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Tema: Hay “otro” bicentenario

  1. #201
    Avatar de Mexispano
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    4 DE OCTUBRE, DIA DE LA INDEPENDENCIA DEL URUGUAY


    4 de Octubre, una fecha que para muchos pasara de largo, pero es un dia como hoy pero de 1828, donde se ratifica la Convención Preliminar de Paz celebrada en Rio de Janeiro (si amigos, nuestra Independencia no fue en la Florida sino fue acordada, en Río de Janeiro) el 28 de Agosto del mismo año.

    La Convención, presidida por el Emperador Dom Pedro I del Brasil (masón), y firmada por dos porteños: Juan Ramón Balcarce (masón) y Tomás Guido (masón), y 3 brasileños: Marqués de Aracaty (masón), Jósé Clemente Pereira (masón) y Joaquín de Oliveira Alvarez (masón), y si, no había ningún "oriental" en aquella pomposa victoria de los Intereses Británicos.

    El articulador de todo, nuestro amigo, Prócer del Uruguay y de los uruguayos, Lord Ponsonby, que tiene una placa en Montevideo y una calle, que se la pasamos a mostrar en imágenes.

    La placa, ubicada cercana al obelisco de los Constituyentes donde muere la avenida 18 de Julio (principal arteria montevideana), el obelisco esta protejido por la calle "Lord Ponsonby" en un lado, junto con la calle "Lord Canning" por el otro lado, entre el medio del obelisco y las 2 calles, hay 2 placas, una con la cara de Canning en su honor, y otra con la cara de Ponsonby, hábil diplomático que se encargo de amputar y segregar de la Argentina la Banda Oriental, creando un Estado Tapón ("Buffer State" lo llamo el) entre Brasil y Argentina: El Uruguay.



    Lord Ponsonby.jpg




    Fuente:

    https://es-la.facebook.com/nomasmentirasuruguay

    GiulioRudolph dio el Víctor.

  2. #202
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    EL ABRAZO DE AYACUCHO

    Antes de iniciarse la decisiva batalla de Ayacucho, que selló el fin de las guerras de independencia de Hispanoamérica, los jefes de ambos ejércitos acordaron que 80 hombres de cada bando, parientes de primer grado, se... acercasen al centro del campo para poder saludarse antes de matarse cordialmente. Pudo verse a hermanos enfrentados abrazándose entre sí, o padres que eran oficiales en el ejército del Rey abrazándose con sus hijos que luchaban en las tropas independentistas.

    Unas últimas palabras, "No ataques por mi flanco, hermano", "Esos malditos libros franceses..." "Cumpla con su deber, hijo", "Estoy orgulloso de usted, padre"... Luego el acero, el fuego, el polvo y la sangre.

    Algunas semanas después, en el Parlamento inglés, el Primer Ministro Canning dirá eufórico, frotándose las manos: "La cosa está hecha, el clavo está puesto. Hispanoamérica es libre y si nosotros no gobernamos tristemente nuestros asuntos, será inglesa".


    ayacucho.jpg




    Fuente:

    https://es-la.facebook.com/pages/El-...20078674699744

  3. #203
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    En Buenos Aires una importante avenida se llamaba Canning hasta que se lo cambiaron por Scalabrini Ortiz, en homenaje al escritor e historiador peronista Raúl Scalabrini Ortiz, quien denunció en algunas de sus obras los intereses británicos en el Río de la Plata. Igual sigue habiendo una localidad llamada Canning cerca de donde vivo.

    Bien decía el padre Castellani que todos los que tienen monumentos en Buenos Aires están en el infierno (lo mismo para otras capitales hispanoamericanas).



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  4. #204
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Erasmus Ver mensaje
    Bien decía el padre Castellani que todos los que tienen monumentos en Buenos Aires están en el infierno (lo mismo para otras capitales hispanoamericanas) .

    Pues con la cantidad de azufre que han de despedir esos monumentos, deberíamos estar permanentemente en estado de emergencia ambiental.

  5. #205
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    En la tumba del Almirante Cochrane (el mismo que curiosamente se encontraba en el Océano Pacifico y "ayudo" en el momento que las tropas de San Martín llegan a Chile para que este pase por mar al Perú), en Londres en la Catedral de Westminster, se puede leer:

    G.C.B. Almirante de la flota que por con su confianza su genio y su ciencia y su extraordinaria audacia, por sus esfuerzos heroicos en la causa de la libertad y de sus espléndidos servicios por igual, en su propio país, Grecia, Brasil, Chile y Perú logró que su nombre fuera archivado en algunas ilustraciones en todo el mundo por su valor, patriotismo y caballerosidad.


    En inglés:

    Tenth earl of Dondonald, baron Cochrane of Dondonald of parsley and of ochiltree in the peerage of scotland marquess of maranham in the empire of Brazil. G.C.B.


    Donde esta enterrado el Almirante Cochrane, en Londres en la Catedral de Westminster, se puede leer:

    Admiral of the fleet who by the confidence which his genius his science and extraordinary daring inspired, by his heroic exertions in the cause of freedom and his splendid services alike to his own country greece brazil chili and peru achieved a name illustrations throughout the world for courage patriotism and chivalry.



    3807_468805156564419_255862246_n.jpg




    Fuente:

    https://es-la.facebook.com/nomasmentirasuruguay

  6. #206
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    En su calidad de Presidente del Supremo Gobierno Mexicano, José María Morelos escribe al Presidente de los Estados Unidos, excitándolo a reconocer la independencia de México.

    Puruarán, 14 de julio de 1815.


    Excmo. Sr. Presidente de los Estados Unidos del Norte.



    Cansado el pueblo mexicano de sufrir el enorme peso de la dominación española y perdida para siempre la esperanza de ser feliz bajo el gobierno de sus conquistadores, rompió los diques de su moderación y arrostrando dificultades y peligros que parecían insuperables a los esfuerzos de una colonia esclavizada, levantó el grito de su libertad y emprendió valerosamente la obra de su regeneración.

    Confiábamos en la protección del cielo, que no podía desamparar la justicia notoria de nuestra causa, ni abandonar la rectitud y pureza de nuesrtas intenciones, dirigidas exclusivamente al bien de la humanidad.

    Confiábamos en el brío y entusiasmo de nuestros patriotas, decididos a morir primero que volver al yugo afrentoso de la esclavitud; y confiábamos, finalmente, en la ayuda poderosa de los Estados Unidos, quienes así como nos habían guiado sabiamente con su ejemplo, nos franquearían con generosidad sus auxilios, previos los tratados de amistad y de alianza en que presidiese la buena fe y no se olvidasen los intereses recíprocos de una y otra nación.

    Los desastres, que traen consigo las alternativas de la guerra, y en que alguna vez nos ha precipitado nuestra misma inexperiencia, jamás han abatido nuestros ánimos, sino que, sobreponiéndonos constantemente a las adversidades e infortunios, hemos sostenido por cinco años nuestra lucha, convenciéndonos prácticamente de que no hay poder capaz de sojuzgar a un pueblo determinado a salvarse de los horrores de la tiranía.

    Sin armas a los principios, sin disciplina, sin gobierno, peleando con el valor y el entusiasmo, nosotros hemos arrollado ejércitos numerosos, hemos asaltado con asombro plazas fortificadas, y por fin hemos llegado a imponer al orgullo de los españoles acobardados ya, por más que en sus papeles públicos afecten serenidad y anuncien cada día más próXima la extinción del fuego que abrasa nuestros hechos y asegura el éxito de nuestros afanes.

    Nuestro sistema de gobierno, habiendo comenzado, como era natural, por los más informes rudimentos, se ha ido perfeccionando sucesivamente, según que lo han permitido las turbulencias de la guerra y hoy se ve sujeto a una Constitución cimentada en máximas a todas luces liberales y acomodada en cuanto ha sido posible al genio, costumbres y hábitos de nuestros pueblos, no menos que a las circunstancias de la revolución.

    Con el transcurso del tiempo, recibirá modificaciones y mejoras a medida que nos ilustre la experiencia; pero nunca nos desviaremos una sola línea de los principios esenciales que constituyen la verdadera libertad civil.

    Entretanto, nos lisonjeamos de que la sanción y promulgación de nuestro Decreto Constitucional y la efectiva organización de nuestro gobierno, ha derramado la consternación en los corazones emponzoñados de nuestros enemigos, dando un golpe de muerte a sus esperanzas, al paso que ha llenado de júbilo a nuestros nacionales, inspirándoles nuestro ardor para continuar en nuestra gloriosa empresa.

    En esta sazón, puntualmente se nos ha presentado la mil veces deseada oportunidad de procurar nuestras relaciones con el gobierno de esas venturosas provincias, y aprovechando los momentos preciosos que nos ha traído una serie de incidentes encadenados por la mano de la providencia, nos apresuramos a realizar nuestras intenciones, con la satisfacción de que esta tentativa no correrá la suerte que otras anteriores, sino que conducida felizmente hasta el cabo, llenará nuestros designios, proporcionando el complemento de los planes primitivos de nuestra restauración política.

    Nos alienta sobre manera para insistir en esta solicitud, la íntima persuación en que siempre hemos vivido, de que siendo amigas y aliadas las Américas del Norte y Mexicana, influirán recíprocamente en los asuntos de su propia felicidad y se harán invencibles a las agresiones de la codicia, de la ambición y de la tiranía.

    Tanto, que nos hemos adelantado a creer que esta importante liga merecerá de contado la aprobación de los dignos representantes de la Nación Angloamericana y de todos sus ciudadanos, tan recomendados por su ilustración y por sus virtudes sociales.

    La sinceridad y el espíritu filantrópico que caracterizan a ambas naciones; la facilidad y prontitud con que pueden comunicarse mutuamente sus auxilios; el bello enlace que resultará de dos pueblos, el uno privilegiado por la feracidad y producciones tan ricas como variadas de su suelo, y el otro distinguido por su industria, por su cultura y por su genio, que son los manantiales más fecundos de la riqueza de los Estados: todo conspira a justificar nuestras ideas, formando desde ahora la perspectiva mas halagüeña, si una y otra república llegan a unirse por medio de tratados de alianza y de comercio que, apoyados en la razón y en la justicia, vengan a ser los vínculos sagrados de nuestra común prosperidad.

    El Supremo Congreso Mexicano, ocupado de estas grandiosas miras y para que este gobierno pueda, conforme al estilo adoptado justamente por las naciones, abrir negociaciones y celebrar tratados con esas provincias, ha nombrado Ministro Plenipotenciario al Excmo. Sr. Lic. José Manuel de Herrera, autorizándole con las más amplias facultades, y ha dictado también las instrucciones necesarias para el efecto.

