Respuesta: Preguntas a las que ningún protestante puede responder
Bueno, no deformemos las cosas. Reconocer que la única interpretación válida de la Biblia es la que hace la Iglesia no nos puede llevar a menospreciar el conocimiento profundo de aquella. Al contrario, para entender la interpretación de la Iglesia es imprescindible conocer las Escrituras. Todos los Santos Padres eran profundos conocedores de la Biblia.
Copio alguna cosa para ilustrar esta postura. Comienzo con Dostoyevski, de quien no podemos decir que no sea cristiano:
Cuenta Fedor Dostoyevski en su novela "Los hermanos Karamazov" que el viejo y sabio monje Zóssima le aconsejaba a su joven amigo Alyosha que leyese las Santas Escrituras a la gente sencilla "simplemente como ellas son", y le agregaba, "tú verás cómo el corazón simple comprende la Palabra de Dios"2.
Allí habla también del primer recuerdo preciado de la familia y de una Historia Sagrada donde aprendió a leer. Su madre, en un lunes santo, le llevó a la celebración litúrgica donde vio a un joven salir en el templo de entre el incienso, llevando un gran libro que colocó en el facistol y empezó a leer:
Mirábalo yo todo con fervor, y por primera vez en mi vida recibí en mi alma la semilla de Dios, sin saberlo (p. 1009).
Apela a la falta de tiempo, que los curas cobran poco, que no pueden exponer la Sagrada Escritura y le anima a hacerlo así:
Ábreles el libro y ponte a leer sin palabras altisonantes y sin postín, sin darte importancia con ellos, sino tierna y dulcemente, alegrándote de estarles leyendo y gustando tú mismo lo que lees y haciendo únicamente, de cuando en cuando, una pausa para explicarles algún vocablo… Y no hace falta, no hace falta explicar y machacar mucho, que todo lo comprenderá, sencillamente, el hombre del pueblo. ¿Creéis que no entiende? Pues haced la prueba […] el celo del sacerdote y sus enfervorizadas palabras, le ayudará espontáneamente en la medida de sus fuerzas hasta en su casa y le mostrará un respeto mayor que el de antes… es cosa tan sencilla, que, a veces, hasta temes exponerla, porque se reirán de ti (pp. 1011-1012).
Ahora, seguimos con San Agustín:
«¿Qué es el Viejo Testamento sino la ocultación del Nuevo; y qué el Nuevo sino la manifestación del Viejo?» (SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, 16, 26, 2)
Cuantos temen a Dios y por la piedad son mansos, buscan en todos estos libros la voluntad de Dios.
Como ya hemos dicho, lo primero en este empeño y trabajo ha de ser conocer estos libros, leyéndolos, aunque no todavía para entenderlos; más bien, o para aprenderlos de memoria o, por lo menos, para que no le sean enteramente desconocidos.
Después se ha de investigar ya más solicita y cuidadosamente lo que en ellos claramente se dice, ya sean reglas de vida, ya reglas de fe, y en esto tanto más podrá hallar cada uno cuanto mayor capacidad de entender tenga, pues en esto que claramente se dice en las Escrituras está cuanto pertenece a la fe y a las costumbres de la vida; es decir, a la esperanza y a la caridad, de que tratamos en el libro anterior.
Luego, una vez adquirida cierta familiaridad con el lenguaje mismo de las divinas Escrituras, procédase a explicar y discutir lo que de oscuro hay en ellas, tomando ejemplos de locuciones claras, para ilustrar por ellas las locuciones más oscuras, y por las sentencias ciertas resolver las dudas de las dudosas. En esto servirá de mucho la memoria; pero, si ésta falla, no se le darán a nadie estas reglas. (De doctrina christiana 2 c.9)
¿Y San Jerónimo, traductor de La Vulgata? "Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo".
Sigamos con el propio Jesús: Escudriñad las Escrituras, pues creéis hallar en ellas vida eterna. También son ellas las que dan testimonio en mi favor. Mas vosotros no queréis venir a Mí para obtener la vida (Jn 5,39-40).
Sobre estas palabras del Señor, San Juan Crisóstomo escribía lo siguiente:
CARÍSIMOS, estimemos en gran manera las cosas espirituales; pero no creamos que nos baste para la salvación el ocuparnos de ellas de cualquier modo. Pues ni aun en los negocios seculares se encuentra alguno que logre una notable ganancia si procede con ligereza. Y mucho más acontecerá esto en las cosas del espíritu, porque en éstas se hace necesaria una mayor vigilancia y diligencia. Por tal motivo, Cristo, al remitir a los judíos a las Escrituras, no los remite a una lectura por encima, sino a un examen cuidadoso. Pues no les dice: Leed las Escrituras, sino: Escrutad las Escrituras. Es porque lo que en ellas se dice acerca de El, necesita una investigación profunda, porque no pocas cosas quedaron ocultas a los antiguos bajo el velo de las figuras. Tal es el motivo de que les ordene ahondar cuidadosamente para que puedan descubrir lo que yace en sus profundidades. Semejantes cosas no están en la superficie y a la vista, sino que, a la manera de un tesoro, están ocultas allá en lo interior,. Y quien busca lo que yace en lo profundo, si no inquiere con diligente trabajo, nunca encontrará lo que busca. Por tal causa, una vez que dijo: Escrutad las Escrituras.. añadió: Pues vosotros creéis hallar en ellas vida eterna. No dijo halláis, sino: creéis hallar, demostrando de este modo que ninguna notable ganancia les venía, mientras siguieran pensando que con sola la lectura sin la fe podían alcanzar la salvación. Como si les dijera: ¿Acaso no admiráis las Escrituras? ¿Acaso no pensáis ver en ellas la fuente de la vida? Pues también Yo en ellas me. apoyo. Ellas dan testimonio de Mí. Pero vosotros no queréis venir a Mí para tener vida eterna. Por lo cual les decía: Vosotros creéis, porque en realidad no querían sujetarse a ellas, sino que se gloriaban de su simple lectura.
Última edición por Cirujeda; 20/02/2010 a las 00:15
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