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Tema: Hay “otro” bicentenario

  1. #81
    Avatar de Donoso
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    Bellatrix Castilla
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Gracias por el esfuerzo amigo Ordóñez.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  2. #82
    Avatar de juan vergara
    juan vergara está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Estimado Ordóñez se agradecen tus aportes y la esforzada tarea que ello supone.
    Hay algunos que aparecen repetidos no se si podrán suprimirse.
    Una pregunta:
    Estas de acuerdo con el artículo de Antonio Caponetto que bajaste?
    Y con el de Díaz Araujo?
    Un abrazo.

  3. #83
    jasarhez está desconectado Proscrito
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Yo también te doy las gracias, Ordoñez. He estado leyendo todas tus aportaciones en este hilo y me parecen todas magníficas. Gracias por tantísimo buen trabajo

    Un abrazo en Xto.

  4. #84
    Avatar de Hyeronimus
    Hyeronimus está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    INDO-HISPANIA

    Por Wilfredo Loor M.[1]
    Todas las naciones indo-hispanas están unidas por los vínculos del idioma, raza, cultura, religión profesada por la mayoría del pueblo; idéntico afán de la conquista que impulsó al español a llevar la paz de Cristo, como él la entendía, a todas partes, desbrozando primero de abrojos el terreno con la punta de la espada para que detrás siguiese el misionero sembrando en las almas la buena doctrina; igual y brava resistencia de los pueblos indígenas, con caudillos como Quoactemoc en México, Rimuñahui en Quito, Caupolicán en Chile, que defienden palmo a palmo su independencia, combate tras combate, sin esperanza de una victoria definitiva, pero luchando siempre hasta el último instante y sin doblegar su espíritu ni ante el tormento: historia común de tres siglos de coloniaje en que se expande el alma por las regiones del arte con mirajes de eternidad: y en fin amor por la libertad que estalla al comenzar el siglo XIX, libertad que en su cuna fue española y fue cristiana, pero que en lo político la falsificó el filosofismo y en lo económico la aprovecharon los grandes explotadores internacionales.
    NOS ENVENENARON
    De México a la Tierra del Fuego, y aún en la Antártida donde clavan su pabellón Argentina y Chile, e incluyendo a Brasil que habla un dialecto español, hay mayor unidad que en cualquiera de las grandes naciones modernas. Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, formada por pueblos de diverso origen, costumbres y lenguaje dialectal, en los que se ha buscado el vínculo común para unirlos en la última etapa histórica. Hay mayor unidad en las veinte naciones de América Latina, que en el mismo pueblo de Estados Unidos. ¿Por qué entonces, estos han encontrando el vínculo político, económico y social que los une y nosotros hemos sembrado de odio todos los campos de nuestra carne y de nuestro espíritu, para saber menos de San Martín o de O’Higgins, de Hidalgo, de Morelos o de Martí, que de Washington o Frankiln? ¿No será que nuestros adversarios para destruirnos, nos envenenaron con falsos conceptos de libertad, democracia, independencia, palabras flexibles que se prestan a todas las interpretaciones, que cada cual las entendió como pudo y nos lanzó a la lucha fraticida, sobre ríos de sangre y montaña de incomprensiones hasta colocarnos en una dolorosa esclavitud económica y social, de rodillas ante los grandes pueblos o ante los grandes consorcios o trusts internacionales? El ideal de los próceres de una América unida en que soñaron Bolívar en la Conferencia de Panamá, San Martín y O’Higgins en el abrazo de Maipú; ese ideal que hizo de Rocafuerte nacido en Guayaquil ciudadano de México, se ha esfumado en los rencores y venganzas entre hermanos, en más de una centuria en que hemos vivido peleando sin visión del porvenir, con la sangre en las rodillas, el estómago vacío de pan y la cabeza vacía de los grandes ideales políticos, ciegos ante nuestra propia grandeza, denigrando lo que es nuestro y admirando lo ajeno, en un insensato afán de imitar a otros pueblos.
    QUE COMIENCE LA RESISTENCIA
    El filosofismo que nació en Francia, la masonería que se la utilizó en Inglaterra para el dominio de los mares, dominio que hoy ha pasado a otro pueblo, el protestantismo que vino a Europa con Lutero en Alemania han destruido ya bastante nuestra personalidad hasta convertirnos por el alma en algo que nuestros padres no reconocerían como pertenecientes a la hispanidad. Es tiempo de que comience ya la resistencia. De que volvamos a encontrar los que hemos perdido: nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro propio yo, el caballero andante que vive en el Quijote y el hombre práctico que habla en Sancho. Hasta para ser anticatólico hay que serlo a los hispano, como ese terrible demonio de los Andes, tan magistralmente descrito por Palma, alegre, hidalgo y valiente hasta el momento de entregar su cabeza al verdugo. Si no comienza la resistencia, la destrucción seguirá adelante, continuaremos atomizándonos más y más, y un día en un lenguaje que no es el de Cervantes y el de la Santa Doctora de Ávila se dirá: por aquí paso un pueblo enfermo de libertad, democracia y anarquía. La primera en reaccionar debe ser cierta prensa, abierta a los intereses de los extranjeros y cerrada a los intereses de los nacionales; que bate palmas ante la explotación del hombre por el dinero y se asusta ante los brotes nacionalistas que conducen a los pueblos al reclamo de sus legítimos derechos. Esa prensa llama democracia a la explotación de las naciones y de las masas populares por trusts de adinerados y bautiza con el nombre de enfermedad de totalitarismo o de internacional negra a los brotes de rebeldía para ser política y económicamente libres, al deseo de que las naciones indo-hispanas no pierdan su soberanía, no se humillen ante un poquito de dinero dado a interés usurario que los cerrará el camino hacia un futuro pletórico de esperanzas.
    DEBE BUSCARSE
    Hispano América debe buscarse de nuevo a sí mismo y debe unirse, porque solo en la unión ocupará en el mundo el puesto que le corresponde. (…)
    Aparecido en “COMBATE”, diario-órgano de Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana – ARNE, Quito, Viernes 20 de Febrero de 1953.
    (Nota: No necesariamente comparto la totalidad de lo expresado en el artículo. F.M.N.P)

    [1] Historiador –miembro de la Academia Nacional de Historia-, escritor, biógrafo y jurisconsulto ecuatoriano -Ministro de las Cortes de Justicia de Guayaquil y Quito, y Presidente de la Honorable Corte Superior de Guayaquil; asistió como Senador al Congreso de la República que se reunió de 1948 a 1950- nacido en Calceta (Provincia de Manabí).

    coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño
    Erasmus y El Tercio de Lima dieron el Víctor.

  5. #85
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    LA DISPERSIÓN DE HISPANOAMÉRICA

    Por Jorge Luna Yepes
    (Vértice)
    Aparecido en “COMBATE”, diario-órgano de Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana -ARNE,
    Quito, Marzo de 1953. Hispanoamérica vive la dispersión, desde el rompimiento histórico con la metrópoli. Un ironista llamó a estos pueblos, “los Estados desunidos del Sur”, basado en esta dispersión, fruto de la falta de solidaridad entre sus componentes. Mientras otros países han tratado de unirse, unificando sus leyes, sus tradiciones, su idioma, Hispanoamérica ha ido en busca de elementos de desunión, creando situaciones ficticias, distrayendo la atención hacia objetivos diversos de los fines auténticos de su historia. Los esfuerzos por logar la unidad han sido vanos. Un siglo de historia ha servido para resquebrajar la geografía y poner la venda en los ojos de todos. Los próceres lucharon denodadamente por conseguirla y sólo pudieron acelerar la acción desintegradota de las nacientes ambiciones de los nacientes partidos. El pasado y el porvenir de Hispanoamérica han estado en manos de los antagonismos artificiales sostenidos por los interese extranjerizantes y usureros. Hispanoamérica ha sido una de las víctimas propiciatorias de la usura internacional, del colonialismo sin bandera. Sus fuentes de unidad han recibido los golpes repetidos, incesantes, de la intriga sistemática, el ataque atentatorio de su soberanía. Sin planes concretos, sin esfuerzo coordinado entre sus defensores, presenta el panorama lleno de desolación y escepticismo. Hispanoamérica ha vivido de espaldas a su historia. Ha buscado su inspiración en realidades extrañas, desconociendo sus orígenes reales. No ha faltado la voz solitaria de señalamiento de los problemas que confronta, pero se ha ahogado al ser arrastrada por corrientes que trataban de desconocer su peculiar fisonomía. La dispersión hispanoamericana ha invadido todos los campos, o mejor dicho la invención de todos los campos ha originado su dispersión. Los últimos resortes humanos, las últimas vinculaciones espirituales, últimas no por su valor sino por jerarquía suprema, han cedido el paso a nuevas y audaces expresiones. Una encrucijada llena de incógnitas y revelaciones encierra lecciones para su futuro. La exigencia es, por tanto, de retornar hacia la unidad fortalecedora, hacia la unidad salvadora. Esta es la antítesis de su dispersión.

    coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño
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  6. #86
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Gracias a vds. amigos.

    Estimado Juan, si bien los sres. Caponnetto y Díaz Araújo apuntan cosas muy interesantes y son dos historiadores excelentes (Recuerdo muy en especial el libro contra la leyenda negra de Caponnetto y la recopilación lascasiana de Araújo), no estoy de acuerdo con esa tesis, ni con la del nacionalismo en general (Digo, sobre el tema de la independencia), que creo que en la página CLAMOR fue muy bien contestada:


    C. L. A. M. O. R.: Ante otro aniversario de la Revolución de Mayo

    Ante otro aniversario de la Revolución de Mayo


    Con motivo de un nuevo aniversario de la Revolución del 25 de mayo de 1810, hemos leído un par de notas (una de Antonio Caponnetto y otra de Luis Alfredo Andregnette Capurro) que contienen algunas afirmaciones que por ser paradigmáticas de lo que llamamos “leyenda rosa nacionalista” nos gustaría comentar.


    Desde ya, manifestamos nuestro aprecio y reconocimiento a los autores de dichos artículos, independientemente de que no compartamos las frases siguientes que reflejan una serie de tópicos recurrentes en esta escuela historiográfica.


    - Borbones malos y Austrias buenos


    Cuando la invasión de Bonaparte en 1808 no se planteó en América la cuestión de apartarse de la monarquía. La lealtad al Rey seguía absolutamente vigente aún cuando la Casa de Borbón, que ocupaba el Trono desde los inicios del siglo XVIII, caminaba por senderos distintos a los de la dinastía de los Austrias.” [LAAC]


    Los autores nacionalistas están muy apegados a esta contraposición. Claro que, al referirse a la Casa de Austria, se quedan en el emperador Carlos, en Felipe II y el Siglo de Oro, olvidando rotundamente a sus sucesores, los llamados “Austrias menores”, el Conde-Duque de Olivares y un largo etcétera. Por otro lado, dejando en el tintero también el hecho de que el archiduque Carlos, que hubiese sido Carlos III de triunfar en la Guerra de Sucesión, había pactado con Gran Bretaña, a la que entregó Gibraltar y quién sabe que otros territorios de haber tenido éxito. La mala memoria también les impide recordar a José II, cuya política religiosa fue acaso más “masónica” que la del Borbón Carlos III, o a María Teresa, la protectora de los Enciclopedistas y también perseguidora de los jesuitas.


    - Expulsión de los Jesuitas


    El fundamento teológico del gobierno del César Carlos y sus sucesores había sido sustituido por una concepción laica de poder civil. Esa política liberal borbónica inició una división entre los Reinos Americanos y España. Son un claro ejemplo las medidas masónicas de Carlos III en contra de la Compañía de Jesús…” [LAAC]


    Independientemente de que las medidas del rey Carlos III fueran o no masónicas y/o ilustradas, lo que corresponde analizar es si dichas medidas se correspondieron con la realidad. No es el lugar éste para enjuiciar la actuación de los jesuitas en América en general y de su “reino” teocrático guaraní en particular; sólo dejaremos sentado que desde un principio generó quejas entre los vecinos, gobernantes, regidores, visitadores, etc., tanto peninsulares como criollos, y no siempre —como afirma cierta leyenda— porque éstos quisiesen esclavizar a los guaraníes. Pero sí nos fijaremos en la actuación de la Compañía de Jesús tras la supresión de la misma. Sabemos de las relaciones ciertas del agente británico Miranda con muchos ex jesuitas, lo que lo llevó a afirmar que el cuartel general de la Revolución estaba en los Estados Pontificios. Tampoco se puede negar la influencia de los ex jesuitas revolucionarios Vizcardo, Godoy y otros menos conocidos, algunos de los cuales luego tendrán actuación en las Cortes de Cádiz. Entre las líneas de investigación historiográfica actual, se han descubierto interesantes vínculos de la Compañía de Jesús con la corona británica, no sólo después de la supresión sino incluso antes —tema éste sobre el que, D. m., profundizaremos próximamente—.


    - Constitución de Cádiz de 1812


    Se produce entonces la disolución de la Junta Central Gubernativa, su antijurídica sustitución por el Consejo de Regencia y una asamblea conocida históricamente como Cortes de Cádiz. Éstas, dominadas por liberales educados en el ambiente francés de la Enciclopedia, y por lo tanto divorciados de la tradición hispanoamericana, proclamaron el 24 de setiembre de 1810, que los Reinos de Indias debían estar unidos a la metrópoli en una misma representación lo que significaba la dependencia de España. Después de ese prólogo vendría la obra, en la que el contubernio mayoritario aprobaría la Constitución de 1812, reflejo claro de la Revolución Francesa.” [LAAC]


    Más allá de la compresión de numerosísimos hechos históricos ocurridos en esos dos años en un único párrafo, sin ver matices, ni contextos, habría varias cosas que decir. No dudamos del terrible efecto que tuvo la Constitución gaditana tanto en tierras americanas como peninsulares, y ya hemos referenciado a numerosos trabajos al respecto. Ahí está el famosos Manifiesto de los Persas, como testimonio (doctrinalmente imperfecto está claro, pero es entendible) de la resistencia contrarrevolucionario. Ahora bien, eso no explica por qué dicha Constitución hubiese justificado la secesión del Reino de León, del Principado de Cataluña o del Reino de Navarra. Tampoco explica que para ese entonces en América, las “constituciones”, estatutos y Planes de Operaciones de “los patriotas” eran acaso un reflejo mucho más acabado de la Revolución Francesa.


    - Espontáneo surgimiento de las Juntas y agresión de los Realistas


    Surgieron entonces las Juntas Americanas de 1810 y allí donde existía desconfianza respecto a la lealtad del gobernante por secretas simpatías con el Consejo de Regencia o por haber sido designado por éste se los depuso, al considerarlos sin derecho a ejercer el gobierno en estos Reinos. Sin embargo, no toda América estuvo en esa posición. Hubo partidarios del Consejo de Regencia que permanecieron en sus cargos, como sucedió con el Virrey del Perú, don Fernando de Abascal, quien no se mantuvo en la jurisdicción peruana, sino que comenzó acciones armadas contra las regiones juntistas.” [LAAC]


    ¿Acaso las Juntas americanas tenían mayor legitimidad de origen que los funcionarios designados por el Consejo de Regencia (caso que por ejemplo no era el del virrey Cisneros, ni el de los funcionarios del ayuntamiento de Buenos Aires)? Es cierto que hubo casos de Juntas que se integraron a la manera tradicional (quizá el intento porteño del 24 de mayo de 1810, o la primitiva de Caracas), tal cual lo sucedido en España desde la invasión napoleónica, pero el caso es que, tarde o temprano, los miembros “legitimistas” de las Juntas fueron siendo reemplazados por los revolucionarios (como ocurrió el 25 en Buenos Aires).


    Otro problema que supone el párrafo citado es el de entender el territorio a la manera de la nación-estado moderna. Pues, según el autor, el Virrey del Perú habría agredido al Virreinato del Río de la Plata al intervenir en el Alto Perú o a la Capitanía General de Chile en la isla de Chiloé. Pero nada más alejado no sólo de la cronología de los hechos, sino también de la realidad jurídica de estos casos, donde Chiloé no dependía de Santiago sino de Lima, y el Alto Perú era un caso disputado entre Lima y Buenos Aires desde la creación del virreinato bonaerense.


    - Ruptura del “pacto social”


    Veamos, y es un ejemplo, la tesis americana aparecida en la “Gaceta de Buenos Aires” el 6 de diciembre de 1810: “La autoridad de los pueblos en la presente crisis se deriva de la asunción del poder supremo que por el cautiverio del Rey ha retrovertido al origen de que el monarca lo derivara, y el ejercicio de éste es susceptible de las nuevas formas que libremente quieren dársele. Disueltos los vínculos que ligaban los pueblos con el monarca cada provincia es dueña de si misma, por cuanto el pacto social no establecía relaciones entre ellas directamente sino entre el Rey y los pueblos”.” [LAAC]


    La grosera violación de las tradicionales leyes convirtió la Guerra Revolucionaria en Guerra Independentista, “pero no de la Corona española sino de la Nación Española”. Planteo éste que se consolidó a partir del año 1814 cuando, ya regresado Fernando VII de su “prisión” napoleónica, actuó con la doblez que le era característica ante los intentos americanos de volver a la “política de los dos hemisferios” y “al pacto explícito y solemne”.” [LAAC]


    Monárquico, hispánico, católico, militar y patricio; enemigo de Napoleón -que no de España-, fiel a nuestra condición de Reyno de un Imperio Cristiano, en pugna contra britanos y franchutes, filosóficamente escolástico, legítima e ingenuamente leal al Rey cautivo, y germen de una autonomía, que devino forzosamente en independencia, cuando la orfandad española fue total, como total el desquicio de la casa gobernante. Federico Ibarguren y Roberto Marfany, entre otros, se llevan las palmas del esclarecimiento y de la reivindicación de este otro Mayo.” [AC]


    Según esta “tesis”, el Consejo de Regencia primero y el rey Fernando VII después habrían violado el “pacto social” o las “leyes tradicionales”, y eso justificaría la independencia. ¿Sí? ¿Por qué?


    ¿Acaso la sistemática violación de la ley natural (ya no tan sólo de la ley positiva), durante dos siglos, por parte de los gobiernos de las repúblicas americanas justificaría su sucesiva fragmentación? ¿No existe un bien común político superior del cual la unidad de la patria es elemento constitutivo?


    ¿No hubiese sido, tal vez, mejor rechazar en aquello que fuera digno de rechazo y acatar en aquello que fuese digno de tal, pero sin quebrar la unidad de la patria que, a todas luces, no nos ha beneficiado? No estamos proponiendo hacer historia-ficción, sino que comparamos con lo sucedido en la misma Península, donde los voluntarios realistas primero y los carlistas después, lucharon por la tradición sin justificar con ello secesiones, expoliaciones, etc.


    French y Berutti repartiendo escarapelas, según la leyenda.
    Lo cierto es que ambos comandaban el grupo terrorista ("chisperos" o Legión Infernal) que controlaron los accesos a la Plaza de Mayo ya durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo y que el 25, ante una Plaza vacía, irrumpieron en la sesión del Cabildo para exigir a punta de pistola la designación de una Junta conformada sólo por americanos.
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  7. #87
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    Thumbs up Re: Hay “otro” bicentenario

    Excelente recopilación, Ordóñez

    No sé por qué algunos posts salen duplicados.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  8. #88
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Ejército Real del Perú - Wikipedia, la enciclopedia libre

    Ejército Real del Perú

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    Ejército Real del Perú

    Mapa de 1780 de la provincia de Quito, el Bajo y Alto Perú y la provincia de Tucumán, territorios donde operó el Ejército Real del Perú.
    Activa 1809-1826
    País España (Virreinato del Perú) 1809-1826
    Tamaño Bajo y Alto Perú:1 2
    En 1809: 5.000 hombres
    En 1818: 11.500 hombres
    En 1823: 23.000 hombres
    Comandantes
    Comandantes
    notables
    José Fernando de Abascal (1809-1816)
    Joaquín de la Pezuela (1816-1821)
    José de la Serna (1821-1824)
    Insignias
    Símbolo de
    identificación


    • Unidades del Ejército

    • Armada y Fortalezas
    Guerras y batallas


    Véase también: Ejército Realista en América.
    El Ejército Real del Perú, fue la agrupación militar organizada por las autoridades españolas del virreinato del Perú para hacer frente al generalizado proceso de insurrección independentista que a principios del siglo XIX convulsionó las colonias de ultramar.
    Denominación


    Coronela de infantería. Batallón Talavera


    En documentos españoles se le conocía como Ejército del Perú3 haciendo referencia al ejército de esa dependencia territorial (el nombre también era usado por su rival del Río de la Plata, llamado Ejército Auxiliar del Perú, luego conocido como Ejército del Norte). Generalmente los jefes realistas le llamaban Ejército Real del Perú o, abreviadamente, Ejército Real, sin embargo durante el trienio liberal se denominó Ejército Nacional. Es menor, aunque no inexistente, el uso del término Ejército Español, que era principal aunque no exclusivamente, utilizado por los independentistas para antagonizar a su enemigo.4 En las referencias independentistas también se encuentra el sobrenombre de Ejército Godo en relación al antiguo pueblo indoeuropeo que pobló la España peninsular.5
    El ejército realista durante el Trienio Liberal y la Restauración Absolutista


    Estandarte de Caballería. Regimiento de la Imperial Ciudad del Cuzco.