    En consecuencia, este Supremo Gobierno Mexicano, a nombre del mismo Congreso y de la Nación que representa, eleva lo expuesto al superior conocimiento de V.E., suplicándole que con los seis documentos legales que se acompañan, se sirva enterar de todo al Congreso General de los Estados Unidos, y en su augusta presencia recomiende nuestras pretensiones, ceñidas a que se reconozca la Independencia de la América Mexicana, se admita al expresado Excmo. Sr. Lic. don José Manuel de Herrera, como Ministro Plenipotenciario de ella cerca del Gobierno de dichos Estados, y en esta virtud se proceda en la forma conveniente a las negociaciones y tratados que aseguren la felicidad y la gloria de las dos Américas.

    Dios guarde a V.E. muchos años.

    Palacio Nacional del Supremo Gobierno Mexicano en Puruarán, a 14 de julio de 1815.

    Ausente el señor Cos.
    José María Morelos, Presidente.
    José María Liceaga.
    Remigio de Yarza, Srio de Gobierno.



    Fuente:
    Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 563-565.
    Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: National Archives Dept. of State, Washington, D.C.


    Copia mecanuscrita proporcionada por Antonio Martínez Báez. Fue éste otro de los documentos que llevó consigo Herrera a los Estados Unidos, y según indagaciones de Martínez Báez, no llegó a las manos de su destinatario, o, por lo menos, no existe constancia de que se le haya dado curso alguno.


    morelos-sentimientos.jpg



    Fuente:

    En su calidad de Presidente del Supremo Gobierno Mexicano, Jos Mara Morelos escribe al Presidente de los Estados Unidos, excitndolo a reconocer la independencia de Mxico.

  7. #207
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Martín de Álzaga y Olavarría

    HÉROE DE LA DEFENSA Y RECONQUISTA DE BUENOS AIRES CUANDO EL SIGLO XIX NACÍA.


    Nos consta que la Historia siempre ha oficiado de Tribunal aunque no siempre diera veredictos acertados. Pero, afortunadamente, el ne...cesario revisionismo histórico nos permitió investigar a este notable (para bien o mal según la óptica de distintos historiadores) personaje, no criollo sino vasco. Uno de los tantos que a su manera dio todo por una nación siempre en ciernes,

    Éste será<el caso de Martín de Älzaga, protagonista de importancia irrefutable sin mención alguna en las páginas de nuestro pasado. Sus críticos lo han catalogado de traficante de negros, monopolista y defensor a ultranza de la Corona española, sin detenerse a sopesar el momento histórico que Álzaga quiso aprovechar (la invasión de Bonaparte a España y sus reyes encarcelados en francia) para crear un nuevo sistema político-comercial. Por supuesto, dicha coyuntura sería aprovechada a medias cuando fuera fusilado por "conspirador".

    No obstante, desde las memorias escritas por Gaspar Santa Coloma surge claro que Álzaga consiguió desbaratar la CONSPIRACIÓN ANTONINI, que le cupo destacadísma durante las Invasiones Inglesas y que muchísimo tuvo que ver en la recuperación de la Colonia y nada se ha explicado sobre la verdadera finalidad que tuvo la Asonada patriotíca por él liderada el 01 de enero de 1809.

    Martín de Álzaga nació en Ibarra de Aramoya, provincia de Áraba, Euskadi, según su partida de nacimiento, el 11 de noviembre de 1755, entre las nueve y las diez de la mañana.Fueron sus padres Francisco de Álzaga y Manuela Olavarría. Sus abuelos paternos fueron Domingo de Álzaga y Josefa Munarve. Sus abuelos maternos fueron Juan ochoa Olavarría y Francisca de madina. Por último, digamos que el cura que firmó su partida de nacimiento se llamaba Antonio Echabarría.

    Martín de Álzaga siempre vivió en su caserío familiar, pero las estrategias de su padre respecto del nuevo continente descubierto hicieron que se embarcase hacia tierras americanas.

    Llegó al puerto de Buenos Aires con doce años y fue recibido en el puerto por el comerciante más poderoso del Virreynato del Río de la Plata, vasco y amigo de su padre. Trabajó con él hasta los veintidos años hasta convertirse en un hombre hábil para el mundo de la política y los negocios. Al independizarse, abrió su propia casa de comercio y con el paso de los año llegó a explotar las rutas marítimas comerciales desde Buenos aires a Lima y desde Chile, cruzando el Océano Atlántico, hasta Madrid.

    Durante su gestión pública, Martín de Álzaga ostentó los cargos de:

    1- DEFENSOR DE POBRES
    2-ALCALDE DE PRIMER VOTO
    3-PRIOR DE CONSULADO

    Sería como Alcalde de Primer Voto donde alcanzaría el mayor protagonismo de su dilatada labor política al abortar la Conspiración Antonini y expulsar dos veces a los ingleses, al crear el ejército, planear distintas operaciones militares hasta comandarlas. Debió ocupar el lugar del jefe militar Santiago de Liniers y hacerse cargo de la reconquista de la ciudad, puesto que éste estaba a punto de rendirse ante las tropas invasoras, escondido en las chacras alejadas de la ciudad.

    Creador del partido Republicano, tuvo entre sus aliados más importantes a Mariano Moreno, Julián Leiva, Juan Larrea y Domingo Matheu. también fue un personaje decisivo en la semana de mayo para incidir en la caída del virrey Cisneros

    Innumerables cambios políticos,al paso de los años invalidaron su poderío y fue acusado por el Primer Triunvirato como conspirador y tras un juicio sumario, carente de validez legal, fue fusilado el o6 de julio y su cuerpo exibido en la actual Plaza de mayo durante dos días, en la que fue considerada la acción más cruenta de la época.

    Profesor de Historia EZEQUIEL SEGOVIA


    Martin de Alzaga.jpg




    Fuente:

    https://es-la.facebook.com/pages/El-...type=1&theater


  8. #208
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Apogeo y decadencia de la arrogancia mexicana


    Por:
    Luis González y González


    Se ha comprobado que toda autoestima está basada en un error. Los mexicanos lo sabemos. Somos, alternativamente y de acuerdo a la ocasión, ya leales enemigos de nosotros mismos, ya chauvinistas recalcitrantes. Ambos juicios hijos de la exageración y el autoengaño. El ojo agudo y la pluma sarcástica del muy amado y extrañado Luis González y González, recién fallecido, nos recuerdan que ya éramos hace doscientos años lo que somos ahora: un pueblo en la adolescencia.

    La historiografía oficial de México viene empeñándose, desde la época de la Reforma, en el olvido en algunas ocasiones y en la difamación en otras, del último episodio de la guerra que nos hizo independientes de España. Después de las grandes proezas y el asesinato de Morelos, se acostumbra referir a las volandas las guerras de guerrillas, la terquedad de los encerrados en fuertes y reductos y la deslumbrante y efímera campaña de Francisco Xavier Mina. La historia de bronce parecer pedir disculpas por tener que ocuparse de los guerrilleros Villagrán y Osorno quienes robaban cosas y vidas en los alrededores de Pachuca y los llanos de Apam, y los no menos temibles Gómez de Lara (el Huacal), Gómez a secas (el Capador), los Ortiz, Bocardo, y Pedro el Negro.

    Los historiadores oficiales vuelven a presumir su lenguaje florido a propósito de los resistentes. Narran con términos de discurso patriótico cómo el cura Marcos Castellanos se hace fuerte en un islote de la laguna de Chapala; Ramón Rayón repele varios asaltos a su fortaleza de Cóporo; Ignacio López Rayón resulta invulnerable en el encierro de Zacatlán; Manuel Mier se remonta a Cerro Colorado, Pedro Moreno al Sombrerete y Pedro Ascencio al Barrabás. Viene enseguida el panegírico del español Francisco Xavier Mina quien en 1817 desembarca en la Nueva España para luchar junto a los insurgentes. Por último se trae a juicio a un personaje del que se afirma que “siendo niño cortaba los dedos de los pies de las gallinas”; siendo adolescente, dio un golpe con el puño a un criado del plantel educativo donde fue mal estudiante; siendo joven, fue indolente, injusto y golpeador en su papel de empresario agrícola; siendo militar, “la espada de la represión se tiñó en sus manos de sangre insurgente hasta la empuñadura”. Según el proyanqui Lorenzo de Zavala, los mismos jefes españoles apenas llegaban a emparejarse en crueldad con este hombre que respondía al apelativo de Agustín de Iturbide.

    El pueblo mexicano de 1821 vio al personaje y su conducta de muy diferente manera. A comienzos de ese año, Iturbide propuso el Plan de Iguala o de las Tres Garantías. Se garantizaba en él la católica como religión de estado, las buenas relaciones entre todos los grupos sociales y la independencia absoluta de España. Además, proponía un gobierno monárquico constitucional y un rey prefabricado en alguna de las casas reinantes de Europa. El Plan de Iturbide fue bien recibido por todos, menos por la mayoría de los gachupines residentes en la Nueva España. El virrey Juan O´Donoju vio las cosas tan perdidas para su rey, que el 24 de agosto de 1821, mediante el Tratado de Córdoba, ratifica en lo esencial el Plan de Iguala. El 27 de septiembre, Agustín de Iturbide, en actitud de ídolo popular, hizo su entrada a la metrópoli de la nueva nación por fin independiente.

    Javier Ocampo ha reunido en Las ideas de un día las opiniones acerca de Agustín de Iturbide que circularon a raíz de la consumación de la independencia; es decir, en el otoño de 1821 y el invierno de 1822. Según Ocampo, “con verdadera emoción, la figura de Iturbide aparece en toda la excelsitud, grandeza y eminencia”. Un poeta de Tepotzotlán lo proclama “regalo divino”, “héroe sin segundo” e “Iturbide inmortal”. Un poeta de Tepic escribe:

    Ese que ves con tanta fama y nombre
    hoy en públicas voces aplaudido
    es el grande Iturbide, es aquel hombre
    cuyas proezas a la fama han excedido.

    Un tercer poeta se refirió a Iturbide como “al que todos seguimos con la ciega adhesión”. Otro, entre centenares de versificadores mediocres y malos, salió con los siguientes versos:

    Héroe sin par, la América te llama
    entre todos sus hijos el querido,
    porque entre el natural y el adoptivo
    ninguno ha merecido tanta fama...
    No se olvida de Hidalgo, Allende, Aldana,
    pero éstos con la muerte y la violencia
    faltaron a su plan y su obediencia.
    Tú eres el Benjamín idolatrado
    que sin perderle un hijo, haz afianzado
    su religión, su unión, su independencia.

