En uno de los libros que honran mi biblioteca personal tengo el siguiente volumen:

Curso de Religión y Moral, Julio BONATTO, Canónigo.
Texto aprobado por la SAGRADA CONGREGACIÓN DEL CONCILIO
Traducción del Rdo. D. Cipriano MONTSERRAT, Pbro.
Doctor en Filosofía y en Sagrada Teología
Segunda Edición.
EDITORIAL LITÚRGICA ESPAÑOLA S.A.
Corte, 581. _ Barcelona
M C M X X X I V



En cuyo Libro IV, páginas 417-418, aclara lo que estáis comentando y, además, condensa y ordena los argumentos de vuestros mensajes. Espero que sea de utilidad y orientación:


"LECTURA DE LA BIBLIA.

La Iglesia recomienda con empeño la lectura de la Biblia.

Los protestantes levantaron contra la Iglesia la calumnia de que había sustraído la Escritura al pueblo cristiano. La controversia entre los católicos y los protestantes está entablada en estos términos: los protestantes rechazan la enseñanza de la Iglesia y sostienen que cada cual, por sí mismo y de un modo exclusivo, debe encontrar la fe en la Escritura. Los católicos defienden que la Escritura contiene la palabra de Dios, pero sostienen que corresponde a la Iglesia el interpretarla y explicarla al pueblo cristiano en virtud del encargo dado por Jesús: "Id, y enseñad". Para nosotros, pues, la Escritura juntamente con la Tradición es la "regla remota" de la fe, al paso que la enseñanza de la Iglesia es la "regla próxima". Para salvarse no es necesario leer la Biblia, pero si lo es escuchar a la Iglesia, de conformidad con las palabras de Jesús: "Id y predicad; el que no creyere, será condenado".

En el decurso de los siglos la Iglesia se vió obligada algunas veces a limitar con prohibiciones la lectura de la Biblia a causa del abuso que de ésta hacían los Valdeses y los Albigenses (siglo XIII), y los protestantes (siglo XVI), quienes, interpretándola a su antojo, se servían de la misma como un arma contra aquélla. En nuestros días prohibe también las ediciones de la Biblia publicadas por los protestantes y todas las traducciones de la Biblia en lengua vulgar, sin exceptuar las publicadas por católicos, sino llevan la aprobación eclesiástica, aprobación que no se concede cuando el texto no va acompañado de notas explicativas. La razón de esto se encuentra en la obscuridad de la Biblia y en las dificultades no pequeñas que se ofrecen. Decía muy bien S. Jerónimo: "No hay nadie que pueda entender la Sagrada Escritura si no tiene quien le preceda y le muestre el camino".

San Pedro, en su Segunda Epístola, 3, 16, refiriéndose a las epístolas de S. Pablo afirma que en ellas "hay algunas cosas difíciles de comprender, cuyo sentido los indoctos e inconstantes pervierten de la misma manera que las demás Escrituras, para su propia perdición". Esto se puede afirmar de toda la Escritura. No existe ningún error religioso que no se apoye en algún texto mal interpretado.

De manos de la Iglesia recibiremos, pues, el libro sagrado, y a ella nos dirigiremos para obtener una segura interpretación. Y luego nos dispondremos a leer la Biblia con la guía de un buen comentario y con la preparación indispensable en el que se acerca a Dios: con humildad, con sencillez y con pureza de corazón.

La lectura del N.T. debe preceder generalmente a la del A.T., porque, -como dice S. Agustín- en el Antiguo Testamento está escondido el Nuevo, y en el Nuevo se revela el Antiguo. Como preparación a la lectura directa de la Biblia, son útiles las "Vidas de Jesús" y las "Historias Sagradas" que refieren los hechos según su natural sucesión y allanan las dificultades del texto".


Saludos.