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Tema: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

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    Lightbulb Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    CONTRA EL IBERISMO: APUNTES PARA UNA EPIFANÍA IBÉRICA

    Contra la unión de Portugal y España:

    Hacia una metapolítica conjunta luso-española


    Introducción
    No deja de sorprenderme la animosidad que ciertos círculos y cenáculos tienen contra España en Portugal. Escribo este artículo inspirado en otro que el periodista vasco Iván Jesús T. Areitioaurtena publicara hace tiempo en Encuentros y en la enésima relectura de Antonio Sardinha, a quien se citará profusamente.
    Es lógico que entre España y Portugal haya diferencias porque es imposible no tenerlas cuando la Providencia nos hace compartir una misma península. Las fricciones suceden con los próximos, no con los lejanos.

    Sobre economía y otros asuntos mundanos
    Se añade a esto que muchos portugueses, que a día de hoy tienen una maltrecha economía y un bajo índice de productividad dentro de Europa Occidental, perciben la invasión del capital multinacional bajo nombre español como una neoinvasión de “Castilla”, curiosamente la más expoliada región española y la que más ha padecido en los últimos 300 años el centralismo madrileño (y los actuales reinos de taifas) pero que sirve de chivo expiatorio para todos los enemigos declarados de España. Comenta el insigne Antonio Sardinha que

    “el embate de los intereses nacionales es siempre corregido por la ley eterna de la Sangre y de la Historia, que nos hace encontrar a cada paso portugueses sirviendo bajo las banderas de Castilla y españoles haciéndolo bajo las de Portugal, y la regla que domina en las relaciones entre los dos pueblos es la de una cooperación que tiene tanto de amistosa como de espontánea”.

    Volviendo a los asuntos crematísticos, no se percatan quienes así piensan de que ese capital es, precisamente, multinacional y que sus sedes están en París –preferentemente-, Bruselas o Ámsterdam, ya que el capital transnacional radicado en Londres sigue campando por sus fueros en Portugal.
    Dado el deplorable estado de la economía portuguesa y lo mucho que queda por hacer en infraestructuras en el país hermano –amén de la carencia de una clase media portuguesa suficientemente potente y la existencia de unas clases populares con los más bajos niveles de renta, junto con Grecia, en Europa occidental- sería suicida para la endeble y tambaleante economía española el fusionarse con Portugal. Para aquellos que no tienen más dioses que su estómago esta razón pueda que sea la única que cuente y el resto de lo que escribo aquí les traiga completamente al pairo. Pero, en fin, este hecho cuenta y al menos sirve para evitar cualquier unión entre Portugal y España.
    En cuanto a las críticas modernas sobre la “penetración” económica de España en Portugal suelen obviar dos hechos fundamentales: lo primero que el gran capital hoy día es apátrida, y que sólo hay que ver la composición de los consejos de dirección y de la procedencia del capital de las empresas que con nombre español han entrado en Portugal últimamente para comprobar que de español tienen poco. Añádase a esto que las verdaderas sedes de las empresas españolas están hoy día en París y que con Zapatero España ha renunciado a cualquier intento de política exterior propia para someterse sin condiciones a los dictados del francés. Si en el peculiar juego de la política internacional Francia desea mover sus peones contra Inglaterra (o contra Estados Unidos, pues son la misma cosa), que tiemblen los portugueses porque es esta España dominada por Francia la que ha hecho realidad las peores pesadillas de los portugueses acerca de España.

    Aprecios, desprecios e inexistencia del deseo de unificación
    Un profundo conocedor, intelectual, institucional y personal, de la realidad de España como es el portugués Pedro Guedes ha señalado en varias ocasiones desde su blog que apenas conoce a dos o tres españoles que piensen que la unión con Portugal sería deseable. No es sólo factibilidad (pues dicha unión no sólo es contra natura sino que tampoco es factible) sino la deseabilidad, y la gran mayoría de los españoles no desea semejante cosa.
    La práctica totalidad de los españoles se alegran de los éxitos de Portugal en todos los terrenos (incluso el deportivo, como se demostró en el último campeonato europeo de fútbol cuando España fue eliminada la gran mayoría de los españoles querían que fuera Portugal la campeona) y pensar y sentir así es de ser un español bien nacido.
    Por el contrario, y con honrosísimas excepciones, se encuentran en bitácoras teóricamente próximas a A Casa de Sarto una mayoría de portugueses que parecen gozarse del mal ajeno, como la actual crisis española, hasta proclamar incluso la portuguesización de España. O sea, que lo que no quieren –con razón y justicia- para sí mismos (la españolización de Portugal) sí que desean para el prójimo (la portuguesización de España, una ruptura implosiva o explosiva del país que a menudo despectivamente llaman “vizinho” –cuando en España lo habitual es llamar a Portugal el país hermano y esto se hace con buenos sentimientos- o pura y llanamente la anexión de vastos territorios españoles como Galicia).
    Muy distinta es la actitud de estos modernos portugueses de la del padre de la dulce lengua lusa, Camoes, quien parece respirar otros aires:

    “Eis aquí se descobre a nobre Espanha como cabeça ali de Europa toda”
    “Com naçoens differentes se engrandeçe,cercadas com as ondas do Oceano,todas de tal nobleza, e tal valor,que qualquer dellas cuida, que ha melhor…O Tarragonez, que se fez claro…,Sujeitando Parthenope inquieta, O Navarro; as Asturias, que reparo,Já forâo contra a gente mahometa,O Gallego cauto, e o grande, e raro,Castellano, a quem fez o seu planeta,Restituidor de Espanha, e senhor della,Bethis, Leao, Granada com Castella”

    Me pregunto si se aplica a el dictum de Carlos Malheiro Dias en su Exortaçao a mocidade a estos portugueses que se regocijan en el mal que aqueja a los españoles:

    “Nuestra familiar convivencia con España sólo puede parecer peligrosa a aquellos en cuya alma tibia se debilitó el altivo e intransigente sentimiento de la Patria”.

    Hago mías las reflexiones de Moniz Barreto cuando dice:

    “Pero Portugal está interesada, no sólo en vivir en paz con España, sino en trabar con ella relaciones de amistad y alianza … la unión de pensamiento y de acción e independencia de gobierno, es a nuestro modo de ver, la fórmula actual, sensata y práctica del iberismo”.

    Afortunadamente en España, salvo quizás algún ignorante, discapacitado mental o algún consumidor habitual de cannabis o sustancias afines, nadie desea ni la federación con Portugal ni la unión con Portugal y menos aún la invasión de Portugal. Y tampoco en Portugal una opinión pareja tiene eco alguno.
    ¿Hasta cuándo y hasta dónde hay que seguir manteniendo esta animosidad entre los dos países ibéricos? Porque una pregunta capciosa y provocadora me viene siempre a la mente: ¿a quién beneficia que España y Portugal sigan de espaldas la una a la otra?