    Mientras un vate de Guadalajara le grita: “A ti se te ha debido destrozar la melena del León Hispano”; otro de Puebla prorrumpe: “Cual aurora disipas las nieblas”. Iturbide fue el tema mayor y más socorrido de la poesía cívica del lustro 1820-1824.

    Un contador extrae de su ronco pecho un rosario de loas para Agustín de Iturbide: “Confusión de España, admiración de Europa, honor de América, héroe original sin ejemplo en la historia”. Otro de tantos panegiristas en prosa dice: “cuantos elogios se han hecho y hacen de sus virtudes morales muy políticas, no se acercarán jamás a sus merecimientos”. No se pueden atribuir a mera lisonja la enorme cantidad de epítetos iturbidistas procedentes de todos los rumbos de la patria y todas las capas del hojaldre social: “Varón de Dios, héroe invictísimo, Iturbide generoso, antorcha luminosa de Anáhuac, inmortal libertador, columna de la Iglesia, ínclito héroe, Iturbide el magnánimo, ángel tutelar del nuevo imperio, héroe inimitable, padre amoroso, salvador de la patria, Iturbide amado, héroe sin ejemplo en la historia, hombre excelente, padre de la patria, Iturbide sin par”.

    La consumación de la independencia inspira, en la parte nacionalista de la sociedad mexicana, además de aclamaciones para Iturbide, un verdadero torrente de panegíricos a la patria, sin duda producto de una fe en México muy honda y sentida. En mi ensayo sobre el optimismo nacionalista, cuya publicación data de 1948, exhibí algunos textos de optimismo arrogante, dados a la publicidad, en periódicos y folletines, a continuación de la victoria del águila mexicana sobre el melenudo león hispano. Entre otros, cité párrafos de los redactores de la Gaceta Imperial de México donde se dice: “Después de trescientos años de llorar el continente rico de la América Septentrional la destrucción del Imperio de Moctezuma, un genio [¿adivine quién?] en el corto período de siete meses consigue que el Águila Mexicana vuele libre desde el Anáhuac hasta las provincias más remotas del Septentrión anunciando a los pueblos que está restablecido el Imperio más rico del globo”. En otro número de la Gaceta se dijo: Nuestro país, “por su ubicación, riqueza y feracidad denota haber sido creado para dar la ley al mundo todo, por uno de aquellos extraordinarios acontecimientos de las virtudes humanas, comienza ya a figurar entre las naciones grandes”.

    Veinte años después del artículo de marras, Xavier Ocampo recluta muchos otros testimonios de nacionalismo arrogante. Los escritores, en periódicos, folletos, hojas volantes y pintas murales proclaman la grandeza de México recién independiente. Casi todos la sitúan en el futuro próximo. Por ejemplo, Tornel y Mendívil, en una hoja volante, escribe: “Hoy asoman los crepúsculos y todo anuncia que brillará el solo al cabo de la prolongada noche de tres siglos. Hoy México... se eleva a la clase de un pueble grande”. Otro mexicano entusiasta asegura: “ni Apeles con su pincel, ni Homero con su pluma, ni el mismo Apolo con su armoniosa lira bastan a describir dignamente los bienes imponderables que le aguarda a México”. Uno de tantos plumíferos prorrumpe: “en las armas seremos terribles y respetables... Se establecerá la Constitución... se pondrá el comercio libre, se fomentarán las artes, se dará salvoconducto a todas las naciones para que puedan... venir a nuestras floridas y ricas tierras... Si ahora apenas contamos seis millones de almas ¿no serán después veintiséis millones de almas?, ¿y quién nos vencerá?” En San Miguel el Grande el señor cura les predica a sus feligreses: En el amanecer patrio “florecerá por todas partes la armonía, el orden, la justicia y la felicidad”. Otro autor del momento le lanza a su México el piropo siguiente: “nación rica, opulenta, señora de las riquezas del mundo”.

    Agustín de Iturbide jamás puso en duda que acababa de libertar el país más rico de la tierra. Según él, apenas recién liberado, ya figuraba al lado al lado de las grandes potencias del viejo y del nuevo continente. Los hombres que colaboraban con Iturbide en la hechura de un primer gobierno mexicano creían que iban a gobernar un paisote que en breve sería la “admiración del universo”. Se encuentran miles de voces que insisten en las inmensas posibilidades del territorio mexicano, en las virtudes de los nacidos en este suelo sin par y en los subidos quilates de los valores de la cultura mexicana. Lo común fueron los aires de grandeza al unísono con Iturbide que en su perorata del 28 de septiembre de 1821 prometió poner columnas para convertir al mexicano en “el imperio más grande y respetable”.

    Mientras todos hablaban con fe ciega en el próximo futuro de México, algunos, desde una postura engreída maldecían de España y sobre todo de los españoles “que siendo nada en [su tierra], se han venido a nuestro suelo en busca de fortuna”, donde “se vuelven soberbios” hasta considerarse “de una especie poco menos que divina”. También se llega al desprecio de los otros pueblos de Europa, según lo exhibe el siguiente botón: “Dejemos a los pueblos de Europa averiados con sus habitudes y carcomidos con la misma broma de su vejez”. Fray Servando Teresa de Mier solía decir: “Cuando uno deja nuestros climas abundantes, templados y deliciosos para ir a la Europa, siente la misma desventaja que sentiría Adán saliendo del Paraíso a la tierra de abrojos y espinas”.

    Con todo, la seguridad en las riquezas y méritos de la nación recién liberada y el desprecio hacia otras naciones fue flor de un día. Con inusitada rapidez se pasó del gozo al pozo. Pocos meses después de haber sostenido que la Providencia destinaba a los mexicanos para ser “de aquí en adelante los maestros y reformadores del mundo” empezó a sonar la cantinela del no se nos hace el anhelado Paraíso. ¿Por qué el alborozo tan grande que acompaña a la victoria de Iturbide se esfuma tan rápidamente? Al parecer la élite responsable del destino de México después de la elevación y caída de Agustín de Iturbide abre de pronto los ojos a una realidad fea y con verrugas, a una noche que les espanta con su oscuridad.

    A ver a México con pesimismo contribuyen muchos factores. Quizá los más antiguos fueron de índole económica. Un señor que sólo se atreve a poner las iniciales de su nombre, en su segunda Proclama, y todavía en medio del nacionalismo optimista, osa decir: “La minería, el ramo del trabajo, el comercio... y en fin las columnas todas en que se apoya el Imperio para atender a sus urgencias, son unos ramos paralizados”. De un momento a otro los eufóricos y arrogantes súbditos de Iturbide se percatan del atraso de la agricultura, “la situación lamentable de los labradores”, el caos en la hacienda pública, los pocos barcos que llegaban el puerto de Veracruz, la desaparición de un intercambio mercantil entre Cavite y Acapulco, la decadencia de la industria y especialmente la dificultades de la minería. Entonces se calcula que la producción minera baja de 30 millones de pesos en 1810 a sólo 6 en 1821. El valor de la cosecha agrícola se contrajo a la mitad y el del producto de la industria a un tercio. En 1822 los ingresos del erario público apenas llegaron a nueve millones y pico de pesos, y los gastos fueron de más de trece millones. Por otra parte, el naciente país recibió en herencia un adeudo público de 76 millones. No se necesitaba mayor profundidad de pensamiento para ver que la hacienda pública estaba condenada a un estado de bancarrota y a caer en manos de usureros.

    A ojos vistas la crisis económica se acompañaba de la conducta de los militantes libertadores. A unos les dio por ejercer el despotismo; a otros, por declararse mal pagados; a casi todos, por la corrupción y el desorden. Apenas comenzaban a gobernar el emperador Iturbide con el nombre Agustín I, cuando un ilustre borlotero, el brigadier Antonio López de Santa Anna, se sublevó en Veracruz. En enero de 1823, el general Antonio Echávarri, enviado por el emperador para combatir al brigadier rebelde, pacta con el enemigo. En marzo, Agustín I se quita la corona y sale del país. Los sucesivos mandamases de México se llamarían presidentes, y por veinticinco años accederían al poder, por la fuerza de las armas, cincuenta gobiernos militares, once de ellos presididos por el general Santa Anna. Por un cuarto de siglo la vida de la nación estará a mercede de logias masónicas divididas, nefastos embajadores de Estados Unidos, militares ambiciosos, intrépidos bandoleros e indios nómadas. Naturalmente ningún optimismo podía prosperar en esa situación de discordia.

    En los años treinta de aquel siglo, a sólo dos lustros de distancia del término de las guerras de independencia, la élite pensante de México descree en la posibilidad de redimir a la patria con sus propios recursos económicos y humanos. Es bien conocida la frase del capitán de la fracción europeizante: “perdidos somos sin remedio si la Europa no viene pronto a nuestro auxilio”. Algo semejante llega a creer don Lorenzo de Zavala, uno de los líderes del grupo proyanqui, si bien para él y sus corifeos el salvador posible de México se llamaba Estados Unidos. Uno y otro eran pesimistas; ambos creyeron en el colonialismo. Como quiera, ni Alamán ni Zavala llegaron a la desesperación total. Hubo algunos más abatidos que ellos, los de la frase: “En México no queda nada que esperar”. Para quienes todas las esperanzas se habían desvanecido no había posibilidad de resistencia frente a las invasiones de un extraño enemigo. México se abate a tal punto que un puñado de aventureros, encabezados por Esteban Austin, le roba a la nación el enorme territorio de Texas. Un decenio después los pochos de entonces, los incrédulos en la política de expansión de Estados Unidos, los creyentes en que el tiempo de las conquistas militares era costumbre de otras épocas, ven cómo su ídolo se engulle a Texas, traspone el río de las Nueces, se apodera de Nuevo México y de California, y por último, con el ejército introducido por Veracruz, toma la capital de la República, desde donde impone el Tratado de Guadalupe.

    El robo de Texas, seguido de la derrota del 48 y la pérdida de más de la mitad e territorio patrio, acabó de volver más oscuro y denso del pesimismo de nuestra gente. Apenas a veinticinco años de distancia del más arrogante de los optimismos se llega a concebir una patria física y culturalmente miserable e incapaz de autogobierno. El más lúcido de los mexicanos de entonces, don Lucas Alemán, exhibe el pesimismo de 1850 en los siguientes términos: “Se podrá aplicar a la nación mexicana de nuestros días lo que un célebre poeta dijo de uno de los más famosos personajes de la historia romana: ‘No ha quedado más que la sombra de un nombre en otro tiempo ilustre’”. Todas las esperanzas de un porvenir mejor se desvanecen por unos años.


