Fuente: El Pensamiento Navarro, 10 de Marzo de 1971, página 6.
UN «CARLISMO» MODERNO QUE HA RENEGADO DE DIOS
Pablo Torres Jacoiste
Una vez más la Comunión Tradicionalista, secundada por nuestro querido periódico EL PENSAMIENTO NAVARRO, se dispone a conmemorar la fiesta de los Mártires de la Tradición.
Hace más de sesenta años que la instituyó nuestro inolvidable Rey Carlos VII, fiel defensor de la Dinastía Católica y Tradicional, y hasta hoy el Señor me ha permitido acudir a los funerales sin interrupción. Siempre se han celebrado con gran solemnidad y fervor religioso.
No puedo olvidar la grandeza con que se celebraban y la emoción que nos embargaba a aquéllos que, antes de la guerra, se realizaban en la iglesia de San Saturnino. Allí no acudía representación oficial, pero qué gloria daba ver a aquellos caballeros de la Legitimidad, a aquellas autoridades nuestras, viejos veteranos venerables de quienes aprendimos tanta lealtad y tanta claridad de doctrina. ¡Qué difícil me resulta describir la dignidad y señorío que daban al presbiterio!
Seguro que ya no queda un solo veterano. Pocos vamos quedando ya de aquéllos que de sus labios aprendimos nuestra noble historia guerrera, la generosidad de entrega y heroísmo. Pero sí los suficientes para advertir a nuestros jóvenes que el progresismo está corrompiendo nuestro ideario.
Un carlismo moderno, podrá renunciar a Dios, podrá convertirse en partido político, y, si se quiere, pactará con quienes ostenten ideologías diferentes y contrarias. Pero ese Carlismo nunca será el sucesor de aquella Monarquía Católica, Tradicional, enemiga por sus principios de toda unión con la Revolución, tal como nos enseñó el gran Rey Carlos VII, ni de aquel carlismo histórico que, con tanto heroísmo, salió a luchar por su Dios y por su Rey.
Después de la guerra, la fiesta creció en importancia. Muchos eran los muertos, los mártires, que, en la Cruzada, habían entregado su vida por Dios y por España, al grito de Viva Cristo Rey. Era un deber.
Porque no son los hombres, sino Dios, quienes rigen la historia, miro con esperanza el futuro del carlismo. No me baso en el momento presente, que tanto dolor nos está produciendo. Tengo mi fe puesta en que nunca fueron estériles la sangre de los mártires. Ellos permitirán que nuestra historia se prolongue para bien de España y del mundo.
Recemos confiados. Oraciones y gloria eterna para quienes nos señalaron la ruta a seguir al sacrificar sus vidas por Dios, por la Patria y por el Rey.
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