. Una vez en la zona se les ordenó que acampasen y que preparasen sus armas, pues deberían entregarlas al día siguiente. Tras ello, y según les dijeron, serían llevados hasta un tren que los deportaría a Oklahoma, en Nebraska. «Esa misma noche llegó el coronel James Forsyth con el resto del Séptimo de Caballería e instaló cuatro cañones ametralladores en las cercanías», explica Oliver. El 29 de diciembre de 1890, en una mañana fría repleta de nieve, los soldados se dispusieron a desarmar a los nativos. Una turba que, aunque podía parecer peligrosa, apenas contaba con hombres armados.

    Una cruel masacre

    Con los esperados refuerzos cubriéndoles las espaldas (así como las cuatro ametralladoras pesadas) el Séptimo Regimiento de Caballería entró el 29 de diciembre en el campamento temporal que los indios habían levantado en Wounded Knee. Tras los pertinentes saludos (más ceremoniales que por respeto) los soldados solicitaron a los nativos que entregasen cualquier arma que tuvieran en su poder. Los tensos indígenas accedieron... ofreciendo a aquellos «hombres blancos» apenas 38 fusiles. Un número irrisorio para defender una muchedumbre como la que allí se reunía. El truco no surtió efecto. Al instante, los militares se adentraron en lo más profundo del recinto y, espadas y pistolas en ristre, se dispusieron a buscar entre las pertenencias de aquellas personas cualquier utensilio que pudiese ser usado en su contra. Sus sospechas se materializaron enseguida al descubrir todo tipo de hachas, escopetas yfilos entre sus aperos y dentro de sus cabañas. La situación se ponía peliaguda por momentos.

    Fue en ese instante de tensión cuando saltó finalmente la chispa que detonó el barril de pólvora (esto es, la paciencia de los militares). «Se cuenta que, durante el registro, un indio sordo llamado Coyote Negro comenzó a forcejear con un militar para que no le quitase su rifle debido a que era una auténtica reliquia de familia. En ese forcejeo, al parecer, el rifle se disparó», explica Oliver. Como era de esperar, el tiro acabó con la paciencia de los soldados, que se pusieron en guardia, desenfundaron e iniciaron un tiroteo en el que las ametralladoras del Séptimo de Caballería dieron buena cuenta de una gran cantidad de mujeres, niños de todas las edades (incluso recién nacidos) y, en último término, hombres. Por su parte, algunos nativos devolvieron las balas, aunque en una cantidad irrisoria. No hubo tregua ni se atisbó bondad. La caballería modélica de Norteamérica no se apiadó de los indefensos presentes.

    Wounded Knee

    Cuando cesó el fuego y se disipó el humo de los disparos la situación era dantesca. Así la describió posteriormente el jefe Caballo Americano: «Había una mujer con un bebé en sus brazos que fue asesinado. Una madre fue derribada con su bebé; el niño sin saber que su madre estaba muerta trataba de llamarla. Las mujeres que huían con sus bebés murieron juntas. Dispararon a través de la mayoría de ellas. Posteriormente los soldados gritaron que todos los que no estuvieran muertos se presentasen ante ellos y que estarían a salvo. Muchos niños pequeños salieron de sus lugares de refugio y, tan pronto como llegaron hasta los soldados, fueron masacrados allí mismo». El jefe Pie Grande tampoco salvó la vida. Fue asesinado en su tienda mientras se recuperaba de un pulmonía que le había postrado durante todo el viaje.

    Aunque las cifras varían, Oliver es partidaria de que aquella jornada fallecieron 90 indios, así como 200 mujeres y niños. 51 quedaron, a su vez, gravemente heridos. En cuanto a los soldados, dejaron este mundo 25 y 39 fueron heridos. La mayoría, curiosamente, por el fuego de sus propios camaradas desde retaguardia. La situación se agravó con la llegada de la noche. «Aquella noche, una tormenta de nieve cubrió la pradera y muchos de los indios heridos que todavía yacían en el suelo murieron en la oscuridad a consecuencia del frío», explica, en este caso, Hernández. El Séptimo de Caballería, por su parte, custodió a todos los supervivientes que pudiesen andar hasta Pine Ridge, a donde llegaron horas después con 4 hombres y 47 mujeresy niños. Todos ellos, dañados de una forma u otra. Según se cuenta, cuando los nativos fueron atendidos en la iglesia, pudieron leer un irónico letrero con la siguiente leyenda: «Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad».

    En los días posteriores, después de que un temporal atacase la zona, la prensa logró acceder a Wounded Knee y ver con sus propios ojos cientos de cadáveres todavía sin enterrar. Y es que, aunque el Séptimo de Caballería había intentado ocultar las pruebas de lo sucedido, sus unidades de «limpieza» todavía no habían podido acceder a la región. No se pudo hacer nada para evitar que se fotografiasen los cuerpos congelados por el frío invernal. Sin saber como actuar, el Ministerio de la Guerra norteamericano decidió afirmar que el ejército se había limitado a responder con las armas a un levantamiento militar sioux. «Aunque en principio se acusó a James Forsyth de actuar con “ciega estupidez y conducta criminal” y se le destituyó, finalmente el Gobierno presentó la matanza como un levantamiento y una batalla épica. No solo eso, sino que se le concedió la medalla de honor a los soldados que más indios mataron aquel día», añade la experta en declaraciones a ABC.

    Cuatro preguntas a Victoria Oliver

    1-¿Se sabe cómo reaccionó el Séptimo de Caballería cuando se supo la noticia de la masacre?

    Se mostraron orgullosos de haber vengado a sus compañeros muertos en Little Bighorn. El problema es que se generó una gran controversia porque era difícil hacer creer a la opinión pública que aquello había sido una batalla. Pero se logró parcialmente.

    2-¿Hasta que punto fue grave el maltrato de los nativos por parte del ejército americano?

    En el Siglo XIX la represión que hizo el ejército norteamericano de los indios fue terrible. Hay que tener en cuenta que en 1890 estamos hablando de un ejército moderno y democrático, pero antes, cuando no lo era, fue todavía peor. Los indios habían sido tan crueles que el ejército sentía un gran odio hacia ellos. Era relativamente normal. Al haber tanto odio, todo se justificó. Se llegó a decir que el único indio bueno era el indio muerto. Y estas frases eran aplaudidas.

    3-¿Existen muchas investigaciones sobre las tribus indias en España?

    En EE.UU. hay miles de obras sobre tribus americanas, pero en España casi nada. Mi obra habla del encuentro de los exploradores con los pieles rojas y sus diferentes tribus. Los que lean el libro van a encontrar una investigación seria. Lo he escrito igual que si hubiera escrito sobre los griegos, los egipcios o los íberos. Al decir pieles rojas se piensa en literatura, pero lo he hecho con total seriedad y mediante fuentes inglesas de la época (para los territorios de Virginia y Massachusetts), españolas (cuyos cronistas estuvieron en el sur de Estados Unidos) y franceses.

    4-¿Quién “sale ganando” en su libro, los nativos o los colonos?

    He intentado ser absolutamente objetiva en mi libro. He hablado bien y mal de los europeos y de los indios.



    https://sevilla.abc.es/historia/abci...1_noticia.html


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