    Luis González y González, historiador oriundo de San José de Gracia, Michoacán, 1925-2003, miembro de El Colegio Nacional, y desmitificador antisolemne de la historia mexicana. Entre sus publicaciones destacan Pueblo en Vilo, y El Oficio de Historiar.
    Reproducido con la autorización de El Colegio de Michoacán.




    Fuente:

    Apogeo y decadencia de la arrogancia mexicana | Tedium Vitae





    alegoria de la patria liberada 1834.jpg


    Anónimo, Alegoría de Hidalgo, La Patria e Iturbide, 1834. Imagen tomada del libro: Guadalupe Jiménez Codinach, México. Su tiempo de nacer, 1750-1821, México, Fomento Cultural Banamex, 2001, pp. 290-291.





  9. #209
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    "Del éxtasis a la agonía/oscila nuestra historia./Podemos ser lo mejor, o también lo peor,/con la misma facilidad".

    De la canción "La argentinidad al palo", de Bersuit Vergarabat.

    Después de leer tu último post creo que Molotov podría escribir "La mexicanidad al palo".

    Y sí, se ve que es una constante el pasar de un extremo al otro en nuestros países. Acá se escucha en un mismo día de "somos los mejores" o "éste es el país más rico del mundo" a "ésto ya no es el 3er. mundo, ésto es el 4º mundo", "somos de cuarta". Lo mismo en Brasil.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  10. #210
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Erasmus Ver mensaje
    "Del éxtasis a la agonía/oscila nuestra historia./Podemos ser lo mejor, o también lo peor,/con la misma facilidad".

    De la canción "La argentinidad al palo", de Bersuit Vergarabat.

    Después de leer tu último post creo que Molotov podría escribir "La mexicanidad al palo".

    Y sí, se ve que es una constante el pasar de un extremo al otro en nuestros países. Acá se escucha en un mismo día de "somos los mejores" o "éste es el país más rico del mundo" a "ésto ya no es el 3er. mundo, ésto es el 4º mundo", "somos de cuarta". Lo mismo en Brasil.
    Sin duda, un rasgo distintivo de la psique hispanoamericana

  11. #211
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Y también de la psique eslava oriental. Por eso pienso que la "cuarta teoría política" de Duguin, retocada/hispanizada, podría tener su puntillo en este continente tras 200 años de mentiras y fracasos. Que es lo que también ha pasado en Ex-paña, por supuesto.

  12. #212
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    200 AÑOS DE BOCHINCHE


    Hugo Chavez y Bolivar__Foto.jpg



    Los venezolanos hemos vivido en un mito según el cual hace dos siglos una generación de héroes luchó y se sacrificó por librarnos de un opresor extranjero. Una pléyade de titanes que nos salvó de la tiranía, que nos legó la libertad y la igualdad, y nos heredó una patria. Superhombres mesiánicos que se sacrificaron empapando de gloria la historia de la nación. ¿Qué hicimos con tan fabulosa y gloriosa herencia?

    Justicia manipulada, revoluciones constantes, guerras civiles, pobreza, inequidades, inestabilidad política… Vistos los resultados después de 2 siglos debemos hacer un balance. ¿Qué pasó? ¿Defraudamos a nuestros libertadores? ¿Han sido las generaciones subsecuentes incapaces de estar a la altura de los fundadores? ¿O lo contrario? ¿No se trataría de un proyecto inviable, destinado al fracaso?

    Aunque soterradamente, un grupo creciente de historiadores, sociólogos e intelectuales venezolanos están desafiando la conseja axiomática de que la guerra de independencia es el hecho más brillante y afortunado de nuestra historia. Al contrario, algunos se aventuran a repetir que no fue ese evento en nuestra historia que hemos aprendido desde niños, sino más bien un error angular que los hispanoamericanos y en particular, los venezolanos hemos estado pagando desde comienzos del siglo XIX.

    La primera de sus graves consecuencias fue la destrucción de la unidad de Hispanoamérica. Unidad que evocamos sin concreción. Tanto España como Hispanoamérica salieron debilitadas de esa guerra civil que llamamos de Independencia. La segunda secuela fue la destrucción de la institucionalidad. La justicia dejó de ser independiente y descentralizada. Cambiamos un monarca lejano y poco influyente por caudillos locales con apetito de autoridad absoluta. Se perdieron los contrapesos entre los poderes existentes bajo el antiguo régimen. El derecho a la propiedad se quebrantó creándose un precedente que seguimos padeciendo. En tercer término, se destruyó la economía. Pasaron décadas para que el tamaño de los rebaños, la producción agrícola, el comercio y hasta la población recuperaran los niveles que tenían antes del conflicto. Las mentalidades cambiaron para peor. Se deterioraron valores morales y principios. Se desligaron los conceptos de riqueza y trabajo, surgiendo la guerra y revoluciones como mecanismos de ascenso social.

    Durante el siglo XVIII en España, donde crecía un fuerte movimiento liberal, ganó terreno la idea de conceder más autonomía a las provincias americanas. La guerra era innecesaria para la independencia. Australia y Canadá, Brasil y la India son ejemplos exitosos. La guerra de independencia fue quizás inevitable. Mejor servicio nos habrían ofrecido los Libertadores haciendo lo posible porque no ocurriera, encausando las fuerzas sociales en un proceso más civilista. Aun con la visión histórica de los hombres de aquel tiempo, la guerra fue un error. Bolívar parece haber muerto con esa convicción. Miranda antes que él, se dio cuenta que no se pueden crear repúblicas sin republicanos al exclamar “Bochinche, y más bochinche es lo que le gusta a los venezolanos”.


    Artículo de opinión de Wolfang U. Molina, publicado en el diario digital venezolano El Universal el 18 de mayo de 2010.


    ¿Qué habían muchas cosas que mejorar? Sí.

    ¿Qué la monarquía cometió errores en el último periodo que se tenían que solucionar? También cierto.

    Pero la sociedad en general no pidió republicanismo, no salieron a la calle pidiendo ningún régimen republicano liberal laico, las declaraciones de independencia se hicieron a puerta cerrada y de espaldas al pueblo, se lo impusieron al pueblo a la fuerza. Hoy día todavía estamos pagando las consecuencias de ese atropello.

    Nota aclaratoria; la palabra "bochinche" viene a significar tumulto, alboroto, revuelta, desorden..






    Fuente:

    https://es-es.facebook.com/SomosHijo...type=1&theater
    Hyeronimus dio el Víctor.

  13. #213
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Uruguay, una creación de la diplomacia británica


    “Uruguay (…) fue creado como un “Estado Tapón” o “Buffer State” por el accionar de la diplomacia británica (…) los británicos querían también internacionalizar el Río de la Plata. Al existir allí dos Estados, como Uruguay y Argentina, el río quedaba internacionalizado y los ingleses podían penetrar a través de él hasta el Río Paraná y llegar al corazón del continente: Paraguay”




    Mapa de Alonso de Santa Cruz (siglo XVI) en el que puede apreciarse la Banda Oriental sobre el estuario del Río de la Plata. Incluido en “Islario general de todas las islas del mundo”.

    Primera parte de la entrevista realizada al revisionista uruguayo Ignacio Pérez Borgarelli, publicada el 5 de noviembre de 2013 en el sitio web ORDEN (Organización de Estudiantes Nacionalistas, de Venezuela)



    1. La “Suiza de América” le dicen algunos, al rememorar, ya nos indicará usted si con acierto o no, la época de José Batlle y Ordóñez. La misma se caracterizó por un estado de bienestar que llevó al Uruguay a altísimos estándares de vida. Sólo comparados, quizá, con los europeos. Díganos, por favor, sus impresiones.

    Me gustaría, antes de responder la pregunta, hacer un breve análisis de los partidos políticos en el Uruguay desde su independencia hasta la actualidad. Lo cierto es que los partidos políticos, en realidad, surgen como “facciones” poco tiempo después de la independencia de la nación. El país se independiza en 1828 y las facciones se constituyen en 1836, en la Batalla de Carpintería, en la cual se enfrentan las fuerzas de Manuel Oribe, fundador del Partido Blanco, y Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado. El Partido Blanco surge como facción y luego se constituye como partido, poco después se transforma en el Partido Nacional, por lo que, Partido Blanco o Partido Nacional resultan hoy símiles. Es el mismo Partido Blanco o Partido Nacional quien defiende a primera hora las causas americanas, quien se alía con Juan Manuel de Rosas bajo la figura de su fundador, Manuel Oribe, y quien defiende desde su periódico El defensor de la Independencia Americana, al gobierno del Perú en 1847 ante la amenaza de la reconquista española.

    El Partido Colorado, en contrapartida a esta política americana, accede al poder por segunda vez gracias a una intervención militar de la armada francesa, y bajo la misma figura de su fundador, Fructuoso Rivera, quiso hacer en 1835, del Uruguay, un protectorado británico.A lo largo de toda la historia nacional el Partido Colorado se movió bajo estas premisas. Cuando Francia en Inglaterra pasaron, dentro del concierto mundial, a ocupar la posición de potencias de segunda categoría, el Partido Colorado se pliega a favor de los Estados Unidos, y la figura de José Batlle y Ordóñez no fue la excepción. Durante su primera presidencia en 1904, pediría una intervención armada de 4 buques de guerra estadounidenses en el Uruguay, con una doble finalidad. La primera: sofocar la revolución armada acaudillada por Aparicio Saravia, una de las figuras más prominentes del Partido Nacional, y la segunda, intimidar al gobierno argentino de Julio Argentino Roca, que dejaba accionar a los revolucionarios que se encontraban en la Argentina.

    Se ha dicho que Batlle y Ordóñez estableció un “Estado de Bienestar” pionero en el mundo en cuanto a legislación laboral (ley de 8 horas, descanso laboral, ley de divorcio, y un largo etcétera). Estableciendo, según algunos escritores, una de las primeras socialdemocracias. Esto es, una democracia fuertemente liberal de raigambre jacobina y una economía socialista. Sin embargo, sus políticas fueron magnificadas por autores apologistas del régimen de origen extranjero. Como Milton Vanger (estadounidense) y Göran Lindahl (sueco).

    En cambio, los críticos del Batllismo fueron sepultados en el silencio del olvido. Las políticas batllistas y el mismo batllismo dentro del Partido Colorado, continuaron gobernando luego de la muerte de José Batlle y Ordóñez (1929), ya que después del retorno democrático, luego de una breve dictadura en la década de 1930, el Partido Colorado se reformuló bajo la figura del sobrino de Batlle, Luis Batlle Berres. Este daría el paso a un período recordado como el Neo-Batllismo, desarrollado desde 1947 hasta 1958.

