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Tema: Angustia Coronavírica

  1. #61
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    Re: Angustia Coronavírica

    Llamamiento a un cambio de vida

    La pandemia del coronavirus puede ocasionar cambios sociales y psicológicos considerables





    Por José Luis Díez Jiménez – Secretario General de la Junta Nacional para la Reconquista de la Unidad Católica de España

    En medio de este pánico por la pandemia de CORONA VIRUS que está afectando tan trágicamente de una u otra manera a millones de personas, miles de muertos, les adjunto el texto de un Doctor francés de un gran alto nivel, Jefe del Departamento de Nefrología en uno de los hospitales más reconocidos de Francia, La Pitié-Salpêtrière en París, que dice así:

    “Durante los últimos tres años, desde el observatorio de mi hospital, he vivido numerosas crisis de salud, VIH, SARS, MERS, resurgimiento de tuberculosis, bacterias multirresistentes, siempre las hemos tratado con calma y eficacia.

    Ninguna crisis ha creado un pánico como el que podemos ver hoy.

    Nunca he sido testigo de tanta inquietud por una enfermedad infecciosa o cualquier otro tipo de enfermedad.
    Sin embargo, no estoy preocupado en absoluto por las consecuencias médicas del Coronavirus. Nada en las cifras actuales sobre las tasas de mortalidad y transmisión del virus justifica este pánico sanitario y económico mundial.

    Las medidas tomadas son adaptadas y eficientes y garantizarán el control de la epidemia. Ya es el caso en China, el lugar de nacimiento del virus y, con mucho, el área más importante para este agente infeccioso, donde la epidemia ya está desapareciendo.
    El futuro dirá si me equivoqué.

    Sin embargo,
    Estoy ansioso por el robo de mascarillas faciales;
    Estoy ansioso por estas peleas por el papel higiénico, el arroz y la pasta;
    Estoy ansioso por este terror que empuja a las personas a almacenar cantidades escandalosas de alimentos en países donde ya hay alimentos disponibles en cantidades obscenas;

    Estoy ansioso por nuestros ancianos, que ya están solos, y a quienes no podemos ver ni tocar por miedo a matarlos. Morirán más rápidamente, pero “solo” de la soledad. Ya no visitamos a nuestros padres y abuelos si teníamos gripe, pero no para evitarlos “por si acaso” y por un tiempo indeterminado; esto no es diferente para el coronavirus.

    Estoy ansioso de que la salud se convierta en un tema de comunicaciones enojadas, un conflicto como todos los demás, cuando debería ser la causa de una lucha común definitiva.

    Estoy ansioso de que nuestro sistema de salud, ya estirado, pronto pueda verse nevado por una afluencia de personas que presentan el más leve síntoma de gripe. No podríamos atender a todos los demás pacientes. Un ataque cardíaco o una apendicitis son siempre emergencias, rara vez un virus.


    La cobertura mediática sobre el coronavirus tiene como objetivo aterrarnos, nos alienta a cada uno de nosotros a aterrorizarnos.

    Estoy ansioso de que nuestro sistema de salud, ya estirado, pronto pueda verse nevado por una afluencia de personas que presentan el más leve síntoma de gripe. No podríamos atender a todos los demás pacientes. Un ataque cardíaco o una apendicitis son siempre emergencias, rara vez un virus.
    La cobertura mediática sobre el coronavirus tiene como objetivo aterrarnos, nos alienta a cada uno de nosotros a aterrorizarnos.

    ***

    Tras una pausada y meditada reflexión, me atrevo decir que el problema que estamos viviendo no es el virus COVID-19, por muy potencialmente letal que pueda ser. Este brote es un hecho biológico, como tantos que han afectado a la humanidad a lo largo de los siglos.

    Si bien un virus es apolítico, puede, sin embargo, tener consecuencias políticas. Mucho más volátil que el coronavirus es el miedo. Una coronafobia está sacudiendo nuestra Patria. En este sentido, la reacción sanitaria al coronavirus es únicamente humana, política y laica. Ella nos muestra una sociedad que le ha dado la espalda a Dios, que ha abandonado a Dios, que ha apostatado de Dios. Enfrentamos la crisis confiando solo en nosotros mismos y en nuestras estrategias.

    De hecho, el manejo de la crisis del coronavirus no acepta ayuda externa. Dios no tiene significado ni función en todos los esfuerzos para erradicarlo. En lugar de Dios, están los inmensos poderes del gobierno, movilizados para controlar cada aspecto de la vida y pretendiendo así evitar su propagación. El poderoso brazo de la ciencia lucha por encontrar una vacuna. Los mundos de las finanzas y la tecnología son movilizados para mitigar los efectos desastrosos de la crisis.

    Si bien todos los esfuerzos humanos deben utilizarse para resolver los problemas, no han producido los resultados deseados. Los intentos actuales han decepcionado a una sociedad frenéticamente intemperante, adicta a las soluciones instantáneas, presionando un botón. La sociedad se ha visto obligada a detenerse, sin una fecha definida para el término de la crisis.

    Por esta razón, es tan aterradora. Hay pocas instituciones como la Iglesia Católica para mitigar el tratamiento y hacerlo humano y soportable. Sin embargo, ciertos hombres de Iglesia, nos han dejado solos para enfrentar este gran peligro. El pequeño virus aísla y aliena a sus víctimas, sacándolas de la sociedad. En muchísimos casos, es el individuo frente al Estado. Los técnicos en trajes de materiales protectores tratan a hombres y mujeres como si ellos fueran el virus. En poco tiempo el gobierno socialcomunista dará la orden a los militares para que empleen una violencia brutal para forzar el cumplimiento de directivas drásticas.

    Un virus también es arreligioso. Sin embargo, eso no impide que tenga una dimensión religiosa. El coronavirus llega en un momento en que la mayor parte de la sociedad piensa que no necesita a Dios. Para tales, Dios ha sido reemplazado hace mucho tiempo por el talonario de cheches y la bragueta. Los placeres modernos afirman que no hay necesidad del Cielo. Los vicios postmodernos no proclaman el temor al Infierno. Eso son mitos pasados.

    Y, sin embargo, el coronavirus tiene la extraña habilidad de convertir nuestros paraísos materiales en infiernos. El crucero, símbolo de todas las delicias terrenales, se ha convertido en una prisión infectada para los pasajeros que hacen todo lo posible por abandonarlos. Aquellos que han hecho del deporte su dios, ahora encuentran estadios vacíos y torneos cancelados. Aquellos que adoran el dinero ahora encuentran sus carteras diezmadas y las fuerzas de trabajo en cuarentena. Los adoradores de la educación observan sus escuelas y universidades vacías. Los devotos del consumismo se enfrentan a los estantes desabastecidos en los supermercados. El mundo que adoran se está derrumbando. Las cosas por las cuales se glorían, ahora están en ruinas.

    Un diminuto microbio derriba los ídolos, que se consideraban tan estables, poderosos y duraderos. Ha puesto a sus fieles de rodillas. ¡Y aún insistimos en que no necesitamos a Dios! Gastaremos billones de euros, con la vana esperanza de reparar nuestros ídolos rotos.

    Sin embargo, un aspecto de la crisis del coronavirus es aún peor. Ya es suficientemente malo que Dios sea reemplazado o ignorado. Se ha dado un paso más allá. Dios ha sido desterrado de la escena; le han prohibido actuar.
    Entre las medidas draconianas decretadas por la Jerarquía de la Iglesia se ha prohibido el culto público, las misas, la comunión y la confesión. La Iglesia y sus sacramentos sagrados son considerados una ocasión de contagio, tratados como si fuesen un evento deportivo o un concierto de música. Y lo que es aún más importante: nos han cerrado los templos y prohibido la presencia real de Cristo.
    Parece como si en una misma burla se alegrase que incluso Dios haya sido puesto en cuarentena.
    Lamentablemente, hay hombres de Iglesia que se muestran ansiosos por cumplir con tales medidas. Privándonos a los fieles de los sacramentos, exactamente cuándo más los necesitamos. Y aún van más allá de lo que piden los drásticos gobiernos desalentando funerales.

    Ni siquiera los milagros están permitidos. Sepan que las propias autoridades de la Iglesia han cerrado en Francia, unilateralmente los milagrosos baños curativos en Lourdes. Esas aguas milagrosas probablemente hayan curado todas las enfermedades conocidas por la humanidad. ¿Es este coronavirus más letal?

    Algunos podrían objetar que adoptar una actitud no secular hacia el virus requiere un acto de Fe. Sin embargo, debemos preguntar cuál es el mayor acto de Fe: ¿confiar en Dios nuestro Señor o en las frías manos de un Estado, que ya se ha mostrado incapaz de resolver los problemas de la sociedad?

    Tenemos todas las razones para confiar en Dios. El problema reside en la permisión de que la Jerarquía eclesiástica no sepa nada sobre cómo sanar cuerpos y almas.

    Se han olvidado que la Iglesia es una Madre. Ella estableció los primeros hospitales del mundo durante la Edad Media. Los fundamentos de la medicina moderna tienen sus raíces en su solicitud por los enfermos. Ella trataba a cada paciente como si fuera Cristo mismo. Por esto, la Iglesia envió sacerdotes, monjes y monjas para dar atención médica gratuita a los pobres y enfermos de todo el mundo. A través de los siglos, en medio de plagas y pestes, encontramos a la Iglesia en medio de ellos, ocupándose de los infectados a pesar de los grandes peligros.

    Sobre todo, la Iglesia cuidaba las almas de los enfermos. Ella consolaba, consoló y ungió a los afligidos. Mantuvo innumerables santuarios, como Lourdes, donde los peregrinos eran recompensados por su Fe con tranquilidad de conciencia, sanaciones y milagros.

    En tiempos de calamidad, las oraciones de comunidades enteras pueden, estoy seguro de ello, ser elevadas pidiendo a Dios que venga en ayuda de una sociedad pecadora que necesita Su misericordia. La historia da testimonio de que estas oraciones a menudo han sido escuchadas.

    Cuando la Iglesia actúe como debe, evitará que crisis, como el coronavirus, se vuelvan inhumanas y abrumadoras. No olvidemos los fieles que ella, como una madre, siempre nos ha brindado consuelo y esperanza en los momentos de oscuridad. Ella nos ha recordado que no estamos solos y que siempre debemos recurrir a Dios. ¿Qué sentido tiene desterrar a Dios de la lucha contra el coronavirus?

    De hecho, creo que la crisis del coronavirus debería ser una llamada a la confianza en Dios y rechazar nuestra sociedad impía.

    Esta crisis amenaza con ir más allá de la crisis de salud y desbaratar la economía mundial. Debemos, por lo tanto, preguntar por qué Dios es reemplazado, ignorado y desterrado. Es hora de recurrir a Dios, quien solo puede salvarnos de este desastre.

    Recurrir a Dios no significa ofrecer una oración simbólica o celebrar una procesión para aplacarle, con la esperanza de volver a la vida de pecado y placeres intemperantes. En cambio, debe consistir en una CONVERSIÓN o vuelta a Él, con oración sincera, sacrificio y penitencia como la urgida por Nuestra Señora en Fátima en 1917.

    Volverse hacia Dios presupone una enmienda de la vida con la observancia de los mandamientos en un Orden Moral Cristiano (Católico), frente a un mundo pagano que odia la Ley de Dios y se precipita hacia su destrucción. Significa actuar como siempre lo ha hecho la Cristianismo, con sentido común, sabiduría, caridad, pero, sobre todo, con Fe y confianza. Todos estos remedios de nuestra Santa Madre Iglesia, llenos de consuelo y cura, están con los sacramentos al alcance de los fieles.

    Recurrir a Dios no significa que neguemos el papel del gobierno en el manejo de emergencias de salud pública. Sin embargo, la Fe debe ser un componente imprescindible de cualquier solución. Somos criaturas de Dios y dependemos de Él. Debemos recibir el Santísimo Sacramento, que es la Presencia Real de Dios en el mundo, del Dios que nos creó y nos conserva, nos ordena con su providencia y nos ama, pero que, Santo como es Él, distingue el bien del mal y sancionará con el premio en la gloria eterna a sus hijos obedientes o el castigo eterno a los rebeldes. Debemos recurrir a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, la Salud de los Enfermos y la Madre de la Misericordia.

    No lo dudéis, vivir en gracia de Dios, recuperándola por el sacramento de la confesión individual si la hemos perdido, es el único medio válido ante el porvenir, para cuando nos presentemos al juicio de Dios. Entre tanto sigamos sirviéndole con amor a Él sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.


    https://www.tradicionviva.es/2020/03...ambio-de-vida/







  2. #62
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    Re: Angustia Coronavírica

    Coronavirus: ¿el cisne negro de 2020?

    Roberto de Mattei





    El cisne negro (Cygnus attratus) es un ave rara originaria de Australia que recibe su
    nombre de la coloración de su plumaje. Nassim Nicholas Taleb, analista financiero y ex
    agente de Wall Street, en su libro El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable
    (Paidós Barcelona 2011), lo escogió como metáfora para explicar que a veces pueden
    darse sucesos inesperados y catastróficos que pueden afectar la vida entera de la
    sociedad.


    Para Marta Dassù, del Aspen Institute, el coronavirus es el cisne negro de 2020. Explica
    que la epidemia está acarreando la crisis para la actividad económica de las naciones
    occidentales y «demuestra la fragilidad de las cadenas productivas a nivel internacional;
    cuando un eslabón de la cadena recibe un golpe, el impacto se vuelve
    sistémico» (Aspenia, 88 (2020), p. 9). «Ha llegado la segunda pandemia --escribe por su
    parte Federico Rampino en La Reppublica del pasado 22 de marzo--, y también hay que
    afrontarla y curarla. Se llama Gran Depresión, y tendrá un balance de víctimas paralelo
    al del virus. En Estados Unidos ya nadie emplea la palabra recesión porque se queda
    corta».


    La economía interconectada del mundo se manifiesta como un sistema precario, pero el
    impacto del coronavirus no sólo será económico y sanitario, sino también religioso e
    ideológico. La utopía de la globalización, que hasta septiembre del año pasado parecía
    triunfar, sufre una irremediable debacle. El pasado 12 de septiembre el Papa había
    invitado a los dirigentes de las principales religiones y a las figuras más destacadas de
    los ámbitos político, económico y cultural a participar en un acto solemne que habría de
    tener lugar en el Vaticano el próximo 14 de mayo: el Pacto Global por la Educación.
    Por esas mismas fechas, la profetisa de la ecología profunda Greta Thunberg llegaba a
    Nueva York para participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio
    Climático de 2019. En aquellas vísperas del Sínodo para la Amazonía, el Romano
    Pontífice les envió a ella y a los demás participantes en la cumbre un videomensaje en el
    que expresaba su plena conformidad con los objetivos mundialistas. El pasado 20 de
    enero, el Papa dirigió asimismo un mensaje a Klaus Schwab, presidente del Foro
    Económico Mundial de Davos en el que subrayaba la importancia de una «ecología
    integral que tenga en cuenta la totalidad de las implicaciones de la complejidad y de las
    interconexiones de nuestra casa común».


    A escasos meses de aquello, nos vemos ante una situación totalmente inédita. De Greta
    ya nadie se acuerda, el Sínodo para la Amazonía fracasó, los dirigente políticos
    internacionales han demostrado su ineptitud para hacer frente a la emergencia, el Pacto
    Mundial se ha frustrado y la Plaza de San Pedro, epicentro espiritual del mundo, está
    vacía. Las autoridades eclesiásticas se adaptan, y a veces se adelantan a las civiles
    prohibiendo las misas y toda clase de ceremonia religiosa. El acto más significativo y
    paradójico ha sido la clausura del Santuario de Lourdes, lugar por excelencia de
    sanación física y espiritual, que cierra sus puertas por miedo a que alguien se contagie si
    va a rogar a Dios por su salud. ¿Se trata todo ello de una maniobra? ¿Nos encontramos
    ante un poder totalitario que restringe las libertades de los ciudadanos y persigue a los cristianos?

    Ahora bien, sorprende una persecución que parece exenta de toda resistencia heroica,
    hasta el martirio de los perseguidos, a diferencia de como ha sucedido en las grandes
    persecuciones a lo largo de la Historia. En realidad, no cabría hablar de persecución
    anticristiana, sino de autopersecución por parte del propio clero, que al cerrar los
    templos y prohibir las misas da muestras de llevar a su máxima coherencia el proceso de
    autodemolición iniciado en los años sesenta con el Concilio Vaticano II.
    Desgraciadamente y salvo excepciones, al encerrarse en su casa, también el clero
    tradicionalista parece ser también víctima de esta autopersecución.


    Resulta conmovedor el gesto de generosidad con que 8000 médicos han respondido al
    llamamiento del gobierno italiano, que pedía 300 voluntarios para ayudar en los
    hospitales de Lombardía. ¡Cuán edificante sería que el presidente de la Conferencia
    Episcopal pidiese a los sacerdotes que nunca les faltaran a los fieles los sacramentos en
    las iglesias, las casas ni los hospitales! Muchos invitan a la oración pero, ¿quién
    recuerda la posibilidad de que nos hallemos en puertas de un gran castigo! Y sin
    embargo ésa fue la predicción de Fátima, cuyo centenario fue recordado por muchos en
    2017. Este 25 de marzo, el cardenal António Augusto dos Santos Marto, obispo de
    Leiria-Fátima, ha renovado el acto de consagración al Sagrado Corazón de María para
    toda la Península Ibérica. Se trata de un acto ciertamente meritorio, pero la Virgen pidió
    algo más: la consagración en concreto de Rusia, hecha por el Papa en unidad con los
    prelados de todo el mundo. Ése es el acto, todavía pendiente, que todos esperan que se
    realice antes de que sea tarde.


    En Fátima Nuestra Señora anunció que si el mundo no se convertía varias naciones
    serían aniquiladas. ¿Cuáles serán? ¿Y de qué forma serán exterminadas? Lo cierto es
    que el mayor castigo no consiste en la destrucción de los cuerpos, sino en el
    entenebrecimiento de las almas. Dicen las sagradas Escrituras que todos serán
    castigados por medio de aquello con lo que pecan (cf. Sab.11,16). Y aun el pensamiento
    pagano, por boca de Séneca, nos recuerda que el castigo del delito está en el propio
    delito (De la fortuna, 2ª parte, cap. 3).


    El castigo comienza a partir del momento en que se pierde el concepto de un Dios justo
    y remunerador haciéndose la falsa idea de un Dios que, en palabras del papa Francisco
    «no permite las tragedias para castigar las culpas» (Ángelus del 28 de febrero de 2016).
    «¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos
    castiga si somos malos? Pero no es así», recalcó en la Misa de la Natividad del pasado
    24 de diciembre. E incluso el papa bueno, Juan XXIII, recordó que «el hombre, que
    siembras la culpa, recoge el castigo. El castigo de Dios es su respuesta a los pecados del
    hombre. [Por eso Jesús] nos dice que huyamos del pecado, causa principal de los
    grandes castigos» (radiomensaje del 28 de diciembre de 1958).
    Prescindir de la idea del castigo no es evitarlo. El castigo es la consecuencia del pecado,
    y sólo la contrición y la penitencia de los propios pecados puede librar de la pena que
    inevitablemente acarrean por haber alterado el orden del universo. Cuando los pecados
    son colectivos, los castigos también lo son. ¿Cómo nos vamos a sorprender de la
    mortalidad que le sobreviene a un pueblo cuando los gobiernos se mancillan con leyes
    homicidas como las que permiten el aborto, y durante la epidemia se sigue dando
    prioridad a la masacre, como en Gran Bretaña, donde las autoridades han permitido el
    aborto en casa para no interrumpir la matanza mientras dura la epidemia? Y cuando en
    vez de los cuerpos son atacadas las almas, ¿quién se va a extrañar de que la pérdida de
    la fe sea el castigo de los culpables? Negarse a ver la mano de Dios tras las grandes
    catástrofes de la Historia es síntoma de esa falta de fe.


