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Tema: Mexico no es bicentenario

  1. #201
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Video no apto para chairos.




    ¿Cuál es el origen de la visión negativa de la conquista y de la época virreinal en México?

    Conferencia del historiador mexicano Martín Ríos Saloma.

    ¿Por qué los mexicanos tienen una visión negativa de la conquista y de la época virreinal?





    https://www.youtube.com/watch?v=bJ87EWiDQJw

  2. #202
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Enrique Krauze y Tomás Pérez Vejo coincidieron que el descontento de México es su pasado

    Desde que México dejó de ser parte del reinado de España, en el siglo XIX, la relación entre ambos países fue de conflicto y tensión. Sin embargo, los historiadores Enrique Krauze y Tomás Pérez Vejo coincidieron en que el verdadero motivo del descontento es el que tiene México con su pasado.





    https://www.youtube.com/watch?v=9u6IOq_iD9Y

  3. #203
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Curioso.



    Cuando Estados Unidos y México tuvieron un solo Emperador.

    Joshua Abraham Norton (alrededor de 1815 - 8 de enero de 1880), también conocido como Su Majestad el Emperador Norton I, era un ciudadano célebre de San Francisco que se declaró "Emperador de estos Estados Unidos y protector de México" en 1859.

    El emperador Norton tenía su corte en un edificio gris de habitaciones de alquiler, con retratos de Napoleón y la Reina Victoria (con quien se dice mantuvo correspondencia) colgados de la pared. Por las tardes se paseaba por las calles seguido de dos perros mestizos llamados Lazaro y Bummer correspondiendo con toda seriedad a las reverencias de sus súbditos, inspeccionando las alcantarillas y comprobando los horarios de los autobuses. Iba a una iglesia diferente cada domingo, a fin de evitar celos entre las diversas sectas.

    Si bien sus decretos y proclamas rara vez eran tomados en serio y Norton siguió llevando una vida simple, y aunque no tenía poder político y su influencia se extendía solamente tan lejos como le fue complacido por aquellos alrededor de él, durante el resto de su vida comió siempre en los mejores restaurantes a cuenta de la casa, e incluso tenía un asiento reservado en los teatros de la ciudad (De hecho, se dice que ninguna obra o concierto se atrevía a abrir sin antes haber predispuesto asientos para Norton y sus dos perros). Cuando Norton I entraba en la ópera, todos los demás asistentes se ponían en pie y guardaban silencio hasta que se sentaba. Por supuesto, al ser emperador, tomó medidas para hacer del suyo un país mejor, tales como abolir una compañía ferroviaria por haber tenido la desfachatez de no invitarle a comer gratis en uno de sus vagones... Por suerte la compañía rectificó, proporcionándole un pase vitalicio y disculpándose públicamente.

    Durante un tiempo Norton I acarició la posibilidad de casarse hasta que posó sus ojos en la Reina Victoria, según se dice. La realidad es que Norton I sí llegó a cartearse con la Reina Victoria.

    Joshua A. Norton, el primer y, hasta ahora, único emperador que han tenido los Estados Unidos, era todo un personaje. El Rey en Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain está basado en él. Y, por cierto, uno de los santos de la religión Discordiana, y es mencionado repetidamente en la obra muy influyente de la religión, el Principia Discordia, donde se le llama "Hijo unigénito de la Diosa".

    Todo el mundo comprende a Mickey Mouse. Pocos comprenden a Herman Hesse. Sólo un puñado comprendió a Albert Einstein. Nadie comprendió al Emperador Norton.


    Principia Discordia

    En 1980 se dieron una multitud de ceremonias en San Francisco conmemorando en centenario de la muerte del Emperador.

    Actualmente un grupo de simpatizantes promueve una iniciativa que busca cambiar el nombre del puente de la bahía por el de Emperor Norton Bridge.

    En abril de 1976 René Goscinny publicó (editorial Dargaud) el nº 45 de su comic Lucky Luke con el nombre de L'empereur Smith (El Emperador Smith), cuya historia está basada libremente en Joshua A. Norton.

    En 1991, Neil Gaiman adaptó uno de sus capítulos de su renombrada serie de cómics The Sandman con la historia de Joshua Norton. Corresponde al número 31 de la serie y lleva el título Tres septiembres y un enero.

    En las novelas de Christopher Moore Bloodsucking Fiends, Un Trabajo Muy Sucio, y ¡Chúpate Esa! aparece un personaje basado en Norton en el actual San Francisco, que es llamado "El Emperador de San Francisco", y que va acompañado por sus perros Lazarus y Holgazán.

    La popular serie de televisión Bonanza, de los años sesenta, le dedicó un episodio en donde Norton, además de haber ideado el puente colgante Golden Gate, aparece como un gran defensor de los habitantes chinos de San Francisco y amigo personal de Mark Twain.

    En 2012 Fran Collado, un ilustrador albaceteño residente en Barcelona, le dedicó su libro "Rábanos", un libro de ilustraciones de humor absurdo que lo único que tiene que ver con el Emperador Norton I es que su autor es también emperador.





    https://www.youtube.com/watch?v=aE91Nak-Bwc

  4. #204
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    Re: Mexico no es bicentenario

    .
    Última edición por Mexispano; 19/06/2018 a las 18:58

  5. #205
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Joaquín de Arredondo y el predominio realista en las Provincias Internas de Oriente, 1810-1821

    Ramiro Arredondo-Hernández· martes, 12 de julio de 2016

    Por Octavio Herrera Pérez

    El Colegio de México



    Sin duda uno de los fenómenos más importantes generados en el equilibrio de fuerzas del régimen colonial novo-hispano durante la guerra de independencia fue la formación de extensas áreas de influencia y control militar que actuarían con gran autonomía frente al poder civil tanto en las propias regiones como con respecto a la autoridad central del virreinato. El predominio de ciertos jefes realistas en áreas estratégicas de la Nueva España anticipa el modelo del militarismo que dejó sentir su peso en la vida política de la república independiente de México durante el segundo tercio del siglo XIX.

    Por ello la historiografía contemporánea ha insistido en penetrar en el conocimiento de este proceso que por su origen y continuidad se revela como una de las claves para interpretar una buena parte de la historia mexicana. Para Brian R. Hamnett en su más reciente estudio sobre la guerra de independencia que enfoca su análisis desde una perspectiva regional la preponderancia militar en la periferia novo-hispana fue un acontecimiento que modificó sustancialmente las formas tradicionales del ejercicio del poder colonial reflejado en la pérdida de autoridad del régimen a los ojos de sus súbditos novo-hispanos:

    Entre 1810 y 1816 el elemento militar predominó claramente en la Nueva España. La autoridad civil retrocedía ante el poder militar. En muchos casos en que la administración civil local se había desplomado los oficiales del ejército se encargaron de la autoridad civil y el mando militar. La superioridad evidente del brazo militar sirvió para reducir la credibilidad en el poder oficial como autoridad efectiva y legítima. Para el caso del septentrión oriental de la Nueva España una región evidentemente periférica y de reciente integración política-ad­ministrativa al momento de estallar la insurgencia entre 1811 y 1821.

    En la última década de la historia colonial un alto oficial del ejército realista que aglutinara en torno a su persona un enorme poder de decisión al grado de tipificarse su actuación como la de un poder hegemónico militar con un sólido predominio regional inédito en las Provincias Internas de Oriente, fue el que supo salir avante de cuanta amenaza insurgente se le puso enfrente y que se disolvió al derrumbarse el aparato colonial y la totalidad de las fuerzas políticas del país incluido el ejército, al proclamarse la independencia. Era Joaquín de Arredondo y Mioño.

    Este poder unipersonal inaugura de hecho la figura del hombre fuerte en el noreste de México, más tarde ejemplificado por Santiago Vidaurri. Una respuesta hipotética que pretenda satisfacer la explicación del predominio de Joaquín de Arredondo en las llamadas Provincias Internas de Oriente deberá en principio buscarse en la propia evolución política de estas entidades norteñas, en el carácter con que se dejó sentir aquí la insurgencia y también en la propia personalidad del catalán. De la conformidad del noreste novohispano como una unidad político administrativa pueden decirse varias cosas.

    Como, que a pesar del largo y discontinuo proceso de colonización de la región y de las formas variadas que ésta adoptó a lo largo de dos siglos, durante el período borbónico varias instituciones creadas ex-profeso dan un común denominador en el orden político, militar y religioso. Sin embargo resulta evidente que el proceso de integración del noreste no se encontraba institucionalmente maduro para 1810 por lo que ante el peligro de derrumbarse uno de los poderes prevalece sobre el conjunto de la sociedad: la comandancia militar de estas provincias.

    Por cuanto a las manifestaciones insurgentes en el noreste se pueden agrupar en tres grandes momentos: la adhesión y contrarrevolución al movimiento de Dolores; la amenaza insurgente vinculada a intereses angloamericanos y franceses en los confines fronterizos de Texas; y el anunciado y fallido intento subversivo de Xavier Mina que casualmente toca el litoral de las Provincias Internas de Oriente. De estos tres momentos únicamente los dos primeros constituyeron un verdadero peligro para la seguridad del régimen aunque su duración crítica haya sido muy corta.

    Se puede afirmar en vista de su capacidad de repuesta que el aplomo militar de Joaquín de Arredondo supo imponerse reafirmando así su preeminencia. Respecto a la naturaleza humana de Arredondo, las referencias que se tienen de él nos lo ubican como un hombre singularmente dominante que a semejanza de los conquistadores, encomenderos, burócratas, capitanes de guerra chichimeca y hacendados que se habían visto en la historia novohispana, reproducía fielmente el modelo de prepotencia peninsular en los dominios coloniales de Ultramar.

    Tal personalidad que fácilmente se asocia a la mecánica vital de un cacique, en Arredondo dio mucho que decir a sus contemporáneos quienes califican a este militar de arbitrario y cruel: Cuanto se escribía de Arredondo debe creerse porque era malísimo; Venegas no lo podía sufrir de modo que al embarcarse dijo en chanza que dejaba dos virreyes, Calleja y Arredondo. A trece años de finalizar el siglo XVIII con la incorporación de la villa de Saltillo y el distrito de Parras a la jurisdicción de Coahuila al desprenderse de la Nueva Vizcaya, por vez primera quedó delineada políticamente la unidad del noreste de la Nueva España.

    Este escenario fue donde tuvieron lugar los acontecimientos que analizará el presente estudio. El norte en general y por ende el área noreste de la Nueva España arranca su historia colonial en la segunda mitad del siglo XVI con impulso de la minería, con las actividades ganadera y sobre todo con el empuje de los capitanes de frontera de guerra chichimeca estableciendo las bases de nuevas jurisdicciones que se incorporaron al virreinato como la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reyno de León fundándose entonces las poblaciones de Saltillo, Parras y Monterrey, las más importantes del área en su momento.

    A finales del siglo siguiente queda formada la provincia de Coahuila como producto de un esfuerzo misionero y de particulares ligados al noreste con cabecera en la villa de Monclova, al igual que se dan los primeros pasos para la penetración de Texas ante el amago de una irrupción colonizadora francesa consolidándose allí la presencia española a principios del siglo XVIII.
    A la mitad de esta última centuria y ante el peligroso despoblamiento de la llamada Costa del Seno Mexicano, la Corona se empeña en incorporar dicho territorio a sus dominios. Organiza su exploración y colonización del Nuevo Santander.

    Hecha esta fundación quedan completos los marcos jurisdiccionales del Septentrión oriental de la Nueva España. Económicamente el norte oriental siempre constituyó una zona marginal con respecto al núcleo de la Nueva España. Carente de yacimientos argentíferos y de poblaciones indígenas sedentarias además de la aridez de su geografía y de lo extremoso del clima, hicieron que este territorio no presentara suficientes estímulos para una colonización densa y campo de la impunidad de los esclavistas de indios chichimecas en el siglo de la Conquista, el siglo XVII.

