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Tema: Habemus Papam - Francisco I

  1. #501
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Triste Aniversario

    Fray Gerundio

    Con la misma superficialidad e irresponsabilidad con que se acogió e interpretó la dramática noticia y en la línea marcada ya por todos los manipuladores y creadores de opinión mundial, conmemoramos el triste aniversario de la renuncia de Benedicto XVI al pontificado. Aquél funesto día 11 de febrero del pasado año, se derrumbó una parte del edificio que todavía quedaba en pie, a pesar de que ya las ruinas estaban acumuladas desde muchos años antes. El pueblo cristiano se sintió huérfano al escuchar atónito al primer papa de la historia –digan lo que quieran los historiadores hermenéuticos al uso-, que tira la toalla, que abandona sus graves responsabilidades y renuncia a seguir guiando el rebaño a él encomendado. Sólo Dios conoce los pensamientos y los secretos últimos de los corazones, es verdad; pero a la vista de los acontecimientos, y sin saber todavía lo que nos esperaba, muchos dijimos ya en aquel aciago día que algo estaba sucediendo entre bambalinas, perfectamente programado por los directores de la obra escénica. Sean cuales fueran, el Príncipe de este Mundo se constituía en Mentor y Patrono de lo que habría de venir. No me cabe la menor duda, independientemente de los casuales rayos que pudieran caer por aquí o por allá. Y elegir el día de la Virgen de Lourdes para tal representación, añadía todavía más gravedad al tema: dos veces desde entonces, ha quedado completamente anegada la gruta de Lourdes, como en una especie de protesta sencilla, pero anunciadora del desastre.


    Me he referido a la superficialidad e irreponsabilidad de muchos, que acogieron la nueva elección con una euforia desmedida desde la filas católicas; al tiempo que desde los asientos anticatólicos, ateos, escépticos y por supuesto los claramente heréticos y blasfemos, se enorgullecían de la noticia y cantaba loas a la Nueva Era que llegaba, cerrando para siempre una etapa oscura e inquisitorial. Los cardenales electores, bien apiñados antes y después en torno a la perversa situación, iban en la cabeza de la manifestación y del alboroto entusiasta, al tiempo que se diluían entre la multitud de corifeos aduladores, tanto del Recién Elegido, como de esa parte del Mundo Blasfemo que lo aclamaba. Ni uno sólo de estos cardenales ha salido al paso de la tremenda situación. Ni siquiera un San Atanasio que -sin abandonar la Iglesia-, hubiera dado ejemplo de gallardía y nobleza.
    Las anécdotas de cambios menores, clamorosamente aireadas por los medios, no eran sino la cáscara de los auténticos cambios que se avecinaban. Cambios en los modos y maneras –jubilosa e irreflexivamente aceptados-, anunciaban cambios en el fondo, presentados con la etiqueta de la comprensión hacia los que sufren, misericordia divina para todos sin conversión previa, redención de todos sin distinciones y en definitiva una serie de gestos y mensajes implícitos a todo el mundo no católico, a la par que otra serie de mensajes mucho más explícitos de dureza y excesiva severidad, para con los pocos sacerdotes y fieles que denunciaban tales cambios.
    La doctrina de la Iglesia, después de este año, ha quedado herida de muerte. Lo estaba ya en la práctica. Los católicos llevaban tiempo permitiéndose opinar y vivir conforme a las exigencias del mundo. Muchos de ellos, con sus Pastores a la cabeza – alemanes y no alemanes-, ya vivían fuera de las normas más elementales del dogma y la moral católicos. Pero todavía quedaba -como un leve punto de referencia-, la mirada hacia Roma. Los hijos pervertidos, temían que su padre les amonestara y les recordara el texto de la doctrina. Ahora, es el padre quien anima a los hijos a pervertirse. No se puede interpretar de otro modo, las continuas llamadas a comprender a los que cometen los pecados más graves denunciados y castigados por Dios en la Sagrada Biblia, mientras no se dice una palabra acerca de la gravedad de los mismos. A comprender a los homosexuales, los divorciados, los blasfemos, los ateos, los que no tienen fe, los que pisotean los dogmas eternos de la Santa Iglesia… en tanto no se dice una sola palabra sobre los pecados en cuestión.
    El Pontificado se ha vaciado de contenido, de prestigio (todavía más), de estilo, de clase, de pose, de autoridad en definitiva. Uno más entre la muchedumbre, podría haber sido el lema del escudo, superado ya el clásico Servus servorum Dei, que ahora se interpreta en clave ramplonamente marxista.
    Pero insisto en que todo esto no es más que un nuevo capítulo del guión. Y me importa un bledo lo que puedan pensar mis novicios, también entusiasmados y claramente manipulados. El guión empezó a escribirse hace mucho. No han faltado quienes lo denunciaran a su tiempo, entonces y ahora. Pero el guión sigue. El dimitido Benedicto XVI, ya decía hace 40 años lo que iba a suceder. Los tontorrones y malvados de turno (que coinciden casi siempre), lo interpretan en clave profética. Yo lo interpreto en clave programática. No es profeta quien dice a sus oyentes: si hacemos las cosas de este modo, va a pasar esto, y esto, y esto. Y se pone a la cabeza de los actores (aunque eso sí, con la prudencia y la precaución debidas). Todo estaba programado en general, con añadidos programáticos al hilo de la actualidad. El Gran Teatro del Mundo, cada uno con su papel específico, puesto en marcha para destruir lo que quedaba de la Iglesia. Incluso el papel de Pontífice Emérito, al que el Papa Francisco llamaba estos días Su Santidad Benedicto XVI. Malicia sobre malicia.
    Si todo esto ha pasado en el corto plazo de un año, veremos lo que nos espera a lo largo del año venidero. Los estragos acumulativos son siempre exponenciales, porque destruir es más sencillo que edificar. Vamos a ver lo que organizan los nuevos gestores nombrados para ayudar al Papa, quien a pesar de tantas declaraciones en contra de la autoridad que representa, tiene ahora más Autoridad Destructiva que nunca, bajo capa de permisividad, pobreza y humildad.
    No me gusta ser agorero, ni futurista, ni alarmista, pero debemos pedir a Dios la ayuda de su gracia para mantenernos fieles ante las siguientes fases de destrucción que se avecinan. Me gusta recordar la llamada que hacía San Pedro a la conversión (palabra olvidada o maliciosamente interpretada en nuestros días):
    No tarda el Señor en cumplir su promesa, como algunos piensan; más bien tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan. Pero como un ladrón llegará el día del Señor. Entonces los cielos se desharán con estrépito, los elementos se disolverán abrasados, y lo mismo la tierra con lo que hay en ella. Si todas estas cosas se van a destruir de este modo, ¡cuánto más debéis llevar vosotros una conducta santa y piadosa, mientras aguardáis y apresuráis la venida del día de Dios, cuando los cielos se disuelvan ardiendo y los elementos se derritan abrasados! (2 Ped. 3, 9-12)
    Claro que algunos piensan que la conducta santa y piadosa a la que se refiere San Pedro es la comprensión con el pecado, el olvido de la ascesis y el compadreo con las religiones falsas. Es que san Pedro, sin saberlo, era pelagiano.

    Que Dios nos ayude.

    Triste Aniversario | Tradición Digital

  2. #502
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Otra de Sinagoglio : «La Misa en latín es solo una moda» y los jóvenes que la desean son solamente «adictos a esa moda»

    Otra de Sinagoglio : «La Misa en latín es solo una moda» y los jóvenes que la desean son solamente «adictos a esa moda» | FORO CATÓLICO
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  3. #503
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    ¡¡Y dale con los cristianos tristes…!!

    Fray Gerundio

    Hay una obsesión repetitiva en la predicación del Papa en Santa Marta, con eso de los cristianos tristes. Ya tuve que explicar en otra columna, que yo me siento aludido por estas acusaciones, a pesar de que nunca hasta ahora me había considerado triste. Pero así son las cosas.
    Esta pasada semana, la referencia a los cristianos tristes tiene otro signo distinto, aunque me temo que tenga también la misma finalidad y el mismo trasfondo. Hablando de que la característica de los cristianos es que son personas que exultan porque conocen al Señor y llevan consigo al Señor, se aprovecha para una nueva arremetida que aquí transcribo:
    Aquellos cristianos que viven en un tiempo adagio-lamentoso, que viven siempre así, quejándose de todo, tristes, no le hacen ningún favor ni al Señor ni a la Iglesia… Ese no es el estilo del discípulo. San Agustín dice a los cristianos: ¡Anda, ve adelante y camina! Con alegría: y ese es el estilo del cristiano. Anunciar el Evangelio con alegría. Y el Señor lo hace todo. En cambio, la excesiva tristeza, también la amargura nos lleva a vivir un, por así decirlo, cristianismo sin Cristo: la Cruz vacía a los cristianos que están ante el sepulcro llorando, como la Magdalena, pero sin la alegría de haber encontrado al Resucitado.
    Aparte de que el estilo oratorio no es precisamente el que tenía Demóstenes, y por lo tanto la traducción no puede ser muy de Cicerón, y aún en medio del confuso lío de palabras… como ya nos conocemos, puedo intuir con mi adagio-lamentosa-mala-milk (que en ocasiones es bastante alegre y divertida para mí), que aquí se mezcla todo al más puro estilo modernista, con la finalidad de sacar una sola conclusión: dar a conocer a los oyentes y lectores quiénes son los tales cristianos tristes, para que inmediatamente -como si estuviéramos en la Alemania nazi-, se les coloque la pañoleta en el brazo que nos identifique como amargados. Ni más ni menos. Yo, por el sólo hecho de llevar mi hábito, ya tengo bastante identificación entre mis hermanos. Soy amargado porque no llevo pantalones vaqueros asquerosamente sucios y no hago celebraciones a las tantas de la madrugada con jóvenes y jóvenas conscientemente cristianos, que apoyan la homosexualidad y que rechazan las enseñanzas morales de la Iglesia.
    Nuestro Señor, que era el Buen Pastor, ya nos alertaba de la situación en que nos veríamos después de su muerte y de su desaparición de este mundo. No creo que podamos acusar a Jesucristo de amargado, cuando contraponía la alegría del mundo con nuestra necesaria tristeza:
    Lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo se alegrará.Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría (Jn. 16, 20).
    En el mundo tendréis tristeza, pero confiad, Yo he vencido al mundo. (Jn. 20, 33)
    Todo parece indicar por tanto, que el mismo Señor nos avisa de la posibilidad de que los discípulos tengamos que cargar con una tristeza, que estará justamente en proporción inversa a la alegría y el jolgorio del mundo. Por lo visto el Señor estaba en ese momento en un estado adagio-lamentoso. Claro que como Él no hablaba pensando en la prensa ni en la publicidad, se limitaba sencillamente a aconsejarnos lo que más nos convenía. Menuda diferencia.
    Si nos atenemos a estas palabras transmitidas por el Evangelio de San Juan -y claro está, esto solamente sirve para los que creemos en la inspiración y en la historicidad de los Evangelios-, tenemos motivos para estar tristes, porque hay que ver lo contento que está el mundo (yo diría el mundillo), con las actuaciones y con los decires y haceres de nuestros líderes religiosos. Ellos andan felices y contentos, triunfalistas, con plena confianza en sí mismos y en sus programas de acción, con la presunción del éxito al alcance de la mano. Y curiosamente, todos los medios que les encumbran, encaraman y ensalzan.
    Para ellos -yo los comprendo, pobrecillos-, no puede haber lugar para la tristeza. Todos sabemos lo bien que va todo. Porque ahora se vive el cristianismo mejor que nunca. La asistencia a los sacramentos está por las nubes, la euforia colectiva está fuera de todo control, el sentido cristiano de la moral está en proporciones elevadísimas, el matrimonio cristiano –especialmente después de la catequesis de alta teología sobre las suegras- está que se sale, la familia está de miedo y fenomenal, a falta del golpe que se le va a dar este mismo año, la juventud vive enamorada de su vocación cristiana, como se ha visto en la participación masiva de jóvenes realmente comprometidos con su vida cristiana en Río de Janeiro, los Obispos están encantados con la nueva situación de progreso eclesial y de acercamiento al mundo… etc.
    Por lo visto, son muchas las razones que tienen para estar contentos, mientras el cadáver se corrompe. Ya dijo el Señor que donde esté al cadáver allí se congregarán los buitres. Veo muchos buitres cantando a coro, mientras los adagio-lamentosos advertimos que esto no marcha. Pero no hay que hacer caso: son los clásicos amargados que no hacen ningún favor al Señor ni a la Iglesia.
    Yo creo que la tristeza de María Magdalena al ver que el sepulcro estaba vacío, era real. Y por eso -en sus lamentos-, intentaba encontrarlo como fuera. Hasta que el Señor mismo se le hizo presente. Ahora, la habrían calificado en Santa Marta de cristiana amargada y tristona, si la hubieran entrevistado antes de encontrar a Jesús Resucitado. Quejarse de que el Señor ha desaparecido y no se sabe dónde lo han puesto, no está bien visto. La dictadura de los que tanto critican las dictaduras (menos la cubana), la intolerancia de los que se les llena la boca de la palabra tolerancia, la incomprensión de los que no hablan más que de comprensión, la actuación justiciera y despótica de los que no hablan más que de misericordia, es hoy día el carnet de autenticidad de un cristiano alegre.
    Los pobrecillos que se atrevan a levantar la voz tímidamente, o a comentar respetuosamente que esto no va bien, que se preparen. Los ejércitos misericordiosos de los déspotas de turno, tan judaizantes ellos, tan mahometanos ellos, tan vudús ellos, no lo permitirán. Que se lo digan al pobre Roberto De Mattei, ya estigmatizado y expulsado, probablemente por una llamadita telefónica desde las altas esferas. Así actúan.
    Ha dicho el Cardenal Super-Madariaga que hay que criticar al Papa, pero con amor. Pues vaya cosa. Seguramente él tenga el termómetro para decidir quién critica con amor y quién critica por encima de los niveles permitidos. Cuando en realidad no se trata de eso: se trata de ver con los ojos de la cara que se nos han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Mientras tanto, todo el mundo sonríe, goza, se alegra, se regocija y se apunta a la jarana, el jolgorio y el alborozo.
    Me vienen a la mente las palabras de aquel otro cristiano amargado y lamentoso, amante del adagio que fue Santiago, el apóstol que nos dejó escrito en su carta:
    Estad sujetos a Dios. Resistid al Diablo, y él huirá de vosotros. Acercáos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, hombres vacilantes. Reconoced vuestra miseria, afligíos y llorad. Que vuestra risa se convierta en llanto, y vuestra alegría en tristeza.
    Este Santiago, sin duda era peligroso. Seguro que le gustaba la Misa Tridentina, ésa que es una moda entre algunos jóvenes adagio-lamentosos de hoy. Yo creo que no hubiera llegado a Cardenal en estos tiempos.
    Voy a comprarme unos globos y ponerlos en mi celda, a ver si así me alegro un poco la vida. Y voy a leer solamente la prensa adepta-exultante-eufórica para que se me quite la amargura. No creo que pueda ya soportar los pantalones vaqueros, por razón de la edad, pero quizá unas sesiones de música focolar o kika me espabilen el espíritu. La verdad es que me amarga la idea de no poder quitarme la amargura.


    ¡¡Y dale con los cristianos tristes
    Smetana y Xaxi dieron el Víctor.

  4. #504
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    ¡¡Y dale con los cristianos tristes…!!