    El castigo colectivo sobreviene repentinamente, como un cisne negro que aparece de
    improviso sobre las aguas. Verlo nos desconcierta, y no sabemos de dónde viene ni qué
    presagia. El hombre es incapaz de prever los cisnes negros que de la noche a la mañana
    se ciernen sobre su vida. Pero estos sucesos no son fruto del azar como sostienen Taleb
    y todos los que analizan la actualidad desde una perspectiva humana y secularista,
    olvidando que la casualidad no existe y que las acciones de los hombres están siempre
    sujetas a la voluntad de Dios. Todo depende de Dios, y cuando Dios comienza a actuar
    llega hasta el final. «Pero Él no cambia de opinión; ¿quién podrá disuadirle? Lo que le place, eso lo hace» (Job 23, 13).






    https://es.corrispondenzaromana.it/

  3. #63
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    Re: Angustia Coronavírica

    Coronavirus: Cuando se quiere más al supermercado que a Dios… tenemos un problema

    Por
    Miguel Ángel Yáñez -

    26/03/2020





    Colas en los supermercados para acumular alimentos, “peleas” por conseguir mascarillas, angustia por no contraer el virus, naciones enteras confinadas en sus casas, las iglesias cerradas; un espectáculo casi apocalíptico.

    Me pregunto si todo este histerismo no es más que la eclosión repentina de la podredumbre de la sociedad actual. Durante décadas, mientras por un lado se promocionaba la cultura de la muerte con el aborto, la eutanasia y la manipulación de embriones, se ha querido echar la vista a un lado sobre el gran “problema” de la muerte de uno mismo. Un “asunto” que nadie puede eludir, pero que esta sociedad liberal y hedonista -con la inestimable colaboración de la iglesia postconciliar eliminando por completo los novísimos de su predicación- se ha encargado de anestesiar las conciencias, para que todo el mundo actúe como si fuéramos a vivir eternamente, estuviéramos todos salvados o, en el peor de los casos, tras la muerte sencillamente no hubiera nada. Se ha querido negar pragmáticamente la realidad a la que todos nos enfrentaremos, sumiendo a las almas en un materialismo atroz agnóstico, ateo o, cuando no, decididamente anticristiano.

    Decía Papini que “los hombres, al alejarse del Evangelio, han encontrado la desolación y la muerte”. Y eso, exactamente, es lo que ha pasado; todas esas almas que viven de espalda al Evangelio, que viven como si Dios no existiera, como si la muerte de uno mismo y el “después” no fuera un problema “vital” a plantearse, de repente se han encontrado, de sopetón, con una variable que no controlan, con un microscópico virus que en 24h ha desmontado su engaño y su farsa. El mundo que tanto aman se desmorona como una baraja de naipes, encontrándose con que ese problema que no querían ver, no pueden evitar verlo, y eso les genera auténtico pánico, porque su alma no tiene otro asidero donde agarrarse excepto las bandejas de un supermercado y una mascarilla de papel. La soberbia y altanería del hombre “moderno” ante Dios y la muerte de repente se ha encontrado con el gran “problema” que quería ignorar de bruces e inesperadamente.

    Fue San Alfonso María de Ligorio quien dijo que “el hombre en las cosas del cuerpo actúa como un sabio, pero como un loco en las cosas del alma”.Y así es. Esta histeria vital se encuentra con almas huecas, vacías, carentes de contacto con Dios y lo sobrenatural, y su reacción se ciñe al mero instinto de supervivencia humano. Resulta muy triste observar como personas que viven en flagrante estado de pecado mortal, andan asustados por no tener mascarillas, pero no por encontrar a un sacerdote para confesar. Hacen todo tipo de esfuerzos por encontrar un rollo de papel higiénico en el supermercado, pero no dedican ni un minuto de su vida a poner su alma en paz con Dios, justo cuando piensan que pueden correr peligro.

    No quiero decir con esto que no sea normal tener miedo humano ante lo incierto y querer ser precavido, lo que quiero transmitir es que con mayor medida deberíamos tener esa precaución y cuidado por nuestra alma, porque nada ocurre sin el consentimiento de Dios… esto tampoco.





    https://adelantelafe.com/coronavirus...s-un-problema/





  4. #64
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    Re: Angustia Coronavírica

    Al hombre lo creó Dios en cuerpo y alma, y ambas formas han de ser alimentadas y por más que algunos se lamenten, o escandalicen, ante el panorama de los estantes vacíos de ALGUNOS supermercados -es cuestión de ubicación geográfica, pero sirve para hacer demagogia y fomentar el miedo-, lo cierto es que al cuerpo también hay que nutrirlo. ¿Porqué hay estantes vacíos? pues bien por una cuestión de densidad demográfica en algunos puntos, bien porque desde hace unas fechas cuando alguien acude a uno de estos centros se encuentra que tiene que hacer cola para entrar -a mi me ha sucedido provocándome el consiguiente cabreo-, en consecuencia tomé la decisión de estirar tal régimen de visitas acopiando más munición para el cuerpo, y en lugar de ir cada tres o cuatro días acaparé para 10 o 12, y así multiplíquese, y lo presencié.

    Por supuesto, el alimento espiritual también es necesario, pero cuando la jerarquía decide cerrar las iglesias y a los curas que se les ocurre salir a impartir la Eucaristía a quienes telefónicamente se lo piden se les multa, ¿qué quieren que hagamos aquéllos que mucho critican sin dar una alternativa a nada?. Ya he perdido la cuenta de las veces que he manifestado mui disconformidad con gente así que nada bueno ofrecen, porque demostrado que el movimiento sólo es visible cuando se pone en marcha..., EL MOVIMIENTO, EL MOVIMIENTO, ¡señores! des decir ¡UN PASO AL FRENTE Y ADELANTE!, pero no, lo positivo según parece es el blablablablablablablablabla... afectado de incontinencia.

    Decía un viejo profesor mío que junto con la crítica hay que ofrecer una alternativa, sino no es crítica sino maledicencia. Y al cabo del día eso, y no otra cosa, observo en una parte de los puros, puristas, de este y otros países. Hay que quedarse encerrados, sí, ¿y qué? ¿tienen alguna alternativa a ello sin que la gente corra el severo riesgo de caer como moscas innecesariamente, que no es sino otra forma de suicidio? ¿Significa eso estar de acuerdo con este gobierno comunistoide? ¡para nada! a ver si nos vamos enterando que no es tan difícil, es que a falta de una vacuna no hay otro remedio, ¿o es que a tales gurús les gustaría ver morir innecesariamente a los suyos? Pero que descansen tranquilos, que no serán ellos sino otros en su lugar quienes, cuando se presente el momento, darán buena cuenta de los responsables de este caos, de este castigo apocalíptico.

    Pero en algo sí tienen razón, y es que la gente ha dado la espalda a Dios, pero no es de ahora sino desde hace muchos años ya y es ahora precisamente cuando muchos están volviendo su mirada hacia Él, tal como se nos ha avisado en diversas ocasiones y que aquí mismo ya se ha mencionado, Cristo volverá a reinar en España, pero no gracias a los gurús sino a su exclusiva y Santa Voluntad. Y eso lo barruntan ya algunos ateístas, algunos miserables incapaces de perdonar a nadie salvo así mismos:

    Marta Nebot: «El coronavirus no mata pero está siendo un pelotazo mediático»

    https://okdiario.com/espana/marta-ne...iatico-5357415

    Que quede para la memoria que se puede ser gilipollas, pero además querer pasar por inteligente es algo incompatible.

    Cristina Almeida: «El machismo es mucho más peligroso y más nocivo que el coronavirus»

    https://okdiario.com/espana/cristina...avirus-5344492

    Y es que ser más idiotas no pueden serlo porque la gilipollez no les cabe ya ni en el cuerpo. El machismo es la reacción de algunos a la chochoideología, perio no se enterarán, porque no es nada difícil adivinar donde tienen el cerebro Y tanto sí no les gusta, como sí les parece mal, esto no es machismo, esto es sentido común y palpable realidad, objetiva realidad, porque las cosas se resuelven de otro modo, no haciendo la guerra contra la propia raza... ¡chochogilipollas! y ¡viva la libertad de expresión y abajo la tiranía de pensamiento!

    Pero algunas llegan a extremos inauditos pues los aullidos procfeden de alguien que está en el partido más criminal y nefasto de nuestra Historia, del pozo de podredumbre que llevamos soportando más de 100 años de mierda:

    Una edil del PSOE en Badajoz se mofa de familiares de enfermos por coronavirus: «Eso, rezad, rezad»

    https://okdiario.com/espana/edil-del...-rezad-5365150

    Y encima la tiparraca ésta es médico de profesión, ¿qué carajo sabe usted de política? ¿qué carajo sabe usted de Teología?: ¡ZAPATERO A SUS ZAPATOS!, o sea, a atender consultas, a extender recetas,. que eso es lo suyo y sino haber estudiado otra cosa.

    Hay algo que sí es verdad y que algunos están ya barruntando, y es que el mundo ya ha cambiado y va a cambiar mucho más, empezando porque no queda otra que poner a cada cual en el sitio que le corresponde, no en el que me sale de las narices, y mucho menos sí se trata de gestionar asuntos públicos de TODOS.

    Pues sí, es verdad, a falta de pan hay que rezar y mucho, muchísimo, a la vista de que quienes manipulan y chulean la sociedad no tienen una mierda de solución. Así pues, y ya que las iglesias están cerradas ¡REZAD, REZAD, REZAD, pero sin olvidar que A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO.

    Harto como estoy, hasta las mismísimas ingles del monótono "resistiré" con el que nos están bombardeando a diario en todas partes, acompañado de esperpénticas y ridículas coreografías improvisadas, he decidido poner en mi reproductor y a todo trapo:

    https://www.youtube.com/watch?v=TAtq1dKEfqk

    Y en vez del alienante "todosjuntos", aunque lo suyo debería ser que pero no revueltos, es muchísimo más preferible el himno de esperanza para España que es:

    https://www.youtube.com/watch?v=_usGJrKzADw

    "Es que es falangista, ¿y qué? ¿acaso conoces su letra?


    Prietas las filas,
    recias, marciales,
    nuestra escuadras van
    cara al mañana
    que nos promete
    Patria, Justicia y Pan.

    Mis camaradas fueron a luchar,
    el gesto alegre y firme el ademán;
    la vida a España dieron al morir,
    hoy Grande y Libre nace para mí.

    Lánzate al cielo, flecha de España,
    que un blanco has de encontrar;
    busca el Imperio, que ha de llevarte
    por cielo, tierra y mar.

    Ya las banderas
    cantan victoria
    al paso de la paz;
    y han florecido,
    rojas y frescas,
    las rosas en mi haz.


    Todos juntos, en unión, con la esperanza de que España salga de ésta y de todo lo que están haciendo los peores elementos que por desgracia han sido paridos bajo sus cielos. Himno falangista que podría convertirse en el primer himno nacional, después de nuestra Marcha Real, porque las rosas son las de Isabel y Fernando.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  5. #65
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    Re: Angustia Coronavírica

    Esto es lo que hay, repaso de lo que acontece en la realidad y que se traslada a la calle. Cierto es que "todavía" es un poco pronto para muchos, no para todos, que sí, que hay que rezar, pero camino de ello vamos y hay que dar tiempo en lugar de juzgar a los demás. Sostiene este aforismo que "Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca". El Covid-19 se haya originado como se haya, sea cual sea su cepa, es naturaleza, no lo olvidemos.


    JUAN MANUEL JIMENEZ MUÑOZ / MÉDICO Y ESCRITOR MALAGUEÑO

    Se abrirán las grandes alamedas


    26 Mar 2020

    Se acabó la tregua. Se acabó mi tregua.


    Me hice la promesa de moderar las críticas, pero me tiran de la lengua estos canallas.

    Me dicen que no es momento de polémicas, pero los políticos al mando y sus voceros se encargan de dividir. Me dicen que es mejor guardar silencio por ahora, pero veo que mi silencio sólo sirve para que otros hablen y construyan su relato. Me dicen que hay que estar con el Gobierno, pero el Gobierno no está conmigo. Me dicen que no hay que señalar, pero ellos, además de no ayudar, señalan con dureza a los profesionales sanitarios.

    El Gobierno está acojonado. No cabe duda. Es la primera vez en medio siglo que los pacientes y los profesionales de la medicina vamos de la mano en algo. Ha tenido que ocurrir una desgracia para que la sociedad española comprenda que los políticos (todos) han esquilmado –literalmente– la sanidad pública, y que los médicos y las enfermeras no hemos sido los culpables, sino las víctimas. Tan víctimas como los pacientes.

    Y están acojonados los políticos. Muy acojonados. Esos aplausos a las ocho de la tarde, día tras día, les ponen los huevos de corbata porque entienden (con razón) que los pacientes y los médicos ya formamos una piña. Ya no vale la leyenda construida de que los médicos somos los despilfarradores del sistema, los vagos, los maleantes, los culpables de las demoras, los privilegiados en el sueldo.

    Ha tenido que llegar un virus para mostrar a las claras las vergüenzas de estos mierdas: la falta de mascarillas, la falta de respiradores, la falta de buenas batas, la falta de profesionales, la falta de organización, la falta de protocolos y la falta de liderazgo.

    El desastre organizativo ha sido tan absoluto, la incompetencia tan burda, la imprudencia tan visible, la mentira tan palpable, la desidia tan evidente, que el Gobierno (o los Gobiernos) nos piden ahora silencio para ir ellos construyendo su relato. El relato que los salve. El chivo expiatorio que revuelva de nuevo a los pacientes contra quienes se encargan de la salud. La ignominia llevada a un grado sumo. Maestros de miserables.

    En un país donde los médicos y las enfermeras se protegen con bolsas de la basura para atender a sus pacientes, en un país donde se confeccionan mascarillas con papel higiénico o con bordados de punto de cruz, en un país donde ya están cayendo médicos, enfermeras y guardias civiles en acto de servicio, en un país que ya supera a China en número de fallecidos por el coronavirus, se dice por una consejera socialista de sanidad que los médicos se están contagiando por viajar mucho. Por viajar mucho. Por viajar mucho. No por trabajar mucho y en penosas condiciones. No. No por la criminal negligencia de quienes, a fecha de hoy, han tenido que pedir ayuda a la OTAN para traer a España los test del coronavirus. No.

    No por quienes han incumplido la promesa realizada hace dos semanas de que, “en pocos días”, tendríamos a nuestra disposición las mascarillas FPP2 y FPP3. No. No por quienes ya permiten, con manifiesta impotencia, que los propios profesionales nos vistamos con bolsas de la basura y con caretas de papel de celofán. No. Ha sido por viajar. Por viajar mucho. Los médicos nos contagiamos por viajar.

    Ya estamos otra vez en lo de siempre. En lo de siempre. En escupir a la cara a quien nos cuida para salvar ellos el culo. En intentar explicar lo inexplicable atacando al punto débil del sistema. El jefe sioux haciéndole la vida imposible al indio. El general de cinco estrellas abofeteando al soldadito bajo su mando.

    Un artículo publicado anteayer en El País demuestra la incompetencia y la desidia criminal de este Gobierno. Un Gobierno que, durante los cruciales meses de enero, febrero y marzo, estuvo distraído en los tres problemas “más acuciantes” de España. A saber: la lucha contra el heteropatriarcado opresor de las mujeres, la colocación de Pablo Iglesias en el CNI y la satisfacción de los antojos a los desleales catalanes, incluido un proyecto inminente de amnistía. Y mientras tanto, mientras todo eso sucedía, afirmaba Pedro Sánchez con rotundidad que “la sanidad española estaba perfectamente preparada” (sic) para la pandemia de coronavirus que se nos venía encima. Hoy sabemos que no era así.

    Que nos mentía. Que le importaba una higa poner a los sanitarios a los pies de los caballos. Que lo suyo era el feminismo, y la formación sexual en las escuelas, y los talleres de masturbación para mujeres empoderadas, y el ofrecer millones de euros a quien decía sin pudor en el Congreso que la estabilidad de España le importaba una putísima mierda: a los independentistas catalanes.

    El artículo de El País de anteayer decía así:

    «Pasados más de diez días de pandemia (hoy son doce), el ministro de Sanidad empieza a desvelar la magnitud de uno de los problemas más preocupantes causados por el coronavirus: unos 4.000 sanitarios ya han caído contagiados (hoy son casi 6.000). El daño que el coronavirus está haciendo en la salud del personal sanitario que lo combate ES MUCHO MAYOR QUE EN OTROS PAÍSES. En Italia los médicos y enfermeras suponen el 8% de los contagiados totales, frente al 12% de España (hoy ya es el 14%). En China no llegaron ni al 4%. Las organizaciones profesionales llevan desde principios de marzo urgiendo medidas a los gestores sanitarios para evitar contagios. El Sindicato de Enfermería sabe de centros donde se lavan las batas y las mascarillas para reutilizarlas, algo aberrante en términos de higiene sanitaria. No hubo previsión en las autoridades y, ante la avalancha de enfermos, el personal médico y de enfermería de primera línea de batalla ha tenido que buscarse la vida para ponerle barreras al coronavirus: se fabrican equipos de protección con bolsas de la basura, cosa que a estas alturas no debería ser admisible. Y mientras los epidemiólogos aspiran a que las medidas de distanciamiento social aplanen cuanto antes la curva de propagación en la población en general, el freno a la expansión de la enfermedad entre los sanitarios no tiene un horizonte nada claro. Es una curva propia que, seguramente, tardará más tiempo en aplanarse porque los sanitarios van a seguir más expuestos y durante más tiempo. El problema sólo se frenará cuando se acabe con la acuciante falta de equipos de protección adecuados. La escasez afecta mucho a las máscaras FPP2 y FPP3 que protegen de las secreciones del paciente, y a las batas impermeables. Hubo mucha improvisación inicial y bastante relajación. No se le dio la importancia necesaria y faltó una centralización de las medidas».

    Y por todo eso, por esa criminal negligencia, porque a 25 de marzo estamos igual que en febrero, el Consejo Estatal de Médicos ha presentado hoy una denuncia ante el Tribunal Supremo para que el nefasto Gobierno de ensoberbecidos inútiles que nos ha tocado padecer haga por fin su trabajo y nos permita realizar el nuestro sin enfermar, sin que caigamos como moscas en esta guerra en la que nos han metido sin un maldito fusil, sin una bala.

    Hay tantos izquierdistas de caché ingresados en la Ruber que ya la llaman Ruberlingrado. Y allí, en Ruberlingrado, me imagino que estarán pensando y discutiendo la forma de dimitir. De dimitir, cabrones. De dimitir. Que no es un nombre ruso dimitir, sino la única acción honorable que le queda a un irresponsable cuando se ha demostrado sobradamente su irresponsabilidad.

    Y no digo que dimitáis ahora, en plena crisis, sino luego: cuando estemos en la calle los que queden. Porque en la calle nos veremos, sí. No lo dudéis. Iremos todos, de la mano. Y se abrirán para nosotros las grandes alamedas, como decía Salvador Allende poco antes de morir asesinado. Y allí, en la calle, en esas grandes alamedas, estaremos todos juntos: las enfermeras, los celadores, las auxiliares de las residencias, los pacientes, los médicos, los conductores de las ambulancias, los taxistas, los bomberos, los jubilados, las cajeras, los transportistas, las amas de casa, los autónomos, los farmacéuticos… Todos. Todos juntos, de la mano.

    Todos en defensa de la Sanidad Pública. Todos contra el mal Gobierno. Y esta vez nada de batas blancas, ni de lazos amarillos, ni morados feministas, ni verde de los maestros. Todos de riguroso negro. De negro color de luto. De negro como las negras togas del Tribunal Supremo que os habrán de juzgar algún día. De negro como las negras bolsas de basura que se han de poner mis compañeros.

    Juan Manuel Jimenez Muñoz
    Médico y escritor malagueño



    https://www.periodistadigital.com/po...-689404285146/
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  6. #66
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    Re: Angustia Coronavírica

    Es impresionante el número de reproches que se están oyendo y leyendo dirigidos a los tarados que han votado a la chusma que se ha apoderado de España. Sí, es cierto, están donde están porque muchos les han votado y, además, porque hay una legislación chusquera, marrullera y dejemos para otro momento lo de ilegal -como suena, aunque muchos no lo entiendan-, que permite toda clase de chanchullos fraudulentos y que gracias a todo ello Sánchez está en La Moncloa, e Iglesias, con el voto de cuatro mandriles que no representan a nadie, es vicepresidente y pisando la línea roja que le permitiría sustituir al monigote monclovita, y a cual más inútil e imbécil (no es insulto, es término sacado de la Psiquiatría). Bueno, pues hay una forma segura de que la chusma JAMÁS vuelva a tener opciones de gobierno: ¡QUE VOTE TODO EL MUNDO!