    Como respuesta a la crisis minera el noreste es trajinado intensamente por los rebaños ovejeros al tiempo que se mercedan grandes extensiones de su territorio a propietarios ausentistas. Sólo en algunas comarcas como Parras y Saltillo comenzarán a florecer pequeñas comunidades agrícolas. Durante ambos siglos el litoral del Seno Mexicano permanece inexplorado y, por tanto, sin comercio marítimo. La reunión de las cuatro provincias nororientales en el último tercio del siglo XVIII, no solo implicó una re-definición geográfica de la jurisdicción política del norte novo-hispano, sino al interior de las provincias.

    También se dejaron sentir profundas transformaciones que modificarían sustancialmente el ritmo de vida de sus distintas comunidades creando gérmenes de inconformidad que potencialmente habrían de manifestarse en los años de la insurgencia. El punto de arranque de estos cambios fue conocido como las reformas borbónicas, todo un sistema de medidas políticas y administrativas impulsado por la dinastía Borbón enfocadas a reorganizar las colonias de Ultramar para extraer de estas el máximo provecho con nuevos cuadros de funcionarios peninsulares para dirigir los asuntos del Estado español en tierras americanas.

    Estas ideas de la ilustración española no podían dejar de tener un fuerte impacto en el Septentrión ya que su principal promotor en la Nueva España, el visitador José Gálvez, planeó para el norte una administración burocrática, basada en una estructura militar pero con miras a crear una región política que eventualmente se convirtiera en un nuevo virreinato. Ese modelo concretó no sin agudas controversias entre el virrey Bucareli y Ursúa y el visitador y más tarde consejero de Indias, con la creación de la comandancia de las Provincias Internas de Oriente en 1776 siendo designado como primer comandante el Caballero Teodoro de Croix.

    La comandancia de las Provincias Internas agrupó al inicio sólo una parte de las entidades norteñas a saber las provincias de Nueva Vizcaya, Coahuila, Texas, Nuevo México, Sinaloa, Sonora y las Californias, toda una vasta faja transcontinental que se extendía desde el Pacífico al Atlántico y que tenía su capital primero en Arizpe y después en Chihuahua; el Nuevo Reyno de León, el Nuevo Santander, y los distritos de Saltillo y de Parras formarán parte de este modelo de organización en algunos momentos. Ya en funcionamiento la rivalidad con el poder virreinal marcó la dinámica de acción de la comandancia norteña.

    Esta vio modificada su competencia territorial al dividirse en dos comandancias en 1787 la de Oriente y la de Occidente reducidas a una en 1792 y dividida de nuevo en 1804 sin que estuviera concluido este último paso hacia 1810. Cabe destacar que en la práctica uno de los principales problemas que tuvieron que enfrentar la comandancia o comandancias, fue la penetrante y avasalladora presencia de los indios de las praderías, apaches y comanches fundamentalmente, la que dejó sentir su peso en las postrimerías del siglo XVIII, diezmando gravemente las vidas y los intereses de los pobladores norteños de estas provincias.

    El otro gran problema lo constituyó la amenaza a la integridad territorial en la frontera del norte oriental donde la avanzada expansionista angloamericana apuntaba sobre la fecunda y casi despoblada Texas.
    Joaquín de Arredondo iba a consolidar la operatividad de la comandancia de las Provincias Internas de Oriente de 1811 en que arriba, hasta 1821. No obstante en base a la experiencia y supervivencia de numerosos cuadros del antiguo ejército realista, la república independiente mexicana mantiene la organización de la comandancia de los Estados Internos de Oriente hasta tiempos de la rebelión texana en 1836.

    En el plano propiamente administrativo el Estado reformista español decidió la creación de la Intendencia de San Luis Potosí, que sería una oficina de corte regional que abarcaba la totalidad del norte oriental de la Nueva España con capital en la ciudad del mismo nombre. La Intendencia era del mismo prototipo burocrático y administrativo de la ilustración española, aunque en clara imitación al modelo de administración francesa, caracterizada principalmente por su función económica con una gran injerencia sobre los asuntos fiscales de su jurisdicción.

    Los intendentes participaban como subdelegados de Hacienda, verdaderos intermediarios entre sus regiones y la capital del virreinato con competencia en los negocios relacionados con los tributos, alcabalas, diezmo de plata, adjudicación de tierras realengas, almojarifazgo, papel sellado, alhondillaje, bula de Cruzadas, y los estancos de tabaco, pólvora y sal. Fácil es imaginar el impacto de la creación de la Intendencia de San Luis Potosí en la economía local del noreste: el inicio de una política fiscal dura sobre una economía raquítica.

    Los aires reformistas se sintieron en el norte oriental desde el reparto de tierras a los colonos del Nuevo Santander en 1767 destruyendo el sistema patriarcal de José de Escandón que sostenía la utilización comunal de la tierra para consolidar esta colonización. Igualmente, los novo-santanderinos vieron suspendidas las exenciones de impuestos, introduciéndose la alcabala, lo que produjo un malestar. También en el Nuevo Santander, las salinas situadas al norte de Reynosa del otro lado del río Bravo, sufrieron una fiscalización rematándose sus productos al mejor postor.

    De Saltillo se cuenta con estudios contemporáneos, que marcan paso a paso la creciente tendencia oficial a incrementar los impuestos desde 1777 a 1817, la que se hizo acompañar por la igualmente ascendente irritación del cabildo y vecindario saltillense. En principio el antiguo alcalde mayor fue reemplazado por un subdelegado designado por el intendente potosino. Más tarde el cobrador de alcabalas aglutinó el cobro de los monopolios del tabaco, los naipes, la pólvora y el papel sellado, siendo promovido a tesorero regional en 1793, siempre bajo la autoridad de la Intendencia.

    Este apoyo entre la sede del intendente y las Provincias Internas a través de Saltillo, prefiguró una nueva Intendencia en esta ciudad siendo promovido a tesorero regional en 1793, siempre bajo la autoridad de la Intendencia siendo promovida activamente en las Cortes de Cádiz por Miguel Ramos Arizpe en 1811. La necesidad de dicha Intendencia, se convirtió en un delicado asunto político en la competencia de los poderes realistas, ya que resultaba imperativo contrarrestar el poder militar que ejercía De Arredondo en las Provincias Internas, al abrogarse cobros hacendarios para financiar su comandancia.

    Orientados los cambios de una mayor fiscalización hacendaría sólo a satisfacer los intereses reformistas del Estado español, no se hicieron acompañar para el caso del noreste novohispano de ninguna medida de fomento que viniera a fortalecer su economía y por ende a generar bienestar entre su población. Por el contrario se negó insistentemente en habilitar puertos en el litoral de las provincias a fin de que se recibieran directamente los beneficios del comercio, idea propuesta por José de Escandón, por Félix Calleja, por Melchor Núñez de Esquivel, por Miguel Ramos Arizpe y por José Florencio Barragán.

    Y es que en el avituallamiento comercial de estas provincias se reflejaba un ominoso sistema monopolista cuyo punto de partida era el puerto de Veracruz con una cadena de intermediarios que conducían las mercancías al noreste a un alto costo, cargadas de impuestos y sobre-preciadas por el flete y las ganancias del intermediarismo. La villa de Saltillo era el sitio preferente del intercambio comercial a través de una feria anual celebrada en el mes de septiembre, a donde acudían los pobladores del noreste a vender sus productos principalmente derivados de la ganadería, a la mitad del precio de los bienes que necesitaban para su sostenimiento.

    Fue por ello que el contrabando se hizo irresistible cuando se acercaron las avanzadas angloamericanas a la frontera novo-hispana y el puerto de Nueva Orleáns se perfilara como un gran competidor comercial en el Seno Mexicano, una vez que España le tuvo que ceder la Luisiana a Francia en 1800 y que Napoleón la vendiera a los Estados Unidos en 1803. No es de extrañar la acusación que hizo al gobernador del Nuevo Reyno de León, Simón de Herrera comisionado en Texas en 1805, de ser promotor del contrabando bajo el amparo de su autoridad; o el arresto ese mismo año por tal delito al capitán de Reynosa, Juan José Balli.

    Esbozados los antecedentes de la unidad del noreste novo-hispano creada por las reformas borbónicas en la segunda mitad del siglo XVIII así como las dificultades que acarreó a sus pobladores el peso de las obligaciones que les confirió el estado Español, cabría ahora preguntarse sobre las motivaciones intrínsecas que llevaron a las Provincias Internas de Oriente a unirse casi de manera inmediata al llamado de la subversión insurgente de Dolores. Las interrogantes que continúan y que analizaremos en los apartados siguientes habrán de versar sobre las actitudes posteriores de sus pobladores ante la contra-revolución.

    También, las actitudes ante los cambios por el régimen constitucional de las Cortes y la respuesta en estas provincias ante la prepotencia del brigadier Joaquín de Arredondo. Siguiendo la condición económica dependiente de las Provincias Internas de Oriente respecto al centro de la Nueva España, cabe señalar como causa de descontento en la región las continuas exacciones impuestas desde la implantación de las reformas borbónicas, así como la permanencia del monopólico sistema que imposibilitaba cualquier intento de desarrollo económico y ahogaba el ritmo de la vida cotidiana.

    El factor militar en el noreste era elemento integrador y ordenador de estas provincias, su influencia sobre lo civil fue determinante.
    En 1792 el predominio militar marca el paso en la vida política mediante el arreglo con las milicias locales de la región por parte de Félix Calleja, modificándose los medios cabildos de los pueblos de ciudadanos comunes a oficiales subalternos, como bien se quejaba Ramos Arizpe en 1811 al decir que "Manda en toda su extensión de las provincias y en todos sus ramos un gobernador militar y político que ha salido de una capitanía, sargentía mayor o cuando más del coronelato de un regimiento”.

  6. #206
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    Re: Mexico no es bicentenario

    El año de mil setecientos noventa y cuatro o noventa y cinco pasó a aquella provincia del Nuevo Santander un comisionado militar a formar de acuerdo con el gobernador también militar, compañías de milicias en todos los pueblos, resultando por un acuerdo que hasta hoy no se ha visto escrito en forma, hecho juez único y perpetuo el capitán de la compañía, regidores únicos el teniente y el alférez y procurador el primer sargento con la graciosidad original de que en falta de cualquiera de estos individuos ha de recaer el ejercicio de su empleo en quien en ese mismo caso recae por ordenanza el mando militar.

    Sólo las poblaciones mayores como Saltillo, Monterrey, Linares, Cadereyta y San Antonio Béjar conservaron sus cabildos los que permanentemente estaban a la defensiva ante el poder militar. En 1795 y con motivo de la reforma militar instrumentada por el virrey Branciforte y por solicitud expresa de Nemesio Salcedo, el comandante de las Provincias Internas Calleja consolida su posición en el noreste al hacerse cargo de la llamada Décima Brigada, una falange militar propia de la Intendencia de San Luis Potosí cuyo objetivo era la defensa del litoral y los confines territoriales norteños.

    Situada en una segunda y más peligrosa frontera de guerra india, la primera fue la llamada frontera de guerra chichimeca, la militarización de la sociedad se convirtió en un hecho. Sin embargo pese al sistema de defensa de la comandancia basado en una cadena de presidios a lo largo de sitios permeables de la frontera, las depredaciones indias no cesaron y aumentaron por lo contrario imprimiendo entre los pobladores del noreste un clima permanente de inseguridad. Por si no fuera suficiente a principios del siglo XIX se comenzaron a manifestar las amenazas de una irrupción extranjera en la provincia de Texas.

    Esta situación además de ser caótica presionó más aún a los pobladores del noreste, al verse obligados a partir del año de 1805 a cumplir con una llamada cuota de sangre, es decir forzados a proveer con una cuota de soldados milicianos que estaban por ser acantonados en las llanuras texanas ante cualquier eventualidad de una invasión angloamericana. El factor étnico de la población de las Provincias Internas de Oriente también ha sido señalado como otro de los elementos que propiciaron las tendencias a favor de los insurgentes, matizadas sin duda por las dificultades económicas y por las exigencias militares.

