Re: «Holocausto»: León Degrelle vs. Toledano (“El Imparcial”, 1979)

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DOBLE AGUILA
Por otra parte, y hay que reconocerlo, la "opinión" que se tenía de "los judíos" en el mundo carlista, como en todo el mundo católico hasta CVII no era ni mucho menos positiva sino todo lo contrario. Los judíos nunca han sido bien vistos en España (mucho menos en la España tradicional), lo que tiene su explicación en factores históricos, pero también en el hecho innegable de que los pueblos no somos perfectos, y tenemos "filias" y "fobias" (a veces injustamente, otras con motivo).
Por más que como católicos no osemos discutir la estirpe a la que perteneció NS Jesucristo, su Santísima Madre y los Apóstoles.
La "judeofobia" no es un fenómeno exclusivo en ciertos sectores de España. Sino una constante histórica en todas partes, y desde muy antiguo, judíos y galileos y, especialmente, judíos y samaritanos se odiaban a muerte ya hace más de dos mil años, y a lo ancho de la Antigüedad hay todos los ejemplos que se quieran y no hay más que remitirse a los textos de Historia o a las propias fuentes de entonces. Pero una cosa es eso y otra muy diferente lo que pasó en Alemania y territorios ocupados.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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