    Fuera de una vez ese mantra de que eso es participar del régimen y del sistema, porque sólo por pagar impuestos ya se participa, así que hay que sacarles el jugo y participar sin piedad.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

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  7. #67
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    Re: Angustia Coronavírica

    Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. ¿Significan estas palabras de Dios que Él tiene forma humana? Pues sí partimos del hecho de que es Espíritu puro y simple en cuanto que no tiene partes, más bien habrá que pensar que no. Así, pues, nos quedaremos con la parte espiritual. Entonces, la imagen es el espíritu, es dotarle al hombre de un alma espiritual similar, aunque no igual, a la del Creador, y no igual en cuanto que es creada y Él es increado, porque ha existido siempre.

    ¿Y la semejanza? parece que puede estar referida al acto y la potencia. Dios es acto por ser inmutable, y la potencia caracteriza al hombre por su devenir. En mi opinión, cuando el hombre pretende ser un dios y sustituir así al Creador, es cuando no sólo se equivoca, sino que sus errores se le vuelven en contra. Acabo de ver un vídeo que fue en su día publicado y que, "misteriosamente", desapareció del mapa. Vídeo breve, pero muy clarificador, de un programa de la RAI italiana, breve, muy breve, que alguien guardó en 2015 y que ahora ha hecho llegar al diario Alerta digital para su publicación. He sostenido y seguiré sosteniendo, que esto que está pasando no es el fruto de ninguna conspiración, incluso un poco más arriba sostenía y sigo sosteniendo, que este Covid-19 es naturaleza, y lo es porque pese a estar modificado, o es natural o no existe, dicho de otro modo, no es una nanomáquina, sino una proteína modificada. Por eso, cuando el hombre se pone a querer controlar a la naturaleza, obra de Dios, saldrá escaldado. Por lo que se dice y ve en dicha proyección, esto ha salido de un laboratorio chino, en el que hacían experimentos, como tantísimos otros, absolutamente inmorales, que deberían estar castigadísimos, y que se les fue de las manos. Ahora el régimen comunista chino pretende irse de rositas de esto, se lava las manos, pero no, mucho me temo que de aquí, y como dice un amigo mío, salga la chispa para una posible guerra, particularmente porque ese mismo régimen comunista pretende acusar a Estados Unidos de ser el responsable y de haber dado la orden a sus militares de actuar en contra de China. Y lo que hay detrás es que China, aprovechando este repugnante accidente, quiera hacerse con el control del planeta a nivel económico, y los Estados Unidos no parece que vayan a estar muy conformes.

    El visionado del vídeo en el final del enlace de abajo.


    27/03/2020 REDACCION |

    (Vídeo revelador) ¿Es el Covid-19 un virus creado por los chinos de forma deliberada? Los medios ocultan la información y tenemos las pruebas


    Carlota Sales Llop.- Los grandes medios informativos parecen estar mudos, ciegos y sordos ante un vídeo que está circulando por los canales alternativos y ocultos de Internet. Sin embargo, este vídeo no es la producción de un desconocido youtuber, o las elucubraciones de algún teórico de la conspiración. De ninguna manera: Es un vídeo emitido por la RAI en 2015, y presentado por el prestigiosísimo programa de ciencia “LEONARDO”, de la misma cadena estatal, que realizó un reportaje basado en informaciones de la aún más prestigiosa revista científica ‘Nature’.

    Al poco de su emisión, este vídeo fue “misteriosamente” borrado de Youtube y totalmente censurado en Internet. Sin embargo, algún anónimo creyente en la libertad de la información nos lo ha hecho llegar y con subtítulos en castellano, para que sea entendido -y por ello, para que aterrorice, espante y apabulle- a todos aquellos que lo vean.

    La historia es sencilla: en 2015, China incorporó una proteína al virus SARS -ese que dicen tan similar al Covid-19- que hacía que el virus que se localizaba en murciélagos -¿Les suena?- infectara a los seres humanos produciendo una pulmonía muy aguda aunque -según los investigadores- no mortal. ¿Les suena de algo?

    Lo más sospechoso de todo es que a algunos medios, que sabemos que existen de forma artificial para respaldar al Gobierno, han calificado de “bulo” la noticia, pese a reconocer que el vídeo, la información y todo lo narrado es totalmente cierto, pero que “no corresponde al Covid-19”.

    Es decir, que aceptan que es líquido, que es blanco, que sabe a leche, que huele a leche, que sirve para hacer queso, que procede de la vaca, pero que quien diga que es leche de vaca miente. Tal cual. Eso es lo que proponen esas censuras progresistas de pacotilla. Allá cada quien las entienda y acepte. Nosotros no lo hacemos.

    Por si les queda alguna duda, les ofrecemos el vídeo del, repetimos, extraordinariamente prestigioso programa oficial italiano.

    Si llegan a la misma conclusión que nosotros, y se sienten víctimas de un ataque con armamento biológico, no nos extrañará.

    LO QUE VAN A VER Y ESCUCHAR ES UN PROGRAMA DE TELEVISIÓN DE LA RAI EMITIDO EN 2015.



    (Vídeo revelador) ¿Es el Covid-19 un virus creado por los chinos de forma deliberada? Los medios ocultan la información y tenemos las pruebas – Alerta Digital
    Última edición por Valmadian; 27/03/2020 a las 20:11
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

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    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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  8. #68
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    Re: Angustia Coronavírica

    Ante la prórroga del estado de alarma. Comunicado de la Candidatura Tradicionalista (CTRAD)


    26 MARZO, 2020




    ANTE LA PRÓRROGA DEL ESTADO DE ALARMA

    Han pasado varios días desde el inicio del confinamiento de la población española por la pandemia del virus COVID 19. El pueblo español está demostrando una gran capacidad de resistencia y de entereza moral. Animamos a todos a continuar asumiendo nuestras responsabilidades desde la prudencia que requieren, en este momento, todas nuestras actuaciones.

    Hemos descubierto, desde la tristeza y el sufrimiento, algo que parecía olvidado en este mundo caído; como es la recuperación del valor de la familia, de la cercanía con nuestros mayores, del recogimiento, del orden de virtudes domésticas de la vida tradicional, oxidadas por la modernidad. Debemos mirar lo que de positivo tiene esta tragedia, aunque parezca una paradoja; el tren de la modernidad ha quedado varado, tenemos la grandiosa oportunidad de volver a Dios.

    Podríamos hacer una larga lista de reproches propios de nuestra debilidad, alimentada por este sistema caduco: Las«guerras de taifas» entre los responsables políticos, que solo piensan en futuros réditos electorales, su incapacidad, sus mentiras, las deserciones… El establishment político navega en la arbitrariedad y atenta contra sus propias leyes positivas y sus instituciones. Hacemos un llamamiento a la vigilancia y resistencia contra una deriva autoritaria y hasta tiránica (que ya se estaba pergeñando antes de esta desgracia) que nos destruya aún más.

    Debemos valorar positivamente la actuación de los cuerpos intermedios de la comunidad política con sus múltiples acciones de socorro mutuo, que dan lecciones día a día a los operadores políticos y a su incuria. Hacemos un llamamiento a los obispos para que refuercen fórmulas alternativas y prudenciales de socorro espiritual a los fieles, a los agonizantes y a las familias de los fallecidos que están viviendo días durísimos.

    Importa, y mucho, que pensemos en el «día después». El pueblo español va a salir de esta situación terriblemente dañado. Más allá de las tragedias individuales de pérdida de familiares y amigos, de pérdida del trabajo, de ruina económica, se va a producir un descalabro en la confianza colectiva de los grandes paradigmas inventados por el liberalismo, que acomodaban nuestra existencia; sin que nadie, salvo muy pocos, se cuestionara absolutamente nada: el triunfo de la ciencia, de la racionalidad invencible del ser humano, del estado del bienestar y de tantas y tantas falacias que durante muchas décadas parecían indiscutibles. Además, saldremos inmensamente frustrados, llenos de odio o, al menos profundamente irritados, por lo que se hará muy difícil estructurar nuestra comunidad política sobre bases totalmente renovadas.

    Esta es la tarea que los correligionarios, adheridos y simpatizantes del Carlismo tienen por delante. Somos una«comunión tradicionalista», no somos, como otros siniestros irresponsables, ni «unidos» ni «unidas». No somos una yuxtaposición de personas o un mero montón. Estamos en comunión con Dios y con nosotros mismos. Nuestra tarea va a ser ingente en un futuro, que esperemos sea lo más inmediato posible, donde deberemos demostrar, como en otros períodos históricos, de qué pasta está hecho el Carlismo.

    Pedimos a Cristo Rey, por intercesión de su Bendita Madre, que proteja a los hombres, al pueblo de Dios, a los pueblos hispánicos de la antigua Cristiandad, al pueblo español, al pueblo carlista y a S.A.R.

    Don Sixto Enrique de Borbón, abanderado de la Causa tradicionalista.
    Junta de Gobierno de la CTRAD25 de marzo de 2020

    https://carlismo.es/ante-la-prorroga...nalista-ctrad/

  9. #69
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    Re: Angustia Coronavírica

    Cisne Negro


    Por Luis Eduardo López Padilla


    El término “cisne negro” proviene del poeta latino Juvenal, quien a fines del siglo I y principios del II d.C. habló de “un ave rara en la tierra muy parecida a un cisne negro”. En Europa nadie había visto un cisne negro por lo que durante siglos se empleó la expresión para referirse a situaciones inexistentes, aunque teóricamente posibles. En 1697, sin embargo, se descubrió un cisne negro en Australia. A partir de entonces el término significó algo que parece imposible, pero que al final sí existe.

    Nassim Nicholas Taleb, un excéntrico pensador y financiero libanés nacionalizado estadounidense, tomó la expresión para su libro El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable. Planteó que el pasado no puede usarse para predecir el futuro: “Nuestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (improbable según nuestro conocimiento actual) y mientras tanto nos pasamos el tiempo en conversaciones sin importancia que se concentran en lo conocido y lo repetido“.

    Algunos autores han querido ver en el COVID-19 un ejemplo de cisne negro que lastimará profundamente la economía. Quizá no sea algo totalmente imprevisto. Autores como Laurie Garrett, quien escribió The Coming Plague en 1995, han señalado que deben registrarse nuevas y devastadoras epidemias en un planeta que ha perdido equilibrios. De lo que no hay duda es de que el nuevo coronavirus ha tomado al mundo por sorpresa.

    Novela Profética

    Asimismo, llama la atención la novela profética escrita por Dean R. Koontz quién en una obra publicada en 1981, Los ojos de la obscuridad, relata la irrupción en el mundo del siglo XXI, concretamente “alrededor del año 2020”, de un arma biológica denominada “virus Wuhan-400”. Las alusiones a la epidemia aparecen en el capítulo 39 y forman parte de una trama secundaria de la historia. Pero son sorprendentes las coincidencias con la alerta sanitaria lanzada por la OMS. La novela Los ojos de la oscuridad (The eyes of darkness) pasó bastante desapercibida cuando se publicó en 1981.

    ¿Pero qué cuenta Koontz en la novela? Habla de que una “severa enfermedad parecida a una neumonía” se extendería por todo el mundo y resistiría todos los tratamientos conocidos. De golpe, “tan rápido como surgió se desvaneció”. Al cabo de diez años volvió a atacar para luego desaparecer para siempre.

    Uno de los párrafos proféticos es el que menciona que el científico chino Li Chen trajo a Estados Unidos un diskette (eran los años 80´s) con la información de la “más importante y peligrosa nueva arma biológica en una década”: “Llamaron a la cosa Wuhan-400 porque se desarrolló en sus laboratorios de investigación sobre ADN a las afueras de la ciudad de Wuhan”. Su virus es una “arma biológica perfecta” pero con muchas aparentes diferencias con el Covid-19: sólo sobrevive un minuto fuera del cuerpo, sólo afecta a humanos y resulta mucho más letal…

    Mucha propagación, mínima letalidad


    El nuevo virus rebautizado COVID-19 por la OMS muestra hasta ahora que su letalidad es cuando menos bastante inferior a la de la gripe estacional que nos visita cada año. Más aún, el número de decesos comparados con otras enfermedades o contagios es proporcionalmente baja o muy baja.De acuerdo con la agencia norteamericana CDC, Centers for Disease Control and Prevention, mueren al día cientos y miles de personas por tuberculosis, hepatitis B, neumonía, SIDA, malaria, rotavirus, cólera, meningitis, rabia, incluso fiebre amarilla, más que por el COVID-19. Más aun, hablar de una pandemia mortal es referirnos a la llamada gripe española. Hace un siglo, la pandemia de influenza “española” infectó a más de la cuarta parte de la humanidad, matando a cerca de 40 millones de personas (más del 2% de la humanidad de ese entonces, una de cada 50 personas murió). Un 2% de fallecidos con la actual población mundial de 7,500 millones tendríamos que sumar un número de 150 millones de muertos. ¿Cuántos han muerto hasta hoy por el coronavirus? Hasta marzo 17 se contabilizan 7.100 personas lamentablemente fallecidas.

    ¿Qué tan justificada es la reacción en muchos países? Es cierto que hay algunas exageraciones, pero el riesgo es real. Se estima que, si China no hubiese implementado severas medidas de contención en Wuhan, por el crecimiento exponencial ahora tendríamos decenas de millones de casos en todo el mundo. Según los datos reales, el contagiarse no es más que un resfriado para la mayoría de los que contraen el virus (80%). Pero dependiendo de la calidad de la atención, entre el 1% y 3% de los casos son mortales. Más aún, 15%-20% de los casos requiere de hospitalización, y 5%-10% en cuidados intensivos. Sin contención, el número de casos puede aumentar 50% por día, lo cual implica que en menos de un mes todo un país podría estar infectado. Algunos hospitales en Italia quedaron saturados cuando tenían menos de diez mil casos, lo que ha llevado a que tengan una tasa de mortalidad mucho mayor que Corea o Japón. En México tenemos menos camas que en Italia, pero más del doble de población. El cuestionar las medidas preventivas o el retrasarlas hasta que sea demasiado tarde hace notar que no entendemos el riesgo del problema.

    Así pues, el tema del coronavirus o COVID-19 no está representado por la tasa de mortalidad de la enfermedad, sino por la rapidez de la infección en la población. Esto podría infectar a cientos de miles o millones. Si en México por ejemplo se infectara solo un 10% de la población, el 80% podría curarse con cuidados similares a la gripe en sus casas. Pero un 20%, es decir, poco más de 2 millones tendría que ser hospitalizado y un 7% (unos 150,000 enfermos) tendrían que recibir cuidados intensivos para ventilar los pulmones. De lo contrario, morirán. Y no hay sistema médico en el mundo que soporte esta eventualidad. Simplemente se rompería el sistema. Sería el caos.

    Se está buscando la vacuna apropiada en institutos médicos de China, Alemania, Israel y Estados Unidos, como CureVac y BioNTech, así como Moderna & NIH, Gilead e Inovio. Luego que se pruebe su resultado hay que producirla en escala mundial. Esto llevaría entre 12 y 24 semanas.

    Paradójicamente, las naciones afectadas que presentan hoy las temperaturas más altas; Tailandia, Malasia, Birmania, Filipinas, Singapur y Australia, lograron por ahora disminuir la velocidad de contagio, a un ritmo en el cual los nuevos casos se reducen cada día. Casualmente los primeros cuatro están lejos de contar con el mejor sistema médico, pero sí con las más altas temperaturas en el mes superando los 30 grados con una elevada humedad. Por el contrario, países con una explosión en casos como Italia, Irán y Corea mantienen temperaturas de entre 4 y 18 grados, aunque este último con un excelente sistema médico logró contrarrestar la expansión. Sin embargo, estos datos son anecdóticos debido a que la OMS claramente cita que el calor no debilita al virus. Los especialistas tendrán la última palabra.

    Pero el colapso del sistema de salud también tiene otras consecuencias. El primero es el colapso del sistema de producción del país. Las crisis económicas generalmente surgen de la falta de oferta o demanda. Pero si quienes quieren comprar se tienen que quedar en casa y las tiendas están cerradas y quienes podrían ofrecer no pueden llevar sus productos a los clientes, porque las operaciones de logística, el transporte de mercancías y los puntos de venta están en crisis, entonces sería el caos.

    Tormenta Perfecta

    Nouriel Roubini
    es un destacado economista contemporáneo. Es profesor de Economía en la Universidad de Nueva York y presidente de la consultora RGE Monitor. Nouriel Roubini ganó notoriedad por sus acertadas previsiones sobre la recesión internacional desencadenada por la crisis de las hipotecas sub prime por lo cual se ganó el apelativo de “Dr. Doom” (Doctor Catástrofe). Inicialmente consideradas pesimistas, sus predicciones demostraron ser precisas conforme se desarrollaba la crisis financiera de 2008.

    La expresión “tormenta perfecta” fue acuñada hace varios años por el economista Roubini, para indicar una combinación de condiciones financieras que podrían conducir a un colapso del mercado. “Habrá una recesión mundial debido al coronavirus”, dice Roubini, quien agrega: “la crisis explotará y resultará en un desastre”. Las previsiones del economista se confirman por la caída de los precios del petróleo tras el fracaso de la OPEP para acordar con Arabia Saudita que, desafiando a Rusia, ha decidido aumentar la producción y reducir los precios, pero es probable que sea confirmada por el despliegue de otros eventos, como la estrepitosa caída de las Bolsas en el mundo y la devaluación del peso-dólar que ya traspasó los 23 pesos.

    En entrevista concedida a CNBC el pasado 10 de marzo, sentenció que la recesión que pudiera venir a consecuencia del coronavirus, el crecimiento económico en el mundo sería negativo. “Hay un crecimiento negativo en China, Japón, Corea del Sur e Italia. Estados Unidos tiene apenas un 1% de crecimiento y la eurozona está cerca del 0%”, expresó Roubini. Según el profesor de economía, si en el primer trimestre hubo un impacto económico negativo, arrastrados por China, en el segundo trimestre podría ser por Estados Unidos y Europa.“

    Es probable que en China tome 3 meses para detener el pico de contagio – como así parece ocurrir – y en Europa y Estados Unidos puede tardar dos trimestres y eso significa que se tendría una recesión hasta el tercer trimestre, y solo se necesitan dos trimestres para tener una recesión global”, explicó, añadiendo que aún se debe determinar cuán severa será esta crisis.

    Caos psicológico y anarquía social

    Pero hay otro punto que comienza a vislumbrarse: no solo existe el colapso del sistema de salud: no solo existe la posibilidad de una grieta económica, sino que también puede haber un colapso del estado y la autoridad, en una palabra, anarquía social.

    Las epidemias tienen consecuencias psicológicas y sociales por el pánico que pueden causar. La psicología social nació entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Uno de sus primeros exponentes es Gustave Le Bon (1841-1931), autor de un famoso libro titulado Psychologie des foules, Psicología de las Masas (1895).

    Analizando el comportamiento colectivo, Le Bon explica cómo en la multitud el individuo experimenta un cambio psicológico mediante el cual los sentimientos y las pasiones se transmiten de un individuo a otro “por contagio”, como es el caso de las enfermedades infecciosas. La teoría moderna del contagio social, inspirada en Le Bon, explica cómo, protegida del anonimato de la masa, incluso el individuo más pacífico puede volverse agresivo, actuando por imitación o sugerencia. El pánico es uno de esos sentimientos que se transmite por contagio social, como sucedió durante la Revolución Francesa en el período que se decía del “gran miedo”.

    Si la crisis económica se suma a la de salud, una ola descontrolada de pánico puede desencadenar los impulsos violentos de la multitud. El estado es reemplazado por tribus, pandillas, especialmente en los suburbios de los grandes centros urbanos. La anarquía tiene sus agentes y la guerra social, que fue teorizada por el Foro de Sao Paulo (una conferencia de organizaciones latinoamericanas de extrema izquierda), ya se practica desde Bolivia hasta Chile, Venezuela hasta Ecuador, y puede pronto expandirse a Europa.

    Pero si esto es cierto, el historiador y analista italiano Roberto de Mattei afirma que, “quienquiera que salga derrotado por esta crisis es precisamente la utopía de la globalización, presentada como el camino principal destinado a conducir a la unificación de la humanidad. De hecho, la globalización destruye el espacio y pulveriza las distancias: hoy la regla para escapar de la epidemia es la distancia social, el aislamiento del individuo. El asesino de la globalización es un virus global llamado coronavirus. No es el fin de las fronteras, anunciado después de la caída del Muro de Berlín. Es el fin del mundo sin fronteras. No es el triunfo del nuevo orden mundial: es el triunfo del nuevo desorden mundial. El escenario político y social es el de una sociedad que se desintegra y descompone… El coronavirus nos devuelve a la realidad. Es el final de la “aldea global” (Italia, 14 de marzo LifeSiteNews).