    Vista en conjunto la demografía del noreste hacia 1810 se componía por unas pocas familias de peninsulares o sus descendientes criollos que fueron producto de una intensa vinculación endogámica lo que hizo que sus parentelas se distribuyeran a lo largo y ancho de las cuatro provincias. También entraban mayoritariamente en este conjunto la combinación de razas novo-hispanas de las castas y la de los indios tlaxcaltecas residentes en la región desde el siglo XVI. Los indios naturales chichimecas formaban un segmento muy reducido de la población y sólo un pequeño número participó en el mestizaje.

    De toda la población en conjunto en el noreste cabe señalar que finalmente se creó una fusión genética que uniformó a la población regional mexicanizándola. Para 1810 se estimaba una cantidad de ciento setenta mil habitantes en todo el vasto territorio de las Provincias Internas de Oriente. Por lo anterior resulta muy tentador suponer la proclividad de la población del noreste ante los vientos de una insurgencia que pretendían darle un final al despotismo español. Ello se refleja en ejemplos concretos como lo fue la súbita adhesión de la totalidad de las provincias al movimiento de Dolores.

    Otro ejemplo significativo fue la simpatía de las élites criollas locales a los insurgentes como lo demostraron algunos miembros del ayuntamiento y el cabildo eclesiástico del obispado en Monterrey o la espontánea y diligente participación del criollo sevillano José Antonio Gutiérrez de Lara que parte a los Estados Unidos a cumplir una misión diplomática a nombre de los caudillos de Dolores. Las motivaciones y posibles causas de rebelión insurgente que se observaron en las Provincias Internas de Oriente desde 1810 a 1811 están presentes en los estudios sobre la historia colonial del noreste, en el análisis de la crisis de granos.

    En la villa de Saltillo se registraron una serie de malas cosechas a lo largo de la primera década del siglo XIX lo que obligó al cabildo a decretar la prohibición de exportar los granos. Si se extrapola la información de lo ocurrido en Saltillo se puede afirmar con seguridad que en esos mismos años ocurrió una gran sequía en el conjunto del noreste, un fenómeno natural cíclico en el medio ambiente de la región, lo que pudo haber castigado a la ganadería, el principal rubro productivo de estas provincias. La primera impresión que resulta a la vista de los acontecimientos que se sucedieron en enero de 1811 es devastadora.

    La totalidad de las Provincias Internas de Oriente cayeron en manos de la insurgencia ante la absoluta incapacidad de sus gobernadores militares, rebasados por la circunstancia. Fue algo paradójico ante los esfuerzos que las autoridades coloniales hacían por defender del exterior a las provincias del noreste. La ironía era que la amenaza sobre el imperio español en esta región, también se encontraba dentro de esta. En el gran vacío de poder que se dejó sentir en las primeras etapas de la guerra contra la insurgencia encontró Joaquín de Arredondo la justificación para imponer con toda su fuerza el despotismo militar en la región.

    Antes de finalizar el mes de septiembre de 1810 los gobernadores de las Provincias Internas de Oriente, Manuel Salcedo de Texas, Antonio Cordero de Coahuila, Manuel de Santa María del Nuevo Reyno de León y Manuel de Iturbe e Iraeta, recibieron de Félix Calleja la noticia del Grito de Dolores y el exhorto a reclutar a toda prisa tropas que le deberían ser remitidas a San Luis Potosí. Desde este primer momento comenzaron las indecisiones y titubeos en estos jefes militares que no alcanzaban a comprender la magnitud de la conflagración que se había desatado en el centro del virreinato.

    Así, el gobernador novo-santanderino contestó no poder enviarle al comandante de la Décima Brigada los 250 hombres que le solicitaba por el mal estado de las milicias y por la necesidad de emplear las tropas veteranas en la protección de las misiones y el resguardo de la frontera. El gobernador del Nuevo Reyno de León por su parte alegó tener grandes problemas para reunir la tropa solicitada, señalando los pocos recursos con que contaba la provincia en gran parte despoblada y donde las distancias y la falta de cabalgaduras obstaculizaba su traslado; la impotencia llegó al extremo de solicitar su relevo del mando.

    El verdadero peligro sobre el noreste se proyectó a mediados del mes de noviembre cuando ante la ausencia de Calleja que de manera apresurada había salido de San Luis Potosí rumbo a la capital del virreinato, estalló un brote insurgente que se apoderó de la ciudad. Se trataba de una conspiración fraguada en el interior de un convento que servía de cárcel a fray Luis de Herrera, un personaje que previamente se había declarado insurgente. En ese sitio Herrera hizo contacto con el agente de Hidalgo, fray Juan de Villerías, e involucró en sus planes a Joaquín Sevilla y Olmedo, un oficial del regimiento de San Carlos.

    Ausente un poder militar realista eficiente e impedido por una enfermedad el intendente al hacerles frente, los conspiradores se hicieron dueños de San Luis Potosí. Poco después las envalentonadas fuerzas de Hidalgo se hicieron presentes en la ciudad pasando por allí Mariano Jiménez, quien había sido comisionado para insurreccionar el norte oriental. En las líneas realistas dentro del noreste las noticias que arribaban desde el sur no hicieron más que acentuar la debilidad de los responsables militares de su defensa, al quedar aislados y abandonados a sus propios recursos.

    De 1000 soldados que se pensaron poner en servicio para marchar a recuperar San Luis Potosí reclutándolos de todas las provincias, sólo se pudo organizar una menguada fuerza que el gobernador de Coahuila por órdenes del comandante de las Provincias Internas Nemesio Salcedo estacionó en Agua Nueva, una garganta que cerraba el paso al norte oriental. Así carentes de una moral alta y debilitadas por las deserciones estas tropas intentaron cortar el paso al experimentado Mariano Jiménez el 6 de enero de 1811; el resultado fue que una vez iniciado el fuego la mayoría de los milicianos realistas se pasaron al bando insurgente.

    Antonio Cordero quedó al garete y cayó prisionero. Entró Jiménez victorioso a Saltillo y el gobernador del Nuevo Reyno de León se declaró por la insurgencia entregando su provincia sin una mínima resistencia. La defección realista se completó en el mismo enero y en el siguiente febrero, con las pérdidas de Texas y el Nuevo Santander a favor de los insurgentes. En el primer caso el capitán de las milicias novo-santanderinas acantonadas en San Antonio Béjar, Juan Bautista Casas se subleva y toma prisioneros al gobernador Manuel Salcedo y a Simón de Herrera, militar responsable de un cuerpo de observación sobre la frontera.

    En el Nuevo Santander actuarán comisionados insurgentes y conspiradores locales dentro de las milicias y obligan al gobernador Iturbe e Iraeta a huir con rumbo a la barra de Tampico acompañado sólo por una pequeña fuerza leal, entre quienes se encontraba el capitán Felipe de la Garza. Mariano Jiménez se trasladó de Saltillo a Monterrey donde se le otorgaron honores de militar de alta investidura y el apoyo económico del cabildo eclesiástico del obispado del Nuevo Reyno de León al recibir de éste la suma de 125 mil pesos, que serían garantizados por un cargamento de plata confiscado al tesorero real de Saltillo, Manuel Royuela.

    A principios del mes de febrero, Mariano Jiménez se enteró del desastre del Puente de Calderón donde resultara victorioso Calleja, decidiendo concentrarse en Saltillo ante cualquier eventualidad en espera de los caudillos del movimiento quienes se dirigieron con rumbo al noreste en busca de refugio y como escala en un pretendido viaje a los Estados Unidos. Había sido justamente Félix Calleja quien había hecho ver su suerte a los insurgentes, primero en la llanura de Acúleo y después en las goteras de Guadalajara, disolviendo a las huestes que en un momento dieran la apariencia de un temido ejército.

    En esta etapa el gobierno del virrey Francisco Venegas, una vez pasados los momentos críticos de la amenaza insurgente en el centro de la Nueva España preparaba deprisa los mecanismos para interceptar a los jefes del movimiento rebelde al tiempo que en el propio noreste maduraban las condiciones para la respuesta contrarrevolucionaria ante las noticias del colapso insurgente en la Nueva Galicia. La contrarrevolución fue fraguada en la villa de Laredo y en San Antonio de Béjar. En el primer sitio estuvo a cargo del Capitán Colorado, José Ramón Díaz de Bustamante, un peninsular veterano en la frontera.

    Bustamante estaba curtido en la guerra contra los indios de las praderías, era quien había dado respuestas dilatorias a la promoción de coronel de Mariano Jiménez y que fungiera ante Juan Ignacio Aldama y fray Juan Salazar, comisionados insurgentes que pasaban a los Estados Unidos por Laredo. Díaz de Bustamante no quiso abandonar su terreno y esperó el momento preciso de actuar en favor de la causa realista convenciendo al capitán Ignacio Elizondo quien anteriormente se hubiera adherido a la insurgencia para tramar un plan que los llevara a la captura de los jefes del movimiento rebelde.

    Sin embargo la contrarrevolución plena surgió en Béjar el 2 de marzo ante la inquietud causada por el arribo del padre Salazar y de Aldama, además del pésimo mandato del miliciano Juan Bautista de las Casas. Fue el subdiácono Juan Manuel Sambrano el encargado de ejecutar el golpe. Los caudillos insurgentes ignoraban el cambio de circunstancias que habían tenido lugar en la ruta a seguir por Monclova-presidio de Río Grande-Béjar y avanzaron en descuidada caravana por el desierto coahuilense siendo apresados casi sin necesidad de violencia por el capitán Elizondo por el paraje de Acatita de Baján.

    La primera etapa de la guerra de independencia llegaba a su fin. Los hechos de Baján provocaron en las Provincias Internas de Oriente un cambio de adhesiones entre quienes apoyaran a los insurgentes.
    En Monterrey el ayuntamiento se dio rápidamente a la tarea de crear siguiendo las fórmulas de la legislación española, una junta de gobierno para llenar el vacío de poder la que estuvo presidida por Blas Gómez de Cuatro. En la villa de Saltillo los ánimos pro insurgentes también se enfriaron súbitamente lo que obligó al licenciado Ignacio López Rayón a abandonar la población para dirigirse al centro del virreinato.

    En el Nuevo Santander también tuvo lugar una rápida transmutación de lealtades entre la tropa miliciana antes sublevada y añadida por la insurgencia debido a la captura de los jefes insurgentes y al inminente arribo del brigadier Joaquín de Arredondo y Mioño. La aparición de Joaquín de Arredondo en el noreste tuvo lugar en marzo de 1811 cuando cumplía las órdenes del virrey Venegas para ir a interceptar a los principales caudillos del movimiento de Dolores y desembarcara en la barra de Tampico, al frente del regimiento de infantería Fijo de Veracruz.

    Su llegada marcó el inicio de una década del predominio militar en las Provincias Internas de Oriente, caracterizado por el particular estilo del brigadier catalán.
    El influjo de Arredondo se hizo sentir desde un primer momento, cuando recibe en la villa de Altamira la facultad de ejercer el poder político en el Nuevo Santander, mandato que le entrega su gobernador, Manuel de Iturbe e Iraeta. Enseguida y una vez organizada su marcha rumbo a la villa de Aguayo, se sitúa en la hacienda de El Cojo donde recibe los pliegos que le notifican los sucesos de las Norias de Bajan.

    En Aguayo donde se habían concentrado las milicias rebeldes novo-santanderinas, bullía la incertidumbre entre los oficiales quienes vieron su salvación en el prendimiento de los insurgentes potosinos refugiados en la población, fray Luis de Herrera, Ildefonso Blancas y otros. Previa oferta de no encontrar resistencia, Arredondo entró en Aguayo el 12 de abril dedicándose enseguida a un ajuste de cuentas. Los potosinos fueron ejecutados de forma sumaria y los oficiales y tropa sufriendo castigos corporales para luego pasar a engrosar las fuerzas realistas, que aún debían de pacificar la zona montañosa del Nuevo Santander.