    Fray Gerundio

    Hay una obsesión repetitiva en la predicación del Papa en Santa Marta, con eso de los cristianos tristes. Ya tuve que explicar en otra columna, que yo me siento aludido por estas acusaciones, a pesar de que nunca hasta ahora me había considerado triste. Pero así son las cosas.
    Esta pasada semana, la referencia a los cristianos tristes tiene otro signo distinto, aunque me temo que tenga también la misma finalidad y el mismo trasfondo. Hablando de que la característica de los cristianos es que son personas que exultan porque conocen al Señor y llevan consigo al Señor, se aprovecha para una nueva arremetida que aquí transcribo:
    Aquellos cristianos que viven en un tiempo adagio-lamentoso, que viven siempre así, quejándose de todo, tristes, no le hacen ningún favor ni al Señor ni a la Iglesia… Ese no es el estilo del discípulo. San Agustín dice a los cristianos: ¡Anda, ve adelante y camina! Con alegría: y ese es el estilo del cristiano. Anunciar el Evangelio con alegría. Y el Señor lo hace todo. En cambio, la excesiva tristeza, también la amargura nos lleva a vivir un, por así decirlo, cristianismo sin Cristo: la Cruz vacía a los cristianos que están ante el sepulcro llorando, como la Magdalena, pero sin la alegría de haber encontrado al Resucitado.
    Aparte de que el estilo oratorio no es precisamente el que tenía Demóstenes, y por lo tanto la traducción no puede ser muy de Cicerón, y aún en medio del confuso lío de palabras… como ya nos conocemos, puedo intuir con mi adagio-lamentosa-mala-milk (que en ocasiones es bastante alegre y divertida para mí), que aquí se mezcla todo al más puro estilo modernista, con la finalidad de sacar una sola conclusión: dar a conocer a los oyentes y lectores quiénes son los tales cristianos tristes, para que inmediatamente -como si estuviéramos en la Alemania nazi-, se les coloque la pañoleta en el brazo que nos identifique como amargados. Ni más ni menos. Yo, por el sólo hecho de llevar mi hábito, ya tengo bastante identificación entre mis hermanos. Soy amargado porque no llevo pantalones vaqueros asquerosamente sucios y no hago celebraciones a las tantas de la madrugada con jóvenes y jóvenas conscientemente cristianos, que apoyan la homosexualidad y que rechazan las enseñanzas morales de la Iglesia.
    Nuestro Señor, que era el Buen Pastor, ya nos alertaba de la situación en que nos veríamos después de su muerte y de su desaparición de este mundo. No creo que podamos acusar a Jesucristo de amargado, cuando contraponía la alegría del mundo con nuestra necesaria tristeza:
    Lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo se alegrará.Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría (Jn. 16, 20).
    En el mundo tendréis tristeza, pero confiad, Yo he vencido al mundo. (Jn. 20, 33)
    Todo parece indicar por tanto, que el mismo Señor nos avisa de la posibilidad de que los discípulos tengamos que cargar con una tristeza, que estará justamente en proporción inversa a la alegría y el jolgorio del mundo. Por lo visto el Señor estaba en ese momento en un estado adagio-lamentoso. Claro que como Él no hablaba pensando en la prensa ni en la publicidad, se limitaba sencillamente a aconsejarnos lo que más nos convenía. Menuda diferencia.
    Si nos atenemos a estas palabras transmitidas por el Evangelio de San Juan -y claro está, esto solamente sirve para los que creemos en la inspiración y en la historicidad de los Evangelios-, tenemos motivos para estar tristes, porque hay que ver lo contento que está el mundo (yo diría el mundillo), con las actuaciones y con los decires y haceres de nuestros líderes religiosos. Ellos andan felices y contentos, triunfalistas, con plena confianza en sí mismos y en sus programas de acción, con la presunción del éxito al alcance de la mano. Y curiosamente, todos los medios que les encumbran, encaraman y ensalzan.
    Para ellos -yo los comprendo, pobrecillos-, no puede haber lugar para la tristeza. Todos sabemos lo bien que va todo. Porque ahora se vive el cristianismo mejor que nunca. La asistencia a los sacramentos está por las nubes, la euforia colectiva está fuera de todo control, el sentido cristiano de la moral está en proporciones elevadísimas, el matrimonio cristiano –especialmente después de la catequesis de alta teología sobre las suegras- está que se sale, la familia está de miedo y fenomenal, a falta del golpe que se le va a dar este mismo año, la juventud vive enamorada de su vocación cristiana, como se ha visto en la participación masiva de jóvenes realmente comprometidos con su vida cristiana en Río de Janeiro, los Obispos están encantados con la nueva situación de progreso eclesial y de acercamiento al mundo… etc.
    Por lo visto, son muchas las razones que tienen para estar contentos, mientras el cadáver se corrompe. Ya dijo el Señor que donde esté al cadáver allí se congregarán los buitres. Veo muchos buitres cantando a coro, mientras los adagio-lamentosos advertimos que esto no marcha. Pero no hay que hacer caso: son los clásicos amargados que no hacen ningún favor al Señor ni a la Iglesia.
    Yo creo que la tristeza de María Magdalena al ver que el sepulcro estaba vacío, era real. Y por eso -en sus lamentos-, intentaba encontrarlo como fuera. Hasta que el Señor mismo se le hizo presente. Ahora, la habrían calificado en Santa Marta de cristiana amargada y tristona, si la hubieran entrevistado antes de encontrar a Jesús Resucitado. Quejarse de que el Señor ha desaparecido y no se sabe dónde lo han puesto, no está bien visto. La dictadura de los que tanto critican las dictaduras (menos la cubana), la intolerancia de los que se les llena la boca de la palabra tolerancia, la incomprensión de los que no hablan más que de comprensión, la actuación justiciera y despótica de los que no hablan más que de misericordia, es hoy día el carnet de autenticidad de un cristiano alegre.
    Los pobrecillos que se atrevan a levantar la voz tímidamente, o a comentar respetuosamente que esto no va bien, que se preparen. Los ejércitos misericordiosos de los déspotas de turno, tan judaizantes ellos, tan mahometanos ellos, tan vudús ellos, no lo permitirán. Que se lo digan al pobre Roberto De Mattei, ya estigmatizado y expulsado, probablemente por una llamadita telefónica desde las altas esferas. Así actúan.
    Ha dicho el Cardenal Super-Madariaga que hay que criticar al Papa, pero con amor. Pues vaya cosa. Seguramente él tenga el termómetro para decidir quién critica con amor y quién critica por encima de los niveles permitidos. Cuando en realidad no se trata de eso: se trata de ver con los ojos de la cara que se nos han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Mientras tanto, todo el mundo sonríe, goza, se alegra, se regocija y se apunta a la jarana, el jolgorio y el alborozo.
    Me vienen a la mente las palabras de aquel otro cristiano amargado y lamentoso, amante del adagio que fue Santiago, el apóstol que nos dejó escrito en su carta:
    Estad sujetos a Dios. Resistid al Diablo, y él huirá de vosotros. Acercáos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, hombres vacilantes. Reconoced vuestra miseria, afligíos y llorad. Que vuestra risa se convierta en llanto, y vuestra alegría en tristeza.
    Este Santiago, sin duda era peligroso. Seguro que le gustaba la Misa Tridentina, ésa que es una moda entre algunos jóvenes adagio-lamentosos de hoy. Yo creo que no hubiera llegado a Cardenal en estos tiempos.
    Voy a comprarme unos globos y ponerlos en mi celda, a ver si así me alegro un poco la vida. Y voy a leer solamente la prensa adepta-exultante-eufórica para que se me quite la amargura. No creo que pueda ya soportar los pantalones vaqueros, por razón de la edad, pero quizá unas sesiones de música focolar o kika me espabilen el espíritu. La verdad es que me amarga la idea de no poder quitarme la amargura.


    ¡¡Y dale con los cristianos tristes

  5. #505
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Lo que está pasando


    En un año, la transformación de la Iglesia en su cabeza visible, que es el Papa, ha desfigurado ante el mundo el rostro del Papa y de la Iglesia. En un doble plano/nivel de recepción, el mundo de masas, la sociedad global, aplaude sin saber, mientras el catolicismo más consciente se alarma cada día, cada semana, cada mes. Llevamos un año alarmados, desde la traumática tarde romana en que el ''Habemus Papam!" suscitó nuestra primera alarma, confirmada in actu, coram Urbe et Orbe, cuando el Papa salió a la logia a bendecir, en aquella extraña y desafortunada escena, plena de detalles de lectura inquietante.

    La alarma de hoy ha sido enterarnos del prólogo que el Papa Bergoglio ha escrito para el libro 'Póvera per i póveri' del Cardenal Prefecto de Doctrina de la Fe, Gerard Müller, que ha sido presentado al público en un acto con Gustavo Gutiérrez en el estrado de honor, junto al Cardenal Maradiaga (*** estoy escribiendo y releyendo con asumida estupefacción lo que acabo de teclear: que el Papa prologa un libro de teología de liberación escrito por el Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación que fue, cincuenta años ha, el Santo Oficio, libro que ha sido presentado con G. Gutiérrez como invitado de honor. Ni el más febril íncubo del venerable Ottaviani hubiera delirado una escena semejante).

    Tonando entusiasmo, por su parte, la prensa des-católica, exulta y proclama triunfalista: El padre de la Teología de la Liberación, ovacionado en el Vaticano

    Un particular subrayable: Aun sabiendo todo el mundo lo que han dicho, hecho y provocado sus cachorros, en mitad del acto de exaltación, el patriarca liberacionista exculpa a sus epígonos, de los que parece sentirse paternalmente ufano:

    - Interrogado por Zenit sobre quienes eran los que desviaban la teología de la liberación dándole una matriz marxista, el sacerdote peruano respondió: "No Boff, no Sobrino, no Juan Luis Segundo, no Ronaldo Muñoz, o sea, diría que los teólogos no" y añadió que "claro, hubo gente muy comprometida antes y que tenían una base teológica, pero no eran los que hacían teología".
    El caso supera el nivel de la enésima anécdota francisquista por el alcance de su significado implícito. Habiendo sido prelado iberoamericano, PP Franciscus conoce de primera mano la grave responsabilidad de los teólogos de la liberación en la descomposición y degeneración del catolicismo sudamericano, precisamente el continente católico que concentra a la mayor parte de los católicos del mundo. Imaginarnos una América libre de la teología de la liberación, de sus estragos, de sus violencias, es un sueño, una ilusión irrealizable porque el daño está hecho y la cizaña sembrada, crecida y fructificada.

    Ahora, además, con el nihil obstat vaticano, con el Cardenal de Doctrina de la Fe apadrinando y el Papa americano aprobando. Libenter, con mucho gusto.

    Consciente de que mi desaprobación vale menos que un comino, conste, sin embargo, que no asumo aunque el Papa asuma: Yo no.

    Salva reverentia, naturalmente (pero con la sensación de una cada día más lesa reverentia).

    Coda: No comento la foto del 'Trío Calaveras', Maradiaga-Müller-Gutiérrez, porque si no se me volatizaría la reverentia salva, la lesa y la extinta también. Les brindo, pues, libertad de opinión (sin que sirva de precedente).

    +T.

    EX ORBE

  6. #506
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    ...Y lo que va a seguir pasando


    Hace poco oí hablar del 'horizonte veinte-veinte'. Es una expresión para referirse al futuro año (Deo volente) 2020, un término usado en la jerga de economistas, sociólogos, analistas, etc. para referirse al nivel de progreso que se alcanzará al final de esta década, dentro de seis años.

    Pensando en la Iglesia, desde esta inquietante Roma francisquista, el horizonte veinte-veinte católico se vislumbra calamitoso, católicamente considerado. La tendencia de la deriva se describe muy bien con esta escena que los noticiarios eclesiásticos no han puesto en portada, pero que ha sucedido ayer:

    El Papa recibe a una delegación de judíos, musulmanes y católicos de Argentina

    En titular más pequeño, se informa del alcance y sentido de la audiencia con PP Franciscus:
    'Estamos mostrando que las religiones pueden convivir y trabajar juntas y en paz'
    No se dice lo que dijo el Papa. Mejor. Si ya hablando Urbi et Orbi resulta, tantas veces, de digestión pesada para el tracto digestivo católico, en petit comité y con paisanos en promiscuidad tri-religiosa, lo que diga probablemente sea fastidiosamente traumático para los oídos católicos. Mejor que no se sepa, pues, lo que dijera.

    Pero no nos podemos hacer ilusiones, al contrario. Si en un año se ha ido definiendo así, en el futuro se irá afianzado la tendencia, con consecuencias.

    El doble registro seguirá, por su parte, funcionando también: Homilías y alocuciones con un sencillo y sano tono católico, parenético, moralmente positivo, espiritualmente animoso. Y, juntamente, actos, dichos, notas, recibimientos, reconocimientos, aprobaciones implícitas, reprobaciones en tono menor, ausencias, displicencias, nombramientos, promociones...etc. etc. etc. de perfil, tendencia, contenido y consecuencias inconfundiblemente francisquistas.

    Si en un año las cosas van así, ¿cómo estarán en el veinte-veinte?



    A cada día le basta su fatiga, nos dijo el Señor, ¿por qué agobiarse por el mañana?

    Eso me digo yo, me lo repito, lo interiorizo...Y, sin embargo, no dejo de pensar en el 'horizonte veinte-veinte' de la Iglesia.

    Y no, precisamente, con serena expectación, Dios nos valga.

    Estrambote: La misma noticia, con otros pormenores, y la escalofriante propuesta de una JMJ interreligiosa !!!

    Moraleja: Todo es susceptible de ir francisquistamente peor.

    ¡Válganos Dios!


    +T.

    EX ORBE

  7. #507
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Peregrinaje promiscuo

    El presentimiento que tuve a propósito de ese comité tri-religioso contra-supernatura, se me ha confirmado pocas horas después de decir que era mejor no saber lo que les dijo PP Franciscus, porque así nos ahorrábamos el sofocón. Y he aquí que el sofocón esperaba a estallarnos desfachatadamente, sin pudor: PP Franciscus hará su peregrinación a los Santos Lugares en promiscua liga, acompañado por un judío y un mahometano. Aquí la noticia.

    Dicen que dijo que él sólo no viajaba, que si iba iría acompañado:
    "El Papa - indicó Schlosser (el rabino)- agradeció este tipo de gestión, nos dijo que tiene mucha esperanza en el viaje a Medio Oriente pero que no va a ir solo, sino acompañado por un musulmán y un judío: 'Me van a acompañar un musulmán y un judío, solo no voy', nos dijo”. "
    Surgen, pues, mil y una preguntas, dudas, cuestiones. Desde si las visitas serán trifásicas, en igualitaria proporción, o de si el papamóvil llevará tres plazas, hasta si veremos a PP Franciscus entonar un alarido de almuédano en lo alto de un minarete, o si se echará por los hombros un talit y soplará un cuerno en el Muro de las Lamentaciones. Todo son incógnitas al respecto. Todo es expectación.

    Las escenas, las imágenes, pueden alcanzar niveles traumáticos hasta ahora no registrados en el medidor de despropósitos católicos, comparables a lo de Asís.

    Oremus plus.

    +T.

    EX ORBE

  8. #508
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Visto en InfoCaótica:

    El Papa Francisco y la FSSPX: una oportunidad

    Un colaborador del National Catholic Register (EWTN), una web emblemática del neoconservadurismo eclesial norteamericano, opinó a favor de regularizar la situación canónica de la FSSPX. A los pocos minutos el artículo desapareció de la página. Ofrecemos hoy nuestra revisión de la traducción del artículo desaparecido.

    El Papa Francisco y la FSSPX: una oportunidad.

    Por PATRICK ARCHBOLD


    A estas alturas, muchos de ustedes probablemente han visto el video de Tony Palmer, la semana pasada, que fue muy emocionante para muchos.
    En una conferencia de protestantes, Tony Palmer, un sacerdote anglicano, trajo consigo un video de iPhone con el saludo del Papa Francisco. El tema de la conferencia y de la grabación del Papa era la unidad de los cristianos.

    En su discurso, el Papa Francisco hizo las siguientes declaraciones a los hermanos separados, con respecto a la separación misma: "Separados porque, es el pecado el que nos ha separado, todos nuestros pecados. Los malentendidos a lo largo de la historia. Ha sido un largo camino de pecados que todos compartimos. ¿Quién tiene la culpa? Todos compartimos la culpa. Todos hemos pecado. Sólo hay uno sin culpa, el Señor".

    Sin duda, es así. Independientemente de la verdad de la doctrina católica, la Iglesia ha aceptado su parte de culpa en los malos entendidos, que se han ido profundizando y endureciendo, lo que lleva a siglos de separación.

    Cuando me enteré de esto, algo más, escrito por el predecesor del Papa Francisco, vino inmediatamente a mi mente. En 2007, junto con la emisión del Motu proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI envió una carta dando sus razones. En esa carta, hizo la siguiente declaración:

    «…Mirando al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse. Esta mirada al pasado nos impone hoy una obligación: hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo. Me viene a la mente una frase de la segunda carta a los Corintios donde Pablo escribe: “Corintios, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos;... abríos también vosotros” (2 Cor 6,11-13). Pablo lo dice ciertamente en otro contexto, pero su invitación puede y debe tocarnos a nosotros, justamente en este tema. Abramos generosamente nuestro corazón y dejemos entrar todo a lo que la fe misma ofrece espacio.”»

    Se me ocurre que esto puede ser uno de esos momentos críticos de la historia a los que Su Santidad se refiere.

    Con la ruptura de las conversaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X, al final del pontificado anterior, el ánimo del público durante este primer año del actual pontificado, y otros acontecimientos internos, los católicos tradicionales, tanto dentro como fuera de la Iglesia, se han sentido cada vez más marginados. Sea verdadero o falso, lo digo sin temor a la contradicción, se trata de un sentimiento predominante.

    Esta percepción de la marginación se ha manifestado en la retórica cada vez más estridente y en una franca falta de respeto por parte de algunos tradicionalistas y sus líderes.

    Tengo la gran preocupación de que, sin toda la generosidad que permite la fe a los líderes de la Iglesia, esta separación, esta herida en la Iglesia, se convierta en permanente. De hecho, sin tal generosidad, es lo que cabe esperar. Con tal separación permanente, y con tal sentimiento de marginación, probablemente se separarán más almas que las que hoy están asociadas a la FSSPX.

    También he llegado a creer que el Papa Francisco es exactamente el Papa que puede hacerlo. En su discurso a los evangélicos deja en claro una preocupación real por la unión.

    Por esto, he aquí lo que estoy pidiendo. Pido al Papa que aplique esa gran generosidad hacia la Fraternidad San Pío X, y que normalice las relaciones y su posición dentro de la Iglesia. Le pido al Papa que haga esto incluso sin el acuerdo total sobre el Concilio Vaticano II. Cualesquiera que sean sus desacuerdos, sin duda esto se puede resolver en el tiempo con una FSSPX firmemente implantada en la Iglesia. Creo que la Iglesia tiene que ser más generosa respecto de la unión, [y no] insistir en una adhesión dogmática a la interpretación de un Concilio no-dogmático. Los problemas son reales, pero tienen que ser resueltos con nuestros hermanos en casa y no con la puerta cerrada.

    Además, el compromiso del Papa Francisco para con los objetivos del Concilio Vaticano II es incuestionable. De manera tal que nadie podría interpretar su generosidad como un rechazo del Concilio. ¿Cómo podría ser? Porque quizás podría no haberse percibido así en el anterior pontificado; pero hoy el Papa Francisco es justamente el adecuado para este momento magnánimo.

    Yo creo que esta generosidad está justificada y es la práctica habitual en la Iglesia. No insistimos a las órdenes religiosas que puedan haberse desviado aún más lejos, en otra dirección, para que firmen una copia de la Pascendi Dominici Gregis antes de que puedan ser llamadas católicas de nuevo. Así que, por favor, no nos hagan insistir más en un corolario aplicable a la FSSPX. ¿Debemos insistir más con un grupo que ha permanecido impasible desde hace cincuenta años? Ruego que no.

    Denles status canónico y una estructura organizativa que los proteja. Tráiganlos a casa, por su bien y el de innumerables almas. Sinceramente, creo que tal generosidad será pagada siete veces. El Papa Benedicto XVI ha hecho mucho del trabajo pesado ya, todo lo que se requiere es un poco más.

    Por favor, Santo Padre, no dejemos pasar este momento y que esta brecha se convierta en un abismo. Haga esta oferta generosa y salve a la Iglesia de una nueva división. Haga esto para que ninguno de sus sucesores pueda alguna vez decir: "¡Ojalá hubiéramos hecho más."



