Bueno, a mi modo de ver, el problema aquí no es tanto de tendencia historiográfica, sino de hechos históricos simplemente. Don Sixto, en una postura que respeto mucho, siempre ha querido salvaguardar la memoria de su padre demostrando con ello su conciencia católica y su deber de hijo; el problema es que es muy difícil hacerlo, cuando su padre en todo momento apoyó incondicionalmente los desmanes de su hermano mayor, sin censurale como regente del carlismo o reconvenirle lo más mínimo al menos en el plano paternal. El hecho de que don Javier entregase a su primogénito la fundación y dirección del partido bajo principios heréticos, para integrarlo en juntas o "platajuntas" democráticas, con estalinistas, separatistas, liberales de todo pelaje, masones, maoístas y socialdemócratas es algo absolutamente insólito en un verdadero príncipe de la Tradición; pero es que el problema NO es de principios de los años 70, que es cuando esto ocurre, sino que empiezan a principios los 60, cuando las ideas de Carlos Hugo empiezan a estar bastante claras, y hubieran bastado para desheredarle al menos políticamente.
En lugar de ello, decidió dejarse llevar por su hijo y prestarle oídos a iluminados (como Clemente), que le inculcaron la absurda idea de que podrían ser los reyes del antifranquismo y la España democrática.
De todas maneras, su mujer doña Magdalena no tiene nada que ver en estos desmanes, y según me consta siempre fue una princesa católica intachable.
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