    En la comarca de Tula y sus aledaños se habían revelado las clases bajas, constituidas mayoritariamente por indios chichimecos y castas. Luego de un par de cortas batallas Arredondo ocupa Tula cumpliendo así la primera de sus campañas militares en el noreste. Una nueva cuota de poder se agrega Arredondo a finales de 1811 cuando el virrey Venegas le delega la pacificación de la Huasteca, empresa que dirige a distancia desde su cuartel en el Valle del Maíz y en donde tendrían oportunidad de lucirse varios de sus oficiales, los que jugarían destacados papeles en la futura historia política y militar de México.

    Entre ellos cabe mencionar a Cayetano Quintero miembro de la élite novo-santanderina, terrateniente y dueño de la hacienda de El Cojo y más tarde comerciante en Altamira-Tampico; Arredondo lo nombró su segundo en la campaña de Texas. Felipe de la Garza era otro, quien se convertiría en el primer hombre fuerte de Tamaulipas reconocido nacionalmente por su oposición al imperialismo de Iturbide y más tarde en su ejecución. Y finalmente el teniente Antonio López de Santa Anna, miembro del regimiento Fijo cuya actuación política marcaría toda una época en el país.

    Desconfiando de los pobladores del noreste a menos que fueran soldados, Arredondo arremetió contra quienes se manifestaran pro insurgentes, en especial la élite regio-montana. En Monterrey, el ayuntamiento se inclinó por la insurgencia aún antes de llegar Jiménez, y el cabildo catedralicio le hizo un fuerte préstamo a diferencia de los auxilios antes negados a los gobernadores del Nuevo Reyno de León y de Coahuila. La cúpula eclesiástica constituida por criollos como José León Lobo por la huida que había hecho el obispo Primo Feliciano Marín de Porras, públicamente dio a Mariano Jiménez el trato de patrono.

    Con tales antecedentes, el militar peninsular profirió la amenaza de que "para la provincia del Nuevo Reyno de León pólvora y metralla tenía ", alardeando que acudiría a subyugar la provincia con mil o dos mil hombres". Implicados en su mayoría, los miembros de la autoridad civil y religiosa de Monterrey en actos contra el régimen, y temerosos del "castigo riguroso" que anunciaba Arredondo buscaron obtener el perdón para quienes hubieran participado al lado de los rebeldes: "pues el indulto, aplicado por autoridad legítima, sin perjuicio de tercero, ¿no debe dar confianza a los que lo logran para vivir tranquilamente?

    ¿Y acaso el gobierno legítimo es capaz de poner en los indultos un lazo para hacer perecer a los que se acogen a su abrigo, como lo acostumbran los jefes de la insurgencia? Con esas frases, quedaba reflejado también en el noreste, el gran conflicto interno que albergaba la mayor parte de las posesiones ultramarinas de España, al entrar en cuestionamiento la legalidad del principio de autoridad de la Corona y sus funcionarios, producto de los desastres políticos en que estaba envuelta la península desde la invasión francesa y la aprehensión de Fernando VII.

    Finalmente, bajo el aval de Félix Calleja, quien nominalmente era el comandante de las Provincias Internas de Oriente, las peticiones de la Junta fueron aceptadas por las autoridades virreinales, debiendo Arredondo exonerarla de cargos, no sin externar amenazas contra los insurgentes embozados. La segunda campaña militar de Joaquín de Arredondo va a tener lugar a principios de 1813, cuando al saberse la nueva pérdida de Texas en manos insurgentes, tiene que salir apresuradamente a combatirla.

  7. #207
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Esta vez el origen de la rebelión provenía del exterior, concretamente de los Estados Unidos, de donde el novosantanderino Gutiérrez de Lara se introdujo en compañía de un grueso contingente de angloamericanos, apoderándose de varias posiciones para ir a hacerse fuerte en el presidio de Bahía. Atacado infructuosamente por Manuel Salcedo, al retirarse éste a Béjar lo alcanza y lo derrota; Gutiérrez de Lara ocupa la capital de Texas y proclama la Independencia, acto que se vio empañado por el degüello del gobernador, de Simón de Herrera y de otros oficiales.

    Ya en camino al escenario de los hechos, Joaquín de Arredondo recibe el nombramiento de comandante de las Provincias Internas de Oriente, lo que significaba un paso más en el crescendo del brigadier catalán. Enviado por el nuevo comandante para explorar el terreno, el capitán Ignacio Elizondo avanzó sobre San Antonio de Béjar, pero desobedeció la orden de no entablar combate, en un afán de elevar aún más sus méritos realistas, siendo derrotado por Gutiérrez de Lara.

    Para entonces en el bando insurgente las cosas habían cambiado de signo, ya que los angloamericanos, enfadados con Gutiérrez de Lara por la exclusión de los intereses de los Estados Unidos en la empresa, decidieron desplazarlo, ocupando su lugar José Álvarez de Toledo, individuo que actuó como agente triple, entre el bando realista, la insurgencia mexicana y las ambiciones norteamericanas. Puesto al frente de sus tropas, Arredondo dispersó completamente a la abigarrada fuerza insurgente de Texas en los campos de Medina el 18 de agosto de 1813 y entró a Béjar poco después, donde aplicó severas reprimendas y despachó tropas para perseguir a los que huían a los Estados Unidos.

    Arredondo abandonó Texas hasta enero de 1814, cuando llegó el relevo del regimiento de Extremadura al mando de Benito de Armillán, a la sazón nombrado por Calleja como jefe político y militar de la provincia. Acto seguido el brigadier pasa a concentrarse en Monterrey, donde establecerá definitivamente la cabecera de la comandancia de las Provincias Internas de Oriente. Será con la implantación de la Constitución de 1812, redactada por las Cortes de Cádiz, cuando la prepotencia militar de Joaquín de Arredondo se manifestó en su más alto grado de exaltación frente a las emergentes fuerzas políticas civiles del noreste, organizadas a través de la diputación provincial de Monterrey.

    Dicha diputación quedó integrada el 16 de mayo de 1814, por los doctores José Bernardino Sánchez Cantú y José León Lobo por el Nuevo Reyno de León; Melchor Sánchez Navarro y Francisco Antonio Gutiérrez por Coahuila; Hilarión Gutiérrez y Pedro Paredes y Serna por el Nuevo Santander; y Pedro Manuel de Llano por Texas. En sus primeros actos, la diputación desconoció la autoridad omnímoda de Arredondo, declarándose instalada sin su presencia, ya que, para Arredondo, según la historiadora norteamericana Nettie Lee Benson, "varios diputados le eran personalmente odiosos y él, declarando que la diputación se había constituido “legalmente, se negó a asistir a sus sesiones".

    Durante los breves cuatro meses en que desplegó su acción, la diputación de Monterrey no pudo hacer que se organizaran la mayoría de los ayuntamientos constitucionales en los pueblos de las provincias, así como tampoco el alcalde primero constitucional de Monterrey, Antonio Múgica, pudo ser reconocido jefe político subalterno como lo reclamaba, en buena medida a la barrera obstructiva de Arredondo. Para desgracia de los diputados, el proyecto constitucional fue muy efímero, pues tras el retorno al poder de Fernando VII y la vuelta al absolutismo, quedó derogada la Constitución, por medio de un real decreto signado el 4 de mayo en Valencia, conociéndose en las Provincias Internas de Oriente hasta finales de agosto.

    Sin embargo, ya antes Arredondo había enfrentado directamente a la diputación, cuando el 24 de julio incautó el archivo de la diputación, impidiendo que sesionara. Enterado de los cambios ocurridos, con lo que el esbozo de su proyecto hegemónico quedó definido, Arredondo toleró antes que la noticia se hiciera pública, que en la noche del 31 de agosto un piquete de tropa realizara un tumulto en el centro de Monterrey, derribando la pirámide que por orden del virrey se había construido en la plaza de armas en honor a la Constitución de 1812.

    En el mismo ambiente de enfrentamiento, Arredondo chocó con el cabildo eclesiástico del obispado del Nuevo Reyno de León, que se negó a tratar al brigadier con los honores de vicepatrono, quien escandalosamente lo había exigido en plena misa; Arredondo se dolía de que al insurgente Mariano Jiménez se le hubiese otorgado tal dignidad. No contento con ello, el jefe militar reclamó insistentemente, hasta que, llegado a oídos del propio rey de España, resolvió éste el 10 de septiembre de 1817, que no se debía satisfacer a Arredondo. Queriendo imprimir miedo entre la población regiomontana, que a su juicio se había soliviantado durante los días de la diputación provincial, realizó una leva la noche del 9 de octubre, prendiendo inclusive a numerosos vecinos dentro de sus propias casas.

    Días después y en la celebración del onomástico del monarca, Arredondo se dio el lujo de humillar a los miembros del ayuntamiento al no admitirlos bajo mazas al besamanos; y ya en el plano informal, una noche, "para agradar a una barragana", mandó tocar generala en horas de la madrugada, ordenando a sus soldados que maniobraran ante ella. Aunque pacificada la región noreste de la Nueva España gracias a la acción represiva de Joaquín de Arredondo, las condiciones económicas ya de por sí críticas antes del período de guerra, se vieron seriamente agravadas para sus pobladores.

    La lucha había traído además de los constantes impuestos presentes desde las reformas borbónicas, la carga de los préstamos forzosos, viéndose obligados a cubrirlos los comerciantes, hacendados y rancheros pudientes; las clases bajas continuaron por su parte colaborando a fuerza con las "cuotas de sangre". Ejemplo de estas exacciones aplicadas por el brigadier, fue el requerimiento que le hizo a los comerciantes del puerto de Altamira, situado en las cercanías de la barra de Tampico, donde desde 1811 y por disposición de las Cortes, se habilitó para el comercio, radicándose en este sitio un grupo de mercaderes procedentes principalmente del puerto de Veracruz.

    Arredondo pedía 40 mil pesos oro para financiar la campaña sobre Texas a emprender en el verano de 1813, asegurando que en los dos años de operaciones, los comerciantes habrían recibido ganancias hasta de once millones de pesos fuertes, suficientes como para satisfacer el préstamo exigido; ante la resistencia de los comerciantes, hubo de comisionar agentes para que con amenazas recogieran el dinero. Otro caso documentalmente registrado de préstamo forzoso fue el que se ordenó en los días en que se presumía la inminente invasión de Xavier Mina en las costas del noreste.

    En esta ocasión Arredondo formalizó el asunto mediante una convocatoria hecha a través del comercio organizado de Monterrey, que tuvo voz para discutir las cantidades que podían aportar sus miembros, así como los mercaderes de Parras, Saltillo, Aguayo y Altamira, al igual que varios bienes píos adscritos al obispado. Entre los hacendados que debieron colaborar en los famosos préstamos, estaban los Sánchez Navarro, terratenientes en Coahuila que para 1814 sufrieron robos de ganado por parte de las tropas realistas, aparte de contribuciones contabilizadas en 575 ovejas, 85 cabezas de ganado mayor y dinero en efectivo por 530 pesos, sumando todo un monto de 3067 pesos.

    Por otra parte cabe mencionar las cooperaciones voluntarias que en ocasiones hacían algunos regalistas convencidos, como los hermanos Quintero, que continuamente aportaban ganado. La cría de ganado era tal en las posesiones de estos personajes, que Xavier Mina les robó 300 bestias caballares, con lo que adquirió gran movilidad y respetabilidad militar, pudiendo de esa forma internarse al centro de la Nueva España. Una de las causas más agudas de la crisis económica en las Provincias Internas de Oriente durante la década de 1810, la constituyó la drástica disminución del numerario indispensable para las transacciones comerciales, por lo que Nemesio Salcedo acuñó monedas provisionales en Durango, que circularon en el noreste.