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    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  9. #509
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Primer Aniversario

    Fray Gerundio

    No sé si son los años o es el frío intenso que me rodea en esta fría celda monacal, pero he vuelto a estar varios días sin poder descansar y con pesadillas variadas. Ya es la segunda vez que me pasa en los últimos meses, porque he vuelto a soñar con una conversación telefónica tan disparatada, que me ha dejado tremendamente dolorido. Menos mal que hoy tenemos horas de recreo después del rezo de las Horas y podré dormir un rato extra.
    La conversación era así de rara:
    -Casa Santa Marta, ¿dígame?
    -Buenos días, ¿está Francisco?
    -No señor. ¿Quién le llama?
    -Somos de la empresa Demoliciones y Derribos S.A., ¿con quién tengo el gusto de hablar?
    -Soy el secretario. Ya hablamos hace unos meses otra vez por teléfono. Estoy yo solo en Santa Marta, porque todos se han ido de ejercicios espirituales.
    -¿De ejercicios fuera del Vaticano? ¿Es que no tiene sitio suficiente para hacerlos ahí?
    -Sí señor, pero es que le apetecía salir fuera de este mundillo de la corte e irse a rezar a alguna iglesia más modernista. Esto huele a polilla y naftalina renacentista. Ya dijo una vez que estar aquí le abruma.
    -Bueno, dejemos eso. ¿Qué hay de los fastos del aniversario? ¿Se va a celebrar algo?
    -No, él ha dicho que no. Pero no hay problema porque todo el mundo lo está celebrando con jolgorio. No hay revista, obispo, rabino, masón, hombre o mujer de a pie, que no esté comentando que tal día como hoy hace un año, llegó la salvación a la Iglesia.
    -¿Y no temen con eso molestar a Ratzinger?
    -No, porque ya sabe usted que en este ambiente lo que uno es un día, deja de serlo al siguiente. Los que más encumbraban a Ratzinger, son los que ahora dicen que ya era hora que cambiaran las cosas. Se les han abierto los ojos.
    -Bueno, al grano. Es que una vez más nos hemos quedado sin conexiones. De vez en cuando el odioso Miguel nos juega esta mala pasada para que tengamos que utilizar los aparatos antiguos y no podamos ver cómo se desarrollan los acontecimientos al minuto. ¿Cómo va el proceso?
    -¿Qué proceso?
    -Ay, hijo. Para ser secretario no está usted muy al día. Con razón que desde que le sacaron en una revista haciendo tonterías en short y en bañador le han quitado de en medio y ya no se habla de usted… Me refiero al proceso de destrucción y acabado. ¿Se están dando los pasos convenidos?
    -Sí, pero ahora dice Francisco que hay que ir poco a poco. Este año ha sido muy intenso y es necesario destruir sin que aparezca tanto en la prensa. Lo de Kasper ha sido malo, porque le están pegando cada azotaina, que el alemán está cabreado. Dice ahora que o se hace lo que él ha dicho en su informe o no se hace el sínodo.Y quiere que todo el mundo haga teología de rodillas. No sé qué mosca le ha picado.
    -Bueno, es que está vejete y a punto de entrar en nuestra empresa. Ya ha hecho bastante daño, así que habrá que prescindir de él muy pronto. Pero no entiendo que no se haya hecho más publicidad del aniversario y se haya largado a los ejercicios ignacianos en silencio.
    -En silencio parece ser que no. Aprovechan para entrevistarse unos y con otros y para cotillear y contarse chismes, a pesar de que dijo hace poco que en la Iglesia no caben los chismes. Precisamente algún malévolo ha publicado los chismes que se traía el cardenal Bergoglio las tardes-noches anteriores al Cónclave que lo eligió, con el director de la oficina diplomática, a quien por cierto ha hecho cardenal y prefecto sin que nadie se lo esperara.
    -Bueno, controlaremos ese tema; como los tontucios no informan de eso, no creo que nadie se entere. Vamos a quitar de las páginas web toda referencia a eso. En realidad sólo se publica lo que nuestra empresa permite. ¿Y cómo va lo de los cardenales económicos?
    -Pues muy bien. Lo que pasa es que hay quien dice que la reforma de la Curia hasta ahora solamente ha consistido en crear nuevas comisiones, con nuevos cardenales (casi siempre los mismos), que parecen ser los cardenales cortesanos que se querían eliminar. Los 8 aparecen por todas partes. Y ninguna mujer, después de haber dado esperanzas a los/las feministoides. Aunque en realidad se hace solamente lo que dice mi jefe. Por un lado quiere hacer ver que él no manda nada (para desprestigiar las eclesiologías trasnochadas), pero por otra aquí no se mueve un pelo sin que él lo apruebe. Las reuniones en su habitación a puerta cerrada y sin que nadie se entere, son numerosas. Y no le digo las llamadas telefónicas…
    -Vale. Lo tendremos en cuenta también. ¿Qué hay del viaje a Tierra Santa? ¿Alguna novedad?
    -Todo según lo previsto. Está pensando en algún montaje que permita dar un bombazo en el tema de los judíos. Pero todavía no está decidido del todo. Habrá declaraciones importantes allí. Hay un par de rabinos que le están escribiendo las homilías de las misas que se celebren allá. Y dos moros van a escribir las oraciones de los fieles. Están ahora dialogando quién pone el incienso, y si debe ser de Egipto o del Líbano el que encienda las velas. Los judíos no dejan hacer nada dialogante.
    -Otra cosa: ¿Se sabe dónde se va a celebrar el próximo Jueves Santo?
    -Tampoco se sabe nada. Pero igualmente tiene que dar algún golpe de efecto. Lo único seguro es que no será en el Vaticano. Hay varios sitios posibles, pero hay que decantarse por alguno de ellos. Los jesuitas de Roma están buscando el lugar más apropiado, o sea, el que cause mayor escándalo en los tradis, que son los únicos que se quejan. Imagínese que alguien le propuso que dijera la Misa Crismal con el fundador de los Franciscanos de la Inmaculada, porque ahora mismo son los más abandonados y desgraciados en la Iglesia….
    -Como siga permitiendo tales cosas, se va a liar. Dígale que nada de retrasos en el plan.
    -De acuerdo.
    -Por último, ¿sabe usted si ha salido ya el disco sobre las maravillas de este año? Creo que se iba a llamar “El efecto Francisco”.
    –Sí, ya está a la venta. No le falta detalle. Lo que yo le decía: si se compara con el que sacaron cuando empezó a reinar el predecesor, da un poco de vergüenza tanto pelotilleo.
    -Bueno, usted a lo suyo. Esto no es de su incumbencia… Y por último…
    ….…
    …….
    …..de repente me he despertado y un sudor frío corría por mis mejillas. Estaba en la celda, arropado con la manta y me temblaban las manos. Decididamente le voy a decir al hermano boticario que me dé alguna hierba medicinal. Este aniversario puede ser fatal para mí. Veremos si estoy todavía en este mundo cuando cumplamos dos años… si es que llegamos.
    Primer Aniversario | Tradición Digital


  10. #510
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Estimados Foreros:
    Les remito un articulo publicado en la Revista "católica" Criterio aparecido en el Número 2399, de Diciembre de 2013.
    Cordiales saludos


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    Última edición por juan vergara; 13/03/2014 a las 20:20

  11. #511
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    ¿Hermanos en quién...?. Para ser hermanos hay que reconocer una paternidad común que los musulmanes no reconocen, porque para ellos Alá no es padre, ni fué engendrado, ni engendra... Repito lo dicho en otro hilo, estas palabras de Francisco aunque ya no sean tenidas por un insulto para los actuales católicos de pacotilla, a los que parece darles lo mismo un roto que un descosido, sí lo pueden llegar a ser para los musulmanes. Este hombre está jugando con fuego porque parece estarse mofando, además de todo aquello que ha transmitido la tradición y la doctrina católica, del concepto de Umma que posee el islam.

    Debería andarse con cuidado, porque esas tonterías solo creo que puedan gustarle a los integrantes de esa secta secreta que dice creer en el Arquitecto del Universo, pero que no piense engatusar a los musulmanes llamándoles "hermanos", porque van a terminar enfadándoles tarde o temprano. ¿Desde cuando Francisco forma parte de la Umma?, ¿acaso ha recitado la sahada?. Debería dejarse de decir tantísimas bobadas masónicas.



    ___________
    P.D.: El concepto de "hermandad" en el islam está basado en la fé, en compartir una misma fé en Alá y en su profeta Mahoma, y en haber recitado la profesión de fé o shahada (CONOCIENDO EL ISLAM Y MUSULMANES: LA HERMANDAD EN EL ISLAM).
    Última edición por jasarhez; 13/03/2014 a las 22:53
    Reke_Ride, Hyeronimus y Xaxi dieron el Víctor.

  12. #512
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Gracias por compartirla, juan vergara; igual se puede leer el artículo en el sitio de "Criterio":

    Bergoglio como rabino : Revista Criterio



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  13. #513
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    “El jesuita”, la biografía que resultó un suceso editorial

    Los autores la escribieron tres años antes de su asunción del Papa.


    “¡Qué puntería!”, exclamó el presentador durante la última Feria del Libro de Miami, al introducir a los autores de El jesuita: la historia de Francisco, el Papa argentino , Francesca Ambrogetti y Sergio Rubin. Se refería al acierto de que escribieran tres años antes de la elección de Jorge Bergoglio como Papa un libro sobre la vida y el pensamiento del entonces cardenal argentino en base a más de dos años de charlas con el entonces arzobispo de Buenos Aires. De hecho, luego de una primera edición, que vendió unos 7.000 ejemplares, allá por 2010, su reedición tras la entronización de Francisco fue un boom no sólo en la Argentina, sino en muchos otros países. Los números cantan: más de cien mil ejemplares vendidos aquí –fue el libro de autores argentinos más vendido en 2013-, siete semanas primero en Italia y una veintena de traducciones, entre ellas, al coreano y al árabe, reflejan su éxito.

    Pero la “puntería” a la que aludió el presentador no fue buscada. La génesis del libro se remonta a más de una década atrás, cuando en 2001 Ambrogetti, como presidenta de los corresponsales extranjeros, invitó a Bergoglio a dar una charla al grupo. “En esa ocasión, dejó una excelente impresión por su sencillez, su cercanía y su lúcida visión del país, al borde de la crisis de principios de siglo”, recuerda Ambrogetti. Y agrega: “Los periodistas quedaron encantados. Uno me dijo que ‘curas así valen la pena’. Ese comentario me llevó a concebir la idea de hacer un libro con Bergoglio y para ello pensé en compartir su realización con mi amigo Sergio por su conocimiento de lo religioso y el modo ameno de comunicarlo”. Pero pasaron varios años hasta la formalización de la propuesta. En el medio, Bergoglio dio el batacazo al ser el cardenal más votado para Papa en la elección de 2005 que consagró a Benedicto XVI.

    “La idea me pareció muy buena porque conocía la interesantísima personalidad de Bergoglio, más el plus de que se había convertido en el primer latinoamericano en haber estado cerca de ser Papa, pero le dije a Francesca que no le veía futuro porque Bergoglio era reacio a dar entrevistas y, más aún, a hablar de su persona”, cuenta Rubin. Su vaticinio fue inicialmente acertado. Durante una audiencia en el arzobispado porteño, Bergoglio se mostró muy cordial, pero cuando llegó el momento de la propuesta se puso tenso. Y la rechazó. Ante la insistencia de los visitantes, contrapropuso que se glosaran sus homilías y discursos. Pero no era la idea. No obstante, Ambrogetti y Rubin volvieron a la carga. Una consulta de Ambrogetti acerca de una expresión que repetía en sus discursos – “transitar la paciencia”– obró como llave: “¿Ustedes me van a preguntar cosas como esa? Bueno, adelante …” Una vez al mes los autores se reunían con Bergoglio y abordaban un tema: sus orígenes familiares, su vocación religiosa, su concepción de la educación, su visión de la Iglesia. Hasta su actuación durante la última dictadura –cuestionada por el periodista Horacio Verbitsky–, siendo la única vez que se refirió al tema, sumado a anécdotas de su vida. Llegaron a pedirle conocer su cuarto para observar el modo austero en que vivía. “Los encuentros fueron enriquecedores, por momentos emotivos y hasta risueños”, completa Ambrogetti. Aunque hubo un episodio de tensión cuando llegó el momento de tomarle la foto de tapa: “Se negó y dijo que usáramos una de archivo. Tras días de insistirle, accedió, pero no logramos que sonriera… ¡qué diferencia con sus expresiones de ahora… ¿no?”, comenta Rubin.

    Con la presentación de la primera edición, y los buenos comentarios recogidos, los autores consideraron que la misión estaba cumplida. Habían plasmado la memoria de un gran cardenal que había estado cerca de ser Papa. Tres años después, grande fue su sorpresa cuando lo vieron aparecer vestido de blanco en el balcón de la basílica de San Pedro. “Nunca tuvimos la sensación de hablar con un futuro Papa, pero sí con alguien que merecía serlo”, dice Ambrogetti. “No pensamos que El jesuita iba a ser el prólogo de un gran Papa”, señala Rubin. Lo cierto es que el libro se convirtió en imprescindible a la hora de conocer la vida y el pensamiento del Papa “del fin del mundo” que hoy sorprende a todos.
    FUENTE



    Imperium Hispaniae

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  14. #514
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Otra "reforma" del papa Francisco: incluyó preguntas sobre el matrimonio gay en un cuestionario para obispos
    El Pontífice busca interiorizarse sobre las nuevas familias, el divorcio y la anticoncepción. Los temas serán discutidos en el Sínodo de Obispos, a celebrarse en octubre del año próximo.





    Otra "reforma" del papa Francisco: incluyó preguntas sobre el matrimonio gay en un cuestionario para obispos. El Vaticano está consultando a sacerdotes y obispos de todo el mundo sobre sus posturas respecto al matrimonio homosexual, el divorcio y la anticoncepción, de cara al Sínodo de Obispos, que se celebrará en octubre de 2014.

    Aunque es una práctica común realizar encuestas antes de estas reuniones, el cuestionario actual muestra una mayor sensibilidad a temas que previamente eran vistos como tabú, como la forma de integrar a la iglesia a niños adoptados por parejas de homosexuales.

    El cuestionario fue enviado a los obispos el 18 de octubre, de acuerdo a una carta del arzobispo Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo. La misiva y las preguntas de la encuesta fueron publicadas en el sitio web del National Catholic Reporter el jueves y confirmadas por la Santa Sede ayer.

    "Las preocupaciones que no fueron escuchadas hasta hace algunos años han surgido hoy como resultado de varias situaciones, desde la práctica generalizada de la cohabitación(...) a uniones entre personas del mismo sexo, a las cuales en muchas ocasiones se les permite adoptar niños", dice la introducción del cuestionario.

    Sin embargo, el documento no indica que habría cambios en la doctrina de la Iglesia en relación al matrimonio homosexual o la anticoncepción, pero ofrece otra prueba del intento del papa Francisco por vincularse más con los católicos sobre temas pertinentes a las familias modernas.

    "¿Cuál es la actitud de las Iglesias locales hacia el Estado como promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo y ante las personas que las protagonizan? ¿Qué atención pastoral se puede dar a quienes han elegido vivir bajo este tipo de uniones?", se pregunta en el documento.

    "En caso de adopciones por parte de parejas del mismo sexo, ¿qué se puede hacer pastoralmente para transmitir la fe?", prosigue el cuestionario, que dedica también un apartado a la educación de los niños en los llamados "matrimonios irregulares" y la forma en la que sus padres se acercan a la Iglesia.

    También hay un espacio para "ciertas situaciones maritales difíciles", con separados y divorciados, cuya comunión se abordará en el próximo Sínodo, después de que el Francisco haya mostrado cierta apertura en este asunto, al destacar la necesidad de estudiarlo y subrayar la importancia de mejorar la atención espiritual a aquellos que eligen volver a casarse.

    En este sentido, en una entrevista publicada en septiembre, el Pontífice dijo que la Iglesia debía dejar de lado su obsesión con denunciar el aborto, la anticoncepción y la homosexualidad para mostrarse más compasiva, o de lo contrario se arriesgaba al colapso de toda su estructura de moralidad "como una torre de naipes".
    Última edición por jasarhez; 16/03/2014 a las 20:21

  15. #515
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Relacionado con la anterior noticia:

    El papa Francisco "estudia" las "uniones homosexuales", según el cardenal Dolan

    EL HUFFINGTON POST | Publicado: 09/03/2014 19:20 CET | Actualizado: 09/03/2014 19:20 CET








    RELIGIÓN, El Vaticano, Iglesia Católica, Noticias, Opiniones Sobre El Papa Francisco, Papa, Papa Francisco, Política, Pontífice, Noticias



    El papa Francisco quiere "estudiar" las uniones homosexuales para "entender" las razones que han llevado a algunos países a legalizarlas, según aseguró en la NBC Timothy Dolan, cardenal de Nueva York.
    Dolan puntualizó, no obstante, que eso no quiere decir que el papa esté a favor del matrimonio homosexual, sino que busca "comprender" en lugar de "condenar rápidamente".
    "No dijo 'estoy a favor", subrayó el cardenal. "Afirmó es que la Iglesia debe buscar y ver las razones que llevaron a algunos estados a legalizar las uniones civiles de los parejas homosexuales en lugar de condenarlas de inmediato", añadió.
    Dolan reconoció que considera que el matrimonio "no es algo que se refiere sólo a la religión, a los sacramentos", sino también "un elemento de construcción de la sociedad y de la cultura". "Si nosotros decoloramos el significado sacro del matrimonio, temo que no sufre sólo la Iglesia, temo que también sufran la cultura y la sociedad", agregó.
    UNA SEMANA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES
    El papa Francisco recordó durante el Ángelus que este domingo comenzará una semana de ejercicios espirituales acompañado de los cardenales y colaboradores de la Curia romana en la localidad de Ariccia (a unos 30 kilómetros de Roma) y pidió a los fieles que recen por ellos.
    La semana de ejercicios espirituales es tradicional durante la Cuaresma, el periodo antes de la Semana Santa, pero la novedad que ha introducido Francisco es la de salir del Vaticano para vivirlos de manera más intensa.
    En la última entrevista en el Corriere della Sera, el papa argentino desvelaba que decidió celebrar los ejercicios fuera del Vaticano ya que antes en la Curia "se celebraban las oraciones, pero después algunos continuaban con su trabajo" y por tanto no se vivían intensamente.
    En total son 82 miembros de la Curia más el papa los que participarán en estos ejercicios espirituales, y a estos se suman otras 30 personas entre personal de servicio y de seguridad que les acompañarán en esta semana.
    http://www.huffingtonpost.es/2014/03...#slide=2929916


    eso no quiere decir que el papa esté a favor del matrimonio homosexual, sino que busca "comprender" en lugar de "condenar rápidamente"
    Yo me pregunto qué hay que comprender de algo que está claro que es una completa violación de la ley divina y el orden natural.
    Última edición por Montealegre; 17/03/2014 a las 05:03

  16. #516
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Un año del pontificado, una desoladora realidad (I).

    De uno de nuestros lectores no ha llegado este interesante artículo, al cumplirse el año de pontificado de Francisco, artículo de un desconocido autor para nosotros, pero no por eso deja de sernos interesante para publicarlo en nuestro blog. Artículo dividido en tres partes, que iremos publicando a continuación. Aquí, la primera parte.






    Un año del pontificado, una desoladora realidad

    Buenos días a todos. Mañana se cumplirá un año de la elección del cardenal Bergoglio al sumo pontificado. Año insólito por donde se lo mire y que parecería haberse prolongado una eternidad, considerando los innumerables dichos y hechos de nítido sesgo revolucionario que Francisco no ha dejado de perpetrar ni tan siquiera un sólo día desde aquel inaudito buona sera del miércoles 13 de marzo de 2013 pronunciado desde la loggia de San Pedro, saludo profano de alta carga simbólica, a partir del cual el transcurso del tiempo apenas si ha logrado resistir al frenesí y al vértigo bergoglianos. Acción incesante y palabra incontinente, estruendosas y confusas, semejantes al torrente en la cascada, devorado por la fuerza del vacío que lo aspira irresistiblemente, en un torbellino en el que ya nada puede percibirse con nitidez ni escapar al caudal mortífero que todo lo succiona. Largos estudios teológicos merecerían sus dudosas empresas, conducidos por la pluma talentosa y erudita de algún apologeta de fuste, que quizás la Divina Providencia se dignará en su misericordia infinita a enviarnos, para esclarecer nuestras aletargadas inteligencias con sus luminosas enseñanzas. A la espera de que ello ocurra, me atrevo a hacer público este modesto artículo, en el que he intentado suplir con trabajo serio y minucioso la escasez de talento y compensar una ciencia exigua con el amor incondicional y sin reservas por la verdad ultrajada. Los saludo muy cordialmente.