    La Filosofía y Teología de la Historia

    La teología y la filosofía de la historia son campos de especulación intelectual que aplican los principios de la teología y la filosofía a los acontecimientos históricos. Como Juan –el discípulo amado de Jesús– el teólogo de la historia es como un águila que juzga los acontecimientos humanos desde las alturas, pues la historia no es una sucesión determinista y fatalista de eventos. El maestro de la historia es Dios, quien se ha reservado para sí el inicio, el culmen y el desenlace, dicho teológicamente, Creación, Redención y Parusía. Y así todo lo que sucede en el mundo o Dios lo quiere o Dios lo permite, pues no se mueve la hoja de un árbol si no es por voluntad divina, y por eso “todos los cabellos de vuestra cabeza están contados” (Lc 12,7).

    La Iglesia, que no es una institución humana ni social, y tampoco una ONG, debe, como la Esposa de Cristo, saber y aprender a discernir los signos de los tiempos, y colegir que esta suma de eventos por las que estamos transitando no es aleatoria ni mero efecto de la naturaleza, sino que la mano de Dios está presente, y en esta cuaresma está dando una nueva oportunidad de conversión y llamando una vez más a la oración, sacrificio, ayuno y penitencia. No olvidar que las epidemias han acompañado la historia de la humanidad desde el principio hasta el siglo XX y siempre se han entrelazado con otros dos flagelos: las guerras y las crisis económicas. Las hambrunas, la peste y las guerras del siglo XIV fueron interpretadas por el pueblo cristiano como signos del castigo de Dios.

    San Bernardo de Siena (1380-1444) afirmaba que tres son los azotes con los que Dios castiga a los pueblos: guerra, peste y hambre. Otros santos como Catalina de Siena, Brígida de Suecia, Vicente Ferrer, Luis María Grignion de Monfort, explicaron cómo los desastres naturales en la historia siempre han acompañado las infidelidades y la apostasía de las naciones. Hoy no es novedad constatar cómo esta generación se ha vuelto contra Dios y contra Su Cristo, y los pecados de muerte, violencia, egoísmo, mentira, lujuria, soberbia, etc. campean sobre la redondez de la Tierra. Estos eventos que están sucediendo y otros que vendrán después son consecuencia del pecado de los hombres y de las naciones en su conjunto, pues más allá del virus biológico, existe otro virus letal que hace perder el alma para siempre, y que parece importar poco o nada, y que se llama pecado.

    La teología de la historia afirma que Dios recompensa y castiga no solo a los hombres, sino también a las colectividades y grupos sociales: familias, naciones, civilizaciones. Pero mientras los hombres tienen su recompensa o su castigo, a veces en la tierra, pero siempre en la eternidad, las naciones sin vida eterna son castigadas o recompensadas solo en la tierra. Dios puede, con milagros, cambiar las leyes de la naturaleza, evitando el sufrimiento y la muerte de un hombre, o la masacre de una ciudad, también puede decidir el castigo de una ciudad o un pueblo, porque pecados colectivos llaman castigo colectivo.

    Pero lo más alarmante es la pérdida de la fe de una mayoría de sacerdotes y obispos que les ha llevado a una ceguera del entendimiento y a un endurecimiento del corazón que les acarrea una indiferencia profunda para entender el plan de Dios para este tiempo.

    El gran pecado contemporáneo es la pérdida de la fe de los pastores y jerarcas de la Iglesia, con algunas excepciones, gracias a las cuales la Iglesia aún no ha desaparecido. Por eso no es de extrañar ni sorprender que no obstante estar en el tiempo de cuaresma, la circunstancia del virus no ha sido ocasión para llamar a la conversión, a la penitencia, a volver a Dios, a pedir a Él y a la Santísima Virgen que por su intercesión acorten el tiempo de la prueba, a asistir a los enfermos graves con los santos óleos, a acompañar a los fieles en sus temores, dudas y aflicciones, sino que por el contrario, se han silenciado; han cerrado iglesias, Santuarios de la Virgen como el de Lourdes, (especialmente querido por el Cielo para que con el agua se sanen cuerpos y almas); han suspendido los sacramentos, y en algunos lugares hasta no celebrar la Eucaristía. Por eso, no se extrañen si pasada esta crisis, muchos fieles abandonen definitivamente la Iglesia…

    En la víspera de la segunda sesión del Concilio Vaticano I, el 6 de enero de 1870, San Juan Bosco tuvo una visión en la que se le reveló que “la guerra, la peste, el hambre son los azotes con los que se golpeará el orgullo y la malicia de los hombres“. Así dijo el Señor: “Ustedes, sacerdotes, ¿por qué no corren llorando entre el vestíbulo y el altar, invocando la suspensión de los flagelos? ¿Por qué no toman el escudo de la fe y van por los tejados, en las casas, en las calles, en las plazas, en todos los lugares, incluso inaccesibles, para llevar la semilla de mi palabra? ¿Ignoran que esta es la terrible espada de dos filos que derriba a mis enemigos y que rompe la ira de Dios y de los hombres?”

    Colofón

    Todas las profecías se cumplirán. Y si bien esta crisis puede traer efectos devastadores en el campo médico y de salud, así como económico, financiero, humano, político, eclesial y espiritual, si los hombres seguimos sin cambiar, aún estarán a las puertas grandes desastres para la humanidad ocasionadas por catástrofes naturales de origen cósmico; guerra entre naciones poderosas; cisma en la Iglesia que traerá su oscuridad y los tiempos más difíciles desde que las naciones existieron por primera vez.

    Sin embargo, queremos enfatizar que esta prueba debe ser motivo de conversión y fortalecimiento de la fe, pues quien a Dios pone su vida nada temerá. “No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmo 91, 10-11).

    De alguna manera, como escribe C.C.Pecknold en First Things, “los cristianos en esta Cuaresma somos como Israel en el exilio de Babilonia, sin tierra ni templo. Sentimos el pánico de esta pandemia dentro de un tipo de recinto babilónico. Sin embargo, el cristiano debe dar testimonio de una fe diferente. Como San Agustín enseñó, Dios creó y sostiene el mundo a través de su Palabra eterna. La creación no es caótica y caprichosa, sino que tiene medida, orden y peso: la creación es razonable, tiene un propósito. Y el sufrimiento también tiene un propósito.

    El recinto babilónico le enseña al mundo que el mal y el sufrimiento anulan nuestra fe en Dios, ya que un Dios que no puede detener el sufrimiento no es Dios en absoluto. Solo la “ciencia” puede ayudar. Pero tal fe está evidentemente vacía y perdida. Deja a las personas sin esperanza ni propósito, sin tierra ni templo.

    Como nos enseña San Agustín, Dios no es la causa de ningún mal; el mal no es más que la privación del bien. Dios ha hecho al mundo “muy bueno”. Sin embargo, debido a nuestra primera Caída, Dios permite el sufrimiento, precisamente para revelar su amor y respeto por su criatura como a su propia imagen. Así como Dios puede sacar el bien más superabundante del mal, a través de Jesucristo; por su gracia nos ha hecho capaces de sacar el bien de los males temporales” (17 de marzo. Creación, caída y coronavirus en First Things).No tengamos miedo. Frecuentemos los sacramentos como mejor nos sea posible. En su caso, hagamos comuniones espirituales. Asumamos un espíritu de sacrificio, negación y penitencia. Recemos diariamente el Santo Rosario. Acudamos a María, Auxilio de los Cristianos y Salud de los Enfermos. Si somos fieles al Evangelio, todo concurrirá para nuestro propio bien espiritual, y con la fe saldremos victoriosos para las futuras pruebas que nos darán la corona de la Vida.





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    Re: Angustia Coronavírica

    Entrevista de THE REMNANT: monseñor Athanasius Schneider habla de la reacción de la Iglesia al coronavirus

    Diane Montagna



    ROMA, 27 de marzo de 20020 – Mientras sigue propagándose el coronavirus, monseñor Athanasius Schneider exhorta a los sacerdotes a imitar a Jesús el Buen Pastor y, por el bien de las almas, desobedecer las injustas normas dictadas por obispos que, según dice, actúan más como burócratas que como pastores.
    En una nueva entrevista sobre la reacción de la Iglesia al coronavirus (ver texto completo abajo), el obispo auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajstán) afirma que cree que la mayoría de los obispos reaccionaron «con precipitación y pánico al prohibir toda Misa pública». Según él, la decisión de cerrar los templos es más incomprensible todavía.

    «Mientras los supermercados sigan abiertos y accesibles y pueda utilizarse el transporte público, no hay razón verosímil para prohibir que se asista a la Santa Misa en una iglesia --afirma--. En los templos se pueden garantizar las mismas e incluso mejores medidas higiénicas preventivas.»

    Explica que la manera de reaccionar al coronavirus demuestra «la pérdida de la perspectiva sobrenatural», de modo especial entre la jerarquía, algunos de cuyos miembros –señala-- a pesar del ardor con que combaten el Covid-19 «permiten como si tal cosa que los tóxicos virus de enseñanzas y prácticas heréticas se esparzan entre su grey».

    Monseñor Schneider insta a los pastores a recordar que «por encima de todo son pastores de almas inmortales», cuya profesión les exige dar la vida por las ovejas. Durante la epidemia coronavírica, los sacerdotes deberían tomar todas las medidas posibles de prevención, pero también ser sumamente ingeniosos para descubrir nuevas formas de celebrar la Misa y proporcionar los sacramentos , aunque sea a un grupo reducido de fieles. «Ésa ha sido siempre la conducta pastoral de todos los sacerdotes confesores y mártires en tiempos de persecución», explica el prelado, que pasó su infancia en la Iglesia clandestina de la Unión Soviética.

    En algunos casos, dijo, el cuidado de las almas puede exigir que un sacerdote desobedezca una orden injusta de su obispo. «Si las autoridades eclesiásticas le prohíben a un sacerdote visitar a los enfermos y moribundos, no puede obedecer. Semejante prohibición es un abuso de autoridad. Cristo no confirió a los obispos autoridad para prohibir que se visitara a los enfermos y agonizantes».

    Evocando el heroico ejemplo del cardenal arzobispo de Milán San Carlos Borromeo (1538-1584), que desafió intrépido una epidemia a fin de atender a las necesidades espirituales de las víctimas, Schneider afirma que «El verdadero sacerdote hace todo lo que está en sus manos para visitar a un moribundo».

    A la pregunta de si el coronavirus es un castigo de Dios por los actos de la Pachamama realizados en el Vaticano durante el Sínodo para la Amazonía del pasado octubre, el prelado respondió que aunque no tiene certeza de que una cosa esté relacionada con la otra, la idea no es rebuscada.

    «El culto de que fue objeto el ídolo pagano de la Pachamama al interior del Vaticano con el aval del Papa fue sin duda un grave pecado de infidelidad al Primer Mandamiento del Decálogo, una abominación», dijo. Y añadió: «Esos actos idolátricos fueron la culminación de una serie de infidelidades en lo que se refiere a guardar el sagrado depósito de la Fe por parte de muchos miembros de los grados más altos de la jerarquía en las últimas décadas».

    Evocando la amenaza de castigo y la exhortación al arrepentimiento que dirige el Señor a los obispos en el Apocalipsis (Apoc. 2, 14-16), monseñor Schneider declaró estar convencido de que «Cristo les diría lo mismo al papa Francisco y a los otros obispos que consintieron el culto a la Pachamama» en el Vaticano y «avalan implícitamente las relaciones sexuales fuera de un matrimonio válido al permitir que los divorciados que se han vuelto a casar reciban la Sagrada Comunión».

    Con relación a la reacción de la Iglesia al coronavirus, Schneider declaró que el carácter singular y la severidad de la prohibición de misas públicas y de la Sagrada Comunión es una señal para que los católicos tengan en cuenta el sentido más profundo de esas cosas.

    Señaló que desde hace más de cincuenta años la Presencia Eucarística de Jesús es trivializada y hasta profanada con la comunión en la mano y la introducción de elementos protestantizantes en la liturgia romana. «Ahora ha intervenido el Señor privando a casi todos los fieles de asistir a la Santa Misa y recibir sacramentalmente la Sagrada Comunión. Justos y pecadores están soportando juntos esta tribulación, ya que en el misterio de la Iglesia están unidos entre sí como miembros de un mismo cuerpo».

    Afirmó que en cuanto se acabe la epidemia el Papa y los obispos deberían celebrar con toda urgencia un acto público de reparación en Roma por los pecados cometidos contra la Sagrada Eucaristía. Añadió que el Sumo Pontífice debería decretar normas concretas invitando a toda la Iglesia a «dirigirse al Señor en la liturgia» y «prohibir la Comunión en la mano».

    «La Iglesia –afirmó-- no puede seguir tratando impunemente al Santísimo en la Hostia consagrada de una forma tan minimalista y peligrosa».



    Transcripción de la entrevista a monseñor Athanasius Schneider


    Diane Montagna: Excelencia, ¿qué impresión tiene en general de la manera en que está reaccionando la Iglesia a la epidemia de coronavirus?

    Mi impresión general es que la gran mayoría de los obispos ha reaccionado con precipitación y pánico al prohibir toda Misa pública, y lo que es más incomprensible, cerrando los templos. Los obispos que han obrado así han reaccionado más como burócratas que como pastores. Al centrarse de forma casi exclusiva en las medidas higiénicas han perdido la perspectiva sobrenatural y quitado la prioridad al bien eterno de las almas.

    La diócesis de Roma se ha apresurado a suspender todas las misas públicas accediendo a las directrices del Gobierno. Por todo el mundo, los prelados han tomado medidas por el estilo. En cambio, los obispos de Polonia
    han pedido que se celebren más misas para que se congreguen menos fieles en cada ocasión. ¿Qué opina de la decisión de suspender las misas públicas para impedir la propagación del virus?

    Mientras los supermercados sigan abiertos y accesibles y pueda utilizarse el transporte público, no hay razón verosímil para prohibir que se asista a la Santa Misa en una iglesia. En los templos se pueden garantizar las mismas e incluso mejores medidas higiénicas preventivas, y tomarse otras medidas parecidas. Por ejemplo, antes de cada Misa se podrían desinfectar los bancos y las puertas, y todo el mundo podría desinfectarse las manos al entrar. Podría limitarse el número de asistentes y aumentar la frecuencia de las misas. John Magufuli, presidente de Tanzania, nos da un ejemplo magnífico de lo que es tener una perspectiva sobrenatural de las cosas en tiempo de epidemia. Magufuli, que es católico practicante, dijo el pasado día 22 (domingo de Laetare) en la catedral de San Pablo en Dodoma, capital del país: «A mis correligionarios cristianos, e incluso a los musulmanes, les insisto: no tengan miedo, no dejen de congregarse para alabar y glorificar a Dios. Por esa razón, nuestro Gobierno ha decidido no cerrar las iglesias y mezquitas. Al contrario, deben estar abiertas en todo momento para que se pueda acudir a Dios en busca de refugio. En los templos se puede buscar verdadera sanación, porque allí habita el Dios verdadero. No tengan miedo de alabar a Dios y buscar su rostro en la iglesia».
    Y de la Eucaristía, Magufuli expresó estas alentadoras palabras: «El coronavirus no puede sobrevivir en el Cuerpo eucarístico de Cristo, no tarda en consumirse . Por eso, no he tenido el más mínimo miedo al comulgar, porque sé que Jesús está en la Eucaristía; no corro peligro. Es hora de edificar nuestra fe en Dios».

    ¿Le parece una actitud responsable que un sacerdote celebre una Misa privada con unos pocos fieles presentes, tomando las debidas precauciones?

    Lo es, y además meritoria. Sería un verdadero acto pastoral, siempre y cuando el sacerdote tomara las debidas precauciones, claro.

    Los sacerdotes se ven en un aprieto. Algunos buenos sacerdotes son objeto de críticas por obedecer las directrices impuestas por sus obispos de suspender las misas públicas (aunque siguen celebrando privadas). Otros se ingenian maneras de confesar sin comprometer la salud de los fieles. ¿Qué aconsejaría a los sacerdotes que para que puedan sacar el mejor fruto de su ministerio en estos momentos?

    Los sacerdotes deben tener presente que por encima de todo son pastores de almas inmortales. Deben ser imitadores de Cristo, que dijo: «El buen pastor pone su vida por las ovejas. Mas el mercenario, el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque es mercenario y no tiene interés en las ovejas. Yo soy el pastor bueno, y conozco las mías, y las mías me conocen» (Jn. 10, 11-14). Si un sacerdote observa de modo razonable y juicioso todas las medidas higiénicas, no está obligado a obedecer las directrices de su obispo o de las autoridades suspendiendo la Misa para los fieles. Tales directrices son meras normas humanas; pero la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas. En una situación así, los sacerdotes tienen que ingeniárselas mucho a fin de facilitar a los fieles, aunque sea un grupo pequeño, la celebración de la Santa Misa y la recepción de los sacramentos. Ésa ha sido siempre la conducta pastoral de todos los sacerdotes confesores y mártires en tiempos de persecución.

    ¿Hay casos en que sea legítimo desobedecer a las autoridades, y en concreto a las eclesiásticas, por parte de los sacerdotes (por ejemplo, si le dicen que no vaya a visitar a los enfermos y moribundos?

    Si las autoridades eclesiásticas le prohíben a un sacerdote visitar a los enfermos y moribundos, no puede obedecer. Semejante prohibición es un abuso de autoridad. Cristo no confirió a los obispos autoridad para prohibir que se visitara a los enfermos y agonizantes. El verdadero sacerdote hace todo lo que está en sus manos para visitar a un moribundo. Muchos sacerdotes lo han hecho aun a riesgo de su vida, ya fuera en caso de persecución o de epidemias. Se han dado numerosos ejemplos en la historia de la Iglesia. Por ejemplo, San Carlos Borromeo dio la Sagrada Comunión en la lengua y con sus propias manos a personas que estaban muriendo de peste. En nuestros tiempos hemos conocido ejemplos conmovedores y edificantes, en particular en la región de Bérgamo, al norte de Italia, de sacerdotes que se contagiaron y murieron por cuidar de enfermos aquejados de coronavirus. Hace unos día falleció en ese mismo país un sacerdote de 72 años que padecía la enfermedad, y renunció al respirador –sin el cual no podía sobrevivir-- para dárselo a un paciente más joven. No visitar a los enfermos y moribundos es una actitud más propia de asalariados que de buenos pastores.

    Vuestra Excelencia pasó los primeros años de su vida en la Iglesia clandestina de la Unión Soviética. ¿Qué aconsejaría a los fieles que no pueden asistir a Misa, y en algunos casos ni siquiera adorar al Santísimo Sacramento por haberse cerrado las iglesias de su diócesis?

    Animaría a esos fieles a hacer actos frecuentes de Comunión espiritual. Podrían leer las lecturas del propio y el ordinario de la Misa de cada día y meditar en ellas. Podrían enviar a sus santos ángeles custodios a adorar a Jesús en el Tabernáculo de parte de ellos. Podrían unirse espiritualmente a todos los cristianos encarcelados por su fe, a todos los cristianos enfermos impedidos de ir a Misa, a todos los cristianos que mueren privados de los sacramentos. Dios colmará de gracias esta época de privación temporal de la Santa Misa y el Santísimo Sacramento.

    Hace poco la Santa Sede anunció que las celebraciones litúrgicas de Semana Santa y Pascua tendrán lugar sin los fieles presentes. Más tarde especificó que se están estudiando maneras de participar que tengan en cuenta las medidas de seguridad destinadas a impedir la propagación del coronavirus. ¿Qué le parece esta decisión?

    En vista de las estrictas prohibiciones de reuniones multitudinarias impuestas por las autoridades italianas, se entiende que el Papa no pueda celebrar los oficios de Semana Santa ante una numerosa congregación de fieles. A mí me parece que podría celebrarlos con toda dignidad y sin abreviarlos, por ejemplo en la Capilla Sixtina (como era costumbre de los pontífices antes del Concilio) con la participación del clero (cardenales, sacerdotes, etc.) y un grupo selecto de fieles que hubiesen tomado previamente las oportunas medidas de higiene. No parece lógico prohibir la bendición del fuego, la del agua y los bautismos en la Vigilia Pascual, como si con esos actos pudiera propagarse virus. El sentido común y la perspectiva sobrenatural han sido superados por un miedo casi patológico.

    Excelencia, ¿qué revela la actitud de las autoridades eclesiásticas ante el coronavirus del estado de la Iglesia, y en particular de la jerarquía?

