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Tema: Hay “otro” bicentenario

  1. #21
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    «Con la doctrina católica en la mano, las independencias americanas fueron injustas» - ReL



    A partir del año 2010 comienzan a celebrarse los procesos independentistas que dieron origen a las actuales repúblicas hispanoamericanas. Como embajador español para dichas celebraciones el Gobierno designó a Felipe González, lo cual da idea del sesgo que adquirirán los fastos. José Antonio Ullate acaba de publicar en LibrosLibres una obra que va justo en la dirección contraria. Y de título bien expresivo: Españoles que no pudieron serlo.

    - ¿Por qué es tan radical en su crítica a las independencias?
    - ¿Acaso hay algo que celebrar en la mentira, la ocultación, la nocturnidad y, sobre todo, en la negación de las graves obligaciones hacia la comunidad política llamada España –o las Españas–, circunstancias todas ellas que marcaron el nacimiento de las repúblicas americanas?

    - ¿En qué nos ayuda hoy reinterpretar aquellos hechos?
    - Necesitamos volver a aquellos enrevesados episodios de hace dos siglos para comprender qué ha sucedido con España desde entonces y cómo el actual caos que padecemos está muy relacionado con las llamadas independencias americanas.

    - Dos siglos después, ¿no hay que asumirlas como un hecho consumado?
    - Las cosas son lo que son en su origen. Nadie niega que dos siglos de historia no se pueden cancelar y nadie razonable aspira a hacerlo. Pero de lo que se trata es de comprender, no de estimular las pasiones. Es precisamente lo que hemos tenido en estos doscientos años: demagogos que han excitado las pasiones en detrimento de la serena comprensión y transmisión del legado político e histórico.

    - ¿Qué opina de los Libertadores?
    - Los llamados «libertadores» fueron conceptuados por la mayor parte de sus contemporáneos como traidores a su patria. Traidores con sentido de la oportunidad.

    - Son los padres de naciones hermanas...
    - Entre las cosas que habría que revisar en este bicentenario está el concepto de nación. Los independentistas, después de haberse escondido tras el señuelo de un rey cautivo, pasaron a explotar la idea del derecho de la nación o de las naciones americanas a su autodeterminación. Se habla poco sobre esto. Ni siquiera los llamados «libertadores» se ponían de acuerdo: para algunos, toda América era una nación diferenciada, para los demás, cada uno defendía diferentes, múltiples y superpuestas naciones contrapuestas.

    - Pero ¿no son hoy realidades políticas innegables?
    - Quizá hoy pueda hablarse con propiedad de naciones americanas, pero en 1810 hace falta echarle imaginación... Y si no hubo naciones, falla la principal y supuesta justificación teórica de las independencias.

    - ¿Cómo podría dársele la vuelta a la historia?
    - Ya le digo que no se trata de revertir la historia. Se trata de hacer algo que en doscientos años parece que no ha sido posible: reflexionar serenamente y sin cortapisas ideológicas sobre la legitimidad de aquellos movimientos y sobre las consecuencias de una eventual ilegitimidad pueda tener sobre la historia posterior y el momento presente, en América y en Europa. No quiero que se me malinterprete: tan ilegítimo me parece el nacimiento de aquellas repúblicas como la absurda «refundación» de una España liberal, artificial, antihistórica en la península ibérica a partir de 1833.

    - Si no había causa justificada para las independencias, ¿por qué sucedieron?
    - Se ha querido ver la causa de las revoluciones hispanoamericanas en un profundo malestar de los criollos frente a los españoles europeos. Esto es un sinsentido. Ese malestar se manifiesta con caracteres muy similares desde poco después de comenzar la hispanización de América y nunca esconde ningún deseo secesionista.

    - ¿El descontento fue sólo el pretexto?
    - Agitado por los ideólogos servirá de combustible a la revuelta, pero en sí mismo es un problema de articulación interna del imperio, y se da de forma parecida y paralela en los distintos reinos de la península.

    - ¿Qué otros ingredientes eran precisos?
    - La revolución francesa exportó la nueva idea de las naciones como tercer estado que reclama para sí las riendas políticas, frente a la monarquía y la aristocracia. Esta nueva ideología prendió en agitadores como Miranda o Bolívar, pero nunca llegó a calar en el pueblo. Además de ese componente ideológico, minoritario y rector, hizo falta un progresivo debilitamiento interno de la monarquía y del imperio merced a inveteradas y crecientes políticas regalistas contrarias a los fueros y, por último, la ocasión favorable y vergonzosa de la invasión napoleónica. Sin esos componentes, la sola ideología de Bolívar, de Hidalgo, de Miranda o de San Martín no hubieran podido prender en Hispanoamérica.

    - Un hecho curioso es que indios y negros querían mantener la fidelidad a la Corona...
    - La mayor parte de los indios y de los negros, pero también de los criollos querían mantener la fidelidad a la corona. Sin la mencionada labor de intoxicación ideológica nunca hubieran trasvasado sus lealtades.

    - ¿Qué papel jugó la masonería?
    - La mayor parte de los “padres de las patrias” americanas fueron amandilados. El alma ideológica de las independencias es de matriz revolucionaria y liberal. Pero hasta donde yo he podido averiguar, si bien muchos jefes independentistas fueron masones, las logias estaban poco implantadas en suelo americano antes de las revoluciones. Su influjo provenía más de Europa.

    - ¿Hubo además una negación de principios católicos?
    - A la luz de la doctrina política de la Iglesia y de la actuación del Papa Pío VII, las revueltas americanas sólo se pueden denominar sediciones y atentados contra el bien común político. La clave está precisamente en la reflexión sobre el bien común temporal, ausente en las apologías con que, desde la secesión americana, multitud de católicos han pretendido justificar la independencia. Con la doctrina política católica en la mano, las independencias americanas fueron completamente injustas.

    - ¿Por qué?

    - Que las independencias fueran injustas no absuelve de gravísimas culpas a los gobernantes españoles, particularmente a los últimos reyes. Son dos niveles distintos. Fernando VII, por ejemplo, fue un pésimo rey, pero no perdió la legitimidad, por lo que los deberes, políticos y morales de los españoles les obligaban a ayudar a sus gobernantes legítimos, buscando, eso sí, una reforma de un modo de gobernar errático.

    - Qué cambió a partir de la última independencia, en 1825, y del triunfo liberal en la península, en 1833?
    - Una vez que la comunidad política española quedó suspendida, tras 1825 y 1833, en realidad tenemos una actividad política antihistórica y antiespañola tanto en América como en la España europea, que a partir de entonces pasa a monopolizar el uso del término «España». En realidad no se trata de que España pierda América, sino de que España como comunidad política en el sentido histórico se desdibuja completamente y lo que ocupa su lugar son un montón de repúblicas artificiales en América y una refundación en la península, conforme a los patrones liberales, igualmente artificiales, del constitucionalismo de Cádiz.

    - España entró en agonía...

    - Sí, pero la pérdida de actualidad de la vieja España como comunidad política, como monarquía federal y foral, no significa su completa aniquilación. Sigue operando como bien común heredado de nuestros antepasados, y nos sigue obligando, no sólo a aspirar a una confederación hispanoamericana como ámbito territorial históricamente hispano, sino sobre todo a una reconstitución de una vida política fundada en el bien común.

    - ¿Una nueva Reconquista?
    - Recordemos que España como comunidad política actual desapareció con la invasión sarracena y durante siglos su existencia fue análoga a la actual: era un bien común acumulado que obligaba las conciencias de algunos. Lo que España es hoy es ante todo un reclamo para nuestras conciencias, para luchar por hacer justicia. Hoy, que padecemos una invasión peor que la sarracena, necesitamos tener fe y esperanza para transmitir un legado que nos obliga.

    FICHA TÉCNICA
    José Antonio Ullate Fabo.
    Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América.
    LibrosLibres. Madrid, 2009.
    260 pp. 20 €
    COMPRAR

  2. #22
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Abraham Meza

    De Wikipedia, la enciclopedia libre

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    Abraham Meza (también de Meza o Mesa) fue un banquero y destacado miembro de la población sefardí de Curazao.
    Orígenes [editar]

    Era descendiente de judíos españoles, que huyeron durante la inquisición española. Muchos de ellos se fueron a Portugal y migraron después a la liberal Amsterdam. Desde ahí vinieron a las Antillas Holandesas, antes de migrar a Hispanoamérica.
    Simon Bolívar [editar]

    Abraham Meza destaca por su apoyo a Simon Bolívar, a quien le dio asilo y apoyo económico para la liberación de Hispanoamérica. Como agradecimiento se dio el derecho de asentarse en las costas caribeñas de Venezuela y Colombia, especialmente en Coro.
    Enlaces [editar]





    DIARIO PREGÓN DE LA PLATA: DIAZ ARAUJO: CRONICA DE LA CONFERENCIA SOBRE "SAN MARTIN Y BOLIVAR, SU POLITICA RELIGIOSA"

    DIAZ ARAUJO: CRONICA DE LA CONFERENCIA SOBRE "SAN MARTIN Y BOLIVAR, SU POLITICA RELIGIOSA"





    En el colegio aledaño a la Parroquia Cristo Rey fue inaugurado el día miércoles 17 de marzo de 2010 a las 19.30 hs el Salón del Bicentenario.


    En la ocasión, tras la bendición del Padre Marchioni y con una numerosa concurrencia de sacerdotes, monjas, laicos y la presencia del Concejal José Arteaga, el Dr. Enrique Díaz Araujo disertó sobre el tema “San Martín y Bolivar: su política religiosa”.


    A continuación brindamos una síntesis que no es textual de la conferencia:
    El 25 de mayo de 1810 fue un acto de autonomía respetando al Rey y el 9 de julio de 1816 la independencia del Rey.

    En América había un hábito de obedecer al buen gobierno. En 18109 hubo sucesos idénticos a los de Buenos Aires en toda Hispanoamérica, porque el problema era idéntico.
    América sólo obedecía a la Corona de Castilla, o a otros reinos ni mucho menos al pueblo de España. El Rey era considerado como un padre de cada americano. Y desde la independencia, América busca un sustituto paterno del Rey de España. América se sigue convulsionando porque no encuentra la forma institucional que calce con su identidad.
    El Reino de Indias era un Estado confesional y América se definió por su Religión católica. El Papa delegó en una bula de 1505 las designaciones eclesiásticas en el Rey de España, con el Derecho de Patronato.
    España vivió una Edad Media tardía, y cuando España se hizo liberal, América continuó con el espíritu medieval.

    Trafalgar, en 1805 marcó el triunfo de los anglosajones, que desde entonces gobiernan el mundo, marcando el ocaso español en 1808 cuando hubo dos reyes, padre e hijo, en España, en medio de quienes fue introducido como gobernante el hermano de Napoleón.
    En 1810 se produce la autonomía en toda América, y hubo tres figuras principales como libertadores: Iturbide en México, Bolívar en el Norte de Sudamérica, y San Martín en el Sur de Sudamérica. Los tres actuaron en conjunto desde una reunión en Panamá. Los tres tuvieron diferencias en la solución política, pero unidad en el criterio religioso.
    San Martín e Iturbide eran monárquicos, e hicieron tratados con los Virreyes procurando establecer un Rey borbón (no Fernando) para que gobernara en América desde su Independencia. Esta experiencia funcionaba con la dinastía portuguesa en Brasil. El candidato a ocupar la Monarquía que propiciaba San Martín era De Paula.
    San Martín después de su labor se retiró al ver que su proyecto no se podía concretar. Iturbide decidió en la misma situación gobernar, pero murió asesinado en una revuelta. Finalmente, Bolívar no quería un príncipe Borbón, porque decía que son todos malos, y se proclamó Emperador de los Andes, siendo más tarde expulsado del gobierno.
    Bolívar, además, renunció a la masonería y la prohibió, a la vez que dejó de ser liberal y promovió la Fe Católica.

    En lo que se refiere a la solución religiosa, Bolívar, Iturbide y San Martín estaban de acuerdo en reforzar a la Madre Iglesia, ya que no había un Padre-Rey. Iturbide lo hizo de la mano de la Virgen de Guadalupe, Bolívar con la Virgen de Belén y la Virgen del Cisne, y San Martín con las advocaciones de la Virgen de La Merced, del Carmen y de Luján. San Martín estableció permanentemente a la Iglesia en Chile y en Perú, donde la única religión era la católica y donde se prohibía ser funcionario a quien no profesara la Fe católica.
    San Martín obedeció al General Manuel Belgrano, quien era difamado, según una carta que éste le enviara el día 6 de abril de 1814. En el Reglamento del Plumerillo del Ejército de los Andes, hasta castigaba a los blasfemos severamente.
    Así era la política religiosa de San Martín y de Bolívar.
    Por otra parte, se difunde que San Martín se había unido a una logia masónica en Cádiz o en Londres, pero esas logias no existieron, es todo mentira, y por tanto indemostrable.
    Fueron los liberales quienes astillaron América, convirtiéndola en una serie de republiquetas aisladas, sobre todo en Centroamérica.
    Sin embargo, a pesar de que fracasaron en su proyecto político de instauración de una monarquía, lograron la solución religiosa que se proponían.
    Iturbide decía que “la Virgen de Guadalupe no ha venido a fracasar a América”. Así quedó el legado de la afirmación de la Tradición Católica de la Iglesia. Y todo eso se lo debemos a los libertadores.



    Publicado por Emilio Nazar Kasbo de La Plata en 3/18/2010 08:45:00 a.m. Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con Facebook

    Etiquetas: Enrique Díaz Araujo, Historia y Patria, José Arteaga



    Erasmus dio el Víctor.

  3. #23
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    Re: Hay “otro” bicentenario




























    miércoles, 14 de abril de 2010

    Históricas


    EL PROBLEMA DE
    LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA

    Hace un tiempo, por gentil deferencia del doctor don Miguel Ayuso Torres, recibimos el tomo XII de los Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada. Publicación cuidada y valiosísima que puede “enorgullecerse de ser un punto de referencia en el tradicionalismo de raíz hispánica”, y que por eso tomamos con respeto y afecto en nuestras manos.

    En primer término debe anotarse que este volumen se abre con una sección de notas In Memoriam, a cargo del doctor Ayuso Torres, Secretario del Patronato de la Fundación. De esas páginas queremos destacar dos, que con justicia exaltan las figuras de los queridos camaradas y amigos inolvidables: Eduardo Víctor Ordóñez y Álvaro Pacheco Seré. Ellos representaron las orillas de la Patria Rioplatense. El recuerdo de don Miguel nos hace entrar en las hondas huellas del paso por esta vida de aquellos maestros que nos permiten continuar aprendiendo. Ambos, a no dudar, están “rogando ante el Altísimo por todos nosotros y su amada hispanidad”.

    Proseguimos la lectura con creciente interés cuando en la Sección Estudios y tal vez movidos por la cercanía del segundo centenario de la iniciación de la crisis del Imperio Romano Hispánico (1808-2008) llegamos a un título en el que nos detuvimos. Éste no era otro que el que encabeza esta nota: “El problema de la Independencia de América”. El trabajo lucía la firma de Federico Suárez Verdeguer que “fuera Catedrático de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela…” trasladándose más tarde a Pamplona para dar comienzo a la que luego fue Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, donde creó el Seminario de Historia Moderna. Como Director de la “Colección Historia” de esa Casa de Estudios debe destacarse en particular la edición de los “Documentos del reinado de Fernando VII en trece volúmenes aparecidos entre 1965 y 1972”.

    De tan insigne profesor no podíamos dar crédito a nuestros ojos y entendederas que en la página 55 del tomo que nos ocupa estampara lo siguiente: “Así como en España… los Reinos de América reaccionaron como los españoles creando Juntas para la defensa de los derechos del Rey. El problema jurídico nace cuando las Juntas de América rehúsan el reconocimiento a la Junta Central o la Regencia (las negritas son nuestras). “En 1814 —agrega— las circunstancias cambian y los argumentos deben cambiar también. Fernando VII regresa a España en la plenitud de su soberanía y con respecto a América vuelve a ser como antes de 1808. Si se levantaron en defensa de los derechos del Rey, su alzamiento ya no tiene objeto”.

    Cabe entonces preguntar cuál era la situación legal de América en los comienzos del siglo XIX. La respuesta se puede sintetizar en forma clara y categórica. Las Indias no eran colonias sino Reinos y estaban unidos a la Corona de Castilla fuera de toda vinculación con el Estado español. Esto era lo que establecía el ordenamiento jurídico originado en los Pactos celebrados por el nieto de los Reyes Católicos con las autoridades indígenas locales.

    Todo nos lleva a la época de Carlos V, cuando el César firma, a su paso por Barcelona, en el año 1519, los documentos por medio de los cuales se “estableció la Unidad e Intangibilidad de América”. Durante tres siglos, ése fue el Estatuto.

    Ya en el siglo XVIII el accionar de las logias masónicas y la difusión de las ideas iluministas golpearon la estructura sobre la que se apoyaba la relación de los Reinos de Indias y la Monarquía Católica. Como un ejemplo de esto podemos señalar que el fundamento teológico de la autoridad de los Austrias se fue debilitando hasta ser sustituido por el laicismo del poder civil que hizo el absolutismo de la dinastía borbónica, llegada con Felipe V. Un absolutismo cerrado que eliminó el peso iluminador de la Iglesia al que se agregó la adopción del liberalismo con sus ideas en educación y economía.

    Y el problema hubo de estallar con la invasión napoleónica de 1808 y en un momento que se puede precisar: el 24 de setiembre de 1810, cuando las Cortes de Cádiz aprobaron la Ley por la cual se dispuso la extinción de Provincias y Reinos diferenciados de España e Indias para dar cabida “a una sola Nación Española”. Era la intolerable subordinación de lo criollo al masonismo peninsular de los liberales diputados gaditanos.

    Así fue que se levantó el estandarte del Pacto de los tiempos de Carlos V para sostener la independencia de las Juntas. Pacto que no era el de los enciclopedistas sino el histórico firmado y lacrado con Sellos Reales entre las Indias soberanas y Castilla.

    Y llegó 1814, año en el que, según Suárez Verdeguer, el Alzamiento ya no tenía objeto. Instalados los americanos en el campo jurídico, pensaron en la Paz y la Unidad con la restauración de la Monarquía Tradicional.


    Consecuencia de ello fueron las misiones como la que desde Buenos Aires encabezaron Belgrano y Sarratea, portadora de un Memorial que decía: “El pueblo de España no tiene derechos sobre los Americanos. El Monarca es el único con el cual celebraron contratos los colonos de América; de él solo dependen y él solo es quien los une a España… La Ley de Indias es la mejor prueba del derecho de las Provincias del Río de la Plata… La Ley en cuestión es el contrato que el Emperador Carlos V firmó en Barcelona el 14 de setiembre de 1519 a favor de los conquistadores y colonos…”

    Es indudable que esta Ley es la única que liga personalmente al Monarca y que no tiene relación con España. Pero las apelaciones al Monarca fracasaron porque Fernando VII era hombre desleal, insensible, con ladino orgullo y con un pétreo cerebro que no podía aceptar que su autoridad dependiera del cumplimiento del Pacto y de la “sumisión condicionada de sus leales vasallos”.

    Manuel Jiménez Quesada, en “Las doctrinas populistas en la Independencia de Hispanoamérica” (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Sevilla, 1947) transcribe lo que Fray Pantaleón García afirmaba en Buenos Aires allá por 1810: “La fidelidad no es un derecho abstracto que obliga a todo evento; es la obligación de cumplir el contrato que liga a las partes con el todo; obligación recíproca porque debemos guardar respeto y obediencia al Rey pero éste debe guardar nuestros derechos”. Las Cortes de 1810 y 1812, pletóricas de iluminismo jacobino, y Fernando VII con su avaricia absolutista, precursora del liberalismo, sellaron la destrucción del Imperio Católico. Crimen incalificable porque la Revolución (en el sentido del verbo latino “volver hacia atrás”) aspiró a una unión más perfecta con la Metrópoli. Tal como lo exponía el Restaurador el 25 de mayo de 1836 cuando refiriéndose a 1810 afirmaba: “No [se hizo la Revolución] para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles sino para fortalecerlos por el amor y la gratitud…”

    El Padre Suárez Verdeguer, que fuera Preceptor y Capellán de quien hoy ocupa el Trono de España, tal vez “con signo intelectual declinante” (“declinante incluso en la propia Universidad de Navarra donde se asentó por el contrario el catolicismo liberal enragé…”) escribió al final del Estudio lo que colmó nuestro asombro.

    Al preguntarse qué es lo que constituyó el alma de la secesión, se contesta que hay que buscarla “en los signos de los tiempos”. Agregando en párrafo inmediato que “una nueva generación que no pensaba ni sentía como sus abuelos, que estaba desarraigada del pasado porque hundía sus raíces en el sistema que las luces habían descubierto”. Ya ubicado cómodamente en el plano gaucho del historicismo sólo le faltó hablar de “los vientos de la historia”. Páginas para dejar en un piadoso olvido.

    Qué pena.

    Luis Alfredo Andregnette Capurro


    Escrito por CabildoAbierto a las 22:24
    Etiquetas: Luis Alfredo Andregnette Capurro





    Don Francisco de Miranda, Comandante-General del Ejército Colombiano, a los pueblos habitantes del Continente Américo-Colombiano (1806)


    Transcripción realizada por Gloria Henríquez Uzcátegui y Miren J. Basterra publicada en la página web de la Academia Nacional de la Historia, Venezuela


    Valerosos compatriotas y amigos.

    Obedeciendo á vuestros llamamientos, y á las repetidas instancias y clamores de la Patria, en cuyo servicio hemos gustosamente consagrado la mejor parte de la Vida; somos desembarcados en esta Provincia de Caracas, la coyuntura y el tiempo nos parecen sumamente favorable para la Consecución de vuestros designios; y cuantas personas componen este Ejército son (amigos) ó Compatriotas vuestros: todos resueltos a dar la vida, si fuese necesario por vuestra libertad é Independencia, (bajo los auspicios y protección de la marina Británica.)

    Con estos auxilios podemos seguramente decir, que llegó el día por fin, en que recobrando nuestra América su soberana Independencia, podrán sus hijos libremente manifestar al Universo sus ánimos generosos. El opresivo insensato gobierno, que oscurecía estas bellas cualidades, denigrando con calumnias nuestra modestia y carácter, consiguió también mantener su abominable sistema de administración por tres siglos consecutivos; mas nunca pudo desarraigar de nuestros corazones aquellas virtudes morales, y civiles que una religión santa, y un código regular inculcó en nuestras costumbres formando una honesta índole nacional.

    Valgámonos pues de estas mismas estimables prendas, para que expelidos los pocos odiados agentes del gobierno de Madrid, podamos tranquilamente establecer el orden civil necesario á la consecución de tan honrosa empresa. La recuperación de nuestros derechos como ciudadanos, y de nuestra gloria nacional como americanos colombianos serán acaso los menores beneficios que recojamos de esta tan justa como necesaria determinación.

    Que los buenos é inocentes indios, así como los bizarros pardos, y morenos libres crean firmemente que somos todos conciudadanos, y que los premios pertenecen exclusivamente al mérito, y á la virtud en cuya suposición obtendrán en adelante infaliblemente, las recompensas militares y civiles, por su mérito solamente.

    Y si los pueblos holandeses y portugueses pudieron en otro tiempo sacudir el yugo de la opresora España; si los suizos y americanos nuestros vecinos igualmente consiguieron establecer su Libertad é Independencia con aplauso general del mundo, y en beneficio de sus habitantes, cuando cada uno de estos pueblos separadamente apenas contaba de dos á 3 millones de habitantes, ¿porqué pues nosotros que por lo menos somos 16 millones no lo ejecutaríamos fácilmente? ¿Poseyendo, además de ello, el continente más fértil, más inexpugnable, y más rico de la tierra? El hecho es que todo depende de nuestra voluntad solamente, y así como el querer constituirá indubitablemente nuestra Independencia, la Unión nos asegurará permanencia y felicidad perpetua. ¡Quiéralo así la Divina Providencia para alivio de nuestros infelices compatriotas; para amparo y beneficio del género humano!

    Las persona timoratas ó menos instruidas que quieran imponerse á fondo de las razones de Justicia y de equidad que necesitan estos procedimientos, junto con los hechos históricos que comprueban la inconcebible ingratitud, inauditas crueldades y persecuciones atroces del gobierno Español hacia los inocentes á infelices habitantes del nuevo mundo, desde el momento casi de su descubrimiento, lean la Epístola adjunta de D. Juan Viscardo, de la Compañía de Jesús, dirigida a sus compatriotas; y hallarán en ella irrefragables pruebas y sólidos argumentos en favor de nuestra causa, dictados por un varón santo y á tiempo de dejar el mundo, para perecer ante el Creador del Universo.

    Para llevar este plan á su debido efecto, con seguridad y eficacia, serán obligados los ciudadanos sin distinción de clases, estado ni color (los eclesiásticos solamente exceptuados, en la parte que no sean designados) de conformarse estrictamente a los artículos siguientes:

    I.- Toda persona militar, judicial, civil u eclesiástica que ejerza autoridad comunicada por la Corte de Madrid, suspenderá ipso facto sus funciones - y el que las continuase después de la presente publicación, así como el que las obedeciese, serán soberanamente castigados.

    II.- Los cabildos y ayuntamientos en todas las ciudades, villas y lugares ejercerán en el ínterin todas las funciones de gobierno, civiles, administrativas y judiciales con responsabilidad y con arreglo a las leyes del país: y los curas párrocos, y de misiones permanecerán en sus respectivas iglesias y parroquias, sin alterar el ejercicio de sus sagradas funciones.

    III.- Todos los cabildos y ayuntamientos enviarán uno ó dos diputados al cuartel general del ejército, a fin de reunirse allí un gobierno provisorio que conduzca en tiempo oportuno á otro general y permanente, con acuerdo de toda la Nación.

    IV.- Todo ciudadano desde la edad de 16 hasta la de 55 años se reunirá sin dilación á este ejército, trayendo consigo las armas que pueda procurarse, y si no las tuviese, se le darán en los depósitos militares del ejército; con el grado juntamente que convenga á su celo, talentos, edad y educación.

    V.- El ciudadano que tenga la bajeza de hacer causa común con los agentes del gobierno español, ó que se hallase con armas en campamento, ciudadela ó fuerte poseído por dicho gobierno, será tratado y castigado como un traidor a la Patria. Si por el empleo que actualmente pueda poseer algunos de ellos en servicio de la España creyese su pusilanimidad que el honor le compele á servir contra la Independencia de su Patria, serán estos desterrados a perpetuidad del país.

    VI.- Por el contrario, todos aquellos que ejerciendo en la actualidad empleos militares, civiles, ó de cualquiera especie se reuniesen con prontitud bajo los estandartes de la Patria recibirán honras y empleo proporcionado al celo y amor al país que hubiesen manifestado en tan importante coyuntura: los soldados y marineros serán premiados igualmente conforme a su Capacidad y Zelo.

    VII.- Los depositarios del tesoro público lo pondrán inmediatamente á disposición de los cabildos y ayuntamientos, quienes nombrarán sujetos aptos para el manejo, y para suplir al ejército colombiano cuanto sea necesario á su manutención y operaciones, no solamente en dinero sino también en provisiones, vestuario, frutos, carruajes, mulas, caballos, etc.

    VIII.- Para precaver toda especie de insulto o agresión de parte de la gente de guerra y puestos avanzados del ejército, los magistrados y curas párrocos de las ciudades, villas y poblados (bajo su personal responsabilidad) harán fijar la Bandera ó Insignia de Independencia Nacional en la parte superior más conspicua de las iglesias, y los ciudadanos llevarán también en el sombrero la escarapela que denote ser tales, pues sin ella no serían respetados y protegidos como hermanos.

    IX.- Esta proclamación será fijada por los curas párrocos y por los magistrados en las puertas de las iglesias parroquiales y de las casas del ayuntamiento para que llegue con brevedad á noticia de todos los habitantes y asimismo harán leer en las parroquias y casas de ayuntamiento respectivas, una vez al día por lo menos, la Carta anteriormente mencionada del C. Viscardo, que acompaña este edicto.

    X.- Cualesquiera impedimento, retardo, ú negligencia que se oponga al cumplimiento de estos nueve precedentes artículos será considerada como un grave perjuicio nacional y castigada inmediatamente con severidad: ¡La Salud pública es la Ley Suprema!

    Fechada en el Cuartel General de Coro, á 2 del mes de agosto de 1806.

    Francisco de Miranda
    Tomás Molini, secretario







    DECRETO DE GUERRA A MUERTE
    SIMÓN BOLÍVAR,
    Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejercito del Norte,
    Libertador de Venezuela
    A sus conciudadanos

    Venezolanos: Un ejército de hermanos, enviado por el soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo.

    Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos, y a restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas, están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

    Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América.

    A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la ultima vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela.

    Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra, y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán reputados y tratados como americanos.

    Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.

    Esta amnistía se extiende hasta a los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida, que ninguna razón, causa, o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis pare excitar nuestra animadversión.

    Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.

    Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.—3
    Simon Bolívar.
    Es copia.
    Pedro Briceño Méndez,
    Secretario


    - Por otra parte, un general bolivariano, Joaquín Posada Gutiérrez, dice:
    “He dicho poblaciones hostiles [a la liberación independentista], porque es preciso que se sepa que la Independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes; que las clases elevadas fueron las que hicieron la revolución; que los ejércitos españoles se componían de cuatro quintas partes de hijos del país; que los indios en general fueron tenaces defensores del gobierno del Reino, como que pretendían que como tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República”.

  4. #24
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El resquebrajamiento provocado del Imperio Español: Lo que había por detrás del Régimen de Intendencias - 25ª nota


    La Argentina temprana y toda Iberoamérica fueron beneficiadas por la formación de una sociedad orgánica, cuya vitalidad y originalidad emanaba de adentro, cuyos profundos fundamentos derivaban del "estado misional" español (como lo llama Cayetano Bruno, OSB). Si bien en la desarticulación del Imperio Español influyeron poderosamente potencias protestantes y enemigas de España, en el plano político internacional, y competidoras en el plano comercial, como Inglaterra, es preciso precaverse contra una visión materialista, economicista y naturalista que desconoce que la esencia de ese proceso fueron tendencias e ideas anticristianas derivadas del iluminismo y el trabajo de las logias por implantar la utopía vista en las notas anteriores. Era necesario para la Revolución anticristiana que ese orden vivo, que existía vigorosamente en la segunda mitad del siglo XVIII, fuese acorralado y reducido en toda la medida de lo posible, instaurando progresivamente un centralismo absolutista (de raíz igualitaria pese a las apariencias de la monarquía borbónica), precursor del superestado moderno. Una de sus acciones principales fue la implantación del Régimen de Intendencias, dirigido sibilinamente contra los cabildos y la aristocracia vecinal gestada en dos siglos de existencia.



    Retomamos hoy la publicación de este ensayo de visión católica y señorial de la Historia Argentina. Para mejor orientación del lector, recordamos un par de elementos que configuran el cuadro general para entender la importancia de algo aparentemente inocuo y burocrático, el Régimen de Intendencias (en letra azul clara). A continuación, la nota de hoy.





    III PERÍODO – EL RESQUEBRAJAMIENTO PROVOCADO DEL IMPERIO ESPAÑOL (ca. 1750-1810)
    Dos fuerzas disociadoras:
    ·
    El enciclopedismo revolucionario o jacobinismo
    · El centralismo absolutista, compresor de los estamentos, abolicionista de los derechos privados adquiridos o privilegios


    [...]

    La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbado
    Haciendo “pendant” con la difusión de las ideas enciclopedistas en nuestro medio, actuaba el centralismo monárquico exacerbado, cuya política se conoce como despotismo ilustrado.
    Si los enciclopedistas intentaban cavar una fosa entre América y España por la guerra de ideas, el absolutismo, especialmente durante el reinado de Carlos III, le proporcionaba una ayuda preciosa. Era el zonda que secaba el monte, mientras el jacobinismo le prendía fuego en todo lugar donde podía.
    Dos medidas que tomó fueron particularmente funestas:
    · La expulsión de los Jesuitas, que tuvo como antecedente el despojo a la Compañía y a los vasallos guaraníes (hecho inédito) de 7 pueblos jesuíticos entregados a Portugal en ocasión del Tratado de Permuta (1750);
    · La Real Ordenanza de Intendentes (1782; 1785).



    [...]



    25ª nota - Lo que había por detrás del Régimen de Intendencias
    El otro gran golpe asestado a esta parte del Imperio fue el establecimiento del Régimen de Intendencias. En Francia, el sistema fue una poderosa arma de los absolutistas para deprimir a la Nobleza. En la Argentina temprana, para anular la influencia de los Vecinos, de la Nobleza de Indias, de las clases dirigentes tradicionales.
    Contrariamente al país sereno, orgánico y vecinal que se había formado en dos siglos, creó unos burocráticos e intrusos Intendentes privando a los Cabildos de sus funciones adquiridas por el curso natural de las cosas, en torno a los cuales se habían consolidado las familias señoriales provenientes de la Hidalguía de Indias. Es claro que instituciones del arraigo de los Cabildos no se dejaron maniatar tan fácilmente, y en las numerosas querellas que surgieron, los descendientes de los Beneméritos lograron imponerse no pocas veces. Harán falta para consumar la obra las convulsiones sangrientas de las guerras civiles, que pronto seguirán.
    La Real Ordenanza no era otra cosa que el hacha asestada al pie del tronco. Una agresión avasalladora recibida de la Metrópoli donde estaba el Rey absolutista, rodeado de aquellos “felinos del Iluminismo” –como los llama Busaniche- que actuaban en la Corte, ya abiertamente, ya en la trastienda, moviendo misteriosos hilos conspirativos en América, que no eran otros que los movidos por las logias en toda la Cristiandad.
    “El absolutìsmo real, que parecía la consolidación del principio de autoridad, no era sino un principio revolucionario: la omnipotencia del Estado ante las leyes de Dios y de la Iglesia”, observa con agudeza Plinio Corrêa de Oliveira.






    ARGENTINA, SEÑORIO Y ESPLENDOR: El resquebrajamiento provocado del Imperio Español: Lo que había por detrás del Régimen de Intendencias - 25ª nota


    Fuente:
    II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana
    Cabildo histórico de Salta

    SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
    La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria
    (ca. 1530-1830)

  5. #25
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Bicentenario Memoria Revelada - Agustín Agualongo - YouTube



    Una visión de las Américas, a 200 años vista. Los antihéroes del Pasto. | La turuta del Titanic

    Una visión de las Américas, a 200 años vista. Los antihéroes del Pasto.


    A diferencia de la vecina ciudad de Popayán que ha dado a luz a ocho presidentes, Pasto sólo parece haber sido la cuna de antihéroes. Muchos colombianos ven a Pasto como una ciudad en los confines del mapa, por allá aislada del resto del país. Da la impresión de que nada importante para la historia de Colombia hubiera ocurrido allí. No hay, pues, una Convención de Pasto, ni un Acuerdo de Pasto, ni siquiera una Batalla de Pasto, como las hay de Ocaña, de Cartagena o de Boyacá. La razón es que el capítulo de Pasto lo han borrado de los textos de historia. Se ha tratado de dejar en el olvido a los héroes locales que -seamos justos- algún reconocimiento merecen. El más pintoresco -y me atrevo a decir que el más importante- de los nativos de Pasto es Agustín Agualongo (1780-1824). Este "indio, feo y de corta estatura" (palabras de su biógrafo, el historiador pastuso Sergio Elías Ortiz), puso en jaque a lo más granado de los ejércitos republicanos. Su carrera militar se inició en 1811, a la avanzada edad de 31 años (a esa edad Sucre ya era gran mariscal y José María Córdova, general). Poco después fue la derrota y posterior captura del general Antonio Nariño, a quién los pastusos veían como un "hereje, masón, impío, verdadero poder de las tinieblas". La cruel ironía pastusa es que luego al departamento lo bautizarían con ese nombre. Pero lo que de veras lanzó a la fama a Agustín Agualongo fueron sus actuaciones después de 1819, cuando la misma corona española había aceptado su derrota. En 1822, bajo el mando del español Benito Boves, (sobrino del célebre Boves que aterrorizó a los llanos), Agualongo le declaró la guerra a la república de Colombia, en defensa del rey Fernando VII y de la religión católica. Boves huyó poco después y Agualongo pasó a liderar una guerra de guerrillas que lo haría legendario: héroe para unos, villano para otros. Tomó Pasto en junio de 1823 y siguió hacia el Ecuador, donde fue derrotado por Bolívar en Ibarra. Nuevamente tomó Pasto en agosto de 1823 y una vez más en febrero de 1824. En su última batalla, en Barbacoas, se enfrentó al futuro cuatro veces presidente Tomás Cipriano de Mosquera, quien resultó herido gravemente en la quijada (de esta herida se derivaría su apodo de "Mascachochas"). Finalmente, Agualongo fue capturado por José María Obando en junio de 1824 y fusilado en Popayán el 13 de julio. El gran pecado de Agualongo -lo ven así los pastusos- fue su irrebatible lealtad de principios. Por ésta y otras razones Bolívar nunca quiso a los pastusos; se refirió a ellos como: malditos, demonios, infames, malvados, infelices, desgraciados. Después de todo, en cercanías de Pasto ocurrió la más sangrienta de las batallas de independencia: la de Bomboná. Las bajas reportadas por el ejército patriota totalizaron 116 muertos y 341 heridos (compárese con 13 muertos y 53 heridos en Boyacá). Aunque los realistas pastusos perdieron más hombres, Bolívar se vio obligado a retroceder y cambiar sus planes en esa Campaña del Sur. ¿Quién ganó la batalla de Bomboná? La respuesta depende de la versión de la historia que usted lea. En la misma línea de Agustín Agualongo -aunque bastante menos belicoso- está el jurisconsulto, historiador y escritor José Rafael Sañudo (1872-1943). Sañudo es tan pastuso que sólo una vez en la vida abandonó su ciudad natal, para viajar hasta el Valle del Cauca. Eso no fue obstáculo para que este polígloto autodidacto, que fue fundador de la Academia de Historia de Nariño, y candidato tanto a la Rectoría de la Universidad de Nariño como a la Corte Suprema de Justicia, conociera con propiedad los clásicos griegos y latinos. Pero lo que hizo famoso al doctor Sañudo fue su obra, publicada por primera vez en 1925, Estudios sobre la vida de Bolívar, más conocida simplemente como el Bolívar de Sañudo. En este libro -y basándose en argumentos históricos irrefutables- se retrata al Libertador como un sujeto que, además de mujeriego y psicológicamente inestable, era desmedidamente ambicioso, impulsivo y, sobre todo, premeditadamente cruel. El parangón que hace Sañudo de Bolívar con los "sanguinarios" Sámano y Morillo es dramático. "¡Pesa reciamente el alma de un pastuso, al narrar los crímenes de Bolívar y sus esbirros!" Sea como fuere, estamos acostumbrados a esas biografías de los héroes que sólo los ensalzan y nunca muestran sus defectos. Alguien -por ejemplo, Juan Manuel Santos- debería regalarle a Hugo Chávez este texto bolivariano que él seguro desconoce. Y el último personaje de controversia, que aunque no nació en Pasto sí fue allí donde adquirió su fama, es San Ezequiel Moreno, canonizado por Juan Pablo II en 1992. Este sacerdote español fue designado obispo de Pasto en 1895. Para él los enemigos eran el demonio, los masones y los liberales: todos los liberales, especialmente los liberales católicos. "Sólo admitimos un liberalismo, malo, pésimo y condenado por nuestra Santa Madre la Iglesia." "Ser liberal es pecado" insistió hasta su muerte. Claro, eran otras épocas.



    BLOG DE HISTORIA ARGENTINA E HISPANOAMERICANA: EL COMPONENTE TRIBUTARIO EN LOS MOVIMIENTOS INDEPENDENTISTAS DE COMIENZOS DEL SIGLO XIX
    EL COMPONENTE TRIBUTARIO EN LOS MOVIMIENTOS INDEPENDENTISTAS DE COMIENZOS DEL SIGLO XIX

    Las modistas (por L. Matthis).
    Carlos III.






    Por Juan Eduardo Leonetti




    A MANERA DE INTRODUCCIÓN Y DE AUTOCRÍTICA




    El trabajo que sigue fue desarrollado como ponencia para ser expuesta en el XIV Congreso Colombiano de Historia, que se llevó a cabo en la Ciudad de Tunja en agosto de 2008.
    Como tributarista latinoamericano, interesado por la Historia de nuestras independencias, me pareció oportuno exponer en tan importante foro la idea de hurgar en el componente tributario de los movimientos revolucionarios que concluyeron con la ruptura de los lazos que unían a nuestros pueblos con la monarquía española.
    Se trataba de explicar que imbricado con el componente político latente en algunos patriotas de terminar con el vasallaje, convivía el deseo de no ser expoliado por un sistema fiscal regresivo como el impuesto por el sistema colonial, agudizado con las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII.
    La implacable crítica del tiempo transcurrido desde que aquellas ideas tomaron forma, me impone la obligación de señalar lo pobre de aquel desarrollo, el que solamente encuentra un responsable en el autor de estas líneas.
    Sinceramente, creí que con destacar los hechos producidos en La Revolución de los Comuneros sucedidos en Nueva Granada en 1781, junto con los antecedentes acaecidos en Quito en 1765, y en Perú con la rebelión de Tupac Amaru, estaba suficientemente explicitada la relación impuesto-hecho político.
    Confieso no haber puesto de relevancia que fue precisamente en Tunja donde tuvo lugar la primera de las rebeliones fiscales en tierras americanas de las que da cuenta la Historia, cuando el Cabildo de la Ciudad, a partir del 16 de abril de 1592, decidió no acatar el real impuesto de la alcabala.
    La desobediencia, expresión de los encomenderos que integraban casi toda la representación en el Cabildo, los que reaccionaron en defensa exclusiva de sus intereses económicos -ya que como veremos los sectores bajos de la población y los indios resultaban exentos de la gabela-, duró hasta agosto de 1594, y muchos pagaron con la cárcel el haberse alzado contra la orden real, a la vez que fueron anatemizados por cierta jerarquía eclesiástica que veía como pecado mortal esa desobediencia.
    Si bien es cierto que la causa -se diría excluyente- de estos hechos, así como de algunos otros que se sucedieron poco después en Lima, Quito, Cuzco, y La Paz, era lo gravoso de este impuesto al tráfico comercial, o sea un motivo netamente económico ajeno a reivindicaciones políticas que implicaran romper con la dependencia, lo que hubiera resultado impensable para la época.
    Debo reconocer que a estos hechos los tuve en un principio como ajenos a los procesos que iban a suceder dos siglos más tarde, sin advertir que si bien con objetivos acotados a los intereses meramente económicos, exhibían un sustrato que permite tenerlos como antecedentes, remotos quizás, de los hechos que iban eclosionar a comienzos del siglo XIX.
    Esta falencia que ostenta mi trabajo puede ser suplida con largueza con la lectura de una obra fundamental para la historia de la dignidad tributaria de nuestros pueblos, como lo es La Rebelión de las Alcabalas del Profesor Doctor Javier Ocampo López, al que tuve el privilegio de conocer en la entrañable Tunja, y a quien me permito dedicarle mi modesto trabajo.




    EL IMPUESTO Y EL VASALLAJE


    Puede decirse, casi sin ambages, que en el inicio de todos los procesos que culminarían con la independencia de las colonias que la Corona de Castilla tenía en América hubo un componente impositivo.
    Esto significa, ni más ni menos que –junto con las ansias de libertad de algunos patriotas, o bien con la necesidad que tenían otros hombres de preservar para la Corona española la hegemonía política en estas tierras ante el avance de Napoleón en la metrópoli– había algo que los unía, algo que tenían en común todas las posiciones, tal como era el oponerse al régimen impositivo instaurado desde los primeros tiempos del dominio real en la colonia.
    Es que no hay signo mayor de vasallaje –antonomástico, diría– que el pago del tributo.
    Vemos así que el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (XXII edición) define hoy al vasallaje, en primera acepción, como el vínculo de dependencia y fidelidad que una persona tenía respecto de otra, contraído mediante ceremonias especiales, como besar la mano el vasallo al que iba a ser su señor.
    La segunda acepción se acerca más a lo que aquí sostengo cuando dice Rendimiento o reconocimiento con dependencia a cualquier otro, o de una cosa a otra, para rematar en la tercera acepción precisando Tributo pagado por el vasallo a su señor .
    El escolástico Domingo de Soto O.P. , que escribió su obra en Salamanca en pleno Siglo de Oro, al centrar su interés en cinco clases de tributos, estudió esta relación de verdadera alienación al referirse al censo, que se abonaba por cabeza al gobernante, en reconocimiento de vasallaje, aclarando que éste es el tributo acerca del cual los judíos preguntaban a Cristo si era o no era lícito pagarlo al César.
    De Soto señalaba, además, como otras gabelas:
    El tributo, que se pagaba sobre los frutos de la tierra, destinando lo recaudado a la ayuda del Jefe de Estado y de la Nación.
    El vectigal, y también el portazgo, aplicados sobre el transporte de la mercadería para su venta y destinados a la reparación de puentes, muros y otras obras públicas similares.
    El peaje, aplicado también sobre la mercadería, pero cuyo destino era la vigilancia de los caminos.
    Por último analizaba la alcabala, que gravaba la venta de todas las cosas. El destino de los fondos recaudados por esta exacción era, entre otros, para sufragar los gastos públicos del rey.
    Ahora bien, si Fernando VII estaba preso en la metrópoli, era obvio para todos que el vínculo con el Señor que justificaba el tributo estaba al menos suspendido, y por lo tanto era la hora de cuestionar el sistema tributario que desde la época del Descubrimiento –en las que de Soto realizó su análisis– los venía rigiendo.