    Alejandro Sosa Laprida


    1.- El extraño pontificado del Papa Francisco. 02/02/14.

    Como católico, verme en conciencia obligado a emitir críticas hacia el papa me resulta sumamente doloroso. Y la verdad es que sería muy feliz si la situación de la Iglesia fuese normal y no encontrase por consiguiente ningún motivo para formularlas. Desafortunadamente, nos hallamos confrontados al hecho incontestable de que Francisco, en apenas un año de pontificado, ha realizado incontables gestos atípicos y ha efectuado un sinnúmero de declaraciones novedosas y por demás preocupantes. Los hechos en cuestión son tan abundantes que no resulta posible tratarlos todos en el marco necesariamente restringido de este artículo. A la vez, no es tarea sencilla limitarse a escoger sólo algunos de ellos, ya que todos son portadores de una carga simbólica que los vuelve inauditos a la mirada del observador atento y sintomático de una situación eclesial sin precedentes en la historia. Tras ardua reflexión, he retenido cinco que me parecen ser los mejores indicadores de la tonalidad general que es posible observar en este nuevo pontificado.

    Esos hechos se agrupan en cinco temas diferentes: el islam, el judaísmo, la laicidad, el homosexualismo y la masonería. Tras haberlos expuestos en ese orden, intentado hacer ver en qué medida son indicadores de una inquietante anomalía en el ejercicio del magisterio y de la pastoral eclesiales, expondré de manera más sucinta otra serie de dichos y hechos que permitirán ilustrar aún más, si acaso fuera posible, la heterodoxia radical que trasuntan los principios y la praxis bergoglianos. Finalmente, suministraré una serie de enlaces a artículos de prensa en los que el lector podrá verificar la exactitud de los hechos referidos en el cuerpo del artículo.

    1. La cuestión del islam.

    El 10 de julio de 2013 Francisco envió a los musulmanes de todo el mundo un mensaje de felicitaciones por el fin del ramadán. Debemos precisar que se trata de un gesto que jamás se había producido en la Iglesia Católica antes del Concilio Vaticano II. Y debemos añadir que ningún papa había dirigido semejantes saludos a los mahometanos antes del pontificado de Francisco. La razón es muy sencilla, y por cierto manifiesta para cualquier católico que no haya perdido completamente el sensus fidei: los actos de las otras religiones carecen de valor sobrenatural y, objetivamente considerados, no pueden sino alejar a sus adeptos del único camino de salvación: Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo no estremecerse de espanto al escuchar a Francisco decir a los adoradores de «allah» que «estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas, sus símbolos y sus valores»? Es imposible dejar de comprobar la distancia insalvable que existe entre esta declaración y lo que nos enseñan los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de San Pablo… Que se deba respetar a las personas que se encuentran en los falsos cultos, eso cae de su peso y nadie lo discute, pero que se promueva el respeto de falsas creencias que niegan la Santa Trinidad de las Personas Divinas y la Encarnación del Verbo de Dios es algo insostenible desde el punto de vista del magisterio eclesiástico y de la revelación divina. Sin embargo, es menester reconocer que en este punto no se puede tildar a Francisco de innovador, ya que no hace más que continuar con la línea revolucionaria introducida por el Concilio Vaticano II, el cual pretende, en la declaración Nostra Aetate acerca de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas (hinduísmo, budismo, islam y judaísmo) que «la Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo (!!!) en esas religiones. Considera con un sincero respeto esas maneras de obrar y de vivir, esas reglas y esas doctrinas (…) Exhorta a sus hijos para que (…) a través del diálogo y la colaboración (!!!) con los adeptos de otras religiones (…) reconozcan, preserven y hagan progresar los valores espirituales, morales y socio-culturales que se encuentran en ellos.» Palabras que provocan estupor, ya que es algo palmariamente absurdo pretender que se deba «colaborar» con gente que trabaja activamente para instaurar creencias y a menudo costumbres que son contrarias a las del Evangelio. ¿Cómo no ver en ese «diálogo» tan mentado una profunda desnaturalización de la única actitud evangélica, que es la de anunciar al mundo la Buena Nueva de Jesucristo, quien nos ha dicho sin ambages lo que nos corresponde hacer como discípulos: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado» (Mt. 28, 18-20). Esta noción de «diálogo» con las demás religiones carece de todo fundamento bíblico, patrístico y magisterial y de hecho no es sino una impostura tendiente a desvirtuar el auténtico espíritu misionero, que consiste en anunciar a los hombres la salvación en Jesucristo, y de ninguna manera en un utópico « diálogo » entre interlocutores situados en pie de igualdad, enriqueciéndose recíprocamente y pretendiendo buscar juntos la verdad. Esa pastoral conciliar innovadora fundada en un «diálogo» inscripto en un contexto de «legítimo pluralismo», de «respeto» hacia las religiones falsas y de «colaboración» con los infieles no es más que una pérfida celada tendida por el enemigo del género humano para neutralizar la obra redentora de la Iglesia. A ese respecto, baste con citar la única situación de auténtico «diálogo» que nos relatan las escrituras, y lo que es más, justo al comienzo, a fin de estar definitivamente alertados acerca de su carácter intrínsecamente viciado: se trata del «diálogo» al cual se prestó Eva en el jardín del Edén con la serpiente y que habría de desembocar en la caída del género humano (Gn. 3, 1-6). Se podría dar una lista interminable de citaciones del Nuevo Testamento, de los Santos Padres y del magisterio de la Iglesia para refutar la patraña según la cual los falsos cultos deben ser objeto de un «respeto sincero» hacia sus «maneras de obrar y de vivir, sus reglas y sus doctrinas» y para probar que, a diferencia de las personas que los profesan y que naturalmente deben ser objeto de nuestro respeto, de nuestra caridad y de nuestra misericordia, de ningún modo las falsas doctrinas religiosas merecen «respeto», que en dichas religiones no se encuentra ningún elemento de «santidad» y que los elementos de verdad que puedan contener están subordinados al servicio del error. Se debe reconocer que Francisco es perfectamente coherente en su mensaje con lo que el documento conciliar dice acerca de los musulmanes, a saber, que «la Iglesia mira también con estima a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres y que procuran someterse con toda su alma a los decretos de Dios». Ahora bien, cualquiera sea la sinceridad de los mahometanos en la creencia y en la práctica de su religión, no por ello es menos falso sostener que «adoran al único Dios», «que ha hablado a los hombres» y que « buscan someterse a los decretos de Dios», por la sencilla razón de que «allah» no es el Dios verdadero, que Dios no ha hablado a los hombres a través del Corán y que sus decretos no son los del islam. Se trata de un lenguaje inédito en la historia de la Iglesia y que contradice veinte siglos de magisterio y de pastoral eclesiales. Esa práctica heterodoxa ha conducido a los múltiples encuentros inter-religiosos de Asís, en donde se ha alentado a los miembros de los diferentes cultos idolátricos a rezar a sus «divinidades» para obtener «la paz en el mundo». Falsa paz, naturalmente, puesto que se persigue injuriando al único Señor de la Paz y Redentor del género humano, al igual que a su Iglesia, única Arca de Salvación. Y esta engañosa noción de « diálogo » ha conducido igualmente a los últimos pontífices a mezquitas, sinagogas y templos protestantes en los que, por el gesto y la palabra, han puesto de relieve esos falsos cultos y no han vacilado en denigrar públicamente a la Iglesia de Dios criticando la actitud « intolerante » de la que Ella habría dado muestras en el pasado hacia ellos. Un ejemplo reciente de esta nueva mentalidad ecuménica malsana, sincretista y relativista, condenada solemnemente por Pío XI en su encíclica Mortalium Animos de 1928 : El 19 de enero, con motivo de la Jornada mundial de los migrantes y de los refugiados, Francisco se dirigió a un centenar de jóvenes refugiados en una sala de la parroquia del Sagrado Corazón, en Roma, diciéndoles que es necesario compartir la experiencia del sufrimiento, para luego añadir: «que los que son cristianos lo hagan con la Biblia y que los que son musulmanes lo hagan con el Corán (!!!) La fe que vuestros padres os han inculcado os ayudará siempre a avanzar.» Esta nueva praxis conciliar es lisa y llanamente escandalosa, por un doble motivo: por un lado, mina la fe de los fieles confrontados a esas falsas religiones valorizadas por sus pastores; por otro lado, socava las posibilidades de conversión de los infieles, quienes se ven confortados en sus errores precisamente por aquellos que deberían ayudarlos a librarse de ellos anunciándoles la Buena Nueva de la salvación, recibida de Aquel que dijera ser «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn. 14, 6).

    2. La cuestión del judaísmo.

    La primera carta oficial de Francisco, enviada el mismo día de su elección, fue dirigida al gran rabino de Roma. Hecho por demás sorprendente. La primera carta de su pontificado ¡enviada a los judíos! Acaso esta decisión habrá obedecido a un imperativo evangelizador apremiante, a saber, una proclamación inequívoca del Evangelio, destinada a curarlos de su tremenda ceguera espiritual, una solemne invitación a que reconozcan por fin a Jesús de Nazareth como a su Mesías y Salvador… Pues nada de eso. Francisco evoca la «protección del Altísimo», fórmula convencional y vacía de contenido, destinada a ocultar las divergencias teológicas insalvables que separan a la Iglesia de la Sinagoga, para que sus relaciones avancen «en un espíritu de ayuda mutua y al servicio de un mundo cada vez más en armonía con la voluntad de su Creador.» Hay dos preguntas que un lector prevenido no puede dejar de formularse. La primera es la siguiente: ¿Cómo puede concebirse una «ayuda mutua» con un enemigo que no tiene sino un objetivo en mente, a saber, la desaparición del cristianismo, y esto desde hace casi dos mil años? ¿En qué cabeza puede caber el absurdo según el cual los judíos desearían «ayudar» a la Iglesia, fundada según ellos por un impostor, por un falso mesías, el cual constituye el principal obstáculo al advenimiento del que ellos aguardan, y a propósito del cual Nuestro Señor les advirtió: «Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me habéis recibido; otro vendrá en su nombre y vosotros lo recibiréis» (Jn., 5, 43). Terrible profecía que San Jerónimo comenta diciendo que « los judíos, tras haber despreciado la verdad en persona, aceptarán la mentira aceptando al Anticristo» (Epist. 151, ad Algasiam, quest. II) y San Ambrosio que «eso muestra que los judíos, quienes no quisieron creer en Jesucristo, creerán en el Anticristo» (in Psalmo XLIII). Ahora que el obstáculo político encarnado por la Cristiandad ha sido suprimido por la oleada revolucionaria asistimos a la supresión progresiva del obstáculo religioso, a saber, el papado, alcanzado desde hace más de cincuenta años por el virus de la modernidad revolucionaria. Ese obstáculo a la manifestación del «hombre de iniquidad», ese misterioso katejon del que habla San Pablo (2 Tes. 2,7), que retarda su venida y que no es otro que el poder espiritual romano, es decir, el papado, según la tradición exegética. Es tan sólo cuando ese obstáculo haya sido removido que «se revelará el impío» (2 Tes. 2, 8). La penetración de las ideas revolucionarias en Roma no es en absoluto una cuestión de fantasías complotistas ni el resultado de una imaginación desbocada: quienes trabajaron activamente para realizar el aggiornamento de la Iglesia, esto es, con miras a su adaptación al mundo moderno, lo que ha sido el objetivo principal del Concilio Vaticano II, su «línea directora» (Pablo VI, Ecclesiam Suam, 1964, n°52), no tienen empacho en admitirlo. Así el cardenal Suenens no se anduvo con rodeos: «Vaticano II, es 1789 en la Iglesia» (citado por Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis, 2009, p. 10), aseveró quien fuera una de las figuras más relevantes del último concilio y uno de los cuatro moderadores nombrados por Pablo VI. El padre Ives Congar (o.p.), nombrado por Juan XXIII en 1960 consultor de la Comisión Teológica Preparatoria y luego, en 1962, experto oficial en el concilio, en el cual fuera también miembro de la citada Comisión Teológica, ha sido sin duda alguna el teólogo más influyente de la asamblea conciliar, junto al jesuita Karl Rahner. El famoso dominico declaró, refiriéndose a la colegialidad episcopal, que en el Concilio «la Iglesia había efectuado pacíficamente su Revolución de Octubre» (Vatican II. Le concile au jour le jour, deuxième session, Cerf, p. 115), reconoció que la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa dice « materialmente otra cosa que el Syllabus de 1864, incluso aproximadamente lo contrario » (La crise dans l’Eglise et Mgr. Lefebvre, Cerf, 1976, p. 51) y admitió que en ese texto, en el cual había trabajado, «se trataba de mostrar que el tema de la libertad religiosa se hallaba presente en la Escritura. Pero no lo estaba» (Eric Vatré, La droite du Père, Guy Trédaniel Editeur, 1995, p. 118). Y según el cardenal Ratzinger «el problema del concilio fue el de asimilar los mejores valores de dos siglos de cultura liberal. Son valores que, aunque surgidos fuera de la Iglesia, pueden hallar un sitio –purificados y corregidos- en su visión del mundo y eso es lo que sucedió» (Jesus, nov. 1984, p. 72), quien tampoco vacila en afirmar, a propósito de la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo moderno, que se puede considerar ese texto como un «anti-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación de la Iglesia con el mundo tal cual se ha vuelto desde 1789» (Les principes de la théologie catholique, Téqui, 1987, p. 427). La segunda pregunta que se plantea a propósito de la carta enviada por Francisco al gran rabino de Roma es la siguiente: ¿Cómo puede concebirse que una religión falsa (el judaísmo talmúdico, corrupción del judaísmo veterotestamentario), estructurada en base al rechazo, a la condena y al odio de Jesucristo, pueda estar «al servicio de un mundo cada día más en armonía con la voluntad del Creador»? Tamaño absurdo exime de comentarios… Mas se encuentra naturalmente en perfecta consonancia con la modificación de la plegaria por los judíos del Viernes Santo, que Juan XXIII se apresuró a efectuar en marzo de 1959, apenas cuatro meses después de su elección, suprimiendo los términos «perfidis» y «perfidiam» aplicados a los judíos, y que sería luego suprimida definitivamente del nuevo misal aprobado por Pablo VI en abril de 1969 y promulgado en 1970. He aquí la nueva plegaria que en él figura: «Oremos por los judíos, a quienes Dios habló en primer lugar: que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su Alianza.» Plegaria a propósito de la cual cabría efectuar varias observaciones:


    1. No se menciona la necesidad de su conversión a Jesucristo.


    2. El término «alianza» insinúa que la «antigua» aún tendría vigor.

    3. Todo «progreso» en el amor de alguien implica un amor ya presente; ahora bien, ¿cómo podrían «progresar» en el amor del Padre si niegan al Hijo?


