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Tema: ¿Por qué no hubo reacción al Concilio Vaticano II en España?

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  1. #1
    Avatar de Rodrigo
    Rodrigo está desconectado Miembro Respetado
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    ¿Por qué no hubo reacción al Concilio Vaticano II en España?

    Abro un nuevo hilo para que todo el que quiera aporte información y comentarios de por qué en las décadas de 1960 y 1970 no hubo apenas resistencia en España al "espíritu conciliar".

    Un interesante artículo de José M.ª Mundet Gifré en CRISTIANDAD titulado Aperturas (1966) da algunas claves. Destaco estos párrafos:

    En el aspecto informativo bastaría recordar la uniforme línea de criterio de toda la prensa española en lo referente al Concilio Vaticano II. Hemos sufrido estos últimos años el martilleo continuo de opiniones unidireccionales que tenían como expresiones comunes las de "línea conciliar", "mayoría renovadora", "retrógados y avanzados", etcétera. Expresiones que la seriedad postconciliar ha revelado como carentes de sentido, pero que han influido sobremanera en la conciencia de todos los españoles. Ha sido el medio más efectivo para auyentar por la vía de lo religioso, cualquier prejuicio peyorativo contra la "apertura a sinistra".

    Contemplado bajo esta perspectiva, el predominio formal del "fascismo" en España podría compararse a una Italia en la que Mussolini hubiera estado a las órdenes de Dom Sturzo o a una Alemania de Hitler en la que hubiera trazado von Papen las directrices políticas.

    Tantos privilegios no impiden al diario YA decir (en editorial de 28 de abril pasado, "Perfil del futuro español"):

    «La unidad y estabilidad de España no vendrá nunca a través del rígido uniformismo generalizador (pues cada unidad geoeconómica tiene sus problemas que exigen su peculiar solución) ni a través de discriminatorios privilegios de tipo retrógrado y medieval, que en verdad acabarían perjudicando gravemente al privilegiado por la propia fuerza de los hechos políticosociales.»
    En mi opinión, se dio la paradoja de que en un régimen con censura y aparentemente conservador (y ciertamente conservador en diversos aspectos) al menos desde los años 60 a quien se daba altavoz en la prensa era a los progresistas, al menos en lo religioso (y también en lo político, como se vería más claramente en los 70).

    En esta grabación don Rafael Gambra explica cómo en 1967 los que aún defendían la Unidad Católica eran objeto de todo tipo de burlas y ataques desde la prensa y fuera de ella.



    Juan Fernández Krohn, que fue sacerdote de la HSSPX en los 70 (hoy secularizado) y fue uno de los que intentaron que la Hermandad de Mons. Lefebvre se implantase en nuestra patria, daba también algunas claves que se comentaron en este hilo: Conspiranoicos judeo-franquistas

    Destaco los siguientes párrafos.

    Y es lo que explica también –y ahí es a donde quiero venir a parar- la anomalía (propiamente hablando) que España fuera prácticamente el único país católico donde no hubo la menor reacción contra el concilio vaticano segundo. Y si bien se mira, no pudo ser de otra manera. El catolicismo español al convocarse el concilio –a principios de la década de los sesenta- estaba a bajo el doble corsé de sumisión que le imponían la autoridad eclesiástica –y los lazos de obediencia canónica que le ligaban a ella- por un lado, y por el otro, los vínculos de la jurisdicción civil en la que directa o indirectamente la autoridad eclesiástica (y vaticana) se hacía llegar y sentir también, en virtud del principio de la confesionalidad del estado, habida cuenta que España era (prácticamente) el único país del mundo aun entonces donde aquel principio seguía vigente* Cuando las cosas empezaron a salirse de madre en el terreno del orden público –en el país vasco por ejemplo- hubo cierta reacción a nivel del pueblo llano, pero aún en ese dominio, la autoridad civil –y militar- lo acaba sofocando todo en aras del orden establecido que era un orden tanto civil como religioso o eclesiástico.