    LOS PRIMEROS GRAVÁMENES EN LA AMÉRICA CASTELLANA


    Los primeros gravámenes aplicados en el territorio de la América Hispánica consistían en su mayoría en lo que hoy llamaríamos tributos al consumo y a las transacciones. Se pagaban impuestos al ingresar la mercadería –el mentado almojarifazgo– y al transar con los bienes, tal el caso de la alcabala.
    Como un rasgo propio de nuestra historia tributaria debe destacarse la gran cantidad de exenciones otorgadas a los adelantados con el objeto de fomentar la conquista, y las disvaliosas consecuencias que, a la postre, produjo este trato exentivo.
    Con el fin de controlar el tráfico internacional se creó en 1503 en Sevilla la Casa de Contratación, donde se depositaban los productos procedentes de las Indias hasta su venta, asignándosele en 1510 funciones fiscales como el cobro de impuestos, el contralor de la mercadería embarcada, y la fiscalización del acervo hereditario de las personas radicadas en Indias.
    Esto configuró desde el inicio un burocrático sistema de recaudación y fiscalización tributarias, donde gran parte del total de lo recaudado se desvanecía como por ensalmo en manos de una urdimbre de funcionarios inescrupulosos, respecto del cual hombres preclaros –como el Padre Juan de Mariana S.J.– escribieron páginas que aún hoy mantienen actualidad .
    Los mencionados derechos que se imponían al tráfico internacional se veían reforzados en lo interno con los cobros de las aduanas de puertos secos de las provincias mediterráneas, por lo que el precio de las mercaderías se veía incrementado notablemente, y en especial por la prohibición que recayó sobre la comercialización de muchos productos, lo que obligaba a transportarlos desde lugares remotos.
    En su “Breve Reseña acerca del Régimen Tributario durante el Período Colonial”, Viviana Cecilia Di Pietromica dice que la alcabala constituye uno de los antecedentes más remotos del impuesto a las ventas, pues consistía en un gravamen aplicado a las operaciones de venta y permuta en todas sus etapas, destacando los caracteres propios del impuesto en cascada con el consiguiente efecto de piramidación, dado que era cobrado en cada etapa sobre el monto total de la transacción, quedando gravado el precio total que incluía el impuesto de todas las etapas anteriores.
    Se la impuso sobre todo lo que no estuviera expresamente exento (el pan, los libros, las armas y los caballos); existiendo por otra parte tasas adicionales para determinados productos o en virtud de quién hubiera sido el comerciante, como sucedía con la llamada alcabala del viento, que recaía sobre los vendedores forasteros. Rigió en América desde 1574 hasta 1811, en que fue suprimida.
    El aspecto regresivo de la alcabala se advertía ya por entonces, por el hecho de gravar igual al que nada tenía que a los sectores de mayores ingresos.
    Juan Bautista Rivarola Paoli, en su exhaustiva obra “La Real Hacienda. La Fiscalidad Colonial. Siglos XVI al XIX”, señala con precisión que la alcabala recaía sobre el precio de la cosa vendida o sobre el valor de las cosas trocadas.
    Los indios, en principio, estaban exentos respecto de los frutos y especies que fabricaban con sus manos, pero no cuando comerciaban con quienes no estaban exentos. O sea que se hacía una diferencia –si bien dentro del territorio colonial–, según quiénes hubieran intervenido en la transacción comercial, para determinar la existencia o no del hecho imponible.
    En nuestras tierras la alcabala fue objeto de licitación en reiteradas oportunidades. Se adjudicaba el derecho en subasta pública y al mejor postor, resultando que los adquirentes trataban de resarcirse rápidamente de lo invertido en la licitación a costa de los obligados al pago.
    Hacia la mitad del siglo XVIII –acota Rivarola Paoli– había decaído el interés en adquirir la concesión, dada la gran cantidad de exenciones existentes, entre las que se destacaban las de los clérigos, por los artículos que consumían.
    Una buena parte de los exentos, no satisfechos con verse favorecidos en sus consumos por no pagar tributos, compraban frutos en provincias distantes, para luego revenderlos a un menor precio que los de plaza, compitiendo deslealmente con los comerciantes que pagaban sus impuestos como correspondía.
    A esta enmarañada descripción de tributos, propia de la América colonial española, deben agregarse un sinnúmero de gabelas de las más variadas especies, que se imponían en cada momento histórico según las necesidades de la Corona o de las autoridades locales, por lo general en forma anárquica y dispuesta casi siempre por el método de acierto y error.
    Junto al famoso diezmo que debía tributarse al clero –percepción que fue delegada por el papado en la Corona española con la condición de difundir la doctrina cristiana y sostener a la Iglesia en Indias–, estaban los impuestos mineros, que por momentos llegaron al 50% de la producción, junto a ciertas imposiciones sobre los denominados estancos, que alcanzaban con fines exclusivamente fiscales a la pólvora, el azogue, la sal, la pimienta, la venta de papel sellado, la riña de gallos, y los juegos de naipes, destacándose por su importancia recaudatoria la del tabaco, que contó con sucesivas reglamentaciones especiales.
    Existían además las anatas, que eran los frutos derivados de un beneficio o empleo durante el primer año; o bien la media anata, que consistía en abonar la mitad de los emolumentos recibidos durante aquel período de inicio.
    Contribuían también a engrosar el erario real las penas de cámara, que consistían en el cincuenta por ciento de las sanciones pecuniarias impuestas en juicios; y las lanzas, que se imponían a los nobles en lugar de la antigua obligación de sostener treinta lanceros para el servicio de su majestad, debiendo destinarse en parte a la defensa de las costas.
    Se sumaban a este cuadro los derechos de pulpería y composición de pulpería, con lo que se gravaba la mera existencia del local, y la consecuente habilitación del mismo para la venta de determinados artículos, tales como bebidas alcohólicas, carnes, etc.
    Dentro de los gravámenes que percutían sobre el sector eclesiástico se destacaba la mesada eclesiástica, que se exigía a quienes desempeñaban cargos y oficios religiosos, los que debían tributar la duodécima parte de sus ingresos anuales.




    EL CONTRABANDO COMO PRÁCTICA CULTURAL TRIBUTARIA


    Generalmente los barcos venidos de España con licencia del rey traían a las colonias americanas autoridades civiles, religiosos, militares y la mercadería indispensable para el mantenimiento de las poblaciones.
    La mercadería debía ser detallada en los denominados registros, que consistían en listas que especificaban lo transportado, quiénes eran sus propietarios y una estimación del valor en tránsito. Los productos eran despachados desde la metrópoli en contenedores cerrados. Esta documentación respaldaba el comercio legal y permitía el pago de las obligaciones fiscales, en particular del almojarifazgo.
    Se intentaba concentrar en los puertos cabeceras de los virreinatos el ingreso y egreso de productos con una finalidad no solamente recaudatoria, sino también de protección de todas las manufacturas originarias de España, pretendiendo evitar –con el control y el puerto único– el ingreso de productos provenientes de otros países, que afectaran las primitivas factorías de la metrópoli.
    Pero como a toda prohibición suele seguir una violación más o menos acentuada de ella, el contrabando fue la muestra más cabal de la imposibilidad del debido control colonial sobre estas tierras.
    Era definido como la contravención de alguna cosa que está prohibida por bando –y de allí su nombre, contra-bando–. Así, la mercadería de contrabando era aquella que, estando prohibida su introducción por provenir de países enemigos con los que el comercio estaba cerrado, era igualmente ingresada en estos reinos.
    El precio encarecido de los productos provenientes de Lima, hacía que por el Río de la Plata se introdujera y se despachara gran cantidad de mercaderías, pese a la prohibición existente. Buenos Aires, entonces, se convirtió en el eje desde el cual entraban productos procedentes de países con una industria más avanzada que la española, como la inglesa, siendo altamente ilustrativo lo señalado respecto del contrabando por José María Rosa en su obra “Porteños Ricos y Trinitarios Pobres”, de aparición póstuma.
    Por un lado, era común el arribo de barcos extranjeros que, amparados por los accidentes geográficos costeros y las numerosas islas existentes frente a la actual República Oriental del Uruguay, permanecían en el río hasta vender sus productos a los comerciantes locales o a naves españolas, utilizando para el traslado de los bienes embarcaciones menores.
    En otras oportunidades, un barco no autorizado declaraba tener una avería; permitida su permanencia a los fines de la reparación, vendía una parte de sus productos de contrabando, y si era denunciado, la mercadería era decomisada y vendida en subasta, adquiriéndola los comerciantes vinculados a los contrabandistas. Eran las llamadas arribadas fraudulentas.
    Otras veces la mercancía –en muchos casos esclavos, cuya importación estuvo por lo general prohibida en las colonias castellanas durante el siglo XVII– era registrada en los libros oficiales, pero al no estar autorizado su ingreso se decomisaba, procediéndose al remate en almoneda, adjudicándosela a los que eran sus verdaderos dueños, valiéndose para ello de testaferros .




    LAS REFORMAS CARLISTAS Y LAS PRIMERAS REBELIONES FISCALES


    Para paliar esta situación y asegurar la intangibilidad de los reales créditos fiscales, Carlos III encara una serie de reformas de corte mercantilista que cobran cuerpo sustancialmente después de que éste ordenara en 1767 el extrañamiento de los jesuitas, como dio en llamarse a la expulsión lisa y llana de la Compañía de Jesús de su obra misionera en todos los confines del imperio español.
    En 1778 se dictó el Reglamento de Libre Cambio, o de Comercio Libre, el cual, como bien apunta Margarita González en una prolija reseña de las rentas de la Corona de Castilla en Nueva Granada, contrariamente a lo que podríamos pensar, éste no significaba la apertura ilimitada del comercio y menos la introducción de la libertad comercial que el país conoció luego a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
    De libre comercio aquello tenía sólo el nombre; junto a las reformas que se declamaban como liberales, y que se escamoteaban por absolutistas, se impuso la obligación para los comerciantes de exhibir ante las autoridades sus registros de ingresos y ganancias para convertirlos en la base de una nueva exacción fiscal proveniente del patrimonio individual.
    José Manuel Restrepo en su monumental obra “Historia de la Revolución de la República de Colombia”, escrita en 1827, refiere algunas insurgencias aisladas que en el virreinato de Nueva Granada precedieron y sobrevinieron al dictado de las reformas recién aludidas.
    Así, menciona el levantamiento de los indios de las provincias de Quito que hicieron de tiempo en tiempo algunos movimientos revoltosos, asesinando a los colectores de tributos, de diezmos, o de otras contribuciones; destacándose la revolución de la plebe que sobrevino en 1765, y los acontecimientos que acaecieron luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, como reacción a tal medida.
    La vinculación de esta expulsión con la política fiscal del aparato colonial español fue motivo de una comunicación titulada “La expulsión de los jesuitas y la política fiscal en la América Hispana”, presentada en las XII Jornadas Internacionales sobre las Misiones Jesuíticas, que se realizaron en Buenos Aires en septiembre de 2008.
    Los movimientos insurgentes proliferaron en estas tierras americanas como consecuencia de las políticas implementadas por la Casa de Borbón desde la metrópoli, repercutiendo con mayor o menor intensidad a lo largo y a lo ancho de todos los territorios ocupados por el colonizador, mereciendo destacarse –por lo difundido e investigado– lo acaecido en el Perú con la rebelión de Tupac Amaru, aplacada con la ejecución del caudillo reformista el 18 de mayo de 1781.




    UN HECHO EMBLEMÁTICO: LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS


    Este estado de cosas iba a desembocar –en ese año de 1781– en un hecho emblemático de la historia de la afirmación de la dignidad fiscal en tierras hispanoamericanas, como lo fue –sin lugar a dudas– la llamada Revolución de los Comuneros.
    Fue aquí, en tierras de la Nueva Granada, donde se asistió a una singular protesta de todos los estamentos de la sociedad, con un único objetivo aglutinante: oponerse a las reformas fiscales encaradas por Carlos III.
    Manuel Lucena Salmoral, en una obra fundamental sobre este tema –su estudio preliminar de “El Memorial de Don Salvador Plata”–, describe con precisión los alcances de aquel movimiento integrado por muy diversos grupos con el objetivo de derribar un sistema oneroso de impuestos.
    Uno de estos grupos –acota– era el de los terratenientes, en el que militaba Don Salvador Plata … otro era el de los mestizos … otro era el de los indios … Estos grupos caminaron unidos circunstancialmente hasta Zipaquirá, donde se creyó logrado el propósito de tirar por alto el sistema fiscal vigente, y se dio por concluido el matrimonio por conveniencia, disolviéndose el movimiento a continuación. Si los mestizos hubieran dado un paso adelante pidiendo ¡Igualdad!, los adinerados criollos hubieran gritado ¡Libertad!, y los indios hubieran reclamado ¡Tierra! … otros hubieran sido los tiempos de la revolución en Hispanoamérica.
    Esta protesta que podríamos llamar multisectorial, tuvo a mal traer a los personeros del régimen. El citado memorial refiere que los enfrentamientos armados que provocaron las reformas carlistas recogieron el apoyo para los rebeldes de algunos de los propios funcionarios fiscales y hasta de los militares que el virrey mandó para sofocar la sublevación.
    Así, dice el texto citado que don José Martín París, militar español al servicio del rey, quien sería luego Contador Principal del Real Ramo de Tabaco en Santafé de Bogotá y patriota de la independencia colombiana, fue uno de los que, al menos con su inacción a la hora de reprimir, fomentaron la expansión de la sedición.
    El grito general –dice Restrepo– se dirigía a que se quitaran los pechos y las nuevas contribuciones con que los pueblos eran vejados y empobrecidos; mas al hacer su revolución, en cada uno de los lugares, protestaban que de ningún modo querían romper los vínculos a la nación española, ni el vasallaje que habían jurado al rey católico. No hubo, pues, espíritu alguno ni ideas de independencia.




    LA GESTACIÓN DE LA INDEPENDENCIA Y LA CUESTIÓN TRIBUTARIA


    Mientras esto pasaba en 1781 en Nueva Granada, un cuarto de siglo después de aplacada la asonada –en junio de 1806– la bandera inglesa flameó sobre el fuerte de Buenos Aires, y con ella llegaron las medidas de libre comercio que, en interés de Su Majestad británica y en nombre de ella, impuso William Carr Beresford, quien mantuvo los impuestos vigentes en lo interno, por el bien general de la ciudad, para culminar liberando casi por completo el comercio del puerto de Buenos Aires, objetivo fundamental de la política inglesa en estas tierras.
    Paradojalmente, algunos de los patriotas que expulsaron al invasor inglés, en ese hecho fundacional de la historia argentina que fue la Reconquista de Buenos Aires, acaecida el 12 de agosto de 1806, albergaban la esperanza de ver concretadas estas libertades, que en gran medida constituyen el fundamento económico del Ideario de Mayo; y diría también –si se me permite– del Julio colombiano de 1810.
    Si bien leemos en el acta de la Independencia de Colombia que se había resuelto no abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado monarca Don Fernando VII, se le agregaba a renglón seguido una condición de imposible cumplimiento –como bien apunta Sergio Elías Ortiz en “Génesis de la Revolución del 20 de Julio de 1810”– cual era que el lejano rey venga a reinar entre nosotros.
    Era necesario para los hombres de la Revolución –dice Ortiz– hacer figurar en alguna forma al “amado Fernando” en sus declaraciones públicas, como un trampantojo para calmar los recelos de los funcionarios peninsulares y atemperar la opinión de las masas para luego hacerlas entrar por otras concepciones estatales.
    Pero en la intimidad, tanto en Nueva Granada como en Buenos Aires los patriotas querían la independencia absoluta de la metrópoli. Así, en la obra “La Independencia de Colombia” de Gómez Hoyos y González, leemos la carta que Camilo Torres le envió a su tío el oidor de Quito, don Ignacio Tenorio, el 29 de mayo de 1810: ... Pero si Fernando VII no existe para nosotros, si su monarquía se ha disuelto; si se han roto los lazos que nos unían con la metrópoli ¿por qué quiere usted que nuestras deliberaciones, nuestras juntas, nuestros congresos y el sabio gobierno que elijamos se hagan a nombre de un duende o un fantasma?
    La razón estaba en la gravedad de los cambios y en la necesidad de entrar poco a poco con las nuevas ideas. En ellas la regulación de las cargas impositivas seguía siendo un elemento aglutinador de las voluntades libres.
    Así, en el acta capitular del Cabildo Abierto de Buenos Aires del 25 de mayo de 1810 puede leerse en su punto noveno Que la Junta no podrá imponer contribuciones y gravámenes al pueblo o sus vecinos, sin previa consulta y conformidad del Excmo. Cabildo; mientras que en el acta de Bogotá del 20 de julio del mismo año se dice que la Junta iba a tener el Gobierno Supremo de este Reino, interinamente, mientras la misma Junta forma la Constitución que afiance la felicidad pública.
    Aquello que se gestó como protesta fiscal en 1781 en Nueva Granada en medio de las sectoriales quejas que brotaban por doquier, fue –como dijimos al comienzo de esta ponencia– el germen de los movimientos independentistas que, junto a la libertad de comercio y a la independencia política, reclamaban por ese derecho fundamental que radica en que el gestor de la cosa pública, sea monarquía o república, no pretenda apropiarse de una cuota de esfuerzo personal del ciudadano o súbdito, mayor que lo que el bien común requiere, ya que no otra cosa es el impuesto injusto, reclamando para sí, como signo inequívoco del final del vasallaje, la asunción de la soberanía tributaria.
    Como colofón quiero destacar que aquel militar español que actuó como tal ante la rebelión fiscal de 1781, don José Martín París, devenido en 1810 como Administrador de Tabacos, formó parte de esa pléyade de patriotas que asumiría el primer gobierno patrio granadino, integrando la comisión de Hacienda de la Junta; pagando un lustro más tarde con su libertad y su patrimonio la afrenta infligida al régimen colonial, en ocasión de la intentona contrarrevolucionaria que entró a sangre y fuego en las antiguas posesiones y que sólo cedería años más tarde con el triunfo definitivo del Ejército Libertador, en cuyas filas actuaron cinco de los hijos del revolucionario recaudador.
    Debe también señalarse en este final que algunos hombres de Mayo y de Julio, imbuidos por un ideario de libertades abstractas, embistieron contra el vetusto y absolutista andamiaje tributario pergeñado por la Corona castellana, al fragor de declaraciones de derechos que a veces olvidaron las realidades a las que iban dirigidas.
    Pasaron por alto aquel axioma que dice que los derechos fundamentales no lo son por estar consagrados en cartas, constituciones o tratados, sino que figuran mencionados en éstos justamente porque son derechos inherentes a la propia naturaleza humana, imprescriptibles e inalienables, sin necesidad de que sean declarados para que existan.
    Para terminar, y a propósito de esto, evoco ahora al padre de la Constitución Argentina, el Doctor Juan Bautista Alberdi. Su obra “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina” constituye un elemento de análisis de primer orden para nuestra materia.
    Enumera allí la larga lista de impuestos que regían en la colonia, acotando que todo ese aparato de contribuciones rendía un producto miserable al tesoro español en las provincias argentinas, que, como las de Chile, costaban más a la metrópoli que su rendimiento; precisando a renglón seguido que sólo la libertad fecunda y enriquece las arcas del fisco.
    Describe Alberdi con preocupación lo errático de nuestro sistema rentístico como consecuencia de las medidas iniciales del primer gobierno patrio, donde se suprimieron, como contrarios al sistema republicano, la alcabala, los diezmos, la mita, los estancos –entre otros–, reemplazándolos por una larga lista que enumera, y que lo lleva a cuestionarse si en la política económica de entonces, al menos en la de las Provincias Unidas del Río de la Plata, prevalecieron la cordura y el anhelo sincero de servir a la causa de la libertad.
    Por eso para la Constitución Argentina postuló expresamente sólo las contribuciones de aduanas y de correos, refiriéndose luego en forma indeterminada a las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso.
    Recomienda Alberdi prudencia en lo que hace a la supresión o creación de tributos, ya que después de los cambios en la religión y en el idioma tradicional del pueblo, ninguno es más delicado que el cambio en el sistema de contribuciones.




    CONCLUSIONES


    Analizados así los hechos, ya en las puertas de nuestros Bicentenarios patrios, cabe recapacitar sobre el camino recorrido en este tiempo para consolidar aquello que fue tan solo un inicio, un punto de partida en el camino de la libertad.
    Cabrá plantearse acerca del destino que nuestros gobiernos -patrios desde hace doscientos años- supieron darle a la recaudación fiscal, la que se nutre del esfuerzo de todos y de cada uno de los habitantes de nuestras naciones organizadas hoy bajo la forma de Estados de Derecho.
    Para que los efectos de la ruptura de aquel vasallaje que nos unía a la corona española se materialice cada día en las realidades concretas deben aprovecharse las lecciones que nos da el pasado, sin acudir a recetas mágicas que pudieron haber sido ensayadas en otras coyunturas históricas y no en el mundo globalizado en que nos toca vivir.
    Esto será tarea de todos, y le cabe al historiador del campo tributario sopesar las experiencias de antaño con las realidades siempre contingentes de hoy, a fin de que quien proyecte los planes a largo plazo, no caiga en la tentación de contentarse con meras expresiones de deseos. Algo así como aventar el riesgo de ilusionarse en la cima.




    Buenos Aires, noviembre de 2009




    BIBLIOGRAFÍA




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    • Gómez Hoyos, Rafael. La Revolución Granadina de 1810. Ideario de una Generación y de una Época. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Editorial Kelly. Bogotá, 1982.
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    • Leonetti, Juan Eduardo. “La expulsión de los jesuitas y la política fiscal en la América Hispana”. Artículo publicado en el Diario de Doctrina y Jurisprudencia “El Derecho” –de la Universidad Católica Argentina– del día 26-11-2008 (Suplemento Tributario).
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    • Moutoukias, Zacarías. Contrabando y Control Colonial en el Siglo XVII. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1988.
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    • Rivarola Paoli, Juan Bautista. La Real Hacienda. La Fiscalidad Colonial. Siglos XVI al XIX. Asunción, 2005.
    • Rosa, José María. Porteños ricos y Trinitarios pobres. Maizal Ediciones. Buenos Aires, 2006.




    Juan Bautista Alberdi.




    • Trusso, Francisco Eduardo, El Derecho de la Revolución en la Emancipación Americana. Emecé Editores. Buenos Aires, 1961.


    Publicado por Blog de Historia Argentina e Hispanoamericana en jueves, septiembre 02, 2010
    Etiquetas: El componente tributario en los movimientos independentistas de comienzos del siglo XIX, Juan Eduardo Leonetti

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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://solazapallero.blogspot.com/2010/05/la-revolucion-de-mayo-en-la.html

    LA REVOLUCIÓN DE MAYO EN LA HISTORIOGRAFÍA ARGENTINA DESDE MEDIADOS DEL SIGLO XIX. DISTINTAS VISIONES


    Bartolomé Mitre.


    Tulio Halperín Donghi.








    Julio V. González.






    Por Sandro Olaza Pallero






    1. Introducción


    Próximo a celebrarse el Bicentenario de la Revolución de Mayo, es tiempo oportuno para la reflexión de este suceso observar las distintas visiones de los historiadores que la han estudiado. Sobre la Revolución de Mayo se han publicado infinidad de trabajos que han tratado los aspectos más variados. Sería imposible abarcar en una monografía de esta extensión las aportaciones de todos los historiadores que se han dedicado al tema.
    El presente trabajo trata de ser una contribución en los estudios historiográficos sobre Mayo desde mediados del siglo XIX al Sesquicentenario y se han seleccionado las miradas dispares de Bartolomé Mitre, Julio V. González, Tulio Halperín Donghi y la revista Historia dirigida por Raúl Alejandro Molina.
    Se parte del análisis de un historiador clásico como Mitre y se llega cien años después a otros horizontes interpretativos, lo que indica una evolución en la historiografía de este importante acontecimiento. Esto nos dará también un parámetro en la diversidad y pluralidad para la comprensión de los procesos históricos argentinos.




    2. Bartolomé Mitre y su Historia de Belgrano


    Después de la independencia, comienza a adquirir identidad propia la historiografía argentina en una época de grandes conflictos sociales y económicos. Hay una vinculación estrecha entre la política del momento y el interés por la problemática histórica. La historia es un arma política y esto se aprecia con claridad en la obra de Bartolomé Mitre.
    Mitre en el prefacio de la segunda edición de su Historia de Belgrano (1859) afirmaba que la revolución del 25 de mayo de 1810, el hecho más importante de la historia argentina, “no ha sido narrado hasta el presente, a excepción de la media página que le ha consagrado la pluma artificial del deán Funes, y de una “Crónica” en forma dramática, escrita por el doctor Juan B. Alberdi”.
    La historia es un instrumento para interpretar el pasado, pero que sirve para construir el futuro según las necesidades de la clase dirigente. Por lo general, surgen en Buenos Aires y responden mayoritariamente a los intereses que dirigen el proceso de “Construcción nacional” y Mitre es el arquetipo. El problema de la construcción nacional está en la base del pensamiento de Mitre. El político e historiador ha sido quien reunificó a la nación bajo la hegemonía porteña.
    Hacia 1860, los textos escolares tomaron como fuente estas dos obras de nuestra historia general: el Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán, del deán Gregorio Funes (1817 y reeditada en 1856) cuyo contenido llegaba hasta la apertura del Congreso Nacional el 25 de marzo de 1816; y la segunda edición en dos tomos de la Historia de Belgrano (1858 y 1859), de Mitre, que también abarcaba hasta la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816.
    Juan Bautista Alberdi comentó la edición de 1859 y a raíz de ello escribió su libro Grandes y pequeños hombres del Plata, donde polemizó con Mitre. No se sabe, aún en la actualidad, si Alberdi escribió esta obra para disminuir a Mitre o mostrar aspectos de las ideas políticas de Belgrano, que en esos tiempos no se profundizaban mucho. El tucumano encontraba otro motivo de crítica en la afirmación de Mitre de que un aspecto de la llamada revolución había sido la independencia y otra la lucha interna. “Esto es –afirmaba Alberdi- explicar la revolución argentina con las explicaciones que se han dado de las revoluciones de Francia y de Inglaterra”.
    En la Historia de Belgrano, Mitre dedicaba cuatro capítulos a la Revolución de Mayo: “Síntomas revolucionarios 1809-1810” (Cap. VIII); “La revolución. – El cabildo abierto 1810” (Cap. IX); “La revolución – el 25 de Mayo 1810” (Cap. X) y “Propaganda revolucionaria 1810” (Cap. XI).
    Domingo F. Sarmiento advirtió en el “Corolario” de la primera edición (1858) que el general Mitre, literato, bibliófilo, militar, publicista y hombre de Estado, “ha revelado el hecho de que podemos, merced a la riqueza de nuestros archivos públicos, poner de pie la historia auténtica y documentada de los acontecimientos, palpitante de verdad y de vida”. Ahí estaban “desde los escogidos que dirigieron con tan asombrosa prudencia la Revolución de Mayo de 1810, y la parte inteligente de las ciudades argentinas, difundiéndolos por las armas en las otras secciones americanas, hasta hacerlos descender a las masas populares”.
    Mitre en el primer capítulo decía que este libro era la vida de un hombre y la historia de una época: “Su argumento es el desarrollo gradual de la idea de la “Independencia del Pueblo Argentino”, desde sus orígenes a fines del siglo XVIII y durante su revolución, hasta la descomposición del régimen colonial en 1820, en que se inaugura una democracia genial”.
    Señala Tulio Halperín Donghi que Mitre no mencionaba sus influencias donde había madurado su visión histórica, sí en cambio en la reconstrucción de los hechos del pasado gustaba de invocar a las autoridades en que se apoyaba, pero prescindiendo de nombrarlas. Pero Mitre había descubierto a Georg Gottfried Gervinus, con quien compartía una versión esperanzada acerca del porvenir de la América del Sur: la integración de las revoluciones hispanoamericanas en la corriente más amplia de las que transformaron el mundo atlántico.
    Mitre y Gervinus estaban unidos y separados por una fe liberal, que en cada uno de ellos se refractaba en el prisma de experiencias históricas tan distintas como pueden serlo la de esa nacionalidad naciente que era la Argentina y la de que, abrumada por la compleja herencia de la milenaria historia del Sacro Imperio Romano Germánico, hallaba difícil encuadrarse en el reciente unificado Estado alemán. Con Mitre la historiografía argentina dejaba atrás una rústica prehistoria gracias a la adopción de un rigor metodológico que por primera vez dignificaba a la ciencia histórica. “Es esa convicción la que invita a reconocer e Mitre al “representante” de una bourgeosie conquérante que creía, por su parte, tener una apuesta permanentemente ganadora con el destino”.
    Mitre tomó de la Historia del siglo XIX de Gervinus, temas que trató en su Historia de Belgrano, especialmente los tomos VI y IX. No se sabe cuando Mitre adquirió la obra de Gervinus, publicada entre 1865 y 1866, pero todo sugiere que su lectura se produjo en el momento que concluía su Historia de Belgrano. Esta última era la de la maduración histórica de la sociedad argentina, que en el crisol de revolución y guerra adquiere la conciencia de sí que hace de ella la sede de una nacionalidad.
    Para Enrique de Gandía, Mitre fue un revisionista de los estudios de historia argentina, y un exponente de ideas y hechos que escandalizaron a un tradicionalista como Vicente Fidel López. La creencia de que los criollos habían preparado la revolución por odio a los españoles, era fuerte e indestructible. Sin embargo, Mitre fue el primero en darse cuenta que el problema no era totalmente racial, sino principalmente político.
    La independencia en América había surgido del establecimiento de Juntas populares de gobierno, al igual que las creadas en la madre patria ante el avance de Napoleón. López se indignó con esta teoría, a pesar de que la primera junta rioplatense, la de Montevideo, fue presidida por el español Francisco Javier de Elío. Las diferencias entre la junta de Montevideo y la porteña de 1810 eran evidentes, la primera tenía por fin levantarse contra Liniers, por ser francés. En cambio, la segunda tuvo otros propósitos, empezando por el convocar a un congreso con representantes de todas las ciudades del virreinato. El duelo entre López y Mitre, en lo que se refiere a la génesis de Mayo, se concentró en la importancia que cada uno daba a un hecho distinto.
    Rómulo D. Carbia clasifica a Mitre dentro del grupo de los historiadores positivistas, donde también está incluido Paul Groussac. Destaca que la Historia de Belgrano tuvo una especie de continua ascensión que se puede apreciar en la edición definitiva de 1887. Pues, “antes que nadie, entre nosotros, comienza a elaborar su erudición en silencio, con tesón, benedictinamente, y cuando se lanza a la empresa del libro no se considera, como tantos, llegado al culmen. Por eso es un corrector y un perfeccionador de sí mismo”.
    Utiliza un vasto conocimiento bibliográfico junto a una crítica de las fuentes, pues sus predecesores habían aceptado habitualmente como dogmas verdaderos todo el contenido de los viejos cronistas e incorporado a sus trabajos las informaciones de ellos. Mitre en cambio, sometió a verificación sus aserciones, “llegando al convencimiento de que incurriría siempre en los más groseros errores quien tomase por guía a los cronistas y no fuera a investigar la verdad en los documentos originales que se hallan inéditos casi en su totalidad”.




    3. Julio V. González y la filiación histórica de Mayo


    Si tuviéramos que señalar los temas que más interés han suscitado en la historiografía de la Revolución de Mayo, sin duda su filiación histórica sería uno de ellos, La Revolución como piedra fundacional de la emancipación ha sido estudiada desde múltiples perspectivas y metodologías.
    La obra del doctor Julio V. González, Filiación histórica del gobierno representativo argentino (1937), centra su interés en los antecedentes de Mayo. Este autor, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, docente en la Universidad Nacional de La Plata, creada por su padre el multifacético Joaquín V. González, destacaba que esta obra era una limitada contribución al pasado argentino y que la importancia de los trabajos en el último cuarto de siglo, “hace innecesario destacar hasta que punto marcha a la zaga de la labor cumplida por el brillante elenco de investigadores, que vienen haciendo de la historia argentina una verdadera disciplina científica”.
    González había sido uno de los ideólogos de la Reforma Universitaria de 1918 donde señaló que “acusa el aparecer de una nueva generación que llega desvinculada de la anterior, que trae sensibilidad distinta e ideales propios y una misión diversa por cumplir”. Distinguía tres ciclos que se sucedieron en la evolución argentina y daba así un fundamento que definía como “sociológico” a la teoría de las generaciones.
    Durante el siglo XIX, González destaca un ciclo “gestativo” entre 1810 y 1853, y un ciclo “organizativo” u “orgánico”, que se desarrolla desde la promulgación de la Constitución a los años veinte. Un tercer ciclo reconstructivo comienza entonces, que aparece por el choque entre una nueva conciencia colectiva y las instituciones establecidas, aquí se inscribe la obra de la “Nueva generación”. Se debía reanudar la marcha, pues la generación del Ochenta había cortado el hilo conductor de la historia, lo que significaba un nuevo hito.
    Se trataba de hacer un “movimiento emancipador de la inteligencia americana”. Como afirmaba en la revista Sagitario, fundada en La Plata junto a su amigo Carlos Sánchez Viamonte en 1926. Tras un breve paso por la Juventud del Partido demócrata Progresista, en 1932 ingresa al Partido Socialista en el momento que también lo hace un grupo estudiantil y Alejandro Korn.
    En la búsqueda de los orígenes de la Revolución se había llegado hasta las más remotas fuentes –incluso las más dudosas, señalaba González-, pero era necesario “producir un hiato histórico que sólo podía salvarse con el conocimiento de los antecedentes inmediatos del sistema de gobierno implantado por la Revolución”.
    El punto de partida sería la Revolución en España, producida con motivo de la invasión francesa a la Península. “Estimo que la vinculación de causa a efecto que liga al movimiento argentino con el español, fue algo más estrecha y decisiva de lo que hasta hoy se ha reconocido”. Para la historia general uno sería la causa del otro, pero para la historia constitucional reviste las características de una causa determinante y este estudio lo demostraría.
    González señala que al poco tiempo de iniciarse en el estudio de la materia, tropezó con una incógnita que no le respondían los tratados consultados: “¡Cuál es el origen próximo, el antecedente inmediato de la forma de gobierno adoptada por la Revolución de Mayo para la nación cuyas bases echaba el movimiento emancipador?”.
    Era innegable que se postulaba una democracia participativa, con sus principios tomados de la Revolución Francesa, pero ¿cuál era la auténtica filiación histórica de las instituciones adoptadas para poner en práctica y hacer efectivos los fundamentos teóricos de la sociedad política a organizar? González remarcaba que el 25 de mayo de 1810 se había convocado a los pueblos del interior para que enviaran sus diputados elegidos por sus respectivos cabildos abiertos.
    Remarca que no se tenían antecedentes de estas asambleas vecinales, que habían existido entre 1806 y 1810, pero sin el carácter de electorales que revistieron después de Mayo. Se preguntaba: “¿De dónde provenían, siendo que nunca se había practicado en el Plata la democracia representativa, ni se eligieron jamás en tres siglos diputados a congreso alguno?”.
    La clave estaba en la circular a las provincias, donde se dictaban normas electorales sobre la elegibilidad de los diputados. Esto estaba concatenado con la real orden del 6 de octubre de 1809, documento que buscó González en actuaciones de la Real Audiencia de Buenos Aires y luego en documentos conservados en el Archivo General de la Nación. La revelación que le trajo aquella real orden y la documentación que le estaba relacionada, “resultaron tan importantes que, al término de la investigación, me encontré con el primer tomo de esta obra”, afirma el autor.
    Los frutos de esta labor irían mucho más allá del descubrimiento del origen de la regla electoral del 18 de julio, porque relevaría la existencia de un hecho nuevo para la historia constitucional argentina. El punto en cuestión era que la Revolución de España había provocado en el Río de la Plata un período de iniciación democrática anterior a la Revolución de Mayo, con motivo de la elección de un diputado vocal a la Junta Central de Sevilla.
    Filiación histórica del gobierno representativo argentino contiene lo siguiente: El libro I trata: “La Revolución de España” (Cap. I); “El estatuto representativo de la Península” (Cap. II); “El estatuto representativo de América” (Cap. III); “Naturaleza institucional de la representación de los diputados americanos a la Junta Central de España e Indias” (Cap. IV); “La iniciación democrática de los pueblos del Plata. – Elección del diputado-vocal a la Junta Central de España e Indias” (Cap. V); y “La gestión oficial” (Cap. VI). El libro II incluye: Parte primera: “El nacimiento de la soberanía popular” (Cap. I); “Genealogía del congreso general” (Cap. II); y “Formación de la norma representativa” (Cap. III). Parte segunda: “La elección del diputado por Santa Fe” (Cap. I); “La elección del diputado por Corrientes” (Cap. II); “La elección del diputado por Salta” (Cap. III); “La elección del diputado por Jujuy” (Cap. IV); “La elección del diputado por Tucumán” (Cap. V); “La elección del diputado por Tarija” (Cap. VI); “La elección del diputado por Santiago del Estero” (Cap. VII); “La elección del diputado por Catamarca” (Cap. VIII); “La elección del diputado por Córdoba” (Cap. IX); “La elección del diputado por Mendoza” (Cap. X); “La elección del diputado por San Juan” (Cap. XI); “La elección del diputado por San Luis” (Cap. XII); “La elección del diputado por La Rioja” (cap. XIII); “La elección del diputado por Buenos Aires” (Cap. XIV); “Las elecciones del Alto Perú” (Cap. XV). Parte tercera: “La libertad de prensa” (Cap. I); “Las leyes constitucionales de la Asamblea del Año XIII” (Cap. II); “Las declaraciones fundamentales de la Asamblea del Año XIII” (Cap. III).
    La obra está ampliamente documentada e incluye facsímiles manuscritos e impresos provenientes del Archivo General de la Nación y del archivo particular del doctor Carlos Sánchez Viamonte, notable jurista y docente universitario descendiente del general Juan José Viamonte. Entre las fuentes bibliográficas utilizadas por González se encuentran: AGUSTÍN DE ARGÜELLES, Examen histórico de la reforma constitucional que hicieron las Cortes generales y extraordinarias desde que se instalaron en la isla de León el día 24 de septiembre de 1810, Londres, 1835; A. FLORES ESTRADA, Examen imparcial de las disensiones de la América con España, de los medios de su reconciliación, y de la prosperidad de todas las naciones, Cádiz, 1812; ANDRÉ FUGIER, La Junte Supérieure de Asturies et l’invasion Franchise. 1810-1811, París, 1930; y ENRIQUE DEL VALLE IBERLUCEA, Los diputados de Buenos Aires en las Cortes de Cádiz, Buenos Aires, 1912.




    4. El Sesquicentenario y la revista Historia


    Desde su inicio en agosto de 1955, la revista Historia se constituyó en una publicación trimestral científica sobre la historia argentina e hispanoamericana. “Para ello –decía la editorial- proyectaría el haz luminoso de las investigaciones científicas realizadas con método y ecuanimidad a todas las épocas, ya con directa referencia a la que comprende la gran revolución americana de 1810, como también las del descubrimiento, la conquista cristiana, y luego, la de la Pacificación, como la llamó Felipe II”.
    La revista fue dirigida por Raúl Alejandro Molina y entre otros colaboradores se encontraban Armando Braun Menéndez, Miguel Ángel Cárcano, Hugo Fernández Burzaco, Roberto Etchepareborda, Ernesto J. Fitte, Guillermo Furlong, Guillermo Gallardo, Enrique de Gandía, César A. García Belsunce, Carlos María Gelly y Obes, Leonor Gorostiaga Saldías, Pedro Grenon, Ricardo Levene, Roberto Levillier, Roberto H. Marfany, José María Mariluz Urquijo, Pedro Santos Martínez, Eduardo Martiré, Andrés Millé, Cristina Minutolo, José Luis Molinari, José Luis Muñoz Azpiri, Margarita Hualde de Pérez Guilhou, Carlos Alberto Pueyrredón, Daisy Rípodas Ardanaz, Augusto G. Rodríguez, Ricardo Rodríguez Molas, José María Rosa, Isidoro Ruiz Moreno, Héctor Sáenz Quesada, Héctor José Tanzi, Mario D. Tesler, José Torre Revello, Enrique Williams Álzaga y Ricardo Zorraquín Becú, éste último subdirector.
    El primer número salió poco después de la Revolución Libertadora y comprendía el trimestre agosto-octubre de 1955. Precisamente el número siguiente destacaba los hechos recientes y las causas de la caída de Juan Domingo Perón, al haber “negación de las ciencias, de las artes y de toda labor intelectual…incendio de bibliotecas, incendio de archivos históricos”. El domicilio de la publicación era el de su director, ubicado en Lavalle 1226, segundo piso, en la ciudad de de Buenos Aires.
    Manifestaba la editorial el déficit cultural como uno de los males que aquejaban al país. “Fomentar la verdadera cultura nacional; apoyar las instituciones que la sirven, sean ellas universitarias, institutos de investigación, academias, bibliotecas, museos, centros intelectuales, y, en lo posible, propiciar la creación de otras nuevas”.
    Molina en la nota de actualidad “El incendio y destrucción del Archivo Arzobispal de Buenos Aires”, se lamentaba de la pérdida de uno de los más importantes repositorios documentales de Argentina, donde se guardaba la historia de la familia porteña, “desde los remotos días de Juan de Garay, para tener aproximadamente una sensación superficial de su antigüedad, pues este archivo contenía una riqueza de valores excepcionales”.
    En total se publicaron 50 números hasta 1968, y en la última editorial se destacaban las colaboraciones sobre fundadores desconocidos, viajeros, educación y cultura, y la colección especial llamada Colección de Mayo.
    “Cincuenta tomos cierra esta colección, con el índice general y total de la misma, con que terminamos la primera serie de esta publicación. No sabemos cómo vamos a encarar el futuro, dado el elevado costo de las impresiones y el moderno gusto de los lectores”. Asimismo recordaba a los colaboradores fallecidos como Ricardo Levene y José Torre Revello “que nos acompañaron desde el comienzo, asimismo para el Dr. Carlos Alberto Pueyrredón, que nos alentó siempre con su entusiasmo”.
    Rául A. Molina fue abogado, funcionario, docente y miembro de varias instituciones argentinas y extranjeras: Academia Nacional de la Historia, Academia Argentina de Geografía, Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Real Academia de la Historia, Instituto “Gonzalo Fernández de Oviedo”, etc.
    En mayo de 1960, durante la presidencia del doctor Arturo Frondizi, se celebraba el Sesquicentenario de la Revolución de 1810. A nivel oficial se organizan festejos y publicaciones referentes a este acontecimiento, como por ejemplo, la Biblioteca de Mayo, colección de veinte volúmenes que recopila documentos, diarios, memorias y otras fuentes relacionadas a la emancipación y que edita el Senado de la Nación.
    La participación de Molina en el Sesquicentenario es activa. Se crea una Comisión Honoraria ordenada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos, de la cual fue nombrado asesor y se encargó de la edición entre 1961 y 1963 de la Diplomacia de la Revolución. Molina, director de la Revista de Ciencias Genealógicas del Instituto del mismo nombre, dedica un tomo a la Revolución con el título de Hombres de Mayo, que incluye doscientas sesenta y tres biografías de los asistentes al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. También fue secretario de la Comisión Organizadora del Tercer Congreso Internacional de Historia de América, en Homenaje al 150° aniversario de la Revolución de Mayo, realizado en octubre de 1960 con concurrentes de América, España y Francia, fue patrocinado por la Academia Nacional de la Historia.
    En la revista Historia n° 17 de Julio-Septiembre de 1959, el director anunciaba a los lectores que, con motivo de la celebración del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, se iban a editar cuatro números extraordinarios –en realidad fueron cinco- y que aparecerían en mayo, junio, septiembre y diciembre de 1960. Al mismo tiempo se otorgaba un premio en dinero, a los dos mejores trabajos publicados en esos números. Los temas serían: artículos, crónica, diplomacia, pensamiento, periodismo, comercio y cultura relacionados con la revolución emancipadora en América y, especialmente, la de Mayo.
    Se advertía que para la valoración del trabajo se tendría en cuenta: “a) La documentación inédita que se adjunte; b) La interpretación política, social o económica, que deberá ser original y auténtica; c) La honradez y erudición en la bibliografía”. La dirección se reservaba el derecho de exclusividad de la publicación, y el jurado lo constituiría la Academia Nacional de la Historia. La invitación se extendió a historiadores argentinos, americanos y europeos.
    El número 18 fue dedicado a Cornelio Saavedra y contenía 319 páginas. Entre los artículos sobresalían: “Cornelio Saavedra” (Ricardo Zorraquín Becú); “Iconografía y Genearquía de Saavedra” (Raúl Alejandro Molina); “Dignificación de Mayo y el encono de un comodoro inglés” (Ernesto Fitte); “El ostracismo de Saavedra” (Carlos María Gelly y Obes); “Instrucciones de don Cornelio de Saavedra a su apoderado en el juicio de residencia, del 3 de agosto de 1814” (Roberto Etchepareborda); “La primera biografía de Saavedra del doctor don Ramón Olabarrieta” (Hugo Fernández Burzaco) y “La caída de Rosas y la traición de Coe el relato de un testigo” (Guillermo Gallardo), extrañamente este último trabajo no tenía nada que ver con el tema central de la publicación.
    En la Crónica se señalaban los homenajes en el bicentenario del nacimiento de Saavedra, por decreto n° 10836 de septiembre de 1960, el Poder Ejecutivo Nacional había dispuesto la creación de la Comisión nacional de Homenaje al Brigadier General Cornelio de Saavedra. En los considerandos se calificaba la actuación del prócer de “decisiva en la faz inicial del proceso de nuestra emancipación”. Esta Comisión estaba presidida por Enrique Ruiz Guiñazú e integrada por Carlos Alberto Pueyrredón, Ángel M. Zuloaga, Humberto F. Burzio, Augusto G. Rodríguez y Carlos María Gelly y Obes.
    El número 19 fue consagrado al secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, y tenía 320 páginas. Los artículos más destacados eran: “”Moreno” (Miguel Ángel Cárcano); “Genearquía de la familia de Moreno” (Miguel Ángel Martínez Gálvez); “La “Memoria sobre la invasión de Buenos Aires por las armas inglesas” de Mariano Moreno” (Julio César González y Raúl Alejandro Molina); “Moreno y la Diplomacia de Mayo” (de los autores precedentemente mencionados); “Vísperas de Mayo” (Roberto H. Marfany). Este último artículo fue publicado el mismo año como libro por su autor.
    El número 20 fue destinado a honrar a Manuel Belgrano e incluía 334 páginas. Los trabajos más sobresalientes fueron: “Belgrano” (Guillermo Furlong); “Iconografía de Belgrano, anotada por José Luis Lanuza” (Alejo González Garaño); “”Genearquía y genealogía de Belgrano” (Raúl Alejandro Molina); “El General Belgrano y la Orden Dominica” (Rubén González); “Belgrano y la cultura” (Juan Carlos Zuretti); “Belgrano y sus enfermedades, sus médicos y su muerte” (José Luis Molinari).
    El número 21 fue dedicado a Juan José Castelli y contenía 319 páginas. Los artículos más destacados eran: “Castelli” (Julio César Chávez); “El orador del Cabildo Abierto” (del mismo autor); “Genealogía y genearquía de Castelli” (Raúl Alejandro Molina); “Castelli y Monteagudo. Derrotero de la primera expedición al Alto Perú” (Ernesto J. Fitte); “Un agente secreto de Castelli” (Julio Arturo Benencia); “Algunas noticias documentales existentes en los archivos de Córdoba, sobre la actuación de Castelli” (Pedro Grenon).
    El último número, el 22, fue titulado “Fin de la Revolución de Mayo. La muerte de Moreno. La caída de Saavedra”, y tenía un número menor de 160 páginas, comparado con las otras publicaciones precedentes. Los trabajos más sobresalientes fueron: “Fin de la Revolución de Mayo. La muerte de Moreno y la caída de Saavedra” (Raúl Alejandro Molina); “Martín de Álzaga y el 25 de mayo de 1810” (Enrique Williams Álzaga) y “Los grupos sociales en la Revolución de Mayo” (Ricardo Zorraquín Becú). Este último trabajo fue presentado en el Tercer Congreso Internacional de Historia de América y fue incluido en el libro del mismo autor: Estudios de Historia del Derecho, Buenos Aires, Instituto de Historia del Derecho, t. III, 1992.