    El problema surgió cuando el comercio de la región canalizado a través de Altamira, se puso en contacto con los mercaderes monopólicos de Veracruz, quienes sola­mente aceptaban la moneda provisional con un 18% de descuento. Vistos los problemas económicos para sostener sus tropas y por tanto su hegemonía militar, Arredondo promovió la idea de declarar la separación total de la comandancia del virreinato. El pilar sobre el que el brigadier pensaba sostener el aparato administrativo que proponía, se fincaba en la idea, nada nueva por cierto, de habilitar a la navegación a la Barra de Santiago, situada poco al norte de la desembocadura del Bravo:

    Con este fondeadero, se rompería la crónica dependencia del noreste en relación a los monopolios de Veracruz y la ciudad de México, lo que fue bien comprendido por Arredondo. Para las obras del puerto solicitó a la Corona cincuenta mil pesos, más otro tanto para construir una fábrica de tabacos, además de pedir treinta mil pesos para cubrir los sueldos que los trabajos generarían. Recibidas en la corte las propuestas del comandante norteño, se les acogió con buena voluntad pero sin mayor interés, pues se adujo que no era necesario lo del puerto por la operación que ya hacían en los de Tampico y San Bernardo (ubicado en Texas pero que prácticamente no operó), rechazándose igualmente los otros pedidos.

    Fundamento de la audacia del comandante Arredondo para soñar con el control absoluto del noreste era que de hecho detentaba por la causa de la guerra el mando político de las Provincias Internas de Oriente. Estas facultades habían sido dadas al brigadier desde 1812, de acuerdo a la ordenanza de oficiales, legítimamente avalada en la legislación española, como "conquistador, en virtud de lo cual, puede promulgar bandos, imponer leyes, etcétera...; aunque como ya lo hemos visto, Arredondo había recibido sin formalismos el mando del Nuevo Santander en marzo de 1811 de manos de su gobernador Manuel de Iturbe e Iraeta, al desembarcar en la barra de Tampico.

    Es por eso que vemos al comandante quitar y poner gobernadores, por ejemplo a Juan Fermín de Juanicotena para gobernar el Nuevo Santander y a Ramón Díaz de Bustamante para el mando del Nuevo Reyno de León. Inamovible en su sitio por ser hasta cierto punto indispensable en la defensa del Septentrión y favorecido por el retorno del absolutismo en 1814, Arredondo acumulaba día a día más poder, rodeado de una "resplandeciente guardia de fuerzas milicianas".

    Con gran alarma por el giro que tomaban las cosas en un área nominalmente bajo su jurisdicción, el intendente de San Luis Potosí recomendaba en septiembre de 1817 que se aprobara la instalación de la Intendencia de Saltillo, un proyecto acordado por las Cortes a iniciativa de Ramos Arizpe, pero que había sido derogado. Con ello se pretendía poner un contrapeso a la hegemonía del militar norteño, por lo que no es de extrañar el desagrado de éste ante el proyecto, pues no estaba dispuesto a que se estableciera una autoridad rival.

    Consciente también el virrey Apodaca de la situación imperante en el noreste, se adhirió a la petición del intendente, lo que motivó que Fernando VII expidiera el 6 de junio y 23 de octubre de 1818, la orden correspondiente, lo que en buena medida no concretó por haber fallecido el intendente nombrado en 1814, Manuel Royuela, al igual que el administrador de tabacos de Saltillo, Andrés de Ybarra. Paradójicamente el rey revitalizaba una de las medidas de las Cortes. Con la reinstalación de las Cortes, Fernando VII insistió en la creación de la intendencia, en lo que influyó Ramos Arizpe ahora ya en libertad, pues era imperativo el fortalecimiento de una autoridad política en el noreste, tan amenazado por los Estados Unidos tras su adquisición de La Florida en 1819.

    Había llegado la hora de intentar seriamente la remoción de Arredondo como el eje del poder en las Provincias Internas de Oriente, del que se quejaba el obispo del Nuevo Reyno de León por múltiples motivos, al igual que por su ineficiencia para combatir a los indios de las praderías, lo que había arruinado a las provincias al grado de verse disminuidos los diezmos en un cincuenta por ciento. Cuando en abril de 1821 se nombró al administrador general de alcabalas de Guadalajara como el intendente de Saltillo, ya habían pasado dos meses del lanzamiento del Plan de Iguala. La intendencia de Saltillo quedó históricamente en condición nonata.

    En el segundo lustro de la década de 1810 Arredondo desplegó por tercera y última vez operaciones militares, caracterizadas por la espera y combate de fuerzas externas que apoyaban a la disidencia interior o pretendían mutilar la soberanía española, así como por el acoso y destrucción de la cabeza de playa instalada por Xavier Mina en el litoral novosantanderino. Entre 1817 y 1819 la zozobra fue muy intensa en la provincia de Texas, debido a las amenazas que se dejaron sentir por las incursiones terrestres de los angloamericanos Perry y James Long, y por las operaciones navales piráticas de los franceses Luis de Aury, Laffite y Carlos Lallemand, sin que en ningún caso se viera realmente borrada la frontera en el Sabinas o se estableciera un bastión extranjero en el litoral.

    En esta ocasión, ante el acoso de los aventureros externos, Arredondo, con su típica sangre fría, ordenaba al gobernador de Texas, Antonio María Martínez, que, en caso de capturar a extranjeros, se les pasara de inmediato a cuchillo, en lo que no estuvo de acuerdo el virrey Apodaca. Y ya en el acto de guerra, al copar y destruir la pequeña fortificación de barro y madera hecha por Mina en Soto la Marina, el brigadier dejó mucho que desear, como era de esperarse, en cuanto a su ética militar, al romper el armisticio acordado con José Sarda, aprisionando a los expedicionarios al igual que fusilaba sumariamente a otros aprehendidos en la barra del río.

    En esta acción cayó prisionero el celebérrimo fray Servando Teresa de Mier, quien fue remitido a las mazmorras de la Inquisición.
    Es en torno a los hechos de la ofensiva contra Mina, donde se puede apreciar con claridad un ejemplo típico en que la figura dominante de Arredondo se revela a plenitud, en franco reto con la autoridad del virrey, la máxima instancia política en la Nueva España. Las cosas principiaron con la acusación que se le hizo al comandante norteño por su lentitud en reaccionar, lo que a juicio de las autoridades de la ciudad de México, propició el internamiento del navarro a las entrañas del virreinato.

    Sabedor de la acusación, Arredondo contestó insolente que era probable "que cuanto diga... pueda herir a personas de alto carácter... obligado a hacerlo por los poderosos estímulos de vindicar mi estimación y forma injustamente vilipendiada"; y no sólo se quedó ahí, sino llegó directamente a decir que el virrey se encontraba influenciado por personas desafectas a su persona. Se justificaba en que su situación era precaria, debido a una sequía de dos años, a los ataques de los indios de las praderías, a la falta de auxilios de Durango y Zacatecas, y a lo desprovisto del estanco de tabacos, condiciones que aunque difíciles, no le habían impedido estar listo en esos días para acudir a Texas a desalojar a los extranjeros abastionados en el litoral, por lo tanto, según el, "no era responsable a Dios ni al Rey si no se le auxiliaba".

    Cauteloso ante un enemigo que gozaba de prestigio militar como lo era Mina, preparó meticulosamente su marcha desde Monterrey a la costa del Nuevo Santander, para así no aventurarse "sino caminar con toda seguridad", lo que evidencia su temor a una derrota. Por esta razón se retrasó notablemente, siendo ésta la causa principal que motivó su acusación. Sin embargo Arredondo consideró su actuación como "muy natural", dadas las circunstancias que lo rodeaban. Pero ya en el terreno militar fue intransigente, al decir que si Mina había penetrado al virreinato, se debió a que "no hubo cabeza ni unión en las operaciones", ya que según afirmó, Benito de Armillán y Facundo Melgar, sujetos al mando del virrey, habían actuado con "impericia y cobardía", al no taparle el paso en la Huasteca.

    Y aunque el virrey dispuso el relevo del comandante de las Provincias de Oriente, Arredondo siguió inamovible, dándose el lujo de echar en cara a Apodaca la falta de divulgación pública de su actuación en Soto la Marina, además de considerarse acreedor a la Cruz de San Hermenegildo. Pero lo que los angloamericanos no pudieron hacer por la fuerza en su empeño de apoderarse de Texas, Arredondo se encargaría de concretarlo por la vía pacífica. Se trató de la autorización extendida a Moses Austin, un antiguo súbdito español en la Luisiana, para que pasara con un grupo de familias a fincar colonias extranjeras en el territorio de aquella provincia septentrional.

    El asunto quedó formali­zado el 17 de enero de 1821, en las postrimerías del virreinato. Cuando Austin finalmente se adentró en Texas en diciembre de ese año, España había perdido definitivamente su soberanía sobre el territorio mexicano.
    Atrapado nuevamente por una revolución liberal que estalló en la península en enero de 1820, el Rey Fernando VII se vio en la obligación de reinstalar las Cortes y la Constitución derogada en 1814. El resultado de estos acontecimientos provocó nuevas y profundas modificaciones en lodo el aparato del imperio, especialmente en las posesiones españolas de Ultramar, donde el germen de la autonomía e independencia estaba más que nunca maduro.

    Y no era para menos, ya que en alrededor de tres lustros España había transitado del absolutismo al constitucionalismo; la consecuencia de ello, fue la erosión completa que para los súbditos americanos sufrió el principio de legitimidad y autoridad de la Corona y del gobierno metropolitano en general. En las Provincias Internas de Oriente la noticia de los cambios en España no dejaron de sorprender a Joaquín de Arredondo, sobre todo por la manifiesta oposición que había demostrado contra la diputación de Monterrey en 1814.

    No obstante esta vez mostró una evidente hipocresía, felicitando al rey por la jura de la Constitución, requiriendo se le enviaran cuanto antes los bandos y decretos de las Cortes, ya que según él, "quedó este archivo en un vacío notable respecto de estos preciosos momentos de la sabiduría española"; se le había olvidado al brigadier que él precisamente había incautado los papeles de la diputación. Bajo el nuevo sistema quedaron organizados sesenta ayuntamientos constitucionales a lo largo del noreste, llevándose a cabo el 1 de octubre de 1820 la elección de diputados provinciales, siendo los votantes en su mayoría miembros del clero.

    Los diputados a las Cortes fueron Juan Bautista Valdés, cura del sagrario de Monterrey, y el coronel Felipe de la Garza, uno de los hombres de confianza de Arredondo en el Nuevo Santander. Cinco meses después del 24 de febrero, cuando se proclamó el Plan de Iguala, en las Provincias Internas de Oriente aún imperaba el predominio realista. Fue entonces que la efervescencia en pro del acuerdo político concretado por Iturbide hizo eco en el noreste. En la villa de Aguayo desde el mes de abril funcionaba una conspiración, mientras que en Saltillo también cundió la agitación por la independencia. Sabedor de esto último Arredondo, envió desde Monterrey una compañía de granaderos a Saltillo, situando al regimiento de infantería del Fijo de Veracruz en el paso de Los Muertos, el punto intermedio entre las dos poblaciones.

    Sin embargo, los granaderos fueron subvertidos por el teniente Pedro Lemus, al igual que el teniente Nicolás del Moral hacía lo mismo con los del Fijo. En Saltillo las cosas culminaron el 1 de julio, en buena medida por la acción del vecino Juan Marcelino González, jurando la Independencia su cabildo y vecindario ese día a la medianoche, adhiriéndose el pueblo de San Esteban de Nueva Tlaxcala y también los soldados que se encontraban en Los Muertos. Atrapado por las circunstancias, Arredondo no tuvo más remedio que jurar igualmente la Independencia en Monterrey, en un intento por recuperar el control de la situación.