    El Neo-Batllismo viene a intensificar, mediante otros medios, lo que se había hecho antes con Batlle y Ordóñez. Ahí es cuando se comienza a hablar del Uruguay como “la Suiza de América”. Nada más alejado de la realidad. El punto de inflexión que tengo con el Batllismo y el Neo-Batllismo, es que gobernó para unos cuantos burócratas de la capital: Montevideo. Y como había expresado antes, se dio un cambio de dueños entre el Imperio Británico y los Estados Unidos, pero esto no se evidenció en la balanza comercial, en la cual seguíamos siendo hasta años después de la Segunda Guerra Mundial, un estado satélite de Inglaterra.

    Inglaterra nos compraba la carne, lana a precios altos -lo que algunos llamaron “petróleo verde”, por la cual redituábamos cuantiosas sumas de dinero, extraídas también de las altas rentas aduaneras y de las detracciones o retenciones al medio rural. Gracias a esto, el pensador Alberto Methol Ferré, diría con acierto que “el Uruguay era una colonia británica más próspera que el Reino Unido mismo”.

    El tema de las retenciones al medio rural es el punto neurálgico de todo, ya que el batllismo, con tal de alimentar la industrialización en Montevideo, creaba una industria hipertrofiada que servía para un mercado interno que en aquel entonces tenía un millón y medio de habitantes. El medio rural, en cambio, y el interior de todo el país, fueron los más perjudicados durante los 50 años entre Batllismo y Neo-Batllismo. Al caer el Neo-Batllismo, en 1958, y con el acceso nuevamente al poder del Partido Nacional, se realizó un extenso informe por el Ministro de Obras Públicas de aquel entonces, el Ing. Luis Gianattasio, donde se constató que las escuelas rurales habían sido realizadas con techos de paja y que, entre muchas otras cosas, los caminos de las ciudades del interior no estaban pavimentados.

    Las palabras de Julio Martínez Lamas -quien publicaría el libro Riqueza y Pobreza en el Uruguay- no pueden ser más elocuentes: “En la Campaña, fuente única de la riqueza nacional, reina de la pobreza, porque no existen capitales, en la misma campaña, no hay población densa, ni aumento de producción, ni evolución de la ganadería, ni aumento de la mestización de los ganados, ni apreciable subdivisión de la tierra por causa de su mejor y más intensa explotación, ni crecimiento de las vías férreas, ni ahorro popular: hay, en cambio, por el mismo motivo, falta de poblamiento, latifundismo, estancamiento de la agricultura, ferrocarriles arruinados, pobreza general, emigración”.

    Como dirían unos académicos extranjeros: “Montevideo es como un gran biombo que sirve para tapar la realidad del país entero”.

    También se pueden subrayar las políticas en cuanto a lo cultural. Hace poco ha salido una noticia en la cual, aproximadamente el 15% de los jóvenes tuvo intenciones de suicidarse en Uruguay. Esta idea viene a reafirmar las estadísticas que sitúan al Uruguay en tercer lugar dentro del ranking de suicidios, por debajo de Estados Unidos y Cuba. Yo le veo una explicación muy sencilla: la falta de religiosas y las políticas laicistas y hasta anti-religiosas cuyo principal promotor fue Batlle y Ordóñez, de fuerte prosapia jacobina. Se trató de cambiar el culto cristiano, que es la verdadera fe, por el culto al Estado y al “líder bueno”, con intenciones altruistas y desinteresadas. Domingo Arena, mano derecha de Batlle, dijo una vez: “Los colorados se agrupan alrededor de Batlle con la misma confianza, con la misma convicción, con el mismo entusiasmo con que los creyentes se agrupan alrededor del que predica la religión nueva”.

    La tendencia anti-rural, anti-argentina y anti-hispanoamericana del uruguayo promedio es heredada del Batllismo. Este sistema político, con su consciencia de “como el Uruguay no hay”, o “la Suiza de América”, “La Arcadia de Plata”, viene a generar esa consciencia de que nosotros, como uruguayos, somos “impolutos”, y esa es también la génesis del racismo en el Uruguay. Como evidencian algunos diarios de la década de 1930, el uruguayo de por aquel entonces sentíase orgulloso de su “origen caucásico” y se hablaba del resto del continente bajo el rótulo de “La indiada”. Así, con desprecio, como si el resto de América estuviera retrasada en cuanto a la adopción de las ideas y las técnicas de la “Civilización Europea”.

    Considero menester que se comience a ver esta realidad con respecto al Batllismo, que es uno de los principales mitos a vencer dentro de la historiografía uruguaya. Acá quedaron esbozados claramente los “logros” del oprobioso régimen batllista.


    2. El nacionalismo parece estar surgiendo como una potencia política en el mundo una vez más. Hispanoamérica no es ajena a esto. Sin embargo, hablar de nacionalismo uruguayo resulta una cuestión polémica. Hay quienes se decantan por un abierto artiguismo, aun a expensas de las contradicciones que esto trae consigo. Otros, al parecer, desentienden de la figura de Artigas, arguyendo la cercanía del prócer a las ideas imperantes en la Argentina de la época. Por último: algunos ciudadanos de la República Oriental hacen un agregado a la primera opción: reivindican el peronismo. ¿En dónde se enmarca Ignacio Pérez Borgarelli y por qué?

    Bueno, ya Jacob Grimm decía una frase sobre esto. “Quien ama a su patria, también debe entenderla; quien la quiera entender debe, sobre todo, tratar de penetrar en su historia”. Y fue mediante la historia del Uruguay y del Río de la Plata que me di cuenta de la imposibilidad de ser nacionalista en el Uruguay, ya que el país fue creado como un “Estado Tapón” o “Buffer State” por el accionar de la diplomacia británica. Esto se dio bajo el auspicio del primer ministro inglés de aquel entonces, Lord Canning y el diplomático Lord Ponsonby, quien vino a mediar entre la Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plaza) y el Brasil, que se disputaban el territorio que hoy se conoce como Uruguay.

    Por ende, no puedo identificarme con ningún movimiento político “nacionalista” posterior a la Independencia del Uruguay. Dadas las gracias a Inglaterra si intento justificar esa independencia que no fue otra cosa que el surgimiento de una república que nunca debió de ser. Creo que el basamento del nacionalismo, o mejor dicho, del patriotismo en el Uruguay, tiene que estar en la figura de Artigas. A quien se ha usado en diversos países para justificar accionares políticos tanto de izquierda como de derecha, obviando el hecho de que Artigas antes que nada se consideraba argentino y americano del sur. Él y su proyecto, fueron los padres del federalismo argentino, pues recogía en su interior lo más hondo del sentir popular en las Provincias Unidas, y a ellas quiso integrar la Liga Federal. Cuando se le pregunta si quiere volver a “la Patria”, o sea, al Uruguay ya constituido independientemente bajo los conspicuos intereses de la corona británica, Artigas contesta: “yo ya no tengo Patria”.


    3. Vamos a retrotraernos un poco. Hablemos de la historia y de aquello que conocemos como la doctrina liberal. No es secreto para nadie la influencia de los intelectuales racionalistas del Siglo XIX en lo que hoy se conoce como “La Historia Oficial”. Esto ha sucedido en prácticamente toda la América Hispana. ¿Qué ha pasado con Uruguay en este sentido?

    Como expresé anteriormente, el Estado uruguayo fue creado por Gran Bretaña en 1828. Faltaba crear otro elemento para justificar ese estado, que era la Nación. El “nacionalismo uruguayo”, es decir, el sentimiento nacional, se da luego de la finalización de un período significativo por lo largo de las contiendas civiles y la crueldad de las mismas, que es el Militarismo. Esto ocurre en la década de 1880. Oficializado por el coronel colorado Lorenzo Latorre y luego por su sucesor, Máximo Santos, ellos no vienen a hacer otra cosa que realizar los viejos anhelos de Bernardo P. Berro, quien gobernó entre 1860 y 1864 y ya hablaba entonces de “nacionalizar los destinos del país”. Hay un elemento significativo para resaltar: el Estado Uruguayo, creado en los albores de la independencia (1828), se da por una unión entre los intereses del comercio inglés, la “Pax Britanica” y de la oligarquía comercial montevideana, dirigida por Pedro Trapani. Sobre esto agrego: los británicos querían también internacionalizar el Río de la Plata. Al existir allí dos Estados, como Uruguay y Argentina, el río quedaba internacionalizado y los ingleses podían penetrar a través de él hasta el Río Paraná y llegar al corazón del continente: Paraguay. Esta información no es fortuita. Ahora bien, Lorenzo Latorre, accede al poder y establece una dictadura en el Uruguay, gracias a una multitudinaria manifestación que lo fue a buscar a su casa. Dirigida esta manifestación, nada más y nada menos que por Domingo Ordoñana, primer presidente de la ARU (Asociación Rural del Uruguay), terrateniente y máximo exponente del sector latifundista.

    Es interesante ver cómo las élites económicas estuvieron estrechamente vinculadas en los dos procesos, tanto en la Independencia como en el surgimiento de la “Nación”. Esta surge, pues, durante el Militarismo. Durante ese proceso Uruguay entra, curiosamente, al mercado mundial. Se establece el alambrado de los campos, dejando a grandes muchedumbres campesinas (los gauchos), sin empleo, y se establece la Reforma Vareliana en el marco de la educación, haciéndola laica, gratuita y obligatoria. Se crea la primera escuela historiográfica para fundamentar ese estado, de fuerte cuño positivista y racionalista. Sus máximos exponentes fueron casi todos colorados o unitarios, como Carlos María Ramírez, Juan Zorilla de San Martín, Francisco Berra y Francisco Bauzá.

    Estos hombres, que no fueron otra cosa que falsificadores de la historia, a pesar de rescatar la figura de Artigas de su “leyenda negra”, terminaron usando al mismo prócer hasta vaciarlo de contenido. Crearon una apoteosis de Artigas, lo deshumanizaron y divinizaron hasta lograr fundamentar una mentira como lo fue y lo es: el Estado uruguayo. Se elige a la figura de Artigas porque el mismo caudillo, al pertenecer a un período anterior a los partidos políticos, no era “ni blanco ni colorado”, era “de todos”. Un factor de “unidad entre los orientales”, a expensas de que fue el mismo fundador del Partido Colorado, Fructuoso Rivera, quien lo terminaría traicionando a Artigas, dando por concluido su proyecto político.






    Fuente:

    Uruguay, una creación de la diplomacia británica | Hispanoamérica Unida
    Última edición por Mexispano; 15/03/2014 a las 21:17
    Erasmus dio el Víctor.

  14. #214
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    José Martí. ¿Un traidor como los otros?