    La pérdida de perspectiva espiritual es sintomática. En las últimas décadas, muchos miembros de la jerarquía han estado metidos más que nada en asuntos seculares, mundanos y temporales, y con ello han perdido de vista las realidades sobrenaturales y eternas. Se les ha nublado la vista con el polvo de ocupaciones mundanas, como dijo en una ocasión San Gregorio Magno (V. Regula pastoralis II, 7). Su manera de reaccionar ante la epidemia ha puesto de manifiesto que dan más importancia a los cuerpos mortales que a las almas inmortales de los hombres, olvidando las palabras de Nuestro Señor: «¿De qué servirá al hombre ganar el mundo entero, y perder su vida?» (Mc. 8,36). Los mismos prelados que ahora tratan de impedir (a veces con medidas desproporcionadas) que se contagie el cuerpo de sus feligreses con un virus material, permiten como si tal cosa que los tóxico virus de enseñanzas y prácticas heréticas se esparzan entre su grey.

    Hace poco el cardenal Vincent Nichols dijo que cuando pase la epidemia habrá un hambre renovada de la Eucaristía. ¿Está de acuerdo?

    Espero que esas palabras se cumplan en el caso de muchos católicos. Es una experiencia común entre los hombres que la privación prolongada de una realidad importante avive el ansia de ella. Ése es el caso de todos los creen de verdad en la Eucaristía y la aman. Una experiencia así también ayuda a reflexionar más a fondo en el sentido y valor de la Sagrada Eucaristía. Es posible que los católicos que estaban tan acostumbrados al Santísimo que les parecía algo de todos los días experimenten una conversión espiritual y se den cuenta a partir de ahora de que la Sagrada Eucaristía es algo extraordinario y sublime.

    El pasado domingo 15 de marzo el papa Francisco acudió a rezar ante la imagen de la Virgen Salus Populi Romani en la basílica de Santa María la Mayor y ante el cristo milagroso de la iglesia de San Marcelo en el Corso. ¿Cree que es importante que los obispos y cardenales realicen actos similares de culto público para poner fin a la epidemia?

    El ejemplo del papa Francisco puede animar a muchos prelados a celebrar actos públicos parecidos de fe y oración y a dar muestras concretas de penitencia implorando a Dios que detenga la plaga. Se podría recomendar que los obispos y sacerdotes recorriesen con frecuencia las calles de sus ciudades portando al Santísimo Sacramento en la custodia acompañados por un número reducido de sacerdotes o fieles (uno, dos o tres), dependiendo de las normas que hayan establecido las autoridades civiles. Esas procesiones eucarísticas transmitirían a los fieles y al resto de la ciudadanía el consuelo y la alegría de saber que no están solos en las situaciones difíciles. Que el Señor está verdaderamente con ellos, que la Iglesia es una madre que nunca se ha olvidado de sus hijos ni los ha abandonado. Se podría iniciar una cadena mundial de custodias que llevaran a Jesús-Eucaristía por las calles de todo el planeta. Esas miniprocesiones eucarísticas, aunque el obispo o sacerdote saliera solo llevando al Señor, impetrarán gracias de sanación y conversión física y espiritual.

    La epidemia de coronavirus estalló en China poco después del Sínodo para la Amazonía. Algunos periodistas están convencidos de que se trata de un castigo divino por los actos realizados con el ídolo de la Pachamama en el Vaticano, mientras que para otros es un castigo por el acuerdo entre China y el Vaticano. ¿Cree que alguna de las dos opiniones es correcta?

    En mi opinión, la epidemia del coronavirus es sin duda una intervención divina para castigar y purificar al mundo pecador, y también a la Iglesia. No debemos olvidar que Nuestro Señor Jesucristo veía las catástrofes físicas como castigos de Dios. Leemos, por ejemplo, lo siguiente: «En aquel momento llegaron algunas personas a traerle la noticia de esos galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios. Y respondiendoles dilo: “¿Pensáis que estos galileos fueron los más pecadores de todos los galileos, porque han sufrido estas cosas? Os digo que de ninguna manera, sino que todos pereceréis igualmente si no os arrepentís. O bien aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que de ninguna manera sino que todos pereceréis igualmente si no os convertís”» (Lc.13, 1-5).

    El culto de que fue objeto el ídolo pagano de la Pachamama al interior del Vaticano con el aval del Papa fue sin duda un grave pecado de infidelidad al Primer Mandamiento del Decálogo, una abominación. Todo intento de restar importancia a ese acto de veneración se derrumba por el peso de la prueba y de la razón. Yo diría que esos actos idolátricos fueron la culminación de una serie de infidelidades en lo que se refiere a guardar el sagrado depósito de la Fe por parte de muchos miembros de los grados más altos de la jerarquía en las últimas décadas. No tengo certeza absoluta de que el brote del coronavirus haya sido castigo de Dios por lo de la Pachamama en el Vaticano, pero no tiene nada de rebuscado entenderlo así. Ya en los primeros tiempos de la Iglesia, Cristo reprendió a los obispos (ángeles) de las iglesias de Pérgamo y Tiatira por su tolerancia de la idolatría y el adulterio. La figura de Jezabel, que sedujo a la iglesia con la idolatría y la fornicación (V. Ap. 2,20) se podría entender también cómo un símbolo del mundo actual con el que juguetean muchos que ocupan altos cargos en la Iglesia.

    Estas palabras de Cristo siguen igual de válidas hoy: «He aquí que a ella la arrojo en cama, y a los que adulteren con ella, (los arrojo) en grande tribulación, si no se arrepienten de las obras de ella. Castigaré a sus hijos con la muerte, y conocerán todas las Iglesias que Yo soy el que escudriño entrañas y corazones; y retribuiré a cada uno de vosotros conforme a vuestras obras» (Apoc. 2,22-23). Cristo amenazó con castigos ý exhortó a las iglesias a arrepentirse: «Tengo contra ti algunas pocas cosas, por cuanto tienes allí a quienes han abrazado la doctrina […]para que comiesen de los sacrificios de los ídolos y cometiesen fornicación. Arrepiéntete, pues; que si no, vengo a ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca» (Apoc. 2, 14-16). Estoy convencido de que Cristo les diría lo mismo al papa Francisco y a los otros obispos que consintieron el culto idolátrico a la Pachamama y avalan implícitamente las relaciones sexuales fuera de un matrimonio válido al permitir que los divorciados que se han vuelto a casar reciban la Sagrada Comunión.

    Vuestra Excelencia ha citado los Evangelios y el Apocalipsis. ¿La manera en que Dios dealt sus hijos en el Antiguo Testamento nos ayuda a entender en alguna medida la situación actual?

    A mi modo de ver, la situación que ha creado la epidemia de coronavirus en el seno de la Iglesia es muy singular: se han prohibido las misas públicas en casi todo el mundo. Hasta cierto punto es equivalente a la prohibición del culto cristiano en todo el Imperio Romano durante los tres primeros siglos. Ahora bien, esta situación actual no tiene precedentes, porque en nuestro caso la prohibición del culto público fue decretada por obispos católicos, antes incluso de que las autoridades civiles dictaran disposiciones en ese sentido.
    En cierta forma, la situación actual se puede comparar con el cese del sacrificio en el templo de Jerusalén mientras el Pueblo Escogido de Dios soportó la Cautividad de Babilonia. En la Biblia los castigos divinos se consideraban una gracia, como vemos en estos versículos: «Feliz el hombre a quien Dios corrige. No desprecies la corrección del Omnipotente. Él hace la llaga, y la venda; Él hiere y sana con sus manos» (Job 5,17-18). «Yo reprendo y castigo a todos los que amo. Ten, pues, ardor y conviértete» (Apoc.3,19). La única reacción que cabe en tribulaciones, catástrofes, epidemias y situaciones por el estilo --todas ellas instrumentos en manos de la Divina Providencia para despertar a los hombres del sueño del pecado y la indiferencia hacia los mandamientos de Dios y la vida eterna-- es la penitencia y una sincera conversión a Dios. En la siguiente oración, el profeta Daniel da a los fieles de todos los tiempos un ejemplo de cuál debe ser su verdadera actitud y de cómo deben desempeñarse y rezar en tiempos difíciles: «Todo Israel ha traspasado tu Ley y se ha apartado para no oír tu voz […] Inclina, Dios mío, tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestras ruinas, y a la ciudad, sobre la cual ha sido invocado tu Nombre pues derramamos nuestros ruegos ante tu rostro, confiando, no en nuestras justicias, sino en tus grandes misericordias. ¡Escucha, Señor! ¡Perdona, Señor! ¡Presta atención, Señor, y obra! ¡No tardes, por amor de Ti, oh Dios mío!, porque sobre tu ciudad y tu pueblo ha sido invocado tu Nombre» (Dan. 9,11; 18-19).

    San Roberto Belarmino escribió: «Son señales ciertas de la venida del Anticristo […] la última y mayor de las persecuciones, y la cesación del completa del sacrificio público [la Misa]» (La profecía de Daniel, p.37-38). ¿Cree que hablaba de lo que sucede ahora? ¿Es éste el comienzo del gran castigo predicho en el libro del Apocalipsis?

    La situación que estamos viviendo nos brinda fundamentos más que razonables para pensar que nos hallamos a las puertas de los tiempos apocalípticos, que comprenderán castigos divinos. Nuestro Señor aludió a la profecía de Daniel: «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo –el que lee, entiéndalo– …». Dice el Apocalipsis que la Iglesia tendrá que huir por un tiempo al desierto (V. Apoc.12,14). La interrupción casi general del Sacrificio público de la Misa se podría interpretar como una huida a un desierto espiritual. Lo lamentable de esta situación es que muchos integrantes de la jerarquía católica no se dan cuenta de que la situación que vivimos es de tribulación. No la ven como un castigo divino, es decir, como una visita de Dios en el sentido bíblico. Estas palabras del Señor se aplican a muchos sacerdotes en medio de la epidemia física y espiritual que atravesamos: «No conociste el tiempo en que has sido visitada» (Lc.19,44). Este fuego que arde para prueba (cf.1 Pe. 4,12) tienen que tomárselo en serio el Papa y los prelados a fin de que dirijan a toda la Iglesia a una profunda conversión. En caso contrario, se podrá aplicar a esta situación la moraleja de la historia que contaba Sören Kierkegaard: «En un teatro, se produjo un incendio entre bastidores. El payaso salió al escenario para advertir a los espectadores. Éstos creyeron que se trataba de un chiste, y aplaudieron. Lo repitió, y los aplausos fueron más atronadores. Yo creo que será así como acabe el mundo: en medio del aplauso general de los genios a los que le parece una broma».

    ¿Cuál es el sentido más profundo de todo esto, Excelencia?

    Esto de que se hayan interrumpido la Santa Misa y la Sagrada Comunión sacramental es tan grave y tan inaudito que es posible discernir un sentido más profundo detrás de ello. Se ha producido a los cincuenta años de la introducción de la Comunión en la mano (1969) y de la reforma radical del rito de la Misa (1969/1970), que tiene elementos protestatizantes (las oraciones del Ofertorio) y una forma de celebración horizontal e instructiva (momentos en que se permite improvisar, celebración en círculo cerrado y cara a los feligreses). La práctica de recibir la Comunión en la mano desde hace cincuenta años ha traído consigo una profanación --en unos casos intencional y en otros no-- del Cuerpo eucarístico de Cristo a unos niveles nunca vistos. Durante más de cincuenta años, el Cuerpo de Cristo ha sido (en la mayoría de los casos intencionadamente) pisoteado por sacerdotes y laicos en las iglesias católicas del mundo entero. El robo de hostias consagradas se ha incrementado igualmente a un ritmo alarmante. El gesto de tomar la Comunión en la propia mano, y con los propios dedos, se parece más que nunca a lo que se hace al comer el alimento mundano. A no pocos católicos, la costumbre de recibir la Comunión en la mano les ha disminuido la fe en la Presencia Real, en la transustanciación y en el carácter sublime de la Hostia consagrada. Con el tiempo, la presencia eucarística de Cristo se ha convertido de modo inconsciente para esos fieles en una especie de pan bendito o simbólico. Ahora ha intervenido el Señor privando a casi todos los fieles de asistir a la Santa Misa y recibir sacramentalmente la Sagrada Comunión.

    Justos y pecadores están soportando juntos esta tribulación, ya que en el misterio de la Iglesia están unidos entre sí como miembros de un mismo cuerpo. «Si un miembro sufre, sufren con él todos los miembros» (1 Cor. 12,26). El Papa y los obispos podrían entender la interrupción actual de la Santa Misa pública y la Sagrada Comunión como una reprensión de Dios por los cincuenta años que llevamos de profanaciones y trivializaciones de la Eucaristía, y al mismo tiempo como una exhortación misericordiosa a una auténtica conversión eucarística de toda la Iglesia. Ojalá el Espíritu Santo conmueva al Sumo Pontífice y a los prelados y los inspire a decretar normas litúrgicas concretas para que el culto eucarístico de toda la Iglesia se purifique y vuelva a orientarse al Señor.

    Se podría proponer que el Papa realizara en Roma junto los cardenales y los obispos un acto público de reparación por los pecados contra la Sagrada Eucaristía y por los actos de culto de las estatuillas de la Pachamama. En cuanto termine la actual tribulación, el Papa debería decretar unas normas litúrgicas con las que invitara a toda la Iglesia a dirigirse nuevamente al Señor en la manera de celebrar; dicho de otro modo: que el celebrante y los fieles miren en la misma dirección durante la Misa. El Sumo Pontífice debería igualmente prohibir la comunión en la mano, porque la Iglesia no puede seguir tratando impunemente al Santísimo en la Hostia consagrada de una forma tan minimalista y peligrosa.

    La siguiente oración de Azarías en el horno de fuego, que rezan los sacerdotes durante el Ofertorio, podría inspirar al Papa y a los obispos para tomar medidas concretas a fin de hacer reparación y restablecer la gloria del Sacrificio Eucarístico y de Jesús Eucaristía: «Recíbenos Tú, contritos de corazón, y con espíritu humillado. Como el holocausto de los carneros y toros, y los millares de gordos corderos. Así sea hoy nuestro sacrificio delante de Ti, para que te sea acepto; pues jamás quedan confundidos los que en Ti confían. Te seguimos ahora de todo corazón, y te tememos, y buscamos tu rostro. No quieras confundirnos; haz con nosotros según la mansedumbre tuya, y según tu grandísima misericordia. Líbranos con tus prodigios, y glorifica, oh Señor, tu Nombre» (Dan.3, 39-43).





    https://remnantnewspaper.com/web/index.php/articles/item/4826-exclusive-interview-bishop-athanasius-schneider-on-church-s-handling-of-coronavirus

  11. #71
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    Re: Angustia Coronavírica

    Armas invisibles contra un enemigo invisible

    Por
    Roberto de Mattei -

    30/03/2020



    Todos lo repiten: nos enfrentamos a un enemigo invisible, el coronavirus. Y es cierto. Pero, ¿en qué sentido? Invisible no significa inmaterial. El virus -todo virus- es un microorganismo que pertenece al mundo de la materia, no al espiritual. Ahora bien, es invisible porque el ojo humano no lo percibe sino a través del microscopio. Es invisible porque es misterioso. Se desconoce la naturaleza y la forma de propagación: es enigmático e inasible.

    Estas características hacen que resulte difícil combatir elvirus, en Italia y en todo el mundo.
    Pero si es difícil combatir un enemigo invisible con armas visibles, sí es posible hacerlo con armas igualmente invisibles, verdaderamente invisibles, como son las armas espirituales. Creemos firmemente, porque nos lo dicen la fe y la razón, que junto al mundo visible, material, corpóreo, existe un mundo invisible, inmaterial e incorpóreo; en resumen: el mundo espiritual.

    Todo hombre tiene un arma íntimamente ligada a su cuerpo. Esa alma es invisible porque es espiritual. Las facultades primarias de nuestra alma, la inteligencia y la voluntad, son espirituales. Pero existen también criaturas espirituales, espíritus puros: los ángeles. Y también son seres espirituales los demonios, que son ángeles caídos y condenados.

    Dios, ser por esencia, espíritu puro de una grandeza infinita, creó todas las cosas de este mundo para manifestar ad extra sus infinitas perfecciones, y un ángel es, por naturaleza, el espejo más diáfano y resplandeciente que refleja su espiritualidad.

    Disponemos de unas armas invisibles formidables para combatir el coronavirus: las armas espirituales, mucho más fuertes y eficaces que las materiales. La primera de dichas armas es la oración. La oración todo lo puede. Recordemos las palabras de Jesús: «Todo lo que pidiereis orando, creed que lo obtuvisteis ya, y se os dará» (San Marcos 11,24).

    Y también: «Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “Pásate de aquí, allá”, y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible» (San Mateo 17,20).

    Debemos dirigir también nuestras oraciones a los ángeles, que constituyen un ejército invencible de espíritus puros que no sólo podemos lanzar contra el coronavirus, sino contra todos los enemigos de nuestra alma y de la Iglesia, empezando por los demonios. Debamos amar a los ángeles y cultivar la devoción a ellos, porque son las causas segundas, los medios de los que se vale Dios –causa primera de todo lo que existe– para intervenir en la creación y encaminarlo todo a fin último, que es la gloria de Dios. Dios triunfa siempre en la historia, y puede servirse hasta de un diminuto microorganismo para confundir la soberbia de los hombres y triunfar en las almas de quien lo ama y en toda la sociedad cuando se cumplan sus planes.




    https://adelantelafe.com/armas-invis...igo-invisible/





  12. #72
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    Re: Angustia Coronavírica

    Coronavirus: menos estampas y más conversiones

    Por
    Miguel Ángel Yáñez -

    30/03/2020






    Desde que empezó toda esta historia del coronavirus, y conforme empeora, no paro de recibir y de ver, hora sí y hora también, todo tipo de mensajes y cadenas del tipo: “reenvíalo recemos 100.000 ave maría para detener el virus”, “unámonos al papa que va a exponer al Santísimo y su poder detendrá todo”, “a las siete de la tarde recemos a san cucufato, poderoso intercesor en la peste de no se que año”, y así, miles y miles.

    Que nadie se lo tome como una crítica personal, entiendo y salvo por supuesto la buena intención de quien envía estas cosas, pero, sinceramente, no es este el mensaje adecuado a lanzar a un mundo pecador hasta la médula, que pareciera que somos ajenos a la culpa del castigo de lo que pasa; como si la solución fuera tomar a la religión y los sacramentales como una especie de “amuleto” a azuzar en estos momentos.

    Si usted quiere ayudar al mundo, y a la Iglesia, por favor, divulgue el mensaje que DE VERDAD necesitan oír: CONVERTÍOS, hemos pecado, el mundo y los hombres de iglesia se han corrompido, somos merecedores de cualquier castigo divino, detengamos esto, CONVERTID de verdad vuestras almas, volved a la Fe verdadera, arrepentíos, confesaros y cuando la gracia inunde el mundo, todo se detendrá.

    Todo lo demás… puro fetichismo piadoso.




    https://adelantelafe.com/coronavirus...-conversiones/






  13. #73
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    Re: Angustia Coronavírica

    La patulea se pone de uñas

    por Juan Manuel de Prada


    30 marzo 2020



    Siempre me han despertado gran hilaridad (pero mezclada de ternura) esos cretinos que no creen en Dios mientras disfrutan de una vida apacible pero que, cuando se abate sobre ellos la desgracia, blasfeman contra Él y lo acusan de ser su causante. En ese atavismo reactivo que los empuja a execrar y culpar al Dios en el que no creen o del que abominan siempre he pensado que se halla una de las pruebas más evidentes de su existencia; pues a nadie que descree, pongamos por caso, de los marcianos o de Papá Noel se le ocurre andarlos poniendo como chupa de dómine cuando vienen mal dadas.

    Hace unos días, todos los cretinos que pululan por las cochiqueras de tuiter se pusieron de uñas porque a Santiago Abascal se le ocurrió invocar la ayuda de Dios. Fue una invocación que, hace apenas unos años, se habría considerado retórica; pero toda esta jauría se la tomó como una ofensa personal, prueba de que están espolvoreaditos de azufre. Y sospecho que la invocación de Abascal les jodió especialmente porque sospechan que ese Dios en el que afirman no creer (aunque todos ellos «creen y tiemblan», como su dueño y señor) podría ayudar en esta plaga, si se le invocase con algo de fe. En lo que se prueba, una vez más, que el poseso tiene mejor teología que el meapilas, por estar más cerca de las realidades sobrenaturales (aunque sean azufrosas).