    Pero los hechos lo habían rebasado, pues la junta de gobierno que ya funcionaba en Saltillo, se negó rotundamente a recibir sus órdenes y por el contrario pidió auxilio al teniente coronel Gaspar López, quien se encontraba en San Luis Potosí. Sin alternativa, Arredondo se fugó a Monterrey en compañía únicamente de dos oficiales, se refugió en un convento en San Luis Potosí, y enseguida bajó a la costa para embarcarse por la barra de Tampico rumbo a Cuba. En la isla caribeña permaneció hasta su muerte en 1837.





    _________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/notes/el-ca...31929013558696

  8. #208
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Juro por los huesos de mi madre ser enemigo de la constitución hasta la muerte, pues yo de he morir como dicen las espadas: POR MI LEY Y POR MI REY

    -El conductor eléctrico 1820


    José Joaquín Fernández de Lizardi; El Pensador Novohispano.





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    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Hyeronimus dio el Víctor.

  9. #209
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Aaron Burr, el hombre que intentó crear un nuevo país a principios del siglo XIX con partes de EEUU y España


    El juicio de Burr/Imagen: Sate of the Union History


    La Historia está plagada de personajes que se la jugaron llevando a cabo apuestas muy ambiciosas; como suele ocurrir en tales casos, el éxito o el fracaso son los que determinan que su protagonistas pasen a la posteridad con letras de oro o como figuras estrambóticas y el estadounidense Aaron Burr forma parte de ese segundo grupo. No es para menos, dado que se estrelló en un plan tan inaudito como difícil a principios del siglo XIX: desgajar el suroeste de EEUU y parte de lo que entonces aún era el Virreinato de Nueva España para fundar un nuevo país independiente.

    Hijo de un reverendo presbiteriano y nieto de un famoso teólogo calvinista, Burr parecía predestinado al oficio religioso y por eso entró en la Universidad de Princeton para estudiar Teología. Sin embargo abandonó esa carrera por la de Derecho, que tardó en terminar porque el estallido de la Guerra de la Independencia le llevó a ponerse a las órdenes del general Benedict Arnold. Durante el conflicto, participó en la campaña de Canadá de 1775, de la que regresó ascendido a capitán y convertido en un héroe, lo que hizo que George Washington le incorporase a su estado mayor.




    Retrato de Aaron Burr por John Vanderlyn/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    No se llevó bien con el futuro presidente y prefirió regresar al frente, consiguiendo dos años después el cargo de teniente coronel. Pero en 1779 un infarto le obligó a dejar las armas y retomar los libros de leyes, empezando a ejercer de abogado en Nueva York en 1782, justo tras la marcha de los británicos. Ese mismo año se casó con la viuda de un oficial de la Royal Navy, con la que tuvo una hija. El matrimonio duró doce años, hasta que la mujer falleció de cáncer.

    Entretanto Burr inició una carrera política al ser elegido Fiscal General de Nueva York y senador por el Partido Demócrata-Republicano. Incluso Jefferson le propuso para la vicepresidencia pero al final se impuso la candidatura de John Adams. No obstante, Burr conseguiría el puesto en 1799 al colaborar decisivamente en el triunfo electoral de Jefferson. Eso sí, el nuevo presidente desconfiaba de su ambición y logró que poco a poco se le fuera apartando de las decisiones; ello llevó a un enfrentamiento de Burr con Alexander Hamilton, secretario del Tesoro, creador del primer partido político de los recién nacidos EEUU (el Federal) y causante de la llamada Rebelión del Whisky, que terminó con el primero matándole en un duelo a pistola.




    El duelo entre Burr y Hamilton/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    En lo que fue el primero de los muchos affaires que tendría con la justicia, Burr tuvo que huir a Carolina del Sur acusado de asesinato, si bien la causa no prosperó y pudo volver a Washington. Eso sí, su carrera política se tambaleó y además empezó a tener apuros económicos. Quizá esas circunstancias influyeron en lo que sería el inicio de la gran aventura de su biografía y uno de los episodios más singulares de la historia de EEUU: la conspiración, que hoy lleva su nombre, para crear un nuevo país con la secesión de territorios de EEUU y del Virreinato de Nueva España.

    No está muy claro el asunto y no todos los historiadores creen que hubiera tal plan. Empezó en 1804 cuando Burr, presuntamente, le sugirió al embajador británico Anthony Merry la posibilidad de recuperar parte de sus colonias americanas a cambio del suministro de armas, ayuda de la Royal Navy y fondos (medio millón de dólares) para una expedición que planeaba con el fin de separar Luisiana de la Unión. Londres demoró su respuesta y en 1806 Merry recibió orden de regresar a su país, no sin que antes Burr le advirtiera de que la operación se llevaría a cabo con o sin Gran Bretaña.




    Harman Blennerhassett/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    El año anterior había viajado por el territorio en cuestión, contactando con adeptos como Harman Blennerhassett, un terrateniente que aportó importante ayuda económica. En una isla de su propiedad se almacenaron armas y suministros mientras se reclutaban voluntarios para atacar el virreinato español, que en esos momentos empezaba a sufrir los primeros brotes independentistas, por lo que hubo un grupo de criollos dispuestos a apoyar la expedición.

    Hay que tener en cuenta que, en esos momentos, aproximadamente la mitad de lo que hoy es EEUU pertenecía a España, recién rematada la compra de la Luisiana por EEUU; era una inmensa gobernación (dos millones y cuarto de kilómetros cuadrados al oeste del río Missisipi) cedida a Carlos III por el Tratado de París (1763) para compensar la pérdida de La Florida pero que más tarde (1803) se devolvió a Francia por el Tratado de San Ildefonso. Dicha devolución se hizo en 1803 y Napoleón se la vendió a Jefferson ese mismo año por quince millones de dólares.




    Mapa de la situación territorial en 1803/Imagen: Wiki Atlas of World History


    El caso es que Aaron Burr había arrendado a la corona española unos ciento sesenta kilómetros cuadrados de Tejas para dedicarlos a cultivo y además contactó con el embajador Carlos Martínez de Irujo y Tacón para exponerle su plan de desmembramiento de EEUU, que empezaba a verse como un país de gran potencial. Irujo colaboró económicamente, aunque sin permiso de Madrid. Ahora bien, las actividades de Burr no le pasaron desapercibidas al gobernador de Ohio, quien considerándolas sospechosas ordenó a la milicia estatal asaltar la isla que servía de base.

    Los cabecillas lograron escapar y contactar con el general James Wilkinson, a la sazón gobernador de Luisiana, que también se sumó al plan de Burr y prometió enviarles tropas, ya que flotaba en el ambiente la inminencia de una insurrección en el virreinato y había que intentar beneficiarse. Sin embargo Wilkinson era un personaje muy ambiguo que en 1780 ya había intentado la secesión de Kentucky y Tennessee; al enterarse de algunos incidentes armados con fuerzas españolas temió por las dimensiones que podía alcanzar todo aquello y su responsabilidad (luego se supo que además estaba a sueldo de España), terminando por denunciar a sus socios.




    James Wilkinson por Charles Wilson Peale/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    En un primer momento Jefferson no dio credibilidad a la acusación, más que nada por no comprometer al Partido Demócrata-Republicano. Pero el fiscal general de Kentucky, Joseph Hamilton Daveiss, presentó cargos contra el antiguo vicepresidente. Como un jurado rechazó abrir un juicio por falta de pruebas, Wilkinson se veía comprometido, así que entregó la correspondencia que había mantenido con Burr, parte de la cual estaba cifrada; parece ser que también manipuló algunos textos.

    El hecho es que en ellos se daba a entender que, además de intentar provocar una guerra con España, Burr conspiraba contra EEUU. Jefferson ordenó entonces detener a los implicados, que en ese momento se movían por el Mississipi con su ejército. En Bayou Pierre, cerca de Nueva Orleans, se enteraron de todo y decidieron entregarse; aunque Burr intentó una fuga en 1807 fue capturado de nuevo y enviado a Richmond, Virginia, para el juicio.




    La detención de Burr/Imagen: Fine Art America


    Sorprendentemente, resultó absuelto de traición, ya que conspirar no implicaba ese cargo y además él se empeñó en negarlo todo. Por otra parte, la acusación de encabezar una expedición militar contra España sin autorización del Congreso y violando la Neutrality Act también se disolvió porque Jefferson había entregado permisos en blanco y ello implicaba que ni Burr tenía responsabilidad total ni la campaña tenía por qué ser contra España (aparte de que, en general, una guerra contra ésta estaba bien vista por todo el país). Para colmo, resultó que las tropas apenas sumaban ochenta hombres con rifles de caza y que en la isla de Blennerhassett no se encontró tanto material como se había dicho.

    Wilkinson, cuya carta se demostró que había sido parcialmente falsificada, terminaría ante un consejo de guerra cuatro años más tarde y, tras ser perdonado y participar en una nueva campaña contra Canadá, se retiró falleciendo en 1825; en el recién nacido México, paradójicamente. Harman Blennerhassett, que estuvo en prisión durante el juicio, se acabó trasladando a Montreal dedicándose a la abogacía antes de irse a la isla inglesa de Guernsey, donde murió en 1831. La frontera entre EEUU y España permaneció inalterada y se fijó por el Tratado de Adam-Onís entre 1819 y 1821, por el que se ratificaba la soberanía española sobre Texas a cambio de la cesión de Florida.




    Tratado de Adam-Onís/Imagen: Wikimedia Commons


    En cuanto a Aaron Burr, al acabar todo el embrollo su vida política se terminó definitivamente, como es lógico. Las deudas acumuladas le hicieron dejar EEUU en 1808; marchó primero a Inglaterra, de donde fue expulsado por insistir en buscar apoyo para su fallida empresa, y luego a Francia, para pedir lo mismo a Napoleón infructuosamente. Esa gira, en la que también visitó Escocia, Dinamarca y Suecia, terminó por arruinarle del todo y no pudo regresar a su país hasta 1811.

    Para esquivar a sus acreedores cambió de apellido (adoptó el de Edwards) y se volvió a casar con una rica acaudalada, aunque ella le dejó a los cuatro meses cuando vio el ritmo al que empezaba a descender su capital. Al año siguiente perdió a su hija en un naufragio y retomó la profesión jurídica en Nueva York. La muerte le llegó a los ochenta años de edad, el 14 de septiembre de 1836, por lo que tuvo tiempo de ver la independencia de Texas; como dijo él mismo “Lo que para mí era traición hace treinta años ahora es patriotismo.”



    Fuentes:

    Aaron Burr. Conspiracy to Treason (Buckner F. Melton)

    /Duel. Alexander Hamilton, Aaron Burr and the future of America (Thomas Fleming)

    /Fallen founder. The life of Aaron Burr (Nancy Isenberg)

    /Cipher/Code of dishonor. Aaron Burr, an American Enigma (Alan J. Clark)

    /The treason trial of Aaron Burr. Law, politics and the character wars of the new nation (R. Kent Newmyer)

    /Wikipedia.

    Libro recomendado: The Life of Aaron Burr (Samuel L. Knapp).




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.labrujulaverde.com/2017/...-eeuu-y-espana

  10. #210
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    Re: Mexico no es bicentenario

    La aprehensión de Hidalgo en Acatita

    En el inicio de la Revolución de Independencia el ejército de Hidalgo obtuvo triunfos, pero también derrotas, como la sufrida en la batalla el día 17 de enero de 1811 en el paraje denominado Puente de Calderón ubicado en las cercanías de Guadalajara. A consecuencia de esa acción Hidalgo y los caudillos independientes se vieron precisados a emprender la marcha hacia los Estados Unidos con el propósito de obtener armas para continuar la lucha. Su intento se vio frustrado cuando en el transcurso de Saltillo a Monclova tuvo una traición por Ignacio Elizondo, que se había hecho aliado de los realistas, quien en una emboscada en La Noria de Acatita de Baján, Coah., el 21 de marzo de 1811 las tropas de Elizondo aprendieron a los jefes y oficiales; entre los primeros se hallaban Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez.