    Durante el Trienio Liberal, que desde 1820 ocasionó en España el abierto enfrentamiento entre Liberales y Absolutistas, el Ejército Real Español paso a denominarse oficialmente como Ejército Nacional, esto se debía a que las Cortes Generales buscaban transformar a las fuerzas armadas, en ese entonces bajo el control directo del monarca, en un ejército que no fuera utilizado para los exclusivos intereses y beneficios del rey sino que se encontrara al servicio de la nación española. Estas ideas se habían gestando ya durante la guerra de independencia frente a la invasión napoleónica pero habían sido desechadas con la restauración absolutista de 1814.6 Por aquel entonces en España se entendía como realista, al defensor del absolutismo mientras que en el teatro de guerra americano tenía una connotación diferente como explicaba el general García Camba:7
    Recordamos a nuestros lectores tengan siempre presente que el epíteto realista era en América sinónimo de español, y valía tanto como decir defensor y partidario de los intereses y derechos de la España.
    Los jefes españoles en el Perú, aunque de simpatías liberales en su mayoría, se definían a si mismos como realistas y trataban de no tomar un abierto partido en el conflicto que sacudía a la metrópoli, esperando pacientemente el envió de refuerzos. Tras tener noticias de las victorias obtenidas por el ejército real del Perú en 1823 el periódico español "El Restaurador" de marcada posición absolutista publicaba lo siguiente:8
    ¡Ejército Real del Perú y Ejército Nacional de la España Europea! ¡Que asombroso contraste! Aquel conserva inmarchitable su título de realista y a la sombra de sus banderas victoriosas se guarnecen miles de europeos desgraciados por su fidelidad y millones de americanos, cuya lealtad raya en el heroísmo y cuyos sacrificios no tienen precio(...) Y ¿El ejército nacional entre tanto? (...) Desde que el cobarde y traidor Quiroga (...) dijo que en su primera proclama en la isla, "la conquista de América es ya imposible" parece que se conjuraron todos los elementos constitucionales para imposibilitarla.
    En 1824, apoyado por 100.000 soldados franceses, el monarca Fernando VII logró recuperar sus antiguos poderes y a la vez abolir todas las leyes y disposiciones decretadas por las Cortes, sin embargo entre estas figuraba también el reconocimiento de La Serna como virrey del Perú lo que sería aprovechado por el general Olañeta para rebelarse contra su autoridad y minar el potencial realista para continuar la lucha.
    Composición y organización


    Uniformes de la infantería de línea — Alto Perú.


    Las tropas reales en el Perú se componían principalmente de peruanos, entiéndase por tales a los habitantes del virreinato del Perú,9 organizados en batallones y milicias según su lugar de procedencia o casta, siendo así que existían unidades de negros y mulatos, como el batallón de Pardos de Arica y de mestizos e indígenas organizados según sus pueblos de origen como el escuadrón de caballería miliciana Dragones de Tinta. Sin embargo la necesidad de cubrir las bajas y refundir en una sola distintas unidades hacían que la evolución de muchos de los cuerpos realistas de línea terminasen como una amalgama de castas, clara expresión de la realidad social peruana.
    Etnicamente la masa de las tropas reales la formaban la Casta (colonial) de indígenas mestizos10 los cuales eran reclutados con preferencia sobre los indígenas tributarios, los negros esclavos o los criollos, y en general del resto de tejido económico productivo del país. En el contexto socio-cultural de la época la masa mestiza se componía en su mayoría de quechuahablantes los cuales no dominaban el español, lo que ha llevado a algunos autores a afirmar que el ejército realista estaba compuesto casi en su totalidad por indígenas.11
    El ejército real estaba formado inicialmente por unidades veteranas (permanentes) y de milicias (movilizadas), los primeros eran soldados a tiempo completo, generalmente de dotación (Fortificaciones) como el Real de Lima, mientras que los segundos se levantaban en caso de necesidad militar. Las milicias podían ser de dos tipos: urbanas o provinciales. Las milicias urbanas, estaban limitadas mas bien a la defensa de una localidad concreta y tenían componentes más irregulares. Las milicias provinciales en cambio, eran capaces de desplazarse a distancia, y tuvieron un papel protagónico y un destacado desempeño, de tal manera que sentaron las bases para la consolidación de una fuerza regular propia (como los regimientos de Línea del Cuzco o de Arequipa) y que dieron lugar a una sucesión de victorias militares, como la obtenida por el brigadier José Manuel Goyeneche en la batalla de Guaqui o las de Mariano Osorio en las campañas de reconquista de Chile.
    En cuanto a la organización militar esta era:

    Uniforme para granaderos y cazadores aprobado por las Cortes en 1821, las disposiciones no siempre podían ser cumplidas a cabalidad en el Perú quedando muchas unidades con uniformes adoptados de acuerdo a las circunstancias.



    • Infantería: La infantería se dividía en batallones los que eventualmente podían agruparse con uno o dos adicionales para constituir un regimiento, cada batallón contaba con 6 u 8 compañías en las que a su vez formaban 100 soldados en promedio aunque esta cifra nominal solía variar. De las compañías que formaban un batallón al menos una debía ser de granaderos y otra de cazadores siendo las restantes de fusileros. Las características de estos soldados eran las siguientes:

    -Los Granaderos eran escogidos entre los hombres de mejor conducta y constitución física, generalmente los más altos y fornidos del batallón, constituían una fuerza de choque y recibían su nombre de las granadas de mano que originalmente usaban en los combates aunque su uso en la época era ya casi anecdótico. Su distintivo original eran las birretinas o gorros de piel de oso negro aunque lo costoso y escaso de este material hacía que fuera reemplazado también por pieles negras de perro, mono o cabra.
    En un punto del campo de batalla yacían más de 30 granaderos realistas, y por la posición que tenían sus cadáveres se conocía que habían hecho una valerosa resistencia, y perecido casi al mismo tiempo en la formación que tenían á la cabeza de una columna.

    Memorias del general Miller, La batalla de Ayacucho.12
    -Los Cazadores eran soldados de infantería ligera, ágiles y de menor talla, adiestrados en tácticas de orden disperso o "guerrilla", en batalla eran usados como escaramuzadores o avanzadas. Se les entrenada como tiradores de preferencia y en algunos casos solían portar fusiles más livianos y de mayor precisión. Su distintivo era el cuerno de caza que llevaban en el chakó o bordado en la casaca.
    -Los Fusileros constituían el núcleo de la infantería, la poca precisión de las fusiles de la época hacía que la infantería utilizara formaciones cerradas (codo a codo) disparando por salvas sobre la formación enemiga para maximizar el daño producido por sus descargas. En caso de ser atacados por la caballería formaban un cuadro, donde la primera fila esgrimía sus bayonetas y la segunda disparaba sobre los jinetes enemigos. Esta formación fue muy utilizada en el Alto Perú para repeler los repentinos ataques de los gauchos.

    • Caballería

    Originalmente la caballería realista era toda de milicias y estaba formada por dragones, estos soldados eran una especie de infantería montada, armada de fusil y sable, que combatía tanto a pie como a caballo. La caballería de línea armada de carabinas y sables aparecería por primera vez en 1813 en el Alto Perú. Las unidades expedicionarias fueron utilizadas de base la creación de cuerpos de húsares, granaderos a caballo y lanceros.

    • Artillería

    Esta arma se dividía en artillería de plaza y de campaña, la primera utilizaba piezas fijas y de mayor calibre, como las ubicadas en la fortaleza del Real Felipe en el Callao, la artillería de campaña se componía de piezas de montaña, obuses y morteros. Se trataba de armas más livianas y fáciles de transportar.
    Expediciones españolas a ultramar


    Oficial y fusilero del batallón Cantabria (1823-1824).13


    Las refuerzos europeos no fueron abundantes ya que España simultáneamente combatía contra la invasión napoleónica y luego quedó convulsionada por conflictos civiles entre absolutistas y constitucionales. A decir del historiador militar Robert L. Scheina a lo largo de toda la revolución hispanoamericana fueron 6.000 hombres los que partieron de puertos de España con destino al Perú,14 según el historiador español Julio Luqui-Lagleyze los expedicionarios embarcados contabilizaron un total de 6.511;15 sin embargo no todos ellos llegaron a su destino pues aparte de las bajas naturales durante la travesía, se debe tener en cuenta que: 1) la expedición del batallón Infante Don Carlos quedó totalmente diezmada por enfermedad en Portobelo, siendo sus restos refundidos con el Real de Lima; 2) que la expedición del segundo batallón del Burgos y el segundo escuadrón de Lanceros quedaron retenidos por el pacificador Pablo Morillo en Costa Firme, siendo sustituido el primero por el batallón americano Numancia; y 3) que, finalmente, la gran parte de la expedición del Regimiento Cantabria se sublevó o fue capturada en alta mar llegando tan solo algunos restos al Callao y al sur de Chile. En 1824, último año de sus campañas, el general Andrés García Camba dice que el componente europeo alcanzaba los 1.500 hombres para cubrir todos los frentes del virreinato ( diezmado en la mitad con los años, como también ocurrió de forma parecida con el ejército expedicionario de Costa Firme de Pablo Morillo), y de ellos dice que 500 hombres combatieron en la decisiva batalla de Ayacucho.
    Los refuerzos expedicionarios generalmente ostentaban el nombre de sus unidades europeas de origen, nombre que permanecía pese a que inmediatamente en campaña estas compañías eran duplicadas con americanos y luego reemplazados por ellos casi completamente (excepto en sus compañías de Granaderos -llamadas de Preferencia- donde se reunía a los europeos). Entre los más famosos estuvieron los batallones Talavera, Burgos, Cantabria y Gerona y los escuadrones de caballería Húsares de Fernando VII y Lanceros del Rey. La mayoría de refuerzos europeos llegaron al Perú vía Panamá y eran parte de la expedición que Pablo Morillo había dirigido contra los patriotas de Venezuela en 1815. El último intento por parte de la metrópoli de reforzar a los realistas peruanos se dio en mayo de 1818 vía Cabo de Hornos, la flota expedicionaria se componía de la fragata de guerra María Isabel y 11 transportes contando con 2.800 individuos formados por dos batallones del regimiento de Cantabria, un escuadrón de Dragones y una batería de artillería, esta tardía medida arribaba cuando ya los patriotas chilenos y argentinos dirigidos por el general José de San Martín habían obtenido una decisiva victoria en la batalla de Maipú sepultando definitivamente la esperanza de reconquistar la Capitanía general de Chile, siendo que el Archipiélago de Chiloé decididamente leal a la corona y punto estratégico en la travesía por el Pacífico sur, era un punto de resistencia aislado, aunque para empeorar las cosas la expedición despachada de Cádiz se encontraba en pésimas condiciones de preparación, salubridad y disciplina. Nada más partir un inutilizado transporte hubo de ser dejado en Tenerife, la tripulación de otro de ellos (el Trinidad) se amotinó en plena travesía y tras asesinar a sus oficiales se entregó en Buenos Aires poniendo en manos de los independientes los planes de derrota de la escuadra, de forma que, ya en aguas chilenas, continuando la travesía la solitaria María Isabel fue capturada por dos buques corsarios chilenos, que enarbolaron la bandera española para engañar y apresar uno a uno a cinco transportes en Talcahuano, únicamente cuatro que habían adelantándose al Callao lograron llegar a su destino con parte de la tropa.16 Según el general inglés Guillermo Miller los transportes españoles estaban sumamente sucios y grasientas las cubiertas, una cuarta parte de la expedición había fallecido por enfermedad en la travesía y al menos la mitad de los restantes se encontraban de baja por escorbuto siendo que al ser capturados algunos individuos agonizaban tendidos en los portalones de las naves. Miller concluiría señalando que el poco estado limpieza en que estaba la flota, era impropio áun del servicio de la marina española.17
    Lugar Año Número de embarcados Unidades y Descripción(entreparentesis los cambios de nombre de unidades)
    Expedicionarios enviados al alto y bajo Perú y a Chile 1813 - 181818 19 20

    año 1813
    • 374-1.000 plazas y 200 artilleros
    Unidad Descripción
    Batallón Talavera (renombrado Victoria en 1819) Jefe Rafael Maroto. José María Casariego forma en la unidad.
    Artilleria
    año 1814
    • en total 112-118 hombres
    Unidad Descripción
    Oficiales y cuadros
    año 1815
    • en total 1.470-1.479 hombres
    Unidad Descripción
    Batallón Gerona Jefe Alejandro González Villalobos, Mateo Ramírez forma en la unidad.
    Batallón segundo del regimiento Extremadura (renombrado Imperial Alejandro en 1818) Formaba parte de la expedición de Pablo Morillo a Costa Firme y este lo manda como auxilio al Perú al mando de Miguel Tacón y Rosique. Mariano Ricafort, José Carratala y Baldomero Espartero forman parte de la unidad.
    Dragones de la Unión Jefe Vicente Sardina, son 162 plazas del cuarto escuadrón de dicho regimiento del ejército expedicionario de Morillo.
    Husares de Fernando VII Jefe Joaquín Germán, son 162 plazas del cuarto escuadrón de dicho regimiento del ejército expedicionario de Morillo. En la unidad forma Andrés García Camba.
    Escuadrón Expedicionario del Perú Jefe Ignacio Landazuri, son 80 hombres llegados con el ejército expedicionario de Morillo, sirven de base para la creación del regimiento Dragones del Perú.
    año 1816
    • en total 723 hombres
    Unidad Descripción
    Batallón segundo del regimiento Infante Don Carlos Diezmados en la travesía por epidemia en la ruta de Portobelo sólo entre 250 y 300 hombres arriban al Callao. Se refunde con el Regimiento Real de Lima y renombra Real Infante Don Carlos. Jefe Juan Antonio Monet. José Ramón Rodil e Isidro Alaix forman parte de la unidad.
    Cazadores del Rey (piquete) Jefe Valentín Ferraz, son 50 hombres que forman la escolta del general José de la Serna, llegados con él al Perú. Sirven de base para la creación del regimiento Granaderos de la Guardia.
    año 1817
    • en total 2.241 hombres
    Unidad Descripción
    Batallón primero Burgos Jefe José María Baeza, llegan al Perú vía cabo de Hornos.
    Primer escuadrón Lanceros del Rey Jefe José Rodrigez, desaparecido en la batalla de Maipú, sus restos retornan al Perú.
    Batallón segundo Burgos Jefe José de Canterac llegados a América vía Panamá. Pablo Morillo lo retiene en Costa Firme para la lucha contra Bolivar, en su lugar envia al batallón Numancia. Canterac pasa al Perú a informar esto al virrey.
    Segundo escuadrón Lanceros del Rey Jefe Victor Sierra, parte de la expedición anterior, retenidos por Morillo para la lucha contra Bolivar.
    año 1818
    • en total 1.950 hombres
    Unidad Descripción
    Regimiento de Cantabria Diezmados en la travesía porque parte se subleva en alta mar y otros son capturados en Talcahuano, sólo 210 hombres del segundo batallón al mando de Rafael de Ceballos-Escalera arriban al Callao, otros 100 del primero desembarcan al sur de Chile al mando de Fausto del Hoyo y Juan Loriga. Ambos batallones se completan con americanos.
    Escuadrón Cazadores-Dragones Jefe Gaspar Fernández de Bobadilla, desembarca en Talcahuano 27 oficiales y 429 hombres, parte es enviado al Perú en 1820.
    Sublevación de Riego

    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  9. #89
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Sublevación de Riego


    El comandante Rafael del Riego conduciendo a las tropas expedicionarias sublevadas. España-1820


    Soldados, (…) yo no podía consentir, como jefe vuestro, que se os alejase de vuestra patria, en unos buques podridos, para llevaros a hacer una guerra injusta al Nuevo Mundo; ni que seos compeliese a abandonar vuestros padres y hermanos, dejándolos sumidos en la miseria y la opresión... Un rey absoluto, a su antojo y albedrío, les impone contribuciones y gabelas que no pueden soportar; los veja, los oprime y, por último, como colmo de desgracias, os arrebata a vosotros, sus caros hijos, para sacrificaros a su orgullo y ambición. Sí, a vosotros os arrebatan del paterno seno para que en lejanos y opuestos climas vayáis a sostener una guerra inútil, que podría fácilmente terminarse con sólo reintegrar sus derechos a la Nación española. La Constitución, sí, la constitución basta para apaciguar a nuestros hermanos de América.

    Manifiesto de Riego, 1820
    Un año después se preparaba en Cádiz un verdadero ejército de reconquista de 20.000 soldados, cifra impresionante para los estándares de las guerras hispanoamericanas pues como ejemplo ese mismo año el ejército realista peruano contabilizaba 7.000 hombres para cubrir todos sus frentes, mientras que el independentista al mando de San Martín tenía menos de 5.000. Esta nueva expedición española bajo el mando del conde de Calderón, tenía como objetivo reconquistar y someter definitivamente los territorios de ultramar.
    Debía conducir la expedición a América una flota compuesta por barcos de segunda mano adquiridos al zar de Rusia, que ya habían demostrado en las expediciones anteriores no contar con las condiciones de preparación y salubridad necesarias para tan largo viaje lo que unido al descontento de los soldados hicieron que el 1ro de Enero de 1820 estallara la sublevación liberal del comandante Rafael del Riego quien con las tropas a su mando inicia un movimiento popular contra el absolutismo del rey Fernando VII, aunque no logra obtener el apoyo que esperaba los diferentes pronunciamientos liberales que se suceden después en el resto de España, obligan al rey a jurar la constitución liberal de 1812, iniciándose así el Trienio Liberal (1820-1823) cuyas consecuencias y los posteriores intentos del monarca español por restaurar el absolutismo mantendrán a la metrópoli en convulsión interna por el resto de la guerra de independencia hispanoamericana, y en consecuencia, desde el embarque de la Expedición Libertadora del Perú quedaban los realistas del Perú solos en la contienda y bajo un manto de discordia civil entre ellos, lo que a la postre desencadenará en 1824 el abierto enfrentamiento entre liberales y absolutistas del virreinato con la Rebelión de Olañeta.
    Montoneras y guerrillas realistas

    Habiéndome representado varios pueblos la necesidad de mantener en ellos algún armamento, que asegure su tranquilidad, (...) para que los revolucionarios no puedan impunemente alterar su reposo, teniendo sobradas pruebas de que ellos son los motores de las desgracias que han experimentado, he tenido por oportuno determinar en nombre del excelentísimo señor virrey lo siguiente: 1° Apruebo que en los pueblos que me han representado se formen partidas de hombres armados con el nombre de montoneras disciplinadas(...)

    Bando del mariscal José de Canterac, Huancayo 18 de mayo de 1822.21

    Montonero peruano, acuarela de Pancho Fierro


    Aunque a lo largo de la guerra, las guarniciones del ejército real tuvieron que hacer frente a los constantes ataques de montoneras provenientes de los pueblos insurreccionados, también contaron con algunas unidades de irregulares, que formadas por civiles realistas hicieron frente a los ejércitos independientes bajo el mismo sistema de guerrillas empleado por su contraparte independentista. En 1822 el mariscal Canterac autorizó la formación de estas partidas y en 1823 el mismo virrey La Serna intervino activamente en su organización en diversas villas y poblados de la sierra central peruana.22 Este apoyo se manifestó hasta la misma campaña de Ayacucho, en la cual según narra el general Miller, las montoneras realistas, instruidas por el virrey, no solo inutilizaban los caminos y destruían los puentes por donde debía pasar el ejército libertador sino que hasta atacaban las columnas de bagajes, enfermos y rezagados causándoles pérdidas significativas a pesar de hallarse con escoltas armadas.23 El general Gerónimo Valdés, por su parte refiere en sus memorias que la situación era al contrario pues las poblaciones que Miller afirmaba eran adictas a los realistas "nos retiraban por todas partes los ganados, nos tomaban los convoyes y los rezagados; se quedaban con los pertrechos y los equipajes que no podían conducirse, y, en una palabra, nos hacían la guerra de cuantas maneras estaba a sus alcances".24 A pesar de lo dicho por Valdés, el también general español García Camba confirma lo dicho por Miller, en lo referente al apoyo que algunas partidas guerrilleras dieron a la causa del rey durante las marchas previas al encuentro de Ayacucho.25
    Esta situación aparentemente contradictoria demuestra que tanto realistas como independentistas contaron con el apoyo de montoneras locales, algo que en el caso de las realistas la historiografía tradicional peruana prefiere omitir. En opinión del historiador Virgilio Roel,26 los realistas supieron aprovechar al máximo las rencillas históricas existentes entre algunos poblados de mestizos e indios para ganarlos a su causa. Particularmente célebres durante la guerra en el Perú fueron los feroces montoneros iquichanos, quienes tenían hondas rivalidades con los morochucos huamanguinos y bajo el mando de su caudillo Antonio Huachaca, a quien el virrey La Serna incluso llegó a nombrar brigadier de los reales ejércitos, combatieron por la causa realista hasta mucho después de la batalla de Ayacucho. Estos autonombrados defensores de "su rey y la fe católica" llegaron incluso a levantarse contra los "anticristos republicanos" en 1839.27
    Antecedentes

    Véase también: Virreinato del Perú.

    José Fernando de Abascal, trigésimo quinto virrey del Perú, considerado el gran artífice y forjador del ejército real del Perú.


    En sus orígenes el virreinato peruano no tuvo un ejército profesional y permanente, limitándose los cuerpos militares a las escoltas del virrey y funcionarios importantes siendo así que existían cuerpos de alarbaderos, lanzas y arcabuces de función más protocolaria y honorífica que guerrera, solo en casos de inmediata necesidad se organizaban milicias civiles que actuaban localmente o eran enviadas a otras dependencias territoriales que las requerían. Estas improvisadas unidades se formaron por primera vez en 1580 cuando el virrey Toledo ordenó alistar a "todos los habitantes capaces del Perú" para defenderlo del corsario inglés Sir Francis Drake que merodeaba en las aguas del pacífico sur.
    Al no limitar las colonias inmediatas al virreinato peruano con las de otras potencias rivales de la corona española las funciones de estas milicias eran principalmente resguardar el imperio de ultramar de incursiones piratas, un sangriento episodio de este tipo se dio cuando en 1681 el puerto de Arica fue atacado por piratas ingleses liderados por John Watling y Bartolomé Sharp, el ataque fue rechazado por una milicia de ariqueños pereciendo en la refriega Watling y 29 de sus hombres. Hacia 1661 la capital del virreinato contaba para su defensa con 1.000 milicianos divididos en cinco escuadrones de infantería y 8 de caballería.
    Con cierta regularidad contingentes de hombres junto con armas, equipos y dinero eran despachados desde el Callao a otras dependencias territoriales siendo un caso común los refuerzos destinados a la capitanía general de Chile para sostener la llamada Guerra de Arauco, solo en 1662 fueron enviados por el virrey Diego Benavides y de la Cueva 950 soldados y 300.000 pesos,28 o a Panamá para hacer frente a las incursiones de corsarios ingleses.29
    El ejército que la dinastía de los Habsburgo mantenía en el Perú y las colonias adyacentes distaba mucho de ser una fuerza profesional y disciplinada siendo la corrupción en los subsidios militares y las influencias y favoritismos tan solo algunos de sus muchos problemas; sin embargo es a mediados del siglo XVIII, con la llegada de la dinastía Borbón al trono de España, cuando se inician una serie de reformas en las colonias americanas estableciéndose las bases para la conformación de un ejército permanente, con la creación de cuerpos regulares y milicias disciplinadas a las que se impuso la ordenanza militar española como el uso de emblemas, equipos y un uniforme distintivo.