    En ocasión del aniversario del natalicio de José Martí.





    28 de enero de 1853. En un par de días estaremos conmemorando una vez más el natalacio de José Martí. Martí dedicó casi toda su vida a combatir la injusticia en tiempos de esclavitud en Cuba, por ejemplo, y por esa lucha suya le considero un hombre admirable. Como hombre de letras resalta en medio de muchas otras plumas célebres de su época y esa es otra cualidad que yo admiro. Como patriota, pues pongo su conducta contra España en tela de juicio.

    Cuba no fué una isla conquistada, donde una cultura superior venció a la natural del país. Cuba no fué México, ni fue Perú, donde se sometieron pueblos a culturas foráneas. Cuba fué una isla poblada íntegramente por españoles, con un porciento de la población negra y españolizada, destinada a servir, que tampoco era netamente cubana. La patria de los cubanos, por raza y por cultura, era España. La bandera de los cubanos era la bandera española y el rey de España era nuestro rey.






    Promover con discursos incendiarios una revolución en contra de España era enfrentar a hermanos contra hermanos. Era traicionar a la patria para fundar una otra que fuese exclusivamente de los cubanos, como ahora pretenden hacer algunos catalanes con Cataluña. Desmembrar a España no fué un acto de patriotismo, sino de regionalismo puro. La guerra de independencia de Cuba fué una guerra de secesión, como la guerra civil norteamericana, cuando un grupo de estados sureños pretendieron separarse de la Union. Acto nada admirable en los anales de la Historia de ese país. Hubo cubanos separatistas y tambien hubo quienes repudiaron la idea, como mismo ocurre hoy con Cataluña, y no se les podría considerar anti-cubanos por elegir quedarse dentro de una misma patria, grande y sólida, bajo una misma bandera.


    Si Martí vivió en las ''entrañas del monstruo,'' como él mismo dijo, y reconoció las intenciones de Estados Unidos de adueñarse de Cuba, entonces lo que Martí sintió no fué patriotismo sino un deseo malsano de herir a la patria, a su patria, a la patria de sus padres, que tampoco favorecían la separación de Cuba de la corona española, para entregar a Cuba un destino incierto, como al final ocurrió.

    Pepe Antonio





    Fuente:

    COMUNIDAD AUTÓNOMA DE CUBA: José Martí. ¿Un traidor como los otros?

  15. #215
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA:
    MENTIRAS VERDADERAS

    Publicado el 18 de marzo de 2010 / 19.30 hora de Bogotá D.C.


    Desde mediados del año pasado se inició en América Latina la celebración por los doscientos años de independencia de España. Los festejos comenzaron en Bolivia y en Ecuador, ocasión en la que los países del ALBA aprovecharon para agitar tribuna y consignas antimperialistas, como era de esperarse, en un despliegue de pirotecnia verbal y panfletaria digno de las mejores épocas de militancia de los años 60. Tiempo aquel cuando, precisamente, se cumplieron los ciento cincuenta primeros años de ese hecho: el rompimiento de vínculos políticos con la Madre Patria y el fin de la colonia aunque no necesariamente del coloniaje. Situación esta última que persiste no sólo en actitud asimétrica ante los fuertes del mundo, de cualquier signo, sino también en una especie de tara cultural que hace creer que el abordaje oblicuo y poco ilustrado del pensamiento decimonónico marxista puede ser argumento para ayudar a construir una revolución en el inicio del siglo XXI .


    Escribe: Rubén HIDALGO


    Es curioso que Bolivia e incluso el Ecuador hayan sido los sitios donde se inició el festejo desde el año pasado, esta vez con discursos de renovada fe antimperialista. Claro, en la ocasión no ya contra España sino contra los demonios que se supone están en el norte del Continente.

    Curioso, que sean bolivianos y ecuatorianos los que rompieron fuegos de celebración, porque fueron esos dos países los que dieron en principio, junto con el Paraguay y la antigua Banda Oriental del Río de la Plata, mayores pruebas de fe realista durante la mayor parte de la llamada guerra de independencia. Ese fue el origen en verdad de su posterior autonomía y conversión en repúblicas.

    El rechazo a la hegemonía de Buenos Aires, en realidad fue una impugnación inicial al primer grito de independencia del 25 de mayo de 1810, que se dio en lo que hoy es la capital de la capital argentina pero que era capital del virreynato del Río de la Plata e integraba a los territorios que a partir de ese momento iniciaron el proceso de desmembramiento.

    Debe recordarse que fue el Alto Perú, entre 1812 y 1815, el que de manera infructuosa exigió mayores recursos de guerra por parte de Buenos Aires para recuperar esa parte de su territorio -el cual desde 1826 pasaría a llamarse República de Bolívar y poco después, con algo de vergüenza de la época, Bolivia- y que Quito junto con Pasto en el sur de Colombia resistieron con todo lo que tuvieron las intenciones de la parábola republicana, liberal y secular criolla, al menos en lo formal.

    En efecto, la fe religiosa sincretizada de esos tiempos le daba a los nativos y mestizos, razones para pensar que aquellos que proponían un Estado de alguna manera desvinculado de un monarca lejano pero presente en la subjetividad y de una religión que daba seguridades espirituales, no eran libertadores sino incomprensibles enemigos. Esa es una de las razones por las que según el historiador David Bushnell los soldados de las futuras repúblicas debían ser llevados a las batallas amarrados por sus manos y desatados en los momentos previos al combate.

    Esas tropas que con frecuencia no eran otra cosa que la peonada de las tierras del terrateniente convertido a la carrera en general de la naciente república, fueron convocados con consignas y relatos que nadie entendía porque, por cierto, toda la tropa y a veces también el general eran iletrados y los discursos ilustrados y liberales poco podían decirle. Por eso, patria, república, nación, libertades, presidentes, congresos, senados poco o nada significaban para esos "pueblos" que en sentido estricto aún no lo eran, porque en verdad eran las "gentes" que poblaban por entonces los territorios colonizados por España.


    LO QUE OCURRIÓ EN JUNÍN


    Ya lo decía el colombiano Florentino González desde su sufrido exilio de Chile en la segunda mitad del siglo XIX, el Perú no estaba revolucionado para los tiempos en que se inició esa guerra que para los españoles no fue otra cosa que una guerra civil interna, entre tantas que hubo en el siglo XIX, cuya única virtud discursiva fue perjudicar a la metrópolis. Para González fue San Martín quien revolucionó al Perú y su ejército expedicionario que partió de Valparaíso en 1820, cuyos restos -aquellos que no se sublevaron del mando de Bolívar y de su mala fama como conductor de tropas- terminaron en Ayacucho bajo el mando del venezolano Antonio José de Sucre.

    Entre aquellos oficiales que renegaron del paso al costado de San Martín y se integraron en el ejército grancolombiano, estuvieron el general Mariano Necochea y el bisabuelo de Jorge Luis Borges, coronel Manuel Isidoro Suárez. Este último, casi olvidado de la historia oficial fue quien en realidad salvó a Bolívar de la derrota en la batalla de Junín. Las dudas sobre la pericia militar de Bolívar no son una responsabilidad que carguemos nosotros desde estas columnas, lo insinúa el propio Gabriel García Márquez en su libro sobre el laberinto del general venezolano.

    Tampoco los comuneros en Colombia, ni la rebelión de Túpac Amaru en el Perú pueden ser vistos como antecedentes serios de una intención independentista en América. En ambos movimientos se cuestionaba la vocación confiscatoria de la tributación española, pero no se confrontaban los derechos de la autoridad real que, además, se consideraban divinos.

    Ni siquiera los primeros gritos de autonomía y de exigencia por mayor intervención de los criollos que se dieron en Buenos Aires y Bogotá en 1810 -episodios emblemáticos de los que se cumplen las dos centurias motivo de celebración- pretendían en verdad la independencia definitiva de la metrópolis ibérica. Esos resortes favorables a la Corona funcionaban en la mentalidad mítica y también mágica de las "gentes" americanas, ancladas por tradición en los atavismos de las antiguas culturas precolombinas. El rey, como se ha dicho, era una figura por fuera de toda crítica.

    El mito fundacional republicano ha querido ver otra cosa después y no se ha detenido a cuestionar ni someter a mirada crítica los documentos y proclamas de la época, que no hablaban de naciones. Ni el descendiente del inca ni el comunero neogranadino pensaron jamás en cortar nexos con la Corona. Sin embargo, la infantil pero efectiva historiografía oficial de nuestros países ha pretendido con relativo éxito mostrar otra cosa.

    Es sintomático que aún hoy las comunidades indígenas, cuando reclaman sus derechos propios del espíritu de la Modernidad, levantan con frecuencia lo establecido por la legislación real que les reconocía sus particulares formas de agregación social y entidades. Derechos que no siempre les reconocieron las clases criollas que reemplazaron a la administración española.


    LA DEFECCIÓN DE SAN MARTÍN

    Tampoco se dice, en el caso de esa historia oficial para el caso argentino, que el retiro del general San Martín del Perú no fue un glorioso renunciamiento sino una inconcebible defección como jefe que se autoexcluye del mando en las sombras de la noche y deja a sus tropas, que lo habían acompañado desde Mendoza, "colgadas de la brocha" y reenganchadas por los colombianos de Bolívar, de manera menos gloriosa. Eso, en lo que hace a las consecuencias, le hizo perder a la Argentina cualquier posibilidad de sobreranía que le correspondía por derecho colonial -uti possidetis iure- sobre el Alto Perú, una salida al Pacífico y el poder ser hacia el futuro un país integrante de la cuenca amazónica. Casi nada.

    Lo anterior no lo decimos nosotros, lo dice -o más bien lo insinúa- Bartolomé Mitre en sus libros de historia, en los que, claro está, nada menciona sobre su propia y desastrosa conducción estratégica en la Guerra del Paraguay, unas décadas después de la vigencia militar y política de San Martín. Esta última fue quizá la más vergonzosa de todas las guerras que afrontó la Argentina desde las campañas de los tiempos de independencia, la cual concluyó como quedó señalado, con las primeras frustraciones militares y geopolíticas de los argentinos.

    En los tiempos en los que se produjo la guerra de independencia, la población era conservadora -dicho en los términos como hoy se miraría esa visión política- y simplemente sentía cercano a un monarca a quien no podía conocer en forma personal pero con el que mantenía un vínculo personal e incluso, podría decirse, emocional. Los conglomerados humanos de la época eran súbditos, no ciudadanos y ese concepto liberal de ciudadanía nada significaba para las gentes que habitaban las colonias que en su mayoría para la época no tenían acceso a la lectura.

