Re: Juan Manuel de Prada: «Cataluña es una nación como una catedral»

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Valmadian
La realidad es que cualquier precisión previa que hiciese al inicio de la entrevista queda, como no puede ser menos, eclipsada por la frase fatídica de que Cataluña es una nación como una catedral. Ya a partir de ahí, no ya por parte de quienes estamos en desacuerdo, sino por parte de la Prensa, cierta Prensa, lo que importa es esa frase y no lo demás. También es verdad que podría haber añadido que si Cataluña es una nación, el sentido tradicional del término es aplicable a cualquier sociedad organizada, independientemente de su estatus concreto: ciudad, región, etc., con lo que el tema se hubiese diluido mucho. El error está en el medio empleado, el momento y las circunstancias. A modo de contraste, y para entender mejor el efecto causado, imaginemos que hubiese dicho lo mismo estando en Cáceres o Badajoz: "Extremadura es una nación como una catedral" ante cualquier medio local, "HOY", El Periódico Extremadura, etc., el efecto no hubiese pasado de la mera anécdota y la curiosidad.
Esto no significa que yo comparta lo que he dicho, sólo he manifestado un hipotético condicional.
El hacer esa afirmación ante un medio independentista moderno, ante un público lector con la idea moderna de nación metida en la cabeza, en un momento histórico actual, bajo un discurso mediatizado y deliberadamente tergiversado en favor de la ruptura, aunque no se pretenda o no se quiera, de todas, todas, la idea adquiere connotaciones modernas.
Mucho más importante es esta otra parte de mi mensaje.

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Martin Ant
Ahí está una de las claves para entender el sentido analógico que posee la noción prerrevolucionaria de nación. Hay que tener en cuenta que el nacionalismo catalanista es tan totalizador o absorbente como lo pueda ser el nacionalismo españolista, o cualquier otro nacionalismo.
Por eso la afirmación del Sr. De Prada, no sólo fue sociopolíticamente ortodoxa, sino que también considero que fue muy oportuna. Porque al nacionalismo catalanista no se le puede combatir con el nacionalismo españolista (un error no se puede combatir con otro error), sino que sólo se le puede combatir con la defensa y promoción de la Cataluña tradicional: con todas sus peculiaridades y características propias, que definen su nacionalidad, la cual, en su genuino sentido antes señalado, es compatible, sin ningún problema, con otras realidades nacionales superiores (en el caso de la nación catalana, ésta está integrada en la superior nacionalidad de la Corona de Aragón, la cual, a su vez, está integrada en la superior nacionalidad española).
Los catalanes son españoles... PERO SÓLO A FUER DE SER AUTÉNTICOS Y VERDADEROS CATALANES.
Vamos a ver, dicho "sin acritú" como decía el jefe de aquél que vino a transformar España de tal manera que no la iba a conocer ni su madre, ¿usted en qué siglo vive? Y la razón de mi pregunta está sobradamente justificada. El sentido prerrevolucionario, o prerromántico del término nación está absolutamente obsoleto, ya nadie lo entiende así, independientemente de que con el significado impreciso que tenía, hasta podría decir que era una nación el hospital en el que nací, integrado, a su vez, en el barrio en el que está ubicado, o sea, otra nación que, por otro lado es parte de una ciudad que también es nación, como lo es la comarca en la que está asentada y que corresponde a otra realidad nacional de la región... En fin, no sé si capta usted el tremendo absurdo que es esto y pese a ello voy a proporner en la próxima junta de vecinos que proclamemos nuestra independencia, porque somos una nación vecinal, y si no me hacen caso proclamaré la independencia de mi casa, nación familiar.
"Cada uno en su casa y Dios en la de todos", pues cada casa tiene sus peculiaridades y características propias, faltaría más y, en efecto, no hay incompatibilidad alguna con que el Creador esté presente en todas y cada una de ellas. Supongo que ahora vendrá a corregirme con la definición aristotélica de Polis. Pero no hace falta, créame, en su día tuve que examinarme de ella, entre otras varias. Las cosas son más sencillas, hoy en día la acepción y significado del vocablo "nación" es el revolucionario, romántico, liberal, socialista y nacionalista sea rupturista o sea integrador. Y todo lo demás es vano esfuerzo. Le preguntaba a cerca del siglo en el que vive, como parece pasarle al Sr. De Prada, y es que no estamos en el siglo XVI, sino en el XXI y hoy no podemos seguir combatiendo al turco en Lepanto, porque aquello ya pasó. Hoy tenemos que librar las batallas propias de nuestro tiempo, y aunque tiene razón en afirmar que el nacionalismo catalán no se puede combatir con el nacionalismo español -por cierto, "missing" desde hace no se sabe cuanto tiempo y sólo existente en los discursos de la demagogia institucionalizada y en los papeles de la Prensa-, la verdad es que el nacionalismo español no puede combatirse con el nacionalismo catalán.
Hoy en día, nación y nacionalismo están totalmente imbricados en la idea de Estado, si bien cuando conviene ya se procura separar a conveniencia. Por ejemplo, ¿ha escuchado usted decir a un separatista catalán el nombre de España? ¡Jamás lo dicen! siempre es "el Estado español", dando la impresión de que quienes nos sentimos españoles no tenemos nación ni patria que nos bendiga,sólo tenemos Estado, es decir, que debemos ser todos funcionarios y además de prisiones porque ellos, los nacionalistas catalanes que si tienen nación o patria, pero no Estado, se sienten prisioneros de los españoles.
Y ante este tufo viene este señor y les cuenta que si, que no se preocupen, que claro que son una nación, pero que antes de serlo como ellos lo ven (a su manera) y entienden (también bajo su propia óptica) ya eran una nación desde un sentido tradicional que quedó tapado por la actual situación. Y aunque no importa que fueran parte del Reino (nación) aragonés, gracias a la fusión dinástica, la cosa se transformó por arte de magia en Corona CATALANO-Aragonesa, así que puestos, al final será Aragón el que deberá integrarse en los Paisos Catalans.
Mire, usted puede ser partidario de las ideas que expresa el Sr. De Prada en sus artículos, ser un gran admirador y le doy la razón cuando afirma que "considera que fue muy oportuna...", puesto que es su opinión, no la mía que considero justo lo contrario, pero mientras usted se pierde en querer dar razones sobre que es menester combatir el nacionalismo revolucionario con la imagen de una Cataluña tradicional idílica, precisamente dando así más argumentos a los otros, lo que nos faltaba, yo afirmo que se equivocó en el forma, en el medio y el momento.
Y es que no resulta nada complicado deducir que el Sr. De Padra es un erudito, pero como también dije, un pésimo pedagogo y añadiré que la antropología tampoco es lo suyo. Noto un profundo desconocimiento de la mentalidad nacionalista catalana, la cual no da puntada sin hilo jamás y se le ha regalado un bonito floripondio hablando de la nación catalana ancestral, que es como una catedral, y sin haberlo procurado, me ha salido un pareado y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Le recuerdo que en el Carlismo la nación se llama España, o Las Españas, por que dicho de otro modo, todas son España.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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