    Acuarelas de Pancho Fierro, ilustran a un penitenciado por la inquisición escoltado por un grupo de soldados y a un coronel de milicias paseando por Lima durante los últimos años del virreinato.


    Entre las reformas que los Borbones implementaron se encontraba la designación de los virreyes del Perú entre los mejores y más experimentados oficiales militares a diferencia de la nobleza titulada que había imperado con los Habsburgo. En 1776, año en que las colonias británicas en América declararon su independencia de la metrópoli, el llamado ejército del Perú se componía de 3.404 regulares (1.894 en Chile) y 7.448 milicias, asimismo el número de peruanos en los regimientos fijos había ido incrementándose significativamente siendo que ese mismo año el regimiento del Callao constaba de 484 plazas de las cuales tan solo 137 eran españoles siendo los restantes 31 extranjeros y 320 peruanos. Aunque los españoles y criollos constituían la alta oficialidad los mestizos dominaban la suboficialidad; las milicias indígenas que tanto habían prosperado bajo la tutela de los Borbones se vieron grandemente afectadas por la revolución de Túpac Amaru II lo que provocó que fueran reducidas considerablemente y que en 1783, fueran enviados al Perú 2.561 veteranos españoles para guarnecer y mantener el orden en las importantes ciudades de Lima, Cuzco y Arequipa.30 Pese a estos hechos durante la posterior guerra de independencia el grueso del ejército realista estaría constituido por indígenas y mestizos, aunque su liderazgo se vería seriamente disminuido tras la rebelión del brigadier Mateo Pumacahua, contando también los realistas con la sincera adhesión de las principales ciudades de la sierra sur peruana que concentraban a las masas populares.
    A principios del XIX, aprovechando la invasión napoleónica a España, los líderes criollos independentistas inician los primeros movimientos libertarios en diversas partes del continente americano lo que obligó a los virreyes del Perú a acelerar la formación de un ejército capaz de mantener y garantizar los derechos del Rey en América.
    Campañas del Ejército Real (1810-1824): catorce años de triunfos

    ¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.
    ¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles.

    Arenga de Simón Bolívar a sus tropas, agosto de 1824
    Campañas de 1810 - 1816

    En Quito

    Véase también: Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito.
    En 1809 los patriotas quiteños conformaron la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito, declarando su independencia de España. A solicitud del depuesto gobernador realista Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla el virrey Abascal envió a Quito al coronel Manuel Arredondo con 180 artilleros y parte del batallón Real de Lima y algunos oficiales y soldados de cuerpos de Pardos para formar nuevos cuerpos realistas con los que fueran incorporados en Guayaquil.31 Los patriotas quiteños encontraron la oposición y el rechazo de Cuenca, Guayaquil y Pasto y la rebelión fue fácilmente sometida siendo la mayoría de los principales líderes capturados.
    El Ejército de operaciones del Alto Perú

    Artículo principal: Ejército del Norte (Provincias Unidas del Río de la Plata).

    José Manuel de Goyeneche, vencedor de la batalla de Guaqui.


    Para enfrentar a Buenos Aires el virreinato del Perú de Abascal auxilió a los realistas de las provincias de Córdoba y Charcas sobre las cuales trataban los patriotas argentinos de extender la independencia. El Alto Perú fue separado provisionalmente por Abascal del virreinato del Río de la Plata y anexionado al virreinato peruano como lo fue hasta 1776.
    Teniendo como base los cuerpos milicianos de la Intendencia del Cuzco a los que posteriormente se sumaron los creados en el Alto Perú, el 13 de julio de 1810 el virrey Abascal organizó el llamado Ejército de operaciones del Alto Perú que tuvo entonces como principal oponente al Ejército del Norte que con el apoyo de montoneras y guerrillas de Charcas trató infructuosamente de socabar la dominación española en el Alto Perú que ocupó y desocupó continuamente, de forma que el virreinato logro contener y derrotar su avance en tres importantes campañas ofensivas, aunque tampoco pudo avanzar más allá del territorio en disputa ni peligrar la independencia de Buenos Aires, lo que a la postre produciría la independencia de Chile y daría lugar a la expedición libertadora al Perú, permitiendo a Bolívar y la corriente libertadora del Norte concluir con la dominación española y dar fin al último baluarte realista en América del Sur.
    El Ejército de operaciones del reino de Chile

    Artículo principal: Patria Vieja (Chile).

    Mariano Osorio, expedicionó del Perú en dos ocasiones en apoyo de los realistas chilenos.


    Si bien los virreyes concentraron sus esfuerzos en el frente altoperuano no descuidaron la Capitanía General de Chile, donde los patriotas chilenos habían declarado su independencia el 18 de septiembre de 1810, esto motivo a que el virrey enviara a Chile al brigadier Antonio Pareja con la misión de llevar los cuadros constitutivos formados por 70 oficiales y soldados veteranos del virreinato peruano y recursos militares como armas y equipos para organizar un ejército en las provincias chilenas leales a España con el cual sofocar la rebelión, Pareja empezó su campaña exitósamente obteniendo varios triunfos sobre los patriotas pero falleció por enfermedad en 1813. Para continuar la inmovilizada campaña de reconquista el virrey envió a Gabino Gainza recientemente nombrado capitán general del reino de Chile quien con 200 soldados escogidos del regimiento Real de Lima, del que era jefe, se embarcó para el sur llevando también los pertrechos necesarios, Gainza logró apoderarse de Talcahuano y Concepción pero en lugar de sofocar completamente la rebelión y ante el debilitamiento de su ejército por la larga campaña firmó el Tratado de Lircay en el cual logró que los revolucionarios aceptaran la soberanía de Fernando VII rey de España pero comprometiéndose a abandonar la provincia de Concepción, esto indigno al virrey que lo destituyó y nombró en su lugar a Mariano Osorio quien dirigió una nueva expedición a Chile llevando consigo al batallón Talavera recientemente llegado de la península, parte del Real de Lima y 6 piezas de artillería con sus servidores. Una vez en Chile Osorio organizó un nuevo ejército con el que obtuvo una decisiva victoria en Rancagua lo que provocó la caída del gobierno independentista y la huida a las provincias argentinas de los principales caudillos y los restos del ejército patriota.
    Campañas de 1817 - 1821

    La corriente libertadora del Sur

    Artículo principal: Ejército Real de Chile.
    Véase también: Ejército de los Andes.
    Véase también: Expedición Libertadora del Perú.
    En 1816, tras diez años de gobierno y exitosas campañas militares el virrey Abascal regresó a España, le sucedió Joaquín de la Pezuela militar que se había distinguido en la guerra del Alto Perú, sin embargo su gobierno no empezó con los mejores auspicios pues en febrero de 1817 el general José de San Martín cruzó la cordillera hacia Chile a la cabeza de un numeroso Ejército de los Andes, reunido en Mendoza y formado por soldados argentinos y algunos restos del derrotado ejército chileno al mando de O'hhigins, tomando por sorpresa y disperso al Ejército Real de Chile venciéndolo en la Batalla de Chacabuco tras lo cual ocupó la capital.
    Fue tal la sensación que esta desgracia produjo entre las esparcidas tropas reales, que al día siguiente se abandonó la capital sin más pensamiento que el de acudir a Valparaíso, cada uno como podía, para embarcarse para Lima, aumentando el desorden y el espanto las familias que se precipitaban a ganar un buque porque se creían comprometidas. Consiguientemente el general Marcó del Pont, muchos jefes y oficiales, las principales autoridades y la mayor parte de la tropa cayeron en poder de los vencedores, quienes sin más resistencia invadieron todo el país hasta las confines de la fiel provincia de Concepción de Penco.

    Gnrl. Andrés García Camba32
    Estas noticias causaron conmoción en Lima, por lo que el virrey dispuso el envió de una tercera expedición nuevamente al mando del brigadier Osorio, compuesta de compuesta por 3.276 hombres y 10 piezas de artillería33 con ella iban algunos soldados españoles recientemente llegados al Perú formados por el batallón Burgos y el escuadrón de Lanceros del Rey, este pequeño número de tropas europeas sería el último que se recibiría como refuerzo de la metrópoli. Una vez en Chile y reforzado con el ejército real de esa capitanía Osorio al mando de 4.612 hombres con 14 cañones obtuvo un sorpresivo triunfo en Cancha Rayada sobre los patriotas que contaban con casi el doble de hombres y cañones (8.011 soldados y 33 cañones) sin embargo y pese a sufrir considerables bajas (2.420 hombres entre muertos, heridos y dispersos) San Martín logró reagrupar sus tropas y obtener un decisivo triunfo en Maipú que consolidó la independencia de Chile. Esta derrota desprestigio hondamente al virrey Pezuela y al brigadier Osorio.
    Para afianzar su independencia el nuevo gobierno de Chile organizó una expedición libertadora al Perú que dueña del mar desembarcó, al mando de San Martín, al sur de Lima en 1820. Los jefes realistas sumamente descontentos por el rumbo que había tomado la guerra depusieron a Pezuela en enero de 1821, nombrando al teniente general José de la Serna nuevo virrey del Perú, quien optando por una nueva estrategia se retiró al Cusco, ciudad a la que designó capital del virreinato.
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  10. #90
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    *Donoso, no sé por qué pero siempre me sale por partida doble. Disculpa mi torpeza, ¿cómo se puede solucionar esto?

    La corriente libertadora del Norte

    Artículo principal: Campañas del Sur.
    Véase también: Entrevista de Guayaquil.
    Tras independizar las actuales Venezuela, Colombia y Ecuador, Simón Bolívar se entrevistó con San Martín acordando colaborar con la independencia peruana en retribución al apoyo de tropas independentistas peruanas en la Batalla de Pichincha. Esta ayuda se materializó en 1823, cuando dos divisiones colombianas de 3.000 hombres cada una se sumaron al ejército unido libertador.
    Comienza la guerra en el Perú

    Campaña de 1821 - 1823


    Condecoraciones españolas otorgadas por las campañas de Ica, Torata, Moquegua, Campañas del Sud y Arequipa.


    Tras proclamar la independencia del Perú el 28 de julio de 1821, los independentistas peruanos, argentinos y chilenos comenzaron en Cerro de Pasco una prometedora campaña para derrotar al Ejército Real del Perú mandado por el virrey La Serna. Pero los realistas, bajo una sólida subordinación militar, destruyeron sucesivos ejércitos independientes. El primero en las campañas de Ica, comandado por los patriotas Domingo Tristán y Agustín Gamarra, un año después en las campañas de Torata y Moquegua aniquilaron la Expedición Libertadora dirigida por Rudecindo Alvarado, retirado José de San Martín tras la Entrevista de Guayaquil. El inesperado año 1823 terminaba con la destrucción de otro ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra, en otra campaña abierta sobre Puno, que comenzó con la batalla de Zepita, que ocupó la ciudad de La Paz el 8 de agosto, consiguiendo llegar a Oruro en el Alto Perú. El virrey La Serna terminó la campaña de Zepita desbandando las tropas aisladas de Santa Cruz y recuperando Arequipa tras batir a Antonio José de Sucre, quien reembarcó a los colombianos el 10 de octubre de 1823, salvándose con sus tropas pero perdiendo la mejor parte de su caballería. El 16 del mismo mes el general Olañeta destruyó la montonera del comandante José Miguel Lanza principal caudillo independentista del Alto Perú. Al concluir el año de 1823 las tropas reales se encontraban nuevamente en situación victoriosa.
    "..El virrey la Serna por su parte, sin comunicaciones directas con la Península, con las más melancólicas noticias del estado de la metrópoli... y reducido por lo tanto a sus propios y exclusivos recursos pero confiando notablemente en la decisión, en la unión, en la lealtad y en la fortuna de sus subordinados, aceleraba también la reorganización de sus tropas y se aprestaba a la lucha que miraba próxima con el coloso de Costa-firme. Un triunfo más para las armas españolas en aquella situación, haría ondear de nuevo el pabellón castellano con inmarcesible gloria hasta el mismo Ecuador; pero otra suerte muy distinta estaba ya irrevocablemente escrita en los libros del destino. .."

    Gnrl. Andrés García Camba.34
    1824, la Rebelión de Olañeta

    Artículo principal: Rebelión de Olañeta.
    ¡Viva la religión, el rey y la nación.! Peruanos: el infame Olañeta infatuado con las condecoraciones que obtuvo, y a las que nunca pudo considerarse digno, acaba de cometer la traición más horrible: el no obedece a la suprema autoridad del Perú, no pertenece ya ni quiere pertenecer a la heróica nación española, quiere unirse con los insurgentes de las provincias del Rio de la Plata y sumergir estos pueblos en el caos de males en que aquellos se miran.

    Paradójicamente el golpe mortal a la causa realista en el Perú provino de los mismos realistas, al comenzar el año 1824, los 5.000 soldados que componían el ejército del Alto Perú fueron sublevados por el caudillo absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra el virrey del Perú, tras saberse que en España había caído el gobierno Constitucional. Olañeta ordenó el ataque de los realistas altoperuanos contra los constitucionales del virreinato peruano dando una magnífica oportunidad a Bolívar para iniciar una campaña definitiva contra las aisladas tropas del general Canterac, recibiendo la orgullosa caballería del ejército real una primera gran derrota en la batalla de Junín lo que seguido a la orden de retirada a vista del enemigo desmoralizó a los veteranos del ejército del Norte.
    Las desalentadoras noticias de Junín no tardaron en llegar al Alto Perú junto con las terminantes órdenes de virrey a Valdés para que abandonara la campaña y volviera precipitadamente al Bajo Perú para hacer frente a Bolívar. El ejército que había cruzado el desaguadero se encontraba ahora reducido a esqueleto.
    ...el estado de nuestro ejército era verdaderamente desconsolador. El del Norte había perdido mucho de su fuerza y entusiasmo, el del Sud cansado con marchas y contramarchas penosas, pasadas de ochocientas leguas las que acababa de andar sin descanso, y desmembrado de muchos buenos jefes, oficiales y soldados en los diferentes sangrientos encuentros que había sostenido, pérdida sensible que no pudo reemplazarse sino con prisioneros de Olañeta y con reclutas tomados al paso e instruidos sobre la marcha, el ejército del Sud no era nada en aquella época. El brillante regimiento de Gerona, que tanta gloria supo dar al nombre español, no merecía ya otro que el de una guerrilla uniformada.

    Publicación de la Sociedad Ex-Milicianos de Madrid35
    Campaña de Ayacucho

    Artículo principal: Batalla de Ayacucho.
    Pese a que las tropas del virrey lograron derrotar a Olañeta en el Alto Perú esta campaña fraticida significó la desaparición de 10.000 veteranos soldados realistas de ambos bandos y el desmontaje del aparato defensivo realista, el virrey trató desesperadamente de organizar un nuevo ejército recurriendo a la recluta masiva de campesinos en la sierra pero estas tropas carentes de instrucción y disciplina no eran comparables a las que tantos triunfos habían obtenido en las campañas anteriores y que ahora se encontraban casi todas en el sepulcro o el hospital. Aun así el virrey obtuvo un sonado y último triunfo en Corpahuaico que de haber sido aprovechado podría haber resuelto la campaña en su favor, pero sus tropas recibieron una aplastante derrota en Ayacucho, tras la cual su bisoño ejército se dispersó por completo. Incapaz de continuar la lucha el Ejército Real del Perú capituló tras la batalla.
    Organización en la batalla en Ayacucho

    Ejército Real del Perú (1824)36 Comandante en Jefe


    Jefe de estado mayor


    División Valdés

    • Batallón Cantabria; jefe: Antonio Tur, plazas: 580 (formado en 1819 sobre la base de los 210 hombres del regimiento de Cantabria, parte de la expedición española de 1818, que fueron los únicos que lograron llegar al Callao al mando del coronel de ese cuerpo Rafael de Ceballos-Escalera, este batallón se distinguió en las campañas de Moquegua, Arequipa y Corpahuaico)
    • Batallón del Centro; jefe: Felipe Rivero, plazas: 464 (antiguo batallón de Azángaro(provincia de Puno), cuerpo veterano de la campaña de Pezuela en el Alto Perú, distinguido particularmente en la batallas de Torata y Moquegua bajo el mando de Espartero)
    • Batallón Voluntarios de Castro; jefe: José Hugue, plazas: 495 (también conocido como "chilotes", constituido por fidelísimos naturales de Chiloe, incorporados al ejército real del Perú en 1815 tras la derrota de la patria vieja chilena, veteranos de la campaña del Alto Perú)
    • Batallón 1ro del Imperial Alejandro; jefe: Pedro Becerra, plazas: 398 (antiguo Regimiento expedicionario de Extremadura, llegado al Perú en 1815, veterano de la campaña del Alto Perú, en 1817 por órdenes directas del Rey Fernando VII fue renombrado Imperial Alejandro, nombre de un regimiento español que combatió por el Zar de Rusia durante las guerras napoleónicas)
    División Monet
    • Batallón 2do del Primer Regimiento del Cusco; jefe: Francisco Villabase, plazas: 414 (formado en dicha ciudad, veterano del Alto Perú, diezmado en la campaña contra Olañeta)
    • Batallón Burgos; jefe: Juan A. Pardo, plazas: 540 (Primer batallón de dicho regimiento expedicionario, llegó al Perú en 1817, hizo la campaña de Chile distinguiéndose en la batalla de Maipú donde fue seriamente diezmado)
    • Batallón Guías del General; jefe: Joaquín Bolívar, plazas: 240 (batallón formado durante la campaña del Bajo Perú, se distinguió en el combate de Huanca en 1823)
    • Batallón Victoria; jefe: Manuel Sánchez, plazas: 392 (formado con los restos del batallón expedicionario Talavera, que hizo la campaña de Chile en 1814 y fue renombrado Victoria en 1818,37 diezmado en la batalla de Pasco)
    • Batallón Infante don Carlos; jefe: Mariano Cucalón, plazas: 444 (uno de los batallones del regimiento formado en 1816 sobre la base del antiguo cuerpo veterano Real de Lima que hizo las campañas del Alto Perú y Chile en 1814, tras agregársele 100 soldados peninsulares fue renombrado antes de partir para la campaña chilena de 1818, el otro batallón resistiría en el Sitio del Callao al mando de Rodil hasta 1826)
    División González Villalobos
    • Batallones 1ro y 2do del Gerona; jefe: Domingo Echezarraga, plazas: 900 (formado sobre el batallón expedicionario de Voluntarios de Gerona llegado al Perú en 1816, veterano de las campañas del Alto Perú y Bajo Perú, distinguido en Torata y Moquegua, en 1824 se le añade un segundo batallón para la campaña contra Olañeta, donde el regimiento es completamente diezmado)
    • Batallón 1ro del Primer Regimiento del Cuzco; jefe: Joaquín Rubín de Celis, plazas: 415 (diezmado en la campaña contra Olañeta)
    • Batallón 2do del Imperial Alejandro; jefe: Juan Moraña, plazas: 398 (diezmado en la campaña contra Olañeta)
    • Batallón Fernando VII; jefe: José Carratala , plazas: 196 (una compañía suelta del antiguo Regimiento Fernando VII veterano del Alto Perú)
    División Ferraz (caballería)
    • Granaderos de la Guardia, jefe: Valentín Ferraz, plazas: 380(cuerpo creado en 1816 por el brigadier Valentín Ferraz sobre la base de un escuadrón de la escolta del virrey Pezuela, considerado el mejor cuerpo de la caballería realista, se distinguió en las campañas del Alto Perú y luego en las de Torata y Moquegua, hizo la campaña contra Olañeta donde fue diezmado en la batalla de la Lava)
    • Húsares de Fernando VII, jefe: Francisco Puyol, plazas: 124 (formados sobre los restos del 4to escuadrón expedicionario que arribó al Perú en 1815, veterano de las campañas del Alto Perú e Ica)
    • Dragones de la Unión, jefe: Ramón Gómez de Bedoya, plazas: 218 (formado sobre los restos del 4to escuadrón expedicionario que arribó al Perú en 1815, veterano de las campañas del Alto Perú, Ica y Moquegua)
    • Dragones del Perú, jefe: Dionisio Marcilla, plazas: 146 (formado en 1817, disntinguido en la campaña de Ica)
    • Dragones de San Carlos; jefe: Jerónimo Villagra, plazas: 86 (parte del regimiento dragones de San Carlos cuerpo de la división del Alto Perú, veterano del Alto Perú)
    • Alarbaderos del Virrey; jefe: ¿?, plazas: 46 (cuerpo honorífico de los virreyes del Perú, remanente de la tradicional Compañía de Gentileshombres, Lanzas y Arcabuces que constituían la escolta del virrey)
    El Sitio del Callao, 1824-1826

    Artículo principal: Sitio del Callao.
    El brigadier José Ramón Rodil, comandante militar de las fortalezas del Callao, se negó a acogerse a la capitulación de Ayacucho confiando en que aun podría recibir refuerzos de España y asediado en los Castillos del puerto resistió un sitio de casi dos años, contaba para su defensa con los veteranos regimientos Real de Lima y Arequipa junto a los soldados independentistas desertores que se le habían unido. Habianse refugiado también en el Callao millares de civiles realistas que perecieron en gran número por hambre y enfermedad, finalmente en 1826 cuando casi todos sus soldados habían muerto y los sobrevivientes se alimentaban de ratas Rodil aceptó capitular ante el comandante del asedio el general Bartolomé Salom obteniendo condiciones honrosas y llevando consigo las banderas de sus regimientos que fueron las últimas en abandonar el Perú. Con la entrega del Callao, desapareció el último ejército español de América del Sur.
    Fuerzas navales


    Reproducción de las Banderas elegidas por Carlos III en 1785 para las Marinas de Guerra y Mercante.