    5. Tulio Halperín Donghi, el pensamiento político tradicional español y la ideología revolucionaria de Mayo
    En los años sesenta del siglo XX, no sólo se reafirmaba la importancia historiográfica sobre la Revolución de Mayo a nivel oficial (festejos, publicaciones, etc.), sino también se abrieron algunas líneas de investigación sobre esta temática por parte de destacados historiadores como Tulio Halperín Donghi. Halperín Donghi en su Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo (1961), trazó una interpretación sobre la relación entre el pensamiento revolucionario de Mayo y las ideologías políticas con vigencia tradicional en la monarquía hispánica antes de 1810.
    Halperín Donghi nació en Buenos Aires en 1925, se graduó de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y de profesor y doctor en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma alta casa de estudios. Posteriormente se especializó en la Universidad de Turín, en l´École Pratique de Hautes Études de París y realizó investigaciones en Londres.
    Ocupa un lugar destacado en la historiografía argentina e hispanoamericana. En palabras de Ezequiel Gallo, “no es habitual que una persona combine una labor tan vasta, diversa y profunda en el campo de la investigación, al mismo tiempo que exhiba una trayectoria nacional e internacional tan destacada en la docencia universitaria”.
    Su tesis fue que la revolución que había de terminar en la independencia y fragmentación de Hispanoamérica fue un aspecto de la crisis en la que no únicamente las ideologías sino también las realidades políticas de la España moderna revelaban su agotamiento esencial. Desde esta forma en el Prólogo, Halperín Donghi señala que los primeros argentinos que se sintieron alejados cronológicamente de la Revolución de Mayo, los de la generación de 1837, la caracterizaron como un cambio absoluto; pero al destacar lo que en ese cambio había de incompleto “no creyeron contradecir la imagen que de la Revolución habían elaborado, sino señalar lo que en la Revolución quedaba aún vivo como tarea irrealizada, urgente en el presente argentino”.
    La observación sobre la generación de 1837 era evidente, pues habían renunciado a ver la revolución de 1810 como un hecho ubicable en un momento del pasado, “comenzada en el oscuro instante en que la idea revolucionaria se encarnaba, proseguía aún en el presente”. Para Halperín Donghi la continuidad entre pasado prerrevolucionario y revolución “puede –y acaso debe- ignorarla quien hace la revolución; no puede escapar a quien la estudia históricamente, como un momento entre otros del pasado”.
    Los hombres de la generación de 1837 no vieron en la revolución una continuidad histórica de la tradición política española, sino que vieron su origen “en cualquier mandato extrahistórico de la estirpe o de la tierra, en la vocación de libertad traída en la sangre o bebida en el horizonte ilimitado de la llanura”. Esa imagen de la Revolución de Mayo, como revelación y consecuencia de una realidad esencial previa a toda historia, era la misma con que el romanticismo quiso explicar la evolución del derecho, de la literatura nacional, de la nacionalidad. Halperín Donghi, por lo tanto afirma que para poder prevalecer “semejante imagen requería que los hechos por ella agrupados no fuesen examinados demasiado cerca”.
    Para Halperín Donghi buscar la continuidad entre revolución y el pasado prerrevolucionario significa dejar de lado por un breve lapso el problema de la ideología revolucionaria, investigar el papel que en la historia de la comunidad cumplió el movimiento revolucionario mismo, es decir si de la política objeto y fin de la revolución no hay antecedentes en el pasado. El verdadero objeto de Halperín Donghi y su interpretación era efectuar un aporte dejado de lado por la historiografía tradicional, es decir destacar la afinidad entre el mundo de las ideas revolucionarias y el vigente antes de la Revolución. “Esta dificultad puede salvarse con alguna cautela y sentido de la perspectiva; no nace por otra parte de un enriquecimiento sino de una limitación del panorama de la Revolución”.
    Estudia el trabajo de dos historiadores escogidos por su valor: Ricardo Levene y Manuel Giménez Fernández. Del primero menciona su Orígenes de la democracia argentina, donde domina una imagen mítica de la Revolución y Ensayo sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno, que descubre una tradición jurídica rica en elementos humanísticos, pero -según Halperín- “no acompaña un marco histórico igualmente rico y nítido”.
    Giménez Fernández es mucho más preciso en su artículo “Las ideas populistas en la independencia de Hispanoamérica”, publicado en el Anuario de Estudios Americanos de Sevilla en 1946. Este autor sostiene que la revolución hispanoamericana fue ante todo una resurrección de las concepciones políticas vigentes en la Castilla medieval, aquietadas tras una lucha con la monarquía a partir de Fernando el Católico.
    Halperín comienza con la obra de Francisco de Vitoria el examen de la trayectoria del pensamiento político español y su relación con el movimiento ideológico de la Revolución de Mayo. “La obra entera de Vitoria se desenvuelve en este aspecto en la forma muy libre de una serie de pareceres que el teólogo, respondiendo como tal a consultas de carácter a la vez moral y jurídico, pronuncia sobre problemas que le son planteados”.
    Luego prosigue con Francisco Suárez, autor de una grandiosa construcción jurídica más sistemática que la realizada por Vitoria.”Hecho revelador del sentido en que se produce, a través de Vitoria y Suárez, la modernización del pensamiento político español: a través de un siglo lleno de peripecias ambos nos conducen del orden medieval al orden barroco”.
    Sostiene Halperín Donghi que “la noción de revolución está entonces en el punto de partida de toda la historia de la Argentina como nación”. Concluye advirtiendo a los que quieren explicar nuestro surgimiento como nación, sólo seria acaso oportuno recordarles un hecho demasiado evidente para que parezca necesario mencionarlo, “un hecho que, por ocupar el primer plano del panorama, es sin embargo fácil dejar de lado: que lo que están estudiando es, en efecto, una revolución”.




    6. Conclusiones


    Las visiones presentadas poseen una característica común, este no es más que la importancia, la significación, y las paradojas sobre la Revolución de Mayo en la historiografía argentina.
    Mitre con su Historia de Belgrano, marco que servirá de base cultural para la construcción del Estado-nación y del cual dijera Manuel Gálvez: “Mitre creador de nuestra literatura histórica, historiador serio y veraz y cuyas construcciones monumentales asombran si se piensa en los tiempos en que fueron realizadas”.
    Julio V. González, con su importante aporte Filiación histórica del gobierno representativo argentino, que tendría una importante significación y singularidad en los estudios históricos constitucionales y que es mencionado en la bibliografía de manuales de enseñanza de Historia del Derecho argentino.
    La revista Historia, dirigida por Raúl Alejandro Molina y su contribución a comprender el proceso de Mayo en sus distintos aspectos, con destacados trabajos, algunos de ellos publicados luego en forma de libros en el Sesquicentenario.
    Y por último la visión de Tulio Halperín Donghi con Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo, también en el Sesquicentenario, trabajo exhaustivo desde una perspectiva del estudio de la ideología tradicional hispánica y su continuidad en la revolucionaria.




    Publicado por Blog de Historia Argentina e Hispanoamericana en sábado, mayo 22, 2010
    Etiquetas: La Revolución de Mayo en la historiografía argentina desde mediados del siglo XIX Distintas visiones, Sandro Olaza Pallero



    BLOG DE HISTORIA ARGENTINA E HISPANOAMERICANA: NUEVA ESPAÑA VERSUS MÉXICO: HISTORIOGRAFÍA Y PROPUESTAS DE DISCUSIÓN SOBRE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA Y EL LIBERALISMO DOCEAÑISTA

    NUEVA ESPAÑA VERSUS MÉXICO: HISTORIOGRAFÍA Y PROPUESTAS DE DISCUSIÓN SOBRE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA Y EL LIBERALISMO DOCEAÑISTA

    Miguel Hidalgo y Costilla.


    Agustín de Iturbide.


    Fernando VII (por F. Goya).








    Por Manuel Chust y José Antonio Serrano*






    Próximos a los Bicentenarios, es pertinente preguntarnos ¿qué se celebrará? En México la independencia se conmemora cuando fracasó –1810– y pasa casi desapercibida u omitida cuando triunfó –1821–. Hasta principios de los años sesenta del siglo XX, el sistema educativo mexicano cumplió con el cometido para el que fue diseñado, elaborar toda una teoría nacionalista por la que los artífices de la gesta nacional fueron en primer lugar Hidalgo, el cura párroco de Dolores, y en segundo lugar Morelos, el eclesiástico michoacano. Nada nuevo en el universo de la construcción de los Héroes de las independencias latinoamericanas, tal y como planteamos en otros estudios. Nacionalismo exultante, hegemónico y dominante que laminó durante décadas cualquier otra interpretación distinta a las gestas heroicas de los grandes hombres de las independencias y que construyó en torno al panteón de Héroes su historia que reveló como Nacional. Como ya hemos planteado, esta lectura se caracterizó por aglutinar hábilmente a historiadores de un amplio abanico ideológico, es más, para el caso mexicano fue asumida pronto por una izquierda afanosa de ver en los movimientos de Hidalgo y Morelos la consumación de un ser nacional popular, multirracial, indigenista, levantisco, contestatario, que reunía la verdadera esencia de lo que se construyó como el ser histórico nacional mexicano. Ésa fue la verdadera independencia mexicana, los verdaderos valores que el criollismo liberal no dejó triunfar en 1810 para imponerse una década después con planteamientos autoritarios y oligárquicos que recordaban más al Antiguo Régimen que a la construcción de uno nuevo. Ésa fue la primera traición al pueblo mexicano, según esta historiografía. Traición en la que también estaba implicada la forma de gobierno monárquico y no republicano. No obstante esta lectura historiográfica que traspasaba –no lo olvidemos- los límites de la denostada y vilipendiada, ahora, Historia de Bronce o Historia Patria, empezó a ser superada en la década de los sesenta por un fenómeno cultural y académico en toda América Latina del que México no fue una excepción: el aumento de centros universitarios, la proliferación en ellos de licenciaturas no sólo en ciencias sociales y humanas sino también –y esto es lo relevante- en historia, la consiguiente aparición de una serie de generaciones de historiadores que se acercaron a sus investigaciones provistos de un aparato metodológico y conceptual crítico con las fuentes y desde la exhumación de acervos documentales, la formación también de grupos de historiadores mexicanos en Europa, especialmente en la Francia de los Annales, en la Inglaterra de la Historia Social, así como en las universidades de los Estados Unidos que, al socaire de la Revolución cubana y en plena Guerra Fría, despertó en potentes fundaciones un interés creciente e inusitado por formar en sus centros a los mejores y más brillantes estudiantes latinoamericanos al dotarlos con becas para desarrollar sus trabajos. Esta siembra multiconceptual obtuvo su cosecha en la historiografía mexicana. En pocos años estas generaciones de historiadores soterraron vorazmente y desde distintas metodologías la Historia Patria al tiempo que construían desde esa misma formación intelectual –lo cual no será gratuito- toda una nueva construcción interpretativa del período 1808-1821 y de su continuidad en 1821-1835. Período histórico en donde, a nuestro parecer, el triunfo de la independencia conllevó además el del Estado-nación mexicano.




    1. ¿QUÉ REVOLUCIÓN? LA MEXICANA… DE 1910


    Y junto al nacionalismo, otro acontecimiento mayúsculo del México del siglo XX se convirtió en un poderoso haz de luz que en gran parte condicionó las lecturas historiográficas del siglo diecinueve mexicano, un auténtico sismo que influyó durante décadas de manera muy notable en la “visión” que se tenía o se tiene sobre el siglo XIX mexicano. Ese factor poderosísimo se llama Revolución Mexicana. O, deberíamos decir, La Revolución Mexicana, en mayúsculas. Durante muchas décadas, para un amplio espectro de las ciencias sociales y humanas, la Revolución Mexicana se vio como el estereotipo de la “verdadera” Revolución en la Historia de México. Se trasladó y fundó un “modelo” de revolución. Es “la” Revolución, dado que se produjeron cambios en el sistema económico y en la estructura del Estado, el cual tras ella se vio reforzado y fortalecido y convertido en un Estado nacional. Revolución en el amplio sentido del concepto porque estableció incuestionables logros sociales, fue producto de movilizaciones político-económicas de las clases populares y alcanzó magnitudes colosales de cambios internos y repercusiones internacionales. Se ha considerado, se sigue considerando, con razón, que fue el período más importante de la historia de México: en cuanto al volumen historiográfico que ha generado y que sigue generando, en cuanto a la cantidad de revistas especializadas y de investigación que surgieron dedicadas a su estudio, por el número de instituciones y centros especializados en la investigación, por las publicaciones, proyectos de investigación, etc. Acontecimiento que ha influido tan notablemente en México como en Francia la Revolución francesa.
    Desde el mirador de la Revolución Mexicana se interpretó y analizó un Ochocientos en donde prevalecerían las características de un pasado presidido por la “anarquía”, golpes de estado incesantes, debilidad o inexistencia del Estado, guerras intestinas, enfrentamientos, falsos liberales y liberales falsos, caudillos, “caudillotes”, etc. Un siglo diecinueve que se interpretó también desde un pasado colonial cartesiano, burocratizado, sistematizado y con elementos vertebradores y de unión como la Corona y la Monarquía. Y es más, como si el Antiguo Régimen no hubiera sufrido también una evolución, desgaste y agotamiento desde el siglo XVI al XIX. Etapa decimonónica que estuvo culminada con otro periodo de restablecimiento del “orden” que fue el Porfiriato.
    Bajo este “prisma revolucionario” de la Revolución Mexicana a partir de la década de los treinta se examinaron otros procesos históricos, otras situaciones revolucionarias acontecidas, claro está, en el siglo XIX. Desde esta dimensión revolucionaria mexicana, se establecieron las características que tendría que tener una revolución para ser considerada como tal. Es decir, se consolidó un “modelo” revolucionario.
    La conclusión es que, desde esta perspectiva, se sometió a una dura e irreal prueba anacrónica al siglo XIX. El resultado durante muchas décadas fue que el siglo XIX, hasta el Porfiriato, fue no sólo un “caos” incomprensible, sino también décadas de invertebración del Estado, mosaico de atomización del poder que explicaba el caudillismo para finalmente desterrar cualquier propuesta de analizar rigurosamente un período de cambio revolucionario que palidecía ante los estudios y conclusiones que había producido la Revolución Mexicana. Es más, el periodo, creemos que revolucionario en muchos aspectos, de Benito Juárez fue calificado de “la Reforma” es decir, de reformista ya que no llegaba a alcanzar los parámetros verdaderamente revolucionarios de 1910. Cada vez más, la Revolución Mexicana se volvió un proceso histórico que no sólo irradiaba hacia el presente político sino oscurecía el pasado decimonónico al volverse un arquetipo revolucionario excluyente y hegemónico. En definitiva, para gran parte de la historiografía mexicana hasta los años ochenta, en 1910 se alcanzó el triunfo revolucionario “verdadero” y, por lo tanto, no hubo “otra” revolución. Como si las “revoluciones” no tuvieran apellidos que adjetivaran su carácter. Concepto Revolución que etimológicamente quiere decir cambio, pero cambio ¿de qué?, o respecto ¿a qué? Pero no se trata aquí de realizar una historia de los conceptos, que está de moda, sino los conceptos en la Historia. Además, para muchos historiadores, nacionales o extranjeros, que veían desde la atalaya de la Revolución Mexicana, la estudiaran o simplemente la contemplaran, el siglo XIX les parecía y lo interpretaron como tal, como una prolongación de la época postcolonial [1], donde se podían apreciar las enormes continuidades del colonialismo español enquistadas en un Estado débil, pusilánime que decía ser liberal pero que en realidad no era más que la continuidad de la época tardo-colonial que mantenía a la mayor parte de la población –sobre todo se hacía hincapié en la vertiente étnica y racial- en la más absoluta pobreza, degradación y exclusión. Incluso agravando su situación socio-económica dado que a las comunidades indígenas se les habían arrebatado sus tierras en “desalmadas” desamortizaciones que transformaban las tierras de comunidad en propiedad privada. Y no sólo para México, en Europa también se instaló esta interpretación respecto a los campesinos [2]. Desde estos parámetros, el análisis de la insurgencia de Hidalgo y Morelos se interpretó desde una caracterización revolucionaria popular pero también desde la asunción del fracaso debido a, especialmente, la “traición” por parte del liberalismo –criollo insurgente o gaditano- contra la vertiente marcadamente popular y étnica de la insurgencia. Porque… ¿qué otra revolución si no la de 1910 había triunfado en la historia mexicana? Es por ello que en algunas de sus explicaciones, la Revolución
    Mexicana se interpretó como el verdadero final de la colonia, la verdadera y definitiva ruptura con las raíces coloniales y postcoloniales, de las cuales el Porfiriato era su última y más refinada expresión. Es más, el propio François-Xavier Guerra realizó su tesis de doctorado interpretando el final del Antiguo Régimen en el Porfiriato y analizando la… Revolución Mexicana [3].
    Y vale la pena destacar que la Revolución Mexicana, como acontecimiento, proceso histórico y compendio de estudios sobre ella, vino a poner en evidencia los límites sociales, económicos y políticos del liberalismo para la mayor parte de la población mexicana. Las interpretaciones históricas descendían a la realidad política y social. Descendían y trascendían. Nada nuevo podríamos pensar, pero hay que significarlo y decirlo. Tras su triunfo como Revolución y tras el triunfo como Revolución Institucionalizada, el liberalismo se analizó desde un prisma teórico, sociológico, politológico, económico, etc. Pero no histórico, es decir, históricamente determinado. Liberalismo sí pero… ¿cuándo?, ¿dónde? Porque si bien el concepto puede ser el mismo, su evolución no lo es, como intentaremos explicar más adelante, lo cual no significa necesariamente, ni mucho menos, que estos autores se identifiquen políticamente con este rescate. Liberalismo que quedó a la altura de los años treinta del siglo XIX como un proyecto fracasado, desprestigiado, antipopular, propio de un proyecto político de una elite con perspectivas y sueños “europeos” y no mexicanos. A diferencia de la que era la Revolución que consolidaba cada vez más un apellido nacional –mexicana- que institucionalizaba un nacionalismo revolucionario. Revolución, y nos repetimos, desde el punto de interpretación político, historiográfico e histórico que incluyó y amalgamó a casi toda la izquierda mexicana hasta el punto de que el Partido Comunista Mexicano estuvo apoyando la política del PRM-PRI hasta la década de los cincuenta del siglo XX. En síntesis, buena parte de la historiografía progresista mexicana sostuvo, y así se interpretó, una concepción peyorativa del “liberalismo” como “algo” –teoría, ideología, Estado- que había creado la propiedad privada, mantenido la hegemonía de los grandes propietarios, arrebatando o “robándoles” las tierras a las comunidades indígenas, manipulando, traicionando y engañando a la población, manteniendo un carácter antiindígena y evidenciando un sistema no democrático, alienado y aliado con el imperialismo norteamericano.
    Interpretación del liberalismo que convivió paralela a otras de diferentes procedencias como la católica-jurídica, la Historia Patria, la indigenista o la dependentista. En suma, unas perspectivas historiográficas que fueron permeadas por el nacionalismo, la Revolución Mexicana y el fracaso del liberalismo decimonónico. Desde estas perspectivas, y no desde la de la Historia Oficial o Historia Patria, la insurgencia mexicana se analizó como los antecedentes revolucionarios “verdaderos” dado que mantenía unas características –diferentes a la mayor parte de la insurgencia hispanoamericana- de movilización popular, con altos componentes étnicos y raciales. Es más, a diferencia de Suramérica, las clases populares en México no sólo no se habían unido a los realistas sino que habían encabezado y movilizado la insurgencia contra la “opresión” del régimen colonial español, incluyendo valores revolucionarios como la justicia social, la ocupación y reparto de tierras, la abolición de la esclavitud, etc. Historiadores que veían en la insurgencia de Hidalgo y Morelos los principios de un movimiento de Liberación Nacional, como los acontecidos en los años 50 y 60 surgidos en América Latina, pero también en Asia y África tras la resaca anticolonial después de la II Guerra Mundial. Y, otra de las guindas, un movimiento insurgente que además de popular, antiespañol, antirrealista contenía un alto grado de religiosidad “nacional”, autóctona a diferencia del “liberalismo”. Y en esta visión e interpretación dicotómica, el otro antagonista, los “españoles”, dejaron de ser “peninsulares” para adquirir una nacionalidad confrontadora y antagonista con la naciente mexicana. Españoles que pronto adquirieron una categoría más política que la mera geográfica y de nacimiento: “realistas”. Categoría que venía a ser más precisa para la insurgencia y para el triunfante Estado mexicano en los años veinte en cuanto a que englobaba a todos aquellos que no se decantaron por la independencia, es decir, aquellos que pertenecían a la oligarquía novohispana y que “traicionaron” a los “mexicanos” por no encuadrarse en la liberación nacional. La lectura se hizo así más global, el realismo o monarquismo era la forma a combatir por el republicanismo, el “buen gobierno” contra el “mal gobierno”. Insurgentes patriotas frente a realistas traidores, aquellos que lo eran por su nacimiento o por sus vinculaciones y enriquecimiento gracias al colonialismo y a sus instituciones de Antiguo Régimen en la Nueva España y, por tanto, reaccionarios, oligarcas, monárquicos y conservadores. En este sentido entendemos más la aversión historiográfica hacia Agustín de Iturbide, que llega hasta el siglo XXI, y que es tal que incluso, salvo excepciones, trasciende a tan alto nivel que cubre con su manto apriorístico a un periodo histórico que cada vez nos parece más importante, 1821-1823, para explicar el Estado-nación mexicano surgido precisamente a partir de esas fechas [4]. A partir de aquí se van a establecer una serie de silogismos que llegan hasta nuestros días. Interesante porque nos ayuda a comprender una parte, no toda, de la agria aversión que parte de la historiografía considera ya no sólo la primera mitad del siglo sino cualquier propuesta de situar en el periodo 1808-1835, los límites de una revolución liberal.




    2. CRISIS DEL PARADIGMA: REVOLUCIÓN MEXICANA Y REINTERPRETACIÓN DEL LIBERALISMO


    Estas interpretaciones del liberalismo de la primera mitad del siglo XIX comenzaron a cambiar a fines de los cincuenta. En 1957 Nettie Lee Benson [5] publicó su estudio sobre el Federalismo mexicano y sus orígenes gaditanos demostrando el entronque común entre el Doceañismo y el Estado federal a partir, especialmente, de las diputaciones provinciales.
    Toda una novedad que irrumpe en el panorama historiográfico mexicano porque estas premisas, liberalismo-republicanismo federal, eran una de las bases de las explicaciones de la historiografía conservadora y católica sobre la creación del Estado-nación mexicano. Sin embargo la investigadora norteamericana no era “sospechosa” ni mucho menos de ambas, es más hizo gala en sus estudios de un aparato crítico envidiable que era más difícil de objetar que las meras conclusiones ideológicas- políticas, menos empíricas y más jurídicas. Benson se anticipó a su época diez años. Su estudio abrió un nuevo frente que se creía cerrado al mantener una premisa innovadora: el liberalismo podía haber tenido en el siglo XIX, durante momentos coyunturales, una capacidad importante de cambio.
    Cambio que había provocado, bien desde el evolucionismo bien desde las transformaciones, la ruptura cualitativa con el Antiguo Régimen que devino en un nuevo Estado, el federal. La diferencia notoria en estos planteamientos es que estos autores sostenían que estas transformaciones se habían producido mediante instituciones y procesos electorales creados en las Cortes de Cádiz. Cortes que de “españolas” pasaban a su concepción de “hispanas” y en donde los diputados novohispanos tuvieron,
    no sólo una participación muy importante, sino que además trascendieron con sus propuestas a los decretos y a los artículos de la Constitución. Al tiempo que fueron capaces incluso en los años veinte de establecerlos en el México independiente, al menos hasta 1826 con la creación de las constituciones de los estados [6]. Y junto con Benson, Charles Hale es otro de los clásicos que planteó una de las novedosas vías de reinterpretación de la independencia y de los años siguientes, acerca del “liberalismo” y de los periodos liberales como fases de la historia desacralizando sus anatemas post-revolucionarios [7]. Su propuesta afinada y significativa: el liberalismo de José María Luis Mora. Un político y un pensamiento que se acerca a lo que en los años noventa y principios del siglo XXI será la contraofensiva del “republicanismo clásico”. Un liberalismo crítico con el Antiguo Régimen, que prima el Estado frente al individuo, antagónico con el corporativismo, e incluso, con signos de laicismo. Mas los libros de Netie Lee Benson y Charles Hale no lograron llamar la atención de los historiadores del siglo XIX acerca de lo oportuno y deseable que era estudiar el liberalismo antes de la reforma. Es significativo que su obra clásica sobre la Diputación Provincial se haya reeditado en español sólo hace unos años, en 1994. El estudio del liberalismo cobró relevancia a partir de los años ochenta del siglo pasado debido a varios acontecimientos, entre los que apuntamos en primer lugar los relacionados con la suerte del paradigma “Revolución Mexicana”. Tres hechos trascendentales en la historia de México y en la historia universal van a cambiar el rumbo en la perspectiva de las interpretaciones de la Revolución mexicana y, con ella, de los orígenes del Estado-nación mexicano. En primer lugar, el cuestionamiento de los logros de la revolución de 1910. En la década de los años cuarenta, Daniel Cosío Villegas y Jesús Silva Herzog [8], y con ellos otros más, escriben de manera crítica sobre el sentido histórico de 1910, al punto de que se cuestionan si la revolución ha muerto. Es en este contexto, o mejor dicho alimentado por este contexto intelectual, cuando Cosío Villegas establece el seminario de Historia Moderna de México y publica, en 1955, el primer volumen sobre la Reforma liberal de Juárez. Cosío rescata el liberalismo pero no el de la primera mitad del siglo XIX sino el de Benito Juárez. Y además con una raigambre modernizadora que la hará fracasar el Porfiriato y, atención, la propia Revolución Mexicana. Es obvio que los tiempos historiográficos en estos años sesenta están cambiando. Juárez y su “liberalismo” fueron
    rescatados frente no sólo al porfirismo sino también a la Revolución Mexicana. Y si en la década de los cuarenta y cincuenta los intelectuales se preguntaban si la Revolución Mexicana había muerto, después de 1968, después de la matanza de Tlatelolco, el acta de defunción fue expedida y gritada. La Revolución “institucionalizada” era cuestionada por autoritaria, ademocrática y, ahora, represiva. Al mismo tiempo su discurso anti-liberal empezaba también a ser puesto en duda. 1968 significó, en ese sentido, un cuestionamiento general del PRI, de los logros de la Revolución, de la Revolución que se ha institucionalizado. Censura que también se evidencia en las casi primeras críticas por parte de intelectuales prestigiosos como Octavio Paz y Enrique Krauze.
    En tercer lugar, el panorama mundial de la izquierda también estaba cambiando. Hubo una revolución a fines de los años cincuenta que también sacudió al mundo, y especialmente, a América Latina: la Revolución Cubana, una revolución socialista. En la isla caribeña acaeció sí una revolución, pero sobre todo socialista. Y este hecho histórico repercutió en la historiografía mexicana, en particular sobre el México posterior a 1910. En América Latina sucedieron en el siglo XX dos revoluciones, y a partir de 1960, la importante como paradigma de investigación y como bandera política de la inmensa mayoría de los intelectuales de izquierda fue la cubana. Fue inevitable que los historiadores de la Revolución Mexicana la compararan, explícita o implícitamente, con la caribeña. Y en la comparación la desventaja estaba en contra de la Revolución Mexicana. A ésta, los llamados historiadores revisionistas, es decir, la generación post-Cuba y post-68, la estudiaron con ojos críticos buscando sus debilidades, las cuales rápidamente encontraron. De ser la “primera revolución social del siglo XX” pasó a ser “La Gran Rebelión”, según Ramón Eduardo Ruiz [9]; la “Revolución interrumpida”, en palabras de Adolfo Gilly [10] o una “Revolución burguesa”, al entender de Arnaldo Córdova [11]. Y en lo que respecta a este estudio, vale la pena destacar que estos cuestionamientos de los historiadores revisionistas hicieron tambalear el paradigma de la Revolución Mexicana, es decir, el eje articulador de la historia moderna y contemporánea de México.
    Sin duda, el “deslave” del paradigma de la Revolución Mexicana fue importante, mas sólo fue hasta la década de los noventa del siglo pasado que el tema del liberalismo de la primera mitad del siglo XIX logró otros vuelos y recibió una atención creciente. Varios hechos son claves en este proceso de reconversión, rescate y revisión del proceso histórico e historiográfico que estamos analizando. Los noventa no se describen y definen por el impacto revolucionario socialista de Cuba, sino todo lo contrario: la caída del Muro de Berlín, el derrumbe del sistema socialista en Europa y sus repercusiones en el mundo. El liberalismo empieza a resurgir como propuesta viable de futuro, al cual no es ajena la historiografía. En el caso de México, los intelectuales de izquierda comienzan su interés por las instituciones liberales antes la caída del Muro, y evidentemente, todo estaba en relación con las elecciones de 1988 con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas. Un ejemplo al respecto: la revista Memoria. Revista de política y cultura, dirigida por Arnoldo Martínez Verdugo, líder histórico del extinto Partido Comunista Mexicano y dirigente de los partidos Socialista Unificado de México y Mexicano Socialista, se convierte en un foro donde se discute la importancia del apoyo a las instituciones democráticas, la importancia de las elecciones y del voto, la representación parlamentaria e, incluso, la relación entre el liberalismo y el pensamiento socialista. Los noventa en México también son los años del Tratado de Libre Comercio (TLC), de la rebelión de Chiapas y del subcomandante Marcos, del crack económico y del “liberalismo social” de Salinas. El cóctel es explosivo. Y también es significativa y actúa como termómetro, la reedición de un libro que había quedado medio enterrado y casi desapercibido como explicación de los años cruciales de gestación del Estado-nación mexicano: el mencionado y citado ya de Nettie Lee Benson que se vuelve a reeditar en 1994 por El Colegio de México. El tema, el periodo, su propuesta, cobran especial relevancia en la década de los noventa. Los estudios sobre el origen hispano del México decimonónico empiezan no sólo a proliferar sino también a tener eco y resonancia en sectores muy dispares de la historiografía mexicana. Porque dispares son las propuestas de presentar la construcción del Estado-nación mexicano. Ya las hemos comentado, insistimos en ello: desde las propuestas jurídicas continuadoras de la tradición jurídica-conservadora y católica de Manuel Ferrer Muñoz [12], José Barragán [13], José Luís Soberanes [14], etc., hasta los estudios, en ocasiones pioneros, de Jaime E. Rodríguez [15], Virginia Guedea [16], Christon Archer [17] y Juan Ortiz [18], en donde la insurgencia novohispana está puesta en relación con las propuestas gaditanas tanto en la península como en Nueva España, desde el punto de vista electoral, constitucional, parlamentario o armado. Así la crisis de los sistemas autoritarios y la consiguiente puesta en marcha de la transición política favorecen una nueva visión del pasado liberal. Así sucedió en México, pero también en España. A partir de los años setenta, en los últimos tiempos de la dictadura franquista, comenzó una carrera vertiginosa de estudios del liberalismo decimonónico. Liberalismo de la primera mitad del siglo XIX -Cádiz, sus Cortes, su Constitución, sus decretos, el Trienio Liberal, la época isabelina, las desamortizaciones, el carlismo, etc.– que fue mitificado como un periodo histórico, escaso y corto, pero en donde se había intentado un proyecto parlamentario de Estado abortado por la nobleza y parte de la burguesía conservadora. Hubo un interés por el estudio del liberalismo en cuanto a “libertades” individuales, de reunión, de asociación, de expresión, de prensa, etc. [19]. Todas ellas aparecieron como fórmulas no sólo deseables sino a conquistar porque la coyuntura política era de dictadura fascista, represión y exilio. Incluso los partidos mayoritarios de la izquierda como el PSOE o el PCE condicionaron buena parte de sus estrategias, de sus programas, de sus pactos y de su proceder durante la Transición política a un consenso en pos de mantener y conseguir como casi fin último la democracia, renunciando incluso a su ideario republicano en lo político, marxista en lo teórico en el caso del PSOE y leninista en el caso del PCE. Fue en ese contexto y no en otro, donde tuvieron mucho éxito autores como Miguel Artola [20] y editoriales como Alfaguara con títulos tan sugestivos como La burguesía revolucionaria. A los que se unieron obras de otros historiadores con prestigio y enfrentados al régimen franquista como las de Josep Fontana [21], Álvarez Junco [22], Enric Sebastiá [23], Bartolomé Clavero [24], Jordi Maluquer de Motes [25] o Manuel Tuñón de Lara [26] entre otros, que contribuyeron a plantear un debate sobre el cariz revolucionario de la burguesía española y el alumbramiento de un Estado-nación liberal y revolucionario hasta 1875. Es por ello que el concepto liberalismo, como vertiente histórica, tuvo para la historiografía española en esos años un carácter netamente progresista, a diferencia de México, pues con estos temas del liberalismo “revolucionario” se enfrentaba al régimen franquista, a la Dictadura, y por lo tanto una parte de la historiografía se fue al “rescate” de las cenizas parlamentarias y constitucionales del siglo XIX, a los aspectos “revolucionarios” frente a la Monarquía absoluta que cada vez más podía identificarse con el antiguo régimen franquista tal y como se le denominó durante los años de la Transición y primeros de los ochenta.




    3. FRANÇOIS XAVIER GUERRA, EL REPUBLICANISMO “CLÁSICO” Y
    LA HISTORIOGRAFÍA SOBRE EL LIBERALISMO



    En los años noventa del siglo XX no sólo cobró realce la importancia historiográfica sobre el liberalismo de la primera mitad del siglo XIX, sino también se abrieron dos líneas de investigación que cuestionan la importancia y el impacto en todos los órdenes del México decimonónico que llegó a tener esta teoría política. Sin duda la primera y más importante de esta línea de investigación tiene nombre y apellido: François- Xavier Guerra y su Modernidad e independencia27, trabajo en el que se trazó una interpretación que tuvo un peso enorme en la historiografía iberoamericana. Su tesis fue que la Independencia iberoamericana fue producto de un cambio cultural que provocó prácticas políticas del Antiguo Régimen que los liberales adaptaron a los nuevos tiempos mediante un vocabulario nuevo y atractivo. Desde esta forma fue el Antiguo Régimen quien se acabó adaptando a las nuevas prácticas políticas incorporando un lenguaje novedoso pero con “prácticas” de Antiguo Régimen, por lo que el sentido corporativo de la sociedad se mantuvo. La conclusión era evidente: el individualismo posesivo de los clásicos anglosajones no se impuso en América tras la independencia. Para Guerra fue innegable el cambio político, ideológico, desde una ruptura cultural sin que ello produjera una revolución social. Llegó la Modernidad y con ella se omitieron los cambios en los aspectos económico-sociales. Guerra, por lo tanto, también se alineó, si bien de una forma particular y desde concepciones culturales, con las tesis que establecían las continuidades del Antiguo Régimen durante el siglo XIX, en última instancia. Mas no hay que identificarlo con la vieja idea dependentista de, entre otros, André Gunder Frank [28], teoría que tuvo un amplio arraigo entre la comunidad de historiadores, antropólogos y politólogos latinoamericanos y latinoamericanistas. Pero este arraigo académico es probable que haya sido una de las razones por las que tiene tanto eco la propuesta de Guerra entre historiadores que se habían instalado en esa concepción de los setenta. Para Guerra el liberalismo no influyó en Hispanoamérica porque existía una cultura poco permeable a éste basada en las comunidades de naturales o corporaciones, en las sólidas por más de trescientos años instituciones de Antiguo Régimen y en los “imaginarios” o representaciones que había creado como referentes de la sociedad. Es por ello que el mundo católico hispano se movía con unos parámetros propios de la lógica corporativa más que del individualismo. Parámetros a los que el liberalismo lo único que pudo hacer fue adaptarse y, como mucho, cambiar el significado de las palabras, conceptos e instituciones. El verdadero envite de Guerra y su interpretación era contra la Historia Social. En su historiografía queda eclipsado el ser social, sus confrontaciones de clase, el conflicto, sus contradicciones, es más, también lo individual, para dar paso a las pervivencias de una interesante, en cuanto a nueva propuesta metodológica, mistificadora visión de lo “antiguo” y lo “moderno”. El republicanismo clásico, otra línea de investigación historiográfica construida especialmente desde la ciencia política, cuestionó la relevancia y, sobre todo, las limitaciones y fallos de la teoría liberal en la construcción del Estado-nación mexicano. Un importante libro por la amplia consulta que generó y genera ayudó a preparar el terreno a favor de las publicaciones y escritos desde esa línea de investigación. Nos referimos a Ciudadanos imaginarios de Fernando Escalante, quien sostenía, con sus propias palabras, que “en el pensamiento político mexicano del siglo (diecinueve) dominan indudablemente algunos de los temas básicos de la tradición liberal… Sin embargo, dichas ideas aparecen entreveradas con otras, mezcladas con unas prácticas y unas estrategias políticas que no son sólo distintas, sino opuestas a ellas” [29]. Su conclusión era que el liberalismo era imposible en México. En el año 2000 se publicó En pos de la quimera. Reflexiones sobre el experimento constitucional atlántico, al que siguieron una serie de artículos y libros [30] que adoptaban en gran parte los postulados de la teoría del republicanismo clásico de autores anglosajones, sobre todo de John Pocock y Quentin Skinner. Siguiendo una estrategia ya ensayada en Estados Unidos en la década de los sesenta cuando se publica el libro de Bernard Baylin [31], José Antonio Aguilar Rivera se centra en las fallas intrínsecas del diseño institucional del liberalismo. Las formas tradicionales o de Antiguo Régimen, como plantean Escalante y Guerra, no eran razones suficientes para explicar la “imposibilidad” del liberalismo; esta teoría política no sólo había generado ciudadanos imaginados; peor aún, sus erróneas quimeras habían causado la inestabilidad política del Estado nacional mexicano. El resultado es concluyente: el republicanismo mexicano no triunfó en México, porque no le dejó el liberalismo decimonónico de la primera mitad de siglo, de ahí las múltiples carencias del estado mexicano decimonónico.




