La patulea que "okupa" las instituciones españolas pretende que se convierta en delito hablar bien de Franco. Bueno, pues que no se le mencione para nada, vale, entonces hablaremos mal, pero rematadamente mal, de estos que persiguen su memoria. Y es que atacar la memoria de una persona no es sino la más imbécil de las actividades ya que se está persiguiendo un fantasma. La memoria vive en las personas, en el recuerdo, y por más que hagan jamás lograrán su objetivo. Perseguirán que se hable públicamente, ¿y en privado? No hay estatuas, calles o plazas con el nombre de Franco, ¿y en muchas casas no habrá, seguramente sí, libros, fotos y recuerdos de él? Y puesto que nada es para siempre, que todo lo que sube, baja, que todo lo que tiene un comienzo, tiene necesariamente un final, y que para cada acción hay una reacción opuesta y equivalente, ¿cuánto cree esta chusma que van a durar sus arbitrariedades?

Hablemos mal de todos ellos, rematadamente mal, porque ellos ya se están encargando de convertir a Franco en una especie de mártir post-mortem.