    4. ¿Y cómo podrían «progresar» en la «fidelidad a su alianza» si se obstinan en rechazar a Jesucristo, sacerdote perfecto y cordero sin tacha, que ha sellado una Nueva Alianza entre Dios y los hombres al inmolarse en la Cruz?
    La conclusión cae de su peso: nos encontramos ante una nueva teología que marca una ruptura de fondo con la que había tenido curso en la Iglesia desde sus orígenes hasta Vaticano II y que la antigua plegaria por la conversión de los judíos, eliminada de la liturgia latina, expresaba de manera luminosa: «Oremos igualmente por los judíos, que no han querido creer (perfidis judaeis), a fin de que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones y que conozcan, ellos también, a Jesucristo nuestro Señor (…) Dios eterno y todopoderoso, que no rehúsas tampoco tu misericordia a la infidelidad judía (judaicam perfidiam), escucha las oraciones que te dirigimos por este pueblo enceguecido; haz que conozcan la luz de la verdad, que es Jesucristo, para que sean liberados de sus tinieblas». El contraste con la nueva plegaria es pasmoso, tanto como lo es con el discurso de Juan Pablo II en la sinagoga de Roma en abril de 1986, en el cual alaba la «legítima pluralidad religiosa » y afirma que hay que esforzarse en «suprimir toda forma de prejuicio (…) a fin de presentar la verdadera cara de los judíos y del judaísmo». «Prejuicio» que la antigua plegaria del Viernes Santo expresaba de manera cabal, lo que explica ciertamente su desaparición de la nueva liturgia… Pero no se puede negar que esto sea harto problemático, pues según reza el célebre adagio del siglo V atribuido al papa San Celestino I: lex orandi, lex credendi, la ley de la oración determina la ley de la creencia, es decir que, modificando el contenido de la oración, puede modificarse a la vez el contenido de la Fe. Y lo acontecido en el siglo XVI a raíz de las innovaciones litúrgicas de Lutero en Alemania y de Cranmer en Inglaterra basta para demostrarlo. Desgraciadamente, el episodio de la carta enviada por Francisco al rabino de Roma en el día de su elección no habría de quedar en eso. En efecto, doce días más tarde Francisco reincidió enviando una segunda carta al rabino, esta vez con motivo de la pascua judía, dirigiéndole sus «felicitaciones más fervientes por la gran fiesta de Pesaj». Lo que no deja de suscitar una pregunta insoslayable: desde una perspectiva católica, ¿cuál puede ser la naturaleza de esas « felicitaciones » con motivo de una celebración en la que se ultraja a Jesucristo, único y verdadero Cordero Pascual inmolado en la Cruz en redención de nuestros pecados ? Porque tales « felicitaciones » no pueden sino confortar a los judíos en su ceguera espiritual y por tanto mantenerlos alejados de su Mesías y Salvador, lo cual es cuando menos paradójico viniendo de parte de un soberano pontífice… El cual prosigue diciendo: «Que el Todopoderoso que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo hacia la tierra prometida continúe liberándolos de todo mal y acompañándolos de su bendición». Palabras embarazosas en grado sumo, dado que manifiestamente Dios no los ha liberado aún de todo mal, puesto que no existe mal mayor que el de ser considerados «enemigos del Evangelio» (Rom. 11, 28) y formar parte de la «Sinagoga de Satán» (Ap. 3, 9) ¿Cómo concebir que Dios pueda continuar «acompañándolos de su bendición», cuando ellos continúan rechazando con obstinación a Aquel que Él ha enviado? Deseo precisar aquí, para evitar cualquier tipo de malentendido, que de ningún modo ataco a los judíos de manera personal, ya que no me caben dudas de que los hay excelentes personas y que profesan sus creencias con toda buena fe. Al referirme a los judíos entiendo situarme en el plano de los principios teológicos, el único que es pertinente en esta cuestión. Y en ese terreno se comprueba una enemistad irreductible entre la Iglesia, que busca establecer el reino de Jesucristo en la sociedad, y el judaísmo talmúdico, el cual, habiéndose estructurado en oposición a Jesucristo y a la Iglesia, busca obstaculizar su misión evangelizadora, en total coherencia con su teología, que no le permite ver en Jesús de Nazareth más que a un impostor y a un blasfemador, a un falso mesías que impide la venida del verdadero, el que ellos aguardan ansiosamente con vistas a restaurar del reino de Israel y a regir las naciones desde Jerusalén convertida en la capital de su reino mesiánico mundial. No se trata pues en absoluto de «racismo» ni de un pretendido «antisemitismo» conceptualmente absurdo, según la raída cantinela que no cesan de entonar cuando alguien se atreve a abordar el tema, al unísono y a voz en cuello, los creadores de opinión mediáticos, auténtica policía ideológica del sistema mundialista, para desviar la atención del verdadero problema que plantea el judaísmo talmúdico y sionista, cuya índole es estrictamente teológica, aunque de él se sigan necesariamente consecuencias políticas, económicas y culturales. Hecha esta aclaración, volvamos a la carta de Francisco, quien concluye diciendo: «Les pido que recen por mí, y les garantizo mi oración por ustedes, con la confianza de poder profundizar los lazos de estima y de amistad recíproca». Nos es forzoso constatar que aquí llegamos al colmo en el ámbito de lo absurdo. En efecto, ¿cómo es posible imaginar que la oración de quienes están, según San Juan, bajo el imperio de Satán, podría ser atendida por Dios? Y en buena lógica, si los judíos aceptaran rezar por el papa, cosa inimaginable considerando que su misión se opone diametralmente a la suya, se verían obligados a pedir su apostasía del cristianismo y su conversión al judaísmo. Es decir que Francisco implícitamente les estaría pidiendo nada menos que rezaran por él para que pudiera rechazar a Cristo, ¡tal como lo hacen ellos! A decir verdad, si esta cuestión no revistiese una gravedad inaudita, estaríamos ante un gag desopilante por sus incongruentes y grotescas implicaciones. Y esto sin mencionar los lazos de «amistad recíproca» que Francisco evoca al final de su mensaje, ya que la incoherencia de esta expresión no es menos flagrante que la de la anterior.
    Expliquémonos: Un amigo es un alter ego, un otro yo, de lo que se sigue que la verdadera amistad no es viable si los amigos no poseen una correspondencia de pensamientos, de sentimientos y de objetivos que vuelva posible la comunión de las almas. Ahora bien, los pensamientos y la acción de la Iglesia y de la Sinagoga son, como ya lo hemos dicho, diametralmente opuestos, sus proyectos son incompatibles, la oposición que existe entre ellas es radical, de suerte que, hasta tanto los judíos no hayan aceptado a Cristo como a su Mesías y Salvador, la enemistad entre ambas permanecerá irreductible, por razones teológicas evidentes, del mismo modo que lo son la luz y las tinieblas, Dios y Satán, Cristo y el Anticristo… Con este tipo de deseos entramos de plano en el terreno de la utopía, de la sensiblería humanista, de la negación de la realidad y, sobretodo, en la falsificación del lenguaje y en la perversión de los conceptos: nos encontramos de lleno en la esfera de la ilusión, de la manipulación intelectual y de la mentira. Mentira de la cual sabemos fehacientemente quien es el padre… Monseñor Jorge Mario Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, tenía ya la muy peculiar costumbre de acudir regularmente a sinagogas para participar en encuentros ecuménicos, el último de los cuales no remonta más allá del 12 de diciembre de 2012, apenas tres meses antes de su elección pontifical, con motivo de la celebración de Hanukkah, la fiesta de las luces, en la cual se enciende cada tarde una vela en un candelabro de nueve brazos durante ocho días consecutivos, liturgia cuyo significado es, desde un punto de vista espiritual, la expansión del culto judío. El cardenal Bergoglio participó activamente en la ceremonia del quinto día, encendiendo la vela correspondiente. De más está decir que evento semejante no se había producido jamás en la historia de la Iglesia. Y que constituye un hecho altamente perturbador. Aunque no menos inquietante resulta ser el hecho de que este tipo de gestos escandalosos pasen completamente desapercibidos para la inmensa mayoría de los católicos, profundamente aletargados, imbuidos hasta la médula del pensamiento revolucionario que socava la Fe y debilita el sensus fidei de los creyentes, compenetrados de la ideología pluralista, humanista, ecuménica, democrática y derecho-humanista que sus pastores les inculcan sin cesar desde hace más de medio siglo, ideología que es totalmente extranjera al depósito de la Revelación y que se ha vuelto el leitmotiv de los discursos oficiales de la jerarquía eclesiástica desde Vaticano II. Para concluir este apartado, he aquí un pequeño extracto de lo que Francisco decía a los judíos en otra sinagoga de Buenos Aires, Bnei Tikva Slijot, en septiembre de 2007, durante su participación a la ceremonia de Rosh Hashanah, el año nuevo hebreo: «Hoy, en esta sinagoga, tomamos nuevamente conciencia de ser pueblo en camino (???) y nos ponemos en presencia de Dios. Hacemos un alto en nuestro camino para mirar a Dios y dejarnos contemplar por El». ¿Qué interpretación podrá atribuirse al «nosotros» empleado por Francisco? ¿Qué realidad querrá designar utilizando la palabra «Dios»? En todo caso, habida cuenta del contexto, no podría designar a Dios Padre, pues sino está claro que los judíos no rechazarían al Hijo. En efecto, Nuestro Señor les dijo: «Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais, porque es de Dios que he salido y que vengo (…) Vosotros tenéis por padre al Demonio, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre (…) El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Vosotros no escucháis porque no sois de Dios» (Jn. 8, 42-47). Hecho de lo más sorprendente, durante su extenso discurso pronunciado en esa sinagoga de la capital argentina, quien en ese entonces no era «sino» Monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, no se dignó a pronunciar ni siquiera una vez el Santo Nombre de Jesús…

    3. Francisco y la laicidad del Estado.

    Ante todo, es menester tener presente en qué consiste el llamado principio de laicidad: se trata de la piedra angular del pensamiento iluminista, por el cual Dios es excluido de la esfera pública y el Estado es emancipado de la revelación divina y del magisterio eclesiástico en el ejercicio de sus funciones, quedando así habilitado para actuar de manera totalitaria, al negarse a admitir toda instancia moral superior capaz de esclarecerlo intelectualmente y de orientarlo moralmente en su acción, ya se trate de la ley natural, de la ley divina o de la ley eclesiástica. El Estado moderno se concibe a sí mismo como absolutamente desligado de cualquier tipo de trascendencia espiritual o ética a la cual someterse en aras de establecer y de conservar su legitimidad. De este modo, el Estado liberal no reconoce otra legitimidad como no sea la emanada de la llamada voluntad general y que, por ende, se funda únicamente en la ley positiva que los hombres se dan a sí mismos. La separación de la Iglesia y del Estado es el resultado lógico de este principio, por el cual se exonera a la sociedad políticamente organizada de rendir a Dios el culto público que le es debido, de respetar la ley divina en su legislación y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral. Esta supuesta independencia del poder temporal respecto al poder espiritual no debe confundirse con la legítima autonomía de la cual la sociedad civil goza en relación a la autoridad religiosa en su propio ámbito de acción, esto es, en la búsqueda del bien común temporal, el cual a su vez se haya ordenado a la del bien común sobrenatural, a saber, la salvación de las almas. Esta es la doctrina católica tradicional de la distinción de los poderes espiritual y temporal y de la subordinación indirecta de éste respecto de aquél. La laicidad conculca el orden natural existente entre ambos poderes y erige al Estado en poder absoluto, transformándolo así en una maquinaria de guerra con vistas a la descristianización de las instituciones, de las leyes y de la sociedad en su conjunto. El gran artesano de la pretendida neutralidad religiosa del Estado es la francmasonería, enemigo jurado de la civilización cristiana. Dicha neutralidad no es más que una superchería, dado que el poder temporal es incapaz de prescindir de una instancia espiritual de orden superior que le brinde los principios morales que reglan su actividad. El Estado laico no es neutro sino en apariencia, puesto que recibe sus principios orientadores en materia espiritual y moral de esa contra-iglesia que es la francmasonería: «La laicidad es la piedra preciosa de la libertad. La piedra nos pertenece a nosotros, masones. La recibimos en bruto, la tallamos progresivamente y nos es preciosa porque nos servirá para edificar el templo ideal, el futuro dichoso del hombre del cual deseamos que ella sea el único señor» (La laïcité: 1905-2005, Edimaf, 2005, p. 117, publicado por el Gran Oriente de Francia en conmemoración del centenario de la ley de separación de la Iglesia y del Estado de 1905.). Habiendo efectuado este recordatorio básico, sin el cual se pueden perder de vista las implicancias cruciales que conlleva este asunto, examinemos la posición de Francisco al respecto. En un discurso dirigido a la clase dirigente brasilera el 27 de julio, durante el transcurso de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebradas en Río de Janeiro, Francisco realizó un elogio entusiasta de la laicidad y del pluralismo religioso, a punto tal de regocijarse por la función social desempeñada por las «grandes tradiciones religiosas, que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia. » Para continuar diciendo que «la laicidad del Estado (…) sin asumir como propia ninguna posición confesional, es favorable a la cohabitación entre las diversas religiones.» Laicismo, pluralismo, ecumenismo, relativismo religioso, democratismo: el número y la magnitud de los errores contenidos en esas pocas palabras, condenados formalmente y en múltiples ocasiones por el magisterio, requeriría una prolongada exposición que excedería ampliamente los límites de este artículo. Para quienes deseasen profundizar la doctrina católica en la materia, he aquí los documentos esenciales: Mirari vos (Gregorio XVI, 1832),Quanta cura, con el Syllabus (Pío IX, 1864); Immortale Dei y Libertas (León XIII, 1885 y 1888); Vehementer nos y Notre chargeapostolique (San Pío X, 1906 y 1910); Ubiarcano y Quas primas (Pío XI, 1922 y 1925); Ci riesce (Pío XII, 1953).
    Leamos, a guisa de ejemplo, un pasaje de la encíclica Quas Primas, por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey: «La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres». La lectura de estos textos del magisterio permite comprender que el Estado laico, supuestamente neutro, no confesional, incompetente en materia religiosa y otras falacias por el estilo, no es más que una aberración filosófica, moral y jurídica moderna, una monstruosidad política, una mentira ideológica que pisotea la ley divina y el orden natural. La distinción –sin separación- de los poderes temporal y espiritual es algo muy diferente de la pretendida independencia del temporal respecto del espiritual en relación con Dios, la Iglesia, la ley divina y la ley natural: eso tiene nombre, y se llama la apostasía de las naciones. Esta apostasía es el fruto maduro del Iluminismo, de la francmasonería, de la Revolución Francesa y de todas las sectas infernales que de ella proceden (liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, etc.) Esos son los enemigos despiadados de Dios y de su Iglesia, quienes alcanzaron su diabólico objetivo de destruir enteramente la sociedad cristiana y de erigir en su lugar la ciudad del hombre sin Dios, creatura insensata embriagada por la falaz autonomía de la cual ella pretende gozar respecto a Dios: en ello reside el rasgo esencial de lo que se ha dado en llamar la modernidad, a pesar de sus rostros variados y multiformes, cuyo desenlace, a término, no puede ser otro que el del reino del Anticristo. Esta figura escatológica del hombre impío conducirá ineluctablemente la sociedad moderna, secularizada y apóstata, al paroxismo de su revuelta contra todo lo que se encuentra por encima de su propia voluntad autónoma y soberana, de la cual nos ofrece ya las aciagas primicias : pensemos, por no citar sino un puñado de ejemplos representativos, en esas aberraciones inimaginables que son el matrimonio homosexual, la adopción homo-parental, el derecho al aborto, la legalización de la industria pornográfica, la escuela sin Dios pero con teoría de género y educación sexual obligatorias para corromper la infancia y mancillar la inocencia de las almas inocentes…Personificación aterradora de la creatura que entiende hacer de su libertad, considerada como absoluta, la única fuente de la ley y de la moral, creatura imbuida de su vacuidad ontológica y enceguecida por su arrogancia irrisoria que pretende asombrosamente ocupar el lugar de Dios. Reitero que es en esta pretensión insensata de la creatura de prescindir de su Creador que radica la característica definitoria de la modernidad, es ella la que constituye la raíz del mal moderno, desvarío metafísico que se manifiesta con una actitud de repliegue del individuo sobre su propia subjetividad, acompañada por el rechazo categórico de un orden objetivo del cual debería reconocer por partida doble la anterioridad cronológica y la superioridad ontológica, y al cual está llamado a someterse libremente para realizar plenamente su humanidad. Esta actitud moderna se declina en múltiples facetas : nominalismo, voluntarismo, subjetivismo, individualismo, humanismo, racionalismo, naturalismo, protestantismo, liberalismo, relativismo, utopismo, socialismo, feminismo, homosexualismo, de las cuales la raíz es siempre la misma, a saber, el sujeto autónomo pretendiendo emanciparse del orden objetivo de las cosas y cuyo desenlace trágico e inevitable es el proyecto descabellado de proponerse crear una civilización que, tras haber expulsado a Dios de la sociedad, se funde exclusivamente en el libre arbitrio soberano del hombre, convertido en fuente de toda legitimidad. Y hoy más que nunca se vuelve indispensable proclamarlo a los cuatro vientos: el principio de laicidad constituye su más acabada encarnación y es su figura emblemática: «El día en que comeréis (del fruto prohibido) vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses que conocen el bien y el mal» (Gn. 3,5), sugirió la Serpiente a Eva, quien, dando muestras de una gran apertura mental y de una sincera adhesión al pluralismo religioso, se adentró con madurez y confianza en un diálogo mutuamente enriquecedor con su respetable interlocutor…El desenlace es bien conocido y ciertamente fatal para la humanidad: Adán y Eva terminaron comiendo, se encontraron desnudos, fueron castigados por Dios y expulsados del Paraíso. Las viejas naciones europeas que conformaban la Cristiandad comieron también del fruto, llamado esta vez Derechos Humanos, Democracia y Laicidad. Y ahora se encuentran desnudas. En cuanto al castigo, ineluctable, terminará llegando, tarde o temprano: «Vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas nombres de blasfemia (…) Le fue dado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación» (Ap. 13, 1/7). Pero el Anticristo, «el hombre impío, el hijo de perdición» (2 Tes. 2, 3) no llegará solo: será precedido por un falso profeta, parodia diabólica del papel precursor que otrora ejerciera San Juan Bautista disponiendo los corazones para la llegada inminente del Mesías: «Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap. 13,11). Las dos bestias, la del mar y la de la tierra, el Anticristo y el Falso Profeta, son indisociables, al igual que lo son el poder temporal y el poder espiritual en la sociedad. En régimen de cristiandad, los dos poderes cooperaban a efectos de hacer respetar la ley divina en la sociedad. Pero, en el caso que nos ocupa, los dos poderes han cambiado de signo y se hallan dedicados al servicio de Satán, la segunda bestia –el poder religioso prevaricador-, abriendo el camino a la primera e induciendo a los hombres a que se le sometan: «E hizo que la tierra y todos sus habitantes adorasen a la primera bestia» (Ap.13, 12). La primera bestia representa el poder temporal apóstata, el del régimen democrático laico y secularizado, enemigo de Dios, poder mundano que un día será ostentado por una persona concreta, el Anticristo. La segunda bestia, por su parte, representa el poder religioso corrompido, a la cabeza del cual se hallará también un día una persona concreta, el falso profeta o Anticristo religioso. ¿Qué tan lejos se encontrará la época que verá desplegarse ante su mirada atónita el cumplimiento de estas profecías? No es fácil tener certezas de orden práctico en este terreno ni por tanto dar una respuesta categórica. En cambio, no resulta aventurado sostener que cuando el nuevo papa alaba apasionadamente la laicidad del Estado, siguiendo en esto el ejemplo de sus predecesores recientes en el pontificado y conformándose al magisterio post-conciliar, la necesidad de escrutar las profecías que acabamos de exponer cobra una urgencia manifiesta.

    Alejandro Sosa Laprida

    STAT VERITAS: Un año del pontificado, una desoladora realidad (I).
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  17. #517
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Un año de pontificado, un año de confusión (II).

    Continuación del artículo anterior que se puede leer aquí.









    Un año de pontificado, un año de confusión

    4. La ideología homosexualista.

    Con motivo de una conferencia de prensa dada el 29 de julio de 2013 en el vuelo entre Río de Janeiro y Roma, de regreso de las JMJ, Francisco pronunció la frase siguiente: «Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?» Frase extremadamente ambigua y perturbadora, ya que el término gay no designa genéricamente a los homosexuales, sino especialmente a aquellos que reivindican públicamente la «cultura» y el estilo de vida de la impureza contra-natura. ¿Por qué haber utilizado una palabra generadora de confusión, totalmente extranjera al vocabulario católico y tomada justamente de la jerga del lobby «gay», avalando de este modo indirectamente su lenguaje subversivo y manipulador? ¿Por qué no haberse apresurado a añadir, para evitar malentendidos, que si bien no se juzga moralmente a la persona que padece esta tendencia, el pasaje al acto, en cambio, constituye un comportamiento gravemente desordenado en el plano moral? Sorprendentemente, no lo hizo, y naturalmente, al día siguiente, la abrumadora mayoría de la prensa mundial intituló el artículo dedicado a la atípica conferencia de prensa pontifical retomando textualmente la pregunta formulada por Francisco. ¿Podrá hablarse de impericia de parte de alguien que domina a la perfección el arte de la comunicación mediática? Resulta difícil creerlo… Y aun cuando así fuera, el contexto exigía eliminar todo riesgo de ambigüedad efectuando inmediatamente las precisiones del caso. Mas las precisiones jamás llegaron. Ni durante la conferencia de prensa ni después. Ni de su boca, ni de la del servicio de prensa del Vaticano. Mientras tanto, la prensa mundial se regodeaba impúdicamente con la consternante salida bergogliana… En la extensa entrevista concedida por Francisco a las revistas culturales jesuitas los días 19, 23 y 29 de agosto y publicada en l’Osservatore Romano del 21 de septiembre, habría podido suponerse que Francisco no dejaría pasar la oportunidad para dar muestras de claridad acerca de esta espinosa cuestión, cortando por lo sano las polémicas que sus desafortunadas declaraciones habían suscitado y disipando drásticamente la confusión y la inquietud generalizada que habían provocado. Veamos si aprovechó la ocasión para hacerlo: «En Buenos Aires recibí cartas de personas homosexuales heridas socialmente porque se sienten desde siempre condenados por la Iglesia. Pero eso no es lo que la Iglesia quiere. Durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y está buscando a Dios, yo no soy quien para juzgar. Al decir eso, dije lo que indica el Catecismo [de la Iglesia Católica]. La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas, pero Dios nos ha creado libres: la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible. Un día alguien me preguntó de manera provocante si yo aprobaba la homosexualidad. Yo le respondí con otra pregunta: ‘‘Dime: Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza condenándola?’’ Siempre hay que considerar a la persona. Entramos aquí en el misterio del hombre. En la vida cotidiana, Dios acompaña a la gente y nosotros debemos acompañarla tomando en cuenta su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo inspira al sacerdote para que diga la palabra más adecuada.» Habría mucho para decir respecto a estas declaraciones. Mucho, para utilizar un eufemismo, excepto que destaquen por su claridad… En aras de la concisión, sólo haré algunas observaciones:

    1. Contrariamente a lo que afirma, sus dichos brillan por su ausencia en el Catecismo. En éste se encuentra claramente expuesta la doctrina de la Iglesia (§ 2357 a 2359), precisamente lo que Francisco no hizo en la entrevista, durante la cual cultivó la ambigüedad, usó un lenguaje demagógico y añadió aún más confusión.