    4. LIBERALISMO O ¿LIBERALISMOS? LIBERALISMO
    HISTÓRICAMENTE DETERMINADO



    En la última parte de este artículo presentamos los supuestos y considerandos historiográficos y metodológicos que han guiado nuestras investigaciones sobre el liberalismo en la primera mitad del siglo XIX32, así como varios tópicos que consideramos se deben de tener muy en cuenta para investigar este tema. En primer lugar, es necesario conocer el funcionamiento del Antiguo Régimen de la Nueva España del siglo XVIII para después evaluar históricamente el impacto del liberalismo en México. En esto coincidimos con François-Xavier Guerra, Antonio Annino o Beatriz Rojas. Pero diferimos de ellos en que nosotros ponemos el acento analítico en las tensiones sociales e institucionales que marcaron de forma determinante la sociedad corporativa novohispana. En efecto, para finales del siglo XVIII y en la primera década del XIX, el funcionamiento institucional del Antiguo Régimen estaba marcado por múltiples tensiones [33]. Los orígenes de éstas eran multivariables e iban desde la presión de los grupos económicos, como los comerciantes de Veracruz y Guadalajara, los integrantes de los gremios, pasando por la desigual estructura racial, con indios, pardos y mulatos hasta la demanda de los pueblos sujetos por incorporarse a la jerarquía territorial. Mas la constatación de estas tensiones, si bien es muy importante ya que frecuentemente se olvidan, no es suficiente para comprender cabalmente la fortaleza o debilidad del Antiguo Régimen. En otras palabras, todo sistema político e institucional vive en un equilibrio inestable. Por consiguiente lo que también se debe de investigar es la capacidad que tiene ese sistema para canalizar institucionalmente las tensiones de los grupos sociales, para dar una mínima satisfacción o salida a estas confrontaciones y a los diversos intereses sociales y económicos e, incluso, para cooptar o reprimir a los desafectos a las bases de funcionamiento de ese sistema político e institucional. En este sentido, se podría decir que el Antiguo Régimen en la Nueva España, en muchos aspectos sociales, económicos, políticos y culturales fue un sistema muy antiguo y anquilosado, mientras que en otros, pocos, logró canalizar satisfactoriamente las tensiones. Es decir, para 1807 el Antiguo Régimen en Veracruz, por ejemplo, no gozaba de buena salud. Sólo a partir de estas dinámicas sociales y de la incapacidad de la sociedad corporativa para resolverlas, se puede entender el impacto del liberalismo entre los grupos sociales mexicanos de la primera mitad del ochocientos. En segundo lugar, es pertinente abandonar el concepto global de liberalismo por el de “liberalismos”. Para el caso español, el concepto del término liberal varió, obviamente, a lo largo de su historia. Varió no sólo su ideología, sino también su propuesta política por las diferentes coyunturas, por las diferentes fuerzas sociales que les apoyaron, se sumaron, se opusieron y se desengañaron. En el siglo XIX el liberalismo doceañista pasó de ser considerado revolucionario por cuanto antagonista del Antiguo Régimen y de Napoleón durante el periodo 1810-1814, a ser mitificado tras la restauración absolutista de 1814, para empezar a ser considerado moderado en los años veinte cuando sectores más populares y radicales del liberalismo exigían medidas contundentes y rápidas para consumar la revolución liberal a partir de 1821 frente al Antiguo Régimen. Los denominados “integrantes de la baja democracia” consideraron ancladas y moderadas las propuestas en los años veinte de los denominados en estos años como “doceañistas” y con ello señalados casi como moderados. Y el concepto de “liberalismos”, a partir de su evolución y cambio debido a coyunturas y procesos históricos concretos, también lo hemos delimitado poniéndole nombre y apellido: liberalismo gaditano. Desarrollado ya en otros estudios, tan sólo nos limitamos en esta ocasión a señalar sus señas de identidad y consecuencias. Las Cortes de Cádiz establecieron los fundamentos para la mayor parte de los territorios iberoamericanos de un Estado-nación, con un ejército nacional, una Hacienda nacional, una soberanía nacional, una Constitución que limitó las competencias del rey, unas Cortes con elecciones con sufragio universal indirecto, la creación de una serie de derechos que establecieron la ciudadanía rompiendo con la estructura privilegiada del Antiguo Régimen y con la categoría de súbditos, la división de poderes, el arrebatamiento del poder jurisdiccional a la nobleza y al rey, la abolición de los señoríos incluido el patrimonio del rey, etc. Señas de identidad que supusieron un
    cambio jurídico cualitativo capaz de transformar las estructuras de la sociedad de Antiguo Régimen. Y por último, hay que tener muy en cuenta que la guerra de independencia, la lucha entre realistas e insurgentes, transformó parte de las estructuras de organización básicas del Antiguo Régimen, y lo importante es que estos cambios facilitaron que la legislación gaditana contara con el apoyo de varios grupos sociales y de las propias autoridades. En otras palabras, la guerra abonó el camino para que tuviera
    arraigo social, político e institucional el liberalismo de las Cortes gaditanas; o parafraseando a Clausewitz, la guerra si fue la política por otros medios. La guerra civil lo primero que transformó fue la materia básica de las guerras: las fuerzas militares. Si bien las autoridades novohispanas intentaron en un primer momento, es decir, después de septiembre de 1810, conservar la estructura del ejército y de las milicias provinciales coloniales, que se basaban en las diferencias étnicas y de privilegios [34], los militares realistas pronto crearon una nueva organización armada con el fin de hacer frente a los insurgentes. Estos nuevos cuerpos militares diferían radicalmente de las milicias coloniales: eran convocados a las armas todos los “ciudadanos” sin distinciones de raza o privilegio; sus mandos, en algunos casos, fueron elegidos por los propios milicianos; sus oficiales no tenían que cumplir con determinadas características corporativas y forales, sino sólo con “el coraje de su persona”, y se crearon las milicias de patriotas en cada uno de las poblaciones del virreinato de la Nueva España. Esta nueva organización militar, establecida durante la lucha entre realistas e insurgentes, será la base a partir de la cual se crearán las milicias nacionales de la legislación gaditana. Las autoridades militares novohispanas apoyaron con entusiasmo una de las instituciones de la Constitución de 1812: los ayuntamientos gaditanos [35]. Esta fue una estrategia de guerra que, como se tiene bien documentado, fue impulsada por los militares realistas con el fin de dotar de “libertad civil” a grupos sociales y raciales que habían exigido infructuosamente su integración a la sociedad corporativa colonial. En efecto, las castas y pardos, los indios de pueblos sujetos y los vecinos principales de poblaciones había exigido que se les dotara de su propio cabildo, sin que hubieran recibido respuesta favorable por parte de la Corona. La guerra vino a dar cumplimiento a esas demandas. Las autoridades respaldaron la “revolución municipal” [36] de la legislación gaditana con el fin de evitar la incorporación de esos grupos a los insurgentes. La guerra facilitó que la igualdad impositiva, otro de los elementos centrales del nuevo proyecto de sociedad del liberalismo gaditano, comenzara a funcionar en la Nueva España. La lucha contra los insurgentes y las constantes penurias de la Real Hacienda obligaron a las autoridades a cobrar, entre 1812 y 1814, y a seguir cobrando, entre 1814 y 1821, los impuestos directos establecidos por las Cortes de Cádiz, que tenían como principal objetivo social y político abolir los privilegios y exenciones ante los gravámenes. Durante la lucha entre insurgentes y realistas, la población novohispana se acostumbró, a pesar suyo, a estas exacciones, y también las instituciones fiscales, llámese burocracia real, ayuntamientos y juntas de arbitrios, se adaptaron a la recaudación de las contribuciones directas de las Cortes de Cádiz. Esta fue otra herencia de la guerra que contribuyó a transformar la real hacienda en la hacienda pública del liberalismo gaditano. Y se podrían enumerar otros cambios más que generó el liberalismo gaditano
    en gran parte debido a la lucha entre realistas e insurgentes. Lo que queremos dejar asentado es que la crisis del Antiguo Régimen y los cambios generados por la guerra de independencia es una de las premisas principales para entender los propios resultados de la lucha entre insurgentes y realistas entre 1810 y 1821. En segundo lugar estaría el influjo que alcanzó la legislación gaditana en la Nueva España, primero, y después en el México de la primera mitad del siglo XIX. Esta tríada, crisis de la sociedad corporativa, guerra y liberalismo gaditano, nos ha permitido, primero, identificar y después, analizar los cambios que heredó el México de la primera mitad del siglo XIX. En otras palabras, estudiar esa tríada nos ha permitido sostener que el liberalismo gaditano en México provocó cambios revolucionarios que transformaron aspectos fundamentales de las estructuras sociales, políticas, institucionales y económicas de la sociedad corporativa. Al contrario de los historiadores que sostienen en el siglo XIX predominaron las continuidades, que lo que funcionó fue un estado postcolonial, que las herencias coloniales moldearon el Ochocientos mexicano, que el Antiguo Régimen llegó hasta 1880, como sostuvo en sus tesis de estado el profesor Guerra, nuestra línea de investigación nos ha permitido identificar las transformaciones que suscitó la fuerte vinculación entre la guerra, el liberalismo y la crisis de Antiguo Régimen. Mientras que los primeros coinciden en que las “continuidades” fueron las que marcaron y en gran parte determinaron el desarrollo y el propio funcionamiento de los “cambios”, nosotros consideramos que el acento debe de ser puesto en las transformaciones, y en particular, en las “rupturas” muchas de las cuales determinaron un antes y un después. Cambios y continuidades no es un juego de palabras [37], sino que implican dos perspectivas historiográficas que difieren en puntos teóricos fundamentales. E intentamos cerrar estas páginas con el primer tema que abordamos. De las revoluciones, ¿sólo la de 1910? Para nosotros la respuesta es no. En el siglo XIX se produjo una revolución, y el adjetivo es fundamental, es liberal. Una revolución liberal y no una Reforma. Un cambio fundamental que inicia con los cambios revolucionarios generados por el liberalismo gaditano y la guerra de independencia. Proponemos que esta sea la perspectiva historiográfica con la que se investigue el Ochocientos mexicano.




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    1974 Mayorazgo. Propiedad feudal en Castilla, 1369-1836. Madrid. Siglo XXI.
    CÓRDOVA, Arnaldo
    1977 La ideología de la revolución mexicana. La formación del nuevo régimen. México. Era.
    DOMÍNGUEZ SALDÍVAR, Roger
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    ESCALANTE GONZALBO, Fernando
    1995 Ciudadanos imaginarios: memorial de los afanes y desventuras de la virtud y apología del vicio triunfante en la República Mexicana: tratado de moral pública. México. El Colegio de México.
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    Homenaje a Miguel Artola. Vol.I: Visiones Generales. Madrid. Alianza Editorial.
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    2002 La revolución burguesa. Valencia. UNED.
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    2003 El Establecimiento del primer federalismo en México. México. El Colegio
    de México.




    [1] Entre otros, pero sin duda alcanzó una notoria trascendencia el libro de STEIN y STEIN, 1984.
    [2] MAYER, 1984.
    [3] GUERRA, 1988.
    [4] FRASQUET, 2004. VÁZQUEZ (coord.), 2003.
    [5] BENSON, 1955.
    [6] Uno de los historiadores, discípulo de Benson, que proyectó su tesis más allá de México ha sido
    Jaime E. RODRÍGUEZ O., RODRÍGUEZ, 1996.
    [7] HALE, 1972.
    [8] Los textos de Cosío Villegas y de Silva Herzog están recogidos en ROSS (ed.), 1972.
    [9] RUIZ, 1984.
    [10] GILLY, 1971.
    [11] CÓRDOVA, 1977.
    [12] FERRER, 1993.
    [13] BARRAGÁN, 1978.
    [14] SOBERANES, (ed.), 1992.
    [15] RODRÍGUEZ, 1980, 1992a y 1992b.
    [16] GUEDEA, 1992 y 1994.
    [17] Una edición de sus principales artículos en ARCHER, en prensa.
    [18] ORTIZ, 1997.
    [19] Es amplísima la bibliografía sobre la revolución burguesa en España, pero como índice de esta controversia desde punto de vista contrapuestos consultar: PÉREZ, 1980. pp. 91-138. RUIZ TORRES, 1994. PIQUERAS, 1996 y 2000.
    [20] ARTOLA, 1973.
    [21] FONTANA, 1971.
    [22] ÁLVAREZ, 1985.
    [23] SEBASTIÁ, 1971, 2001.
    [24] CLAVERO, 1974.
    [25] MALUQUER DE MOTES, 1977.
    [26] TUNÓN, 1975.
    [27] GUERRA, 1992 y 1993.
    [28] FRANK. 1975. FRANK, PUIGGRÓS y LACLAU, 1969.
    [29] ESCALANTE, 1999, p. 13. ESCALANTE, 1995. Véase también la traducción de ESCALANTE de SKINNER,
    1998.
    [30] AGUILAR, 2000 y 2001. AGUILAR Y ROJAS (coord.), 2002. ÁVILA, 2002 y 2004.
    [31] Sobre dicha estrategia consultar OVEJERO, MARTÍ y GARGARELLA, en “Introducción”, 2004.
    [32] CHUST, 1987 y 1999. CHUST y FRASQUET (eds.), 2004, CHUST y MÍNGUEZ (eds.), 2003, MÍNGUEZ y
    CHUST (eds.), 2004; CHUST (ed.), 2006. SERRANO, 2002 y (en prensa). TERÁN y SERRANO (eds.), 2002, y ORTIZ
    y SERRANO (eds.), 2007.
    [33] CHUST y SERRANO, en prensa.
    [34] ORTIZ, 1997.
    [35] ANNINO, 1995, pp. 177–226. DOMÍNGUEZ, 2004; DUCEY, 2001, pp. 525-550; ESCOBAR, 1994, 1996,
    pp. 1-26 y 1997, pp. 294-316; GUARISCO, 2000; GÜÉMEZ, 2006; GUZMÁN, 1997; HERNÁNDEZ, 1993.
    [36] CHUST y SERRANO (coords.), 2007, pp. 19-54.
    [37] LEMPÉRIÉRE, 2006, p. 56.


    * Revista Complutense de Historia de América, vol. 32, Madrid, Publicaciones Universidad Complutense de Madrid, 2007.



    Publicado por Blog de Historia Argentina e Hispanoamericana en jueves, septiembre 16, 2010
    Etiquetas: José Antonio Serrano, Manuel Chust, Nueva España versus México Historiografía y propuestas de discusión sobre la guerra de independencia y el liberalismo doceañista

  7. #27
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    HISTORIA DE LA REBELION POPULAR DE 1814 - Jose javier leon maracaibo venezuela


    Cuando Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra - El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua

    A cambio de fusiles, dinero y “hacer permanente el imperio”

    Cuando Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra

    * Famosa carta de Jamaica del Libertador cobra actualidad con la visita y discursos del mayor representante de la República Bolivariana de Venezuela
    * Aldo Díaz Lacayo, que reproduce la carta en una de sus obras, explica que la patria de Bolívar era América, y que el ofrecimiento de Panamá y Nicaragua al imperio inglés no empaña

    Edwin Sánchez | esanchez@elnuevodiario.com.ni
    Ahora que el nombre del Libertador Simón Bolívar empieza a sonar su música con más vehemencia, una carta suscrita por él desde Jamaica el 15 de mayo de 1815, seis años antes de la Independencia de Centroamérica y a 23 de la separación de la provincia de Nicaragua de la Federación, podría ser una desafinada nota: de su puño y letra revela sus intenciones de entregar nuestro territorio nada menos que a Inglaterra.

    La idea que también podría llamarse “bolivariana” era que semejante potencia hiciera el soñado Canal por nuestro territorio a cambio de armas y hombres para su proyecto.
    La Carta

    En el prólogo del libro “El Congreso Anfictiónico, Visión Bolivariana de la América anteriormente Española. Panamá 22 de junio-15 de julio de 1826”, de Aldo Díaz Lacayo, el ex canciller Alejandro Montiel Argüello hace un señalamiento del texto encontrado por el autor, que con esa obra obtuvo el “Premio Nacional de Historia Tomás Ayón 2001”.

    Si la Carta de Jamaica dice: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”, también la misiva, subraya el prologuista “insinúa la posibilidad de entregar las provincias de Panamá y Nicaragua a Inglaterra. A cambio Inglaterra daría armamentos militares, dinero y voluntarios que quisieran seguir las banderas americanas”.

    Díaz Lacayo escribe: “Más aún, conforme a la visión global del Libertador acerca de la América anteriormente española, y también de acuerdo con su política de capitalizar las contradicciones de Inglaterra con las otras potencias europeas, incluyendo España --y posteriormente con los Estados Unidos…, tan tempranamente como el 15 de mayo de 1815, desde Jamaica y a través de Maxwell Hislop, ofreció al Reino Unido entregar al Gobierno británico tanto Tierra firme como Nicaragua a cambio de su apoyo a la revolución independentista, todavía cruentamente enfrentada con España”.

    El texto que cita Díaz Lacayo de Bolívar a Hislop, señala en una de sus partes: “(…) El comercio británico ha perdido en Venezuela siete millones de pesos anuales, a que montaban sus producciones en los tiempos más calamitosos. Ahora parece que va a ser privada la Inglaterra del comercio de la Nueva Granada (Colombia-Sudamérica), que ella ha hecho exclusivamente, y cuya exportación es en oro y en sumas muy considerables (…) pero la pérdida incalculable que va a hacer la Gran Bretaña consiste en todo el continente meridional de la América, que, protegido por sus armas y comercio, extraería de su seno, en el corto espacio de diez años, más metales preciosos que los que circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y de plata (…).

    “Ventajas tan excesivas pueden ser obtenidas por los más débiles medios: 20 ó 30 mil fusiles; un millón de libras esterlinas; 15 ó 20 buques de guerra; municiones, algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas americanas; he aquí cuanto se necesita para dar la libertad a la mitad del mundo y poner al universo en equilibrio.

    “La Costa-Firme se salvaría con seis u ocho mil fusiles, municiones correspondientes, 500 mil duros para pagar los primeros meses de la campaña. Con estos socorros pone a descubierto el resto de la América del Sur y al mismo tiempo se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme de estos países, el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales, que, rompiendo los diques de una y otra mar, acerquen las distancias más remotas y hagan permanente el imperio de Inglaterra sobre el comercio”.¿Realismo político bolivariano?

    En un comentario de Jorge Orlando Melo al libro de Bolívar y la revolución
    de Germán Arciniegas, Editorial Planeta, Bogotá, 1984, hace referencia precisamente a este capítulo poco conocido del prócer:
    “En general, la discusión sobre la posición de Bolívar hacia Inglaterra y hacia la monarquía o sus sugerencias de que Inglaterra se apropie de Panamá y Nicaragua, está marcada por una ausencia total de análisis del contexto histórico y por una falta de atención al momento concreto de cada formulación: los textos de 1815 a 1829 se presentan agrupados en forma atemporal, sin mostrar sus relaciones con las situaciones de momento y sin ver en qué medida podían responder a consideraciones de realismo político. Sólo se ve en los textos de Bolívar la admiración por Inglaterra, por sus instituciones aristocratizantes, pero no lo que podía justificar en 1825 ó 1826 buscar en ese país un dique a las posibilidades de reconquista española.

    “Sin embargo, Arciniegas acaba reflejando, con signo inverso, la posición que critica. Es cierto que Bolívar tuvo una permanente actitud en favor de Inglaterra, y que los riesgos de anarquía, de caudillismo y de ascenso de la “pardocracia” tienen que ver con sus planes para lograr el protectorado de Inglaterra.

    “Pero cuando un texto de Bolívar dice que “Inglaterra debería tomar necesariamente en sus manos el hilo de la balanza” en una liga americana de naciones independientes, se pasa a preguntar: “¿Cómo pudo Bolívar colocar de fondo al Congreso de Panamá la entrega de la Gran Colombia a Inglaterra?”, o cuando con base en algunos textos de Bolívar favorables al protectorado inglés y en los que sugiere colocar a Colombia bajo “los auspicios de una nación liberal que nos preste su conducción”, se concluye que a Bolívar “sólo le ilusiona la posibilidad de entregar a Inglaterra el gobierno de Colombia”, se están forzando los textos y el desborde retórico hace que el problema, en vez de aclararse, se confunda

    “No empaña la gloria de Bolívar”
    Indagamos con el propio Díaz Lacayo sobre su interpretación de este ofrecimiento sorprendente, proviniendo de un americanista como lo fue Bolívar. “Yo explico la razón y es muy sencilla: para Bolívar América era América, no era Colombia. Entonces, el apoyo inglés a la revolución de independencia era vital, había una contradicción, primero en relación con España y luego con EU, en cuanto a libertad de comercio, porque era controlado por España primero.

    “Lo que hace Bolívar es proponerle a Inglaterra, la entrega de la Costa Caribe de Nicaragua, no sólo con propósitos comerciales, sino de cara al control del Mar Caribe. Se lo propone el canje, el control de la costa mosquitia a cambio de una cantidad de armas y apoyo logístico para la revolución o independencia, no porque quisiera entregar Centroamérica”.

    Es una especie de acuerdo, de que se hicieran cargo del aspecto más bien comercial y yo diría del control del Mar Caribe.

    No se debe olvidar que Inglaterra en el marco de la Santa Alianza, siempre tuvo contradicciones con miembros de esa Alianza (Austria, Prusia, Rusia). Esas contradicciones eran aprovechadas por Bolívar.

    Éstos apoyan a España para que no perdiera sus posiciones en América.


    ¿No cree que empañe la figura y dimensión de Bolívar entregar Nicaragua?
    No empaña, no incide, porque la Venezuela actual en particular y América del Sur en general no tiene interés geopolítico en Centroamérica, pero sí lo tenía Inglaterra. Ni la situación actual de América del Sur ni Venezuela considera a Centroamérica como distinta de América Latina. Para el sur, la inserción de Centroamérica en la unidad geopolítica es vital.

    Tenés que olvidarte de un sentimiento de soberanía local. Para Bolívar “mi patria es América”. No hacía distinciones de países, pero sabía que la crisis que se iba a plantear era la crisis de las fronteras, por eso inventa el principio del uti possidetis juris de 1810, para comprometer a cada nación a asumir como frontera lo que era delimitado en 1810. No se le escapa eso, pero decía: “Mi patria es América”, e hizo lo posible para hacer de América una sola región.


    (Uti possidetis juris del latín “como poseías de acuerdo al derecho, poseerás”).¿No le resta gloria al prócer?

    No le resta gloria para nada, al contrario, era parte de la visión global que tenía Bolívar en ese contexto y hay que analizarlo.

    Este episodio nunca se conoció. Fui el primero en divulgarlo en Nicaragua.



    LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS: LA CONJURA DE SIBONEY

    LA CONJURA DE SIBONEY



    LA CONSPIRACIÓN MASÓNICA DE LOS INSURGENTES CUBANOS CONTRA ESPAÑA


    Ambientada en el período de la Guerra Grande de Cuba (1868-1878), La conjura de Siboney narra las peripecias del teniente Castillo, destinado a aquella isla caribeña en 1874 para ponerse al frente de una sección de la Guardia Civil en Puerto Príncipe (hoy Camagüey). Con el telón de fondo de las intervenciones armadas en que toma parte contra las partidas de mambises y bandoleros, ante el lector se va presentando, con vivo realismo y un extraordinario manejo de la documentación, el ambiente que el joven oficial se encuentra a su llegada a Cuba, agotada por una larga guerra: las ciudades con decadente sabor colonial, la variopinta población, los combates en la manigua o la situación de un ejército aquejado de mil carencias y acosado por las enfermedades tropicales.

    Más tarde, el protagonista es ascendido a capitán. Gracias al prestigio granjeado durante la campaña, es enviado en comisión de servicio a Sancti Spíritus al mando de un pequeño equipo de colaboradores. Allí investigarán una extraña trama que ha provocado el asesinato de varios hacendados cubanos que estaban dispuestos a terminar con el esclavismo concediendo la libertad a sus trabajadores negros. Las sociedades secretas de los ñáñigos, las logias masónicas que comenzaban a proliferar y los propios grupos insurgentes pasarán a estar en el punto de mira de los investigadores.

    El lector de encontrará ahora frente al ambiente de opulencia todavía existente en las grandes haciendas del Valle de los Ingenios y el contraste con la dura vida que arrastran los esclavos de los bateyes; los contactos de los rebeldes en el exilio de Cayo Hueso y las remesas clandestinas de armas o las labores de espionaje en Nueva York. Pero también las controversias políticas de la época, en cierto modo reflejo de las de la Península, y la hipocresía de una sociedad en la que hay mucho de doble moral. Al margen de sus compañeros de armas, pocas personas se harán dignas de la confianza del capitán Castillo y sus hombres, que se enfrentan a una hermética organización, aunque más próxima a ellos de lo que imaginan. Sobre ella planeará la sombra de la trama cubana que participó en el asesinato del general Prim y que no descansará hasta cometer un nuevo magnicidio. Esto hará que al final se precipiten los acontecimientos, dando lugar a un desenlace tan trepidante como inesperado.

    El autor de esta novela, D. Eduardo Martínez Viqueira, tiene sobrados méritos militares, así como diversas publicaciones, entre las que destaca otro libro en su haber: Recuerdos de Irak.

    Título: LA CONJURA DE SIBONEY
    Autor: Eduardo Martínez Viqueira

    Editorial: De Librum Tremens Editores. Madrid, 2010. 483 págs.

    ISBN: 978-84-15074-06-9

    Información extraída del blog: LA CAZOLETA DEL ARCABUZ

  8. #28
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    HISTORIA DE LA REBELION POPULAR DE 1814 - Jose javier leon maracaibo venezuela


    Cuando Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra - El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua

    A cambio de fusiles, dinero y “hacer permanente el imperio”

    Cuando Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra

    * Famosa carta de Jamaica del Libertador cobra actualidad con la visita y discursos del mayor representante de la República Bolivariana de Venezuela
    * Aldo Díaz Lacayo, que reproduce la carta en una de sus obras, explica que la patria de Bolívar era América, y que el ofrecimiento de Panamá y Nicaragua al imperio inglés no empaña

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    Ahora que el nombre del Libertador Simón Bolívar empieza a sonar su música con más vehemencia, una carta suscrita por él desde Jamaica el 15 de mayo de 1815, seis años antes de la Independencia de Centroamérica y a 23 de la separación de la provincia de Nicaragua de la Federación, podría ser una desafinada nota: de su puño y letra revela sus intenciones de entregar nuestro territorio nada menos que a Inglaterra.

    La idea que también podría llamarse “bolivariana” era que semejante potencia hiciera el soñado Canal por nuestro territorio a cambio de armas y hombres para su proyecto.
    La Carta

    En el prólogo del libro “El Congreso Anfictiónico, Visión Bolivariana de la América anteriormente Española. Panamá 22 de junio-15 de julio de 1826”, de Aldo Díaz Lacayo, el ex canciller Alejandro Montiel Argüello hace un señalamiento del texto encontrado por el autor, que con esa obra obtuvo el “Premio Nacional de Historia Tomás Ayón 2001”.

    Si la Carta de Jamaica dice: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”, también la misiva, subraya el prologuista “insinúa la posibilidad de entregar las provincias de Panamá y Nicaragua a Inglaterra. A cambio Inglaterra daría armamentos militares, dinero y voluntarios que quisieran seguir las banderas americanas”.

    Díaz Lacayo escribe: “Más aún, conforme a la visión global del Libertador acerca de la América anteriormente española, y también de acuerdo con su política de capitalizar las contradicciones de Inglaterra con las otras potencias europeas, incluyendo España --y posteriormente con los Estados Unidos…, tan tempranamente como el 15 de mayo de 1815, desde Jamaica y a través de Maxwell Hislop, ofreció al Reino Unido entregar al Gobierno británico tanto Tierra firme como Nicaragua a cambio de su apoyo a la revolución independentista, todavía cruentamente enfrentada con España”.

    El texto que cita Díaz Lacayo de Bolívar a Hislop, señala en una de sus partes: “(…) El comercio británico ha perdido en Venezuela siete millones de pesos anuales, a que montaban sus producciones en los tiempos más calamitosos. Ahora parece que va a ser privada la Inglaterra del comercio de la Nueva Granada (Colombia-Sudamérica), que ella ha hecho exclusivamente, y cuya exportación es en oro y en sumas muy considerables (…) pero la pérdida incalculable que va a hacer la Gran Bretaña consiste en todo el continente meridional de la América, que, protegido por sus armas y comercio, extraería de su seno, en el corto espacio de diez años, más metales preciosos que los que circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y de plata (…).

    “Ventajas tan excesivas pueden ser obtenidas por los más débiles medios: 20 ó 30 mil fusiles; un millón de libras esterlinas; 15 ó 20 buques de guerra; municiones, algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas americanas; he aquí cuanto se necesita para dar la libertad a la mitad del mundo y poner al universo en equilibrio.

    “La Costa-Firme se salvaría con seis u ocho mil fusiles, municiones correspondientes, 500 mil duros para pagar los primeros meses de la campaña. Con estos socorros pone a descubierto el resto de la América del Sur y al mismo tiempo se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme de estos países, el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales, que, rompiendo los diques de una y otra mar, acerquen las distancias más remotas y hagan permanente el imperio de Inglaterra sobre el comercio”.¿Realismo político bolivariano?

    En un comentario de Jorge Orlando Melo al libro de Bolívar y la revolución
    de Germán Arciniegas, Editorial Planeta, Bogotá, 1984, hace referencia precisamente a este capítulo poco conocido del prócer:
    “En general, la discusión sobre la posición de Bolívar hacia Inglaterra y hacia la monarquía o sus sugerencias de que Inglaterra se apropie de Panamá y Nicaragua, está marcada por una ausencia total de análisis del contexto histórico y por una falta de atención al momento concreto de cada formulación: los textos de 1815 a 1829 se presentan agrupados en forma atemporal, sin mostrar sus relaciones con las situaciones de momento y sin ver en qué medida podían responder a consideraciones de realismo político. Sólo se ve en los textos de Bolívar la admiración por Inglaterra, por sus instituciones aristocratizantes, pero no lo que podía justificar en 1825 ó 1826 buscar en ese país un dique a las posibilidades de reconquista española.

    “Sin embargo, Arciniegas acaba reflejando, con signo inverso, la posición que critica. Es cierto que Bolívar tuvo una permanente actitud en favor de Inglaterra, y que los riesgos de anarquía, de caudillismo y de ascenso de la “pardocracia” tienen que ver con sus planes para lograr el protectorado de Inglaterra.

    “Pero cuando un texto de Bolívar dice que “Inglaterra debería tomar necesariamente en sus manos el hilo de la balanza” en una liga americana de naciones independientes, se pasa a preguntar: “¿Cómo pudo Bolívar colocar de fondo al Congreso de Panamá la entrega de la Gran Colombia a Inglaterra?”, o cuando con base en algunos textos de Bolívar favorables al protectorado inglés y en los que sugiere colocar a Colombia bajo “los auspicios de una nación liberal que nos preste su conducción”, se concluye que a Bolívar “sólo le ilusiona la posibilidad de entregar a Inglaterra el gobierno de Colombia”, se están forzando los textos y el desborde retórico hace que el problema, en vez de aclararse, se confunda

    “No empaña la gloria de Bolívar”
    Indagamos con el propio Díaz Lacayo sobre su interpretación de este ofrecimiento sorprendente, proviniendo de un americanista como lo fue Bolívar. “Yo explico la razón y es muy sencilla: para Bolívar América era América, no era Colombia. Entonces, el apoyo inglés a la revolución de independencia era vital, había una contradicción, primero en relación con España y luego con EU, en cuanto a libertad de comercio, porque era controlado por España primero.

    “Lo que hace Bolívar es proponerle a Inglaterra, la entrega de la Costa Caribe de Nicaragua, no sólo con propósitos comerciales, sino de cara al control del Mar Caribe. Se lo propone el canje, el control de la costa mosquitia a cambio de una cantidad de armas y apoyo logístico para la revolución o independencia, no porque quisiera entregar Centroamérica”.

    Es una especie de acuerdo, de que se hicieran cargo del aspecto más bien comercial y yo diría del control del Mar Caribe.

    No se debe olvidar que Inglaterra en el marco de la Santa Alianza, siempre tuvo contradicciones con miembros de esa Alianza (Austria, Prusia, Rusia). Esas contradicciones eran aprovechadas por Bolívar.

    Éstos apoyan a España para que no perdiera sus posiciones en América.


    ¿No cree que empañe la figura y dimensión de Bolívar entregar Nicaragua?
    No empaña, no incide, porque la Venezuela actual en particular y América del Sur en general no tiene interés geopolítico en Centroamérica, pero sí lo tenía Inglaterra. Ni la situación actual de América del Sur ni Venezuela considera a Centroamérica como distinta de América Latina. Para el sur, la inserción de Centroamérica en la unidad geopolítica es vital.

    Tenés que olvidarte de un sentimiento de soberanía local. Para Bolívar “mi patria es América”. No hacía distinciones de países, pero sabía que la crisis que se iba a plantear era la crisis de las fronteras, por eso inventa el principio del uti possidetis juris de 1810, para comprometer a cada nación a asumir como frontera lo que era delimitado en 1810. No se le escapa eso, pero decía: “Mi patria es América”, e hizo lo posible para hacer de América una sola región.


    (Uti possidetis juris del latín “como poseías de acuerdo al derecho, poseerás”).¿No le resta gloria al prócer?

    No le resta gloria para nada, al contrario, era parte de la visión global que tenía Bolívar en ese contexto y hay que analizarlo.

    Este episodio nunca se conoció. Fui el primero en divulgarlo en Nicaragua.



    LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS: LA CONJURA DE SIBONEY

    LA CONJURA DE SIBONEY



    LA CONSPIRACIÓN MASÓNICA DE LOS INSURGENTES CUBANOS CONTRA ESPAÑA


    Ambientada en el período de la Guerra Grande de Cuba (1868-1878), La conjura de Siboney narra las peripecias del teniente Castillo, destinado a aquella isla caribeña en 1874 para ponerse al frente de una sección de la Guardia Civil en Puerto Príncipe (hoy Camagüey). Con el telón de fondo de las intervenciones armadas en que toma parte contra las partidas de mambises y bandoleros, ante el lector se va presentando, con vivo realismo y un extraordinario manejo de la documentación, el ambiente que el joven oficial se encuentra a su llegada a Cuba, agotada por una larga guerra: las ciudades con decadente sabor colonial, la variopinta población, los combates en la manigua o la situación de un ejército aquejado de mil carencias y acosado por las enfermedades tropicales.

    Más tarde, el protagonista es ascendido a capitán. Gracias al prestigio granjeado durante la campaña, es enviado en comisión de servicio a Sancti Spíritus al mando de un pequeño equipo de colaboradores. Allí investigarán una extraña trama que ha provocado el asesinato de varios hacendados cubanos que estaban dispuestos a terminar con el esclavismo concediendo la libertad a sus trabajadores negros. Las sociedades secretas de los ñáñigos, las logias masónicas que comenzaban a proliferar y los propios grupos insurgentes pasarán a estar en el punto de mira de los investigadores.

    El lector de encontrará ahora frente al ambiente de opulencia todavía existente en las grandes haciendas del Valle de los Ingenios y el contraste con la dura vida que arrastran los esclavos de los bateyes; los contactos de los rebeldes en el exilio de Cayo Hueso y las remesas clandestinas de armas o las labores de espionaje en Nueva York. Pero también las controversias políticas de la época, en cierto modo reflejo de las de la Península, y la hipocresía de una sociedad en la que hay mucho de doble moral. Al margen de sus compañeros de armas, pocas personas se harán dignas de la confianza del capitán Castillo y sus hombres, que se enfrentan a una hermética organización, aunque más próxima a ellos de lo que imaginan. Sobre ella planeará la sombra de la trama cubana que participó en el asesinato del general Prim y que no descansará hasta cometer un nuevo magnicidio. Esto hará que al final se precipiten los acontecimientos, dando lugar a un desenlace tan trepidante como inesperado.

    El autor de esta novela, D. Eduardo Martínez Viqueira, tiene sobrados méritos militares, así como diversas publicaciones, entre las que destaca otro libro en su haber: Recuerdos de Irak.

    Título: LA CONJURA DE SIBONEY
    Autor: Eduardo Martínez Viqueira

    Editorial: De Librum Tremens Editores. Madrid, 2010. 483 págs.

    ISBN: 978-84-15074-06-9

    Información extraída del blog: LA CAZOLETA DEL ARCABUZ

  9. #29
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El "lado oscuro" del cura Hidalgo, según el escritor Eugenio Aguirre - Bravo México - Bicentenario - CNNMéxico.com



    El "lado oscuro" del cura Hidalgo, según el escritor Eugenio Aguirre


    CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) —
    Muchos saben ya que Miguel Hidalgo no era un sacerdote ortodoxo, que tenía más de una amante y por lo menos cinco hijos, pero pocos saben que también permitió que se cometieran -y él mismo cometió- crímenes atroces; que disfrutaba matar con saña a sus enemigos; que se enemistó con sus aliados y que más de una vez olvidó que su causa era la Independencia de México.

    Para reflejar su historia integral y el "lado oscuro” del más popular héroe de la Independencia, más conocido por el grito con el que llamó a la insurgencia el 15 de septiembre de 1810, Eugenio Aguirre dedicó años de investigación para realizar Hidalgo, una biografía novelada de este personaje.
    En entrevista con CNNMéxico, Aguirre explicó que su obra no sólo busca hablar "de ese hombre del que cuentan los libros de historia, la historia oficial", sino también de "los desmanes que cometía Hidalgo, de su lado oscuro, de su permisividad para que los insurgentes cometieran saqueos y asesinatos de inocentes, sus titubeos en las batallas, su falta de pericia como estratega militar".
    Mucho hay de historia, un poco de ficción y otro tanto del propio autor que, admite, comparte el "humor irónico y desfachatado" de quien es considerado El padre de la patria.
    "Era un hombre de mucha luz, muy divertido, amante del teatro, culto, sensible a los problemas sociales, brillante, pero también un ser humano con conflictos, internos, depresiones y caídas", dice el autor, quien rechaza la imagen oficial del héroe "viejito y bonachón".
    Lo cierto es que Hidalgo era un hombre acaudalado que, como muchos, se vio afectado por las ambiciones de la Corona española que, con "impuestos absurdos" los despojaba de sus riquezas.
    Quizá -ni el autor puede precisarlo del todo- esta fue una de las principales razones por las que Miguel Hidalgo se unió a la causa insurgente, para emancipar a México de España.
    "Hidalgo nunca buscó la conspiración, nunca buscó la lucha insurgente, sino que fue la conspiración quien lo buscó y fueron por él, porque era un personaje querido por todos los estratos sociales. Pensaron que podría traer a la causa a los hombres ricos, poderosos de la Nueva España que podían dar dinero y ejércitos que habían formado en sus haciendas", explica Aguirre.
    Así, gracias a su carácter lúdico y extrovertido, Hidalgo encabezó la primera parte del movimiento independentista, y tras una serie de derrotas, fue capturado y fusilado en Chihuahua en 1811.
    La obra que inspiró parte de la reciente película Hidalgo, la historia jamás contada, refleja el deterioro ideológico que fue sufriendo el líder a lo largo de la batalla. Saqueos, masacres, violaciones tumultuarias, torturas, todo fue permitido y auspiciado por el héroe.
    "Estudió náhuatl para ir a las comunidades más lejanas a confesar a los indígenas (…) Abrió empresas de cerámica y otras artesanías para dar empleo en las poblaciones más pobres, pero al iniciar la batalla descubrió esa otra parte oscura y terrible de sí mismo", dice el autor de La cruz maya.
    En opinión de Eugenio Aguirre, el título de Padre de la patria le corresponde a José María Morelos, otro sacerdote y aprendiz de Hidalgo que en el ámbito militar terminó superando al maestro.
    "Morelos también tenía hijos y otros oscuros secretos, no era un hombre impoluto, pero era el máximo estratega del movimiento. A él le debemos la mayoría de las victorias de la época", agrega.
    En su tiempo, Hidalgo luchó contra la esclavitud, contra las castas y extrema pobreza que aquejaba a la mayoría. El México de hoy es distinto, pero algunas carencias permanecen, según dice Aguirre.
    "Quizás algo interesante es una falta de proyecto de nación que no se ve ni se manifiesta y hace mucho daño al país. Hay muchos titubeos, hoy como entonces, hay muchas actitudes entreguistas hoy como entonces".
    Agrega que, al igual que la Corona, el gobierno mexicano no ha sabido controlar ni atender los movimientos sociales opositores, ni ha logrado mantener la armonía entre la sociedad, marcada por la desigualdad.
    Sin embargo, Aguirre cree que aún tenemos mucho que festejar este 15 de septiembre, en el bicentenario del Grito de Dolores, que le dio la gloria a Hidalgo.
    "Festejar los hechos medulares de la historia me parece pertinente y afortunado. Los pueblos que han sabido reconocer el mérito de su gente más valiosa son los pueblos que se han desarrollado con mayor atingencia".
    El biógrafo sugiere no dejarse llevar "por las luces de colores y las costosísimas fiestas", sino admirar con inteligencia a los líderes, "no necesariamente héroes, que le abrieron paso a esta gran nación".




    Catolicidad: 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: FECHA DE LA VERDADERA INDEPENDENCIA MEXICANA
    27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: FECHA DE LA VERDADERA INDEPENDENCIA MEXICANA

    El 16 de septiembre, decía Sergio Sarmiento en su columna:

    "El impoluto Miguel Hidalgo de nuestra mitología, por ejemplo, es distinto del que con "frenesí destructivo" permitió la salvaje matanza de la alhóndiga de Granaditas e hizo asesinar a cientos de españoles en Guadalajara y Valladolid. Muchas de las mujeres y niñas asesinadas por órdenes de Hidalgo fueron también violadas. Un amigo torero de Hidalgo, Joaquín Marroquín, toreaba a los prisioneros y los mataba con estoque. Cuando se le preguntó a Hidalgo en el juicio de la Inquisición por qué no había procesado a los españoles, él respondió que porque sabía que eran inocentes.

    "No es malo que Hidalgo haya sido de carne y hueso. Sus debilidades dan realce a sus innegables virtudes. Pero los fabricantes de la "historia de bronce" se han negado a aceptar o divulgar cualquier falta del padre de la patria.
    "Así como han creado héroes sin mancha, como Hidalgo, Morelos, Juárez o Madero, para el culto popular, han forjado también villanos a modo, como Iturbide, López de Santa Anna, Miramón o don Porfirio, para contrastarlos con los héroes. Esta visión maniquea de la historia nos impide ver los errores de los próceres o los actos positivos de los "villanos". Se le escatima a Agustín de Iturbide la consumación de la independencia y a Miguel de Miramón su papel como "niño héroe" en la defensa del castillo de Chapultepec en 1847".
    En efecto una "historia" maniquea creada a gusto de la facción triunfadora ha deformado la verdadera historia y ha creado una ficción oficial donde se mezclan verdades y mentiras. El pueblo que poco lee e investiga compra todo lo que se le diga y se le enseñe en la escuela y a través de todos los medios informativos de control. Por ello, que algunos escritores empiecen a cuestionar los mitos históricos aunque no siempre atinen en todos sus juicios es promisorio, como es el caso del artículo de Sarmiento. En él reclama que se le escatime a don Agustín de Iturbide la realización -que no la consumación, como él la llama- de la Independencia. Y aunque yerre -como tantos- al suponer que la causa de la independencia la inció Hidalgo y la consumó Iturbide, es un enorme avance el que reclame que se escatimen -a éste último- los méritos correspondientes. Y, efectivamente, se yerra cuando se liga como inicio la guerra civil llevada a cabo por don Miguel Hidalgo y Costilla que con ríos de sangre terminó en un verdadero fracaso y no logró nada, con la realización de la Independencia alcanzada por don Agustín sin derramamiento de sangre.

    Por ello también resulta gratificante que don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, que en nada puede ser acusado de clerical o conservador, haya dicho:

    “A mí me sorprende mucho que hasta los más fervientes admiradores de Iturbide lo llamen ‘el consumador de nuestra independencia’. Me asombra eso porque pasan inadvertido el hecho de que Iturbide no es el consumador de nuestra independencia, sino su hacedor, su único, verdadero autor. A Iturbide le debemos la independencia, la libertad, el nombre de nuestra patria, su bandera y los chiles en nogada”.

    “Si tuviéramos todo lo que se necesita para echar por la borda los viejos clichés, estereotipos mentirosos; si de verdad nos apegáramos a la verdad, si hubiera una sola historia de México y no varias, opuestas y contradictorias, Iturbide, y no Hidalgo, sería llamado el Padre de la Independencia Mexicana”.
    En este blog ya hemos hablado y demostrado que fue Iturbide y no Guerrero quien realizó la Independencia mexicana (ver: FUE ITURBIDE Y NO GUERRERO QUIEN CREÓ LA BANDERA, IDEÓ EL PLAN DE IGUALA Y REALIZÓ LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO ) como tampoco lo fue Hidalgo (ver: ¿QUÉ CELEBRAMOS HOY LOS MEXICANOS?); también hemos hecho notar las infundadas calumnia contra el libertador al acusarlo de ambicioso y de dizque proclamarse emperador (ver: A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO: LA "AMBICIÓN" DE ITURBIDE ); asimismo hemos hablado de la mentira del bicentenario, pues éste se cumplirá hasta el año 2021 (ver: LA MENTIRA DEL BICENTENARIO); por último, también hemos evidenciado otros muchos errores y calumnias que se profieren contra el libertador (ver: LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO y 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: ITURBIDE REALIZA LA INDEPENDENCIA (BIOGRAFÍA E HIMNO ÍNTEGRO) )

    Falta ahora puntualizar la dimensión moral del libertador. Lejos de querer incurrir en el forjamiento de seres fantasiosos de leyendas, deshumanizados, o de santos de mármol, aclaramos que Iturbide fue un héroe... no un santo en vías de canonización. En efecto, Iturbide fue un héroe de carne y hueso, con virtudes y defectos, como todo ser humano. Dejamos el mito y la forjación de seres perfectísimos para los inventores de la historia de bronce pagados por la nómina oficial. Pero sin negar la carga de virtudes y defectos innata a todo hombre, nadie puede honradamente negar el amor de Iturbide por su Patria y su alta calidad moral.

    Esto se evidencia, de una manera particular cuando el libertador abdica como emperador para evitar más sangre a su Patria y, más tarde, cuando es apresado a su regreso a México desconociendo el infame decreto del Congreso que lo sentenciaba a muerte si ponía sus pies en suelo mexicano. Entonces, escribe una carta al Congreso en donde inquiere qué delito había cometido y enumerando todos y cada uno de los servicios que realizó a su Patria, preguntaba por cuál de ellos se le condenaba a muerte.

    A Iturbide no se le concede su último deseo de asistir al santo sacrificio de la misa y es confesado sacramentalmente por el presidente del Congreso que había decretado el parricidio. Así, la ejecución se apresura pues sus enemigos le temen.
    .
    .Dejemos que don Alejandro Rosas nos narre ese final:
    .
    "A ver, muchachos… daré al mundo la última vista", dijo Iturbide minutos antes de las 6 de la tarde, cuando fue sacado de la prisión para ser llevado al lugar de la ejecución. Se veía sereno. No quiso que nadie le vendara los ojos; lo hizo él mismo con tal naturalidad que parecía haber pasado ya por el trance de la muerte. Se opuso a que le ataran las manos, pero ante la insistencia del oficial de que debía hacerlo no puso más reparos. Minutos antes le entregó al sacerdote una carta para su esposa, su reloj y el rosario que llevaba al cuello a fin de que lo remitiese a su hijo mayor que se había quedado en Londres.
    .

    Parado ya en el lugar donde habría de morir expresó: “¡Mexicanos! En el acto mismo de mi muerte os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión: ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros; no quedará a mis hijos y su posteridad otra mancha: no soy traidor no. Guardad subordinación y prestad obediencia a vuestros jefes, que haciendo lo que ellos mandan, es cumplir con Dios. No digo esto lleno de vanidad porque estoy muy distante de tenerla”.