    Y me viene a la mente un ejemplo, de un incidente que llegó a mis oídos por amigos de la obra de Monseñor Lefebvre -de San Sebastián- que me contaron la escena, y fue en noviembre del 75, durante los funerales por Franco en la catedral, que presidió Monseñor Setién –horresco referens!-, en el momento que este quiso tomar la palabra, cuando se produjo un movimiento de rechazo unánime y espontaneo en la asistencia al interior del templo, de lo que salió al paso el gobernador civil –de camisa azul (y corbata negra) por cierto- irrumpiendo a toda prisa en el púlpito y mandando callar a gritos a la asistencia y sin duda también –me figuro la escena- con ayuda de aquella retorica tan florida (y tan hueca y tan vacía ya en aquellos tiempos) y en aquellos tonos tan melodramáticos y solemnes y aquella teatralidad de tanta fuerza de impacto –heredada de los tiempos heroicos- que tan bien se les daba a los jerarcas de entonces, “¡en el nombre de la memoria del Caudillo que aquí nos reúne a todos y de la sangre de todos nuestros caídos por Dios y por España!” (o algo así quiero recordar de lo que llego a mis oídos) Y a fe mía –por lo que deduje de lo que me contaban mis amigos (que no dejaban de evocar la actitud del gobernador en términos elogiosos)- que les convenció a todos, y sólo así por cierto pudo hacerse dueño de la situación, y Setién no sé si pudo seguir pontificando desde el púlpito, pero sí presidiendo desde luego hasta el final la ceremonia.

    Otro ejemplo. Para poder dar una conferencia sobre la obra de Monseñor Lefebvre ya entonces en dificultades con el Vaticano, el verano del 75 en Cádiz –unos meses antes de la muerte de Franco- , tuvimos que ir hablar nada menos que con el secretario provincial del Movimiento a su despacho que naturalmente nos convenció –¡ingenuo de mí!- cargadísimo de razones (de pretextos que me diga) de no darla. Fíjate si hubiéramos querido abrir una capilla –al margen de la disciplina eclesiástica en vigor- como las abrían sin la menor cortapisa en tantos otros países, en Francia sin ir más lejos. Hubiéramos acabado en manos de la Guardia Civil, con las esposas puestas, fíjate lo que te digo. ¿Culpables los jerarcas franquistas tanto como los obispos progres? Ahí no llego. Presos más bien –se me antoja- de una fatalidad histórica en la que España y los españoles se vieron inmersos de resultas del desenlace de la Segunda Guerra Mundial en el 45, ya digo.

    Ese es no obstante un factor de la primera importancia que se enmarca en un plano llamémoste institucional, pero no es el único. Hay otros más sin duda dignos de enfoque en un fenómeno de tanta complejidad y transcendencia como el que aquí estoy abordando, y cabe mencionar sobre todo lo que convine en llamar en este blog y en otros sitios digitales, la mutación cultural (profunda) (sic) que se produjo en la sociedad española y en particular en sus élites dirigentes y en sus instancias culturales y en particular en sus estamentos académicos y universitarios –tanto nivel de la masa estudiante como del cuerpo docente- en la segunda mitad de la década de los sesenta.

    Cuando los socialistas del PSOE ganaron las elecciones generales en octubre del 82 –que me pilló ya a mí en la cárcel portuguesa-, Alfonso Guerra tuvo aquella frase tan ruidosa, que iban a darle una pasada a España (sic) que no la iba a reconocer (sic) ni la madre que la parió. En realidad, diciendo aquello se hacía reo –consciente o no- de craso anacronismo, y era en la medida que ese cambiazo del que el autor de estas líneas fue testigo en el observatorio privilegiado que me daba la Universitaria madrileña y en particular la Facultad de Económicas, se había producido ya –digamos que en germen al menos- una década antes, en la segunda mitad de la década de sesenta cuando yo por allí transité en mis años universitarios.

    (...)

    *: Una ilustracion elocuente de lo que aqui decir pretendo, de esa obediencia "cadavérica" (typcal spanish) -tanto en eclesiásticos como en seglares- a todo lo que venía del Vaticano, reinante en el catolicismo español en el período que inmediatamente precedió al concilio, lo era un chascarillo de comentaristas religiosos de la gran prensa internacional durante el concilio vaticano segundo, que circulaba en el seminario de Ecône los años que alli pasé. "Los obispos de Centroeuropa fueron al concilio a dar lecciones, los españoles, a recibirlas"
    Última edición por Rodrigo; 17/02/2017 a las 19:23
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

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