    Historia común
    Hasta aquí un presente bien prosaico. Abordemos la historia para abocar a renglón seguido el futuro.
    España y Portugal siguen historias completamente paralelas en sus orígenes. El sustrato celtibérico, la romanización (hecho clave), la invasión suevo-visigótica y –preeminentemente- la Reconquista (el común hecho histórico que más forma nos da en la doble afirmación antitética frente al Islam y la reafirmación positiva y soberana de la Fe Católica), son hechos que configuran las dos naciones ibéricas de manera similar. Las diferencias desde este punto de vista entre ambas naciones no son mucho mayores que las que existen entre los antiguos Reinos de Aragón y Navarra, pongamos por caso.
    Se puede comprender cierto hincapié (a menudo exagerado) en los hechos diferenciales, como los suevos versus los visigodos, la división en provincias de los romanos, etc. También es cierto que había una Lusitania interior que tendría que ver con las provincias españolas de Zamora, Salamanca y Cáceres, y que el norte de Portugal estuvo bajo soberanía del Reino de León durante no poco tiempo. ¿Y qué? También los suevos estuvieron en Galicia, y por más que una serie de alucinados y alucinantes “lusistas” gallegos, que suelen militar en las filas de la izquierda marxista y/o marxistoide en el caso español y en algunos sectores “nacionalistas” portugueses, no hace falta preguntarle mucho a los gallegos para saber que ellos quieren seguir siendo españoles y no portugueses, como ha demostrado Jesús Laínz en su documentadísimo libro sobre los nacionalismos españoles publicado en Encuentro. ¿Y qué?
    Para profundizar en el desencuentro entre las historiografías oficiales portuguesa y española léase aquí.
    La conclusión es que ambas Patrias, netamente distintas como tales, están mucho más interdigitadas la una en la otra de lo que uno pudiera suponer. A diferencia de Francia, en la cual en virtud de los Pirineos y otras circunstancias históricas, hay poca transición, no son pocas las tierras fronterizas entre España y Portugal donde uno no sabe realmente cuándo empieza un país y termina el otro. Esa compenetración es no sólo geográfica, sino también histórica y –sobre todo- espiritual y hasta afectiva. Ahí están hechos como varios cantantes de fado que encuentran en España el público más receptivo para con ellos fuera de Portugal. O la enorme presencia de Pessoa o Saramago (la verdad que este último bien a pesar de A Casa de Sarto) en tierras españolas. O el siempre apabullante conocimiento y aprecio por la cultura española que exhiben las clases cultivadas del país lusitano.
    La historia nos aproxima más que nos separa. Aunque a menudo los libros de secundaria portugueses reflejen casi lo contrario, y los españoles no reflejen nada de nada, lo que se perpetúa en los tópicos y estereotipos al uso de presentar una historia de Portugal en contraposición a la española. Ante esto Antonio Sardinha no puede sino clamar en el desierto:

    “¡Cómo se mutila la historia de Portugal, si nos obstinamos en considerarla como aparte de la historia restante de la Península (Ibérica)”.

    Metapolítica de la independencia portuguesa
    Lo verdaderamente cierto es que por un misterio de la Providencia, ante el que hay que arrodillarse, como yo me arrodillo y venero y pido la intercesión de mi admirado Condestable Nuño, el gran gestador y héroe de la independencia portuguesa, es que la península ibérica, casi abocada por ley natural a ser un solo país, una sola nación, diese a luz dos naciones distintas y, a la vez, maravillosamente complementarias.
    Es a esta luz a la que hay que entender a Afonso Henriques (y el reconocimiento de Alfonso VII de León hacia la nueva nación que emerge del Condado Portucalense tras la recomendación del legado papal) y a la victoria de Aljubarrota. Y sin embargo es en este período tras Aljubarrota cuando las edades de oro de Portugal y España acontecen. Edad de oro definida por la expansión de la Fe católica y la conjuración del secular peligro sarraceno. Es nuevamente Sardinha quien se percata finamente de esto y afirma

    “Iniciada por la política matrimonial de los Reyes Católicos, esa cooperación amistosa entre España y Portugal se traduce bien pronto, y provechosamente, en la represión de la piratería berberisca, con nuestra marcha, a la conquista de Túnez. Cuéntase que Carlos V, viendo el valor de la escuadra mandada por el infante Don Luís, no pudo menos que exclamar que si fuese señor de Lisboa en poco tiempo lo sería del mundo entero. El reconocer la importancia de Portugal como factor imprescindible para que la Península (Ibérica) colocada entre dos mares, se defienda e imponga por los medios que sólo el poder naval le ofrece, está del todo definido en la frase del Emperador”

    No es de recibo que la leyenda negra sobre Felipe II calase en Portugal. Felipe II tenía una actitud muy distinta, como los hechos demuestran a la pintada por la propaganda. La excelente biografía sobre Felipe II –obra maestra del norteamericano William Thomas Walsh-, publicada por TAN, así lo sostiene: Felipe II fue exquisito en el respeto de Portugal e Inglaterra cuando estas naciones por matrimonios dinásticos convergieron con España.
    Antonio Sardinha, hombre providencial y clarividente que debiera ser el referente esencial a ambos lados de la frontera, y que ciertamente no era iberista ni hubiera aprobado la unificación de ambas naciones, escribió largo y tendido sobre este respeto y este talante dual de la Monarquía de los Haubsburgos cuando permanecieron fieles a sí mismos y al ideal cristiano de un Imperio con un absoluto respeto al principio de subsidiariedad no sólo de los distintos reinos y naciones, sino también de regiones y municipios. La obra teatral de Fuenteovejuna, al parecer basada en un incidente real, así lo pone de manifiesto.
    No es pues extraño que Sardinha manifestase una y otra vez su admiración por la Monarquía de los Austrias en su magistral obra La Alianza Peninsular. Lo importante es reconocer que Felipe II, como sus bisabuelos los Reyes Católicos, tenían un concepto del Estado, la nación y la Patria basado en el Imperio Romano y, sobre todo, en la Catolicidad. Este apogeo de España, de la mano de la realeza de los Austrias, no acontece sin la íntima colaboración portuguesa, porque nuestras Casas Reales están íntimamente entremezcladas. Apostilla Antonio Sardinha que

    “La Casa de Avís transmitió a los Austrias españoles su herencia, tanto física como moral. Sello admirable de nuestra raza, en todo se manifiesta demostrándonos cómo coincide con esa época de periodo de expansión plena del genio portugués … Realmente, la Historia de Portugal, en el siglo XVI, vibra llena de resonancias castellanas, a su vez la Historia de Castilla es un eco constante que repite con orgullo el nombre de Portugal”.

    Y es a esta luz del sentido cristiano de la historia que hay que interpretar la Restauración de 1640. Cualquier español católico y medianamente informado, debería estar de acuerdo y suscribir que los portugueses reclamasen su independencia cuando un Felipe IV y una España completamente entregada a los designios del Conde Duque de Olivares –que no eran otros que los de la alta finanza internacional controlada por los de siempre, como denunciara y sufriera Don Francisco de Quevedo y Villegas- intentara manipular y extorsionar también a los portugueses. Ojalá el resto de los españoles de entonces hubieran podido liberarse de semejante personaje que tanta desgracia atrajo a España.
    Del mismo modo que un católico inteligente debiera ser favorable a la independencia de los países hispanoamericanos en origen cuando estos lo único que querían era no desembarazarse de España, sino de Francia, que había invadido no sólo el territorio español sino su ser. Esto lo explican maravillosa y poéticamente los hispanoamericanos Ignacio Anzoátegui o Alfredo Sanz o el español Eulogio Palacios, gran defensor de la Hispanidad.