    En los primeros años del conflicto los elementos navales de la Armada Española bajo la autoridad de los virreyes del Perú se limitaron al trasnporte de expediciones militares y pertrechos a distintos puntos del virreinato, hasta la aparición en el Pacífico de la flota corsaria del almirante Guillermo Brown, al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, no había existido la necesidad de contar con unidades de guerra operativas para hacer frente a los insurgentes ya que estos carecían completamente de medios navales competentes.
    Fue virrey Pezuela fue quien llevo a cabo la reorganización de la Marina y el apostadero del Callao, en 1816 llegó de España el primer refurzo marítimo de consideración constituido por la fragata Venganza y en los años siguientes las fragatas Esmeralda y Prueba. Con sus propios recursos económicos y logisticos el virrey logró además poner en pie una escuadrilla de buques menores como bergantines, corbetas y mercantes armados que cumplieron satisfactoriamente sus comisiones militares de aprovisionamiento y captura de mercantes al servicio de los patriotas. En 1821 llegó al Callao la fragata Resolución, la que unida con otras naves de menor calado aumentó considerablemente el poder de la armada. Sin embargo en conjunto la actuación de la escuadra realista disto mucho de ser eficiente, no solo no logró impedir el desembarco de la expedición libertadora del general San Martín, conducida por marinos ingleses al servicio de Chile, sino que incluso en más de una ocasión sus unidades llegadas de la metropoli y mandadas por marinos españoles, se entregaron al enemigo. En 1818, parte de una escuadra que conducía refuerzos al Perú, escoltada por la fragata María Isabel, se sublevo en alta mar y se entrego en Buenos Aires, el resto fue capturada en Talcahuano y solo unos pocos soldados lograron ser desembarcados en Perú y Chile. En 1820 la Esmeralda fue capturada en su apostadero en una incursión sorpresa de Lord Cochrane, en 1822 las fragatas Prueba y Venganza y la corbeta Alejandra, mandadas por el capitán de navio José Villegas se entregaron al gobierno peruano. En 1824 el navio Asia, al mando del capitán de navio Roque Guruceta, armado con 68 cañones y recientemente llegado de España, abandonó a la sitiada guarnición del Callao mandada por Rodil y se dirigió a Filipinas, sublevado en el trayecto acabó por entregarse a las autoridades mexicanas. Similar fue el destino del bergantín Aquiles que llegado también de Cadiz en 1824 terminó en poder del gobierno chileno.
    Refiere el capitán francés Gabriel-Pierre Lafond, presente en costas peruanas durante los últimos años de la guerra, que si bien el ejército realista y sus jefes desplegaron en aquella guerra una energía y un valor a toda prueba, los marinos españoles solo demostraron ignorancia y cobardía, pues si estos no hubieran huido (se refiere a la escuadra de Guruceta) hubieran podido destruir a los buques peruanos del almirante Martín Guisse que bloqueaban los castillos del Callao y "su valiente guarnición no hubiera tenido que soportar los horrores de los que fue víctima".38
    Epílogo

    Las primeras noticias del llamado desastre de Ayacucho llegaron a España como rumores procedentes de Gran Bretaña desde donde el ministro español Camilo Gutierrez de los Rios había escrito a su gobierno que el ministro de Asuntos Exteriores de ese país, George Canning, le había comunicado la noticia "nada menos que de un triunfo completo del rebelde Bolivar sobre el ejército realista del Perú". La confirmación de este rumor llegó a España en mayo de 1825 con el coronel José María Casariego quien procedente del Perú portaba los pliegos mandados por el virrey La Serna. El 17 de mayo la Gaceta de Madrid, publicaba que no había una confirmación oficial de los hechos y que las fuerzas realistas se estaban recuperando. Sin embargo con la llegada de los primeros oficiales capitulados en Ayacucho estas esperanzas se desvanecieron. Ante lo inesperado de la derrota de un ejército cuyas noticias recibidas el año anterior reportaban solo victorias algunos medios de prensa publicaron entonces que la batalla había sido perdida por traición acusando a los jefes realistas de masónicos y liberales. En adelante todos ellos serían conocidos despectivamente como "ayacuchos" y aunque la corona les confio cargos altos y de confianza, este mote perduraría en el tiempo.39 40
    "..Sin la negra discordia que dividió muy pronto a los esforzados defensores del Perú , es muy probable que las armas españolas continuaran triunfando de toda la formidable coalición que los poderes independientes de Buenos Aires, Chile, Colombia y el Perú, formaron para vencerlas, porque toda esta formidable reunión de fuerzas aguerridas y engreidas con los triunfos de Chacabuco y el Maipú, Carabobo, Pasto y Pichincha, fue necesaria para superar la obstinada confianza de los realistas peruanos. Recomendamos a nuestros lectores, tener siempre presente que el epíteto realista era en América sinónimo de español, y valía tanto como decir defensor y partidario de los intereses y derechos de la España .."

    Gnrl. Andrés García Camba.41
    Refiere el general Guillermo Miller en sus memorias que tras la capitulación de Ayacucho algunos soldados realistas se incorporaron al ejército patriota pero que la gran mayoría se dispersaron y regresaron a sus hogares,42 respecto a los oficiales peruanos hubo varios que entraron a servir en el ejército republicano aunque muchas veces sufriendo el desprecio de quienes pese a haber servido también en el ejército real habiánse unido a los independentistas antes de Ayacucho, estos oficiales conocidos como "capitulados" sufrían la misma estigma que los "ayacuchos" en España.
    "...Valle-Riestra era además un jefe que había servido a los españoles hasta Ayacucho. De estos había muchos en el ejército, y esta circunstancia tenía los ánimos encontrados entre capitulados y los que habían servido al país..."

    Historiador Manuel Bilbao, haciendo referencia al coronel Francisco Valle-Riestra fusilado por Salaverry en la guerra civil de 1835.43
    Altos oficiales españoles como Andrés García Camba y Jerónimo Valdés dedicaron la redacción de sus Memorias sobre la guerra de independencia peruana a defenderse del epíteto de ineptos, cobardes e incluso traidores que recibían de parte de la sociedad española y en especial de sus enemigos políticos, a esta labor se sumaron historiadores como Mariano Torrente, todos ellos resaltaron la desesperada lucha que sostuvieron en el Perú por los derechos del Rey y su patria, manteniendo una guerra desigual y venciendo muchas veces a ejércitos multinacionales que les doblaban en número y elementos señalando que mientras los independentistas peruanos podían recibir refuerzos de Colombia, Chile y Argentina por un océano dominado por sus flotas, ellos se encontraban aislados de la metrópoli; haciendo además especial mención a la traición de Olañeta como verdadera causa de la ruina del ejército real.
    Los altos jefes realistas, la mayoría de ellos peninsulares, obtuvieron en las condiciones de capitulación de Ayacucho y el Callao que el gobierno republicano les costeara los pasajes a España comprendiendo también a los individuos de tropa expedicionaria que habían sobrevivido a los 16 años de campaña. No obstante algunos de estos oficiales entraron a servir a la república obteniendo la nacionalidad peruana por sus posteriores servicios aunque hubo varios que volvieron a caer en desgracia por apoyar al caudillo perdedor en una de las tantas guerras civiles peruanas que se sucedieron hasta mediados del siglo XIX.44
    Fin de la Guerra

    Tras la restauración del gobierno absolutista de Fernando VII en España mediante la intervención militar francesa al mando de Luis Antonio de Francia, los gobiernos de Inglaterra y Francia dejan reflejado en el mismo año 1823, en el Memorandum Polignac, su acuerdo de no intervenir en América en ayuda del rey español. En el año 1830 Fernando VII de Borbón pierde toda posibilidad de ayuda por parte de absolutismo francés con la caída del gobierno borbónico en Francia y el ascenso al trono francés del constitucional Luis Felipe. Finalmente todos los planes españoles de reconquista de América cesan con el fallecimiento del monarca Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, momento en que se pone punto final en España a toda operación militar contra la independencia de los estados hispanoamericanos.45
    Oficiales destacados

    • Gerónimo Valdés, natural de Villarín de Asturias, arribó a América en 1816, se distinguió en la batalla de Torata, por sus méritos fue nombrado vizconde de Torata. Según Miller su fuerte carácter hacia que fuera "temido por sus oficiales pero idolatrado por sus soldados" quienes solían decir que en "en campaña el tío siempre está en casa" haciendo referencia al hábito que tenía de compartir las penurias de sus hombres en campaña, no teniendo en su mesa más que sus simples raciones de soldado y durmiendo al aire libre envuelto en un poncho o dos a la cabeza de sus tropas donde quiera se encontrasen en marcha.46
    • José de Canterac, natural de Castel Jaloux (Francia), llegó al Perú en 1818, hizo la campaña al Alto Perú, fue nombrado jefe de estado mayor por el virrey la Serna, derrotó a los independentistas en las importantes batallas de Macacona y Moquegua en 1822 y 1823 respectivamente pero fue derrotado en Junín (1824), tras la batalla de Ayacucho firmó la capitulación al estar el virrey herido.
    • Joaquín de la Pezuela, natural de Huesca, arribó al Perú en 1805, se distinguió en las campañas del Alto Perú en especial en la batalla de Viluma, fue nombrado Marqués de Viluma y posteriormente virrey del Perú, desprestigiado por el fracaso de la campaña en Chile y debilitado por el desembarco de la expedición libertadora fue depuesto por sus subordinados.
    • José de la Serna, natural de Jerez de la Frontera, de larga experiencia en las guerras europeas paso en 1815 al Perú, combatió con distinción en el Alto Perú ascendiendo a teniente general, tras el Pronunciamiento de Aznapuquio reemplazó a Pezuela como virrey del Perú.
    • Manuel Olaguer Feliú, natural de Ceuta, arribó al Perú en 1817 tras la batalla de Chacabuco. Mariscal de Campo, Subinspector y Director del Real Cuerpo de Ingenieros del Virreinato, integró la Junta de Guerra presidida por el Virrey Pezuela, luego fue nombrado por el Virrey de La Serna miembro de la Junta de Pacificación.47
    • José Manuel de Goyeneche, noble criollo natural de Arequipa, de importante desempeño en la campaña contra el Ejército del Norte, obtuvo una importante victoria en Huaqui, fue nombrado Conde de Guaqui.
    • Pío Tristán, noble criollo natural de Arequipa, combatió en Alto Perú a órdenes de Goyeneche y dirigió la ofensiva sobre el norte argentino.
    • Andrés García Camba, natural de Lugo, oficial de caballería y luego de estado mayor participó en varias campañas militares desde su llegada a América en 1816 hasta la misma batalla de Ayacucho, fruto de su propia experiencia personal redactó sus Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú, una importante fuente historiográfica.
    • Baldomero Espartero, natural de Ciudad Real, llegó al Perú en 1815, fue organizador y comandante del Batallón ligero del Centro, se distinguió en la campaña de 1823 en las batallas de Torata y Moquegua. Tuvo un destacado papel en la posterior historia de España.
    • Valentín Ferraz, natural de Huesca, se embarcó para el Perú en 1816, se distinguió como oficial de caballería, formó y comandó el escuadrón Granaderos de la Guardia, cuerpo que a decir de Espartero "no cedía en nada a los mejores de Europa"48 a cuya cabeza obtuvo la victoria en el combate de Arequipa, recuperando la ciudad tras vencer a la numéricamente superior caballería grancolombiana al mando de los generales Sucre y Miller.
    • Pedro José de Zavala, noble criollo natural de Lima, coronel del batallón de Españoles de Lima, sirvió junto a sus hijos Toribio y Juan de Zavala en el ejército real, secundó el Pronunciamiento de Aznapuquio, tras es final de la guerra su hijo Toribio optó por ostentar la nacionalidad peruana mientras que Juan la española, el primero de ellos combatiría junto a un nieto suyo en el combate del 2 de mayo de 1866 contra la escuadra española falleciendo durante la acción, paralelamente Juan se desempeñaba como Ministro de Marina de España.49
    • Cayetano Ameller, natural de Cádiz, llegó al Perú en 1816 como capitán del Batallón ligero Gerona, en 1822 era comandante del mismo, tuvo una muy distinguida participación en la batalla de Torata, donde realizó una brillante carga a la bayoneta con su batallón derrotando y poniendo en fuga a los batallones Nro 4 y Nro 11 del ejército de los andes y el Nro 5 de Chile; ascendido a brigadier marchó a las órdenes de Valdés contra el insurrecto Olañeta, en esta campaña su batallón fue diezmado y el mismo muerto en la batalla de Lava donde Olañeta fue derrotado el 17 de agosto de 1824.50
    • Felisiano Asín y Gamarra, comandante general de caballería en la batalla de Torata, dirigió la carga sobre la infantería enemiga, cayo mortalmente herido durante el ataque.

    Referencias

    • estimaciones del historiador Manuel Ovilo y Otero (Historia de las Cortes de España, y exámen histórico-crítico de las mismas desde el casamiento de S. M. la reina Doña Isabel II. Libro de los diputados célebres, pág. 112)
    • Compendio de historia de América: pte. 4. La revolución, pág. 257
    • Véase el uso de esta denominación en "Biografía del excelentísimo señor teniente general Don Valentín Ferraz" publicada en la obra del Estado Mayor de Ejército (España), Madrid, 1854.
    • Véanse estas tres denominaciones en "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú" por Andrés García Camba.
    • Universidad de Chile "Anales de la Universidad de Chile", Número 9, pág. 132.
    • Blanco Valdés, Roberto Luis "Rey, cortes y fuerza armada en los orígenes de la España liberal, 1808-1823", págs. 165 -166
    • Andrés García Camba, "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú", Volumen 2, pág. 54
    • El Restaurador periódico absolutista editado por Fray Manuel Martínez, España 1823, págs. 709 y 710
    • "El Virreynato del Perú después de las últimas desmembraciones y nuevas agregaciones que se le han hecho tiene por límites al norte la provincia de Guayaquil; el desierto de Atacama al sur, comprendiendo en todo su territorio desde los 32 minutos al norte de la equinoccial hasta los 25° 10’ de latitud meridional", Memoria del virrey del Perú José Fernando de Abascal citada en "La cuestión del Pacífico. pág. 6. Autores: Victor Manuel Maurtua, Javier Prado y Ugarteche"
    • Luqui-Lagleyze, Julio Mario; "El ejército realista del Perú en la independencia sudamericana 1810-1825", págs. 86-87
    • Roel Virgilio, "Los libertadores", pág. 281 (reclutamiento y movilización de los coloniales)
    • Publicado por Jhon Miller, "Memoirs of general Miller, in the service of the republic of Peru: Volumen 2, Página 174"
    • descripción citada en Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú, "Historia general del Ejército peruano: Volumen 4,Parte 2", pág. 465 :"...Batallón Cantabria, de color azul con vueltas amarillas..."
    • Robert L. Scheina "Latin America's Wars: The age of the caudillo, 1791-1899" pág. 70
    • Julio Luqui-Lagleyze, "Por el Rey, la Fe y la Patria", págs. 391 y 392
    • Andrés García Camba "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú", Volumen 1 pág. 278
    • "Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru", Volumen 1 publicado por John Miller, pág. 204
    • DE LA CUESTA, Julio (1990). Banderas olvidadas: el ejército realista en América. Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1990. ISBN 84-7232-547-4.
    • Luqui Lagleyze, Julio Mario, "Por el rey, la fe y la patria: El Ejército realista del Perú en la independencia sudamericana 1810-1825", págs. 391-392
    • Ni con Lima ni con Buenos Aires
    • inserto en Documentos del archivo de San Martín, Volumen 11, pág. 583
    • "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú", Volumen 2, pág. 89
    • William Miller, "Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru", Volumen 2, pág. 191
    • Jerónimo Valdés, "Documentos para la historia de la guerra separatista del Perú", Volumen 3, pág. 57
    • Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú", Volumen 2, pág. 228
    • Virgilio Roel, "Los libertadores", pág. 335
    • José Agustín Puente Candamo,Margarita Guerra, "Sobre el Perú: homenaje a José Agustín de la Puente Candamo", Volumen 1, pág. 141
    • Biografía de Don Diego Benavides y de la Cueva. VIII Conde de Santistevan del Puerto, Comendador de Monreal en la orden de Santiago Virrey del Perú en "Diccionario histórico-biográfico del Perú" Tomo II pág. 28
    • Diccionario histórico-biográfico del Perú. Tomo segundo formado y redactado por Manuel de Mendiburu pág. 366
    • por Allan J. Kuethe,Juan Marchena Fernández "Soldados del rey: el Ejército Borbónico en América colonial en vísperas de la independencia" págs. 245 - 250
    • Demetrio Ramos Pérez "Emancipación y nacionalidades americanas" págs. 94 y 95
    • "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú" pág. 267
    • David Marley "Historic cities of the Americas: an illustrated encyclopedia, Volumen 1" página 725
    • Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú 1809-1825. Tomo II, Página 98. Gnrl. Andrés Garcia Camba [1]
    • "Vida militar y política de Espartero", Tomo I, pág.48
    • referencias de los cuerpos realistas obtenidas de la obra de Andrés García Camba. "Memorias para la Historia de las armas españolas en el Perú", Tomos I y II. Las cifras son tomadas de Documentos de la Guerra Separatista del Perú Torata Tomo I. pag 249
    • Serafín María de Sotto Clonard, "Historia orgánica de las armas de infantería y caballería españolas", pág. 204
    • testimonio citado en "Vida militar y política de Espartero", Tomo I, págs. 61-62
    • Diego Barros Arana, "Historia general de Chile: Parte novena", pág. 363
    • Josep Fontana,Josep Fontana i Làzaro, "De en medio del tiempo: la segunda restauración española, 1823-1834", pág. 250
    • Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú 1809-1825. Tomo II, Página 98. Gnrl. Andrés García Camba
    • "Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru", Volumen 2, publicadas por John Miller pág. 211
    • Manuel Bilbao, "Historia de Salaverry" pág. 221
    • véase la "lista de oficiales malditos que apoyaron a la confederación" publicada en 1839 y citada en "Sobre el Perú: homenaje a José Agustín de la Puente Candamo, Volumen 1" por José Agustín Puente Candamo y otros autores" pág. 125; en ella figuran los nombres de varios oficiales españoles y capitulados al servicio de Andrés de Santa Cruz
    • Jaime Delgado (1960). Nuevo Mundo. ed. La independencia hispanoamericana. p. Página 113. «No obstante, los proyectos de reconquista, oficiales o particulares, no escasearon hasta 1833, fecha de la muerte de Fernando VII»
    • "Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru", Volumen 2 publicadas por John Miller págs. 210 - 211
    • Guarda, Gabriel “La sociedad en Chile antes de la colonización alemana. 1645-1845” Editorial Andrés Bello. Santiago. 1979, pág. 366
    • "Biografía del excelentísimo señor teniente general Don Valentín Ferraz" publicada en la obra del Estado Mayor de Ejército, Madrid 1854, pág. 107
    • José Celedonio Urrea "Una página gloriosa para la historia del Perú: o, El 2 de mayo de 1866‎" - pág. 96
    • Manuel de Mendiburu "Diccionario histórico-biográfico del Perú" Tomo primero pág.s 252 - 253


    Bibliografía

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    • MORENO DE ARTEAGA, Ignacio, José de la Serna, último virrey español, León, Akrón, 2010.
    • VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, Un hombre contra un continente. José Abascal, rey de América (1806-1816), León, Akrón, 2010. ISBN 978-84-92814-03-9. [2]
    • VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, “Las contraofensivas realistas en el Perú (1810-1816)”, en COLOMER VIADEL, Antonio, Las cortes de Cádiz, la Constitución de 1812 y las Independencias Nacionales en América, Ugarit Comunicación Gráfica, Valencia, 2011, págs. 539/561. ISBN 978-84-614-9259-6.
    • VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, “La previsión política de un soldado: Abascal, virrey del Perú”, en NAVARRO ANTOLÍN, Fernando, Orbis Incognitus. Avisos y legajos del Nuevo Mundo, Vol. 2, Universidad de Huelva, 2008, págs. 873/887. ISBN 978-8496826-96-0.
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  11. #91
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Lo más probable es que sin darte cuenta estés pulsando el botón de enviar mensaje más de una vez. Casi todos los mensajes que salen repetidos en el foro es por eso.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  12. #92
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    LOS INDÍGENAS REALISTAS – HISTORIA SECRETA DE AMÉRICA -22- « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño

    octubre 28, 2012, 7:01 pm
    Archivado en: Historia secreta América, Tradición | Etiquetas: Araucanos, Bicentenario de la independencia, Cacique, Gran guerra civil hispanoamericana, Guerra de independencia, Incas, indígenas realistas, independencia, independencia de América Latina, independencia Perú, independencias americanas, indios realistas, realismo, realistas