    Rezó el credo por algunos minutos e hizo un acto de contrición; besó el crucifijo que le presentaron y de pronto se oyó la descarga que cegó su vida. Su cuerpo inerte fue recogido, varios vecinos lo reconocieron para beneficio de la autoridad y finalmente lo sepultaron en la iglesia del pueblo de Padilla. En 1838, Anastasio Bustamante trasladó sus restos al altar de San Felipe de Jesús, en la catedral de la ciudad de México, donde se encuentran actualmente. Lejos del reconocimiento nacional; lejos de ocupar un lugar entre los personajes fundadores de la nación mexicana.

    Hasta aquí el relato histórico de don Alejandro Rosas.

    Por su parte, liberales honrados (Sierra, Bocanegra, Arias, Zavala, Prieto, Toro, Bustamante, Bulnes, Riva Palacio, etc.) contrarios a la postura conservadora han reconocido la calidad moral y los méritos del libertador de México. Citaremos sólo a los dos últimos.
    .

    A principios del siglo XX, el intelectual y político liberal Francisco Bulnes escribió:

    "Espero que para el Centenario de 2110, dentro de doscientos años, se habrá reconocido que los tres héroes prominentes de nuestra independencia, fueron Hidalgo Morelos e Iturbide. Como los muertos no se cansan de reposar en sus tumbas, Iturbide bien puede esperar algunos cientos de años, a que el pueblo mexicano, en la plenitud de su cultura, le reconozca con moderados réditos lo que le debe. Mientras no se honre como debe ser a los verdaderos héroes de la independencia y se llegue hasta suprimir de los homenajes, la figura de uno o algunos de los más grandes, habrá derecho para decir que en las solemnes fiestas del centenario de la Independencia quedó vacío el lugar del primero de los personajes: la Justicia"...
    "¿Cómo se explica el atentado contra la memoria de de Iturbide, denigrándolo y dirigiendo sobre ella la odiosidad del pueblo? La respuesta es tan bochornosa como fácil, dado el analfabetismo de nuestras masas y su organización tan científica para el servilismo demagógico. El jacobinismo dispone temporalmente de todos los lugares de la historia patria, sin que en frente puedan ponérsele los pocos escritores elevados que en México se ocupan de asuntos históricos. Entre nosotros, y desgraciadamente, la historia es una especie de club faccioso, en cuya tribuna dominan los que hacen de la literatura un puñal, de la verdad un delito, de la lógica una ofensa a la nación, y de la justicia un vaso de embriaguez, pérfida y degradante. Mientras que el pueblo mexicano, en sus masa sin instrucción y moral pública, tenga por la demagogia el culto que debía tener por la civilización, no conocerá como debe ser a sus grandes hombres, pues no son todos los que están, ni están todos los son". (Bulnes, Francisco, La Guerra de Independencia, Hidalgo-Iturbide, México, Editora Nacional, 1969. Pgs 417 y 425)
    Finalizamos con los juicios de don Vicente Riva Palacio, prominente liberal y nieto de don Vicente Guerrero:

    "Iturbide, libertador de México; Iturbide emperador; Iturbide, ídolo y adoración un día de los mexicanos, expiró en el patíbulo y en medio del más desconsolador abandono...yo no vacilaré en repetir que esa sangre derramada en Padilla ha sido y es quizá una de las manchas más vergonzosas de la historia de México.

    "El pueblo que pone las manos sobre la cabeza de su libertador es tan culpable como el hijo que atenta sobre la vida de su padre. Hay sobre los intereses políticos de las naciones una virtud que es superior a todas las virtudes: la gratitud.

    "El pueblo que es ingrato con sus grandes hombres se expone a no tener por servidores más que los que buscan en la política un camino para enriquecerse y sofocan todas las pasiones nobles y generosas.

    "Dios permita que las generaciones venideras perdonen a nuestros antepasados la muerte de Iturbide, ya que la historia no puede borrar de sus fastos esta sangrienta y negra página". (Riva Palacio, Vicente. El Libro Rojo, México, Editorial Leyenda, S.A., 1946, pp 351-352).
    Y sin embargo, Iturbide fue nuevamente excluido, ahora de la conmemoración del mal llamado bicentenario. Y existen pseudomexicanos que aún aplauden el parricidio de quien les dio Patria y libertad.

  10. #30
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El "lado oscuro" del cura Hidalgo, según el escritor Eugenio Aguirre - Bravo México - Bicentenario - CNNMéxico.com



    El "lado oscuro" del cura Hidalgo, según el escritor Eugenio Aguirre


    CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) —
    Muchos saben ya que Miguel Hidalgo no era un sacerdote ortodoxo, que tenía más de una amante y por lo menos cinco hijos, pero pocos saben que también permitió que se cometieran -y él mismo cometió- crímenes atroces; que disfrutaba matar con saña a sus enemigos; que se enemistó con sus aliados y que más de una vez olvidó que su causa era la Independencia de México.

    Para reflejar su historia integral y el "lado oscuro” del más popular héroe de la Independencia, más conocido por el grito con el que llamó a la insurgencia el 15 de septiembre de 1810, Eugenio Aguirre dedicó años de investigación para realizar Hidalgo, una biografía novelada de este personaje.
    En entrevista con CNNMéxico, Aguirre explicó que su obra no sólo busca hablar "de ese hombre del que cuentan los libros de historia, la historia oficial", sino también de "los desmanes que cometía Hidalgo, de su lado oscuro, de su permisividad para que los insurgentes cometieran saqueos y asesinatos de inocentes, sus titubeos en las batallas, su falta de pericia como estratega militar".
    Mucho hay de historia, un poco de ficción y otro tanto del propio autor que, admite, comparte el "humor irónico y desfachatado" de quien es considerado El padre de la patria.
    "Era un hombre de mucha luz, muy divertido, amante del teatro, culto, sensible a los problemas sociales, brillante, pero también un ser humano con conflictos, internos, depresiones y caídas", dice el autor, quien rechaza la imagen oficial del héroe "viejito y bonachón".
    Lo cierto es que Hidalgo era un hombre acaudalado que, como muchos, se vio afectado por las ambiciones de la Corona española que, con "impuestos absurdos" los despojaba de sus riquezas.
    Quizá -ni el autor puede precisarlo del todo- esta fue una de las principales razones por las que Miguel Hidalgo se unió a la causa insurgente, para emancipar a México de España.
    "Hidalgo nunca buscó la conspiración, nunca buscó la lucha insurgente, sino que fue la conspiración quien lo buscó y fueron por él, porque era un personaje querido por todos los estratos sociales. Pensaron que podría traer a la causa a los hombres ricos, poderosos de la Nueva España que podían dar dinero y ejércitos que habían formado en sus haciendas", explica Aguirre.
    Así, gracias a su carácter lúdico y extrovertido, Hidalgo encabezó la primera parte del movimiento independentista, y tras una serie de derrotas, fue capturado y fusilado en Chihuahua en 1811.
    La obra que inspiró parte de la reciente película Hidalgo, la historia jamás contada, refleja el deterioro ideológico que fue sufriendo el líder a lo largo de la batalla. Saqueos, masacres, violaciones tumultuarias, torturas, todo fue permitido y auspiciado por el héroe.
    "Estudió náhuatl para ir a las comunidades más lejanas a confesar a los indígenas (…) Abrió empresas de cerámica y otras artesanías para dar empleo en las poblaciones más pobres, pero al iniciar la batalla descubrió esa otra parte oscura y terrible de sí mismo", dice el autor de La cruz maya.
    En opinión de Eugenio Aguirre, el título de Padre de la patria le corresponde a José María Morelos, otro sacerdote y aprendiz de Hidalgo que en el ámbito militar terminó superando al maestro.
    "Morelos también tenía hijos y otros oscuros secretos, no era un hombre impoluto, pero era el máximo estratega del movimiento. A él le debemos la mayoría de las victorias de la época", agrega.
    En su tiempo, Hidalgo luchó contra la esclavitud, contra las castas y extrema pobreza que aquejaba a la mayoría. El México de hoy es distinto, pero algunas carencias permanecen, según dice Aguirre.
    "Quizás algo interesante es una falta de proyecto de nación que no se ve ni se manifiesta y hace mucho daño al país. Hay muchos titubeos, hoy como entonces, hay muchas actitudes entreguistas hoy como entonces".
    Agrega que, al igual que la Corona, el gobierno mexicano no ha sabido controlar ni atender los movimientos sociales opositores, ni ha logrado mantener la armonía entre la sociedad, marcada por la desigualdad.
    Sin embargo, Aguirre cree que aún tenemos mucho que festejar este 15 de septiembre, en el bicentenario del Grito de Dolores, que le dio la gloria a Hidalgo.
    "Festejar los hechos medulares de la historia me parece pertinente y afortunado. Los pueblos que han sabido reconocer el mérito de su gente más valiosa son los pueblos que se han desarrollado con mayor atingencia".
    El biógrafo sugiere no dejarse llevar "por las luces de colores y las costosísimas fiestas", sino admirar con inteligencia a los líderes, "no necesariamente héroes, que le abrieron paso a esta gran nación".




    Catolicidad: 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: FECHA DE LA VERDADERA INDEPENDENCIA MEXICANA
    27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: FECHA DE LA VERDADERA INDEPENDENCIA MEXICANA

    El 16 de septiembre, decía Sergio Sarmiento en su columna:

    "El impoluto Miguel Hidalgo de nuestra mitología, por ejemplo, es distinto del que con "frenesí destructivo" permitió la salvaje matanza de la alhóndiga de Granaditas e hizo asesinar a cientos de españoles en Guadalajara y Valladolid. Muchas de las mujeres y niñas asesinadas por órdenes de Hidalgo fueron también violadas. Un amigo torero de Hidalgo, Joaquín Marroquín, toreaba a los prisioneros y los mataba con estoque. Cuando se le preguntó a Hidalgo en el juicio de la Inquisición por qué no había procesado a los españoles, él respondió que porque sabía que eran inocentes.

    "No es malo que Hidalgo haya sido de carne y hueso. Sus debilidades dan realce a sus innegables virtudes. Pero los fabricantes de la "historia de bronce" se han negado a aceptar o divulgar cualquier falta del padre de la patria.
    "Así como han creado héroes sin mancha, como Hidalgo, Morelos, Juárez o Madero, para el culto popular, han forjado también villanos a modo, como Iturbide, López de Santa Anna, Miramón o don Porfirio, para contrastarlos con los héroes. Esta visión maniquea de la historia nos impide ver los errores de los próceres o los actos positivos de los "villanos". Se le escatima a Agustín de Iturbide la consumación de la independencia y a Miguel de Miramón su papel como "niño héroe" en la defensa del castillo de Chapultepec en 1847".
    En efecto una "historia" maniquea creada a gusto de la facción triunfadora ha deformado la verdadera historia y ha creado una ficción oficial donde se mezclan verdades y mentiras. El pueblo que poco lee e investiga compra todo lo que se le diga y se le enseñe en la escuela y a través de todos los medios informativos de control. Por ello, que algunos escritores empiecen a cuestionar los mitos históricos aunque no siempre atinen en todos sus juicios es promisorio, como es el caso del artículo de Sarmiento. En él reclama que se le escatime a don Agustín de Iturbide la realización -que no la consumación, como él la llama- de la Independencia. Y aunque yerre -como tantos- al suponer que la causa de la independencia la inció Hidalgo y la consumó Iturbide, es un enorme avance el que reclame que se escatimen -a éste último- los méritos correspondientes. Y, efectivamente, se yerra cuando se liga como inicio la guerra civil llevada a cabo por don Miguel Hidalgo y Costilla que con ríos de sangre terminó en un verdadero fracaso y no logró nada, con la realización de la Independencia alcanzada por don Agustín sin derramamiento de sangre.

    Por ello también resulta gratificante que don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, que en nada puede ser acusado de clerical o conservador, haya dicho:

    “A mí me sorprende mucho que hasta los más fervientes admiradores de Iturbide lo llamen ‘el consumador de nuestra independencia’. Me asombra eso porque pasan inadvertido el hecho de que Iturbide no es el consumador de nuestra independencia, sino su hacedor, su único, verdadero autor. A Iturbide le debemos la independencia, la libertad, el nombre de nuestra patria, su bandera y los chiles en nogada”.

    “Si tuviéramos todo lo que se necesita para echar por la borda los viejos clichés, estereotipos mentirosos; si de verdad nos apegáramos a la verdad, si hubiera una sola historia de México y no varias, opuestas y contradictorias, Iturbide, y no Hidalgo, sería llamado el Padre de la Independencia Mexicana”.
    En este blog ya hemos hablado y demostrado que fue Iturbide y no Guerrero quien realizó la Independencia mexicana (ver: FUE ITURBIDE Y NO GUERRERO QUIEN CREÓ LA BANDERA, IDEÓ EL PLAN DE IGUALA Y REALIZÓ LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO ) como tampoco lo fue Hidalgo (ver: ¿QUÉ CELEBRAMOS HOY LOS MEXICANOS?); también hemos hecho notar las infundadas calumnia contra el libertador al acusarlo de ambicioso y de dizque proclamarse emperador (ver: A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO: LA "AMBICIÓN" DE ITURBIDE ); asimismo hemos hablado de la mentira del bicentenario, pues éste se cumplirá hasta el año 2021 (ver: LA MENTIRA DEL BICENTENARIO); por último, también hemos evidenciado otros muchos errores y calumnias que se profieren contra el libertador (ver: LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO y 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821: ITURBIDE REALIZA LA INDEPENDENCIA (BIOGRAFÍA E HIMNO ÍNTEGRO) )

    Falta ahora puntualizar la dimensión moral del libertador. Lejos de querer incurrir en el forjamiento de seres fantasiosos de leyendas, deshumanizados, o de santos de mármol, aclaramos que Iturbide fue un héroe... no un santo en vías de canonización. En efecto, Iturbide fue un héroe de carne y hueso, con virtudes y defectos, como todo ser humano. Dejamos el mito y la forjación de seres perfectísimos para los inventores de la historia de bronce pagados por la nómina oficial. Pero sin negar la carga de virtudes y defectos innata a todo hombre, nadie puede honradamente negar el amor de Iturbide por su Patria y su alta calidad moral.

    Esto se evidencia, de una manera particular cuando el libertador abdica como emperador para evitar más sangre a su Patria y, más tarde, cuando es apresado a su regreso a México desconociendo el infame decreto del Congreso que lo sentenciaba a muerte si ponía sus pies en suelo mexicano. Entonces, escribe una carta al Congreso en donde inquiere qué delito había cometido y enumerando todos y cada uno de los servicios que realizó a su Patria, preguntaba por cuál de ellos se le condenaba a muerte.

    A Iturbide no se le concede su último deseo de asistir al santo sacrificio de la misa y es confesado sacramentalmente por el presidente del Congreso que había decretado el parricidio. Así, la ejecución se apresura pues sus enemigos le temen.
    .
    .Dejemos que don Alejandro Rosas nos narre ese final:
    .
    "A ver, muchachos… daré al mundo la última vista", dijo Iturbide minutos antes de las 6 de la tarde, cuando fue sacado de la prisión para ser llevado al lugar de la ejecución. Se veía sereno. No quiso que nadie le vendara los ojos; lo hizo él mismo con tal naturalidad que parecía haber pasado ya por el trance de la muerte. Se opuso a que le ataran las manos, pero ante la insistencia del oficial de que debía hacerlo no puso más reparos. Minutos antes le entregó al sacerdote una carta para su esposa, su reloj y el rosario que llevaba al cuello a fin de que lo remitiese a su hijo mayor que se había quedado en Londres.
    .

    Parado ya en el lugar donde habría de morir expresó: “¡Mexicanos! En el acto mismo de mi muerte os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión: ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros; no quedará a mis hijos y su posteridad otra mancha: no soy traidor no. Guardad subordinación y prestad obediencia a vuestros jefes, que haciendo lo que ellos mandan, es cumplir con Dios. No digo esto lleno de vanidad porque estoy muy distante de tenerla”.

    Rezó el credo por algunos minutos e hizo un acto de contrición; besó el crucifijo que le presentaron y de pronto se oyó la descarga que cegó su vida. Su cuerpo inerte fue recogido, varios vecinos lo reconocieron para beneficio de la autoridad y finalmente lo sepultaron en la iglesia del pueblo de Padilla. En 1838, Anastasio Bustamante trasladó sus restos al altar de San Felipe de Jesús, en la catedral de la ciudad de México, donde se encuentran actualmente. Lejos del reconocimiento nacional; lejos de ocupar un lugar entre los personajes fundadores de la nación mexicana.

    Hasta aquí el relato histórico de don Alejandro Rosas.

    Por su parte, liberales honrados (Sierra, Bocanegra, Arias, Zavala, Prieto, Toro, Bustamante, Bulnes, Riva Palacio, etc.) contrarios a la postura conservadora han reconocido la calidad moral y los méritos del libertador de México. Citaremos sólo a los dos últimos.
    .

    A principios del siglo XX, el intelectual y político liberal Francisco Bulnes escribió:

    "Espero que para el Centenario de 2110, dentro de doscientos años, se habrá reconocido que los tres héroes prominentes de nuestra independencia, fueron Hidalgo Morelos e Iturbide. Como los muertos no se cansan de reposar en sus tumbas, Iturbide bien puede esperar algunos cientos de años, a que el pueblo mexicano, en la plenitud de su cultura, le reconozca con moderados réditos lo que le debe. Mientras no se honre como debe ser a los verdaderos héroes de la independencia y se llegue hasta suprimir de los homenajes, la figura de uno o algunos de los más grandes, habrá derecho para decir que en las solemnes fiestas del centenario de la Independencia quedó vacío el lugar del primero de los personajes: la Justicia"...
    "¿Cómo se explica el atentado contra la memoria de de Iturbide, denigrándolo y dirigiendo sobre ella la odiosidad del pueblo? La respuesta es tan bochornosa como fácil, dado el analfabetismo de nuestras masas y su organización tan científica para el servilismo demagógico. El jacobinismo dispone temporalmente de todos los lugares de la historia patria, sin que en frente puedan ponérsele los pocos escritores elevados que en México se ocupan de asuntos históricos. Entre nosotros, y desgraciadamente, la historia es una especie de club faccioso, en cuya tribuna dominan los que hacen de la literatura un puñal, de la verdad un delito, de la lógica una ofensa a la nación, y de la justicia un vaso de embriaguez, pérfida y degradante. Mientras que el pueblo mexicano, en sus masa sin instrucción y moral pública, tenga por la demagogia el culto que debía tener por la civilización, no conocerá como debe ser a sus grandes hombres, pues no son todos los que están, ni están todos los son". (Bulnes, Francisco, La Guerra de Independencia, Hidalgo-Iturbide, México, Editora Nacional, 1969. Pgs 417 y 425)
    Finalizamos con los juicios de don Vicente Riva Palacio, prominente liberal y nieto de don Vicente Guerrero:

    "Iturbide, libertador de México; Iturbide emperador; Iturbide, ídolo y adoración un día de los mexicanos, expiró en el patíbulo y en medio del más desconsolador abandono...yo no vacilaré en repetir que esa sangre derramada en Padilla ha sido y es quizá una de las manchas más vergonzosas de la historia de México.

    "El pueblo que pone las manos sobre la cabeza de su libertador es tan culpable como el hijo que atenta sobre la vida de su padre. Hay sobre los intereses políticos de las naciones una virtud que es superior a todas las virtudes: la gratitud.

    "El pueblo que es ingrato con sus grandes hombres se expone a no tener por servidores más que los que buscan en la política un camino para enriquecerse y sofocan todas las pasiones nobles y generosas.

    "Dios permita que las generaciones venideras perdonen a nuestros antepasados la muerte de Iturbide, ya que la historia no puede borrar de sus fastos esta sangrienta y negra página". (Riva Palacio, Vicente. El Libro Rojo, México, Editorial Leyenda, S.A., 1946, pp 351-352).
    Y sin embargo, Iturbide fue nuevamente excluido, ahora de la conmemoración del mal llamado bicentenario. Y existen pseudomexicanos que aún aplauden el parricidio de quien les dio Patria y libertad.

  11. #31
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://amantesdelpais.wordpress.com/2010/08/13/otra-vision-de-la-gesta-libertadora-en-america-i/


    El Marqués de Valle Umbroso:


    ‘Un peruano que se negó a aceptar el curso de la historia’


    Por Alexis Arévalo Vergara
    Conmemorado un año más de la proclamación de nuestra independencia veo oportuno escribir un artículo de reflexión histórica sobre la visión de lo que fue la gesta libertadora en América desde la perspectiva de un personaje ubicado entre los que pelearon a favor del domino español, un hombre que ocupó la cúspide de la escala social, política, militar y económica en las postrimerías del periodo virreinal de nuestro país. Me refiero al limeño Don Pedro José de Zavala y Bravo, VII Marqués de San Lorenzo de Valle Umbroso, quien ha sido ya estudiado desde el punto de vista genealógico mas no se ha realizado en detalle un estudio sobre su parecer político, dando solo breves menciones sobre algunas opiniones que dio a lo largo de su vida. Pretendo así brindar dos entregas en las que tengamos la oportunidad de conocer un poco más profundamente el sentir de aquél vencido que vio con horror y tristeza los cambios derivados de la pérdida de poder español en esta parte del nuevo mundo, del que experimentó el asedio de los independentistas contra las fuerzas realistas por todos los frentes y que se negó a aceptar aquella ‘apatía’ peninsular que terminó sumando al ideal libertario que sellaría la independencia con la gloriosa Batalla de Ayacucho, desarrollada el 9 de diciembre de 1824 sobre la Pampa de la Quinua. La Gesta Libertadora en América El Perú se encontraba invadido por un ejército combinado chileno-argentino, comandado por el brillante general D. José de San Martín, que a pesar de su sagacidad no pudo lograr los propósitos anhelados de finiquitar nuestra independencia. Retirado San Martín, hizo su ingreso D. Simón Bolívar, el cuál solo pudo rivalizar con las fuerzas realistas, gracias a la unión de todos los ejércitos, tanto de la Gran Colombia, como los de San Martín y las compañías enteramente peruanas que se habían unido para tal fin. Debe ser de conocimiento público, que el ejército realista del Virrey D. José de la Serna, no estaba conformado exclusivamente por españoles sino más bien era todo lo contrario, ya que la gran mayoría de realistas eran peruanos de todas las clases sociales, pobres y ricos, todos fieles a la causa monárquica y a D. Fernando VII Rey de España y del Perú. Ejemplos de estos peruanos, los hay varios, entre los más celebres se encuentran los de los hermanos D. Leandro y D. Ramón Castilla y Marquesado, el primero realista y el otro libertario. Resulta curioso, que ambos lucharían uno contra el otro en la última Batalla de Ayacucho (9-XII-1824), para luego estrecharse con sendos abrazos en un cálido reencuentro fraternal. Si existe aún alguna duda en el lector respecto a si las clases indígenas apoyaron al ejército español por decisión propia u obligada; la respuesta nos la da Fernán Altuve-Febres Lores, quien en su artículo “Los últimos soldados del Rey”, parte integrante del libro “Sobre el Perú: homenaje a José Agustín de la Puente Candamo, Vol. 1”, dice sobre el particular que “los comuneros de la Sierra de Huanta en Ayacucho (…) fueron amantes del rey, a quien consideraban como un padre común, un enviado de Dios, que se había convertido para ellos en el inca católico. Por esto el vínculo de vasallaje que los unía a la corona estaba potenciado por una poderosa relación filial y sacral”. En tal sentido, los vencedores de la batalla de Ayacucho no debieron sorprenderse mucho de que se iniciará un “movimiento de resistencia indígena contra la República, contra el “infame gobierno de la patria” como ellos (los comuneros) decían”. Es así que uno puede entender que nuestro país estaba totalmente dividido ideológicamente. En tal sentido, y siendo costumbre en la historiografía el de relatar los hechos de los vencedores he decidido escribir este pequeño artículo no de un vencedor sino más bien de un vencido, algo poco común pero que claramente nos ayudará, a los amantes de la historia peruana, a comprender un aspecto que fue parte de nuestra realidad, y que desgraciadamente muchos desconocen. El Marqués y su familia El personaje materia de este artículo, D. Pedro José de Zavala y Bravo, VII Marqués de San Lorenzo de Valle Umbroso pertenecía a uno de los linajes más connotados de la sociedad limeña virreinal. Su genealogía es verdaderamente interesante y muy extensa, según he podido corroborar luego de la lectura que di a su Expediente de Ingreso como Caballero de la Orden de Calatrava, que se encuentra depositado en el Archivo Histórico Nacional, Consejo de Órdenes, No. 12599, año 1826, y que consta de nada menos que de 474 páginas. Según el expediente, D. Pedro José de Zavala y Bravo, VII Marqués de San Lorenzo de Valle Umbroso, nació en la ciudad de Lima, fue bautizado en el Sagrario de la Catedral un sábado 21 de mayo de 1779. Llegó a ser Gentil hombre de la Cámara de S.M. con ejercicio, Caballero Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel La Católica, y de la Militar de San Hermenegildo, Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos y Coronel del Batallón de Españoles de Lima. Sus padres fueron D. Pedro Nolasco de Zavala y Pardo de Figueroa, VI Marqués de San Lorenzo de Valle Umbroso, nacido en el Cuzco, y bautizado en el Sagrario de la Catedral de dicha ciudad el 21 de noviembre de 1761 y de doña Ana Micaela Bravo del Rivero y Zavala, con la que había casado en la Catedral de Lima el 18 de diciembre de 1777. Doña Ana Micaela era hermana entera de D. Diego Miguel Bravo del Rivero y Zavala, I Marqués de Castel Bravo del Rivero, Caballero de la Orden de Santiago, natural de Lima. Resulta interesante comentar que sus abuelos paternos fueron D. Tadeo Martín de Zavala y Esquivel Vázquez de Velasco, Contador Mayor por juro de heredad de la Superintendencia General de la Santa Cruzada de Lima y Alcalde Ordinario de Lima en 1751 y doña María Ana Pardo de Figueroa y Esquivel, IV Marquesa de San Lorenzo de Valle Umbroso, con quien había casado por poder el 25 de julio de 1751 en la Iglesia del Asiento de Urguillos, Villa de Guaillabanta, Provincia de Urubamba en Cuzco. La novia era natural del Cuzco y proveniente de las mejores familias de la región, en donde tuvieron valiosísimas propiedades que fueron finalmente heredadas a través de la institución del Mayorazgo por D. Pedro José de Zavala y Bravo, personaje al que se la dedicado esta investigación y quién casaría con doña Grimanesa de la Puente y Bravo de Lagunas, II Marquesa de la Puente y Sotomayor, con la que tuvo larga descendencia. Iniciado el proceso independentista, el Marqués continúo apoyando a los realistas; fue así que por decisión del Virrey La Serna, es mandado a España para solicitar a S.M. socorro para los ejércitos reales del Perú. El Marqués tuvo que dejar a su esposa, quien quedaría encargada de velar por sus intereses, viéndose obligada a administrar como mejor podía el vastísimo patrimonio de la familia, que finalmente quedaría arruinado. Así lo señala el distinguido Sr. D. Paul Rizo-Patrón Boylan en su libro “Linaje, Dote y Poder. La nobleza de Lima de 1700 a 1850”, en la que indica que al regreso del Marqués a nuestro país se llevó una terrible sorpresa al ver que sus “propiedades eran apenas rezagos de aquello que había constituido su fortuna”. Es más en su Testamento (Ver: Escribano de Lima Baltasar Núñez del Prado, Fecha: 26 de enero de 1850, fs. 563, Protocolo del año 1851) indicaba que su esposa se había excedido con sus facultades y había destruido “los bienes de ambos y los que no lo eran”. El VII Marqués de Valle Umbroso tuvo con doña Grimanesa de la Puente y Bravo de Lagunas, II Marquesa de la Puente y Sotomayor, doce hijos, entre los cuáles hubo los que lograron ventajosos matrimonios gracias a las conexiones de su padre en la corte, pudiendo convertirse en tronco de muchos distinguidos linajes españoles, llegando a ostentar distintos títulos nobiliarios tales como: Marqués de la Puente, Marqués de Sierra Bullones, Duque de Arión, Duque de Cánovas del Castillo, Grandes de España, etc. Esto nos da una idea de la calidad social del personaje, que no solo se ubicó entre lo más granado de la sociedad limeña sino también en la peninsular, y no debemos sorprendernos de ello, ya que los peruanos nunca fueron discriminados de tales distinciones, ejemplos de ellos los hay varios, entre ellos están el peruano D. Juan Vásquez de Acuña y Bejarano, Marqués de Casa Fuerte, que fue nombrado Virrey de Nueva España (México) entre 1722 a 1734, alta distinción que solo se daba a los más hábiles funcionarios de la corona; otro ejemplo sería el peruano D. José Miguel de Carvajal Vargas y Manrique de Lara, II Duque de San Carlos y Grande de España y Caballero de la Orden de Santiago, quien llegó a ser Ministro del Rey Fernando VII (1814) y Embajador de España en Viena (1815) y Paris (1823 y 1827-1828), capitales de los más importantes imperios. Pero si aún hay dudas podría señalar el caso de los peruanos indígenas pertenecientes a la antigua casa imperial de los Incas, que según Miguel Luque Talaván en su libro “Bibliografía española de genealogía, heráldica, nobiliaria y derecho nobiliario en Iberoamérica y Filipinas”, indica sobre el particular que “el emperador Carlos, por Real Cédula del 9 de mayo de 1545, reconoció nobleza <<de muy alto rango>> en don Gonzalo Uchu Hualpa y don Felipe Tupa Inga Yupangui (…), y que incluso <<les llamó Hermanos y Altezas, concediéndoles el collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro (hecho singularísimo), el derecho a permanecer cubiertos en su real presencia (lo que indicaría la concesión de la Grandeza de España de boca de S.M.), a presidir todos los tribunales, concejos y cabildos de todos sus reinos y a mantener una pequeña corte con sus propios consejeros>>”.





    http://historiagranada.blogspot.com/2010/05/200-anos-de-independencia-los-indios.html


    200 años de independencia. Los indios fieles al Rey.





    Se pueden distinguir en primer lugar los tipos de guerrillas que se componen de los habitantes autóctonos de su propia área de actuación, y que son las más numerosas y estaban formadas por indígenas generalmente; y cuyas poblaciones estarían integradas dentro de los territorios virreinales, como en el caso de los pastusos de Nueva Granada; o estarían integrados por indígenas de zonas periféricas de los virreinatos, como el caso de los araucanos del sur de Chile o los indios Guajira del Caribe neogranadino. En segundo lugar están algunas formaciones guerrilleras que tienen su origen en agrupaciones militares realistas que se han dispersado, y son del país pero no son autóctonos.


    En el escenario descrito más abajo, especialmente a lo que a los habitantes de Pasto y a los llaneros se refiere, es donde surge el decreto de "Guerra a Muerte" de Bolívar (dado en la ciudad de Trujillo el 13 de junio de 1813) con cuyos términos esperaba Simón Bolívar contrarrestar las acciones casi invencibles de los llaneros contra los criollos. En el período comprendido entre 1813 y 1814 tanto Bolívar, en el Norte, como Nariño, en el Sur, lograron, en empresas simultáneas, conducir los enfrentamientos entre "patriotas" y realistas al plano de una guerra de dimensiones continentales contra un enemigo común: España. Esto era lo que efectivamente se proponía el mencionado decreto de Bolívar. Aunque estaba dirigido a los venezolanos no dejaba de tener un halo de universalidad. En su parte final rezaba: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables". Si a alguien podían cobijar los términos del decreto era justamente a los pastusos por su doble condición de americanos y realistas. Que Venezuela era una nación en contienda lo afirmaba aquel otro pasaje del decreto que pretendía "... mostrar a las Naciones del Universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América". Lo cual deja patente, una vez más, la visión clasista de Bolívar al considerar únicamente como "hijos de América" a sus partidarios, cuando la realidad estaba tan lejana de sus afirmaciones propagandísticas.


    En Venezuela, tras el triunfo inicial independentista, las guerrillas de Siquisique, en la provincia de Coro, al mando de Juan de los Reyes Vargas, apoyaron la llegada de una compañía de marines españoles al mando de Monteverde, y tras su desaparición, los restos de las milicias realistas de esclavos y de llaneros se consolidaron en el territorio de los Llanos para formar un verdadero ejército que al mando de Tomás Bobes que destruiría los ejércitos independentistas dominando toda Venezuela, antes y sin apoyo de la expedición española de Morillo. Tras la caída de Puerto Cabello en 1823, las guerrillas siguieron actuando hasta el año 1829, y apoyaron una última incursión del Coronel Arizabalo. Los llaneros surgieron en la región de Venezuela, durante el período colonial, al establecerse en vastas y lejanas zonas del llano un grupo humano conformado, fundamentalmente, por pardos libres quienes eran expertos jinetes, dedicados a una vida semi nómada, a la recolección de ganado salvaje y al comercio de pieles y de otros productos animales. El panorama social que se presentaba a fines del siglo XVIII en las extensiones territoriales del llano era el de un avance de la aristocracia criolla de Venezuela con el propósito de hacer fundación de haciendas, creándose así una tensión entre la oligarquía criolla y las masas populares de la región. José Tomás Bobes, unido a los llaneros terminaron por derrotar a las fuerzas "patriotas". En la región de Pasto, al sur de Nueva Granada, las guerrillas serán dirigidas por el General Agustín Aqualongo hasta junio de 1824, cuando es hecho prisionero y ajusticiado. Las guerrillas combatirán hasta el año 1830. San Juan de Pasto, donde nació Agualongo, es una ciudad llena de iglesias del barroco virreinal y se caracterizó por su fidelidad al Rey hasta el final. Si el grito de independencia se dio en 1810, todavía en 1824 resistía Agustín Agualongo, a quien para cuando le llegó de Madrid el despacho de Brigadier General de los Reales Ejércitos, ya había sido fusilado por los liberales independentistas. Luego, por ese realismo que aunque pasados tantos años todavía hoy se respira, fue objeto de un tratamiento brutal por parte del ejército de Bolívar. Aún hoy los habitantes de Pasto declaran que perdieron en su intento de ser libres en una comarca donde Dios, el Rey y el trabajo honrado los sustentaban el pan diario en medio de la alegría de hermanos.


    La ciudad de Pasto había sido un bastión realista desde el comienzo de la emancipación neogranadina, el territorio entre Quito y Popayan estaba en poder de las guerrillas pastusas quienes destruyeron varios ejércitos "patriotas". Llegaron a ser un componente muy importante de las guerrillas realistas que terminarían por propinarle a Nariño y a su ejército el estruendoso descalabro de 1814 con el cual se cerraría el primer ciclo de la oposición de Pasto a la independencia.


    La resistencia de la población unida a las guerrillas realistas bajo jefes como Agustín Agualongo lograron mantener su independencia por mucho tiempo. El autor Indalecio Liévano Aguirre indica que se trataba de una “población compuesta por la unión de esclavos fugitivos del Valle del Cauca con indios nativos del Valle del Patía.” En la década de 1820 Pasto respondería con redoblada reacción a los intentos de los patriotas de dominar la provincia. De este período data la acción de la guerrilla realista, liderada por el General Realista pastuso Agustín Agualongo y responsable de la derrota del Mariscal Sucre (en la Batalla de Guachi del 12 de septiembre de 1821) antecedida por la victoria realista en la localidad de Genoy (el 2 de febrero de 1821). La aniquilación de los "patriotas" en esta última contienda habría sido de grandísimas proporciones si no se hubiera producido el armisticio pactado entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, cuyos términos ponían fin a la "Guerra a Muerte" que suponía el exterminio del enemigo. El armisticio disponía la regularizació n de la guerra y dentro de ésta, la preservación de la vida de los prisioneros. El episodio de la Batalla de Bomboná o Batalla de Cariaco, que nunca ganó Simón Bolívar, cuyo ejército huyó despavorido para regresar al Trapiche (Cauca). Aunque esto ha sido manipuladoramente narrado como "retirada heroica" de Simón Bolivar. Una retirada en la Bolivar dejó abandonados, en el caserío de Consacá a 200 heridos, entre ellos el General Torres, enviándole 2000 pesos al Comandante español para los gastos de los heridos mientras tardaba en volver...


    La población de Pasto, en masa, luchó contra el ejército de Bolivar. La guerrilla realista de Pasto volvería a emprender nuevas acciones en la segunda parte de 1822 como respuesta a las victorias de Bolívar y Sucre que condujeron a la capitulación de Quito y Pasto. En esta ocasión aquélla entraría a una fase muy singular. Sus líderes Agustín Agualongo y Benito Boves procederían (luego de la capitulación de Pasto en junio de 1822) a fugarse de la prisión y a tomar la ciudad, empresa en la que no contaron con el apoyo ni del clero ni de los notables aún cuando ésta se llevara a cabo en nombre de la causa del Rey. El fragor de la guerra duraría en Pasto hasta finales de 1822 al ocupar Sucre la capital provincial el 24 de diciembre de 1822. A esto sucedería la siniestra "Nochebuena pastusa" en la que el ejército "patriota" cometió toda clase de desafueros, tan bárbaros que se presentaron como salvajes hordas destructivas, que asesinaron niños y violaron mujeres, entregados a la violencia con desesperación. La lectura de libro "Estudios sobre la Vida De Bolívar" del humanista pastuso José Rafael Sañudo, pone al descubierto las atrocidades de los "patriotas" en su paso criminal por Pasto. Leyendo ese libro, se comprende la resistencia de un pueblo al embiste brutal de una independencia no querida. A los héroes de Pasto, por haber vencido en Bomboná "se los cosió por la espalda, alanceados y arrojados al vórtice horripilante del Guaítara". En ese libro se conoce la terrible noche del 24 de diciembre de 1822, la "Nochebuena pastuosa" donde “las manos de Sucre conocieron la vergonzante sangre de sus hermanos pastuosos torturados, vencidos y humillados. Las violaciones y la crueldad con que se enseñaron contra los habitantes de Pasto, obligaron a los pastuosos a defenderse con todo su ardor y valentía en defensa de su propia vida. Pero se acallan las voces de la historia cuando toda ésta hecatombe pudo evitarse si Simón Bolivar hubiese hecho caso de las palabras de Santander al advertirle éste sobre lo equivocado que era manejar a Pasto como se lo proponía, pues llevaría a confrontaciones innecesarias. La historia ha demostrado que tales palabras no fueron escuchadas y que primó la terquedad de Bolivar.” En 1830 Sucre viajaba en una caravana que salió de Bogotá, integrada por el diputado Andrés García Téllez, hacendado de Cuenca, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, el negro Francisco, sirviente de García, y dos arrieros con bestias de carga. Después de pasar por Popayán, el grupo de viajeros salió de La Venta (hoy La Unión), el 4 de junio de 1830. Al pasar por las montañas de Berruecos, cerca de Pasto, era asesinado. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, que se consideró uno de los cómplices del crimen. A los 10 años del asesinato de Sucre, José Erazo cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. En el proceso se dictó sentencia de muerte para el coronel Apolinar Morillo, además se acusó al general José María Obando como autor principal del asesinato; el coronel Morillo, antes de subir al patíbulo, acusó también a Obando. Sin embargo, el crimen sigue sin esclarecerse, por el sinnúmero de factores condicionantes que hay a su alrededor: causas políticas, caudillistas, regionalistas e inclusive familiares. La esposa de Sucre, la marquesa de Solanda, volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno.

    Publicado por Julián M. Vélez T. en 11:39

  12. #32
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El mejor libro que hasta la fecha he leído de Boves en particular y del realismo americano en general (Pues también se habla de Agualongo y etc.) es

    I.S.B.N.
    Estado
    Título
    Autor
    Editorial
    Colección
    P.V.P. 978-84-930446-3-3


    División infernal. Boves, vencedor de Bolivar, (La)
    Semprun, José Falcata Ibérica, Ediciones
    , Sep/2002 21,00

    :: Librerías Ojanguren ::

    Por las dudas que pueda presentar, no es un libro que "disculpe" a Boves,no es una leyenda rosa. Se trata de una obra histórica"desapasionada", contestando punto por punto a dos siglos de leyendas negras y embustes embaucadores. Entre otros, contesta a Juan Uslar en sus teorías sobre Boves como "revolucionario social" y como"rebelde a la corona en el fondo"; esto es muy, muy importante. Y digo leyendas negras y embustes embaucadores porque hasta en las descripciones físicas se nos ha pintado a los líderes secesionistas como apuestos y bellos mientras que a Boves, Rosete, Agualongo, etc., son ejemplos de fealdad. Durante mucho tiempo se nos ha presentado a Boves como un bestia sanguinario-"rebelde sin causa", y durante alguna franja del siglo XX, para algunos Boves es un fortuito precursor de la lucha de clases que por circunstancias se acoge a la bandera del rey. Señores, ¿en qué quedamos? ¿Tan difícil es valorar la actitud de Boves, como la de buena parte del pueblo hispanoamericano, en su justa medida?

    Y es que volviendo a Juan Uslar,vemos que cae en contradicciones flagrantes. ¿Cómo se explica que subraye el papel de Boves como "revolucionario social" y sin embargo abomine del os ademanes demasiado plebeyos de Rosete? Y no por ello dejamos de subrayar su obra como importante.


    Con documentación contrastada, José Semprún nos va a enlazar el decurso vital de Boves desde la Península a Suramérica, hasta que por las circunstancias se va a convertir en adalid de los Llanos Venezolanos. Hay varias cuestiones a subrayar:

    -La "asombrosa" falta de documentación sobre hechos de la vida de José Tomás Boves que se dan por sentados.

    -Boves no sólo le jugó a Miranda y Bolívar en su propio terreno con atraerse a los esclavos negros a su causa, sino que fue aliado fundamental de masas de pardos libres, amén de contar con importantes canarios en sus filas, como Yáñez,Rosete, "Chepito" González (Ex-republicano), o como Tomás Morales, a través de cuya documentación no se nos presenta como rechazando a Boves precisamente. El papel de los indios también es de máximo relieve.

    -La"adjetivación" de los llaneros como "cosacos del Nuevo Mundo" me parece sencillamente genial.

    -El análisis del memorial del padre Llamozas también es fundamental. Memorial que fue rechazado en la Corte y que el autor va deshojando en su justo valor.Memorial que, por cierto, pudo haber presentado estando Boves vivo....



    -Los estudios vexilológicos me parecen de singular importancia. Los llaneros de Boves, entre otras insignias, usaron la bandera roja y gualda. Así como los estudios sobre la uniformidad de las tropas, muchas veces en el olvido de tantos historiadores.

    -Las constantes "disculpas" de historiadores como Lecuna a las proclamas y a los actos de Briceño, Bolívar, Campo Elías, Arismendi o Ribas;con eso que "claro, es que era una guerra". Por lo visto era guerra sólo para ellos, en el caso de Boves, va a ser sólo el odio por el odio.Proclamas que por cierto, en más de una ocasión se nos tilda a los"españoles europeos" de "raza maldita". Así, ¿nos extrañamos que uno de los gritos de guerra de las huestes de Boves fuera el de"mueran los blancos"? Por ejemplo se achaca que Boves no respetaba capitulaciones....Así es, en más de una ocasión no las respetó. Y no las respetó porque cuando lo hizo sufrió algún intento de atentado por la espalda que fue sofocado por soldados fidelísimos. Ojo que no justificamos nada, pero refrescamos la memoria: Bolívar no respetó el armisticio de Santa Ana, en los días de la campaña sobre Quito; y aprovechó para tomar por la fuerza la muy realista Maracaibo. ¿Por qué esto en Bolívar es un acto de heroicidad y desprendimiento y en Boves no es más que maldad absoluta? Pues porque estamos ante ideología y no ante historia. Porque no se quiere entender que un"blanco de orilla" (No un "mantuano ilustrado") se despejara como buen militar en uno de los conflictos más dolorosos de nuestra historia. Ello no significa que neguemos las terribles campañas de Boves; pero es que volvemos una y otra vez: Si analizamos las campañas de Bolívary sus adláteres, son mucho peores. La misma proclama de Pasto nos dice que no respetaron la capitulación, y tampoco vacilaron en convertir los altares en regueros de sangre y en improvisadas casas de putas.

    Al menos historiadores como Juan Vicente González han puesto el dedo en la llaga al denunciar a las claras los terribles asesinatos masivos de españoles en las bóvedas de La Guaira.

    -El mismo capitán general Juan Manuel de Cagigal reconoce que a pesar de los feos que Boves le hizo (Como por ejemplo echarle en cara su incompetencia,"recobrando el honor de las banderas de España que él mancilló", en palabras del astur-llanero), nunca discutió su mando porque sabía que sin él no se ganaban las batallas. Lo mismo corrobora el mentado Morales.

    -Y otro detalle que me parece radicalmente clave: Boves murió en la batalla de Urica; sus soldados, entre lágrimas, le hacen un cerco para que no se le toque un pelo hasta que es enterrado en la iglesia. No se le encontró dinero alguno, tenía 300 pesos que no llevaba ni encima. No fue el caso de Miranda,Bolívar y San Martín, por poner 3 ejemplos de los muchos más que me dejaría en el tintero, ejemplos extremadamente opuestos en cuanto a compañía y peculio.