    En este largo peregrinar Hidalgo en Matehuala un lugar donde había escasez de recursos y se contemplaba un paisaje estéril, acompañado con dos mil personas con un resto de su ejército insurgente, y compuesto por religiosos, hombres de pueblo y sus familias, gente de a caballo y otras a pie. Treinta cañones, algunos coches destinados a los cabecillas, mujeres y clérigos, además de los animales de carga que conducían los baúles y pertrechos. De aquí salieron con rumbo a Saltillo, llegando el 5 de marzo y el cura Hidalgo se veía enfermo y de mal semblante, se quejaba ocasionalmente y no deseaba grandes ceremonias. Tres días duró la celebración por la llegada de Hidalgo. Aquí en esta población recibieron un indulto decretado por el Virrey Venegas, beneficio que es rechazado por Hidalgo y Allende.

    El 17 de marzo de 1811 Hidalgo abandona la ciudad y se dirige a Monclova; lo escoltan Jiménez y Allende con poco más de mil hombres. Los jefes principales abordaron catorce coches y detrás de éstos a larga distancia veinticuatro cañones de diversos calibres y bagajes, entre los que iban quinientos mil pesos en dinero y barras de plata. Después de transitar lugares desérticos y sin agua, llegan a un lugar llamado La Joya el 20 de marzo y el 21 emprenden la marcha con rumbo a Acatita de Baján. Mientras tanto el hábil de Ignacio Elizondo preparó su cobarde traición de tal manera que mandó a varios de sus hombres al encuentro de Allende para ofrecerle ayuda y guía por el desierto, asegurándole que en Acatita de Baján encontrarían agua suficiente y aconsejándoles a los insurgentes que para dar tiempo a que las norias recuperaran su nivel de agua, el ejército no se presentara todo junto, sino en grupos.

    Muy temprano del 21 de marzo de 1811 la caravana insurgente avanza a La Joya con dirección a Bajàn con la esperanza de encontrar fuerzas amigas, al pasar por Agua Nueva, no encontraron agua para saciar la sed. El desplazamiento continúa por aquellas llanuras áridas y de calor sofocante, haciéndose en cada momento más insoportable la marcha por lo embarazoso del bagaje, por la falta de provisiones, por la escasez de agua, ya que en esta región todas las norias habían sido azolvadas como parte de su estrategia. Por su parte el traidor de Elizondo estaba preparado con trescientos cuarenta y dos soldados veteranos, formado por milicianos y vecinos, indios comanches y mescaleros de la misión de Pellotes y varios oficiales quienes ya se encontraban apostados en un recodo de La Loma, conocida con el nombre de "La Loma de los Tontos". Además diez mulas cargadas con reatas y lazos de lechuguilla.

    Y en las lomas llamadas del prendimiento que ubicadas a tres cuartos de legua delante de Baján, Elizondo colocó las fuerzas en el recodo de La Loma, sitio no visible para los que van llegando. Da indicaciones para que se formen en batalla la mayor parte de su tropa como para hacer honores militares al paso de Allende y los demás jefes, y adelantó otro grupo a la retaguardia compuesto de indios y comanches mezcaleros bien instruidos de lo que habían ejecutar, provistos de lazos y reatas con orden de amarrar a todos los insurgentes que allí fueran llegando.

    La caravana insurgente se encuentra a media hora del lugar de la tragedia viene integrada por más de 20 carruajes, sus pasajeros, que ya llevaban más de mil kilómetros andados, cansados y hambrientos, seguidos de cerca de mil quinientos hombres que vienen al mando de Iriarte no maliciaron de la amable actitud de Elizondo. A las nueve de la mañana se avistó la vanguardia de la caravana, los coches de los insurgentes se aproximaron a Acatita. Seguía a estos un piquete compuesto de sesenta y seis hombres, que las tropas de Elizondo dejaron pasar y que fueron arrestados luego que se hallaron en el centro de la columna realista, de inmediato los desarmaron y ataron sin demora. Sorpresa que se llevó a cabo o con facilidad tanto por la absoluta confianza con que caminaban los independientes. En aquel punto el camino hacía una curva para costear una pequeña loma tras de la cual se ocultaba el grueso de las fuerzas de Elizondo, agazapados sin ser vistos por los insurgentes.

    Después de una hora aparecen otros carruajes, viniendo en uno de ellos el teniente saltillense Nicolás González, quien es muerto en el acto por no aceptar la intimación. En ese sentido venía un coche con mujeres, escoltado por doce o catorce hombres, los cuales intentaron defenderse, y fueron muertos tres de ellos y cogidos los demás. En este orden fueron llegando hasta catorce coches con todos los generales y eclesiásticos, en uno de ellos viajaba un hermano de don Miguel Hidalgo y fue preso.

    Llegó el coche donde viajaban Ignacio Allende, Mariano Jiménez y Juan Ignacio Ramón y el hijo de Allende llamado Indalecio, quienes reciben la intimidación de rendición por parte de Vicente Flores; pero Allende rehusó rendirse, quien llamándole "infame traidor" le tiró un pistoletazo a Elizondo, pero éste escapó de las balas, luego mandó a sus soldados hacer fuego contra el coche, quedando muerto de esa refriega el hijo de Allende, que era teniente general, y mal herido Arias. Faltaron las fuerzas de los insurgentes para oponerse y se entregaron a sus captores, abrumados, azorados y asustados. Fue entonces que Jiménez que acompañaba a Allende en el mismo coche, saltó del coche y le dijo a Allende que no había remedio que rendirse y entregaron las armas a Elizondo, de inmediato fueron atados los dos.

    Al último de todos venía el cura Miguel Hidalgo, quien se había apeado de su coche y montado en un caballo prieto y marchaba detrás de los coches y rodeado de una pequeña escolta a cargo de Marroquín, compuesta de 20 hombres que marchaban con las armas presentadas. Elizondo sale a recibirlos y se coloca a la retaguardia como si los viniera escoltando, al llegar al sitio referido o sea al recodo del camino los intimidaron a que se rindieran, sorprendido el caudillo recurre a su pistola y antes de hacer uso de ella, sus aprehensores se lo impiden por lo que forzosamente se da como prisionero. Hidalgo fue el único que no fue atado como lo fueron sus compañeros, respetando su augusta figura y a su persona.

    Las detenciones continuaron, con los soldados insurgentes y los demás jefes y oficiales. La fatídica tarea se prolonga hasta el anochecer con la detención de 893 insurgentes más y toda la impedimenta militar, incluyendo los 22,000 kilogramos de plata. La celada había terminado con la muerte de 40 personas y otras más heridas. Después de Monclova a un grupo selecto de insurgentes fueron trasladados a Chihuahua en una caravana encabezándola Miguel Hidalgo.




    Representación de la aprehensión de Hidalgo en Acatita de Baján.



    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.elsiglodetorreon.com.mx/...n-acatita.html

  11. #211
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Manipulación de la historia en México sobre la conquista

    Publicado el 12 abr. 2018

    Entrevista al historiador mexicano Martín Ríos Saloma
    Los mexicanos no están reconciliados con su Historia
    Manipulación de la historia en México sobre la conquista
    Los mexicanos no estamos reconciliados con nuestra historia (conquista, época virreinal,...)





    https://www.youtube.com/watch?v=cYQOcz2vivQ&t=25s

  12. #212
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Lamento carecer de ese ánimo patriotero con el que la gente festeja algo que sin conocer les parece digno de celebración y eso está bien porque si en realidad conocieran los eventos acaecidos durante la insurgencia se la pensarían dos veces antes de ponerse a echar vivas a los próceres que dizque nos dieron patria sin siquiera referir a don Agustín de Iturbide ni a don Juan O'Donojú sólo por mencionar a dos de los que las celebraciones han dejado en el olvido. Me queda claro que la insurgencia fue una 'bola' donde Miguel Hidalgo diera rienda suelta al saqueo y la matanza indiscriminada de españoles.

    Si yo hubiera dicho o escrito ésto hace algunas décadas lo más seguro es que los patrioteros ya me hubieran quemado en leña verde por andar de hereje y deslenguado. Pero no, porque la insurgencia de Hidalgo tenía por meta la de traer al más infame de los reyes españoles a gobernar en el nuevo reino que don Miguel ya le preparaba, tratándose del bestial y abominable Fernando VII. Ya auto-proclamado como 'su alteza serenísima' don Miguel comete el delito de la traición al negarle apoyo militar a Allende en Guanajuato provocando que éste pretendiera envenenar a Hidalgo en varias veces

    Pero la parte que a mí me resulta más llamativa de la guerra insurgente es cómo este país que aún no se llamara México sino Nueva España fuera el escenario de varios absurdos que rayan en lo jocoso. Como cierto pasaje en que a los dos bandos el insurgente y el realista les diera por establecer una costumbre a la que le llamarían La Guerra de las Vírgenes misma que duraría todos esos años de la lucha insurgente. Se trataba de tomar presas a cualquiera de las dos imágenes que eran enarboladas por ambos bandos, uno que peleaba por la independencia y el otro por suprimir a los insurgentes.

    Ahí ya no se trataba de quiénes tenían la razón y cuál de las causas era la justa cuando aquellos insurgentes atacaban acicateados por el saqueo y las ganas de joderse en los gachupines al tiempo en que los realistas oponían una feroz resistencia al presuntamente deberse a una Corona española inexistente en esa época cuando España estuviera sometida por los franceses y fuera regida por José Primero, hermano de Napoleón. Luego entonces los insurgentes ni cuenta se daban ni con quién cabrones estaban peleando en realidad cuando lo hacían sin saber contra los designios de un francés.

    Pero volviendo a lo de la cómica Guerra de las Vírgenes nos referimos a las vírgenes Guadalupana del Tepeyac y a la de los Remedios mismas que se vieron enfrentadas a pesar de que ambas eran contemporáneas y de un cuño probado ya novo-hispano. Cada virgen encabezaba a sus propios bandos antagonizando uno contra el otro cuando la Guadalupana del Tepeyac abanderara aquel movimiento de los insurgentes quienes ya le habían obsequiado del título de 'Santa María de Guadalupe patrona de nuestra libertad' que le adjudicara el sacerdote insurgente don José María Morelos y Pavón.

    Pero como bien sabemos por las crónicas históricas que la Guadalupana del Tepeyac --porque también había en México la Guadalupana española de Úbeda-- fue sustraída desde un principio por el padre Hidalgo de un templo para abanderar con esta imagen su movimiento insurgente. Era tan poderosa la influencia simbólica de la Guadalupana del Tepeyac que cierto caudillo insurgente nacido en Durango cambiaría su identidad original de Miguel Fernández Félix por la de Guadalupe Victoria, con el primer nombre honrando a la virgen del Tepeyac y el segundo por lograr el triunfo.

    Sin embargo ya ustedes se habrán de imaginar cómo le fue a Guadalupe Victoria con aquel incorregible ánimo malicioso y alburero del populacho que se volcara en el placer del chisme diciendo que el adalid por andar de pendejo y por ansioso se había enjaretado dos nombres de mujer sin darse cuenta. Pero aún así este masón conocido como Guadalupe Victoria se convertiría en el primer presidente de México. Por su parte los realistas no queriendo rezagarse competirían contra la Guadalupana y para abanderar a sus ejércitos desempolvaron a la virgen de los Remedios, una veterana de la conquista.

    Para los antecedentes de la virgen de los Remedios basta recordar las crónicas que citan el prodigio cuando esa imagen presuntamente se les apareciera a los hispanos cuando éstos huyeran derrotados de Tenochtitlan en una inexistente Noche Triste y un inexistente salto de garrocha de Alvarado. Se dice que esta aparición de la virgen de los Remedios dizque les ayudaría a los conquistadores a vencer a los aztecas. Y como los españoles siempre eran muy dados a venerar todos esos prodigios tocaría al virrey Venegas darle a la de los Remedios el grado de generala decorándola con los blasones del rango.