    LOS INDÍGENAS REALISTAS

    La gran masa del Ejército Realista del Virreinato del Perú durante toda la guerra (de independencia), la constituyó sin duda el grupo americano integrado por los mestizos con mayoría de sangre indígena, que en el Perú eran, y son, conocidos con el nombre de “cholos”. Estos eran reclutados en sus lugares de origen, ya fuera la costa o la sierra, las más de las veces por la fuerza y destinados a los Cuerpos de Línea o Milicias, previa instrucción del uso de las armas y las voces de mando. Era un constante problema para los mandos el idioma de esta tropa, puesto que en la inmensa mayoría sólo hablaban su lengua nativa –el quechua o el aymará- por lo cual, los Oficiales debían conocerla para poder dirigirlos. Eran en general soldados sumisos y dóciles, que no cuestionaban sus deberes ni se sublevaban por a falta de paga, incansables andarines, sobrios, valientes y disciplinados. Prestaban mejores servicios si eran mandados por sus paisanos y con todo, defendían el honor de su hogar. El General Pezuela los describe en su diario militar como de instrucción más que regular, pues hacían bien el ejercicio del fusil y las maniobras de Batallón. En el combate, luchaban hasta el fin, haciéndose matar en sus puestos. Su principal inconveniente era su peculiar modo de vida y pautas de comportamiento, ajenos a las Ordenanzas españolas, como sus frecuentes deserciones, las más de las veces sólo por querer volver a sus casas para ocuparse de sus labores en tiempo de las cosechas. Su actitud hacia el servicio del Rey con las armas, que, si bien no les agradaba, no rehuían, tan sólo cambió con la prédica y la propaganda revolucionaria, aunque ésta no siempre dio el resultado que los independentistas deseaban.[1] Entre los Caciques Realistas más destacados encontramos al Brigadier de los Reales Ejércitos Mateo García Pumacahua, Cacique de Chincheros, quien en 1780 fue con sus tropas uno de lo que contribuyó a la derrota del Cacique de Tinta, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como “Túpac Amaru”. Pumacahua actuó en el lado realista desde 1811 en que entró con sus tropas cuzqueñas como refuerzo de Goyeneche, a poco de la batalla de Huaqui y se halla retratado en el ya mencionado cuadro, como uno de los miembros de que escoltaba al General. En 1813, sus tropas fueron convertidas por Pezuela en el Regimiento de Milicias Disciplinadas de Infantería de “Nobles Patricios del Cuzco” de los cuales no hemos podido, hasta ahora, obtener el detalle de su uniforme, pero estimamos que debían llevar el señalado a las Milicias Disciplinadas, pero con algún agregado lujoso, debido al origen y dignidad de sus Oficiales, nobles cuzqueños de las trece Casas de sangre Inca (Panacas), entre cuyas prerrogativas estaba la de pasear una vez al año, generalmente en la Procesión del “Corpus Christi”, el Estandarte Real de la Ciudad de Cuzco, del que eran custodios. En dichas oportunidades, los Caciques colocaban sobre sus trajes ceremoniales y uniformes, los emblemas de oro correspondientes a su dignidad consistentes en cadenas de oro en bandolera, un sol de oro colgando del pecho y hombreras, rodilleras y hebillas de oro representando rostros de Puma, emblema del Imperio Incaico. Su soberanía correspondía al Rey de España, y había reconocido ya en el siglo XVI a los a los nobles Incas como “Títulos de Castilla”. Como parte de su propia peripecia personal, en 1814 Mateo Pumacahua se sublevó a favor de la independencia pretendiendo alzar a todo el Cuzco, siendo derrotado por sus propios compatriotas que permanecieron fieles hasta el final de la guerra. Una de las consecuencias de aquellos hechos fue la suspensión de la ceremonia en 1815. Sin embargo, una prueba de esa fidelidad es que a mediados de 1824 solicitaron los Caciques de todas las casa nobles cuzqueñas al Virrey de la Serna en el Cuzco, presentando una serie de considerandos de profesión de fe realista, volver a pasear el Real Estandarte. No fue una solicitud interesada, ya que estaba cercano el fin de la guerra y su resultado era previsible, como para intentar captar simpatías del Virrey en esos momentos.[2] Por otro lado, además de los Nobles indígenas y de los mestizos cuzqueños o altoperuanos, se hallaban los indígenas puros, casi sin integrar en la sociedad americana, y que sirvieron en el Ejército Real. Contrariamente a lo que comúnmente se cree, estos indígenas también fueron en su mayoría fieles a la Corona de España durante la guerra de independencia de América. Varias son las unidades formadas con sus parcialidades, no sólo en el Alto Perú, sino también en el Perú y aún en Chile. La mayoría de ellas rindieron importantes servicios a la Corona hasta el último tiempo de la guerra. De todos ellos, los que sin duda destacaron por su valor y ferocidad fueron los Araucanos del Sur de Chile. En la expedición a Chile en 1813, estos indios araucanos y su Cacique Villacurá se manifestaron fieles y adictos al Rey, celebraron a su modo la llegada de las tropas, y juraron con las expresiones más vivas de júbilo y respeto no ceder a las pretensiones de Chile y:
    “formar para la defensa del Rey, una muralla de guerreros en cuyos fuertes pechos se embotarían las armas de los revolucionario y aún quisieron partir muchos a Chillán para mezclar su sangre con la de los soldados del suspirado Fernando. La ilustre asamblea de Araucanos tuvo término después de haber recibido los caciques medallas de oro con el busto del soberano y otros de plata, con un bastón de cada uno.”[3]
    El 24 de septiembre de 1817 se anotaba en el Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real de Talcahuano que, “cuatro Caciques, nueve Mocetones y tres Lenguaraces, han venido a notificar su fidelidad al Soberano y a ver el modo de contribuir con las armas del Rey”. El 7 de octubre hacen lo propio los dos Caciques de Tucapel, ofreciendo sus lanzas –guerreros- para pelear contra los independientes.[4] Estos araucanos eran excelentes jinetes y diestros lanceros usando sus largas lanzas de caña de Coligüe, que podían alcanzar hasta tres metros de largo. No usaban uniformes sino ropas naturales, consistentes en ponchos tejidos en sus telares y colores blancos, negros, azules o rojos, con diseños que les eran particulares, llevaban “chiripás” y botas de potro con espuelas que podían ser de madera o de plata labrada según la dignidad del propietario. De las provisiones del vestuario entregado a los jefes de esos fieles araucanos hemos podido reconstruir el uniforme que llevaban los Caciques, los Capitanejos y sus Tenientes. Los primeros llevaban casacas de paño azul de primera calidad, con las vueltas, vivos y divisas de casimir grana y el forro de bayeta blanca. Llevaban galón de plata adornándolas y dos varas de “coronelas” (los tres galones que denotaban el empleo o el grado de Coronel) también de plata. Las casacas llevaban un total de una y media docenas de botón de hilo de plata, lo que indica que tenían solapas, aunque iban abrochadas con broches. Los chalecos eran igualmente granas de casimir con botones chicos de plata en cantidad de una docena. El calzón podía ser grana o azul y se les entregaron botas altas a los caciques. Sus sombreros eran clásicos con cabos de plata y escarapelas de paño encarnado y cintas. Cacique araucano realista, vistiendo la vieja casaca de Coronel que había recibido años atrás su padre

    Una antigua práctica del “Sistema Borbónico de Defensa” consistía en integrar a las comunidades indígenas retiradas de las zonas más habitadas, en las tareas de la defensa y control de las fronteras. Ello se lograba nombrando jefes militaresa los que eran de las tribus y clanes, reforzando su autoridad por diversos métodos y así se podía contar con su movilización llegado el caso. Para ello se les entregaban, además de otros presentes, uniformes militares con divisas de empleo, medallones con el retrato del Rey, golas e incluso banderas. La contrapartida eran sus servicios militares cuando se necesitaba disponer de fuerzas mayores o ejercer un mejor control de una determinada región. Así, cuando el Brigadier D. Antonio Pareja llevó a cabo la marcha al sur de Chile, recibió la vieja lealtad al Rey de las Españas de los indios araucanos.
    Los Capitanejos llevaban un uniforme similar pero sin las “coronelas” de plata y solo galón en las vueltas y cuello, calzón azul, sombreros con escarapela y cintas pero sin galón y, probablemente, las botas de potro típicas de los araucanos. En tanto, los Tenientes llevaban chaquetas de paño de la estrella de color azul con divisa encarnada y botones de plata. En 1819 se hallan provisiones que señalan que los Capitanejos llevaban casacas encarnadas con divisa azul y guarnecidas de cordones blancos. (Tomado de “Los Realistas” (1810-1826) Virreinatos del Perú y del Río de la Plata y Capitanía General de Chile, de Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, pp. 86, 87, 88)
    [1] Tómese como ejemplo la referida sublevación de 1814 (Pumacahua) reprimida por las propias fuerzas cuzqueñas del Ejército Real.

    [2] AHC (Archivo Histórico del Cuzco). Gobierno Virreinal 1822/24 Leg. 2 (N° 156) “Expediente sobre que se continúe en esta capital el Paseo del Pendón Real…”.

    [3] “El pensador del Perú” -1813, en Colección de Historiadores y Documentos para la Independencia de Chile. Tomo IV, pág. 101-102.

    [4] AGNP (Archivo General de la Nación Perú), Fondo C-15. “Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real”, del 22 de agosto de 1817 al 18 de febrero de 1818.

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  13. #93
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://averiguelovargas.blogspot.com/2012/10/montevideo-la-ultima-esperanza-realista.html?spref=fb


    En el primer tercio del siglo XIX, se produjo el golpe más duro que sufrió la unidad de los dominios de la Monarquía Hispánica –la invasión de España por Napoleón y las juntas independentistas americanas- provocando, además de una crisis institucional de la figura de los virreyes y de los virreinatos, una crisis de las personas. La situación creada por el movimiento emancipador exigía a los virreyes desenvolverse operando sobre otras bases legales completamente distintas. La postura revolucionaria hizo triunfar la idea de que siendo los virreyes nombrados por el rey, desde el momento en que dejara de existir la autoridad real, la autoridad de los virreyes fenecía automáticamente. En el caso de José Fernando de Abascal –virrey del Perú- no pudo darse efecto más contrario al que pretendían los teóricos anunciadores de la libertad, puesto que el resultado inmediato fue recortar todavía más la limitada autoridad de los virreyes, cuando la más elemental medida política, ante una conmoción revolucionaria, era la de reforzar enérgicamente los resortes del poder.


    Sin embargo, Abascal salvó la crisis institucional con un verdadero alarde de tino político, mediante el que fue capaz de conciliar la obediencia al gobierno metropolitano, reprimir los intentos revolucionarios, recompensar a sus servidores, mantener los Reales Ejércitos, socorrer fuera del Virreinato a todas las autoridades en peligro de ser rebasadas por los insurgentes –como fue el caso de la Banda Oriental que aquí nos ocupa-, en unas circunstancias en las que todo le era necesario y todo era poco para las atenciones del cono suramericano, y lograr la formación de un partido americano criollo realista para hacer frente a los partidarios de la Independencia. La actitud firme e irreconciliable del Virrey hacia los revolucionarios y descontentos fue, quizá, el factor más decisivo en el mantenimiento de la autoridad española en esta zona de sus dominios.
    El gobierno limeño se aprovechó de las revoluciones criollas en Quito, el Alto Perú y Chile para restablecer el control peruano entre 1809 y 1815. Este nuevo gran Perú contrarrevolucionario presentó un reto formidable a los regímenes revolucionarios de Nueva Granada y Buenos Aires. Y por esta razón, Montevideo, se convirtió en la última esperanza realista en el estuario del Plata.
    Durante el período de gobierno de Abascal (1806-1816), estuvo siempre atento a las circunstancias que rodearon su mandato no sólo en el Perú sino en también en los virreinatos neogranadino y rioplatense. De hecho, durante la etapa final de su ejercicio, el Virrey puso todo su empeño en mantener la supremacía no ya sólo sobre los diferentes puntos subversivos a la autoridad virreinal del sur de América, sino en apagar los intentos revolucionarios y separatistas con tal intensidad que llegó a decir que (…), de todas partes acuden a mi por consejos y socorros, como si yo tubiese unas atarazanas como las de Barcelona me acongoja el no poder atender á unos y á otros según sus deseos: (…).[1]Para lograr semejantes metas, el mandatario se lanzó a la lucha interna para controlar y conciliar los intereses de la elite peruana –fundamentalmente limeña- junto con los de la metrópoli que su figura encarnaba; fenómeno que no intentó en solitario dentro del mundo ultramarino pero que, de hecho, sólo él consiguió.[2] Y para muestra un botón, tal y como se desprende de las palabras del antiguo virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros al excusarse de su frustrada acción de gobierno ante el Rey afirmando: V:M, sabe el peligroso estado en que hallé a Buenos Aires y a todo este Virreinato cuando tomé las riendas del mismo (…) llamé sin demorar a todos los comandantes y mayores de los cuerpos militares de esta guarnición. Congregados que fueron, les hice presente el peligroso estado del pueblo y el desarreglo de sus intempestivas pretensiones: les recordé las reiteradas protestas y juramentos con que me habían ofrecido defender la autoridad y sostener el orden público; y los exhorté a poner en ejercicio su fidelidad en servicio de V. Majestad y de la patria. Pero tomado la voz don Cornelio Saavedra, comandante del cuerpo urbano de Patricios que habló por todos, frustró mis esperanzas, se explicó con tibieza: me manifestó su inclinación a la novedad; y me hizo conocer perfectamente que si no eran los comandantes los autores de semejante división y agitaciones, estaban por lo menos de conformidad y acuerdo con los facciosos (...) El día siguiente, 21 de mayo (...), el Cabildo (...) procedió a la junta general convocando por esquelas a quinientos vecinos; de los cuales asistieron solamente 200 por las causas que abajo expresaré.[3] El 22 fue el día designado para la celebración de la Junta y el día en que desplegó la malicia todo género de intrigas, previsión y maquinaciones para llevar al cabo tan depravados designios. Había yo ordenado que se apostara para este acto una compañía en cada bocacalle de las de la Plaza a fin de que no permitiesen entrar en ella ni abrir a las Casas Capitulares persona alguna que no fuese de las citadas; pero la tropa de los oficiales era del partido: (...) negaban la entrada a la plaza a los vecinos honrados y lo franqueaban a los de la confabulación, tenían algunos oficiales copias de esquelas de convite sin nombres y con ellas introducían a las casas del Ayuntamiento a sujetos no citados por el Cabildo, o porque los conocían de su calidad, o porque los ganaban con dinero; así es como en una ciudad de más de tres mil vecinos de distinción y nombres, solamente concurrieron 200, y de estos muchos pulperos, algunos artesanos, otros hijos de familia y los más ignorantes y sin las menores nociones para discutir un asunto de la mayor gravedad. (La Junta) efectivamente (...) ha empezado las funciones de su gobierno ejercitando actos de verdadera soberanía que sólo son reservados a la suprema potestad de Vuestra Majestad (...). Ha entablado el sistema de terrorismo para con todos los hombres de bien que manifiestan adhesión al legítimo gobierno, que sienten en favor del Consejo de Regencia de Vuestra Majestad, que publican noticias favorables de España, que opinan contra su ilegalidad o que murmuran de sus providencias; y el sistema de indulgencia con todos los sediciosos y partidarios de la independencia (...). Los que en el Cabildo insultaron y vejaron al reverendo obispo y a otros vecinos honrados, han sido aplaudidos; los que publican por las calles, su libertad del yugo de España no son apercibidos. (...) veo indispensable la necesidad en que se halla Vuestra Majestad de remitir sin pérdida de momento por lo menos dos mil hombres de tropa con buenos y probados oficiales que impongan el respeto y restablezcan la subordinación; pues con esta providencia y con el desengaño de la Corte de Londres, con cuya protección han contado estos miserables e inexpertos faccionarios; se remediarán todos los males y quedarán asegurados estos dominios de Vuestra Majestad, que de otra suerte peligran y están próximamente expuestos, o a ser la presa de la ambición; a ser víctima de si misma.[4]
    Cuán distinto fue el caso del virrey Abascal. Como muy bien se sabe, sus enemigos no se encontraron únicamente en el Desaguadero alto peruano y los Andes ecuatorianos, sino que incluso fueron de mayor importancia los que tuvo dentro entre los mismos súbditos que él debía gobernar; nos estamos refiriendo a una buena parte de los diputados liberales, acantonados en la isla gaditana de León por las peculiares circunstancias bélicas del momento, cuyas opiniones acerca del modo de proceder del representante real en el Perú no siempre fueron positivas. Por ello, Abascal, hombre convencido de las bondades que según él reportaba el absolutismo monárquico, no vio con buenos ojos toda emanación legislativa de las Cortes; aunque no era impedimento para que las acatara, a pesar de las circunstancias tan especiales que atravesaba la Monarquía Hispana, como funcionario real que era.
    A priori, todos los indicadores hablaban a favor de la maniobra política de este gobernante pero, en verdad, éstos no estaban completamente de su parte. Es cierto que entre los dirigentes sociales americanos[5] existían lazos familiares con los peninsulares, que tenían un natural afecto hacia la institución monárquica y pánico ante cualquier posibilidad de rebelión indígena causante, no ya de las muertes de muchos representantes reales, sino de ser una brecha subversiva capaz de arrojar completamente al abismo el orden social y económico por ellos conservado.[6] Estas demostraciones de lealtad se pueden explicar bajo distintas perspectivas, no existiendo de hecho un solo modo de entender la adhesión a la causa realista sino muchos, dependiendo de la situación particular o corporativa de cada uno, de las circunstancias históricas del momento y, en general, de un sin fin de variables dispares.
    Hasta ahora hemos hablado de la actitud ciertamente adicta a la causa monárquica, pero ahora hay que hablar del punto de vista insurrecto o al menos infiel al régimen borbónico español. Este grupo revolucionario es un reflejo de las elites de una sociedad del Antiguo Régimen. Lo que lo define realmente, no son sus características materiales sino su pertenencia a la elite intelectual y su juventud. Clérigos y nobles, universitarios y abogados, funcionarios reales y militares, miembros de oligarquías municipales, estudiantes e hijos de grandes familias, alguno que otro comerciante, artista o artesano, he ahí el grupo moderno por excelencia en los dos continentes.[7]Aunque es bien sabido que los tópicos del revanchismo criollo contra la ostentación de cargos por parte de los peninsulares hay que ponerlos a veces en entredicho, no es menos cierto que las elites nacidas y criadas en suelo americano iban, cada vez más, adquiriendo una conciencia propia distinta a la del europeo al que progresivamente se le iba viendo como un usurpador de algo que correspondía por derecho propio a los naturales del lugar, hijos de la tierra y descendientes en muchos casos de aquellos hombres que lograron la hazaña de la Conquista.[8]
    Sin embargo, a pesar de que efectivamente existían descontentos entre cierto sector del estamento dominante en América, también es verdad que todos aquellos que pretendieron dar un vuelco a la situación de legalidad vigente hasta entonces, aprovecharon los inciertos momentos de la desaparición del Rey en 1808 y de la promulgación de la Constitución Política de la Monarquía en 1812, para acabar tropezando con la dura realidad. Ésta fue ni más ni menos que el apoyo masivo de la población americana a la situación histórica previa a los acontecimientos citados,[9] que optó libremente por dar muestras de su lealtad al llamado Antiguo Régimen.


    Los alzamientos revolucionarios y las contraofensivas virreinales


    El desarrollo de las juntas de gobierno que se dieron en todo el territorio español peninsular y ultramarino como manifestación espontánea –tradicional en un primer momento en cuanto a su concepción teórica del poder y revolucionaria, más tarde, en sus manifestaciones-[10] por parte de una sociedad que vio amenazada su existencia, no tuvieron éxito en el territorio que estaba bajo su mandato gracias a la acción disuasoria del Virrey (…) pues aunque me hallo como el Buq.e en una navegación tranquila en una bonanza, vivo con el cuidado de un piloto vigilante q.e contempla q.e de un momento a otro se puede alterar su sosiego, y toma quantas precauciones subministra el arte y la prud.a p.a retardar y rebatir qualquier vorrasca, (…)[11] frente a la creación de aquellas comisiones en gran parte de América del Sur y de las que se quejó en más de una ocasión al argumentar que recibio de oficio la instalacion del Consejo de Reg.a mas ni p.r eso quiso reconocerle poniendole mil defectos, capciosos los unos, falsos otros y todos conspirantes a la independencia, vajo el falso pretesto de conservar aquel territorio a fern.do 7°. cuya livertad miran como la cosa mas distante de subceder.[12] A pesar de todo ello, su cargo fue respetado debido a que supo ganarse la amistad e intereses de aristócratas, comerciantes, terratenientes y eclesiásticos a su favor, aceptando como válida su acción de gobierno, en términos generales, sin olvidar las acciones militares que llevó a cabo en aquellos lugares del cono sur donde se vio obligado a aplicarlas.
    El alzamiento en España contra las huestes de Napoleón fue origen de que se planteara tanto la reivindicación de la figura del Rey como la del concepto de Soberanía. En efecto, ambas nociones iban íntimamente ligadas en momentos de normalización institucional, pero aquel no era el caso. La soberanía le correspondía a Fernando VII como depositario de la misma –concedida por el Pueblo- en nombre de Dios. Sin embargo, una vez que aquella era ultrajada por un gobierno extranjero –como lo fue el de José I Bonaparte- pasaba automáticamente a su propietario original, el Pueblo. Obviamente éste era representado por la elite del mismo; estamos hablando, en el caso americano, del cabildo abierto de cada localidad. Por lo tanto, no es de extrañar que la elite gobernante a nivel municipal y provincial en los diferentes reinos que componían el suelo peninsular español se hicieran cargo del mismo. Hasta aquí, todo claro. Pero ¿y los americanos? ¿Acaso no eran ellos también miembros integrantes de la Monarquía? ¿O eran simplemente colonos? Esta discusión fue motivo de grandes e interesantísimos agravios que tuvieron su máxima repercusión en las Cortes de Cádiz de 1812.
    Lo lógico es que los españoles americanos, antes la escasez y confusión de las noticias llegadas desde los reinos de España, se aglutinaran en juntas de gobierno –al igual que la Central o Suprema de Sevilla- sólo en aquellos casos en los que la representatividad real –léase por tal a la figura del virrey y del capitán general- fuese expresamente reo de lesa traición. Mientras no se diese este caso, debería de respetarse al virrey o capitán general a la espera del regreso del Soberano. Como todos sabemos, las dudas respecto de la fidelidad al Rey por parte de sus representantes, unida a la oportunidad de muchos independentistas en la sombra a la espera de una ocasión como la presente para dar un golpe de timón definitivo a sus ideales separatistas, fue ocasión de grandes enfrentamientos políticos, militares, sociales, económicos y hasta religiosos en los virreinatos americanos. De hecho, la centralización de las juntas provinciales españolas en la Junta Central Suprema de España e Indias, bajo la dirección del conde de Floridablanca, provocó una reacción de enfado de los súbditos americanos al verse excluidos de ella que, al parecer, sólo eran útiles en el apoyo económico de la que tan necesitada estaba España. Viendo la reacción que suscitó en América tal cuestión se decidió, el 22 de enero de 1809, que los diferentes virreinatos de ultramar enviaran representantes, puesto que todos los pueblos de la Monarquía tenían el mismo peso en la tarea de gobernar los destinos de la misma, en un momento tan crítico como era el de la época. Sin embargo, los representantes americanos eran ridículamente inferiores en número y en proporción respecto de los peninsulares, ya que –tal y como veremos- las juntas americanas se vieron cercenadas por la autoridad de virreyes y capitanes generales. Éste hecho, unido a la creciente necesidad de crear una Regencia que sustituyera a la Junta Suprema creó una contradicción más en los espíritus americanos, sin olvidar la confusión que se dio en la comunicación con las autoridades legítimas que pervivían en Indias, como fueron las instituciones de virreinatos, capitanías generales, intendencias y audiencias que no habían sido eliminadas por ejército extranjero alguno. Como se vio, un desconcierto sobre otro, no condujo a nada bueno en los territorios ultramarinos de la Corona. Por esta misma razón En medio de tan deshecha borrasca que por todas partes circunda a este Virreinato (el Perú y por extensión toda América del Sur), se mantiene en una total tranquilidad y yo (…) no solo pienso mantenerlo en ella sino en reducir a la razón con la política ayudada de la fuerza la parte que sea posible en las vecindades.[13]
    Existió una conciencia común del riesgo en que vivían y una unidad en los propósitos, al considerar las autoridades que lo que se debía hacer era legitimar el poder de los virreyes y capitanes generales por medio de la constitución de juntas –compuestas por la elite de la sociedad como eran los cabildantes y oidores- que regularían el poder virreinal y converger, entre todos ellos, para la convocatoria de unas Cortes americanas y en la creación de una Regencia. Los hechos, sin embargo, fueron más rápidos que las intenciones. Frente a los partidarios de una profunda reforma del sistema político, se agruparon los partidarios de unificar todos los esfuerzos en la Guerra de la Independencia frente al invasor francés y dejar, para más tarde, las posibles reformas políticas, económicas y sociales que introdujo la futura Constitución.
    Nació así la Guerra Civil Hispanoamericana, con los resultados que son por todos bien conocidos pero cuyo desarrollo y desenlace no fue tan lineal ni tan esperado como generalmente se cree. Como si estubiesen de acuerdo se rebolucionaron aun tiempo el reyno de Quito, y la provincia de la Paz, aquel del virreynato de S.ta Fé, y este del de Buenos Ayres ambos limítrofes al de su mando. En el momento dispuso egércitos que pasaron á sosegarlos, el primero á las ord.s del gobernador de Cuenca D. Melchor Aymerich, y el segundo á las del brigadier D. José Manuel de Goyeneche, logrando ambos el efecto deseado en fuerzas de la observancia de sus instrucciones, y el ultimo en virtud de las mismas apaciguar tambien los escandalosos distúrbios de la audiencia de Charcas. Pasado poco tiempo se declaró la insurreccion que con motivo de la franqueza del comercio con los extranjeros, y algunos vecinos discolos de Buenos Ayres, se estaba fraguando desde que el egercito ingles pisó aquel fue lo descubriendose la ciudad y todo el virreynato consecutivam.te por el pronto con máscara de fidelidad al Rey, y en seguida por enemigos suyos.[14]Destacaremos, de entre los frentes hispanoamericanos de Suramérica que se alzaron en armas contra el poder real constituido y a los que tuvo que hacer frente el virrey Abascal, a la Banda Oriental, cuya suerte histórica estuvo muy unida a la de Buenos Aires.


