Revista FUERZA NUEVA, nº 583, 11-Mar-1978
Mártires de la Tradición
El día 10 de marzo se conmemora la festividad de los Mártires de la Tradición, instituida por el gran rey carlista Carlos VII, en homenaje a los voluntarios que, en todos los confines de la Patria, dieron su vida en defensa de los gloriosos ideales de la Tradición, eminentemente católica y española, frente al materialismo liberal y marxista que tan nefasto ha sido para España.
Aquel gran rey (con sólo sus voluntarios llegó hasta las mismas puertas de Madrid, habiendo reinado en medio de clamor de multitudes en la austera Corte de Estella durante unos breves años, dando ejemplo en todo momento de profundo valor y patriotismo), en un rasgo de lealtad a esos sagrados ideales y a sus voluntarios, había de preferir morir en el destierro que abjurar de los mismos y aceptar la corona que le ofrecía Prim, y vivir y morir como abanderado de la Tradición antes que ser rey del partidismo y de una España postrada. Su máxima de “si la nación es pobre, empiece el Rey y sus propios ministros a vivir pobremente” no seducía, sin embargo, a los profesionales de la política, que en él encontraban uno de sus más encarnizados enemigos.
Pero su pueblo le quería y su ejemplo aún (1978) sigue vivo, especialmente a través de generaciones de antiguos veteranos, que transmitieron su fervor a sus hijos, que aún después de largos años leen con emoción su testamento político, que continúa siendo actual.
Es que la mística del Carlismo tradicionalista, que lleva casi siglo y medio de existencia, se basó, por encima de cualquier planteamiento dinástico, en el firme amor a Dios, a la Patria, a los fueros -verdaderas libertades concretas de las diversas regiones españolas reconociendo sus propias características, dentro de un inconmovible amor a España- y al rey, como el primer defensor de dichos ideales y de la Monarquía tradicional, auténticamente social y representativa. Digna continuadora de las épocas más gloriosas de la historia patria.
Por eso lucharon y murieron miles de voluntarios para que España viviera, intentando que alcanzara la cúspide de su grandeza.
Es sintomático que, frente a los voluntarios carlistas, luchara la Cuádruple Alianza formada por los liberales españoles, con Inglaterra, Francia y Portugal, interesadas entonces en que España -estratégicamente situada- no se convirtiera en una gran potencia. Por cierto que, salvando el honor nacional, habían de derrotar los carlistas en Oriamendi, muy cerca de San Sebastián, de manera estrepitosa a la brigada inglesa del general Lacy Evans. Igual que ocurrió en nuestra Cruzada de liberación nacional frente al comunismo, batiéndose los “boinas rojas” con singular bravura frente a las Brigadas Internacionales marxistas.
Muchos que conocen el carlismo a través de la historia deformada de los liberales y la masonería comprenderán, a la vista de la situación actual (1978) -con pérdida de la fe, en peligro la unidad de la Patria y al borde de un caos político, social y económico, atizado en buena parte desde el extranjero-, por qué lucharon y murieron tantos mártires de de la Tradición. Y es que creían un deber, como buenos católicos y patriotas, defender la libertad cristiana y a España frente al libertinaje, al caciquismo y las apetencias extranjeras, que ahora vuelven a manifestarse con toda claridad (…)
El lema del Requeté de “Ante Dios no serás héroe anónimo”, prueba su profunda y arraigada fe, que hacia exclamar al mismo Prieto en nuestra Cruzada que a quien más temía “era a un requeté recién confesado”.
Cuando las fuerzas del mal pretenden infiltrarse por todos lados, como humo del Averno, destruyendo los valores religiosos, morales y patrióticos, creemos un deber rendir un homenaje de gratitud a los que dieron el máximo ejemplo de sacrificio, poniendo por encima de los intereses materiales su ferviente amor a Dios y a la Patria.
Con ese ejemplo generoso de tantos héroes y mártires, mucha de cuya sangre derramada en nuestra inmortal Cruzada aún está fresca, estamos seguros que al prender el más puro idealismo en los más nobles de los corazones de la juventud española, España se salvará.
Por eso pedimos en ese día al Señor, para que tenga a esos mártires de Cristo en la Gloria y para que, desde el Cielo, nos den ánimos para continuar -frente a tanta traición y cobardía- leales la defensa sin desmayos de su Santa Causa.
Miguel Ángel VIEITEZ PÉREZ
Secretario de la Hermandad Nacional De Combatientes Requetés
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