    En efecto, las plagas no son sino prefiguraciones de la tribulación final que precederá a la Parusía; y el clima de la época en que tales plagas se desenvuelven anticipa los signos que precederán al final de los tiempos. El clima de nuestra época ya sabemos que consiste, en resumidas cuentas, en convertir los cuatro pecados que claman al cielo en virtudes democráticas legalmente blindadas.



    [Según el
    Catecismo de San Pío X, "los pecados que claman al cielo son cuatro: primero, el homicidio voluntario; segundo, el pecado impuro contra el orden de la naturaleza; tercero, la opresión del pobre; cuarto, la defraudación o retención injusta del jornal del trabajador". El Catecismo de la Iglesia católica mantiene el concepto, aunque difumina la rotundidad de los catecismos clásicos: "La tradición catequética recuerda también que existen 'pecados que claman al cielo'. Claman al cielo: la sangre de Abel (cf Gn 4, 10); el pecado de los sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14-15; Jc 5, 4)".]

    Esta es la «abundancia de la iniquidad» a la que se refiere Jesús (Mt 24, 12) en su sermón escatológico, a la que inevitablemente acompaña un «enfriamiento de la caridad», que en estos días adquiere unos contornos en verdad demoníacos. Así lo demuestra, por ejemplo, esa mortandad incesante y sobrecogedora de pobres viejos hacinados en residencias o morideros donde los metieron sus hijos, que -en la mayoría de los casos- podrían haberse encargado de su cuidado perfectamente. Pues los hijos están obligados (por moral natural y por ley divina) a limpiar el culo de sus padres, como sus padres se lo limpiaron antes a ellos. Que haya tantas residencias de viejos, y tantos viejos hacinados en ellas, es una prueba sobrecogedora del enfriamiento de la caridad al que nos referimos.

    Y todavía hay otra prueba más sobrecogedora, cual es la naturalidad vomitiva (y sacrílega) con que estamos aceptando que los enfermos de coronavirus agonicen aislados y mueran en soledad, apartados de sus familiares, impedidos de recibir consuelo espiritual y sacramentos, para finalmente ser arrojados al fuego como si fuesen muebles viejos. Bastaría con que los familiares de esos moribundos, o los sacerdotes encargados de llevarles consuelo espiritual y los últimos sacramentos, fuesen revestidos con un traje antiséptico para evitar tal impiedad, que agrede las bases constitutivas de la civilización. Pues si hay un hecho medular y constitutivo de cualquier civilización (y no sólo de la cristiana) es la reverencia ante la muerte y el amoroso respeto debido a quienes mueren. Pero estas aberraciones propias de una civilización que ha dejado de serlo, infernada hasta el tuétano, no molestan a los cretinos que se ponen de uñas cuando alguien se atreve a invocar a Dios. Algún día, patulea, lo veréis volver en gloria y majestad desde el chalecito con vistas que vuestro dueño y señor os está construyendo al pie de su lago de fuego y azufre.

    https://www.religionenlibertad.com/o...e-de-unas.html
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  14. #74
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    Re: Angustia Coronavírica

    Y, después del virus…


    Gonzalo García Yangüela






    Y después del parón, de la alarma y del virus, habrá que seguir… ¿o que volver a empezar? Durante la crisis tengo incluso más ganas de las habituales de estrellar el móvil contra la pared, de desinstalar whatsapp, de salirme de redes. Teorías de la conspiración, análisis profundísimos de la secuencia genética del virus elaboradas por cualquiera, planes ocultos de control social, aterradoras noticias confirmadas de buena tinta por un amigo que lo sabe bien… Ni me creo ni descarto nada. ¿Acaso necesitaban un virus para mentir, para tergiversar y para controlarnos? ¿Acaso no sabíamos de la incapacidad de la partitocracia para atender problemas reales? ¿Acaso no sabemos que hace ya bastantes décadas que no hay en España un solo gobernante que piense en el bien común y que no atienda a órdenes lejanas?

    ¿Cuál es el origen del virus? ¿Sabe a sopa de murciélago o a tubo de ensayo? ¿Era necesario este nivel de confinamiento? ¿Es, por el contrario, insuficiente? ¿Pueden compararse las cifras con las de una gripe? ¿Acaso alguien ha visto necesidad de levantar hospitales de campaña con las gripes estacionales de los últimos años? O la misma pero al contrario, ¿cuántos hospitales de campaña necesitaríamos para convencernos de que no vale la comparación con la gripe estacional? Son preguntas que podemos hacernos, y que habrá que analizar despacio. Pero no son las más importantes, aunque sólo sea porque se refieren a lo que ya poco remedio tiene.
    Hay otras. Como por ejemplo ¿qué conclusión sacamos de no tener capacidad de fabricar casi nada y sólo depender de que otros nos vendan lo suyo? ¿Quién se beneficia de aquel rediseño total de nuestra economía realizado por los padres de la «transición», desmontando cuidadosamente todo el sector primario y secundario y fiándolo todo al terciario, que siempre va a depender de que otros tengan dinero de sobra para gastarse en nuestros servicios? ¿Podemos seguir confiando en el modelo liberal de crecimiento continuo y eterno como condición sine qua non para mantener empleos cada vez más precarios? ¿Puede ponerse precio en vidas, como se ha hecho en varios países, al sistema económico establecido? ¿Entramos en el juego de las estadísticas, convirtiendo las cifras de muertos en eso, una estadística, una clasificación, ocultando así las miles de historias personales, las miles de familias golpeadas, las miles de agonías y muertes en soledad, sin el amparo de la mano del hijo y sin el consuelo y preparación de los sacramentos? ¿Nos tranquilizaba, al principio, pensar que esto era «cosa de viejos», consolándonos con que los niños que se sobrepusieron a la guerra y a la posguerra, que trabajaron duro y unidos para levantar el país sin preocuparse de las estupideces caprichosas de nuestra generación, sino de tirar p’alante, serían los que sufrirían las consecuencias y, total, ya estaban «amortizados»?




    Y me preocupan mucho las preguntas que nos podamos –que nos debemos- hacer sobre el futuro, sobre el que sí tenemos algo –mucho, muchísimo- que decir. Un futuro que deberíamos empezar a preparar.

    Porque el día en que salgamos de casa debemos tener claro que no va a ser para volver a nuestra rutina anterior. A estas alturas confío en que todos lo entiendan, y se vayan haciendo la composición de lugar de lo que nos encontraremos ahí fuera, más allá del balcón y del supermercado que es el horizonte que nos imponen como necesario. ¿Necesario para frenar la expansión o para dejarles que surja efecto su plan? ¿O para las dos cosas?

    Encontraremos un tejido humano dañado, muy dañado. Por los difuntos podremos rezar, llorarles, celebrar los funerales que hoy no nos dejan… Por supuesto eso es lo más importante, aunque la lógica calvinista propia de liberales y revolucionarios, de holandeses, homodemocráticus y podemitas por igual, celebre la «limpia de viejos» que se haya producido. Mientras los malnacidos evaluarán costes y ahorros en pensiones suprimidas, la gente de bien llorará y rezará por los que no lo hayan superado.



    Pero también encontraremos un tejido social devastado. Una legión de autónomos y pequeñas empresas que habrán perdido no sólo lo que tenían, sino la capacidad de reinicio. Muchas familias llamarán a sus trabajos para pedir instrucciones para la reincorporación y nadie les cogerá el teléfono. Quedará entonces tirar de las latas de fabada, los rollos de papel higiénico acumulados durante el encierro y los pocos ahorros que hayan resistido al mismo. Y esta otra «limpia», me temo, sí que será profundamente celebrada –seguramente con disimulo, pero celebrada- por los que usted –si es un poco perspicaz- y yo sabemos.

    Ante esa devastación se nos ofrecerán dos opciones principales. Aparentemente opuestas, pero en la práctica –como suele ocurrir con las dos patas, izquierda y derecha, de la revolución- convergentes. Por un lado tendremos a los buitres del gran capital, los mismos que celebraron el batacazo bursátil del principio de la alarma para rapiñar a precio de saldo y hacerse –aún más- con el control de muchas empresas que seguimos llamando españolas. Los que capean cualquier crisis deshaciéndose del peso muerto de los trabajadores no imprescindibles en determinados momentos a cambio de aprovechar el miedo de los que mantienen haciéndoles aceptar condiciones cada vez más míseras. Ellos se presentarán ante una gran masa de arruinados, se volverán a vestir de salvadores y nos ofrecerán ¡oh, generosidad y filantropía! hacernos un hueco en sus filas, imponiéndonos el sacrificio necesario –como siempre, por nuestro bien y sin más remedio- para salir de esta cobrando sueldos aún menores y encadenándonos, aún más, a la deuda que les alimenta.

    Surgirán también otros elementos, igualmente disfrazados de salvadores aunque con tonalidades algo distintas en sus máscaras. Y denunciarán –con parte de razón- la miseria moral de los primeros. Pero lo harán sólo para poder vendernos su mercancía, también presentada como salvación, también averiada. Nos ofrecerán un sustento mísero, pero menos es nada. Nos ofrecerán cuidar de nosotros para siempre, a cambio de que abandonemos cualquier iniciativa propia. Y ¿cómo podrán darnos ese sustento y ese cuidado? Mediante la exacción absoluta de cualquier medio que haya sobrevivido a la crisis y que podría servir para esa vuelta a empezar.

    El escenario final de ambos casos será el mismo. El vencedor de ambos casos es el mismo. El gran capital siempre gana. Sea convirtiéndonos en esclavos que comen de su mano, sea manejando la inmensa y ficticia deuda que convierte en esclavos a los estados en otro tiempo soberanos.
    Si queremos evitar la esclavitud, a manos de uno u otro tirano, todo pasa por pararse y recapacitar. Y sacar conclusiones de lo vivido. Que nada vuelva a ser igual será duro, pero no necesariamente malo. No habrá recetas fáciles, ojo. Y la tentación de aceptar la esclavitud revestida de compasión será grande. Pero de todos depende levantar algo mejor de lo que teníamos, o contentarnos con poder elegir el color del banco y el remo al que nos aten.

    Para ello habrá que ser radical. Todo lo bueno necesita radicalidad. Lo contrario de radicalidad no es mesura sino superficialidad. Eso pasa por nuestra actitud ante el futuro, por nuestra actuación personal, pero también por vigilar y defendernos de quien venga a imponernos su tiranía. En este sentido, deberemos prestar atención a los discursos buenistas. Los del globalismo y los del estatismo. Mantener la guardia alta y la defensa rápida y contundente. Y en nuestro hacer individual, recuperar las viejas recetas, aquellas que siempre funcionaron, que permitieron la vida apacible de nuestros mayores hasta que fue siendo progresivamente arrinconada por los vendedores de crecepelo del crecimiento continuo, de las bondades de la deuda y de la necesidad de transformar la economía real en redes de terracitas y hoteles con todo incluido. De aquellos que vendieron como emancipación y liberación la desaparición de la familia y la desaparición de los horizontes humanos y espirituales, sustituidos por los materiales y profesionales.

    Esto nos obligará fundamentalmente en dos aspectos de nuestra vida. Como trabajadores/productores, para orientarnos en levantar una economía real, destinada a procurarnos de bienes y abastecimiento, sustentada en lo tangible y no en deudas y especulaciones. Evidentemente esto es difícil, porque no basta con querer dedicarse a algo sino que hay que poder hacerlo, tener los medios. Pero quien tenga la capacidad debería pensar en aceptar los desafíos y riesgos de esa aventura. Será difícil, porque ya se encargaron de aniquilar las iniciativas de inversión y préstamo justo y productivo sustituyéndolas por entidades usureras. El otro aspecto en el que nos obliga es en el de vecino/consumidor. Muy probablemente el común de nosotros no podrá elegir a qué dedicarse, pero sí podrá –y deberá, que aquí está la cuestión- volcarse con el que sí pueda y lo haga. DecíaJohn Senior en sus instrucciones para la restauración de la cultura cristianaque es hipócrita anhelar un modo de vida más pausado, con pequeñas tiendas y profesionales articulando la economía de nuestros pueblos y llenando de vida nuestras calles si eso lo concebimos como un escenario pero a la hora de la compra cogemos el coche y nos vamos al centro comercial. Pues eso. Habrá quien pueda intentar empezar de nuevo a pequeña escala. Si no le apoyamos, estaremos colaborando con su ruina. Y eso pasa por abandonar totalmente toda nuestra rutina anterior. Esa que nos vendía como normal encadenarnos a una deuda perpetua a cambio de que desde veinteañeros estuviésemos acostumbrado a pasar fines de semana en los confines del continente. Que era no ya normal sino conveniente acaparar bienes inútiles por modas. Que nos llevaba a aceptar que los bienes duran poco tiempo y cuando no funcione o no nos guste algo, se tira y se compra otro, más al día. O que lo importante de la vida es que las palabras no acaben en o sino en @ o x. Que nuestras apetencias son derechos y que nada hay inmutable. Que la única verdad es el progreso infinito, que -parafraseando a Chesterton– el jueves siempre será mejor que el miércoles, simplemente porque va después.

    Hasta ahora, la economía liberal os ha acostumbrado a vivir no ya al día, sino por adelantado. Nos hemos acostumbrado a consumir productos absolutamente accesorios y superfluos que nos han vendido como «nuevas necesidades» metiéndonos para ello en una espiral de deuda y de economía ficción sin respaldo alguno de riqueza real. Y es precisamente por eso por lo que nos vamos a ver con la capacidad de reacción absolutamente bajo mínimos. Porque no vamos a tener un respaldo de economía real. La economía moderna son celdas de una hoja de cálculo. Y si alguien corta el número de esa celda para trasladarlo a otro lado o simplemente borrarlo, no tenemos de dónde arrancar.

    Rompamos ese modelo. De manera radical. Muchos hemos soñado alguna vez con cambiar de vida, salirnos del carril. Tantas veces no nos hemos atrevido a romper con el modelo, acomodados en lo que teníamos… Ahora, me temo, será poco lo que tengamos que perder. Apretemos puños y aceptemos el envite. Volvamos la mirada a las cosas de verdad. Volvamos a trabajar con las manos, y no sólo con la punta de los dedos. Recuperemos los oficios, y usemos tanto título inútil para lo único que pueden valer, que es envolver el bocadillo. Volvamos a convivir con nuestros vecinos. Volvamos a comprar lo que se produce cerca y de forma natural. Valoremos lo que tenemos y aprendamos a cuidarlo. hagamos nuestras las inquietudes de nuestro prójimo para así buscar juntos el bien común, fin principalísimo de toda estructura social natural y justa, que la lógica liberal de raíz protestante ha sustituido por eso que llaman interés general. Convirtamos nuestra familia en un castillo que defender a toda costa. Volvamos, en suma, a la vida que nos construyó como civilización. A la ECONOMÍA real, que según el diccionario significa «administración eficaz y razonable de los bienes», no especulación, ni acaparación, ni financiación de caprichos absurdos. La economía orientada a su fin natural y moral, que no es otro que la satisfacción de las necesidades y los bienes de las personas, y no la acumulación de riqueza por unos pocas manos -sean manos privadas o estatales- ni saldar cuadros macroeconómicos de los que presumir entre oligarcas mientras las familias están privadas de su sustento y el acceso a la propiedad. El fin de la riqueza no es crecer, sino repartirse bien.

    No proponemos nada nuevo. Sólo la doctrina social que la Tradición y la Santa Madre Iglesia propone. Ni más, ni menos. La propuesta económica tradicionalista, que Vázquez de Mella enunciaba así: «La riqueza es un medio, no un fin. No importa producir mucho sino distribuir bien lo producido. Por eso la producción fue el asunto preferente de las cavilaciones de los economistas liberales, que desdeñaron como accidental y secundaria precisamente la cuestión más grave y trascendental: La distribución de la riqueza» o también «La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin». Nadie va a darnos clases de justicia social a los tradicionalistas.

    Ojo, será fuerte el empuje del enemigo, que no se dejará arrebatar esta ocasión soñada de terminar de imponer su régimen. Pero no perdamos de vista la alternativa. Unos la llamarán ajustes del mercado. Otros la llamarán inserción básica. Yo la llamo esclavitud. Para nosotros y para nuestros hijos. Ese ha sido el plan desde hace décadas y eso es lo que quieren aprovechar para imponer.

    Las armas del enemigo son potentes. Sus batallones mediáticos que nos machaquen sobre cómo debemos vivir, ni sus canales de apaciguamiento que provean el soma –en forma de porno, de series, de cutrevisión- que mantenga dormida a la masa. Sus propuestas mundialistas revestidas de filantropía multicultural. Sus estructuras estatales y supraestatales, las más totalitarias que jamás existieron. Las usarán todas. Y a cada ataque deberemos responder. Sin asustarnos de su potencia.



    Nuestras armas, en cambio, son la familia, la vecindad, el contacto humano, la capacidad de entrega y sacrificio, la austeridad… y por supuesto la oración y la confianza ciega en la Divina Providencia. Tenemos algo que el enemigo no sólo no tiene sino que sabe que nunca tendrá: Sabemos que la victoria final, la que de verdad importa, es nuestra. Entonces ¿qué hemos de temer?




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    Re: Angustia Coronavírica

    Monseñor Viganò habla para THE REMNANT del Covid-19 y la mano de Dios

    Por
    Michael Matt -

    31/03/2020





    I
    ntroducción del director de The REMNANT: Durante estos tiempos de cariz apocalíptico debemos tener presente que a pesar de la profunda apostasía que se ha ido extendiendo por el mundo en las últimas décadas, Dios no nos ha abandonado.

    Buenos sacerdotes de todo el mundo están respondiendo a la llamada de los despojados fieles para mantener la lumen Christi en medio de las tinieblas que actualmente envuelven el mundo entero. En estos momentos de desolación, muchos de ellos empiezan a entender los entresijos de la revolución modernista que ha diezmado la Iglesia Católica, ha acabado prácticamente con el venerable Rito Romano y ha terminado por dejarnos abandonados cerrándonos la puerta de los templos.

    En vista de este castigo, cuando tantos obispos han huido llevándose con ellos los Sacramentos que nos deben dar, nos alegramos de que haya al menos unos pocos buenos pastores que hayan roto las cadenas de la colegialidad para traernos el consuelo de la verdad de Cristo y llamar a las ovejas dispersas de vuelta a la protección del redil.

    Está claro que no estamos solos. Dios está volviendo a suscitar profetas.

    Millones de católicos se las ven y se las desean para comprender lo que ha pasado en las últimas semanas. En este Domingo de Pasión, el arzobispo Viganò nos ha hecho el honor de concedernos una entrevista en la que nos brinda una orientación franca y cristocéntrica.

    Nos recuerda en primer lugar que «la enfermedad -y por lo tanto las epidemias, los sufrimientos y la pérdida de seres queridos- es algo que debemos aceptar con actitud de fe y humildad, e incluso como expiación por nuestros pecados personales». Debemos permitir que este azote nos ablande el corazón y nos conduzca al arrepentimiento y a volver a Dios.

    A continuación, exhorta a todos los católicos bautizados a tener presente que la desesperación es impensable y que debemos «soportar estas pruebas en expiación por los pecados ajenos, por la conversión de los que no creen, y para abreviar el tiempo que deben pasar en el Purgatorio las ánimas benditas».

    «Si algo tan terrible como el Covid-19 puede resultar una oportunidad de progresar en la Fe y en la Caridad activa», también puede brindar a nuestros pastores la oportunidad de resolver ablandar su corazón y comprender que no deben seguir «ofendiendo la majestad de Dios» y desobedeciendo a su Madre: «Nuestra Señora de Fátima pidió al Papa y a los obispos que consagraran Rusia a su inmaculado corazón -recuerda monseñor Viganò-, y anunció que mientras eso no se hiciera habría guerras y catástrofes. No han hecho caso de sus exhortaciones. ¡La Jerarquía tiene que enmendarse y hacerle caso a la Madre de Dios!»

    ¿Cómo debe responder, entonces, la Iglesia a la actual crisis?

    Advierte Su Excelencia que «es imprescindible e impostergable una auténtica conversión del Papa, los obispos y todo el clero, así como de los religiosos». Los obispos en particular «deben volver a tomar conciencia de su autoridad apostólica», porque ya basta de «caminos sinodales», «del hipócrita diálogo en lugar de anunciar intrépidamente el Evangelio». Por eso los obispos deben dejar de «enseñar falsas doctrinas», de tener miedo de «predicar la pureza y la santidad», con «silencios cobardes ante la arrogancia del mal».

    Las ovejas los seguirán, pero los pastores tienen que aprender a apartarnos del mundo y llevarnos de vuelta a Cristo.