    Por esta condecoración militar la virgen de los Remedios se vio complementada cuando un comedido funcionario virreinal sugiriera que le pintaran a la imagen unos grandes mostachos y unas enormes patillas de corte militar. Esta misma virgen ya bigotona y patilluda sería la misma que tres siglos más delante saliera a combatir contra los insurgentes para acabar con la del Tepeyac en una guerra entre una güera española y una mestiza mexicana. Al final ganó la del Tepeyac pero de haber ganado los realistas el culto guadalupano hubiera caído en desuso, tal como le pasó al de la virgen de los Remedios.

    Desde el primer momento en que los realistas enarbolaran a su virgen bigotuda de los Remedios se dio la costumbre de que un bando capturara a la virgen del otro bando para luego de hacerle un juicio sumario donde se le acusara de traición, se le condenaba al fusilamiento. Por largos años a veces fusilaron a la Guadalupana y en muchas otras tantas a la de los Remedios. Tal pareciera que esa Guerra de las Vírgenes hubiera remplazado como causa a la guerra de la insurgencia cuando todo mundo pareciera luchar con el sólo propósito de capturar a la virgen del bando contrario para hacerla fusilar.

    Ya consolidada la independencia el emperador Agustín de Iturbide creó la única orden de caballería mexicana, la Orden de Guadalupe, misma que sería reconocida oficialmente por el Vaticano. Lo más sorprendente es que ésta fue la única Orden que Agustín pudo crear en los pocos meses que durara su imperio. Años más tarde esta misma Orden de Guadalupe sería rehabilitada por Maximiliano durante el Segundo Imperio mexicano y éste le añadió más grados, más medallas y más listones de colores. En la actualidad la constitución política de México prohíbe expresamente cualquier orden.

    LA GUERRA DE LAS VÍRGENES

    Ramiro Arredondo-Hernández

    basado en Pendejadas Célebres de la Historia de México






    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/groups/cami...4588212292768/
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  13. #213
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Está visto que no siempre la historia va de la mano con el patrioterismo que no es otra cosa que ese sentimiento de pertenencia y de identidad que se da por lo general al darle rienda suelta al jolgorio celebracional basado en leyendas que carecen de suficiente soporte documental. Por tanto ante quienes manifiestan su alegría patriotera y festiva los historiadores no son bienvenidos por lo claridosos cuando no faltará una liebre que brinque en el momento más inoportuno para afear la imagen popular de los próceres 'que nos dieron patria' al mostrarlos tal y cómo eran en realidad.

    Por ejemplo los mexicanos creemos que Hidalgo y Allende fueron dos grandes amigos que jalaran solidarios impulsando la insurgencia contra España. Esta versión completamente errónea fue un engendro de la historia oficial publicada en los libros de texto. Quizá por un esfuerzo tendiente a divinizar a los protagonistas los falsos historiadores dijeron que ambos dizque compartían intereses presuntamente patrióticos sin imaginar que detrás de ese ánimo tan levantisco lo que en realidad les era común --es que los dos próceres estaban endeudados hasta el cuello con los usureros gachupines--.

    El caso es que Ignacio Allende por un pelito se convierte en el asesino de un enajenado Hidalgo que le traicionara. Las diferencias entre estos dos protagonistas iban más allá de la edad cuando el joven Allende tenía una carrera inmaculada en las armas y acataba de manera religiosa a una ética tanto personal como militar. No era este el caso de don Miguel Hidalgo y Costilla quien de manera malintencionada y expresa instigaba a su turba de seguidores donde militaban muchos criminales hacia --el despojo, la violación y el asesinato de los españoles que encontraban a su paso los insurgentes--.

    Ante el ordenado Ignacio Allende los seguidores de Hidalgo no eran sino un gentío mal portado y sediento de sangre que lejos de enaltecer la causa insurgente, la hacían desmerecer. Hidalgo se justificaba diciéndole a Allende que ‘estos asesinatos eran un mal necesario que lejos de ser criticables debían de agradecerse a aquellos criminales’. Desoyendo el reclamo a la moderación de Allende, Hidalgo alcahueteó los asesinatos de aquélla turba criminal pretextando a Allende que ‘si se les aplicaba todo el rigor de la disciplina militar, la muchedumbre terminaría dándole la espalda al movimiento’.

    Hidalgo le argumentó además a Allende ‘que él no podía prohibirles el robo ni el saqueo ni la matanza de españoles cuando aquéllo era un premio para la marabunta insurgente’. Allende se enfurecía con aquellos insurrectos reprobando el saqueo generalizado y desorden que dañaban la naturaleza del movimiento. Por su parte Hidalgo agarró ojeriza a Allende al ver como maltrataba a esa gentuza. Hidalgo alcahueteaba la indisciplina de su gente al tiempo que para Allende aquello era más que abominación. Por supuesto que había enormes diferencias entre ambos, mismas que serían inconciliables.

    Hidalgo era un cura de apariencia respetable y sus arengas en tono religioso eran escuchadas por la muchedumbre con mucho respeto y sumisión. Por su lado Allende era un joven muy entusiasta además de militar audaz y temerario. Ambas personalidades se complementaban y eran indispensables para la insurrección. Pero el carisma y la alcahuetería del cura Hidalgo fueron mucho más poderosos que los conocimientos militares del reacio Allende. Para colmo la separación entre lo religioso y lo militar misma que parecía ya haber quedado pactada desde un principio, nunca sería llevada a la práctica.

    Tras varios eventos sangrientos vendría la gota que rebosara el vaso de Allende cuando Miguel Hidalgo se negara a tomar la Ciudad de México tras haber salido victorioso en el Monte de las Cruces, para venir resultando derrotado de manera por demás estúpida en Aculco donde Miguel Hidalgo, obstinado desoyera las sugerencias de Allende. Esto provocó que éste optara por distanciarse de Hidalgo quien muy crecido en su ego se auto-proclamara Alteza Serenísima en Guadalajara al tiempo en que Allende andaba a salto de mata huyendo de Calleja, luego del fallido conato por recuperar Guanajuato.

    Pese a los apuros de Ignacio Allende, Hidalgo se hizo de la vista gorda negándose a enviarle ayuda por lo que Allende lo acusa de traidor y egoísta. Pese a todos los agravios ya para
    cuando a Allende no le quedara de otra más que replegarse y reunirse con las fuerzas de Hidalgo, decide ir a Guadalajara donde el cura le brinda una abrumadora y cálida bienvenida. Si ya de por sí el que Hidalgo se colocara a sí mismo el mote de 'Su Alteza Serenísima' el odio de Allende contra Hidalgo se acrecentó cuando Ignacio se enterara de que el cura asesino, había ejecutado a cuatrocientos españoles en esta capital.

    Fueron ejecutados de manera sumaria por órdenes expresas de Hidalgo sin motivos aparentes y sin mediar juicio. Habían muerto sólo por el pecado de gachupines y siguiendo la tónica del padre Hidalgo esto justificaba aquellos asesinatos. Los intentos de Allende para envenenar a Hidalgo fueron varios. Allende durante su proceso explicó que aquellos intentos eran urgentes y necesarios ‘porque para salvar al movimiento era indispensable deshacerse del cura’. Detalló cómo consiguió el veneno ‘mismo que repartió en tres dosis que administrarían, una él mismo, otra su hijo Indalecio y otra más Joaquín Arias’.

    Mientras Ignacio Allende procuraba envenenar a Hidalgo, éste retozaba sin darse por enterado. Resulta obvio que a pesar de estar decididos ninguno de aquellos tres pudo acercarse al cura como para encontrar una manera de envenenarlo, aún después de que el cura Hidalgo fuera removido del mando de los insurgentes tras la desastrosa derrota en el Puente de Calderón. El final de sus días insurgentes vendría siendo el mismo para ambos cuando los dos fueran fusilados en 1811 y luego de decapitarlos sus cabezas se acompañaran como dos buenos amigos en la Alhóndiga de Granaditas hasta 1821.


    COMO DOS BUENOS AMIGOS

    Ramiro Arredondo-Hernández

    basado en Relatos e Historias de México, No. 18






    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/groups/cami.../?__tn__=-UC-R

  14. #214
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    Re: Mexico no es bicentenario

    El Robo del Águila.

    Por Iván Harlow.


    Cuando las cruzadas terminaron, los caballeros medievales de agruparon en «órdenes de caballería» en las cuales buscaban defender algún objetivo, o a alguna persona, por ejemplo la religión católica, algún santo en particular, o la lealtad al Rey.

    Con el paso de los años, algunas órdenes fracasaron y desaparecieron. Otras se volvieron tan poderosas que pasaron a ser distinciones diplomáticas. De estas dos últimas las dos más importantes del mundo son la Distinguida Orden de la Jarretera (Reino Unido) y la Insigne Orden del Toisón de Oro (rama española y rama austriaca).

    Un elemento distintivo de los caballeros que pertenecen a una orden, es que usan una.banda de tela ceñida al cuerpo, que va de un lado (hombro)al otro (cintura) del cuerpo.

    Según el protocolo se usa de cierto lado y en cietas ocasiones. Cuando no aplica la banda, aplica el collar o un cordón al cuello.

    En este marco, al lograr México su independencia, el Emperador don Agustín creó una orden de caballería: La Imperial Orden de Guadalupe.

    En la imagen 1 vemos el collar de Gran Maestre que fue usada por el Emperador Iturbide, cuyo diseño luce una singular águila de estilo francés.

    A la caída del imperio, la orden quedó abolida, luego fue resinstaurada por Don Antonio López de Santa Anna, y luego por el Emperador Maximiliano.

    Juárez, que era masón, no podía ser caballero de la orden, menos aún Gran Maestre —Ni le interesaba serlo— Pero el águila del diseño era tan bella que decidió robarla.

    Así que al instaurar la segunda República (1867) usa el águila de la orden de Guadalupe para su bandera, confundiendo así la verdad histórica.

    Hoy el águila ha vuelto a ser robada y amenaza con volver a la bandera







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  15. #215
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Mexicanos discutiendo con españoles (parodia)





    https://www.youtube.com/watch?v=eJuV37tVqnE






    Mexicanos justifican la independencia de España pero condenan la independencia de Texas





    https://www.youtube.com/watch?v=ML1zciXfUiQ

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    Re: Mexico no es bicentenario

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    Mexicanos discutiendo con españoles (parodia)





    https://www.youtube.com/watch?v=eJuV37tVqnE






    Mexicanos justifican la independencia de España pero condenan la independencia de Texas





    https://www.youtube.com/watch?v=ML1zciXfUiQ


    No se puede comparar la independencia de México con el robo de Tejas. La independencia de México fue realizada por un pueblo (la unión de realistas e insurgente bajo la figura de Iturbide y Guerrero) que tenía habitando trescientos años la América Septentrional. Tejas fue invadida en 15 años por anglosajones protestantes para arrebatarla de México usando el peso demográfico, una invasión promovida por los distintos gobiernos de EUA.
    ¡ VIVA MÉXICO VIVA SANTA MARÍA DE GUADALUPE VIVA MÉXICO !

    Adelante soldado de Cristo
    Hasta morir o hasta triunfar
    Si Cristo su sangre dio por ti
    No es mucho que tu por ÉL
    Tu sangre derrames.


  17. #217
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Interesante documental que aborda el tema de la guerra de independencia y presenta varios datos que serán políticamente incorrectos para varias personas.




    El Grito que sacudió a México

    En Septiembre de 1810 fue el año de la conjura contra el gobierno Español, un grupo de Insurrectos encabezados por Ignacio Allende y el Cura Miguel Hidalgo y Costilla encabezaron un movimiento clandestino en la ciudad de Querétaro con el objetivo de perpetrar un golpe contra la corona con el objetivo de liberarse del Yugo español que había predominado el antes territorio de las grandes culturas mesoamericanas. El abuso, el maltrato y la desigualdad fueron los factores que iniciaron esta marcha que se tradujo en "EL GRITO QUE SACUDIÓ A MÉXICO".





    https://www.youtube.com/watch?v=eLyebFmt1pc&t=405s

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