    Falsos amigos de Portugal y España
    Es hora de que los portugueses reconozcan el sometimiento infame a Inglaterra y que valoren que la “vieja alianza”, que podía ser posible y loable mientras Inglaterra permaneció católica, se trocó en un cuchillo de doble filo para Portugal. Sólo hay que ver la traición permanente de la política exterior británica, que en los tiempos de Pombal llegaba a sentar al Embajador de su “Graciosa Majestad” (es difícil averiguar qué tiene de graciosa y de majestuosa la dinastía espúrea que reina en el Reino Unido) presidiendo los consejos de ministros de los portugueses. Sólo hay que ver la traición a Salazar, que queriendo preservar la antigua alianza con Inglaterra fue luego traicionado y Portugal fue obligada a abandonar los restos de su Imperio de una manera infame gracias a la “buena”, y desde luego exitosa, concurrencia de la política exterior británica.
    Es hora de que los españoles reconozcan el sometimiento infame a Francia y que entiendan que Francia no es sino un “enemigo admirable”, como calificaba Ernesto Giménez Caballero en su obra Genio de España al país galo. Que Francia, que tanto y tan loablemente ayudó a España y la conformó durante la Reconquista mediante el Císter y el Cluny y a través del Camino de Santiago, no es un aliado como antaño, sino un enemigo de España a día de hoy. Que ellos fueron los que ayudaban al turco y a punto estuvieron de estropear la victoria de Lepanto. Que ellos fueron los que impusieron a España las ideas iluministas de la Ilustración con una dinastía como la de los Borbones que –salvo la honrosa rama carlista- nos afrancesaron, nos humillaron con Carlos IV y nos invadieron matando el 20 % de la población española durante la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas (calamidad esta en la que también España y Portugal sufrieron juntas). Que por culpa de Francia España fue arrastrada y forzada a tropelías contra Portugal de las que como español me avergüenzo, que son los franceses los que siguen volcando los camiones españoles que cruzan Francia con productos agrícolas y que ellos siguen apoyando a ETA y a Marruecos (peligrosísimo enemigo común histórico de España y Portugal, como ha demostrado el Profesor Carlos Ruiz Miguel, Catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, en su introducción a su libro sobre el antiguo Sáhara español) y que hasta parece que el horrible atentado del 11M en Madrid sucedió a sabiendas de los servicios secretos franceses.
    Cuando los españoles hagan el supremo esfuerzo de interesarse por Portugal, porque sólo se puede amar lo que se conoce, y los portugueses sean capaces de deshacerse de sus vendas y ver a España como lo que realmente es y fue (no como lo que le cuentan determinadas élites interesadas); cuando los portugueses vean en Inglaterra al enemigo secular, de igual manera que los españoles deben ver a Francia; cuando ambas naciones nos demos cuenta de que tenemos una unidad de destino común en lo suprahistórico –que es la de ser misioneros y guerreros de la Iglesia Católica-, y que este ideal católico ha sido traicionado por Francia y por Inglaterra de manera distinta, pero traicionado y boicoteado siempre, entonces a lo mejor portugueses y españoles nos daremos cuenta de que estamos condenados a entendernos. Primeramente porque Francia e Inglaterra saben muy bien que una Península Ibérica agrupada en torno a un proyecto común, a una unidad no nacional (pues ambas naciones ibéricas deben y tienen que permanecer separadas), que sus hegemonías de medio pelo peligrarían; y en segundo lugar porque su proyecto de hacer de este mundo un lugar agnóstico, masón o luciférico (que a la postre es todo lo mismo) fracasaría antes de haberse intentado.
    La permanente injerencia de Francia, que apoyó al turco en el pasado y ahora apoya al marroquí, en el norte de África no es sino una fuente permanente de conflicto y peligro para España y Portugal. Sardinha, que leyó y frecuentó profusamente a esa otra luminaria española llamada Juan Vázquez de Mella, así lo atestiguaba:

    “Ocupada por Francia la más hermosa parte de Marruecos, si el imperialismo francés viene a radicar y desenvolverse en la cabecera de África, una grave amenaza se constituiría allí para el futuro de toda la Península Ibérica, que, colocada entre la Francia de Europa y África, quedaría convertida en una simple tierra de paso. Con inspirada razón declaraba Vázquez de Mella en una reciente conferencia, en Burgos, que la guerra de Marruecos era para los españoles una especie de guerra civil”.

    Lo obvio, aún a riesgo de repetirme, es lo siguiente: a España le ha ido mal (y a Portugal peor) cuando quiera que Francia ha dominado mucho a España. También añadiré que a Portugal le ha ido mal (y a España peor) cuando Inglaterra ha dominado mucho a Portugal. Lo que tenemos que preguntarnos todos es a quién beneficia esta política del divide y vencerás que se aplica sobre la península ibérica. Dejo a mis inteligentes lectores la elaboración de esta respuesta.

    Marruecos (y por extensión el Islam): enemigo común y declarado
    Bien sabía Antonio Sardinha, hombre sabio, que Marruecos era el enemigo común de España y Portugal cuando dedicaba nada menos que su obra La Alianza Peninsular

    “A la memoria de aquellos soldados españoles que, regando con su sangre anónima las peñas de Marruecos, supieron dar vida, en un siglo sin esperanza, a toda la grandeza histórica de Portugal”.

    Porque el Islam nos llegó a negar el ser a españoles y portugueses. Cuando vivíamos organizada y felizmente en nuestro solar el Islam vino a despojarnos de nuestra libertad, de nuestras instituciones y hasta de nuestra religión. Justo fue que arrojáramos fuera de la Península Ibérica a tamaño invasor.
    Pero ese mismo invasor persiste en el mismo empeño inicial, con especial inquina sobre nuestra común península, a la que burdamente denomina Al-Andalus y reclama de nuevo para sí, pues pocas veces el Islam ha sido obligado a retroceder y fueron nuestros antepasados los que le echaron de tierras portuguesas y españolas.
    Particular peligro reviste la inmigración descontrolada que sufrimos, pero si a la postre acabaremos absorbiendo a aquellos inmigrantes hispanoamericanos o procedentes de la lusofonía, no pasará lo mismo con la inmigración marroquí o islámica , auténtica quinta columna en nuestras dos naciones.
    Ya se sabe que los servicios secretos marroquíes estuvieron implicados en el ataque terrorista de la estación de Atocha en Madrid y es harto sabido que a los niños marroquíes se les inculca desde su más tierna infancia que la Península Ibérica en realidad pertenece a Marruecos.
    Que España y Portugal ignoren la distinción preeminente de enemigo, en el sentido schmittiano, que corresponde a Marruecos y que no hagamos una política conjunta de neutralización de tan taimado enemigo –apoyado por Francia y EE.UU.- sólo se puede calificar de suicida.