    Un precedente: el socorro a Buenos Aires y Montevideo


    No hay que olvidar que, muy pronto, aprovechando los británicos su superioridad marítima tras la batalla de Trafalgar de 21 de octubre de 1805, atacaron la capital del Plata en dos grandes oleadas. La primera, con 2.000 hombres al mando del vizconde de Beresford general William Carr, se produjo entre el 26 de junio y el 12 de agosto de 1806 y fue rechazado por la defensa popular a pesar de la huída al interior del virrey marqués de Sobremonte,[15] cuyo resultado produjo el aprisionamiento del jefe británico y 1.300 de sus soldados[16] pero que les dejó aún con fuerzas para un nuevo intento.[17] Veamos de todos modos el relato que de la caída y reconquista de la capital del Virreinato -gracias a la organización de las milicias- así como de la pérdida de la capital de la Banda Oriental hizo el comandante del cuerpo urbano de Patricios y futuro presidente de la junta de Buenos Aires, general Cornelio Saavedra:
    Llegó el año de 1806 en que esta ciudad fue sorprendida por las armas británicas al mando del General Guillermo Carr Beresford. Pasado el primer espanto que causó tan inopinada irrupción, los habitantes de Buenos Aires acordaron sacudirse del nuevo yugo que sufrían. Convinóse con la ciudad y gobierno del puerto de Montevideo un pequeño auxilio de tropa que debía venir, y efectivamente vino, en número de novecientos hombres (…) al mando del capitán de navío don Santiago de Liniers y Bremond, que había ido a solicitarla. Desembarcado este jefe en los Olivos, fijó su cuartel general en el pueblo de San Isidro, en donde se incorporaron considerables fuerzas de las que estaban con la mayor reserva preparadas en Buenos Aires por varios que se pusieron a la cabeza de ellas; finalmente a los cuarenta y cinco días de la ocupación de Beresford, fue invadida esta ciudad por el general Liniers (…) y forzado Beresford después de muy honrada resistencia a entregarse con todo su ejército y quedar prisionero de nuestras armas el 12 de agosto del mismo año de 1806. A pocos días de esta gloriosa reconquista, principiaron a llegar nuevas tropas de infantería para sostener la ocupación de Beresford y adelantar su dominación en estas partes de América. Mas sabiendo la rendición de aquel general y todo su ejército, se apoderaron del puerto de Maldonado y fijaron en él su cuartel general, hasta que reunidas en número de seis mil marcharon a sitiar la plaza de Montevideo bajo las órdenes del general sir Samuel Auchmuty. El jefe de la escuadra, don Pascual Ruiz Huidobro, era gobernador y comandante de Marina de aquella plaza, quien después de una muy honrosa resistencia tuvo que rendirla la noche del 3 de febrero de 1807, en que fue asaltada, quedando prisionero de guerra con toda la poca tropa de línea que la defendía y fue transportado con toda ella a Inglaterra (…). El general Liniers, desde el día de la Reconquista, mandaba lo militar de esta plaza (...) viéndose sin tropas y sin esperanza de que la corte de Madrid se las enviase, pues se había contestado que "se defendiese como pudiese", erigió diferentes cuerpos de milicianos urbanos distinguidos por las respectivas provincias a que correspondía: gallegos, montañeses, vizcaínos, catalanes, andaluces, arribeños y patricios, formaron otros tantos cuerpos militares y tomaron gustosos las armas para su defensa. Ellos mismos, según se les había prometido, nombraron y eligieron sus jefes. Entre los patricios reunidos en la Casa del Consulado el 6 de setiembre de dicho año 1806, me proclamaron por su primer jefe y comandante y por segundo al finado don Esteban Romero. Este fue el origen de mi carrera militar.[18]
    Sin embargo, durante la segunda oleada los británicos, que llegaron a tomar Montevideo tras un corto asedio comenzado el 17 de enero y acabado tras el definitivo ataque nocturno del 3 de febrero de 1807, no pudieron con Buenos Aires que, esta vez, no sólo se les volvió a resistir sino que se convirtió, definitivamente, en osario británico gracias al jefe de escuadra Santiago de Liniers[19] (nombrado por aclamación popular virrey del Río de la Plata por su resolución y valor en el primer asedio) y al brigadier de la Real Armada y gobernador de Córdoba, Juan Gutiérrez de la Concha. Los anglosajones, con 10.000 hombres bajo el mando del general Wizeloch, se rindieron a los rioplatenses el 6 de julio de 1807, cuando apenas llevaban una semana de asedio, devolviendo también la plaza de Montevideo[20] que fue recuperada, según palabras del propio Liniers, gracias (…) todo es devido a la Energia de los abitantes de Buenos Ayres. Deviendo hacer la justicia a estos incomparables Patricios (…).[21] Sin embargo, con el tiempo, todos los desvelos de estos años por los bonaerenses no le sirvieron al Brigadier para salvar su vida.
    Acabados los combates, el virrey Abascal decidió ordenar la situación política producida tras la contienda enviando al marqués de Avilés como virrey en funciones a lo que se opusieron a ello el cabildo y audiencia bonaerenses que sólo aceptaron a Liniers como virrey de Río de la Plata. En todo este tiempo, José Fernando de Abascal, se vio impotente de acudir en su ayuda directa para no romper con la palabra empeñada de luchar contra la corona británica;[22] pena [23] que aún le duraría dos años y medio más[24] a pesar de lo cambiante que estuvieron las alianzas en los próximos tiempos. Aunque no envió tropas sí que ayudó a los rioplatenses (primero en su lucha contra Inglaterra y después para acabar con la insurrección contra el Rey) con material de guerra. Auxilió al general Elío (gobernador del lugar entre 1807-1810) a liberar la plaza de Montevideo por medio de 1.000 quintales de pólvora, junto a su munición, en dos ocasiones, además de 500.000 pesos y una fragata cargada con trigo enviada por la ruta del cabo de Hornos.
    Apoyó a su vez al brigadier Gaspar de Vigodet (gobernador de dicha plaza desde octubre de 1810 hasta su pérdida a manos de los insurgentes el 23 de mayo de 1814) y a los capitanes de navío a su mando José María de Salazar y Luis de la Sierra, dilatando de este modo la rendición de dicha plaza, enviando 3.000 quintales de pólvora, 200 quintales de proyectiles, 200.000 cartuchos y 3.000 espadas por la vía chilena, además de un apoyo financiero de 600.000 pesos, gracias a las tesorerías de Arequipa y Puno, por la ruta del Cuzco. Y, finalmente en estos primeros tiempos, asistió al reino de Chile con 6 cañones de campaña y 500 quintales de pólvora. No en vano, a la vista de los hechos, el propio Abascal escribió años más tarde: Si el Parque de Artillería y lo concerniente a él se hubiera mantenido en el estado á que mi antecesor quiso reducirlo ¿quál hubiera sido la suerte de estas Provincias y aun de toda la America del Sur?[25] Veremos ahora cómo lo hizo.
    A pesar de que el propio Liniers informó a Abascal[26] de que los ingleses no atacarían las costas peruanas, como así fue, por varias razones (el hecho de haber tomado la palabra a dos tercios de la oficialidad prisionera en Río de la Plata de no luchar contra S. M. Católica, la propia derrota frente a Montevideo y Buenos Aires, así como la necesidad de concentrar sus tropas en Europa tras la última derrota rusa en Preussisch-Eylau ante Napoleón el 9 de febrero de ese mismo año), la dilatada experiencia del asturiano le ayudó, tras las reflexiones que hizo tiempo atrás sobre el lugar y la época en la que debía de ejercer como virrey del Perú, el ver como en su mente cuajaba la (…), ratificacion del concepto que tenía formado acerca de que la America debería ser el teatro de la Guerra, y no obstante(…), me dediqué á examinar sin demora los puntos fortificados y fortificables de esta Plaza, de la del Callao, alrededores de ambas y costas laterales.[27] Es decir, algo le decía que la guerra no se iba a librar sólo en el viejo continente sino en las costas americanas. Para lograr prevenir todo aquello, y mucho más, el virrey Abascal comenzó con la reconstrucción de la fábrica de pólvora a la vez que amplió y reorganizó el cuartel de Artillería, remodeló el recinto amurallado de la capital y de la plaza de El Callao y reorganizó y adiestró a las fuerzas militares del Ejército y la Armada.


    Montevideo, la última esperanza realista en el estuario del Plata


    La constitución definitiva del Uruguay como república independiente se remonta a los comienzos de la emancipación de los territorios de Río de la Plata, con las acciones de Artigas y las reacciones consiguientes por parte española, porteña y lusa con el fin de controlar la Banda Oriental en el estuario del Plata.
    Belgrano, jefe de las fuerzas norteñas rioplatenses, regresó de la intendencia paraguaya y se trasladó a la Banda Oriental para sumarse a las fuerzas enviadas desde Buenos Aires que, al mando de José Rondeau, se enfrentaban al gobierno virreinal del último virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío.
    El 10 de abril de 1811, Belgrano designó a José Artigas, segundo jefe del ejército auxiliar del norte. Sin embargo, el 22 de abril, la junta grande reemplazó a Belgrano por José Rondeau en el mando del ejército de la Banda Oriental, desplazando a Artigas al cargo de jefe de las milicias patriotas orientales. Belgrano fue suspendido de empleo y sueldo, para ser sometido a juicio por sus derrotas militares en la campaña del Paraguay; finalizado el proceso fue rehabilitado.
    Cabe destacar que, el 18 de mayo de ese mismo año, el insurgente capitán de blandengues José Gervasio de Artigas, encabezó el primer movimiento independentista serio y al frente de un pequeño ejército logró vencer a los realistas en Las Piedras. Éstos, sin embargo, se hicieron fuertes en la plaza de Montevideo al mando de Elío. Pero cuando se preparaba para tomar por asalto la ciudad, se hizo cargo Rondeau del mando de las fuerzas rebeldes. Por otro lado, Artigas, ayudado por las provincias rioplatenses de Corrientes, Entre Ríos, Córdoba, Misiones y Santa Fe, logró mantener a la Banda Oriental independiente por un tiempo.
    En octubre de ese año, el primer triunvirato porteño acordó con el virrey Elío, levantar el sitio de Montevideo. Las negociaciones incluían la retirada del ejército portugués de la Banda Oriental, pero los lusos no cumplieron el trato. En cambio, las autoridades de Buenos Aires retiraron su ejército y Artigas, reconocido ahora por sus correligionarios como general en jefe de los ejércitos orientales, al levantarse el sitio que pesaba sobre el gobierno virreinal de Montevideo, se replegó al norte (campamento de Ayuí) con 300 hombres y 1.600 personas del pueblo de la Campana.
    El gobierno rebelde bonaerense, negoció con los portugueses la vuelta a casa de sus tropas, que estaban en la Banda Oriental desde julio de 1811, con el propósito de aislar la resistencia realista de Montevideo. Mientras tanto en España, a finales de 1813, la coalición anglo española reconquistó el territorio peninsular de manos francesas y recuperó el trono para Fernando VII. En esas circunstancias, las tropas españolas, reforzaron la Plaza de Montevideo y demoraron su rendición. En 1814 era anunciada la expedición peninsular del teniente general Pablo Morillo y ante el temor de que desembarcara en el Río de la Plata, los insurgentes consideraron prioritario quitarle Montevideo, como posible base militar desde donde podía atacar a Buenos Aires.[28]
    Con el objetivo de enfrentarse a los peninsulares en la Banda Oriental, el director porteño Posadas dispuso la organización de una flota a las órdenes del marino irlandés Guillermo Brown, capitán de un buque mercante que había encallado en Ensenada.
    Tal y como decíamos, Brown, que hasta ese momento realizaba con una goleta un servicio regular entre Buenos Aires y Colonia, derrotó a los realistas en el combate de Martín García y bloqueó Montevideo, donde los españoles contaban con 14 buques de guerra y 13 mercantes armados. El 20 de junio de 1814, el jefe de la guarnición española, Gaspar de Vigodet capituló y, el general de los rioplatenses, Carlos M. ª de Alvear, tomó posesión de Montevideo en nombre del directorio tres días después.
    Recapitulando los hechos acaecidos por tierra y partiendo de la capital del Plata, se intentaron negociaciones con las autoridades españolas, por lo cual el 20 de enero de 1814 Artigas abandonó el sitio de Montevideo.
    En respuesta a esta actitud, el director supremo de los insurgentes del Plata, Gervasio Antonio de Posadas, lo declaró “reo de traición a la patria”. Sin embargo, este último, envió a aquel una delegación para negociar. Dichos emisarios se comprometieron a respetar la autonomía –que no independencia- de la Banda Oriental junto con las localidades de Entre Ríos, así como la restitución legal de Artigas. Sin embargo, Posadas lo rechazó y reanudó la guerra contra los españoles, logrando entrar en Montevideo el 23 de junio de 1814, terminando la dominación virreinal en el Río de la Plata con la rendición de la capital oriental, de este modo, se perdió la última esperanza realista en el estuario del Plata. Alvear les quitó a los realistas una base de operaciones con 6.390 hombres (de ellos 390 jefes y el resto, tropa), 99 embarcaciones, 500 piezas artilleras y 9.000 fusiles. El 9 de julio de ese año, Posadas nombró Gobernador Intendente de la Provincia Oriental al presidente del consejo de estado del directorio, Nicolás Rodríguez Peña. Este rioplatense, había participado como miembro de las milicias contra las invasiones británicas de 1806-1807, además de la revolución de mayo. Fue secretario de Castelli, al que acompañó en la batalla alto peruana de Suipacha el 7 de noviembre de 1810. Llegó a ocupar el lugar de Moreno en la primera junta y en 1812 formó parte del segundo triunvirato. Con los años se autoexilió a Chile, donde permaneció hasta el día de su muerte.
    Ante los hechos consumados de la conquista de Montevideo por las tropas rioplatenses de Alvear, el renegado Artigas se vio en la necesidad de buscar la salvación en el jefe de las tropas rioplatenses, Carlos María de Alvear, al proponerse como comandante general de la campaña dependiente en todo de Buenos Aires. Dicha intención fue desterrada por los porteños, lo que llevó nuevamente al enfrentamiento en la batalla y victoria charrúa de Guayabos, con la consiguiente consagración de la independencia definitiva frente a los rioplatenses en el Congreso de la Concepción de Uruguay el 29 de junio de 1815.
    De todos modos, para la nueva república del Uruguay, el peligro no residía ni en los españoles peninsulares ni en los rioplatenses argentinos, sino en el enemigo más tradicional para los orientales: las ambiciones lusas desde Brasil. Encabezadas estas por rey exiliado Juan VI de Portugal desde su corte de Río de Janeiro, los portugueses que invadieron nuevamente el territorio en 1816 y tomaron Montevideo el 20 de enero de 1817, pasando a formar parte del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves bajo la denominación de Reino Cisplatino.
    La reacción internacional no se dejo esperar y las potencias europeas del momento, con España a la cabeza, aconsejaron a Portugal a retirarse del país recién conquistado. Haciendo caso omiso de tales amenazas, los españoles se prepararon con la fallida expedición que reventó el pronunciamiento de Riego y Quiroga en Cabezas de San Juan, España, en 1820. Sin embargo, las cosas tampoco fueron bien para el monarca luso. Una revuelta en la Península al año siguiente, le obligó dejar América definitivamente y regresar a Europa, dejando la posibilidad de que la Banda Oriental permaneciese con Portugal, las Provincias de Río de la Plata o fuera independiente en el Congreso Cisplatino de julio de 1821. Tras la aceptación pro lusa, el Brasil se independizó de su metrópoli lo que provocó otro sismo entre las fuerzas político-sociales uruguayas que no se aclararon hasta la derrota de los americanos peninsulares en la definitiva batalla de Ayacucho de 1824, el canto del cisne de la presencia española en las Indias Occidentales, la nueva América. A partir de aquí, la acción de los 33 orientales al mando del general Juan Antonio de Lavalleja y guiados por su enseña nacional actual, lograron constituir en junio de 1825 un gobierno provisional en La Florida, declarando oficialmente la independencia del 25 de agosto. Las teóricas dependencias de rioplatenses o las más peligrosas respecto de los brasileños fueron despejándose gracias a la interesada influencia británica. Firmada la Convención preliminar de Paz entre las partes, argentinos y brasileños aceptaron la creación de la nueva república independiente de la Provincia Cisalpina el 27 de agosto de 1828, que se regulará con una carta magna dos años después.


    Conclusiones


    La ciudad de Montevideo y con ella toda la Banda Oriental era una de las puertas, junto con Buenos Aires, del importantísimo centro estratégico del río de la Plata, desembocadura del precioso metal alto peruano y de las mercaderías porteñas que iban a parar no sólo a Cádiz sino al contrabando británico. En tiempos de la Emancipación, Buenos Aires ya se declaró “de facto” y “de iure” independiente desde un primer momento, no así Montevideo. La única autoridad efectiva en todo el sub continente suramericano fue el virrey del Perú José Fernando de Abascal. Este logró crear el gran Perú anterior a las reformas borbónicas que abarcaba dicho sub continente, a excepción del estuario del Plata. Ayudó a los porteños en el ataque británico al igual que a Montevideo con material militar. Caída Buenos Aires en manos insurgentes, la única esperanza realista fue Montevideo. Abascal logró apoyarlo mediante su política defensiva aunque lejana a la espera de la expedición española de Morillo. El fracaso de ésta, unido a los ataques porteños y portugueses hizo que ese sueño se desvaneciera para siempre.



    [1] El Virrey Abascal opina sobre diversos asuntos de política internacional con su “estimadisimo Pays.o Amigo, y Dueño” Gaspar Melchor de Jovellanos. Lima, 14 de marzo de 1810 (Archivo General de Indias , Diversos, Legajo n. ° 1, Año 1810, Ramo 2/208-1).