    Muchas de las ciudades colombianas, incluida Bogotá, se mantuvieron fieles a la corona hasta que les fue posible. ¿Es que nadie ha leído con atención las crónicas del fusilamiento de la heroína Policarpa Salavarrieta en la capital de la Nueva Granada? La población de la capital del Virreynato no discutía la decisión de su ejecución pública y por el contrario la alentó. Por eso sus últimas palabras fueron un reclamo por la incomprensión hacia su elección libertaria en la que entregó la vida.

    Por eso también, tanto en en los ejércitos de Bolivar como en los de San Martín los que no eran enganchados por la fuerza eran, como lo fue Ernesto Che Guevara muchas décadas después, aventureros. Entre ellos la mítica Legión Británica, integrada en su mayoría por irlandeses católicos y mirados con reservas desde Londres. Esos hombres fueron mercenarios con derecho a saqueo, como ocurría con cualquier mercenario de esas y otras épocas.


    UTOPÍA RETRÓGRADA

    Esos intencionados errores de escritura sobre el espíritu de la independencia -con mito fundacional incluido- ha persistido en una historia acrítica para una generalizada lectura en minoría de edad. La visión distorsionada sobre la saga que en quince años cortó los nexos políticos con España persiste ahora, con una utopía retrógrada que se vincula con Irán, lo más reaccionario que ha dado la historia reciente en su comprensión sobre la idea de lo que puede ser una revolución.

    Es cierto, Irán produjo una revolución pero una revolución hacia atrás. Esa es la razón por la que el llamado Socialismo del Siglo XXI no encuentra diferencias entre lo que pasa en América Latina y las concepciones islámicas "arias" de los persas. Al tiempo, los eslogans y lugares comunes de los panfletarios e inflamados discursos que esgrimen los neosocialistas del nuevo siglo recuerdan a la vieja militancia de las décadas de los 60 y 70, como si nada hubiese pasado en el mundo desde esos años hasta hoy.

    Ni siquiera para los nuevos marxistas del mundo desarrollado -desde Tony Negri a Marshall Berman- el tiempo ha permanecido estático. Sólo para el neogorilismo latinoamericano las cosas siguen iguales en la dicotomía crítica de hegemonías y subalternidad que afecta al Continente. Es por ello que el Bicentenario en curso de celebración huele a la antigua naftalina, con más y mayores mentiras verdaderas para menores de edad (aresprensa.com).







    Fuente:

    BICENTENARIO: MENTIRAS VERDADERAS / ACTUALIDAD
    Última edición por Mexispano; 18/03/2014 a las 06:36
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  16. #216
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Así fue el 'Grito' original

    Escritores e intelectuales de la época dieron sus versiones de la frase que dio inicio a la guerra de Independencia


    Septiembre 14, 2013

    Por Redacción RED POLÍTICA




    (Foto:Especial)


    06:11 ¿Cuál fue la frase que dio inició a la guerra de Independencia? Escritores e intelectuales de la época dieron sus versiones de lo que gritó el cura Miguel Hidalgo:


    -- “¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe”, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”

    Manuel Abad y Queipo



    -- “¡Viva la América”, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la religión y mueran los gachupines!”

    Diego de Bringas



    -- “Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII!, ¡viva la patria y reine por siempre en este continente americano nuestra sagrada patrona la santísima Virgen de Guadalupe!, ¡muera el mal gobierno!"

    Anónimo (1810) recopilado por Ernesto Lemoine Villicaña






    (Esta es la réplica de la campaña que tocó el cura Hidalgo / Foto:Quadratin)





    -- "¡Viva Fernando VII!, ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!"

    Juan Aldama (1811)



    --"¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!"

    Servando Teresa de Mier (1813)



    --"¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!" A lo que el pueblo respondió: "¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!"

    Lucas Alamán (1840)


    (Con información de la Hemerotéca de EL UNIVERSAL)





    Fuente:

    Así fue el 'Grito' original | Red Política - El Universal
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  17. #217
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    En la Península, en Nueva España o en Nápoles era típico el grito de "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!" cada vez que había algún levantamiento.
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  18. #218
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    En la Península, en Nueva España o en Nápoles era típico el grito de "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!" cada vez que había algún levantamiento.

    Y lo cierto es que en todas las versiones de "El Grito" la única constante es la arenga a Fernando Vll





    Última edición por Mexispano; 21/03/2014 a las 07:04

  19. #219
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Invasiones inglesas

    “Esos grupos de obediencias inconfesables sembraron la ideología balcanizadora de la Ecumenidad Hispánica, maniobrando para conducir totalitariamente la política con la “panacea” del constitucionalismo liberal. Para ello utilizaron instrumentos que iban desde los diplomáticos hasta los simples viajeros espías (…) El Plan del “Precursor” estaba coordinado con una tentativa de conflagración continental preparado en Inglaterra”





    Detalle de la obra “Asalto de los Ingleses a la brecha de la Ciudadela” del artista Edward “Francisco” Burney. Toma de la Ciudad de Montevideo el 3 de febrero de 1807, durante las Invasiones Inglesas


    Artículo de Luis Alfredo Andregnette Capurro publicado el 22 de enero de 2012 en la web “Crítica revisionista” (tomado de la bitácora “El Blog de Cabildo”).NOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente siempre como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

    Todo lo que existe sólo puede comprenderse con la perspectiva que nos ofrece el pasado. Así en los hombres como en los pueblos. Ya lo decía el poeta: “sólo orillas somos y en lo hondo de nosotros corre / sangre de lo que fue / fluye hacia quienes vendrán / sangre de nuestros ancestros, llena de orgullo e inquietud…” La verdad nos dice con alta voz que “venimos del ayer”. Lo Cristiano Americano, la Patria Grande, son claros frutos de la boda de sangre entre las Españas de Yugo y Flechas con la Roma Católica.

    Por ello el Misterio de Iniquidad encarnado en la pérfida Albión se lanzó a despedazarlo. Largo es el rosario de agresiones. En un principio fue Francis Drake con sus saqueos, robos y profanaciones. Luego hizo pie en el Caribe cuando ocupó Jamaica y Honduras y atacó Darien en el siglo XVII, agresión que se repitió con Walpole contra Panamá. En los siglos siguientes aceleró su acción con sectarios pertenecientes a una central ideológica esotérica y juramentos secretos e incondicionales. Las monedas de Judas hicieron el resto, y algunos de esos traidorcitos sin tener conciencia de que nuestra historia es pasión, prometieron a cambio de armas y oro incorporar el Reino de Santa Fe de Bogotá, Maracaibo, Santa Marta y Cartagena a los dominios de Su Majestad Británica.

    Esos grupos de obediencias inconfesables sembraron la ideología balcanizadora de la Ecumenidad Hispánica, maniobrando para conducir totalitariamente la política con la “panacea” del constitucionalismo liberal. Para ello utilizaron instrumentos que iban desde los diplomáticos hasta los simples viajeros espías. El caso de Francisco Miranda, agente de Mr. Pitt, invadiendo Venezuela desde puertos yankees, fue sintomático. El Plan del “Precursor” estaba coordinado con una tentativa de conflagración continental preparado en Inglaterra.

    El historiador Oriental Felipe Ferreiro, primero en mostrar a la posteridad la secreta conspiración, señaló el importante dato de que “todos los centros adecuados para el incendio general difundirían la versión falsa pero no increíble de que el Trono de las Españas había quedado vacante”.

    Versión que podía perdurar sin rectificaciones hasta que la hoguera se extendiese en virtud del dominio de los mares detentado por la Home Flete de Jorge III. La llegada a Buenos Aires de Santiago Burke, ex oficial prusiano amigo del Premier Mr. Pitt, es ejemplo de un espía con toda la barba.

    En la capital virreinal trabó contacto con corresponsales de Miranda, entre los que se contaba Saturnino Rodríguez Peña, el futuro secretario de la Infanta Carlota, doctor Presas, y Aniceto Padilla. Detrás de Herr Burke llegó Home Rigss Popham. Venía desde el Cabo de Buena Esperanza con un plan fundamentado en la creencia de “que los nativos estaban muy cerca de la rebelión… y se les podía ganar ofreciéndoles un gobierno liberal”.

    Con los hombres del general William Carr Beresford se hizo dueño de Buenos Aires. El golpe asestado en junio de 1806 no fue ni el primero ni el último. El objetivo dominador lo planteó el general inglés William Miller, de gran actuación en el Perú, quien en sus “Memorias” y al referirse a las invasiones de 1806 y 1807 señaló: “Si los ingleses hubieran considerado los acontecimientos locales del país no habrían intentado ocupar Buenos Aires y limitado sus esfuerzos a la posesión de Montevideo, que es la llave del Río de la Plata. De esta plaza podrían haber hecho el Gibraltar de las costas occidentales del Imperio español”.

    La pretensión de los jefes militares (Popham y Beresford) de imponer el control británico convirtió los nuevos ataques filibusteros contra Buenos Aires y Montevideo en un desastre.

    En 1812, (ya iniciada la Guerra Civil que conocemos como “de la Independencia”) Lord Strangford, en un aparente cambio de la política de Londres, impuso la retirada de las fuerzas portuguesas de la Banda Oriental y envió a su instrumento, don José Rademaker a Buenos Aires para que al acordar la Paz planteara la posibilidad de la Independencia de Montevideo y su jurisdicción aunque dependiendo del gobierno de Cádiz, notorio títere de la masonería inglesa.

    La propuesta no se concretó: “Inglaterra, según lo declaraba Lord Castelreagh, debía dirigir su política estableciendo gobiernos locales amigables con los cuales esas relaciones comerciales puedan subsistir, cosa que por si sola constituye nuestro interés”.

    Canning y Palmerston en algunos años pondrían en práctica estos principios básicos de la maquiavélica política del Foreing Office. El control de los mares, amén de maniobras diplomáticas y logistas, hicieron imposible la reconstitución del Imperio Católico de las Españas. Acuerdos comerciales y millones de libras esterlinas en préstamos con estilo Shylok, satelizaron al continente y pagaron el reconocimiento de la dolorosa ruptura.

    Al promediar la década de 1820 Canning pudo decir: “La América española es libre y si no administramos mal nuestros negocios, ella será inglesa”.

    La guerra de 1826 entre Brasil y las Provincias Argentinas por la federal Banda Oriental que deseaba seguir integrando la Patria Grande, podía convertirse en un desastre inglés. Ello hizo que Londres se volcara para obligar a los contendientes a buscar una solución. Esta no fue otra que la expuesta por el “mediador” Mr. Ponsomby con su socio comercial y agente secreto el Oriental Pedro Trápani. La clave estuvo en una república independiente, verdadero Estado Tapón ubicado en la desembocadura del considerado estuario lo que convertiría a la región en un canal de entrada para la Home Fleet y los intereses británicos. Se intentaba cerrar así el camino a Francia y a la naciente presencia norteamericana con un estratégico Gibraltar en la Cuenca de la Platania.