    Metapolítica católica común
    Frente a todos aquellos que reclaman un mundo no católico o incluso abiertamente anticatólico España y Portugal deben alzar de nuevo la Cruz que asimismo se desplegaba en las naves que surcaron los mares de tres océanos y que llevaron la luz y la Fe de Cristo a todo el mundo. Esa es nuestra unión metapolítica, que debiera llevar a una unión en política exterior y en proyectos comunes y a respetar y consolidar la estructura binacional de la península ibérica. Nada más. Y nada menos.
    Es a la luz de una metapolítica que nos indica la misión que las naciones acometen acá en la tierra y en la sinfonía de la historia que Dios dirige.
    Hacen muy bien los portugueses de pro en ser verdaderos patriotas y defender la integridad de la Patria portuguesa, y yo les aplaudo por ello y me felicito de que Portugal sea fuerte porque sé como español que para que España sea fuerte Portugal lo ha de ser también. La interdependencia de las dos naciones ibéricas desde este punto de vista metapolítico es notoria y cualquiera que no haya reparado en ello todavía no tiene más que leer a Antonio Sardinha.
    Iluminados por esta misma luz católica el iberismo resulta, para empezar, ridículo. Pero además esta idea del iberismo ha tenido históricamente tintes masónicos cuando no de avaricia descarada. El iberismo nos haría más débiles a ambas naciones. No nos beneficiaría en nada. Si algo pasa en Portugal siempre los portugueses pueden refugiarse en España. Si algo pasa en España siempre habrá una posibilidad de encontrar refugio en Portugal.
    Hay que respetar la tradición binacional, máxime en un mundo cuyo empeño es en reventar las Patrias. Esto en Portugal no se hace vía España, que sería malo, y aún así sería menos malo que lo que actualmente pasa: la succión de las Patrias portuguesa y española en esa estructura intermedia, camino de la República Universal a presidir por el Anticristo, llamada Unión Europea. Ojalá que los pueblos español y portugués sean capaces de reconocer que el enemigo no está en la Península Ibérica, sino en Bruselas; que la moderna Europa es el verdadero enemigo a batir y que haremos bien en apartarnos todo cuanto podamos de Europa.
    Portugal y España separadas, pero unidas por una común metapolítica católica de vocación universal, recuperarían una fortaleza que ya se olvida en la bruma de los siglos.
    Uno no puede olvidar la intervención de la Divina Providencia.
    Como católico la Restauración de 1640, a la que me uno de todo corazón y celebro con mis hermanos portugueses, es también el haber conjurado que de haber seguido juntos y con un Conde Duque de Olivares al frente hubiéramos acabado en el jacobinismo francés o cosa parecida los dos países ibéricos. Se puede decir que la Restauración de 1640 es un poco también la salvación de España.
    Esta analogía sirve para entender el fundamento asimismo metapolítico de la devoción hacia Santa Juana de Arco. Si Santa Juana de Arco no hubiera vencido militarmente hoy toda Francia sería anglicana y, a pesar de todos los pesares, los franceses (que no Francia) siguen siendo católicos. Luego los portugueses sufrieron al Marqués de Pombal como los españoles a Floridablanca, personajes tóxicos como pocos, que a punto estuvieron de dar al traste con lo conseguido. Históricamente, sin embargo, también hemos tenido hombres providenciales como Salazar y Franco que nos salvaron durante 35 años de estar integrados en el diseño universal pergeñado en Yalta, pero sus obras se disolvieron como azucarillos en agua tras la llegada de la democracia.
    Hubo tiempos en que eran los internacionalistas, a veces de corte anarquista (precursores del corrosivo BE portugués) los que eran los adalides del iberismo. No es pues extraño que sean los micronacionalistas de antaño, como el catalán Sinibald de Mas en el siglo XIX u hoy día, como Josep Lluis Carod-Rovira (dirigente de un notorio partido secesionista catalán de inspiración masónica, como su emblema atestigua), los que vuelven a abogar por un iberismo bajo cuerda, como han denunciado en solitario desde las filas del integralismo luso, la más lúcida y sensata de las corrientes políticas portuguesas, en particular la encomiable pluma de Manuel Alves, quien afirma con una clarividencia apabullante:

    “A Federação Ibérica tanto interessa a Paris e Berlim, como aos nacionalismos de Espanha: a Paris e Berlim interessa porque, derrubando a Monarquia, diminui o papel da Espanha no seio da Hispanidad, confinando-a a um fragmentado espaço peninsular e europeu; aos Catalães e Bascos porque permite afirmarem-se mais perante a força centrípeta de Madrid;ao nacionalismo espanhol, porque agrega Portugal e espera controlar a partir de Madrid as forças centrífugas excessivas; e se um dia o Estado federal europeu acabar (o que não é impossível), fica pelo menos feita a união política da Península. Há ainda quem veja mais longe: o Estado federal ibérico integrar-se-á no Superestado europeu, e teremos um dia o Superestado mundial, o grande Leviatão.”

    Porque éste es el verdadero peligro: el eje franco-alemán hoy día puesto al servicio de la destrucción de las Patrias portuguesa y española para amalgamarnos en la Unión Europea (verdadera federación contra-natura) y luego neutralizarnos en nuestras esencias nacionales y patrias para abocarnos a eso que Manuel Alves, con la finura lusitana que le caracteriza, llama el “superestado mundial” pero que yo, áspero castellano, no puedo dejar de llamar por su verdadero nombre: la República mundial gobernada por el Anticristo. Curioso que los iberistas que en este mundo han sido y son tuvieran la inquina que tuvieron y tienen contra el Altar –contra la Sacrosanta Religión Católica- y contras la Monarquías portuguesa y española. Esto da una idea de la verdadera naturaleza de los propósitos ultimos del iberismo, absolutamente convergentes con aquellos otros que han hecho de la destrucción del Altar y el Trono su divisa.

    María y las dos naciones ibéricas
    Portugal y España son tierras eminentemente marianas. La primera aparición de la Virgen María, en realidad Venida, puesto que ella no había muerto todavía, aconteció hacia el año 50 de la era cristiana en Zaragoza, ciudad que pervivirá hasta el final de los tiempos, como dejó claro María en su promesa y Dios siempre cumple lo que promete (¡más todavía si lo dice su Madre!).
    Que fuera el Apóstol Santiago, uno de los tres íntimos de Nuestro Señor y que vio su gloria en el monte Tabor, el que trajera la semilla de la Fe a ambos países ibéricos es algo digno de mención y honra.
    Luego la Virgen en Fátima hizo una preciosa mención de Portugal, donde “el dogma de la Fe nunca desaparecerá”. De alguna manera esa mención a Portugal consagra la independencia saecula saeculorum de la nación portuguesa.
    De ahí que la salvación de España, tan arruinada espiritualmente hoy, vendrá de Portugal, donde las costumbres están todavía más preservadas y previsiblemente la Fe también. Es un proceso paralelo al que entrevió en sus visiones y profecías San Malaquías, allá por el siglo XI, donde profetizó que Irlanda sería hollada por la bota inglesa casi siete siglos para a renglón seguido decir que Inglaterra caería en la herejía y que sería Irlanda la que serviría de ayuda a Inglaterra para recuperarse de su castigo y, sobre todo, recuperar la Fe.

    Ideario metapolítico común
    Somos dos naciones. Nuestra vocación, empero, es la misma. En esta unión metapolítica que evita la unión política están cifradas las mejores esperanzas de ambas naciones ibéricas.
    Frente a la Europa protestante y jacobina, frente al cosmopolitismo financiero internacional, Portugal y España deben seguir levantando el estandarte de la Catolicidad, juntas, sin fisuras, pensando la política exterior de un modo conjunto, elevando los ojos al Cielo a diferencia de todas esas naciones que ya apostaron por el inmanentismo. Esta es la gloria de ambas naciones: haber derrotado al moro y haber llevado a Cristo allende el océano. Lo demás es casi irrelevante.
    España y Portugal tienen algo que decirle a esta Europa. Frente a su protestantismo nosotros afirmaremos nuestro catolicismo. Frente a su jacobinismo ilustrado y gnóstico nosotros alzaremos el estandarte del realismo moderado filosófico. Frente a su cosmopolitismo nosotros afirmaremos nuestra romanidad y nuestras peculeariedades y la defensa de las Patrias. Frente a la federación europea nosotros propondremos como mucho la confederación. Frente a la entropía del caos homogéneo que ellos pretenden nosotros nos enrocaremos en la heterogeneidad, la jerarquía y la organicidad. Frente a su empeño por lo comercial nosotros afirmaremos que las sociedades se sustentan en la producción agropecuaria primeramente e industrial. Frente a su capitalismo financiero sostendremos una sociedad donde el dinero no es ni lo primordial ni el fin último. Frente a su inmanentismo nosotros resistiremos tras el sólido baluarte de la trascendencia. Frente a su ecumenismo irenista nosotros gritaremos ¡Viva Cristo Rey, Señor del Universo y de la historia y sociedades humanas!. Frente a Mamonna y a Satanás a quienes sirven nosotros sólo serviremos a Dios y a su Santísima Madre.
    Estas ideas son válidas para Portugal y para España, porque nuestras esencias y nuestra historia son comunes, aunque nuestras políticas y administraciones no lo sean. Este plan de vida y de ser, que nos hizo grandes, no es distinto del hoy día asumido y encarnado por otras naciones como las anglosajonas.
    Es lo que desde el punto de vista literario Sardinha confirma al señalar la sincronicidad entre los dos grandes mitos literarios de las dos naciones ibéricas:

    “No se extrañará, pues, que el sebastianismo marque, en relación al alma lusitana, lo que el quijotismo en igual y dramático sentido, marca, en relación, al alma castellana “.