    -Con todo y con eso, nuestro autor sí profundiza en la confusión y desazón que provocó en los realistas americanos el fenómeno revolucionario en España; pero a mi juicio, se queda corto en la figura de Pablo Morillo, que entre otras"brillantes ideas", indultó a Arismendi (Por ser blanco...) en contra del parecer de Morales, y destruyó en muy buena medida la obra de los llaneros realistas que habían puesto en jaque a las "dos repúblicas". Morillo jugó un papel nefasto, no supo ser "pacificador" y no entendió (O no quiso entender) lo que pasaba en América. El aumento de las deserciones y de cambio de bando de muchos realistas corajudos en buena medida se debe a Morillo y "sus circunstancias". A veces acaba pensando uno que en los deméritos de España hay más razón para la victoria de los secesionistas que otra cosa, sin desmerecer la constancia y el genio militar de Bolívar.



    Una pgina de Morales Padrn - abcdesevilla.es


    Columnas / tribuna abierta

    Una página de Morales Padrón

    luis navarro garcía. catedrático emérito de historia de américa de la hispalense

    Día 17/11/2010 - 23.07h




    En una prestigiosa publicación americanista, la Revista de Indias, publicó Morales Padrón en 1969 un artículo sorprendente desde su título: «México y la independencia de Hispanoamérica en 1781». ¿Cómo podía verse la independencia de las Indias con tres décadas de anticipación? Aunque a nadie se escapaba que tal fecha correspondía a un momento de la guerra de independencia de las Trece Colonias británicas y a la de la fase inicial de la gran sublevación de Túpac Amaru que conmocionó al virreinato del Perú y que se supuso fomentada por Inglaterra. El título de Morales continuaba: «según un comisionado regio: Francisco de Saavedra». Aquí la perplejidad aumentaba, pues nada se sabía entonces de tal comisionado, ni su nombre tenía particular resonancia.
    Fue esta una notable aportación de Morales Padrón, de la que hasta ahora no se extraído todo el fruto. Había Morales localizado un importante fondo, de unos cincuenta legajos, archivo personal de este ilustrado dieciochesco, del que destacaban una serie de diarios que Saavedra fue anotando a lo largo de su vida y en uno de esos diarios dejó constancia de un hecho olvidado hasta que Morales lo dio a conocer: el nombramiento de un comisionado regio que, en el Caribe, procurase la coordinación de las fuerzas aliadas francesas y españolas, y para este fin el ministro Gálvez designó a Saavedra, funcionario de su Ministerio, con atribuciones extraordinarias, resumidas en dos órdenes. La primera le autorizaba a participar en la junta de generales formada en La Habana exigiendo se le oyese, dice Saavedra, «como si mis palabras fuesen órdenes del Rey». Por la segunda, podía disponer de todos los caudales de las tesorerías de Indias necesarios para la guerra. La empresa de Saavedra duró de junio de 1780 a igual mes de 1783, y estuvo llena de incidentes de gran interés.
    Precisamente buscando el apoyo económico del virrey de México, se trasladó Saavedra a esta capital en octubre de 1781, y allí indagó el estado de ánimo de la población, extrayendo impresiones pesimistas, que apuntó en el diario pero que expuso más extensamente en unos papeles sueltos. «La América, con la rebelión de los angloamericanos y la independencia que es regular que aseguren, ha variado mucho de semblante; por consiguiente es necesario que España haga muchas variaciones en el sistema que hasta aquí ha observado con sus colonias». A este toque de atención siguen unas ideas sorprendentemente afines a las que en caso parecido expuso Floridablanca: nuestras colonias no son como las de las demás naciones, «las cuales sólo son factorías, de negociantes transeúntes, en lugar que las españolas son una parte importante de la nación separada de la otra». Y a continuación expone una serie de fórmulas para estrechar los «vínculos muy sagrados entre las dos porciones del imperio». «La América puede estar todavía siglos bajo el dominio de España o perderse en breve tiempo. Su suerte depende del método de su gobierno».
    El sevillano Saavedra, hombre de gran inteligencia y de excepcional preparación política y militar, a la sazón de treinta y tres años de edad, estaba dando, como lo vio Morales Padrón, el primer aviso acerca del cambio de mentalidad de las elites americanas como resultado de la lectura de libros de la «nueva filosofía» acerca de los derechos de los hombres y de los soberanos, y Saavedra había oído quejas por el despotismo de algunos funcionarios.
    Hasta aquí este revelador artículo de Morales Padrón, que no produjo especial eco. Muchos años después, el mismo profesor pudo editar la autobiografía de Saavedra (1995) y el Diario concreto de su comisión en Indias (2004). La figura de Saavedra empezó así a hacérsenos familiar, enlazando las etapas de su vida: su labor de gobierno en Venezuela, su breve pero distinguido paso por el gobierno de Carlos IV, su presencia en la Junta Central y en la Regencia en 1808-1810. Hoy nos interesa conocer mejor otro episodio: su gestión al frente de la Junta Suprema de Sevilla de mayo a septiembre de 1808. A él y a su experiencia mexicana se debe, sin duda, el que nuestra Junta local se declarara «de España e Indias», de modo que Saavedra vino a actuar de nuevo como portavoz del rey y se atrevió nada menos que a disponer la destitución del virrey de México si éste no se le sometía. Como en efecto ocurrió.
    Morales Padrón descubrió con sorpresa el impacto que el conocimiento de las gentes de México había producido en Saavedra. Todavía está por indagar seriamente en qué medida esa conciencia determinó la conducta del grande, aunque olvidado, patriota sevillano en aquellas fechas dramáticas de 1808.

  13. #33
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://es.wikipedia.org/wiki/Basilio_Garc%C3%ADa

    Basilio García


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    Basilio Antonio García y Velasco (Logroño, 1791 - Tolón, 1844), conocido como "Don Basilio el de Logroño" por los periodistas de la época, fue un militar español.
    Luchó en la Guerra de la Independencia Española. Durante el Trienio Liberal se mantuvo enfrentado a los liberales y más tarde, con el absolutismo de Fernando VII, fue comisario de guerra y recaudador de bulas en la provincia de Soria. En 1833 se unió a la causa carlista, proclamando como rey a don Carlos en Logroño.
    De 1834 a 1836 realizó cortas expediciones partiendo del territorio vasco-navarro dominado por los carlistas, cruzando el Ebro, asolando poblaciones situadas en los valles de la cordillera Ibérica en Soria, La Rioja y Burgos. En una de estas expediciones perdió a su hijo y a su lugarteniente y capellán apodado "Caloyo", que cayó preso y fue fusilado en Logroño. Durante la Expedición Real formó parte del cuartel real del infante don Sebastián, recibiendo el grado de general por su actuación durante la batalla de Villar de los Navarros.
    Fracasada la Expedición Real, el mando carlista del ejército del norte, careciendo de subsistencias para alimentar a su ejército, decidió desprenderse de parte de los batallones castellanos, enviándolos a ponerse a las órdenes de Cabrera en el Maestrazgo. A Basilio García le fue dado el mando de esta expedición, que cruzó el Ebro el 29 de diciembre de 1837 por el vado de San Martín de Berberana, y por el valle de Ocón alcanzó rápidamente la cumbre de la cordillera Ibérica. Según su diario, el 1 de enero de 1838 estaba en Almazán, el día 3 en Calatayud y el día 10 en Peralejos de las Truchas, no lejos ya de encontrarse con Cabrera. Pero el 12 fue alcanzado en Sotoca por el general Ulibarri, que venía persiguiéndole desde La Rioja. El descalabro le obligó a variar de rumbo hacia el Oeste, alcanzando el día 23 Tomelloso. El 26 se le unió Tallada con sus fuerzas que actuaban habitualmente en La Mancha, tomando ambos Úbeda el 4 de febrero, pero aquí se separó Tallada, el cual al día siguiente fue batido por las tropas isabelinas de Sanz en Baeza. Basilio García entró el día 16 en Puebla Fadrique, volvió a Úbeda el 20 y tres días después pernoctó en Navas de Tolosa. El día 25 entró en Calzada de Calatrava, incendiando una de sus iglesias en las que se habían refugiado miembros de la milicia nacional con sus familias, tanto de este lugar como de otros cercanos. Según Juan Martínez Villergas, las víctimas que perecieron en el incendio pudieron ser entre 150 y 200 personas. Basilio García continuó su desesperada marcha sin rumbo, estando el 3 de marzo en Puertollano y el día 8 en Almadén, siendo sorprendido durante la noche del día 13 en ¨Valdepeñas por las tropas del general Flinter, quedando deshecha la tropa carlista. Basilio García consiguió volver con unos pocos hombres al país vasco-navarro dominado por los carlistas, formando pronto parte del partido apostólico, llamado despectivamente "ojalatero".
    En 1839 obtuvo un cargo en el Consejo Supremo de la Guerra pero, opuesto a Maroto, fue obligado por éste a exiliarse a Francia. Aprovechando el malestar existente en las tropas carlistas de Navarra en agosto de 1839, volvió a esta zona para unirse al bando que conspiraba contra Maroto. Tras el Convenio de Vergara, huyendo a Francia fue retenido al intentar pasar el puente de Sumbilla por soldados del 6.º batallón de Navarra que se había rebelado contra el convenio, los mismos que días después asesinaron al general Vicente González Moreno. Aprovechando la confusión creada durante la discusión y corto enfrentamiento entre sus acompañantes y los soldados navarros, Basilio García logró cruzar el río y volver a Francia, pero su otro famoso lugarteniente, conocido como "El Huevas", fue lanzado por los navarros desde el puente al río Bidasoa. Basilio García murió en la mayor pobreza el 26 de mayo de 1844 en Hières de Toulon, Francia.
    Notas

    En los Boletines oficiales de Logroño de los años 1833 a 1839 se pueden leer abundantes noticias sobre su persona. Hay también una descripción sobre las primeras semanas de su expedición desde Navarra a Castilla en 1837-1838 en la obra de Augusto von Goeben Cuatro años en España, Pamplona, 1966. Su diario escrito durante su expedición de 1837-1838 se encuentra en una biblioteca privada de Navarra.
    Véase también

    • Rafael Maroto
    • Briñas. En la discusión, sobre el enfrentamiento de la tropa del biografiado en el puente de esta localidad el 13 de marzo de 1834, encontrándose allí un monumento recordando este hecho.

    Referencias



    • B. de Artagán (seudónimo de Reynaldo de Brea) (Barcelona, 1910). Carlistas de Antaño. Nota: El retrato de Don Basilio es erróneo, ya que pertenece al mariscal de campo José Boadella.








    José Martí se equivocó y hoy sufrimos el resultado de sus errores. Por José Ramón Morales

    (Foto de Internet, Gómez y Martí, New York 1894)


    No sólo estamos viviendo el resultado de los errores cometidos por Martí, sino que lo hemos engrandecido hasta ponerlo en un altar. Sin dudas que es una figura intocable y sobrevalorada desde cualquier lado político de los cubanos, pero la verdad es que cometió unos errores gigantescos desde mi punto de vista y el resultado es esto que estamos pasando los cubanos hoy en día.


    Primero que todo José Martí admiraba la figura de Simón Bolivar, quizás sin saber que era un tirano y un dictador, una figura siniestra y el lo veía como si de un Dios se tratase. Véase el video sobre Bolívar. También a su paso por los diferentes países de América Latina recién independizados, Martí se dió cuenta que la ésta no había resuelto nada, ahora existían dictaduras de los criollos y los pobres seguían cada vez más pobres y nada había cambiado. Como he dicho en otras ocasiones, también cuando estuvo en Puerto Principe, Haití, expresó que sentía libertad, pero se había acabado el progreso que tenían bajo los franceses, y el resultado es que Haití nunca logró levantar cabeza, ni la levantará, pues no saben gobernarse, sin embargo las islas del Caribe que son protectorados de Francia, Inglaterra, Holanda EEUU están bien y con progreso. Si esos africanos hubiesen optados por la independencia, estuviesen igual que Haití. Ahora no me vayan a llamar racista, los resultados son los que hablan. Tampoco a Cuba le fue bien con la separación de España.


    Martí, quien por razones personales no quiso pelear en la Guerra de los Diez Años de 1868 al 1878, primero por estar desterrado en la Península y allí estudiando Derecho y Filosofía y Letras, pero se graduó en 1874 y en vez de entrar a Cuba ilegal como hicieron otros como el General mambí Enrique Collazo que también estaba en España, (después pasa a EEUU y de ahí desembarca en Cuba), pues éste decide viajar por Europa, después Guatemala, ir a México, reunirse con su familia y casarse, etc., en fín que no desembarca en Cuba a pelar en la guerra que se puede decir que no era de solo de Independencia, pues querían su posterior anexión a EEUU y eso está comprobado, que tanto el Padre de la Patria "Carlos Manuel de Céspedes", como el que escribió el Himno que es solo dirigido a los bayameses, Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera el de los 500 esclavos, Ignacio Agramonte el que murió con la bandera americana bordada en el pecho, etc. en fin todos esos negreros criollos que por años repartieron látigos a sus esclavos y que después los usaron para que pelearan bajo su mando con falsas promesas y su objetivo era separar a Cuba de España y su posterior anexión a EEUU pues temían que en Cuba ocurriera algo similar a Haití, eran anexionistas. Pues bien, Martí cogió mala fama por no querer pelear en esa guerra y cuando el Pacto del Zanjón que le permite regresar a Cuba, abrir su Bufete de Abogado y postularse a las Cortes de Madrid representando a Cuba, no tuvo el apoyo de los criollos. Su forma de limpiar su prestigio era crear una revolución y la hizo y fue lo peor que pudo pasar en Cuba. pues fue el caldo de cultivo para la intervensión norteamericana.


    La revolución de Martí, a pesar de estar convencido que en ningún país la independencia había funcionado y el siendo hijo de un peninsular y una canaria, de sangre 100% española, en vez de pensar en cambiar gobiernos, leyes, etc., nó, decide traicionar a España y buscar la independencia. Cuba no era una país conquistado por España, Cuba fue hecha por España desde cero y los cubanos no eran nativos, todos se pueden decir que eran extranjeros nacidos en Cuba. Para eso se unió al Generalísimo dominicano y sanguinario Máximo Gómez, que se le ocurre destruir toda la riqueza de Cuba para que España pierda interés por la Isla, como si el amor verdadero a un terruño depende de las riquezas que posea. España amaba a Cuba y la sigue amando a pesar de sus problemas. La Tea Incendiaria del Generalísimo Gómez fue un crimen de lesa humanidad. Mataron las reses, incendiaron los ingenios, las fincas, pueblos, los ferrocarriles, los telégrafos, dictó pena de muerte para el que siguiera trabajando en un ingenio azucarero, y al final, cuando estaba derrotado con un grupito en la manigua y se comienza la Autonomía en Cuba, lo que el Partido Liberal Autónomo y que era lo que la mayoría en Cuba esperaba desde 1878. Hubo tropas mambisas que salieron de la manigua para unirse al nuevo gobierno autónomo, que le dió la oportunidad de votar hasta los ex-esclavos. Máximo Gómez de una forma traidora se une a los norteamericanos para luchar contra España, después cuando triunfa EEUU y nos separa a fuerza de España, entonces se lamenta.


    La Revolución de Martí fue fatal para Cuba y éste es el resultado. Ninguna Comunidad Autónoma de España esta tan mal como Cuba a pesar de crisis actual, y los cubanos lo hemos endiosado de una forma enfermiza. Hay que separar al Martí poeta y escritor que sin dudas fue un genio, del Martí que llevó a Cuba al desastre actual.


    Si no llega a ser por Martí, hoy en día fuésemos la Comunidad Autónoma de Cuba, España, del primer mundo, perteneciente a la Unión Europea, con el Euro como moneda oficial, pasarte unitario, pertenecientes al Tratado de la OTAN, todo un lujo y la Comunidad Autónoma mas próspera de España. Recapacitemos, necesitamos dejar ese exceso de patriotismo enfermizo y ver las cosas como eran verdaderamente. No entiendo como en la votación para elegir que monumento iría a sustituir a la Reina de España en el Parque Central de La Habana donde Martí obtuvo solo 16 votos pero fue quien más sacó, Máximo Gómez no votó por él.


    ¿Cuál era la verdadera opinión de Gómez sobre Martí? ¿Por que prefirió a José Antonio Saco? Eso es un misterio que los historiadores nunca escribieron.



    Comunidad Autónoma de Cuba, España: José Martí se equivocó y hoy sufrimos el resultado de sus errores. Por José Ramón Morales

  14. #34
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://cubaespanola.blogspot.com/2011/02/el-grito-de-baire-el-24-de-febreo-de.html


    EL GRITO DE BAIRE DEL 24 DE FEBRERO DE 1895, FUE “AUTONOMISTA" Y NO “INDEPENDENTISTA". Por Rafael Soto Paz



    - De la revista Bohemia del 24 de Febrero de 1952 “El 24 de Febrero en los Periódicos (el Grito de Baire fue autonomista)” por Rafael Soto Paz:
    ...“Hubo -el lector lo sabe-, cinco "gritos", dos en Occidente: el de Ibarra, con Juan Gualberto Gómez y Antonio López Coloma de jefes y el de Jagüey Grande, que tuvo de líder al doctor Martín Marrero; y tres en Oriente: el de Bayate, capitaneado por el General Bartolomé Masó; el de Guantánamo, que comandó "Periquito" Pérez y el de Baire, lanzado por los hermanos Lora, Florencio Salcedo y otros cubanos. De todos ellos, el único discutido es este último, por el marcado acento autonomista que lo preside.


    Algunos historiadores afirman que ello se debió a una hábil dilación hasta lograr prepararse bien los alzados. Puede ser, pero lo real y verdadero es que el de Baire fue el único que careció del decidido matiz separatista que tuvieron los otros cuatro. Aquí verá el lector lo referente a la comisión que en nombre de los alzados en Baire visita al Gobernador Enrique Capriles y que integran los señores Lora, Escalante, Plazas y Cardet. Iban en busca de un entendimiento, y hasta se dice que solo pedían la destitución del Alcalde de Jiguaní, don Francisco Ramos. Otro detalle a observar es lo referente a la bandera enarbolada en el levantisco poblado y la que era española, esto es, roja y gualda, atravesada en forma de X por dos franjas diagonales. La misma fue ideada por el señor Alfredo Betancourt Manduley, diputado autonomista. De ahí que, resulta interesante y esclarecedor lo publicado por los diarios de La Habana en aquellos días iniciales y la reacción en principio, que los "gritos" tuvieron.

    “Baire, en vez de la bandera de la patria, se tremola la bandera de España con el agregado de dos listas blancas, en forma de X o de la cruz de San Andrés, de esquina a esquina de sus ángulos. En ese momento están el coronel Saturnino Lora, el comandante Florencio Salcedo, el capitán Damián Caballero, el alférez Ivonet y otros cubanos. Tres días después se les incorpora el coronel de la Guerra del 68, Jesús Rabí.


    Luego, el grupo acampa en un lugar conocido por "Los Negros" y fija en los establecimientos y casas un cartel con la siguiente inscripción:
    “Aviso al Público "
    “El Jefe del Movimiento participa al público que al ¿Quién vive? de sus avanzadas, se contestará ¡España! y al ¿Qué gente?, ¡La Autonomía!
    “Lo que se hace público para general conocimiento.
    “Baire, 3 de Marzo de 1895. Por el Coronel Jesús Rabí, el Coronel Saturnino Lora.”
    Continúa el artículo con citas a la prensa de La Habana de los acontecimientos del levantamiento del 24 de Febrero de 1895 “pero las noticias escaseaban” y gran parte de lo reportado al principio se relacionaba con el asesinato de Manuel García, el Rey de los Campos de Cuba.


    - Fue asesinado Manuel García, el Rey de los Campos de Cuba.
    En la madrugada del 23 al 24 de Febrero en Seborucal, Ceíba Mocha, fue asesinado Manuel García, el Rey de los Campos de Cuba. De acuerdo a estudios de lo ocurrido, Manuel García avanzaba hacia Ibarra para integrarse al levantamiento revolucionario cuando fue asesinado por uno de sus acompañantes.
    Bibliografia:
    24 de Febrero en el Calendario Cubano


    Nota:

    Una vez más me maravillo en como nos han manipulado los historiadores, primero que todo en la escuela nunca se nos dijo que hubo más de un “Grito”, o sea sólo conocimos el “Grito de Baire” que dió comienzo a la Revolución del 95, segundo, jamás se nos mencionó que quien lo dió era un autonomista y que llevaba la bandera del Partido Liberal Autónomo, y además fue asesinado por uno de sus acompañantes, me imagino que un independentista, pues ellos no conocían otra cosa que matar, igual que cuando Máximo Gómez ordenó matar a todo aquel que siguiera trabando en un ingenio azucarero, o a cualquiera que fuera a hablarles de autonomismo, y así lo hizo al menos con dos que fueron de buena fé a pedirle que se unieran al nuevo gobierno autónomo y que además eran amigos. Con ellos no había término medio. Yo estoy convencido que es verdad que la revolución cubana de Fidel es una continuación de aquella, pues tanto Maceo como Gómez querían un gobierno militar y sé que de haber sido posible, hubiesen rodado por el suelo muchas cabezas, sobre todo de españoles y autonomistas. Martí fue un iluso, él quería que enseguida se hicieran elecciones civiles, pero eso no lo hubiesen permitido, sería una cruel dictadura con venganza incluída. Nunca se nos habló de que era una “guerra civil” si nó “guerra de independencia”, sin embargo los autonomistas también pelearon por sus ideas y no era separarnos de España. Esa es la historia cobarde manipulada por los historiadores parcializados, pues contar la verdad aunque no siempre te guste, es de profesionales honorables. Los autonomistas fueron los que crearon el Nacionalismo cubano sin dejar de ser españoles y ese mérito no se les reconoce. Separarnos fue un error, había que luchar por cambiar leyes, gobiernos, pero nunca separarnos de España. Si los que pelearon hubiesen sido nativos, yo lo entendería, pero al ser criollos, para mi fueron unos traidores. Ese artículo fue escrito en el año 1952, cuando todavía habían muchos mambises vivos, de haber sido mentira, lo hubiesen desenmascarado. J.R.M.




    Comunidad Autónoma de Cuba, España: Nota escrita por el Sr. Enrique Dupuy de Lóme, Ministro español, en 1895, criticando al presidente William McKinley
    ota escrita por el Sr. Enrique Dupuy de Lóme, Ministro español, en 1895, criticando al presidente William McKinley


    (Fotos de Internet)


    A fines del año 1895 el ministro español en Washington Sr. Enrique Dupuy de Lome, describiendo el caracter político de la guerra de Cuba, la posibilidad de extinguirse y la influencia americana, se expresa en estos términos:


    "La insurrección en Cuba es un fracaso. Mas suponiendo que mañana triunfara y se realizase la absoluta independencia de Cuba, el resultado sería la división de la Isla en dos gobiernos, : el de Oriente que formaría la república negra y el de Occidente, con una república blanca. El alzamiento es pura y simplemente una insurrección negra, aunque no he de negar que haya blancos identificados con el movimiento, porque siempre habrá visionarios, criminales, y vagos dispuestos a tomar parte en cualquier reyerta".


    "Cuando más adelanta el movimiento, más claro se va viendo que sus jefes son criminales y que su obra se dirige principalmente contra la propiedad particular. La gran mayoría de la población cubana no simpatiza con ellos. Casi todos los cabecillas de más importancia son negros; el único blanco de cuantía en las filas insurrectas es Máximo Gómez, y estoy persuadido de que ha recibido $45,000 por sus servicios. No es la primera vez que se ha vendido, y el general Martínez Campos puede probarlo".


    "Los insurrectos se proponen ahora enviar a Cuba a Calixto García, porque comprenden la necesidad de tener mas jefes blancos, por el efecto que puede producir en el exterior. García debe la vida a España, su hijo fue cuidado por nuestro Gobierno y después de todo no ha titubeado en en faltar a su palabra de honor. García es un monumento viviente de la clemencia española".


    "Hay muy poco peligro de que los Estados Unidos reconozcan como beligerantes a los rebeldes que no son otra cosa sino merodeadores dedicados a destruir sin consideración ninguna más las propiedades de los americanos y cubanos que las de españoles. La razón por la cual los rebeldes quieren que este país los reconozca, es porque de este modo esperan fomentar un espíritu de malquerencia, y, finalmente, la guerra entre España y los Estados Unidos, para que los soldados americanos vayan a pelear por ellos".


    "Las pretensiones de los insurrectos no se inspiran en la buena fe, no siendo otra cosa que esfuerzos, apenas disfrazados, para enredar en graves dificultades a los dos gobiernos….."


    "Las partidas o guerrillas se presentan subrepticiamente en tal o cuál lugar, como robando y quemando a su paso y cuando se envía una columna a castigarlos, se desvanece. Es cosa difícil el coger a las guerrillas y bien claro lo han visto los americanos en sus luchas con los indios. No quiere decir que entre los insurrectos no haya hombres valientes, ni que no peleen de vez en cuando; pero sus operaciones no constituye verdadera guerra. Los rebeldes y sus jefes negros no se dedican a pelear contra los soldados de España, sino mas bien a perjudicar la propiedad particular."


    "España ha enviado a Cuba 190,000 hombre de tropa y el mes entrante se enviarán 7,000 mas en adición a un regimiento de artillería montada y a un batallón de señales."


    "España tiene toda clase de elementos para sofocar la insurrección; los rebeldes no tienen la menor probabilidad de éxito, y es cuestión de tiempo el que, agotados sus recuerdos, se entreguen. La masa general de las partidas podrá hacerlo sin temor, pero los cabecillas serán castigados severamente."


    "Comprendo muy bien los sentimientos que han impulsado a muchos ciudadanos de este país ha hablar de lo que creen es la lucha por libertad. Pero el verdadero carácter de la rebelión no se puede ocultar y se va comprendiendo. El Gobierno de los Estados Unidos que ha manifestado honrosas disposiciones a cumplir sus obligaciones que le imponen sus tratados con España; más sin que pretenda formular censuras enemistosas, parece que las leyes del país son bastante elásticas para permitir que personas que un día se denominan cubanas y al día siguiente ciudadanos americanos, tengan establecido en Nueva York un centro desde el cual llevan adelante de la manera mas pública, operaciones dirigidas a perturbar el sosiego del territorio del territorio de una nación que esta en paz con los Estados Unidos."


    "España a traído a Cuba a un estado de gran prosperidad. Recuérdese lo que era Santo Domingo bajo España y mírese en el estado que está hoy".


    "Lo mismo digo de los países de la América del Sur, hablando desde luego con el respeto debido a los jóvenes gobiernos".


    "La mayor desgracia que podría sobrevenirle a Cuba, sería perder la protección de España. Así lo comprende la mayoría del pueblo cubano y por eso no simpatiza con los rebeldes".


    Bibliografia:


    Historia de la Guerra Hispano-americana. Universidad de Michigan.
    Escrita por Enrique Mendoza y Viscaino.






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    Re: Hay “otro” bicentenario

    ¿Carlos IV: Emperador de las dos Américas? Historia secreta de América -2- « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño

    Estatua ecuestre de Carlos IV en la ciudad de México

    Producto de mis recientes lecturas surgió esta interrogante en mí. Ninguno de los monarcas de la Corona de Castilla que gobernaron el extenso y multisecular Imperio Hispano –del cual somos herederos, pésele a quien le pese-[1] denomináronse como emperadores, ni siquiera Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, pues este –como todos sus sucesores- aunque de hecho era emperador –con carácter supranacional- de todos sus dominios en los cinco continentes, de derecho era tan solo emperador del Sacro Imperio en el centro de Europa; de Castilla era su Rey así como del resto de sus territorios, incluyendo las “islas del mar océano, tierra firme e indias occidentales”, América. Isabel y Fernando, Juana, Felipe I, Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, y Fernando VII, todo ellos fueron de facto emperadores y de derecho Reyes de las Españas y de las Indias[2] -sin contar el resto de sus dominios en Europa y demás continentes-, pero ninguno emperador de jure.
    Carlos IV de Borbón sería entonces el único monarca de la Corona de Castilla que haya figurado como emperador oficialmente. Según lo resuelto en el artículo 12 del tratado secreto de Fontainebleau, del 27 de octubre de 1807 entre España y la Francia napoleónica; a Carlos IV se le reconocería lo siguiente: “S.M. el Emperador de los franceses, Rey de Italia, se obliga a reconocer a S.M. Católica Rey de España como Emperador de las dos Américas quando todo esté preparado para que S.M. pueda tomar este título, lo que puede ser, o bien a la paz general, o más tarde dentro de tres años”[3]. Vale entonces desglosar el artículo:

    1. S.M. el Emperador de los franceses, Rey de Italia, se obliga a reconocer a S.M. Católica Rey de España como Emperador de las dos Américas: El reconocimiento si bien es externo formalmente, la iniciativa es interna al ser un tratado bilateral. Por tanto, el título imperial era buscado por Carlos IV, mas ¿con qué fines? Mera vanidad, no lo creemos, de hecho era el gobernante de todo el extenso imperio en América, ahora reluce el hecho de que el título imperial vaya de la mano de las “dos Américas” –la septentrional por la Nueva España y la meridional por los países de la América del Sur-.
    2. quando todo esté preparado para que S.M. pueda tomar este título, lo que puede ser, o bien a la paz general: Qué incognita tremenda por decir lo menos, qué significa “quando todo esté preparado”, ¿es acaso el presagio de la partida de la familia real hacia América, dónde proclamarían el Imperio?[4], ¿es la entrega de la península por completo a Napoleón? ¿La paz general, es la pax napoleónica?
    3. o más tarde dentro de tres años. ¿Previsión maquiavélica o completo desconocimiento del futuro próximo de parte y parte?

    Y he aquí la interrogante, si nos apegamos estrictu sensu a lo que se detalla en este artículo, Napoleón se obliga a reconocer a Carlos IV como “emperador de las dos Américas”, el carácter americano del título es evidente aquí; y dice que cuando todo esté preparado –lo que conlleva otra interrogante aún mayor, debido que hace deducir la instalación del Imperio en América[5] (independencia propulsada por la misma monarquía en otras palabras). Y aquí hay harto material para los leguleyos quiteños en particular y ecuatorianos en general que les encanta perderse en definiciones y en detallitos, debido a que la paz general no se concretó, al haber invadido Napoleón alevosamente España y al haberse fenecido el plazo de los tres años, pues para octubre de 1810 Carlos IV no era más Rey de España y menos emperador de las dos Américas.
    Pero… desde el punto de vista legal, el tratado en su momento y hasta que no fue revocado tuvo pleno valor. Entonces ¿Carlos IV fue el único monarca de las Españas y las Indias que pudo ostentar el título de emperador de las dos Américas?
    Y aquí pensaran muchos, ¿y esto a mí que me importa?, ciudadano ecuatoriano o de dónde sea en la América del siglo XXI… pues debería importarle mucho, pues es su historia, por tanto es parte de su ser y ya entrando en el campo del “what if?” o de la ucronía, es decir en el infinito universo de las posibilidades no realizadas al menos en este plano, podemos pensar que de haberse concretado la idea de tener a Carlos IV como emperador de las dos Américas, hoy en día estaríamos viviendo en un reino subsidiario de un Imperio Americano centrado en este continente tan especial y tan extraño llamado América, donde todo es posible. Y dentro de estas posibilidades Carlos IV, a lo largo de los siglos, fue de facto y de jure el único emperador de las dos Américas –incluyendo este antiguo y conocido Reino de Quito-.
    Por Francisco Núñez Proaño

    [1] ¡Después de todo estás leyendo este artículo en castellano!

    [2]Hispaniarum et Indiarum Rex, como reza la leyenda en latín. Ni siquiera el usurpador José I Bonaparte, más conocido como Pepe Botellas se atrevió a proclamarse emperador.

    [3] Tratado secreto de Fontainbleau, del 27 de octubre de 1807, citado en Ramos Pérez Demetrio, Entre el Plata y Bogotá. Cuatro Claves de la emancipación ecuatoriana, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1978, pág. 63

    [4] Recuérdese el caso brasileño, donde la familia real portuguesa huyó al Brasil, que pasó de Reino Unido a Imperio independiente poco después con Pedro I del Brasil.

    [5] Quiere decir esto que previsto un plan para el traslado de Carlos IV a América, ¿deberíamos reconocer a este entonces como precursor de la independencia? Pero esta es materia de un otro artículo.




    Comunidad Autónoma de Cuba, España: Anexionismo cubano y Narciso López, el diseñador de la bandera cubana actual.


    Anexionismo cubano y Narciso López, el diseñador de la bandera cubana actual.

    (Foto de Internet)


    La crisis ideológica de los lideralescubanos, el auge de la lucha social, la agresividad británica y los altibajos en la política metropolitana, se unieron para dar fuerzas al movimiento anexionista durante la década de los años 40 y el primer lustro de los 50. Esta predisposición de amplios sectores económicamente dominante en la isla se vió favorecida, a partir de 1845, por un nuevo factor: el triunfo, dentro de los Estados Unidos, de la más feroz tendencia expansionista.

    El 29 de diciembre de 1845, el congreso de los Estados Unidos incluía la extensa región mexicana de Texas dentro de su territorio. Con respecto a Cuba, los problemas generados por la conspiración de La Escalera, la actividad británica y los designios expansionistas expresados a tenor de la anexión de Texas, sirvieron para añadir peso a los criterios de los sureños norteamericanos como Edgard Everett y John Calhour, partidiario de la agresión de la isla a los Estados Unidos.

    Las reiteradas estacias del primero de ellos en Cuba, permitían inferir, según Turnbull, que el verdadero objeto de su misión era tomar el pulso de la gente con respecto a la anexión. En 1843, Everett había escrito: Yo deseo y creo que no está lejos el tiempo en que […] la Gran Antilla añadirá otra estrella brillante a la bandera de nuestra confederación. John Calhoun, por su parte, consideraba que la “africanización” de Cuba formaba parte del plan inglés. Los negros libres deberían su liberación a Gran Bretaña y esto podía obstruir la expansión de los Estados Unidos hacia el sur.

    Tres núcleos anexionistas surgieron en la isla durante estos años. El más importante, peligroso y poderoso era el de Occidente, que se denominó club de La Habana. Su objetivo declarado era mantener la esclavitud y la propiedad contra las posibles acciones inglesas y frente a un eventual movimiento popular, ya fuese abolicionista o portador de intereses más generales, pero capaz de poner en peligro el orden social imperante. Sus figuras principales, José L. Alfonso, Miguel Aldama y Cristóbal Madan, dueño de grandes ingenios y numerosos esclavos. Veían en la anexión al sur de los Estados Unidos la preservación de sus intereses y la salvaguarda de sus propiedades. En primer lugar, pensaban en una salida pacífica a través de la compra de Cuba a España por parte de dicha nación y solo en última instancia consideraban la posibilidad de un programa militar en tanto éste podía lesionar sus intereses en la isla.

    Otro núcleo, el de las Villas, también era conservador, en tanto representaba intereses esclavistas. Era fuerte en Trinidad, Santi Spíritus y Cienfuegos y estuvo muy relacionado con el movimiento gestado en dicho territorio por Narciso López.

    López, nacido en Venezuela, había luchado contra la independencia de su país. Tras la derrota colonialista partió para España. De 1824-1827, estuvo en Cuba, donde contrajo matrimonios con Dolores Frías, hermana del conde de Pozos Dulces.

    A su regreso a España luchó contra los carlistas a las órdenes del general Jerónimo Valdés y cuando éste fue nombrado capitán general de la isla, volvió a Cuba. Fue designado gobernador de Trinidad y presidió la comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Como su presidente participó en las represiones contra los movimientos sociales de la época y dirigió el tribunal que condenó a muerte a Turnbull y al negro libre J.M. Mitchell. En la isla se dedicó a varios negocios sucesivamente: una panadería, un ingenio en Cienfuegos y una mina en Las Villas, todas ellas empresas fracasadas, en las cuales perdió su fortuna. Narciso López inició sus acciones comparativas casi paralelamente al Club de La Habana. Su movimiento tuvo ramificaciones por Trinidad, Santi Spíritus, Cienfuegos y Matanzas. El moviendo anexionista fue considerado, incluso por importantes figuras del poder colonial. En estas conspiraciones participaron de forma muy activa, comerciantes españoles, en tanto pretendían, según algunos, conservar el orden social existente. Tal ves estas características del primer movimiento lopista expliquen sus primeras contradicciones con el Club de La Habana. Los fines últimos del movimiento eran, según expusieron algunos de sus participantes, la anexión a los Estados Unidos. Uno de los colaboradores mas allegados al general López, José Sánchez. La primera conspiración encabezada por López, conocida como de la mina de la Rosa Cubana, fue descubierta por las autoridades de la isla, por lo que tuvo que huir.

    En el extranjero reorganizó sus fuerzas con militares norteamericanos que habían participado en la expedición contra México. El otro núcleo anexionista de importancia era el de Puerto Príncipe, que tenía ramificaciones en oriente. Lo integraba un grupo de terratenientes que pretendía lograr para la isla un desarrollo capitalista. Nucleaba a liberales escépticos, opuestos al dominio de España, pero con escasa fe en las capacidades del pueblo cubano para lograr la independencia por sus propios medios. Convencidos de que la acción reformista dentro de las estructuras españolas no era posible, consideraron que el modelo democrático-republicano y capitalista del norte de los Estados Unidos podía convenirles para lograr, como parte integrante, de dicho país, el desarrollo de la isla. Este grupo lo integraban algunos exiliados que habían formado parte del movimiento separatista de los años 20 y del movimiento reformista de los años 30. Su figura mas destacada era Gaspar Betancourt Cisneros, mas conocido por el seudónimo de El Lugareño, quién expresó la visión del grupo. El rebajamiento moral de los anexionistas quedaba expresados en estas y otras manifestaciones de desprecio hacia su propio pueblo. En 1848, los anexionistas vinculados a El Lugareño, comenzaron a publicar el periódico La Verdad, que trataba de infundir en la población cubana las ideas anexionistas. En medio de esta crisis de valores se alzó contra la anexión la voz de José A. Saco. Saliendo de su prolongado retiro político y oponiéndose a los sectores que ponían sus intereses económicos por encima de los intereses sociales y políticos de la patria.

    Resulta necesario aclarar que la opción anexionista en sus diferentes vertientes, tenía un concepto elitista del pueblo cubano, del cual no formaban partes no solo el hombre negro, sino ninguno de los sectores marginados y humildes. Incluso la vertiente abolicionista, que veía en la eliminación de la esclavitud y sus inmediatas consecuencias, la posibilidad de explotar en una forma más moderna la fuerza de trabajo liberada, sin que estos le significase una inversión cuantiosa, tampoco identificaba sus derechos de propietario con los del resto del pueblo. El anexionismo no solo colocaba la búsqueda de la liberación política del terreno más desfavorable al hipotecar los destinos del país sino que separaba raigalmente a los cubanos y, con ello, la lucha política social.

    En cambio la política española hacia Cuba crearía nuevas condiciones, ahora contra el movimiento anexionista. El nombramiento del general José Gutierrez de la Concha en noviembre de 1850, y la política aplicaba por este produjo un acercamiento entre los sectores económicamente dominantes en la isla y el gobierno colonial. El nuevo capitán general dio el paso más importante en la solución del conflicto al nombrar a José L. Alfonso como representante en Londres de la Junta de Fomento de la Habana, en realidad como el hombre encargado de lograr un arreglo con los británicos. Después de una larga entrevista con Lord Almerston, ambos convinieron estar en perfecto acuerdo con respecto a los destinos de Cuba.

    Tanto Alfonso como el club de La Habana se manifestaban ahora opuestos al anexionismo que poco antes habían patrocinado. En ese momento y sin tener en cuenta las nuevas condiciones, Narciso López produjo sus dos desafortunadas expediciones, primero la del Creole y después la del Pampero. En ninguno de los dos casos contó el general con el suficiente apoyo interno. La burguesía esclavista estaba en disposición de conveniar con Inglaterra y configurar una nueva alianza de poder con la metrópolis; las capas medias y las masas populares no prestaban su apoyo a un movimiento tan claro matices extranjeros. (así todo la ciudad de Cárdenas, es considerada Ciudad Bandera, pues fue donde por primera vez ondeó la bandera cubana anexionista de Narciso López. ¡Que ironía! Esa es la bandera de Cuba hoy en día. J.R.M.)

    El primer intento de López fue en 1849. se originó en Cat’s Island y fue disuelto a instancias de capitán general de la isla. El segundo, organizado en Isla Redonda, fue liquidado por orientación expresa del presidente estadounidense Sacarías Taylor, como consecuencia de su cambio de política con respecto a la anexión de Cuba a los Estados Unidos.


    El propósito de esta expedición era crear un estado que se proclamaría “Republicano, democrático y libre”, a fin de solicitar, tal como lo había hecho Texas, la anexión a los Estados Unidos. Quitman, alegando su condición de gobernador de Mississippi, no acepto la nominación pero mantuvo contacto con el grupo lopista, estimulándolo incluso insinuándole que más adelante podía reconsiderar su negativa.

    Los anexionistas camagüeyanos, por su parte no compartían los criterios en cuanto a la nueva opción reformistas diseñadas por Alfonso. Para ello estos cambios no solucionarían el problema de Cuba. Seguía viendo el modelo democrático-republicano norteño la mejor alternativa. Creían con este fin debían iniciar la lucha interna. Su imagen de los Estados Unidos resultaba una idealización bien ajena a su realidad interna y a los objetivos políticos de aquel país. En 1851, los preparativos de un alzamiento en la región principeña eran evidentes. El 4 de julio, día de proclamación de la independencia de los Estados Unidos, fue la fecha seleccionada para el alzamiento por Joaquín de Agüero, abolicionista muy querido y respetado en Puerto Príncipe. Detenido por las fuerzas españolas fue ejecutado el 12 de agosto en la sabana del arroyo de Méndez. Las mujeres camagüeyanas, en señal de luto decidieron cortarse los cabellos. También resulto fallido el alzamiento de Isidoro Armenteros en Trinidad, al igual que los intentos realizados en Vuelta Abajo en 1852.

    Bibliografía:
    El anexionismo en Cuba (world processing)

  16. #36
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://bicentenariodistinto.blogspot.com/2011/03/combate-naval-de-san-nicolas-de-los.html


    Combate naval de San Nicolás de los Arroyos (2/III/1811)


    Transcribimos a continuación una interesante notícula aparecida hoy en el blog del diario La Nación cuyo nombre es "Historias inesperadas" y que es escrito por el historiador Daniel Balmaceda, donde se recuerda este primer combate naval de la Revolución en el Río Paraná y donde los fieles a Dios, la Patria y el Rey vencieron a los que luchaban por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad... o por el dinero (puesto que la mayoría eran corsarios británicos). Acto seguido, hacemos algún comentario.


    San Nicolás hace 200 años


    Combate de San Nicolás, óleo de Justo P. Lynch.
    El primer enfrentamiento naval entre realistas y patriotas se llevó a cabo hace doscientos años, el sábado 2 de marzo de 1811 en aguas del Paraná, frente a la ciudad de San Nicolás. El maltés Juan Bautista Azopardo (con los buques 25 de Mayo, Invencible y Americana) enfrentó a Jacinto de Romarate (Belén, Cisne, Fama y San Martín). Los dos bandos portaban el pabellón español.
    Al mediodía comenzó el bombardeo feroz de Romarate. Ni el bergantín 25 de Mayo ni la balandra Americana lograron mantener mucho tiempo su posición. Apenas la goleta Invencible pretendía demostrar que su nombre era también su cualidad. Luego de dos horas de bombardeo, en la Invencible, solo quedaban el comandante y ocho hombres en pie. En cubierta yacían veintitrés cadáveres y dieciocho heridos. Azopardo, con gran parte del cuerpo quemado y bañado en sangre, apuntó su pistola a la santabárbara (el sitio en donde se guarda la pólvora) con el fin de hacer volar en pedazos el barco antes de dejarlo en condiciones para los enemigos. No lo logró.
    El marino patriota fue conducido a Montevideo y, acusado de insurgente (cargo que le cupo a todos aquellos que se amparaban en el pabellón de España para combatir a españoles), lo enviaron con grilletes a Cádiz. Además, la Junta Grande lo acusó por mal desempeño.
    Recién fue liberado en 1820. De inmediato regresó a su patria adoptiva, para seguir peleando. Pero no volvió soltero. Lo acompañaba María Sandalia Pérez Rico y el hijo de ambos, Luis Antonio María de los Ángeles Azopardo. La familia no abandonó jamás la patria adoptiva.
    COMENTARIO CLAMOROSO: Juan Bautista Azopardo era un corsario y su tripulación, compuesta principalmente por extranjeros, también lo era. Y así, ante los primeros cañonazos, las tripulaciones de la "América" y la "25 de Mayo" abandonaron los buques y escaparon nadando. Sólo la "Invencible" ofreció alguna resistencia ante el abordaje. Azopardo temiendo lo que le esperaba como traidor al Rey (tras las Invasiones Inglesas había jurado fidelidad como teniente coronel de milicias), quizo hacer volar la santabárbara suicidándose, pero los heridos se lo impidieron.

    Gracias a esta victoria, los realistas lograron el control del Estuario del Plata durante casi dos años, excepción hecha por los buques británicos que, protegidos por su flota, siguieron abasteciendo libremente a la insurrecta Buenos Aires. En 1813, el marino británico William Brown organizará un nueva escuadra que modificaría sustancialmente la situación.