    [2] A pesar de su extensión me parece acertada la aportación de Guillermo CÉSPEDES DEL CASTILLO en su obra La independencia de Iberoamérica: la lucha por la libertad de los pueblos; Madrid, Anaya, 1988, Págs. 54/58 que condensa en dos párrafos el significado de la acción de mando de Abascal: “Lo cierto es que, a partir de 1809, ningún virrey ni capitán general pretendió gobernar como si nada hubiese ocurrido: todos sabían que, les era indispensable dialogar con las oligarquías sociales y económicas de sus provincias, así como organizar coaliciones políticas tan sólidas y estables como se pudieran conseguir; aquellos que lograron establecerlas, se mantuvieron, siendo depuestos los que fracasaron en el empeño.
    Uno u otro resultado se debió, mucho más que al talento o habilidad política de cada gobernante, a las circunstancias locales, tanto favorables como adversas, que a cada uno le tocó enfrentar. Los virreinatos más antiguos, con reconocido prestigio y casi tres siglos de tradición administrativa, en donde sus titulares habían ejercido el poder político como mediadores entre las órdenes del monarca y los intereses de oligarquías criollas, ofrecieron a los virreyes posibilidades de consolidar su autoridad (…).
    En el Perú, durante estos años, la paz no se alteró la más mínimo. Defendido por su distancia de Europa, no corrió peligro alguno de invasión extranjera. Por otra parte, se hallaba muy vivo el recuerdo de la sangrienta rebelión de Túpac Amaru en 1780; el peligro de una guerra de razas, presente siempre en una sociedad donde indios y castas de mezcla se hallaban en abrumadora mayoría dentro de la población total, volvió a cernirse sobre la región del Cuzco en 1814, con la rebelión de Mateo Pumacahua. Los españoles, en consecuencia, no podían permitirse el lujo de enfrentamiento entre ellos mismos, ni de organizar juntas y correr con ello el riesgo de desestabilizar los siempre difíciles equilibrios de una sociedad plurirracial. Muy sensatamente, pues, criollos y peninsulares se unieron en una coalición trasnacional, presidida por el habilísimo virrey José Fernando de Abascal y Sousa como jefe, árbitro y moderador, en la que los criollos vieron acrecida, de manera satisfactoria, su participación en el poder político. Fue así como no sólo se mantuvo el orden, sino que se restableció, mediante tropas peruanas, en zonas vecinas al virreinato donde aparecieron los primeros Juntas: La Paz, Chuquisaca y Quito en 1809, Santiago de Chile en 1813-1814; por añadidura, sería ocupado todo el Alto Perú y defendido contra las expediciones militares que hacia él dirigían, (…) la Junta de Buenos Aires”.

    [3] Durante el cabildo abierto porteño de 1810, teóricamente tenían derecho a participar en él alrededor de 11.000 súbditos, de los cuales fueron invitadas por el Virrey tan sólo 450, acudiendo en la práctica –tras las cuitas de los revolucionarios- tan sólo 251. De entre estos últimos cabría clasificarlos –según su dedicación y empleo- en 70 funcionarios y eclesiásticos, 59 comerciantes, otro tanto de militares, 25 profesionales liberales y 21 de condición “burguesa”. Contrastar en COMELLAS, José Luis, “De las Revoluciones al Liberalismo”, Historia Universal, tomo X, Pamplona, EUNSA, 1985, Pág. 303.

    [4] PUEYRREDON, Carlos A., 1810. La Revolución de Mayo según amplia documentación de la época, Buenos Aires, Pauser, 1953, Pág. 583.

    [5] Extraído de la entonces inédita obra de Fernando DÍAZ VENTEO titulada Las campañas militares del Virrey Abascal, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1948, Pág. 12.

    [6] Idea defendida tanto por Luis NAVARRO GARCÍA en su artículo “El orden tradicional y la Revolución de la Independencia en Iberoamérica”, en I. Buisson (et alii)., Problemas de la formación del Estado y de la Nación en Hispanoamérica, Colonia, Böhlau, 1984, Págs. 147/149, como por José Agustín de la PUENTE CANDAMO en el suyo titulado “Un esquema de la temática “fidelista”, en Boletín del Instituto de la Riva-Agüero; n.° 8, 1969/71, Pág. 613. Por otro lado María RIVARA DE TUESTA en Los ideólogos de la emancipación peruana, Lima, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1972, Pág. 86, habla acerca de la actitud criolla frente a la Independencia considerando que “(...) son los que básicamente han detenido y frenado los ímpetus revolucionarios de los mestizos, mulatos, otras mezclas, e indios” dando una razón como es la de “porque consideraban una falta de honor su infidelidad al monarca.” Curiosamente –muchos- fueron los que a raíz de la emancipación americana traicionaron ese honor a la que hace referencia esta autora. Para comprobante, nada mejor que leer las rúbricas del acta de independencia del Perú de 1821.

    [7] GUERRA, François-Xavier, en su obra Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas, Madrid, MAPFRE, 1992, Pág. 102.

    [8] “La elite peruana no aceptó, al igual que otras americanas, la “intromisión” administrativa, política y sobre todo económica peninsular en el mundo indiano, porque de este modo se dañaban las prerrogativas que a lo largo de trescientos años se habían ido entretejiendo en el Nuevo Mundo a su favor, lejos de las directrices emanadas de la Península.” (Alfredo BARNECHEA, La República Embrujada. Un caso en la pobreza de las naciones, Lima, Aguilar, 1995, Pág. 170).

    [9] Idea defendida por los historiadores Vicente VÁZQUEZ DE PRADA e Ignacio OLÁBARRI en “Balance de la Historiografía sobre Iberoamérica (1945-1988)”, Actas de las IV Conversaciones Internacionales de Historia, Pamplona, EUNSA, 1989, Pág. 545.

    [10] Léase en la obra de Francois-Xavier GUERRA titulada Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas, Madrid, MAPFRE, 1992, Págs. 127-128.

    [11] El Virrey Abascal opina sobre diversos asuntos de política internacional con su “estimadisimo Pays.o Amigo, y Dueño” Gaspar Melchor de Jovellanos. Lima, 14 de marzo de 1810 (Archivo General de Indias, , Diversos, Legajo n. ° 1, Año 1810, Ramo 2/208-1).

    [12] Ibídem.

    [13] LOHMANN VILLENA, Guillermo, “Documentación Oficial Española”, en AA. VV., Colección documental de la Independencia del Perú, t.22, Vol. 2, Lima, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1972, Pág. 210.

    [14] Archivo General Militar, Sección 1. ª, Legajo A-59, 9 folios, Capitán General, marqués de la Concordia, Madrid, 24 de mayo de 1817.

    [15] El gobernador de la plaza de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, cayó prisionero y fue remitido a la Gran Bretaña. Sin embargo, se le nombró virrey interino de Río de la Plata en sustitución del marqués de Sobremonte por R. O. de 24 de febrero de 1807 y, en caso de ausencia o muerte de éste, ser sustituido por el militar más veterano. En este caso, el recién ascendido a Brigadier de la Real Armada, Santiago de Liniers y Bremond.

    [16]Fechado en Buenos Aires el 14 de agosto de 1806, el jefe de escuadra Santiago de Liniers, anuncia al virrey Abascal de la derrota británica y le avisa sobre la posibilidad de emplear al general inglés, preso, como futura moneda de cambo. Acerca de este asunto, el todavía oficialmente virrey de Río de la Plata marqués de Sobremonte, da su parecer contrario a Liniers en un documento firmado en Montevideo el 3 de diciembre del mismo año, por el que rechaza la posibilidad de cambio del general Beresford por estar el puerto de Maldonado aún en poder de los ingleses. Confróntese en Archivo General de Indias, Diversos, Legajo n. º 1, 1806, Ramo 2/40 y 2/43-4.

    [17] Verificar en la obra de RAMOS PÉREZ, Demetrio, “La emancipación. Siglo XIX”, en MORETÓN ABON, Carlos y SANZ APARICIO, Ángela M. ª, Gran Historia Universal, Vol.31, Madrid, Nájera, 1986, Pág. 153.

    [18] SAAVEDRA Cornelio, Memoria autógrafa. Buenos Aires, Emecé, 1944. Pág. 11.

    [19] El marino Liniers da cuenta de la situación de Buenos Aires y pide más pólvora al virrey Abascal. (Archivo General de Indias –Sevilla, España-, Diversos, Legajo n. º 1, Año 1807, Ramo 1/54/5).

    [20] Confróntese en Archivo General de Indias (Sevilla, España), Diversos, Legajo n. º 1, Año 1807, Ramo 1/54-7.

    [21] Archivo General de Indias (Sevilla, España), Diversos, Legajo n. º 1, Año 1807, Ramo 1/54-6.

    [22] Confróntese en Archivo General de Indias (Sevilla, España), Diversos, Año 1805, Ramo 1/25-2, Anexo 2 el “Papel en que empeña su palabra de honor”.

    [23] El general inglés, Whitlocke, en un escrito firmado en Buenos Aires el 10 de diciembre de 1807 y dirigido a Liniers, levanta el juramento a Abascal de no luchar contra S. M. Británica con estas palabras: “(…) en consideracion al generosisimo trato que nuestros Prisioneros han resivido de V.E. no tengo la menor dificultad en hacer qe cese la palabra del Virrey, considerandose enteramente libre, (…)” (Archivo General de Indias –Sevilla, España-, Diversos, Año 1807, Ramo 1/52-4).

    [24] El levantamiento de su palabra se dará en Madrid un 27 de enero de 1808 (Servicio Histórico Militar –Madrid, España-, 4° Sección –Ultramar-, Caja MG-125, Subcarpeta S-A n. º 19).

    [25] RODRIGUEZ CASADO, Vicente y CALDERON QUIJANO, Antonio, Memoria del gobierno del Virrey José Fernando de Abascal y Sousa (1808-1816), Vol. 1, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1944, Pág. 357.

    [26] Confróntese en Archivo General de Indias (Sevilla, España), Diversos, Legajo n. º 1, Año 1807, Ramo 1/56-8.

    [27] RODRIGUEZ CASADO, Vicente y CALDERON QUIJANO, Antonio, Memoria del gobierno del Virrey José Fernando de Abascal y Sousa (1808-1816), Vol. 1, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1944, Pág. 336.

    [28] “De igual manera, difundieron todas las noticias posibles referentes a la futura intervención de la Santa Alianza, en ayuda del gobierno realista en América, para sofocar las insurrecciones revolucionarias (…) Anunciaron las listas biográficas de los líderes insurgentes capturados y ejecutados en las campañas de Nueva Granada y el Alto Perú, tanto para demostrar el descabezamiento de la revolución y la fuerza de los realistas como para desmoralizar al bando contrario. En otras ocasiones, utilizaron el humor y la sátira para ridiculizarlos, burlándose de sus jefes y símbolos.” (LÓPEZ TALAVERA, María del Mar, “La prensa realista en la independencia peruana (1808-1826)”, Aportes; Año nº 14, n. º 40, 1999, Págs. 45/46).



    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  14. #94
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    JOSÉ DE SAN MARTÍN Y LOS INGLESES: El comandante William Bowles -inglés-, quien había trabado amistad con San Martín, describió los puntos de vista políticos del general como sigue: "Se muestra... terminantemente en favor del gobierno monárquico, al que considera el único apropiado al estado de la sociedad en este país, lo mismo que a la índole y disposición de sus habitantes... Las clases bajas han alcanzado preponderancia indebida y comienzan a manifestar una disposición revolucionaria que resulta peligrosa en cualquier país... Un día... sugirió DIVIDIR América del Sur entre las principales potencias europeas... España podría quedarse con México y las distintas potencias con los demás virreinatos..." -Bowles a Croker, embarcado, 14 de febrero de 1818. En Graham, Gerald; The Navy and South America 1807 - 1823, pp. 226.

  15. #95
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    http://corrientehispanista.blogspot.com.es/2012/06/antonio-huachaca-y-la-resistencia.html


    ANTONIO HUACHACA Y LA RESISTENCIA IQUICHANA


    Publicado por Cabeleira Santoro - Madrid, España

    La nueva entrega de esta serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos que lucharon a favor del Imperio Español durante las guerras de independencia hispanoamericanas trata sobre la figura de Antonio Huachaca, un humilde campesino amerindio que lideró la resistencia realista en el Virreinato del Perú junto a otros valientes iquichanos en lo que actualmente se conoce como la provincia de Huanta.

    José Antonio Navala Huachaca nació en el montañoso pueblo de San José de Iquicha ubicado en el antiguo Virreinato del Perú. Casado y con dos hijos, se vio envuelto en numerosos acontecimientos ocurridos durante el proceso de independencia del actual Perú. En el año 1814 lucha por primera vez en el bando español para frenar el avance de los rebeldes cuzqueños sobre la región de Ayacucho. Aquella experiencia en el campo de batalla le convertiría en un experto jinete y un gran estratega para futuros enfrentamientos. En recompensa a sus servicios se le otorga el rango de General de Brigada de los Reales Ejércitos del Perú. En 1821 el virrey José de la Serna otorga al municipio de Iquicha un escudo conmemorativo por su acreditada lealtad a España. Tal era el ímpetu de los iquichanos que incluso lograron capturar al teniente coronel Medina en su intento por llegar a Lima para comunicar la victoria de las tropas independentistas en la Batalla de Ayacucho producida el 9 de diciembre de 1824. Este hecho enfadó enormemente a Simón Bolívar hasta el punto de que ordenó al año siguiente gravar con un impuesto de 50000 pesos a toda la provincia de Huanta por su apoyo a las tropas realistas.
    A causa de la nueva insurrección separatista surgida en el virreinato, Antonio Huachaca comienza a movilizar a unos cuantos miles de amerindios de las proximidades de Iquicha para plantar batalla a las tropas secesionistas. Entre marzo y diciembre de 1825 consigue organizar una milicia disciplinada y uniformada a pesar de estar escasamente armada con lanzas, hondas y algunos rifles. Debido a la escasa capacidad de la guerrilla iquichana no se llega a producir combate alguno pero se sientan las bases para las futuras incursiones que llegarían sólo seis meses después. En junio de 1826, la milicia amerindia liderada por Antonio Huachaca conquista la ciudad de Huanta frente a las tropas separatistas que allí se encontraban. En agosto de ese mismo año el líder iquichano consigue gracias a su carisma que dos destacamentos de los Húsares de Junín ubicados en Huancayo deserten del bando secesionista para unirse al intento de preservar el Imperio Español. Envalentonados por la situación, la guerrilla iquichana ataca la localidad de Huamanga (renombrada como Ayacucho por los independentistas) fracasando en su intento por conquistar la ciudad. A pesar de que esta derrota implicó la retirada de la milicia amerindia a Iquicha, Antonio Huachaca siguió defendiendo la causa española enviando ese mismo año una carta al prefecto republicano de la región de Ayacucho en la que decía lo siguiente:
    “Salgan los señores militares que se hallan en ese depósito robando, forzando a mujeres casadas, doncellas, violando hasta templos, a más los mandones, como son el señor Intendente, nos quiere acabar con contribuciones y tributos […] y de lo contrario será preciso de acabar con la vida por defender la religión y nuestras familias e intereses”
    Escudo del Virreinato del Perú
    Tal era la preocupación del bando secesionista que hasta el nuevo congreso de Perú aprobó una ley de pacificación para la región. Además se otorgó el indulto general a Antonio Huachaca que posteriormente sería ratificado por el presidente republicano José Domingo de La Mar. Después de unos meses de tregua en donde los iquichanos vieron como el ejército separatista recuperaba Huanta comienza la nueva ofensiva liderada por Antonio Huachaca. El 12 de noviembre de 1827 la guerrilla amerindia vuelve a conquistar de forma casi milagrosa la ciudad de Huanta ante la inoperancia de las tropas independentistas comandadas por el sargento mayor Narciso Tudela. El día 29 de ese mismo mes, la milicia iquichana intenta conquistar Huamanga (actual Ayacucho) volviendo a ser derrotada debido a que el nuevo prefecto Domingo Tristán y Moscoso había previsto un posible ataque con la consiguiente fortificación de la ciudad. Tras el fallido ataque el coronel secesionista Francisco Vidal ocupa nuevamente el municipio de Huanta persiguiendo posteriormente a la guerrilla amerindia que se había refugiado en las montañas de Iquicha. El comerciante alemán Heinrich Witt fue testigo de aquella última ocupación por parte del ejército independentista escribiendo lo siguiente en su diario:
    “Las tropas del gobierno tomaron nuevamente posesión de la ciudad y, si se puede creer a los huantinos, se portaron peor de lo que lo habían hecho los indios: no sólo saquearon las casas sin que ni siquiera respetaron la iglesia, de donde se llevaron las vasijas sagradas hechas de plata, estatuas de ángeles del mismo valioso metal, flecos de oro y plata, en resumen, todo lo de valor. Un oficial fue acusado de haber enviado a Huamanga no menos de nueve mulas cargadas de cosas robadas”
    Este imparcial testimonio debido a la nacionalidad de su autor sumado a la anterior carta de Antonio Huachaca corroboran el expolio y la crueldad de las tropas separatistas tras las derrotas que infligieron a los iquichanos. Existe constancia de que muchos de los prisioneros amerindios capturados a lo largo de la contienda fueron fusilados sin proceder ni siquiera a un juicio antes de su ejecución.
    A pesar de este segundo fracaso a la hora de conquistar Huanta, la milicia iquichana fue capaz de recuperarse aunque sus fuerzas se vieron notablemente mermadas. La guerrilla amerindia consiguió resistir ferozmente en las montañas de Iquicha a la represión ejercida por el ejército secesionista dirigido por el coronel Vidal. Pero finalmente en 1828 se produce la batalla de Uchuraccay en donde las tropas separatistas al mando del comandante Gabriel Quintanilla derrotan a los iquichanos que sólo disponían de lanzas y hondas para defenderse. Se produce la muerte de centenares de amerindios entre los que destaca el hermano de Antonio Huachaca llamado Prudencio. El resto de los iquichanos supervivientes son hechos prisioneros incluyendo a la esposa y los hijos de Antonio Huachaca como venganza al comprobar que el líder amerindio había escapado a través de las montañas de Iquicha a lomos de su caballo llamado Rifle. Pero incluso tras esta dolorosa derrota la milicia iquichana (ya sin su líder) logra alargar un poco más la guerra de independencia peruana hasta su aparente derrota definitiva en Ccano.
    Panorámica del municipio de Huanta en las que aparecen las
    montañas por donde descendieron los milicianos iquichanos
    liderados por Antonio Huachaca para conquistar la ciudad
    Una vez establecido definitivamente el nuevo estado de Perú, los iquichanos se mantienen ajenos a las disputas políticas de una república que consideran que no les representa a la vez que mantienen vivos los ideales por los que lucharon. Debido a esta férrea voluntad, Antonio Huachaca regresa en 1836 para liderar nuevamente a sus paisanos en favor de la Confederación Peruana-Boliviana en su lucha contra el ejército chileno. Para los iquichanos aquella confederación suponía en cierto modo la restauración del Imperio Español por otros medios. En el año 1838, Antonio Huachaca es nombrado Juez de Paz y Gobernador del distrito de Carhuahuran como distinción por su apoyo a la causa confederal. En marzo de 1839 la nueva milicia iquichana sitia la ciudad de Huanta debido a la delicada situación por la que atravesaba la confederación. Pero los refuerzos chilenos enviados por el coronel Lopera (impuesto como prefecto de Ayacucho) consiguieron romper el asedio obligando a los iquichanos a retroceder nuevamente a las montañas. Sin embargo en junio de ese mismo año se produce la batalla de Campamento-Oroco, en la cual la guerrilla amerindia aprovechó una tormenta para atacar por sorpresa a las tropas enemigas provocando su retirada de una forma humillante y calamitosa. Tras este combate se lleva a cabo una brutal venganza por parte del ejército adversario que mata a todo aquel iquichano que se encuentra a su paso sin hacer distinciones entre civiles y milicianos.
    Debido a esta situación el Prefecto-Coronel Lopera intenta promover un acuerdo con la guerrilla iquichana para conseguir terminar con el conflicto de manera negociada. Es así como el 15 de noviembre de 1839 se firma el Tratado de Yanallay en donde se acuerda la paz permanente que supone el final de la resistencia iquichana. No obstante Antonio Huachaca nunca aceptó este tratado ya que lo consideraba una traición a su objetivo de recomponer el Imperio Español como dejó constancia en su última carta dirigida al prefecto:
    “Ustedes son más bien los usurpadores de la religión, de la Corona y del suelo patrio... ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante tres años de vuestro poder? La tiranía, el desconsuelo y la ruina en un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros no cargamos semejante tiranía”
    Después de la disolución de la efímera Confederación Peruana-Boliviana, el líder iquichano prefirió adentrarse en la selva antes que renunciar a los ideales por los que tanto había luchado. Tras su muerte en 1848 fue enterrado en el altar mayor de la iglesia de San José de Iquicha en donde actualmente se encuentran sus restos mortales.
    A pesar de todo existen numerosos historiadores hispanoamericanos que buscan justificar de alguna manera el patriotismo español mostrado por los amerindios iquichanos para legitimar el proceso de independencia hispanoamericano. Nuevamente nos encontramos con una tergiversación interesada que pretende adaptar estos hechos históricos a la doctrina oficial impuesta por los gobiernos hispanoamericanos sobre lo ocurrido durante la independencia de los estados americanos.
    Los iquichanos lucharon en el bando realista porque eran y se sentían españoles, demostrando que para muchos amerindios nunca supuso una contradicción ser nativos americanos a la vez que leales vasallos de la corona española. Tanto Antonio Huachaca como sus partidarios tenían profundas convicciones monárquicas y religiosas provenientes de una larga tradición de tres siglos. Para los iquichanos la independencia hispanoamericana suponía un proyecto ajeno que les excluía al negar sus raíces españolas y católicas. Tampoco perdonaron que las tropas separatistas asesinaran civiles y profanasen iglesias puesto que ellos nunca cometieron semejantes actos pese a estar en tiempos de guerra. Todo esto sin contar con que la nueva república peruana tenía una estructura fuertemente centralista que derogó el derecho de los amerindios para nombrar a sus propias autoridades locales (corregidores y caciques).
    La admirable determinación de Antonio Huachaca fue lo que posibilitó la supervivencia de la resistencia iquichana durante tantos años. El líder amerindio consiguió restablecer la monarquía española en la provincia de Huanta a pesar de los escasos medios de los que disponían los iquichanos. Antonio Huachaca administraba la región por la autoridad que le otorgaba ser general de brigada del ejército español. Durante su mandato designó delegados para controlar de forma efectiva toda la provincia a la vez que diezmeros que recaudaron fondos destinados a la causa española. También congregó suficiente mano de obra para reparar los puentes y caminos de la zona. Incluso elaboró un reglamento de orden público para legislar sobre los patrones éticos de conducta de las personas que estaban bajo su cargo.
    Desde aquí quiero rendir mi más sincero homenaje a este gran patriota español que junto a sus paisanos iquichanos lucharon hasta la muerte por defender la unidad del mundo hispánico. Sólo queda por conocer vuestra opinión sobre este tema en forma de valoraciones y comentarios. ¡Muchas gracias!
    Erasmus y El Tercio de Lima dieron el Víctor.