    Portugal, Rusia y Fátima
    Las dos naciones específicamente nombradas por la Virgen María en Fátima fueron Portugal y Rusia. De Portugal Nuestra Señora dijo que no perdería el dogma de la Fe, ergo Portugal es una especie de último bastión dentro de la apostasía universal en la que ya vivimos, un auténtico último reducto de la Catolicidad. Es pues lógico pensar que Portugal está llamada a una formidable misión de recatolización europea y universal cuando acontezca la restauración católica tras el Castigo de las Naciones que irremediablemente –dada nuestra falta de arrepentimiento, penitencia y oración- se viene. Nótese, insisto, en la mención específica a Portugal, no a España y Portugal o a una Península Ibérica unificada.
    Rusia, por el contrario, está específicamente nombrada en la profecía de Fátima como instrumento de castigo del mundo. Los errores de Rusia, primeramente el comunismo y luego todas sus variantes (feminismo, cosmopolitismo, pansexualismo, nihilismo, etc.) están siendo esparcidos por doquier. Tiempos vendrán en que Rusia castigará, previsiblemente manu militari, al mundo, ciertamente a esta Europa occidental tibia y apóstata. Sin embargo llegará el momento en que Rusia se convertirá a la Fe católica y a partir de ahí se iniciará la restauración católica, el período de paz que la Virgen prometió. En ese momento Rusia habrá pasado de ser la enemiga del Catolicismo que ahora es a convertirse en un adalid máximo de la Iglesia por Cristo fundada.
    No deja de ser curioso este designio de la Providencia que utiliza a las dos naciones de los dos extremos de Europa para tan magna obra. En esto a España no le quedará otro remedio que unirse a Portugal y acompañar a la nación lusa en tan señalada misión.
    Cabe preguntarse por qué estas dos naciones. Aquí, a sabiendas de que los caminos de Dios son siempre misteriosos e inescrutables, no cabe sino especular. Hay algo muy profundo y muy hondo en Portugal que va más allá de la arquetípica saudade, que es el amor, como sostiene Antonio Sardinha:

    “Constituiría un desfile curiosísimo la simple enumeración de las leyendas y personajes portugueses que ilustran el teatro español desde Lope de Vega. Calderón y Tirso de Molina a Vélez de Guevara, Agustín Moreto y Joao de Matos Fragoso, éste (último) portugués de nacimiento, a pesar de ser toda su obra en castellano. El trazo principal que en estos autores destaca el carácter portugués es el del enternecimiento, el del amor”.

    En el caso de Rusia la purificación sostenida del pueblo ruso en virtud de los sufrimientos que padecen de 1917 les hace candidatos idóneos (como la Reconquista nos hizo a nosotros en el siglo XVI) para acometer una gran obra, como esa Reconquista católica moderna a la que los rusos están llamados. Occidente, en su bienestar económico, se ha hecho avaricioso, sensual, lujurioso de poder, mundano … La salvación no vendrá de Occidente, sed et Slavia lux.

    La Hispanidad: Epifanía de Portugal y España y misión inconclusa
    Porque por encima de la españolidad y la lusidad está la Hispanidad, tan bien descrita por el insigne Cardenal catalán Isidre Gomá y por el Padre y filósofo Manuel García Morente que a ambas naciones unifica. Diría, como Urbano II, que porque “Deus vult”, porque Dios así lo quiere. Dos portugueses como Ricardo Jorge (“chamese Hispania a peninsula, a hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito”) o Maria Carolina Michaelis de Vasconcelos (“Hispanis omnes sumus”) atestiguan la común hispanidad.
    En un artículo del Padre Zacarías de Vizcarra encontramos la siguiente explicación de la naturaleza de la Hispanidad:

    “El pueblo del Cid –dijo–, como entidad ética, fue el creador de una actitud acerca de la fidelidad, acerca de la defensa del desvalido, la dignidad del caballero y el honor del hombre; no sólo el honor exterior, diré así, que nace obligadamente en las relaciones con los demás, sino el honor íntimo o profundo, que tiene por juez supremo a la conciencia individual. Del Cid en adelante, los héroes españoles e hispanoamericanos son de su noble linaje. Es que en América transvasó la desbordante vitalidad de la Edad Media española, corriéndose impetuosamente por el tronco y las ramas la savia de la raíz histórica ... La hispanidad no fue nunca la concepción de la raza única e invariable, ni en la Península ni en América, sino, por el contrario, la mezcla de razas de los pueblos diversos que golpeaban en oleadas sobre el depósito subhistórico. La hispanidad ha dejado de ser el mito del imperio geográfico ... La hispanidad no es forma que cambia, ni materia que muere, sino espíritu que renace, y es valor de eternidad: mundo moral que aumenta de volumen y se extiende con las edades, sector del universo en que sus hombres se sienten unidos por el lado del idioma y de la historia, que es el pasado. Y aspiran a ser solidarios en los ideales comunes a realizar, que es el porvenir.”
    Como dice el argentino Vicente Sierra:

    “En Trento, por boca española, se subrayó el dogma de la libertad, es decir, el de la posibilidad de colaborar en la obra divina, poniendo a salvo la Encarnación en cada hombre, la real existencia de un cuerpo místico. En Trento se afirmó la existencia de la libertad en la posibilidad de consentir o resistir. Mientras Lutero decía que la Gracia encuentra al hombre corrompido y corrompido lo deja, agregando que su acción se reduce a no otorgarle la no imputabilidad del pecado, los misioneros de España (y Portugal), que no creían que la Gracia fuera una ficción jurídica, sino una renovación vital, penetraron en las fragosidades de las selvas americanas para llevarla a los naturales, seguros de que ella, vivificando a la naturaleza como una perfección elevaría a un ser perfectible. Tal es la siembra estupenda del siglo XVI. Frente al mundo que se debate en la angustia y el asco, sólo los ideales de la Hispanidad ofrecen salvación. Tenían razón Carlos I y Felipe II. Mientras los ideales que terminan en los Pirineos continúan dividiendo, los que allí comienzan unen a muchos pueblos dentro de lo esencial: un mismo sentido de la vida. El destino de la Hispanidad tiene que ser, por todo eso, salvar, en el caos que se avecina, la persona humana y, con ella, vencer al Anticristo. Es el imperativo que dejaron en América, sellado con su sangre, como un deber de conciencia. Legado que los hombres de América deben recibir, salvo que renunciaran a su propio ser y a su propia personalidad para insistir, por las vías del plagio, en recorrer caminos de muerte, como fueron aquellos en que los falsos apóstoles de la política sumergieron a América durante el último siglo. Pero muchas voces anuncian que ese peligro ha pasado. La voz auténtica del estilo de la raza vuelve a ser escuchada. Los hispanoamericanos principiamos a comprender que Dios está en nosotros, porque Dios está en la Hispanidad; y está en ella porque la Hispanidad —como sentido de la vida— es la verdad. La siembra española del siglo XVI se abre en esperanzas, que dicen que América, en las luchas del futuro, estará donde le corresponde: ¡con Cristo Rey!”