    2. Resulta inconcebible escucharlo decir que «la religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas.» Perdón: ¿La religión? ¿Cuál? ¿O acaso se tratará de las religiones en general, es decir, de «las grandes tradiciones religiosas que ejercen un papel fecundo de levadura en la vida social y de animación de la democracia.» (cf. III)? Lenguaje sorprendente en la boca de quien se encuentra sentado en el trono de San Pedro… ¿Por qué no decir simplemente «la Iglesia»? Y sobre todo, corresponde proclamar sin ambages que la Iglesia no expresa de ninguna manera «su opinión», Ella instruye a las naciones, en conformidad con el mandato que recibiera de su Divino Maestro: «Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto os he mandado.» (Mt. 28, 19-20)


    3. Y a renglón seguido añade: «pero Dios nos ha creado libres: la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible.» Ambigüedad sibilina, característica detestable de parte de quien ha recibido la misión de «enseñar a las naciones», pero rasgo clásico ya en labios de Francisco… Porque si el hombre puede, en virtud de su libre arbitrio, negarse a obedecer a la Iglesia, no es en cambio moralmente libre de hacerlo: la Iglesia ha recibido de Jesucristo el poder de obligar las conciencias de sus fieles (Mt. 18, 15-19). Pretender que «la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible» equivale a divinizar la conciencia individual y a hacer de ella un absoluto: estamos ante el principio fundamental de la religión humanista y masónica de 1789: «Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas» (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, artículo X). Esta libertad de conciencia falaz y revolucionaria fue condenada por el magisterio de la Iglesia: Gregorio XVI afirmó que pretender «garantizar a cada uno la libertad de conciencia» no solo es absurdo sino además «un delirio» (Mirari Vos, 1832).


    4. Finalmente, el hecho de responder a una pregunta -¿aprueba la homosexualidad?- con otra pregunta, que es, para colmo, de un hermetismo poco común, es indigno de aquel a quien fue confiada la tarea de enseñar a la universalidad de los fieles. Respuesta en la que se halla nuevamente esta ambigüedad exasperante que lo caracteriza, aquí al no distinguir entre la condenación del pecado y la del pecador, y dando a entender que el hecho de «aprobar la existencia» (¡sic!) del pecador volvería inútil la reprobación que su acto pecaminoso exige. Sin embargo Nuestro Señor nos enseñó a hablar de otro modo: «Que vuestro lenguaje sea sí, sí; no, no; todo el resto proviene del Maligno» (Mt. 5, 37). Pero retornemos a nuestra conferencia de prensa aérea, tras la celebración de las JMJ de Río de Janeiro. Francisco agregó que esas personas «no deben ser discriminadas, sino integradas en la sociedad». Perdón, pero ¿a qué persona hace alusión? ¿A aquellas que sin pudor alguno se proclaman «gay» o a las que, padeciendo sin culpa de su parte la mortificante inclinación contra-natura se esfuerzan meritoriamente por vivir decentemente? Una ambigüedad suplementaria que naturalmente permanecerá sin aclaración vaticana, pero cuya interpretación «progresista» abandonada a los «medios de información masiva» será la que se impondrá masivamente en el imaginario colectivo. Pero a decir verdad, hay algo peor que la recurrente ambigüedad bergogliana presente en esta afirmación y que se manifiesta en esa disyuntiva irresuelta que he señalado. Me refiero a que sus palabras no sólo cultivan la ambigüedad, elemento suficiente para cuestionarlas, sino que son pura y simplemente falsas. Ellas se inscriben en el marco de la ideología igualitarista de la lucha «contra las discriminaciones» que promueven los partidarios del feminismo y del homosexualismo, genuina maquinaria de combate al servicio de la legitimación de cuanta aberración el partido del «progreso» se esmera en pergeñar, principalmente el infame «matrimonio» homosexual. ¿En dónde reside la falsedad? En el hecho de que, inclusive en el segundo caso de la disyuntiva, es perfectamente legítimo y razonable efectuar ciertas discriminaciones que, atendiendo al bien común social, marginalizan a esas personas en determinados contextos. Y eso es, por ejemplo, lo que la Iglesia siempre ha hecho en lo tocante al sacerdocio, a la vida religiosa y a la educación de los niños. Ni que decir tiene que dichas discriminaciones son más legítimas aun cuando se trata de gente que, además de padecer esa tendencia desordenada, lleva una vida homosexual activa, aunque fuese de manera discreta, y, a fortiori, si hay que vérselas con quienes exhiben pública y desvergonzadamente sus malas costumbres, reivindicando orgullosamente sus fantásticos derechos: me refiero a los «gay», para emplear el atípico vocabulario bergogliano, ciertamente inusitado en el lenguaje de un sucesor de San Pedro. Los individuos pertenecientes a esta última categoría, la de los ideólogos de la causa homosexualista, por ejemplo, los organizadores de las Gay Pride y los militantes de asociaciones subversivas del estilo de Act-Up, tienen tanto menos derecho a ser «integrados a la sociedad» cuanto que justamente deberían ser excluidos de ella sin contemplaciones, los acólitos de la secta LGBT poseen tanto menos el derecho a verse exentos de «toda forma de discriminación» cuanto que deberían precisamente verse privados de libertad y apartados sin miramientos de la vida social por atentado contra el pudor y corrupción de la juventud. Retomando el hilo de la conferencia pontifical en pleno vuelo, asistimos pasmados a la prosecución del extraño discurso de Francisco ante un auditorio cautivado por su desarmante espontaneidad y por el tenor altamente mediático de sus palabras: «El problema no es el de tener esta tendencia, sino de hacer lobbying, eso es lo grave, porque todos los lobbies son malos». Desafortunadamente, esta aseveración es perfectamente gratuita y no resiste el menor análisis: que el hecho de poseer esa tendencia constituya un grave problema de orden psicológico y moral para la persona afectada, así como también un serio motivo de inquietud para su entorno, es algo indiscutible. Y pretender que la homosexualidad no sea algo problemático, sino solamente el hacer «lobbying», es una falacia notoria que contribuye a trivializar la homosexualidad y a volverla aceptable. Por último, es menester afirmar que, contrariamente a lo que sostiene Francisco, ningún lobby es intrínsecamente perverso. Efectivamente, dado que un lobby es «un colectivo que realiza acciones dirigidas a influir ante la administración pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad» (Wikipedia), un lobby será bueno en la medida en que combata por causas justas y será malo cuando lo haga por causas inicuas. Para dar un ejemplo, las acciones conducidas por los grupos feministas en favor del aborto son reprobables, mientras que las realizadas por los grupos pro-vida en su lucha contra la legalización de dicho crimen son encomiables. Todas estas declaraciones de Francisco se ven particularmente agravadas por el contexto internacional en el que se producen, a saber, en medio de una violenta batalla cultural entre partidarios y opositores del «matrimonio» homosexual, el cual se extiende como reguero de pólvora a escala planetaria. Resulta difícil atribuirlas solamente a eventuales imprecisiones de lenguaje, así como tampoco parece posible negar la complicidad objetiva de sus palabras con los propósitos manifiestos del lobby «gay»: la normalización de la homosexualidad y la legitimación de sus insostenibles reivindicaciones sociales. Esas declaraciones han sembrado confusión entre los católicos y han favorecido objetivamente a los enemigos de Dios, quienes combaten encarnizadamente para que se acepten los supuestos «derechos» de los homosexuales en el interior de la Iglesia y en la sociedad civil. Prueba irrefutable de ello es que la más influyente publicación de la comunidad LGBT de los Estados Unidos,The Advocate, eligió a Francisco como la «Persona del año2013», deshaciéndose en alabanzas hacia él por su actitud de apertura y de tolerancia hacia los homosexuales. He aquí, a modo de ilustración, tres casos que permiten tomar conciencia de la gravedad del contexto en el cual se sitúan esas desafortunadas declaraciones. Ellas se produjeron apenas dos meses después de que el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, celebrara en Génova las exequias de Don Gallo, famoso sacerdote comunista y anarquista, adepto al aborto e incondicional de la causa homosexual, durante las cuales hizo un panegírico suyo y autorizó que dos transexuales hicieran la apología de la ideología LGBT en la lectura de la «plegaria universal», durante la cual agradecieron al clérigo apóstata por haberlos ayudado a «sentirse creaturas trans-gender (sic) deseadas y amadas por Dios», y a los que distribuyó luego la comunión, profanando así las santas especies eucarísticas, escandalizando gravemente a los fieles y sembrando la confusión en las almas. Más inquietante todavía: no hubo ninguna reacción oficial del Vaticano reprobando los hechos. Corresponde destacar que Don Gallo ejercía su «ministerio pastoral» con total impunidad, sin jamás haber sido importunado ni sancionado por la jerarquía eclesiástica. Y cabe añadir que los funerales fueron oficiales, celebrados con gran pompa, nada menos que por la figura más destacada del episcopado italiano, con homilía ditirámbica incluida. Otro hecho sintomático, seleccionado entre muchos otros: la Universidad Pontifical San Francisco Javier de Bogotá, en Colombia, fundada y dirigida por jesuitas, desde hace doce años organiza anualmente un «Ciclo Académico Rosa», que fomenta desembozadamente el estilo de vida «gay». En 2013, por primera vez, iba a tener lugar en los locales de la universidad, del 28 al 30 de agosto. Eso provocó una importante reacción de laicos escandalizados quienes, gracias a un accionar digno de un auténtico «lobby» católico, forzaron la universidad a buscar otro sitio para organizar su inmundo coloquio de degenerados. Huelga decir que no se registró sanción alguna hacia los organizadores del infame evento de parte de las autoridades universitarias. Algo que va de suyo, en la era del culto al «diálogo» con el error y en tiempos de exaltación del «pluralismo» ideológico… Y esta impunidad dura desde hace ya doce largos años. Ninguna sanción tampoco por el lado de la Conferencia Episcopal Colombiana. Ni falta hace precisar el silencio absoluto del Vaticano. Es interesante señalar la reacción del director de la universidad, el Padre Joaquín Emilio Sánchez: ella fue inmediata y sumamente edificante. En efecto, en un áspero comunicado de prensa dirigido a la «comunidad educativa», hizo constar su indignación ante la «violación de la legítima autonomía universitaria», declaró que «ninguna discriminación sería tolerada» y advirtió amenazante a sus adversarios: «Actualmente efectuamos las gestiones necesarias ante las instancias competentes para que una situación tan irregular y dolorosa como la que vivimos con motivo del ‘‘Ciclo Rosa’’ no se repita nunca más». Por su lado, el Padre Carlos Novoa, antiguo rector de la universidad, profesor titular de teología moral y titular de un doctorado en «ética sexual», promotor desvergonzado del aborto, sostuvo que la medida «testimonia de un retorno de la Inquisición en un sector de la Iglesia católica y es la resultante de grupos obscurantistas y fanáticos». Su pública posición contraria a la enseñanza del magisterio eclesial no le ha acarreado ninguna sanción de parte de la jerarquía de su país y menos aún de las autoridades de la citada universidad «pontificia». Este edificante sacerdote continúa ejerciendo afanosamente su «ministerio pastoral» y dispensando con ahínco su «enseñanza universitaria» a estudiantes que, imaginando recibir una instrucción católica, son objeto de una perversión sistemática de sus inteligencias. Tercer y último ejemplo: el de la Universidad Católica de Córdoba, en Argentina, que también está dirigida por jesuitas. En una entrevista publicada el 12 de agosto de 2013 a quien es su rector desde 2005, el Padre Rafael Velasco, gran especialista en «Derechos Humanos», en medio de una letanía de sentencias heterodoxas, nos hizo el honor de participarnos su profunda visión teológica: «Si la Iglesia quiere ser un signo del hecho que Dios está cerca de todos, lo que debe hacer, antes que nada, es no excluir a nadie. Debe encarar reformas muy importantes: los divorciados tienen que ser admitidos a la comunión, los homosexuales, cuando viven de manera estable con sus compañeros, también deberían poder comulgar. Decimos que la mujer es importante, pero la excluimos del ministerio sacerdotal. Esos son signos que serían más comprensibles». Estos tres casos que he citado, tomados de un interminable listado de situaciones similares, ilustran acabadamente el progreso continuo, consentido y alentado, de la ideología homosexualista y de la «teoría de género» en el interior dela Iglesia. Y es justamente en ese contexto alarmante de avance permanente e incontenible de las ideas LGBT, tanto en la sociedad civil como en el seno del clero, que se inscriben esas palabras inauditas de Francisco en una conferencia de prensa internacional en pleno vuelo, a modo de broche de oro de las archimediáticas JMJ de Río de Janeiro: «¿Quién soy yo para juzgar a una persona «gay»?» Francamente, debo admitir que esto se asemeja a un mal sueño, a una pesadilla indescriptible de la cual desearía despertarme cuanto antes…

    5. Francisco y la masonería.

    En 1999 el cardenal Bergoglio fue elegido miembro honorario del Rotary Club de la ciudad de Buenos Aires. En 2005, recibió el premio anual que el Rotary atribuye al «hombre del año», el Laurel de Plata. Esta entidad, fundada en 1905 en la ciudad de Chicago, USA, por el masón Paul Harris, es una asociación cuyos vínculos con la francmasonería son de público conocimiento: es un semillero de masones y el marco en el que se desarrollan sus iniciativas «caritativas». Un porcentaje importante de rotarios pertenecen a las logias, a punto tal que el Rotary, junto al Lion’s Club, son considerados como los atrios del templo masónico. He aquí lo que decía el obispo de Palencia, España, en una declaración oficial: «El Rotary profesa un laicismo absoluto, una indiferencia religiosa universal y trata de moralizar las personas y la sociedad por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista e incluso atea» (Boletín eclesiástico del obispado de Palencia, n° 77, 1/9/1928, p. 391). Esta condenación fue confirmada por una declaración solemne del arzobispo de Toledo, el cardenal Segura y Sáenz, primado de España, el 23 de enero de 1929. Dos semanas más tarde, la Sacra Congregación Consistorial prohibió la participación de los sacerdotes en reuniones rotarias, en calidad tanto de miembros y como de invitados: es el célebre «non expedire» del 4 de febrero de 1929. Esta prohibición sería reiterada por un decreto del Santo Oficio del 20 de diciembre de 1950. El día de la elección pontifical del cardenal Bergoglio, el 13 de marzo de 2013, el Gran Maestre de la francmasonería argentina, Ángel Jorge Clavero, rindió tributo al nuevo pontífice saludándolo calurosamente. La logia masónica judía B’nai B’rith hizo otro tanto: «Estamos convencidos que el nuevo papa Francisco seguirá obrando con determinación para reforzar los lazos y el diálogo entre la iglesia católica y el judaísmo y continuará la lucha contra todas las formas de antisemitismo», declaró la logia francesa, mientras que la argentina aseveró que reconocen en Francisco a «un amigo de los judíos, a un hombre dedicado al diálogo y comprometido en el encuentro fraterno» y aseguran estar convencidos de que durante su pontificado «conservará el mismo compromiso y podrá poner en práctica sus convicciones en el camino del diálogo inter-religioso». El director de asuntos inter-religiosos de la B’nai B’rith, David Michaels, asistió a la ceremonia de investidura del nuevo papa, el 19 de marzo y al día siguiente participó a la audiencia dada por Francisco a los líderes de las diferentes religiones en la Sala Clementina. Se habían dado cita dieciséis personalidades judías en representación de ocho organizaciones internacionales judías, entre quienes se hallaba el rabino David Rosen, director del Comité Judeo-Americano (American Jewish Committee), quien declaró, en una entrevista concedida a la agencia Zenit, que desde el Concilio Vaticano II «la enseñanza de la Iglesia y su enfoque de los judíos, del judaísmo y de Israel han tenido una transformación revolucionaria». Al día siguiente de su elección, el Gran Oriente de Italia emitió un comunicado en el cual el Gran Maestre Gustavo Raffi decía que «con el Papa Francisco ya nunca nada será como antes. Esta elección ha sido una apuesta indiscutible de la fraternidad por una Iglesia de diálogo, no contaminada por la lógica ni las tentaciones del poder temporal (…) Nuestra esperanza es que el pontificado de Francisco marque el regreso de la Iglesia-Palabra en lugar de la Iglesia-Institución, y que él promueva el diálogo con el mundo contemporáneo (…) siguiendo los principios de Vaticano II (…) Tiene la gran oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una Iglesia que debe recuperar el anuncio de una nueva humanidad, no el peso de una institución que defiende sus privilegios». El 16 de marzo, en un nuevo artículo del Gran Oriente de Italia, esta vez anónimo, el lector se entera de que existen tres miradas diferentes en los miembros del GOI: la de los que son escépticos en cuanto al progresismo de Francisco, la de los que prefieren guardar un cauto silencio y juzgarlo luego por sus actos y, finalmente, la de los que exhiben la convicción de que será un papa «innovador y progresista, basándose en el hecho de que algunos Hermanos aseguran haber contribuido indirectamente, en el interior del Cónclave, por intermedio de amigos fraternos, a la elección de un hombre capaz de regenerar la Iglesia Católica y la sociedad humana en su conjunto». Ese punto de vista se ve reforzado por el hecho de que el cardenal Bergoglio, durante el cónclave de 2005, había sido apadrinado por el cardenal Carlo María Martini, fallecido el 31 de agosto de 2012, desaparición saludada por el GOI en un comunicado fechado el 12 de septiembre en los siguientes términos: «Ahora que las celebraciones retóricas y las condolencias pomposas han dejado lugar al silencio y al duelo, el Gran Oriente de Italia saluda con afecto al Hermano Carlo María Martini, quien ha partido hacia el Oriente Eterno». Y el 28 de julio de 2013, con ocasión del deceso del cardenal Ersilio Tonini, masón reconocido, el Gran Maestre Gustavo Raffi le rindió tributo asegurando que llora «al amigo, al hombre del diálogo con los masones, al maestro del Evangelio social. Hoy la humanidad es más pobre, como lo es igualmente la Iglesia Católica». Pero a renglón seguido se apresura a añadir que, a despecho de esa gran pérdida, «la Iglesia del Papa Francisco es una Iglesia que promete ser respetuosa de la alteridad y compartir la idea que el Estado laico favorece la paz y la coexistencia de las diferentes religiones (!!!)». El límpido homenaje tributado a Francisco por el Gran Maestre del Gran Oriente de Italia es un testimonio por demás inquietante con relación a su pontificado. Como prueba de ello, y limitándonos a tan sólo uno de los abundantes textos pontificales referidos a la masonería, he aquí lo que decía León XIII en su encíclicaHumanum Genus, del 20 de abril de 1884: «En nuestra época, los autores del mal parecieran haberse coaligado en un inmenso esfuerzo, bajo el impulso y con la ayuda de una sociedad diseminada por un gran número de lugares y fuertemente organizada, la sociedad de los francmasones. Estos, sin disimular ya sus intenciones, rivalizan de audacia entre ellos contra la augusta majestad de Dios, maquinando abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, con la finalidad de lograr despojar, si lo pudiesen, las naciones cristianas de los beneficios que ellas han recibido de Jesucristo, nuestro Salvador».