  16. #96
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    CLAMOR dio el Víctor.

  17. #97
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    C. L. A. M. O. R.

    La masonería y las revoluciones americanas

    Compartimos con nuestros lectores el siguiente documental del canal History Latinoamérica. Más allá de ciertos reparos, creemos que es interesante para introducirnos en el tema.


    Advertencia: Tener en cuenta que es la mirada desde el enemigo de la Iglesia y las Españas.

    El complot de los masones - YouTube




    Para los sostenedores del mito nacionalista-católico, todo esto serán "mentiras", pues --claro-- ellos viven de la teoría conspirativa de la conspiración.





    DE REINO HISPANICO A COLONIA BRITANICA I: ¿Refugiados o “quintacolumnistas”?





    En 1810 se habían censado 126 británicos en el Río de la Plata, incluyendo, entre ellos, algunos de los venidos en las Invasiones Inglesas y que, por diversos, no habían querido abandonar el país. Una década y media después, los británicos serían varios miles —3500 súbditos de Su Majestad, en 1824, según el British Packet del Sr. Love—.


    Ya a mediados del siglo XVIII, España había abierto América a refugiados católicos angloparlantes, principalmente irlandeses. Antes de esas fechas los hubo pero, en general, en pequeño número. Sin embargo, el apoyo hispano-francés a las pretensiones del jacobitismo se convirtió, tras el fracaso de 1745, en un importante flujo de refugiados religiosos y políticos, junto a los cuales vinieron también algunos pillos que aprovechaban la oportunidad (no vamos a extendernos, pero es bastante bien conocido que las primeras logias masónicas regulares que abrieron en el Continente, lo hicieron de la mano de estos “refugiados” irlandeses, escoceses e ingleses).


    En Buenos Aires, recaló el supuesto segundón de Lord Dalmouth, Paul William Thompson. Aquí abrió una casa de comercio apenas arribado y ya en 1764 se aseguraba una carta de ciudadanía española que le permitía sumarse al “monopolio”, al mismo tiempo que mantenía vínculos con casas de comercio de Londres, Dublín o Glasgow, convirtiéndose en puerta de entrada de los productos británicos en la América del Sur.


    Tan rápido hizo fortuna este Thompson que, muy poco después, estuvo en condiciones de contraer matrimonio con la linajuda doña Tiburcia López y Cárdenas. Y con ella tuvo a Martín Jacobo Thompson —que será Coronel “patriota” y embajador ante el gobierno de los Estados Unidos, pero tal vez más conocido por un hecho que relataremos más adelante—. En 1804 este Martín desposó a María Sánchez. Pero, antes, refiere la tradición que el padre de ésta no le permitía casarse con un hereje y que tuvo que disfrazarse de aguatero para poder ingresar en casa de los Sánchez Velasco. Como se ve, el “catolicismo” que Pablo Guillermo Thompson había declarado para lograr la ciudadanía española no era creído por los vecinos porteños.


    Otro de los refugiados que arribó a estas costas fue Miguel O’Gorman, aunque su derrotero tuvo escalas. El caso es que arribó en 1777 en calidad de cirujano de la expedición de don Pedro de Ceballos y Cortés, futuro virrey del Río de la Plata. Por Real Orden debió quedarse en Buenos Aires para reorganizar el hospital, por lo que es considerado como uno de los fundadores de la Medicina en la Argentina. Abrió su práctica aquí y ejerció hasta poco antes de morir. Alto y distinguido, es quizá más conocido como abuelo de la famosa Camila O’Gorman y Ximenes. Hermano de ella fue el canónigo Eduardo, rector que fue de San Nicolás de Bari y alto funcionario de la iglesia (cismática) bonaerense.


    El joven comerciante inglés John Miller arribaría a estas costas con el nuevo siglo. Casado con la dama española María Balbastro, estaba vinculado entonces con Carlos María de Alvear —oficial español, de la Logia Lautaro, futuro general “patriota” y director supremo—. Su hija Margarita Balbastro y Miller sería desposada años después por John W. Parish, hijo de Sir Woodbine a quien ya nos referimos, agente británico, empresario del ferrocarril y admirado de Domingo Faustino Sarmiento. “Don Juan Miller” comprará tierras y se convertirá en un insigne estanciero en la zona de Cañuelas, introductor en el país de la raza Shorthorn o Durham, que fue conocida localmente como Tarquino, por el nombre del primer toro de esa raza, propiedad de los Miller. Al morir en 1843, sus restos serán inhumados en el antiguo cementerio de Disidentes.


    “Don Juan” trajo también a estas pampas a su hermano Andrew. En 1827, “don Andrés” casará con Julia Canning, sobrina del Almirante Brown y pariente del primer ministro británico. Andrés Miller, además de la actividad ganadera, fue propietario de un almacén con los Robinson y un saladero en Barracas en sociedad con el Tte. Cnel. Mariano de Escalada, cuñado del “Libertador” y “héroe” de la independencia.


    Por la misma época en que llegó Miller, arribó a Montevideo el inglés Robert Billinghurst. Recordados son sus hijos Guillermo (gran empresario del salitre en Arica y padre del presidente peruano del mismo nombre) y Mariano (empresario de lanas, tranvías y ferrocarriles), y su nieto Lisandro (ganador del “millón” de 1902). Al estallar la Revolución de Mayo, abrazó la causa “patriota”. Fue interlocutor entre la flotilla británica del Río de la Plata y las fuerzas revolucionarias que sitiaban la capital de la Banda Oriental que, aún, se mantenía fiel al Rey. Casó con Francisca Agrelo, hermana de los “próceres” Pedro y Marcos.


    Por sus servicios, en noviembre de 1811 el Cabildo le concedió la ciudadanía argentina, siendo la segunda concedida a un inglés (el primero fue el agente Paroissien, a quien ya nos referimos). Fue, posteriormente, lugarteniente de Brown a quien admiraba y en más de una ocasión transportó en sus barcazas por el Río de la Plata. Tenía grandes propiedades a ambos lados del Río de la Plata y, a pesar de haberse “agauchado” según dicen, prohibía el castellano a sus hijos en la intimidad de su casa.


    También a comienzos del siglo XIX, vemos a otros ingleses residentes en Buenos Aires. Agustín (Augustine) Wright llegará a firmar como “alcalde de barrio” en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Santiago (James) Spencer Wilde, pariente y corresponsal de John Mill, el filósofo y padre de John Stuart Mill. Fue contador de cálculo entre 1821 y 1834 —es decir, entre los gobiernos de Rivadavia y Rosas, inclusive—, a cargo de la gestión de la ingente deuda externa con intereses británicos.


    “Don Santiago”, que era vocal de la Comisión de Hacienda, presentó un proyecto de telégrafos, para unir la Fortaleza con las guardias de fronteras. Fue padre de José Antonio Wilde, el autor del conocido Buenos Aires setenta años atrás.


    Santiago invitó a venir a su hermano Wellesley Wilde, que aquí adoptó el nombre de pila de Diego y fue “guerrero de la independencia” y coronel en Bolivia. Siendo teniente, desposó a Visitación García, hermana de Fortunata —la que, en Tucumán, ocultó la cabeza del “mártir de Metán” (Marco Avellaneda) para que los hombres de Oribe no pudiesen hallarla—. Éste fue padre de Eduardo Wilde, célebre médico, escritor, pedagogo y político laicista argentino.


    Negocios y liberalismo parecen ser el denominador común de todos estos personajes.


    "The Great Province of Rio de la Plata"
    (La Gran Provincia del Río de la Plata)
    de la 4ª edición del libro de mapas de Herman Moll,
    The Compleat Geographer (Londres: 1723)




    [Continuará]

  18. #98
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    C. L. A. M. O. R.

    La masonería y las revoluciones americanas

    Compartimos con nuestros lectores el siguiente documental del canal History Latinoamérica. Más allá de ciertos reparos, creemos que es interesante para introducirnos en el tema.


    Advertencia: Tener en cuenta que es la mirada desde el enemigo de la Iglesia y las Españas.

    El complot de los masones - YouTube




    Para los sostenedores del mito nacionalista-católico, todo esto serán "mentiras", pues --claro-- ellos viven de la teoría conspirativa de la conspiración.





    DE REINO HISPANICO A COLONIA BRITANICA I: ¿Refugiados o “quintacolumnistas”?





    En 1810 se habían censado 126 británicos en el Río de la Plata, incluyendo, entre ellos, algunos de los venidos en las Invasiones Inglesas y que, por diversos, no habían querido abandonar el país. Una década y media después, los británicos serían varios miles —3500 súbditos de Su Majestad, en 1824, según el British Packet del Sr. Love—.


    Ya a mediados del siglo XVIII, España había abierto América a refugiados católicos angloparlantes, principalmente irlandeses. Antes de esas fechas los hubo pero, en general, en pequeño número. Sin embargo, el apoyo hispano-francés a las pretensiones del jacobitismo se convirtió, tras el fracaso de 1745, en un importante flujo de refugiados religiosos y políticos, junto a los cuales vinieron también algunos pillos que aprovechaban la oportunidad (no vamos a extendernos, pero es bastante bien conocido que las primeras logias masónicas regulares que abrieron en el Continente, lo hicieron de la mano de estos “refugiados” irlandeses, escoceses e ingleses).


    En Buenos Aires, recaló el supuesto segundón de Lord Dalmouth, Paul William Thompson. Aquí abrió una casa de comercio apenas arribado y ya en 1764 se aseguraba una carta de ciudadanía española que le permitía sumarse al “monopolio”, al mismo tiempo que mantenía vínculos con casas de comercio de Londres, Dublín o Glasgow, convirtiéndose en puerta de entrada de los productos británicos en la América del Sur.


    Tan rápido hizo fortuna este Thompson que, muy poco después, estuvo en condiciones de contraer matrimonio con la linajuda doña Tiburcia López y Cárdenas. Y con ella tuvo a Martín Jacobo Thompson —que será Coronel “patriota” y embajador ante el gobierno de los Estados Unidos, pero tal vez más conocido por un hecho que relataremos más adelante—. En 1804 este Martín desposó a María Sánchez. Pero, antes, refiere la tradición que el padre de ésta no le permitía casarse con un hereje y que tuvo que disfrazarse de aguatero para poder ingresar en casa de los Sánchez Velasco. Como se ve, el “catolicismo” que Pablo Guillermo Thompson había declarado para lograr la ciudadanía española no era creído por los vecinos porteños.


    Otro de los refugiados que arribó a estas costas fue Miguel O’Gorman, aunque su derrotero tuvo escalas. El caso es que arribó en 1777 en calidad de cirujano de la expedición de don Pedro de Ceballos y Cortés, futuro virrey del Río de la Plata. Por Real Orden debió quedarse en Buenos Aires para reorganizar el hospital, por lo que es considerado como uno de los fundadores de la Medicina en la Argentina. Abrió su práctica aquí y ejerció hasta poco antes de morir. Alto y distinguido, es quizá más conocido como abuelo de la famosa Camila O’Gorman y Ximenes. Hermano de ella fue el canónigo Eduardo, rector que fue de San Nicolás de Bari y alto funcionario de la iglesia (cismática) bonaerense.


    El joven comerciante inglés John Miller arribaría a estas costas con el nuevo siglo. Casado con la dama española María Balbastro, estaba vinculado entonces con Carlos María de Alvear —oficial español, de la Logia Lautaro, futuro general “patriota” y director supremo—. Su hija Margarita Balbastro y Miller sería desposada años después por John W. Parish, hijo de Sir Woodbine a quien ya nos referimos, agente británico, empresario del ferrocarril y admirado de Domingo Faustino Sarmiento. “Don Juan Miller” comprará tierras y se convertirá en un insigne estanciero en la zona de Cañuelas, introductor en el país de la raza Shorthorn o Durham, que fue conocida localmente como Tarquino, por el nombre del primer toro de esa raza, propiedad de los Miller. Al morir en 1843, sus restos serán inhumados en el antiguo cementerio de Disidentes.


    “Don Juan” trajo también a estas pampas a su hermano Andrew. En 1827, “don Andrés” casará con Julia Canning, sobrina del Almirante Brown y pariente del primer ministro británico. Andrés Miller, además de la actividad ganadera, fue propietario de un almacén con los Robinson y un saladero en Barracas en sociedad con el Tte. Cnel. Mariano de Escalada, cuñado del “Libertador” y “héroe” de la independencia.


    Por la misma época en que llegó Miller, arribó a Montevideo el inglés Robert Billinghurst. Recordados son sus hijos Guillermo (gran empresario del salitre en Arica y padre del presidente peruano del mismo nombre) y Mariano (empresario de lanas, tranvías y ferrocarriles), y su nieto Lisandro (ganador del “millón” de 1902). Al estallar la Revolución de Mayo, abrazó la causa “patriota”. Fue interlocutor entre la flotilla británica del Río de la Plata y las fuerzas revolucionarias que sitiaban la capital de la Banda Oriental que, aún, se mantenía fiel al Rey. Casó con Francisca Agrelo, hermana de los “próceres” Pedro y Marcos.


    Por sus servicios, en noviembre de 1811 el Cabildo le concedió la ciudadanía argentina, siendo la segunda concedida a un inglés (el primero fue el agente Paroissien, a quien ya nos referimos). Fue, posteriormente, lugarteniente de Brown a quien admiraba y en más de una ocasión transportó en sus barcazas por el Río de la Plata. Tenía grandes propiedades a ambos lados del Río de la Plata y, a pesar de haberse “agauchado” según dicen, prohibía el castellano a sus hijos en la intimidad de su casa.


    También a comienzos del siglo XIX, vemos a otros ingleses residentes en Buenos Aires. Agustín (Augustine) Wright llegará a firmar como “alcalde de barrio” en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Santiago (James) Spencer Wilde, pariente y corresponsal de John Mill, el filósofo y padre de John Stuart Mill. Fue contador de cálculo entre 1821 y 1834 —es decir, entre los gobiernos de Rivadavia y Rosas, inclusive—, a cargo de la gestión de la ingente deuda externa con intereses británicos.


    “Don Santiago”, que era vocal de la Comisión de Hacienda, presentó un proyecto de telégrafos, para unir la Fortaleza con las guardias de fronteras. Fue padre de José Antonio Wilde, el autor del conocido Buenos Aires setenta años atrás.


    Santiago invitó a venir a su hermano Wellesley Wilde, que aquí adoptó el nombre de pila de Diego y fue “guerrero de la independencia” y coronel en Bolivia. Siendo teniente, desposó a Visitación García, hermana de Fortunata —la que, en Tucumán, ocultó la cabeza del “mártir de Metán” (Marco Avellaneda) para que los hombres de Oribe no pudiesen hallarla—. Éste fue padre de Eduardo Wilde, célebre médico, escritor, pedagogo y político laicista argentino.


    Negocios y liberalismo parecen ser el denominador común de todos estos personajes.


    "The Great Province of Rio de la Plata"
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  19. #99
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    "Nosotros somos muy pobres, no valemos nada, pero no era así cuando teníamos un rey."

    Afirmación realizada por unos indígenas de Cucao (Chiloé - Actual Chile) a Charles Darwin en 1835 y anotada en su cuaderno.

  20. #100
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Cita Iniciado por Ordóñez Ver mensaje
    DE REINO HISPANICO A COLONIA BRITANICA I: ¿Refugiados o “quintacolumnistas”?







    En 1810 se habían censado 126 británicos en el Río de la Plata, incluyendo, entre ellos, algunos de los venidos en las Invasiones Inglesas y que, por diversos, no habían querido abandonar el país. Una década y media después, los británicos serían varios miles —3500 súbditos de Su Majestad, en 1824, según el British Packet del Sr. Love—.


    Ya a mediados del siglo XVIII, España había abierto América a refugiados católicos angloparlantes, principalmente irlandeses. Antes de esas fechas los hubo pero, en general, en pequeño número. Sin embargo, el apoyo hispano-francés a las pretensiones del jacobitismo se convirtió, tras el fracaso de 1745, en un importante flujo de refugiados religiosos y políticos, junto a los cuales vinieron también algunos pillos que aprovechaban la oportunidad (no vamos a extendernos, pero es bastante bien conocido que las primeras logias masónicas regulares que abrieron en el Continente, lo hicieron de la mano de estos “refugiados” irlandeses, escoceses e ingleses).


    En Buenos Aires, recaló el supuesto segundón de Lord Dalmouth, Paul William Thompson. Aquí abrió una casa de comercio apenas arribado y ya en 1764 se aseguraba una carta de ciudadanía española que le permitía sumarse al “monopolio”, al mismo tiempo que mantenía vínculos con casas de comercio de Londres, Dublín o Glasgow, convirtiéndose en puerta de entrada de los productos británicos en la América del Sur.


    Tan rápido hizo fortuna este Thompson que, muy poco después, estuvo en condiciones de contraer matrimonio con la linajuda doña Tiburcia López y Cárdenas. Y con ella tuvo a Martín Jacobo Thompson —que será Coronel “patriota” y embajador ante el gobierno de los Estados Unidos, pero tal vez más conocido por un hecho que relataremos más adelante—. En 1804 este Martín desposó a María Sánchez. Pero, antes, refiere la tradición que el padre de ésta no le permitía casarse con un hereje y que tuvo que disfrazarse de aguatero para poder ingresar en casa de los Sánchez Velasco. Como se ve, el “catolicismo” que Pablo Guillermo Thompson había declarado para lograr la ciudadanía española no era creído por los vecinos porteños.


    Otro de los refugiados que arribó a estas costas fue Miguel O’Gorman, aunque su derrotero tuvo escalas. El caso es que arribó en 1777 en calidad de cirujano de la expedición de don Pedro de Ceballos y Cortés, futuro virrey del Río de la Plata. Por Real Orden debió quedarse en Buenos Aires para reorganizar el hospital, por lo que es considerado como uno de los fundadores de la Medicina en la Argentina. Abrió su práctica aquí y ejerció hasta poco antes de morir. Alto y distinguido, es quizá más conocido como abuelo de la famosa Camila O’Gorman y Ximenes. Hermano de ella fue el canónigo Eduardo, rector que fue de San Nicolás de Bari y alto funcionario de la iglesia (cismática) bonaerense.


    El joven comerciante inglés John Miller arribaría a estas costas con el nuevo siglo. Casado con la dama española María Balbastro, estaba vinculado entonces con Carlos María de Alvear —oficial español, de la Logia Lautaro, futuro general “patriota” y director supremo—. Su hija Margarita Balbastro y Miller sería desposada años después por John W. Parish, hijo de Sir Woodbine a quien ya nos referimos, agente británico, empresario del ferrocarril y admirado de Domingo Faustino Sarmiento. “Don Juan Miller” comprará tierras y se convertirá en un insigne estanciero en la zona de Cañuelas, introductor en el país de la raza Shorthorn o Durham, que fue conocida localmente como Tarquino, por el nombre del primer toro de esa raza, propiedad de los Miller. Al morir en 1843, sus restos serán inhumados en el antiguo cementerio de Disidentes.


    “Don Juan” trajo también a estas pampas a su hermano Andrew. En 1827, “don Andrés” casará con Julia Canning, sobrina del Almirante Brown y pariente del primer ministro británico. Andrés Miller, además de la actividad ganadera, fue propietario de un almacén con los Robinson y un saladero en Barracas en sociedad con el Tte. Cnel. Mariano de Escalada, cuñado del “Libertador” y “héroe” de la independencia.


    Por la misma época en que llegó Miller, arribó a Montevideo el inglés Robert Billinghurst. Recordados son sus hijos Guillermo (gran empresario del salitre en Arica y padre del presidente peruano del mismo nombre) y Mariano (empresario de lanas, tranvías y ferrocarriles), y su nieto Lisandro (ganador del “millón” de 1902). Al estallar la Revolución de Mayo, abrazó la causa “patriota”. Fue interlocutor entre la flotilla británica del Río de la Plata y las fuerzas revolucionarias que sitiaban la capital de la Banda Oriental que, aún, se mantenía fiel al Rey. Casó con Francisca Agrelo, hermana de los “próceres” Pedro y Marcos.


    Por sus servicios, en noviembre de 1811 el Cabildo le concedió la ciudadanía argentina, siendo la segunda concedida a un inglés (el primero fue el agente Paroissien, a quien ya nos referimos). Fue, posteriormente, lugarteniente de Brown a quien admiraba y en más de una ocasión transportó en sus barcazas por el Río de la Plata. Tenía grandes propiedades a ambos lados del Río de la Plata y, a pesar de haberse “agauchado” según dicen, prohibía el castellano a sus hijos en la intimidad de su casa.


    También a comienzos del siglo XIX, vemos a otros ingleses residentes en Buenos Aires. Agustín (Augustine) Wright llegará a firmar como “alcalde de barrio” en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Santiago (James) Spencer Wilde, pariente y corresponsal de John Mill, el filósofo y padre de John Stuart Mill. Fue contador de cálculo entre 1821 y 1834 —es decir, entre los gobiernos de Rivadavia y Rosas, inclusive—, a cargo de la gestión de la ingente deuda externa con intereses británicos.


    “Don Santiago”, que era vocal de la Comisión de Hacienda, presentó un proyecto de telégrafos, para unir la Fortaleza con las guardias de fronteras. Fue padre de José Antonio Wilde, el autor del conocido Buenos Aires setenta años atrás.


    Santiago invitó a venir a su hermano Wellesley Wilde, que aquí adoptó el nombre de pila de Diego y fue “guerrero de la independencia” y coronel en Bolivia. Siendo teniente, desposó a Visitación García, hermana de Fortunata —la que, en Tucumán, ocultó la cabeza del “mártir de Metán” (Marco Avellaneda) para que los hombres de Oribe no pudiesen hallarla—. Éste fue padre de Eduardo Wilde, célebre médico, escritor, pedagogo y político laicista argentino.


    Negocios y liberalismo parecen ser el denominador común de todos estos personajes.


    "The Great Province of Rio de la Plata"
    (La Gran Provincia del Río de la Plata)
    de la 4ª edición del libro de mapas de Herman Moll,
    The Compleat Geographer (Londres: 1723)




    [Continuará]
    Duplicado



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."








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