    Conclusión

    Para España ser fuerte precisa de un Portugal fuerte y sin hipotecas externas. Y viceversa: no puede haber un Portugal fuerte si España es débil y dependiente de Francia. Ojalá las naves portuguesas reinaran sobre el Atlántico y el Índico, ojalá si los marinos portugueses fuesen los dueños de los mares junto con los españoles. Bendita fuera la hora en que la vocación marítima de las dos Patrias propició la hora más alta de la historia, aquella donde Cristo reinó más y mejor por todo el mundo. Aquella donde juntos derrotamos al sarraceno y aquella donde el hereje del norte sufrió en carne propia el acero de nuestra espada.
    Dos naciones distintas: un proyecto común. Nada de iberismos ni de políticas internas conjuntas. Antes bien separación nacional y en política interior. Y siempre. Pero, sí, una política exterior coordinada y un proyecto metapolítico común: el proyecto de la Hispanidad y el de llevar a Cristo a los confines del Universo. Lo mismo que nos dio gloria en el pasado cuando éramos hijos fieles de la Iglesia Católica nos la volverá a dar en el futuro.
    Porque, como dice Antonio Sardinha,

    “(La Península Ibérica) empezó a sumirse en un largo eclipse, que todavía no terminó, y que sólo encontrará fin cuando la alianza peninsular vuelva a restaurar el perdido sentido de la vieja unidad hispánica”.

    Vieja unidad hispánica que no tiene otro fundamento que el de Cristo y que es decididamente mariana en su vocación, añado yo. Lo demás, la unión de Portugal y España, no es ni deseable, ni factible y, además, resultaría moral y políticamente reprobable.

    Rafael Castela Santos

    11.3.2005



    Fuente: http://www.angelfire.com/pq/unica/eu...ela_santos.htm
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

  2. #2
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    Re: Contra El Iberismo: Apuntes Para Una EpifanÍa IbÉrica

    Este artículo es absolutamente impresionante. Demoledor y esclarecedor. Va directo a portada en lugar de lo que tenía pensado y lo dejo puesto varios días en el tope.
    Que nadie se desilusione por el título, que el artículo es mucho más de lo que parece.
    Última edición por Donoso; 30/06/2010 a las 11:22
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  3. #3
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    la unión con Portugal es logica ,deseable , sentimental y toda persona con dos dedos de frente y con un minimo de conocimiento historico ,por lo menos en mi grupo de amigos , la ve como algo plausible ,es tristisimo que algunos portugueses quieran negociarla con Carod-rovira o Mamareché , y no con un debate a Dos .

    de Lisboa a l´alguer , uma Naçâo !

  4. #4
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Tremendo artículo! ¿Cuándo dejaremos de darnos la espalda?

  5. #5
    Avatar de Cavaleiro
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Excelente artículo! Hay mucho que extraer de él y sintetiza la problemática iberista bastante bien, aun siendo harto complicada. Deberíamos incluirlo entre los artículos de recomendada lectura para todo patriota.
    ...
    Da patria e religion o fogo santo
    Na gente de Galicia atéa tanto,
    Que morrer só deseja,
    Primeiro que sufrir á negra mingua
    De que os Mouros lle manchen a sua lingua.
    Nin as leis, nin costumes, nin a Igrexa ...

    En toda las edades os Gallegos
    De España muy leales defensores
    Probaron po lo mar e po la terra
    Que non se presentaban nun-ha guerrra
    Soldados mais valentes nin mellores ...

    Non te acòres ti pois, nobre Galicia, ...
    Quizais teus fillos inda che precuren
    Un novo menumento,
    E ardendo no amor patrio que eu che juro
    Resóe traspasando o firmamento
    O nome de Galicia santo e puro.

    D' aqui non nos arrincan herejes nin gentios,
    Nin tod' os protestantes con mouros e judios.
    ---
    A' Galicia - Joan Manoel Pintos, 1861

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  6. #6
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica


    La verdad, veo “ tipismos “ erróneos en los cuales netamente caemos “ unos y otros “ :

    - No creo que el tema esté en enfatizar en lo de las “ dos naciones “. El tema está en que España, por encima de todo, como UNA PATRIA; es una realidad. Realidad que defiende San Isidoro de Sevilla o Recaredo I antes que tuvieran nacimiento los posteriores Reinos a través de la Reconquista.

    - La palabra “ español “ que parece tirar para atrás a muchos portugueses ( Y no portugueses ) viene del occitano y del catalán; de la Marca Hispánica, de la derivación “ hispaniol “ del “ hispani “ latino. Que “ España “ o “ Las Españas “ ( Expresiones naturales en el máximo apogeo de nuestra Tradición Imperial ) es una derivación natural del latino “ Hispania “; que mejor relaciono con el herculano Hispán que con el fenicio “ Is-fania “. Se le olvida ( No sé si premeditadamente ) citar al caso a Almeida Garret……

    - Por encima de las fronteras que los malos gobiernos hayan trazado nadie se suele realizar la siguiente pregunta. ¿ Por qué damos por asumido que el Reino de Navarra, la Corona de Aragón, el Reino de Castilla, el Reino de León, el Principado de Asturias, y los demás Reinos, Señoríos y Principados que fórmanse en la Península Ibérica, las Islas Baleares y las Islas Canarias son ESPAÑA y Portugal no lo es….? No censuro pues a la Restauración del 1640 ( Guerras en donde las “ extensiones “ de Castilla y León son las que mayormente se arruinan ); pero, en todo caso…¿ No se pueden sentir ofendidos leoneses, sevillanos, jiennenses, cordobeses, etc.; por la, a mi juicio, mal llamada durante muchísimos años “ Corona de Castilla “ y la institución del “ Consejo de Castilla “ y por ello declarar naciones no ya en el seno de España ( Como antiguamente así serían esas lógicas demarcaciones territoriales ) sino aparte de esa realidad que es ESPAÑA o LAS ESPAÑAS…..? ¿ Por qué automáticamente ofrecemos esos cánones que puede que preponderaran en la burocracia pero que sabemos que por realidad popular no es así…..?

    - Cuando surgen las lenguas romances, hasta tiempos de Alfonso X el Sabio-y más allá-, que es un entusiasta cultivador de una tradicional política cultural que debiera servirnos de ejemplo por encima de Cánovas y Pérez Carods de tres al cuarto, se hablaba pues de lengua “ galaico-portuguesa “. Es Menéndez Pelayo el que reivindica al portugués como lengua española.

    - El tema del ideal imperial hispánico no tiene vuelta de hoja en el sentido de su defensa. Ahora bien, pregonar que podemos “ asimilar “ la inmigración incontrolada aunque venga de allí es no atenerse ni a la realidad ni a la Tradición. Nuestras Ordenanzas de Indias así lo entendían, y jamás quisieron eso; y hasta regularon las migraciones al Nuevo Mundo; cuanto más en la Piel de Toro. Por desgracia para la América Hispana y para España, la inmensa mayoría de los inmigrantes no son precisamente lo mejor de la América Hispana. De eso no tiene la culpa el hispanismo americano; ni casi tampoco la leyenda negra mejor forjada en España que en otros sitios. Pero ello ni es solución para unos ni para otros. Ni es realista ni es tradicional. Ojo, hablo de casos masificados; no quiero que se me malinterprete. Las masificaciones, y más aún entendida en esta sociedad de masas que pregonan los demócratas y los comunistas, no pueden traer nada bueno. Como tampoco puede traer nada bueno la eterna política seguida por Portugal de dar manga ancha a la entrada de africanos. Sin orden no hay libertad.