    Habría muchas otras declaraciones y gestos de Francisco que se podrían calificar cuando menos de perturbadores y que se prestarían a un prolongado desarrollo, del que me abstendré aquí en aras de la brevedad, y de los cuales he seleccionado tan sólo algunos a modo de ejemplo, tomados de una extensa lista que por cierto no deja de acrecentarse día tras día a una velocidad vertiginosa…

    (Continúa) Alejandro Sosa Laprida

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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Un año de pontificado, un año de confusión (III).

    Continuación y final del artículo iniciado aquí (1ra parte) y continuado aquí (2da parte).






    Un año de pontificado, un año de confusión


    1. La noche de su elección, Francisco se presentó como el «Obispo de Roma», sin pronunciar la palabra «Papa». Ese proceder, reiterado luego en varias ocasiones, fue confirmado por la nueva edición del Anuario Pontificio publicado en mayo. Calificándose a sí mismo exclusivamente con el título de Obispo de Roma, y ya no de Papa, Soberano Pontífice o Vicario de Cristo, Francisco realiza un gesto inédito en la historia de la Iglesia, claramente revolucionario, que menoscaba de manera brutal la autoridad de la Sede Romana.


    2. Con ocasión de las JMJ celebradas en julio 2013 en Río de Janeiro, Francisco declaró, durante una entrevista de prensa concedida a la televisión brasilera, que «si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa». Lo que le interesa es «que lo eduquen y que le den de comer». Tales palabras no requieren comentario. A condición, evidentemente, de no haber perdido la Fe.


    3. El 16 de marzo de 2013, al final de la audiencia otorgada a los periodistas del mundo entero en la sala Pablo VI del Vaticano, Francisco les dio una bendición totalmente atípica, una «bendición silenciosa, respetando la conciencia de cada uno». No se dignó a hacer el signo de la Cruz sobre la multitud de periodistas ni a pronunciar el santo nombre de las Tres Personas Divinas. Lo que nos enseñó Jesús se sitúa en las antípodas de esa falsa noción de respeto: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id pues y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto os he mandado» (Mt. 28, 18-20). Nuestro Divino Maestro nos ha dicho también: «A todo el que me confesare delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre, que está en los Cielos; pero a todo el que me negare delante de los hombres, yo lo negaré también delante de mi Padre, que está en los Cielos» (Mt. 10, 32-33). Hablemos claramente: el «respeto de la conciencia» alegado por Francisco para dispensarse de ejercer su suprema autoridad apostólica carece de todo fundamento escriturístico, patrístico o magisterial. Se trata de una noción cuyo origen se halla en los «filósofos» del Iluminismo y que forma parte integrante de la enseñanza impartida en las logias masónicas. En la encíclica Mirari Vos (1832) Gregorio XVI afirma que de la «fuente envenenada del indiferentismo deriva esa máxima falsa y absurda, o mejor dicho ese delirio, según el cual se debe garantizar a cada uno la libertad de conciencia, error de lo más contagioso (…) que ciertos hombres, por un exceso de impudicia, no vacilan en presentar como ventajoso para la religión».


    4. Durante esa misma audiencia dijo que deseaba «una Iglesia pobre para los pobres». Es un deseo novador y completamente extranjero a la enseñanza y a la práctica bimilenaria de la Iglesia. «María, tomando una libra de ungüento de nardo legítimo de gran valor, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó del olor del ungüento. Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, el que habría de entregarlo, dijo -¿Por qué este ungüento no se vendió por trescientos denarios y se dio a los pobres?» (Jn. 12, 3-5).


    5. El 11 de septiembre Francisco recibió en audiencia privada al religioso peruano Gustavo Gutiérrez, sacerdote modernista, izquierdista y subversivo, quien diera origen al nombre de «teología de la liberación» gracias a su libro homónimo publicado en 1971. Este «teólogo», cómplice de los movimientos marxistas y tercermundistas latinoamericanos comprometidos en la lucha armada revolucionaria, considera que la salvación cristiana pasa por la emancipación de las servidumbres terrenas: «La creación de una sociedad justa y fraterna es la salvación de los seres humanos, si por salvación entendemos el paso de lo menos humano a lo más humano. No se puede ser cristiano hoy sin un compromiso de liberación», es decir, sin recurrir a una praxis histórica marxista ordenada a la emancipación revolucionaria de las masas «oprimidas» socialmente, en el seno de una «iglesia popular» que, gracias a su «conciencia de clase», toma partido por la lucha de los pobres contra la clase poseedora y contra la jerarquía eclesiástica. Es interesante notar que la semana anterior L’Osservatore Romano le había consagrado un largo artículo con motivo de la publicación de un libro que había co-escrito con Monseñor Gerhard Müller, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, intitulado “De parte de los pobres, teología de la liberación, teología de la Iglesia”.


    6. El día de su elección, antes de impartir la bendición apostólica a los fieles congregados en la plaza San Pedro, Francisco pidió a la muchedumbre que ella rezara primero por él para que Dios lo bendijese. El simbolismo del gesto es claro: la bendición ya no procede de lo alto, a través del papa que recibió su investidura de derecho divino, y que él hace descender luego directamente sobre los fieles: nos encontramos ante un gesto que evoca los principios democráticos revolucionarios, según los cuales el poder emana del pueblo, única fuente de legitimidad para el ejercicio de la autoridad.


    7. Con ocasión de su homilía en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el 22 de mayo de 2013, Francisco dijo que el Señor salvó «a todos los hombres» por la Sangre de Cristo, y que de este modo se convierten en «hijos de Dios, no sólo los católicos, todos, los ateos también». Gregorio XVI, en la encíclica citada anteriormente, censuraba «el indiferentismo, esa funesta opinión difundida por la depravación de los malvados según la cual es posible obtener la salvación por cualquier profesión de fe, con tal de que las costumbres sean conformes a la justicia y a la probidad».


    8. Francisco organizó una jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria, lo que es en sí mismo algo laudable. Desgraciadamente, este evento fue convocado siguiendo el espíritu del falso ecumenismo conciliar de Nostra Aetate y de Asís, puesto que extiende la invitación «a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de cada religión, así como a los hermanos y hermanas no creyentes». Esto se opone diametralmente tanto a la doctrina como a la práctica constante de la Iglesia hasta Vaticano II. He aquí lo que decía Pío XI al respecto: «(…) invitan a todos los hombres indistintamente, a los infieles de todo género como a los fieles de Cristo (…) Tales empresas no pueden ser aprobadas por los católicos de ninguna manera, ya que se basan sobra la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la verdadera religión, la repudian (…) La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la religión divinamente revelada» (Mortalium Animos, 1928). Francisco prosigue diciendo que «la cultura del diálogo es el único camino para la paz». Ahora bien, esto supone una concepción errónea de la paz, fundada en una visión naturalista de la vida y en el relativismo religioso: estamos ante una utopía humanista y un desconocimiento caracterizado de la naturaleza humana real, caída y redimida por la Sangre de Cristo, redención que se comunica a los hombres a través de su Cuerpo Místico, la Iglesia, fuera de la cual la humanidad, individual y socialmente considerada, permanece cautiva del pecado y sometida al imperio de Satán. En tales condiciones, hablar de «diálogo» como del «único camino para la paz» resulta un embuste grotesco y repulsivo. Sepan disculpar la extensa citación que me veo forzado a realizar para probar lo que digo: «El día en que Estados y gobiernos estimen ser un deber sagrado el atenerse a las enseñanzas y a las prescripciones de Jesucristo en sus relaciones interiores y exteriores, sólo así llegarán a gozar de una paz provechosa, mantendrán relaciones de confianza recíproca y resolverán pacíficamente los conflictos que pudiesen surgir (…) Síguese entonces que no podrá existir ninguna paz verdadera, a saber, la tan deseada paz de Cristo, hasta tanto los hombres no sigan en la vida pública y privada con fidelidad las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo. Una vez así constituida ordenadamente la sociedad, pueda por fin la Iglesia, desempeñando su divina misión, hacer valer todos y cada uno de los derechos de Dios lo mismo sobre los individuos como sobre las sociedades. En esto consiste la breve fórmula: el reino de Cristo (…) De todo lo cual resulta claro que no hay paz de Cristo sin el reino de Cristo» (Ubi Arcano, Pío XI, 1922). Y también: «Si los hombres reconociesen la autoridad real de Cristo en su vida privada y en su vida pública, inmensos beneficios –una justa libertad, el orden y la tranquilidad- se propagarían infaliblemente sobre toda la sociedad» (Quas Primas, Pío XI, 1925).


    9. Con ocasión de la ceremonia del lavatorio del Jueves Santo, celebrada en un centro de detención de menores de Roma, entre las personas que representaban a los doce apóstoles había mujeres y musulmanes, lo que infringe gravemente la tradición litúrgica, la que ha recurrido siempre a hombres bautizados, ya que las mujeres no son admitidas al sacerdocio cristiano ni los infieles a las ceremonias litúrgicas. A menos que se pretenda utilizar el culto divino como una oportunidad para promover el feminismo y buscar transformar la santa liturgia en un espacio consagrado al relativismo y al indiferentismo religioso. A menos que se procure convertir la Santa Misa en una vulgar representación de humanitarismo miserabilista y demagógico, a través de una indigna operación de comunicación destinada al sistema mediático planetario, siempre ávido del menor gesto «humanista» y «progresista» de Francisco… La Santa Cena del Señor no fue pues celebrada en la basílica de San Pedro, ni en la catedral de San Juan de Letrán, en presencia del clero y de los fieles romanos y de los peregrinos procedentes del mundo entero para asistir a las festividades de la Semana Santa, sino nada menos que en una cárcel, lugar por completo inconveniente para una acción litúrgica, en presencia de una mayoría de no católicos, en una ceremonia confidencial, inaccesible para los fieles… Y como por casualidad, ese gesto insólito de ruptura de la tradición litúrgica tuvo lugar el día en que la Iglesia celebraba solemnemente la institución de la Santa Eucaristía y del Sacerdocio por Nuestro Señor Jesucristo… Visitar a los prisioneros es ciertamente una acción muy laudable, puesto que es una obra de misericordia. En cambio, servirse de ella como pretexto para rebajar el culto divino celebrando la Misa in Cena Domini en una cárcel, sin clero ni feligreses, sin predicación sobre la institución de la Eucaristía y del sacerdocio cristiano por Nuestro Señor, invitando a participar a infieles en la ceremonia, dista mucho de ser una acción laudable: se trata, lisa y llanamente, de un sacrilegio. Fieles, casi no había. Fotos e imágenes para la televisión, sí. Y dieron la vuelta al mundo. Parece ser que la operación fue todo un éxito.


    10. El 28 de agosto Francisco recibió en la basílica de San Pedro un grupo de 500 jóvenes peregrinos de la diócesis de Piacenza. Hacia el final, les pidió: «recen por mí, porque este trabajo es insalubre, no hace bien». La misión de pastor universal de las almas, de vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra para «apacentar a sus ovejas» (Jn. 21,17) y para «confirmar a sus hermanos en la Fe» (Lc. 22, 32) no constituye para él más que un trabajo, y para colmo, insalubre… Jamás se había escuchado a un papa expresarse en esos términos, en los que vulgaridad y ridículo concurren a una desacralización notoria del ministerio petrino.


    11. Así como la primera misiva oficial de Francisco no había tenido por destinatarios a católicos, sino a los judíos de Roma, así también su primer viaje oficial tuvo por beneficiario a gente de otra religión, escogiendo un desplazamiento altamente simbólico y extremadamente mediático, con visos de manifiesto ideológico. En efecto, el 8 de julio acudió a Lampedusa, en memoria de los inmigrantes clandestinos musulmanes que se ahogaron tratando de alcanzar esa isla italiana desde África en el transcurso de los últimos quince años. Y eso en el mismo momento en que Europa, enteramente descristianizada, observa como el islam se vuelve de manera irresistible la religión preponderante, especialmente gracias a la inmigración masiva de musulmanes procedentes de África.


    12. En el reportaje concedido a las revistas culturales jesuitas, efectuado por el Padre Antonio Spadaro s.j., director de LaCiviltà Cattolica, en el mes de agosto y publicado en L’Osservatore Romano del 21 de septiembre, Francisco expresó un punto de vista totalmente novador en lo que concierne la naturaleza de la virtud teologal de la Fe, aseverando que la duda y la incertidumbre deberían formar parte de ella, so pena de caer en la «arrogancia», de encontrar a un Dios que sería «a nuestra medida», de tener sobre Él una visión «estática y no evolutiva», de tender de un modo exagerado hacia la «seguridad doctrinal»… ¿Puede pretenderse honestamente que no se trataría, como de costumbre, sino de una enésima citación malintencionada, de carácter tendencioso y sacando sus palabras del contexto? He aquí las declaraciones incriminadas: «Por supuesto, en ese buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, queda siempre una zona de incertidumbre. Debe existir. Si alguien dice que encontró a Dios con una certeza total y que no deja ningún margen de incertidumbre, significa que algo no funciona (…) El riesgo de buscar y de hallar a Dios en todo es entonces la voluntad de explicitar demasiado; de decir con certeza humana y arrogancia: ‘‘Dios está aquí’’. Así sólo encontraremos un Dios a nuestra medida (…) Quien hoy día no aspira sino a soluciones disciplinares, quien tiende de manera exagerada a la ‘‘seguridad’’ doctrinal, quien busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, tiene una visión estática y no evolutiva. De este modo, la Fe se vuelve una ideología como cualquier otra». Francisco reiteró la misma idea en su Mensaje para la jornada de las comunicaciones sociales, presentado el 23 de enero, en el cual sostiene que «dialogar significa estar convencido que el otro tiene algo bueno para decirnos, hacerle un lugar a su punto de vista, a sus proposiciones. Dialogar no significa renunciar a sus propias ideas y tradiciones, pero sí a la pretensión de que sean únicas y absolutas». Se observará la contradictio in terminisflagrante de la última frase, y forzoso es comprobar que con tales principios se firma, ni más ni menos, la sentencia de muerte de la Fe, para naufragar en los abismos del subjetivismo y del relativismo modernistas más explícitos.


    13. En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (§ 247 a 249), publicada el 24 de noviembre, Francisco afirma que la Antigua Alianza «no ha sido nunca revocada», que no debe considerarse al judaísmo talmúdico actual, estructurado en oposición a Cristo y a la misión evangelizadora de la Iglesia, como a «una religión extranjera» ni decir que los judíos estén llamados a «convertirse al verdadero Dios», puesto que juntos creemos «en el único Dios que actúa en la historia» y «acogemos con ellos la común Palabra revelada». Pero desafortunadamente para Francisco, el cristiano verdadero bien sabe que sus enseñanzas son falsas y que ellas no pueden provenir sino del padre de la mentira, ya que aprendió que «quien niega al Hijo tampoco tiene al Padre; quien confiesa al Hijo, confiesa también al Padre.» (1 Jn. 2,22) y además que «todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios» (1 Jn. 4, 2-3). Francisco prosigue luego sus afirmaciones insensatas, en ruptura total con el magisterio y la tradición unánime de la Iglesia durante veinte siglos, diciendo que «Dios sigue obrando en el pueblo de la primera Alianza y hace nacer tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia también se enriquece cuando acoge los valores del judaísmo (…) Existe una rica complementariedad que nos permite leer juntos los textos de la Biblia hebraica y ayudarnos recíprocamente para profundizar las riquezas de la Palabra». Perdón, pero la Palabra de Dios es idéntica al Verbo de Dios, a la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn. 1, 14) y de la cual se dice igualmente que «vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron» (Jn. 1, 11): los «suyos» son los judíos, quienes, en su gran mayoría, rechazaron a Jesucristo, el Verbo encarnado, la Palabra de Dios hecha carne. Atreverse a sostener, contra la enseñanza explícita dela Sagrada Escritura, que «acogemos con ellos la común Palabra revelada» y que «tesoros de sabiduría nacen de su encuentro con la Palabra divina» supone o bien una ignorancia supina, o bien una mala fe diabólica. En cualquier caso, estamos ante un serio problema, si se me permite el eufemismo… Y confieso que no puedo dejar de interrogarme: ¿llegará acaso el momento en que se prohíba a los fieles rezar por la conversión de los judíos, por considerarlo como un acto de «intolerancia religiosa», «discriminatorio» y «antisemita»? ¿Veremos el día en el que se nos impondrá coactivamente la nueva teología conciliar a efectos de dejarnos así «enriquecer con los valores del judaísmo (habla del actual, falso, talmúdico y anti-cristiano)? ¿Seremos a término obligados a adoptar la exégesis judía para «leer juntos los textos bíblicos» y «profundizar las riquezas» contenidas en las Escrituras? ¿Hasta dónde nos conducirá la locura desatada porNostra Aetate? No hace falta ser profeta para predecir que si la lógica interna de ese documento revolucionario se desplegara hasta sus últimas consecuencias (y, a vista humana, resulta difícil vislumbrar otro desenlace…), se llegaría ineluctablemente a la apostasía generalizada y los fieles, debidamente aclimatados desde hace décadas por lobos despiadados disfrazados de ovejas a esa mutación radical de la Fe que es la impostura del ecumenismo «judeo-cristiano», se encontrarían preparados para acoger al «mesías» que espera la Sinagoga, y que no es otro que el Anticristo, como nos lo advierte claramente Nuestro Señor profetizando ante los judíos incrédulos de su época: «Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros ne me habéis recibido; otro vendrá en su propio nombre y vosotros lo recibiréis» (Jn. 5, 43). En estas proféticas palabras de Nuestro Señor se halla la clave interpretativa de los tiempos históricos en los que nos es dado vivir, junto a 2 Tesalonicenses 2 y Apocalipsis 13.