    Ni corto ni perezoso, el Coronel John Forbes, Encargado de Negocios yankee en Buenos Aires, escribía al Secretario de Estado Mr. Henry Clay “sobre el intento inglés de crear una colonia disfrazada”. Sin embargo las hábiles maniobras del Lord llegaron a buen destino en 1828. Presionando a Buenos Aires y al Janeiro se firmó la Convención Preliminar de Paz en la que Lord Ponsomby consiguió fuera aceptada la amputación de la estratégica Provincia Oriental. Se daba un nuevo paso hacia la balcanización de nuestra ecumenidad. Primero había sido el Paraguay, luego el Alto Perú, en ese agosto del desgraciado año 1828, la Provincia insignia de José Artigas. Luego se intentarían otras rupturas como las planeadas por el nefasto Florencio Varela cuando escribió: “Lo importante para Entre Ríos y Corrientes es prosperar. Para eso no interesa si son Provincias argentinas o un Estado Independiente”. El mismo “personaje” que con su hermano Juan Cruz aconsejaran el fusilamiento del Coronel Manuel Dorrego, el gobernante que resistió la “solución” Ponsomby.

    Así estaban las cosas, cuando en 1832 el Almirantazgo decidió las medidas “para ejercer el derecho de soberanía de Guillermo IV en las islas Falklands”. La comisión fue cumplida por “marines” desembarcados de la Fragata “Clío”, los que izando la bandera británica comenzaron la construcción de una base militar. Era el 2 de enero de 1833. Veintiséis meses después don Juan Manuel de Rosas asumía el gobierno de Buenos Aires con la Suma del Poder Público y además como Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. De ahí en más su nombre fue símbolo hispanoamericano para “quienes querían seguir hablando español y rezando a Jesucristo”. Su “Sistema Americano” reconstructor de la Patria junto a la Ley de Aduanas de 1835 fueron las armas con las que se opuso a la dependencia económica “que implicaba el liberalismo unido a la ética utilitaria de Bentham”. El accionar armado estaba previsto en un informe del Foreing Office con fecha de 1842, el que sin pudor decía: “En lo que respecta a Gran Bretaña como sus intereses están tan mezclados con su poderío político resulta necesario apuntalar unos a los efectos de mantener lo otro”.

    Poco después, en la República Oriental, el Presidente General Manuel Oribe, ponía un cinturón de hierro al Montevideo donde el Almirante Mr. Purvis defendía con sus cañones al iluminismo de ambas orillas. Ante esas murallas se enfrentaron los orientales argentinos con las legiones extranjeras, durante nueve largos años. La inevitable intervención de 1845 fue contestada por el General Rosas con digna altivez en la Vuelta de Obligado, donde se encadenaron las aguas para que siguieran siendo nativas. Rudo combate por la soberanía. Los éxitos del Opio chino no se repitieron en el Plata. Era un nuevo fracaso para las agresiones inglesas en estas latitudes. Pero sobrevino el desastre de Caseros y con él los cambios que hicieron posible la realidad de la profecía de Canning.

    La afirmación se aplica a ambas márgenes del Plata, haciéndose necesaria alguna cuartilla más. Tal como decía don Julio Irazusta: “Necesario recuerdo de las circunstancias que contribuyeron a la formación de una política antinacional que corrompe a los buenos e impide la redención de los malos”.







    Fuente:

    Invasiones inglesas | Hispanoamérica Unida
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  20. #220
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Aquí hay un buen artículo que habla de algo que todos en este foro ya sabemos. Y aunque no estoy de acuerdo con lo del “terrible genocidio causado por la Conquista y la dominación colonial”, pues justamente el artículo demuestra lo contrario; ni con llamarle “Periodo Colonial” a los siglos de virreinato, todo lo demás es esclarecedor.




    MIGUEL LEÓN-PORTILLA. DOS SIGLOS DE INJUSTICIA

    El libro de Miguel León Portilla Independencia, Reforma y Revolución, ¿y los indios qué? (Conaculta-UNAM, 2011) representa una reflexión crítica sobre la historia de la nación y del Estado mexicano especialmente en torno a tres momentos claves: la Independencia, la Reforma y la Revolución. La tesis principal que sustenta con sólidos argumentos a lo largo de los capítulos del libro es que, no obstante que los pueblos indígenas han sido los principales agentes de la Independencia y la Revolución, los indios no sólo no han mejorado su condición social, jurídica y política, sino que ha empeorado, pues en muchos aspectos los pueblos originarios tenían un mayor reconocimiento cultural, jurídico y político durante la dominación colonial que en el México independiente. Ante esta situación la pregunta que surge es ¿Independencia de quién y para qué?, ¿Reforma de qué y contra quién?, ¿cuál Revolución?

    Del balance de lo que han dejado la independencia la Reforma y la revolución a los pueblos indígenas durante doscientos años, Miguel León Portilla saca dramáticos saldos: si bien, con el proceso de Independencia dio como resultado la formación de un Estado independiente, no logró consolidar su principal fundamento: una nación auténtica e incluyente de la diversidad de pueblos y culturas que constituyen la población mexicana. Pese a los esfuerzos de los gobiernos liberales decimonónicos, incluyendo los de la Reforma, por crear y consolidar desde el Estado una nueva nación homogénea, esencialmente mestiza, para principios del siglo XX, los intelectuales más desatacados como Justo Sierra y Andrés Molina Enríquez reconocían el fracaso, pues no existía una unidad nacional. Para Molina Enríquez lo que había era una pluralidad de patrias indígenas, pero no una nación mexicana. No obstante, tanto él como la mayoría de los liberales insistieron en el proyecto mestizo, excluyente de lo indígena y de la diversidad. Un siglo después, esto es en nuestros días el fracaso del proyecto mestizo de nación es aún más grave. Al menos y a penas la Constitución mexicana reconoce a partir de 1992 el carácter multicultural de la nación, nación que aún está por construirse y que constituye una de las demandas más importantes no de la clase política, ni de los gobiernos, sino de los movimientos indígenas.

    Si bien la Reforma logró consolidar un Estado laico y estableció un conjunto de garantías individuales, no tuvo consideración alguna respecto a los derechos colectivos de los pueblos indígenas, ni para sus identidades culturales y formas de vida. Por el contrario, se desarrolló una política de etnocidio a través de una política agraria basada en la privatización de las tierras comunales de los indígenas, de una política educativa y cultural centrada en el exterminio de las lenguas originarias y de la imposición del español en toda la población mexicana e, inclusive en una política poblacional que fomentaba el mestizaje para “blanquear” a las razas indígenas y constituir una población mestiza Un defensor del proyecto mestizo de nación como Molina Enríquez deploró los efectos desastrosos de la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de corporaciones civiles y religiosas sobre las paupérrimas condiciones de vida de los indígenas, en su mayoría campesinos. Ciertamente estos efectos se convirtieron a su vez en una de las causas principales del agrarismo durante la Revolución mexicana iniciada en 1910.

    Si bien la Revolución mexicana se propuso establecer un régimen democrático y procurar la equidad social, el régimen posrevolucionario resultó tan autoritario como el porfirista y salvo durante el gobierno de Lázaro cárdenas no hubo una restitución y reparto importantes de tierras a los indígenas, que ni siquiera fueron reconocidos como tales, sino insertados en la genérica clase social de los campesinos. Los pueblos indígenas gozan hoy en día de menos libertades y derechos que los que tenían en tiempos de la dominación colonial. En este sentido, hay una clara convergencia entre Miguel León Portilla y Carlos Montemayor, quien en su libro Los Pueblos indios de México hoy afirma: “El liberalismo mexicano destruyó más comunidades en un siglo de las que la Colonia destruyó a lo largo de trescientos años”.

    A lo largo de los breves y consistentes diez capítulos que conforman el libro, Miguel León Portilla sustenta estos saldos negativos de la historia del México independiente con sólidos argumentos basados en evidencia histórica, antropológica y sociológica. Veamos algunos de estos argumentos.

    En los primeros tres capítulos se desarrolla una línea de argumentación de carácter socioeconómico que muestra el agravamiento de las ya deterioradas condiciones de vida de los pueblos indígenas durante el primer siglo del México independiente. Al terrible genocidio causado por la Conquista y la dominación colonial, que nuestro autor ha tratado como ningún otro, le sucedió una política etnocida en el México independiente que en el término de un siglo redujo la presencia de la población indígena de más de un 50 por ciento de la población total de México en 1810 a un 30 por ciento y para 2010 a menos de un 15 por ciento. Pero lo más grave es la pérdida de autonomía de los pueblos indígenas durante el México independiente: En 1805 el 90 por ciento (2.7 millones) del grueso (3 millones) de la población indígena del país (3.5 millones) que habitaba en la región centro y sur vivía en pueblos indígenas que por su autonomía eran conocidos como “repúblicas de indios” por el derecho indiano. Para principios del siglo XIX había casi 5000 “repúblicas de indios”. Esas repúblicas estaban basadas en la propiedad comunal de la tierra, que provenían de los antiguos altepetl que eran la unidad sociopolítica básica de los antiguos la, mayoría de los reinos prehispánicos del centro y sur del territorio. Al abolirse la propiedad comunal con las leyes de reforma y con otras políticas sociales y económicas se destruyeron los espacios de autonomía que la mayoría de los pueblos indígenas habían logrado preservar durante tres siglos de dominación colonial. La mayoría de los indígenas se quedaron sin tierra, sin comunidad, convirtiéndose en peones y asalariados, en indios desarraigados: innegablemente —nos dice el autor— la disolución de no pocas repúblicas de indios, antiguos altepetl, condujo a la asimilación de sus miembros en el conjunto de la sociedad nacional, dando lugar al incremento de los mestizos y también de los indios desarraigados. Quedaron éstos excluidos de sus antiguas comunidades y rechazados muchas veces como inferiores por aquellos mismos que habían puesto en marcha el proceso dirigido a su asimilación.

    Para Guillermo Bonfil Batalla este complejo y contradictorio proceso de desarraigo-asimilación-marginación-desprecio ha dado lugar a una profunda división entre el “México profundo” conformado por descendientes de los pueblos originarios, ya en su mayoría mestizos, pero igualmente excluidos del progreso y el bienestar, y el México imaginario y ficticio que constituye la minoría de la población y que son quienes se han resultado beneficiarios de la Independencia, la Reforma y la Revolución.



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