    - El eterno problema de los pueblos hispánicos es que justificamos, en base a la defensa contra el mal gobierno, la misma pérdida de ese concepto hispano. ¿ Qué trajo a Portugal la Restauración del 1640; o a España el liberalismo, o a las Américas las “ independencias “….? Ardientes entusiasmos, no lo pongo en duda. Pero, ¿ se lograron esos objetivos que muchos trazan de idílicos, en Lisboa, los Madriles o el Cono Sur….? Lo que debemos de aprender para el futuro es precisamente eso : El por encima de todo, teniendo presente el Altar, y la posibilidad de la resurrección de un Trono Imperial en condiciones ( Que hoy por hoy parece que no puede ser….) el no desfallecer en presentar la realidad de ESPAÑA. Si Portugal no es España, otros tendrán derecho a decir que Vascongadas, Cataluña o Galicia tampoco lo son. Y como nos enzarcemos en absurdas posturas pseudosemánticas, poco adelantaremos al respecto.

    - En efecto Sardinha nunca fue “ iberista “. Menéndez Pelayo tampoco. Ambos repudiaban que ese movimiento estuviera lleno de masonazos; aunque para un servidor de ustedes hay nobles excepciones, como Oliveira Martins. Ambos oponen “ hispanismo “ a “ iberismo “; pero es lo que digo…

    - Me parece que se enaltecen demasiado las figuras de Salazar y Franco.

  7. #7
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    Patriota sin patria

    Yo creo que la historia nos ha tratado injustamente. La Peninsula Ibérica tendría que ser una única nación. España nace con esa vocación de unitarismo. Portugal debería haber sido parte integrante de España, al igual que Aragón o Castilla. Hoy en día quizás sea utópico pensar en una unificación, pero desde luego a mi me encantaría. Yo creo q esta España está inválida. Le falta un brazo q es Portugal. Siempre me voy a considerar íbero, o ibérico(no digo hispano o español porque el término se ha desvirtuado y parece que no incluye Portugal, y yo quiero a Portugal), aunque nunca jamás llegue a tener patria.
    Puedo estar equivocado o no en mis planteamientos, pero lo esté o no lo esté, eso es lo que siento: soy íbero de corazón.

  8. #8
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Que el término se haya desvirtuado no quiere decir que nosotros también lo desvirtuemos. España tampoco es sólo la Península.

  9. #9
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    Question Re: Patriota sin patria

    Cita Iniciado por ColPat
    Yo creo que la historia nos ha tratado injustamente. La Peninsula Ibérica tendría que ser una única nación. España nace con esa vocación de unitarismo. Portugal debería haber sido parte integrante de España, al igual que Aragón o Castilla. Hoy en día quizás sea utópico pensar en una unificación, pero desde luego a mi me encantaría. Yo creo q esta España está inválida. Le falta un brazo q es Portugal. Siempre me voy a considerar íbero, o ibérico(no digo hispano o español porque el término se ha desvirtuado y parece que no incluye Portugal, y yo quiero a Portugal), aunque nunca jamás llegue a tener patria.
    Puedo estar equivocado o no en mis planteamientos, pero lo esté o no lo esté, eso es lo que siento: soy íbero de corazón.
    ¿Nunca llegaste a tener patria?, ¿podrías aclarar?



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  10. #10
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Mi patria es España, pero teniendo en cuenta que la España que yo concibo es una obra inacabada, y que si algun día se acaba no se llamaría España por el respeto , fundamentalmente, a los portugueses.
    Por eso digo que no tengo patria, porque mi patria como tal no ha llegado a desarrollarse, se encuentra dispersa en un revuelto de sentimientos nacionales.

  11. #11
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    En efecto España no es sólo la península ibérica.
    Pero la Península ibérica es su núcleo. Por supuesto no quiero descartar el resto de territorios histórica y políticamente vinculados a la península ibérica.
    Cuando hablo de la Península es una forma de abreviar pero por supuesto incluyo Canarias, Ceuta, Melilla...perdón por la inexactitud

  12. #12
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Gracias por la aclaración



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  13. #13
    Avatar de Ordóñez
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Lo que es claro es que la Patria está por encima de las fronteras que fijen los malos gobiernos. La Patria existe, y Portugal fue, es y será España. ¡ Viva Menéndez Pelayo !

  14. #14
    radge está desconectado Proscrito
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Cita Iniciado por Gonzalo Ver mensaje
    la unión con Portugal es logica ,deseable , sentimental y toda persona con dos dedos de frente y con un minimo de conocimiento historico ,por lo menos en mi grupo de amigos , la ve como algo plausible ,es tristisimo que algunos portugueses quieran negociarla con Carod-rovira o Mamareché , y no con un debate a Dos .

    de Lisboa a l´alguer , uma Naçâo !
    Gonzalo desde já pesso desculpa pela minha ignorancia!

    Mas o que significa essa bandeira? Eu sei que a parte sem o brasão é da bandeira de Lisboa! Mas o conjunto é que eu não percebo.

    Gonzalo não tem sentido uma unificação com Espanha a não ser que Portugal tivesse um estatuto de autonomia diferente ou seja, em vez de Portugal ser um simples estado autonomo como os demais, seria como sucede no Reino Unido, Portugal seria uma Pais destinto de Espanha mas estaria sobre a mesma coroa Espanhola. Acredite que esta ideia embora mais aceitável para mim ainda me custe um pouco.


    Cita Iniciado por Ordóñez Ver mensaje
    Lo que es claro es que la Patria está por encima de las fronteras que fijen los malos gobiernos. La Patria existe, y Portugal fue, es y será España. ¡ Viva Menéndez Pelayo !
    Portugal fue pero ahora no lo es , como eu já expliquei noutro tópico.
    Última edición por radge; 08/09/2006 a las 16:00

  15. #15
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Cita Iniciado por radge Ver mensaje
    não tem sentido uma unificação com Espanha a não ser que Portugal tivesse um estatuto de autonomia diferente ou seja, em vez de Portugal ser um simples estado autonomo como os demais, seria como sucede no Reino Unido, Portugal seria uma Pais destinto de Espanha mas estaria sobre a mesma coroa Espanhola.
    Mi opinión personal(no se cual será la opinión oficial de hispanismo.org) es que en una supuesta unificación, Portugal sería un caso especial y bien diferenciado de el resto de territorios que no lograron o no quisieron independencia y siguieron vinculados a la corona de España. Aunque tenemos una historia común y una cierta identidad que nos une y que aun no se ha disipado, tampoco podemos ignorar los muchos años de historia en los que hemos permanecido separados.
    Alguna vez he hablado, aunque , como siempre, quizás no gusten mis palabras, de un sistema asimétrico. Tendríamos, por una parte, la unión federal de dos Estados soberanos(España y Portugal), muy al estilo de los EEUU, y por otro lado, el resto de teritorios del actual estado español con esas características singulares que hacen que se puedan considerar una nación(como Cataluña o Vascongadas), o que tengan una tradición foral importante(como Navarra), o que hayan sido dotados de un gran grado de autonomía en los últimos años(Madrid)..., que serían comunidades autónomas, territorios autónomos, regiones autónomas , antiguos reinos...(para mi el nombre es lo de menos). La diferencia con los primeros es que estos últimos carecen de la soberanía que en su día consiguió Portugal.
    En ese Estado autonómico el poder emana del todo(El estado central, el rey...)a las partes(los territorios autónomos). En un Estado federal es justo al contrario: las partes ceden poder en favor del poder central(como pasa en EEUU, como pasa en cierto modo con los estados de la UE, ceden soberanía). El poder emana de las partes.
    Creo que , una vez admtido el difícilmente realizable supuesto de una unión España-Portugal, este sería el mejor camino para llevarlo a cabo.
    El resto, bajo mi punto de vista, sería lo de menos.La forma de Estado, por ejemplo(aunque en hispanismo sois más partidarios de una monarquía ¿no?).Yo por ejemplo preferiría una República, pero, como repito, no me disgustaría la Monarquía.