    14. En una entrevista mantenida con el periodista ateo Eugenio Scalfari el 24 de septiembre en el Vaticano, publicada por el cotidiano izquierdista La Repubblica el 1 de octubre, Francisco realizó unas declaraciones pasmosas. Cabe precisar que esta entrevista fue publicada en el sitio oficial de la Santa Sede, lo que le confería un rango magisterial. Fue retirada al cabo de un mes y medio, a causa de las incesantes polémicas y de las numerosas protestas que había suscitado en ámbitos católicos conservadores. Pero la entrevista permanece considerada «confiable en líneas generales», asegura el Padre Federico Lombardi, el encargado de la sala de prensa de la Santa Sede. Además, el artículo fue íntegramente publicado por el cotidiano del Vaticano, L’Osservatore Romano, incluso en su versión semanal italiana del 8 de octubre. Sin esas polémicas y protestas, la entrevista aún se hallaría en el sitio oficial del Vaticano, entre los documentos oficiales del nuevo pontificado… Tras haber expuesto el contexto, leamos algunos pasajes: «Los males más graves que afligen al mundo hoy son el desempleo de los jóvenes y la soledad en la que son abandonados los ancianos». Frente a semejante sentencia, resulta imposible no interrogarse: ¿Más graves incluso que la legalización de la pornografía y del aborto, del divorcio y de la contracepción, del «matrimonio» homosexual y de la adopción «homoparental»? ¿Más graves todavía que la apostasía de las naciones antaño católicas, que la escuela sin Dios, que la «cultura» de masa hedonista y que la ignorancia religiosa casi absoluta de la juventud? A renglón seguido, al periodista que se imagina que Francisco podría intentar convertirlo, éste le responde tranquilizándolo en términos inverosímiles: «El proselitismo es soberanamente absurdo, no tiene ningún sentido. Hay que conocerse, escucharse mutuamente y aumentar el conocimiento del mundo que nos rodea (…) Creo que ya he dicho al comienzo que nuestro objetivo no es el proselitismo sino la escucha de las necesidades, de los deseos, de las ilusiones perdidas, de la desesperación y de la esperanza. Tenemos que devolverles la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, mirar al futuro, propagar el amor». Afirmaciones de este tenor podrían ser rubricadas sin vacilar por un masón, un «libre-pensador» o un filósofo «humanista»… No es por nada que Scalfari ha podido decir acerca de las declaraciones de Francisco que «nunca antes la cátedra de San Pedro había dado muestras de una apertura tan grande hacia la cultura moderna y laica, de una visión tan profunda en lo referido a la conciencia y a su autonomía». He aquí otra sentencia bergogliana: «Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo: cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea». Esto no es sino puro naturalismo, relativismo moral e indiferentismo religioso. ¡Y pensar que nosotros creíamos, sin dudas algo ingenuamente, que la principal tarea de los clérigos consistía en anunciar a los hombres la salvación en Jesucristo! Pero retomemos la seriedad: salta a la vista de todo creyente medianamente instruido que la doctrina católica se sitúa en las antípodas de esas palabras inauditas y escandalosas en boca de quien ocupa la sede de San Pedro… Acá tenemos dos de las proposiciones solemnemente reprobadas por Pío IX en su Syllabus de 1864: «Las leyes de la moral no requieren la sanción divina y no es en absoluto necesario que las leyes humanas se conformen con el derecho natural o reciban de Dios el poder de obligar» (n° 56). «La ciencia de las cuestiones filosóficas y morales, así como las leyes civiles, pueden ser sustraídas a la autoridad divina y eclesiástica» (n° 57). Pasemos a continuación a la última salida de Francisco: «Yo creo en Dios. No en un Dios católico, porque no existe un Dios católico, existe Dios (…) Por mi parte, observo que Dios es luz que ilumina las tinieblas, incluso si no las disipa, y que una chispa de esta luz divina se encuentra dentro de cada uno de nosotros (…) (Pero) la trascendencia permanece, porque esta luz, toda la luz que se encuentra en todos, trasciende el universo y las especies que lo habitan durante esta fase». Francisco hace suya la posición teológica de su amigo y mentor, el cardenal jesuita Carlo Maria Martini, al que en dos oportunidades cita elogiosamente en su conversación con Scalfari, consignada en su último libro, editado en 2008, Conversaciones nocturnas en Jerusalén. Sobre el riesgo de la Fe, en el cual este eclesiástico progresista y francmasón, reconocido como tal por el Gran Oriente de Italia, afirmaba que «no se puede convertir a Dios en católico. Dios está más allá de los límites y de las definiciones que establecemos». Los dichos consternantes de Francisco eximen de mayor comentario: ellos corresponden más a una gnosis naturalista y panteísta a la Teilhard de Chardin (¡Otro jesuita más! San Ignacio de Loyola debe estar que se revuelve en su tumba…) que a lo que nos enseñan la revelación divina y el magisterio de la Iglesia sobre la naturaleza de Dios, la creación y el orden sobrenatural.


    15. Durante una homilía pronunciada el viernes 20 de diciembre en la capilla de la Casa Santa Marta, en el Vaticano, Francisco dio a entender que la Santísima Virgen María experimentó sentimientos de rebeldía al pie de la Cruz, que fue tomada de improviso por la Pasión de su divino Hijo, que creyó que las promesas formuladas por el ángel Gabriel el día de la Anunciación no eran sino mentiras y que por ende había sido engañada. Cito sus palabras: «Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado!» Estas palabras son sencillamente escandalosas. La tradición nunca ha atribuido a María sentimientos de revuelta ante el sufrimiento. Su disposición permanente en toda circunstancia fue la que tuvo el día de la Anunciación: «He aquí la servidora del Señor, que me sea hecho según tu palabra» (Lc. 1, 38). La Iglesia venera a María como Reina de los Mártires, lo que no habría sido posible si no hubiese consentido a realizar el infinito sacrificio que Dios le pedía: hacer entrega de la vida de su divino Hijo con miras a la salvación de la humanidad caída, y del cual ella era plenamente consiente desde la profecía que le hiciera Simeón el día de la Presentación del Niño Jesús en el Templo: «Y a tí una espada te atravesará el alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lc. 2, 35). Como lo explica San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, en su obra Las glorias de María: «Cuanto más amaba a Jesús, tanto más su sufrimiento se acrecentaba, al considerar que debía perderlo por una muerte tan cruel. Cuanto más se acercaba el tiempo de la Pasión de su Hijo, tanto más desgarraba su corazón de madre la espada de dolor predicha por Simeón.» (Segunda parte, Primer Dolor) Y también: «(…) María, quien por amor de nosotros consintió en verlo inmolado a la justicia divina por la barbarie de los hombres. Los espantosos tormentos que María padeció, tormentos que le significaron más de mil muertes (…) Contemplemos unos instantes la amargura de esta pena, que hizo de la divina Madre la Reina de los mártires, dado que su martirio sobrepasa el de todos los mártires (…) Como la Pasión de Jesús comenzó a su nacimiento, según San Bernardo, así María, semejante en todo a su divino Hijo, sufrió el martirio durante toda su vida» (Segunda parte, Discurso XI). Ningún signo de rebeldía ni de ignorancia en María, sino una completa sumisión a la voluntad divina y una total conciencia en su acto libre y voluntario de consentimiento en la inmolación de su divino Hijo por la salvación de los hombres. Así como Eva fue íntimamente asociada a la falta de Adán, así también María, la nueva Eva, fue asociada estrechamente al sacrificio redentor de Jesús, el nuevo Adán, sobre el altar de la Cruz. Esa es la doctrina tradicional de la Santa Iglesia de Dios, en conformidad con la revelación divina, en las antípodas de los dichos impíos y blasfematorios proferidos por quien ocupa la cátedra de San Pedro.





    Francisco y José Mujica


    16. Francisco recibió a José Mujica, presidente del Uruguay, el sábado 1 de junio con motivo de una larga audiencia privada. Luego de ella declaró a la prensa sentirse «muy feliz de haber podido discutir con un hombre sabio». Este hombre «sabio» fue miembro de los Tupamaros, una de las principales organizaciones terroristas latino-americanas durante los años 60’/70’, cuya actividad criminal comenzó mucho antes del golpe de estado militar de 1973. Pasó 15 años en la cárcel, condenado por asesinato, secuestro y actos de terrorismo. Fue liberado en 1985, «amnistiado» por el gobierno de Julio Sanguinetti. Mujica se negó a asistir a la ceremonia de inauguración del nuevo pontificado, en razón de su ateísmo militante. Cabe precisar que su gobierno aprobó la ley autorizando el aborto en octubre de 2010, la del «matrimonio» homosexual y de la adopción «homo-parental» en abril de 2013 y la de la legalización del cultivo, la venta y el consumo de marihuana en diciembre de 2013. Que un hombre de Iglesia pueda recibir en audiencia pública a semejante individuo, dejarse fotografiar a su lado sonriente y dándole un abrazo, para luego hacer de él un elogio encendido a la prensa es algo que supera lo imaginable. Sobre todo considerando que ese «hombre de Iglesia» es ni más ni menos que quien a los ojos del mundo pasa por ser el sucesor de San Pedro…


    17. Como consecuencia de todos esos gestos políticamente muy correctos y mediáticamente irresistibles, Francisco fue elegido «Hombre del año» por la edición italiana de la revista Vanity Fair. Otro tanto hizo la revista estadounidense Time tres días después, dedicándole la tapa con el título «El Papa del pueblo». Vanity Fair interroga a varias celebridades sobre el nuevo papa, todas fascinadas por su humildad y su carisma. Así, por ejemplo, el famoso cantor sodomita «Sir» Elton John declara que «Francisco es un milagro de humildad en una época dominada por la vanidad. Espero que sabrá hacer llegar su mensaje hasta las personas más marginadas en la sociedad, pienso por ejemplo en los homosexuales. Esta papa parece querer llevar a la Iglesia a los antiguos valores de Cristo, pero conduciéndola a la vez al siglo XXI». Otra «celebridad» de fama mundial, el modista pederasta alemán Karl Lagerfeld, dijo por su parte que a él «le gusta el nuevo papa, tiene un no sé qué de divino, con un gran sentido del humor», pero añade seguidamente que él no necesita «a la Iglesia» y que no cree «ni en el pecado ni en el infierno». Tiempo después, en diciembre, la revista Time lo eligió también «Hombre del año 2013», haciéndolo suceder en el preciado historial al militante pro-aborto y pro-«matrimonio gay» Barack Obama. En el mismo mes de diciembre, la célebre revista de la comunidad homosexual estadounidense, The Advocate, le otorgó igualmente el premio de «Persona del año 2013», explicando a sus lectores que las declaraciones de Francisco son «las más alentadoras que un pontífice haya pronunciado jamás con respecto a los gays y a las lesbianas» y que, gracias a él, «los católicos LGBT tienen ahora fundadas esperanzas de que el tiempo propicio al cambio haya llegado». A Francisco fue dedicada también la tapa de la famosísima revista pop estadounidense RollingStone del mes de febrero, bajo el título ‘Pope Francis: The times they are a-changin’ (Papa Francisco: Los tiempos están cambiando), que retoma el nombre de la legendaria canción contestataria de Bob Dylan de los años 60’ para aplicarlo a su acción durante su primer año de pontificado. Time, Vanity Fair, The Advocate, Rolling Stone: estamos hablando de cuatro de las publicaciones emblemáticas de la cultura subversiva, libertaria y decadente que prevalece en el mundo occidental desde el final de la segunda guerra mundial. Las cuatro hacen de Francisco su «héroe» del «progreso», su ícono del «cambio», ven en él la encarnación de la apertura mental hacia la «modernidad» y las cuatro se deshacen en alabanzas ditirámbicas hacia su persona. De nada sirve negar la realidad, por difícil que sea mirarla de frente: esto es algo que no tiene precedentes en la historia de la Iglesia y que no puede sino turbar profundamente el alma de los fieles. En estos tiempos diabólicos en los que la confusión reina soberanamente en la inmensa mayoría de las almas, no debe perderse de vista que, en lo que atañe a nuestras relaciones con el mundo, el cual se halla «enteramente bajo el imperio del Maligno» (1 Jn. 5, 19), Nuestro Divino Maestro nos advirtió explícitamente: «Si el mundo os odia, sabed que me odió a mí antes que a vosotros. Si fuéseis del mundo, el mundo amaría lo que le pertenece; pero como no sois del mundo, porque Yo os saqué del mundo, el mundo os odia» (Jn. 15, 18-19).
    Estoy descorazonado por verme en conciencia obligado a escribir esto. Entristecido en grado sumo. Anonadado, a decir verdad. ¡Cómo desearía que las cosas fuesen diferentes! Poder confiar y dejarme guiar. Me horroriza la oposición a la autoridad, la disputa, el conflicto: es una actitud ajena a mi naturaleza. Cada día imploro al Señor tenga a bien abreviar esta situación tan penosa, humanamente insoportable. A la espera de que Él se digne a intervenir, me resulta imposible guardar silencio. A pesar de que querría poder hacerlo. Más de lo que podría imaginarse. Pero sencillamente no puedo: me sentiría avergonzado de mí mismo. La hora es grave. La confusión reina. El mal es profundo. Callar es volverse cómplice. Lo que está en juego es vital: se trata, ni más ni menos, de lograr conservar la Fe. Y de seguir profesándola públicamente. En el interior de la Iglesia como fuera de ella. Ser testigos de la Verdad frente a nuestros contemporáneos, presa del error y de la mentira vueltos sistema. Institucionalizados. Hay que dar testimonio, «a tiempo y a destiempo», nos exhorta San Pablo (2 Tim. 4,2). Como saben, testigo, en griego, se dice mártir. Esa es nuestra situación. En sentido literal, quizás aun no en nuestros países, pero en el figurado muy a menudo, y en todas partes. Los saludo fraternalmente en el Señor. Quiera El alumbrar nuestro camino terrestre con su claridad divina y guiar nuestros pasos hacia la gloria de su Reino venidero. Maranatha: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap. 22,20)


    Terminado el dos de febrero de 2014, en la solemnidad de la Presentación del Niño Jesús en el Templo y de la Purificación de la Santísima Virgen María.



    Alejandro Sosa Laprida

    STAT VERITAS: Un año de pontificado, un año de confusión (III).
    Hyeronimus dio el Víctor.

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    Re: Habemus Papam - Francisco I

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    Las quinielas de Francisco



    Uno de los efectos del pontificado de Francisco es la propensión que se observa en muchos ambientes conservadores a participar de quinielas. Se apuesta sobre cuál será el próximo desatino que pronunciará el pontífice desde los balcones vaticanos, qué nombramiento sorprendente publicará L’Osservatore Romano o qué nuevo santo será canonizado por fuera del proceso ordinario (Al respecto, puede leerse este artículo de S. Magister. ¿Serán los próximos santos fast track el P. Mugica o Mons. Angelelli?). Sin embargo, en las últimas semanas, las apuestas giran en torno al próximo sínodo sobre la familia y las expectativas que esta reunión ha generado. Las últimas declaraciones, o la bravuconada, del cardenal Kasper han hecho subir exponencialmente los montos que se ponen en juego. Recordemos que el purpurado alemán afirmó que, si el sínodo no modifica la disciplina de la Iglesia sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar, es mejor que tal reunión no se haga.
    Resulta claro que Kasper le está recordando a Bergoglio que debe pagar sus facturas. Tal como explicaba Tosatti la semana pasada en su artículo de La Stampa, el cardenal porteño se encaramó al trono petrino empujado por la franja progresista del colegio cardenalicio ayudada por una facción resentida de la Curia Romana encabezada por el cardenal Bertone. Por cierto, la ayudita tenía un precio, y ahora están pidiendo que lo pague.
    Concretamente, ¿cambiará el papa Francisco la doctrina sobre la admisión a la comunión de las personas divorciadas y vueltas a casar? Apuesten…. Aquí va la mía:
    Francisco no cambiará la doctrina, pero no precisamente porque tenga mentalidad católica, sino porque, de hecho, la doctrina ya está cambiada y se terminará de cambiar con las operaciones de prensa pre y post sínodo. Lo alertaba Sandro Magister a fines de febrero y ya sabemos lo que pasó durante el Vaticano II cuando la prensa se difundía principalmente en papel, con la enorme limitación en la distribución de las ideas que ese medio físico posee. Pero hoy la cosa es mucho más elemental. Como dice Jack Tollers, la doctrina es de la época de Gütemberg. Hoy se trata de titulares digitales, o de tweets. Veamos:
    Bergoglio es un gobernante peronista o, lo que es lo mismo, populista. Muy bien lo desentrañó su antiguo compañero de seminario y excura tercermundista, Domingo Bresci en esta entrevista. A él le importa lo que diga o piense el pueblo y no la elite de los teólogos y, mucho menos, la de los restauracionistas semipelagianos entre la que nos contamos. Ya sabemos lo que el General Perón pensaba de la “oligarquía vacuna” argentina; lo mismo piensa Jorge Mario de la oligarquía teológica. Además, no olvidemos que, como el mismo pontífice lo ha dicho, su mentor teológico fue Lucio Gera y su “teología del pueblo”, según la cual “el pueblo” no es sujeto a evangelizar sino sujeto evangelizador. Se entiende de ese modo, más allá del innegable afán populista, que el primer gesto de Bergoglio al asomarse a la loggia vaticana el fatídico 13/3/13, haya sido pedir la bendición del pueblo. Y eso explica también el por qué ordenó una encuesta al pueblo para conocer su opinión sobre la familia y otras cuestiones de moral sexual. El pueblo enseña.

    Y todos sabemos que el pueblo no lee doctrina ni se interesa por las discusiones teológicas ni tiene muy en cuenta lo que dicen los teólogos, por más obispos o curas que sean. El pueblo lee titulares y sigue y cree lo que esas cinco palabritas en letras de molde le señalan, y con eso le basta. Y Francisco, que no es tonto, eso lo sabe muy bien.
    Bergoglio nunca haría la estupidez de cambiar formal y solemnemente la doctrina católica sobre, por ejemplo, las relaciones homosexuales. Eso le acarrearía la condena de muchísimos sectores de la Iglesia, posibles cismas quizás encabezados por el papa Benedicto y un sinfín de problemas más, amén de que pasaría a la historia como un papa herético o cercano a la herejía. ¿Para qué hacerse tanto problema si la cosa se puede solucionar con un “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?” Los medios de prensa se dedicaron a difundir la frasesita, que apareció en todos los portales, y en la lectura popular significó que el papa no se oponía a los amores invertidos; en la lectura de los periodistas que, de ahora en más, cualquier obispo que hiciera una mínima crítica a la homosexualidad sería un opositor al papa como puede verse aquí; en la de los neocones, que se estaban manipulado las expresiones pontificias porque él no quiso decir lo que dijo, y en la de los manfloros, que su estilo de vida ya tiene bendición pontificia lo cual implicó, entre otras cosas, que lo incluyeran como tapa de su revista “Advocate”. Hagámosla corta: el mal ya está hecho.


    No creo que a Francisco le interese mucho en qué terminará el sínodo. No creo que se arriesgue a una catarata de problemas intestinos por jugarse a una apertura moral sobre la que no tiene fundamentos ni le interesa tenerlos. Para él serán suficiente los titulares, y sobre eso trabaja. Ya lo vimos en el pasado consistorio: al discurso aperturista de Kasper, respondió que eso era “hacer teología de rodillas”. ¿Qué otra cosa es necesaria para consagrar las palabras del cardenal alemán como los deseos del pontífice?
    The Wanderer: Las quinielas de Francisco

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