Re: Juan Manuel de Prada: «Cataluña es una nación como una catedral»

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putifar
No creo que sea importante lo que diga ese señor sobre lo que es Cataluña. ¿Quién lo lee?¿Quién lo entiende?¿En quién influye? Sus opiniones no alimentan al separatismo, los separatistas se autoalimentan. Los separatistas son guerracivilistas y les da igual. Solo buscan su destrucción y la de los demás.
En líneas generales coincido. No sé cuánta gente lo lee y aún menos cuánta gente lo entiende, pero que ha metido la pata hasta el corvejón es una evidencia objetiva y más abajo voy a exponer mis razones.

Iniciado por
Martin Ant
No lo dice.
Pero viene a afirmar otra cosa mucho más importante, y que está en el meollo de toda la cuestión: que quienes tienen realmente la culpa del embrollo o confusión que se ha formado en la época contemporánea en torno al concepto de nación son aquéllos que defienden la deformadora concepción revolucionaria de dicho término, concepción ideológica causante del origen de los diversos nacionalismos contemporáneos, con independencia de que se aplique a los Reinos de la Monarquía española tomados por separado (nacionalismo catalanista, nacionalismo galleguista, nacionalismo vizcainista, etc...), o de que se aplique a todos esos Reinos tomados en su conjunto (nacionalismo españolista).
En cambio, la concepción histórica de nación (cuando digo "histórica" me refiero a tal y como se entendía el término a lo largo de todos los siglos del régimen de Cristiandad, antes de que viniera el racionalismo revolucionario a desvirtuarlo y desorbitarlo) se aplicaba, sin ningún problema, indistintamente, ya sea a los Reinos de la Monarquía española tomados por separado (nación catalana, nación portuguesa, nación vizcaína, nación castellana, etc., etc.), ya sea a todos ellos tomados en su conjunto o para denominarlos de forma abreviada (nación española).
Imaginemos una escena, más propia de los Hermanos Marx que otra cosa, en la que tres navíos españoles con bandera de Castilla arriban al puerto de Nueva York y allí ante el pasmo de sus habitantes en la playa plantan el pabellón real y toman posesión de las nuevas tierras en nombre de la Corona castellana y su Reina Isabel. Como argumento disparatado para una comedia estaría muy bien, en especial si el papel del nuevo Colón lo interpretase ese histriónico pirado de Sr. Recio de la más irreverente y disparatada serie de televisión, "La que se avecina". Pues eso, que a nadie con dos dedos de frente se le puede ocurrir querer descubrir y trasplantar la cosmovisión medieval que de si mismos tenían los diferentes pueblos, a un escenario del Siglo XXI sin correr el riesgo de que como mínimo lo pelen.
El problema arranca de ahí, de la permanente creencia que tienen algunos que se llaman a si mismos "tradicionalistas" de que con sus opiniones, que suelen resultar de lo más extravagante, se pueda cambiar la cosmovisión actual. En aquellos siglos la gente también se trataba de "vuesa merced", y se reconocía la casi absoluta impermeabilidad de los estamentos, si había ofensas se soltaba un guantazo al agresor y se le retaba a un duelo a espada... Seamos serios, cada época tiene unos rasgos ineludibles que si no son aceptables y aceptados pueden ponerse en solfa, pero a la gente hay que explicarle las cosas.
El Sr De Prada es un erudito, pero su verdadero campo es el cine y, desde luego, como pedagogo es un desastre. Hace años a un grupo de alumnos yo les dictaba que los pueblos íberos construían unos poblados llamados "oppidum", que "estaban amurallados, con cañones en las murallas y que en los fosos de alrededor gustaban de plantar flores en primavera". Así hasta que pasadas unas cuantas líneas de disparates, terminé por decirles que parasen, porque casi todo era falso. No tenían ni el más mínimo sentido de la crítica, no sabían nada de nada, es decir, que no sabían ni cuando se había inventado la pólvora.
En otro grupo diferente, un individuo me pregunto si "¿esos romanos no eran unos tíos muy raros que siempre estaban borrachos?" . En otra ocasión, una señorita muy ufana me dijo que el político más importante de los Reyes Católicos (de su reinado) había sido Franco. Por supuesto antes de que el habitante del franquista Palacio de la Moncloa fuese "okupado" por su actual parásito. Y estos grupos de alumnos no eran niños, sino mozalbetes y mozas bien desarrollados ya. Hasta hubo quien me dijo en una ocasión que él leía periódicos.
Pues bien, a ese tipo de gente explícales que no es igual la idea de nación que se tenía en los siglos anteriores al que se tiene hoy, que éste procede de los procesos revolucionarios desde el XVIII y que es totalmente distinto. Que así es como se aclaran las ideas y también el lenguaje, y yo me pregunto ¡ya! ¿y qué más?
Última edición por Valmadian; 23/02/2019 a las 14:01
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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