    Cita Iniciado por radge Ver mensaje
    Portugal fue pero ahora no lo es , como eu já expliquei noutro tópico.
    Creo que cuando dices eso estas confundiendo conceptos.
    Una cosa es el ambito restrictivo del término español, o hispano. Según este España quedaría reducido al Estado que hoy conocemos por tal nombre, y el término hispano se podría ampliar, como mucho, a las antiguas colonias de España.
    Pero existe también el concepto amplio, que es el que nosotros utilizamos cuando decimos que Portugal fue, es y será España. Según este español, o hispano, sería un sinónimo de ibérico(se recuperaría el significado más ancestral de Hispania, que designaba a toda la Península).¿Dirías que Portugal no es ibérico? yo creo que sí.
    Aunque entiendo la postura de los portugueses, y es por eso que siempre he defendido que la hipotética unión se llamase ibérica, y no hispánica. Podría parecer que llamandose hispánica el Estado español asimila al portugues, se lo traga. Pero yo al menos no me refiero a eso cuando hablo de unión. El concepto de España o Hispania está demasiado contaminado y el uso de Iberia, aunque no tiene mucho sentido desde el punto de vista teórico(significa lo mismo que Hispania), tendría enormes beneficios en la práctica(ya que creo que es un término que los porugueses aceptarían más).
    Tú podrías decírnosolo con una mayor autoridad. ¿Qué te parece?

  16. #16
    Avatar de Calatañazor
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    [quote=radge;18414]Gonzalo desde já pesso desculpa pela minha ignorancia!

    Mas o que significa essa bandeira? Eu sei que a parte sem o brasão é da bandeira de Lisboa! Mas o conjunto é que eu não percebo.

    [quote]

    Si che parece respondo eu: o avatar de Gonzalo representa a bandeira oficial da cidade de Ceuta co seu escudo, que como ben sabes está basada no seu pasado portugués e, consecuentemente, hispano. O meu avatar é a bandeira oficial da outra plaza norteafricana hispana, a cidade de Melilla, onde o seu escudo reflexa o seu vínculo pasado á Coroa de Castela.

    Un saúdo.

  17. #17
    Avatar de Ordóñez
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Portugal no es parte del " Reino de España ", cierto. Pero sí es parte de España, por mucho que el " estado-nación " se haya impuesto.



    De Hispania - Espanha, España, Espanya, etc.



    De Hispani-ol - Espanyol, Español, etc.




    Y otra vez volvemos a lo mismo.....

  18. #18
    Avatar de Rodrigo
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Cita Iniciado por Gonzalo Ver mensaje
    de Lisboa a l´alguer , uma Naçâo !
    Qué narices tiene Alguero de España? Si Alguero forma parte de la nación española, tambien lo es entonces el resto de cerdeña, sicilia, napoles... y america por supuesto...
    No incorporemos las paranoyas de los nacionalistas catalanes en el concepto de nacion española, la cataluña "francesa" (Rosellon,etc) por ejemplo, sí que debería ser española ya que fue robada por los franceses y siempre antes había sido hispana, pero el Alguero tiene tanto de español como Siracusa. Que algunos hablen catalan es lo de menos, será probablemente porque alli se asentaron muchos catalanes durante la epoca de expansion al mediterraneo de la corona aragonesa, pero seguro que también hay descendientes de españoles en el resto de las regiones del sur de Italia, aunque hoy hablen sólo italiano.
    Decir que Alguero es español (y no el resto de la antigua italia española (eso aún sería discutible)) es hacer caso a la paranoya mental de los separatistas. El hecho de tener una nación catalana dividida en 4 estados como dicen, les hace sentir menos españoles.
    Dudo que ningun alguereño (no se si es asi el gentilicio) se considere catalán o hispano.
    Última edición por Rodrigo; 05/12/2006 a las 02:47

  19. #19
    Avatar de Berenguer
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Rodrigo dijo: "Decir que Alguero es español (y no el resto de la antigua italia española (eso aún sería discutible)) es hacer caso a la paranoya mental de los separatistas".[/quote]

    Tienes parte de razón, pero por eso mismo yo veria correcto que tanto Cerdeña, como el antiguo Reino de las Dos Sicilias formasen parte de Las Españas.

  20. #20
    Lope de Aguirre está desconectado Miembro novel
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    Re: Contra el Iberismo: Apuntes para una Epifanía Ibérica

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    He leído varias veces no sólo el articulo en sí mismo, sino también todas las colaboraciones posteriores que éste ha suscitado.
    Y mi opinión es que-retomando viejas frases llenas de sangre, tiempo y muerte-, Portugal Y España comparte, quieranlo o no los gobiernos partitócarticos gobernantes en ambos países, una unidad de destino en lo universal, en palabras joseantonianas; y lo comparte porque cuando ambos países fueron algo, lo fueron sobre todo colaborando en la guerra contra el Islam invasor; contra la herejía altiva y contra las viles actuaciones de piratas y corsarios.De hecho, está documentada que, cuando el intento del segundo saqueo de Cádiz, allá por 1626, la Flota de Indias estaba protegida por buques lusos y no solo españoles, como lusos eran los que cayeron también defendiendo Cadiz ante el pirata Sussex en ese citado intento de saqueo.
    Por otro lado, y a más abundamiento, cuando ambos países nos hemos dado la espalda es cuando, nuestros enemigos seculares, esto es, Francia e Inglaterra han metido su maldito pan en nuestra sopa.No olvidemos, que fué la excusa de invasion de Portugal lo que motivó una guerra durísima que ocasionó, al final, el colpso de nuestro imperio ultramarino; fué por esa época cuando nuestros vecinos vieron arriarse su pabellon en el Brasil, asi como nosotros lo vimos en Ayacucho...¿casual?
    Nada en la historia es casual y cuando una nación-o dos- olvidan su herencia, su vocación histórica, su sentido de existencia, es cuando la vida de tales países cae en el pozo negro de la cotidianeidad más espurea,más ésteril y más peligrosa.
    Franco y Salazar, siendo loables quizá el espíritu que los animaba, no lograron restaurar, ninguno de los dos los sentimientos que hicieron que medio mundo dependiera de una sola península, pues tal sentimiento ni es la coerrcion, ni dictatorial, es sobre todo una voluntad constructora, que lleva junto a la espada la Cruz, y que sin la Cruz pierde no solo su sostén, sino hasta su legitimidad.
    El deber de la hora presente no es resucitar viejas cortes que juren a nuestro Rey como rey portugués; es algo más sutil, pero más viril.Compartir ambos países una politica comun externa, al margen de esta Europa de mercaderes y de arribistas que siempre desearon ver como se nos partía el espinazo.Esa política y una colaboración franca, clara y manifiesta, con nuestros brazos amputados, con nuestras republicas hermanas.Tal es la misión de la generación actual.

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