    Dios bendiga y guarde al arzobispo Viganò. Es una voz que clama en el desierto, y ruego a nuestros lectores que recen por él y le pidan a Dios que le conceda la gracia y el valor para seguir haciendo sonar la voz de alarma antes de que sea tarde. Tanto las naciones como los hombres tienen que regresar al Dios Todopoderoso para que recuperemos la paz y la tranquilidad.

    Michael J. Matt
    Entrevista al arzobispo Carlo Maria Viganò
    Michael J. Matt: ¿Cómo le parece que deben evaluar los católicos la epidemia de Covid-19?

    + Carlo Maria Viganò: La epidemia de este coronarvirus, como todas las enfermedades y como la muerte misma, son consecuencia del pecado original. El pecado de Adán, nuestro primer padre, lo privó y nos privó no sólo de la gracia divina, sino de todos los elementos buenos con que Dios había dotado la creación. La enfermedad y la muerte entraron en el mundo como castigo por desobedecer a Dios. La Redención, que se nos prometió en el Protoevangelio (Génesis 3), se profetizó en el Antiguo Testamento y se completó con la Encarnación, Pasión, muerte y Resurrección de Nuestro Señor, libró a Adán y a sus descendientes de la condenación eterna; pero quedaron consecuencias como señal de la Caída que no serán corregidas hasta la resurrección de la carne, como anunciamos en el Credo, la cual tendrá lugar antes del Día del Juicio. Esto hay que tenerlo presente, sobre todo en un momento en que se desconocen o niegan las enseñanzas fundamentales del Catecismo.

    Los católicos sabemos que la enfermedad -y por lo tanto las epidemias, los sufrimientos y la pérdida de seres queridos- es algo que debemos aceptar con actitud de fe y humildad, e incluso como expiación por nuestros pecados personales. Gracias a la Comunión de los Santos, que permite que los méritos de todos los bautizados se transmitan al resto de la Iglesia, podemos soportar también estas pruebas en expiación por los pecados ajenos, por la conversión de los que no creen, y para abreviar el tiempo que deben pasar en el Purgatorio las ánimas benditas. Algo tan terrible como el Covid-19 puede resultar una oportunidad de progresar en la Fe y en la Caridad activa.

    Como hemos visto, si sólo tenemos en cuenta el aspecto clínico de la enfermedad -la cual, lógicamente, debemos combatir por todos los medios a nuestro alcance-, se excluye totalmente el lado trascendental de nuestra vida, y perdemos por consiguiente la perspectiva espiritual y terminamos irremediablemente en un egoísmo ciego y desesperado.
    Varios obispos y sacerdotes han afirmado que «Dios no castiga» y que entender el coronavirus como una plaga supone una «mentalidad pagana». ¿Está de acuerdo?

    Como dije, el primer castigo se aplicó a nuestro primer padre. Ahora bien, como leemos en el Exultet que se canta en la Vigilia Pascual, O felix culpa, qui talem ac tantum meruit habere Redemptorem!, feliz culpa que nos hizo acreedores a tan gran Redentor.

    Un padre que no castiga a sus hijos no los quiere; es negligente con ellos. El médico que se queda cruzado de brazos mientras ve cómo su paciente empeora y termina siendo víctima de la gangrena, no quiere que se recupere. Dios es un Padre que nos ama, porque nos enseña lo que debemos hacer para merecer la felicidad eterna en el Paraíso. Cuando desobedecemos sus mandamientos pecando, no nos deja morir sino que sale a nuestro encuentro y nos manda muchos avisos, que son con frecuencia severos. Entonces nos enmendamos, nos arrepentimos, hacemos penitencia y nos reconciliamos con Él. «Sois mis amigos si hacéis lo que Yo os digo.» A mí me parece que las palabras de Nuestro Señor no dejan lugar a dudas.

    Me gustaría añadir que la verdad sobre un Dios justo que premia a los buenos y castiga a los malos es parte del legado común de la ley natural que hemos recibido del Señor a lo largo de la historia. Una vocación irresistible a nuestro paraíso terrenal que demuestra a los mismos paganos que la Fe católica es el necesario cumplimiento de lo que le indica todo corazón sincero y bien dispuesto. Me sorprende que hoy en día, en vez de recalcar esta verdad grabada a fuego en el corazón de todo hombre, los que simpatizan hondamente con los paganos no acepten lo que la Iglesia siempre consideró la mejor manera de conquistarlos.
    ¿Cree Vuestra Excelencia que hay pecados que acarrean más que otros la ira de Dios?

    Cada delito que nos mancha a los ojos de Dios es otro martillazo sobre los clavos que traspasaron las sagradas y venerables manos de Nuestro Señor, otro latigazo que desgarra su sagrado Cuerpo, otro esputo en su adorable rostro. Si nos diéramos cuenta de ello, nunca volveríamos a pecar. Los pecadores llorarían transidos de dolor por el resto de su vida. Y sin embargo, ésta es la realidad: durante su Pasión, nuestro Divino Salvador cargó no sólo con nuestro pecado original, sino con todo pecado que han cometido y cometerán los hombres. Lo más grandioso es que Nuestro Señor llegó a morir en la Cruz cuando una sola gota de su preciosísima Sangre habría bastado para redimirnos a todos. Cujus una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere, como nos enseña Santo Tomás.

    Además de los pecados individuales, están los pecados cometidos por las sociedades, por las naciones. El aborto, que sigue asesinando niños inocentes durante la pandemia; el divorcio, la eutanasia, la abominación de los supuestos matrimonios entre personas de un mismo sexo, la celebración de la sodomía y otras terribles perversiones como la pornografía, la corrupción de menores, las especulaciones de las élites financieras, la profanación del domingo y un largo etcétera.
    ¿Le importaría aclarar por qué distingue entre pecados individuales y pecados nacionales?

    Santo Tomás de Aquino enseña que toda persona tiene el deber de reconocer, adorar y obedecer al único Dios verdadero. Del mismo modo, las sociedades, que se componen de muchos individuos, no pueden dejar de reconocer a Dios y ocuparse de que sus leyes permitan a los miembros de la sociedad llegar a la meta espiritual a la que están destinados. Hay naciones que no sólo hacen caso omiso de Dios, sino que lo niegan abiertamente. Las hay que exigen a sus ciudadanos que acepten leyes que contravienen la moral natural y la doctrina católica, como las que reconocen el derecho al aborto, la eutanasia y la sodomía. Otros corrompen a los niños y vulneran su inocencia. Quienes consienten que se blasfeme la divina majestad de Dios no pueden quedar impunes ante Él. Los pecados públicos exigen confesión y expiación públicas para que Dios los perdone. No olvidemos que la Iglesia, que también es una sociedad, no está exenta de los castigos divinos cuando sus dirigentes son culpables de ofensas colectivas.
    ¿Afirma Vuestra Excelencia que la Iglesia puede tener culpa?

    La Iglesia siempre ha sido impecablemente santa, porque es el Cuerpo Místico de Nuestro Señor y Salvador. No sólo sería temerario, sino incluso blasfemo el menor atisbo de considerar que esta divina institución, que la Providencia instaló en el mundo para proporcionarlos la Gracia a todos como única Arca de Salvación, pueda ser mínimamente imperfecta. Las alabanzas que cantamos a la Madre de Dios –a la que llamamos precisamente Mater Eclessiae–, se pueden cantar también de la Iglesia, mediadora de todas las gracias a través de los sacramentos; Madre de Nuestro Señor, cuyos miembros genera. La Iglesia es al Arca de la Alianza que custodia el Santísimo Sacramento y los Mandamientos. La Iglesia es Refugio de los Pecadores, a los que otorga el perdón tras una buena confesión. Es Salud de los Enfermos, a los que siempre ha prodigado cuidados. Reina de la Paz, que promueve la armonía con la predicación del Evangelio. Pero también es terrible como un ejército en orden de batalla, porque Nuestro Señor ha concedido a sus sagrados ministros potestad para aplastar demonios y la autoridad de las Llaves del Cielo. No olvidemos que la Iglesia, además de ser Iglesia Militante en este mundo, es Iglesia Triunfante e Iglesia Purgante, los miembros de las cuales son todos santos.

    Pero hay que decir igualmente que aunque la Iglesia sea santa, algunos de sus integrantes y de los miembros de la jerarquía en la Tierra pueden ser pecadores. En los tormentosos tiempos que vivimos, hay muchos sacerdotes indignos de ser llamados tales, como se ha visto en los escándalos y abusos protagonizados por algunos de ellos, desgraciadamente hasta por obispos y cardenales. La infidelidad de los pastores sagrados es un escándalo para sus hermanos en el sacerdocio y para muchos fieles, no sólo en lo relativo a la lujuria o a la ambición de poder, sino también -y yo diría que sobre todo- en lo referente a la integridad de la Fe, la pureza de la doctrina de la Iglesia y la santidad moral. Han llegado a cometer acciones de una gravedad inusitada, como pudimos observar en la adoración del ídolo de la Pachamama en el propio Vaticano. La verdad es que me parece que el Señor está justamente indignado con la muchedumbre de escándalos cometidos por quienes por ser pastores deberían dar ejemplo a la grey que se les ha confiado.

    No olvidemos que el mal ejemplo de muchos miembros de la jerarquía es algo más que un escándalo para los católicos: es un escándalo para los que no pertenecen a la Iglesia y tienen a ésta como un faro y un punto de referencia. Y eso no es todo; el azote que estamos padeciendo no puede dispensar a la jerarquía eclesiástica de hacer el debido examen de conciencia por haberse dejado subyugar por el espíritu del mundo. No puede eludir su deber de condenar enérgicamente todos los errores a los que ha dado cabida desde el Concilio, y que le han acarreado todos estos justos castigos. Tenemos que enmendarnos y volver a Dios.

    Me duele tener que decir que aun después de ver cómo se derrama sobre el mundo la cólera divina seguimos ofendiendo a la majestad de Dios al decir que la Madre Tierra exige respeto, como dijo hace unos días el Papa en su enésima entrevista. Lo que debemos hacer es pedir perdón por el sacrilegio cometido en la Basílica de San Pedro, y volver a consagrarla antes de que se puede decir allí nuevamente el Santo Sacrificio de la Misa. Hay que convocar también una procesión pública en señal de penitencia, aunque sólo participen prelados dirigidos por el Sumo Pontífice. Tienen que implorar la misericordia de Dios para ellos y para su pueblo. Sería la verdadera manifestación de humildad que todos esperamos para reparar las ofensas cometidas.

    No podemos ocultar nuestro estupor al oír palabras como las pronunciadas en la casa de Santa Marta el pasado día 26. El Papa dijo: «Que el Señor no nos encuentre, al final de nuestras vidas, y diga de cada uno de nosotros: “Te has pervertido. Te has desviado del camino que te había indicado. Te has postrado ante un ídolo”». Son palabras que causan gran desconcierto, sobre todo teniendo en cuenta que él mismo cometió un terrible sacrilegio a la vista y al oído del mundo entero, ante el mismo Altar de la Confesión en San Pedro; una auténtica profanación, un acto de apostasía, con esas asquerosas y satánicas imágenes de la Pachamama.
    El día de la Anunciación de Nuestra Señora, los obispos de Portugal y de España consagraron sus respectivas naciones al Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Otro tanto hicieron los prelados de Irlanda, Inglaterra y Gales. En muchas diócesis y localidades, los obispos y las autoridades municipales han puesto a su ciudad bajo la protección de María Santísima. ¿Qué piensa Vuestra Excelencia de dichos actos?

    Son actos que me llenan de esperanza. Aunque no son suficientes para expiar nuestras culpas, las máximas autoridades de la Iglesia no se han dado por enteradas, aunque los creyentes de a pie llevaban mucho tiempo clamando por que sus pastores realizasen esos actos solemnes. Nuestra Señora de Fátima pidió al Papa y a los obispos que consagraran Rusia a su inmaculado corazón, y anunció que mientras eso no se hiciera habría guerras y catástrofes. No han hecho caso de sus exhortaciones. ¡La Jerarquía tiene que enmendarse y hacerle caso a la Madre de Dios! ¡Es una vergüenza y un escándalo que ningún obispo de Italia se haya adherido a tan importante iniciativa!
    ¿Cómo evalúa la suspensión de sacramentos que observamos en casi todo el mundo?

    Es un padecimiento terrible para los fieles, posiblemente el peor que han conocido hasta la fecha. Parece mentira que se les pueda negar a los moribundos.

    En la actual situación, parece que, con escasas excepciones, la Jerarquía no ha tenido escrúpulos para cerrar las iglesias y evitar que participen los fieles del Santo Sacrificio de la Misa. Se han comportado como fríos burócratas que cumplen las órdenes del sátrapa, y la mayoría de los fieles lo han visto como una demostración de falta de fe. Y no me extraña nada.

    Me pregunto -y da miedo pensarlo- si el cierre de los templos y la suspensión de todo acto de culto no será otro castigo de Dios, además de la pandemia. «A fin de que conociesen cómo por aquellas cosas en que uno peca, por esas mismas es atormentado » (Sab. 11,17). Con lo ofendido que está el Señor por la negligencia y las faltas de respeto de sus sacerdotes; con lo indignado que está por las profanaciones del Santísimo Sacramento que tiene lugar cada día cuando se da de comulgar en la mano; con lo harto que está de cancioncillas estúpidas y de homilías heréticas, todavía se contenta desde el silencio del Sagrario con la alabanza austera y formal de muchos sacerdotes que todavía dicen la Misa de siempre. La Misa que se remonta al tiempo de los Apóstoles. La que siempre ha sido el corazón cuyos latidos han movido a la Iglesia a lo largo de los siglos. Tengamos presentes esta sobria advertencia: Dios no se deja burlar.

    Entiendo perfectamente y comparto la preocupación esencial y las medidas de protección impuestas por las autoridades para salvaguardar la salud pública. Pero del mismo modo que tienen derecho a aprobar leyes relativas a los que afecta a nuestro cuerpo, las autoridades eclesiásticas tienen el derecho y el deber de velar por la salud de las almas. No pueden negar a los fieles el alimento espiritual que obtienen de la Eucaristía, por no hablar del Sacramento de la Confesión, la Misa y el Viático.

    Cuando tantas tiendas y restaurantes estaban todavía abiertos, muchas conferencias episcopales ya habían suspendido todo acto de culto, y eso que ni siquiera se lo habían exigido aún las autoridades civiles. Eso es otra prueba del lamentable estado de la Jerarquía; demuestra que los obispos están gustosamente dispuestos a sacrificar el bien de las almas para contentar a las autoridades establecidas o a la dictadura del pensamiento único.
    A propósito de los restaurantes abierto. ¿Qué opinión le merecen las comidas que se han servido a los pobres en los últimos meses en lugares de culto?

    Para los católicos, ayudar a los necesitados es una obra de caridad. Nos recuerda que Dios es caridad. Debemos amar a Dios sobre todas las cosas con todo nuestro corazón, y al prójimo por amor de Él. Por eso, de acuerdo con las bienaventuranzas, podemos ver al Señor en los pobres, los enfermos, los presos y los huérfanos. Desde el mismo principio, la Iglesia ha dado siempre un ejemplo magnífico en ese sentido. Los mismos paganos nos admiraban por ello. La Historia da cuenta de las numerosas e impresionantes labores de asistencia iniciadas por la generosidad de los fieles, incluso en épocas de gran hostilidad por parte de las autoridades civiles. Muchas veces las autoridades se han adueñado de dichas entidades siguiendo órdenes de la Masonería, que despreciaba las grandes obras de muchos buenos católicos. Ayudar a los pobres y los marginados no es algo que empezara con Bergoglio ni con organizaciones alineadas según una ideología determinada.

    Ahora bien, es significativo que la nueva insistencia en la ayuda a los pobres, además de no hacer la menor referencia a lo sobrenatural se limita a las obras de misericordia corporales, evitando cuidadosamente las espirituales. Y no acaba ahí la cosa; este pontificado ha eliminado toda forma de apostolado, y dice que la Iglesia no debe realizar actividades misioneras, a las que califica de proselitismo. Que sólo podemos proporcionar comida, alojamiento y atención médica, pero nadie está facilitando alimento, hospedaje o atención médica a las almas que los necesitan con tanta urgencia. La Iglesia actual se ha convertido en una ONG filantrópica. Pero la verdadera Caridad no es un derivado de su sucedáneo masónico, por mucho que se procure disimularlo con un vago barniz de espiritualidad; es todo lo contrario, porque la solidaridad que se estila hoy niega que haya una sola Iglesia verdadera cuyo mensaje salvífico deba predicarse a todos los que no forman parte de ella. Y hay más: desde el Concilio la Iglesia ha ido a la deriva y se ha alejado tanto con cuestiones como la libertad de culto y el ecumenismo que muchas entidades benéficas confirman actualmente en el error de su paganismo o su ateísmo a las personas cuyo cuidado se les confía. Hasta les ofrecen locales donde pueden reunirse para rezar. Hemos visto asimismo casos deplorables de misas en las que, a petición expresa del celebrante, en vez del Santo Evangelio se lee el Corán o, como ha sucedido últimamente, se ha practicado la idolatría en templos católicos.

    Yo diría que la idea de transformar las iglesias en refectorios o dormitorios para los necesitados es prueba de esa hipocresía de fondo que, como hemos observado con el ecumenismo, utiliza algo en apariencia loable (por ejemplo, dar de comer al hambriento o acoger a los refugiados) como instrumento para cumplir progresivamente el plan masónico de instaurar una gran religión universal sin dogmas, sin ritos y sin Dios. Utilizar una iglesia como si fuera un albergue, en presencia de prelados de obispos pagados de sí mismos que sirven pizzas y chuletas con un mandil sobre la sotana, equivale a profanarla. Sobre todo cuando esos que se muestran sonrientes ante los fotógrafos se guardan de abrir la puerta de su palacio episcopal a quienes, en el fondo, consideran útiles para sus fines políticos. Volviendo a lo que iba diciendo, me parece que también estos actos sacrílegos son causa subyacente de la pandemia y de la clausura de los templos.

    Por otro lado, yo diría que con demasiada frecuencia se instrumentaliza la pobreza y la necesidad de tantos desventurados para aparecer en primera plana. Lo hemos visto en los desembarcos de inmigrantes transportados por organizaciones constituidas por auténticos negreros, con la sola idea de poner en marcha la industria de la acogida, que no sólo oculta mezquinos intereses económicos, sino una disimulada complicidad con quienes quieren destruir la Europa cristiana comenzando por Italia.
    En otros casos, como en la localidad de Cerveteri aledaña a Roma, las fuerzas del orden interrumpieron la celebración de una Misa. ¿Cómo reaccionaron las autoridades eclesiásticas?

    Lo de Cerveteri puede haber sido un exceso de celo por parte de la policía, sobre todo si los agentes estaban estresados por el clima de alarma que se ha desatado desde el brote de la epidemia. Pero hay que dejar claro que -y más en un país como Italia en el que rige un concordato entre la Iglesia y el Estado-, las autoridades eclesiásticas tienen jurisdicción exclusiva sobre los lugares de culto. La Santa Sede y el ordinario del lugar deberían haber protestado por semejante incumplimiento de los Pactos de Letrán, confirmados en 1984 y que siguen vigentes. Una vez más, la autoridad de los obispos, que les fue conferida directamente por Dios, se deshace como la nieve bajo el sol demostrando una pusilanimidad que puede llevar a cometer abusos peores. Aprovecho la ocasión para pedir una firmísima condena de estas intolerables injerencias de las autoridades civiles en cuestiones que son competencia de las eclesiásticas.
    El pasado día 25 el papa Francisco invitó a rezar el Padrenuestro a todos los cristianos, sean o no católicos, para pedir a Dios que ponga fin a la pandemia, dando a entender que también podían rezar con él los seguidores de otras religiones.

    El relativismo religioso que ha traído el Concilio ha llevado a muchos a creer que la Fe católica no es el único medio de salvación o que la Santísima Trinidad no sea el único Dios verdadero.

    En la Declaración de Abu Dabi, el papa Francisco afirmó que todas las religiones son queridas por Dios. Además de una herejía, es una forma gravísima de apostasía y una blasfemia. Porque afirmar que Dios acepta que lo adoren de forma diferente a la revelada significa que no tienen ningún sentido la Encarnación, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de nuestro Salvador. Equivale a decir que no tiene sentido que la Iglesia exista, que innumerables mártires hayan dado la vida y que existan los Sacramentos, el sacerdocio y el Papado mismo
    Por desgracia, precisamente cuando debería hacerse expiación por esos ultrajes a la Majestad de Dios, alguien nos pide que le recemos junto con quienes se niegan a honrar a su Santísima Madre, y precisamente en el día de su festividad.