    Azopardo fue llevado prisionero a España. Enfrentó juicios por insurgencia, traición, perjuria, etc. Fue condenado a muerte tres veces, y, gracias a la acción de las logias, indultado otras tantas. Finalmente, en 1820, la Revolución de Riego lo liberaría y le permitiría su regreso a América.

    Por su parte, el vizcaíno Jacinto de Romarate y de Salamanca había participado de la toma de Tolón (Francia) y, posteriormente, en las acciones navales de Cartagena, Argel, las costas de Valencia, Cataluña, Sicilia y Baleares.

    Habiendo sido destinado a Montevideo, tuvo un papel destacado en las Invasiones Inglesas. Se destacó al mando de la cañonera "La Vizcaína" durante la Reconquista de Buenos Aires y mandó un batallón de infantería de marina en la Defensa de esta capital.

    Durante la rebelión del gobernador montevideano de Elío, se mantuvo fiel al virrey Liniers. Y, lo mismo, cuando la asonada de Alzaga. Estallada la Revolución el 25 de mayo de 1810, se negó a jurar la Junta revolucionaria y pidió el pase a Montevideo. Apenas pisado el suelo oriental, tuvo un papel destacado en la contrarrevolución.

    Sólo la presión de la flota británica y las traiciones de los infiltrados revolucionarios, le impidieron cumplir con el bloqueo de Buenos Aires. Pero no pasaría mucho hasta que pudiera vengarse de los traidores en el combate de San Nicolás que se describe arriba. Por esta acción, Romarate fue ascendido a capitán de navío y condecorado con la cruz laureada.

    Lamentablemente, la escuadra corsaria británica de Brown, que peleaba por el gobierno porteño, lo derrotarían en Martín García en marzo de 1814.

    Cortado el paso a Montevideo, con su escuadrilla resistió heroicamente aún en los ríos Uruguay y Negro por un largo tiempo. En una ocasión, William Brown le ofreció la rendición con las mayores garantías y honores. La respuesta de Romarate fue contundente: "Esta escuadrilla no se entregará a nadie que no la busque por el camino de la gloria militar que ha seguido siempre."

    Pero caída la plaza de Montevideo, se desvaneció toda esperanza. Accedió a rendirse siempre que se le diera la posibilidad de pasar a la Península Ibérica para "ayudar a nuestros compatriotas en la honrosa lucha que sostienen contra el tirano de Europa".

    Como muchos otros desencantados realistas de América, abrazará en la Península la causa liberal. Pero eso es otra historia.




    C. L. A. M. O. R.: ¿Expediciones libertadoras? Belgrano en Paraguay

    ¿Expediciones libertadoras? Belgrano en Paraguay

    Desde que atravesé el Tebicuary no se me ha presentado ni un paraguayo, ni menos los he hallado en sus casas; esto, unido al ningún movimiento hecho hasta ahora á nuestro favor, y antes por el contrario, presentarse en tanto número para oponérsenos, le obliga al ejército de mi mando á decir que su título no debe ser de auxiliador, sino de conquistador del Paraguay.
    Manuel Belgrano, Oficio del 16/XII.

    Todos sabeis que entre las Tropas de la desgraciada Ciudad de Buenos Ayres, vienen varios hijos expurios de esta Provincia [del Paraguay]. ¿Qué fundamentos tiene esa Junta turbulenta para deducir que sus honrados parientes, y Paisanos habrán de seguir sus detestables ideas? Ellos son los primeros que vengarán la injutira que se les hace dando una prueba al Mundo entero de los fieles sentimientos que les animan. Sabed mas, esa cabala de facciosos en sus sesiones sanguinarias ha resuelto y maquinado el asesinato de vuestro Governador. ¿Acaso porque Yo dejara de existir se acabaría vuestra fidelidad? ¿Faltaría un caudillo que os condujera á la victoria y exterminara á ese conjunto de salteadores, que invocan á nuestro desgraciado Rey Dn. Fernando séptimo, y atacan infamemente sus Derechos, y los de sus fieles vasallos?... Moriré con gusto en medio de vosotros, y tendré la gloria de acabar mis cansados días al frente de una Provincia heroica y de unos Súbditos amables, en cuya defenza me parece un corto sacrificio el de mi vida.

    Velasco, Bando del 18/XII del Gobernador del Paraguay á sus habitantes.

    Quiera Dios que sea feliz, para que pueda venir con todos y entrar á la conquista de los salvajes paraguayos, que sólo se pueden convencer á fuerza de balas.
    Manuel Belgrano, Carta confidencial del 31/I al Presidente de la Junta.

    V. E. no puede formar una idea bastante del estado de ceguedad en que se halla la Provincia: igual es la ignorancia de los primeros hombres de ella, que arrastran a la multitud, como en todas partes, y á qué grado de entusiasmo han llegado, bajo el concepto de que, oponiéndose á las miras de V. E., defienden la Patria, la Religión y lo que hay de más sagrado.
    Belgrano, Oficio del 14/III a la Junta Gubernativa de Buenos Aires.



    Vivid contentos: reposad en el seno de vras. familias, y no temais padecer la suerte de Vuestros vecinos los Correntinos qe. arrastrados de los insurgentes, han ido á ser víctimas en la Campaña del Uruguay; á la sazón qe. su capital abandonada la tiene á discreción el Comandte. de nra. Esquadra Dn. Jaime Ferrer que se halla fondeado en le Puerto de aquella Ciudad. Esta Provincia es ilustrada y fuerte, y la divina Provida. que vela sobre su conservación, cada día nos depara medios que la hacen inaccesible. No penseis qe. vro. mérito ha de quedar en el olvido; todos mis esfuerzos desde este momento se reducen á elevarle al Govno. Soverano de las Cortes que en nombre de Nro. Monarca el Sor. Dn. Ferndo. 7o. rige España y sus Indias. ... No sois mis esclavos como dicen los infames Livelos de Buenos Ayres; sois mis hijos compañeros y amigos. Ellos son verdaderamte. los Esclavos de un Govierno arvitrario, tiránico y Despótico.
    Velasco, Bando del 18/IV.

  17. #37
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Ejército Real del Perú 1810-1824 - YouTube


    Una Real Cédula para la polémica. HISTORIA SECRETA DE AMÉRICA -5- « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño

    Una Real Cédula para la polémica.

    En una reciente investigación histórica en los archivos históricos de la ciudad de Lima, auspiciada y promovida por el Capítulo Guayaquil de la Academia Nacional de Historia del Ecuador; los investigadores históricos André Santos Espinoza[1] y Francisco Núñez Proaño[2] descubrimos[3] la Real Cédula donde a los ayuntamientos de Panamá, Popayán, Cuenca y Loja se les concede el título de “Excelencia” y a la ciudad de Guayaquil el título de “excelentísima” por su “acendrada lealtad” a la Corona Española; sin duda alguna este documento aportará para una comprensión más total del proceso de la independencia en el Ecuador; a continuación presento la transcripción de la misma en su parte pertinente[4]:
    Escudo imperial de Guayaquil.

    Guayaquil la “excelentísima”.
    “Don Fernando Séptimo por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Sicilias, de Jerusalén, de Navarra … de las Indias Orientales y Occidentales… etc., etc.,… y en su Real Nombre el Consejo de Regencia de España e Indias, atendiendo a la constante firmeza, y acrisolada lealtad de las ciudades de Panamá, Popayán, Cuenca, Guayaquil y Loja, y al esfuerzo y valor con que han sostenido los derechos de mí Soberanía, cuyas gloriosas acciones serán para siempre modelo de la fidelidad, y el valor; queriendo yo dar a Aquellos Pueblos, y a los individuos que los representaron últimamente, una prueba señalada del alto aprecio y estimación que me merecen , y a que se han hecho acreedores por sus importantes servicios en las últimas ocurrencias de Quito; he venido por mi Real Decreto de 14 de Abril del corriente año a conceder el tratamiento de Excelencia a cada uno de los ayuntamientos de estas ciudades, y a los individuos que la componían el año próximo pasado al 1809, el de Señoría, de palabra y por escrito a cada uno de ellos.”
    “Publicado el referido mi Real Decreto en mi Consejo y Cámara de España e Indias, acordó su cumplimiento en 19 y 21 de Mayo. En cuya consecuencia he resuelto expedir esta mi Real Carta de privilegio para que de ahora en adelante se sirva de mejor testimonio de mi Real Gratitud hacia los beneméritos e ilustres individuos del Ayuntamiento de la ciudad de Guayaquil y de todos sus habitantes; y quiero, y es mi Voluntad que para siempre se dé a su ayuntamiento en cuerpo el tratamiento de Excelencia emérita, y a los individuos que la componen el referido año de 1809 de Señoría, de palabra y por escrito, y que a cada uno de ellos se pase testimonio en forma de una Real Carta par que le sirva, y a sus familias de honor y timbre como premio y Real Demostración debida a su acendrada lealtad y patriotismo, y amor a mi Real Persona dándome cuenta el mismo ayuntamiento de Guayaquil de los que fueron a fin de sus nombres siempre consten. Y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricos hombres… (y) todas las demás personas de cualquier Estado, y calidad que sean, y guarden, cumplan y ejecuten, u hagan guardar (y) cumplir y ejecutar la mencionada mi Real determinación. Dando y haciendo dar a la enunciada ciudad de Guayaquil el tratamiento de excelentísima entera y a los individuos que componían su ayuntamiento el referido año de 1809, el de Señoría, de palabra y por escrito, sin consentir en manera alguna se falte a ello, que así es mi expresa y Real Voluntad. Y de ese despacho se tomará razón en las comandancias generales de la distribución de mi Real Hacienda a donde está agregado el Registro General de Mercedes y en la general de Indias dentro de los muy su dato; y también se tomará y quedará anotada en los Superiores Gobiernos de Lima y Santa Fe, por mi Real Audiencia de Quito y por los ministros de mi Real Hacienda de aquellas cajas, y de la mencionada de Guayaquil. Dada en Cádiz al 27 de Junio de 1810, Yo el Rey. = Yo Don Silvestre Collar. Secretario del Rey Nuestro Señor. Le hizo escribir por su mandato = En cumplimiento de lo prevenido en la Anterior mi Real Cédula para que me diera cuenta el Ayuntamiento de los sujetos de que se componía en el citado año de 1809, a fin de que siempre consten, lo ejecuté con Carta del 27 de Septiembre de 1811, resultando de las actas que acompaño que lo fueron el Dr. Don Domingo Espantoso[5], y don Domingo Santisteban como alcaldes ordinarios: el Dr. Don José Joaquín Pareja, regidor alférez, don José Julián del Campo, alcalde provincial: Don José Morán de Butrón y Castilla, fiel ejecutor: Don Manuel Ignacio Moreno y Santisteban[6], regidor decano: Don Andrés de Herrera y Campusano, Don Manuel Ruiz, don Juan Bautista de Elizalde, don José Ignacio Gorrichategui, don Domingo Iglesias y García, y Don José Ignacio de Casanoba, regidores sencillos, y el Capitán don Antonio Alonso Peramés, Procurador General, igualmente a don José López Merino que fue posesionado del empleo de Alguacil mayor en Diciembre de 1809,, posteriormente ha solicitado el referido Ayuntamiento de Guayaquil me digne confirmar la citada gracia… (Siguen confirmaciones y la recepción de la Real Cédula por parte del Ayuntamiento de Guayaquil)”[7]

    [1] Presidente de la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador – Núcleo Guayas.

    [2] Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

    [3] Según a la información personal proporcionada por un historiador guayaquileño, esta Real Cédula era ya “conocida” en el Ecuador, sin embargo, la misma nunca fue dada a conocer por “distintas razones”.

    [4] Nos reservamos el contenido del documento en su totalidad –donde se hace referencia sobre José Joaquín de Olmedo- para una futura publicación.

    [5] ¿Pariente del firmante del acta de la independencia de Guayaquil, José Antonio Espantoso?

    [6] Abuelo materno de Gabriel García Moreno.

    [7] Archivo Histórico de de la Municipalidad de Lima, Sección Junta Municipal – Superior Gobierno 1814-1818, Caja 4, Documento 303 a abril de 2011. Digitalizado por Francisco Núñez Proaño.
    ANEXO

    Exaltación a favor de los realistas de Pasto
    Extraído de “Documentos sobre la Independencia reproducidos por la Gobernación del Departamento de Pasto en el año 1912”. Imprenta del Departamento, Pasto, 1912.
    “iOh invictos y heroicos Pastusos! Dignos de aquel nombre de vuestra ínclita y nobilísima ciudad de San Juan de Pasto, por sobrenombre Villaviciosa, sea escrito con letras de oro para admiración de todos los pueblos y para la gratitud de los que se honran con el glorioso epíteto de españoles”.
    “A vosotros se dirigen vuestros sensibles y fieles compatriotas de Guayaquil, patricios y forasteros, tanto americanos como europeos, congratulándose, rebosando de gozo y entonando himnos al Señor de los Ejércitos, por la última victoria que acabáis de conseguir sobre los hijos espurios de la Patria, que han osado hollar con sus inmundas pisadas de vuestro sagrado suelo”.
    “Sí, el traidor Don Antonio Nariño y Alvarez, prosélito del infame Napoleón, no escarmentado de la suerte que hicisteis sufrir á los rebeldes Caicedo, Macaulay (yanqui) y otros, orgulloso se os acerca el 10 de Mayo próximo pasado en los hermosos campos de esa nueva Villaviciosa y provoca vuestra bizarría cual otro Staremberg provocó en los de la antigua Villaviciosa, en 10 de Diciembre del año de 1710, la del valiente Ejército español que mandaba Vandoma ; mas, así como aquellos vuestros hermanos derrotaron aquel famoso alemán y aseguraron la corona de las Españas en las sienes del joven Felipe, así vuestra sola presencia ha abatido el impío cundinamarqués, y con su prisión y total exterminio de los facciosos que mandaban, habéis asegurado la tranquilidad de las Provincias vecinas, y que en ellas resuene con toda sinceridad y con toda libertad el dulce nombre de nuestro joven Fernando”.
    “Habéis, pues, destruido á ese vil caudillo y á su alucinada gente; ¿y qué otra suerte debían haber esperado unos malvados que en el año de 1808, espontáneamente prometieron, así como todos los demás pueblos españoles de Ultramar, reconocer por Rey de las Españas á nuestro amado Fernando ; auxiliará sus hermanos de Europa en la gloriosa lucha contra el tirano Napoleón ; ser inseparables de la madre Patria, mientras hubiese un solo rincón en la Península, en donde se reuniese el Gobierno español; y que en el año de 1810, olvidando sus obligaciones, despreciando los sentimientos de honor, y los de la naturaleza, quebrantan sus solemnes promesas, rompen con los españoles de la Península los estrechos vínculos que unen á todos, la sangre el idioma, la Religión, la amistad y cuantos lazos puede haber en los individuos de una misma sociedad? ¿Cabe mayor influencia, mayor iniquidad? ¿Son tales monstruos dignos del heroico nombre español, que heredaron de sus padres? Nó……, nó: hasta la naturaleza debe borrar de la especie humana á tan viles seres.
    “Vosotros, sí, virtuosos Pastusos, honor del nuevo Reino de Granada, de la América Meridional, de toda la España ultramarina, ó por mejor decir, de toda la gran Nación española, vosotros sois dignos hijos de este invencible y heroico Pueblo.”
    “Los manes de vuestros fundadores, los Aldanas y sus compañeros, se gloriarán de tener en su posteridad unos hijos fieles, tan valientes, y tan religiosos, y pedirán al cielo que los colme de sus bendiciones; al paso que los manes de los Benalcázares, de los Muñoz, de los López, de los Lozanos, de los Robledos, de los Quinteros, de los Alfonsos, de los Ospinas, de los Quesadas y de otros más, clamarán hasta el trono del Omnipotente, para qué caiga todo Él lleno de su justicia sobre la ingrata posteridad, sobre esos monstruos que brotó el infierno en las orillas del Cauca, del Páez, del Magdalena y del Bogotá”.
    “¡Loor eterno!; ¡oh inmortales pastusos ! á vuestra fidelidad y constancia ! ¡publiquense vuestras inmortales acciones de uno á otro polo, del oriente al occidente; nunca las olvidarán estos vuestros compatriotas! os aseguran con toda la efusión de su corazón y con la más sensible gratitud”.
    Guayaquil (actual Ecuador), 29 de Mayo de 1814.
    “Domingo de Ordeñana, José Antonio Marcos, Santiago Vítores, Bernardo de Alzúa, Manuel Antumaño, Sebastián Puchí, Miguel de Camino, Esteban José Amador, Gabriel García Gómez (padre de Gabriel García Moreno y firmante del acta de independencia de Guayaquil del 20 de octubre de 1820), José de Llano, Juan Manuel de Larranza, Juan Bautista de Elizalde, Bonifacio de Arrieta, Juan Vicente Villa, Ventura Bustamante, Ildefonso López, Manuel de Jado, José María de Aiseo, Nicolás Ruaño, Juan Antonio Bonilla, Andrés Gabuña, Manuel de Aguirre, Narciso Sánchez de Laserna, Salvador Lemos, Manuel Almadaña, Santiago Chacón, Antonio Acosta, José Antonio Treviño, Calisto Gatete, Agustín Corpancho, Joaquín Álvarez, Antonio García de Lavín, José María Valenz, José Valencia, Juan Navarrete, Juan Sivestre Touris, Manuel Ignacio Moreno y Santiesteban (regidor perpetuo del Cabildo de Guyaquil, Caballero de la Orden de Carlos III, tío abuelo Cardenal primado de Toledo, y abuelo materno del caudillo Gabriel García Moreno), Manuel López Hidalgo, José Díaz del Campo, Dionisio Martín Herrera, Juan José Casilasí, Pedro Galeza, Manuel de Ramos Moreno, Juan Rodríguez, Antonio Pombar, Ignacio Zuloaga, Ignacio Roldán, Benito Botana, Miguel Antonio de Anzuátegui, Francisco Antonio García, Ramón Antonio de Irueta, Santiago Cepeda (pariente de Santa Teresa la Grande), Vicente Saldaña, Antonio García Arbela, Francisco de la Cantera, Bernabé García, Francisco Andrés Cárdenas, Pedro José Boloña, Juan Antonio Medina, Ramón Calvo y López, Vicente Sánchez, José de Bustamante y Cevallos, José Ramón Arrieta, doctor Francisco Javier Benavides, José de Segura, Guillermo de Segura, Antonio Lorcluy, José Antonio Campe, El coronel Juan Miguel Germán, Ignacio Cevallos, Ramón Oyarvide, Juan de Abajoa, Juan Esteban de Germendía, Silvestre de Barañano, Juan Hernández, Gabriel Fernández de Urbina, doctor Ignacio Hurtado de López, Carlos Calixto Boya.”
    “P.D Con esta misma fecha, se dirige otra igual a la ciudad de Lima, a imprimir y circular muchos ejemplares, a todas las ciudades de la América, y el primer ejemplar se remitirá cuanto antes a ese muy Ilustre Ayuntamiento, por mi conducto; teniendo entendido que con la mayor pompa se van a hacer honras por nuestro héroe don Juan María de la Villota, y por los demás muertos en la guerra, en la iglesia del Seráfico Padre San Francisco, con asistencia del Excelentísimo Cabildo, Militares y demás Cuerpos, lo que servirá a Usías de consuelo. Fecha ut-supra.”
    (f) José de Segura y Mendieta”




    El acta de la independencia de Quito. Historia secreta de América -6-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    El acta de la independencia de Quito.

    (29 de mayo de 1822)
    El difunto historiador Efrén AVilés Pino en su “Enciclopedia del Ecuador” dice y cito el artículo “Historia de la independencia”: ”La independencia del Ecuador tiene un solo nombre: 9 de Octubre de 1820. El 9 de octubre es el día más importante en la historia de Guayaquil, de la antigua Audiencia de Quito y del Ecuador actual, porque es el verdadero y único día de nuestra independencia.” -siempre en referencia a los sucesos del 10 de agosto de 1809-. Y concluye: “Ese mismo día -8 de noviembre de 1820- un ejército de guayaquileños, al que con sentido patriótico se llamó “División Protectora de Quito”, marchó hacia el interior para luchar por la independencia de todos los pueblos de la audiencia. Se inició entonces -bajo el mando de Febres-Cordero y Urdaneta, primero; y del Gral. Sucre, después- una rutilante campaña militar que durante 18 meses, entre triunfos y derrotas, liberó todo el territorio de la Audiencia, hasta culminar, el 24 de mayo de 1822, en el monumental escenario de la gloria guayaquileña: El Pichincha. Ese día, el pueblo quiteño fue testigo de los momentos más transcendentales de su historia, cuando observó -con muda emoción- el empuje de los padres de la libertad, que desde Guayaquil habían llegado para sellar en la cima de los Andes, de manera definitiva y para siempre, la libertad de la Patria.” Caben entonces tres preguntas:
    La primera: ¿Por qué el historiador no menciona al acta de la independencia de Quito del 29 de Mayo de 1822? – Acaso desconocía este documento -que es utilizado por varios historiadores nacionales y extranjeros desde hace mucho-, o ¿Le guiaban otros intereses?
    La segunda: ¿Por qué no se conoce a este documento como se titula el “Acta de la independencia de Quito” y se insiste en llamar al acta del 10 de Agosto de 1809 como “Acta de independencia”?
    Y la tercera: ¿Le debemos a Guayaquil entonces la libertadura -república la llaman algunos- que nos vino después del 24 de mayo de 1822? Esa, se las dejo respondan ustedes queridos lectores.
    Con este preámbulo paso a publicar la transcripción de la verdadera y única acta de independencia de Quito del 29 de mayo de 1822. Documento que si bien es conocido, oficialmente es ignorado:
    Escudo de San Francisco de Quito, concedido por Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico.

    “Acta de la independencia de Quito.”[1]
    “En la ciudad de San Francisco de Quito, capital de las provincias del antiguo reino de este nombre, representada por su excelentísima municipalidad, el venerable deán y cabildo de la santa iglesia catedral, los prelados de las comunidades religiosas, los curas de las parroquias urbanas, las principales personas del comercio y agricultura, los padres de familia, y notables del país, dijeron: que convencidos de hallarse disueltos los vínculos con que la conquista unió este reino a la nación española, en fuerza de los derechos sacrosantos de todo pueblo para emanciparse si el bien de sus habitantes lo demanda cuando la opresión, el vilipendio y los ultrajes a los ciudadanos por un gobierno corrompido y tiránico han roto todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas provincias a la Península, cuando los sacrificios de la América en las aras de la libertad prometen a Quito la elevación de sus destinos a la gloria y a la prosperidad, cuando los resultados de la guerra que ha sostenido el Nuevo Mundo por su independencia aseguran la suerte de estos países, guerra cuya justicia está reconocida por el género humano y cuyos principios han proclamado en el siglo todas las naciones y todos los hombres que conocen su dignidad, cuando en fin, los españoles profanando el santuario y sus ministros, hollando la moral pública, cubriendo los pueblos de sangre y de luto, preparaban la completa ruina de estas regiones infortunadas, y cuando el Ser Supremo, criador de los bienes de la tierra, cansado del torrente de males que ha inundado el pueblo quiteño, dándole la victoria con que coronó las armas de la patria en la memorable batalla del 24 del corriente sobre las faldas del Pichincha, lo ha puesto en posesión de sus derechos imprescriptibles por medio del genio titular de Colombia, por la mano del inmortal Bolívar, que desde los más remotos puntos de la República ha proveído siempre infatigable a la felicidad de estas provincias; esta corporación, pues, expresando con la más posible y solemne legitimidad los votos de los pueblos que componen el antiguo reino de Quito, ofreciéndose al Ser Supremo y prometiendo conservar pura la religión de Jesús como la base de las mejores sociedades, ha venido en resolver, y resuelve:”
    “1º. Reunirse a la república de Colombia como el primer acto espontáneo[2] dictado por el deseo de los pueblos, por la conveniencia y por la mutua seguridad y necesidad, declarando las provincias que componían el antiguo reino de Quito[3] como parte integrante de Colombia, bajo el pacto expreso y formal de tener en ella la representación correspondiente a su importancia política.
    2º. Presentar los testimonios de su reconocimiento a las divisiones de Colombia y del Perú, que a las órdenes del señor general Sucre han roto las cadenas que ataban estos países al ignominioso carro peninsular; a este efecto, y considerando una obligación santa tributar a los libertadores de Quito una prueba de gratitud, y que éstos lleven una señal de sus sacrificios, autorizada la corporación por el patriotismo y por los servicios de estas provincias a la causa de Colombia, e impetrando la aprobación del gobierno, conceden a la división libertadora una medalla, o cruz de honor pendiente al pecho de una cinta azul celeste. La medalla será un sol, naciendo sobre las montañas del ecuador, y unidos sus rayos por una corona de laurel: entre la montaña en letras de oro la inscripción Colombia, y alrededor del sol Libertador de Quito en esmalte azul; en el reverso Vencedor de Pichincha 24 de mayo, 12º, y el nombre del agraciado[4]. El pueblo regalará estas medallas que serán para los generales con esmaltes en los rayos de piedras preciosas, para los oficiales de oro, y para la tropa de plata. Y respecto a que el ejército libertador que ha hecho la campaña de Pasto ha tenido una parte tan importante en la libertad de Quito, como la división misma que ha entrado, se suplicará al gobierno que conceda el uso de esta medalla a aquel ejército con las modificaciones que guste, y que el excelentísimo señor libertador presidente acepte la que le presentará una diputación del pueblo quiteño, que también pondrá otra en manso de S. E. el vicepresidente, como una pequeña significación del agradecimiento de estas provincias a sus esfuerzos por liberarlas. Y estando entendido el cabildo y corporaciones que el señor general Sucre tiene la delegación de las facultades concedidas por el soberano congreso de la República al excelentísimo señor presidente, se le exigirá que mientras aprueba el gobierno la solicitud de este pueblo, permita a la división de su mando el uso de esta medalla, y que tome él sobre su cargo, en unión de la municipalidad, dar las gracias al gobierno del Perú por la cooperación de sus tropas a la libertad de Quito, suplicándole que éstas lleven la expresada medalla como una manifestación de nuestro agradecimiento a sus sacrificios, y el expresado señor general remitirá a nombre de este pueblo la misma condecoración, sin la inscripción del reverso y con cinta blanca, al excelentísimo señor protector del Perú, y tendrá la facultad de hacerlo a los demás jefes de aquel estado que hayan concurrido a la expedición libertadora de este país, y a los ciudadanos que por servicios distinguidos en esta gloriosa campaña hayan tenido una influencia en la recuperación de nuestros derechos, pendiendo ésta de la cinta tricolor del pabellón de la República.
    3º. Erigir una pirámide sobre el campo de Pichincha, en el lugar de la batalla, que se llamará en adelante la cima de la libertad. En el pedestal, frente a la ciudad, se esculpirá esta inscripción: Los hijos del ecuador a Simón Bolívar, el ángel de la paz y de la libertad colombiana. Seguirá en el mimo frente el nombre del general Sucre, y debajo Quito libre el 24 de mayo de 1822, 22º. Y continuarán los nombres de los jefes y oficiales del estado mayor de las divisiones unidas. En el pedestal de la derecha se colocarán los nombres de los jefes y oficiales de la división del Perú, prefiriendo los heridos, y precedidos por el de su comandante, el señor coronel Santacruz, y continuarán los nombres de los cuerpos y de toda la tropa. En el pedestal de la izquierda, y en todo este costado por el mismo orden, los nombres de los cuerpos y de los jefes, oficiales y tropa de la división de Colombia, precedidos por el del señor general Mires. En el pedestal que mira al campo de la batalla, esta inscripción: A Dios glorificador. Mi valor y mi sangre terminó la guerra de Colombia, y dio libertad a Quito. Seguirán arriba los nombres de los muertos en combate. Sobre la cúspide de la pirámide se colocará el genio de la libertad rodeado de banderas de los cuerpos que han hecho la campaña de Quito, que simbolizará la unión de los estados americanos.
    4º. Poner en el frontispicio de la sala capitular una lápida que recuerde en la posteridad el día feliz en que Quito recobró sus derechos, y el nombre del Libertador.
    5º. Establecer perpetuamente una función religiosa en que se celebrará el aniversario de la emancipación de Quito; la cual se hará trasladando en procesión solemne, la víspera de Pentecostés, a la santa iglesia catedral la imagen de la madre de Dios, bajo su advocación de Mercedes, y el día habrá en ella misa clásica con sermón, a que concurrirán todas las corporaciones, y será considerada como la primera fiesta religiosa de Quito, cuando tiene el objeto de elevar los votos de este pueblo al Hacedor Supremo por los bienes que le concedió en igual día.
    . Instituir otra función fúnebre por el alivio y descanso de las almas de los héroes que sacrificaron su vida a la libertad americana, cuya función, celebrada el tercer día de Pentecostés, será tan solemne como la del artículo anterior, o el día siguiente hábil
    7º. Que para hacer durable la memoria del general Sucre en esta capital, se publique el 13 de junio la LeyfundamentaldeColombia, y que en él preste la ciudad, las corporaciones y autoridades, el juramento de defender con sus bienes, su vida y su sangre la independencia, la libertad política y la integridad del Estado, perpetuando una función todos los años el mismo 13 de junio para recordar el día en que Quito se incorporó a la República.
    8º. Celebrar una misa de gracias el domingo dos del entrante, con toda pompa, para rendir al Dios de los ejércitos nuestro homenaje y reconocimiento por la transformación gloriosa de Quito, y disponiendo en los tres días precedentes toda especie de regocijos públicos, iluminando la ciudad por tres noches, y concediendo al público cuantas diversiones quiera usar moderadamente. El cabildo tendrá conciertos en estas tres noches y al frente de su casa se colocará una figura alegórica que represente a la América sentada en un trono majestuoso, y rodeada de sus atributos, acariciando el busto del Libertador de Colombia. A la derecha se verá un genio que simbolice a Quito presentando al busto del general Sucre una corona cívica; a la izquierda estarán los retratos de los más esclarecidos generales del ejército, y alrededor, escritos con letras de oro sobre campo azul, los nombres de los oficiales y soldados más ilustres. El mismo cabildo preparará una fiesta triunfal para el día 13 de junio que se publique la Leyfundamental del Estado.
    9º. Colocar en la sala capitular los bustos del Libertador de Colombia y del señor general Sucre, a los dos extremos de las armas de la ciudad, cuyo glorioso monumento se colocará igualmente en los salones del palacio y otros lugares públicos.
    10º. Que esta acta quede abierta por quince días en la sala de cabildo para que sea firmada por todos los ciudadanos que uniendo sus votos a los que la han dictado, expresen más suficientemente, si es posible, los deseos de los pueblos de Quito, a cuyo efecto se circularán copias en todo el departamento para que en las casas de los ayuntamientos se suscriba por las personas que puedan hacerlo, y se dé este testimonio de su patriotismo y de sus sentimientos.”
    “Con lo cual se concluyó esta acta que proclama la corporación como una declaración expresa de sus votos que hace a la faz del mundo el pueblo de Quito, el día veintinueve de mayo del año del Señor mil ochocientos veintidós, y el duodécimo en que manifestó sus deseos de ser libre, feliz y colombiano (?).”
    “Vicente Aguirre[5]. Dr. José Félix Valdivieso. Javier Villacis. Tomás de Velasco. Pedro Cevallos. Dr. Bernardo Ignacio de León y Carcelén[6]. Vicente Álvarez. Fidel Quijano. Pedro Guarderas. Vicente Chiriboga. Manuel Moreno. Dr. Pedro José de Arteta. Antonio Salvador. José María Guerrero. Bartolomé Donoso. Ramón Borja. José María del Mazo. Próspero Quiñones. Antonio Fernández Salvador. Dr. José María Cabezas. Dr. Agustín de Salazar. Maximiliano Coronel. Dr. Nicolás de Arteta. Dr. Joaquín Pérez de Anda. Calixto Miranda[7]. Dr. José Camacho. Mariano Batallas. Bruno de Neira. Dr. Francisco León de Aguirre. Dr. José Loza, secretario. Fray Luis Sosa, provincial de Santo Domingo. Maestro fray Antonio Alban, provincial de la Merced. Presentado fray Manuel Bravo, presidente comendador de la Merced. Fray Narciso Segura, provincial de San Francisco. Fray Antonio de la Torre, guardián. Maestro fray Carlos Mejía, prior. Pedro José de Encinas. Señor Pedro de San José, prefecto. Luis de Saá. José Corrella. José Álvarez. Doctor Manuel Espinosa. Presentado doctor fray José Boú. Juan de León y Aguirre. José de Zaldumbide. Juan Antonio Terán. Miguel Valladares. El título de Miraflores. Fray Francisco de Saá. José Eugenio Correa, cura de San Roque. Fray Francisco Martínez, rector. Antonio Pineda. Juan Ante. José Viteri. Pedro Manuel Quiñones. Antonio Baquero. Francisco Campos. Mariano Merizalde, cura de San Marcos. Antonio Llerena. Fray Manuel Solano, prior provincial de agustinos[8]. José Miguel Batallas y Vallejo. Manuel Valladares. Mariano Hurtado. Ramón Molina. José Villandrando. Miguel Espinosa. Matías Sánchez. José Valareso. José González. Manuel del Corral. Mariano Soria. José Montanero. Manuel Benítez. Pedro Iriarte. Mariano Villamar. Pedro Guarderas. Vicente López Merino. Ignacio Villacis.”

    [1] Publicada en la Gaceta del gobierno del Perú (hemeroteca del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú), del sábado 27 de Julio de 1822, Tomo Tercero, Número 10, Lima. Transcrita y digitalizada por Francisco Núñez Proaño.

    [2] El acto de unión a la república de Colombia no fue nada “espontáneo” y de hecho existen historiadores que consideran a este hecho una anexión forzada. Véase: El rey de la noche de Mark Van Aken.

    [3] Llama la atención como se insiste y se reitera la condición de Quito como “antiguo reino”.

    [4] La primera orden ecuatoriana instaurada pos independencia.

    [5] El General Vicente Aguirre Mendoza fue esposo de Rosa Montúfar Larrea, hija de Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre y presidente de la Junta Suprema de Quito del 10 de Agosto de 1809.

    [6] De la Casa de los marqueses de Villarrocha y de los marqueses de Solanda.

    [7] El doctor Calixto Miranda propuso un proyecto constitucional monárquico para Quito en 1812.

    [8] Llama poderosamente la atención el número de religiosos firmantes.

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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Imperialismo anglosajón, logias masónicas y la independencia de Hispanoamérica. Historia secreta de América -7-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    Hoy se conmemora el 189° aniversario de la batalla de Pichincha (24 de Mayo de 1822) que selló nuestra denominada libertad y hoy cuando se celebran los 200 años de libertadura en medio del bicentenario es más que apropiado presentar a continuación un esclarecedor, impactante y sobre todo valiente texto, sobre la conformación del verdadero proceso histórico de la llamada “independencia”:




    Imperialismo anglosajón, logias masónicas y la independencia de Hispanoamérica[1]

    Por Armando Aristizábal[2]

    “El objetivo de Inglaterra y de todas las logias masónicas en América era lograr la independencia, luego de destruir el poderoso andamiaje político-militar montado por España“.
    “dividir y fraccionar territorios emancipados para poderlos dominar mejor”
    “A Inglaterra y su mercado mundial les interesaba enfrentarse con pequeñas repúblicas, susceptibles de ser manejadas fácilmente a su arbitrio…”

    ____________
    En todas las épocas, y en el mundo entero, las sociedades secretas se han constituido como fuente dinámica en el proceso de transformación social y política, y se han comportado como fundamental estímulo en los procesos revolucionarios.
    Con los acontecimientos de Chuquisaca y Quito en 1809 se inició el proceso de la independencia de la América española. Desde entonces el impulso emancipador lo dieron los comerciantes, cuyo mayor interés los vinculaba hacia nexos económicos con Inglaterra; y los intelectuales, que nutrieron sus ideales y amasaron sus esperanzas en el iluminismo francés y la filosofía de la Revolución de 1789, con su tríptico eterno: Libertad, Igualdad, Confraternidad.
    (…)
    La principal organización secreta que intervino en el proceso libertario a partir de 1809 fue la masonería, cuya directriz provenía de Inglaterra, con logias fraternas en toda Europa y en América. Tuvo cierto grado de afinidad con el liberalismo político y económico, en cuanto a su pertinaz lucha contra el absolutismo, que era la expresión autocrática impuesta en nombre de Dios: la teocracia.
    Inglaterra era un país desarrollado en permanente expansión de mercados, con la flota naval más grande del mundo. Se hallaba al acecho de las colonias españolas que, una vez libres con un poco de su ayuda, podían convertirse en consumidores de sus productos, amén de ser un inmenso recurso de materias primas. El objetivo de Inglaterra y de todas las logias masónicas en América era lograr la independencia, luego de destruir el poderoso andamiaje político-militar montado por España.
    El capitalismo mundial, como en este caso lo demostró Inglaterra, jamás entrega una ayuda desinteresada. Siempre procede primero a hacer cálculos para dar “generosamente” el paso siguiente. “Inglaterra se había propuesto convertirse en sucesora de España a la hora de la independencia de sus colonias, y no se regateó esfuerzos para acelerar el momento. A lo largo de todo el siglo XVII desplegó una paciente labor de zapa para producir sus mercaderías y extender su influencia en el área latinoamericana. Unas veces lo hizo legalmente a través de puertos españoles, y otras de forma ilegal apelando al contrabando, o bien mediante el establecimiento de puertos francos en las islas que tenía bajo su dominio”.
    Inglaterra, en la lucha de expansión económica con España, llevó las de ganar, principalmente por la fuerza poderosa de su marina mercante. Por algo Inglaterra mereció el nombre de “La Señora de los Mares”, o la frase no tan cierta, pero que explicaba ese poderío naval inglés: “Nadie puede disparar un cañón en alta mar sin pedir permiso a Inglaterra”. Poderío naval múltiple: mercante y militar.

    Simón Bolívar en galas masónicas
    Fue en Cádiz donde se fundaron las primeras logias y sociedades secretas de influencia masónica con vistas a la independencia de América. Allí estaba el futuro general San Martín y otros partidarios criollos durante la guerra de la Independencia contra Napoleón. La más famosa de estas logias fue la de los Caballeros Racionales, con sede en Cádiz y Londres. En la sede inglesa el gran maestre de la logia era el venezolano Francisco de Miranda, que tanta influencia ejercería sobre Simón Bolívar. Es más, por la logia de los Caballeros Racionales pasaron casi todos los hombres que iban a jugar un papel preponderante en la emancipación de la América española: San Martín, Bolívar, O`Higgings, Alvear, Zapiola, etc.
    “Para juzgar la importancia que las logias tuvieron en el proceso independentista, veamos a título de ejemplo un aspecto concreto. En el Río de la Plata actuó la logia Lautaro, de la que San Martín y Alvear eran cabezas visibles. Su influencia en los asuntos políticos era tal, que llegó a convertirse en gobierno paralelo…” San Martín, Alvear, O`Higgins, principalmente, fundaron la Logia Lautaro que impulsó la convocatoria de la Asamblea Constituyente en el Virreinato del Río de la Plata que, si no declaró la independencia entonces, puso sólidas bases de republicanismo, aparte de dictar la abolición de la esclavitud, libertad de prensa y la extinción de la Inquisición, verdaderas instituciones de corte colonialista. La independencia se declaró el 9 de julio de 1816, en gran medida por el impulso dado por la poderosa Logia Lautaro.
    “Otro tanto ocurrió en el Perú, donde las logias prepararon el desembarco de la expedición de San Martín. Sin embargo, también fueron las logias, en este caso las fieles a Inglaterra, las que trataron de dividir a los patriotas, ya que desconfiaban de las intenciones del Libertador de Argentina, poco adicto a su política de dividir y fraccionar los territorios emancipados para poderlos dominar mejor.”
    Tenemos ya una idea clara de la formidable participación del movimiento europeo masónico, especialmente el inglés, en el proceso emancipador de América; y la última cita constituye la partida para sospechar que la muerte de Antonio José de Sucre habría sido planificada en el misterioso silencio de una poderosa logia, a partir de “dividir y fraccionar territorios emancipados para poderlos dominar mejor”. Sucre estaría en la mira del movimiento masónico por su irreductible empeño de mantener la unidad grancolombiana. El pensamiento de Bolívar, en la materia, era el pensamiento de Sucre. Si fatalmente Páez cercenó Venezuela, Sucre venía convencido, y lo habría logrado, de mantener la unidad entre Colombia y Ecuador, aspecto reñido con los propósitos ingleses, y secundados por sus logias, de crear repúblicas minúsculas para campear a su antojo. Fue en este ambiente esotérico, producto del hermetismo en el que actúan logias masónicas, que se desarrolló el proceso de conclusión colonial; dése por cierto, también, que en este contexto se realizaría la célebre entrevista de Guayaquil, entre dos hermanos, Bolívar y San Martín.

    Bolívar y Páez saludados por el pueblo de Caracas tras la proclamacion de la Independencia. Es notable la presencia del estandarte inglés-británico en esta imagen oficial. Mural del Capitolio de Caracas.

    “Igual que se puede decir del asesinato de Mariscal Sucre en la encrucijada de Berruecos. Aunque no existen pruebas, todos los indicios señalan el ajuste de cuentas entre logias masónicas rivales.

    “El mismo Bolívar, afiliado a la logia londinense junto a su lugarteniente Santander, terminaría siendo puesto en la picota por los masones probritánicos, quienes le acusaron de abrigar ambiciones absolutistas y se opusieron a sus ideales de unidad latinoamericana.
    Por eso no resulta ilógico suponer que a la sombra de este pulpo de sociedades secretas y logias, el imperialismo británico jugaba su baza de sustituir a España en el continente americano. Así, todos los partidarios de la unión o confederación de las colonias en un Estado orgánico fueron asesinados o desacreditados para que no pudieran cumplir su cometido. Para establecer su hegemonía económica, Inglaterra propiciaba la formación de pequeñas repúblicas independientes, antagónicas unas de otras, para mejor ejercer su papel de árbitro y monopolizador comercial. Y en la cuenta de las logias probritánicas hay que apuntar la muerte de Sucre, la conspiración de Santander para deshacer la Gran Colombia, el intento de asesinato de Bolívar y otros sucesos similares contribuyeron al fraccionamiento del gran imperio colonial español en una multiplicidad de naciones tuteladas por el imperialismo anglosajón”.
    Si aplicamos el razonamiento anterior, y la lógica masónica de dividir para debilitar, concluiríamos con que la Batalla de Tarqui fue resultado de la obra masónica, en su silenciosa pero efectiva labor de lanzar hermanos contra hermanos, mientras nosotros seguimos discutiendo el eterno problema limítrofe…
    A Inglaterra y su mercado mundial les interesaba enfrentarse con pequeñas repúblicas, susceptibles de ser manejadas fácilmente a su arbitrio…
    Sucre fue víctima de varios atentados contra su vida; uno de ellos perpetrado por Mattos. Pues se asegura que éste era un mercenario que servía a órdenes de una de las muchas sociedades secretas de la masonería. Pese a las reiteradas acusaciones de que Mattos obraba por dinero, bajo ese poder secreto, nunca se logró establecer la relación. En esa oportunidad Sucre salvó su vida, pero no logró salvarla en Berruecos.
    _____________________
    [1] El presente texto es un extracto de un subcapítulo llamado “LOGIAS MASÓNICAS” del capítulo “Posibles causas de la muerte de Sucre” en el libro “Juan José Flores en Berruecos, Síntesis de una Infamia” de Armando Aristizábal, pp. 293 a 297, ediciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1995. El entrecomillado son citas que realiza el autor.
    [2] Armando Aristizábal: Notable escritor, investigador e historiador ecuatoriano lamentablemente ya fallecido, sin haber podido concluir su obra cumbre la “Historia de la Corrupción en el Ecuador”.





    La capitulación de España en Quito. Historia secreta de América -8-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño



    A continuación publico la capitulación de España en Quito del 25 de Mayo de 1822, otro documento conocido por la historiografía ecuatoriana, pero igual de ignorado que el acta de independencia de Quito. Su lectura es fundamental para comprender el proceso separatista o independentista de Quito:
    Busto del Mariscal de Campo D. Melchor Aymerich en Quito.

