Fuente: El Pensamiento Navarro, 10 de Marzo de 1971, página 7.
Una página inmortal del heroísmo carlista
CODO
“El oficial que recibiera la orden de defender su posición a toda costa, lo hará”.
(Órdenes Generales para Oficiales)
“Ante Dios nunca serás héroe anónimo”.
(Ordenanzas del Requeté).
Verano de 1937; la ofensiva del Norte lleva una marcha inexorable hacia la derrota marxista. Los rojos quieren a toda costa colapsarla. En Julio, la ofensiva de Brunete, la ha paralizado momentáneamente, porque se han tenido que quitar tropas nacionales de aquel frente, entre ellas la “cuarta de Navarra”, para taponar la penetración roja. Los rojos diezman intensamente sus mejores tropas de choque, para conseguir un puñado de kilómetros cuadrados. Primero avanzaron, y luego tuvieron que retroceder. Han perdido unos hombres que ya no recuperarán, y material que pronto será reemplazado por otro. El oro lo puede casi todo. Pero insisten con otra operación de gran estilo, para ver de no perder totalmente las cuencas mineras y fabriles del Norte, que tiene por objeto Zaragoza. Eligen un sector de frente que, según los propios servicios de información rojos, “está mal guarnecido y con tropas de escasa calidad”. El primer escalón del avance es Belchite. Para llegar a él está prevista la previa ocupación de Codo.
* * *
Ciento ochenta hombres armados de fusiles y algunas armas automáticas (de origen francés, capturadas a los rojos) es todo lo que se dispone para la defensa de Codo y su sector. Militarmente, la situación se agrava porque las dos compañías del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrrat (entonces en formación), está constituida por tropa bisoña, sin foguear. Los bisoños son siempre una incógnita para el mando; su comportamiento en combate violento es imprevisible. Muchos de los requetés del Tercio catalán aún llevan en sus cuerpos las huellas de la tortura roja, y en sus almas el dolor por la separación de los seres queridos que han quedado allá… si es que aún viven.
Por bisoños, se les ha asignado un sector tranquilo. El mando sólo sabe de ellos que son voluntarios, evadidos, requetés y católicos. Valor, se les supone.
Los servicios de descubiertas, guardias, instrucciones en orden cerrado y abierto, se alternan con la asistencia y la ayuda a las funciones litúrgicas de la iglesia de Codo. No tienen mala voz los catalanes, y hasta han formado un coro. El órgano ha sido sustituido por un piano de alquiler, aunque malas lenguas dicen que la forma de alquiler adolece de algunos defectos de forma.
SE INICIA LA OFENSIVA ROJA
Los rojos, a pesar de los descalabros sufridos, siguen siendo, materialmente, los más fuertes. Con una masa de maniobra de ochenta mil hombres, apoyada por abundante número de carros y artillería, iniciarán la ofensiva de Belchite.
Los rojos ocupan las bases de partida. Al amanecer, sin preparación artillera para que sea mayor la sorpresa, más de cincuenta mil hombres se lanzan a la toma de Codo. Cuestión de horas. El blindado que desde Belchite suministra a Codo, es sorprendido y destruido. Una descubierta de cuarenta falangistas, también es sorprendida y se repliega a Codo. Primer y único refuerzo del pueblo, que ya está sitiado. La desproporción en hombres y elementos de fuego no está prevista en ningún manual militar: uno contra treinta.
Los cañones de las ametralladoras enrojecen de tanto disparar; las más se encasquillan o se inutilizan. El material de que dispone el Tercio, no es de la mejor calidad; la mayor parte procede de recuperación o botín. Los oficiales y suboficiales recorren las posiciones alentando a sus hombres. Las posiciones más avanzadas son arrasadas. De los escombros emergen algunos supervivientes que se repliegan para seguir luchando desde el relativo parapeto de una pared de adobe semiderruida o del de alguna paridera. El P. Carreras, el “pater” o “el mosén”, que es como gustan llamarle los catalanes, sin miedo ni reposo, conforta a los moribundos. El Cuerpo de Cristo llega a todos los sitiados. Una larga letanía de apellidos catalanes va incrementando el Martirologio de la Tradición. En un puesto de ametralladoras, mueren un requeté y sus dos hijos. El sargento Estivill, muere erguido y desafiante sobre la tapia del cementerio, y los falangistas, admirados de tanto valor, rinden el sencillo homenaje de cantar el Oriamendi, con voces viriles, roncas por la pólvora y la emoción.
HEROISMO HASTA EL SACRIFICIO
El alférez médico, sin otros medios que su ciencia y voluntad, atiende a los heridos que se hacinan en condiciones indescriptibles. Muchos, después de una primera cura (?), vuelven a la lucha aun sin poder. Las municiones se agotan y se aprovechará la noche para municionarse de la típica intendencia carlista: la del enemigo.
Ya sólo queda un oficial con vida, el alférez médico, que, agotadas las municiones, como los pocos hombres que quedan en pie, ordena abrirse paso a la bayoneta, para replegarse al único sitio posible: Zaragoza. Aún caerán más requetés en esta salida. Sólo cuarenta y un requetés llegarán a su destino, después de una agotadora marcha de cincuenta kilómetros. Todos, en un alto ejemplo de valor y disciplina castrense, conservan sus armas. Entre todos, siete cartuchos.
La lucha ha durado dos días. No ha durado más porque ya no quedaban municiones, pero ha durado lo suficiente para evitar que Belchite sucumba en el tiempo previsto por los rojos. Ya no les será posible llegar a Zaragoza. No tienen suerte los rojos con Zaragoza; siempre hay un puñado de requetés que malbaratan las cartas.
En esta ocasión, el mando nacional ya no retirará fuerzas del frente del Norte. Se sacrificará la guarnición de Belchite, que, con su resistencia, acabará de frenar el ímpetu inicial del ataque rojo. Éstos ya no podrán pensar en la explotación del éxito, porque no ha habido ningún éxito.
LA LAUREADA PARA EL TERCIO DE MONTSERRAT
Por esta acción, el bisoño Tercio de Nuestra Señora de Montserrat ganó la Laureada, ¡en su primera acción de guerra! Por esta acción, sangre catalana iniciaba la reconquista de Montserrat. Los rojos pierden la última oportunidad de salvar el frente del Norte, piedra angular en el desarrollo de la Cruzada.
Todo esto, ellos, los que cayeron en la lucha por Dios y por España, sencillos soldados de la Tradición, que no conocen otra táctica que la de la Fe, ni otra estrategia que la del rezo del Rosario por escuadras, ya lo supieron de labios de Cristo, cuando, al subir al Cielo sus almas, daban la novedad al Redentor:
– Sin novedad en el Tercio, mi Señor. He muerto defendiendo la Fe que Tú me diste y que cultivaron mis padres.
– No has muerto todavía, requeté. ¿Ves aquellos soldados que avanzan por las breñas del Cantábrico?. Porque tu fuiste fiel a Mi llamada, pueden seguir avanzando sin otra preocupación que el enemigo que tienen enfrente: tu labor, aún después de muerto, perdurará.
– Señor, si Tú hubieses permitido que nosotros fuésemos más, hubiésemos hecho correr los rojos hasta el mar.
– Siendo pocos, podrán ver los hombres de buena voluntad que es mi Padre, y sólo Él, el único Señor de los Ejércitos. No olvides lo que aprendiste de tus mayores. Sólo mi Padre da la victoria a los que defienden Mi Iglesia, aunque éstos sean pocos y los enemigos muchos. Sólo quiere que seáis leales; leales hasta la muerte.
– A Tus órdenes, mi Señor.
José A. Hernández
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