    ¿Es esa la manera más apropiada de implorar el fin de la plaga?
    También es cierto que la Penitenciaría Apostólica ha concedido indulgencias especiales para los aquejados de la enfermedad y para quienes les asistan corporal y espiritualmente.

    Ante todo hay que insistir en que las indulgencias jamás pueden sustituir a los sacramentos. Debemos resistir enérgicamente las infames decisiones de algunos pastores que han prohibido a los sacerdotes confesar y administrar el bautismo. Estas disposiciones, junto con la suspensión de las Misas y de la Comunión, vulneran el derecho divino y demuestran que detrás de todo esto anda Satanás. Sólo la Serpiente, enemiga de nuestras almas, puede inspirar disposiciones que provocan la pérdida espiritual de tantas almas. Es como si se ordenase a los médicos que no administrasen tratamientos vitales a pacientes en peligro de muerte.

    El ejemplo del episcopado polaco, que ha ordenado multiplicar las misas para que los fieles puedan asistir sin riesgo de contagio, debería ser imitado por toda la Iglesia, si es que todavía se preocupa la jerarquía por la salvación eterna del pueblo cristiano. Es significativo que en Polonia el impacto de la pandemia haya sido inferior al que ha tenido en otros países.

    La doctrina de las indulgencias no ha sido barrida por los novatores, y eso es bueno. Con todo, si bien el Romano Pontífice tiene potestad para distribuir a manos llenas el tesoro inagotable de la Gracia, no es menos cierto que no se pueden trivializar las indulgencias, ni considerarlas como una especie de rebajas de fin de temporada. Los fieles han tenido la misma impresión que en el último Jubileo de la Misericordia, con motivo del cual se concedió indulgencia plenaria en unas condiciones en que quien se beneficiaba de ella no era consciente de lo que significaba.

    Y por otra parte está el problema de la Confesión y la Comunión sacramentales necesarias para lucrar la indulgencia, y que según las normas dictadas por la Penitenciaría se aplazan sine die con un genérico «apenas les sea posible».

    ¿Considera que la disposición sobre la absolución general en vez de individual es de aplicación en la actual epidemia?

    La inminencia de la muerte legitima la solución a la que siempre ha recurrido generosamente la Iglesia en su celo por salvar a las almas. Por ejemplo, la absolución general que se da a los soldados antes de entrar en batalla, o a quienes se encuentran en un barco en naufragio. Si la situación excepcional de una sala de cuidados intensivos no permite el acceso de un sacerdote salvo en momentos determinados, y en esos momentos no es posible escuchar en confesión a los moribundos, creo que la solución propuesta es legítima.
    Ahora bien, si con esta disposición se pretende crear un peligroso precedente para extenderla más tarde al uso general, será necesario redoblar la vigilancia para que lo que otorga la Iglesia magnánimamente en casos extremos no se convierta en la norma.

    Recuerdo además que las misas transmitidas por internet o por televisión no eximen del precepto. Son un modo loable de santificar el Día del Señor cuando no es posible ir a la iglesia. Pero hay que tener claro que la vida sacramental no debe sustituirse por una virtualización de la misma, como tampoco en el orden natural el cuerpo se nutre contemplando la foto de un alimento.
    ¿Qué le gustaría aconsejar a Vuestra Excelencia a quienes tienen el deber de defender y guiar la grey de Cristo?

    Es indispensable e impostergable una auténtica conversión del Papa, los obispos y todo el clero, así como de los religiosos. Los laicos la reclaman mientras sufren confundidos por la falta de guías fieles y seguros. No podemos permitir que el rebaño que nos confió el Buen Pastor para gobernarlo, defenderlo y conducirlo a la salvación eterna sea dispersado por mercenarios infieles. Tenemos que convertirnos y ponernos otra vez totalmente de parte de Dios sin transigir con el mundo.

    Los obispos deben volver a tomar conciencia de su autoridad apostólica, que es personal y no puede delegarse en cuerpos intermedios como conferencias episcopales o sínodos, que han desnaturalizado el ejercicio del ministerio apostólico y causado con ello graves daños a la divina constitución de la Iglesia tal como Cristo la quiso.

    Basta de caminos sinodales. Basta de colegialidad mal entendida. Basta de ese absurdo complejo de inferioridad y adulación en las relaciones con el mundo. Basta del hipócrita diálogo en lugar de anunciar intrépidamente el Evangelio. Basta de enseñar falsas doctrinas y de que dé miedo a predicar la pureza y la santidad de la vida. Basta de silencios cobardes ante la arrogancia del mal. Basta de disimular terribles escándalos. ¡Basta de mentiras, engaños y venganzas!

    La vida cristiana es una milicia, no un despreocupado paseo hacia el abismo. A cada uno de los que hemos recibido órdenes sagradas nos pedirá por ello Cristo cuentas de las almas que hayamos salvado y de las que se hayan perdido por no haberles advertido y socorrido. Volvamos a la integridad de la Fe, a la santidad de las costumbres, al culto que verdaderamente agrada a Dios.

    Así que, conversión y penitencia, como nos exhorta la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia. Pidámosle a Ella, tabernáculo del Altísimo, que inspire a nuestros pastores una intrepidez heroica para salvar a la Iglesia y para que triunfe su Corazón Inmaculado.


    +Carlo Maria Viganò

    Domingo de Pasión de 2020




    https://adelantelafe.com/monsenor-vi...-mano-de-dios/





  16. #76
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    Re: Angustia Coronavírica

    Y todavía hay otra prueba más sobrecogedora, cual es la naturalidad vomitiva (y sacrílega) con que estamos aceptando que los enfermos de coronavirus agonicen aislados y mueran en soledad, apartados de sus familiares, impedidos de recibir consuelo espiritual y sacramentos, para finalmente ser arrojados al fuego como si fuesen muebles viejos. Bastaría con que los familiares de esos moribundos, o los sacerdotes encargados de llevarles consuelo espiritual y los últimos sacramentos, fuesen revestidos con un traje antiséptico para evitar tal impiedad, que agrede las bases constitutivas de la civilización. Pues si hay un hecho medular y constitutivo de cualquier civilización (y no sólo de la cristiana) es la reverencia ante la muerte y el amoroso respeto debido a quienes mueren. Pero estas aberraciones propias de una civilización que ha dejado de serlo, infernada hasta el tuétano, no molestan a los cretinos que se ponen de uñas cuando alguien se atreve a invocar a Dios. Algún día, patulea, lo veréis volver en gloria y majestad desde el chalecito con vistas que vuestro dueño y señor os está construyendo al pie de su lago de fuego y azufre.
    Celebro mucho que en estos tiempos de tribulación, Juan Manual de Prada vuelva por sus fueros de antaño con un artículo impecable, repleto de verdades; con un tono invectivo que sin duda escocerá a meapilas y pseudoherejes, siempre tan necesario en un infierno de cobardes como en el que nos ocupa. Ha de ser en medio de la catástrofe, donde el intelectual católico debe erigirse con la gallardía de la Fe, por encima de oportunismos y cálculos espurios.

    Esperemos que siga en esta línea, despues de los embelecos en los que se cayó hace tiempo; fruto sin duda de su excesiva afición a algunas sutilezas terminológicas de un lenguaje histórico-político en el que no es un experto, y de la propia naturaleza de los medios de comunicación que frecuenta.

    Justo es reconocer su acierto en esta ocasión.

    https://www.religionenlibertad.com/o...e-de-unas.html
    Última edición por DOBLE AGUILA; 01/04/2020 a las 01:24
    Valmadian y ALACRAN dieron el Víctor.

  17. #77
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    Re: Angustia Coronavírica



    El “aplausómetro” balconero ya cansa y el gobierno nos miente sobre las cifras de muertos y de altas


    JOSÉ MIGUEL PÉREZ- 1 ABRIL 2020

    Nos están tomando el pelo como a imbéciles. Y encima continúan con el “aplausómetro” balconero de cada día. Cómo si no hubiera otra noticia. Cómo si edulcorar la realidad con la sensiblería y el emotivismo informase a ciudadanos libres.

    Nuestros sanitarios deben contar con aplausos y con loas, por supuesto, aunque mejor hubiera sido que contasen con equipos de protección y mascarillas para que no muriesen por el camino.

    No obstante el merecido reconocimiento y admiración que merecen nuestros sanitarios y médicos, el hecho de focalizar, de forma empalagosa, a todas horas y en todos los medios des-informadores, la atención social en las anecdotitas lacrimógenas como la del señor de 87 años que ha salida de la UCI mil veces repetida o la de los enfermeros cantando charleston a un paciente, es ya cansino. Porque siempre son las mismas imágenes. Porque anestesian, en la atonía y en el espíritu acrítico, a la sociedad apartándola de la rebeldía con que deberían proceder contra los responsables de manipular, mentir y hacer morir a miles de españoles: el gobierno social-comunista. No deberíamos sacar palmas a los balcones, deberíamos sacar gritos de cólera contra el gobierno social-comunista.

    ¿A estas alturas de la fiesta puede creerse alguien que la China comunista ha sido veraz en la información sobre este virus letal que ella generó? Los comunistas chinos no han tenido más remedio que alertar sobre el peligro epidémico cuando la muerte de miles de chinos no iba a pasar desapercibida, y cuando se les había ido de las manos.

    Japón ( 66 muertes a día de hoy) o Corea del Sur ( 158 muertes con 51 millones de habitantes; España 8000 muertos con 46 millones de habitantes) no se creyeron las informaciones sesgadas de China y cerraron desde el minuto uno las fronteras con ese país, haciendo acopio masivo de test rápidos, mascarillas y guantes. Singapur (3 muertos) también hizo lo propio. Cerraron fronteras e hicieron test masivos desde enero. Porque no se fían de un comunismo hermético, asesino y mentiroso como el de China que no sólo alberga mercados de animales salvajes y exóticos para uso comestible desde hace siglos y potenciados por el régimen comunista desde los años 70 en que liberalizó la actividad; también porque hay laboratorios biológicos en Wuhan de experimentación molecular gestionados por capitales tan desalmados como George Soros.

    Japón, defendiendo sus fronteras, inadmitió cruceros de pasajeros chinos en enero y febrero, cosa que hizo que los progres españoles se tiraran de los pelos. Corea del Sur o Singapur hicieron también los deberes, declarando la guerra de la desconfianza contra China, y apenas tienen muertos. Al contrario de lo que hizo España. Aquí hubo un solo partido político parlamentario, Vox, que el 29 de enero pidió tomar controles fronterizos, el cierre de fronteras con China e impedir los pasajes provenientes de Italia Norte –principal foco de contagio expansivo en Europa- siendo tildado de racista, y calificado por la izquierda como “más peligroso que el virus”. El PSOE y Podemos, con Echenique como mascarón de proa, efectuaron campaña gubernamental contra Vox alertando sobre el peligro de fomentar el racismo contra los asiáticos, y criticando a países como Corea del Sur o Japón por cerrar sus fronteras. Esa locura izquierdista llevó a España a aceptar vuelos asiáticos e italianos durante febrero y marzo hasta que por fin se produjo el tardío e incompleto cierre de fronteras, que fue decretado el pasado 18 de marzo. Es decir, con más de un mes y medio de retraso respecto a otros países previsores y respecto a las peticiones formuladas hacía semanas por Vox.

    Tamaña irresponsabilidad del gobierno social-podemita nos ha conducido, junto a la celebración de esos “aceleradores epidemiológicos” llamados “marchas feministas del 8 M”, a que seamos la segunda fosa mortal del mundo junto a Italia, y que con un 0,6 por cien de la población mundial tengamos el 20 por cien de todos los muertos del planeta.

    Que nadie se crea que en China hay 3300 muertos. Y quién se lo crea es un cándido insensato. ¿Alguien se puede creer algo de un régimen comunista cuyos expatriados en España cerraban ya sus comercios desde enero al no creerse una sola palabra de su gobierno? ¿Alguien se puede creer que un país con 1500 millones de habitantes dio la voz de alerta sobre el virus–teñida de sesgos y mentiras- si sólo hubieran muerto 3000 personas? Evidentemente, no. Han muerto centenares de miles.

    China nos ha mentido ahora, como mentía Mao Tse Tung cuando su revolución económica del ”Salto Adelante” era vendida como magnífica y excelsa novedad de progreso pero encerraba granjas colectivizadoras de muerte que produjeron 60 millones de finados por esclavización laboral sanguinaria y en campos de exterminio con forma agraria.

    El régimen chino es sanguinario con su pueblo. Con esos antecedentes de país genocida, asesino de su pueblo, y que nos miente sobre su número real de muertos, el gobierno español se apresta a comprarles a ellos el material sanitario, los respiradores y los test. Test, por cierto, que el inútil y negligente gobierno compró a una empresa china sin autorización sanitaria ni siquiera en su propio país. ¡Cómo serán los proveedores asiáticos de material sanitario en los que invierte nuestro dinero el ejecutivo español! Y sobre todo, ¡cómo de irresponsable y matón de su propio pueblo es este gobierno nuestro que no supo de la ineficacia de los test comprados porque les salía a precio barato –según ha declarado la Ministra de Asuntos Exteriores de España-, hasta que sanitarios madrileños se apercibieron de la inutilidad de los mismos!

    Pero de la canalla chino- comunista vamos a la canalla social-podemita española. Ambas practican la mentira como arma “revolucionaria” de sometimiento. Porque el gobierno social-comunista español ha decretado la no realización de autopsias a los muertos por Covid-19.

    La catalogación de los muertos con sintomatología de Covid 19 a los que no se ha hecho la prueba es la de “no confirmados”. ElConsejo General de los Colegios Oficiales de Médicos de Españaha trasladado a los médicos las «directrices del Ministerio de Sanidady delMinisterio de Justicia» sobre la certificación de las muertes por coronavirus. Y lo ha hecho a través de un comunicado fechado el pasado 28 de marzo que deja claro que las instrucciones del Gobierno dePedro Sánchezson registrar como «Covid-19 no confirmado» todos aquellos casos que no cuenten con «confirmación analítica«. Infinidad de fallecidos por coronavirus pueden pasar a la categoría estadística de «no confirmado», algo que adelgazará los datos oficiales que ofrece el Gobierno de Pedro Sánchez como balance de su gestión del coronavirus. Las autopsiasse han eliminadopara estos casos. Comocausa inmediata de muerte se anotará la causa última que se considere correcta, sirva como ejemplos ‘fallo multiorgánico’, ‘distrés respiratorio’ o ‘insuficiencia respiratoria aguda‘. Podrán reflejarse causas intermedias si las hubiera o se conocieran: ‘neumonía’, ‘sepsis’ o ‘coagulopatía'.

    De este modo, sólo en los casos de Covid-19 confirmados mediante test de laboratorio -que se hacen poquísimos, a cuenta gotas y en situación de colapso sanitario- la causa fundamental deberá recogerlo de la siguiente manera: Covid-19 confirmado. Para el resto de la certificación se procederá como anteriormente se ha señalado.

    Así pues, España está jugando a ser Pekin. O dicho de otro modo: el gobierno nos toma el pelo. Nos da cifras de muertes no reales, que son mucho mayores; no se crean lo de las 8000 del día de hoy. Además dan cifras de altas distorsionadas, pues es interminable el catálogo de personas enfermas dadas de alta a las que envían a sus casas y lo testimonian a través de Redes Sociales o alguna intervención televisiva. Las estadísticas trucadas, en definitiva, jueguen a favor del gobierno en esta orgía de mentiras televisadas y que vienen referidas a un “pico” al que nunca llegamos y sucios malabarismos tecno-mágicos sobre la “estabilidad de la curva”.

    La realidad del drama español es espeluznante. Hay familias que lloran porque en Madrid se están incinerando cuatro cadáveres a la vez sin saber cuál es el de su padre o abuelo. No son relatados en los medios los casos de tragedias familiares que son el resultado de la acción negligente del gobierno social-comunista, aunque sí los “aplausos”diarios o los bailes de charleston de algunos enfermeros.

    Las cifras oficiales de muertos están trucadas porque a todos los muertos por Covid-19 no se les hace la prueba y ello es debido a que el gobierno quiere camuflar la situación auténtica de los decesos con certificados de defunción que falsean la realidad. El gobierno social-comunista español está haciendo, en definitiva, la misma práctica sucia que hace el comunista de Pekin para estafar al mundo y encima seguir vendiéndonos su trucado material sanitario.

    ¡Pero adelante, canallas progres y sociedad almibarada en el absurdo del emotivismo sin crítica ni rebeldía! Sigan con el aplausómetro de cada día. Sigan regocijándose en las historietas empalagosas que a cada telediario quieren hacernos ver que esto es poco menos que un “no pasa nada,” como esa gripe a la que se referían hace unas semanas. Adelante. Sigamos en este sueño de los imbéciles buenistas que baten aplausos en la nada mientras el despotismo comunista español aliado del chino nos la clava doblada desde un gobierno facultado con poderes absolutos que ha derivado el “Estado de alarma” en Estado bolivariano.



    https://elcorreodeespana.com/politic...uel-Perez.html








  18. #78
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    Re: Angustia Coronavírica

    SIETE MILLONES DE NIÑOS CASTIGADOS


    Interesantes reflexiones de este padre sobre la situación que están sufriendo millones de niños sólo en España por el arresto domiciliario. Particularmente interesante lo que dice de la «niñofobia» que ha surgido en algunos y sobre lo rápido que los gobernantes pensaron en los perros, antes que en los niños.

    Cabe recordar que miembros del partido gobernante como Javier Lambán se han manifestado también en el sentido de permitir pasear con los niños.







    https://www.ahorainformacion.es/2020...os-castigados/

  19. #79
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    Re: Angustia Coronavírica

    La Policía clausura el último templo abierto al culto en Madrid


    Madrid, 01 abril 2020, Miércoles de Pasión. Ayer martes por la tarde, después de la Misa de siete, la Policía Nacional se presentó en la Capilla Santiago Apóstol, situada en la calle de Catalina Suárez y perteneciente a la Hermandad Sacerdotal de San Pío X. Con corrección, pero de manera terminante, conminaron al sacerdote que se encontraba en ella a cerrarla de inmediato.

    Desde la proclamación del estado de alarma, la Policía había aparecido en otras tres ocasiones. Siempre se habían marchado satisfechos de las medidas de prudencia ante la emergencia sanitaria adoptadas en la capilla.

    Fuentes habitualmente bien informadas, que prefieren permanecer en el anonimato, apuntan a presiones de la Conferencia Episcopal para clausurar el único lugar de culto que permanecía abierto en Madrid. Su actividad, por un lado, ponía en evidencia el abandono de los fieles por parte de las supuestas autoridades eclesiásticas, sin precedentes en dos mil años de historia de la Iglesia; por otro lado, en la Capilla Santiago Apóstol se oficia exclusivamente la liturgia tradicional del rito romano, aborrecida por la mayoría de los vaticanosegundistas.


    Además de las dudas sobre si el estado de alarma permite legalmente llegar tan lejos, el laicismo militante del régimen constitucional, secundado voluntariosamente por la Conferencia Episcopal Española, deja pequeño al laicismo habitual de la Francia republicana, donde se está permitiendo la celebración de Misas con no más de cuatro asistentes. Precisamente mañana jueves S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón presidirá en París la celebración de un funeral por su hermana María Teresa, fallecida a consecuencia del coronavirus COVID-19 el pasado 26 de marzo. La emergencia sanitaria exige medidas de precaución; pero no justifica la suspensión del culto público --que no dejó de celebrarse ni durante las peores epidemias de la historia-- ni la privación de sacramentos a los católicos.


    Agencia FARO



  20. #80
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    Re: Angustia Coronavírica

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Petición de un sacerdote católico a los gobernantes de España ante la situación de emergencia por el Coronavirus




    Es el P. Santiago Arellano, sacerdote de profunda espiritualidad y afán apostólico, lo conocí cuando era aún un niño, luego como seminarista y, a pesar de la distancia, voy sabiendo de él. Su padre, un gran navarro de esos que representan la fidelidad y la Tradición, lo puedo considerar un maestro en lides políticas e intelectuales y como amigo de esos de los de verdad. El P. Arellano ha dicho lo que tiene que decir un sacerdote católico. Le guste a quien le guste, pero esta es la doctrina de la Iglesia y lo que debe decirse en tiempos de pruebas colectivas.







    https://barraycoa.com/2020/04/02/pet...l-coronavirus/

    Valmadian dio el Víctor.

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