    “El Ejército realista, en la que sería su última batalla en el reino de Quito, estaba formado sobre todo por americanos. Los jinetes procedían todos del reclutamiento local (criollos y quiteños por tanto). En cuanto a los infantes, el batallón de Tiradores de Cádiz era ‘casi todo de europeos… y los otros Cuerpos españoles o realistas, compuestos de americanos’ ”
    - Julio Albi.
    Capitulación celebrada entre D. Melchor Aymerich. General del Ejército Español y el General de Brigada del Ejército de Colombia, y Comandante General de la División del Sur de la República Antonio José de Sucre.[1]

    “Los señores D. Melchor Aymerich, Mariscal de Campo del Ejército Español y Capitán General del Reino de Santa Fe y Antonio José de Sucre General de Brigada del Ejército de Colombia y Comandante General de la División Unida al Sur de la República, convencidos de la necesidad de terminar la guerra que aflige estas provincias, después que la victoria obtenida ayer por las armas de la Patria, las pone, por consecuencia, en posesión del territorio ocupado por las tropas españolas, atendiendo, el primero, a la falta de comunicaciones con la Península, la opinión general del país en favor de la independencia, teniendo presente las instrucciones del Ministerio al Excmo. General de Murgeón en 3 de abril de 1821 y deseando conciliar su situación con el honor del ejército de su mando; y considerando, el segundo, que la paz y el reposo de estos pueblos exige cualquier transacción que los cubra de los males de la guerra, convinieron en nombrar comisionados que suficientemente facultados, arreglasen una capitulación, que posesione a la República de Colombia de estos territorios y salve el honor militar y los intereses del Ejército Español; y en efecto, nombraron, el Excmo. Señor General Aymerich, a los señores coronel D. Francisco Gonzáles, coronel D. Manuel María Martínez de Aparicio, ayudante general y Jefe del Estado Mayor de la de la división española el segundo y el teniente coronel Patricio Bray, ayudante del mismo cuerpo y el señor general Sucre a los señores coroneles D. Andrés de Santa Cruz, Jefe de las Tropas del Perú y coronel Antonio Morales, Jefe del Estado Mayor de la División libertadora, los cuales después de reconocer y canjear sus poderes, convienen en la siguiente capitulación:
    Proposiciones del Ejército Español y Contestación (seguidas).
    1° Será entregada a los comisionados del señor General Sucre la fortaleza del Panecillo, esta ciudad y los almacenes militares existentes en el territorio, y todo cuanto esté bajo la dominación española al Norte y Sur de dicha ciudad.
    1° Concedido: el territorio al norte de la ciudad se entiende, cuanto está comprendido en la demarcación del Departamento de Quito.
    2° Las tropas españolas saldrán de dicha fortaleza con los honores de guerra, y en el sitio y hora que determine el Señor General Sucre, entregarán sus armas, banderas y municiones.
    2° Concedido: a las 2 de la tarde se recibirá la fortaleza, y en el puente se entregarán banderas y municiones.
    3° Los señores oficiales conservarán sus espadas, caballos y equipaje.
    3° Concedido.
    4° En consideración a la bizarra conducta que han observado ayer las tropas españolas, y a sus comprometimientos particulares que pueda haber en algunos individuos así europeos como americanos, se permitirá que los oficiales y tropas que quieran pasar a España, lo hagan por los puntos que estime a bien el Gobierno de Colombia, pudiendo quedarse aquellos que gusten hacerlo, bien a la clase de ciudadanos, bien al servicio si son admitidos.
    4° Se permitirá el pase a España de los Oficiales y Tropa que gusten hacerlo, pero considerados como prisioneros de guerra, prestarán antes el juramento de no tomar las armas contra los Estados independientes del Perú y Colombia en tanto no sean canjeados. Su viaje lo harán por Guayaquil y Panamá.
    5° De cuenta del Gobierno de Colombia correrán los gastos para conducir a La Habana, o al primer puerto español, los oficiales y tropa que por el artículo anterior sigan a Europa, siendo obligación del Gobierno español, pagar estos gastos en el primer punto de su dominación, al comisionado conductor de los oficiales y tropa.
    5° Concedido.
    6° Como las tropas españolas que cubren Pasto y se hallan en todo el territorio desde esta ciudad a aquella, están comprendidas en esta capitulación, y son prisioneros de guerra se nombrarán dos comisionados por el Excmo. Señor. General Aymerich, y dos por el General Sucre, para que vayan a entregarse las armas, municiones y almacenes de los prisioneros, y de todo cuanto allí exista; pero en la atención a las circunstancias de aquel país, el gobierno español no puede garantizar la obediencia de este artículo; y por tanto, en caso de resistencia, el de Colombia obrará según se dicte su prudencia y su justicia.
    6° Se nombrarán, los Comisionados de uno y otro Gobierno para entregar y recibir todos los artículos de guerra, etc., En la dirección de Pasto y en aquella ciudad, que llevarán las órdenes más circunstanciadas y terminantes para que todo se ponga a disposición del Gobierno de la República, conforme al artículo propuesto.
    7° Se permitirá que los empleados públicos y eclesiásticos, y los particulares que quieran pasar a Europa, lo hagan costeándose de su cuenta.
    7° Concedido.
    8° El señor General Aymerich queda en libertad de marchar cuando y por donde quiera con su familia, para lo cual será atendido con todas las consideraciones debidas a su clase, representación y comportamiento.
    8° Concedido.
    9° Se concederá una amnistía general en materia de opiniones.
    9° Concedido.
    10° Después de la ratificación por ambas partes del presente tratado, el señor General Sucre podrá ocupar la ciudad, y fortalecerá a la hora y día que guste.
    10° Será ratificada esta capitulación en el término de dos horas, y las tropas libertadoras se posesionarán de la ciudad a las tres de la tarde.
    Cuyos artículos para la ratificación de las partes contratantes firmaron dichos señores comisionados, en el Palacio de Gobierno de Quito, a 25 de Mayo de 1822.
    C. Francisco González.- Manuel María Martínez de Aparicio. Patricio Bray.- Andrés Santa Cruz.- Antonio Morales.
    Cuartel General en Quito, 25 de Mayo de 1822.
    Ratificado y aprobado por mí, se cumplirá en todas sus partes fiel y rigurosamente.
    MELCHOR AYMERICH
    Cuartel General frente a Quito en 25 de Mayo de 1822
    Aprobado y ratificado.
    ANTONIO JOSÉ DE SUCRE
    Es copia de su original.- SANTA CRUZ.”


    [1] Extraído de “Historia Diplomática del Ecuador” de Jorge Villacrés Moscoso. En Documentos fundamentales acerca de la independencia de la Audiencia de Quito y su incorporación a Colombia. Digitalizado por Francisco Núñez Proaño.

  19. #39
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Imperialismo anglosajón, logias masónicas y la independencia de Hispanoamérica. Historia secreta de América -7-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    Hoy se conmemora el 189° aniversario de la batalla de Pichincha (24 de Mayo de 1822) que selló nuestra denominada libertad y hoy cuando se celebran los 200 años de libertadura en medio del bicentenario es más que apropiado presentar a continuación un esclarecedor, impactante y sobre todo valiente texto, sobre la conformación del verdadero proceso histórico de la llamada “independencia”:




    Imperialismo anglosajón, logias masónicas y la independencia de Hispanoamérica[1]

    Por Armando Aristizábal[2]

    “El objetivo de Inglaterra y de todas las logias masónicas en América era lograr la independencia, luego de destruir el poderoso andamiaje político-militar montado por España“.
    “dividir y fraccionar territorios emancipados para poderlos dominar mejor”
    “A Inglaterra y su mercado mundial les interesaba enfrentarse con pequeñas repúblicas, susceptibles de ser manejadas fácilmente a su arbitrio…”

    ____________
    En todas las épocas, y en el mundo entero, las sociedades secretas se han constituido como fuente dinámica en el proceso de transformación social y política, y se han comportado como fundamental estímulo en los procesos revolucionarios.
    Con los acontecimientos de Chuquisaca y Quito en 1809 se inició el proceso de la independencia de la América española. Desde entonces el impulso emancipador lo dieron los comerciantes, cuyo mayor interés los vinculaba hacia nexos económicos con Inglaterra; y los intelectuales, que nutrieron sus ideales y amasaron sus esperanzas en el iluminismo francés y la filosofía de la Revolución de 1789, con su tríptico eterno: Libertad, Igualdad, Confraternidad.
    (…)
    La principal organización secreta que intervino en el proceso libertario a partir de 1809 fue la masonería, cuya directriz provenía de Inglaterra, con logias fraternas en toda Europa y en América. Tuvo cierto grado de afinidad con el liberalismo político y económico, en cuanto a su pertinaz lucha contra el absolutismo, que era la expresión autocrática impuesta en nombre de Dios: la teocracia.
    Inglaterra era un país desarrollado en permanente expansión de mercados, con la flota naval más grande del mundo. Se hallaba al acecho de las colonias españolas que, una vez libres con un poco de su ayuda, podían convertirse en consumidores de sus productos, amén de ser un inmenso recurso de materias primas. El objetivo de Inglaterra y de todas las logias masónicas en América era lograr la independencia, luego de destruir el poderoso andamiaje político-militar montado por España.
    El capitalismo mundial, como en este caso lo demostró Inglaterra, jamás entrega una ayuda desinteresada. Siempre procede primero a hacer cálculos para dar “generosamente” el paso siguiente. “Inglaterra se había propuesto convertirse en sucesora de España a la hora de la independencia de sus colonias, y no se regateó esfuerzos para acelerar el momento. A lo largo de todo el siglo XVII desplegó una paciente labor de zapa para producir sus mercaderías y extender su influencia en el área latinoamericana. Unas veces lo hizo legalmente a través de puertos españoles, y otras de forma ilegal apelando al contrabando, o bien mediante el establecimiento de puertos francos en las islas que tenía bajo su dominio”.
    Inglaterra, en la lucha de expansión económica con España, llevó las de ganar, principalmente por la fuerza poderosa de su marina mercante. Por algo Inglaterra mereció el nombre de “La Señora de los Mares”, o la frase no tan cierta, pero que explicaba ese poderío naval inglés: “Nadie puede disparar un cañón en alta mar sin pedir permiso a Inglaterra”. Poderío naval múltiple: mercante y militar.

    Simón Bolívar en galas masónicas
    Fue en Cádiz donde se fundaron las primeras logias y sociedades secretas de influencia masónica con vistas a la independencia de América. Allí estaba el futuro general San Martín y otros partidarios criollos durante la guerra de la Independencia contra Napoleón. La más famosa de estas logias fue la de los Caballeros Racionales, con sede en Cádiz y Londres. En la sede inglesa el gran maestre de la logia era el venezolano Francisco de Miranda, que tanta influencia ejercería sobre Simón Bolívar. Es más, por la logia de los Caballeros Racionales pasaron casi todos los hombres que iban a jugar un papel preponderante en la emancipación de la América española: San Martín, Bolívar, O`Higgings, Alvear, Zapiola, etc.
    “Para juzgar la importancia que las logias tuvieron en el proceso independentista, veamos a título de ejemplo un aspecto concreto. En el Río de la Plata actuó la logia Lautaro, de la que San Martín y Alvear eran cabezas visibles. Su influencia en los asuntos políticos era tal, que llegó a convertirse en gobierno paralelo…” San Martín, Alvear, O`Higgins, principalmente, fundaron la Logia Lautaro que impulsó la convocatoria de la Asamblea Constituyente en el Virreinato del Río de la Plata que, si no declaró la independencia entonces, puso sólidas bases de republicanismo, aparte de dictar la abolición de la esclavitud, libertad de prensa y la extinción de la Inquisición, verdaderas instituciones de corte colonialista. La independencia se declaró el 9 de julio de 1816, en gran medida por el impulso dado por la poderosa Logia Lautaro.
    “Otro tanto ocurrió en el Perú, donde las logias prepararon el desembarco de la expedición de San Martín. Sin embargo, también fueron las logias, en este caso las fieles a Inglaterra, las que trataron de dividir a los patriotas, ya que desconfiaban de las intenciones del Libertador de Argentina, poco adicto a su política de dividir y fraccionar los territorios emancipados para poderlos dominar mejor.”
    Tenemos ya una idea clara de la formidable participación del movimiento europeo masónico, especialmente el inglés, en el proceso emancipador de América; y la última cita constituye la partida para sospechar que la muerte de Antonio José de Sucre habría sido planificada en el misterioso silencio de una poderosa logia, a partir de “dividir y fraccionar territorios emancipados para poderlos dominar mejor”. Sucre estaría en la mira del movimiento masónico por su irreductible empeño de mantener la unidad grancolombiana. El pensamiento de Bolívar, en la materia, era el pensamiento de Sucre. Si fatalmente Páez cercenó Venezuela, Sucre venía convencido, y lo habría logrado, de mantener la unidad entre Colombia y Ecuador, aspecto reñido con los propósitos ingleses, y secundados por sus logias, de crear repúblicas minúsculas para campear a su antojo. Fue en este ambiente esotérico, producto del hermetismo en el que actúan logias masónicas, que se desarrolló el proceso de conclusión colonial; dése por cierto, también, que en este contexto se realizaría la célebre entrevista de Guayaquil, entre dos hermanos, Bolívar y San Martín.

    Bolívar y Páez saludados por el pueblo de Caracas tras la proclamacion de la Independencia. Es notable la presencia del estandarte inglés-británico en esta imagen oficial. Mural del Capitolio de Caracas.

    “Igual que se puede decir del asesinato de Mariscal Sucre en la encrucijada de Berruecos. Aunque no existen pruebas, todos los indicios señalan el ajuste de cuentas entre logias masónicas rivales.

    “El mismo Bolívar, afiliado a la logia londinense junto a su lugarteniente Santander, terminaría siendo puesto en la picota por los masones probritánicos, quienes le acusaron de abrigar ambiciones absolutistas y se opusieron a sus ideales de unidad latinoamericana.
    Por eso no resulta ilógico suponer que a la sombra de este pulpo de sociedades secretas y logias, el imperialismo británico jugaba su baza de sustituir a España en el continente americano. Así, todos los partidarios de la unión o confederación de las colonias en un Estado orgánico fueron asesinados o desacreditados para que no pudieran cumplir su cometido. Para establecer su hegemonía económica, Inglaterra propiciaba la formación de pequeñas repúblicas independientes, antagónicas unas de otras, para mejor ejercer su papel de árbitro y monopolizador comercial. Y en la cuenta de las logias probritánicas hay que apuntar la muerte de Sucre, la conspiración de Santander para deshacer la Gran Colombia, el intento de asesinato de Bolívar y otros sucesos similares contribuyeron al fraccionamiento del gran imperio colonial español en una multiplicidad de naciones tuteladas por el imperialismo anglosajón”.
    Si aplicamos el razonamiento anterior, y la lógica masónica de dividir para debilitar, concluiríamos con que la Batalla de Tarqui fue resultado de la obra masónica, en su silenciosa pero efectiva labor de lanzar hermanos contra hermanos, mientras nosotros seguimos discutiendo el eterno problema limítrofe…
    A Inglaterra y su mercado mundial les interesaba enfrentarse con pequeñas repúblicas, susceptibles de ser manejadas fácilmente a su arbitrio…
    Sucre fue víctima de varios atentados contra su vida; uno de ellos perpetrado por Mattos. Pues se asegura que éste era un mercenario que servía a órdenes de una de las muchas sociedades secretas de la masonería. Pese a las reiteradas acusaciones de que Mattos obraba por dinero, bajo ese poder secreto, nunca se logró establecer la relación. En esa oportunidad Sucre salvó su vida, pero no logró salvarla en Berruecos.
    _____________________
    [1] El presente texto es un extracto de un subcapítulo llamado “LOGIAS MASÓNICAS” del capítulo “Posibles causas de la muerte de Sucre” en el libro “Juan José Flores en Berruecos, Síntesis de una Infamia” de Armando Aristizábal, pp. 293 a 297, ediciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1995. El entrecomillado son citas que realiza el autor.
    [2] Armando Aristizábal: Notable escritor, investigador e historiador ecuatoriano lamentablemente ya fallecido, sin haber podido concluir su obra cumbre la “Historia de la Corrupción en el Ecuador”.

  20. #40
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    Re: Hay “otro” bicentenario

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    Riobamba: Noble, Fiel y Leal. Historia Secreta de América -10-. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    Publico otra Real Cédula poco conocida y menos aún difundida. El documento habla por sí mismo:

    Real Cédula por la que se concede a la Villa de Riobamba los Títulos de Noble, Fiel y Leal con atención a su fidelidad y servicios en tiempos de la Revolución. [1]

    DON FERNANDO VII por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y de Milán, Conde de Absburgo, de Flandes, de Tirol, y Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etc., etc. En 22 de junio de 1813 dirigió al Presidente que fué de Quito, Don Toribio Montes, una representación documentada el Ayuntamiento de la Villa de Riobamba[2], en la que expuso y calificó que, desde el principio de las desgraciadas turbulencias de aquellas Provincias, dió pruebas auténticas del espíritu de rectitud y de fidelidad con que se condujo[3], dirigiendo todas sus miras a conservar ilesos mis Reales Derechos e impedir la introducción de un Gobierno opuesto a la subordinación y obediencia de su legítimo Soberano y de las Autoridades que lo representaban, contribuyendo con sus esfuerzos y ejemplo a reponer en su antigua tranquilidad las mismas Provincias, con riesgo de ser víctima de los causantes de la revolución; que luego que supo el Ayuntamiento que las Provincias de Guayaquil y Cuenca se oponían al sistema revolucionario de Quito, concibió esperanzas de que, unidas cuantas tropas y fuerzas pudiesen juntar a las de aquellas ciudades, sería posible la resistencia y destrucción del nuevo sistema, participó por Acta de 5 de Septiembre de 1809 a aquellos Gobernadores su proyecto y también a mi Virrey del Perú, quien en 6 de Noviembre, le contestó aprobando resolución tan noble y ofreció ponerla en mi Real noticia; que igualmente el Ayuntamiento inflamó los ánimos de los Corregidores de Ambato y Guaranda, los cuales se ofrecieron a sacrificar sus vidas por sostener la obediencia y fidelidad debidas a mi Real Persona; que por sus persuasiones, los Oficiales y soldados que guarnecían el punto de Alausí, y estaban destacados en los de Guaranda, al mando del Gobierno insurreccional, desistieron de su quimérico proyecto y se unieron a las tropas fieles de la misma Villa de Riobamba; que el propio Ayuntamiento franqueó la entrada del Exercito Real de Lima y Cuenca, dándole todos los auxilios necesarios para su internación a la Provincia de Ambato y Quito, sin los cuales hubiera sido imposible su entrada, siendo la Villa de Riobamba la primera que restableció el orden y puso en movimiento a la otras; y finalmente, haciendo una dilatada relación de la dura opresión que sufrió en tres años y tres meses en la segunda revolución de Quito; expuso había perdido sus fundos por falta de cultivo y los frutos no había podido vender en Guayaquil y Cuenca por la de comercio, y además dos mil bestias con que hacía su trata, todo lo cual manifestaba el noble esfuerzo con que la dicha Villa de Riobamba y los pueblos inmediatos habían sabido resistir los ataques de la seducción; en cuya atención solicitó me dignase concederla los títulos de NOBLE, FIEL Y LEAL, contemplándola el referido Presidente de Quito acreedora y digna de estas gracias. Y por quanto, vista esta instancia en mi Consejo de las Indias, he venido en acceder a ella a consulta de 16 de Octubre de 1815. Por tanto quiero y es mi voluntad que desde aquí en adelante pueda llamarse y nombrarse y se intitule y nombre la mencionada mi Villa de Riobamba NOBLE, FIEL Y LEAL, poniéndose así en todas las cartas, provisiones y privilegios que se le expidieren por mi y por los Reyes mis sucesores, y en todas las escrituras e instrumentos que pasaren ante los escribanos públicos de la misma Villa. Y por esta mi carta o su traslado, signado de escribano público, mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricos-Hombres, Priores de las Ordenes, Comendadores y Subcomendadores; a mis Consejos, Presidentes y Oidores de mis Reales Audiencias, así de, estos mis Reinos como de los de Indias, a los Gobernadores, Corregidores, Contadores Mayores de Cuentas, o otros cualesquier Jueces de mi Casa y Corte y Chancillerías, a los Alcaydes de los Castillos, Casas, Fuertes y Llanas; a todos los Concejos, Alcaldes, Alguaciles, Merinos, Caballeros, Escuderos, Oficiales y Hombres Buenos de las Ciudades, Villas y Lugares de todos mis Reinos y Señoríos, y a los demás mis vasallos de cualesquier estado, condición, preeminencia o dignidad que sean, guarden y hagan guardar los expresados títulos de NOBLE, FIEL Y LEAL a la referida Villa de Riobamba, sin contravenir ni permitir que se contravenga a ello en cosa alguna. Y de este despacho se tomará razón en las Contadurías Generales de la Distribución de mi Real Hacienda y en la de mi Consejo de las Indias dentro de dos meses de su data, sin cuya formalidad será nulo y de ningún valor ni efecto. Dado en Madrid, a diez y ocho de Diciembre de mil ochocientos diez y siete.- YO EL REY.
    Yo Don Silvestre Collar, Secretario del Rey Nuestro Señor lo hice escribir por su mandado.- El Duque de Montemar, Conde de Garciez.- Joaquín de Mosquera y Figueroa.- Don Manuel María Junco.
    Tomose razón en la Contaduría General de la América Meridional. Madrid, 20 de Diciembre de 1817.- José de Texada.
    Registrado.- Juan Ant° de la Muñoza. Teniente de Gran Canciller.- Juan Ant° de la Muñoza.

    [1] Extraído del Boletín de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, Número 10, Quito, Enero – Febrero de 1920. En “Documentos Históricos. Para la Historia de Riobamba. Una Rectificación” de Cristóbal de Gangotena y Jijón. Digitalizado por Francisco Núñez Proaño.

    [2] “Riobamba no fue, pues, en tiempos coloniales, nunca Ciudad (nunca se le concedió ese título), sin que esto quiera decir aminorar su importancia: Madrid, la Capital de España e Indias, es hasta hoy, villa.” C.G.J. La supuesta Real Cédula donde según el padre Juan de Velasco se le concede a Riobamba el título de “ciudad de San Pedro de Riobamba” y de “muy noble y muy leal”, así como su escudo de armas, no existe.

    [3] Gracias a las gestiones de don Martín Jerónimo José Manuel Joaquín Chiriboga y León (Marqués del Chimborazo, furibundo realista criollo), se otorgó a Riobamba el título de Noble, Fiel y Leal.





    C. L. A. M. O. R.: Guerrillas realistas
    Guerrillas realistas

    Se pueden distinguir en primer lugar los tipos de guerrillas que se componen de los habitantes autóctonos de su propia área de actuación, y que son las más numerosas y estaban formadas por indígenas generalmente; y cuyas poblaciones estarían integradas dentro de los territorios virreinales, como en el caso de los pastusos de Nueva Granada; o estarían integrados por indígenas de zonas periféricas de los virreinatos, como el caso de los araucanos del sur de Chile o los indios Guajira del Caribe neogranadino. En segundo lugar están algunas formaciones guerrilleras que tienen su origen en agrupaciones militares realistas que se han dispersado, y son del país pero no son autóctonos.


    En el escenario descrito más abajo, especialmente a lo que a los habitantes de Pasto y a los llaneros se refiere, es donde surge el decreto de “Guerra a Muerte” de Bolívar (dado en la ciudad de Trujillo el 13 de junio de 1813) con cuyos términos esperaba Simón Bolívar contrarrestar las acciones casi invencibles de los llaneros contra los criollos. En el período comprendido entre 1813 y 1814 tanto Bolívar, en el Norte, como Nariño, en el Sur, lograron, en empresas simultáneas, conducir los enfrentamientos entre “patriotas” y realistas al plano de una guerra de dimensiones continentales contra un enemigo común: España. Esto era lo que efectivamente se proponía el mencionado decreto de Bolívar. Aunque estaba dirigido a los venezolanos no dejaba de tener un halo de universalidad. En su parte final rezaba: “Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables”. Si a alguien podían cobijar los términos del decreto era justamente a los pastusos por su doble condición de americanos y realistas. Que Venezuela era una nación en contienda lo afirmaba aquel otro pasaje del decreto que pretendía “... mostrar a las Naciones del Universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América”. Lo cual deja patente, una vez más, la visión clasista de Bolívar al considerar únicamente como “hijos de América” a sus partidarios, cuando la realidad estaba tan lejana de sus afirmaciones propagandísticas.


    En Venezuela, tras el triunfo inicial independentista, las guerrillas de Siquisique, en la Provincia de Coro, al mando de Juan de los Reyes Vargas, apoyaron la llegada de una compañía del Cuerpo de Marina de Puerto Rico al mando del capitán de fragata Juan Domingo de Monteverde y Ribas, y tras su desaparición, los restos de las milicias realistas de esclavos y de llaneros se consolidaron en el territorio de los Llanos para formar un verdadero ejército que al mando de José Tomás Bobes que destruiría los ejércitos independentistas dominando toda Venezuela, antes y sin apoyo de la expedición española de Pablo Morillo y Morillo. Tras la caída de Puerto Cabello en 1823, las guerrillas siguieron actuando hasta el año 1829, y apoyaron una última incursión del Coronel Arizabalo.


    En la Región de Pasto, al sur de Nueva Granada, las guerrillas serán dirigidas por el General Agustín Aqualongo hasta junio de 1824, cuando es hecho prisionero y ajusticiado. Las guerrillas combatirán hasta el año 1830.


    San Juan de Pasto, donde nació Agualongo, es una ciudad llena de iglesias del barroco virreinal y se caracterizó por su fidelidad al Rey hasta el final. El autor Indalecio Liévano Aguirre indica que se trataba de una “población compuesta por la unión de esclavos fugitivos del Valle del Cauca con indios nativos del Valle del Patía.” Si el grito de independencia se dio en 1810, todavía en 1824 resistía Agustín Agualongo, a quien para cuando le llegó de Madrid el despacho de Brigadier General de los Reales Ejércitos, ya había sido fusilado por los liberales independentistas. La ciudad de Pasto había sido un bastión realista desde el comienzo de la emancipación neogranadina, el territorio entre Quito y Popayán estaba en poder de las guerrillas pastusas quienes destruyeron varios ejércitos “patriotas”. Llegaron a ser un componente muy importante de las guerrillas realistas que terminarían por propinarle a Nariño y a su ejército el estruendoso descalabro de 1814 con el cual se cerraría el primer ciclo de la oposición de Pasto a la independencia. La resistencia de la población unida a las guerrillas realistas bajo jefes como Agustín Agualongo lograron mantener su independencia por mucho tiempo. Luego, por ese realismo que aunque pasados tantos años todavía hoy se respira, fue objeto de un tratamiento brutal por parte del Ejército de Bolívar. Aún hoy los habitantes de Pasto declaran que perdieron en su intento de ser libres en una comarca donde Dios, el Rey y el trabajo honrado los sustentaban el pan diario en medio de la alegría de hermanos.


    Ya el 4 de abril del año 1814, el Cabildo de Pasto responde a una misiva del General Antonio Nariño, en la cual conminaba al pueblo del Sur a deponer las armas y acoger las nuevas ideas independentistas so pena de ser víctimas de una incursión por parte de los ejércitos libertadores. Los pastusos responden con franqueza e hidalguía: “Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación...”


    A comienzos de la década del veinte los realistas prácticamente tenían completo dominio sobre la antigua Gobernación de Popayán, aunque el área marcadamente realista se encontraba al sur, cubriendo desde Popayán hasta Pasto, pasando por el Valle del Patía. Para Bolívar, y en general para todos los “patriotas” colombianos, era prioritario liberar esta zona, pues entendían que solo una acción combinada por el norte y por el sur permitiría someter a los realistas refugiados en Quito. La misión fue encomendada al general Manuel Valdés, quien no contó con un ejército fuerte que permitiera enfrentar a las guerrillas del Patía o a los irregulares ejércitos pastusos que, comandados por el coronel Basilio García, se movilizaban gracias —decían ellos— al fanatismo que les generaba los sermones del obispo Salvador Jiménez de Padilla.


    La derrota de los ejércitos patriotas coincidió con la llegada de comisionados de Bogotá, quienes negociaron un armisticio que estableció una línea divisoria en el río Mayo, quedando la zona de Popayán en poder de los patriotas y la de Pasto en el del Rey, mientras que las guerrillas patianas fueron desmovilizadas.


    En la década de 1820 Pasto respondería con redoblada reacción a los intentos de los patriotas de dominar la provincia. De este período data la acción de la guerrilla realista, liderada por el General Realista pastuso Agustín Agualongo y responsable de la derrota del Mariscal Sucre (en la Batalla de Guachi del 12 de septiembre de 1821) antecedida por la victoria realista en la Localidad de Genoy (el 2 de febrero de 1821). La aniquilación de los “patriotas” en esta última contienda habría sido de grandísimas proporciones si no se hubiera producido el armisticio pactado entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, cuyos términos ponían fin a la “Guerra a Muerte” que suponía el exterminio del enemigo. El armisticio disponía la regularización de la guerra y dentro de ésta, la preservación de la vida de los prisioneros.


    El episodio de la Batalla de Bomboná o Batalla de Cariaco, que nunca ganó Simón Bolívar, cuyo ejército huyó despavorido para regresar al Trapiche (Cauca). Aunque esto ha sido manipuladoramente narrado como “retirada heroica” de Simón Bolivar. Una retirada en la Bolivar dejó abandonados, en el caserío de Consacá a 200 heridos, entre ellos el General Torres, enviándole 2000 pesos al Comandante español para los gastos de los heridos mientras tardaba en volver...


    La población de Pasto, en masa, luchó contra el ejército de Bolivar. La guerrilla realista de Pasto volvería a emprender nuevas acciones en la segunda parte de 1822 como respuesta a las victorias de Bolívar y Sucre que condujeron a la capitulación de Quito y Pasto. En esta ocasión aquélla entraría a una fase muy singular. Sus líderes Agustín Agualongo y Benito Boves procederían (luego de la capitulación de Pasto en junio de 1822) a fugarse de la prisión y a tomar la ciudad, empresa en la que no contaron con el apoyo ni del clero ni de los notables aún cuando ésta se llevara a cabo en nombre de la causa del Rey.


    El fragor de la guerra duraría en Pasto hasta finales de 1822 al ocupar Sucre la capital provincial el 24 de diciembre de 1822. Sucre marchó a someter Pasto pero tuvo dificultades en el Guáitara y debió refugiarse, hasta superarlos, en Túquerres. Posteriormente paso el Guáitara, triunfó en Taindala y penetró en Pasto, el 24 de diciembre de 1822, en medio de crueles combates. A esto sucedería la siniestra “Nochebuena pastusa” en la que el ejército “patriota” cometió toda clase de desafueros, tan bárbaros que se presentaron como salvajes hordas destructivas, que asesinaron niños y violaron mujeres, entregados a la violencia con desesperación.


    La lectura de libro “Estudios sobre la Vida de Bolívar” del humanista pastuso José Rafael Sañudo, pone al descubierto las atrocidades de los “patriotas” en su paso criminal por Pasto. Leyendo ese libro, se comprende la resistencia de un pueblo al embiste brutal de una independencia no querida. A los héroes de Pasto, por haber vencido en Bomboná “se los cosió por la espalda, alanceados y arrojados al vórtice horripilante del Guaítara”. En ese libro se conoce la terrible noche del 24 de diciembre de 1822, la “Nochebuena fastuosa” donde “las manos de Sucre conocieron la vergonzante sangre de sus hermanos pastuosos torturados, vencidos y humillados. Las violaciones y la crueldad con que se enseñaron contra los habitantes de Pasto, obligaron a los pastuosos a defenderse con todo su ardor y valentía en defensa de su propia vida. Pero se acallan las voces de la historia cuando toda ésta hecatombe pudo evitarse si Simón Bolívar hubiese hecho caso de las palabras de Santander al advertirle éste sobre lo equivocado que era manejar a Pasto como se lo proponía, pues llevaría a confrontaciones innecesarias. La historia ha demostrado que tales palabras no fueron escuchadas y que primó la terquedad de Bolívar.”


    El mismo jefe patriota Obando dice: “No sé cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre, la medida altamente impolítica y sobremanera cruel, de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada: las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho saliese a la calle llevando a su hija de la mano para entregada al soldado blanco, antes que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiadas, fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir por menor tantos actos de inmoralidad ejecutados en un pueblo entero que de boca en boca ha trasmitido sus quejas a la posteridad.” [Francisco Zuluaga, José María Obando: De soldado realista a caudillo republicano (Bogotá: Banco Popular, 1988), y Guerrilla y sociedad en el Patía (Cali: Ed. Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 1993).]


    “La esforzada resistencia de los pastusos habría inmortalizado la causa más santa ó más errónea, si no hubiera sido manchada por los más feroces hechos de sangrienta barbarie con que jamás se ha caracterizado la sociedad más inhumana; y en desdoro de las armas republicanas, fuerza es hacer constar que se ejercieron odiosas represalias, allí donde una generosa conmiseración por la humanidad habría sido, a no dudarlo, más prestigiosa que el ánimo de los rudos adversarios contra quienes luchaban para atraerlos a adoptar un sistema menos repugnante a la civilización. Prisioneros degollados a sangre fría, niños recién nacidos arrancados del pecho materno, la castidad virginal violada, campos talados y habitaciones incendiadas, son horrores que han manchado las páginas de la historia militar de las armas colombianas en la primera época de la guerra de la independencia; no menos que la de las campañas contra los pastusos, pues algunos de los jefes empleados en la pacificación de estos parecían haberse reservado la inhumana de emular al mismo Boves en terribles actos de sangrienta barbarie. Los prisioneros fueron a veces atados de dos en dos, espalda con espalda, y arrojados desde las altas cimas que dominan el Guáitara, sobre las escarpadas rocas que impiden el libre curso de su torrente, perdiéndose sin eco, entre las horribles vivas de los inhumanos sacrificadores y el ronco estrépito de las impetuosas aguas, los gritos desesperados de las víctimas. Estos atroces asesinatos, en el lenguaje de moda entonces, fueron llamados matrimonios, como para aumentar la tortura de aquellos infelices, tornándoles cruel el de suyo grato recuerdo de los lazos que los ligaron a la sociedad en los días de su dicha. Declaraciones de sus mismos verdugos han descorrido el velo que debiera siempre ocultar estas crueldades inauditas.” [Daniel Florencio O’Leary, Memorias (Caracas: 1879).]


    De ingrata recordación son las palabras de Bolívar escritas a Santander y la masacre de pastusos permitida por Sucre, que permanecen en la memoria colectiva y salen a relucir cuando el pueblo pastuso se siente golpeado o abandonado por el gobierno centralista. Bolívar dice en su carta enviada desde Potosí: “Los pastusos debe ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte dando aquel país a una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos aunque demasiado merecidos…” [Jaime Álvarez S. J., citado por Francisco Insuasty Sansón, Antecedentes históricos de la Contraloría de Pasto 1937 – 2000 (Pasto: Printer, 2000), p. 38].


    Los historiadores tratan de justificar “el error histórico” de los pastusos aduciendo que la gesta libertadora, en su paso por Pasto, siempre lo hizo con la bayoneta de frente, con alevosía y sevicia, sin nunca tratar de entender las aspiraciones de este pueblo: Incendios, depredación, saqueo, hombres pastusos, amarrados por parejas y tirados al Río Güáitara, jóvenes y viejos arrancados de sus hogares y llevados de manera infame y burlesca a Junín y Ayacucho hicieron parte de la gesta emancipadora. Era tal el odio de los patriotas hacia los pastusos que, para completar el cuadro dantesco, hace 186 años, la noche del 24 de diciembre de 1822 el Gran Mariscal de Ayacucho, Sucre, de tan sólo 27 años de edad, permitió que la soldadesca del Batallón Rifles, hiciera lo que le diera en gana con Pasto y su población, en una jornada de sangre saqueo y locura de la que no escaparon niños, mujeres, ni viejos y en la que no se respetaron ni siquiera las iglesias. Por ejemplo, en el lugar donde hoy se encuentra la Catedral de Pasto, en tiempos pasados, estuvo la Capilla de San Francisco de Asís, destruida después de la profanación y saqueo que sufrió la ciudad durante los incidentes del 24 de diciembre de 1822.


    La violencia empleada por las tropas de Sucre para someter a los pastusos, los decretos de Bolívar, su aplicación por parte del Gral. Bartolomé Salóm y el Cnel. Juan José Flores y las represiones, fusilamientos, asesinatos y conscripciones forzadas llevados a cabo por este último, produjeron que se generalizara la rebelión en Pasto, ahora encabezada por Agustín Agualongo, quien derrotó a Flores en Anganoy el 12 de julio de 1823, haciéndolo huir a Popayán. Esto obligó al regreso de Bolívar, quien derrotó a Agualongo el 17 de julio de 1823 en Ibarra. Y nuevamente regresaron a Pasto las masacres.


    Leemos en las órdenes de Bolívar a Salóm: “Marchará Ud. a pacificar la Provincia de Pasto. Destruirá VS. a todos los bandidos que se han levantado contra la República. Mandará VS. partidas en todas direcciones, a destruir a estos facciosos. Las familias de todos ellos vendrán a Quito, para destinadas a Guayaquil. Los hombres que no se presenten para ser expulsados del territorio serán fusilados. Los que se presenten serán expulsados del país y mandados a Guayaquil. No quedarán en Pasto más que las familias mártires por la libertad. Se ofrecerá el territorio a las familias patriotas que lo quieran habitar. Las propiedades privadas de estos pueblos rebeldes, serán aplicadas a beneficio del ejército y del erario nacional.”


    Agualongo, fue fusilado en Popayán el 13 de julio de 1824, luego de haber sido herido en batalla y tomado preso en Barbacoas por el General José María Obando.


    En 1830 Sucre viajaba en una caravana que salió de Bogotá, integrada por el diputado Andrés García Téllez, hacendado de Cuenca, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, el negro Francisco, sirviente de García, y dos arrieros con bestias de carga. Después de pasar por Popayán, el grupo de viajeros salió de La Venta (hoy La Unión), el 4 de junio de 1830. Al pasar por las montañas de Berruecos, cerca de Pasto, era asesinado. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, que se consideró uno de los cómplices del crimen. A los 10 años del asesinato de Sucre, José Erazo cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. En el proceso se dictó sentencia de muerte para el coronel Apolinar Morillo, además se acusó al general José María Obando como autor principal del asesinato; el coronel Morillo, antes de subir al patíbulo, acusó también a Obando. Sin embargo, el crimen sigue sin esclarecerse, por el sinnúmero de factores condicionantes que hay a su alrededor: causas políticas, caudillistas, regionalistas e inclusive familiares. La esposa de Sucre, la marquesa de Solanda, volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno.


    En Chile, Pedro Ordóñez de Ceballos nos cuenta de las guerrillas realistas, las guerrillas bajo los caudillos Vicente Benavides, Juan Manuel Picó, el coronel Senosiain y los hermanos Pincheira, con el apoyo de grupos mapuches “...como no fueran de tres naciones, Pijaos, Taironas y Araucos, que son las tres naciones de la gente más valiente de las indias…”. Los indígenas reches o araucanos -hoy mapuches-, pelearon por las banderas realistas, a sabiendas que la seguridad de justicia que tenían se perdería en el caso de la independencia, tal y como sucedió, y los pehuenches proseguirán la llamada guerra a muerte contra las autoridades de Santiago en territorio continental y en el norte de la Patagonia argentina. El general chileno Manuel Bulnes logró derrotarlos en la batalla de las lagunas de Epulafquen el 14 de enero de 1832 en territorio de la actual Provincia del Neuquén (Argentina). El bando realista contó con el apoyo de los lafkenches cuyos principales caciques eran Huenchukir, Lincopi y Cheukemilla. Y los pehuenches, liderados por Martín Toriano, Chuika y Juan Nekulman, apoyaron también a los realistas, lo mismo que los grupos del área de Xruf-Xruf y los boroanos. Así como se alinearon con los realistas los wenteches encabezados por Mariwán (o Marihuán) cacique del área de Victoria y Mangin Weno (o Mañil Bueno) y su hijo Ñgidol Toki Kilapán.


    Los hermanos Pincheira fueron cuatro hermanos y dos hermanas. Eran originarios de la Zona de Parral en Chillán: Santos (fallecido en 1823), Pablo, José, Antonio (nacido por 1804 y fallecido en 1884), Rosario y Teresa Pincheira. Todos fueron hijos de Martín Pincheira. En un principio trabajaron como inquilinos en la hacienda realista de Manuel de Zañartu. Antonio, el mayor, llegó a ser cabo del ejército realista y combatió en Maipú.


    El virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela encargó al chileno Vicente Benavides para sostener la resistencia armada en las posesiones del sur, aprovechando el apoyo de los grupos indígenas. Benavides controló los territorios fronterizos al sur del río Biobío dividido en tres frentes. Los llanos centrales estaban a cargo de Benavides, el cura Juan Antonio Ferrebú comandó el sector costero y los hermanos Pincheira se dedicaron al área cordillerana.


    Benavides fue fusilado en 1822 y le sucedió por poco tiempo Juan Manuel Picó ya que fue asesinado en 1824, ese mismo año Ferrebú fue fusilado. Desde ese momento José Antonio Pincheira se mantuvo al frente de la guerrilla hasta su derrota en 1832.


    Si en un principio la guerrilla la integraron principalmente campesinos, pronto se unieron otros miembros buscados por los patriotas. La persecución de sospechosos realistas por parte de los patriotas y los abusos de la dictadura de O’Higgins llevaron a muchos a unirse a los rebeldes. Parte de la tropa patriota, desesperada por la necesidad y falta de sueldo, según informes de la época, fue a dar también a sus filas.


    De esa forma, el contingente de los Pincheira creció y se transformó en una gran fuerza. Los informes hablan de entre 500 y 1.000 hombres a caballo, todos estaban bajo un mando monolítico jerarquizado militarmente.


    Desde 1822 entraron en alianza con caciques pehuenches que le permitieron asentarse a ambos lados de la cordillera de los Andes. En tierras pehuenches actualmente correspondientes a la provincia argentina del Neuquén crearon una aldea de 6.000 habitantes en los ricos Valles de Varvarco donde llegaron a establecer un fortín y en Epulafquen. Los caciques Neculmán, El Mulato, Canumilla y Martín Toriano fueron aliados de los Pincheira.


    Entre 1817 y 1832 asaltaron numerosas veces Chillán, Parral, Linares hasta llegar a Talca, Curicó y San Fernando. Durante dos años, y tras una emboscada patriota, se radicaron en la Argentina y sus correrías alcanzaron a “Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires”, según el historiador Barros Arana.


    En 1823 Pablo y José Antonio Pincheira logran repeler el ataque de 1.000 soldados que atravesaron los pasos de Epulafquen y Pichachén al mando del coronel Clemente Lantaño y del sargento Carrero respectivamente.


    En 1825 el gobierno chileno comisionó al capitán Barnechea para intentar convencer a los Pincheira a que se integren al Ejército Chileno, además de ofrecer un tratado de paz a los caciques pehuenches. Estos caciques se reúnen en Cayanta y deciden aceptar la propuesta, pero sólo la cumplen los caciques Manquel (del Reñi Leuvú) y Lancamilla (de Malargüe), Caripil (del Nahueve) se mantiene neutral y Neculmán sigue aliado a los Pincheira. Poco después asaltan Parral comenzando la guerra a muerte.


    En 1827 atacaron el fuerte de Carmen de Patagones, izando la bandera española en él.


    Los Pincheira se mantuvieron como uno de los últimos bastiones realistas de Sudamérica.


    En Perú, las guerrillas realistas de Ica, Huamanga y Huancavélica, se desarrollan tras el repliegue del ejército de La Serna a su bastión de la Sierra. En el año de 1823 la creciente reputación de las armas reales lograron la adhesión de los pobladores de Tarma, Huancavelica, Acobamba, Palcamayo, Chupaca, Sicaya y muchos otras ciudades y villas de la Sierra Central peruana, el mismo virrey intervino en la organización de fuerzas irregulares que brindaron importantes servicios combatiendo a las guerrillas independentistas, informando de los movimientos enemigos y cubriendo las bajas que tan prolongada campaña causaba en el Ejército Real.


    Las guerrillas de Iquichanos continuaron su beligerancia contra el proyecto republicano más allá de la capitulación del virrey, bajo la dirección de Antonio Huachaca, líder indígena que empezó como combatiente contra la rebelión del Cuzco de 1814. Antonio Huachaca era un campesino indígena que luchó por la causa española, enfrentándose a los independentistas cuzqueños, en 1814. Huachaca juró defender a su Rey, a su patria España y a su Fe Católica. Tan grande fue su fidelidad y firmeza en el combate, que durante la Guerra de Separación, el Virrey lo recompensó ascendiéndolo al alto rango de Brigadier General de los Reales ejércitos del Perú. Tuvo, así mismo un papel destacado en la rebelión indígena de 1827 en Iquicha (Provincia de Ayacucho) que rechazó la república y reclamó el retorno de la monarquía española. Hay documentos en los que Huachaca explica que ve a las fuerzas independentistas y patriotas como extrañas, abusivas y hasta paganas. En esta rebelión indígena de 1827, Antonio Huachaca estuvo acompañado por otros líderes, todos ellos indígenas a excepción del francés Nicolás Soregui, comerciante y ex oficial del Ejército Español en Perú. Un movimiento de resistencia indígena contra la República, contra el “infame gobierno de la patria” como ellos decían. Por esta razón las represalias no se hicieron esperar; “En castigo por su militancia realista, la Provincia de Huanta fue grabada en 1825 con un impuesto de 50.000 pesos por orden del Libertador” (Méndez: 1992, p. 23). Esta militancia leal y persistente era de vieja data y había sido reconocida en 1821, cuando el Virrey La Serna le otorgó a la ciudad un escudo con una divisa que rezaba “Jamás desfalleció”. Se originó, por parte de la República, una represión indiscriminada contra las comunidades Iquichanas.


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